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sábado, 24 de enero de 2015

NECROWORLD Capitulo 61

Día 21 de Enero de 2010.
Día 578 del Apocalipsis.
Manhattan…

Eva observaba a Carlos conducir mientras este buscaba un punto por el que poder acceder al interior del colegio, se dio cuenta entonces de la herida de su brazo, era claramente una herida de bala. Sintió curiosidad por saber como se la había hecho y también se preguntó por que demonios esta bala no le había atravesado la cabeza, pero sin embargo, allí estaba ella subida en un vehículo con el. De repente Carlos frenó y Eva miró al frente para ver como un grupo de caminantes no solo les bloqueaba el paso, si no que estos habían logrado hacer caer una valla, ahora estaban entrando dentro del colegio.
—Entraremos por ahí— Carlos la miró. –Agárrate fuerte por que vamos a ir dando unos saltos ¿Lista?— Eva asintió y Carlos pisó el acelerador embistiendo a varios de aquellos seres que salieron despedidos hacia delante o simplemente pasaron por encima del vehículo.
Una vez dentro del recinto escolar, Eva vio varios Caminantes invadiendo las pistas de baloncesto, era increíble todo lo que había pasado en poco rato, la ciudad entera se había ido al infierno y lo cierto era que ese infierno apenas estaba comenzando, aun se escuchaban disparos y explosiones, eran los militares y habitantes de Manhattan que luchaban por sus vidas y por proteger la ciudad, pero era una batalla que estaban perdiendo a un ritmo vertiginoso, la ciudad y la vida en ella tenía las horas contadas, y lo peor de todo es que ni Juanma ni Luci estaban allí, los que consideraba más fuertes no estaban en esos momentos. Juanma estaba lejos de allí y Luci según le habían dicho estaba muerta.
—¿Dónde están los críos?— preguntó Carlos de repente sacándola de sus pensamientos.
—Iban a ver una lluvia de estrellas, así que deben estar en el tejado del colegio— respondió Eva.
—Muy bien— contestó Calos.
Carlos se conocía muy bien el colegio debido a que una vez participó en una misión allí dentro. Al poco de fundarse la ciudad y comenzar a dar clases a los niños, uno de los profesores sufrió un ataque al corazón y murió de repente, reviviendo poco después y atacando a niños, padres y profesores que había allí en aquel momento, provocando varias muertes y en consecuente que la infección se extendiera de forma veloz y terrible. Lograron evacuar a unos cuantos y poner el colegio en cuarentena, poco después Carlos y un grupo de militares entraron en el interior y acabaron con todos los No Muertos del interior. Carlos recordaba en esos momentos la disposición de todas las aulas, pasillos y demás.
Detuvo el vehículo junto a un gimnasio y le dijo a Eva que bajara, luego se acercó al maletero de su vehículo y comenzó a sacar varias armas, algunas de las cuales entregó a Eva.
—Si han entrado ya dentro es posible que hayan infectado a algún crio. ¿Tendrás el valor de disparar si es así?— preguntó Carlos. Eva asintió y el volvió a preguntar. —¿Y si la infectada es Vicky?
La pregunta cogió a Eva por sorpresa y por unos momentos pareció dudar, al final respondió. –Si.
—Muy bien, vamos— dijo Carlos echando a correr con Eva detrás. –Saldremos por aquí también— decía este mientras corría y señalaba un edificio que había junto al gimnasio. –Hay autobuses escolares ahí dentro, tendremos que usarlos si tenemos que sacar a varios de ahí dentro, aunque opino que es mejor que nos ocupemos de rescatar solo a nuestra hija.
—Ella no es tu hija— respondió Eva. –Ni el bebé que llevo dentro de mi tampoco es hijo tuyo.
—Lo serán.
Las palabras de Carlos irritaron tanto a Eva que se paró de golpe y alzó el arma apuntando a Carlos, este se dio cuenta de lo ocurrido, se paró y se dio la vuelta para mirar a Eva. —¿Qué pretendes hacer? Por si lo has olvidado, estamos en medio de una situación un tanto critica, si me matas ahora perderás no solo un tiempo precioso, si no que atraerás hacia ti a todos los muertos que están entrando. Déjate de tonterías y vamos.
Carlos tenía razón, pero también sabía de lo que era capaz y conocía sus amenazas, ya lo había pensado alguna vez después del regreso de Juanma, debía acabar con Carlos y probablemente no volvería a tener una oportunidad como esa.
*****
Portland…

Detuve el vehículo justo delante de lo que había sido uno de los muros de seguridad de la comunidad de Amanda Kramer, pero este estaba destrozado, como si lo hubiesen volado por los aires, al otro lado solo había silencio, volví al vehículo y me asomé por la ventanilla para ver a Rachel, ésta dormía. Después de lo ocurrido era lo que más necesitaba, por mi parte no me quitaba de la cabeza lo ocurrido al muchacho, era demasiado joven y era responsabilidad mía, pero pese a todo eso no había podido evitar que lo mataran de la forma más cruel posible, ni el haber matado a sus asesinos me ayudaba.
Extendí el brazo hasta el interior del vehículo y toqué a Rachel, ésta enseguida se sobresaltó y me miró con los ojos muy abiertos.
—Lo… Lo siento… Pero hemos llegado… Ambos necesitamos un medico— dije a medida que abría la puerta. —¿Puedes caminar?
Rachel salió poco a poco del vehículo mirando en varias direcciones como si pensase que en algún momento alguien se iba a lanzar sobre ella, incluso me di cuenta que estaba temblando. No me extrañaba que estuviera así después de la experiencia traumática por la que había pasado. Cuando salió del vehículo y puso los pies sobre la hierba mojada por el rocío, no pudo mantenerse de pie y cayó, yo enseguida me arrodillé a su lado para ayudarla a ponerse de nuevo en pie, no tardó en comenzar a sollozar.
—No te preocupes. Tranquila. Ahora estarás a salvo, cuando te vea la medico te sentirás mejor— le dije mientras le acariciaba el cabello y trataba de tranquilizar.
—No se lo digas a Sheila…— murmuró ella, era algo que había estado repitiendo durante todo el camino hasta Portland.
Seguramente Rachel se sentía sucia por lo que le había pasado y le daba miedo enfrentarse a la mirada de Sheila si esta se enteraba de que habían violado a su pareja.
—No se lo diré, pero ahora lo importante es que te vea un medico. Apóyate en mí. ¿Vale?
Yo preparé mi arma y ambos comenzamos a entrar despacio en el interior de la comunidad donde reinaba el más absoluto silencio. Era evidente que les habían atacado, pero confiaba en que algunas de las mujeres hubiesen logrado esconderse y ponerse a salvo.
Mientras caminaba vi como una silueta salía de detrás de unos contenedores andando lentamente, apenas podía verla bien, pero sin duda era una mujer, preparé mi arma por si acaso y levanté un poco la voz.
—¿Hola?— la mujer se paró de golpe y comenzó a mirar en varias direcciones, no parecía que pudiera vernos. —¿Hola?— pregunté nuevamente.
De repente como salido de la nada un cuerpo me golpeó y Rachel y yo caímos al suelo, mi arma salió disparada y la perdí de vista, enseguida me vi forcejeando en el suelo con una mujer con media cara y cabello quemados que trataba de morderme, por como se movía hacía poco que había muerto. Logré ponerle la mano en el cuello y así evitar que me mordiera, pero aun así me estaba ganando terreno, ella era muy fuerte y yo estaba agotado. De pronto Rachel apareció por detrás y clavó algo atravesándole la cabeza a la chica, yo me la quité de encima y me puse de pie al tiempo que Rachel caía de lado otra vez y rompía a llorar.
—Me has salvado la vida— le dije mientras me sentaba a su lado para calmarla otra vez. –Tenemos que ocultarnos en alguna de las casas y ahí te curaré yo mismo, solo tendrás que esperarme mientras buscó el material necesario. Es evidente que aquí no hay nadie vivo.
La ayudé a ponerse en pie y luego busqué mi arma, la cual encontré junto a una farola que permanecía apagada, volví a mirar a la silueta que habíamos visto al principio, la cual seguía parada en el mismo sitio y moviendo la cabeza en busca del sonido que había captado hacía un minuto escaso. Sin duda habíamos llegado tarde.
Rachel y yo caminamos hasta una casa cuya puerta estaba entre abierta, con cautela la empujé e instintivamente apunté al interior por si aparecía algún Caminante, pero nada ocurrió. Cerré la puerta y di un par de golpes en la pared, si había algo allí dentro, eso bastaría para atraerlo, y como estábamos en un pasillo lo veríamos venir, pero nada de eso ocurrió, tampoco escuchamos golpes de respuesta, eso quería decir que la casa estaba vacía.
Subí con Rachel a cuestas por las escaleras del salón y entré con ella en una habitación con una enorme cama de matrimonio donde la tumbé, luego le di mi arma. –Ahora tengo que salir, cerraré la puerta y volveré lo antes posible, pero si alguien que no sea yo entra por esa puerta quiero que le dispares, no preguntes, solo dispara… Y apunta a la cabeza.
—¿Y si esa persona estuviera viva?
Miré a Rachel. –Solo dispara.
—Ten cuidado— dijo entonces Rachel.
Yo asentí, me incliné sobre ella y le di un beso en la frente. Seguidamente salí de la habitación y cerré la puerta, me quedé un rato al borde de las escaleras y luego bajé para ir a la cocina, la cual ya había visto antes de subir, una vez allí me aseguré de coger varios cuchillos, me iban a servir como defensa. Con cuatro cuchillos ya preparados me di la vuelta y entonces vi a Dorian mirándome fijamente y con una sonrisa triunfal en los labios, aparté la vista de el para mirar a mi cinturón donde tenía los cuchillos, alcé la vista empuñando uno, pero Dorian ya no estaba allí. Me llevé las manos a la cabeza y me apoyé en el mármol.
—No… Otra vez visiones no— murmuré mientras me daba golpes con la palma de la mano.
Volví a alzar la vista por si la imagen de Dorian seguía allí, pero no volvió a aparecer. Con todo claro decidí salir al exterior y moverme por la zona ocultándome de los Caminantes, los cuales ya había tres de ellos en el exterior, dos hombres y una mujer, enseguida deduje por el estado en descomposición que presentaban y por los hombres que debían ser del exterior. Con cuidado y ocultándome entre las sombras me escabullí de allí, con suerte no se sentirían atraídos por la casa y mucho menos por Rachel.
Debía buscar la enfermería y coger lo necesario, miré mi reloj y vi que faltaban pocas horas para el amanecer, quería estar fuera de Portland antes de que eso sucediese.
Manhattan…
Colegio…

—¿De verdad quieres matarme?— preguntó Carlos mirando a Eva. –Se te olvida que estamos rodeados de caminantes y no podemos perder tiempo con tonterías.
—Si te mato se terminaran los problemas contigo. Ya no volverás a amenazar mi vida ni la de Juanma— respondió Eva.
Carlos comenzó a avanzar hacia ella con los brazos abiertos. –Escucha… Estoy tratando de ayudarte. Luego si no quieres que esté aquí me largare… ¿De acuerdo? Ahora debemos sacar a Vicky de ahí.
—¿Me lo prometes?— preguntó Eva.
—Que me muera ahora mismo si miento— dijo Carlos poniéndose una mano sobre el pecho y con una sonrisa.
Eva dudó por unos momentos y luego bajó el arma, Carlos tenía razón, primero tenían que sacar a Vicky de allí, pensó que podría tener otra oportunidad para matar a Carlos después cuando las cosas se calmaran.
—Buena chica— dijo Carlos. –Ahora hagamos lo que hemos venido a hacer.
Ambos siguieron corriendo y llegaron a una pared, se pararon junto a ella y Carlos se asomó por la esquina, este vio a varios No Muertos en la puerta principal dando insistentes golpes, no tardarían en entrar y entonces también el edificio se llenaría de Caminantes.
—¿Cómo entraremos?— preguntó Eva.
—Por alguna ventana— contestó Carlos mirando a las que tenían sobre ellos— Una lo suficientemente alta como para que esos indeseables no nos sigan.
De pronto un caminante salió de la nada y comenzó a correr hacia ellos, Eva lo vio y alzó el arma presa del pánico, entonces disparó y la bala impactó en el hombro, pero no lo detuvo, volvió a disparar y finalmente la bala atravesó la cabeza de aquel ser, haciendo que cayera al suelo y rodara. Fue en ese momento cuando Carlos vio como los No Muertos que había ante la puerta dejaron de golpearla comenzaron a andar hacia su posición.
—¡¡¡Joder!!!— exclamó Carlos apartándose de la pared y con su fusil apuntando a la ventana más baja y cercana que había, abrió fuego y los cristales se hicieron añicos. —¡¡Entra deprisa!!— gritó Carlos.
Eva obedeció y entró en el interior, también Carlos la siguió justo cuando los Caminantes llegaban hasta donde se encontraban. No tardaron en comenzar a arrastrarse por encima del saliente y los cristales rotos, penetrando así en el interior del edificio. Las cosas se habían complicado mucho.
*****
Vicky escuchó el sonido de los disparos, venían del interior del recinto escolar, se asomó por la terraza y miró hacia abajo donde vio como una horda de aquellos monstruos estaba accediendo al interior del edificio. Alicia apareció a su lado y se llevó las manos a la boca cuando vio lo que sucedía, si esos seres estaban dentro significaba que estaban atrapados en la terraza y no podían salir, pensó en Cristian que se había quedado solo en casa confiando en que dormiría tranquilamente y no se despertaría antes de que ella volviera, pero ahora con todo el jaleo armado, probablemente estaría despierto y llorando.
—Están dentro tía Alicia. Vamos a morir— dijo en ese momento Vicky.
Alicia se sorprendió tanto al escucharla que se arrodilló delante de ella y la cogió de las manos. –No digas eso. No vamos a morir. Ya verás como alguien viene a rescatarnos.
—Si que lo haremos, nadie vendrá a rescatarnos— respondió la pequeña con frialdad, algo que Alicia no había visto nunca en aquella niña que de repente parecía haber alcanzado la etapa adulta. Alicia se dio la vuelta para mirar a los allí presentes que estaban desperdigados por la terraza del colegio, doce niños y cuatro profesores más que observaban atónitos las columnas de fuego que iban surgiendo en distintos puntos de la ciudad, quizás la pequeña tenía razón y definitivamente había llegado su hora. No parecía que nadie fuese a ir a ayudarles. Estaban solas.
*****

Kendra estaba asomada por la ventana del apartamento donde estaban escondidos cuando vio llegar un vehículo que se paró justo delante, enseguida vio como Mike se bajaba de este y les hacía señas para que bajara junto a sus hijos. Kendra se dio la vuelta y despertó a sus dos hijos. Mientras los dos niños se despertaban y ella los preparaba para bajar al frio de la noche, escuchó los disparos que venían de la calle, sin duda era Mike que estaba disparando contra algo.
Con los nervios de lo que estaba escuchando vistió a sus hijos a toda velocidad y seguidamente salió de casa tirando de ellos, tenía que llegar junto a su marido antes de que fuera demasiado tarde, fue en ese momento mientras llegaban ya al primer piso cuando un No Muerto les salió al paso y se abalanzó sobre Beth. A Kendra se le escapó un grito justo en ese instante.

Cuando Mike llego a las puertas del edificio con el vehículo que había conseguido y le hizo las señas a su mujer para que bajara, no contó con la posibilidad de que pudiese haber No Muertos en el interior, y ese error le paso factura cuando vio a al menos una docena de ellos salir del interior a toda velocidad en dirección a el, comenzó a disparar frenéticamente errando muchas veces el tiro y atrayendo a más de aquellos seres al lugar. Había abatido a varios cuando escuchó el grito de su esposa que venía del interior del edificio.
—¡¡¡Kendra!!!— gritó presa del pánico al ver que había cometido un error y que tenía que haber subido el mismo a buscarles o al menos comprobar que todo andaba bien por allí, se había preocupado más por la posibilidad de que alguien pudiera robar el vehículo que había conseguido.
Golpeó a un No Muerto y comenzó a correr hasta la entrada del edificio, disparó a dos más y se dio de bruces con una asustada Kendra que bajaba los escalones de dos en dos.
—Rápido, tenemos que irnos— dijo Mike cogiendo a Beth en brazos, la cual parecía estar en estado de shock. Los cuatro enseguida corrieron hacia el vehículo y se metieron rápidamente en el. Una vez dentro Mike pisó el acelerador y salió disparado de allí atropellando a varios No Muertos.
—¿Qué ha pasado?— preguntó Mike mirando a Kendra, entonces se dio cuenta de que algo le ocurría, se estaba cubriendo el brazo. No tardó en darse cuenta de que era un mordisco. –Oh dios…
—No lo vi, se me echó encima y no lo vi. Habría mordido a Beth si no llego a ponerme en medio. Lo siento Mike— dijo Kendra con lágrimas en los ojos.
—Te llevaré a donde puedan curarte, no te preocupes— dijo Mike manteniendo la compostura. Quería ayudar a su mujer, pero en el fondo sabía que su mujer estaba ya condenada.
*****
Manhattan… Muelles…

Después del choque del carguero prisión contra el muelle, no tardaron en comenzar a aparecer No Muertos del interior de este, también aparecieron presos fugados que comenzaron a disparar contra las personas que allí había, era como una especie de venganza por haberlos metido allí, sus disparos eran certeros en la cabeza.
Sandra, Parker y Kate se ocultaron dentro de un almacén, desde ahí veían la cantidad de presos y de No Muertos que habían surgido del gran barco.
—¿Qué demonios está pasando? ¿Se ha vuelto loco todo el mundo o que?— preguntó Sandra observando el desastre que estaba ocurriendo. En ese momento vio pasar corriendo a una pareja que iban cogidos de la mano y que rápidamente fueron abatidos. No tardaron en aparecer a su lado dos hombres y una chica, los dos hombres reían, sin embargo la chica parecía estar siendo retenida contra su voluntad, fue entonces cuando Sandra la reconoció, se trataba de Luci. No podía creer lo que estaba viendo, supuestamente estaba muerta, pero lo que estaba viendo Sandra era real, allí estaba su compañera y estaba viva, eso quería decir que había estado en aquella prisión todo ese tiempo. Sandra pensó en llamarla, pero Parker rápidamente se lo impidió.
—¿Qué pretendes? ¿Qué nos maten? Nos quedaremos aquí hasta que pase todo.
—Pero ahí fuera está Luci. Es mi amiga— replicó Sandra.
—Si saliésemos o nos encuentran nos harán lo mismo que a esos dos. Se lo que sientes, pero ahora es muy peligroso jugársela de esta manera. Quizás cuando amanezca podamos hacer algo como volver a nuestras casas y tratar de organizarnos y reunirnos con más gente— Explicó Kate –Tenemos que saber que demonios ha pasado.
Aunque Sandra no estaba de acuerdo entendió lo que querían decirle, siguió mirando por la ventana, oculta de los ojos de aquellas personas, hasta que apareció un tercer hombre y se largaron junto a Luci.
*****

Manhattan… sótanos del hospital…

—Esos no paran, estarán dando golpes hasta que entren— dijo Boby mirando a David y a Louise.  Los cuales se habían quedado encerrados con el y con el tipo aquel al que vigilaban en los sótanos del hospital.
—En realidad no pueden entrar, ya os lo he dicho— dijo de repente aquel extraño tipo. El cual permanecía tumbado en su cama leyendo un libro y totalmente tranquilo. –Aquí estamos demasiado seguros. Esta celda fue diseñada para que nadie saliera y ahora nadie… Bueno, nadie estúpido como ellos podría entrar. Tomad asiento y sentiros como en vuestra casa. Ahí tenéis unos libros y algunos DVD que podréis ver el en reproductor.
—Parece que no te das cuenta de la situación. Estamos bien jodidos— replicó Louise metiéndose en la conversación. –Puede que ellos no puedan entrar, pero nosotros no podremos salir. Y me da igual que tengamos comida en el frigo para una semana.
—Debemos salir de aquí— dijo en ese momento David mientras miraba al techo y veía lo que parecía un tubo de ventilación, aun así era demasiado estrecho como para que cupiera un hombre adulto.
—Pues descarta ese tubo de ventilación amigo. Dios… Que libro tan bueno, deberíais echarle un vistazo, es de Vampiros y me alegro en informaros que no es esa mierda de Crepusculo— dijo Levine con una sonrisa.
—Chicos, ayudadme— pidió David a los dos militares. Cuando estos se le acercaron, el les pidió que lo auparan para llegar. –Comprobaré si no es demasiado estrecho como para que quepa uno de nosotros.
—Es demasiado estrecho. ¿Te crees que no lo he intentado yo en alguna ocasión? Perdí hasta la cuenta de las veces, no veas lo que me jode ser un conejillo de indias en este maldito agujero.
David y los otros dos militares hicieron caso omiso y pusieron manos a la obra, después de dos minutos David había logrado quitar la rejilla y comprobó que ciertamente era imposible que ninguno de ellos pudiera pasar por ahí.
—No… No hay manera. Estamos aquí atrapados— entonces David miró a Levine. –Espera un momento, hay un rumor… Un rumor que dice que en el hospital había un hombre con un don. Ese eres tu… ¿Verdad?
—¿Y que si lo soy?
—Pues que ese don es el de caminar entre los muertos como si fueran invisible. Si no te ven, aun tenemos una posibilidad de salir de aquí, pero tendrías que ocuparte tú. Te necesitamos para salir de aquí de una pieza. Al menos podrías despejarnos el camino— comenzó a decir David ante la atenta mirada de los otros dos que también parecían saber algo.
Levine cerró el libro de golpe y miró a David. –Vale, supongamos que os ayudo. ¿Qué ganaré yo?
Libertad. Eso es lo que ganarás, una vez nos ayudes a salir de aquí podrás largarte, nadie te lo impedirá— respondió David mientras Levine se ponía de pie y se plantaba frente a el.
—Si no cumples tu palabra te mataré.
—Ten por seguro que si la cumpliré. Ahora a trabajar.
*****
Portland…

Avanzaba en silencio por las calles de la comunidad de mujeres de Amanda Kramer. Había visto multitud de No Muertos, muchos de los cuales eran mujeres, a alguna incluso la conocía de haberla visto antes cuando llegamos a Portland por primera vez.
Me paré de golpe y me oculté detrás de un seto cuando vi aparecer a una No Muerta que husmeaba el aire en busca de olores que delataran la presencia de carne fresca, se fue acercando poco a poco hacia mi posición, y cuando ya casi parecía que la tenía encima surgí de detrás del seto, la agarré por el cuello inmovilizándole la cabeza y antes de que pudiera siquiera reaccionar, le clavé el cuchillo a través del oído haciendo que cayera de rodillas ante mi.
Me apoyé en la pared suspirando y limpiándome la camisa, la cual se me había llenado de sangre. Volví a mirar a la calle y reconocí el edificio de la enfermería, estaba a pocos metros de el, caminé con cautela por si aparecía algún otro caminante. Cuando llegué al edificio me fijé en que una de las ventanas del piso de arriba estaba abierta, solo tenía que trepar y colarme dentro. Me guardé el cuchillo y comencé a trepar por una de las cañerías, no tardé en llegar a la ventana, me agarré al marco de esta y me impulsé al interior, una vez dentro volví a sacar el cuchillo, allí dentro no se escuchaba ningún sonido, pero aun así aquello no me tranquilizaba.
Caminé por la habitación mirando en los estantes buscando antibióticos, vendas y demás para mis heridas y las de Rachel, no queríamos que se nos infectara nada. Rachel había sufrido más daños, pero yo no era medico y no podría tratarla, eso tendría que hacerlo Sheila aunque Rachel no quisiera.
Salí por la puerta y me encontré en un pasillo con varias puertas a ambos lados, tendría que ir comprobando una por una y luego si era necesario bajaría al piso inferior para seguir buscando.
Mientras avanzaba por el pasillo abriendo puertas me pareció escuchar un ruido que venía de mis espaldas, por lo tanto me giraba, pero no veía nada ni a nadie, si hubiese sido un No Muerto habría saltado sobre mi ya, pero al parecer no lo era, entonces vi algo que me llamó la atención, una forma humana de pequeño tamaño salió de una puerta que había dejado atrás y salió corriendo escaleras abajo, no podía ser un No Muerto, era alguien que estaba vivo.
—¡Eh, oye!— dije justo al mismo tiempo que salía corriendo detrás.
Cuando llegué al piso inferior me vi de nuevo solo, sin rastro de aquella figura. Caminé despacio y comencé a hablar con suavidad, de la misma forma que le hablaba a Vicky.
—No te preocupes. No soy uno de los que os ha hecho esto, soy buena persona, no te haré daño— llegué a unos muebles y entonces la vi metida entre dos de ellos, se trataba de una niña vestida con un camisón blanco con una enorme mancha de sangre, ella no tendría más de seis años. Cuando me acerqué se acurrucó para protegerse.
—No te preocupes. No te haré ningún daño— le dije mostrándole las palmas de las manos. —¿Ves? No voy armado— La niña me miró y entonces le vi el brazo, ahí había la marca de un mordisco. –Joder…
Me retiré un poco para pensar, habían mordido a esa niña y la infección no tardaría mucho en matarla,  el tiempo de esta variaba dependiendo de la sangre del individuo, podían ser minutos u horas, pero esa niña estaba condenada a morir y a levantarse como uno de aquellos seres y yo no podía dejar que eso ocurriese, pero realmente tampoco sabia que hacer, ante mi tenía una de las decisiones más difíciles que se pueden tomar.
*****
Manhattan…

Zero y varios de sus hombres habían logrado acceder al edificio principal del Fénix donde Graham Roberts tenía su despacho. Para llegar hasta allí habían estado acabando con los militares que había, una vez allí habían bloqueado varias entradas y habían asegurado otras tantas, también había vigilantes en cada uno de los pisos, nadie no autorizado podría entrar allí.
Zero observaba las calles de Manhattan desde una de las ventanas del despacho, había logrado lo que pretendía, sembrar la muerte, confusión y destrucción en la ciudad, con suerte los No Muertos les acabarían de hacer el trabajo acabando con los supervivientes.
—Contemplad lo que hemos logrado, antes de que pase una semana, la ciudad será toda nuestra, solo tenemos que esperar aquí— dijo Zero a los que estaban allí presentes— De repente uno de sus hombres entró en el despacho y Zero se dio la vuelta para mirarle. —¿Qué ocurre?
—Un hombre insiste en verle.
—¿No es de los nuestros ni de la ciudad?— preguntó Zero sorprendido.
—No lo creo señor— respondió el hombre totalmente confuso.
Zero se apartó de la ventana y se sentó detrás de la mesa. –Muy bien, que pase.
El hombre de Zero salió del despacho y pocos segundos después apareció un hombre robusto seguido de otros dos, los allí presentes no tardaron en apuntarle a el y a sus seguidores, aunque a este no pareció importarle, cuando Zero lo vio no tardó en reconocerlo.
—Vaya por dios, pero si es Dante.
—Y tú eres Zero. El ideólogo de este grandioso plan que me ha servido para salir de la cárcel— Dante miró a los que le apuntaban. —¿Puedes decirles a tus chicos que dejen de apuntarme? No represento una amenaza, además, no pretendo quedarme, me largo a Las Vegas, pero no quería darme el piro sin conocer al hombre que hizo posible todo esto. Debo agradecértelo. Básicamente quería hacerte saber que mis hombres y yo nos largamos y que esperaba que no nos lo impidierais, si todo sale bien quizás podamos hacer negocios en el futuro. Ya sabes, establecer un negocio entre ambas comunidades. Dorian es un tipo razonable aunque no te lo creas y se que estará encantado de hacer negocios contigo.
—No veo inconveniente con ello, me parece bien. Tenéis vía libre para marcharos— dijo Zero con una sonrisa. Las cosas iban a cambiar para bien y eso podía ser un gran paso, uno que podía darse atrás si las cosas con Dorian se ponían feas, era mejor conocer al tiburón antes de darle la oportunidad de morder.
—También nos hemos hecho con unos vehículos. El camino de aquí a Las Vegas es muy largo como para emprenderlo a pie, espero que no te importe— dijo Dante dando unos pasos hacia la mesa.
—No pasa nada, me parece bien— Zero se levantó de la silla y le estrechó la mano a Dante. –Por una muy buena relación a largo plazo.
—Así lo espero— continuó Dante.
De pronto entró uno de los hombres de Dante, lo cual hizo que todos los cañones de las armas apuntaran a el, pero rápidamente Dante hizo que los bajaran.
—¿Qué pasa? ¿Qué ocurre?
—Señor… Es nuestra rehén…— balbuceó el hombre de Dante.
—¿La rehén? ¿Qué cojones pasa con ella?— preguntó Dante temiéndose lo peor. –Iba custodiada por tres de los nuestros…— Dante cogió a su hombre del cuello de la camisa.
—Lo se señor… Pero los hemos encontrado a los tres muertos. Les han roto el cuello y no había ni rastro de ella.

Dante gruñó y luego miró a Zero con una sonrisa. –Me temo que vamos a tener que posponer lo de nuestra partida. Antes hay un asunto que debemos solucionar.

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