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sábado, 7 de febrero de 2015

NECROWORLD Capitulo 63

Día 21 de Enero de 2010
Día 578 del Apocalipsis…
Manhattan… 06:00 de la madrugada.

Zero acababa de llegar de nuevo a su nuevo despacho acompañado por Teddy. Estaba amaneciendo y era hora de descansar, mientras Teddy se sentaba en uno de los sillones, Zero se servía una copa de Whisky, la que se bebió rápidamente de un trago.
—¿Cuál es entonces el plan a seguir jefe? No creo que queden muchos habitantes de Manhattan por aquí… Vivos me refiero.
—Esperaremos un par de días más por aquí mientras nuestros chicos van dando caza a las ratas escurridizas. Dentro de dos días será cuando acabemos con los cadáveres… Será fácil.
—¿Y que hacemos con Mouse? El sigue por ahí.
—No me importa demasiado. A los ojos de los demás, en lo que se refiere a los habitantes de Manhattan… El es uno de los nuestros, así que si lo ven y no lo reconocen como uno de los suyos lo abatirán. Un problema menos.
De repente uno de los hombres de Zero irrumpió en el despacho con la cara desencajada por el miedo, incluso en su entrepierna se podía ver una mancha, y el olor que desprendía daba a entender que se había orinado encima, algo que hizo que Teddy comenzase a reír mientras se mofaba de aquel tipo.
—¿Qué ocurre? Estoy apunto de irme a descansar y no quiero que se me moleste. Si no quieres acabar colgado alimentando a los cuervos con tus tripas espero que sea algo mínimamente importante.
En ese momento el hombre comenzó a hablar muy atropelladamente. –Tenemos problemas señor… La obertura que hicimos en las vallas que separaban la zona segura de la ciudad de la zona infestada se han venido totalmente abajo en varios metros, es una obertura demasiado grande que nos llevará mucho tiempo reparar.
—Pues empezad ahora mismo— le interrumpió Zero.
—No podemos… Las explosiones y disparos que salen de la ciudad están atrayendo a un número cada vez más creciente de No Muertos que están penetrando en la ciudad por ahí. Debe haber millones, dentro de poco las calles estarán llenas de esos seres. Se nos está yendo de las manos.
Zero se dio la vuelta y se asomó por la ventana. Miró a las calles y en la lejanía vio las vallas semi derruidas y varias figuras tambaleantes penetrando en la ciudad. Era verdad, se les había ido de las manos y estaban siendo invadidos.
*****
Manhattan… Sótanos del hospital…

A diferencia de David, los otros dos soldados habían comenzado a desesperarse, Richard Levine hacía rato que se había marchado y aunque ya no se escuchaban los golpes en los cristales, este no regresaba y ellos tenían miedo de salir por si eran atacados. Ambos se limitaban a dar vueltas por el interior de la celda de retención y de vez en cuando pateaban algo presas de la frustración.
—Ese tío nos ha dejado tirados. No deberíamos habernos fiado de el— decía Bobby –Te juro que como vuelva a verlo le meteré una bala entre ceja y ceja…
—Calmaros los dos. Seguramente había cientos ahí fuera. No creo que sea un camino de rosas ir acabando con todos ellos, por mucho que ellos no te vean.
De repente la puerta de la celda comenzó a abrirse y Bobby fue el primero en acercarse. –Ya era hora. Eres un jodido…— pero no terminó de decir la frase, una bala atravesó su cabeza antes de que pudiera decir nada más. Justo después apareció un tipo con un fusil, este vestía ropas roídas y sucias. Enseguida supieron que era un miembro de la guerrilla, los cuales les habían asaltado.
—Vaya, vaya, vaya. ¿Que tenemos aquí? Tres… Digo… Dos ratas escurridizas que han logrado escapar al primer ataque. Venga, id saliendo de aquí, quiero darme el gustazo de ejecutaros en publico. Tirad las armas al suelo.
David y Louise hicieron lo que el tipo decía y seguidamente levantaron las manos. En ese momento la hoja de un cuchillo atravesó la garganta de aquel tipo y este cayó de bruces, muriendo de forma instantánea, justo detrás estaba Richard Levine.
—¿Dónde te habías metido?— preguntó Louise
—He estado limpiando los sótanos. No es cosa fácil cuando hay cientos de esos seres. Os he estado limpiando el camino. Lo que no se es de donde salió este tipo.
—Es igual, salgamos de aquí— dijo David recogiendo su arma del suelo. Seguidamente le quitó el arma al tipo y se la entregó a Levine. – La necesitarás.
Levine cogió el arma y salió el primero seguido por David y Louise, los cuales se quedaron sorprendidos al ver varias docenas de cadáveres por el suelo y apoyados en la pared. Todos presentaban la misma herida en la cabeza, la que les había hecho Levine para acabar con ellos y así despejar el camino.
Salieron de la zona de celdas rápidamente y continuaron viendo cuerpos.
—Menuda matanza. ¿A todos te los has ido cargando tu?— preguntó Louise sorprendido.
—¿Tu que crees?— preguntó Levine sin darse la vuelta para mirarlo. –Bueno, algunos ya estaban así.
Cuando llegaron a una esquina, Levine ordenó un alto y David y Louise se pegaron a la pared mientras Levine se asomaba.
—¿Qué pasa? ¿Qué ocurre?— preguntó Louise con voz temblorosa.
—Además de caminantes también hay varios tipos por el hospital. He logrado escabullirme de ellos, pero son peligrosos— en ese momento escucharon unos disparos que venían del piso superior, seguidos de unos gritos. Levine miró a sus dos compañeros y les indicó que le siguieran.
—¿Qué haremos una vez estemos fuera?— preguntó David.
—No se que haréis vosotros, pero yo me daré el piro. A la larga será lo mejor, si el interior del hospital está así no quiero ni imaginarme como debe haber quedado el resto de la ciudad.
Los tres llegaron al pie de unas escaleras y vieron que en la parte más alta había un tipo de espaldas a ellos. Este portaba un fusil en las manos y no parecía haberse dado cuenta de su presencia. Nuevamente se pegaron a la pared y Levine comenzó a hablar en voz baja.
—Quedaros aquí— seguidamente salió con el cuchillo en la mano y antes de que el tipo lo viera se lanzó sobre el y lo acuchillo varias veces en la cara ante la sorpresa de Louise y David. Cuando acabó con el volvió junto a ellos. La sangre estaba cubriéndolo del todo –Salgamos ya de aquí. Este sitio me pone de los nervios.
David y Louise siguieron a Levine sin articular palabra, era evidente que ese hombre estaba dejando ir todo su odio con todos aquellos que se cruzaban en su camino.
*****
Manhattan… Colegio…

Carlos y el profesor se habían escondido en un aula justo cuando vieron un grupo de caminantes irrumpir en el pasillo. Como sabían que los niños y los demás estaban a salvo por el momento no les importaba estar perdiendo tiempo allí escondidos, al menos estaba a punto de amanecer y podrían moverse mejor sin llevarse sorpresas desagradables.
—Cuando logremos hacernos con el Bus. Lo más lógico es que nos vayamos en dirección al Madison square Garden. Los supervivientes estarán todos allí— decía el profesor sentado detrás de unos pupitres.
—No— respondió Carlos de forma tajante. –Los escorias esos han tomado la ciudad y es seguro que también se han hecho con el estadio. Si vamos allí nos fusilarán. Lo que tenemos que hacer es salir de la ciudad como sea. Total… No la vamos a recuperar hagamos lo que hagamos. Manhattan ha caído y el Fénix no resurgirá de sus cenizas.
—¿Cómo sabes lo de…?
—Los vi organizarse… Esos cabrones estaban bien preparados y nosotros demasiado confiados… Que hijos de puta.
En ese momento Carlos comenzó a ver los primeros rayos de sol, lo cual marcaba el inicio de un nuevo día. Miró a su compañero y se dio cuenta de que no sabía como se llamaba.
—¿Nos vamos a comenzar a mover ya?
Carlos asintió. –Por cierto. ¿Cómo te llamas?
—Me llamo Wayne…
—Muy bien Wayne. Es hora de salir de aquí y conseguir ese autobús— dijo Carlos a la vez que se levantaba y miraba hacia el cristal de la puerta desde el que se podía ver el pasillo. Fuera no se escuchaba nada. Seguramente los caminantes estaban en otro piso o en el exterior. Aun así, fuese como fuese, iban a tener que enfrentarse a ellos en cualquier momento.
*****
Portland…

Dejé todos los cuchillos que llevaba a mano en el suelo y luego levanté los brazos para mostrarles las palmas de las manos para que vieran que ya no llevaba nada. También Rachel hizo lo mismo con la pistola.
—No os vamos a hacer nada. Hemos venido aquí huyendo de los caminantes. Sabemos lo que os ha pasado, pero os doy mi palabra de que no os haremos ningún daño. Nos marcharemos enseguida.
En ese momento una chica de mi edad más o menos se puso en pie y comenzó a acercarse. Era rubia y delgada, cuando la miré vi que tenía restos de sangre en la cara.
—Faith vuelve aquí— dijo una de las mujeres.
La chica llegó cerca de nosotros y se quedó mirando a Rachel. –Te han violado— dijo con una voz que me recordó al de una niña pequeña. Luego me miró a mí. —¿Quién fue? ¿Tú?
Yo negué con la cabeza. Estaba sorprendido por como lo había acertado aquella chica. Rachel sin embargo había comenzado a desmoronarse nuevamente, casi estuvo a punto de caerse, yo la sujeté y la ayudé a sentarse. –Nos asaltaron cuando huíamos de Las Vegas… Mataron a uno de los nuestros. Después de eso llegamos aquí para curar nuestras heridas. ¿Nos podéis ayudar? Por favor— les supliqué. –Prometo que no os haremos daño.
Una de las mujeres que estaba allí se acercó poco a poco y apartó a la otra chica para examinarla. Luego me miró a mí. –Aquí no tenemos nada. No nos dio tiempo a cogerlo, nos escondimos muy rápido para evitar que nos masacraran. Hay una casa a unas manzanas de aquí donde guardábamos la mayoría de medicamentos. Es algo así como un almacén. Debe estar intacta. Te haré una lista con todo lo que necesitamos.
—Muchas gracias. Me pondré en marcha en seguida— respondí poniéndome de pie.
—Yo quiero acompañarle— dijo en ese momento la chica que se nos había acercado en un primer momento. –El no sabrá moverse por aquí.
—Tu no Faith— dijo una chica que tendría como unos catorce años. –Tu no.
—No me pasará nada. El no dejará que me ocurra nada. ¿Verdad?
—Personalmente no creo que sea buena idea que me acompañes. Puedo apañármelas yo solo. El exterior es peligroso y está amaneciendo, los caminantes nos verán enseguida.
—Se cuidar de mi misma— respondió Faith.
Yo me quedé mirando a la chica, la cual la primera impresión que me había dado cuando se había acercado a Rachel y le había dicho aquello, era que estaba trastornada. –Está bien. Supongo que no podré impedirlo, pero no quiero que hagas locuras. ¿Entendido?
La chica comenzó a prepararse mientras yo le hablaba a Rachel. –Escucha, voy a salir a buscar lo que necesitamos. Volveré pronto y cuando podamos volveremos a Manhattan. Allí ya no tendrás que preocuparte de nada más. ¿De acuerdo?— seguidamente le di un beso en la frente, me levanté y la mujer que se nos había acercado en segundo lugar me entregó una hoja de papel con varios nombres anotados.
—Te resultará fácil encontrarlo, pero tened cuidado… Quizás aun queden asaltantes en los alrededores.
—Lo tendré en cuenta. ¿Hay algún otro lugar por el que podamos salir? El piso inferior debe estar lleno de caminantes— mientras decía eso vi como la tal Faith se guardaba una pistola en la cintura.
—Podéis salir por un ventanal que hay al fondo de la buhardilla— me indicó la mujer.
Seguidamente Faith y yo nos pusimos en marcha, cruzamos el redondo ventanal y descendimos a un jardín trasero en el que pudimos ver algunos cadáveres apilados en una esquina. Eran todo mujeres.
—Lo hicieron ellos. Nosotras no podíamos hacer otra cosa más que mirar ocultas ahí arriba— me dijo Faith, pero yo enseguida aparté la vista. Me daba demasiada rabia esa visión.
Cuando salimos del jardín tuve que cubrirme los ojos para evitar que el sol me diera de lleno en ellos. Estaba haciéndose de día y eso significaba que estábamos más expuestos, por lo tanto habría que moverse rápido.
Llegamos a una valla de madera que había en el jardín, me pegué a ella y miré a través de una pequeña obertura que daba a una calle trasera. Allí había varios No Muertos deambulando sin darse cuenta de nuestra presencia, me giré y miré a Faith.
—Hay demasiados por esta parte, pero tenemos que salir antes de que los que han entrado en la casa nos vean. Espero que sepas usar eso y que puedas correr.
—No te preocupes. Se cuidar de mi misma— respondió Faith.
Yo comencé a mirar por el jardín y vi pegado a la valla de madera un árbol por el que podíamos trepar para pasar al otro lado. Le hice una señal a Faith para que me siguiera y acto seguido comenzamos a trepar. Subimos unos cuantos metros, desde mi posición podía ver toda la calle y los caminantes que había repartidos por ella.
—Esa es la calle por la que debemos ir— me señaló Faith.
—De acuerdo— respondí mientras me fijaba en el trayecto. –Por cierto… ¿Cómo supiste lo de mi compañera? Lo de que la habían violado…
—Se lo vi en la cara. Es fácil reconocer esas señales cuando tú has pasado por lo mismo. Yo por ejemplo tenía un padre que me quería demasiado. Me alegra que no hubieses sido tu, de lo contrario te habría matado ahí mismo.
—Es bueno saber que cuento con tu confianza— respondí.
—Me inspiras confianza al contrario que otros hombres. Me la inspiraste desde el momento en que te vi llegar con tu grupo… Cuando este sitio seguía en pie.
—Cuando consigamos lo que vamos a buscar os llevaré a ti y a las demás a Manhattan donde empezareis una nueva vida. Te lo prometo.
—No hagas promesas que no puedes cumplir. No hay nueva vida desde que el mundo se fue al infierno, tarde o temprano, cuando todo parece ir bien… Se termina yendo al infierno.
Faith tenía razón. Desde que había empezado todo hasta ese momento, nada que parecía perfecto había durado mucho. No ocurrió en el parque de bomberos cuando seguíamos en Valencia, no duró mucho lo de la prisión y tampoco nuestra esperada huida de España en el helicóptero de Silverio había salido como esperábamos. Hablaba de Manhattan, pero en esos precisos instantes estaba muy lejos de allí.
—Venga vamos— dije descendiendo por el árbol. Nada más puse los pies en el asfalto atraje la atención de un caminante que comenzó a caminar hacia mi. Cuando lo tenía cerca lo agarré, lo empujé contra las tablas de madera, saqué un cuchillo y se lo clavé en la cabeza. De repente Faith comenzó a disparar.
El ruido del No Muerto chocando contra las tablas había atraído a otros que comenzaban a caminar hacia nosotros. Faith había comenzado a disparar con gran destreza. Rápidamente la cogí del brazo y ambos comenzamos a correr por la calle indicada, cuando no podíamos esquivar a los muertos simplemente los abatíamos. Estábamos armando tanto ruido que además de atraer hacia nosotros a todos los de los alrededores, también haríamos salir a los de la casa, lo cual tenía su parte buena a la hora de regresar, por lo menos nosotros contábamos con inteligencia.
*****

Juan detuvo el vehículo delante de lo que una vez fue la entrada por la que accedieron por primera vez a la comunidad de mujeres de Portland. Aunque en esos momentos de esa puerta no quedaba nada, y al otro lado se podían apreciar los rastros de un ataque que había aniquilado a todos sus habitantes. Solo caminantes moraban por la zona.
—Era cierto lo del ataque. Esto ha sido una masacre… Y pensar que quizás seamos los responsables…— dijo Yuriko mirando al frente y contemplando el panorama que se extendía ante ellos.
—No. No es culpa nuestra. Esto podría haber ocurrido tarde o temprano— dijo Johana, después miró a Juan. —¿Vamos?
—Vamos— dijo Juan abriendo la puerta y saliendo. Cuando las chicas salieron las miró. –Puede que encontremos a Juanma, Rachel y Sean por aquí. Al igual que supervivientes. Mantened los ojos bien abiertos. ¿De acuerdo?
—¿Y si los encontramos y son caminantes?— preguntó Yuriko.
Johana la miró. –Eso… Pues creo que está bastante claro. Ahorrémosles el sufrimiento.
Los tres cruzaron las ruinas de la entrada, lo cierto era que lo que vieron nada más cruzar estremecería a cualquiera, había una mujer totalmente desnuda empalada una estaca de madera, la visión hizo que Yuriko se diera la vuelta para vomitar. Todavía fue peor cuando el cuerpo comenzó a sacudirse y a mirarlas a la vez que braceaba para intentar agarrarlos.
—Que hijos de puta. Se aseguraron de no tocarle nada de la cabeza para que se reanimara. Esos tipos son unos verdaderos sádicos— dijo Johana sacando un cuchillo y caminando hacia la pobre mujer.
La No Muerta estaba desprovista de la mandíbula inferior. La lengua colgaba flácida hacia un lado. La mandíbula superior aun tenía movilidad, aunque le faltaban varios dientes. La estaca había sido introducida a través de su vagina y luego había atravesado todo su cuerpo hasta salirle por la boca. Parecía una imagen sacada del mismísimo infierno.
Johana rápidamente clavó el cuchillo en la cabeza de la No Muerta y luego tiró la estaca al suelo con la mujer empalada, después miró a sus compañeros. –Os juro que si me encuentro con uno de esos cabrones me tomaré mi tiempo para hacérselo pagar.
Juan observó a Johana. La cual siempre le había transmitido la sensación de ser una mujer fuerte y luchadora, alguien que se metería en la boca del lobo si hiciera falta y lucharía con garras y dientes para salir incluso de su mismo estomago, pero en esos momentos la veía bastante afectada por lo que acababa de ver y lo que había hecho.
—Todos disfrutaremos.
En ese momento escucharon disparos que venían de unas cuantas manzanas más adelante. No eran seguidos, pero era evidente que eran personas disparando, quizás contra No Muertos.
—¿Serán ellos?— preguntó Yuriko.
—Pueden ser Juanma y los demás. Ser supervivientes de Portland o simplemente algunos rezagados de los que atacaron este lugar. ¡¡¡Vamos!!!— dijo Juan poniéndose en marcha seguido por sus compañeras.
*****
Manhattan… Colegio…

Carlos y Wayne habían llegado al gimnasio tras abatir a varios caminantes durante el camino. Nada más entrar se toparon con tres autobuses escolares de color amarillo cubiertos de polvo. Carlos se acercó al que tenía más cerca, abrió las puertas y se coló dentro mientras Wayne se acercaba a otro, debían probar los tres.
Carlos giró las llaves del contacto, pero el motor no emitió sonido alguno, al ver que no lograba nada se frustró tanto que comenzó a patear el volante, miró el autobús donde estaba Wayne. —¿Arranca?
—No— respondió el profesor bajando del autobús para dirigirse al otro. El cual también probó con los mismos resultados. Se bajó y fue al autobús donde estaba Carlos. –Seguramente llevan tanto tiempo parados que nadie se molestó por llenarlos de gasolina, eso no es algo que abunde mucho en la ciudad.
—Volvamos a la terraza y preparemos un nuevo plan— dijo Carlos levantándose y saliendo del autobús. –Lo de los autobuses queda descartado.
—No del todo— respondió Wayne. –Al otro lado del colegio hay unas garitas con los generadores que dan luz a todo el colegio. Allí debe haber bastante combustible, ya que eso si se gastaba. Es una opción que todavía nos queda.
—Y que podrías haberme dicho antes. Habríamos perdido menos tiempo— dijo Carlos. –Es curioso que en pleno apocalipsis los que más tienden a sobrevivir son los gilipollas.
—¿Me estás llamando gilipollas?
—Solo al que tienes detrás de ti… ¿Tu que crees? ¿No quedó suficiente claro?
De pronto comenzaron a sonar golpes en la puerta de metal del gimnasio. Había No Muertos al otro lado.
—Ahora veremos como salimos de aquí.
*****
Manhattan… Almacén de los muelles…

Sandra se despertó cuando Parker le sacudió el hombro, abrió los ojos y vio a Kate durmiendo a su lado, esta también estaba comenzando a despertarse.
—Ya es de día. En pie chicas— dijo Parker, el cual se había quedado vigilando toda la noche.
—¿Cómo están las cosas ahí fuera?— preguntó Sandra poniéndose de pie y dejando su fusil en el suelo para estirar los brazos. —¿Sigue igual?
—Igual. Solo que ahora se escuchan menos disparos y explosiones. Lo peor de todo es que la ciudad está llena de caminantes y no parece que nadie esté haciendo nada. Es como si no estuvieran ahí.
—Probablemente ni estén… La situación se ha salido de madre. Propongo que salgamos de la ciudad mientras podamos. Quizás aun podamos conseguir un barco— sugirió Kate.
—No quiero irme sin mis amigos… Y tampoco quiero dejar aquí a mi perro. Es demasiado importante para mí… Todos ellos lo son… No estaría aquí de no ser por ellos. Si no hubiesen venido a buscarme aun sin conocerme, quizás seguiría en el Cabañal medio loca o como uno más de esos seres— dijo Sandra. –Me niego a irme.
—Buscaremos a los demás y nos reuniremos para largarnos todos juntos. Además, puede que aun quede un grupo de militares en algún punto de la ciudad reorganizándose para recuperarla. Supongo que será cuestión de tiempo. Propongo que nos quedemos aquí planeando y estudiando la situación. Tenemos comida además. Es mejor no arriesgarse demasiado— sentenció Parker.
—Pues yo no lo veo así— dijo Kate. –Prefiero arriesgarme. Mirad, vosotros haced lo que queráis y planead lo que sea, pero yo prefiero ir por libre. Lo siento chicos, pero yo me marcho.
—Kate…— dijo Parker tratando de ponerle la mano en el hombro, pero Kate se apartó.
—Entiéndelo Parker. Estoy ya cansada de esto. Quiero hacer las cosas a mi manera y salir de aquí. No quiero arriesgarme en ir a buscar a unas personas que probablemente están muertas— Kate miró a Sandra. –Lo siento, pero es así. Ellos son tus amigos, no los míos, yo no tengo a nadie en realidad, estoy sola. Por eso prefiero jugármela yendo a buscar algún barco y alejarme de la ciudad por mar. Es lo más seguro al fin y al cabo.
—¿No puedo convencerte de que te quedes?— preguntó Parker.
—No. Solo deséame suerte— respondió Kate. Luego miró a Sandra. –Espero que tengáis suerte y os vaya bien. Quizás algún día, si sobrevivimos… Volvamos a vernos.
—Puede ser…— dijo Sandra.
Después de despedirse de ellos, Kate salió por la puerta y ocultándose de los Caminantes de dirigió hacia el puerto donde debían estar los demás barcos pequeños.
*****
Manhattan… Vallas de seguridad de la zona segura…

Zero observaba desde el remolque de un camión como sus hombres trataban de contener a los No Muertos que entraban como una tromba de agua en la zona segura de la ciudad. Sus hombres habían establecido un perímetro de seguridad a su alrededor y habían abatido a muchos, ahora en esos momentos trabajaban contra reloj con vehículos y trozos de hierro y madera para construir barricadas. Otros simplemente habían ocupado puestos estratégicos desde los que abatir a la multitud de Caminantes cada vez mayor.
—Esto está muy mal— dijo Teddy que se encontraba a escasos metros por detrás de Zero en lo alto del remolque. –La situación se nos fue de las manos. Nuestras barricadas no resistirán.
—¡¡¡Cállate!!! ¿Te crees que no tengo ojos en la cara? Trato de pensar en lo mejor— Zero volvió a mirar hacia la multitud. Había tantos de ellos que no se veía el asfalto. Todos esos seres habían salido de los puntos más recónditos de la zona infestada de la ciudad.
De pronto una de las barricadas cedió cayendo encima de unos hombres, seguidamente los No Muertos accedieron por esa parte, algunos hombres no reaccionaron a tiempo y fueron rápidamente engullidos.
Muchos hombres de Zero emprendieron la retirada tras verse rápidamente superados. También Zero y Teddy optaron por escapar, pasaron rápidamente a la cabina del conductor al mismo tiempo que varios No Muertos comenzaban a rodearlos, justo cuando Teddy iba a entrar, uno de los caminantes lo cogió del pie y hundió sus dientes en su pierna. Teddy gritó y agarró a Zero que en esos momentos estaba tratando de arrancar el motor del vehículo.
—¡¡¡Jefe!!! ¡¡¡Jefe!!!— gritaba Teddy mientras más No Muertos se unían al primero y además de morderlo tiraban de el.
—¡¡¡Suéltame pedazo de mierda!!!— gritó en ese momento Zero. La cara de Teddy cambió en ese momento antes de que ambos pies de Zero se estamparan en su cara.
Teddy soltó a Zero tras el impacto y los No Muertos ganaron la batalla, Teddy salió despedido de la cabina y quedó tendido en el asfalto donde los infectados se disputaban sus restos.
Zero volvió a intentar arrancar el motor, pero no logró nada. Ya había muertos rodeando todo el camión y uno estaba entrando por la puerta del copiloto, Zero le apuntó a la cabeza con su fusil y disparó, seguidamente abrió la puerta del conductor golpeando a varios y salió al exterior. Cuando se estaba viendo rodeado comenzó a luchar con garras y dientes mientras se abría camino disparando la mayoría de veces. Logró abrirse camino y huir de nuevo hacia el interior de la ciudad.
*****
Portland…

Faith y yo habíamos llegado al almacén indicado tras cruzar varias manzanas disparando y esquivando a los No Muertos. Aunque algunos se habían congregado tras nuestros pasos y nos habían seguido hasta el almacén, los cuales seguían fuera aporreando las puertas de metal y paredes mientras dejaban ir gruñidos y gemidos.
Cuando estábamos dentro del almacén me percaté de un camión que permanecía abandonado en una parte de este, no era muy grande, pero para algo podría servirnos después, quería sacar a las mujeres de Portland y llevarlas a Manhattan, y era evidente que el vehículo en el que habíamos llegado Rachel y yo no iba a servirnos de mucho.
—¿Funciona?— pregunté señalando el camión.
Faith se puso a mi lado y también miró el camión. –Juraría que si. La última vez que se usó fue hace una semana, quizás menos. Un grupo lo utilizó para traer medicamentos y comida.
Me encaminé hacia el camión, este estaba situado al lado de una garita que bien podría ser un antiguo despacho, pero no le presté atención, directamente abrí la puerta y subí de un salto a la cabina. Las llaves estaban puestas.
—Voy a arrancar. Si funciona lo cargaremos y volveremos a recoger a las demás. Luego nos marcharemos— le dije a Faith mientras hacía girar la llave en el contacto.
El motor arrancó  a la primera con un fuerte rugido que a decir verdad me llenó de alegría, además el deposito estaba lleno, lo que indicaba que tenían ese camión siempre a punto y ahora iba a servirnos para volver a casa y dejar atrás Portland y sobre todo Las Vegas.
Bajé de un salto del camión tras apagar el motor y miré a Faith con una sonrisa, pero esta no me miraba a mí, tenía la vista fija en la garita.
—¿Qué ocurre? ¿Has visto algo?— le pregunté. Ella tardó un rato en mirarme. Tuve que sacudirle el brazo. –Faith.
Ella me miró y señaló a la garita. –He visto una sombra ahí dentro.
La expresión de mi cara cambió del golpe. Saqué nuevamente mi arma y me acerqué a la ventana, la persiana estaba echada, pero aun así aun podía verse un poco el interior, aunque estaba muy oscuro. Yo no veía nada, pero de repente si que me pareció ver movimiento. Me giré hacia Faith y le hice un gesto con la mano para que se quedara donde estaba, seguidamente caminé pegado a la pared hasta la puerta y cogí el pomo, volví a mirar a Faith y vi que ella ya apuntaba con su arma a la puerta. Le negué con la cabeza, no quería arriesgarme a que pudiera haber otra superviviente, Faith se pusiera nerviosa y disparara.
Giré el pomo y abrí rápidamente y me puse apuntando al interior entre la puerta y Faith, justo en ese momento vi a un chico joven en un rincón y sin camisa. Encendí la luz y me di cuenta de que este no tendría mucho más de dieciséis años. Al verme levantó las manos y vi que estaba abrochándose los pantalones, lo que enseguida me hizo darme cuenta de que lo habíamos pillado mientras se vestía.
—No me mates por favor. Me perdí y me refugié aquí.
Lo observé bien y vi que sus ropas eran idénticas a las que llevaban los hombres de Dorian. Eso hizo que no dejara de apuntarle. Me fui acercando y este comenzó a suplicar por su vida.
El despacho era bastante grande, más de lo que me había imaginado, justo cuando en mi avance hacia el muchacho pasé por delante de la mesa, me percaté de un sonido que venia de detrás de esta. Llamé a Faith para que entrara y siguiera apuntando al chico mientras yo comprobaba lo que era ese ruido. Miré al otro lado de la mesa y lo que vi me dejó la sangre helada.
Allí había una niña de la misma edad que Vicky, de piel blanca, totalmente desnuda y maniatada. Había restos de sangre y semen por todo su cuerpo. Su cabeza estaba cubierta por una bolsa de plástico. Vi que todavía se movía, pero estaba muerta.
Rápidamente miré al chico con furia. —¿Qué es esto?
—No… No lo se. Llegué y ya…
Miré a Faith. –Sal de aquí— ella obedeció rápidamente, pero antes de salir quiso ver que era lo que yo había visto, pero yo no la dejé, la cogí del brazo y la eché del despacho de un empujón. Después bloqueé la puerta para que no pudiera entrar.
Estábamos el chico y yo a solas, este me miraba totalmente asustado. —¿Qué vas a hacerme?


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