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sábado, 21 de febrero de 2015

NECROWORLD Capitulo 65

Día 21 de Enero de 2010
Día 578 del Apocalipsis…
Manhattan…

—¿Luci?— preguntó nuevamente David mientras bajaba el arma totalmente estupefacto. –No puede ser, me dijeron que estabas muerta y…— no terminó de decir la frase, Luci dejó a Cristian en la cuna y se lanzó sobre el para abrazarlo.
—No te creas todo lo que dicen. Sigo vivita y coleando.
—Pero… ¿Dónde has estado todo este tiempo?
—Me llevaron al carguero prisión, he estado allí encerrada hasta ahora y he logrado salir de allí gracias a un plan de fuga— explicó Luci.
—Muy bien. Ya me contarás luego los detalles, pero ahora debemos reunirnos con los demás, Alicia debe seguir en el colegio— dijo David avanzando hacia la cuna y cogiendo a Cristian en brazos. –Cuando nos reunamos veremos que hacemos, quizás nos esperemos en algún sitio a que Juanma regrese.
—¿Realmente estaba vivo?— preguntó Luci.
—Apareció justamente después del huracán, pero se marchó en una misión a Portland. Aun no han vuelto. Venga vámonos.
—Yo no puedo ir contigo. No al menos ahora. Tengo algo que hacer, pero prometo reunirme contigo y los demás más tarde.
—¿Qué es lo que tienes que hacer?— preguntó David.
—Tengo que matar a alguien— respondió Luci.
En ese momento escucharon disparos en la calle seguidos del sonido de un frenazo. David y Luci se acercaron a la ventana y cuando miraron vieron varios vehículos que habían llegado por la calle, y varios hombres abatiendo a los caminantes. Fue entonces cuando se bajó un hombre de uno de los vehículos. Este enseguida comenzó a hacer señas, momento en el que Luci tiró de David.
—¿Qué pasa? ¿Qué ocurre?
—Ese hombre es a quien quiero matar. No se como ha encontrado este lugar, puede que sea casualidad, pero lo dudo. Escucha, coge al niño y marcharos, ese cabrón no tendrá piedad si os coge, pero a mi me quiere viva. Esconderos mientras yo los despisto.
—Te ayudaré— dijo David.
—No podrás hacer mucho con el crio a cuestas. Déjame esto a mi ¿Vale? Te he prometido que volvería y así lo haré, pero ahora lárgate de aquí.
—¿Y si esta vez no lo logras?— preguntó David
—He sobrevivido a cosas peores, y esto no tiene ni comparación. Esto no es más que un paseo.
Después de eso, Luci salió por la puerta de casa de David y se alejó corriendo por el pasillo. A David solo le quedaba esconderse y esperar a que pasara todo, pero no podía evitar temer por su amiga.
*****
Manhattan… Iglesia…

Mouse vio al tipo grande que comenzaba a hacerle señas, a su lado había una chica, la cual seguía abriendo fuego contra los caminantes, dándole así un camino libre hacia la salvación. Mouse bajó del coche y corrió hacia ellos.
—Al interior de la iglesia— les indicó.
El tipo grande comenzó a correr detrás y llamó a la chica. —¡¡¡Sandra!!!
Los tres llegaron  a la puerta principal y Mouse comenzó a aporrearla con todas sus fuerzas hasta que de repente el sacerdote la abrió y los tres entraron rápidamente al tiempo que varios No Muertos se lanzaban contra la puerta. Una vez dentro, Mouse se dejó caer en el suelo.
—Gracias. Creí que no lo contaba…— miró al sacerdote. –Logré cerrar la puerta. ¿Lograron aquí acabar con los que habían entrado?
El sacerdote asintió –Si, pero hemos tenido varios heridos que morirán en cualquier momento. Los abatidos están siendo llevados al jardín de la iglesia donde serán quemados.
Mouse negó con la cabeza. –No, la columna de humo delataría nuestra posición a los de la guerrilla. Están haciendo una caza de brujas con los habitantes de Manhattan.
—¿Tu no eres de aquí verdad?— preguntó en ese momento el tipo grande. –No recuerdo haberte visto nunca. Eres de la guerrilla, por eso sabes lo que ha pasado.
La chica se acercó al tipo. —¿Hablas en serio Parker?
—Si, pero por lo que dice… Y no tengo motivos para dudar… Diría que hace tiempo que dejo de serlo y que además acaba de entrar a formar oficialmente parte de nuestro bando. Ya viste lo que hizo antes de nuestra intervención. Vimos como cerraba esa verja, si quisiera ver muerta a la gente de aquí dentro no habría hecho tal cosa.
El sacerdote los miraba a los tres. —¿Es cierto eso hijo?
—Padre, será mejor que esto no salga de aquí, podrían lincharle si se entera la gente. Ahora mismo están muy afectados. Por otro lado propongo que traslademos a los heridos a otro lado de la iglesia. Hay que mantenerlos lejos de los demás— dijo Parker mientras se llevaba al sacerdote.

—¿De verdad eras de la guerrilla?— preguntó la chica que había respondido al nombre de Sandra.
—Lo era, pero eso ya pasó. Te llamas Sandra ¿No? Yo soy Mouse— dijo el mientras extendía la mano hacia delante —Gracias por haberme salvado el culo. Si no llega a ser por vosotros no lo hubiese contado. Disparas muy bien.
—He aprendido para sobrevivir— dijo Sandra mientras le estrechaba la mano, después miró al sacerdote y al tal Parker, luego miró a Mouse. –Escucha, hay algo que tengo que hacer y que implica que me tenga que marchar, he intentado irme durante el trayecto hacia aquí, pero el no me lo ha permitido. Tengo que recuperar algo importante para mí.
—¿Vas a salir de aquí tu sola? Estás loca. ¿Qué puede ser tan importante como para salir a por el? Ahí fuera además de muertos hay miembros de la guerrilla. Te matarán si te descubren. Las calles no son seguras.
—Lo se, por eso te lo digo a ti.
—¿A mi? ¿Y que pinto yo en todo esto? Hay algo que se me escapa.
—Esos miembros de la guerrilla están todos en la superficie. ¿No es así?— preguntó Sandra.
—Si, es así, pero no pillo lo que me quieres decir.
—Si no podemos ir por las calles, tendremos que ir por debajo de ellas— respondió Sandra. –Te diré donde vivo y tu que seguramente te conoces esos túneles como la palma de tu mano. Si me haces un mapa lo tendré más fácil lo de llegar a mi casa y regresar. El se enfadará, pero bueno.
—¿Acaso ves que tenga algo a mano con lo que hacerte un mapa? Iré contigo, pero habrá que esperar el momento exacto. Ahí en los jardines donde están apilando los cadáveres hay una entrada a las alcantarillas, esta noche entraremos por ahí e iremos a buscar eso que es tan importante para ti. Simplemente hay que esperar a que tú amigo y otros se duerman y volver antes de que despierten. A propósito. ¿Qué es eso tan importante?
—Te lo diré en su momento— respondió Sandra.
—Como quieras. De todos modos he de decirte que por ahí abajo no es tan fácil como tú te crees. Seguramente queden caminantes del último ataque ahí abajo. Así que un camino de rosas precisamente no será.
—Asumo todos los riesgos— respondió Sandra.
—Muy bien, después no digas que no te lo advertí. Esta noche cuando todos duerman nos largamos… Y reza por que podamos volver…— sentenció Mouse.
*****
Portland…

Estaba todo listo para marcharnos, los No Muertos estaban en su mayoría en el callejón debajo de la pasarela de la escalera de incendios. De vez en cuando salía alguien para que estos se centraran en el y no se dispersaran, eso hacía que la puerta por la que íbamos a salir con el camión quedara despejada, era yo quien iba a accionar la palanca, una vez comenzara a subir la puerta, solo dispondría de unos segundos para llegar al camión y subir mientras los No Muertos atraídos por el ruido comenzaran a cruzar la puerta detrás de mi.
Le indiqué a Juan que se pusiera al volante mientras los demás ocupaban la parte trasera del camión.
—Espero que salga bien— murmuró Juan mirándome. –En el momento que empiece el ruido y la puerta esté medio subida, esos seres comenzarán a entrar.
—Los dioses están con nosotros. ¿No?
—Eso espero. Si se acumulan demasiados delante nos impedirán avanzar y eso puede ser un problema de los gordos. Podrían rodearnos y acabar con todos nosotros.
—Por eso quiero que tengáis el arma a punto. Si esto sale bien, creo que voy a empezar a creer en tus dioses— le dije dándole una palmada en el pecho. Seguidamente me alejé de el para ir a la parte trasera, allí Faith había estado cargando más suministros para lo que pudieran servirnos, justo en ese momento pasé junto a Johana que permanecía sentada sobre unas cajas fumándose un cigarro.
—Siento lo de antes. Me he merecido ese puñetazo. Tienes razón en que no se que ha pasado. A veces me pierden mis impulsos.
—No eres la única. A mi también, siento haberte golpeado y apuntado. Llevo demasiado sobre mis hombros. Mucho.
—Solo quiero que me digas una cosa— dijo Johana apagando el cigarro y levantándose. –Los que mataron a Sean… Cuando los mataste… ¿Sufrieron?
Pensé en ellos y en el chico al que había matado momentos antes en la garita y asentí. –Si, sufrieron— Y añadí. –Si Dorian sigue vivo no permitiré que eso sea así durante mucho más tiempo, cuando pueda organizarme volveré para acabar con el y me aseguraré de que así sea.
—Cuando eso ocurra llévame contigo. Quiero estar presente.
—Lo haré— miré al camión y luego a Johana. –Id subiendo, nos vamos a largar ya.
Fui a la parte trasera del camión y vi a Yuriko y a Faith asegurando varias cajas que habían cogido. No querían que con los saltos que pudiera dar el camión las cajas volaran por todas partes.
—Estamos listas— dijo Yuriko.
Yo le respondí con una señal y me volví a ir hacia la cabina del conductor, donde Juan y Johana ya habían ocupado los asientos. –Pon el motor ya en marcha.
Después me encaminé hacia la puerta y me puse junto a la palanca, cuando escuché que el motor se encendía accioné la palanca y el previsible ruido comenzó. Fue en ese momento cuando comenzaron a aparecer pies, incluso hubo algún caminante que comenzó a arrastrarse por debajo de la puerta, miré de nuevo a esta y vi que subía demasiado lento, algo que no me gustaba en absoluto. Comencé a escuchar a Juan gritarme, pero yo estaba demasiado absorto con lo que estaba viendo. Esa puerta debía subir más rápido, a ese paso cuando estuviera arriba del todo también tendríamos a la multitud de caminantes en el interior del almacén rodeando el camión.
—¡¡¡Sube hostias!!!— me gritó Juan desde la cabina.
Yo comencé a correr, pero en lugar de subir al camión regresé a la escalera de incendios, salí al exterior y comencé a gritar y a disparar al aire, eso hizo que los caminantes se centraran en mí y comenzasen a abandonar la puerta.
—¡¡¡Eh!!! ¡¡¡Estoy aquí!!! ¡¡¡¡Vamos pedazos de carroña!!!!
Disparé varias veces hasta que agoté el cargador y luego comencé a dar golpes en la barandilla con la culata del arma, consiguiendo así que los caminantes alzaran los brazos y se fueran apelotonando debajo de mí con la esperanza de cogerme. Desde mi posición miré por la ventana y vi que la puerta estaba abierta del todo y con el camino despejado.
—¡¡¡Salid ahora!!! ¡¡¡¡Vamos!!!!
Vi como Juan asentía y el camión comenzó a moverse hacia la salida. En pocos segundos estaba en la calle y algunos No Muertos ya habían centrado toda su atención en el y habían comenzado a avanzar. Johana era la que se estaba encargando de repelerlos disparándoles desde la ventana del camión.
De repente vi como el camión comenzaba a maniobrar y a acercarse más a la escalera de incendios, enseguida me di cuenta de lo que pretendía Juan. Iba a tener que saltar sobre la lona para poder salir de allí.
El camión se acercó todo lo que pudo, a unos casi tres metros de distancia de donde yo estaba, era un salto largo y la caída significaría la muerte, ya que caería sobre los caminantes que había entre mi y el camión. Pasé por encima de la barandilla y miré hacia abajo, los No Muertos estaban cada vez más ansiosos, los que no alzaban los brazos estaban golpeando el camión en busca de los que había dentro.
—¡¡¡Salta!!! ¿Estás esperando una señal divina o que?— gritó Johana desde la ventana a la vez que le reventaba la cabeza de un disparo a un caminante.
Flexioné las rodillas, cogí impulso y salté.
*****
Manhattan… Colegio…

Carlos miró a Wayne justo al mismo tiempo que cogía el pomo de la puerta por la que iban a salir. Iban a tener que cruzar todo el colegio hasta llegar al cobertizo del generador que daba luz a todo el colegio, pero iban a tener que correr entre los No Muertos.
—¿Estás listo?
Wayne dudó por unos momentos, sin duda iba a ser más peligroso que antes, iban a tener que ser dos viajes, uno para ir hasta el cobertizo y otro para volver a los autobuses y llenarlos de combustible. En ese regreso, cada uno iba a tener que cargar con dos garrafas, algo que no sería nada fácil.
Carlos soltó el pomo y se acercó a el, justo en ese momento le asestó una sonora bofetada que pareció traer a Wayne de vuelta de donde quisiera que estuviera. –Que si estás listo. No tenemos todo el día. Una vez estemos ahí fuera y corriendo no habrá tiempo para mirar atrás. También prepara el arma, por que cuando salgamos rara será la ves que no tengamos que disparar. Céntrate, no quiero tener que cargar con un peso muerto.
—No, no se que hacer… Yo… Yo. No se si estoy preparado para esto… Tengo miedo.
—Gilipolleces…— Carlos le asestó otra bofetada, luego lo cogió por el cuello de la camisa. —¿Recuerdas para que estamos aquí? En esa azotea hay gente que cuenta con nosotros.
—Vale… Lo siento. Vamos… Cuando quieras…
Carlos regresó a la puerta y miró a Wayne. –Adelante— Carlos abrió la puerta.
*****
Alicia observaba la ciudad desde lo alto de la azotea del colegio. No se quitaba al pequeño Cristian de la cabeza, imaginaba que seguía solo en casa, probablemente llorando. No aguantaba más estar allí arriba, fue entonces cuando escuchó los disparos, se asomó y vio a Carlos y a Wayne correr mientras disparaban a los caminantes. Los tiros también alertaron a Eva y a los demás, estos enseguida aparecieron junto a Alicia.
—¿Qué pasa? ¿Qué ocurre?— preguntó uno de los profesores que seguía allí. —¿No deberían traer el autobús? Nos están dejando.
—No… Van hacia el cobertizo del generador. Es probable que vayan a por combustible— dijo Alicia imaginándose lo que estaba ocurriendo.
Carlos y Wayne quedaron fuera de su vista cuando se acercaron al edificio principal, aun así se escuchaban los disparos, los cuales estaban atrayendo la atención de más caminantes, los cuales se habían acercado mucho a las vallas y las habían hecho ceder, ahora pasaban sobre ellas.
—Cada vez entran más. Pronto estaremos asediados— dijo Eva mirando a Vicky y a los otros niños. Lo que más le preocupaba de todo el asunto eran los niños. Vio como su pequeña hablaba con otros niños.
Eva se acercó y escuchó lo que la pequeña les decía. –No os preocupéis, mi papá llegará pronto y nos sacará de aquí.
Eva se acercó con disimulo y le pidió a Vicky que se fuera con ella, cuando estuvieron alejados de los demás, comenzó a hablarle a la pequeña.
—Cariño. No sabemos cuando llegará papá, no sabemos si llegará a tiempo— entonces Eva sacó una pistola de su bolsillo y se la entregó a Vicky. –Quiero que la tengas escondida, que no la saques si no es necesario. Utilízala solo para defenderte tu o a los demás. ¿Me lo prometes?
Vicky cogió el arma y se la escondió, luego miró a Eva. –Te lo prometo.
—Una cosa más— dijo Eva poniéndole la mano a la pequeña en el hombro. –El tío Carlos es peligroso, si intenta algo extraño… Ya sabes lo que debes hacer. Se que puedes hacerlo. Se que no debo decirte estas cosas… Pero ya no eres una niña.
—No… No lo soy— respondió Vicky. –Si tío Carlos hace algo raro le dispararé.
En ese momento Eva abrazó a Vicky y le dio varios besos en la mejilla y en la frente. En el fondo sabía que no debía pedirle eso a la niña, pero no había más remedio, quizás Carlos estaba ayudándolos, pero en cualquier momento podían cambiarse las tornas y el podría hacer algo. Era mejor estar prevenidos.
*****
Carlos y Wayne llegaron al cobertizo tras abatir a varios No Muertos, aunque tenían a varios de ellos pisándoles los talones. Carlos fue el primero en llegar, cogió el pomo de la puerta y vio que estaba cerrada a cal y canto. La frustración le invadió mientras veía acercarse a más caminantes.
—Está cerrado. Necesitaré la llave. ¡¡¡Wayne!!!
Wayne no respondió, simplemente alzó el arma, apuntó y disparó. La cerradura saltó por los aires y la puerta se abrió. Carlos se lanzó contra la puerta y entró dentro seguido por Wayne, enseguida cerraron. No tardaron en escuchar los golpes en la puerta. Rápidamente, Carlos buscó algo con lo que bloquear la puerta, lo logró poniendo un mueble delante, pero este no aguantaría mucho. Ya habían alcanzado su objetivo, pero nuevamente estaban atrapados.
*****
Manhattan… bloque de viviendas…

Luci observaba como los hombres de Dante se desplegaban por la zona, algunos incluso entraban en el edificio, todos iban armados y preparados.
Eran varios los que habían logrado escapar del carguero prisión y que se habían unido a la causa de Dante, estos seguían a Dante como perritos, tenían la esperanza de que Dante cumpliera su promesa de llevarlos a un lugar mejor, ese lugar estaba en Las Vegas, pero antes ella tenía que ser capturada para poder salir de la ciudad. En ese momento vio como Dante sacaba a tirones a alguien de dentro del vehículo, a pesar de la capucha que llevaba, se veía claramente que se trataba de una chica, cuando Dante le quitó la capucha, Luci vio que se trataba ni más ni menos que de 14K. Luego con un gesto hizo que uno de sus hombres le acercara un megáfono.
—Luci. Estoy delante de tu casa. Puede que te estés preguntando como la he encontrado. El caso es que es muy fácil cuando tienes acceso a los archivos de los habitantes de la ciudad. De todos modos no es lo que he venido a decirte. Aquí tengo a tu amiga, no se si me puedes ver, pero dispones de cinco minutos— Dante hizo arrodillarse a 14K y luego alzó la mano mostrando los cinco dedos. –Exacto, cinco minutos para presentarte ante mí y entregarte, si eso no ocurre la mataré. Quiero que sepas que no lo haría por gusto, pero ella no es imprescindible, no como tu.
Luci seguía oculta observando mientras apretaba con fuerza los puños, sentía ganas de bajar ahí abajo y partir a Dante por la mitad, era lo que se merecía.
—Bien Luci. Las cosas están así y no están ni Dylan ni Warren para salvarte el culo. Ellos dos han pasado a mejor vida. Así que ahora se buena y ven conmigo, te espera un gran futuro en Las Vegas, ven, el tiempo se acaba.
Luci apreciaba mucho a 14K y estaba deseando rescatarla, pero si lo hacía la capturarían y ya no podría acercarse a Dante. No al menos como ella quería. Entonces vio como Dante golpeaba a la muchacha y le ponía el pie sobre la cabeza, acercó el megáfono a la boca de 14K y dejó que esta gritara de dolor, eso hacía que llegaran más No Muertos que enseguida eran abatidos por los hombres de Dante.
—Ya la oyes querida Luci. Pronto acabaré con ella si no te presentas, el tiempo se acaba. Se que puedes escucharme, incluso apostaría que puedes verme. Ven a mí y salva la vida de esta perra.

14K estaba resignada, el tiempo pasaba y cada vez veía más cerca su muerte. No le importaba que la mataran, cualquier cosa era mejor que seguir bajo las zarpas de Dante en medio de aquel infierno. No quería que Luci se presentara allí, pero todo se fue al traste cuando la vio salir del edificio con las manos en alto.
Luci caminó con las manos en alto y enseguida Dante le quitó el pie de encima a 14K. Luego se acercó uno de los hombres de Dante y se la llevó a rastras mientras Dante se acercaba a Luci.
—Por fin. Creí que iba a tener que esperarte eternamente. Me has dado muchos quebraderos de cabeza… Pero sabía que si amenazaba a tu amiga, ese corazoncito tuyo se ablandaría. Ahora que estás aquí…— en ese momento Dante alzó el arma y apuntó a 14K. Entonces disparó abriéndole un boquete en el pecho y la muchacha cayó hacia el frente, no tardó en comenzar a agonizar.
Luci trató de abalanzarse sobre ella pero Dante la retuvo. Esta lo miró y le escupió. –Eres un hijo de puta, no tenias por que matarla.
Dante se quitó la saliva de la cara. –No tenía el por que mantenerla con vida una vez te tuviera a ti. Podría permitir que os despidierais, pero a pesar de que sería conmovedor… No hay tiempo para despedidas. Nos espera un largo camino hacia Las Vegas.
—Puede que no sea ni hoy, ni mañana… Pero juro que te mataré.
Dante sonrió ante la amenaza de Luci. –Me lo imagino, pero eso que dices se quedará solo en un intento. Ahora sube al coche— Dante empujó a Luci al interior del vehículo y luego cerró la puerta, seguidamente se subió el y la miró. –No te lo tomes a mal, pero tu katana me la quedo yo por ahora. Te aconsejo que te duermas, el viaje es largo.
En ese momento un hombre de Dante le inyectó algo a Luci y esta se fue quedando dormida.
*****
David había observado impotente el como se llevaban a Luci a dios sabe donde y no había podido hacer nada. Cuando los vehículos se alejaron, dejó a Cristian en la cuna y bajó a la calle donde se encontró con el cuerpo de la chica. Se acercó a ella con el arma preparada para disparar y evitar la reanimación, justo cuando llegó junto a ella vio que todavía seguía viva.
—Dios… Sigue viva— David cargó con ella y se la llevó hacia el interior del edificio. No iba a dejar que muriera, haría todo lo que estuviera en sus manos para salvarle la vida a la muchacha. No la conocía, pero aun así no iba a dejarla tirada en medio de la calle para que se la comieran o se reanimara.
Llegó a su piso y tumbó a la chica en una de las camas, abrió las cortinas y dejó que la luz alumbrara la habitación, si iba a intervenirla iba a tener que trabajar con toda la luz posible, corrió hacia el baño y allí buscó lo que necesitaba, luego fue al salón y consiguió hilo de pesca, le serviría para suturar la herida tras extraer la bala alojada en el tórax, también dejó el arma al lado por si la muchacha moría durante la operación.
*****
Portland…

Caí sobre la lona, pero resbalé y casi caí sobre los No Muertos que alzaban los brazos con intención de agarrarme, incluso uno logró agarrarme del tobillo, pero yo fui más rápido, me di la vuelta y con uno de los cuchillos le corté la mano.
—¡¡¡Salgamos de aquí!!!— grité.
Juan pisó el acelerador y el camión salió disparado atropellando a varios No Muertos. Poco a poco me fui situando sobre la cabina y comencé a darle indicaciones a Juan para que fuera a la casa donde las demás chicas y Rachel nos esperaban, cuando llegamos descubrimos que la calle estaba vacía, aunque no tardaría en llenarse. Bajé de un salto y seguido por Faith entramos en la casa por la puerta principal, al entrar vi como la muchacha se quedaba mirando los cuerpos de la chica que me había apuntado y de la niña.
—Faith vamos. No hay tiempo que perder. ¡¡¡Vamos!!!
Los dos subimos al piso superior y después a la buhardilla, cuando abrimos la trampilla subí y cargué con Rachel, la cual estaba despertándose.
—¿Ya estás de vuelta? Me alegro…
—Si… Y nos vamos a casa— respondí.
Llegamos a la calle seguidos por las demás mujeres y vi como Johana, Yuriko y Juan comenzaban a abrir fuego contra los caminantes que habían aparecido por la calle. Cuando Juan nos vio corrió hacia la cabina y se puso al volante mientras los demás íbamos subiendo al remolque, una vez arriba vi como una mujer buscaba desesperadamente a una niña que parecía que se había quedado atrás. Salté del remolque y corrí al interior de la casa, subí las escalera de nuevo, regresé a la buhardilla y allí en un rincón vi a la niña, no entendía como podían habérsela olvidado, la cogí en brazos y deshice mis pasos. Cuando llegué al salón de la casa y ya me encontré con algunos No Muertos a los que logré esquivar sin problemas, salí a la calle y corrí hacia el camión. Fue en ese momento cuando Juan pisó el acelerador, no tardamos ni dos minutos en dejar atrás lo que había sido la comunidad de Amanda Kramer.
—Muchas gracias— dijo la madre de la niña cuando vino a cogerla en brazos.
—No hay de que— respondí. –Pronto tendréis una nueva casa en la que vivir. Cuando lleguemos a Manhattan. Ahora quiero ver a mi compañera— me levanté y me acerqué a donde estaban curando a Rachel. —¿Cómo está?
—Está bien físicamente. Algunos rasguños y poco más— dijo una chica que estaba ayudando a una mujer con las curas. –Lo malo es su estado emocional, la han violado y eso no es plato de buen gusto para nadie, pero es fuerte y lo superará— cuando dijo la palabra violación me di cuenta de que tanto Johana como Yuriko alzaron la cabeza en señal de que acababan de enterarse de lo sucedido. La chica entonces se dio cuenta también que había hablado de más. –Lo siento… Creí que…
—No te preocupes…
—Melanie. Me llamo Melanie.
—Bien, no te preocupes Melanie. Estáis haciendo un buen trabajo. ¿Eras medico?
—No. Enfermera, pero ya sabes… Todo se pega…
En ese momento vi que Rachel volvía a despertar y me miraba, lo hizo con una sonrisa, me acerqué a ella y le agarré la mano. –Ey… ¿Cómo estás ahora? Pronto estaremos en casa, creo que te mereces unas largas vacaciones. Mucha playa, mucha montaña, mucho amor…
Rachel sonrió. –Tengo ganas de verla y pedirle disculpas por todo, pero sobre todo tengo ganas de abrazarla y de besarla, de pedirle que se case conmigo.
—Hablaré con el padre Kaleb y que os case de forma espectacular. Una boda por todo lo alto— le dije agarrándole la mano con ambas manos. –Además, lo de nuestro secreto sigue en pie, ahora lo que debes hacer es borrarlo de tu mente para siempre. No han salido impunes.
—Eso me alivia— respondió Rachel. –Espero que estén ardiendo en el infierno.
—Créeme que deben estarlo— respondí. Seguidamente me quedé a su lado sentado y apoyado y luego poco a poco me fui quedando dormido.
*****
Manhattan… colegio…

Carlos había llenado cuatro garrafas de gasolina, más que suficiente al menos para salir de la ciudad, Wayne sin embargo no estaba haciendo nada, solo estaba dando vueltas. Cada vez que lo miraba, Carlos se encendía, para el, Wayne era una carga.
—¡¡¡Eh!!! ¿Vas a hacer algo o te vas a tirar todo el rato dando vueltas sin hacer nada? Se me empiezan a hinchar los cojones solo de verte.
—Están ahí fuera. Si no fuera por el mueble ya habrían entrado… Estaríamos muertos.
Carlos tiró una garrafa al suelo y casi estuvo a punto de disparar a Wayne. –Esa puerta estaría entera si tú no hubieses sido tan gilipollas de disparar a la cerradura. Vuelve a abrir la boca y juro que te dispararé. Los tíos como tu no son más que una carga. Eres un mierda.
—¿De que vas? Eres un bocazas— preguntó Wayne acercándose a Carlos y chocando su cabeza con la de el, pero Carlos no se amilanó.
—Será mejor que no empieces una pelea que no puedes ganar— dijo Carlos empujando con la cabeza. –No creas que me intimidas— en ese momento Carlos lo desarmó y agarró del cuello. –No tienes ni idea de que clase de persona soy. No sabes de lo que soy capaz, podría matarte aquí mismo sin pestañear. Ni tu ni los demás me importáis una mierda, yo aquí solo vine a por dos personas— en ese momento Carlos vio la mancha que se iba formando en los pantalones de Wayne. —¿Te has meado? Eres patético— Carlos empujó a Wayne, este cayó al suelo y comenzó a sollozar. Carlos sin embargo comenzó a reír ante la mirada atónita de Wayne. –Venga, ponte en pie y salgamos de aquí, el tiempo es oro y no estamos para perderlo.
Wayne se puso en pie y cogió dos garrafas con una sola mano como Carlos le indicaba. –Así no podré disparar bien.
—Claro que podrás. Aquí solo mueren los que son unos mierdas. Voy a abrir la puerta y comenzarán a entrar, cuando eso ocurra  empieza a disparar, apunta a la cabeza.
—¿Y que harás tu?— preguntó Wayne.

—Ayudarte, por supuesto. No te preocupes— Carlos se acercó a la puerta y se pegó a la pared, entonces miró a Wayne. –Cuando entren lo harán deprisa, no dejes de disparar. Voy a quitar el mueble— Carlos puso el pie en el mueble y empujó con fuerza, fue entonces cuando la puerta se abrió de golpe y Carlos aprovechó para ocultarse detrás mientras los No Muertos entraban, no tardó en comenzar a escuchar los gritos y disparos de Wayne, poco a poco Carlos dejó una obertura y miró lo que ocurría a través de ella, habían logrado entrar casi dos docenas de caminantes. No quería perderse el espectáculo desde lo que el consideraba un lugar seguro. No pudo evitar sonreír cuando vio al primero de los No Muertos alcanzar a Wayne y morderle en el hombro, los demás no tardaron en rodear a Wayne y hacerlo caer. Cuando ya no entraban más, Carlos salió de su escondite y del cobertizo, luego cerró la puerta detrás de el y comenzó a caminar por el recreo en dirección al gimnasio.

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