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sábado, 29 de noviembre de 2014

NECROWORLD Capítulo 57

Día 20 de Enero de 2010
Día 577 del Apocalipsis…
Las Vegas… 21:30 de la noche…

Habíamos llegado. Detuve el vehículo junto a una torre de agua y observé las luces que había a lo lejos. Las Vegas era una ciudad muy diferente a lo que había visto hasta el momento después del apocalipsis. También llegaba hasta nosotros el ruido, era evidente que los habitantes del lugar no temían a nada ni a nadie. Desconocía el número real de personas que vivían allí, ni siquiera había hecho un cálculo aproximado.
Rachel y yo nos bajamos del vehículo y nos acercamos al maletero, donde sacamos nuestros fusiles y munición, entonces vi la mirada de indignación de Sean, el cual no se había bajado del vehículo. Durante el trayecto les había estado explicando mi plan y lo que quería hacer, mientras Rachel y yo nos infiltrábamos en la ciudad, Sean nos esperaría en el vehículo por si era necesario salir de allí a toda velocidad… Y todo indicaba que iba a ser así.
—¿Estas seguro que quieres hacer esto? Parece que todos los habitantes están en la zona de casinos, locales y hoteles. Tampoco sabemos cuantos enemigos son en total.
—Ahora mismo sean los que sean nos superan en numero. Nosotros solo somos dos— respondí mientras me colgaba el fusil al hombro y miraba a Sean, el cual seguía mirándome indignado, el quería venir.
—Seriamos tres si me dejaras despegar el culo de este puto jeep— dijo Sean dando un golpe en el volante.
—Te necesito ahí, ya te lo dije. Además, ahí dentro será peligroso.
—Oh… Gracias por la clase de obviedad. ¿Cómo si para vosotros no lo fuera?
—Te quedas aquí esperando y no hay más que hablar. Probablemente tengamos que salir pitando— respondí cerrando el maletero.
—Es obvio que tendremos que salir pitando— añadió Rachel.
Salí de la parte trasera del vehículo y caminé hacia la puerta del conductor. Me agaché un poco y eche mano de la radio, traté de contactar con el grupo de Juan, pero no había manera, seguramente era porque estábamos muy alejados de ellos. 
—¿En serio que no puedo ir? Os sería de ayuda. Ya lo sabes— replicó Sean en un ultimo intento de convencerme.
Seguidamente le di una palmada en la rodilla de su pierna herida, eso hizo que sintiera un pequeño latigazo de dolor y me mirara con expresión molesta, creo que se estaba planteando si soltarme dos puñetazos, pero no hizo nada, se resignó.
—¿Ves? Esa es una de las razones por las que te debes quedar aquí. Te dispararon y eso no se cura en dos días, además aquí estarás más seguro. No se ve a nadie, ni caminantes.
—Muy bien. Como tu digas, pero esta es la ultima vez que me dejas en la retaguardia. La próxima vez quiero estar de los primeros— dijo finalmente Sean. –Venga… Id y tened cuidado, volved cuanto antes.
Rachel y yo comenzamos a alejarnos del vehículo. Únicamente nos guiábamos por el sonido que venia de la ciudad y de las luces. Para mi era un terreno desconocido, pero quizás Rachel sabía más que yo del lugar.
—¿Has estado alguna vez aquí?— pregunté.
—Una vez hace años. Me gasté una fortuna en casinos. A juzgar por hacia donde vamos… Diría que todo está en Las Vegas Strip, es ahí donde hay más de todo. ¿Es eso lo que quieres saber? Pues si, todo indica que nos dirigimos a esa parte de la ciudad.
Seguimos caminando hasta que vimos algo que nos llamó la atención a los dos, se trataba de una especie de puesto de control, seguramente perteneció a los soldados que estuvieron un día allí cuando todavía se pensaba que la humanidad podía ganar.
Con cada paso que dábamos nos íbamos acercando a nuestro destino, pronto tendríamos ante nosotros las murallas de la ciudad, cuando llegáramos a ellas tendríamos que pensar en como atravesarlas sin ser vistos. Avanzábamos con cautela y en silencio, con las luces de las linternas apagadas y con el oído siempre alerta, así evitábamos ser vistos por los pocos caminantes que había allí, estaban parados, como en una especie de estado de letargo, seguramente debido a que la temperatura allí había bajado, aunque todos estaban mirando hacia el mismo sitio, las luces de los edificios.
Podíamos ver por donde íbamos gracias a las luces de la ciudad. De repente escuchamos un ruido y ambos nos escondimos, no tardó en aparecer un camión, este se detuvo y comenzaron a bajar tipos armados, estos comenzaron a acercarse a los caminantes y comenzaron a agarrarlos con unos collares para perros. Los No Muertos estaban tan ensimismados que no parecían percatarse de lo que estaba ocurriendo, a pesar de que los tipos se permitían hablar a gritos y tratar a los caminantes a patadas. Mientras observaba lo que ocurría me fijé en los bajos del camión, allí había unos huecos entre los hierros para llevar alguna carga bajo el camión como por ejemplo bidones, eran lo bastante grandes como para que cupieran al menos dos personas, entonces vislumbré una idea.
Me di la vuelta y miré a Rachel. –Tengo una idea, cuando yo te diga sígueme.
Rachel asintió y esperó a mi orden.
Los tipos seguían cazando caminantes y subiéndolos al camión, donde seguramente los metían en alguna jaula para llevarlos a la ciudad, para solo dios sabe que. Los tipos bromeaban y se reían, no parecía que estuviesen muy preocupados por si alguien los estaba vigilando, fue ese el momento que vi oportuno.
—Ahora, sígueme— le susurré a Rachel.
Los dos nos dirigimos rápidamente hacia los bajos del camión sin levantar ningún tipo de sospecha por parte de aquellos hombres. Nos agazapamos y rodamos por el suelo hasta situarnos debajo del vehículo, una vez ahí nos deslizamos hacia los huecos y nos escondimos allí. Ya teníamos una forma de entrar en la ciudad, ahora la gran pregunta que me formulaba era como salir de ella… Si es que salíamos de ella con vida y enteros.

Estuvimos bastante rato en ocultos en los bajos del camión, desde ahí vimos que la entrada de la ciudad era muy parecida a la de Manhattan. Una vez el camión entró en las calles, tanto Rachel como yo pudimos ver la cantidad de gente que poblaba las calles bañadas por las luces de neón de los careles de los distintos locales y hoteles. Era imposible contar a todos los habitantes de Las Vegas, pero era seguro que había más de los que había en Manhattan, muchísimos más.
El camión siguió avanzando hasta que llegamos a una zona no tan concurrida, finalmente entramos en lo que parecía un parking cubierto, el camión se detuvo y los tipos comenzaron a bajar.
—¡Eh Marcial! ¿Sacamos a los podridos del camión?— preguntó alguien.
—No, ahora vamos a “La Manzana de la pasión”, tengo ganas de echar un polvo. Ya los sacaremos después— respondió otro tipo.
—Venga va, invito a una ronda de putas— dijo otro.
Finalmente al menos unos quince tipos salieron del parking y este se quedó casi en silencio, solo se escuchaban los gemidos de los caminantes que había dentro del camión.
Nos quedamos unos minutos quietos. Finalmente miré a Rachel y los dos salimos de los bajos del camión para encontrarnos en un parking iluminado. Allí había varios vehículos cubiertos con lonas verdes, incluso vimos que debajo de una de las lonas se adivinaba la figura de un tanque, no me cabía duda de que estaban bien preparados.
—Me pregunto de donde han sacado todo esto. No es algo que se pueda conseguir en la tienda de la esquina. Lo habrán robado de alguna base militar— dijo Rachel levantando una lona y descubriendo un vehículo oruga. Ella me miró. –Estos tíos no son unos cualquiera, son verdaderamente peligrosos… Y Dorian… ¿Estás seguro de lo que quieres hacer? Ese tipo no te dará segundas oportunidades.
—Ya te lo dije mientras veníamos. Estamos aquí para lo que estamos aquí. Yo haré lo que tengo que hacer, solo estás aquí como apoyo— le respondí. –No te preocupes. No dejaré que te pase nada, haré que vuelvas a reunirte con Sheila antes de cuarenta y ocho horas.
—¿Cómo salimos de aquí?— preguntó en ese momento Rachel.
Yo miré a mí alrededor y vi la puerta metálica por la que habíamos entrado, justo al lado había una puerta más pequeña para el personal, esta estaba junto a una garita que en su día debió pertenecer al vigilante de seguridad. Caminamos hacia la puerta y me paré ante ella, pegué el oído a esta y me paré a escuchar, no se escuchaba nada al otro lado. Miré a Rachel. –Despejado— En ese momento posé la mano sobre el pomo y traté de hacerlo girar, pero este no se movió. Entonces tomé una decisión, le puse el silenciador a la pistola y apunté al cerrojo, apreté el gatillo y el tiro hizo que este saltara por los aires en tres trozos.
La puerta se abrió y Rachel y yo salimos al exterior, nada más salir nos llegó el sonido de la música con más intensidad. De repente escuchamos unos disparos y pensando que nos habían descubierto nos escondimos, pero pasados unos segundos nos dimos cuenta que los disparos no eran por nosotros.
—Deben estar celebrando algo— dije mientras caminábamos por un callejón oculto por las sombras, cuando llegamos al final vimos la torre Eiffel.  Enseguida supe que se trataba de un casino. Cerca de ella había una pared blanca con varios No Muertos atados por el cuello a unos postes junto a ella. Entonces vi algo que me llamó la atención. –Mira eso Rachel.
Frente a los caminantes había niños con unos rifles de balas de pintura disparándoles mientras los No Muertos trataban de alcanzarles. Los padres de los niños estaban justo detrás de ellos animándoles a apuntar mejor.
—Esto es una jodida locura. Este lugar no se parece en nada a Manhattan… Y mira eso— dijo Rachel señalando a un enorme cartel que colgaba por la fachada de un edificio.
En el cartel se veía a un hombre adulto de unos más de cuarenta años, debajo aparecía un nombre seguido de una frase: “Dorian, El fin del viejo mundo es solo el renacer de uno nuevo y prometedor”.
—Así que ese es Dorian— murmuré mientras contemplaba la imagen del hombre. En la foto se le veía cara de ser alguien afable a juzgar por la sonrisa que mostraba. No parecía el monstruo que me habían dicho que era. –Muy bien… Ahora nos queda saber donde se encuentra ese mal nacido.
—¿Y como quieres averiguarlo? Es evidente que no podremos cruzar la calle como si tal cosa. Tampoco creo que podamos hacernos pasar por ciudadanos.
En ese momento pasó por allí un grupo de hombres armados que vestían un uniforme de color negro. Al verlos tuvimos que ocultarnos detrás de unos contenedores amparados por las sombras del callejón. Esos debían ser las fuerzas de seguridad de la ciudad. Con ellos por ahí no sería fácil ir a ningún lado.
Nos quedamos ocultos mientras pensábamos en algo. En una manera de saber donde estaba Dorian y en como transitar por allí sin ser vistos. Justo entonces una silueta tambaleante entró en el callejón y se puso a orinar en la pared. Justo ahí vi la oportunidad, salí como un rayo de mi escondite, agarré al tipo de la camisa, le tapé la boca y lo metí en las sombras de un tirón al mismo tiempo que lo encañonaba.
—No grites ni hagas nada que no me guste. Si lo haces te mataré sin pestañear. Asiente si lo has entendido— le dije. Entonces el tipo asintió, en sus ojos se veía el miedo y que comprendía que hablaba en serio. –Muy bien… Me vas a decir lo que quiero saber. Dime ahora mismo donde está Dorian. Más te vale que no me mientas. ¿Te ha quedado claro?
—Vale… Te diré lo que quieres saber… Pero no me mates, yo solo soy un ciudadano más de aquí— el tipo miró por encima de mi hombro y se fijó en Rachel, la cual estaba apuntándole con el fusil. –Dorian está en el Caesar Palace. El vive allí la mayor parte del tiempo en la última planta. Es lo único que se… Por favor…
—¿Cómo accedemos al interior del hotel sin ser vistos?— preguntó Rachel. –Hay demasiados tipos armados. Responde rápido o te agujereo la cara.
—Podéis llegar a través de las alcantarillas. Estas están también vigiladas, pero es más fácil por ahí que por la superficie. Llegareis hasta una escalera de mano si seguís en línea recta. Por ella accederéis al espá. Desde ahí podréis acceder a un ascensor que va directo a la última planta. Allí únicamente hay tres suites. La de Dorian es la del centro.
—¿Dorian estará allí?— pregunté queriendo asegurarme. No quería encontrarme con que había hecho todo el viaje para nada.
—Dorian siempre está ahí a estas horas. No baja a los casinos y locales hasta más tarde. Os estoy diciendo la verdad… Maldita sea.
—¿Hay cámaras de seguridad?— seguí preguntando. Necesitaba conocer todos los detalles antes de llevar a cabo todo el plan. Era demasiado importante como para fracasar.
—Claro que las hay, las hay por todo el hotel. Pero podréis llegar si le quitáis la ropa a alguno de los guardas, hay tantos que muchos no se conocen entre si. Si hacéis eso os podréis colar fácilmente.
—¿Y como se que no nos estás mintiendo? Podrías estar guiándonos a una trampa— le espeté a nuestro rehén. –Pero supongo que no nos dirás la verdad de todos modos— En ese momento le di un golpe en la cabeza con la pistola y este cayó de bruces.
Rachel y yo amordazamos al tipo inconsciente y lo metimos dentro de un contenedor. Esperaba que tardara en despertarse. –Bueno… Es hora de meternos de nuevo en las alcantarillas… Esto empieza a ser costumbre.
—Y que lo digas tío— respondió Rachel. –Bueno, el trayecto no será demasiado largo. ¿Vamos?
—No… Espera. Primero quiero asegurarme bien. Necesito ver bien otras posibilidades como por ejemplo la vigilancia de las azoteas. Ya que quiero que tu te ocupes de algo. Te necesitaré de francotiradora en el edificio frente al Caesar Palace… Bueno, serás francotiradora en caso de que yo falle o tengas al cabrón de Dorian a tiro. Hasta que eso ocurra necesito que vigiles por si ocurre algo… Como por ejemplo que lleguen refuerzos.
—Me parece bien, pero si llegan… ¿Cómo te lo haré saber?
En ese momento me descolgué mi mochila del hombro y la estuve revolviendo hasta que saqué dos pinganillos, uno me lo quedé yo y el otro se lo pasé a Rachel. –No es que tengan mucho alcance, pero a nosotros nos bastará.
—No sabía que los llevabas. Bueno, aunque no tengan mucho alcance, para nosotros ahora mismo es más que suficiente. ¿Nos ponemos en marcha entonces?
—Si… Vamos— respondí.
Los dos volvimos por donde habíamos venido, recordaba que durante el trayecto hacia el callejón había visto varias bocas de alcantarillado. Llegamos a una y la levantamos con cautela. Una vez la quitamos miré a Rachel.
—Llegó el momento. Deséame suerte.
—Suerte— respondió Rachel. –Por cierto, tenemos que ser rápidos con esto. Hemos dejado la puerta del parking abierta. Cuando regresen y la encuentren así se darán cuenta de que algo no funciona y se alarmaran, por lo tanto se imaginarán que aquí hay alguien que no debería estar aquí. Por no hablar del revuelo que se armará cuando te cargues a Dorian— Rachel se quedó un rato pensativa y me miró otra vez. —¿Serás capaz de hacerlo? ¿Serás capaz de llegar y matarle?
—Lo haré sin dudarlo. Entraré por la puerta y acabaré con esto. Luego saldremos de aquí cagando leches y nos reuniremos con los demás.
Rachel asintió con una sonrisa. –Pues luego te veo.
—Hasta luego.
Me metí dentro de la alcantarilla y Rachel cerró la tapa detrás de mí. Una vez allí dentro vi que estaba más iluminado de lo que me esperaba, no iba a necesitar la linterna. Parecían más unos pasadizos que unas alcantarillas, ni siquiera olía mal, olía a limpio.
Seguí caminando por las alcantarillas hasta que vi a dos tipos merodeando por allí, ambos estaban armados. Estaban custodiando una puerta al final del pasillo, seguramente la única puerta que me llevaría directo al espá del hotel Caesar Palace. Me fije en ambos, ninguno de los dos era muy musculoso, más bien eran de complexión delgada como yo y de mi estatura, ambos se movían por los dos lados del pasillo y llegaba un momento que se perdían de vista el uno al otro. Desde mi posición estudie bien sus movimientos y el tiempo que tardaban en volver a cruzarse… Cinco minutos en total. Tendría que actuar rápido si quería que lo que estaba ideando saliera bien.
*****
Desierto de Nevada…

Juan y el resto de su grupo habían detenido los vehículos junto a la misma área de servicio donde habían tenido el encuentro con Randall y sus chicos. Después de marcharse de Portland habían estado conduciendo hasta el anochecer. En esos momentos debían parar a acampar, aunque desde el principio hubo discrepancias con respecto a detenerse, todas por parte de Butch, que alegaba que con esa panda de locos tras sus pasos era mejor no detenerse y llegar a la ciudad cuanto antes, pero Juan tenía otra idea al respecto.
Juan prefería acampar y desplazarse solo durante el día, mientras que pos las noches montarían guardias y estarían alerta por si atacaban, no los iban a pillar desprevenidos.
Después de cenar sin ningún tipo de incidencia, mientras que Juan y Yuriko se quedaban vigilando, ambos subidos al tejado de la tienda, los demás dormían tranquilamente en el interior de esta. De vez en cuando Yuriko miraba hacia el horizonte con las gafas de visión nocturna.
—¿Miras si vuelven Juanma y los otros o miras si vienen nuestros enemigos?— preguntó Juan mientras le quitaba el tapón a su cantimplora para beber agua.
—Ambos— respondió Yuriko. –Pero no se ve nada. ¿Habéis podido contactar con ellos?
—Laura estuvo intentándolo bastante rato, pero como no había manera lo dejó. Supongo que es por lo mismo que no podemos ponernos en contacto con Manhattan. Las montañas son un verdadero problema. Aunque realmente no me preocupo demasiado, Juanma y Rachel saben cuidarse solos, seguro que estarán de vuelta antes de lo que nos pensamos. Seguramente nos alcancen mañana.
—Ya…— murmuró Yuriko volviendo a otear el horizonte con las gafas de visión nocturna.
—Por cierto…— Comenzó a decir Juan atrayendo toda la atención de Yuriko. —¿Qué es lo que te pasaba? Desde que salimos de Manhattan te he notado rara, como distante.
Yuriko se quitó las gafas y suspiró. —¿Te diste cuenta? Vaya…
—No solo yo, Juanma también se ha dado cuenta de que algo te pasaba… ¿Qué es?
—Antes de salir de Manhattan… Carlos el hermano de Juanma me amenazó. Quería que yo matara a Juanma. El miedo me tenía absorbida, no te imaginas el miedo que me da Carlos, el me dijo que si no mataba a Juanma, el me mataría a mi.
—Carlos no se acercará a ti, no te preocupes. Además, el ya no está ni en la ciudad. No debes tener miedo, eso si, debes contarle a Juanma eso, para que sepa que su hermano lo quiere muerto, aunque no dudo que lo sepa ya, la esquizofrenia de Carlos lo convierte en un libro abierto, se le ven hasta las ideas.
—Lo conozco bien. Cuando se propone algo no se detiene ante nada. Me da miedo por que a pesar de ello no se hasta donde es capaz de llegar… Aunque es seguro que muy lejos.
—No te preocupes. Ni Juanma sufrirá daños ni tú tampoco— aclaró Juan cogiendo las gafas de visión nocturna y poniéndoselas. Enseguida pudo ver todo lo que lo rodeaba iluminado por el color verde, incluso vio a unos coyotes disputándose unos restos humanos. –Está todo muy tranquilo, supongo que si alguien se nos acercara lo veríamos. Sin embargo no se ve a nadie. ¿Dónde estarán? Se supone que nos buscaban a nosotros.
—¿Crees que siguen en Portland?— preguntó Yuriko. –Si es así espero que hayan dejado en paz a esas mujeres. Ya se que nos echaron de mala manera, pero estaban asustadas, así que comprendo su actitud, además… A eso le añadimos que no confiaban en los hombres.
En ese momento escucharon el llanto del bebé, señal de que quería comer o había que cambiarlo, enseguida escucharon la voz de Butch, como siempre haciendo amigos y boceando que el bebé se callara o el se encargaría de echarlo fuera.
—Odio a ese cretino— dijo Yuriko refiriéndose a Butch. Ciertamente no le caía demasiado bien. –Ojala se hubiese quedado en su casita en lugar de venir.
Juan sonrió. –No es mal tipo, solo es un poco especial. Aun así es alguien muy eficiente en este tipo de trabajos… Además, va de tipo duro y me da que es todo fachada. Debe tener miedo de parecer débil si muestra que tiene sentimientos.
—Debe tener mucho miedo entonces— respondió Yuriko al tiempo que lo seguía escuchando gritar por que el bebé no dejaba de llorar, luego miró a Juan. –En serio… No puedo verlo como algo más que un cretino mal hablado.
De pronto escucharon una voz a sus espaldas, se dieron la vuelta y vieron al padre de familia Mexicano, al que habían podido conocer más durante el trayecto hasta esa área de servicio.
—¿Puedo quedarme con ustedes? Mi chamaquito se despertó y ya no puedo dormir. Mi esposa está dándole el pecho y su amigo no deja de gritar e insultar.
Ese hombre se llamaba Mario, les había contado que habían salido de México no hacia mucho y que hasta que llegaron a Portland habían estado dando vueltas.
A Juan le costaba mucho mirarlo a la cara, ya que cuando tuvieron el accidente ante la muralla de Portland y el se apresuró a ayudarles, había tenido que disparar a la madre de Mario que había muerto y reanimado.
—Claro que puedes— respondió Yuriko. –Donde vigilan dos vigilan tres. ¿Verdad Juan?
—Verdad— respondió este.
De repente Butch apareció en el tejado. –El puto crio no deja de llorar. Tengo sus putos llantos clavados en el cerebro. Yo no se si es que tiene hambre o se ha cagado, me da igual, pero que se calle. Tendrían que haberse quedado allí con esas putas.
—Tu di que si… Con tacto— respondió Juan con un suspiro.
—Podría atraer a caminantes. Es una puta campana de la hora de la comida— en ese momento Butch se percató de que Mario lo estaba mirando. –No me mires así Pancho Villa, sabes que tengo razón…— En ese momento Butch dejó de hablar y se acercó corriendo a un lado de la terraza. –Mirad eso de ahí, se acerca un vehículo.
Juan, Yuriko y Mario miraron hacia donde Butch miraba y efectivamente vieron unos faros que se acercaban aparentemente a toda velocidad.
—¿Crees que son Juanma y los otros?— preguntó Yuriko mirando a Juan, pero este no respondió. Rápidamente Yuriko volvió a ponerse las gafas de visión nocturna y miró nuevamente al vehículo, fue en ese momento cuando descubrió que no era el jeep, era una de las furgonetas que había en Portland, muy similar a la de las chicas que fueron apresadas.
—Mierda. Nos han encontrado. Vienen derechos hacia aquí— dijo Butch mirando a Juan.
—¿Solo un vehículo?— preguntó en ese momento Juan, parecía que ahí había algo que no le encajaba del todo bien.
El vehículo iba haciendo eses y hubo un momento que choco contra algo, seguramente una roca, la parte trasera se elevó y la furgoneta se precipitó hacia delante dando una vuelta completa, finalmente acabó boca abajo con las ruedas apuntando al cielo.
—¿Qué carajos ocurrió?— preguntó Mario tan asombrado como el resto.
Juan no respondió, simplemente se colgó el fusil al hombro y bajó de un salto al asfalto.
—¡¡¡Eh tarado espera!!!— dijo Butch imitándolo y saltando detrás de el.
Ambos comenzaron a correr por la arena en dirección al vehículo accidentado. No tardaron mucho en llegar, cuando lo hicieron vieron que alguien salía a rastras por la puerta del conductor, los dos apuntaron instintivamente y descubrieron que se trataba de una chica de color. Cuando los miró, Juan la reconoció, se trataba de Alexandra.
—A… Ayuda…— balbuceó esta al tiempo que se arrastraba hacia afuera. Fue en ese momento cuando Juan descubrió la herida de su costado, indudablemente producida por un disparo. Enseguida se agachó y la ayudó a salir.
—Butch… Mira si hay más chicas dentro— pidió Juan a su compañero, el cual se había quedado quieto sin hacer nada.
—¿Estas de coña? Estas tías nos echaron y ahora hay que ayudarlas. No, que les jodan. Yo paso, ahora que apechuguen con lo suyo.
Juan se levantó de golpe y agarró a Butch. –Óyeme bien capullo. O me ayudas o te juro que te arrancaré la cabeza y te la meteré por el culo hasta que te atragantes con tu propia caspa. ¿Queda claro?
Butch sorprendido se retiró y sin mediar palabra fue a la parte trasera de la furgoneta y abrió la puerta, allí se encontró a dos chicas más, una de ellas era Stacy, a la otra no la conocía. Ninguna de las dos se movía. Parecía que estaban muertas.
—Aquí hay dos— dijo Butch mirando a Juan, pero este ya corría con Alexandra a cuestas hacia el área de servicio. Butch se resignó y se agachó, cogió a Stacy e hizo lo mismo que Juan.
***** 
Las Vegas strip…
23:25 de la noche…

Rachel había alcanzado la azotea del flamingo sin muchos problemas. Lo había hecho por la escalera de incendios, y con gran astucia y cautela se había ido deshaciendo de los vigilantes que había. Una vez en la azotea tenía una visión clara de toda la calle. Abajo transitaba multitud de personas, no se imaginó que pudiera haber tantísima gente.
Delante del flamingo se podía ver el Caesar Palace, aunque le era imposible ver a nadie a través de las ventanas, eso significaba que jamás tendría a Dorian a tiro.
Rachel conectó el pinganillo. –Juanma… ¿Estás ahí?

Acababa de noquear al primero de los guardas de las alcantarillas cuando escuché la voz de Rachel. Mis cálculos habían sido correctos, ahora tenía que noquear al segundo.
—Si Rachel. Estoy aquí, voy a encargarme del segundo guarda. Luego accederé al ascensor que me llevará a la última planta y a Dorian. ¿Cómo está la situación ahí?
—Todo despejado… Aunque tengo malas noticias… No te serviré de francotiradora para Dorian. En ese aspecto estás solo. Lo siento.
Suspiré al tiempo que me asomaba para ver si llegaba el otro guarda. –No importa. Sigue ahí e infórmame si ocurre algo inusual. Voy a ocuparme del que queda. Luego hablamos.
—Muy bien… Ten cuidado— respondió Rachel. –Una cosa más. Cuando estés ante Dorian no te lo pienses y mata a ese cabrón.
—Lo haré— respondí.
Después de cortar la comunicación con Rachel me esperé a que el guarda llegara al punto donde se daba media vuelta. Cuando lo hizo, salí rápidamente de mi escondite y me abalancé sobre el guarda, até mi cinturón alrededor de su cuello y apreté. El intentó librarse de mí, pero le fue imposible, poco a poco fue perdiendo el sentido mientras se iba poniendo morado, finalmente cayó desplomado al suelo, le tomé el pulso y comprobé que estaba completamente muerto. Con esa parte del plan ya completo me quité la ropa y luego se la quité a uno de los guardas. Me vestí como ellos y me puse también su gorra. Ya estaba listo para seguir.
Entré en el ascensor y llegué al espá. Una vez allí vi que había varias personas, hombres y mujeres, algunos incluso estaban teniendo relaciones sexuales en grupo. Avancé a paso rápido bajándome la gorra para impedir que se me viese el rostro.
En ese momento escuché la voz de una chica frente a mí, levanté un poco la vista y vi a una mujer que tendría sobre los cuarenta años, aunque no los aparentaba, era muy atractiva. Estaba completamente desnuda  –Hola querido ¿Eres nuevo aquí? ¿Te apetece tomarte una compa conmigo y pasarlo bien? A mi marido le encanta mirar.
—Disculpe señora, pero ahora no tengo tiempo— aparté a la mujer a un lado y salí del espá. Avancé por el pasillo que me había dicho el rehén que cogimos en el callejón y llegué hasta el ascensor, entré dentro y pulsé el único botón que encontré.
El ascensor comenzó a ascender rápidamente, no tardaría en llegar al último piso. Mientras subía iba pensando en como lo haría. Entraría por la puerta, lo miraría y apretaría el gatillo repetidas veces hasta vaciarlo por completo, luego lo remataria si fuese necesario.
Cuando el ascensor llegó al último piso salí con cautela y con el arma preparada por si había que disparar, estando en territorio enemigo como estaba, eso podría ocurrir en cualquier momento.

El pasillo estaba despejado, no había nadie por allí. Avancé con paso firme mientras iba preparando la pistola. Estaba a pocos metros de la puerta que me habían dicho. Si era verdad que Dorian estaba allí, pronto estaríamos frente a frente. Mi corazón se iba acelerando mientras notaba la descarga de adrenalina, sentí las ganas de acabar con aquel tipo. Llegué junto a la puerta y me detuve, en ese momento fui a coger el pomo de la puerta y le hice girar poco a poco, la puerta hizo un click y yo la abrí de golpe con el arma en alto dispuesto a disparar. Nada más pasar al interior de la habitación me quedé sorprendido por lo que estaba viendo. No podía creerme lo que estaba viendo, no daba crédito a lo que veían mis ojos, de todas las cosas que creía que podía encontrarme allí, eso que tenía ante mi era del todo impensable.

sábado, 22 de noviembre de 2014

NECROWORLD Capítulo 56

Día 20 de Enero de 2010
Día 577 del Apocalipsis…
Manhattan… Zona segura…

—Graham para mi era mucho más que un amigo. Era como un padre, un padre que cuidaba de todos nosotros y nos daba un hogar. Lamento tremendamente su muerte por que vi como se apagaba y ni siquiera pude despedirme de el. Si me hubiese podido despedir le habría dicho tantas cosas… Pero sin duda la primera de ellas sería gracias, gracias por todo lo que hiciste por esta ciudad y sus habitantes— Decía Cooper de pie delante del ataúd, al otro lado de este estaba Kaleb leyendo la biblia y rezando.
Toda la ciudad estaba allí reunida y todos portaban una rosa roja que poco a poco iban depositando sobre el ataúd.
Tras el discurso de Cooper y los rezos de Kaleb, unos militares comenzaron a disparar salvas, seguidamente comenzó a sonar una música, se trataba de “La sinfonía del nuevo mundo”, la misma que durante el mandato de Graham en la ciudad se escuchaba cada día. Mucha gente derramaba lágrimas por la perdida del que había sido su líder, otros aun no daban crédito y en sus ojos se veía temor, como si con la muerte de Graham todo se hubiese terminado para ellos.
En un punto más alejado se encontraban David, Eva, Parker, Sandra, Alicia y los niños. Habían decidido quedarse allí observando sin acercarse demasiado. Eva sin embargo buscaba con la mirada a Mike y a Kendra, pero no había ni rastro de ellos, le preocupaba bastante no saber nada de ellos después de lo ocurrido en los túneles, temía que les hubiese pasado algo.
—¿En que piensas?— preguntó David mirando a Eva. –Estás como ausente.
—Busco a Mike y a su familia, pero no están ni aquí ni estaban en su casa, es como si se los hubiese tragado la tierra. Estoy preocupada— respondió Eva mientras depositaba su mirada en la tumba vacía de Juanma, la cual había quedado en el olvido pero en el mismo sitio. –Fíjate, la tumba de Juanma sigue ahí. Deberían haberla quitado ya o dársela a otro.
—El vive, es lo que importa. ¿No crees?— preguntó David. –Bueno, no te preocupes, cuando el regrese estarás más tranquila y nos marcharemos de aquí… Aunque aun no me convence mucho lo de irme. Aquí no estamos tan mal.
—Chicos— dijo Sandra interrumpiendo la conversación de David y Eva. –Parker y yo estamos a punto de entrar en servicio, así que nos vamos.
—Se me ocurre que podríais venir esta noche a cenar a mi casa. Os invito— dijo en ese momento Parker mientras abrazaba a Sandra. Su relación iba muy bien y ya corría el rumor de planes de boda entre algunos habitantes que tenían relación con ellos, pero Sandra aun no había dicho nada.
—Me parece bien. Alicia y yo iremos con el niño— respondió David con una sonrisa. Entonces miró a Eva. —¿Vendrás? Te vendrá despejarte un poco y dejar de pensar tanto. Venga no puedes decir que no— David se adelantó a la negativa de su compañera.
—Muy bien, supongo que no puedo negarme— respondió Eva con una media sonrisa. En el fondo sabía que sus amigos tenían razón. Necesitaba despejarse un poco y dejar de pensar tanto.
De repente la expresión de Eva cambio, apartó a David y comenzó a caminar entre los arboles, le había parecido ver algo, una silueta de una persona que la estaba mirando. Esa persona le había parecido que era Carlos.
David salió detrás de ella y la agarró del hombro. —¿Qué pasa? Es como si hubieses visto algo…— pero ella no respondió, entonces David se plantó delante de ella y la obligó a mirarle. —¡¡¡Eva!!!
La chica hizo un respingo y miró a David. –Lo… Lo siento. Yo… Me pareció ver algo… A alguien… Creo que era Carlos.
David se dio la vuelta en ese momento y miró a donde estaba mirando Eva, pero allí no veía a nadie, enseguida se llevó la mano a la cintura y palpó la culata de la pistola que llevaba, sabía que si Carlos andaba por allí era peligroso. El conocía a Carlos desde antes del apocalipsis y le sorprendía mucho que hubiese acabado así. Era un ejemplo claro de en lo que te convertía un mundo que se había ido al infierno.
David se dio la vuelta y miró a Eva. –Quédate aquí, voy a ver.
Eva trató de detenerlo, pero David la apartó y comenzó a caminar hacia el lugar que había dicho Eva. Llegó allí con la pistola en alto, preparado por si Carlos aparecía de repente. Si era verdad que estaba allí, sus intenciones no eran buenas y el ya había dado su palabra de proteger a los demás.
—¿Carlos?— preguntó David. Aunque realmente no esperaba que respondiera.
De repente escuchó un ruido a sus espaldas, como una rama al romperse, se dio la vuelta y apuntó, pero allí no había nadie salvo una ardilla que se lo quedó mirando.
El corazón de David dejó de latir a tanta velocidad y se relajó. Allí no había nadie, por otro lado con la seguridad que había era imposible que Carlos u otra persona ajena a la ciudad o desterrado de ella hubiese logrado colarse, aunque también era cierto que no sabían el paradero de Carlos, lo vieron irse, pero… ¿Y si nunca se fue? ¿Y si seguía en la ciudad?
David decidió volver junto a Eva, cuando llegó la miró. –Puede que hayas tenido una alucinación producto del estrés, apenas descansas y necesitas hacerlo. Por otro lado llevas mucho sobre ti, la aparente muerte de Juanma, tu idilio con Carlos y el embarazo, el regreso de Juanma, el asalto a los túneles y la tensión que generó. Llevas demasiado.
—A veces pienso que me volveré loca— dijo Eva. –Ya no se que hacer.
—Bueno, por ahora ven a cenar a casa de Parker esta noche y luego quiero que tú y Vicky vengáis a dormir a nuestra casa— dijo David sonriendo a su compañera. –Venga, ahora volvamos con los demás.
*****
Carguero prisión…

Dylan estaba ultimando los preparativos para la fuga que se traía entre manos, aunque solo le había contado a Luci lo que el había querido, le había estado ocultando información. Información que solo sabía Warren y algunos de sus hombres.
Dylan extendió unos planos del carguero sobre una mesa y se los mostró a Warren y a los otros.
—¿Cómo los conseguiste?— preguntó Warren.
—¿Acaso importa? Los tengo y ya está. Lo importante es llevar a cabo nuestro plan y salir de aquí— Dylan miró a dos de sus hombres. —¿Tenéis listo lo vuestro? Es importante.
—Lo tenemos— respondió uno de ellos. –Solo danos la orden y lo llevaremos a cabo. Será fácil si logramos llegar a la sala de maquinas, solo podremos acceder por los tubos de ventilación, la parte más jodida la tendréis los que tengáis que ir a la sala de control, los guardas no os lo pondrán nada fácil.
—No te preocupes por eso. Eso ya lo tengo todo planeado, Luci y yo nos dirigiremos allí— explicó Dylan. –La señal llegará en unos días.
—¿Y como se han puesto en contacto contigo?— preguntó Warren. –Desde lo del lio de los túneles creí que no volveríamos a saber de ellos.
—Aun quedan infiltrados entre los de arriba y eso es lo que nos ha salvado. De todos modos ellos irán por su cuenta, nosotros solo esperaremos a la hora H del día D para actuar. En otras palabras, si queremos salir de aquí estamos por nuestra cuenta— siguió diciendo Dylan. –Montaremos un motín que tendrá ocupados a todos los guardas, nos abriremos paso hasta la sala de control mientras vosotros ponéis en combustible ¿Podréis hacerlo?
—Cuando vosotros lleguéis a la sala de control, el combustible estará cargado y listo— respondió uno de los hombres que estaba encargado de cargar el combustible.
—El combustible no nos dará para mucho— respondió el otro.
—Bueno, no pretendemos salir a surcar los mares, lo que queremos hacer es más simple. Tenemos que acercar el barco más al puerto y encallar, solo así podremos escapar. Los guardas estarán muy ocupados tratando de frenar a los presos y a los No Muertos que surjan de la confrontación, es evidente que los habrá— dijo Dylan. –Solo me preocupa que Dante meta las narices en ello.
—Entonces encárgale a Luci que se lo cargue, es la que más cerca de el está— dijo Warren.
—No. Dante estará muy ocupado con el motín, si planeé montarlo no fue solo para tener ocupados a los guardas, lo hice también aprovechando las ganas que le tienen algunos presos a ese cabrón, más de uno irá a por el. No os preocupéis, todo saldrá bien.
—¿Y hacia donde iremos una vez estemos en tierra?— preguntó Warren.
Dylan se quedó un rato pensativo y miró a su compañero. –Primero nos reuniremos con los nuestros y luego ya veremos, pero no será fácil por que los soldados estarán luchando contra los nuestros y tendremos que atravesar toda la ciudad. Será como una caza de brujas, no estamos muy bien vistos por ahí, aunque eso ya lo sabemos todos. Por otro lado habrá presos que ante la posibilidad de sobrevivir se unirán a nosotros. Eso son más miembros para nuestras filas.
—Nos adentraremos en una autentica zona de guerra— replicó uno de los hombres que se iba a encargar de llevar el combustible.
—Eso ya lo se, pero es lo que hay. No tenemos otra opción— respondió Dylan. –Además, Luci ya está al tanto de la fuga, pero no lo sabe todo.
De repente la voz de Luci se escuchó y todos se giraron hacia la puerta. –Así que este es el verdadero plan. La armareis aquí al mismo tiempo que vuestro grupo… La guerrilla la lía en la ciudad. Es un plan un poco hijo puta— Luci llegó hasta la mesa y observó los planos. –El plan pese a ser un poco hijo puta como digo, también es bueno… Salvo por un detallito de vital importancia.
Todos se quedaron mirando a Luci en silencio, todavía sorprendidos por su repentina aparición. ¿Cuánto tiempo llevaría escuchándoles hablar y planificar sus pasos? Finalmente fue Dylan quien rompió el silencio.
—¿Qué detallito?
—Pues que no te acompañaré hasta la sala de control. Eso puedes hacerlo tu solito, también puedes llevarte a Warren, el cual aun no he visto que tenga una función clara en todo esto. Yo me fugaré también, pero iré por mi cuenta.
—¿Por tu cuenta? Me parece que no, tu vienes con nosotros— replicó Warren.
—Solo os intereso por mi sangre. Se os ve el plumero, si fuera una más ni os preocuparíais por mí, haced lo que tengáis que hacer que yo haré lo que debo. Y eso no es otra cosa que cargarme a ese cabrón que me marcó como ganado. No quiero arriesgarme a que se vaya de rositas durante el motín y luego en la posterior fuga.
—¿Intentarás matarle?— preguntó Warren recordando la sugerencia que había hecho y que Dylan le había negado, eso hizo que mirara a Dylan. —¿Ves? Ella sabe lo que debe hacer.
—Pero lo hago únicamente por mi— replicó Luci mirando a Warren –Y más vale que ninguno de vosotros intente nada extraño.
—Como quieras— dijo Dylan. –Supongo que no podré convencerte de nada.
—No, no podrás.
—Muy bien, pues que así sea. Ocúpate de Dante si quieres… Pero estás sola.
—Se cuidarme bien sin ayuda de nadie— respondió Luci. Seguidamente se dio la vuelta y se marchó dejando a los hombres como estaban antes de su llegada.
Warren se acercó a la puerta y miró, lo último que vio fue a Luci desaparecer por el pasillo, ya no escucharía nada de lo que hablaran, regresó a la mesa y miró a Dylan.
—Tiene carácter. Supongo que sus decisiones cambian un poco nuestros planes.
Dylan negó con la cabeza. –Todo sigue igual, ella que haga con Dante lo que quiera, pero llegará un momento que nos la encontraremos y podremos usarla como queríamos.
*****
Luci regresó a donde dormía habitualmente, a los dominios de Dante. No había cosa que más deseara que acabar ya con el, pero debía esperar al momento de la fuga. Nada más llegar se encontró con 14K, la cual al verla llegar le sonrió. Luci no tenía nada en contra de esa chica, al fin y al cabo, aparte de cruzar algunas palabras no habían hecho nada más juntas.
Luci caminó hasta la celda que tenía por habitación y se sentó en el colchón mientras 14K se quedaba apoyada en el marco de la puerta. —¿Dónde fuiste? Dante se enfadará si coges esto como algo habitual… Y créeme… No es bueno que Dante se enfade, puede que para el seas valiosa, pero eso no le impedirá cortarte una mano o una pierna como castigo, nunca te matará, pero eso no quiere decir que no te haga sufrir si así lo quiere, hasta ahora solo te ha hecho sufrir psicológicamente.
—Me a igual lo que haga, no podrá conmigo— respondió Luci. –Es solo un dictador, un puto loco… Y no es el primero que veo desde que empezó el puto fin del mundo— Luci miró entonces a la chica. –Por cierto… Nunca te lo he preguntado… ¿Por qué te llaman 14K?
14K frunció el ceño sorprendida por el cambio de tema que había hecho Luci, por otro lado era la primera vez que alguien se interesaba por ella de esa manera, le sorprendió tanto que no pudo evitar sonreír. Se apartó del marco de la puerta y caminó hasta sentarse en el colchón junto a Luci.
—Se trata de una abreviatura referente a las catorce personas que maté…— respondió con tono de pesadumbre, entonces se dio cuenta de la mirada de Luci. – oh, no… No me malinterpretes, no fue a propósito… Aunque eso no me salvó de terminar aquí.
—¿Qué ocurrió?— preguntó Luci. –Espero que esto no haga que tenga que andarme con pies de plomo contigo. Empezabas a caerme bien.
—Antes de terminar aquí formaba parte de los equipos de rescate y recolección de la ciudad— 14K hizo una pausa cuando notó que los ojos se le humedecían a consecuencia de los recuerdos que comenzaban a regresar a su mente, recuerdos que había decidido enterrar. –Perdón… Ya sabes como son los recuerdos, algunos son tan duros que te arrebatan las palabras. Bueno sigo… Estaba al mando de un equipo, éramos quince personas contándome a mí. Concretamente en esa misión fuimos enviados a Las Vegas con la misión de infiltrarnos y llevar a cabo un asesinato, pero fracasamos. Nos mandaron a matar a Dorian, el gran pez gordo y cabrón que estaba por encima de Dante y al cual este quiere emular aquí dentro.
—¿Os descubrieron?— preguntó Luci dándose cuenta de que el apodo K14 era más un castigo que un apodo de respeto como el que les ponen a algunos presos en las cárceles. Ese apodo era un peso que le había cargado.
—Si, nos descubrieron y jugaron con nosotros. Como yo estaba al mando y a Dorian le divierte el sufrimiento, cada día me obligaban a matar a uno de mis hombres. Yo quería hacerlo rápidamente para evitarles sufrimiento, pero Dorian no lo permitió, me obligó a hacerlo lentamente… Aun hay veces que escucho los gritos de angustia de mis compañeros. Me obligaban a hacer todo tipo de atrocidades, me estaban usando para torturarles hasta la muerte. Yo pensé que a mi me matarían en ultimo lugar, pero en lugar de eso me llevaron de vuelta a Manhattan acompañada de un video grabado donde aparecía yo haciendo daño a mis compañeros… La sentencia fue mandarme aquí como castigo.
—No tiene sentido— respondió Luci. –Te obligaron… ¿No se dieron cuenta de ello o que?
—Si, lo hicieron… Pero para los mandamases de Manhattan eso es lo mismo que traición, no me escucharon, me silenciaron como te hicieron a ti. Solo que conmigo fue mucho más rastrero. Eso me hizo odiar con todo mi corazón a los que habitan en Manhattan y aunque yo no quería, terminé uniéndome a Dante. Aunque la mayoría de veces desearía acabar con el.
—¿Cómo crees que os descubrieron?— preguntó Luci.
14K dejó ir un suspiro y miró a Luci. –Siempre he creído que… De hecho lo se, que al igual que hay infiltrados de la guerrilla entre los habitantes de la superficie, también los hay de Dorian. Eso es un hecho. En este mundo ya no hay gente buena ni te puedes fiar de nadie.
En ese momento escucharon mucho barullo, el ruido de varias personas hablando a la vez, gritando y discutiendo llegaba hasta ellas desde el hall donde estaba el foso lleno de cabezas. Las dos chicas se miraron y enseguida llegaron a la conclusión de que Dante estaba dando un nuevo espectáculo.
*****
Manhattan… Zona infestada…
17:00 de la tarde…

Zero observaba con orgullo a todos aquellos que estaban aprendiendo a disparar en esos momentos. Habían preparado dianas y habían puesto silenciadores a las armas que habían repartido, no querían llamar la atención  ni de caminantes ni de habitantes de la ciudad.
El nuevo líder de la guerrilla se paseaba con una sonrisa y con las manos detrás de la espalda por detrás de los que estaban disparando, hasta que llegó a donde se encontraba un joven muchacho que estaba cambiando de cargador, tendría unos quince años, al ver a Zero se puso nervioso, terminó de cambiar el cargador, alzó el arma, apuntó y erró el tiro, se dio la vuelta y miró a Zero.
—Lo siento señor, no logro dar en el blanco— dijo el muchacho con la voz temblorosa.
Zero miró a la diana que estaba usando el muchacho para disparar y vio que no había ni un solo agujero, volvió a mirar al muchacho y le preguntó.
—¿Cómo te llamas hijo?
—Me llamo Teddy señor.
—¿Y por que has decidido aprender a disparar?— preguntó Zero ofreciendo una agradable y comprensible sonrisa. –Todos quieren aprender por un motivo ¿Cuál es el tuyo?
—Venganza señor. Quiero vengar a los que mataron y a mi padre, el cual también fue asesinado por ellos, quiero hacérselo pagar— respondió Teddy volviéndose para disparar y errando de nuevo el tiro, se dio la vuelta y miró de nuevo a Zero. –Pero si no soy capaz de darle a una maldita diana, jamás vengare a nadie.
—Sigue con ello— respondió Zero sin borrar la sonrisa de la cara. –Pero tiemblas demasiado y no apuntas bien, tienes que imaginarte que ante ti hay uno de esos soldados, no una diana, debes relajarte, pensar con la cabeza, apuntar y disparar. Hazlo otra vez y apunta a la cabeza, si aciertas ahí la muerte será instantánea para ese cerdo.
El muchacho se dio la vuelta e hizo lo que Zero le había contado paso por paso, finalmente respiró hondo y disparó. La bala dio justo en la diana, justo en la parte que representaba la cabeza, dejando un agujero limpio y humeante. El chico se dio la vuelta con una sonrisa y miró a Zero.
—¡¡¡Lo he conseguido!!! Gracias señor.
—¿Y en que pensabas?— preguntó Zero poniéndole una mano en el hombro.
—Pensaba en mi padre y en la venganza, en que tenía en frente al hombre que lo mató.
Las palabras del chico hicieron que Zero soltara una carcajada, después le dio unas palmadas en el brazo. –Eso es chico, eso es. Si queremos triunfar con nuestra misión debemos pensar en la venganza, en hacerles pagar lo que nos hicieron. Sigue con ello y antes de que acabe el día verás como ya eres un gran tirador.
Zero se siguió paseando por el almacén observando como iban probando diferentes armas de fuego, arcos y armas cuerpo a cuerpo. Poco a poco estaba formando un ejército, del cual esperaba servirse para hacerse con la ciudad, con la cura y con todo.
Tan solo le quedaba ultimar los preparativos de su plan, por que había una parte muy importante, no querían que nadie huyera de la ciudad por mar y por eso debían hundir cada uno de los barcos, los que fondeaban cerca de los puertos para impedir el acceso de quien fuese por aquella zona, eso también impediría que llegasen más soldados.
Cuando los soldados los atacaron los sorprendieron, ellos iban a hacer lo mismo, solo que su ataque iba a ser mucho más contundente, iba a atacar con todo lo que tenía. Las horas de Manhattan estaban contadas, al menos bajo el dominio de los que había en esos momentos. Sin embargo el reinado de Zero estaba a punto de comenzar.
*****
Portland (Oregón)
Zona segura…

Amanda Kramer y sus chicas habían logrado levantar una nueva muralla a unos metros de donde estaba la otra, la que había saltado por los aires. La habían levantado justo cuando estaban manteniendo a raya a los No Muertos que iban entrando por la brecha. Aunque habían logrado eso no podían evitar sentir tristeza, con tanto ajetreo no habían conseguido recuperar los cuerpos de sus compañeras caídas, las cuales se habían reanimado y habían terminado formando parte de la legión de caminantes que gemía y alzaba los brazos al otro lado.
Amanda decidió volver a su tienda, necesitaba pensar varias cosas y una de ellas era reflexionar sobre lo que había hecho al echar al grupo de Manhattan de allí. ¿Había hecho bien en realidad?
Justo cuando se largaba escuchó la voz de Stacy, la cual la llamaba desde lo alto de la muralla. Amanda volvió corriendo y vio como Stacy y varias chicas miraban a la calle.
—Se acercan vehículos— dijo Alexandra.
—¿Cuántos son?— preguntó Amanda.
—Dos— respondió Alexandra rápidamente.
Los dos vehículos llegaron junto a la primera muralla, de el comenzaron a bajarse hombres, un total de ocho, los cuales comenzaron a abatir a los No Muertos. Pronto acabaron con todos. Cuando se libraron de los caminantes el que parecía el líder se fue acercando con las manos en alto y con una enorme sonrisa, la cual a priori, a Amanda no le gustó nada.
—Hola, buenas tardes. ¿Cómo están las cosas por aquí? Vimos que las damas estaban en apuros y no pudimos evitar venir a echar una mano— entonces el hombre se detuvo cuando Alexandra le disparó a los pies.
—No des ni un paso más— le dijo Amanda. –Gracias por lo que habéis hecho, pero os ruego que os larguéis— Aun así el tipo siguió andando y las demás chicas alzaron las armas, los demás hombres hicieron lo mismo, pero el portavoz hizo un gesto para que las bajaran.
—Bajad las armas, no se puede negociar con la violencia. ¿Verdad?— la mirada de aquel hombre se cruzó con la de Amanda. Luego este se dio la vuelta y le hizo un gesto a uno de sus hombres.
El hombre al que le habían hecho el gesto se dirigió a uno de los vehículos y sacó a rastras a alguien con una capucha en la cabeza, cuando se la quitó reconocieron a una de las cuatro chicas que se habían largado, una de las componentes del grupo al que pertenecían la chica que permanecía sedada en la enfermería.
—¡¡¡Sarah!!!— gritó Stacy tratando de saltar por encima de la muralla, pero enseguida el hombre empujó a Sarah y esta cayó de rodillas al suelo mientras el hombre le apuntaba con su arma a la cabeza.
—Calma todo el mundo, ya dije que veníamos a negociar. ¿Es usted la líder? Déjenos pasar y recuperará a su chica, nosotros estamos buscando a unas personas que sabemos que están aquí. Los buscamos, los encontramos y nos vamos sin hacer ruido… De lo contrario— le quitó el seguro al arma y volvió a sonreírle a Amanda. –Tendrá los sesos de esta putilla desparramados en el asfalto. Es más, lo haremos más fácil, entréguelos y todo solucionado. Esta es que se lo merece, le arrancó un trozo de oreja a uno de mis chicos, se cree Mike Tyson la hija de puta.
—Ellos no están aquí. Los eché por vosotros— respondió Amanda. –Temía que su presencia aquí os trajera hasta nosotras. Sabemos que clase de gente sois.
—¿Sabe la clase de gente que somos? Ah ya claro… Han visto nuestras obras ya. Esta de aquí es la ultima de sus chicas que nos queda— el tipo se dio la vuelta y miró a los restos del vehículo que anteriormente se había estrellado contra la muralla. –Por ahí aun deben quedar restos de una de ellas, otra saltó también por los aires en la otra furgoneta. Al menos creo que todavía les queda una ¿No? ¿O está muerta ya?— en las palabras de aquel tipo había una maldad inmensa y una gran frialdad. –Venga vieja, déjese de rollos y haga salir a esa gente o abranos para que entremos a buscarlos. Si no…— apretó el cañón del arma contra la cabeza de la chica.
—Te repito que no están, se marcharon. Si os dais prisa puede que los alcancéis. Están volviendo a Manhattan— respondió Amanda. –Nosotras no tenemos nada que ver con ellos.
El tipo lanzó un suspiro. –Respuesta incorrecta— En ese momento apretó el gatillo y disparó a la chica en la cabeza, cuando esta cayó hacia delante los sesos se desparramaron por el asfalto ante la mirada atónita de las mujeres.
Todas alzaron las armas dispuestas a disparar, pero enseguida se comenzaron a escuchar disparos, pero estos no salían de sus armas, si no de una facción de hombres que había accedido al interior mientras las distraían. La primera en caer fue Amanda tras recibir un tiro en la espalda. Esta desde el suelo siguió escuchando disparos y lo último que vio antes de morir fue el rostro sonriente del tipo que había matado a Sarah.
—No te preocupes… Dejaré que vuelvas— seguidamente le pisó la cara.
*****
Manhattan… Zona infestada…

Zero estaba sorprendido, todos los que no sabían disparar en un principio estaban mejorando mucho con ello, eso hacía que los planes se adelantaran, si todo seguía así podrían atacar pronto, y en la cabeza de Zero comenzaba a vislumbrarse el momento perfecto. Atacarían la noche del día siguiente, sería un ataque contundente que cogería a todos por sorpresa.
Zero estaría en el grupo que iría al hospital, el objetivo estaba allí, ese hombre que podía caminar entre los muertos, se harían con el tras hacerse con el control del hospital. Ya contaba con que no se lo podrían nada fácil los soldados de la ciudad, pero como contaban con el factor sorpresa no le preocupaba en absoluto, por otro lado por que también los más novatos irían delante, ellos serian bajas mínimas.
Zero se sentó en la silla y se volvió a servir una copa, justo en ese momento se abrió la puerta y vio entrar a Teddy.
—Hola muchacho. ¿En que puedo ayudarte?— preguntó Zero.
—Como se que nos dividiremos en grupos me gustaría pedirle que me deje estar en el suyo se haga lo que se haga. Se que estoy listo para ello.
Zero sonrió complacido. –Eso está hecho. Nuestro grupo tendrá la parte más importante del plan, nada más ni nada menos que el hospital, allí se encuentra el mayor tesoro.
—Muy bien. Lo que necesite cuente conmigo, le serviré hasta la muerte. No me importa morir si es por usted, pero antes me llevaré al mayor número de esos cabrones por delante, les haré pagar caro lo que nos hicieron.
—Me gusta tu actitud. En un futuro serás un gran líder. Muchos te seguirán como a mi me siguen ahora— respondió Zero al tiempo que se levantaba de la silla y se acercaba a la ventana del despacho, desde la que se podía ver todo el almacén. Una vez ahí se dio la vuelta y le hizo un gesto al muchacho para que se acercara. –Obsérvales, todos, hasta el ultimo de ellos están dispuestos a dar la vida por nuestra causa— Zero miró al muchacho a los ojos. —¿Sabes? Te voy a encargar algo, quiero que seas tú el encargado de dar la voz de que mañana por la noche atacaremos.
—¿Mañana?— preguntó Teddy, después sonrió. –A la orden señor.
Teddy salió del despacho y comenzó a recorrer el almacén dando la voz. La hora se acercaba, pronto someterían a la ciudad, luego comenzaría una nueva era donde Zero sería el amo y señor de todo.
*****
Carguero prisión…

Luci y 14K llegaron al hall principal, allí vieron a muchos presos reunidos y al frente de todos ellos estaba Dante con los brazos elevados hacia el cielo, estaba como anunciando algo, algo que concernía a todos y requería que todos los presos estuvieran allí presentes. Luci también vio a Warren y a Dylan en una de las pasarelas de lo alto. Estos estaban contemplando la escena.
—Gracias por estar aquí todos. Os he reunido aquí para deciros que voy a organizar un motín— dijo Dante, sus palabras dejaron sorprendida a Luci, no se lo esperaba para nada. –Dentro de poco nos haremos con el control de la prisión y podremos ser libres y pasear por el mundo a nuestro libre albedrio.
Algunos de los presos comenzaron a murmurar entre ellos y fue en ese momento cuando Luci se dio cuenta de a que se referían con lo de que el se encargaría del motín, todo eso habría sido obra de Dylan o Warren, estos habían ido a el en algún momento y le habían ofrecido la posibilidad de fugarse, y a eso era algo a lo que ni alguien como Dante no podría negarse, y menos teniéndolo tan al alcance de la mano.
—Vaya, parece que eso de la fuga va en serio. Creía que no volvería a salir de aquí, pero ahora veo que si puede ser— dijo 14K todavía ignorante de la verdadera naturaleza del plan real.
Luci sin embargo si conocía la verdad de todo y supo que muchos de los allí presentes no saldrían de allí con vida. Esa era la única verdad pese a todo lo que Dante dijera. Desde ese mismo momento el dictador había pasado a ser un mero peón del tablero sin ser consciente de ello.