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sábado, 28 de febrero de 2015

NECROWORLD Capitulo 66

Día 21 de Enero de 2010
Día 578 del Apocalipsis…
Las Vegas… 08:00 de la mañana…

Unos centímetros más y estaría muerto. Era lo que pensaba Dorian cada vez que veía el agujero de su cabeza cuando se miraba al espejo del cuarto de baño. Sentía una fuerte rabia por ello, deseaba volver a encontrarse con el y hacérselo pagar como fuera, divertirse torturándolo hasta la muerte. En ese momento escuchó una voz que venía del walkie talkie, rápidamente lo cogió.
—Habla…
—Soy Zack señor. Hemos tratado de contactar con el grupo de Billy, pero no hay respuesta. Aun así no recibimos señal alguna. Un grupo vamos a salir en su busca. Creemos que pueden estar muertos, pero es mejor asegurarse.
—Yo también voy. Quiero ver que ha pasado— dijo Dorian mientras se cubría la parte de la herida. —Esperadme en la puerta con los vehículos ya listos.
Dorian cortó la conversación, terminó de cubrirse y salió. Caminó por el pasillo del hotel hasta que llegó al ascensor, pulsó el botón que lo llevaba a la planta más baja, una vez abajo del todo salió a la calle. Aun quedaban restos de la batalla contra los caminantes que habían entrado durante el asalto, habían logrado acabar con todos y las bajas habían sido mínimas. Paseó por las calles con tranquilidad mientras saludaba a todo aquel que veía.
—Buenos días señor Dorian— le dijo una niña que pasó por su lado acompañada de su madre.
—Buenos días Patrice— respondió Dorian con una sonrisa.
Caminó unos pasos más y vio a un grupo de jóvenes jugando con una pelota de baloncesto. Uno de ellos al verlo le lanzó la pelota y Dorian la cogió para luego devolvérsela.
—Recuerde el partido de esta noche señor Dorian.
—Os voy a dar una paliza de las que hacen época— respondió Dorian.
Dorian era allí un hombre respetado que siempre tenía para todos una sonrisa. Su comunidad formaba parte en su mayoría de gente que había ido encontrando por el camino y por presos de distintas cárceles, los cuales la mayoría se comportaban correctamente con los demás ciudadanos, para Dorian había una norma allí que no se podía incumplir bajo ningún concepto, aquel que las incumplía era inmediatamente condenado a muerte, de hecho, era algo que había pasado en alguna ocasión.
Cuando llegó a las puertas donde estaban esperándolo se encontró con dos docenas de hombres armados hasta los dientes, los que el consideraba la elite de allí, aquellos que nunca fallaban. En ese momento se le acercó Zack que al verle el vendaje de la cabeza frunció el ceño.
—Con todos mis respetos señor. Creo que debería quedarse y esperar nuestro regreso. No creo que sea nada seguro salir en su estado.
—Estoy bien. Esto no es nada. Podría ser peor, pero no lo es. Puedo hacerlo. Ahora salgamos de aquí.
Dorian se montó en uno de los vehículos y luego el convoy salió de allí en dirección a donde los llevaba la señal que estaban recibiendo. Dorian se imaginaba que estarían muertos, de estar vivos habrían regresado ya, sin embargo quería ir por que quería saberlo todo, quería seguir el rastro de aquel que le había disparado con intención de matarle. El había sido el único que había tenido lo que había que tener para intentar tal cosa. Aunque había intentado matarle lo respetaba, y deseaba que estuviera vivo para agradecérselo arrancándole la piel a tiras. La sola idea lo hizo excitarse.
Detroit… Hace 45 años…

Alex Summers de dieciocho años de edad corrió por las calles a toda velocidad, esquivando a todos los que se cruzaba. Tenía que dar esquinazo a la policía que lo perseguía. Todo había comenzado aquella noche cuando había entrado en aquella tienda y a punta de pistola había robado toda la recaudación, todo habría salido bien si no hubiera sido por aquel maldito tendero, no solo no colaboró, si no que además hizo sonar la alarma anti robo y luego había intentado dispararle, Alex había disparado antes cuando se había puesto nervioso y había matado a aquel hombre, era la primera vez que mataba a alguien.
Llegó a un callejón y se ocultó detrás de unos contenedores, necesitaba descansar antes de que echara las tripas por la boca, vio pasar varios coches de la policía, seguramente lo andaban buscando.
Cuando descansó lo suficiente siguió andando tranquilamente por las calles con el dinero bien escondido debajo de su chaqueta. Llegó a otro callejón y allí comenzó a subir por la escalera de incendios hasta que accedió a una ventana abierta por la que se coló. Una vez dentro dejó caer la bolsa del dinero y la chaqueta al suelo.
—Ya estoy en casa Tesa… ¿Tesa?
Tesa Summers era la hermana menor de Alex, tenía dieciséis años actualmente. Ambos se habían quedado huérfanos de padre y madre a muy temprana edad cuando un antiguo socio de su padre se había querido cobrar una deuda, aquella noche los mató a  los dos dejando huérfanos a Tessa y a Alex. Ambos fueron llevados a un hogar de acogida donde se descubrió que Tessa era una chica con cierto retraso mental, ambos estuvieron en la casa de acogida hasta que Alex se fugó llevándose con el a su hermana dos años menor que el, desde entonces habían estado viviendo por su cuenta, Alex cuidaba de su hermana hasta el punto de sentirse atraído por ella y dejarla embarazada.
Tessa estaba en la habitación de la que nunca o casi nunca salía, siempre tumbada en la cama acariciándose la barriga, no le quedaba mucho para dar a luz.
—Hola hermana. Hoy me hice con un muy buen botín… Te compraré muchos vestidos bonitos— decía Alex mirando a su hermana, la cual no parecía prestarle demasiada atención y Alex la obligaba a mirarle cogiéndole la barbilla. —¿Me has escuchado Tessa?
En ese momento Tessa lanzó un grito de dolor, tan fuerte y repentino que hizo caer a Alex de culo, enseguida la chica comenzó a retorcerse de dolor. Alex la observó con los ojos muy abiertos, eso solo podía significar una cosa, y era que el bebé estaba naciendo.
Alex no sabía nada de traer bebés al mundo como tampoco sabía de muchas otras cosas, apenas sabía leer correctamente. Aun así quitó todas las mantas y separó las piernas de su hermana y comprobó si había dilatado lo suficiente, también le pareció ver que el bebé comenzaba a asomar la cabeza.
—Vamos Tessa, tienes que empujar. Tienes que empujar… ¡¡¡Empuja!!! Maldita sea…
Tessa no parecía entender nada de lo que su hermano le decía ni lo que tenía que hacer, algo que hizo que Alex la odiara  con todas sus fuerzas, si ella no colaboraba no lograría nada. —¡¡¡Vamos hermana!!!— pero Tessa solo gritaba y lloraba, fue entonces cuando Alex recordó la otra forma de sacar a los bebés. Alex  fue a la cocina y cogió un cuchillo de cocina, si no salía por donde tenía que salir lo sacaría el. Con el cuchillo en la mano miró a su hermana y le acarició el cabello. –Pronto el bebé estará fuera.
Con extremos cuidado acercó el cuchillo al vientre de su hermana y con sumo cuidado comenzó a cortar, no quería dañar al bebé, cuando la obertura fue lo suficientemente grande metió las manos y sacó al recién nacido. Alex repitió el proceso que había visto muchas veces en películas y masajeó al bebé hasta que rompió a llorar, lo que lo hizo sonreír. Con el bebé en brazos se acercó a su hermana y la miró. –Ya está aquí hermana. Es nuestro hijo— pero Tessa no respondió, tenía los ojos abiertos y la boca muy abierta. No respiraba. Alex le tomó el pulso y vio que estaba muerta, eso hizo que Alex entrara en estado de pánico y saliera de la casa con el bebé en brazos, no sabía que hacer, caminó por las calles hasta que llegó a las puertas del orfanato Todd Philips. Allí dejó al bebé en el suelo y llamó a la puerta varias veces, esperó un poco y cuando escuchó el ruido de los pasos se largó corriendo sin mirar atrás.

Día 21 de Enero de 2010
Día 578 del Apocalipsis…
En algún lugar del desierto de Nevada…

La señal indicaba que el grupo de Billy debía estar cerca, no tardaron en ver un vehículo abandonado. Curiosamente el mismo en el que se habían marchado los que les habían asaltado, pero allí no había nadie, tan solo manchas de sangre.
—Zack, detén el vehículo— ordenó Dorian.
Zack detuvo el vehículo y todos los demás vehículos que lo seguían hicieron lo mismo. Dorian se bajó y comenzó a dar vueltas por allí mientras sus hombres establecían el perímetro de seguridad. Dorian siguió caminando y entonces vio movimiento entre unos matorrales, sacó su arma y siguió caminando, cuando llegó a los matorrales vio a alguien agazapado de espaldas a el, lo reconoció enseguida.
—¡¡¡Billy!!!
Billy se dio la vuelta y miró a Dorian con sus ojos muertos al tiempo que gruñía y dejaba de comerse los restos de algo. Sin pensárselo mucho, el líder de la comunidad de Las Vegas apuntó a su antiguo hombre y apretó el gatillo volándole la cabeza, lo que atrajo a Zack y a los demás.
—¿Es Billy?— preguntó uno de sus hombres.
—Ya no era nada. Solo un montón de carne putrefacta. Los demás que lo acompañaban deben estar por aquí en su mismo estado. Quiero que los encontréis y acabéis con su sufrimiento.
Todos obedecieron y se dispersaron mientras Dorian se sentaba sobre unas piedras. Necesitaba pensar y analizar la situación. El vehículo de Billy y los suyos había desaparecido, tan solo quedaba el vehículo destrozado de los asaltantes de Manhattan, también se dio cuenta de las huellas de los neumáticos. Fue cuando en su mente reconstruyó la escena, sin saber muy bien como, ese tipo había asesinado a sus hombres y luego se habían largado en el vehículo que les habían robado.
Dorian se levantó y fue en busca de sus hombres, los reunió a todos y comenzó a hablar.
—Los que han hecho esto y nos atacaron en nuestra comunidad venían de Portland. Es evidente que se han ido allí. Es en Portland donde están, si vamos allí todavía podemos cogerlos, nos llevan como mucho unas horas de ventaja, si nos damos prisa aun podemos alcanzarlos. Eran solo tres, les superamos en número. Aunque no descarto que haya más con ellos.
—Señor… ¿Y que hacemos una vez demos con ellos?— preguntó uno de sus hombres.
—Invitarlos cortésmente a que regresen a Las Vegas— respondió Dorian.
Con una señal, Dorian y sus hombres regresaron a los vehículos y pusieron rumbo hacia Portland con la esperanza de dar caza a aquellos a los que buscaban.

Detroit… orfanato Todd Philips…
Año 1975…

Dorian había crecido en aquel orfanato y había sido bautizado por las monjas que allí vivían. No conocía nada de sus verdaderos padres, aunque los odiaba por haber sido abandonado allí. Desde que tenía cinco años había sido el objeto de burla de otros niños, ya que hasta sus oídos había llegado que su padre era un delincuente que había abusado de su hermana y el había sido el fruto de aquello. Desde que había nacido habían pasado diez años.
—Ahí está Dorian. El hijo de la subnormal y del ladrón.
La voz de uno de los mayores le hizo levantar la mirada del piso donde estaba dibujando. Cuando lo miró vio que se trataba de Tom y sus dos amigos Alan y Ed. Los tres más malos del orfanato, los cuales no pasaba un día sin que se metieran en algún lio.
—¿Qué queréis?— preguntó Dorian mientras veía como Alan y Ed se ponían a sus lados mientras Tom sacaba la navaja con la que intimidaba a los demás. –No os tengo miedo.
—No nos tienes miedo por que tu mentalidad no da para más. Solo eres el hijo de una rata y de una retrasada y aquí todos lo sabemos menos tú. ¿Lo que quiero? Quiero que te arrodilles y me chupes la polla— decía Tom mientras con una mano se iba quitando el pantalón.
Dorian conocía esos gustos por parte de Tom, lo hacía con todos los demás huérfanos, ese día, el día de su cumpleaños le había tocado a el. En ese momento Alan y Ed lo obligaron a arrodillarse. Fue en ese momento cuando vio pasar a varias monjas, pero ninguna de ellas hizo nada, no movieron ni un musculo, hicieron como si no estuviese pasando nada. Eso era lo que más le quemaba a Dorian, que pasase lo que pasase nadie hacía nada.
—Eh Tom… Mira lo que estaba dibujando este imbécil— dijo Alan mirando al suelo.
Tom dejó lo que estaba haciendo y miró el dibujo, en el se mostraba lo que parecía una casa quemándose, incluso en las ventanas había siluetas que representaban personas, enseguida le puso la navaja en el cuello a Dorian. —¿Qué es eso? ¿Te gusta el fuego?— en ese momento Tom se guardó la navaja y sacó un mechero, lo encendió delante de los ojos de Dorian y este se quedó como hipnotizado. –Claro que te gusta, por que eres un jodido maniaco. Dejadlo— ordenó Tom.
—Pensé que ibas a obligarle a que te la chupara— dijo Ed.
—Ya paso. No vaya a ser que este anormal me contagie alguna mierda.
Alan y Ed soltaron a Dorian y lo dejaron caer al suelo, seguidamente ambos se alejaron por el pasillo junto a su líder. Dorian siguió con su dibujo, poniendo más énfasis en las llamas del edificio.

Día 21 de Enero de 2010
Día 578 del Apocalipsis…
Portland…

Habían pasado varias horas pero por fin habían llegado a la ciudad que había tenido la comunidad de Amanda Kramer. En toda la zona había señales de la visita de Billy y los otros. No habían dejado títere con cabeza.
—¿No le parece que se han pasado señor?— preguntó Emmett, uno de los hombres de Dorian. –Podrían haber dejado a alguna con vida… Espere…— Emmett se acercó a un cuerpo semi calcinado que todavía se movía y le pegó un tiro en la cabeza.
—Han hecho lo correcto— respondió Dorian acercándose a otro cuerpo y pegándole un tiro. –Estas mujeres no confían en los hombres. Solo nos habrían dado problemas. Dispersaros y buscad supervivientes, a los que buscamos ya los conocéis de haberlos visto, veáis al que veáis si no es el, matadlo. Si dais con el lo quiero vivo.
Los hombres de Dorian se dispersaron, todos menos dos que permanecieron a su lado como escoltas. Los cuales comenzaron a seguir a su líder mientras abatían a los caminantes que había por el suelo.
—Kramer tenía por aquí un almacén donde guardaba medicamentos y suministros varios. Si lo encontramos nos apropiaremos de todo— explicó Dorian.
—A menos que Billy y sus chicos lo hayan quemado hasta los cimientos— dijo uno de sus escoltas, lo que hizo que Dorian lo mirara.
—¿Acaso eres idiota? Ellos saben muy bien lo importantes que son esos sitios. Billy será un degenerado y todo lo que quieras. Llámalo puto monstruo si quieres, pero no sería tan estúpido como para joderla de ese modo.
—¿Será ese el almacén?— preguntó el otro escolta señalando un almacén con un enorme letrero que lo señalaba como un taller. 
—Veamos a ver si es ese— dijo Dorian caminando junto a sus hombres.
Los tres abrieron la puerta que estaba cerrada desde dentro y entraron con las armas en alto. El interior estaba a oscuras y no parecía haber nadie. Encendieron sus linternas y comenzaron a ojear en interior del lugar, no parecía haber nadie, pero entonces escucharon lo que parecía ser el sollozo de alguien. Dorian se dio la vuelta y miró a sus hombres para indicarles que guardaran silencio. Caminó en solitario con el arma y la linterna en alto entre unos coches semi desmontados. Entonces alumbró a alguien, eran dos personas, una tumbada en el suelo jadeando aceleradamente cubriéndose el vientre con un trapo manchado de sangre y la otra sobre ella cubriéndole la herida.
—¿Qué tenemos aquí? Supervivientes…— murmuró Dorian.
Eso atrajo a sus dos escoltas, que enseguida llegaron junto a el y alumbraron a las dos chicas. No eran muy mayores, eran bastante jóvenes y una de ellas estaba con un pie en el otro barrio. Dorian se fue acercando, entonces la chica que cuidaba de la herida alzó las manos y le apuntó con un arma, la cual bailaba en sus manos a causa del tembleque.
—No se acerque más… O le mataré— dio la chica, pero Dorian no se detuvo.
—Si quisieses disparar ya lo habrías hecho. No tienes lo que hay que tener para matar a un hombre al que estás mirando a los ojos. ¿Sabes lo que ocurriría si me mataras? Que mi mirada te perseguiría hasta el mismísimo infierno— Dorian llegó hasta la chica y con una mano le quitó el arma, luego examinó a la otra. –Le han disparado en el vientre y ha perdido mucha sangre. No durará mucho.
—¿Quién es usted?— preguntó la chica mientras veía como Dorian deslizaba su mano por el cuerpo de la herida.
—Soy el que ordenó que os atacaran— respondió Dorian al mismo tiempo que ponía la mano sobre la cara de la herida, impidiendo así que pudiera respirar. La herida no tardó en comenzar a mover los pies con los ojos clavados en los de Dorian. –No os habría pasado nada si hubieseis colaborado entregando a esos a los que buscábamos desde un principio, pero os empeñasteis en ponérnoslo difícil— La chica intentó detener a Dorian, pero esté la empujó. —¿Sabes otra cosa? Cuando alguien te está asesinando te mira fijamente para que veas y recuerdes su mirada aun estando en el más allá… Es algo similar a lo que te dije antes.
—Déjela— pidió la muchacha.
—No sobrevivirá. Estoy quitándole ese sufrimiento que le espera— Dorian hizo una mueca y la chica a la que estaba asfixiando dejó de respirar, entonces miró a la otra. –Bueno, bueno, bueno. Es hora de que tu y yo hablemos de cosas serias…— Dorian miró a sus dos escoltas. –Salid y vigilad la puerta. Quiero hablar con esta chica a solas.
Los dos escoltas se miraron y sin articular palabra obedecieron, sabían muy bien lo que iba a ocurrir allí dentro, Dorian intentaría sacar información a la chica y luego la mataría.
Detroit…
Año 1975…

Dorian estaba caminando por las calles de Detroit mientras las sirenas de los coches de bomberos delataban que los camiones se dirigían a toda velocidad al orfanato, el cual hacía una hora más o menos que había comenzado a arder dejando a todos los ocupantes allí dentro atrapados, condenados a morir sin remedio.
Era de noche y hacía frio, pero aun así Dorian iba descalzo. Llegó a una casa y se sentó en los escalones donde se acurrucó intentando entrar en calor, no supo cuanto tiempo había pasado desde que había llegado allí cuando vio a un matrimonio joven que se acercó a el.
—Oye niño. ¿Qué haces aquí?— le preguntó el hombre. –Te morirás de frio.
—Creo que esta solo. Debe de ser uno de esos niños que viven en la calle— dijo la mujer acercándose a el para observarlo, entonces vio el pijama que llevaba y se dio cuenta de que llevaba el logo del orfanato Todd Philips. Eso hizo que rápidamente mirara a su marido. –Ese orfanato está ardiendo… ¿Crees que ha logrado escapar de el?
—Puede ser…— respondió el hombre poniéndose la mano en el mentón. –He chico, ven con nosotros, te llevaremos a nuestra casa y ya mañana hablaremos con la policía para ver que hacemos contigo.
Dorian fue aquella noche acogido por los Roberts. Unos meses después de aquel día fue oficialmente adoptado por aquel matrimonio, pasando a ser el quinto miembro de la familia y por ende, el tercer hijo del matrimonio.

Manhattan… Unos meses después del Apocalipsis…

—Soy tu puto hermano Graham… No puedes echarme de la ciudad. ¡¡¡También es mía!!!— decía Dorian justo delante de las puertas que separaban la zona segura de la infestada, entonces Dorian miró a su otro hermano allí presente. —¡¡¡Kaleb!!! Hazle entrar en razón, echándome me estáis matando— pero Kaleb no respondió, simplemente agachó la cabeza y se alejó de allí.
—Tú no eres mi hermano. Eres un monstruo. Un ser despreciable. Agradece que no te mate, yo no soy como tu, por eso te destierro— dijo Graham tocándose el lugar donde había estado antes su pierna. –Tus hombres han sido encarcelados, pero tú no mereces tan siquiera estar cerca de esta ciudad, márchate y ya no vuelvas.
—Ya veo… Así que prefieres que muera lejos de aquí… No eres más que un mierda. Tendría que haberte matado… ¡¡¡Lo habría logrado si no llegan a aparecer tus putos hombres, casi lo consigo.
—Lo que tú pretendías era dar un golpe de estado y hacerte con el control de la ciudad. Agradece que precisamente por ser mi hermano no te mate. Ahora lárgate de aquí y ya no vuelvas nunca más o entonces si que me veré obligado a matarte. Ahí tienes un vehículo con un arma con munición y comida para una semana.
Dorian miró al vehículo y luego a los allí presentes, la mayoría eran militares que le apuntaban con sus fusiles. –Muy bien… Pero que os quede clara una cosa. Esto no acaba aquí, llegará el día que esta ciudad desaparezca, será cuando el Fénix muera para no volver a renacer— seguidamente Dorian se subió a su vehículo y se largó de la ciudad a toda velocidad.
Cooper se acercó entonces al viejo general. –Señor… ¿Cree que morirá ahí fuera?
—No lo se, pero eso espero— respondió Graham.

Unos meses después… Desierto de Nevada…

Dorian llevaba meses desplazándose de un sitio a otro, huyendo siempre de los No Muertos, había logrado sobrevivir contra todo pronóstico. Mientras conducía por el desierto vio algo que le llamó la atención. algo brillaba en la lejanía, detuvo el motor y se bajó del vehículo, sacó el fusil y comenzó a caminar en dirección al brillo, no tardó en descubrir que se trataba de un furgón de presos, seguramente se habría quedado allí parado durante el apocalipsis, aunque Dorian recordaba haber pasado por allí alguna vez y no haberlo visto antes. Cuando llegó al autobús vio que algunas de las ventanas estaban manchadas de sangre, llegó a la puerta y vio sangre y los restos de un guarda.
Dorian subió al vehículo con cuidado y lo primero que vio fue al conductor, o al menos lo que quedaba de el, había un cuervo picoteando sus entrañas mientras este movía la cabeza para mirar a Dorian.
Dorian le dio la vuelta a su fusil y le asestó un golpe certero con la culata en la cabeza, destrozándosela por completo y dejando escapar un líquido negruzco y espeso. Miró hacia el interior del autobús y vio varios cadáveres putrefactos en los primeros asientos, sin embargo vio algo que le llamó mucho más la atención, al fondo del autobús había cuatro presos vivos, los cuales se la habían ingeniado para sobrevivir.
—Eh tío— uno de ellos se dirigió a el. —¿Puedes sacarnos de aquí? Ese guarda de ahí debe tener las llaves.
—¿Qué ha pasado aquí? ¿Cuánto hace que estáis aquí?— preguntó Dorian sintiendo curiosidad por los presos.
—Unos dias gringo. Estábamos en prisión cuando esos pendejos comenzaron a comerse a nuestros compañeros— dijo otro de los presos señalando a uno de los cadáveres que todavía se movía. –Hemos sobrevivido comiéndonos a esos pinches…
—Muy bien. Os sacaré de aquí, pero no quiero que intentéis nada raro. Recordad que aquí el arma la llevo yo.
Dorian registró al guarda y efectivamente tenía las llaves encima. Una vez estas estuvieron en su poder abrió la puerta y liberó a los presos. Eran cuatro en total, dos americanos, un mexicano y uno de color.
—Gracias gringo. Soy Gomez— dijo el mexicano tendiéndole la mano, pero Dorian se la rechazó.
—¿Solo estáis vosotros?— preguntó Dorian mirando a los dos americanos.
—Solo nosotros. ¿Quién eres tu? Pareces estar ya curtido en todo esto. Además de estos, los únicos que hemos visto han sido unos que paseaban en grupo, pero aunque nos vieron no nos prestaron atención.
—Es por el olor, oléis como ellos, ergo, para ellos sois uno más— respondió Dorian señalando a los cadáveres. –Y yo… Podéis considerarme vuestro propio mesías. Ahora larguémonos de aquí.
Dorian y sus nuevos compañeros salieron del autobús y comenzaron a caminar hacia el vehículo de este. Al menos ya no estaría solo y sabría que hacer si la comida se le acababa, era una idea que los presos le habían dado.

Unos meses después…

A Dorian se le habían ido uniendo más personas, presos de otras cárceles que habían escapado durante el brote, supervivientes que se habían encontrado vagando por el desierto y por algunos pueblos y ciudades. Dorian había logrado convertirse en el líder indiscutible de una comunidad errante cada día más creciente, aunque como en todas las comunidades y grupos habían sufrido ataques y bajas, unos se iban y otros venían.
En una de las muchas expediciones de reconocimiento, los hombres de Dorian volvieron con una noticia que iba a terminar con su periplo, habían divisado una ciudad.
Dorian observaba la ciudad desde lo alto de unas rocas, probablemente estaría llena de infectados, pero si trabajaban todos juntos en pocos días podrían tomar la ciudad y hacerla suya… Y así fue. Las Vegas pronto volvió a ser un lugar seguro donde Dorian era el rey absoluto. Gobernaba con puño de hierro, y lo mejor de todo era que aun tenía hombres que trabajaban para el en Manhattan.

Las Vegas…

Dorian estaba en su despacho ubicado en una de las habitaciones del Caesar Palace, como de costumbre solía llevar a una o dos mujeres con las que dar rienda suelta al frenesí del sexo, aquel día había escogido a dos bastante jóvenes, dos gemelas que habían encontrado deambulando cerca de la presa Hoover.
—Muy bien chicas. Hoy es vuestro día de suerte. Supongo que ya os han hablado las otras chicas de como debéis comportaros para complacerme. ¿No es así? Muy bien, tu Tara, quiero que te desnudes y te arrodilles delante de mí y me hagas una mamada— dijo Dorian con una sonrisa mientras recordaba lo ocurrido con Tom aquella vez en el orfanato, el mismo día que este ardió hasta los cimientos.
La chica comenzó a hacer lo que Dorian le había ordenado, fue entonces cuando uno de sus hombres abrió la puerta de repente.
—Señor…
—Maldita sea Coleman. Te tengo dicho que nadie entre aquí sin llamar antes a la puerta.
—Es importante señor. Hemos recibido un aviso del grupo de Randall. Según nos informan, ese tipo de Manhattan que había ido a Portland se dirige hacia aquí con intención de matarle.
Dorian sonrió de oreja a oreja. –Solo lo va a intentar, dejaremos que entre, yo ya me encargaré de recibirle con los brazos abiertos. Por cierto, preparad a los infectados, es posible que tengamos fiesta esta noche.
—A sus ordenes señor— respondió el hombre de Dorian, seguidamente abandonó el despacho dejando a Dorian con las dos chicas.
Dorian miró a las muchachas. –Tendremos que dejar lo nuestro para otro momento, regresad a vuestra habitación y quedaros allí, yo tengo muchas cosas que hacer.
Las chicas salieron del despacho y Dorian se acercó a una de las ventanas mientras se ponía el albornoz, iba a estar bien lo que iba a ocurrir a partir de ese momento. Billy y los suyos iban a tener una buena recompensa.

Día 21 de Enero de 2010
Día 578 del Apocalipsis…
Portland…

Dorian salió del almacén limpiándose las manos con un trapo que poco a poco iba volviéndose totalmente rojo a causa de la sangre, sus dos escoltas se acercaron a el.
—¿Habló la chica?
—Nada más que tonterías y balbuceos. Es decir, que no sabía nada— respondió Dorian mirando hacia el almacén. –No nos servía para nada, así que dejé que se entendiera con su amiguita…— En ese momento escucharon disparos y seguidamente vio aparecer un camión que arrollaba a varios No Muertos en su huida.
—¿Qué es eso?
—¡¡¡Son ellos!!! No podemos perderlos de vista, reunidlos a todos y a los vehículos— decía Dorian mientras hacía un gesto con las manos.
Los demás hombres de Dorian aparecieron también junto a los vehículos justo cuando el y sus escoltas llegaban. Todos estaban ajetreados, pero aun así Dorian no dejaba de impartir ordenes, cuando llegó a su vehículo se dio cuenta que los había perdido, lo que hizo que golpeara con fuerza el capó  del vehículo.
—¿Qué hacemos ahora señor? Puede que no los hayamos cogido, pero no hay muchos camiones como ese por aquí, será fácil dar con ellos cuando queramos, solo debemos perseguirles— dijo Zack
—Si claro, perseguirles— dijo Dorian metiendo medio cuerpo dentro del vehículo para coger el walkie talkie. Iba a pedir refuerzos para ir hacia Manhattan, iba siendo hora de que ampliara sus dominios, justo en ese momento le llegó una llamada.
—Dorian al aparato— respondió rápidamente.
—Señor. Acaba de llegarnos una llamada de alguien que quiere hablar con usted. Le paso con el— aquellas palabras le resultaron extrañas a Dorian, este hizo una mueca y asintió.
—Hola Dorian… Supongo que te sorprenderá escuchar mi voz…
—Dante…— murmuró Dorian. –Nunca creí que volvería a escuchar tu voz. ¿Cómo has logrado salir de ese barco de locos? Creí que estarías muerto.
—Es una larga historia que ya te contaré. Ahora mis hombres y yo nos dirigimos a Las Vegas— dijo Dante.
—No, olvídate de eso. Tomad Manhattan y esperad mi llegada.

—Negativo viejo amigo. Esta ciudad está jodida y queda muy poco para que termine de irse a la mierda. Escucha, te veré en Las Vegas… Y Dorian… Te llevo un gran regalo. Algo que te gustará.

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