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sábado, 14 de febrero de 2015

NECROWORLD Capitulo 64

Día 21 de Enero de 2010
Día 578 del Apocalipsis…
Manhattan… Zona infestada… 08:00 de la mañana.

Mike había logrado salir de la ciudad dejando atrás hordas de caminantes. Se había refugiado en el garaje de un edificio de lo que había sido la zona infestada que ahora en esos momentos estaba completamente vacía.
Kendra yacía sobre un colchón que habían encontrado, seguía viva, pero su estado era cada vez más crítico, tenía sudores fríos y escalofríos, además de sangrar por los poros de su piel, la zona del mordisco se había puesto peor, y la sangre que supuraba era oscura. De vez en cuando, Mike le ponía un trapo mojado sobre la frente, pero apenas hacía efecto, la fiebre no bajaba.
—Ya verás como te pones bien Kendra. Ya lo verás— decía Mike mintiéndole, y mintiéndose a si mismo. –Tienes que vivir para ver crecer a nuestros hijos— Mike alzó la vista y miró al vehículo donde seguían sus hijos. No les había permitido salir para que no vieran como su madre iba muriendo.
—Cuida… de los niños. Cuida de ellos…— Kendra tosió sangre negra que comenzó a manchar el colchón. –Deprisa. Hazlo…
Mike sacó un cuchillo y miró a su mujer mientras su mano temblaba. No iba a ser capaz de hacer algo así, pero Kendra le agarró la mano para que dejara de temblar.
—No puedo hacerlo. ¿Qué haré sin ti? No puedo hacerlo. No hemos sobrevivido tanto tiempo para esto. No puedo perderte…
—Mike… Cuida de los niños— justo en ese momento la cabeza de Kendra cayó hacia un lado y dejó de hablar y de moverse.
Mike comenzó a zarandear a su mujer varias veces. Necesitaba que se despertara, no podía irse y dejarlo así. –No puedes hacerme esto Kendra. No puedes dejarnos solos, te necesitamos. Tus hijos te necesitan, yo te necesito. ¡¡¡Kendra!!! ¡¡¡¡Kendra!!!!— Mike gritó de amargura varias veces hasta que la garganta y la mandíbula le dolió.
En ese momento vio como una de las manos de Kendra comenzó a moverse, sus pies dieron un par de sacudidas y movió la cabeza, acababa de regresar y Mike vio lo que tenía que hacer. Antes de que Kendra pudiera reaccionar, el la inmovilizó y dejó caer el cuchillo en su cara, atravesándole la cuenca del ojo y dejándola inmóvil. Kendra se había marchado para siempre.
Nuevamente, Mike alzó la cabeza y miró al vehículo. Sus dos hijos estaban en una de las ventanas de este mirando lo ocurrido, habían visto como su padre terminaba finalmente con su madre, o al menos con aquello que había sido su madre.
Aun en estado de shock, Mike se levantó y caminó lentamente hasta el coche, llegó junto a el, abrió la puerta y se metió dentro conteniendo las lagrimas.
—Siento que lo hayáis visto… Pero sabéis que se debe hacer. Lo sabéis muy bien. Solo espero que lo entendáis y que no me odiéis por esto. Se que duele perder a mamá, pero ha pasado y ya no podemos hacer nada.
—¿A dónde iremos ahora papá?— preguntó Beth.
—No lo se hija. No lo se…
*****
Portland…

Faith llevaba un rato escuchando los golpes que venían del interior de la garita. Ni siquiera encontraba el valor para ir a mirar por la ventana. Podía incluso escuchar de vez en cuando algún crujido, lo que le hacía imaginarse más o menos lo que estaba ocurriendo allí dentro. Ahí había algo que a ese tipo, Juanma, lo había trastocado. Algo que estaba haciéndole pagar a aquel muchacho.

Dejé caer nuevamente el puño cerrado sobre la cara del chico y un nuevo crujido se escuchó. La cara del chico estaba hinchada y ensangrentada, apenas podían distinguirse sus ojos, nariz y boca. Tenía la mayoría de los dientes rotos, la mayoría de estos adornaban en suelo de la garita manchados de sangre. Golpeé de nuevo al chico y lo solté dejándolo caer de lado, pero aun así no lo dejé, le asesté una violenta patada en el tórax que por un momento pareció quedarse sin respiración, por como se movía parecía que estaba ahogándose en su propia sangre.
—No te mueras todavía cabrón. Aun no hemos terminado— lo agarré de uno de los pies y tiré de el hacia mi. Me incliné sobre el y lo agarré del cuello. —¿Qué sentido tiene que sobreviva la basura como tu y que haga estas cosas con pobres niñas? Mírala… Eso es lo que le hiciste— le giré la cabeza para que mirara a la niña No Muerta que nos miraba desde el interior de la bolsa de plástico que cubría su cabeza y que probablemente había acabado con su vida. —¿Qué te hizo ella a ti?— le golpeé otra vez. —¿Qué te hizo?— Más golpes.
En ese momento el chico comenzó a balbucear algo, pero no se le entendía nada. Me di cuenta de que también había comenzado a llorar. Las lágrimas estaban mezclándose con la sangre de su cara.
—¿Qué es lo que dices?— le pregunté mientras lo agarraba del cuello y le acercaba el oído. –No te estoy entendiendo una mierda… Quizás si no te hubieras mordido la lengua…— Nuevamente le golpeé, tan fuerte que su cuerpo se estrelló contra la mesa, lo que hizo que la niña muerta comenzará a excitarse más y a tratar de acercarse a el para hincarle los dientes. –A Sean tus amigos le arrancaron la lengua y también violaron a mi compañera— volví a tirar de el para impedir que la niña lo mordiera. –Con ellos no pude desahogarme a gusto, pero tu pagarás por todos ellos— Nuevamente le asesté una violenta patada en la cabeza, tan fuerte que se escuchó un crujido, después de eso el cuerpo se quedó totalmente inerte. Me acerqué al cuerpo y lo incorporé, entonces la cabeza se le dobló hacia un lado. Acababa de romperle el cuello, había matado a un chico que apenas era un adolescente a golpes.
Lo dejé caer al suelo y me alejé un poco de el hasta que terminé sentado en un rincón. Ahí comencé a esperar.
*****

Juan, Yuriko y Johana habían seguido el sonido de los disparos, eso los había llevado hasta unas calles donde había varios almacenes. Justo delante de ellos había uno cuyas puertas principales estaban atestadas de No Muertos que trataban de entrar y aporreaban, puertas, ventanas y paredes. Los tres se encontraban detrás de un vehículo abandonado al que habían desvalijado hacía tiempo.
—Hay muchos muertos ahí, eso es que debe haber alguien dentro— decía Yuriko mirando a los caminantes. –Lo que no sabemos es si se trata de Juanma y de los demás, de supervivientes o de miembros de ese grupo. Podría no ser nada.
—Alguien hay dentro. Eso es seguro— respondió Johana, luego miró a Juan —¿Qué hacemos? ¿Cómo entramos?
Juan observó toda la fachada del almacén y luego miró a sus compañeras. –He visto una ventana abierta que hay junto a una escalera de incendios. La cual se encuentra dentro de ese callejón.
Las chicas se asomaron y vieron a lo que Juan se refería, pero para llegar tendrían que pasar entre los No Muertos, en otras palabras debían abrirse paso disparando sin cesár.
—¿Creéis que lo conseguiremos?— preguntó Yuriko. –Cuanto más disparemos más los atraeremos hacia nosotros, dejarán de golpear para venir a por nosotros. Y es posible que ahí dentro no haya nada de interés.
—Bueno. Se trata de ser rápidos. La escalera de mano que da a la escalera de incendios sigue arriba. Tendremos que cogerla para subir, uno vez lo consigamos ya solo tendremos que preocuparnos por salir, pero si de paso logramos que los de la puerta se metan en el callejón… Despejaremos esa salida. Hay que arriesgarse— dijo Juan. –Tengo la corazonada de que es Juanma quien está ahí.
—¿Es una corazonada o es lo que quieres creer?— preguntó Johana. –Si nos metemos ahí sin estar seguros es probable que nos peguen un tiro antes de que podamos decir “Hola”
—Me encanta lo positiva que eres. De verdad— dijo Juan. –Bueno, podéis quedaros aquí si queréis, pero cuando empiece el baile no os faltarán invitaciones. Esto se va a calentar enseguida.
—Supongo que no habrá manera de hacerte cambiar de opinión. Los tíos sois así de cabezotas— dijo Johana.
—Yo iré contigo— dijo Yuriko mirando a Juan.
—Pues ya está todo dicho… ¿Preparadas? ¡¡¡Vamos!!!
*****
Justo cuando vi que el cuerpo de aquel asesino comenzaba a moverse de nuevo, comencé a escuchar los disparos que venían del exterior. Estaba seguro que no eran compañeras de Faith. Y si no eran ellas ¿Quién más podría ser?
Volví a mirar al cadáver del asesino, el cual ya comenzaba a arrastrarse hacia mí. Me levanté rápidamente, saqué un cuchillo y le atravesé la cabeza con el, luego caminé hacia el cuerpo de la niña y hice lo mismo, luego a diferencia del otro cuerpo, el de la niña lo cubrí con un trozo de plástico grande que encontré en el cuarto de baño de aquel despacho, luego salí y me topé con Faith.
—¿Qué hacías tanto tiempo ahí dentro? ¿Has matado a ese chico? Se oyen disparos ahí fuera— Faith hacía muchas preguntas, pero yo estaba más pendiente de los disparos.
—¿No oyes los disparos? Coge todo lo que hay en la lista y salgamos de aquí. ¡¡¡Vamos!!!
Faith obedeció rápidamente y comenzó a buscar lo que necesitábamos mientras yo intentaba averiguar que estaba pasando, miré por varias ventanas, pero no vi nada más que cuerpos de caminantes recientemente abatidos. Fue entonces cuando escuché un ruido metálico, segundos más tarde vi una silueta entrar por una de las ventanas, la miré bien y vi que se trataba de una chica japonesa.
—¿Yuriko?
En efecto se trataba de ella, justo detrás de ella vi entrar a Juan y a Johana. Yo corrí rápidamente a reunirme con ellos.
—¿Qué hacéis aquí? Se suponía que estabais en Manhattan o de camino. ¿Todo bien?
—Los demás siguen de camino. Nosotros decidimos volver para ver que había pasado. Encontramos a dos chicas que venían huyendo de aquí.
—¿Quiénes?— preguntó Faith apareciendo de repente con la bolsa cargada. —¿Quiénes eran?
—Stacy y Alexandra. Había más chicas, pero murieron en el accidente que tuvieron. Alexandra iba herida, pero creemos que se pondrá bien— explicó Yuriko.
Johana en ese momento se acercó a Faith y luego me miró  a mí. —¿Quién es esta? ¿Y donde están Rachel y Sean?— Johana se acercó más a mi. —¿Dónde?
—Ella es Faith, es una de las supervivientes. Hay más en una buhardilla de una casa a unas manzanas de aquí. Rachel está con ellas, estaba herida. Sean no lo consiguió. Nos asaltaron hombres de Dorian y a el lo mataron— Enseguida pude ver la tristeza en los ojos de Johana, se notaba que le había cogido cariño al muchacho. –Pero ya le vengué.
—¿Sufrió?— preguntó Johana. —¿Sean sufrió?
—No— le mentí.
—¿Y Dorian? ¿Acabaste con el?— preguntó Juan.
—Cuando llegué estaba rodeado de niños. No pude hacer nada— respondí. –Había demasiados como para ponerme a disparar.
—¿Y que más da que haya niños? Se trata de un cabrón loco. Los niños hubiesen sido un daño colateral. Si te rajas no entiendo a que fuiste a Las Vegas. ¿Acaso te paraste por el camino para follarte a la lesbiana? Y ya de paso dejas morir a Sean…
Johana no terminó de decir la frase, me di la vuelta y le asesté un puñetazo en plena cara. Ella cayó de espaldas y me observó con los ojos muy abiertos. Se llevó las manos a la pistola, pero yo ya estaba apuntándole a la cabeza.
—Ni lo intentes. No tienes ni idea del infierno que he tenido que soportar. Disparé a Dorian y no se si lo maté. Las cosas se complicaron demasiado como para quedarme a asegurarme, las cosas habrían sido peor si nos hubiésemos quedado. Ahora levántate— dije sin dejar de apuntar a Johana, a la cual seguía con el arma mientras se ponía de pie. –Ni se te ocurra volver a intentar apuntarme con un arma o juro que te volaré la cabeza.
—Déjalo— dijo Juan poniéndome la mano en el hombro. –Tenemos que salir de aquí y reunirnos con los demás para volver a Manhattan. ¿Vale?
Me di la vuelta y miré a Juan. –Antes tenemos que pasar por una casa para recoger a Rachel y a unas supervivientes— miré a Faith y la señalé. –Por eso ella está conmigo, vinimos a recoger unos medicamentos… ¿Ya los tienes?— Faith asintió y yo proseguí. –Íbamos a coger este camión para largarnos.
—Muy bien. ¿Pues a que esperamos? Salgamos de este agujero— dijo Juan.
En ese momento Yuriko se me acercó. –Necesito hablar contigo, es importante.
—Ya me lo dirás. Ahora tenemos que…— Yuriko me agarró del brazo y yo la miré.
—Es sobre tu hermano. Planea matarte, incluso me dijo a mi que lo hiciera. Quería que te matase durante esta misión. Es peligroso, me lo ha demostrado, amenazó con matarme a mí si no lo hacía. Está decidido a hacerlo y es seguro que lo intentará.
—Está desterrado— dije tratando de librarme del agarre de Yuriko, pero ella me sujetó.
—Eso no lo detendrá.
—Pero una bala si— respondí zafándome de la chica. Ya había tenido demasiado ese día como para preocuparme por mi hermano y sus locuras. Me acerqué nuevamente a Juan y le señalé la gran puerta de metal que había en el almacén.
—Saldremos por ahí, recogeremos a las chicas y nos largaremos.
—Esa puerta es demasiado gruesa. No tenemos mucho sitio para maniobrar y coger velocidad, y aunque la atravesáramos, esta podría ocasionarnos grandes destrozos en la carrocería del camión. Si eso ocurre podría ser que no llegáramos muy lejos.
—Entonces hay que abrirla manualmente. En este edificio hay luz, lo se por que pude encender la luz de ese despacho antes— dije mientras comenzaba a acariciarme la mano. Hacía unos minutos que había empezado a dolerme y Juan se dio cuenta.
—¿Te has visto esa mano? La tienes hinchada.
—Faith ha cogido antibióticos. Luego ya me ocuparé de ello. Ahora vayamos a lo que realmente importa. ¿Vale?
—Como quieras. Oye, no se exactamente por lo que habrás pasado, pero tienes que saber que te entiendo y que lo superarás. ¿De acuerdo? No podemos rendirnos por cualquier cosa que nos pase.
—Gracias— dije mientras me alejaba, necesitaba descansar, pero aun así me encaramé por donde habían entrado Juan, Yuriko y Johana y me asomé. Allí debajo de la escalera de incendios había varios No Muertos que alzaron los brazos al verme. Los ignoré y avancé por la pasarela hasta que llegué a la esquina para mirar hacia la puerta por la que habíamos entrado. Esta se había quedado despejada, lo único que quedaban eran cadáveres que habían sido abatidos. Eso nos dejaba la salida para el camión despejada, aunque también era algo temporal, esa gran puerta al moverse causaría ruido, lo que haría que los caminantes se acercaran, podríamos pasarles por encima sin muchos problemas, pero eso le restaría tiempo al que abriera la puerta accionando la palanca que esta tenía al lado, había que pensar una manera de tener a los caminantes distraídos mientras llevábamos a cabo tal proceso.
*****
Manhattan… Iglesia…

Con el amanecer, la gente refugiada en el interior de la iglesia se había dispersado en el interior de esta. Mouse, para evitar ser visto demasiado decidió apartarse un poco e irse a un sitio solitario. No quería arriesgarse a un linchamiento si los que allí lo reconocían como un miembro de aquellos que les habían atacado. Razones no les faltaban para odiarlos.
—¿Qué haces tú aquí?
La voz de una chica lo hizo levantar la cabeza. Se trataba de Jill, esta estaba acompañada por la chica que apenas hablaba y por el hermano de esta. A los tres los había conocido aquella vez en los túneles.
—Lo mismo que vosotros. Me he refugiado de los caminantes y de… Los míos, pero yo no tengo nada que ver con este ataque. Christopher está muerto.
—Deberías ayudarnos. Aquí dentro hay gente herida. Toda la ayuda es poca— dijo Jill.
—Si me reconoce tu gente acabará echándome de comer a esos monstruos. Así que no creo que sea sensato. Ya me entiendes, los de la guerrilla no somos bien vistos aquí arriba. Tenéis la jodida costumbre de señalarnos con el dedo.
De repente comenzaron a escucharse gritos que venían de la sala principal. Eran gritos de una mujer. Paul miró a Jill y rápidamente salieron corriendo dejando a la chica que no hablaba con Mouse.
—¿No vas con ellos? Yo me iría. No vaya a ser que piensen que te he hecho algo después y tengan una excusa más para destriparme sobre ese altar… ¿Por qué no dices nada? ¿Te ha comido la lengua el gato? Que te marches— dijo Mouse haciéndole un gesto con la mano para que se marchara, pero la chica seguía allí. —¿No me has oído? Que me dejes solo.
La chica no respondió, se llevó la mano al bolsillo y sacó una pequeña libretita. La abrió y comenzó a pasar paginas hasta que se detuvo, intercambio varias miradas entre la libreta y Mouse hasta que dejó la vista clavada en el. –Estás triste y enfadado.
—Muy inteligente. Ahora déjame en paz.
De repente comenzaron a escucharse disparos, eso hizo que la chica se sobresaltara y Mouse se pusiera de pie. Fue en ese momento cuando una persona apareció doblando la esquina del pasillo donde se encontraban ambos, enseguida Mouse lo reconoció como un caminante.
Mouse agarró a la chica y la puso detrás de el mientras levantaba el arma, seguidamente disparó y la cabeza del caminante quedó destrozada, haciendo que el No Muerto se derrumbara. Seguidamente se escuchó como se rompían cristales, como la gente gritaba y como alguien disparaba. Mouse miró a la muchacha.
—Escóndete, deprisa. Venga.
La chica obedeció rápidamente y se ocultó debajo de un altar sobre el que había una estatua de la virgen María. Seguidamente Mouse salió corriendo y llegó al hall, allí vio a varias personas apelotonadas en un lugar mientras varias personas, entre ellos Paul y Jill, disparaban contra un grupo de caminantes que habían aparecido de dios sabia donde.
—¡¡¡Salgan de aquí!!! ¡¡¡¡Salgan!!!!— comenzó a gritar Mouse haciendo gestos. –Vengan hacia mí. ¡¡¡¡Vamos!!!!
La gente comenzó a obedecer a Mouse, todos pasaban corriendo a su lado, ni siquiera se paraban a mirarle, simplemente pasaban corriendo a su lado. Entonces se dio cuenta de que había un niño oculto debajo de uno de los bancos del hall, este estaba tapándose los oídos con la cabeza metida entre las rodillas, este no parecía haberse dado cuenta del caminante que se arrastraba hacia el. Sin perder más tiempo, Mouse comenzó a correr en dirección al caminante, al mismo tiempo otro hombre afro americano corría hacia el niño.
Mouse llegó hasta el caminante justo cuando estaba apunto de coger al niño y tiró de el, eso hizo que el No Muerto se diera la vuelta sobre si mismo y tratara de coger a Mouse, pero este fue más rápido y le pisó la cabeza al mismo tiempo que el hombre de color cogía al niño en brazos.
—Llévatelo de aquí— dijo Mouse, después alzó la cabeza y vio como los que disparaban empezaban a retroceder ante el número más creciente de No Muertos. Estos debían estar accediendo por alguna puerta de la iglesia, si seguían entrando estarían perdidos.
Mouse regresó junto a las personas y buscó al sacerdote entre ellas, cuando lo encontró se dirigió a el.
—Deben estar entrando por una puerta trasera. Dígame donde está esta. Tenemos que cerrarla y bloquearla. ¡¡¡Padre!!!
El sacerdote en ese momento lo miró –Si están aquí es por que así dios lo ha decidido pese a nuestras plegarias. Es la voluntad de dios.
Mouse agarró al sacerdote y tiró de el. –Me importa tres cojones la voluntad de dios. Lo que no quiero es morir y ver morir a toda esta gente. Así que dígame de una puta vez donde está esa jodida puerta. Venga.
—Vienen de la otra sala, seguramente la han atravesado por que el hombre que limpiaba se la dejó abierta. Es una gran puerta de madera que queda detrás de una verja de hierro que da a la calle. Seguramente están entrando por ahí.
—Muy bien— dijo Mouse haciéndose una idea de donde estaba. Ahora solo tenía que llegar hasta allí y cerrar por lo menos la verja de hierro, pero para llegar tendría que cruzar entre los No Muertos, fue cuando se le ocurrió una idea, se acercó a uno de los ventanales y tiró de una de las cortinas, la tiró al suelo al lado del caminante que había abatido, sacó el cuchillo y abrió el estomago de este sacando sus intestinos, después comenzó a frotarlos por encima de la cortina hasta que esta quedó prácticamente cubierta por la sangre y entrañas corrompidas de aquel ser. Seguidamente se la puso por encima como una capa, dejando al descubierto la parte sucia de la cortina.
—Sigan aquí mientras sus chicos los mantienen a raya. Yo alcanzaré esa puerta.
Mouse tendría que salir a la calle, así que caminó hacia la puerta principal mientras observaba como Jill y los demás disparaban. En cualquier momento se les acabarían las balas.
Abrió la puerta y golpeó a un caminante que trató de entrar, una vez en la calle y con la puerta principal bien cerrada comenzó a rodear la iglesia esquivando caminantes. Cuando dobló la esquina vio la verja de la que le había hablado el cura, en ella había varios No muertos cruzando. Aceleró el paso y se metió entre ellos, cuando llegó a la puerta empujó a varios y agarró ambas puertas. Ciertamente alguien se había dejado esa verja abierta y los caminantes se habían abierto paso abriendo de alguna forma la puerta de madera. Mouse se fijó en el candado y la cadena que colgaban de una de las puertas y decidió usarlas, mientras lo hacía se percató de un grupo de No Muertos que estaban comiéndose a alguien, eso ayudó a Mouse a hacerse una idea de lo que podría haber ocurrido. Aun así fue a lo suyo y logró cerrar la puerta. Era hora de volver al interior, ahora con la verja cerrada no entrarían más.
En ese momento un caminante en pleno frenesí tiró de el, con tan mala suerte que Mouse perdió la cortina y quedó totalmente expuesto y rodeado, algo de lo que enseguida se dieron cuenta los caminantes. Mouse no estaba dispuesto a morir y comenzó a luchar con uñas y dientes. Golpeaba y empujaba a los No Muertos, pero el, a diferencia de aquellos seres si que se cansaba y estaba comenzando a notar los primeros síntomas del cansancio.
Huyó hasta que se subió de un saltó al capó de un coche, desde ahí comenzó a patear a los No Muertos que alzaban los brazos para cogerlo. Para Mouse estaba todo perdido, tarde o temprano lo destrozarían ahí mismo. Entonces una lluvia de disparos comenzaron a abatir a los caminantes.
*****
Manhattan… Hospital…

El avance por el hospital no era nada fácil, cada dos por tres se encontraban con muchos No Muertos o alguna puerta cerrada que les bloqueaba el paso y tenían que dar la vuelta. Al menos parecía que los asaltantes se habían marchado.
Llegaron a un despacho en uno de los pisos superiores y allí Levine se quedó mirando por la ventana, David se le acercó y también miró, justo delante de ellos había un edificio que conectaba con el hospital mediante un cable grueso de color negro, fue en ese momento cuando algo se iluminó en las cabezas de David y de Levine.
—¿Estás pensando lo mismo que yo? Esa azotea queda a unos cinco metros por debajo de nuestra posición.  A unos doce metros de distancia en línea recta. Si alcanzamos ese cable podremos cruzar a ese otro edificio y de ahí a la calle— explicó Levine.
David abrió la ventana y se asomó, luego miró a Levine –Para alcanzarlo tendremos que salir de aquí, andar por la cornisa y luego descender por el suponiendo que soporte nuestro peso. También es bueno decir que la caída puede ser desastrosa.
—Bueno. Si el golpe es seco no me importa. Piénsalo, será una buena manera de dejar atrás esta mierda de mundo y dejar de sufrir. Yo voto por arriesgarme, te lo creas o no, esto mío más que un don es una gran putada.
En ese momento Louise se acercó a ellos. –Bueno, como la cosa ya parece que está clara, es hora de hacerlo.
Los tres comenzaron a salir por la ventana y a permanecer pegados a la pared. Si algo fallaba les esperaba una caída de quince metros que acabaría con sus cuerpos chocando contra el asfalto. Al menos la cornisa era bastante amplia como para poder caminar con precaución.
No tardaron en llegar al cable, el cual era de fácil acceso desde la cornisa. Solo les faltaba descender por el usándolo como tirolina. Louise fue el primero que probó como era de fuerte.
—Creo que soportará nuestro peso. Yo voy primero— Louise pasó el fusil por encima, luego se dejó deslizar. Fue rápido y enseguida estuvo al otro lado. Enseguida comenzó a hacer señas. –Os toca.
David y Levine se miraron. –Espero que cumplas tu palabra de dejarme marchar.
—Ya te la di. Puedes marcharte cuando quieras… Pero… ¿A dónde piensas ir?
—Mi don es una maldición que deseará todo aquel que lo descubra. Supongo que me marcharé a donde no haya nadie vivo ni muertos, puede que sea inmune a su virus, pero no soy inmune a las enfermedades que la carne putrefacta apilándose por todas partes pueda producir, así que ya iré viendo. Todo marchará bien mientras no me deje ver demasiado— Levine echó un vistazo a la calle y vio a varios No Muertos. Los cuales aun no se habían percatado de su presencia. —¿Alguna vez te has planteado el como eran antes? ¿O si aun en ese estado sentirán algo?
—Muchas veces— respondió David. –Venga va, te veo al otro lado.

Minutos después David y Levine ya estaban en el otro edificio junto a Louise, el cual había encontrado una escalera de mano por la que podrían bajar a la calle.
—Bueno. Nuestros caminos se separan aquí— dijo Levine caminando hacia la escalera. –Ha sido un placer, quizás nos veamos en un futuro lejano o en otra vida.
Levine se dio la vuelta y en ese momento escuchó como alguien amartillaba el arma, se dio la vuelta y vio a Louise apuntándole.
—¿Dónde te crees que vas?— preguntó el militar
—Louise… ¿Qué coño estás haciendo? Dijimos que nos separaríamos cuando saliésemos del hospital. Baja el puto fusil ahora mismo— dijo David. –Le dimos nuestra palabra.
—No, tu le diste la palabra. ¿No te das cuenta? Este tío es demasiado valioso, no podemos dejarlo ir así como así. Cuando las cosas vuelvan a su cauce en la ciudad nos recibirán como héroes. Este estaba ahí abajo por su don— Louise miró a Levine. –Tira el puto fusil o te aseguro que te reventaré las piernas o los brazos, para hacer lo que haya que hacerte no los necesitas… Y dudo que seas inmune al dolor.
Levine dejó caer el fusil y luego levantó los brazos, también miró a David. –Esto es lo que pasa siempre. No te puedes fiar de nadie.
En ese momento David apuntó a Louise. –Deja ese arma y déjalo marchar ¡¡¡Vamos!!!
Pero Louise no hizo caso, en vez de eso se dio la vuelta hacia David y le apuntó, momento que aprovechó Levine para lanzarse contra el y empujarlo haciéndolo caer de la azotea.
El cuerpo de Louise chocó contra el asfalto atrayendo la atención de los caminantes. Este se retorcía de dolor, seguramente se había fracturado varios huesos en la caída, miró a la azotea y vio a Levine y a David mirándolo.

David veía como los caminantes se acercaban al moribundo Louise. No tardarían en comenzar a comérselo, fue entonces cuando alzó el fusil, apuntó a la cabeza del soldado y disparó.
—Tuve que hacerlo.
—Ya, bueno. Ahora están ocupados comiéndoselo— dijo Levine observando como los primeros No Muertos en llegar comenzaban a dar buena cuenta de Louise. –Tendrás bastante camino despejado. Yo podría acompañarte, pero no te serviría de mucho.
—No, tu vete. Sal de aquí.
Levine en ese momento le tendió la mano a David y este se la estrechó. –Muchas gracias. Espero que te reencuentres con los tuyos pronto.
—Y yo espero que encuentres la tranquilidad. Ha sido un placer conocerte.
Ambos se despidieron, bajaron a la calle y cada uno se marchó en una dirección.
*****
Manhattan… calles…

Luci se encontraba en un callejón, y justo al otro lado de la calle estaba la entrada a su bloque de apartamentos, estaba casi en casa, por fin había llegado. Esperó unos minutos mirando a ambos lados de la calle, tratando de encontrar algo extraño. Los hombres de Dante seguían dando vueltas por la ciudad buscándola, afortunadamente no sabían donde vivía, pero tampoco quería arriesgarse, esperó un poco más y entonces, rápida como una gacela cruzó la calle y entró por la puerta del bloque. Subió las escaleras a toda velocidad, llegó a su piso, corrió hacia su puerta y la derribó de una patada, entró en su casa y corrió hacia su habitación. Allí debajo de su cama la estaba esperando reluciente su katana, la desenvainó y sonrió.
—Otra vez juntas. Ahora es cuando empieza lo bueno— murmuró mirando a su arma predilecta.
Su plan era primero acabar con Dante y luego reunirse con los suyos. Los cuales debían estar aun en algún lugar de la ciudad. Se ató la Katana a la espalda con un cinturón y luego salió al pasillo, fue entonces cuando escuchó el llanto de un bebé. Recorrió el pasillo siguiendo el llanto hasta que llegó a la puerta de la casa donde vivian Alicia y David, llamó varias veces y nadie respondió, fue entonces cuando abrió la puerta de un golpe y entró en el interior. El llanto venía de la habitación de Cristian, caminó rápidamente y entró en ella. Se encontró entonces con el pequeño Cristian de pie en su cuna llorando sin parar.
—No te preocupes. Tía Luci está contigo. ¿Dónde están tus padres?
En ese momento Luci escuchó un ruido y al darse la vuelta se encontró un fusil apuntándole, detrás de este estaba David que al verla comenzó a bajar el arma con cara de estupefacción.

—¿Luci? 

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