Bienvenido

NOTA IMPORTANTE

Tras el ultimo capitulo de Necroworld (El 200). Este blog permanecerá abierto hasta un nuevo aviso. Cuando este aviso suceda, este blog publicará una entrada nueva donde aparecerá la nueva dirección al nuevo blog (Intentaré que os redireccione) Pasado un tiempo, este blog desaparecerá.
Ya podeis entrar en el siguiente blog, la historia se muda ahi.
juanmanuel-sagazombis.blogspot.com.es

Seguidores

sábado, 31 de enero de 2015

NECROWORLD Capitulo 62

Día 21 de Enero de 2010
Día 578 del Apocalipsis…
Manhattan… 05:00… hospital…

Mientras Boby y Louise seguían el plan de Levine de atraer a todos los caminantes hacia una parte de la habitación para que la zona de la puerta quedara despejada, David observaba como aquel misterioso hombre del don se preparaba, entonces advirtió algo en su piel, eran marcas de mordiscos, algo que despertó la curiosidad de David.
Levine vio que David lo miraba fijamente y preguntó. —¿Qué pasa?
—Tienes marcas de mordisco… ¿Cómo es posible? Se supone que si eres invisible para ellos no deberían poder morderte…
Levine se miró los mordiscos. –Esto no son más que el recuerdo que me dejaron algunos indeseables. Fui capturado por un grupito de maleantes que se dedicaba a coger a gente para divertirse, en realidad no eran más que unos críos, ninguno llegaría a los dieciocho años. Una noche para divertirse comenzaron a echar personas a los No Muertos, para ellos era un juego de la hostia. Cuando me llegó el turno a mi vieron que esos espantajos no me hacían ni puto caso. Me sacaron de aquel agujero y decidieron divertirse de otra manera, ya que no me mordían por si mismos… ¿Qué mejor que obligarlos?
—Supongo que el mundo ha vuelto locos a unos cuantos— dijo David con una mueca y recordando todo lo que había visto hasta ese momento. –Continua.
—He podido comprobar que estos seres son como los cocodrilos, basta con que les roces la lengua y eso hicieron. Cortaron varias cabezas que lanzaban dentelladas al aire esperando encontrar un trozo de carne que llevarse a la boca, me las acercaban y las ponían sobre mi piel, consiguiendo que así me mordieran… Ahí fue cuando descubrí que yo era también inmune… Al mismo tiempo que ellos, claro.
—¿Y que pasó después?
—Esos gilipollas vieron en mí la gallina de los huevos de oro. Me obligaron a conseguirles suministros. Mientras yo salía caminando entre los No Muertos ellos seguían en su escondite violando y asesinando… Muchas veces incluso me obligaban a verlo.
—¿Y tu no podías escapar?
—Podría haber huido en cualquier momento mientras buscaba suministros, pero no lo hice por que en mi interior buscaba venganza, quería hacerles pagar lo que estaban haciendo. Una noche, mientras dormían, logré salir de donde me tenían encerrado. Ocurrió cincuenta días después de que me capturaran… Sin pensármelo dos veces acabé con todos ellos, se que eran unos críos, pero yo ya no los veía como tales, para mi eran unos monstruos que merecían una muerte lenta y dolorosa… Y eso fue lo que hice. Luego pasó cierto tiempo y unos tipos de aquí me encontraron y me trajeron aquí.— terminó de decir Levine mientras miraba a los cristales que tenían enfrente. –Bueno, los cristales ahí han dejado de vibrar, así que debe estar despejado, quedaros aquí y no llaméis mucho la atención.
—Toma esto— dijo David pasándole un cuchillo. –Lo necesitarás.
Levine cogió el cuchillo y miró a David. —¿Sabes? Eres uno de los tíos más legales que he conocido desde que estoy aquí. Algo que me parecía imposible. Volveré enseguida, te lo prometo.
Richard Levine se acercó hacia la puerta con mucho cuidado y la abrió de la manera que sabía, cuando esta estaba abierta, salió de un salto y la cerró, podía haberse largado y dejar tirados a los tres, pero no lo hizo, David le había caído bien y no iba a abandonarlos.
Una vez en el pasillo fuera de la celda, Levine miró al interior y vio a David detrás de una de las paredes totalmente quieto, los otros dos militares estaban dando golpes y haciendo gestos en los cristales que daban al otro lado. Allí en el pasillo no tardó en asaltarlo el hedor de los cuerpos putrefactos y el sonido de los gemidos y el rechinar de los dientes. Fue caminando hacia donde se había desplazado toda la horda que se había colado allí y cuando dobló una esquina se encontró a más de dos docenas apelotonados contra el cristal, incluso vio caras conocidas de médicos que lo habían estado usando de cobaya. Sin pensárselo dos veces se acercó al primero de ellos y metió el cuchillo por el oído de aquel medico que se desplomó instantáneamente.
—Eso por pincharme tanto, pedazo de cabrón.
Seguidamente Levine hizo lo mismo con otro caminante y luego se lo fue haciendo a todos uno por uno, cuando acabó con ellos le quitó una tarjetas a uno de los médicos y volvió al interior de la habitación.
—¿Todo bien?— preguntó Louise
—Zona despejada. Ahora hay que salir de aquí— respondió Levine con una sonrisa.
*****
Portland…

Tenía grandes dudas de que hacer con la niña que tenía en frente. La habían mordido y era cuestión de tiempo de que muriera para volver a levantarse, podía esperar a que lo hiciera quizás sufriendo o simplemente acabar con ella en ese preciso instante y ahorrarle la agonía y el sufrimiento. En cualquiera de los casos iba a matar a una niña.
Me senté en el suelo a unos metros de ella sin dejar de mirarla, tampoco podía perder mucho tiempo debido al estado de Rachel.
—¿Cómo te llamas?— preguntó entonces la niña con voz temblorosa.
La miré fijamente y luego aparté la vista. –Me llamo Juanma… ¿Y tu?
—Kristy— respondió la pequeña. —¿Me vas a hacer daño como los otros hombres?
Negué con la cabeza. –No… No soy como los demás. ¿Qué os han hecho esos hombres?
La niña parecía haber cogido algo de confianza de repente. –Llegaron y comenzaron a disparar a las chicas, mataron a Madre y a mi mamá.
Con Madre supe que se refería a Amanda Kramer, pero me sorprendió la calma con la que mencionó que habían asesinado a su madre. Entonces le señalé la herida del mordisco. —¿Cómo te hiciste eso?
—Una señora me mordió. Me hizo mucho daño pero me escapé. ¿Me voy a morir?
Me quedé sin palabras ¿Qué podía decirle a una niña tan pequeña? No era lo mismo que hablar con Vicky, ella había ido madurando al estar junto a mi y los demás hasta el punto de comportarse casi como una adulta, pero aquella niña no había dejado de serlo ni física ni emocionalmente. Finalmente dije. –No, no te vas a morir.
—Tengo mucho sueño— dijo en ese momento la pequeña mirándome y poniéndose de pie, seguidamente comenzó a caminar hacia mi, sin decir nada más se sentó a mi lado, justo cuando las lagrimas comenzaron a brotarme de los ojos. Acababa de mentirle, una mentira piadosa, pero una mentira al fin y al cabo. Entonces siguió hablando. –Mi mamá me cantaba antes de irme a dormir. ¿Me cantas algo?
La situación estaba destrozándome por momentos, y más cuando la pequeña probablemente ida por todo lo que había presenciado se acurrucó junto a mí. Tuve que llevarme una mano a la boca para que no me oyera sollozar. —¿Qué canción quieres que te cante?— pregunté finalmente.
—Cualquiera— dijo la pequeña en un susurro.
Mi repertorio de canciones era limitado y comencé a inventarme una sobre la marcha que hablaba del amanecer, de pájaros cantando y un sol tan brillante que incitaba a salir corriendo hacia el. Ni siquiera parecía tener sentido, pero la niña iba durmiéndose poco a poco. Finalmente se quedó dormida y yo rompí a llorar, liberando de golpe todas las lagrimas que me había contenido. Pensaba que habían pasado muchas cosas desde que habíamos salido de Manhattan hacia Portland, pensé en Vicky y en Eva, en como estarían, pensé en mi hermano y lo que había ocurrido con el, pensé en Sean y como había sido asesinado de esa forma tan salvaje por los mismos que habían atacado aquella comunidad de mujeres, pensé en lo que le habían hecho a Rachel delante de mis ojos y pensé en Dorian, el hombre al que había ido a matar y que parecía que no lo había logrado. Casi todo lo ocurrido giraba entorno a el como una macabra danza.
Dándole vueltas a todo lo ocurrido estuve a punto de quedarme dormido, pero noté que la respiración de la niña se detenía. Le toqué el pulso y vi que no tenía, la pequeña acababa de morir en mis brazos, poco a poco me la fui quitando de encima y la tumbe en el suelo boca arriba, saqué un cuchillo y me fui preparando, tuve dudas de si hacerlo antes o después de que se levantara.
—Deja ese cuchillo y aléjate de la niña.
Una voz de una mujer me hizo darme la vuelta poco a poco hasta descubrir a una chica con un bate de baseball alzado y dispuesta a golpearme. No entendía como no lo había hecho ya, también parecía bastante asustada.
—La niña acaba de morir. Le habían mordido…— respondí poniéndome de pie y alejándome del cuerpo de la pequeña y con las manos en alto para que viera que no había cogido nada. –Solo iba a impedir que se reanimara— miré a la chica, aunque no había mucha luz pude ver su cabello rojo como el fuego y sus ojos verde esmeralda. –Baja el bate. Por favor…
En ese mismo momento por el rabillo del ojo vi como el cuerpo de la niña comenzaba a sacudirse, unos segundos después comenzaba a incorporarse, giró levemente la cabeza y puso su atención en mí, se puso en pie y comenzó a avanzar hacia mi. De repente se lanzó contra mí y con un rápido movimiento le clavé el cuchillo a través de la cuenca del ojo, haciendo que la niña cayera inerte ante mí y ante la mirada atónita de la chica que me amenazaba con el bate de baseball.
—La has matado. Has matado a esa niñita…— dijo acercándose y arrodillándose al lado del cuerpo de la niña. La sacudió varias veces como tratando de despertarla, pero no logró nada. Alzó la mirada y me clavó sus verdes ojos. –Te voy a matar… ¡¡¡Bastardo!!!
La chica se levantó blandiendo el bate, y justo cuando iba a golpearme escuché un disparo y un agujero rojo se abrió en su frente haciendo que ella cayera de espaldas. Me di la vuelta para ver de donde había venido el disparo y me encontré con Rachel con el arma en las manos, segundos después la dejó caer al suelo, se apoyó en la pared y también ella se dejó caer. Yo me acerqué a ella y la miré, parecía ser que había entrado en estado de shock.
—La he matado… La he matado…
—Maldita sea Rachel… Te dije que te quedaras en esa habitación. ¿Por qué me has seguido? Venga levanta, tenemos que salir de aquí— dije al mismo tiempo que cogía la pistola y me la guardaba. –Ese disparo debe haber llamado la atención de los caminantes de fuera.
Ayudé a Rachel a que se pusiera en pie y ambos comenzamos a caminar en dirección a una de las ventanas de la parte trasera de la casa, no había encontrado nada que me sirviera, pero ahora no teníamos tiempo para pararnos a buscar. Justo cuando llegábamos a la ventana vimos a varios No Muertos que trataban de acceder al interior. Al vernos parecieron entrar en un estado de frenesí. Rachel y yo retrocedimos un poco y entonces vimos las siluetas de varios caminantes en la ventana, estaban rascando los cristales, era como si estuvieran en principio indagando.
—¿Por donde salimos ahora?— preguntó Rachel mirándome. –Lo he estropeado todo.
—No pienses en eso ahora— miré hacia las escaleras y caminé hacia ellas con Rachel a cuestas. Se me había ocurrido una idea. Todas esas casas contaban con un sótano y una amplia buhardilla, esta última era nuestra ultima oportunidad antes de que la casa se llenara de Caminantes y nos acorralaran.
Subimos las escaleras tan rápido como pudimos, y efectivamente en el segundo piso de la casa, en uno de los pasillos vi la trampilla por la que podríamos acceder a la buhardilla. Me acerqué y tiré del cordón. No tardó en aparecer ante nosotros una escalera que nos apresuramos en subir, una vez arriba cerré.
—Aquí estaremos seguros por el momento— dije mirando a Rachel, pero esta no me miraba a mí, tenía la mirada fijada en la otra punta de la buhardilla, miré en aquella dirección y me encontré con casi dos docenas de ojos observándonos. Se trataba de mujeres y niñas que nos observaban sin pestañear.
*****
Manhattan… Colegio…

Carlos y Eva recorrían los pasillos del colegio perseguidos por una horda cada vez más creciente de No Muertos. De vez en cuando se daban la vuelta para disparar y así abrir fuego. Incluso había veces que se topaban de frente con otra horda que había accedido por otro sitio y tenían que volver sobre sus pasos.
Llegaron a unas escaleras y fue ahí donde Carlos vio una solución temporal para impedir el paso. Cogió la verja que impedía el paso por la escaleras y la cerró en las narices de los infectados, los cuales metían los brazos a través de los barrotes y gemían de frustración.
—Eso los frenará por el momento— dijo Carlos mirando a Eva.
Ambos siguieron subiendo hasta que llegaron al segundo piso. Una vez allí vieron como Alicia, Vicky y otro profesor caminaban hacia ellas, cuando Vicky llegó junto a Eva, estas se fundieron en un abrazo.
—¿Qué estáis haciendo aquí?— preguntó Eva mirando a Alicia. –Es muy peligroso, la ciudad entera está cayendo y los No Muertos están por todas partes.
—Escuchamos disparos y se empeñó en bajar aquí. Decía que erais tú o Juanma que habíais venido a buscarnos— respondió Alicia. –Vamos armados— Alicia señaló entonces al profesor que las acompañaba, este portaba una escopeta.
—Muy bien. Ya estamos todos, hora de irnos— dijo Carlos.
—En la terraza hay gente todavía, cuatro profesores más y una docena de niños— dijo en ese momento el profesor que parecía que no estaba dispuesto a abandonar a los demás. Algo lógico por otro lado.
—He logrado retener temporalmente a los No Muertos en el piso inferior, pero no tardarán en abrirse camino. Yo vine a por la cría y ya la encontramos, lo siento pero a partir de aquí tendréis que apañároslas solos.
—No podemos dejarlos aquí. Morirán— dijo Eva.
—Si, pero no seremos nosotros— respondió Carlos. —¡¡¡Vámonos!!!
—Me niego a irme dejando a gente aquí. No quiero vivir con ello ni con las manos manchadas con su sangre.
—Si nos quedamos te aseguro que ni vivirás para sentirte culpable o para ver tus manos manchadas con su sangre por que estarás muerta. Todos lo estaremos. A ver si aprendéis que esto ya no es el mundo que conocíamos, que vivimos en un peligro constante. Ya no hay tiempo para las mismas cosas que antes, ahora se lucha para sobrevivir.
—Escucha— dijo en ese momento el profesor. –En el gimnasio hay autobuses escolares. Podemos conseguir uno y usarlo para sacar a la gente de aquí. Te acompañaré mientras ellas van con los niños a arriba.
Carlos miró a Eva y luego al profesor. –Muy bien… Vamos.

Carlos y el profesor se alejaron mientras Eva, Alicia y Vicky regresaban a la terraza junto a los demás que allí estaban atrapados. Una vez allí, Eva y Alicia se acercaron a la barandilla de la terraza para ver mejor la ciudad, había incendios por todas partes, se escuchaban gritos, explosiones y disparos, realmente la ciudad se había ido a pique.
—Pensé que no volveríamos a ver a Carlos— dijo en ese momento Alicia.
—Yo también lo pensé. Sigo sin fiarme de el, pero ahora mismo supongo que lo necesitamos para sobrevivir aquí y salir de la ciudad de una sola pieza, es evidente que Manhattan a dejado de existir.
De repente escucharon un tiroteo que venía de unas manzanas más alejadas del colegio.
—¿Qué estará pasando allí?
—Seguramente aun quedan militares que están resistiendo a las hordas de caminantes— respondió Eva corriendo a la otra punta de la terraza.
*****
Manhattan… Calles…

Mouse y Christopher habían bajado a las calles y se habían topado con un grupo de hombres de Zero, los cuales al verlos los habían reconocido y habían comenzado a descargar una lluvia de balas sobre ellos. Se ocultaron detrás de unos vehículos y comenzaron a intercambiar disparos con sus antiguos compañeros.
Sus atacantes parecía que no se les acababa la munición, seguramente habían conseguido más tras asaltar la ciudad, algo que si entraba en su plan les había salido redondo. También el jaleo que estaban armando estaba atrayendo a varios de los No Muertos que se habían dispersado por los alrededores.
—John… Tenemos que salir de aquí antes de que nos acorralen— decía Christopher saliendo de su cobertura y abriendo fuego logrando abatir a un hombre de un tiro en la cabeza. Luego volvió a su posición. –Tenemos que salir de la ciudad. Quizás entonces nos dejen tranquilos.
Mouse salió, disparó varias veces y volvió a su sitio. —¿Y donde quieres que vayamos? Estamos jodidos hagamos lo que hagamos y la munición a nosotros se nos acaba, me queda un único cargador…— Mouse se lo mostró a Christopher y luego lo metió en el arma. —¿Y tu?
—Solo las balas que me quedan aquí… Y no quiero alarmarte, pero el dolor de las piernas me está matando— dijo Christopher saliendo de nuevo para disparar y volviendo a ocultarse. –Ahora mismo quedan cinco tíos ahí. Como lleguen más estaremos acabados.
—Habrá que crear una distracción para darles esquinazo y salir de aquí perdiendo el culo. ¿Crees que podrías correr?— preguntó Mouse.
Christopher se sentó en el suelo con la espalda pegada al  coche y miró a Mouse. –Escucha Johny… Las piernas me duelen a horrores y no podré correr ni hacer mucho más. Aun me quedan unas balas para distraerlos mientras tu escapas. Si te quedas aquí morirás. Tienes que irte y lo sabes.
—¿Y tú?— preguntó Mouse.
—Mejor que muera uno que no los dos. Y yo… sinceramente… Ya me he cansado de todo esto. No tengo fuerzas para seguir— Mouse intentó hablar, pero Christopher no se lo permitió. –Tú tienes que vivir y salir de aquí. Sal corriendo mientras hago lo que tengo que hacer. Haz lo que te pido, es mi última voluntad.
—¿Estas seguro?
—Totalmente. Venga, cuando yo empiece a disparar quiero que salgas corriendo en dirección contraria. ¿Queda claro?
Mouse asintió. –Gracias por todo. Nunca te olvidaré.
Christopher sonrió. –No te me pongas ñoño anda, sabíamos que estas cosas podían pasar. Venga… Prepárate.
Christopher dejó su cobertura y comenzó a disparar, momento que Mouse aprovechó para salir corriendo. Mientras Mouse corría escuchaba el intercambio de disparos. Esquivó varios caminantes, unos intentaron cogerlo sin éxito y otros estaban demasiado ocupados comiéndose a algún pobre infeliz como para centrarse en el.
Mouse llegó a una avenida que estaba totalmente vacía, no había nadie, ni personas ni caminantes, entonces se percató de algo, ya no se escuchaban disparos, no sabía cuanto hacía que habían dejado de escucharse, pensó en volver y rescatar a Christopher, pero no lo hizo. Siguió caminando y se topó de frente con una iglesia. Se acercó poco a poco y abrió las puertas con cautela, cuando estuvo abierta volvió a cerrarlas y cuando miró hacia la estancia vio al sacerdote delante del altar rezando alumbrado por la luz de unos candelabros y a más de una docena de personas rezando al unísono con el.
Mouse sin mediar palabra caminó hacia el centro de la iglesia donde estaban todos, y justo cuando llegó ante el sacerdote se arrodilló y comenzó a rezar también.

Christopher se había quedado sin munición y le habían acertado con un tiro en el hombro. Poco después se vio sorprendido por el grupo que le había estado disparando. Estos hablaban entre si, estos parecieron llamar a alguien y pocos minutos después apareció un vehículo del que se bajó Zero, cuando este vio a Christopher no pudo evitar sonreír.
—Me alegro de verte Chris…— Zero miró a ambos lados. —¿Dónde está tu amigo Mouse?
—Que te jodan payaso— le espetó Christopher escupiéndole directamente a las gafas.
Zero se quitó las gafas y las limpió en la camisa de Christopher, luego miró a sus hombres. –Que no se acerquen caminantes. Tengo trabajo que hacer. —Seguidamente estiró un dedo y comenzó a hurgar en la herida del hombro de Christopher, este comenzó a gritar y a retorcerse de dolor mientras otros dos tipos lo sujetaban. –Supongo que te debes de haber hecho el héroe y has decidido quedarte atrás para que Mouse pudiera escapar… Muy propio de tipos como tú, pero todos tenemos un límite. –Zero introdujo mucho más el dedo en la herida y hurgó con mucho más énfasis.
—Mátalo jefe— dijo Teddy que estaba justo detrás de Zero. El muchacho estaba ansioso por ver como Zero acababa con la vida de aquel tipo. Zero sonrió y miró a Christopher.
—¿Qué te parece?— Zero miró a Teddy y le hizo un gesto para que se acercara. Cuando Teddy se acercó se arrodilló frente a Christopher con un cuchillo en la mano.
—¿Puedo?— preguntó Teddy.
—Adelante— dijo Zero.
Christopher miró al muchacho. –Me da pena el como vas a terminar…
Pero Christopher no terminó de hablar, Teddy comenzó a clavarle repetidas veces el cuchillo mientras Zero daba instrucciones.
—La ciudad es casi nuestra. Aquellos a los que no hayan matado los caminantes aun seguirán por ahí escondidos, nuestro trabajo es encontrarlos y matarlos. Y si veis a Mouse matadlo también.
—¿Y que hacemos con esa chica a la que están buscando y con los fugados?
—Mientras no nos molesten y se larguen podemos dejarlos en paz, pero si hacen cambio de planes acabaremos con ellos. Cuando amanezca quiero a todo el mundo reunido en el Madison Square Garden. Allí daré más instrucciones sobre los días venideros.
Los hombres de Zero se dispersaron para cumplir con las ordenes de su jefe y este se subió al vehículo junto a Teddy, el cual parecía que se había ganado el puesto de su segundo, el joven muchacho aun sostenía el cuchillo con el que había asesinado a Christopher, también mantenía la sonrisa.
—Lo has hecho perfectamente. Estoy orgulloso de ti.
—Gracias jefe— respondió Teddy.
El vehículo se alejó dejando el cuerpo inerte de Christopher allí. Un cuerpo que muy pronto volvería a vivir como uno más de los No Muertos.
*****
Luci había visto todo lo ocurrido desde un callejón. No conocía a ninguno de esos, pero por como estaban organizados se imaginó que se trataba de los miembros de la guerrilla que había mencionado Dylan durante la fuga, la cual había sido más complicada de lo que parecía en un momento y se habían perdido varias vidas, ella no había logrado matar a Dante y la habían capturado hasta que nuevamente había logrado escapar en un descuido de sus tres captores, a los que había matado con sus propias manos. Sin embargo ahora sabía que además de estar sola, la estaban buscando y estaba desarmada. Necesitaba su arma predilecta, la katana, la cual seguramente estaba en su casa, tenía que llegar hasta allí y cogerla, luego buscar al resto de su grupo y recuperar la ciudad o simplemente marcharse de allí.
Volvió sobre sus pasos y cuando estuvo a punto de salir a la avenida vio pasar un jeep con varios hombres sobre el alumbrando cada callejón con un foco. Luci se ocultó e impidió que la descubrieran, no sabía si eran hombres de Dante o del tipo rubio platino de las gafas que había estado empujando al chaval para que asesinara al otro tipo.
Cuando el jeep pasó salió con cautela, cruzó la avenida y se metió en el callejón, allí se topó con cuatro caminantes que estaban disputándose los intestinos de una chica joven. Uno de los caminantes se levantó al verla y comenzó a caminar hacia ella, cuando estuvo cerca, Luci le asestó una patada y lo lanzó contra la pared, el ruido hizo que los otros tres caminantes se fijaran en Luci y comenzaran a ponerse en pie.
Luci bloqueó el ataque de esos tres agarrando al primero y usándolo de escudo, estos braceaban en el callejón tratando de agarrarla, seguidamente ella le dio una patada al primero y todos cayeron de espaldas en medio del callejón, seguidamente pasó sobre ellos dando un salto y se alejó corriendo.
Luci llegó a otra calle y vio un local donde todavía estaba iluminado el cartel de neón. Se trataba de un prostíbulo a juzgar por el cartel, era ni más ni menos que el local del bebé. Se acercó a la puerta y trató de abrirla, pero esta estaba cerrada desde dentro, por lo tanto se imaginaba que al otro lado había gente, si por lo menos pudiesen abrirle y así comer algo para calmar el hambre… Estaba hambrienta y necesitaba recuperar fuerzas.
—Abridme por favor. Estoy sola y no estoy armada.
En ese momento se abrió una pequeña obertura y asomó el cañón de un arma apuntándole directamente a la cara, detrás del arma vio el rostro de un hombre.
—Enséñame las manos. ¡¡¡Venga!!!— le espetó aquel tipo.
Luci alzó las manos mostrando que de verdad no iba armada, luego dio una vuelta sobre si misma para que vieran que no tenía nada escondido, luego miró al tipo. –Tenéis que abrirme, necesito comer algo. Luego me marcharé.
—Aquí no tenemos nada de comida— respondió el tipo— entonces aquel tipo pareció mirar hacia abajo y hablar con alguien. Fue entonces cuando Luci escuchó el sonido de una cerradura y la puerta se abrió, entonces un brazo enorme salió, la agarró y tiró de ella hacia el interior.
Una vez dentro, Luci vio el rostro de varias personas observándola de arriba abajo. También vio a un hombre de corta estatura que la observaba con una sonrisa.
—Bienvenida a mi humilde club. Siéntete como en casa. ¿Dices que necesitas comer?— el pequeño hombre miró a una de las chicas, una que iba algo ligera de ropa. –Sácale algo de comer. ¡¡¡Enseguida!!!
La chica asintió rápidamente y se marchó de allí apartando a todos los que tenía por el medio, allí había hombres y mujeres. Todas ellas con poca ropa, obviamente se trataba de las chicas que trabajaban allí.
El hombrecillo hizo en ese momento una reverencia y se presentó como Jonah Snyder. Luci también se presentó y el hombrecillo la invitó a acompañarle al fondo del club donde terminaron sentándose alrededor de una pequeña mesa de cristal donde todavía quedaban restos de cocaína.
—¿De donde vienes? ¿De fuera? Ahora mismo con todo lo que ha pasado, la ciudad no es muy segura que digamos. ¿Qué te trae por aquí?
Luci optó por mentir. –Vi las luces de la ciudad y entré a través de las alcantarillas, no habían pasado ni cinco minutos cuando vi que se liaba todo este jaleo. ¿Qué demonios ha pasado?
—Nos atacaron esos escorias que vivían bajo nuestros pies como las ratas. Al parecer están usando a los caminantes para que les hagan el trabajo sucio— dijo un tipo enorme con pintas de gorila. —No serás tu uno de ellos ¿Verdad?
—¿Y que más da que lo sea? Se trata de una chica— dijo el hombrecillo. –Y a las chicas hay que tratarlas con respeto vengan de donde vengan— este miró a Luci con una sonrisa. —¿Verdad?
Luci asintió y fue cuando comenzó a sentirse incomoda. La incomodidad aumentó cuando entre los presentes vio a un tipo hablándole a una de las chicas, la cual no podía disimular la cara de asco. El tipo era gordo y tenía la camisa sucia de grasa de motor. Se trataba de Morris, aquel tipo que intentó propasarse aquella vez en el bar de Ethan. El no parecía haberlo visto, pero si la veía podía pasarlo mal, ese tipo le tenía bastantes ganas.
Poco después la chica llegó con un plato de comida, se trataba de algo muy básico, unas salchichas, pero aun así, Luci dio buena cuenta de el en pocos minutos ante la atenta mirada del hombrecillo.
—¿Ha estado bueno? Pam es nuestra mejor cocinera.
Luci miró a la chica, ella parecía estar como asustada y presentaba algunos moretones en algunas partes del cuerpo, seguramente la habían estado golpeando no hacía mucho –Gracias— dijo Luci, luego miró al hombrecillo. –Bueno, muchas gracias por ofrecerme comida, pero ahora debo irme de aquí y salir de la ciudad.
—¿Por qué tanta prisa? Quédate mujer. Eres muy guapa y podría darte trabajo aquí. ¿Qué me dices? Además, yo puedo cuidar de ti a cambio de mucho cariño.
Luci rió ante la propuesta del hombrecillo. –Me temo que no puedo aceptar, pero gracias por el ofrecimiento— Luci comenzó a pensar que mejor no tendría que haberse refugiado ahí. Ahora estaba comprobando que hasta en los peores momentos, lo de ser ruin y mezquino no desaparecía. También estaba mirando a Morris de reojo, el cual no parecía haberla visto todavía.
Luci se puso de pie y se alejó un poco del hombrecillo, este también se levantó y caminó detrás de ella. –Antes te lo he ofrecido, pero pronto el ofrecimiento se convertirá en deuda. Te he dado de comer y eso es algo que se tiene que pagar.
—Me temo que no tengo estomago para montármelo con una miniatura picha corta como tu— Luci seguía caminando hacia la puerta mientras no dejaba de mirar al hombrecillo y a sus gorilas. Eran los únicos que parecía que estaban dispuestos a saltar sobre ella en cualquier momento, los demás se limitaban a observar.
De repente un tipo salió de entre la gente y se lanzó sobre ella, Luci logró esquivarlo, lo agarró y comenzó a golpearle, este sacó un arma y apuntó a Luci, justo cuando iba a apretar el gatillo ella lo golpeó y sonó el disparo, la bala acertó a un hombre que cayó desplomado en ese mismo momento. Luci volvió a golpear a su agresor y le arrebató el arma, seguidamente le apuntó a la cabeza.
—Ahora quieto todo el mundo— dijo ella apuntando al hombrecillo. –Solo quiero salir de aquí, no quiero disparar a nadie más por que los disparos atraerán a los caminantes que no tardarán en echar esa puerta abajo.
Los gorilas del hombrecillo que le apuntaban con sus armas se miraron los unos a los otros y también a su pequeño jefe, que de repente unas venas se le habían hinchado en la frente debido a la impotencia de no poder hacer nada, la chica tenía razón.
—Muy bien… Márchate.
Luci asintió y comenzó a retroceder sin dejar de mirar y apuntar hasta que llegó a la puerta. Justo cuando la abrió vio como Morris se percataba de su presencia, el tipo no se movió, simplemente la miró y luego apartó la mirada.

Luci salió y cerró, seguidamente comenzó a correr por la calle. Debía llegar a su casa y luego tratar al menos reencontrarse con sus amigos. Al menos en esos momentos iba armada.

sábado, 24 de enero de 2015

NECROWORLD Capitulo 61

Día 21 de Enero de 2010.
Día 578 del Apocalipsis.
Manhattan…

Eva observaba a Carlos conducir mientras este buscaba un punto por el que poder acceder al interior del colegio, se dio cuenta entonces de la herida de su brazo, era claramente una herida de bala. Sintió curiosidad por saber como se la había hecho y también se preguntó por que demonios esta bala no le había atravesado la cabeza, pero sin embargo, allí estaba ella subida en un vehículo con el. De repente Carlos frenó y Eva miró al frente para ver como un grupo de caminantes no solo les bloqueaba el paso, si no que estos habían logrado hacer caer una valla, ahora estaban entrando dentro del colegio.
—Entraremos por ahí— Carlos la miró. –Agárrate fuerte por que vamos a ir dando unos saltos ¿Lista?— Eva asintió y Carlos pisó el acelerador embistiendo a varios de aquellos seres que salieron despedidos hacia delante o simplemente pasaron por encima del vehículo.
Una vez dentro del recinto escolar, Eva vio varios Caminantes invadiendo las pistas de baloncesto, era increíble todo lo que había pasado en poco rato, la ciudad entera se había ido al infierno y lo cierto era que ese infierno apenas estaba comenzando, aun se escuchaban disparos y explosiones, eran los militares y habitantes de Manhattan que luchaban por sus vidas y por proteger la ciudad, pero era una batalla que estaban perdiendo a un ritmo vertiginoso, la ciudad y la vida en ella tenía las horas contadas, y lo peor de todo es que ni Juanma ni Luci estaban allí, los que consideraba más fuertes no estaban en esos momentos. Juanma estaba lejos de allí y Luci según le habían dicho estaba muerta.
—¿Dónde están los críos?— preguntó Carlos de repente sacándola de sus pensamientos.
—Iban a ver una lluvia de estrellas, así que deben estar en el tejado del colegio— respondió Eva.
—Muy bien— contestó Calos.
Carlos se conocía muy bien el colegio debido a que una vez participó en una misión allí dentro. Al poco de fundarse la ciudad y comenzar a dar clases a los niños, uno de los profesores sufrió un ataque al corazón y murió de repente, reviviendo poco después y atacando a niños, padres y profesores que había allí en aquel momento, provocando varias muertes y en consecuente que la infección se extendiera de forma veloz y terrible. Lograron evacuar a unos cuantos y poner el colegio en cuarentena, poco después Carlos y un grupo de militares entraron en el interior y acabaron con todos los No Muertos del interior. Carlos recordaba en esos momentos la disposición de todas las aulas, pasillos y demás.
Detuvo el vehículo junto a un gimnasio y le dijo a Eva que bajara, luego se acercó al maletero de su vehículo y comenzó a sacar varias armas, algunas de las cuales entregó a Eva.
—Si han entrado ya dentro es posible que hayan infectado a algún crio. ¿Tendrás el valor de disparar si es así?— preguntó Carlos. Eva asintió y el volvió a preguntar. —¿Y si la infectada es Vicky?
La pregunta cogió a Eva por sorpresa y por unos momentos pareció dudar, al final respondió. –Si.
—Muy bien, vamos— dijo Carlos echando a correr con Eva detrás. –Saldremos por aquí también— decía este mientras corría y señalaba un edificio que había junto al gimnasio. –Hay autobuses escolares ahí dentro, tendremos que usarlos si tenemos que sacar a varios de ahí dentro, aunque opino que es mejor que nos ocupemos de rescatar solo a nuestra hija.
—Ella no es tu hija— respondió Eva. –Ni el bebé que llevo dentro de mi tampoco es hijo tuyo.
—Lo serán.
Las palabras de Carlos irritaron tanto a Eva que se paró de golpe y alzó el arma apuntando a Carlos, este se dio cuenta de lo ocurrido, se paró y se dio la vuelta para mirar a Eva. —¿Qué pretendes hacer? Por si lo has olvidado, estamos en medio de una situación un tanto critica, si me matas ahora perderás no solo un tiempo precioso, si no que atraerás hacia ti a todos los muertos que están entrando. Déjate de tonterías y vamos.
Carlos tenía razón, pero también sabía de lo que era capaz y conocía sus amenazas, ya lo había pensado alguna vez después del regreso de Juanma, debía acabar con Carlos y probablemente no volvería a tener una oportunidad como esa.
*****
Portland…

Detuve el vehículo justo delante de lo que había sido uno de los muros de seguridad de la comunidad de Amanda Kramer, pero este estaba destrozado, como si lo hubiesen volado por los aires, al otro lado solo había silencio, volví al vehículo y me asomé por la ventanilla para ver a Rachel, ésta dormía. Después de lo ocurrido era lo que más necesitaba, por mi parte no me quitaba de la cabeza lo ocurrido al muchacho, era demasiado joven y era responsabilidad mía, pero pese a todo eso no había podido evitar que lo mataran de la forma más cruel posible, ni el haber matado a sus asesinos me ayudaba.
Extendí el brazo hasta el interior del vehículo y toqué a Rachel, ésta enseguida se sobresaltó y me miró con los ojos muy abiertos.
—Lo… Lo siento… Pero hemos llegado… Ambos necesitamos un medico— dije a medida que abría la puerta. —¿Puedes caminar?
Rachel salió poco a poco del vehículo mirando en varias direcciones como si pensase que en algún momento alguien se iba a lanzar sobre ella, incluso me di cuenta que estaba temblando. No me extrañaba que estuviera así después de la experiencia traumática por la que había pasado. Cuando salió del vehículo y puso los pies sobre la hierba mojada por el rocío, no pudo mantenerse de pie y cayó, yo enseguida me arrodillé a su lado para ayudarla a ponerse de nuevo en pie, no tardó en comenzar a sollozar.
—No te preocupes. Tranquila. Ahora estarás a salvo, cuando te vea la medico te sentirás mejor— le dije mientras le acariciaba el cabello y trataba de tranquilizar.
—No se lo digas a Sheila…— murmuró ella, era algo que había estado repitiendo durante todo el camino hasta Portland.
Seguramente Rachel se sentía sucia por lo que le había pasado y le daba miedo enfrentarse a la mirada de Sheila si esta se enteraba de que habían violado a su pareja.
—No se lo diré, pero ahora lo importante es que te vea un medico. Apóyate en mí. ¿Vale?
Yo preparé mi arma y ambos comenzamos a entrar despacio en el interior de la comunidad donde reinaba el más absoluto silencio. Era evidente que les habían atacado, pero confiaba en que algunas de las mujeres hubiesen logrado esconderse y ponerse a salvo.
Mientras caminaba vi como una silueta salía de detrás de unos contenedores andando lentamente, apenas podía verla bien, pero sin duda era una mujer, preparé mi arma por si acaso y levanté un poco la voz.
—¿Hola?— la mujer se paró de golpe y comenzó a mirar en varias direcciones, no parecía que pudiera vernos. —¿Hola?— pregunté nuevamente.
De repente como salido de la nada un cuerpo me golpeó y Rachel y yo caímos al suelo, mi arma salió disparada y la perdí de vista, enseguida me vi forcejeando en el suelo con una mujer con media cara y cabello quemados que trataba de morderme, por como se movía hacía poco que había muerto. Logré ponerle la mano en el cuello y así evitar que me mordiera, pero aun así me estaba ganando terreno, ella era muy fuerte y yo estaba agotado. De pronto Rachel apareció por detrás y clavó algo atravesándole la cabeza a la chica, yo me la quité de encima y me puse de pie al tiempo que Rachel caía de lado otra vez y rompía a llorar.
—Me has salvado la vida— le dije mientras me sentaba a su lado para calmarla otra vez. –Tenemos que ocultarnos en alguna de las casas y ahí te curaré yo mismo, solo tendrás que esperarme mientras buscó el material necesario. Es evidente que aquí no hay nadie vivo.
La ayudé a ponerse en pie y luego busqué mi arma, la cual encontré junto a una farola que permanecía apagada, volví a mirar a la silueta que habíamos visto al principio, la cual seguía parada en el mismo sitio y moviendo la cabeza en busca del sonido que había captado hacía un minuto escaso. Sin duda habíamos llegado tarde.
Rachel y yo caminamos hasta una casa cuya puerta estaba entre abierta, con cautela la empujé e instintivamente apunté al interior por si aparecía algún Caminante, pero nada ocurrió. Cerré la puerta y di un par de golpes en la pared, si había algo allí dentro, eso bastaría para atraerlo, y como estábamos en un pasillo lo veríamos venir, pero nada de eso ocurrió, tampoco escuchamos golpes de respuesta, eso quería decir que la casa estaba vacía.
Subí con Rachel a cuestas por las escaleras del salón y entré con ella en una habitación con una enorme cama de matrimonio donde la tumbé, luego le di mi arma. –Ahora tengo que salir, cerraré la puerta y volveré lo antes posible, pero si alguien que no sea yo entra por esa puerta quiero que le dispares, no preguntes, solo dispara… Y apunta a la cabeza.
—¿Y si esa persona estuviera viva?
Miré a Rachel. –Solo dispara.
—Ten cuidado— dijo entonces Rachel.
Yo asentí, me incliné sobre ella y le di un beso en la frente. Seguidamente salí de la habitación y cerré la puerta, me quedé un rato al borde de las escaleras y luego bajé para ir a la cocina, la cual ya había visto antes de subir, una vez allí me aseguré de coger varios cuchillos, me iban a servir como defensa. Con cuatro cuchillos ya preparados me di la vuelta y entonces vi a Dorian mirándome fijamente y con una sonrisa triunfal en los labios, aparté la vista de el para mirar a mi cinturón donde tenía los cuchillos, alcé la vista empuñando uno, pero Dorian ya no estaba allí. Me llevé las manos a la cabeza y me apoyé en el mármol.
—No… Otra vez visiones no— murmuré mientras me daba golpes con la palma de la mano.
Volví a alzar la vista por si la imagen de Dorian seguía allí, pero no volvió a aparecer. Con todo claro decidí salir al exterior y moverme por la zona ocultándome de los Caminantes, los cuales ya había tres de ellos en el exterior, dos hombres y una mujer, enseguida deduje por el estado en descomposición que presentaban y por los hombres que debían ser del exterior. Con cuidado y ocultándome entre las sombras me escabullí de allí, con suerte no se sentirían atraídos por la casa y mucho menos por Rachel.
Debía buscar la enfermería y coger lo necesario, miré mi reloj y vi que faltaban pocas horas para el amanecer, quería estar fuera de Portland antes de que eso sucediese.
Manhattan…
Colegio…

—¿De verdad quieres matarme?— preguntó Carlos mirando a Eva. –Se te olvida que estamos rodeados de caminantes y no podemos perder tiempo con tonterías.
—Si te mato se terminaran los problemas contigo. Ya no volverás a amenazar mi vida ni la de Juanma— respondió Eva.
Carlos comenzó a avanzar hacia ella con los brazos abiertos. –Escucha… Estoy tratando de ayudarte. Luego si no quieres que esté aquí me largare… ¿De acuerdo? Ahora debemos sacar a Vicky de ahí.
—¿Me lo prometes?— preguntó Eva.
—Que me muera ahora mismo si miento— dijo Carlos poniéndose una mano sobre el pecho y con una sonrisa.
Eva dudó por unos momentos y luego bajó el arma, Carlos tenía razón, primero tenían que sacar a Vicky de allí, pensó que podría tener otra oportunidad para matar a Carlos después cuando las cosas se calmaran.
—Buena chica— dijo Carlos. –Ahora hagamos lo que hemos venido a hacer.
Ambos siguieron corriendo y llegaron a una pared, se pararon junto a ella y Carlos se asomó por la esquina, este vio a varios No Muertos en la puerta principal dando insistentes golpes, no tardarían en entrar y entonces también el edificio se llenaría de Caminantes.
—¿Cómo entraremos?— preguntó Eva.
—Por alguna ventana— contestó Carlos mirando a las que tenían sobre ellos— Una lo suficientemente alta como para que esos indeseables no nos sigan.
De pronto un caminante salió de la nada y comenzó a correr hacia ellos, Eva lo vio y alzó el arma presa del pánico, entonces disparó y la bala impactó en el hombro, pero no lo detuvo, volvió a disparar y finalmente la bala atravesó la cabeza de aquel ser, haciendo que cayera al suelo y rodara. Fue en ese momento cuando Carlos vio como los No Muertos que había ante la puerta dejaron de golpearla comenzaron a andar hacia su posición.
—¡¡¡Joder!!!— exclamó Carlos apartándose de la pared y con su fusil apuntando a la ventana más baja y cercana que había, abrió fuego y los cristales se hicieron añicos. —¡¡Entra deprisa!!— gritó Carlos.
Eva obedeció y entró en el interior, también Carlos la siguió justo cuando los Caminantes llegaban hasta donde se encontraban. No tardaron en comenzar a arrastrarse por encima del saliente y los cristales rotos, penetrando así en el interior del edificio. Las cosas se habían complicado mucho.
*****
Vicky escuchó el sonido de los disparos, venían del interior del recinto escolar, se asomó por la terraza y miró hacia abajo donde vio como una horda de aquellos monstruos estaba accediendo al interior del edificio. Alicia apareció a su lado y se llevó las manos a la boca cuando vio lo que sucedía, si esos seres estaban dentro significaba que estaban atrapados en la terraza y no podían salir, pensó en Cristian que se había quedado solo en casa confiando en que dormiría tranquilamente y no se despertaría antes de que ella volviera, pero ahora con todo el jaleo armado, probablemente estaría despierto y llorando.
—Están dentro tía Alicia. Vamos a morir— dijo en ese momento Vicky.
Alicia se sorprendió tanto al escucharla que se arrodilló delante de ella y la cogió de las manos. –No digas eso. No vamos a morir. Ya verás como alguien viene a rescatarnos.
—Si que lo haremos, nadie vendrá a rescatarnos— respondió la pequeña con frialdad, algo que Alicia no había visto nunca en aquella niña que de repente parecía haber alcanzado la etapa adulta. Alicia se dio la vuelta para mirar a los allí presentes que estaban desperdigados por la terraza del colegio, doce niños y cuatro profesores más que observaban atónitos las columnas de fuego que iban surgiendo en distintos puntos de la ciudad, quizás la pequeña tenía razón y definitivamente había llegado su hora. No parecía que nadie fuese a ir a ayudarles. Estaban solas.
*****

Kendra estaba asomada por la ventana del apartamento donde estaban escondidos cuando vio llegar un vehículo que se paró justo delante, enseguida vio como Mike se bajaba de este y les hacía señas para que bajara junto a sus hijos. Kendra se dio la vuelta y despertó a sus dos hijos. Mientras los dos niños se despertaban y ella los preparaba para bajar al frio de la noche, escuchó los disparos que venían de la calle, sin duda era Mike que estaba disparando contra algo.
Con los nervios de lo que estaba escuchando vistió a sus hijos a toda velocidad y seguidamente salió de casa tirando de ellos, tenía que llegar junto a su marido antes de que fuera demasiado tarde, fue en ese momento mientras llegaban ya al primer piso cuando un No Muerto les salió al paso y se abalanzó sobre Beth. A Kendra se le escapó un grito justo en ese instante.

Cuando Mike llego a las puertas del edificio con el vehículo que había conseguido y le hizo las señas a su mujer para que bajara, no contó con la posibilidad de que pudiese haber No Muertos en el interior, y ese error le paso factura cuando vio a al menos una docena de ellos salir del interior a toda velocidad en dirección a el, comenzó a disparar frenéticamente errando muchas veces el tiro y atrayendo a más de aquellos seres al lugar. Había abatido a varios cuando escuchó el grito de su esposa que venía del interior del edificio.
—¡¡¡Kendra!!!— gritó presa del pánico al ver que había cometido un error y que tenía que haber subido el mismo a buscarles o al menos comprobar que todo andaba bien por allí, se había preocupado más por la posibilidad de que alguien pudiera robar el vehículo que había conseguido.
Golpeó a un No Muerto y comenzó a correr hasta la entrada del edificio, disparó a dos más y se dio de bruces con una asustada Kendra que bajaba los escalones de dos en dos.
—Rápido, tenemos que irnos— dijo Mike cogiendo a Beth en brazos, la cual parecía estar en estado de shock. Los cuatro enseguida corrieron hacia el vehículo y se metieron rápidamente en el. Una vez dentro Mike pisó el acelerador y salió disparado de allí atropellando a varios No Muertos.
—¿Qué ha pasado?— preguntó Mike mirando a Kendra, entonces se dio cuenta de que algo le ocurría, se estaba cubriendo el brazo. No tardó en darse cuenta de que era un mordisco. –Oh dios…
—No lo vi, se me echó encima y no lo vi. Habría mordido a Beth si no llego a ponerme en medio. Lo siento Mike— dijo Kendra con lágrimas en los ojos.
—Te llevaré a donde puedan curarte, no te preocupes— dijo Mike manteniendo la compostura. Quería ayudar a su mujer, pero en el fondo sabía que su mujer estaba ya condenada.
*****
Manhattan… Muelles…

Después del choque del carguero prisión contra el muelle, no tardaron en comenzar a aparecer No Muertos del interior de este, también aparecieron presos fugados que comenzaron a disparar contra las personas que allí había, era como una especie de venganza por haberlos metido allí, sus disparos eran certeros en la cabeza.
Sandra, Parker y Kate se ocultaron dentro de un almacén, desde ahí veían la cantidad de presos y de No Muertos que habían surgido del gran barco.
—¿Qué demonios está pasando? ¿Se ha vuelto loco todo el mundo o que?— preguntó Sandra observando el desastre que estaba ocurriendo. En ese momento vio pasar corriendo a una pareja que iban cogidos de la mano y que rápidamente fueron abatidos. No tardaron en aparecer a su lado dos hombres y una chica, los dos hombres reían, sin embargo la chica parecía estar siendo retenida contra su voluntad, fue entonces cuando Sandra la reconoció, se trataba de Luci. No podía creer lo que estaba viendo, supuestamente estaba muerta, pero lo que estaba viendo Sandra era real, allí estaba su compañera y estaba viva, eso quería decir que había estado en aquella prisión todo ese tiempo. Sandra pensó en llamarla, pero Parker rápidamente se lo impidió.
—¿Qué pretendes? ¿Qué nos maten? Nos quedaremos aquí hasta que pase todo.
—Pero ahí fuera está Luci. Es mi amiga— replicó Sandra.
—Si saliésemos o nos encuentran nos harán lo mismo que a esos dos. Se lo que sientes, pero ahora es muy peligroso jugársela de esta manera. Quizás cuando amanezca podamos hacer algo como volver a nuestras casas y tratar de organizarnos y reunirnos con más gente— Explicó Kate –Tenemos que saber que demonios ha pasado.
Aunque Sandra no estaba de acuerdo entendió lo que querían decirle, siguió mirando por la ventana, oculta de los ojos de aquellas personas, hasta que apareció un tercer hombre y se largaron junto a Luci.
*****

Manhattan… sótanos del hospital…

—Esos no paran, estarán dando golpes hasta que entren— dijo Boby mirando a David y a Louise.  Los cuales se habían quedado encerrados con el y con el tipo aquel al que vigilaban en los sótanos del hospital.
—En realidad no pueden entrar, ya os lo he dicho— dijo de repente aquel extraño tipo. El cual permanecía tumbado en su cama leyendo un libro y totalmente tranquilo. –Aquí estamos demasiado seguros. Esta celda fue diseñada para que nadie saliera y ahora nadie… Bueno, nadie estúpido como ellos podría entrar. Tomad asiento y sentiros como en vuestra casa. Ahí tenéis unos libros y algunos DVD que podréis ver el en reproductor.
—Parece que no te das cuenta de la situación. Estamos bien jodidos— replicó Louise metiéndose en la conversación. –Puede que ellos no puedan entrar, pero nosotros no podremos salir. Y me da igual que tengamos comida en el frigo para una semana.
—Debemos salir de aquí— dijo en ese momento David mientras miraba al techo y veía lo que parecía un tubo de ventilación, aun así era demasiado estrecho como para que cupiera un hombre adulto.
—Pues descarta ese tubo de ventilación amigo. Dios… Que libro tan bueno, deberíais echarle un vistazo, es de Vampiros y me alegro en informaros que no es esa mierda de Crepusculo— dijo Levine con una sonrisa.
—Chicos, ayudadme— pidió David a los dos militares. Cuando estos se le acercaron, el les pidió que lo auparan para llegar. –Comprobaré si no es demasiado estrecho como para que quepa uno de nosotros.
—Es demasiado estrecho. ¿Te crees que no lo he intentado yo en alguna ocasión? Perdí hasta la cuenta de las veces, no veas lo que me jode ser un conejillo de indias en este maldito agujero.
David y los otros dos militares hicieron caso omiso y pusieron manos a la obra, después de dos minutos David había logrado quitar la rejilla y comprobó que ciertamente era imposible que ninguno de ellos pudiera pasar por ahí.
—No… No hay manera. Estamos aquí atrapados— entonces David miró a Levine. –Espera un momento, hay un rumor… Un rumor que dice que en el hospital había un hombre con un don. Ese eres tu… ¿Verdad?
—¿Y que si lo soy?
—Pues que ese don es el de caminar entre los muertos como si fueran invisible. Si no te ven, aun tenemos una posibilidad de salir de aquí, pero tendrías que ocuparte tú. Te necesitamos para salir de aquí de una pieza. Al menos podrías despejarnos el camino— comenzó a decir David ante la atenta mirada de los otros dos que también parecían saber algo.
Levine cerró el libro de golpe y miró a David. –Vale, supongamos que os ayudo. ¿Qué ganaré yo?
Libertad. Eso es lo que ganarás, una vez nos ayudes a salir de aquí podrás largarte, nadie te lo impedirá— respondió David mientras Levine se ponía de pie y se plantaba frente a el.
—Si no cumples tu palabra te mataré.
—Ten por seguro que si la cumpliré. Ahora a trabajar.
*****
Portland…

Avanzaba en silencio por las calles de la comunidad de mujeres de Amanda Kramer. Había visto multitud de No Muertos, muchos de los cuales eran mujeres, a alguna incluso la conocía de haberla visto antes cuando llegamos a Portland por primera vez.
Me paré de golpe y me oculté detrás de un seto cuando vi aparecer a una No Muerta que husmeaba el aire en busca de olores que delataran la presencia de carne fresca, se fue acercando poco a poco hacia mi posición, y cuando ya casi parecía que la tenía encima surgí de detrás del seto, la agarré por el cuello inmovilizándole la cabeza y antes de que pudiera siquiera reaccionar, le clavé el cuchillo a través del oído haciendo que cayera de rodillas ante mi.
Me apoyé en la pared suspirando y limpiándome la camisa, la cual se me había llenado de sangre. Volví a mirar a la calle y reconocí el edificio de la enfermería, estaba a pocos metros de el, caminé con cautela por si aparecía algún otro caminante. Cuando llegué al edificio me fijé en que una de las ventanas del piso de arriba estaba abierta, solo tenía que trepar y colarme dentro. Me guardé el cuchillo y comencé a trepar por una de las cañerías, no tardé en llegar a la ventana, me agarré al marco de esta y me impulsé al interior, una vez dentro volví a sacar el cuchillo, allí dentro no se escuchaba ningún sonido, pero aun así aquello no me tranquilizaba.
Caminé por la habitación mirando en los estantes buscando antibióticos, vendas y demás para mis heridas y las de Rachel, no queríamos que se nos infectara nada. Rachel había sufrido más daños, pero yo no era medico y no podría tratarla, eso tendría que hacerlo Sheila aunque Rachel no quisiera.
Salí por la puerta y me encontré en un pasillo con varias puertas a ambos lados, tendría que ir comprobando una por una y luego si era necesario bajaría al piso inferior para seguir buscando.
Mientras avanzaba por el pasillo abriendo puertas me pareció escuchar un ruido que venía de mis espaldas, por lo tanto me giraba, pero no veía nada ni a nadie, si hubiese sido un No Muerto habría saltado sobre mi ya, pero al parecer no lo era, entonces vi algo que me llamó la atención, una forma humana de pequeño tamaño salió de una puerta que había dejado atrás y salió corriendo escaleras abajo, no podía ser un No Muerto, era alguien que estaba vivo.
—¡Eh, oye!— dije justo al mismo tiempo que salía corriendo detrás.
Cuando llegué al piso inferior me vi de nuevo solo, sin rastro de aquella figura. Caminé despacio y comencé a hablar con suavidad, de la misma forma que le hablaba a Vicky.
—No te preocupes. No soy uno de los que os ha hecho esto, soy buena persona, no te haré daño— llegué a unos muebles y entonces la vi metida entre dos de ellos, se trataba de una niña vestida con un camisón blanco con una enorme mancha de sangre, ella no tendría más de seis años. Cuando me acerqué se acurrucó para protegerse.
—No te preocupes. No te haré ningún daño— le dije mostrándole las palmas de las manos. —¿Ves? No voy armado— La niña me miró y entonces le vi el brazo, ahí había la marca de un mordisco. –Joder…
Me retiré un poco para pensar, habían mordido a esa niña y la infección no tardaría mucho en matarla,  el tiempo de esta variaba dependiendo de la sangre del individuo, podían ser minutos u horas, pero esa niña estaba condenada a morir y a levantarse como uno de aquellos seres y yo no podía dejar que eso ocurriese, pero realmente tampoco sabia que hacer, ante mi tenía una de las decisiones más difíciles que se pueden tomar.
*****
Manhattan…

Zero y varios de sus hombres habían logrado acceder al edificio principal del Fénix donde Graham Roberts tenía su despacho. Para llegar hasta allí habían estado acabando con los militares que había, una vez allí habían bloqueado varias entradas y habían asegurado otras tantas, también había vigilantes en cada uno de los pisos, nadie no autorizado podría entrar allí.
Zero observaba las calles de Manhattan desde una de las ventanas del despacho, había logrado lo que pretendía, sembrar la muerte, confusión y destrucción en la ciudad, con suerte los No Muertos les acabarían de hacer el trabajo acabando con los supervivientes.
—Contemplad lo que hemos logrado, antes de que pase una semana, la ciudad será toda nuestra, solo tenemos que esperar aquí— dijo Zero a los que estaban allí presentes— De repente uno de sus hombres entró en el despacho y Zero se dio la vuelta para mirarle. —¿Qué ocurre?
—Un hombre insiste en verle.
—¿No es de los nuestros ni de la ciudad?— preguntó Zero sorprendido.
—No lo creo señor— respondió el hombre totalmente confuso.
Zero se apartó de la ventana y se sentó detrás de la mesa. –Muy bien, que pase.
El hombre de Zero salió del despacho y pocos segundos después apareció un hombre robusto seguido de otros dos, los allí presentes no tardaron en apuntarle a el y a sus seguidores, aunque a este no pareció importarle, cuando Zero lo vio no tardó en reconocerlo.
—Vaya por dios, pero si es Dante.
—Y tú eres Zero. El ideólogo de este grandioso plan que me ha servido para salir de la cárcel— Dante miró a los que le apuntaban. —¿Puedes decirles a tus chicos que dejen de apuntarme? No represento una amenaza, además, no pretendo quedarme, me largo a Las Vegas, pero no quería darme el piro sin conocer al hombre que hizo posible todo esto. Debo agradecértelo. Básicamente quería hacerte saber que mis hombres y yo nos largamos y que esperaba que no nos lo impidierais, si todo sale bien quizás podamos hacer negocios en el futuro. Ya sabes, establecer un negocio entre ambas comunidades. Dorian es un tipo razonable aunque no te lo creas y se que estará encantado de hacer negocios contigo.
—No veo inconveniente con ello, me parece bien. Tenéis vía libre para marcharos— dijo Zero con una sonrisa. Las cosas iban a cambiar para bien y eso podía ser un gran paso, uno que podía darse atrás si las cosas con Dorian se ponían feas, era mejor conocer al tiburón antes de darle la oportunidad de morder.
—También nos hemos hecho con unos vehículos. El camino de aquí a Las Vegas es muy largo como para emprenderlo a pie, espero que no te importe— dijo Dante dando unos pasos hacia la mesa.
—No pasa nada, me parece bien— Zero se levantó de la silla y le estrechó la mano a Dante. –Por una muy buena relación a largo plazo.
—Así lo espero— continuó Dante.
De pronto entró uno de los hombres de Dante, lo cual hizo que todos los cañones de las armas apuntaran a el, pero rápidamente Dante hizo que los bajaran.
—¿Qué pasa? ¿Qué ocurre?
—Señor… Es nuestra rehén…— balbuceó el hombre de Dante.
—¿La rehén? ¿Qué cojones pasa con ella?— preguntó Dante temiéndose lo peor. –Iba custodiada por tres de los nuestros…— Dante cogió a su hombre del cuello de la camisa.
—Lo se señor… Pero los hemos encontrado a los tres muertos. Les han roto el cuello y no había ni rastro de ella.

Dante gruñó y luego miró a Zero con una sonrisa. –Me temo que vamos a tener que posponer lo de nuestra partida. Antes hay un asunto que debemos solucionar.