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sábado, 1 de marzo de 2014

NECROWORLD Capitulo 25



Día 21 de Diciembre de 2009
Día 547 del Apocalipsis…
17:45 de la tarde. En algún lugar de estados Unidos.

Vanesa y Yuriko llevaban horas sobrevolando pueblos y ciudades del país. Habían tenido que parar a repostar varias veces mientras los demás se desplazaban por tierra con el vehículo oruga. De momento hacia buen tiempo y tenían que aprovecharlo.
Habían sobrevolado varias poblaciones, pero salvo caminantes en activo o congelados no habían visto nada más, ni rastro de personas vivas, ni rastro de Luci. Nada, solo muertos.
—Ya hemos sobrevolado muchas ciudades y pueblos y no encontramos nada. Deberíamos volver— dijo Yuriko mirando a Vanesa.
—Solo un poco más. Ahí tenemos una población… ¿Cuál es?— preguntó Vanesa mirando a Yuriko.
Rápidamente la joven japonesa sacó el mapa y comenzó a mirarlo, enseguida volvió a mirar a Vanesa. –Se trata de Bristol.
—Muy bien, sobrevolaremos esa, será la ultima por hoy. Si no encontramos nada regresaremos, además… pronto anochecerá. Haya gente o no, dudo que de noche se arriesguen a encender las luces— respondió Vanesa poniendo el helicóptero en marcha hacia la población.

Bristol… (Connecticut)

Terry salió al porche de su casa y allí se encontró con Vernon sentado en una silla junto a una mesa con un gran mantel de color blanco, sobre la mesa había una tetera y dos tazas de café. Enseguida tomó asiento y Vernon le sirvió una taza. —Parece difícil de controlar esa muchacha, creo que nos traerá problemas. Quizás deberíamos acabar con ella y diseccionarla para ver si es tan valiosa como pensamos.
—No…— Terry cogió la taza de café y le dio un sorbo. –A todo el mundo se le puede domesticar de una forma u otra. Esa chica no será menos. Se muy bien como retorcerle el brazo si es necesario. No te preocupes, cuando nos demos cuenta estará comiendo directamente de nuestra mano. Solo debemos ser pacientes y esperar…— en ese momento Terry se quedó callada y alzó la cabeza, dejando la taza sobre la mesa. Luego miró a Vernon. –¿Oyes eso?
Vernon se quedó un rato callado, pero no parecía escuchar nada. –No, no lo oigo.
Terry salió del porche y comenzó a caminar por la calle. Estaba a unos veinte pasos de la casa que había ocupado cuando se dio la vuelta, entonces vio algo en el cielo. Rápidamente se llevó las manos a la cintura y sacó unos prismáticos, miró hacia el horizonte y enseguida lo vio. Se trataba de un helicóptero que estaba comenzando a sobrevolar el pueblo, lo miró con más detenimiento y entonces hizo un descubrimiento, el helicóptero llevaba un logo en el fuselaje, una especie de pájaro, un fénix.
En ese momento Vernon y otros de sus seguidores lo vieron, todos se habían quedado sorprendidos. Terry recordaba haber visto ese logo en algún lugar, rápidamente miró hacia la casa y entró corriendo en la casa y luego fue a la habitación de Luci, allí sobre una silla estaba la ropa que llevaba cuando la encontraron, la agarró con ambas manos y ahí vio el mismo logo que había visto en el fuselaje del helicóptero, no había duda, la debían estar buscando y su búsqueda los había llevado hasta allí. Tiró la ropa contra el suelo y salió rápidamente de la casa, tropezando con todo, cuando llegó al porche miró a sus hombres.
—¡¡¡¡Derribad ese aparato!!!! ¡¡¡¡Ahora!!!!
En ese momento los hombres y mujeres comenzaron a movilizarse y a tomar posiciones. Preparaban sus armas y se situaban en tejados y ventanas, todos bien ocultos, pero siempre preparados para el combate.

Yuriko había divisado los vehículos y las barricadas que impedían la entrada a unos pocos No Muertos, pero Yuriko había tenido tiempo de ver a los hombres y mujeres tomar posiciones. –Ahí abajo hay gente, pero se están ocultando. Van armados.
Entonces Vanesa comenzó a tratar de tomar tierra, tenía que dejar claro que ellos no eran hostiles y que tenían buenas intenciones, pero antes de que pudiera pensar si quiera si los de allí abajo eran hostiles o no. Una lluvia de balas comenzó a caer sobre el helicóptero.
—¿Por qué nos disparan?— preguntó Yuriko.
—No lo se, pero nos vamos. Prepárate, voy a dar la vuelta— dijo Vanesa cogiendo los mandos del helicóptero con fuerza.— pero justo en ese momento Vanesa vio algo que hizo que se le helara la sangre. Había aparecido un tipo que portaba un lanza cohetes y que en esos momentos les estaba apuntando. —¡¡¡Agárrate fuerte!!!
Vanesa comenzó a dar la vuelta con intención de alejarse de allí, justo cuando ya se había dado la vuelta sintieron un fuerte impacto y el helicóptero comenzó a dar vueltas, Vanesa estaba perdiendo el control y era imposible que lo recuperara, Yuriko se había agarrado fuerte y le lanzó una mirada a Vanesa, iban a estrellarse y con mucha probabilidad iban a morir. Todo iba demasiado deprisa, Yuriko y Vanesa solo pudieron cerrar los ojos y esperar su fatídico final.

Terry vio desaparecer el helicóptero y poco después vio salir la columna de humo. Este se había estrellado bastante cerca de la población de Bristol. No conocía muy bien esa zona, así que rápidamente se dirigió hacia uno de sus hombres.
—¿Dónde se han estrellado?
—En Old Marsh pond. Al menos eso creo— respondió un tipo joven que llevaba un sombrero de cowboy. –Creo que han caído allí. No creo que hayan sobrevivido a la caída.
—El cohete les dio en la cola, es posible que estén muertos y es posible que no. Quiero salir de esa duda, coge a unos cuantos hombres e id a verlo. No volváis hasta que deis con ellos. Si los veis… matadlos.
—A la orden jefa— dijo el de sombrero de cowboy. Luego miró a un grupo de hombres y mujeres. –Tú, tú y tú. Venid conmigo. Nos vamos en diez minutos.
Cuando Vernon miró a Terry no pudo evitar preguntarle. —¿Cree que viven? No se, nadie es capaz de sobrevivir a eso. Seguramente están muertos.
—Más vale prevenir. Esas personas venían buscándola a ella, estoy segura. Será mejor que empecemos a recoger nuestras cosas, si vinieron ellos vendrán más. Nos vamos de Bristol.
—Pero…
—No discutas conmigo Vern. Nos vamos y punto. Y a ella nos la llevamos. Es muy importante para nosotros y nuestro futuro.
*****
Old Marsh Pond…

Yuriko ayudó a salir a Vanesa de las aguas heladas del pantano. La sacó a rastras y enseguida se preparó para encender un fuego, de seguir así no tardarían en mostrar síntomas de hipotermia. Mientras encendía el fuego observó como el helicóptero terminaba de hundirse en las profundidades de aquella ciénaga. Yuriko tenía que dar las gracias a dios por haber sobrevivido a eso, pero también tenía que dárselas a Vanesa por haber pilotado así el helicóptero cuando todo estaba perdido. Así habían logrado sobrevivir. Rápidamente Vanesa echó mano a su mochila y buscó el walkie para tratar de contactar con los demás, pero cuando por fin lo encontró se dio cuenta de que estaba mojado y que por el momento no iba a poder contactar con los demás. Al menos le quedaba el consuelo de que los demás sabían que se dirigían a la zona cercana a Bristol, así que empezarían a buscarlas por allí, lo malo era que se encontrarían con la hostilidad de los habitantes de aquella población. Pero por el momento estaban solas, asustadas y desarmadas.
—¿Sabes que encender el fuego es un error? Si los de Bristol u otros lo ven podrían venir a buscarnos. Estaríamos perdidas— dijo Vanesa mientras se calentaba las manos en la hoguera y se miraba las heridas de las piernas, vio en ese momento algo que no le gustó y enseguida se cubrió la pierna. –Tenemos que comenzar a movernos.
—Aun no podemos. Debemos recuperarnos y entrar en calor. ¿Estas herida? ¿Tienes alguna herida grave?— respondió Yuriko.
—No— respondió rápidamente Vanesa. –Estoy bien. Solo son arañazos. Bastará con que descansemos un rato aquí y luego nos reuniremos con los demás— en ese momento Vanesa sonrió.
—¿Qué pasa?— preguntó Yuriko confusa.
—Pasa que te noto tan diferente. Es como si fueras otra Yuriko distinta a la que conocí en Alicante. Te veo como más mayor.
—Gracias por la parte que me toca. Yo a ti también te veo más mayor… vieja… No, en serio, hay momentos en la vida que te hacen cambiar para bien o para mal. Mi tiempo en Fukuoka tras el fin del mundo me hizo cambiar y de algún modo, madurar. No es que antes no fuera madura, solo que tras el apocalipsis… maduré más. Además, durante ese tiempo en Fukuoka maté a un hombre.
—¿En serio? Lo siento. Supongo que fue duro. ¿Quién era? ¿Lo conocías?
—Era un cerdo que se coló en mi casa mientras dormía. Quiso aprovechar la situación para intentar violarme. Lo maté casi sin darme cuenta, lo peor de todo y lo que más me asusta es que a día de hoy sigo sin sentir remordimientos por ello. Era el o yo.
—Entiendo… bueno, lo siento. Solo comentaba que te noto cambiada.
Yuriko sonrió. –Bueno, en realidad sigo siendo yo. Sigo siendo tan friolera como siempre y sigue gustándome lo mismo que me gustaba antes de que todo desapareciera. Lo que más lamento es que quizás ya nunca vuelva a ver los cerezos en flor, era una imagen tan bonita.
—Supongo que algún día los volverás a ver. Ten fe.— le sugirió Vanesa.
—La fe es algo que apenas existe ya. Al igual que la humanidad.

Pasaron minutos al borde de la hoguera, estaban quedándose dormidas cuando vieron aparecer un camión, eso hizo que ambas se apresuraran a apagar la hoguera y corrieran a esconderse, desde donde estaban vieron bajarse del camión a tres hombres y a una mujer. Una de aquellas personas llevaba a dos perros.
—Sabía que vendrían a buscarnos. No se quienes serán, pero no creo que sean amistosos— dijo Vanesa mirando a Yuriko.
—Tenemos que salir corriendo de aquí. Vete a saber lo que nos harán si nos cogen— respondió Yuriko sin perder de vista a los recién llegados. Estos iban bien armados, además… ese del sombrero de cowboy… creo que fue uno de los que nos disparó.
Ambas chicas se miraron y comenzaron a alejarse con cautela, poniendo extremo cuidado en que aquellas personas no las vieran. Eso sería fatal para ellas, no creían que aquellas personas tuvieran remordimientos en disparar al verlas, algo les decía que abrirían fuego nada más tuvieran contacto visual.
*****
En algún lugar cerca de Bristol (Connecticut)

David había detenido el vehículo oruga en medio de un camino, tenían bosque a ambos lados. Estaba tratando de contactar con Vanesa y Yuriko, pero estas no daban señales de vida, el walkie talkie ni siquiera daba señal. Era como si hubiesen desaparecido del mapa, lo más normal es que contestaran o ya supiesen donde encontrarse, estaba anocheciendo y habían acordado encontrarse antes de que llegara la noche en algún punto especifico, pero estas no aparecían.
—¿Qué les habrá pasado?— preguntó Sandra, se le notaba estar preocupada por sus dos compañeras. Temía que les hubiese pasado algo, David y Ethan también estaban preocupados.
—Joder… ahora me siento culpable. Fui yo quien os trajo a esta misión y ahora ellas también han desaparecido— dijo Ethan lamentándose. –Tendría que haber venido solo yo.
—Es tontería que te martirices por eso. Estamos aquí y ya no hay vuelta atrás, busquémoslas y cuando las encontremos volveremos a Manhattan y estaremos tranquilos. Recuerda que no solo depende de ti, también son nuestras amigas, habríamos salido en su busca aunque tu no hubieses hecho nada. Yo también comenzaba a preocuparme por la falta de Luci. Estamos aquí y es lo que importa, ahora tenemos que mantenernos fuertes ante lo que venga y permanecer unidos. Además, seguro que Yuriko y Vanesa están bien. Bueno, es hora de seguir…             Ethan coge el walkie y sigue tratando de contactar con ellas.
—David, déjame conducir a mí ahora. Tú deberías descansar un poco— dijo en ese momento Sandra, dándose cuenta de que David estaba agotado de estar tanto tiempo al volante.
David miró a Sandra y sonrió. –Vale, tienes razón.
Ambos intercambiaron puestos, mientras Sandra se ponía al volante del vehículo oruga, David se sentaba en el asiento del copiloto y apoyaba la cabeza en la ventana, necesitaba dormir un poco y descansar, de entre todos, era el que menos había dormido, tenía demasiadas cosas en la cabeza, su preocupación por su futuro con Alicia y el paradero y estado de Luci.
*****
Bristol (Connecticut)…

Luci llevaba poco rato despierta cuando vio a Terry entrar en la habitación como un rayo, seguidamente cogió algo de ropa y se la echó encima a Luci. Esta la miró extrañada sin entender a que venían las prisas de Terry.
—Rápido, ponte tu ropa. Nos vamos de aquí ahora mismo.
—¿Por qué? ¿Qué ocurre?— preguntó Luci confusa y sin moverse de la cama. No entendía a que venía tanta prisa ni por que Terry estaba tan nerviosa y apunto de estallar. –Dime que pasa, si no, no me moveré de aquí.
—¿Es que no me has oído? Que te vistas ahora mismo joder. Nos vamos de aquí. No hay tiempo para explicaciones.
En ese momento Luci hizo de la ropa una pelota y la lanzó al otro lado de la habitación, seguidamente se tumbó en la cama sin intención de moverse. –No pienso moverme de aquí. Por mi como si un rebaño de caminantes arrasa la zona, lo único que me jode es que no podre ver como te hacen pedazos. Aun así me consolará ver como tu plan o lo que sea se va a la mierda. Yo no pienso moverme de aquí, es más, disfrutaré del espectáculo hasta que me llegue la hora. Total, no podré ir muy lejos con esta herida, tu misma lo dijiste.
En ese momento, Terry se abalanzó sobre Luci y la agarró del cuello, seguidamente se la acercó a la cara. –Hemos visto un helicóptero que venía de Manhattan seguramente, tenía el mismo logo que llevas tu en la ropa. Ese maldito pájaro— Terry señaló la ropa tirada al otro extremo de la habitación. —¿Alguien sabe que estabas fuera?
—Mi novio…— Luci se fijó en ese momento en la expresión de Terry. –Oh si, mi novio. El sabía que estaba fuera, se habrá preocupado por que no regresaba y habrá dado la voz de alarma, seguro que han salido muchos a buscarme. Tus horas están contadas vieja zorra. Cuando den contigo te encerraran y luego tiraran la llave, pero no te preocupes, que no estarás mucho tiempo encerrada, cualquier día cuando esté recuperada me colaré allí donde estés y te pienso cercenar la cabeza. Luego volveré a la cama con mi novio y lo abrazaré con una sonrisa mientras pienso en tu cabeza rodando hacia mis pies.
Terry en ese momento sintió una oleada de rabia y abofeteó a Luci varias veces. –Hemos derribado a esos cabrones, pero seguramente llegarán más dentro de poco. Vístete.
—Que te follen— respondió Luci.
—Tu lo has querido— Terry agarró a Luci del brazo y tiró de ella sacándola de la cama. –Nos vamos estés como estés.
Terry sacó a Luci a la calle y esta vio como la mayoría de hombres de Terry se habían subido ya a los vehículos. Otros pocos estaban disparando contra los No Muertos que tras el movimiento de vehículos habían logrado traspasar las defensas. Todo estaba ocurriendo demasiado deprisa, fue en ese momento cuando Luci vio la columna de humo que venía de algún punto en la lejanía, a unas cuantas millas de donde se encontraban, seguramente donde se había estrellado el helicóptero. Se imaginaba que Vanesa iba en ese helicóptero, solo esperaba que esta estuviera bien, pero le bastó ver aquello para lanzarle una nueva mirada cargada de odio a Terry. Ella era la responsable de todo aquello y se lo haría pagar en cualquier momento, nada más tuviera la oportunidad, desde luego, en cuestión de oportunidades, Terry las había agotado todas y había terminado firmando su sentencia de muerte. Luci ya no iba a darle más tregua, se había decidido a matarla, y lo haría haciéndola sufrir.
Los vehículos comenzaron a moverse mientras Luci permanecía en un asiento trasero custodiada por dos tipos enormes fuertemente armados, aunque quizás podría acabar con uno primero y luego acabar con los demás para hacerse con el control, prefirió no arriesgarse, no estaba en plenas facultades, justamente en ese momento escuchó a Terry decir algo.
—Troy. Informa a Harris y a sus chicos de que nos estamos moviendo y que dentro de un par de horas te volverás a poner en contacto con ellos para darles nuestras coordenadas y ubicación. Diles también que si encuentran a alguien vivo que maten a todos menos a uno, quiero interrogarle— Terry miró a Luci en ese momento. –Si hay chicos, matadlos a todos, el rehén solo me interesa si es una chica.
Luci se dio cuenta de las intenciones de ese comentario, al decirle lo de su novio. Terry había dado por hecho que este iba en el helicóptero. Matarlo sería una forma de hacer daño a ella. Eso hizo que Luci odiara todavía más a Terry, aquella mujer la estaba sacando de sus casillas y las ganas de Luci por acabar con ella estaban rozando lo enfermizo, nunca antes había sentido un odio tan visceral contra nadie, aquello se estaba volviendo algo demasiado personal. Era como un tira y afloja entre ambas. Algo que para Luci solo terminaría cuando le arrebatara la vida a Terry.
Luci volvió a mirar por la ventana y vio la columna de humo. Deseaba que si Ethan iba ahí que estuviera bien, deseaba que todos los que fuesen en el lo estuvieran.
*****
Old Marsh Pond…

Con la noche ya sobre ellas y con el frio calándoles hasta los huesos. Yuriko y Vanesa seguían huyendo a través del bosque mientras a sus espaldas seguían escuchando los ladridos de los perros que llevaban sus perseguidores. No sabían si las habían visto o localizado, pero parecía que iban tras ellas, quizás los perros las habían detectado, no podían saberlo, pero tampoco podían pararse, seguir corriendo marcaba la diferencia entre la vida y la muerte, aunque ambas estaban agotadas y heladas. Necesitaban parar y descansar.
—Si seguimos así voy a terminar echando los pulmones por la boca. Ni siquiera sabemos hacia donde vamos— dijo Vanesa parándose y apoyándose en el tronco de un árbol. –No podemos seguir así, yendo hacia ninguna parte.
—Tampoco podemos plantarles cara, nuestras armas están en el fondo del pantano. Del que por cierto casi no salimos… y esa gente van más armados que nosotras. Dudo mucho que se paren a hablar si nos encuentran, como mucho dispararan primero y preguntarán después.
—Eso ya lo se— respondió Yuriko.
Justo en ese momento escucharon crujir una rama. Ambas miraron entre la oscuridad y vieron aparecer una figura tambaleante caminando hacia ellas, era un No Muerto. Rápidamente Yuriko comenzó a buscar una rama en el suelo, cuando la encontró la blandió en el aire frente al No Muerto que caminaba hacia ellas. Sin pensárselo dos veces se lanzó contra el y comenzó a darle repetidos golpes en las piernas, cuando esté se desplomó lo golpeó una única vez en la cabeza, el crack que sonó la dejó tranquila. Acababa de noquear para siempre al infectado, este ya no se levantaría.
—Tenemos que seguir— dijo Yuriko dándose la vuelta hacia Vanesa. –Seguramente hay más por aquí. Vete a saber cuantos. ¿Puedes caminar?
—Si, estoy agotada, solo es eso— respondió tratando de ocultar la gravedad de la herida de su pierna, aunque sabía que tarde o temprano no podría ocultarlo más tiempo y la verdad saldría a la luz, de todos modos de nada servía contarlo, no había un medico allí que pudiera ayudarla.
—Deberíamos buscar un sitio donde pasar la noche. Fuera del alcance de los caminantes y esos tipos. Quizás podríamos subir a un árbol, aunque eso no  nos protegería del frio. Ocultarnos en una cueva nos protegería del frio, pero nos dejaría a merced de los No Muertos y esa gentuza. Supongo que estamos en una situación que podría denominarse estar entre la espada y la pared.
—Ciertamente— respondió Vanesa. —¿Sabes? Creo que prefiero jugármela con esa gente antes que con el frio. ¿Tu no? Será mejor que busquemos una cueva, aunque con esta oscuridad será algo difícil.
—Yo tengo aquí una linterna pequeña. La llevo siempre en el bolsillo de mi chaleco. Es sumergible, es de las que suelen usar los buzos. ¿No llevas la tuya?.
—La llevaba en la mochila, desgraciadamente esta descansa ahora mismo en el fondo del pantano junto a nuestras provisiones y nuestras armas. No parece que hayamos empezado esta misión con buen pie. Siempre pasa algo.
—Las cosas iban bien hasta que comenzaron a dispararnos. Fuesen quienes fuesen. Era evidente que o nos tomaron como una amenaza o vete tu a saber.
—Yo creo que protegían algo. Por eso nos dispararon. Creo que podrían tener a Luci.
—¿Tu crees?— preguntó Yuriko.
—Estoy segura— Vanesa se despegó del árbol. –Bueno, se acabó la charla, busquemos esa cueva y paremos a dormir un poco. Yo estoy agotada.
Mientras Vanesa caminaba, Yuriko se dio cuenta de que esta estaba cojeando, era evidente que no tenía la pierna bien y que le estaba ocultando la verdad. Sin embargo Yuriko no dijo nada, no quería meterse, si su amiga no quería decir nada era por alguna razón, aunque si las cosas se complicaban, Yuriko tomaría medidas.
*****

Alan Harris era un buen rastreador, motivo por el que Terry lo conservaba entre sus filas. Pocas veces se le escapaba una presa, a la hora de ir de caza para abastecer al grupo siempre estaba el a la cabeza. La caza del ciervo o jabalí estaba entre sus cacerías preferidas, pero sin duda, ninguna de esas dos era tan excitante como la cacería de personas. La diferencia con los jabalís era que las personas eran mucho más inteligentes y peligrosas, también podían tender emboscadas, esos pensamientos hacían que Harris tuviera una descarga de adrenalina.
Tras llegar al pantano se había dado cuenta de dos cosas, que los ocupantes del helicóptero habían sobrevivido y que eran dos personas. Dos personas que podrían estar en cualquier parte y podrían saltar sobre el en cualquier momento.
—Alan— dijo uno de sus acompañantes. Un chico joven llamado Rupert. Este le pasó un walkie talkie, cuando Harris contestó vio que se trataba de Vernon.
—Dime lumbreras— dijo Harris con tono jocoso.
—La jefa nos ha movilizado, ya no estamos en Bristol. Dentro de un rato os llamaremos para deciros donde estamos, puede que tardemos un poco. ¿Cómo van las cosas por allí?.
—Todo bien. Han estado aquí hace poco, hemos encontrado los restos de una hoguera. Por las huellas son dos. No sabemos donde están, pero daremos con ellos, es noche cerrada y caminar por aquí así no es buena idea. Seguramente se han parado en algún lugar. –Harris miró a las copas de los arboles. –Podrían estar en alguna cueva o en los arboles, si han sobrevivido al accidente no me cabe duda que sabrán apañárselas bien en estas zonas, aun así se han topado conmigo. No escaparan— en ese momento se escuchó un disparo y Harris miró a uno de sus hombres.
—¿Qué fue eso?— preguntó Vernon.
—Un caminante. Eddie lo mató. Seguramente hay más en esta zona. Esos capullos se descuelgan de los rebaños y se pierden. Luego van por ahí como almas en pena y gruñendo como perros— se escuchó otro disparo y Harris vio caer a otro No Muerto. Estaban acudiendo hacia su posición, aquello no era buena señal, quizás podría haber un rebaño cerca. –Te dejo pitagorin. Esto empieza a llenarse de cabrones podridos.
Harris cortó la comunicación y se dirigió a su grupo. –Nos vamos a desplazar, subid al vehículo, daremos una vuelta por los alrededores. Seguramente siguen por aquí, de paso controlaremos que no haya un rebaño cerca, si hay algo que me cabrea es ver a tantos juntos y no tener balas para todos— en ese momento Harris miró a la única chica de su grupo. –Grace, venga. Nos vamos.
La chica hizo lo que Harris había dicho y corrió hacia el vehículo, segundos después se largaron, coincidiendo con la aparición de tres No Muertos más, haciendo así que la teoría del rebaño cobrara forma, los disparos y los ladridos de los perros los habían atraído.
—¿Qué haremos si los caminantes encuentran a ese grupo antes que nosotros?— preguntó Grace mirando a Harris.
—Pasará que ya no serán asunto nuestro. El mundo es así bonita, todo a partir de ahora depende de la selección natural. Es la ley del más fuerte.— Harris miró al conductor y luego miró a dos No Muertos más que aparecían por allí. –Venga, salgamos de aquí.
*****
Yuriko seguía caminando con Vanesa a unos dos metros por detrás, muchas veces se tenía que parar para esperarla. Le enfocaba la cara con la linterna y podía ver que su amiga no estaba muy bien, ocultaba algo, algo realmente grave.
—¿Qué me ocultas Vanesa?— preguntó en ese momento Yuriko.
—¿Yo? Nada. Venga, no te pares, tenemos que seguir.
—Te conozco muy bien y se que algo me ocultas. ¿Qué te pasa en la pierna? Tienes más de lo que dices… ¿Verdad?, déjame ver— dijo Yuriko acercándose a su amiga, pero esta la empujó.
—Vamos, no hay tiempo para esto. No seas estúpida, de nuestro avance depende que vivamos o muramos. ¿No te das cuenta? Venga va…— la frase de Vanesa se cortó cuando escuchó un ruido y varias ramas romperse y moverse, acompañadas de jadeos, gemidos y gruñidos.
Yuriko también lo había escuchado, se dio la vuelta y enfocó con la linterna hacia el lugar de donde había venido el sonido. Cuando vio lo que enfocaba la luz no pudo contener un grito de terror. De entre los arboles y arbustos comenzaban a aparecer numerosos caminantes que iban a su encuentro. Yuriko alzó la rama dispuesta a luchar, pero aquello no le serviría de nada, eran demasiados. Podría matar a uno o dos, quizás tres, pero finalmente acabaría muriendo. Se habían dado de bruces con un rebaño.
Rápidamente Yuriko se dio la vuelta y agarró a Vanesa, seguidamente comenzó a correr a ciegas a través del bosque con Vanesa a cuestas, lo peor de todo era que la carrera estaba provocando tanto ruido que estaba guiando a los No Muertos tras ellas.
Yuriko corría sin mirar atrás, pero aun así sabía que los caminantes estaban tras ellas, las alcanzarían en cualquier momento.
—Tienes que dejarme— dijo en ese momento Vanesa mientras Yuriko la llevaba a cuestas. La joven japonesa negó rápidamente con la cabeza, no iba a hacerlo, no iba a dejar a su amiga.
—Olvídalo, o salimos las dos vivas de aquí o ninguna— respondió Yuriko. –No te dejaré aquí.
En ese momento Yuriko y Vanesa llegaron a un camino lleno de nieve, mucha más que la que había en el bosque. Desde allí vieron a varios caminantes salir al camino, había cientos, era un condenado rebaño. Yuriko estaba demasiado exhausta como para seguir, miró a Vanesa y la agarró de la mano. –Lo siento.
—Vete, yo solo te retraso— dijo Vanesa.
Yuriko negó con la cabeza mientras sonreía. –No, yo estoy demasiado cansada para esto. No te dejaré, caeremos juntas.
Los No Muertos ya estaban cerca, ya casi los tenían encima cuando unos focos se encendieron y alumbraron todo el camino. Seguidamente comenzaron a escuchar disparos, al mismo tiempo vieron a una chica rubia que salía a su encuentro y tiraba de ellas hacia el interior de un camión que había llegado sin darse cuenta ellas. Cuando estuvieron a bordo, el camión salió de allí a toda velocidad, dejando atrás al rebaño.
—Gracias— dijo Yuriko mirando a la chica.
—No me las des— respondió la chica apartándole la mirada. Ese gesto extraño a Yuriko. Justo cuando iba a decir algo, la interrumpió la voz de un hombre, se giró hacia el origen de la voz y allí vio a un hombre con un sombrero de cowboy.
—Por fin os hemos encontrado, habéis sido muy esquivas chicas. Al final esos bichos han sido de gran ayuda.
—¿A dónde nos llevan? Mi amiga está mal— dijo Yuriko.
—Muy pronto lo sabréis y lo de tu amiga no es mi problema. Lo siento chinita— respondió el del sombrero de cowboy.  –No somos las hermanitas de la caridad.
Aun sin saber a donde se dirigían, Yuriko y Vanesa se imaginaban que sus problemas no habían hecho más que comenzar, lo peor de todo era que sus amigos no sabían nada, así se haría imposible que las encontraran y ayudaran. Prácticamente estaban ya muertas, no conocían las intenciones de aquella gente.
*****
Bristol… (Connecticut)…
21:00…

El vehículo oruga conducido por Sandra había llegado a Bristol. Por lo que Sandra, David y Ethan podían ver, se trataba de un pueblo no muy grande, al menos aquella zona. Allí no veían otra cosa que caminantes por la calle y en los porches de las casas, pero ni rastro de personas vivas. Aquello estaba muerto al igual que las otras poblaciones por las que habían pasado.
—Joder. Nuevamente hemos perdido el tiempo, aquí no hay nadie.
De repente Sandra detuvo el vehículo oruga, algo que David no comprendió el por que lo hacía. —¿Por qué te paras?.
Sandra señaló por la luna delantera del vehículo y dijo –Son huellas de neumáticos y de personas. Hay muchas.
Ethan se adelantó desde el asiento trasero y vio también a lo que Sandra se refería, pero no le dio importancia. –Pueden llevar tiempo aquí… no nos aportan una mierda, estamos igual que al principio. Estoy harto de no dar pie con bola.
—Fíjate— dijo David en ese momento al tiempo que señalaba por la ventana –Es evidente que tienen unas horas, de tener más tiempo y con lo que ha nevado se habrían borrado, pero no. Siguen aquí.
—¿Qué quieres decir?— preguntó Ethan.
—Quiero decir que están hechas de hace poco, sean de quienes sean salieron de aquí a toda velocidad. Como huyendo de algo. Puede que me equivoque, pero creo que estas personas tienen que ver algo con la desaparición de Luci. Algo me dice que es eso.
—¿Entonces? ¿Qué hacemos?— preguntó Sandra.
—Síguelas— respondió David.
Sandra puso en marcha el motor y comenzó a recorrer las calles de Bristol, siguiendo las huellas que fuesen quienes fuesen, habían dejado en un momento de huida.