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sábado, 30 de agosto de 2014

NECROWORLD Capitulo 46

Día 18 de Enero de 2010
Día 575 del Apocalipsis…
Fort Lee… 9:00 de la mañana

Con el amanecer habíamos comenzado a prepararnos para proseguir el viaje. Stacy, Rachel, Juan y yo estábamos reunidos alrededor del mapa para planear nuestros siguientes pasos, era imposible continuar por la interestatal 80 debido al atasco que había, así que debíamos tomar otro camino mucho más accesible y a poder ser evitando grandes ciudades y pueblos, sería fatal meternos en medio de algún rebaño.
El viaje estaba siendo mucho más difícil de lo que había creído en un momento, y todavía no habíamos recorrido ni la mitad del camino, además no conocía el lugar, para mi era como estar caminando a ciegas.
—Deberíamos tomar carreteras secundarias como estas de aquí— dijo Juan señalando dos. –La Howland Ave podríamos seguirla, además, ahí hay casas que podríamos saquear, además de haber podridos serán muy pocos, tampoco nos encontraremos atascos, puede que algún que otro vehículo abandonado, pero podríamos quitarlo fácilmente. ¿Qué me decís?— Juan me miró a mi. –Es ahora mismo la mejor baza que tenemos.
—Entonces tomaremos Howland Ave… Que remedio— respondí.
—Siento haberos metido en este lio. Si hubiese tenido todavía mi avioneta…— se disculpó Stacy.
—No te preocupes— le dije. –Estamos aquí por decisión propia. Yo soy el responsable aquí— En ese momento entró Sean en la sala donde nos encontramos.
—Ya estamos listos para salir.
Yo asentí y miré a Juan. –Parece ser que controlas del tema, así que te dejo a la cabeza.
—Bastará con llegar hasta la 70… Creo que a partir de ahí lo tendremos fácil, seguir por ahí hasta Nevada, realmente si atravesamos el desierto tendremos menos problemas. Eso si, puede que haya pocos caminantes, pero puede que haya saqueadores. Moradores de las Arenas para ser exactos.
—¿Esos no salían en la Guerra de las Galaxias?— preguntó Sean.
Juan lo ignoró y volvió a mirarme. –Se que es peligroso, pero también será más rápido. Desde la 70 accederemos a la 15 y ya estaremos a mitad de camino— Juan miró a Sean –Y si, eran los de la guerra de las galaxias.
—Me encantaba esa saga, creo que podían haber hecho una nueva trilogía… Si el mundo no se hubiese ido a la mierda. Episodios siete, ocho y nueve.
—Y con la suerte que tenemos últimamente, las llevaría la Disney— insinuó Stacy con una sonrisa.
Salimos al exterior y comenzamos a repartirnos en los vehículos, justo cuando iba al jeep en el que iría junto a Stacy y Laura me crucé con Yuriko, al ver que no me miraba la cogí del brazo. Ella me miró con los ojos muy abiertos, como si pensase que iba a hacerle algo.
—Tranquila, tranquila. Te noto extraña. ¿Qué es lo que te pasa? Si tienes miedo deberías haberte quedado, de verdad. No quiero que nadie esté aquí a la fuerza.
—No, no es nada, son cosas mías. Solo estoy algo tensa, pero se me pasará— respondió Yuriko. –Te prometo que estoy bien.
—¿Seguro?— pregunté.
—Si, seguro— respondió Yuriko alejándose de mí y caminando hasta uno de los camiones.
Ella me había dicho que estaba bien, pero aun así no me había convencido, algo me decía que me había mentido, a esa chica le ocurría algo. En ese momento me llamó Stacy y yo fui hasta el Jeep, subí y pusimos rumbo hacia  Howland Ave.
Juan con su Jeep pasó delante y comenzamos a salir de Fort Lee, confiaba en que el tuviera razón y que siguiendo las indicaciones llegaríamos a buen puerto. Mientras yo conducía pensaba en Eva, en como estaría, también pensaba en mi hermano y en si ya lo habrían obligado a marcharse de Manhattan. Me sentía mal por haber llegado a eso con el, pero era lo mejor para el y para todos, aun así también me preguntaba como estaría, al fin y al cabo era mi hermano.

Manhattan… Zona infestada…

Christopher y Mouse llevaban toda la noche dando vueltas por la zona infestada de la ciudad. Habían salido allí poco después de escuchar la explosión en la superficie, poco después se habían enterado de lo que había pasado, alguien había asaltado el polvorín y había robado armas, algo de lo que habían culpado a los habitantes de los túneles… Como si las cosas no estuviesen suficientemente mal, ahora les habían cargado el muerto a ellos. Obviamente Mouse no había visto ni oído nada extraño que inculpara a nadie de los túneles,  aunque como el ya sabía, había demasiadas cosas que se le escapaban allí abajo, como las diferentes facciones y las bandas que se formaban de vez en cuando.
—¡¡¡Cuidado!!!— gritó Christopher sacando a Mouse de sus pensamientos.
Mouse reaccionó a tiempo antes de ser atrapado por un No Muerto que había salido arrastrándose de debajo de una ambulancia empotrada en una farola, a Mouse le vino justo para impedir que este le mordiera en la pierna.
—Gracias— respondió Mouse mirando al pobre desgraciado que surgía de debajo del vehículo, dejando al descubierto que solo era un torso. Se agachó a su lado y mientras con una mano le mantenía la cabeza contra el asfalto, con la otra ponía fin a su sufrimiento clavando el cuchillo que acababa de sacar.
—¿No te parece extraño que sea este el primero que vemos desde que estamos por aquí? Cada vez están más dispersos, abandonan las ciudades— dijo Christopher mirando a su alrededor para asegurarse de que no aparecía ningún otro caminante por sorpresa.
—Eso es por que están todos en la valla, la explosión debe haberlos atraído. Es seguro además. Tenemos que seguir buscando a los demás, tienen que estar en algún lugar. Ya han pasado demasiadas horas como para pensar que no les ha pasado nada. Estoy muy preocupado por Kim.
—Pues entonces mejor, no nos molestaran. Ahora sigamos buscando, en ese grupo estaban también Wendy y Jesús— respondió Christopher.
Ambos siguieron por las calles de la zona infestada, mirando en cada rincón, en cada calle, pero no había ni rastro de sus compañeros desaparecidos. Fueron pasando horas hasta que por fin vieron algo a unas dos manzanas de su posición. Allí al final de la calle divisaron una grúa, era sin ninguna duda la que usaban los arponeros. Mouse y Christopher acudieron corriendo y se encontraron con el horroroso espectáculo, había un montón de cuerpos, algunos de ellos ya en avanzado estado de descomposición pero con un agujero en la cabeza, esos no les sorprendieron tanto. Los que si les llamaron la atención fueron los que estaban medio devorados.
Christopher al llegar vio el cuerpo de una chica y se agachó a su lado, le dio la vuelta y reconoció el rostro de Wendy, aunque tenía un agujero de bala en la cabeza, Mouse miró el cuerpo y también la reconoció. Poco a poco fueron reconociendo el resto de cadáveres uno por uno, Mouse estaba al borde de un ataque de nervios por el temor de que en un momento a otro podría encontrar el cuerpo sin vida de Kimberly, pero no fue así, la chica no aparecía por ningún sitio.
—¡¡¡¡¡Kimberly!!!!!!— comenzó a gritar Mouse, hasta que Christopher lo agarró del brazo y le pidió que guardara silencio, no era buena idea arriesgarse de esa manera en plena zona infestada, un solo grito podría atraer a todos los infectados. –Tenemos que encontrarla, tiene que estar en algún lugar.
—Tranquilo, la encontraremos— en ese momento Christopher se percató de uno de los cuerpos, se acababa de mover.
Ambos se acercaron al cuerpo y vieron que se trataba de Grayson, este enseguida alzó la cabeza y dejó escapar un lastimero gemido al mismo tiempo que trataba de levantar unos destrozados brazos. Rápidamente, Mouse acabó con el con un golpe en la cabeza, luego miró a Christopher. –Puede que los caminantes los sorprendieran, pero me parece extraño que algo así ocurriese.
Christopher dio la vuelta a la grúa y abrió la puerta del conductor, en ese momento del interior de la cabina cayó un cuerpo, cuya cabeza emitió un sonido cuando chocó contra el suelo. –Fíjate, esto es de un tiro en la cabeza… Como el del resto salvo Grayson, todos tienen heridas de bala. Esto no lo hicieron caminantes, se alimentarían de ellos después, pero ya estaban muertos. Aquí alguien los atacó— Christopher miro en dirección a la zona segura.
—¿Qué insinúas?— preguntó Mouse. —¿Qué han sido habitantes de ahí quienes han hecho esto? No se… Pero podría ser, hay un alto índice de que si lo hicieran, pero también es bajo— se puso en pie. –Mira, ni siquiera me importa si han sido ellos o no, solo quiero encontrar a Kim y volver a nuestra casa.
Mouse y Christopher siguieron por las calles esperando encontrar a Kimberly. Mouse tenía la certeza de que debía estar en algún lugar cerca, debía estar viva, seguramente oculta y aterrorizada, quizás con el asesino de los demás estuviera pisándole los talones, Mouse solo pensaba en lo que haría si se cruzaba con el o con ellos. No le importaba cuantos fuesen, si le hacían daño a Kimberly se las pagarían.
*****
Carlos se había instalado en el centro parroquial que había escogido como refugio desde el momento que lo vio y justo antes de encontrar a los escorias que iban por aquella zona. Después de acabar con todos ellos se sentía en un estado de euforia, fue al colegio a por una escalera, entró dentro y acabó con los caminantes que había, cogió la escalera y volvió a la parroquia, entró a través de una de las ventanas del primer piso, limpió el edificio de No Muertos y finalmente logró establecerse allí.
Carlos observaba la ciudad desde allí, algo había ocurrido en el puerto, seguramente en el polvorín, aunque ya le importaba poco lo que ocurriese en la ciudad, no podía evitar sentir cierta curiosidad por el autor o los autores de aquello, estaba pensando en ir a ver que había pasado justo cuando vio algo desde la terraza del edificio que le servía de refugio, se trataba de dos hombres, uno más alto que el otro, el otro de menos estatura parecía ser que era el que llevaba la voz cantante, vio como acababan con medio No Muerto que había surgido de debajo de una ambulancia empotrada, esos eran más habitantes de los túneles, más escorias de la guerrilla que seguramente estaban buscando a los que el había matado, en ese momento sintió un impulso, uno mayor que el de ir a ver que había ocurrido en el polvorín, sintió el impulso de ir a darles caza, de divertirse con ellos viéndolos sufrir mientras los mataba poco a poco, fue en ese momento cuando cayó en la cuenta de algo, el más bajo era el que lo había golpeado aquella vez en el callejón, lo cual le daba una razón más para ir a cazarles, quería vengarse de aquella maldita sabandija.
Carlos entró en el interior del edificio y comenzó a preparar sus armas, tanto el fusil, como la pistola, el cuchillo y su ultima adquisición, el lanza arpones que se había llevado como trofeo tras abrir a la chica en canal. Una vez estuvo listo salió a la calle y comenzó a recorrer la calle para jugar de nuevo al juego más excitante que había jugado en mucho tiempo, la diversión estaba apunto de comenzar. Iba a matarlos a los dos, cortarles la cabeza y colgarlas en la pared, para poder observarlas cada día mientras se reía de ellos.
*****
Manhattan… Zona segura…
11:00…

Eva, David, Alicia y Sandra observaban desde la ventana de casa de Eva el ir y venir de los soldados. Era evidente que se estaban preparando para un asalto a la gente de los túneles. Lo ocurrido en el polvorín había crispado a muchos, los cuales pedían que rodaran cabezas, lo que demostraba que a muchos poco les importaban las vidas de las mujeres y niños que había allí abajo, allí arriba estaban demostrando que solo miraban por sus propios intereses.
—No me gusta nada como están desarrollándose las cosas. Tengo mucho miedo, la verdad, empiezo a pensar que no deberíamos haber venido aquí nunca— confesó Alicia mientras volvía al sofá para arropar al pequeño Cristian, el cual se había quedado dormido hacía un rato. –Creímos que nos iba a ir mejor aquí pero no hemos encontrado más que problemas, uno detrás de otro, hemos perdido a Vanesa, Cesar y Luci, casi perdimos a Juanma. No podemos seguir aquí.
En ese momento Eva miró a todos. –Seguramente alguno ya lo sabéis, pero antes de irse, Juanma me dijo algo sobre la posibilidad de mudarnos a Portland todos, es por eso que el también se ha ido, quiere ver como son allí las cosas. Quiero que sepáis que lo apoyo en esa decisión.
—Yo también lo apoyo. El me dijo que cuidara de vosotros mientras el no estaba y es lo que haré. Estoy completamente de su lado, así que si quiere ir allí, iremos todos.
—Creo que exageráis un poco— comenzó a decir Sandra. –Las cosas están extrañas aquí, pero dudo que ocurra nada malo, además, lo de ir a Portland creo que solo nos incluye a nosotros… Para que me entendáis, no quiero largarme y dejar aquí a Parker.
—Dudo que Juanma ponga objeciones a que venga el también. Para ser claros Sandra, quedarnos aquí implica que nos metan en una guerra que nada tiene que ver con nosotros— explicó Alicia. –Yo también quisiera quedarme, pero tengo un hijo del que preocuparme. Este ya no es un buen sitio. Lo mejor es saber si podemos ir a Portland y quedarnos o directamente abandonar la ciudad y buscarnos la vida.
—Entonces no lo estás protegiendo— dijo Sandra. –Quieres abandonar la ciudad a cualquier precio aunque sea para dar vueltas por paramos infestados y localidades llenas de No Muertos. Volverás a ponerlo en peligro, hemos tardado mucho en llegar hasta aquí, escuchad, si os queréis ir podéis hacerlo, pero yo no os acompañaré, aquí tengo una vida, pero si os vais os echaré de menos.
Justo en ese momento llamaron a la puerta y Eva fue a abrir, cuando la abrió se encontró a tres soldados, uno de ellos sacó una carpeta y comenzó a pasar paginas, enseguida comenzó a hacer preguntas. —¿Eva?— Ella asintió y enseguida David se acercó a la puerta, el soldado lo miró e hizo unas anotaciones. –Estamos buscando a Sandra también y a David, no están en sus casas y supusimos que estaban aquí. ¿Son ustedes?
David se alzó como porta voz. –Si, yo soy David y ella es Eva, Sandra también está aquí. ¿Qué desean?
—El sargento Cooper está haciendo un llamamiento a todo aquel que pueda empuñar un arma. Necesita efectivos para el ataque a los túneles.
—Lo siento, pero no estamos interesados en ello— respondió David –No queremos problemas.
—No lo estáis entendiendo, no aceptaremos negativas, es Cooper quien está al mando ahora mismo y a los que no obedezcan la orden se les castigará. Ahora andando.
—Mi hija está en el colegio, no puedo…
—Escuchad— comenzó a decir David a los soldados. –El más capacitado para el trabajo aquí soy yo. Ellas no podrán hacerlo, pero yo si.
El soldado lo miró y luego miró a sus compañeros. –Cooper se pillará un buen mosqueo, nosotros no queremos saber nada, vosotros mismos.
—Asumo toda la responsabilidad— respondió David.
—Muy bien, vámonos— dijo un soldado, pero David no salió por la puerta. —¿Qué pasa ahora?
—Adelantaros vosotros. Yo me despido de ellas y voy… La reunión es en el Madison Square Garden ¿Verdad?— preguntó David, seguidamente los soldados asintieron. –Muy bien, allí iré enseguida— Los soldados se marcharon y David cerró la puerta, fue entonces cuando Alicia se le acercó y le asestó una sonora bofetada.
—¿Estás loco? ¿Vas a participar en una masacre?
—No participaré en nada, me escaquearé como pueda, pero tenía que libraros a vosotras primero. Ahora tengo que irme, pero volveré antes de la cena— terminó diciendo con una sonrisa, seguidamente abrazó a Alicia, se despidió de Sandra y Eva y salió por la puerta.
*****
Carguero Prisión…
12:00…

El rumor de que algo había pasado en la ciudad había corrido por el interior de la prisión como la pólvora. Todos hablaban de una explosión y de que los responsables habían sido los miembros de la guerrilla. Luci había decidido ir a ver lo que había pasado, podría verlo desde una de las plataformas, llegó hasta allí tan rápido como pudo y se encontró en el exterior, con una barandilla oxidada frente a el. Al otro lado de la barandilla se encontraba el mar y el puerto, un poco más allá en el puerto se podían ver los restos del polvorín, el cual en parte había ardido por culpa de la explosión.
Luci observó el ir y venir de varios soldados, incluso le pareció ver a David allí también, miró un poco mejor y si, se trataba de David, reconocería su figura en cualquier lugar, estaba haciendo algo, el y otros soldados estaban cargando de armas unos jeeps, parecía que se estaban preparando para algo, fue en ese momento cuando se agarró a la barandilla y comenzó a gritar el nombre de David, aunque este seguía a lo suyo y no parecía escucharla.
—¡¡¡¡David!!!!— justó en ese momento alguien la agarró y tiró de ella, haciéndola caer sobre el suelo de placa metálica de la plataforma. Justo cuando alzó la vista se encontró con una de las enmascaradas  desnudas que había visto el primer día que estuvo en la prisión, seguidamente vio a otras cuatro comenzar a rodearla. —¿Qué queréis?
La que parecía la líder se dio la vuelta, miró al puerto y luego volvió a clavar la mirada en Luci, esta podía ver los ojos a través de los agujeros de la mascara. –No te escuchará, pierdes el tiempo chica.
—¿Qué coño dices?— preguntó Luci poniéndose de pie. –Allí hay un amigo mío, necesito que sepa que estoy aquí. No quiero que piensen que estoy muerta.
—Ya lo piensan— terminó de decir la jefa de las enmascaradas. –Aquí todo el que entra nunca sale o sale para convertirse en cobaya de experimentos. Aun no tengo claro cual será tu destino, pero será interesante ver como te desenvuelves aquí dentro, en tus ojos se ve que eres una luchadora nata y es por eso por lo que has sobrevivido tanto tiempo ahí fuera. Me recuerdas a mí, tuve que matar muchas veces…¡¡Que coño!! Eres como yo, una asesina en potencia. Te voy a proponer que te unas a nosotras.
—Olvídalo arpía, no pienso andar por ahí como una loca enmascarada y en pelotas, rebanando pollas de incautos— respondió Luci. –Solo eres una puta lunática.
En ese momento la líder de las enmascaradas la golpeo al tiempo que lanzaba un grito de rabia, aunque seguidamente Luci respondió con un puñetazo en el cuello de esta, fue tan fuerte que se tambaleo hasta chocar de espaldas contra la barandilla, seguidamente Luci le asestó una patada en el pecho y la mujer se precipitó sobre la barandilla ante la mirada atónita de sus seguidoras, las cuales se quedaron paradas.
El grito fue largo mientras caía, seguidamente se escuchó el impacto contra el agua. Luci se asomó y vio a la enmascarada emerger dando gritos de furia e insultándola. De pronto vio como en una plataforma de más arriba aparecían dos guardas , estos ni cortos ni perezosos descargaron una lluvia de balas sobre el cuerpo de la mujer que había caído al agua, pronto el cuerpo se vio flotando boca abajo en medio de una mancha roja.
Las otras cuatro miraron a Luci y enseguida se dieron la vuelta para salir corriendo de nuevo al interior del carguero, Luci podía haber salido detrás de ellas para matarlas, sabía que quizás en algún momento quisieran intentar vengarse de ella, pero en esos momentos le daba igual, quería tratar de llamar la atención de David, pero entonces vio a los guardas que no le quitaban el ojo de encima.
—¡¡¡Vuelve al interior y no armes follón!!!— le gritó uno de los guardas mientras le apuntaba con el AK—47 –No me hagas disparar.
Luci volvió a mirar al puerto y vio como David se subía a uno de los jeep y se marchaba con los otros soldados. Había perdido una gran oportunidad, aun así seguía planeando algo, solo necesitaba aguantar un poco y observar bien, pero iba a intentar escapar.
*****
Manhattan… Zona segura…

David se había subido al Jeep, cuando salió de casa fue enviado directamente al puerto a cargar armas, una vez allí le había parecido escuchar que alguien lo llamaba por su nombre, pero seguramente solo se lo estaba imaginando, aunque en su fuero interno pensaba que la voz que le había parecido escuchar era la de Luci, y ella no podía ser, ya que había muerto, pero lo mismo pensaron de Juanma y este resultó estar vivo.
—¿Qué te pasa?— le preguntó Jill estando a su lado en el Jeep.
—Nada, me ha parecido escuchar a alguien gritando mi nombre, solo eso.
—Quizás si, pero es raro que aquel que te llamaba no haya hecho acto de presencia. No te agobies tío.

Minutos más tarde llegaron al Madison Square Garden donde estaban Cooper y Gallaguer como altos dirigentes de la operación. Allí había muchos soldados, todo parecía normal hasta que de repente aparecieron soldados llevando a unas personas esposadas, amordazadas y golpeadas. David no entendía lo que había pasado y porque hacían eso, le daba la impresión de que esos apaleados eran soldados.
—¿Qué ocurre?— preguntó David a Jill.
—Creo que son cómplices— respondió esta.
—Claro que son cómplices, estos cabrones han estado colaborando con la guerrilla desde hace tiempo, pasándoles comida, información y demás. A muerte con ellos.
Un total de ocho detenidos fueron obligados a arrodillarse ante todos los demás, incluso algunos se acercaron a escupirles y a golpearles, a una chica que estaba detenida le arrancaron la camisa de tirantes de un tirón dejando sus pechos al descubierto, alguno de los soldados más jóvenes incluso se acercó a manoseárselos con una sonrisa en la cara.
—Esto me está poniendo enfermo. Si han hecho algo que los encierren y basta, no es necesario llegar a estos niveles de humillación. Mira a esa pobre chica— dijo David.
En ese momento Cooper alzó los brazos y pidió silencio, luego comenzó a hablar. –Serán castigados, pero ahora vamos a lo importante. Los de la guerrilla han atentado contra nosotros robándonos armas cuando se suponía que estábamos en paz y había un pacto, pero ahora nos atacan. Podríamos pasar esto por alto, pero nos dejaría como débiles… Nosotros no somos débiles, somos fuertes, estamos tratando de crear una nación, y ahora mismo que estoy al mando mientras nuestro líder no está, no pienso dejar que esas basuras que son felices con una rata para la cena nos dejen como unos pardillos, esta noche bajaremos ahí abajo y les daremos un golpe tan contundente que los hará huir y largarse de aquí, ya no tendremos que vivir con miedo de que salgan esos salvajes y violen a nuestras mujeres e hijos. Demostrémosles que si alguien nos desafía, nosotros contraatacaremos con mano de hierro. Quiero que sufran.
—Acabaremos con ellos— sentenció Gallaguer. –Una vez ahí abajo no bajéis la guardia, todos son el enemigo, ya sean mujeres o niños. Tenéis que ir con el arma siempre en alto y disparar siempre que tengáis ocasión.
David no creía lo que estaba escuchando, tampoco Jill. Iban a obligar a los soldados a masacrar a todos los habitantes de los túneles sin darles opciones de ningún tipo, era obvio que iban a pagar justos por pecadores, la peor parte se la iban a llevar las mujeres y los niños, los únicos que no tenían culpa de nada.
—Ahora castigaremos a los traidores— dijo Gallaguer, el cual parecía deseoso de hacer sufrir a los detenidos. —¿Qué queréis? ¿Encierro o ejecución inmediata? Vosotros decidís.
Enseguida los soldados comenzaron a gritar, unos, quizás los más sensatos les estaban perdonando la vida y pedían que únicamente los metieran en prisión, pero los más jóvenes y quizás la mayoría de los soldados, pedían la ejecución inmediata. Buscaban la sangre y sufrimiento de los detenidos, no perdonaban su falta, uno incluso se adelantó y le asestó una violenta patada en la boca del estomago a uno de los soldados, el cual cayó hacia delante y comenzó a vomitar.
—Queremos ejecución inmediata, acabemos con ellos. Son unos traidores— dijo un soldado que estaba detrás de David, este no pudo evitar lanzarle una mirada para que se callara, pero aquel soldado siguió gritando como un energúmeno mientras daba saltos junto a otros tantos soldados.
—¡¡¡¡Sileeeeeeencio!!!!— gritó Cooper. –Dejad de comportaros como animales.
David miró a Jill. –Tiene gracia que diga eso después de armar todo este follón. No se que cojones espera, son animales lo quiera o no.
—Esto no acabará bien— respondió Jill –Deberíamos irnos y que hagan los que quieran… Como siempre.
—No podemos dejar que hagan esto así, no es humano, los van a terminar linchando. Paso de participar en ello— dijo Jill saliendo entre la multitud, David la siguió.
Cuando estuvieron en el exterior comenzaron a escuchar los gritos en el interior, no querían imaginarse lo que estarían haciéndoles a los que ellos llamaban traidores. Las cosas se estaban poniendo demasiado extrañas allí, para David comenzaba a tomar forma lo de irse de allí, la vida en Manhattan estaba resultando muy distinta a lo que había imaginado en un principio, antes ya lo había pensado, pero en esos momentos había tomado la decisión de que también quería marcharse.
En ese momento vieron salir al sargento Cooper, el cual nada más estar en el exterior sacó un cigarro y se lo encendió, cuando los vio se acercó a ellos y les dio un cigarro a cada uno. –Lamento lo de ahí dentro, pero debemos dar ejemplo a aquellos que podrían traicionarnos. Se que es duro, pero no nos quedaba otra.
—Con todos mis respetos sargento, pero no deberían haber planteado dos opciones, deberían haberlos metido en prisión, simplemente. ¿Qué les están haciendo ahora?— preguntó David señalando hacia el estadio.
—Los ahorcaran— respondió Cooper fríamente dándole una calada al cigarro. –Por cierto, ha llegado hasta mis oídos que no has permitido que dos de tus compañeras estuvieran en la operación y que tu te harás responsable.
—Si, lo siento sargento, pero no quiero que ellas corran peligro ahí abajo. Hice una promesa— respondió David. –Supongo que algo así es motivo de castigo, así que… Tendré que aceptarlo.
Cooper le dio una calada más al cigarro y volvió a mirar a David. –No, creo que hiciste bien. Eres un buen hombre que cuida de su familia y los suyos. Quedan pocos como tu ciertamente. Ahora id a vuestras casas, esta noche asaltaremos los túneles.
*****
Manhattan… Zona infestada…
14:00…

Mouse y Christopher seguían dando vueltas por las calles, a cada calle que llegaban, Mouse iba perdiendo la esperanza de encontrar a Kimberly con vida, lo cual lo estaba matando por dentro, había veces que pensaba en darse la vuelta y regresar a los túneles. En ese mismo momento escucharon un ruido que venía de detrás de un vehículo, era el sonido de algo masticando, seguramente un caminante. Con el corazón en un puño, Mouse se fue acercando y vio a alguien inclinado de espaldas a el, Mouse reconoció la ropa y la melena.
—¿Kim?
Aquella persona al escucharla se alzó y se dio la vuelta, momento en que casi se le paró el corazón a Mouse. Kimberly lo observaba con la cabeza inclinada hacia un lado, detrás de ella se encontraba el cadáver de un perro de pequeño tamaño con el cuerpo desgarrado, de la boca de Kimberly iban cayendo pedazos de carne con pelos de color blanco, seguidamente comenzó a caminar hacia el mientras Mouse retrocedía sin poder creerse lo que veía, aun así alzó el arma y apuntó a la cabeza de Kimberly, seguidamente disparó y una bala atravesó la cabeza de la muchacha, la cual se desplomó al instante mientras Mouse lloraba amargamente. En ese momento notó la mano de Christopher en su hombro.
—Lo siento amigo. Lo siento de verdad. Se lo mucho que significaba para ti. Será mejor que volvamos a casa.
—Espera— dijo Mouse quitándose la mano de Christopher de encima y agachándose para contemplar el cuerpo de Kimberly, no podía dejarla allí tirada. Fue en ese momento cuando no vio ningún mordisco, sin embargo vio algo en el vientre de esta que le llamó la atención. –Chris… Mira esto. No tiene mordiscos, murió y se reanimo… Alguien la abrió en canal con un arma blanca. El hijo de puta lo disfrutó.
—Vamos John… Salgamos de aquí— le pidió Chris agachándose justo a su lado. En ese preciso instante una bala voló por los aires el retrovisor del vehículo. Enseguida ambos tomaron cobertura detrás del vehículo. –Nos atacan… Alguien nos ataca.
—Debe ser el mismo hijo de perra que mató a Kim. Ahora quiere cazarnos a nosotros. Juro que lo voy a destrozar— dijo Mouse tratando de salir, pero Christopher se lo impidió.
—Si sales te matará, no conocemos su posición, podría estar en cualquier lado. Solo espera, dudo que se acerque, cuanto más dispare, antes descubriremos su posición. Solo espera John.
—Muy bien, pero cuando lo tengamos. Quiero ser yo quien se de el gusto de cargárselo.
*****
Interestatal 70…

Por fin habíamos llegado donde Juan nos había dicho, durante el largo camino habíamos saqueado algunas casas, dentro habíamos encontrado No Muertos y comida que nos serviría para alimentarnos durante el camino.
Una vez en la Interestatal 70 el camino iba a ser más tranquilo a través del desierto de nevada, el cual comenzaba a extenderse ante nosotros. Prácticamente estábamos a la mitad de camino y no se veían caminantes por ningún lado.
Como necesitábamos parar a comer divisamos un área de servicio y nos encaminamos hacia ella con nuestros vehículos. Cuando llegamos aparcamos los vehículos y nos bajamos para inspeccionarla. Juan y yo fuimos los primeros en entrar abatiendo a dos caminantes solitarios, un hombre y una mujer. Poco después los demás entraron y comenzamos a comer, después retomaríamos nuestro camino.


sábado, 23 de agosto de 2014

NECROWORLD Capitulo 45

Día 17 de Enero de 2010
Día 574 del Apocalipsis…
Manhattan… Zona infestada.

Carlos llegó a la grúa, la rodeó y se encontró con uno de los tipos sentado y apoyado contra una de las ruedas del vehículo. El tipo estaba herido y respiraba con dificultad, no le quedaba mucho, a Carlos tampoco le quedaba mucho tiempo, los caminantes de estaban acercando, no podía demorarse mucho.
—¿Dónde está esa pequeña zorra?— preguntó Carlos mientras buscaba a la chica, sabía muy bien que no le había dado, también sabía que no podía haberse ido muy lejos. –Vamos, dímelo.
—Que te follen puto cabrón de mierda— respondió el tipo con voz débil. –Eres un jodido monstruo. No te pienso decir nada.
—¿Seguro? Calculo que te quedan todavía unos minutos, pero esos monstruos llegarán a ti antes, por lo tanto estarás vivo cuando empiecen a sacarte las entrañas. Dime hacia donde fue la chica y te ahorraré eso. Te dispararé en la cabeza y así tampoco volverás. Y créeme que me cuesta hacer esto, eres una de esas escorias a los que tanto odio y estoy aquí ofreciéndote una vía rápida de escape cuando debería dejarte morir como una de esas ratas con las que sois felices a la hora de comer. Venga, no seas idiota y dime lo que quiero saber. ¿Dónde está la zorra? No te lo volveré a preguntar.
—Que te follen… Yo si te lo repetiré hasta que ya no pueda hacerlo más.
Carlos vio que los caminantes ya estaban a unos pasos de ellos, luego miró al tipo que tenía delante de el. –Bueno… Lo que quieras… A decir verdad no soy nada piadoso, así que aquí te quedas, ya cazaré a esa zorrita sin tu ayuda— Carlos se puso en pie. –Que lo disfrutes.
Seguidamente Carlos se marchó sin mirar atrás, mientras se alejaba escuchaba los gritos de aquel tipo, no pudo evitar sonreír, aquello era música para sus oídos.

Kimberly había escapado antes de la llegada del asesino, había intentado abrir una de las alcantarillas y no lo había conseguido, así que se había ocultado. Desde su escondite se asomó y vio de quien se trataba, era ni más ni menos que el hermano de Juanma. Después de que este dejara tirado a Grayson a merced de los No Muertos comenzó a caminar mientras Grayson moría devorado. Kimberly se daba cuenta en ese momento que estaba comenzando un juego peligroso. Estaba atrapada en medio de la zona infestada con un peligro mucho más grande que los muertos vivientes. Tras sus pasos a su caza tenía a un autentico psicópata, pero en lugar de huir… Estaba tomando la decisión de matarlo, terminar con ese monstruo, debía ser valiente, debía matarle como el había matado a todos sus compañeros, había aniquilado a los arponeros solo por diversión y por eso Kimberly, a pesar del miedo, no podía dejarlo pasar.
El único arma que llevaba era un lanza arpones con tres arpones, quizás no tuviera muchas oportunidades, pero debía intentarlo.
—¿Dónde estás zorra? Sal…— se burlaba el hermano de Juanma. –Pronto esta zona estará plagada de caminantes, no llegarás muy lejos, sal y da la cara, prometo tener contigo la piedad que no tuve con tu amigo. A ti te volaré la puta cabeza. ¡¡¡Sal!!!— seguidamente comenzó a disparar al aire, eso provocaría más a los No Muertos.
Kimberly se escurrió entre unos vehículos agazapada, de momento, mientras esperaba su oportunidad no podía hacer otra cosa que correr, ocultarse y esperar. Aun así, había algo tan claro como el agua, antes de que amaneciera al día siguiente, uno de los dos estaría muerto y desde luego, ella no quería ser quien muriera.
*****
Interestate 80, Lodi.

Nos encontrábamos en una autopista atestada de vehículos abandonados, los cuales nos bloqueaban demasiado el paso, podríamos estar apartándolos o dar la vuelta, pero pronto la noche nos caería encima. Hacia unas horas que habíamos dejado atrás Manhattan y habíamos tenido que dar varios rodeos por causas parecidas. Tendríamos que quedarnos a pasar la noche por allí. No había muchos caminantes a la vista. Tenía a Laura a mi lado en el jeep y detrás de nosotros estaba Stacy.
—¿Tienes idea de alguna zona más despejada por la que podamos pasar? Digo yo que desde el aire tendrías mejor visión— dije dándome la vuelta para mirarla.
—No vi nada, estaba demasiado ocupada intentando no estrellarme. No podía pararme a contemplar el paisaje— respondió Stacy.
En ese momento escuché la voz de Juan a través del walkie. —¿Cómo está la cosa? ¿Damos la vuelta?
Enseguida respondí. –Si, daremos la vuelta, pero la noche se nos echará pronto encima. Deberíamos buscar un sitio seguro donde pasar la noche. ¿Me recibís todos?— enseguida comencé a escuchar respuestas afirmativas de todos los demás. Mientras Laura observaba un mapa de todo el estado.
—Creo que podríamos ir hasta aquí— dijo Laura señalando una zona con un rotulador rojo — Nos desvía un poco y tardaremos más en llegar, pero bueno, nos servirá para evitarnos posibles problemas, cuando lleguemos al desierto de nevada el viaje será mucho más rápido.
—Supongo que tendremos que dar muchísimos rodeos— respondí. Luego me dirigí a todos –Muy bien, damos la vuelta chicos. Nos vamos hacia Fort Lee.

Fort Lee…
22:00…

La zona boscosa nos rodeaba y salvo el sonido de algunos animales salvajes no se escuchaba nada, parecía un lugar bastante seguro, al menos para pasar la noche.
Comenzamos a bajarnos de los vehículos y a nuestra derecha vimos lo que parecía una edificación de unos dos pisos junto a un aparcamiento.
—No podremos montar las tiendas, así que mejor pasamos la noche ahí dentro— dijo Juan poniéndose a mi lado. —¿Entramos a ver si es necesario limpiarlo?
—Si, Butch y Rachel, con nosotros— dije caminando hacia uno de los camiones, quería coger armas de mejor calibre y munición para estas. –Los demás vigilad esta zona— cuando pasé junto a Yuriko esta me miró y yo la noté tensa. —¿Qué te pasa?
—No nada, solo estoy nerviosa por haber abandonado la ciudad, pero no pasa nada por que fue decisión mía— respondió Yuriko. Yo a veces pensaba que debería haberse quedado en la ciudad, tenía demasiado reciente lo de Vanesa.
—Bueno, no te preocupes, esto habrá terminado antes de que nos demos cuenta, volveremos a la ciudad y nos tomaremos unas merecidas vacaciones— dije al tiempo que abría la lona del camión, justo en ese momento vi algo que se movía por detrás de los pallets donde se amontonaban las cajas de armas y munición. Enseguida saqué  mi linterna y mi arma y apunté.
—No dispares— dijo una voz, seguidamente comenzó a surgir una silueta con las manos en alto. –Soy yo… Sean.
—¿Sean?— pregunté al tiempo que los demás atraídos por el ruido se acercaron a la parte trasera del camión. Cuando vi mejor al chico me quedé boquiabierto. Entonces sin mediar palabra me adelanté y lo agarré de la camisa, luego tiré de el y lo saqué de un tirón del camión, haciendo que este cayera al suelo de asfalto y tierra. Todos se quedaron sorprendidos. —¿Qué cojones estás haciendo tu aquí? Se supone que te había dicho que esta misión no era para ti.
—No me jodas, llevábamos un polizón— dijo Butch. –Ahora la puta misión se ha convertido en una guardería… Putos niñatos que se creen hombres por que disparan con un arma.
Yo estaba desconcertado, no entendía por que ese muchacho había ignorado mis órdenes y encima se había colado en uno de los camiones. Todo eso alteraba mis planes, el chico no me parecía preparado para una misión así. —¿Por qué coño ignoraste mis ordenes? Deberías haberte quedado— decía mientras le apuntaba con el arma.
—Lo siento, pero quería ser útil en una misión importante. Por favor jefe, perdóneme.
Sentía ganas de darle una fuerte paliza e incluso dispararle, pero finalmente bajé el arma. –Ponte en pie anda.
—¿Qué hacemos ahora?— preguntó Laura. –No podemos estar cuidando de un muchacho.
—Se cuidarme solo, se disparar muy bien, mejor que tu. Solo eres un par de tetas— respondió Sean poniéndose de pie al mismo tiempo que Butch rompía a reír a causa de la respuesta del muchacho.
—Razón no le falta— respondió mirando a Laura directamente al pecho. –Son enormes.
Laura en ese momento se tapó un poco el torso con la chaqueta, solo así Butch apartó la vista, luego ella me miró a mi. –Deberíamos volver a Manhattan y dejarlo allí. Ya es difícil cuidar de nuestros culos como para cuidar también a este crio.
—Perderíamos demasiado tiempo, que se quede bajo mi responsabilidad— dije al fin, luego lo miré. –Y no quiero que te arriesgues, ahora quédate aquí con los demás mientras Juan, Butch, Rachel y yo entramos a investigar ese lugar. –Miré a los que iban a venir conmigo. –Venga, vamos.
Los cuatro comenzamos a caminar hacia la edificación, lo cierto era que no era muy grande, se iba notando conforme nos acercábamos, de haber No Muertos dentro no serian muchos y acabaríamos rápidamente con ellos. Atravesamos rápidamente el pequeño parking vacio y llegamos a la puerta, la cual estaba abierta.
Nada más abrirla sentimos el golpe del hedor a descomposición, justo en ese momento vimos un cadáver boca abajo.
—Joder que peste— dijo en ese momento Butch tapándose la nariz. Nosotros lo miramos.
—Vaya, parece que lo de que eres un tipo duro es solo de boquilla. Deberías estar acostumbrado al olor a descomposición, como nosotros. Además, habrás olido cosas peores cuando dormías abrazado a los inodoros— respondió Rachel.
—Eso vosotros, que sois unos putos cerdos… Un momento… ¿Qué se mueve ahí?— dijo Butch alumbrando con su linterna al cuerpo, donde ciertamente se movía algo. —¿Está vivo?.
—No creo— respondí mientras me iba acercando al cuerpo, cuando estuve al lado le di un golpecito con el pie. Fue en ese momento cuando vi algo que surgió de dentro del cuerpo, se trataba de una bola de pelo blanca y gris, casi negra. Aquello abrió la boca y mostró unos grandes colmillos mientras en sus ojos se reflejaba mucha agresividad, seguidamente se dio la vuelta y echó a correr, de vez en cuando se daba la vuelta y lanzaba un chillido, finalmente desapareció al doblar una esquina.
—¿Qué cojones era eso? ¿La madre de todas las ratas?— preguntó Butch dando unos pasos hacia atrás. –Odio las ratas.
—Eso era una zarigüeya— respondió Juan. –Ahora sigamos adelante.
Comenzamos a caminar siguiendo el pasillo por el que había huido la zarigüeya y vimos más cadáveres. Muchos de ellos estaban semi devorados. Había tres en total, todos vestían la misma ropa, eran evidentemente guardas del lugar.
Estuvimos un rato inspeccionando el lugar y salvo cadáveres no encontramos nada. Finalmente llegamos a una sala muy grande, la cual era parecida a un salón, había una chimenea y sobre esta la cabeza de un alce. También había una estantería con una gran selección de libros.
—¿La zona de descanso de los guardas?— preguntó Rachel.
—Eso parece. Este es un buen sitio para pasar la noche, llama a los demás— le dije.
Rachel salió y al poco rato entró seguida por los demás que se habían quedado fuera. Unos minutos después Juan y yo bajamos para aparcar bien los vehículos, cuando volvimos a reunirnos con los demás nos sentamos para cenar.
—Muy bien. ¿Cómo sigue el plan?— preguntó Stacy.
—Pues mañana partiremos temprano— respondí yo, justo en ese momento miré a Yuriko, la cual seguía tensa y apartó la mirada para evitar mirarme. –Ahora debemos decidir las guardias. Yo haré la primera.
—Yo te acompaño en ella— dijo enseguida Johana. Algo que hizo que Butch le lanzara una mirada.
—Muy bien, pues id a dormir mientras Johana y yo hacemos la primera guardia. Mañana saldremos de aquí temprano.
Todos se fueron a dormir mientras yo observaba por la ventana el único acceso posible hacia el interior del edificio, había cogido una silla y me había sentado junto a la ventana, desde ahí tenía una visión perfecta del lugar, si llegaban saqueadores o No Muertos los vería enseguida. Johana había ido a dar una vuelta por el interior del edificio, no tardaría en volver.
De vez en cuando miraba al resto del grupo, los cuales se habían quedado dormidos con facilidad, especialmente me quedé mirando a Yuriko cuando esta se movió en el interior del saco de dormir, me había dado la impresión de que había sollozado, lo cierto era que la notaba rara, iba a levantarme para acercarme a ella cuando vi a Johana entrar en el salón.
—Todo despejado, como era de esperar. Si hay caminantes por la zona no están aquí— Johana se sentó a mi lado y comenzó a encenderse un cigarro, luego me mostró a mi el paquete ofreciéndome uno.
—No fumo— respondí. –Es algo que nunca me ha llamado la atención.
—Haces bien. El tabaco provoca impotencia y eso no es bueno para ninguna mujer… Ahora que lo pienso, tú y yo nunca hemos tenido una conversación clara. Dos de las veces que te he visto a sido salvándonos el culo. ¿Cuál es tu historia? ¿Eres de operaciones especiales o que?
—Soy tan normal como lo eres tú o tu novio— dije mirando a Butch que dormía a pierna suelta en un rincón.
—Ese no es mi novio. Solo nos hemos enrollado un par de veces. Solo eso, ni siquiera me gusta como lo hace, es un poco inútil ¿Sabes? A mi me gustan más hombres y con dotes de mando.
—Pues habría jurado que erais pareja. Discúlpame entonces… Yo y mi bocaza.
—¿Te hubiese molestado que lo fuéramos?— preguntó en ese momento Johana mirándome con una sonrisa. –Si es así puedes estar tranquilo.
—No, no…— respondí con una sonrisa. –Solo es que pensaba que erais pareja. Nada más.
—A veces soy una bocazas, lo siento— respondió Johana. –Por cierto. ¿Cuál es tu historia? Ya se lo de la salida de España y todo lo que os pasó a ti y a los tuyos. Me refiero a tu historia personal. ¿Qué sientes al estar metido en todo esto? Para mi empezó de la noche a la mañana sin comerlo ni beberlo.
—Para mi también— respondí cambiándome la correa del fusil de hombro. En ese momento dejé escapar un quejido, me había dado un tirón y Johana lo había notado.
—Espera, voy a aliviarte eso un poco— dijo Johana poniéndose de pie detrás de mi y poniéndome las manos en los hombros, enseguida acercó su boca a mi oído. –Aunque no te lo creas los masajes se me dan genial.
Johana comenzó con el masaje mientras me contaba como había sobrevivido en medio de una actuación en un concierto, estaba tocando con su grupo en una rave cuando comenzaron a surgir No Muertos entre los asistentes, hubo un momento que no se distinguían unos de otros, tan solo ella y Butch habían logrado sobrevivir a la masacre.
—¿Sabes? Echo de menos aquellos tiempos, sobre todo lo de tirarme a todo aquel que me diera la gana. Aunque eso lo sigo haciendo. Me encanta el sexo— decía al tiempo que descendía sus manos por mi pecho. –Aunque en aquel entonces bastaba con ser una estrella del rock y chasquear los dedos, ahora me lo tengo que currar más. Me encanta también, ser yo quien lleve la iniciativa.— Johana comenzó a rodearme y se situó delante de mí con las manos todavía sobre mis hombros, enseguida se sentó sobre mis rodillas.
—¿Qué haces?— pregunté sorprendido por su actitud.
Esta le dio una calada a su cigarro y expulsó el humo. Seguidamente apagó el cigarro en el marco de la ventana y se quitó la camisa dejando sus pechos al descubierto, puso sus dos manos en mis mejillas y me echó la cabeza hacia atrás, entonces me besó.
—Currármelo— respondió. –Ya te dije que me encanta llevar la iniciativa, tu solo déjate llevar y disfruta— Johana llevó sus manos hacia mi cinturón y comenzó a desabrochármelo, entonces la agarré por los hombros y me la quité de encima.
—No se por que haces esto, pero no pienso jugar. Lo siento, además, yo estoy casado. No le haré esto a Eva.
Johana se volvió a poner la camisa y me miró. –Tú te lo pierdes. En serio.
—Puede ser, ahora hagamos como que nada ha pasado y sigamos con la guardia— respondí sin querer seguir con el tema.

Yuriko no podía dormir, seguía dándole vueltas a lo que Carlos le había dicho. Estaba aterrorizada y cada vez que cerraba los ojos veía a Carlos amenazándola, sentía el olor a alcohol incluso, era señal que lo ocurrido la había dejado marcada. Pensaba en que debía contárselo a Juanma, debía decirle lo que había pasado, pero entonces Juanma tomaría represalias contra Carlos, si fallaba y Carlos escapaba, podría ir a por ella y matarla, y si lo hacía, si mataba a Juanma… ¿Quién le decía a ella que Carlos no le haría daño después? ¿Podía confiar en su palabra después de ver lo que había visto? Carlos era inestable y peligroso, era como si el chico al que conoció se hubiese ido para siempre y en su lugar hubiese quedado solo un monstruo. Y si hacía caso a Carlos… ¿Sería capaz de matar a Juanma? Sabía que si fallaba, moriría.
Yuriko se sentía entre la espada y la pared.
*****
Manhattan… Túneles

Mouse se despertó y se sorprendió de que siendo la hora que era, Kimberly y los otros no hubiesen regresado, lo cual no dejaba de ser extraño. Salió de donde vivía y caminó por los túneles, con todo aquel que se cruzaba le preguntaba si había visto a Kimberly, pero todos le daban la misma respuesta negativa. Kimberly y el resto de arponeros no habían regresado todavía, lo cual era preocupante.
Mouse aceleró el paso y llegó hasta un gran hall, el cual habían habilitado como zona común para los habitantes, allí lavaban la ropa y la dejaban tendida, en ocasiones se dedicaban al trueque. Mouse llegó allí con un plan, necesitaba gente para salir a buscar a los arponeros y especialmente a Kimberly. Ocupó un puesto alto y dio un grito para que todos los allí presentes lo escucharan.
—Necesito voluntarios para salir a la zona infestada. Los arponeros no han regresado y temo que les haya ocurrido algo. Por favor.
Todos los allí presentes se quedaron mirándose entre ellos, los primeros murmullos no tardaron en escucharse, Mouse no esperaba que las mujeres y niños allí presentes se prestasen voluntarios para algo que todos sabían que era peligroso, pero allí también había hombres hechos y derechos, pero estos tampoco parecía que tuvieran intención de dar un paso al frente y ayudar.
—Seguro que están bien y volverán pronto. Mi hijo está con ellos— dijo una mujer de avanzada edad. –Siempre vuelven.
—Si, eso, volverán, no hay porque preocuparse. Además, si quiere ir a buscarles, que vaya el solo— dijo un hombre que allí abajo se ganaba la vida cocinando ratas y palomas que caían en sus trampas.
—Sois todos unos hipócritas. Está sugiriendo ir a buscar a gente de los nuestros, los cuales podrían estar en peligro, hay que ayudarle— dijo una mujer que llevaba un bebé en brazos.
—Pues ve tu con el y llévate a tu hijo también— respondió una mujer que estaba detrás de ella.
Algunos comenzaron a discutir mientras que otros se dispersaban o seguían con lo suyo. Todos ignoraban a Mouse y sus peticiones, eso hizo que Mouse apretara los puños con rabia. Allí abajo todos criticaban a los de arriba, pero no eran distintos a ellos, eran exactamente una copia idéntica de la gente de la superficie.
Se bajó de donde estaba y comenzó a caminar entre la multitud, muchas veces empujaba a alguien para quitárselo del medio, estaba demasiado furioso y odiaba a esos malditos, los odiaba con todas sus fuerzas. Siguió caminando y se dio de bruces contra un hombre, cuando lo quiso apartar, el hombre se dio la vuelta y lo empujó.
—¿De que coño vas? Mejor bájate los humos. Ya volverán, y si no vuelven que les jodan, ya habrá más gente que se preste a ser arponero y crear otro equipo. Tenemos comida de sobras.
Las palabras de aquel tipo fueron como puñales, si tenían comida fue por que Mouse y otros habían arriesgado su vida yendo hasta Jersey, incluso habían perdido a Marcos. Por otro lado aquel tipo estaba menospreciando a los arponeros y le daba igual que hubiesen muerto, algo que le dolió todavía más debido a que Kimberly formaba parte de ese grupo.
Sin pensárselo dos veces, Mouse le asestó un puñetazo a aquel tipo, el cual cayó hacia atrás empujando a otros tantos que estaban aglomerados detrás de el. Ese tipo cayó al suelo, pero enseguida se levantó devolviéndole el golpe a Mouse. En ese momento varias personas comenzaron a gritar y algunos se unieron al primer tipo golpeando a Mouse, este cayó al suelo de rodillas y sintió una fuerte patada en el estomago. De repente notó como alguien lo levantaba, pensó que era alguien que iba a golpearle, pero entonces vio que se trataba de Christopher, este tenía un arma en las manos.
—Todo el mundo quieto. No quiero que nadie se mueva— miró a Mouse. –Salgamos de aquí, yo iré contigo.
Mouse y Christopher salieron de la zona y se encaminaron por los túneles mientras Mouse se limpiaba la sangre del labio, aquel tipo se lo había partido de un puñetazo.
—Gracias… Aquí cada día hacen menos por los demás. Nos vamos a pique y no parecen que se den cuenta. Son odiosos.
—Yo también pienso lo mismo muchas veces. Realmente hay mucho más lejos de aquí, incluso es mejor. Yo también veo que se avecina una guerra, Zero y los suyos traman algo.
—¿El que?— preguntó Mouse.
—Aun no lo se, pero planean algo y papá Angelito no pinta nada en todo ese asunto.
De repente escucharon una explosión que parecía venir de la superficie, algo pasaba allí arriba.

Manhattan… Zona Segura…
01:00 de la madrugada…

Eva se despertó de repente con el sonido de la explosión, la cual había hecho vibrar todos los cristales de la casa, salió al salón y se encontró también con Vicky saliendo de la habitación. Rápidamente se asomaron a la ventana y vieron a mucha gente en la calle mirando hacia una única dirección, no tardaron en ver un camión de bomberos pasar a toda velocidad por la calle, también vieron a David y a Alicia asomarse por la ventana.
—¿Qué ha pasado mamá?— preguntó Vicky mirando a Eva.
—No lo se cielo, no lo se— respondió Eva. Aunque enseguida pensó en una posibilidad –Escucha, ve a tu habitación y vístete. Vamos a ir a ver que ha pasado.
—De acuerdo— respondió la pequeña.
Eva estaba nerviosa y sentía la necesidad de salir de casa cuanto antes, rápidamente la pequeña corrió hacia la habitación y comenzó a ponerse la ropa. También Eva comenzó a vestirse, justo cuando había acabado, alguien llamó al timbre. Fue a abrir y se encontró con David. –Supuse que te estarías preparando para ir a ver, venga.
Vicky, Eva y David salieron de la casa y cuando bajaron a la calle comenzaron a seguir a la gente, todos murmuraban algo sobre el lugar de la explosión, pero David quiso enterarse y se acercó a una mujer que paseaba por allí.
—¿Dónde fue la explosión? ¿Sabe algo?
—Parece que fue en el puerto, concretamente en el polvorín. Algunos dicen que es obra de la guerrilla, otros dicen que han sido hombres de Dorian. No se sabe mucho.
En ese momento paso por allí un vehículo militar desde el cual, gracias a un megáfono, un soldado pedía calma y que volvieran a sus casas.
—¿Qué hacemos? No creo que nos dejen acercarnos— dijo Eva mirando a David.
—Si han sido la guerrilla o hombres del tal Dorian, lo dudo— entonces David notó cierta intranquilidad en Eva. —¿Qué es lo que te pasa?.
—¿Y si no han sido ni los hombres de Dorian ni la guerrilla? ¿Y si fue Carlos? Me pareció muy extraño que se fuera tan tranquilamente… Y está obsesionado conmigo, dudo que se olvide de mí tan fácilmente. Por eso hemos salido de casa— respondió Eva en voz baja para no asustar a la pequeña.
David las miró a las dos. –No te preocupes, le prometí a Juanma que cuidaría de vosotras… Y es lo que haré. No dejaré que ese cabrón se te acerque. Ahora vamos a acercarnos, creo que a nosotros si nos dejarán pasar, además, Sandra, Kate y Parker estarán allí.
David, Eva y Vicky comenzaron a caminar hacia el puerto. Ella necesitaba saber que había pasado, también estaba preocupada por su amiga Sandra. Esperaba que no hubiese sufrido ningún daño.

Manhattan… Zona infestada…

Carlos también se percató de la explosión en la ciudad, tanto por el sonido como por el resplandor rojo, pero le fue indiferente, le daba igual. Por que estaba disfrutando como nunca, estaba metido en el juego del gato y el ratón más excitante de toda su vida, sentía que estaba cerca de dar caza a su presa. Al menos la explosión tendría algo positivo, los caminantes atraídos por el ruido se acercarían todos a la valla, con lo cual solo tenía que preocuparse de aquella pequeña zorra, la cual debía estar todavía por la zona.
—Continúa el juego pequeña zorra. Te voy a dar caza… Y no te mataré enseguida, me tomaré mi tiempo para matarte poco a poco. Incluso puede que antes de eche unos cuantos polvos. Prepárate… Que voy.

Kimberly también había sentido la explosión, pero ni siquiera se preguntó que era, simplemente tenía mejores cosas en las que pensar, como acabar con aquel monstruo.
Se asomó un poco desde detrás de un vehículo y lo vio de espaldas a unos veinte metros de donde estaba, si disparaba quizás conseguiría herirle o incluso matarlo, pero si fallaba… No quería pensar en ello, pero lo cierto era que estaba en clara desventaja, quizás tendría que dejarlo estar y largarse, todavía podía hacerlo, al fin y al cabo la venganza no era un sentimiento que desaparecía tan fácilmente. Podía hacerlo otro día y ese día ir acompañada por su gente, además, Mouse estaría preocupado.
Kimberly comenzó a caminar agazapada, siempre ocultándose. Logró adentrarse en un callejón sin ser vista, ahora solo le quedaba buscar una alcantarilla, se sentía estúpida, no tendría que haberse obsesionado con matarlo por que ella no era una asesina, por muy mala gente que el fuera, si lo mataba, quizás no podría soportarlo después.
Siguió por el callejón y justo cuando dobló una esquina se dio de bruces con alguien, alzó la vista y se encontró con el, con el hermano de Juanma. Kimberly trató de alzar el lanza arpones para disparar, pero el fue más rápido y se lo arrebató tirándolo al suelo. Kimberly trató de alejarse, pero el la acercó hasta si, fue en ese momento cuando Kimberly sintió un fuerte y punzante dolor en el vientre.
—Desde el día que te vi…— Carlos hizo fuerza con el cuchillo –Sabía que iba a terminar destripándote como a un cerdo— este la empujó y la chica retrocedió mientras se tocaba el vientre con las dos manos mientras en sus ojos surgía una mirada de terror, pero Carlos implacable se volvió a acercar a ella para clavar nuevamente el cuchillo. –Deberías haberte largado antes— asestó otra puñalada. –De verdad que eres estúpida, ¿Pensaste que no te vi escabullirte como las ratas?— Tres puñaladas más, seguidamente la empujó, la chica cayó al suelo de espaldas con la mirada clavada todavía en el. –No me mires así, voy a dejar que vuelvas. Carlos pasó por su lado y la chica trató de agarrarlo del pie, pero el le apartó la mano de una patada. –No me toques. Ya nos veremos cuando seas uno más de esos seres.
Kimberly lo vio alejarse mientras la vida se le escapaba. Iba a morir allí y no había podido decirle a Mouse lo que de verdad sentía por el. Iba a morir allí sola, finalmente cerró los ojos y no los volvió a abrir.

Manhattan… Zona segura…

David, Eva y Vicky llegaron al puerto y vieron a los bomberos apagando las llamas. Parecía que habían llegado a tiempo y habían salvado la mayoría de armas y munición. Allí estaba el sargento Cooper, al verlo se acercaron.
—¿Se sabe que ha pasado?— preguntó Eva mirando a Cooper —¿Se sabe quien a sido?
—Aun no lo sabemos, pero tenemos motivos para creer que fueron de la guerrilla— respondió Cooper. –Se han cargado también a los que estaban aquí vigilando. Dos chicos jóvenes. Una pena.
En ese momento David vio a Sandra, Parker y Kate hablando con los soldados que habían llegado al lugar. Entonces decidió acercarse, cuando llegó junto a ellos se acercó a Sandra.
—¿Cómo estáis? Hemos venido enseguida que hemos podido, parece que no fue muy grave, salvo por los dos chavales muertos— dijo David viendo que el fuego estaba totalmente controlado.
—Estamos bien, estábamos en nuestra zona cuando escuchamos la explosión, pero no vimos a nadie, creo que entraron desde las alcantarillas— respondió Sandra.
—¿Desde las alcantarillas? Eso solo pueden haber sido los de la guerrilla entonces— David se dio la vuelta para mirar a Eva, la cual seguía hablando con Cooper, luego volvió a mirar a Sandra. –Bueno, al menos eso dejará tranquila a Eva, está asustada con respecto a Carlos. No se fía, cree que podría volver.
—No me extraña— respondió Sandra.
En ese momento salieron dos soldados que se acercaron a Cooper, estuvieron hablando con el y acto seguido avanzaron hacia el interior del polvorín seguidos por Eva, la cual llevaba a Vicky de la mano.
—Ahora vuelvo— dijo David mirando a Sandra, pero esta y sus compañeros, en lugar de quedarse fuera, también entraron. Una vez dentro se quedaron asombrados al ver un enorme agujero en el suelo.
—¿Pero que cojones?— preguntó Parker.
Cooper miró a su alrededor. –Joder, se han llevado muchas armas. Estos cabrones de los túneles… esas putas escorias han ido demasiado lejos— Cooper miró a dos de los soldados. –Abrahams, Rogers. Corred la voz entre los demás, empezad a movilizar a la gente. Quiero organizar un jodido ataque contra ellos, si quieren guerra, guerra es lo que tendrán. Les daremos un duro golpe, algo más que un aviso.
—Sargento, con todos mis respetos, creo que deberíamos esperar antes de llevar a cabo esto, deberíamos esperar a Juanma y…— dijo Eva tratando de disuadir al sargento, tenía que evitar un enfrentamiento.
—Juanma no está aquí ahora. Yo soy quien está al mando.
Cooper se marchó y Eva se quedó mirando a David. —¿Qué ocurre?— preguntó el.

—Ahora se por que Juanma quería largarse. Esta ciudad es una hoya a presión— respondió Eva.