Bienvenido

NOTA IMPORTANTE

Tras el ultimo capitulo de Necroworld (El 200). Este blog permanecerá abierto hasta un nuevo aviso. Cuando este aviso suceda, este blog publicará una entrada nueva donde aparecerá la nueva dirección al nuevo blog (Intentaré que os redireccione) Pasado un tiempo, este blog desaparecerá.
Ya podeis entrar en el siguiente blog, la historia se muda ahi.
juanmanuel-sagazombis.blogspot.com.es

Seguidores

sábado, 28 de febrero de 2015

NECROWORLD Capitulo 66

Día 21 de Enero de 2010
Día 578 del Apocalipsis…
Las Vegas… 08:00 de la mañana…

Unos centímetros más y estaría muerto. Era lo que pensaba Dorian cada vez que veía el agujero de su cabeza cuando se miraba al espejo del cuarto de baño. Sentía una fuerte rabia por ello, deseaba volver a encontrarse con el y hacérselo pagar como fuera, divertirse torturándolo hasta la muerte. En ese momento escuchó una voz que venía del walkie talkie, rápidamente lo cogió.
—Habla…
—Soy Zack señor. Hemos tratado de contactar con el grupo de Billy, pero no hay respuesta. Aun así no recibimos señal alguna. Un grupo vamos a salir en su busca. Creemos que pueden estar muertos, pero es mejor asegurarse.
—Yo también voy. Quiero ver que ha pasado— dijo Dorian mientras se cubría la parte de la herida. —Esperadme en la puerta con los vehículos ya listos.
Dorian cortó la conversación, terminó de cubrirse y salió. Caminó por el pasillo del hotel hasta que llegó al ascensor, pulsó el botón que lo llevaba a la planta más baja, una vez abajo del todo salió a la calle. Aun quedaban restos de la batalla contra los caminantes que habían entrado durante el asalto, habían logrado acabar con todos y las bajas habían sido mínimas. Paseó por las calles con tranquilidad mientras saludaba a todo aquel que veía.
—Buenos días señor Dorian— le dijo una niña que pasó por su lado acompañada de su madre.
—Buenos días Patrice— respondió Dorian con una sonrisa.
Caminó unos pasos más y vio a un grupo de jóvenes jugando con una pelota de baloncesto. Uno de ellos al verlo le lanzó la pelota y Dorian la cogió para luego devolvérsela.
—Recuerde el partido de esta noche señor Dorian.
—Os voy a dar una paliza de las que hacen época— respondió Dorian.
Dorian era allí un hombre respetado que siempre tenía para todos una sonrisa. Su comunidad formaba parte en su mayoría de gente que había ido encontrando por el camino y por presos de distintas cárceles, los cuales la mayoría se comportaban correctamente con los demás ciudadanos, para Dorian había una norma allí que no se podía incumplir bajo ningún concepto, aquel que las incumplía era inmediatamente condenado a muerte, de hecho, era algo que había pasado en alguna ocasión.
Cuando llegó a las puertas donde estaban esperándolo se encontró con dos docenas de hombres armados hasta los dientes, los que el consideraba la elite de allí, aquellos que nunca fallaban. En ese momento se le acercó Zack que al verle el vendaje de la cabeza frunció el ceño.
—Con todos mis respetos señor. Creo que debería quedarse y esperar nuestro regreso. No creo que sea nada seguro salir en su estado.
—Estoy bien. Esto no es nada. Podría ser peor, pero no lo es. Puedo hacerlo. Ahora salgamos de aquí.
Dorian se montó en uno de los vehículos y luego el convoy salió de allí en dirección a donde los llevaba la señal que estaban recibiendo. Dorian se imaginaba que estarían muertos, de estar vivos habrían regresado ya, sin embargo quería ir por que quería saberlo todo, quería seguir el rastro de aquel que le había disparado con intención de matarle. El había sido el único que había tenido lo que había que tener para intentar tal cosa. Aunque había intentado matarle lo respetaba, y deseaba que estuviera vivo para agradecérselo arrancándole la piel a tiras. La sola idea lo hizo excitarse.
Detroit… Hace 45 años…

Alex Summers de dieciocho años de edad corrió por las calles a toda velocidad, esquivando a todos los que se cruzaba. Tenía que dar esquinazo a la policía que lo perseguía. Todo había comenzado aquella noche cuando había entrado en aquella tienda y a punta de pistola había robado toda la recaudación, todo habría salido bien si no hubiera sido por aquel maldito tendero, no solo no colaboró, si no que además hizo sonar la alarma anti robo y luego había intentado dispararle, Alex había disparado antes cuando se había puesto nervioso y había matado a aquel hombre, era la primera vez que mataba a alguien.
Llegó a un callejón y se ocultó detrás de unos contenedores, necesitaba descansar antes de que echara las tripas por la boca, vio pasar varios coches de la policía, seguramente lo andaban buscando.
Cuando descansó lo suficiente siguió andando tranquilamente por las calles con el dinero bien escondido debajo de su chaqueta. Llegó a otro callejón y allí comenzó a subir por la escalera de incendios hasta que accedió a una ventana abierta por la que se coló. Una vez dentro dejó caer la bolsa del dinero y la chaqueta al suelo.
—Ya estoy en casa Tesa… ¿Tesa?
Tesa Summers era la hermana menor de Alex, tenía dieciséis años actualmente. Ambos se habían quedado huérfanos de padre y madre a muy temprana edad cuando un antiguo socio de su padre se había querido cobrar una deuda, aquella noche los mató a  los dos dejando huérfanos a Tessa y a Alex. Ambos fueron llevados a un hogar de acogida donde se descubrió que Tessa era una chica con cierto retraso mental, ambos estuvieron en la casa de acogida hasta que Alex se fugó llevándose con el a su hermana dos años menor que el, desde entonces habían estado viviendo por su cuenta, Alex cuidaba de su hermana hasta el punto de sentirse atraído por ella y dejarla embarazada.
Tessa estaba en la habitación de la que nunca o casi nunca salía, siempre tumbada en la cama acariciándose la barriga, no le quedaba mucho para dar a luz.
—Hola hermana. Hoy me hice con un muy buen botín… Te compraré muchos vestidos bonitos— decía Alex mirando a su hermana, la cual no parecía prestarle demasiada atención y Alex la obligaba a mirarle cogiéndole la barbilla. —¿Me has escuchado Tessa?
En ese momento Tessa lanzó un grito de dolor, tan fuerte y repentino que hizo caer a Alex de culo, enseguida la chica comenzó a retorcerse de dolor. Alex la observó con los ojos muy abiertos, eso solo podía significar una cosa, y era que el bebé estaba naciendo.
Alex no sabía nada de traer bebés al mundo como tampoco sabía de muchas otras cosas, apenas sabía leer correctamente. Aun así quitó todas las mantas y separó las piernas de su hermana y comprobó si había dilatado lo suficiente, también le pareció ver que el bebé comenzaba a asomar la cabeza.
—Vamos Tessa, tienes que empujar. Tienes que empujar… ¡¡¡Empuja!!! Maldita sea…
Tessa no parecía entender nada de lo que su hermano le decía ni lo que tenía que hacer, algo que hizo que Alex la odiara  con todas sus fuerzas, si ella no colaboraba no lograría nada. —¡¡¡Vamos hermana!!!— pero Tessa solo gritaba y lloraba, fue entonces cuando Alex recordó la otra forma de sacar a los bebés. Alex  fue a la cocina y cogió un cuchillo de cocina, si no salía por donde tenía que salir lo sacaría el. Con el cuchillo en la mano miró a su hermana y le acarició el cabello. –Pronto el bebé estará fuera.
Con extremos cuidado acercó el cuchillo al vientre de su hermana y con sumo cuidado comenzó a cortar, no quería dañar al bebé, cuando la obertura fue lo suficientemente grande metió las manos y sacó al recién nacido. Alex repitió el proceso que había visto muchas veces en películas y masajeó al bebé hasta que rompió a llorar, lo que lo hizo sonreír. Con el bebé en brazos se acercó a su hermana y la miró. –Ya está aquí hermana. Es nuestro hijo— pero Tessa no respondió, tenía los ojos abiertos y la boca muy abierta. No respiraba. Alex le tomó el pulso y vio que estaba muerta, eso hizo que Alex entrara en estado de pánico y saliera de la casa con el bebé en brazos, no sabía que hacer, caminó por las calles hasta que llegó a las puertas del orfanato Todd Philips. Allí dejó al bebé en el suelo y llamó a la puerta varias veces, esperó un poco y cuando escuchó el ruido de los pasos se largó corriendo sin mirar atrás.

Día 21 de Enero de 2010
Día 578 del Apocalipsis…
En algún lugar del desierto de Nevada…

La señal indicaba que el grupo de Billy debía estar cerca, no tardaron en ver un vehículo abandonado. Curiosamente el mismo en el que se habían marchado los que les habían asaltado, pero allí no había nadie, tan solo manchas de sangre.
—Zack, detén el vehículo— ordenó Dorian.
Zack detuvo el vehículo y todos los demás vehículos que lo seguían hicieron lo mismo. Dorian se bajó y comenzó a dar vueltas por allí mientras sus hombres establecían el perímetro de seguridad. Dorian siguió caminando y entonces vio movimiento entre unos matorrales, sacó su arma y siguió caminando, cuando llegó a los matorrales vio a alguien agazapado de espaldas a el, lo reconoció enseguida.
—¡¡¡Billy!!!
Billy se dio la vuelta y miró a Dorian con sus ojos muertos al tiempo que gruñía y dejaba de comerse los restos de algo. Sin pensárselo mucho, el líder de la comunidad de Las Vegas apuntó a su antiguo hombre y apretó el gatillo volándole la cabeza, lo que atrajo a Zack y a los demás.
—¿Es Billy?— preguntó uno de sus hombres.
—Ya no era nada. Solo un montón de carne putrefacta. Los demás que lo acompañaban deben estar por aquí en su mismo estado. Quiero que los encontréis y acabéis con su sufrimiento.
Todos obedecieron y se dispersaron mientras Dorian se sentaba sobre unas piedras. Necesitaba pensar y analizar la situación. El vehículo de Billy y los suyos había desaparecido, tan solo quedaba el vehículo destrozado de los asaltantes de Manhattan, también se dio cuenta de las huellas de los neumáticos. Fue cuando en su mente reconstruyó la escena, sin saber muy bien como, ese tipo había asesinado a sus hombres y luego se habían largado en el vehículo que les habían robado.
Dorian se levantó y fue en busca de sus hombres, los reunió a todos y comenzó a hablar.
—Los que han hecho esto y nos atacaron en nuestra comunidad venían de Portland. Es evidente que se han ido allí. Es en Portland donde están, si vamos allí todavía podemos cogerlos, nos llevan como mucho unas horas de ventaja, si nos damos prisa aun podemos alcanzarlos. Eran solo tres, les superamos en número. Aunque no descarto que haya más con ellos.
—Señor… ¿Y que hacemos una vez demos con ellos?— preguntó uno de sus hombres.
—Invitarlos cortésmente a que regresen a Las Vegas— respondió Dorian.
Con una señal, Dorian y sus hombres regresaron a los vehículos y pusieron rumbo hacia Portland con la esperanza de dar caza a aquellos a los que buscaban.

Detroit… orfanato Todd Philips…
Año 1975…

Dorian había crecido en aquel orfanato y había sido bautizado por las monjas que allí vivían. No conocía nada de sus verdaderos padres, aunque los odiaba por haber sido abandonado allí. Desde que tenía cinco años había sido el objeto de burla de otros niños, ya que hasta sus oídos había llegado que su padre era un delincuente que había abusado de su hermana y el había sido el fruto de aquello. Desde que había nacido habían pasado diez años.
—Ahí está Dorian. El hijo de la subnormal y del ladrón.
La voz de uno de los mayores le hizo levantar la mirada del piso donde estaba dibujando. Cuando lo miró vio que se trataba de Tom y sus dos amigos Alan y Ed. Los tres más malos del orfanato, los cuales no pasaba un día sin que se metieran en algún lio.
—¿Qué queréis?— preguntó Dorian mientras veía como Alan y Ed se ponían a sus lados mientras Tom sacaba la navaja con la que intimidaba a los demás. –No os tengo miedo.
—No nos tienes miedo por que tu mentalidad no da para más. Solo eres el hijo de una rata y de una retrasada y aquí todos lo sabemos menos tú. ¿Lo que quiero? Quiero que te arrodilles y me chupes la polla— decía Tom mientras con una mano se iba quitando el pantalón.
Dorian conocía esos gustos por parte de Tom, lo hacía con todos los demás huérfanos, ese día, el día de su cumpleaños le había tocado a el. En ese momento Alan y Ed lo obligaron a arrodillarse. Fue en ese momento cuando vio pasar a varias monjas, pero ninguna de ellas hizo nada, no movieron ni un musculo, hicieron como si no estuviese pasando nada. Eso era lo que más le quemaba a Dorian, que pasase lo que pasase nadie hacía nada.
—Eh Tom… Mira lo que estaba dibujando este imbécil— dijo Alan mirando al suelo.
Tom dejó lo que estaba haciendo y miró el dibujo, en el se mostraba lo que parecía una casa quemándose, incluso en las ventanas había siluetas que representaban personas, enseguida le puso la navaja en el cuello a Dorian. —¿Qué es eso? ¿Te gusta el fuego?— en ese momento Tom se guardó la navaja y sacó un mechero, lo encendió delante de los ojos de Dorian y este se quedó como hipnotizado. –Claro que te gusta, por que eres un jodido maniaco. Dejadlo— ordenó Tom.
—Pensé que ibas a obligarle a que te la chupara— dijo Ed.
—Ya paso. No vaya a ser que este anormal me contagie alguna mierda.
Alan y Ed soltaron a Dorian y lo dejaron caer al suelo, seguidamente ambos se alejaron por el pasillo junto a su líder. Dorian siguió con su dibujo, poniendo más énfasis en las llamas del edificio.

Día 21 de Enero de 2010
Día 578 del Apocalipsis…
Portland…

Habían pasado varias horas pero por fin habían llegado a la ciudad que había tenido la comunidad de Amanda Kramer. En toda la zona había señales de la visita de Billy y los otros. No habían dejado títere con cabeza.
—¿No le parece que se han pasado señor?— preguntó Emmett, uno de los hombres de Dorian. –Podrían haber dejado a alguna con vida… Espere…— Emmett se acercó a un cuerpo semi calcinado que todavía se movía y le pegó un tiro en la cabeza.
—Han hecho lo correcto— respondió Dorian acercándose a otro cuerpo y pegándole un tiro. –Estas mujeres no confían en los hombres. Solo nos habrían dado problemas. Dispersaros y buscad supervivientes, a los que buscamos ya los conocéis de haberlos visto, veáis al que veáis si no es el, matadlo. Si dais con el lo quiero vivo.
Los hombres de Dorian se dispersaron, todos menos dos que permanecieron a su lado como escoltas. Los cuales comenzaron a seguir a su líder mientras abatían a los caminantes que había por el suelo.
—Kramer tenía por aquí un almacén donde guardaba medicamentos y suministros varios. Si lo encontramos nos apropiaremos de todo— explicó Dorian.
—A menos que Billy y sus chicos lo hayan quemado hasta los cimientos— dijo uno de sus escoltas, lo que hizo que Dorian lo mirara.
—¿Acaso eres idiota? Ellos saben muy bien lo importantes que son esos sitios. Billy será un degenerado y todo lo que quieras. Llámalo puto monstruo si quieres, pero no sería tan estúpido como para joderla de ese modo.
—¿Será ese el almacén?— preguntó el otro escolta señalando un almacén con un enorme letrero que lo señalaba como un taller. 
—Veamos a ver si es ese— dijo Dorian caminando junto a sus hombres.
Los tres abrieron la puerta que estaba cerrada desde dentro y entraron con las armas en alto. El interior estaba a oscuras y no parecía haber nadie. Encendieron sus linternas y comenzaron a ojear en interior del lugar, no parecía haber nadie, pero entonces escucharon lo que parecía ser el sollozo de alguien. Dorian se dio la vuelta y miró a sus hombres para indicarles que guardaran silencio. Caminó en solitario con el arma y la linterna en alto entre unos coches semi desmontados. Entonces alumbró a alguien, eran dos personas, una tumbada en el suelo jadeando aceleradamente cubriéndose el vientre con un trapo manchado de sangre y la otra sobre ella cubriéndole la herida.
—¿Qué tenemos aquí? Supervivientes…— murmuró Dorian.
Eso atrajo a sus dos escoltas, que enseguida llegaron junto a el y alumbraron a las dos chicas. No eran muy mayores, eran bastante jóvenes y una de ellas estaba con un pie en el otro barrio. Dorian se fue acercando, entonces la chica que cuidaba de la herida alzó las manos y le apuntó con un arma, la cual bailaba en sus manos a causa del tembleque.
—No se acerque más… O le mataré— dio la chica, pero Dorian no se detuvo.
—Si quisieses disparar ya lo habrías hecho. No tienes lo que hay que tener para matar a un hombre al que estás mirando a los ojos. ¿Sabes lo que ocurriría si me mataras? Que mi mirada te perseguiría hasta el mismísimo infierno— Dorian llegó hasta la chica y con una mano le quitó el arma, luego examinó a la otra. –Le han disparado en el vientre y ha perdido mucha sangre. No durará mucho.
—¿Quién es usted?— preguntó la chica mientras veía como Dorian deslizaba su mano por el cuerpo de la herida.
—Soy el que ordenó que os atacaran— respondió Dorian al mismo tiempo que ponía la mano sobre la cara de la herida, impidiendo así que pudiera respirar. La herida no tardó en comenzar a mover los pies con los ojos clavados en los de Dorian. –No os habría pasado nada si hubieseis colaborado entregando a esos a los que buscábamos desde un principio, pero os empeñasteis en ponérnoslo difícil— La chica intentó detener a Dorian, pero esté la empujó. —¿Sabes otra cosa? Cuando alguien te está asesinando te mira fijamente para que veas y recuerdes su mirada aun estando en el más allá… Es algo similar a lo que te dije antes.
—Déjela— pidió la muchacha.
—No sobrevivirá. Estoy quitándole ese sufrimiento que le espera— Dorian hizo una mueca y la chica a la que estaba asfixiando dejó de respirar, entonces miró a la otra. –Bueno, bueno, bueno. Es hora de que tu y yo hablemos de cosas serias…— Dorian miró a sus dos escoltas. –Salid y vigilad la puerta. Quiero hablar con esta chica a solas.
Los dos escoltas se miraron y sin articular palabra obedecieron, sabían muy bien lo que iba a ocurrir allí dentro, Dorian intentaría sacar información a la chica y luego la mataría.
Detroit…
Año 1975…

Dorian estaba caminando por las calles de Detroit mientras las sirenas de los coches de bomberos delataban que los camiones se dirigían a toda velocidad al orfanato, el cual hacía una hora más o menos que había comenzado a arder dejando a todos los ocupantes allí dentro atrapados, condenados a morir sin remedio.
Era de noche y hacía frio, pero aun así Dorian iba descalzo. Llegó a una casa y se sentó en los escalones donde se acurrucó intentando entrar en calor, no supo cuanto tiempo había pasado desde que había llegado allí cuando vio a un matrimonio joven que se acercó a el.
—Oye niño. ¿Qué haces aquí?— le preguntó el hombre. –Te morirás de frio.
—Creo que esta solo. Debe de ser uno de esos niños que viven en la calle— dijo la mujer acercándose a el para observarlo, entonces vio el pijama que llevaba y se dio cuenta de que llevaba el logo del orfanato Todd Philips. Eso hizo que rápidamente mirara a su marido. –Ese orfanato está ardiendo… ¿Crees que ha logrado escapar de el?
—Puede ser…— respondió el hombre poniéndose la mano en el mentón. –He chico, ven con nosotros, te llevaremos a nuestra casa y ya mañana hablaremos con la policía para ver que hacemos contigo.
Dorian fue aquella noche acogido por los Roberts. Unos meses después de aquel día fue oficialmente adoptado por aquel matrimonio, pasando a ser el quinto miembro de la familia y por ende, el tercer hijo del matrimonio.

Manhattan… Unos meses después del Apocalipsis…

—Soy tu puto hermano Graham… No puedes echarme de la ciudad. ¡¡¡También es mía!!!— decía Dorian justo delante de las puertas que separaban la zona segura de la infestada, entonces Dorian miró a su otro hermano allí presente. —¡¡¡Kaleb!!! Hazle entrar en razón, echándome me estáis matando— pero Kaleb no respondió, simplemente agachó la cabeza y se alejó de allí.
—Tú no eres mi hermano. Eres un monstruo. Un ser despreciable. Agradece que no te mate, yo no soy como tu, por eso te destierro— dijo Graham tocándose el lugar donde había estado antes su pierna. –Tus hombres han sido encarcelados, pero tú no mereces tan siquiera estar cerca de esta ciudad, márchate y ya no vuelvas.
—Ya veo… Así que prefieres que muera lejos de aquí… No eres más que un mierda. Tendría que haberte matado… ¡¡¡Lo habría logrado si no llegan a aparecer tus putos hombres, casi lo consigo.
—Lo que tú pretendías era dar un golpe de estado y hacerte con el control de la ciudad. Agradece que precisamente por ser mi hermano no te mate. Ahora lárgate de aquí y ya no vuelvas nunca más o entonces si que me veré obligado a matarte. Ahí tienes un vehículo con un arma con munición y comida para una semana.
Dorian miró al vehículo y luego a los allí presentes, la mayoría eran militares que le apuntaban con sus fusiles. –Muy bien… Pero que os quede clara una cosa. Esto no acaba aquí, llegará el día que esta ciudad desaparezca, será cuando el Fénix muera para no volver a renacer— seguidamente Dorian se subió a su vehículo y se largó de la ciudad a toda velocidad.
Cooper se acercó entonces al viejo general. –Señor… ¿Cree que morirá ahí fuera?
—No lo se, pero eso espero— respondió Graham.

Unos meses después… Desierto de Nevada…

Dorian llevaba meses desplazándose de un sitio a otro, huyendo siempre de los No Muertos, había logrado sobrevivir contra todo pronóstico. Mientras conducía por el desierto vio algo que le llamó la atención. algo brillaba en la lejanía, detuvo el motor y se bajó del vehículo, sacó el fusil y comenzó a caminar en dirección al brillo, no tardó en descubrir que se trataba de un furgón de presos, seguramente se habría quedado allí parado durante el apocalipsis, aunque Dorian recordaba haber pasado por allí alguna vez y no haberlo visto antes. Cuando llegó al autobús vio que algunas de las ventanas estaban manchadas de sangre, llegó a la puerta y vio sangre y los restos de un guarda.
Dorian subió al vehículo con cuidado y lo primero que vio fue al conductor, o al menos lo que quedaba de el, había un cuervo picoteando sus entrañas mientras este movía la cabeza para mirar a Dorian.
Dorian le dio la vuelta a su fusil y le asestó un golpe certero con la culata en la cabeza, destrozándosela por completo y dejando escapar un líquido negruzco y espeso. Miró hacia el interior del autobús y vio varios cadáveres putrefactos en los primeros asientos, sin embargo vio algo que le llamó mucho más la atención, al fondo del autobús había cuatro presos vivos, los cuales se la habían ingeniado para sobrevivir.
—Eh tío— uno de ellos se dirigió a el. —¿Puedes sacarnos de aquí? Ese guarda de ahí debe tener las llaves.
—¿Qué ha pasado aquí? ¿Cuánto hace que estáis aquí?— preguntó Dorian sintiendo curiosidad por los presos.
—Unos dias gringo. Estábamos en prisión cuando esos pendejos comenzaron a comerse a nuestros compañeros— dijo otro de los presos señalando a uno de los cadáveres que todavía se movía. –Hemos sobrevivido comiéndonos a esos pinches…
—Muy bien. Os sacaré de aquí, pero no quiero que intentéis nada raro. Recordad que aquí el arma la llevo yo.
Dorian registró al guarda y efectivamente tenía las llaves encima. Una vez estas estuvieron en su poder abrió la puerta y liberó a los presos. Eran cuatro en total, dos americanos, un mexicano y uno de color.
—Gracias gringo. Soy Gomez— dijo el mexicano tendiéndole la mano, pero Dorian se la rechazó.
—¿Solo estáis vosotros?— preguntó Dorian mirando a los dos americanos.
—Solo nosotros. ¿Quién eres tu? Pareces estar ya curtido en todo esto. Además de estos, los únicos que hemos visto han sido unos que paseaban en grupo, pero aunque nos vieron no nos prestaron atención.
—Es por el olor, oléis como ellos, ergo, para ellos sois uno más— respondió Dorian señalando a los cadáveres. –Y yo… Podéis considerarme vuestro propio mesías. Ahora larguémonos de aquí.
Dorian y sus nuevos compañeros salieron del autobús y comenzaron a caminar hacia el vehículo de este. Al menos ya no estaría solo y sabría que hacer si la comida se le acababa, era una idea que los presos le habían dado.

Unos meses después…

A Dorian se le habían ido uniendo más personas, presos de otras cárceles que habían escapado durante el brote, supervivientes que se habían encontrado vagando por el desierto y por algunos pueblos y ciudades. Dorian había logrado convertirse en el líder indiscutible de una comunidad errante cada día más creciente, aunque como en todas las comunidades y grupos habían sufrido ataques y bajas, unos se iban y otros venían.
En una de las muchas expediciones de reconocimiento, los hombres de Dorian volvieron con una noticia que iba a terminar con su periplo, habían divisado una ciudad.
Dorian observaba la ciudad desde lo alto de unas rocas, probablemente estaría llena de infectados, pero si trabajaban todos juntos en pocos días podrían tomar la ciudad y hacerla suya… Y así fue. Las Vegas pronto volvió a ser un lugar seguro donde Dorian era el rey absoluto. Gobernaba con puño de hierro, y lo mejor de todo era que aun tenía hombres que trabajaban para el en Manhattan.

Las Vegas…

Dorian estaba en su despacho ubicado en una de las habitaciones del Caesar Palace, como de costumbre solía llevar a una o dos mujeres con las que dar rienda suelta al frenesí del sexo, aquel día había escogido a dos bastante jóvenes, dos gemelas que habían encontrado deambulando cerca de la presa Hoover.
—Muy bien chicas. Hoy es vuestro día de suerte. Supongo que ya os han hablado las otras chicas de como debéis comportaros para complacerme. ¿No es así? Muy bien, tu Tara, quiero que te desnudes y te arrodilles delante de mí y me hagas una mamada— dijo Dorian con una sonrisa mientras recordaba lo ocurrido con Tom aquella vez en el orfanato, el mismo día que este ardió hasta los cimientos.
La chica comenzó a hacer lo que Dorian le había ordenado, fue entonces cuando uno de sus hombres abrió la puerta de repente.
—Señor…
—Maldita sea Coleman. Te tengo dicho que nadie entre aquí sin llamar antes a la puerta.
—Es importante señor. Hemos recibido un aviso del grupo de Randall. Según nos informan, ese tipo de Manhattan que había ido a Portland se dirige hacia aquí con intención de matarle.
Dorian sonrió de oreja a oreja. –Solo lo va a intentar, dejaremos que entre, yo ya me encargaré de recibirle con los brazos abiertos. Por cierto, preparad a los infectados, es posible que tengamos fiesta esta noche.
—A sus ordenes señor— respondió el hombre de Dorian, seguidamente abandonó el despacho dejando a Dorian con las dos chicas.
Dorian miró a las muchachas. –Tendremos que dejar lo nuestro para otro momento, regresad a vuestra habitación y quedaros allí, yo tengo muchas cosas que hacer.
Las chicas salieron del despacho y Dorian se acercó a una de las ventanas mientras se ponía el albornoz, iba a estar bien lo que iba a ocurrir a partir de ese momento. Billy y los suyos iban a tener una buena recompensa.

Día 21 de Enero de 2010
Día 578 del Apocalipsis…
Portland…

Dorian salió del almacén limpiándose las manos con un trapo que poco a poco iba volviéndose totalmente rojo a causa de la sangre, sus dos escoltas se acercaron a el.
—¿Habló la chica?
—Nada más que tonterías y balbuceos. Es decir, que no sabía nada— respondió Dorian mirando hacia el almacén. –No nos servía para nada, así que dejé que se entendiera con su amiguita…— En ese momento escucharon disparos y seguidamente vio aparecer un camión que arrollaba a varios No Muertos en su huida.
—¿Qué es eso?
—¡¡¡Son ellos!!! No podemos perderlos de vista, reunidlos a todos y a los vehículos— decía Dorian mientras hacía un gesto con las manos.
Los demás hombres de Dorian aparecieron también junto a los vehículos justo cuando el y sus escoltas llegaban. Todos estaban ajetreados, pero aun así Dorian no dejaba de impartir ordenes, cuando llegó a su vehículo se dio cuenta que los había perdido, lo que hizo que golpeara con fuerza el capó  del vehículo.
—¿Qué hacemos ahora señor? Puede que no los hayamos cogido, pero no hay muchos camiones como ese por aquí, será fácil dar con ellos cuando queramos, solo debemos perseguirles— dijo Zack
—Si claro, perseguirles— dijo Dorian metiendo medio cuerpo dentro del vehículo para coger el walkie talkie. Iba a pedir refuerzos para ir hacia Manhattan, iba siendo hora de que ampliara sus dominios, justo en ese momento le llegó una llamada.
—Dorian al aparato— respondió rápidamente.
—Señor. Acaba de llegarnos una llamada de alguien que quiere hablar con usted. Le paso con el— aquellas palabras le resultaron extrañas a Dorian, este hizo una mueca y asintió.
—Hola Dorian… Supongo que te sorprenderá escuchar mi voz…
—Dante…— murmuró Dorian. –Nunca creí que volvería a escuchar tu voz. ¿Cómo has logrado salir de ese barco de locos? Creí que estarías muerto.
—Es una larga historia que ya te contaré. Ahora mis hombres y yo nos dirigimos a Las Vegas— dijo Dante.
—No, olvídate de eso. Tomad Manhattan y esperad mi llegada.

—Negativo viejo amigo. Esta ciudad está jodida y queda muy poco para que termine de irse a la mierda. Escucha, te veré en Las Vegas… Y Dorian… Te llevo un gran regalo. Algo que te gustará.

sábado, 21 de febrero de 2015

NECROWORLD Capitulo 65

Día 21 de Enero de 2010
Día 578 del Apocalipsis…
Manhattan…

—¿Luci?— preguntó nuevamente David mientras bajaba el arma totalmente estupefacto. –No puede ser, me dijeron que estabas muerta y…— no terminó de decir la frase, Luci dejó a Cristian en la cuna y se lanzó sobre el para abrazarlo.
—No te creas todo lo que dicen. Sigo vivita y coleando.
—Pero… ¿Dónde has estado todo este tiempo?
—Me llevaron al carguero prisión, he estado allí encerrada hasta ahora y he logrado salir de allí gracias a un plan de fuga— explicó Luci.
—Muy bien. Ya me contarás luego los detalles, pero ahora debemos reunirnos con los demás, Alicia debe seguir en el colegio— dijo David avanzando hacia la cuna y cogiendo a Cristian en brazos. –Cuando nos reunamos veremos que hacemos, quizás nos esperemos en algún sitio a que Juanma regrese.
—¿Realmente estaba vivo?— preguntó Luci.
—Apareció justamente después del huracán, pero se marchó en una misión a Portland. Aun no han vuelto. Venga vámonos.
—Yo no puedo ir contigo. No al menos ahora. Tengo algo que hacer, pero prometo reunirme contigo y los demás más tarde.
—¿Qué es lo que tienes que hacer?— preguntó David.
—Tengo que matar a alguien— respondió Luci.
En ese momento escucharon disparos en la calle seguidos del sonido de un frenazo. David y Luci se acercaron a la ventana y cuando miraron vieron varios vehículos que habían llegado por la calle, y varios hombres abatiendo a los caminantes. Fue entonces cuando se bajó un hombre de uno de los vehículos. Este enseguida comenzó a hacer señas, momento en el que Luci tiró de David.
—¿Qué pasa? ¿Qué ocurre?
—Ese hombre es a quien quiero matar. No se como ha encontrado este lugar, puede que sea casualidad, pero lo dudo. Escucha, coge al niño y marcharos, ese cabrón no tendrá piedad si os coge, pero a mi me quiere viva. Esconderos mientras yo los despisto.
—Te ayudaré— dijo David.
—No podrás hacer mucho con el crio a cuestas. Déjame esto a mi ¿Vale? Te he prometido que volvería y así lo haré, pero ahora lárgate de aquí.
—¿Y si esta vez no lo logras?— preguntó David
—He sobrevivido a cosas peores, y esto no tiene ni comparación. Esto no es más que un paseo.
Después de eso, Luci salió por la puerta de casa de David y se alejó corriendo por el pasillo. A David solo le quedaba esconderse y esperar a que pasara todo, pero no podía evitar temer por su amiga.
*****
Manhattan… Iglesia…

Mouse vio al tipo grande que comenzaba a hacerle señas, a su lado había una chica, la cual seguía abriendo fuego contra los caminantes, dándole así un camino libre hacia la salvación. Mouse bajó del coche y corrió hacia ellos.
—Al interior de la iglesia— les indicó.
El tipo grande comenzó a correr detrás y llamó a la chica. —¡¡¡Sandra!!!
Los tres llegaron  a la puerta principal y Mouse comenzó a aporrearla con todas sus fuerzas hasta que de repente el sacerdote la abrió y los tres entraron rápidamente al tiempo que varios No Muertos se lanzaban contra la puerta. Una vez dentro, Mouse se dejó caer en el suelo.
—Gracias. Creí que no lo contaba…— miró al sacerdote. –Logré cerrar la puerta. ¿Lograron aquí acabar con los que habían entrado?
El sacerdote asintió –Si, pero hemos tenido varios heridos que morirán en cualquier momento. Los abatidos están siendo llevados al jardín de la iglesia donde serán quemados.
Mouse negó con la cabeza. –No, la columna de humo delataría nuestra posición a los de la guerrilla. Están haciendo una caza de brujas con los habitantes de Manhattan.
—¿Tu no eres de aquí verdad?— preguntó en ese momento el tipo grande. –No recuerdo haberte visto nunca. Eres de la guerrilla, por eso sabes lo que ha pasado.
La chica se acercó al tipo. —¿Hablas en serio Parker?
—Si, pero por lo que dice… Y no tengo motivos para dudar… Diría que hace tiempo que dejo de serlo y que además acaba de entrar a formar oficialmente parte de nuestro bando. Ya viste lo que hizo antes de nuestra intervención. Vimos como cerraba esa verja, si quisiera ver muerta a la gente de aquí dentro no habría hecho tal cosa.
El sacerdote los miraba a los tres. —¿Es cierto eso hijo?
—Padre, será mejor que esto no salga de aquí, podrían lincharle si se entera la gente. Ahora mismo están muy afectados. Por otro lado propongo que traslademos a los heridos a otro lado de la iglesia. Hay que mantenerlos lejos de los demás— dijo Parker mientras se llevaba al sacerdote.

—¿De verdad eras de la guerrilla?— preguntó la chica que había respondido al nombre de Sandra.
—Lo era, pero eso ya pasó. Te llamas Sandra ¿No? Yo soy Mouse— dijo el mientras extendía la mano hacia delante —Gracias por haberme salvado el culo. Si no llega a ser por vosotros no lo hubiese contado. Disparas muy bien.
—He aprendido para sobrevivir— dijo Sandra mientras le estrechaba la mano, después miró al sacerdote y al tal Parker, luego miró a Mouse. –Escucha, hay algo que tengo que hacer y que implica que me tenga que marchar, he intentado irme durante el trayecto hacia aquí, pero el no me lo ha permitido. Tengo que recuperar algo importante para mí.
—¿Vas a salir de aquí tu sola? Estás loca. ¿Qué puede ser tan importante como para salir a por el? Ahí fuera además de muertos hay miembros de la guerrilla. Te matarán si te descubren. Las calles no son seguras.
—Lo se, por eso te lo digo a ti.
—¿A mi? ¿Y que pinto yo en todo esto? Hay algo que se me escapa.
—Esos miembros de la guerrilla están todos en la superficie. ¿No es así?— preguntó Sandra.
—Si, es así, pero no pillo lo que me quieres decir.
—Si no podemos ir por las calles, tendremos que ir por debajo de ellas— respondió Sandra. –Te diré donde vivo y tu que seguramente te conoces esos túneles como la palma de tu mano. Si me haces un mapa lo tendré más fácil lo de llegar a mi casa y regresar. El se enfadará, pero bueno.
—¿Acaso ves que tenga algo a mano con lo que hacerte un mapa? Iré contigo, pero habrá que esperar el momento exacto. Ahí en los jardines donde están apilando los cadáveres hay una entrada a las alcantarillas, esta noche entraremos por ahí e iremos a buscar eso que es tan importante para ti. Simplemente hay que esperar a que tú amigo y otros se duerman y volver antes de que despierten. A propósito. ¿Qué es eso tan importante?
—Te lo diré en su momento— respondió Sandra.
—Como quieras. De todos modos he de decirte que por ahí abajo no es tan fácil como tú te crees. Seguramente queden caminantes del último ataque ahí abajo. Así que un camino de rosas precisamente no será.
—Asumo todos los riesgos— respondió Sandra.
—Muy bien, después no digas que no te lo advertí. Esta noche cuando todos duerman nos largamos… Y reza por que podamos volver…— sentenció Mouse.
*****
Portland…

Estaba todo listo para marcharnos, los No Muertos estaban en su mayoría en el callejón debajo de la pasarela de la escalera de incendios. De vez en cuando salía alguien para que estos se centraran en el y no se dispersaran, eso hacía que la puerta por la que íbamos a salir con el camión quedara despejada, era yo quien iba a accionar la palanca, una vez comenzara a subir la puerta, solo dispondría de unos segundos para llegar al camión y subir mientras los No Muertos atraídos por el ruido comenzaran a cruzar la puerta detrás de mi.
Le indiqué a Juan que se pusiera al volante mientras los demás ocupaban la parte trasera del camión.
—Espero que salga bien— murmuró Juan mirándome. –En el momento que empiece el ruido y la puerta esté medio subida, esos seres comenzarán a entrar.
—Los dioses están con nosotros. ¿No?
—Eso espero. Si se acumulan demasiados delante nos impedirán avanzar y eso puede ser un problema de los gordos. Podrían rodearnos y acabar con todos nosotros.
—Por eso quiero que tengáis el arma a punto. Si esto sale bien, creo que voy a empezar a creer en tus dioses— le dije dándole una palmada en el pecho. Seguidamente me alejé de el para ir a la parte trasera, allí Faith había estado cargando más suministros para lo que pudieran servirnos, justo en ese momento pasé junto a Johana que permanecía sentada sobre unas cajas fumándose un cigarro.
—Siento lo de antes. Me he merecido ese puñetazo. Tienes razón en que no se que ha pasado. A veces me pierden mis impulsos.
—No eres la única. A mi también, siento haberte golpeado y apuntado. Llevo demasiado sobre mis hombros. Mucho.
—Solo quiero que me digas una cosa— dijo Johana apagando el cigarro y levantándose. –Los que mataron a Sean… Cuando los mataste… ¿Sufrieron?
Pensé en ellos y en el chico al que había matado momentos antes en la garita y asentí. –Si, sufrieron— Y añadí. –Si Dorian sigue vivo no permitiré que eso sea así durante mucho más tiempo, cuando pueda organizarme volveré para acabar con el y me aseguraré de que así sea.
—Cuando eso ocurra llévame contigo. Quiero estar presente.
—Lo haré— miré al camión y luego a Johana. –Id subiendo, nos vamos a largar ya.
Fui a la parte trasera del camión y vi a Yuriko y a Faith asegurando varias cajas que habían cogido. No querían que con los saltos que pudiera dar el camión las cajas volaran por todas partes.
—Estamos listas— dijo Yuriko.
Yo le respondí con una señal y me volví a ir hacia la cabina del conductor, donde Juan y Johana ya habían ocupado los asientos. –Pon el motor ya en marcha.
Después me encaminé hacia la puerta y me puse junto a la palanca, cuando escuché que el motor se encendía accioné la palanca y el previsible ruido comenzó. Fue en ese momento cuando comenzaron a aparecer pies, incluso hubo algún caminante que comenzó a arrastrarse por debajo de la puerta, miré de nuevo a esta y vi que subía demasiado lento, algo que no me gustaba en absoluto. Comencé a escuchar a Juan gritarme, pero yo estaba demasiado absorto con lo que estaba viendo. Esa puerta debía subir más rápido, a ese paso cuando estuviera arriba del todo también tendríamos a la multitud de caminantes en el interior del almacén rodeando el camión.
—¡¡¡Sube hostias!!!— me gritó Juan desde la cabina.
Yo comencé a correr, pero en lugar de subir al camión regresé a la escalera de incendios, salí al exterior y comencé a gritar y a disparar al aire, eso hizo que los caminantes se centraran en mí y comenzasen a abandonar la puerta.
—¡¡¡Eh!!! ¡¡¡Estoy aquí!!! ¡¡¡¡Vamos pedazos de carroña!!!!
Disparé varias veces hasta que agoté el cargador y luego comencé a dar golpes en la barandilla con la culata del arma, consiguiendo así que los caminantes alzaran los brazos y se fueran apelotonando debajo de mí con la esperanza de cogerme. Desde mi posición miré por la ventana y vi que la puerta estaba abierta del todo y con el camino despejado.
—¡¡¡Salid ahora!!! ¡¡¡¡Vamos!!!!
Vi como Juan asentía y el camión comenzó a moverse hacia la salida. En pocos segundos estaba en la calle y algunos No Muertos ya habían centrado toda su atención en el y habían comenzado a avanzar. Johana era la que se estaba encargando de repelerlos disparándoles desde la ventana del camión.
De repente vi como el camión comenzaba a maniobrar y a acercarse más a la escalera de incendios, enseguida me di cuenta de lo que pretendía Juan. Iba a tener que saltar sobre la lona para poder salir de allí.
El camión se acercó todo lo que pudo, a unos casi tres metros de distancia de donde yo estaba, era un salto largo y la caída significaría la muerte, ya que caería sobre los caminantes que había entre mi y el camión. Pasé por encima de la barandilla y miré hacia abajo, los No Muertos estaban cada vez más ansiosos, los que no alzaban los brazos estaban golpeando el camión en busca de los que había dentro.
—¡¡¡Salta!!! ¿Estás esperando una señal divina o que?— gritó Johana desde la ventana a la vez que le reventaba la cabeza de un disparo a un caminante.
Flexioné las rodillas, cogí impulso y salté.
*****
Manhattan… Colegio…

Carlos miró a Wayne justo al mismo tiempo que cogía el pomo de la puerta por la que iban a salir. Iban a tener que cruzar todo el colegio hasta llegar al cobertizo del generador que daba luz a todo el colegio, pero iban a tener que correr entre los No Muertos.
—¿Estás listo?
Wayne dudó por unos momentos, sin duda iba a ser más peligroso que antes, iban a tener que ser dos viajes, uno para ir hasta el cobertizo y otro para volver a los autobuses y llenarlos de combustible. En ese regreso, cada uno iba a tener que cargar con dos garrafas, algo que no sería nada fácil.
Carlos soltó el pomo y se acercó a el, justo en ese momento le asestó una sonora bofetada que pareció traer a Wayne de vuelta de donde quisiera que estuviera. –Que si estás listo. No tenemos todo el día. Una vez estemos ahí fuera y corriendo no habrá tiempo para mirar atrás. También prepara el arma, por que cuando salgamos rara será la ves que no tengamos que disparar. Céntrate, no quiero tener que cargar con un peso muerto.
—No, no se que hacer… Yo… Yo. No se si estoy preparado para esto… Tengo miedo.
—Gilipolleces…— Carlos le asestó otra bofetada, luego lo cogió por el cuello de la camisa. —¿Recuerdas para que estamos aquí? En esa azotea hay gente que cuenta con nosotros.
—Vale… Lo siento. Vamos… Cuando quieras…
Carlos regresó a la puerta y miró a Wayne. –Adelante— Carlos abrió la puerta.
*****
Alicia observaba la ciudad desde lo alto de la azotea del colegio. No se quitaba al pequeño Cristian de la cabeza, imaginaba que seguía solo en casa, probablemente llorando. No aguantaba más estar allí arriba, fue entonces cuando escuchó los disparos, se asomó y vio a Carlos y a Wayne correr mientras disparaban a los caminantes. Los tiros también alertaron a Eva y a los demás, estos enseguida aparecieron junto a Alicia.
—¿Qué pasa? ¿Qué ocurre?— preguntó uno de los profesores que seguía allí. —¿No deberían traer el autobús? Nos están dejando.
—No… Van hacia el cobertizo del generador. Es probable que vayan a por combustible— dijo Alicia imaginándose lo que estaba ocurriendo.
Carlos y Wayne quedaron fuera de su vista cuando se acercaron al edificio principal, aun así se escuchaban los disparos, los cuales estaban atrayendo la atención de más caminantes, los cuales se habían acercado mucho a las vallas y las habían hecho ceder, ahora pasaban sobre ellas.
—Cada vez entran más. Pronto estaremos asediados— dijo Eva mirando a Vicky y a los otros niños. Lo que más le preocupaba de todo el asunto eran los niños. Vio como su pequeña hablaba con otros niños.
Eva se acercó y escuchó lo que la pequeña les decía. –No os preocupéis, mi papá llegará pronto y nos sacará de aquí.
Eva se acercó con disimulo y le pidió a Vicky que se fuera con ella, cuando estuvieron alejados de los demás, comenzó a hablarle a la pequeña.
—Cariño. No sabemos cuando llegará papá, no sabemos si llegará a tiempo— entonces Eva sacó una pistola de su bolsillo y se la entregó a Vicky. –Quiero que la tengas escondida, que no la saques si no es necesario. Utilízala solo para defenderte tu o a los demás. ¿Me lo prometes?
Vicky cogió el arma y se la escondió, luego miró a Eva. –Te lo prometo.
—Una cosa más— dijo Eva poniéndole la mano a la pequeña en el hombro. –El tío Carlos es peligroso, si intenta algo extraño… Ya sabes lo que debes hacer. Se que puedes hacerlo. Se que no debo decirte estas cosas… Pero ya no eres una niña.
—No… No lo soy— respondió Vicky. –Si tío Carlos hace algo raro le dispararé.
En ese momento Eva abrazó a Vicky y le dio varios besos en la mejilla y en la frente. En el fondo sabía que no debía pedirle eso a la niña, pero no había más remedio, quizás Carlos estaba ayudándolos, pero en cualquier momento podían cambiarse las tornas y el podría hacer algo. Era mejor estar prevenidos.
*****
Carlos y Wayne llegaron al cobertizo tras abatir a varios No Muertos, aunque tenían a varios de ellos pisándoles los talones. Carlos fue el primero en llegar, cogió el pomo de la puerta y vio que estaba cerrada a cal y canto. La frustración le invadió mientras veía acercarse a más caminantes.
—Está cerrado. Necesitaré la llave. ¡¡¡Wayne!!!
Wayne no respondió, simplemente alzó el arma, apuntó y disparó. La cerradura saltó por los aires y la puerta se abrió. Carlos se lanzó contra la puerta y entró dentro seguido por Wayne, enseguida cerraron. No tardaron en escuchar los golpes en la puerta. Rápidamente, Carlos buscó algo con lo que bloquear la puerta, lo logró poniendo un mueble delante, pero este no aguantaría mucho. Ya habían alcanzado su objetivo, pero nuevamente estaban atrapados.
*****
Manhattan… bloque de viviendas…

Luci observaba como los hombres de Dante se desplegaban por la zona, algunos incluso entraban en el edificio, todos iban armados y preparados.
Eran varios los que habían logrado escapar del carguero prisión y que se habían unido a la causa de Dante, estos seguían a Dante como perritos, tenían la esperanza de que Dante cumpliera su promesa de llevarlos a un lugar mejor, ese lugar estaba en Las Vegas, pero antes ella tenía que ser capturada para poder salir de la ciudad. En ese momento vio como Dante sacaba a tirones a alguien de dentro del vehículo, a pesar de la capucha que llevaba, se veía claramente que se trataba de una chica, cuando Dante le quitó la capucha, Luci vio que se trataba ni más ni menos que de 14K. Luego con un gesto hizo que uno de sus hombres le acercara un megáfono.
—Luci. Estoy delante de tu casa. Puede que te estés preguntando como la he encontrado. El caso es que es muy fácil cuando tienes acceso a los archivos de los habitantes de la ciudad. De todos modos no es lo que he venido a decirte. Aquí tengo a tu amiga, no se si me puedes ver, pero dispones de cinco minutos— Dante hizo arrodillarse a 14K y luego alzó la mano mostrando los cinco dedos. –Exacto, cinco minutos para presentarte ante mí y entregarte, si eso no ocurre la mataré. Quiero que sepas que no lo haría por gusto, pero ella no es imprescindible, no como tu.
Luci seguía oculta observando mientras apretaba con fuerza los puños, sentía ganas de bajar ahí abajo y partir a Dante por la mitad, era lo que se merecía.
—Bien Luci. Las cosas están así y no están ni Dylan ni Warren para salvarte el culo. Ellos dos han pasado a mejor vida. Así que ahora se buena y ven conmigo, te espera un gran futuro en Las Vegas, ven, el tiempo se acaba.
Luci apreciaba mucho a 14K y estaba deseando rescatarla, pero si lo hacía la capturarían y ya no podría acercarse a Dante. No al menos como ella quería. Entonces vio como Dante golpeaba a la muchacha y le ponía el pie sobre la cabeza, acercó el megáfono a la boca de 14K y dejó que esta gritara de dolor, eso hacía que llegaran más No Muertos que enseguida eran abatidos por los hombres de Dante.
—Ya la oyes querida Luci. Pronto acabaré con ella si no te presentas, el tiempo se acaba. Se que puedes escucharme, incluso apostaría que puedes verme. Ven a mí y salva la vida de esta perra.

14K estaba resignada, el tiempo pasaba y cada vez veía más cerca su muerte. No le importaba que la mataran, cualquier cosa era mejor que seguir bajo las zarpas de Dante en medio de aquel infierno. No quería que Luci se presentara allí, pero todo se fue al traste cuando la vio salir del edificio con las manos en alto.
Luci caminó con las manos en alto y enseguida Dante le quitó el pie de encima a 14K. Luego se acercó uno de los hombres de Dante y se la llevó a rastras mientras Dante se acercaba a Luci.
—Por fin. Creí que iba a tener que esperarte eternamente. Me has dado muchos quebraderos de cabeza… Pero sabía que si amenazaba a tu amiga, ese corazoncito tuyo se ablandaría. Ahora que estás aquí…— en ese momento Dante alzó el arma y apuntó a 14K. Entonces disparó abriéndole un boquete en el pecho y la muchacha cayó hacia el frente, no tardó en comenzar a agonizar.
Luci trató de abalanzarse sobre ella pero Dante la retuvo. Esta lo miró y le escupió. –Eres un hijo de puta, no tenias por que matarla.
Dante se quitó la saliva de la cara. –No tenía el por que mantenerla con vida una vez te tuviera a ti. Podría permitir que os despidierais, pero a pesar de que sería conmovedor… No hay tiempo para despedidas. Nos espera un largo camino hacia Las Vegas.
—Puede que no sea ni hoy, ni mañana… Pero juro que te mataré.
Dante sonrió ante la amenaza de Luci. –Me lo imagino, pero eso que dices se quedará solo en un intento. Ahora sube al coche— Dante empujó a Luci al interior del vehículo y luego cerró la puerta, seguidamente se subió el y la miró. –No te lo tomes a mal, pero tu katana me la quedo yo por ahora. Te aconsejo que te duermas, el viaje es largo.
En ese momento un hombre de Dante le inyectó algo a Luci y esta se fue quedando dormida.
*****
David había observado impotente el como se llevaban a Luci a dios sabe donde y no había podido hacer nada. Cuando los vehículos se alejaron, dejó a Cristian en la cuna y bajó a la calle donde se encontró con el cuerpo de la chica. Se acercó a ella con el arma preparada para disparar y evitar la reanimación, justo cuando llegó junto a ella vio que todavía seguía viva.
—Dios… Sigue viva— David cargó con ella y se la llevó hacia el interior del edificio. No iba a dejar que muriera, haría todo lo que estuviera en sus manos para salvarle la vida a la muchacha. No la conocía, pero aun así no iba a dejarla tirada en medio de la calle para que se la comieran o se reanimara.
Llegó a su piso y tumbó a la chica en una de las camas, abrió las cortinas y dejó que la luz alumbrara la habitación, si iba a intervenirla iba a tener que trabajar con toda la luz posible, corrió hacia el baño y allí buscó lo que necesitaba, luego fue al salón y consiguió hilo de pesca, le serviría para suturar la herida tras extraer la bala alojada en el tórax, también dejó el arma al lado por si la muchacha moría durante la operación.
*****
Portland…

Caí sobre la lona, pero resbalé y casi caí sobre los No Muertos que alzaban los brazos con intención de agarrarme, incluso uno logró agarrarme del tobillo, pero yo fui más rápido, me di la vuelta y con uno de los cuchillos le corté la mano.
—¡¡¡Salgamos de aquí!!!— grité.
Juan pisó el acelerador y el camión salió disparado atropellando a varios No Muertos. Poco a poco me fui situando sobre la cabina y comencé a darle indicaciones a Juan para que fuera a la casa donde las demás chicas y Rachel nos esperaban, cuando llegamos descubrimos que la calle estaba vacía, aunque no tardaría en llenarse. Bajé de un salto y seguido por Faith entramos en la casa por la puerta principal, al entrar vi como la muchacha se quedaba mirando los cuerpos de la chica que me había apuntado y de la niña.
—Faith vamos. No hay tiempo que perder. ¡¡¡Vamos!!!
Los dos subimos al piso superior y después a la buhardilla, cuando abrimos la trampilla subí y cargué con Rachel, la cual estaba despertándose.
—¿Ya estás de vuelta? Me alegro…
—Si… Y nos vamos a casa— respondí.
Llegamos a la calle seguidos por las demás mujeres y vi como Johana, Yuriko y Juan comenzaban a abrir fuego contra los caminantes que habían aparecido por la calle. Cuando Juan nos vio corrió hacia la cabina y se puso al volante mientras los demás íbamos subiendo al remolque, una vez arriba vi como una mujer buscaba desesperadamente a una niña que parecía que se había quedado atrás. Salté del remolque y corrí al interior de la casa, subí las escalera de nuevo, regresé a la buhardilla y allí en un rincón vi a la niña, no entendía como podían habérsela olvidado, la cogí en brazos y deshice mis pasos. Cuando llegué al salón de la casa y ya me encontré con algunos No Muertos a los que logré esquivar sin problemas, salí a la calle y corrí hacia el camión. Fue en ese momento cuando Juan pisó el acelerador, no tardamos ni dos minutos en dejar atrás lo que había sido la comunidad de Amanda Kramer.
—Muchas gracias— dijo la madre de la niña cuando vino a cogerla en brazos.
—No hay de que— respondí. –Pronto tendréis una nueva casa en la que vivir. Cuando lleguemos a Manhattan. Ahora quiero ver a mi compañera— me levanté y me acerqué a donde estaban curando a Rachel. —¿Cómo está?
—Está bien físicamente. Algunos rasguños y poco más— dijo una chica que estaba ayudando a una mujer con las curas. –Lo malo es su estado emocional, la han violado y eso no es plato de buen gusto para nadie, pero es fuerte y lo superará— cuando dijo la palabra violación me di cuenta de que tanto Johana como Yuriko alzaron la cabeza en señal de que acababan de enterarse de lo sucedido. La chica entonces se dio cuenta también que había hablado de más. –Lo siento… Creí que…
—No te preocupes…
—Melanie. Me llamo Melanie.
—Bien, no te preocupes Melanie. Estáis haciendo un buen trabajo. ¿Eras medico?
—No. Enfermera, pero ya sabes… Todo se pega…
En ese momento vi que Rachel volvía a despertar y me miraba, lo hizo con una sonrisa, me acerqué a ella y le agarré la mano. –Ey… ¿Cómo estás ahora? Pronto estaremos en casa, creo que te mereces unas largas vacaciones. Mucha playa, mucha montaña, mucho amor…
Rachel sonrió. –Tengo ganas de verla y pedirle disculpas por todo, pero sobre todo tengo ganas de abrazarla y de besarla, de pedirle que se case conmigo.
—Hablaré con el padre Kaleb y que os case de forma espectacular. Una boda por todo lo alto— le dije agarrándole la mano con ambas manos. –Además, lo de nuestro secreto sigue en pie, ahora lo que debes hacer es borrarlo de tu mente para siempre. No han salido impunes.
—Eso me alivia— respondió Rachel. –Espero que estén ardiendo en el infierno.
—Créeme que deben estarlo— respondí. Seguidamente me quedé a su lado sentado y apoyado y luego poco a poco me fui quedando dormido.
*****
Manhattan… colegio…

Carlos había llenado cuatro garrafas de gasolina, más que suficiente al menos para salir de la ciudad, Wayne sin embargo no estaba haciendo nada, solo estaba dando vueltas. Cada vez que lo miraba, Carlos se encendía, para el, Wayne era una carga.
—¡¡¡Eh!!! ¿Vas a hacer algo o te vas a tirar todo el rato dando vueltas sin hacer nada? Se me empiezan a hinchar los cojones solo de verte.
—Están ahí fuera. Si no fuera por el mueble ya habrían entrado… Estaríamos muertos.
Carlos tiró una garrafa al suelo y casi estuvo a punto de disparar a Wayne. –Esa puerta estaría entera si tú no hubieses sido tan gilipollas de disparar a la cerradura. Vuelve a abrir la boca y juro que te dispararé. Los tíos como tu no son más que una carga. Eres un mierda.
—¿De que vas? Eres un bocazas— preguntó Wayne acercándose a Carlos y chocando su cabeza con la de el, pero Carlos no se amilanó.
—Será mejor que no empieces una pelea que no puedes ganar— dijo Carlos empujando con la cabeza. –No creas que me intimidas— en ese momento Carlos lo desarmó y agarró del cuello. –No tienes ni idea de que clase de persona soy. No sabes de lo que soy capaz, podría matarte aquí mismo sin pestañear. Ni tu ni los demás me importáis una mierda, yo aquí solo vine a por dos personas— en ese momento Carlos vio la mancha que se iba formando en los pantalones de Wayne. —¿Te has meado? Eres patético— Carlos empujó a Wayne, este cayó al suelo y comenzó a sollozar. Carlos sin embargo comenzó a reír ante la mirada atónita de Wayne. –Venga, ponte en pie y salgamos de aquí, el tiempo es oro y no estamos para perderlo.
Wayne se puso en pie y cogió dos garrafas con una sola mano como Carlos le indicaba. –Así no podré disparar bien.
—Claro que podrás. Aquí solo mueren los que son unos mierdas. Voy a abrir la puerta y comenzarán a entrar, cuando eso ocurra  empieza a disparar, apunta a la cabeza.
—¿Y que harás tu?— preguntó Wayne.

—Ayudarte, por supuesto. No te preocupes— Carlos se acercó a la puerta y se pegó a la pared, entonces miró a Wayne. –Cuando entren lo harán deprisa, no dejes de disparar. Voy a quitar el mueble— Carlos puso el pie en el mueble y empujó con fuerza, fue entonces cuando la puerta se abrió de golpe y Carlos aprovechó para ocultarse detrás mientras los No Muertos entraban, no tardó en comenzar a escuchar los gritos y disparos de Wayne, poco a poco Carlos dejó una obertura y miró lo que ocurría a través de ella, habían logrado entrar casi dos docenas de caminantes. No quería perderse el espectáculo desde lo que el consideraba un lugar seguro. No pudo evitar sonreír cuando vio al primero de los No Muertos alcanzar a Wayne y morderle en el hombro, los demás no tardaron en rodear a Wayne y hacerlo caer. Cuando ya no entraban más, Carlos salió de su escondite y del cobertizo, luego cerró la puerta detrás de el y comenzó a caminar por el recreo en dirección al gimnasio.