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Tras el ultimo capitulo de Necroworld (El 200). Este blog permanecerá abierto hasta un nuevo aviso. Cuando este aviso suceda, este blog publicará una entrada nueva donde aparecerá la nueva dirección al nuevo blog (Intentaré que os redireccione) Pasado un tiempo, este blog desaparecerá.
Ya podeis entrar en el siguiente blog, la historia se muda ahi.
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sábado, 19 de diciembre de 2015

NECROWORLD Capitulo 100

Día 22 de Abril de 2010
Día 663 del Apocalipsis…
Iglesia… 18:30 de la tarde…

Vicky y su grupo hacía rato que habían llegado a la iglesia, casi una hora después llegaba un segundo grupo encabezado por Mike. Unos minutos después aparecía el autobús con muchos más, algunos muertos, entre los que se encontraba Jill. Antes de escapar les habían disparado y a ella le habían dado en el cuello, se había desangrado. Aun así aun faltaba gente.
—¿Johana?— preguntó Vicky acercándose a ella. —¡¡¡Johana!!! ¿Dónde está mi padre?
—Tu padre y otros siguen por allí. Puede que sigan luchando o que hayan escapado. Ahora aparta, hay heridos y enfermos.
Vicky volvió a entrar en la iglesia y se encontró con Cindy. –Mi madre tampoco está. Tengo miedo de que le haya pasado algo.
En ese momento Vicky miró la puerta por la que habían accedido a la iglesia. Detrás de ella había un pasillo que daba a una trampilla, la misma por la que habían salido de los túneles, entonces tomó una decisión. Miró a Cindy.
—Voy a volver a la aldea. No quiero que nadie se entere. Intenta por todos los medios que nadie descubra que me he ido.
—Yo quiero ir— dijo Cindy. –Déjame ir contigo.
—Las dos no podemos irnos. Por favor, haz lo que te pido.
Ambas llegaron a la trampilla a escondidas y se plantaron delante ella, los demás estaban demasiado ocupados con los enfermos y heridos. En ese momento escucharon un ruido, alguien venía por los túneles. Cindy se asustó y se ocultó detrás de Vicky mientras esta apuntaba con el arma hacia la trampilla. Esperaron y entonces apareció un hombre al que no habían visto nunca, al verlas, este alzó las manos.
—Hola pequeñas. Me llamo Bill. No le digáis a nadie que estoy aquí. Mira, no te estoy apuntando, puedes bajar el arma. Yo estoy solo, había más hombres, pero se han rajado y se han ido. ¿Cómo te llamas?
Vicky no respondió. Directamente apuntó a la cabeza del hombre y disparó antes de que este pudiera reaccionar. La bala atravesó la frente y el cuerpo de aquel tipo cayó de nuevo por las escaleras de la entrada a los túneles. Eso hizo que Mike y Johana acudieran rápidamente.
—¿Qué ha pasado?— preguntó Mike observando el cadáver de aquel tipo al pie de las escaleras. Era indudablemente uno de los tipos que les habían atacado en la aldea.
—Vino por los túneles. Dijo que estaba solo, pero no me lo creo— respondió Vicky.
—Podrían llegar más. Tenemos que bloquear esta entrada— dijo Johana cerrando las puertas. –Vosotras volved a la iglesia con todos los demás.
—¿Y que pasa con mi madre y su padre?— preguntó Cindy.
—Si esos tipos venían por ahí… No vendrán ellos— respondió Vicky mirando a Cindy. Luego miró a Johana. –Pediré a unos cuantos que vengan a ayudaros.
Las dos niñas se fueron de allí y al rato aparecieron Stacy, Faith y Laura, seguidas de dos chicos que habían salido de Manhattan. Seguidamente comenzaron a bloquear esa entrada. Ya nadie podría entrar o salir por allí.

Bosque…00:32 de la noche…
Día 23 de Abril de 2010
Día 664 del Apocalipsis

La batalla había terminado, al menos era lo que parecía. Ya no se escuchaban disparos, todo era silencio en el bosque. Mouse, Rachel y Alexandra avanzaban entre la maleza, estaban agotados de tanto caminar y apenas podían ver por donde caminaban. En ese momento Alexandra tropezó y Rachel se paró para ayudarla.
—¿Estás bien Alex?— preguntó Rachel.
—Si. Solo estoy cansada… Y las piernas me duelen, pero no es nada. Puedo seguir.
—No. Deberíamos descansar. ¡¡¡Mouse!!! Descansaremos un rato. Creo que el peligro ha pasado. Además, estamos perdidos, creo que estamos caminando en la dirección contraria a la que debemos ir. Quizás debamos buscar un sitio en el que pasar la noche y seguir mañana.
Mouse se paró y las miró. –Está bien. No podemos seguir así.
Los tres siguieron avanzando y llegaron a un riachuelo. También había un pequeño puente roto. Allí se detuvieron a descansar, la primera en quedarse dormida fue Alexandra, solo Mouse y Rachel se quedaron despiertos.
—¿En que piensas?— preguntó Rachel mirando a Mouse, al cual veía preocupado.
—Pienso en todos. En los que pueden haber escapado. Pienso en Jill. La última vez que la vi estaba subiendo al autobús, el cual fue tiroteado. Luego nos derribaron… Temo que no lo haya conseguido. También pienso en Ben. Ahora está muerto.
—No podíamos hacer nada por el. Ya no podíamos. Yo también me siento mal por el y no dejo de pensar en Sheila. También ella iba en ese autobús, pero prefiero pensar que lo han conseguido y ya están a salvo. Tenemos que ser positivos.
—Ya. Positivos— respondió Mouse. –Últimamente pienso que ser positivos solo sirve para que nos llevemos un hachazo más. Creo que estamos viviendo un tiempo prestado. Ya nos hemos salvado de varias así. Quiero decir que hemos tenido suerte hasta ahora, pero esta no nos durará siempre. Algún día se nos acabará…
—¿De que estás hablando? Esas palabras suenan a rendición— respondió Rachel.
—Por que me estoy rindiendo Rach… Ya no veo motivos para seguir viviendo. Había encontrado ese motivo para vivir junto a Jill, pero ella no está aquí. No se si vive, y en caso de que haya muerto… No se que voy a hacer… Ya perdí a otra persona y eso me hizo fallar en mi promesa.
—Kimberly no murió por tu culpa— respondió Rachel.
—No, pero podría haberlo impedido. Se supone que debía cuidar de ella. También le dije eso mismo a Jill… Y ahora no se donde está…
—Estarán bien. Ya lo verás, les encontraremos— respondió Rachel. –Bueno, trata de dormir. Yo haré la primera guardia, te despertaré dentro de tres o cuatro horas.
Mouse asintió y se tumbó en el suelo. No tardó en quedarse dormido. Fue entonces cuando Rachel rompió a llorar. Había estado aguantando hasta entonces. También Sheila iba en ese autobús y podría haber sido alcanzada por alguna bala.

Día 23 de Abril de 2010
Día 664 del Apocalipsis…
Las Vegas… 10:00 de la mañana…

Habían pasado tres días desde que habían llegado a Las Vegas. David y Alicia habían comenzado a frecuentar junto a Sandra un restaurante donde podían comer a cambio de billetes con la cara de Dorian, el líder de aquella comunidad. Con el cual no habían tenido todavía palabras, el único que había hablado con el había sido Carlos, el cual pasaba horas con el desde que habían llegado. Por otro lado, Sandra les había confesado que había comenzado una especie de relación con Carlos, algo que no había sentado nada bien a Alicia, se habían ido con el, pero eso no significaba que Carlos le cayera bien, y menos después de haber metido a David en el asesinato de los Spencer.
Estaban comiendo en el restaurante cuando vieron entrar a la carrera a un hombre afroamericano. Este tenía las manos esposadas y miraba en todas direcciones con cara de espanto. Seguidamente se lanzó sobre una mujer que estaba comiendo cerca y la inmovilizó mientras amenazaba con romperle el cuello. La gente comenzó a apartarse y Alicia abrazó a Cristian con intención de protegerlo. Entonces David decidió levantarse para intentar impedir que ocurriera algo irremediable.
—Aléjate de mí o la mato— dijo el hombre.
David levantó ambas manos para que aquel hombre viera que no estaba armado. —¿Ves? No voy armado. Deberías soltarla antes de que pase algo irremediable. Tú no quieres hacer esto— entonces David vio a varios hombres armados fuera del local, todos estaban apuntando al hombre afroamericano a través de las ventanas. Tuvo que hacerles una señal con la mano para que no abrieran fuego. –Suéltala. Ahí fuera hay hombres armados que no dudarán en disparar si la matas.
—Tú no entiendes lo que pasa. Tú no sabes nada. No tienes ni idea…
—Bueno. Quizás si la sueltas podamos sentarnos a charlar. Venga hombre. Déjala marchar. Mira, me presentaré. Me llamo David— entonces David señaló a Alicia y a Cristian. —¿Los ves a ellos? Son mi mujer y mi hijo. No querrás que un niño tan pequeño vea como matas a una mujer inocente… Venga. Déjala ir.
—No te acerques a mi— repitió nuevamente el hombre mientras apretaba más las esposas contra el cuello de la mujer.
En ese momento se escuchó un disparo y un chorro de sangre salió de la cabeza de aquel hombre antes de que este se desplomara arrastrando a la mujer detrás, la cual comenzó a gritar histéricamente. David miró al lugar de donde había salido el disparo y vio a Carlos sosteniendo un arma.
—¿Por qué has hecho eso? Podría haber conseguido que dejara a la mujer.
—O podrías haber conseguido que la matara— en ese momento varios hombres con pinta de militares entraron en el restaurante. Carlos comenzó a darles indicaciones. –Llevaros el cadáver a donde su olor no nos moleste.
David se quedó mirando a Carlos mientras este se acercaba a hablar con Sandra. Después se acercó a abrazar a Alicia y a Cristian, mientras los abrazaba notó como Alicia le daba una palmada en el hombro.
—¿Qué pasa?
Alicia señaló a la calle. –Mira eso.
David miró a la calle y vio varios hombres y mujeres, todos eran afroamericanos e hispanos. Todos desfilaban encadenados y subían a un camión. Seguidamente el camión se alejaba dejando a la vista a Dorian dándole la mano a un hombre joven con la cabeza rapada y camisa de tirantes negra. ¿De que iba todo aquello?
*****
11:00…

Luci se bajó del vehículo todavía con el brazo en cabestrillo y escoltada por dos hombres armados. Justo en frente tenía una casa de tres plantas, era prácticamente una mansión. La obligaron a caminar hacia el interior, una vez allí dentro comenzó a escuchar música clásica, aunque había otro sonido, algo parecido a un llanto. Los hombres que la escoltaban se marcharon y cerraron la puerta.
Luci comenzó a caminar siguiendo el llanto y llegó a un salón a la derecha de unas escaleras que la llevaban al piso superior. Allí en el salón vio a Dorian de pie con una manta en brazos, una manta de donde vio aparecer el minúsculo brazo desnudo y rosado de un bebé. Luci al verlo caminó hacia ellos y miró a Dorian, este simplemente le sonrió.
—Es una niña. Tiene como tres días. Es tuya…
—¿De que hablas? ¿De que coño me estás hablando? ¿Mía?
—Si. Tuya, la he comprado para ti. Así de paso te mantendré atada y no cometerás tonterías como intentar escapar. Digamos que ahora eres una madre responsable. No como antes…— A Luci le dio un vuelco el corazón cuando escuchó lo último que Dorian dijo, entonces este la miró. –Quizás si no la hubieses regalado, la pequeña Luci seguiría viva. Supongo que te preguntarás como lo se… Bueno, no tiene mucho misterio, pero te lo digo. Mandé a varios hombres, ocho en total, a Manhattan. Allí buscaron los archivos y los datos que te tomaron cuando llegaste. Fuiste muy sincera. Pensé que te gustaría enmendarte de tus errores.
Luci sintió ganas de golpearle, pero no lo hizo. —¿Y su madre?
—Ni idea. Llegaron unos tipos vendiendo gente y uno de ellos llevaba este bebé. Decidí comprarlo también.
—Pues no la quiero, devuélvela y que se la devuelvan a su madre— respondió Luci alejándose de Dorian y del bebé, la cual seguía llorando. Fue en ese momento cuando Dorian sonrió y sacó una pistola, seguidamente puso el cañón del arma sobre la cabeza de la niña. —¿Qué estás haciendo?
—No se puede devolver… Y si no la quieres… Bueno, si no la quieres solo hay una cosa que se pueda hacer. Es una pena, por que es una niña muy guapa. Adiós preciosa.
—¡¡¡Espera!!!— gritó en ese momento Luci. Eso hizo que rápidamente Dorian retirará el arma de la cabeza de la recién nacida. –Me la quedaré, pero no le hagas daño.
—Suponía que acabarías reflexionando. Bien hecho, toma cógela— Dorian deposito a la niña en brazos de Luci. –Te queda bastante bien. Yo me marcho, dentro de un par de horas vendrá Claire. Ella te ayudará a cuidarla y será quien se encargue de ella cuando tu estés fuera, pero primero deberás recuperarte— Dorian caminó hacia la puerta y antes de salir miró de nuevo a Luci. –Bienvenida a Las Vegas… Mamá.
Dorian se marchó y Luci se quedó sola con la niña en brazos. La miró a los ojos y enseguida supo que nombre iba a ponerle. Iba a llamarla Lucia.

Día 23 de Abril de 2010
Día 664 del Apocalipsis…
Bosque… 10:00 de la mañana…

Katrina alzó la vista y me miró. –Has tenido suerte. La bala penetró y te atravesó, pero no tocó ningún órgano. Te pasó rozando las costillas. Un poco más hacia el centro y puede que no lo estuvieras contando. ¿Cómo te encuentras?
—Como si me hubiesen disparado— respondí. Entonces le miré el hematoma de la cara. —¿Y tu como estás? Tienes un buen golpe.
—Me los han dado peores, créeme— respondió ella. – Esto ya está— dijo terminando de ponerme la venda. –Hemos tenido suerte que nos hayan dejado tranquilos. Al parecer le tenían mucho miedo… Es increíble. Es solo un muchacho, no tendrá más de veinte años— Katrina me ayudó a levantarme y yo también miré el cuerpo de Alaric.
—Ya no importa la edad que tuviera. Está muerto. Venga, tenemos que buscar la iglesia— miré a mi alrededor y tras descubrir una colina miré a Katrina. –Nos subiremos a esa colina, quizás desde ahí podamos ver mejor donde estamos exactamente.
Ambos comenzamos a caminar por el bosque. Fue entonces cuando me atreví a hablar de James y de su muerte. –Siento lo de James… No creí que fueran a matarlo así.
—No te disculpes… James tuvo lo que se merecía. Ya no volverá a hacernos daño a mí o a mi hija. ¿Sabes? Nunca violó a Cindy, pero vi como la miraba y como la tocaba a veces. Era algo que estaba a punto de salir… Ya no saldrá. Lo curioso es que antes de todo esto… Solo era yo su objetivo, era yo quien recibía palizas y la que era forzada en ocasiones. Llegué a tenerle autentico terror, me hizo creer que era necesario en mi vida, por eso hasta ahora había seguido vivo. No lamento su muerte, de hecho me alegro.
—Supongo que es un descanso para ti— respondí. –Ojala con su muerte hubiera quedado saldado todo lo demás. Nos habríamos ahorrado todo esto.
—¿Qué haremos cuando encontremos a los demás? ¿Volveremos a la aldea?
Yo negué con la cabeza. –No hay mucho que rescatar allí. Con el jaleo que armamos es posible que la hayan invadido los caminantes. También han derribado muros… No, buscaremos otro lugar en el que poder vivir de ahora en adelante. Un lugar al que podamos traer más gente como nosotros. Cuantos más seamos y unidos estemos, más fuertes seremos. Además, aunque dijeron que no volveríamos a vernos, prefiero no arriesgarme, es mejor que nadie sepa donde estamos.
Subimos a la colina y desde allí vimos todo el bosque, miré en dirección a la aldea y vi varias columnas de humo que se elevaban entre los arboles. Señal de que había habido incendios, iniciados probablemente antes de que todo terminase. Seguí mirando y entonces a lo lejos vi el campanario. Katrina también lo vio.
—Llegaremos en al menos media hora si nos damos prisa— dijo mi hermana.
—Vamos entonces— respondí.
*****
Alexandra, Mouse y Rachel habían vuelto a la aldea tras despertarse. Cuando llegaron vieron una imagen dantesca, varias de las casas estaban ardiendo y había varios caminantes por allí ambulando. Algunos al verlos comenzaron a caminar en su dirección. Los tres comenzaron a retroceder al verlos, fue entonces cuando vieron una furgoneta roja ir hacia ellos, esta atropelló a varios de aquellos seres. El conductor se asomó por la ventana y vieron que se trataba de Richard Levine.
—Subid. ¡¡¡Vamos!!!
Los tres subieron a la parte trasera y allí se encontraron con una pareja de chicos jóvenes. Ambos eran de la aldea. Cuando estuvieron a bordo, Levine pisó el acelerador y se marcharon de allí a toda velocidad. Durante el trayecto, Mouse pasó al asiento del copiloto y miró a Levine.
—¿Dónde estabas mientras nos atacaban?  No recuerdo haberte visto.
—Estaba guiando a personas hacia los túneles cuando nos atacaron. Cuando dejaron de llegar personas decidí salir a ver si podía hacer algo con los caminantes que trajeron. También seguí a varios de esos tipos después, agoté toda mi munición con ellos. Cuando regresé ya era demasiado tarde. Ya no quedaba nadie, solo ellos dos. Estaban escondidos dentro de la furgoneta. Bueno. ¿Cuál es el plan?
—Primero llegar a la jodida iglesia. Luego ya veremos.
La furgoneta pasó al lado de tres cadáveres en el suelo, dos de los cadáveres eran el padre Kaleb y Ben. Sobre el sacerdote había una anciana No Muerta con un corte en el cuello comiéndose sus intestinos, la cual miró la furgoneta al pasar, seguidamente siguió comiendo.

Iglesia…

Habían montado un campamento y perímetro de seguridad en torno a la iglesia. Vicky estaba en el exterior junto a Cindy. Ambas estaban mirando hacia el único camino que había. Si alguien llegaba en algún vehículo, solo podría llegar por allí. Entonces Vicky vio por allí a las dos hermanas, las hijas de Larry. Se disculpó con Cindy y le dijo que volvería enseguida, se acercó a ella y se quedó mirando a Arianne.
—Lo siento. No me dejaste otra opción. Ibas a matar a mi padre por error.
Tamara se puso a la defensiva, pero Arianne la miró, luego se miró la mano herida y sonrió. –Bueno. Supongo que después de todo no puedo guardarte rencor, me precipité y tu actuaste. Yo supongo que habría hecho lo mismo. De hecho pensé en matar yo misma a Luke cuando supe que era el.
—Solo quería disculparme— dijo Vicky. –También quería decirte que me gustaría que fuéramos amigas.
—Claro. No tengo inconveniente.
En ese momento escucharon el grito de Cindy. Todos la miraron, algunos incluso corrieron hacia donde estaba ella mientras sacaban las armas. También Vicky corrió con la pistola en las manos, cuando llegó junto a Cindy le preguntó. —¿Qué pasa?
—Es la furgoneta de mis padres— respondió Cindy.
Vicky miró al camino y vio la furgoneta, esta iba hacia ellos, aunque no podían ver al conductor. Algunos comenzaron a acudir y a apuntar con sus armas, entonces Mouse y Levine se bajaron del vehículo. Todos bajaron las armas. Las puertas de la parte trasera de la furgoneta se abrieron y vieron salir a Alexandra y a Rachel. Al verlas, Sheila corrió a abrazar a su novia. Mouse por su lado comenzó a buscar a Jill entre todos los presentes.
—¿Dónde está Jill? Iba en el autobús. ¡¡¡Jill!!!— la llamó varias veces sin obtener respuesta mientras otros se miraban los unos a los otros. Fue entonces cuando Mouse vio a Johana y corrió hacia ella. –Tú conducías el autobús. ¿Dónde está Jill?
—No pudimos hacer nada— la voz de Melanie surgió de entre la multitud. Cuando Mouse la vio corrió hacia ella. —¿Dónde está? ¿Dónde?
—Una bala le dio en el cuello. No lo consiguió— respondió Melanie.
Mouse cayó de rodillas y comenzó a llorar amargamente, algunos trataron de consolarlo, pero el los apartaba rápidamente. Seguidamente se levantó, se limpió las lágrimas y miró nuevamente a Melanie. —¿Dónde están los cadáveres?
—Están en la iglesia. Los hemos cubierto con sabanas— respondió Eva. –Te acompañaré a verla, pero no se si es buena idea.
—Quiero verla— respondió Mouse con firmeza. –Llévame con ella.
Eva acompañó a Mouse al interior de la iglesia mientras los demás se quedaban fuera.
Rachel soltó a Sheila y se dirigió a los demás. —¿Estamos ya todos? ¿Quién falta?
—Nuestros padres— respondió Vicky con Cindy a su lado. –Mi padre y su madre para ser exactos. Ellos no han vuelto aun.
—¿Mi madre ha muerto?— preguntó Cindy.
Rachel las miró y no supo que decir. Recordó que tenía un walkie talkie que la comunicaba con Juanma, pero este lo había perdido después de que tiraran la torre abajo.
—Quizás podríamos volver a la aldea, puede que estén por allí— sugirió Mike.
—Allí ya no queda nadie. Solo quedaban esos dos de allí— respondió Levine señalando al chico y a la chica que había encontrado. –Además, la aldea está invadida por caminantes. Estén donde estén no están allí. Puede que vengan hacia aquí, estén refugiados en otro lugar o estén…
—Mi padre no está muerto— dijo Vicky. –El sigue vivo.
—Ni mi madre— añadió Cindy.
En ese momento Rachel se arrodilló delante de ellas y las miró. –Yo tampoco creo que estén muertos. Por lo menos tu padre se que es un autentico superviviente y si tu madre está con el estoy segura que estará cuidando de ella, pero tenemos que aceptar también la posibilidad de que no lo hayan conseguido. Por lo pronto nos quedaremos aquí unos días, enterraremos a nuestros muertos y esperaremos a ver si regresan o no. ¿De acuerdo niñas? Ahora id a distraeros un poco con Diana y los demás niños.
Las dos niñas se marcharon y todos los que estaban allí miraron a Rachel. Nadie salvo Levine dijo nada. —¿Crees que has hecho bien diciéndoles eso? ¿Y si están muertos?
—Yo tampoco creo que lo estén, les esperaremos aquí por si regresan. Mientras id decidiendo a donde nos vamos a ir. Ahora debemos asegurar este lugar y montar guardias.
*****
Mouse quitó la sabana y descubrió el cuerpo de Jill. Tenía los ojos cerrados y la herida del cuello que le había ocasionado la muerte estaba tapada con unas gasas. No había ni rastro de sangre en su piel.
—Ella ya descansa. Dios la acogerá en el paraíso— dijo Malaquías, en cual estaba inmovilizado sentado en uno de los bancos, siempre vigilado por Juan, el cual se había recuperado prácticamente de la herida.
Mouse se levantó, caminó hasta Malaquías y le asestó un puñetazo. –Todo es culpa tuya cabrón. Si no nos lo hubieras ocultado desde el principio…— entonces Mouse sacó el arma y le puso en cañón en la mejilla que le había golpeado y que comenzaba a hincharse. –Debería matarte. Debería dispararte.
—Matarle no te devolverá a Jill. No merece la pena dispararle— dijo Eva poniéndole la mano sobre el arma, entonces ella notó como le temblaba el pulso. –Guarda el arma Mouse… Y vamos a darle un funeral digno. Ella lo merece.
Mouse le quitó el arma de la cara a Malaquías y la guardó. Malaquías quiso decir algo, pero entonces Mouse volvió a golpearle. Seguidamente volvió a donde estaban los cuerpos y cogió el de Jill en brazos. Seguidamente se marcharon de allí.
—Todos debimos morir hace tiempo, habríamos alcanzado la paz y no estaríamos viviendo este infierno.
—Tu sigue y te pego otra hostia— dijo Juan levantando la mano con el puño cerrado mientras amenazaba a Malaquías. El que fuera líder de la comunidad Amish simplemente agachó la cabeza y se quedó en silencio.

Bosque…

Katrina y yo habíamos llegado a un camino, en el cual encontramos huellas recientes de neumático. Había unas más grandes que debían ser las del autobús y unas más pequeñas de otro vehículo, ese no nos cuadraba, ya que solo un vehículo había salido de la aldea. Eso nos hizo pensar que quizás alguien persiguió al autobús.
—Estamos cerca— dijo Katrina. –no debemos estar a más de cinco minutos de la iglesia.
—Bien. Vamos— respondí.
Ambos seguimos caminando por el camino, fue cuando Katrina me miró de nuevo. –Me hubiera gustado conocer a papá. Aunque solo fueran cinco minutos, mi madre nunca me dejó. Supongo que tenía miedo que mi aparición destrozara una feliz familia.
—Probablemente mi madre hubiese mandado a la porra a mi padre. Fueron cuernos al fin y al cabo. Tú y yo nos llevamos meses, tenemos la misma edad.
—¿Y que más puedes contarme de Carlos? ¿Qué le habrá pasado para volverse así?
—Supongo que no tiene mucha más explicación que la de que esta situación saca lo peor de algunas personas, es como si eso lo llevaran dentro bajo llave y esta situación fuera esa llave. Antes no era así, de verdad. Era buena persona… Sobre Sergio, también lo era, solo que el no lo consiguió. Los hecho de menos a todos.
—Esta situación ha sacado lo peor de algunos… Pero también lo mejor de otros. Se que te pasas el tiempo culpándote por todo, por lo de Manhattan, por lo de Macon, por lo de la aldea, por todo, pero déjalo ya, deja de culparte. Sigue liderando el grupo y sigue manteniéndolos con vida a todos.
—Lo de Luke no lo vi venir. No pude evitar esos asesinatos y tampoco pude evitar que Vicky se manchara las manos. ¿Eso es de ser un buen líder?
—Si las cosas tienen que salir mal, lo harán. Dará lo mismo ser un buen líder o no. Y sobre lo de Luke… Nadie lo vio venir, nadie se dio cuenta. Yo misma le hice preguntas el día que murió Andy y no vi nada que me indicara que había sido el. Nos engañó a todos. Por otro lado… La mejor opción era acabar con el de forma rápida. Tu no pudiste hacerlo, pero Vicky si. Ella ya no es una niña, llegará el día que sea ella quien liderará el grupo. Todos los niños son nuestro legado.
En ese momento vimos el campanario y segundos después la iglesia con el campamento y el perímetro de seguridad construido alrededor, habíamos llegado. Las primeras en vernos fueron Cindy y Vicky, las cuales corrieron a nuestros brazos, cuando Vicky se abrazó a mi sentí dolor en la herida, pero no dije nada, me limité a darle besos y abrazos.
—Sabía que estabas vivo. Lo sabía— repetía Vicky una y otra vez mientras más miembros del grupo se iban acercando. No pude evitar ver que faltaban más personas.
Eva llegó hasta donde estaba, me besó y me abrazó. –Me alegro de verte cariño.
—Y yo— respondí. —¿Estamos todos?
—Si. Ya no queda por llegar nadie más, hemos perdido a unos cuantos. Mouse acaba de enterrar a Jill… Y Rachel ha contado que vio morir a Ben y a al padre Kaleb. El líder de esa gente los mató a sangre fría. ¿Qué ha pasado?
—Os lo contaré todo, pero tenéis que saber que Alaric está muerto y el resto de hombres se han largado— respondí.
Poco después se lo conté todo lo que había pasado con detalles. La noche llegó y nos quedamos allí mientras algunos habían regresado a la aldea para recuperar todo lo posible. Habíamos montado el perímetro de seguridad y la gran mayoría dormían tranquilamente en el interior de la iglesia. Yo estaba fuera con mi mujer y mi hija, Eva estaba curándome la herida mientras Vicky me contaba lo que había pasado con aquel hombre que salió por la trampilla de los túneles.
—No pasa nada, hiciste lo que debías. Ahora ve a dormir— le dije mientras le acariciaba el cabello. Luego ella me dio un beso, me abrazó y se fue a dormir mientras yo me quedaba con Eva.
—¿A dónde iremos ahora?— preguntó Eva
—Aun no lo se. Esperaremos a que amanezca y seguiremos viajando. Quizás encontremos alguna otra aldea o quizás lleguemos al mar, allí podríamos encontrar algún barco… No se, veremos que nos depara el futuro.
En ese momento vi luces de faros en el camino, pocos segundos después vimos llegar el camión y otros cuatro vehículos. Cuando llegaron vi como Rachel se bajaba del camión.
—Esto es todo lo que pudimos recuperar. Recuperamos algunas armas y comida— dijo Rachel.
—Bien. No pasa nada. Id a descansar. Mañana partiremos pronto.

Día 24 de Abril de 2010
Día 665 del Apocalipsis…
10:45 de la mañana…

Hacia casi cuatro horas que habíamos abandonado la iglesia, circulábamos por caminos de montaña. Éramos casi cien personas repartidas en los vehículos. Todos los que habíamos conseguido salir de la aldea. Yo iba en un coche con Eva, Vicky, Cindy y Katrina. En ese momento vimos algo que nos llamó la atención, parecía un edificio. Seguimos conduciendo y llegamos a unos muros con vallas. Estas rodeaban el edificio que habíamos visto. Este tenía tres plantas de altura y era bastante grande, este estaba rodeado por varios jardines y las grandes puertas de hierro estaban cerradas.
Detuvimos los vehículos y todo el mundo comenzó a bajarse observando el lugar.
—Parece un hotel— dijo Yuriko.
—Si. Eso es lo que es… Uno de cinco estrellas. Seguramente para ricachones y famosos, está bastante aislado— dijo Johana mostrándonos un letrero ilegible que había cogido del suelo.
—Vamos a entrar— dije mirando a todos los demás.
Con unas cizallas cortamos la cadena de la puerta y comenzamos a pasar con los vehículos mientras otros entrabamos a pie y armados por si ocurría algo.
El edificio era enorme y estaba en medio de varios jardines en la entrada. También había un aparcamiento cerca de la entrada principal que daba a la recepción. Era un amplio hall que conectaba con un restaurante, una sala de baile y un jardín cubierto. En la parte trasera del hotel había un estanque con varias fuentes, más jardines, varias pistas de tenis y una cancha de baloncesto. También había un campo de minigolf.
En la planta baja del hotel había una piscina con spá en un lado, al otro lado había zonas de ocio como una bolera y también una enfermería bastante amplia.
Varios nos repartimos por el hotel y vimos que estaba totalmente vacio. Ni rastro de caminantes. Miré a mis compañeros y noté que muchos estaban felices, parecía que habíamos encontrado un lugar perfecto.
—¿Nos vamos a quedar aquí papá?— preguntó Vicky.

—Si. Nos quedaremos aquí— seguidamente miré a todos. –Nos quedaremos aquí. Buscaremos gente como nosotros, los traeremos aquí. Cuantos más seamos, más fuertes seremos. Este será nuestro hogar y en el perduraremos.

sábado, 12 de diciembre de 2015

NECROWORLD Capitulo 99

Bosque… 22:00 de la noche…

El cuerpo de Alaric yacía a unos dos metros de mí con el cuello roto, Katrina estaba a unos metros por detrás de mí, herida e inconsciente. Yo me estaba tapando la herida del costado para impedir que siguiera sangrando mientras miraba al cielo nocturno y a la maleza que me rodeaba. Antes de morir, Alaric me había disparado. Entonces escuché un ruido que venia de entre los matorrales, era algo o alguien que caminaba en mi dirección. Si no era alguien de mi grupo estaría perdido, no me quedaba nada de munición en la pistola que tenía al lado. De repente vi surgir varias siluetas armadas, todos eran hombres de Alaric, todos ellos me apuntaron y yo levanté las manos en señal de rendición. Uno de ellos, al que no recordaba haber visto antes se adelantó y comenzó a caminar hacia mí. Cuando estuvo más cerca se quedó mirando el cuerpo de Alaric.
—¿Lo has matado?
Yo asentí casi sin fuerzas, tampoco tenía mucho que decir. De todos modos no parecía que me quedara mucho tiempo de vida. Fue en ese momento cuando aquel tipo alzó su arma y me apuntó a la cabeza.

Horas antes…
Día 22 de Abril de 2010
Día 663 del Apocalipsis…
Aldea Amish… 16:00 horas de la tarde…

Alaric y sus hombres habían utilizado a los caminantes de avanzadilla, eran como peones que se encargarían de ir eliminándonos. En la aldea no quedábamos muchos. Rachel, Ben, Alexandra y Mouse estaban en la torre disparando a los caminantes. Katrina, Johana, Jill, Yuriko, Juan y yo después del encontronazo con Alaric habíamos retrocedido para buscar cobertura en los vehículos. Sheila y Melanie seguían en la casa enfermería tratando de mantener a salvo a los enfermos. Mike y Stacy estaban disparando desde otra casa junto a varios Amish que habían decidido quedarse para el enfrentamiento. El padre Kaleb había sido sorprendido junto a otro grupo justo cuando intentaban llegar al túnel, pero con la repentina aparición de los camiones habían corrido a refugiarse en la pequeña iglesia. Todos los demás habían logrado escapar antes.
—Tenemos que llegar a los túneles— dijo Yuriko mientras nos ocultábamos junto al autobús para ir eliminando No Muertos. –Juan está herido.
—Esto no es nada. Solo me ha rozado— respondió Juan mientras disparaba a un caminante que había llegado hasta nosotros.
—De todos modos debemos llevar a más gente a los túneles. Aun no han llegado todos— respondí. –Hay que hacerlo rápido, antes de que empiece la segunda oleada y entren con todo lo que tienen. Los caminantes son solo los peones del juego. Hay que moverse rápido.
—Deberíamos usar el autobús y los vehículos— dijo en ese momento Jill.
—Solo como ultima optativa. Dentro seríamos un blanco fácil si tienen lanzacohetes— respondió Juan. Entonces me miró. –Escucha. Hay gente en la enfermería que necesita nuestra ayuda. Sígueme, vamos a cubrirles para llevarlos a los túneles.
—¿Y tu herida?— pregunté
—Me hecho cortes peores afeitándome. Esto no es nada, deja de preocuparte. El que me disparó debía ser un completo inepto… Cosa que por otro lado agradezco.
En ese momento vi como Rachel desde la torre comenzaba a hacernos señas señalando a la puerta principal. Yo me asomé un poco y entonces vi a filas de hombres armados tomando la aldea. Me oculté rápidamente y miré a mis compañeros.
—Aquí llegan los pesos pesados. Juan y Yuriko conmigo. Hay que distraerlos. Los demás quiero que vayáis a la iglesia y que os llevéis a esa gente mientras nosotros nos ocupamos de distraer a esos idiotas.
—¿Podréis hacerlo?— preguntó Katrina –Yo puedo ayudaros. Soy la más silenciosa, no me verán llegar.
Miré a mi hermana y luego hacia la puerta. –Muy bien. ¿Ves esa casa?— le dije señalando a una casa de dos plantas. –Sube a la terraza y cárgate a todos los que puedas, podrás usar la chimenea como cobertura— Katrina asintió y cuando iba a irse, la agarré y le di un fuerte abrazo seguido de un beso en la frente. –Y recuerda. Te quiero de vuelta.
Justamente en ese momento el equipo de Rachel comenzó a disparar mientras nosotros nos separábamos. Cada uno a donde tenía que ir.
Yuriko, Juan y yo salimos corriendo tomando diferentes coberturas mientras disparábamos a los que estaban entrando. Katrina alcanzó la terraza y comenzó a lanzar las flechas abatiendo a varios. Estaba resultando demasiado fácil, algo no cuadraba. Johana y Jill mientras tanto corrían hacia la iglesia, su trabajo iba a consistir en llevar a los allí refugiados hasta los túneles sin que nadie los viera, para eso, Yuriko, Juan y yo estábamos atrayendo toda la atención de los asaltantes.

Túneles…

Laura se detuvo de repente y todos hicieron lo mismo. Vicky y Eva iban al frente y se dieron la vuelta para mirarla.
—¿No habéis oído eso? Parecen disparos. Se han duplicado, antes se escuchaban, pero ahora más…— comentó Laura.
—Es un fuego cruzado— respondió Vicky sin dejar de alumbrar con la linterna al frente. –Tenemos que seguir. Aun nos queda un largo camino, pararnos aquí solo nos retrasa.
—Se han quedado allí y ellos pagarán el alto precio de enfrentarse a Alaric. Si las cosas hubiesen seguido como las llevaba, nada de esto habría ocurrido. Habéis acabado con la armonía de la aldea— dijo en ese momento Malaquías. –Todos morirán…
—Lo tuyo era peor. Los que se han quedado allí nos están salvando la vida. Tu solo querías salvar la tuya— respondió Eva.
En ese momento, Vicky avanzó entre la multitud congregada allí abajo y apuntó a Malaquías con la pistola. –Mi padre está allí y tu sigues vivo, por lo tanto el te ha perdonado tu miserable vida, pero si el muere, tu serás el culpable y acabaré contigo. Te lo juro, así que si quieres seguir vivo cierra esa boca.
—Déjalo Vicky. No vale la pena— dijo Eva alejándola de Malaquías. Seguidamente miró a los demás –No podemos pararnos. Tenemos que seguir, aquí solo perdemos el tiempo y estamos echando a perder el tiempo que nos están dando. Sigamos y en silencio.
El grupo de los túneles se volvió a poner en marcha. Mientras caminaba, Eva se puso la mano en el pecho deseando que a Juanma no le pasara nada. Se estaban arriesgando mucho y estaba deseando que las cosas salieran bien para poder verlo pronto y darle un fuerte abrazo. Siguieron caminando y miró a Vicky.
—Aun no hemos podido hablar de lo que ha pasado. Se que has hablado con tu padre, pero no conmigo. ¿Hay algo que sientas que quieres decirme?— quiso saber Eva.
—En realidad no hay mucho que decir. Hice lo que hice por que Luke era peligroso. Había matado ya, vi como mataba a mi amiga Rebeca y casi me mató a mí. Creí que lo haría papá, pero no lo hizo. De hecho entiendo esos remordimientos que tuvo, pero yo no los tengo. Por eso lo hice yo. El dice que debe ser un secreto, pero yo no creo que sea necesario. Además, la gente me mira y creo que intuyen que fui yo. No me molesta, tampoco me importa que puedan tenerme miedo, yo se que hice lo correcto— explicó Vicky. —¿Tu también me tienes miedo? ¿Tú piensas que hice mal?
En ese momento Eva le puso la mano en el hombro a Vicky. –Nadie te teme, yo no te temo. Todos comprenden lo que pasó y el por que lo hiciste. Sin embargo… Hablando con tu padre me dijo que no estabas arrepentida, pero yo no me lo creo. Se que lo hiciste por que quisiste hacerlo y por que creíste que debías, pero aun así sabes que el asesinato a sangre fría está mal. No te mientas a ti misma y llora si lo necesitas.
—Ya hace mucho que no lloro— respondió Vicky.
—Eso ya lo se. Por eso digo que lo hagas, suelta todo lo que tengas dentro. Busca un momento de soledad y tranquilidad y suéltalo todo, si lo necesitas, búscame a mi para que lloremos juntas.
—Lo haré… Mamá— respondió Vicky.
—Te estaré esperando.

Bosque…

Alaric estaba curándose el mismo la herida de bala. El proyectil había atravesado su cuerpo y el bramaba de dolor mientras odiaba a ese que le había disparado. Lo había hecho, se había atrevido a hacerlo. Nunca antes nadie se había atrevido a ello, nunca antes había sentido miedo. El miedo era algo que el provocaba, no algo que sufría. Entonces uno de sus hombres se acercó a informar.
—Nuestros caminantes no han sido suficientes… Y ahora nuestros hombres no pueden con ellos. Están siendo abatidos rápidamente. Deberíamos retirarnos jefe. Esta gente no son como la mayoría de grupos que nos hemos encontrado, esta gente son supervivientes, luchadores…
—¡¡¡¡Fuera de mi vista!!!!. Quiero que movilices a todos los demás, quiero esa puta aldea arrasada y lo quiero ya— bramó Alaric.
—Lo siento, pero muchos de los hombres quieren dejarlo correr. Muchos incluso empiezan a marcharse. No quieren seguir con esto. Yo también me…
—¿Qué te vas? ¿Quieres acabar como tu hermano?  ¿Es que no recuerdas lo que le pasó? Venga Derek, dime que le ocurrió.
El hombre titubeó y luego habló. –Que lo mató cuando intentó disolver el grupo y que cada uno se buscara la vida, pensó que esto ya no tenía sentido y usted lo asesinó a sangre fría. Fue cuando se puso al mando.
—Eso es. Si no quieres terminar como ese mierda quiero que mandes al frente a todos los hombres con las armas más potentes que tengamos.
—Si señor— respondió Derek dándose la vuelta. Entonces Alaric lo llamó.
—Será mejor que no me falles por tu bien.
Derek se alejó de Alaric para preparar el ataque. No entendía por que nadie, ni siquiera el se había atrevido a quitarse a ese hombre de en medio. Todos lo odiaban, pero también lo temían. Era un ser despreciable y sádico que quería ir de bueno, pero que tampoco se molestaba en ocultar la verdad de su ser. Podrían unirse contra el y matarle, pero nadie lo hacía, le temían y hacían todo lo que el ordenaba. Siempre había sido así y así siempre sería. Podría ser que el mundo se hubiese ido al infierno, pero hasta que no conoció a Alaric no había visto al diablo. Eso era ese hombre, el verdadero diablo.
Derek llegó a donde estaban la mayoría de hombres, estos lo miraron y entonces Derek dio la orden que había dado Alaric.
—Es hora de atacar con todas nuestras fuerzas. Vamos a masacrarlos.

Aldea Amish…

Juan, Yuriko y yo habíamos tomado como cobertura unos establos. Desde allí abríamos fuego sin parar contra varios hombres que avanzaban hacia nosotros ocultándose detrás de montículos de tierra o montones de madera. No había demasiados, pero no nos lo estaban poniendo demasiado fácil. Eran muy buenos con el armamento.
Mientras disparábamos vi flaquear un poco a Juan, este estaba pálido y comenzaba a sentirse mal. Cayó al suelo y rápidamente Yuriko se lanzó sobre el para protegerlo.
—Está muy mal. Hay que llevarlo a la enfermería. Con un poco de tiempo podríamos cerrarle la herida. Se morirá si no lo hacemos.
Me asomé y abatí a varios, todavía quedaban tres ocultos, los cuales salían de vez en cuando para disparar. Volví a ocultarme y miré a mis compañeros. –Tenemos la enfermería a unos treinta metros de nosotros. Puedo cubriros a la carrera, pero deberemos ser rápidos. Rachel, Ben, Mouse y Alexandra siguen en la torre. Ellos pueden prestarnos cobertura también para cuando los que nos atacan queden al descubierto— entonces miré a Juan. —¿Puedes correr?
—Claro que puedo. Los dioses están de mi lado… ¿No lo sabias?
—Déjate de dioses. ¿Puedes o no?— pregunté nuevamente.
—Creo que si— respondió Juan.
—Muy bien. Cuando yo os diga quiero que salgamos corriendo. Cuando den la cara me los cargaré. ¿Preparados?— Yuriko asintió y Juan lo intentó. –Muy bien. ¡¡¡Ahora!!!
Los tres salimos de nuestra cobertura y comenzamos a correr. Al vernos, varios tipos surgieron y comenzaron a dispararnos. Yo logré abatir a uno, pero cuando ese cayó surgieron dos más, logré disparar a uno, pero el otro me tenía completamente a tiro, justo cuando pensé que iba a ser mi final, una flecha cruzó el cielo y atravesó la cabeza de aquel tipo. Miré hacia el tejado donde estaba Katrina y allí la vi cargando otra flecha.
Por fin llegamos hasta la enfermería, entramos y enseguida nos vimos sorprendidos por Melanie, la cual nos apuntó con el arma, aunque enseguida la bajó.
—¿Qué tenemos?
—Herida de bala con orificio de entrada y salida— respondió Yuriko.
—Deprisa. Tumbadlo ahí— dijo Melanie mientras avanzaba recogiéndose el pelo en una coleta.
Tumbamos a Juan en una de las camas y mientras Melanie lo observaba, yo me acerqué a la ventana junto a Sheila. –Hemos acabado con una oleada, pero vendrán más. Deberíamos ir trasladando al resto de personas al túnel.
—¿Y que pasa con Rachel?— preguntó Sheila.
—Ella estará bien. Sigue con su equipo en la torre. Tu chica es una mujer de recursos. Escucha, necesito que te quedes aquí observando, esa puerta es la única manera de acceder a la enfermería. Si alguien que no sea cualquiera de la aldea se acerca, dispara.
—¿A dónde vas tú?— preguntó Sheila.
—Tengo que ir primero al autobús. Coger unos walkie talkie y entregárselos a nuestros compañeros. Así estaremos en contacto por si pasa algo. Tendríamos que haberlo hecho antes, pero Alaric nos sorprendió. Bueno, voy a salir— mientras caminaba miré a Melanie curándole la herida a Juan. Allí había más gente, la mayoría eran ancianos. —¿Cómo va?— pregunté refiriéndome a Juan.
—Podría ser peor. Su vida no corre peligro por la herida. Está débil, pero sobrevivirá si nos movemos para largarnos de aquí. Quizás podamos llegar al autobús y salir subidos en el. Esta gente… No podrá caminar mucho por esos túneles. Y ahora que todo está tranquilo, tenemos la oportunidad. Antes de que se vuelva a complicar— respondió Melanie.
Me quedé mirando a los ancianos y luego miré a Melanie. –No se si podremos sacarlos a todos de aquí. Muchos son demasiado viejos.
—No podemos abandonarlos. No sería humano y lo sabes.
—Claro que lo se, pero estamos hasta arriba de problemas. Y esta aldea ya no podemos salvarla. Te veo dentro de un rato.
Salí de la enfermería y me crucé con Katrina, seguida de Mike, Stacy y algunos Amish que se habían quedado para luchar.
—¿A dónde vas?— preguntó mi hermana.
—Tengo algo que hacer. Vosotros id llevando a este grupo a los túneles. No creo que tarde mucho en llegar otro ataque. Debemos aprovechar todo el tiempo que podamos. Venga moveros.
Katrina asintió y comenzó a dirigir su grupo. –Venga, seguidme.
Yo miré una última vez a mi hermana mientras se alejaba y enseguida me dirigí corriendo al autobús.
Entré en el vehículo y fui directo a donde guardábamos los walkie talkie. Cogí cuatro y salí. Justo entonces me crucé con Jill, Johana y otro grupo, el de la iglesia. Al único que no vi fue al padre Kaleb.
—¿Dónde está Kaleb?
—No quiere abandonar la iglesia, se ha quedando rezando— respondió Johana. –El muy gilipollas sigue creyendo que dios nos salvará. Era lo que estaba haciendo cuando llegamos nosotras. Rezar.
—Muy bien. Yo me encargo de el. Vosotras llevad a esta gente al túnel. Katrina, Stacy y Mike ya están allí. Yo tengo que llevarles esto a los que están en la torre. Aun nos queda trabajo por hacer. Hay muchos enfermos a los que únicamente podremos sacar de aquí a bordo de vehículos. No pueden caminar.
Johana y Jill se miraron y entonces me devolvieron la mirada. –Nosotras nos quedamos. Llevaremos a estas personas allí y nos quedaremos para ganar tiempo.
—Muy bien— respondí. –Venga.
Salí corriendo y llegué a la torre. Subí y les entregué el walkie talkie. –Con esto estaremos comunicados para todo lo que pase. Seguid en vuestro puesto, estáis haciendo un buen trabajo. Estamos trasladando a los rezagados.
—¿Sheila está bien?— preguntó Rachel.
—Si, lo está. Todos están bien. Hemos logrado salvar a muchos y…
No terminé la frase, Mouse pasó entre nosotros y señaló a la puerta principal. Allí por el camino a lo lejos se veía movimiento. Yo me acerqué a la barandilla y me lo quedé mirando. Volví la vista atrás. —¿Alguien tiene prismáticos?
Alexandra asintió y me los pasó, me los llevé a los ojos y sentí como el corazón me daba un vuelco. –Joder…— le pasé los prismáticos a Rachel para que esta mirara. Esta los bajó y me miró.
—¿Cuánto crees que tardarán en llegar?— preguntó Rachel.
—Debe haber más de cuarenta tipos. Todos llevan kevlar y vienen hacia aquí en formación. Lo de antes no era nada, la verdadera guerra empieza ahora. No creo que tarden mucho más de diez minutos. Vosotros quedaros aquí vigilando y disparad a los que crucen la puerta cuando lleguen. Hay que evacuar a la gente.
Bajé corriendo por las escaleras de mano y atravesé corriendo el campo en dirección a la iglesia, mientras corría no dejaba de mirar la puerta principal. Aquellos tipos venían enfundados en trajes de kevlar, los mejores para evitar las balas. Venían en formación dando un aspecto de marabunta de muerte. No podríamos repeler un ataque así, había que llevarse a todos. Llegué a la iglesia y allí vi al sacerdote arrodillado delante de una gran cruz. Detrás de el aun había dos mujeres sentadas en los bancos, eran dos mujeres que habían salido de Manhattan con nosotros, los tres estaban rezando.
—¡¡¡Padre!!! No hay tiempo para esto. Tenemos que largarnos. Rezar no le salvará.
—Ni huir tampoco. Siempre será igual. Nosotros nos estamos encomendando a dios. Vosotros deberíais hacer lo mismo, ya no queda nada bueno en este mundo, salí de Manhattan por que me negaba a aceptar la rendición, pero ahora…
—¿Qué es lo que ha cambiado? Creí que era un luchador, creí que lucharía hasta el final.
—El final llegó hace tiempo y no quisimos darnos cuenta. Yo me quedaré aquí y que sea lo que dios quiera…
En ese momento escuché varios disparos, seguidamente escuché la voz de Rachel en el walkie talkie. –Juanma. ¿Qué estás haciendo? Ya casi están aquí. Hemos intentado dispararles, pero no hay manera. Hay que salir de aquí. No vamos a poder con ellos. Jill y Johana están ayudando a los enfermos a subir al autobús. Tenemos que irnos.
—Voy— respondí, luego corté la comunicación y volví a mirar al sacerdote. –Padre…
—Ve a donde tengas que ir. Nosotros quizás nos veamos algún día en el paraíso.
No pude convencerle, no lo iba a conseguir. Me di media vuelta y salí corriendo de la iglesia.
Regresé a la casa enfermería y vi a Melanie y a Sheila preparando a los ancianos para la partida. Johana estaba esperándonos en el autobús con los demás. Me fijé en Juan y vi que tenía mejor aspecto. No quería ni imaginarme lo que podría haber pasado si no hubiésemos llevado a Juan a la enfermería.
—Muy bien— dije mientras ayudaba a una mujer a caminar. –Tenemos el tiempo un poco en contra. Tenemos que ser rápidos.
Fuimos saliendo y comenzamos a ayudar a subir a los ancianos al vehículo. Entonces escuché el sonido del walkie talkie. Era Rachel.
—Se están acercando. No tardarán en llegar.
—Ya estamos. Nos largamos. Aun así hay que crear una distracción— respondí ayudando a sentarse a una señora que había tenido una caída unos días antes.
Bajé del autobús con el walkie talkie en la mano mientras no dejaba de observar la entrada principal. Incluso podía escuchar el sonido de varios pies avanzando hacia nosotros. Fue entonces cuando vi a Katrina correr hacia mí.
—¿Qué cojones estás haciendo aquí Kat? Tendrías que haberte marchado por los túneles con los demás. Tienes que marcharte de aquí antes de que…— no terminé la frase. Tuvimos que refugiarnos detrás del autobús cuando una lluvia de balas nos sorprendió. Algunos cristales reventaron y los trozos cayeron sobre nosotros. Los gritos del interior del vehículo enseguida comenzaron a escucharse, era evidente que había heridos, incluso algún muerto.
—¡¡¡Subid!!! Tenemos que salir de aquí— gritaba Johana desde el interior. –Hay una puerta por la que podéis salir si os vais ya. Si están todos aquí no tendréis problemas. Katrina, ve con ellos.
—No. Me quedaré contigo— respondió mi hermana mientras se asomaba para lanzar una flecha. El proyectil salió disparado y rebotó en uno de los trajes de Kevlar.
El autobús comenzó a moverse mientras mi hermana y yo lo usábamos como cobertura. Entonces llegamos a un carruaje y allí nos quedamos mientras el autobús seguía alejándose. No tardamos en verlo salir atravesando la puerta y escapando mientras Katrina y yo corríamos a ocultarnos. Nos metimos en una casa y desde allí vimos como una enorme multitud de hombres con trajes de kevlar. Uno de ellos pareció sacar un lanzagranadas y disparó contra la parte inferior la torreta donde estaban Rachel y su grupo. Esta comenzó a derrumbarse y finalmente cayó parte de ella en el bosque. Intenté ir, pero Katrina me agarró del brazo. —¿A dónde vas?
—Tengo que ayudarles. Todavía podrían estar vivos.
—No llegarás vivo, te matarán antes. Tenemos que irnos de aquí cuanto antes— yo intenté ir, pero Katrina siguió reteniéndome. —¡¡¡Juanma!!! Solo quedamos nosotros.
Miré de nuevo a donde había estado la torre, también miré a los hombres que estaban tomando la aldea. No quisimos defender la aldea, simplemente estábamos luchando para que los que estaban en los túneles pudieran alejarse con tiempo. Eso si lo habíamos conseguido. Lamenté no haber podido hacer nada más y me alejé corriendo con Katrina. Saltamos el muro y comenzamos a correr por el bosque mientras pensaba en que le diría a Sheila respecto a Rachel.
*****
Alaric entró en la aldea, allí varios de sus hombres comenzaron a pararse a saludarlo, entonces Derek se le acercó.
—¿Qué nuevas hay? ¿Algún superviviente?
—Hemos encontrado a tres en la iglesia y a uno entre los restos de la torreta. Estaba herido y no creo que le quede mucho de vida— respondió Derek. –Sígame.
Alaric siguió a Derek y ambos llegaron a un huerto donde tenían retenidas a dos ancianas, a un hombre mayor que iba vestido de sacerdote y a un hombre de raza negra, el cual estaba sangrando. Los cuatro estaban arrodillados en el suelo —¿Solo estos? ¿Dos viejos, un cura y un negro que se está desangrando? Debe ser una broma. ¿Dónde están los demás? Aquí debía haber como mínimo cien personas. ¿Dónde coño se han metido?
—Vimos salir un autobús a toda velocidad, intentamos detenerlo sin éxito, pero ahí no había ni veinte personas. No sabemos que ha pasado— respondió uno de sus hombres quitándose el casco. –Quizás ellos sepan algo.
Alaric miró a los rehenes y centró su atención en el sacerdote. Camino hacia el y se agachó para mirarlo a los ojos. —¡¡¡Hola padre!!!— saludó con una sonrisa. –Mi nombre es Alaric. ¿Cómo se llama usted?
—Kaleb— respondió el sacerdote.
—Encantado, le estrecharía la mano, pero creo que no es momento para formalidades. ¿Sabe? Hoy es un gran día para usted, por que hoy será usted quien se confiese. Adelante, dígame donde están todos. Seguro que lo sabe.
—No diré nada, no traicionaré a los míos.
En ese momento Alaric clavó un cuchillo en la cabeza de una de las ancianas y cuando está se desplomó hacia delante retiró el arma y volvió a mirar al sacerdote, el cual se había quedado mirando a la anciana muerta con los ojos muy abiertos.
—Segunda oportunidad ¿Dónde están los demás?
—Puedes matarme si quieres, pero no diré nada. Vete al infierno. No pienso…— el padre Kaleb no terminó la frese, Alaric acabó con la vida de la otra anciana situándose detrás de ella y cortándole el cuello, dejando que la sangre lo salpicara.
—Ya se  ha manchado las manos de sangre padre. Su tiempo se agota y mi paciencia también. O me dice lo que quiero saber o el siguiente será este joven encantador que queda. A el le ahorraremos el sufrimiento, no debe quedarle mucho. Pero si no habla le haré daño. ¿Verdad?— Alaric miró al afroamericano y entonces vio como sangraba por la boca. —¿Pero que coño?— preguntó Alaric.
Uno de los hombres agarró al tipo negro y luego miró a Alaric. –No me jodas. Este se ha mordido la lengua para que no le saquemos nada. Que listo es el cabrón. Sabía que habría terminado cantando y por eso se ha mordido la lengua.
—Entonces mátalo— respondió Alaric. –Si no puede hablar no me sirve para nada.
El hombre que estaba en el bando de Alaric empujó a Ben contra el suelo y luego le disparó a bocajarro en la cabeza. El sonido del disparo hizo que los oídos del padre Kaleb comenzaran a pitar. Alaric volvió a mirar al sacerdote y cuando iba a hablarle uno de sus hombres le pasó un walkie talkie.
—¿Qué es lo que pasa?... ¿Qué?... ¿Dónde? Muy bien. Voy para allá. Que nadie haga nada. Lo quiero para mí— Alaric cortó la comunicación y miró al sacerdote. –Mire por donde padre… No hará falta que traicione a nadie. Ahora deberá estarme agradecido, voy a mandarlo por correo urgente con su jefe— seguidamente disparó a Kaleb en la cabeza. Justo en ese momento llegaron dos hombres corriendo. —¿Qué es lo que pasa?
—Estábamos en el granero y hemos encontrado algo que parece una entrada a los túneles. Creemos que pueden haber huido por ahí.
Alaric creyó explotar de la rabia, ahora se había dado cuenta de lo que había pasado. Los habían tomado por idiotas, les habían tomado el pelo. Mientras ellos se enfrentaban, los demás estaban en algún lugar donde los había llevado aquel túnel.
—Escuchad. Quiero que un grupo recorra esos túneles hasta el final y que acabe con todo aquello vivo o muerto que se cruce en vuestro camino, si los encontráis no quiero que los matéis a menos que sea necesario, eso es un privilegio que me reservo yo. El resto que peine el maldito bosque. Derek, tu yo vamos a por el líder. Está huyendo a través del bosque. ¡¡¡Vamos!!!
Los hombres de Alaric comenzaron a movilizarse y a abandonar la aldea.
*****
Rachel, Mouse y Alexandra estaban ocultos en el bosque. Habían sobrevivido al derrumbe de la torreta. El peor parado había sido Ben. El cual había quedado atrapado entre las maderas y cuando habían querido ayudarlo habían descubierto que un trozo de madera estaba atravesando su abdomen. El mismo les había dicho que se alejaran de allí cuando vio que se estaban acercando los tipos que los habían asaltado.
—¿Qué hacemos ahora? Esos cabrones parece que han descubierto la entrada a los túneles. Si los siguen estaremos jodidos. Tenemos que correr— dijo Mouse.
—Tenemos que llegar a la iglesia esa y avisarlos. Aquí ya no nos queda nada que hacer— dijo Rachel. Rápido, no os paréis, no nos queda tiempo.
Los tres comenzaron a correr a través del bosque en dirección a la iglesia, siguiendo las indicaciones que les habían dado si ocurría algo.

Bosque…

Llevábamos horas dando vueltas por el bosque y no encontrábamos ni rastro de la iglesia. Tantas horas habían pasado que la noche había caído sobre nosotros y nuestros estómagos comenzaban a protestar.
—Creo que ya podemos decir que nos hemos perdido— dijo Katrina mirándome en la oscuridad. Solo podíamos vernos con la luz de nuestras linternas.
—Si. Eso es evidente. Los demás deben estar preocupados. Seguramente han escuchado todo el jaleo. Me preocupa sobretodo Vicky, temo que quiera regresar a la aldea.
—No lo hará. No te preocupes. Los demás estarán a salvo. Oye, quizás deberíamos buscar refugio para comer algo y pasar la noche. Con el amanecer veremos mejor lo que nos rodea y será mucho más fácil encontrar esa iglesia. Íbamos huyendo, es normal que nos hayamos perdido. Quédate aquí descansando mientras voy a ver que encuentro. Ahí hay una formación rocosa, quizás encuentre alguna cueva.
—Muy bien. Ve con cuidado— le dije a mi hermana. Lo cierto es que yo estaba demasiado cansado y preocupado por los demás.
Mientras Katrina desaparecía entre la maleza, yo me sentaba en el suelo apoyándome en el tronco de un gran árbol, con el oído siempre alerta por si aparecían caminantes. Un minuto después de que Katrina se marchara escuché un ruido de una rama al romperse, alguien la había pisado, enfoqué en la dirección que había sonado el ruido y entonces vi aparecer a Katrina. Iba a decir algo cuando vi a una segunda silueta surgir detrás de ella, era un hombre delgado de blanca piel y melena dorada, era Alaric. Me levanté rápidamente, pero este agarró a Katrina y le apuntó a la cabeza con una pistola.
—Ya sabes como funciona esto. Un movimiento en falso y tendrás que cargar también con su muerte. Deja tus armas en el suelo ahora— me ordenó Alaric. Yo hice rápidamente lo que dijo y dejé el fusil en el suelo junto a la pistola. Después dejé la mochila. –Muy bien. Así se hace, como un perro obediente. Te juro que me ha costado dios y ayuda encontraros, incluso he perdido al que iba conmigo.
—Alaric— comencé a decir. –Esto no tiene por que ocurrir. Déjala ir. Es conmigo con quien tienes el problema. Fui yo quien mató a uno de tus hombres aquella vez y fui yo quien te disparó a ti.
—Lo del disparo no es menester que lo digas. El recuerdo aun me dura. Tuviste muchos cojones al hacerlo. Nunca nadie me había plantado cara así. ¡¡¡Nunca!!! Y ahora llegas tu y mandas todo lo que había creado a tomar por el culo. ¿Cómo crees que me siento? Tenía montado mi propio sistema y tenía a Malaquías comiendo de mi mano. Incluso podría deslizar mi polla por su garganta y el me daría las gracias, pero tu llegada y la de tu grupo cambió las cosas. Si vosotros no hubieseis llegado… Todo seguiría igual.
—Si algo he aprendido desde que empezó esto, es que no todo dura para siempre. Tarde o temprano las cosas se tuercen. Eso es lo que llevo viendo desde que el mundo entró de lleno en el infierno— respondí. –Esto no tiene por que ser así a partir de ahora. Tienes un grupo numeroso y cuantos más numeroso es un grupo más posibilidades tiene de sobrevivir.
—¿Qué es lo que quieres decir?— preguntó Alaric apuntándome a mi esta vez.
—Digo que podemos tratar de olvidar lo sucedido y unir fuerzas— respondí levantando las manos. –Podemos empezar de nuevo— en ese momento escuché un disparo y un fuerte dolor en el costado. Tan fuerte que me hizo caer de rodillas.
—Ya estamos en paz. ¿De verdad te crees que voy a dejar que me tomes el pelo otra vez? ¿Empezar de nuevo olvidándolo todo? ¿Unir fuerzas? Que te jodan. Ya me he cargado a cuatro de los tuyos. Me he cargado a dos viejas, a un cura y a un negro que han encontrado atrapado entre las maderas de esa torre. ¿Acaso tú olvidarás eso? ¿O aprovecharás cualquier descuido mío para terminar el trabajo que no terminaste en la puerta? Ni lo sueñes. ¿Sabes que haré con ella? ¿Sabes que haré con tu querida hermana?— entonces miré a Alaric. –Si, se quien es ella. Lo sabíamos todo sobre vosotros, esa furgoneta y esos tipos que os seguían fue como un regalo, tenían todo tipo de información sobre vosotros. Voy a coger a tu hermana y pienso tirármela mientras nos miras, luego intentaré mantenerte con vida para que veas como llegamos a donde quiera que llevan esos túneles, allí donde están el resto de tus compañeros. Allí donde están tu mujer y tu hija, me las cepillaré a las dos. A la cría primero y luego a la zorra embarazada, a la que le abriré el vientre, le sacaré el bebé y puede que entonces te lo haga comer. Cuando vea que ya no puedes sufrir más acabaré contigo. Así que ni se te ocurra morirte.
En ese momento vi como Katrina se sacaba un cuchillo del cinturón y con un rápido movimiento se lo clavaba a Alaric en la pierna. Este lanzó un grito y tiró a un lado a Katrina, dejándola inconsciente. En ese momento sentí un ataque de rabia y me lancé contra el, este me miró con cara de miedo y de sorpresa, entonces, antes de que pudiera hacer y decir nada, cogí su cabeza entre mis manos y le rompí el cuello.
Este cayó al suelo y yo me quedé una vez más de rodillas. Me quedé un rato allí observando. Sabía que Katrina estaba bien, únicamente había perdido el conocimiento por culpa del golpe. Segundos después me vi rodeado por hombres de Alaric que salieron de entre la maleza. Uno de ellos se acercó a mi y luego me apuntó a la cabeza con una escopeta, para acto seguido preguntarme.
—¿Está muerto?
—Si— respondí jadeando.
En ese momento el hombre de Alaric dejó de apuntarme y seguidamente le disparó a Alaric en la cabeza. –Nunca se está suficientemente muerto— el hombre de Alaric miró a los demás hombres que habían comenzado a rodearnos. –Bajad las armas. Esto ha terminado. Alaric está muerto y nada nos retiene aquí. ¿Algunos no queríais marcharos? Esta es la oportunidad que estabais esperando. Nos largamos— en ese momento aquel tipo dejó caer una caja  mi lado. Ahí tienes un botiquín. Nosotros ya no volveremos a vernos, no volverás a vernos a ninguno de nosotros.

Los hombres de Alaric se dieron media vuelta y se alejaron perdiéndose en el bosque mientras nuevamente Katrina y yo nos quedábamos solos.