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Tras el ultimo capitulo de Necroworld (El 200). Este blog permanecerá abierto hasta un nuevo aviso. Cuando este aviso suceda, este blog publicará una entrada nueva donde aparecerá la nueva dirección al nuevo blog (Intentaré que os redireccione) Pasado un tiempo, este blog desaparecerá.
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sábado, 20 de diciembre de 2014

NECROWORLD Capituló 60

Día 21 de Enero de 2010…
Día 578 del Apocalipsis…
Manhattan… zona segura…

El padre Kaleb estaba en su iglesia rezando ante el Cristo en la cruz, únicamente alumbrado por la luz que emitían unas velas en un candelabro. Estas titilaron de repente, justo después vino una explosión, luego otra, luego otra y luego fueron viniendo más.
Kaleb se incorporó con el cuerpo tembloroso cuando escuchó gritos en el exterior, salió a la calle sin saber muy bien que estaba ocurriendo, cuando abrió la puerta se encontró en el exterior. No había luz en la calle, en ningún edificio, ni en las farolas. Los allí presentes estaban mirando al cielo y Kaleb hizo lo mismo, había varias columnas de humo elevándose mientras eran alumbradas por un resplandor anaranjado. De repente otra explosión los hizo darse la vuelta, por la dirección de esta parecía que venía desde el mar como las otras.
—¿Qué está ocurriendo?— preguntó una mujer.
—No lo se, pero esto no tiene pinta de ser bueno. Desde el mar se han escuchado varias explosiones, y creo que desde las vallas de seguridad también— explicó un hombre.
No tardaron en ver varios vehículos militares. Los soldados estaban movilizándose. Enseguida comenzaron a transmitir mensajes por megafonía. –Vuelvan a sus casas y no salgan hasta nueva orden. Vamos a tratar de solucionar esto lo antes posible. Mantengan la calma.
Pero nadie podía mantener la calma en una situación así, algo estaba pasando y no era normal, tenía toda la pinta de un ataque a gran escala y Kaleb se había dado cuenta. Se arrodilló en el suelo y comenzó a rezar. Enseguida comenzaron a unírsele algunos de los allí presentes ante la mirada estupefacta de otros que no comprendían lo que estaba pasando. Otra explosión hizo que los que seguían de pie decidieran imitar a los demás y unirse a la oración colectiva.
—Sálvanos nuestro señor Jesucristo.
*****
Eva pensó que lo de que se hubiese ido la luz en la ciudad era algo normal, pensamiento que se esfumó de su mente cuando escuchó la primera explosión y las demás que la siguieron, no había nada de normal en ello. Acudió corriendo a la ventana de su apartamento y se asomó para ver las columnas de humo anaranjado que salían desde diferentes puntos de la ciudad y más concretamente del rio Hudson.
Enseguida vio pasar varios coches militares cargados de soldados, estos iban armados y por lo poco que podía verles las caras parecía ser que estaban en tensión. Eva comenzó a sentir temblores cuando escuchó advertir que nadie saliera de sus casas hasta nueva orden hasta que controlaran la situación. ¿Pero que situación había que controlar?
De repente comenzó a escuchar disparos en algún punto de la ciudad, estaba ocurriendo algo. Por un momento pensó que todo eso podría tratarse de Carlos, que podía haber vuelto a la ciudad para ir a por ella. Eso la aterrorizó.
Eva se apartó de la ventana y fue hasta su habitación, allí se cambió de ropa, se puso una chaqueta de color marrón y luego sacó del cajón su pistola. Los soldados decían que no salieran de sus casas, pero si era obra de Carlos todo aquello no iba a quedarse en casa esperando a que este llegara. Antes de marchar pasó por la habitación donde estaba el bebé y vio que estaba dormido, no podía llevárselo con ella por que era demasiado peligroso, debía dejarlo en casa y volver lo antes posible, pensó que fuese lo que fuese no podría durar mucho, se inclinó sobre el bebé y le dio un beso en la frente.
Eva salió por la puerta se su casa y cerró con llave, al menos si Cristian se despertaba no podría salir de casa, también se había asegurado de cerrar bien las ventanas. Lo primero que haría sería ir al colegio para reunirse con Vicky y con Alicia, se imaginaba que allí estarían asustados y que tampoco abandonarían el lugar. Cuando Eva llegó a la calle sintió el aire frio mezclado con el olor a quemado, volvió a mirar al cielo y vio una estrella fugaz, cerró los ojos y su único deseo fue que todo aquello fuese obra de Carlos y que este fuese a buscarla, así tendría motivos para dispararle y librarse de el para siempre.
*****
Mike miró desde la ventana del apartamento donde se había refugiado desde el incidente en las alcantarillas. No había querido salir para evitar quedar expuesto a posibles detenciones, salir era poner en peligro a su familia. Desde que se colaron en esa casa habían estado alimentándose de latas de conserva que habían sacado de casa.
—¿Qué ocurre cariño?— preguntó Kendra desde las sombras mientras acariciaba el cabello de su hija. Ambos niños dormían plácidamente y no parecían haberse enterado de las explosiones.
—No lo se, pero han habido explosiones. Esto no me gusta. Espera un momento… ¿Qué es eso?— Mike se quedó mirando fijamente a la calle. –Kendra… Mira esto.
Kendra se levantó y fue también hacia la ventana, se asomó, pero no vio nada que le llamara la atención. —¿Qué tengo que mirar? No veo nada.
—Fíjate bien. Ahí en ese callejón— Mike señaló enseguida a dos sitios más. –Allí y allí.
Kendra miró de nuevo y entonces se dio cuenta, alguien había abierto las tapas de alcantarillado y estaba saliendo gente de ellas. Enseguida miró a Mike.
—¿Esos son?
—Habitantes de los túneles— terminó diciendo Mike. –Creo que ya se a que se deben estas explosiones y el apagón. Se están tomando la revancha— miró a su mujer. –Despierta a los niños, tenemos que salir de la ciudad. Es muy probable que la ciudad deje de existir antes del amanecer.
—¿Pero como lo haremos? Si es como dices… No podremos dar ni dos pasos seguidos. Esa gente está dispuesta a arrasar con todo. Nos matarán cuando nos vean. Tampoco podemos quedarnos aquí por que irán casa por casa.
—Hay una manera— dijo Mike caminando hacia la puerta, Kendra salió detrás de el.
—¿A dónde vas? No puedes salir— dijo Kendra. –Si te ven te matarán.
—¿Qué ocurre mami?— preguntó Jeremy levantando la cabeza del colchón donde estaba durmiendo junto a su hermana. También Beth estaba levantándose en ese momento.
—No ocurre nada. Dormiros— Kendra volvió a mirar a Mike. –Por favor, quédate.
—Necesitamos un vehículo para escapar rápidamente y fácilmente. Y se donde encontrarlo. Cuida de los niños y confía en mí. Volveré pronto— Mike besó a Kendra y salió por la puerta cerrándola al instante.
Se encaminó hacia el exterior y no pudo evitar sentir que podría haber mentido a Kendra y que no iba a volver pronto. Tendría pocas posibilidades de lograrlo, ya que si lo veía cualquiera de los dos bandos sería fatal para el, pero aun así por su familia haría cualquier cosa. Llegó a la calle y comenzó a correr hacia el puerto sirviéndose de las sombras y la noche.
*****
Manhattan… Muelles…

Cooper y gran parte de sus hombres estaban contemplando como los barcos se hundían envueltos en llamas. El culpable de todo aquello se había esmerado pero bien cargando grandes cantidades de explosivo en los barcos. Si lo que querían era provocar un desastre, lo habían conseguido y Cooper se imaginaba quienes eran los responsables.
Cooper maldijo hacia sus adentros, quería largarse de la ciudad cuanto antes para reunirse con su mujer y su hija en Las Vegas y dar así por finalizada labor como infiltrado en Manhattan, pero los últimos acontecimientos que estaban desarrollándose en ese momento se lo estaban impidiendo, apretó los dientes con fuerza y dio un puñetazo en el capó del jeep.
—¿Qué hacemos ahora mi sargento? Tenemos que hacer algo. Ahí hay hombres nuestros.
Cooper iba a responder, pero una nueva explosión los hizo mirar hacia otro lado.
—¡¡Joder!! ¿Eso ha sido en el carguero prisión?— preguntó uno de los soldados.
Cooper sacó unos prismáticos y miró hacia el carguero, cuando lo vio bien sintió que el corazón le daba un vuelco. Había explosiones internas y varias columnas de humo. Se dio la vuelta y cogió la radio del Jeep. –Aquí el sargento Cooper, carguero prisión respondan… ¡¡¡Respondan!!!
Después de lo que un minuto interminable, alguien respondió a la llamada de Cooper. Era uno de los guardas más jóvenes. –Mi sargento… Los presos se están amotinando. Hemos perdido a varios guardas… También hay caminantes. Necesitamos ayuda urgentemente…— el joven guarda se quedó callado un momento como si lo hubiesen sorprendido de golpe. –No… No… Por favor.
Seguidamente se escucharon un par de disparos y luego el silencio. Cooper lanzó con rabia la radio sobre el asiento del copiloto y lanzó varios insultos. De repente cayó en la cuenta de algo. ¿Y si lo de los barcos era todo una distracción? Si era así… ¿Cuál era el objetivo real? Entonces apretó los puños con fuerza y lanzó un nuevo insulto.
—Todo el mundo hacia el hospital. Esos hijos de puta están buscando a Levine.
Justo en ese momento escucharon una nueva explosión, esta venía justo del hospital. Cooper había llegado tarde en su deducción y eso les había proporcionado a los escorias un tiempo precioso para asaltar el hospital en busca del tesoro más preciado del mundo.
*****
Manhattan… Hospital…

Zero y sus hombres habían alcanzado el hospital desde la boca de alcantarillado que había en el parking. Todo había salido a pedir de boca. Sus hombres habían atraído toda la atención lejos del hospital y aunque ya hubiesen descubierto su plan ya era demasiado tarde.
Zero comenzó a dar órdenes, y una de ellas fue que volaran las puertas principales. Cuando lo hicieron, los hombres de Zero entraron sin miedo y disparando a todo aquel que se cruzaba en su camino sin importar que fuera hombre o mujer, sin importar la edad. Los gritos y la confusión pronto se adueñaron del hospital sumiéndolo en un autentico caos.
Zero y sus hombres comenzaron a subir pisos, algunos entraban en las habitaciones de los enfermos y descargaban sobre ellos una ráfaga de balas, convirtiendo sus cuerpos en auténticos coladores y bañando la habitación de un color rojizo.
Siguieron subiendo pisos hasta que llegaron a la azotea, allí no había nada, así que lo que habían ido a buscar debía encontrarse en el sótano.
Zero dirigió a todos sus hombres hasta allí, mientras bajaban, vio desde una ventana como algunos de sus hombres ya habían tomado las calles. Su gran venganza estaba tomando forma y se sentía verdaderamente feliz, todo estaba saliendo según lo planeado, además, pronto los del exterior se encontrarían con una sorpresa más, una que venía desde la zona infestada renqueando, gimiendo y con ganas de comer carne fresca.

David y el resto de hombres que custodiaban a Levine habían escuchado la explosión y luego los disparos tras el apagón, sabían que eso no era normal, pero no podían abandonar su puesto.
—Parece que nos atacan— dijo David mirando a otro de los soldados. –Tenemos que hacer algo. Tenemos que hacerles frente antes de que nos masacren.
—No podemos hacer eso. Nuestro puesto es aquí, debemos permanecer aquí.
David se dio la vuelta y miró al tipo que estaba dentro de la celda de aislamiento. Este también estaba escuchando los disparos y las explosiones. Era consciente de que algo pasaba y que ese algo muy probablemente tuviera que ver con el.

Zero y sus hombres llegaron a uno de los sótanos y allí arrinconaron a unos científicos que estaban experimentando con un caminante atado a una camilla. Este estaba en avanzado estado de descomposición, pero Zero lo reconoció, se trataba de un buen amigo suyo, uno que desapareció hacía tiempo.
Los científicos alzaron las manos al verse sorprendidos por el grupo de gente armada. Zero se fue acercando y los miró con cara de furia. —¿Esto es lo que hacéis con nuestra gente? Responde hijo de puta— Zero encañonó a uno de los científicos, fue en ese momento cuando a través del gran cristal que había detrás de ellos vio algo que lo enfureció todavía más. Allí había varias celdas acristaladas y dentro de ellas había caminantes, habría unos veinte por cada una de ellas, había tantas que fácilmente podría haber miles allí abajo, volvió a mirar al científico y luego se dirigió a sus hombres.
—¿Lo veis? Para ellos no somos más que unos pedazos de mierda. Muchos de esos infelices eran de los nuestros y los tienen ahí como si fueran animales. Os lo haremos pagar con sangre— Zero acercó la cara del científico al caminante y este le arrancó un trozo de mejilla de un mordisco mientras el otro científico comenzaba a gritar mientras se orinaba en los pantalones.
Zero en esos momentos vio un panel de control y centró toda su atención en un botón donde ponía apertura de celdas, no pudo evitar sonreír, miró entonces al científico que se había orinado encima. –Ahora sufriréis de verdad— Zero apretó el botón y todas las celdas comenzaron a abrirse, eso hizo que saltase una alarma en todo el hospital y las estancias se iluminaron de un color rojo mientras los caminantes salían de las celdas. Dentro de nada estarían por todo el hospital y poco después por toda la ciudad.
El científico que había sido mordido ya había muerto desangrado y en esos momentos ya estaba reanimándose. Teddy se dio cuenta y avisó a Zero, este ordenó a sus hombres salir de allí, tenían que seguir buscando al tipo del don y largarse de allí antes de que los caminantes tomaran el control de la ciudad al completo.

El sonido de las sirenas alarmó a David y a los demás. Si las cosas antes al escuchar los disparos ya les parecía que iban mal, ahora con las sirenas y el resplandor rojo les había confirmado que las cosas estaban peor. Aun así no podían abandonar su puesto.
En ese momento escucharon un ruido en la puerta, eran golpes acompañados de un gemido, como era imposible que hubiese caminantes allí dentro, uno de los soldados, quizás el más joven del grupo se fue acercando a la puerta pensando que era algún herido pidiendo ayuda pese a los gestos de negación de sus compañeros, pero David fue el único que abrió la boca.
—¿Qué vas a hacer? No hagas estupideces— pero ya era tarde, el chaval se acercó a la puerta y la abrió. No le dio tiempo a gritar, un No Muerto apareció de repente y se lanzó sobre el cerrando la mandíbula alrededor de su cuello.
Detrás del primero comenzaron a entrar más. La entrada de los caminantes fue tan repentina e inesperada que a los soldados que estaban en primer lugar no les dio apenas tiempo de alzar las armas. Estos fueron enseguida engullidos por una masa de No Muertos que enseguida comenzaron a desgarrar la carne de los soldados.
David y dos soldados que estaban a la misma altura comenzaron a disparar a discreción con certeros tiros a la cabeza de los caminantes, pero había demasiados.
—Tenemos que salir de aquí— dijo uno de ellos mientras retrocedían.
Entonces David vio como una puerta a su derecha se abría y veía aparecer al tipo que tenía el don de caminar entre los muertos. Este había abierto la puerta que daba pasa al interior de la celda. –Por aquí.
David miró a los dos soldados y les hizo un gesto para que lo siguieran. Los tres entraron de un salto a la celda seguidos por uno de los No Muertos, pero Levine se interpuso ante ellos, agarró por la cabeza al caminante y lo empujó para sacarlo fuera de la celda, justo después cerró la puerta. Aun así siguieron escuchando como los No Muertos a los que ya no veían, golpeaban el cristal insistentemente.
—Joder… ¡¡¡La hemos cagado!!!— gritó uno de los soldados mirando a David. –Con ellos ahí fuera no podremos salir. Estamos jodidos.
—Al menos ellos no pueden entrar— sugirió Levine. Solo tenemos que esperar, es técnicamente imposible que rompan los cristales o entren por la puerta. Además…— Levine caminó hacia una nevera. –Aquí tenemos comida para una semana.
—Con los golpes y los gemidos nos volveremos locos antes— dijo el otro soldado.
—Pues habrá que aguantar— dijo David mirando como los cristales vibraban con los golpes. –Debemos aguantar hasta que se marchen y nos dejen en paz.
David sabía que no iba a ser fácil, pero no tenían otro remedio.
*****
Manhattan… Vallas de seguridad…

Carlos condujo su vehículo a toda velocidad a través de las derruidas vallas de seguridad que separaban las dos zonas de Manhattan. Allí había cantidad de No Muertos alimentándose de los guardas que las custodiaban y caminando hacia el interior de la ciudad atraídos por los disparos, se podía imaginar que los escorias habían actuado a la perfección para evitar ser vistos. Estos habían conseguido su objetivo, entrar en la ciudad y comenzar su ataque. Carlos los odiaba, pero debía admitir que si había logrado entrar dentro de la zona segura de Manhattan había sido gracias a ellos.
Desde la ventana del vehículo miraba hacia ambos lados y veía a los No Muertos, todos avanzando renqueantes hacia el interior de la ciudad, muchas veces tenía que esquivarlos para evitar atropellarlos y dañar la carrocería del vehículo.
Pasó por al lado del hospital y vio algo que lo sorprendió, todas las puertas de este estaban vomitando infectados sin parar, pero le dio igual, la ciudad estaba acabada y a el solo le importaba llegar hasta Eva.

Cooper y sus hombres interceptaron a una horda de No Muertos que avanzaban sin vacilación por la calle en dirección a ellos. El sargento se bajó del vehículo y dio la orden de abrir fuego.
El estruendo de los disparos no tardó en llegar y los cuerpos de los No Muertos comenzaron a sacudirse, pero seguían avanzando.
—Disparadles a la cabeza… ¡¡¡Parecéis novatos!!! ¡¡¡A la cabeza coño!!!
Todos los soldados afinaron su puntería y comenzaron a abatir a los infectados. Entonces uno de los soldados gritó y advirtió que una segunda horda les había sorprendido por la retaguardia. Los habían rodeado.
Cooper se dio la vuelta y vio una horda todavía mayor que la primera, los estaban rodeando y la munición no les daría para tantos, incluso a algunos soldados se les acabó la munición y mientras recargaban, los No Muertos les ganaban terreno. No tardaron en llegar haciendo que los soldados entraran en pánico. Algunos dejaron de disparar y trataron de huir a la carrera, pero fueron atrapados, otros trataban de esconderse en el interior de los vehículos, pero tampoco lograban escapar de las letales garras de aquellos seres.
Cooper logró subirse a un furgón fuera del alcance de los caminantes, desde allí comenzó a dispararles con su arma hasta que se quedó con una única bala. Miró hacia abajo y vio a los No Muertos alzando los brazos y gimiendo, entre ellos pudo ver a varios de sus hombres que habían caído hacía escasamente un minuto.
Cooper rompió a llorar a medida que se sentaba sobre el techo del furgón. Ya no tenía nada que hacer, iba a morir y nadie acudiría en su ayuda. Ya no volvería a ver ni a su mujer ni a su hija. Todo había acabado para el, contempló la pistola que tenía en las manos, se aseguró de que la ultima bala no se encasquillase, tenía que acabar con todo y rápidamente. Cuando ya lo tenía todo comprobado se puso la pistola en la barbilla y apretó el gatillo. Lo último que pasó por su mente fue un sentimiento de arrepentimiento, tanto por haber asesinado a Graham como por haber llevado a cabo el ataque a los túneles, no había duda de que todo eso era una venganza de ellos. Lo estaba pagando caro y la ciudad también.

Eva vio lo que había hecho Cooper, hubiese querido ayudarle, pero le fue imposible. Cuando había visto llegar a las hordas de No Muertos se había ocultado en el interior de una casa a la que había accedido a través de la escalera  de incendios. Desde la ventana lo había visto todo.
Eva se lamentó y rezó por los que habían muerto, también pensó en Cristian, lo había dejado en casa tras confiarse demasiado con que todo acabaría rápido, pero lamentablemente estaba descubriendo que no era así, había quizás acabado con la vida de un niño inocente. Fue en ese momento cuando vio un vehículo que avanzaba por la calle a toda velocidad esquivando a los caminantes. Cuando vio quien conducía casi se le paró el corazón, esta vez no era ninguna alucinación, se trataba de Carlos, sin ninguna duda, estaba en la ciudad y aunque el no la había visto en esos momentos estaba claro que era a ella a quien estaba buscando y era perfectamente posible que al final la encontraría.
*****
Sid vivía con su madre en una pequeña casa de East Street, ubicada en un pequeño edificio de cuatro pisos. Vivian en el primer piso. Ninguno de los dos se había percatado de nada de lo ocurrido. La madre de Sid estaba en la cocina fregando los platos  alumbrada por unas velas mientras que un todavía convaleciente Sid escuchaba música en su mp3. Únicamente se habían dado cuenta del corte de luz, pero ninguno le dio importancia. Podría ser perfectamente cosa de los fusibles.
Cuando la madre de Sid terminó de fregar los platos se dirigió hacia el salón para coger una linterna del cajón, quería comprobar si lo del apagón era en toda la ciudad o solo en su casa. Sin ningún tipo de miedo fue hacia la puerta y la abrió. Cuando salió al pasillo sintió una corriente de aire frio y alumbró hacia la puerta que daba al exterior, esta estaba abierta de par en par.
—Otra vez se la dejaron abierta… Bueno, ahora la cerraré— dijo en voz alta más que para si misma. Caminó hacia el cuarto de contadores y vio que la puerta estaba cerrada. Iba a necesitar las llaves y ella no tenía una copia, se dio media vuelta con una mueca de fastidio y caminó hacia la puerta con intención de cerrarla. Cuando estuvo en el umbral de esta le pareció escuchar disparos en la lejanía, pero tampoco le dio importancia, seguramente eran los soldados divirtiéndose en las vallas, Sid le había contado que en ocasiones se divertían disparando a los caminantes que se acercaban a las vallas.
Una vez en la calle también divisó una silueta tambaleante y solitaria a unos cien metros de donde ella se encontraba, sintió un escalofrió al verlo, se movía como un No Muerto, pero no podía ser, era imposible, seguramente era alguien que se había pasado bebiendo o con las drogas, al fin y al cabo, el local del bebé estaba cerca de allí y no era la primera vez que veía una escena similar, en una ocasión se encontró a un hombre durmiendo sobre las escaleras todavía con la jeringuilla clavada en el brazo. Aun así se dio la vuelta y entró rápidamente dentro del edificio, cerrando la puerta detrás de ella.
Ahora estaba mucho más tranquila y era hora de entrar en la garita del casero donde cogería las llaves.
El casero se llamaba Igor Gurlukovick, un hombre de origen Ruso muy simpático y agradable, bastante grueso y poca estatura que en ocasiones había intentado flirtear con ella y invitarla a cenar, pero ella educadamente lo había rechazado siempre. Cuando llegó a la puerta dio un par de golpes y le sorprendió que la puerta se abriese lentamente emitiendo un chirrido.
Con la puerta abierta, la madre de Sid se quedó parada y espero escuchar la voz de Igor, pero no fue así, era como si no hubiese nadie allí.
—Bueno, el me dio permiso de entrar aunque el no estuviera— murmuró avanzando por el pasillo a oscuras. Cuando llegó al salón sintió un olor extraño y seguidamente un crujido. —¿Igor?— pero no hubo respuesta de esta, lo que si que escuchó fue lo que parecía un quejido, luego escuchó el sonido de algo que caía, emitiendo así un sonido similar al de los trapos mojados al caer al suelo. –Igor, si estás ahí responde. Sabes muy bien que no me gustan las bromas que tengan que ver con dar sustos— pero Igor no respondió. En su lugar, una silueta se irguió por detrás de un sillón, se trataba de una silueta delgada, no era Igor. Sorprendida, la madre de Sid enfocó con la linterna y fue descubriendo al desconocido, cuando llegó al rostro vio los ojos sin vida que la observaban mientras unas mandíbulas ensangrentadas de las que aun colgaban pedazos de carne la observaban, ni siquiera pudo gritar, el ser se abalanzó sobre ella y ambos cayeron al suelo, la madre de Sid no volvió a ver nada más.

Sid se quitó los auriculares y se paró a escuchar, hacía exactamente unos segundos que había notado una especie de vibración y eso le había extrañado. Se incorporó y se levantó de la cama ayudándose de un bastón. Aun lo necesitaba. Se acercó a la ventana y vio que no había luz en toda la calle. Ni siquiera en el local del bebé, lo más normal es que desde allí se viesen las luces de neón del letrero. Muchas veces había deseado acudir al local y tener sexo con una de las chicas, había muchas que le habían llamado la atención, las había visto pasear por la calle y en alguna ocasión cuando el había pasado por delante del local se le habían insinuado, y se habría ido con ellas directo al interior del local si no fuera por el miedo que tenía de decepcionar a su madre, la cual no aprobaría que el se acostara con una de esas mujeres a las que su madre llamaba cariñosamente: “Mujeres sin dignidad”, pero en su interior estaba deseando acostarse con una de ellas.
Sid salió de la habitación ayudándose del bastón. Cuando se encontró en el pasillo sintió aire frio, seguramente su madre se había una puerta o ventana abierta.
—¿Mamá? ¿Te has dejado una ventana abierta? Hace frio y se ha ido la luz. ¿Mamá?— pero su madre no respondió. Cuando Sid llegó al salón vio que la puerta de la entrada estaba abierta de par en par y no había ni rastro de su madre. —¿Mamá?— preguntó otra vez mientras avanzaba hacia la puerta cojeando, los pies todavía le dolían a horrores.
Justo cuando estaba llegando a la puerta vio una silueta que se detenía justo delante de esta, sostenía una linterna que emitía una luz tenue, incluso algo roja debido a una mancha que había en el cristal.
—¿Mamá?— preguntó nuevamente Sid contemplando la silueta que había reconocido como la de su madre. —¿Mamá?
Su madre no respondió, en lugar de eso se lanzó contra el lanzando un grito salvaje. Sid cayó de espaldas y se dio un golpe  en la cabeza con uno de los muebles de la entrada, sintiendo así un fuerte dolor. Sid aturdido por el golpe comenzó a retroceder mientras su madre que también había caído comenzaba a levantarse y a avanzar. No había duda, su madre había muerto y había regresado, la herida de su cuello era una muestra de ello, podía verlo gracias a la luz de la linterna que rebotaba en las paredes.
Sid gritó con todas sus fuerzas intentando ser escuchado por alguien. Su madre se lanzó sobre el y logró morderle en una pierna que no le respondió a tiempo. Sintió un fuerte dolor y volvió a gritar, pero los únicos que escucharon sus gritos fueron los dos No Muertos que entraron en ese momento por la puerta, a uno de ellos no lo conocía de nada, el otro era el señor Gurlukovick, ambos se abalanzaron sobre el con la boca abierta. Sid sintió en esos momentos el peso de los tres y el dolor provocado por sus mordiscos.
*****
Manhattan… Zona segura…
Cerca de los muelles…

El ataque había sorprendido a muchos habitantes de Manhattan en las calles. Estos enseguida habían seguido uno de los protocolos en caso de emergencia, habían ido todos hacia los muelles con la intención de coger un barco para salir de allí, pero se habían encontrado con un fuerte cordón de seguridad creado por unos militares, no les dejaban pasar.
—Dejadnos pasar… Aquí hay niños pequeños— dijo una mujer levantando alto a un bebé que llevaba en brazos.
En ese momento un tipo con acento Italiano se le acercó. –Por favor señora. No hay barcos para salir de aquí, los han hundido. Por favor, vuelvan a sus casas y enciérrense con llave.
—Nos estáis condenando a muerte hijos de puta— dijo un hombre amenazando al Italiano con un cuchillo.
—¡¡¡Quieto ahí!!! Guarda eso ahora mismo— dijo una chica apuntándole con su fusil. Otras dos chicas que la acompañaban hicieron lo mismo. –Les estamos diciendo que vuelvan a sus casas.
—Sandra… Tranquila— dijo el italiano. –Por favor… Guarde eso.
Pero la multitud no entraba en razón, todos se negaban a aceptar que los barcos hubiesen sido hundidos. Todos intentaron pasar por encima de las fuerzas de seguridad, pero de repente se detuvieron. Parker, Sandra, Kate, Jill, el resto de soldados y habitantes se dieron la vuelta al escuchar un estruendo, entonces vieron surgir un enorme carguero de la oscuridad, navegando a toda velocidad hacia los muelles.
—¿Qué están haciendo? ¿Por qué no aminoran?— preguntó Parker.
El carguero estaba cada vez más cerca y podían ver en el mástil meciéndose varios cuerpos, no había duda, se trataba del carguero prisión, este se estaba moviendo e iba directo hacia ellos. Parker se dio la vuelta y comenzó a dar gritos.
—Todo el mundo fuera de aquí.
Los habitantes de Manhattan y los soldados abrumados por la fantasmagórica figura del carguero comenzaron a correr directos a la ciudad. Justo en ese momento el carguero entró en los muelles destrozando el asfalto, incluso arrolló a varios soldados a los que pilló desprevenidos. Sandra en esos momentos al ver la escena se sintió caer en un vacio, era como estar viviendo el inicio del apocalipsis una vez más. Sentía que nada de lo que hiciera podría librarla de la cruel persecución del destino. Parecía que todo estaba empezando de nuevo y presentía que esa vez no tendría tanta suerte.
*****
Colegio…

Lo de contemplar la lluvia de estrellas se había visto interrumpido por el ataque a la ciudad. Enseguida habían activado el protocolo a seguir en el colegio y se habían ocultado en el interior de un aula. Vicky y Alicia estaban asomadas a la ventana observando la calle, al otro lado de la valla vieron a varios No Muertos que habían aparecido de repente, era como si supiesen que estaban allí dentro.
—¿Qué hacemos ahora tía Alicia? Si siguen llegando no podremos salir.
Alicia miró a Vicky y no supo que responder, ver a todos aquellos caminantes allí le había hecho sentir terror. También parecía que detrás de todo aquello estaba la mano del hombre.

Eva llegó a las vallas del colegio y enseguida vio a una horda de caminantes que enseguida pusieron toda su atención en ella. Estos comenzaron a caminar hacia ella y Eva alzó el arma apuntándoles, enseguida comenzó a disparar a las cabezas de los No Muertos, abatió a uno, a otro y a otro, siguió disparando a discreción y con rabia hasta que de su pistola salió un click. Se había quedado sin balas y los caminantes seguían avanzando hacia ella, se dio la vuelta para correr y vio como más llegaban, iban a rodearla, se dio la vuelta y trató de trepar por la valla, pero sus manos se resbalaban por el rocío que había en los barrotes. Resbaló una vez y al caer se torció el tobillo, dejó ir un grito de dolor, eso excitó más todavía a los infectados que habían acelerado el paso mientras aullaban, gemían y gruñían. Ya casi los tenía encima cuando un vehículo apareció de repente arrollando a unos cuantos, este se detuvo delante de ella y Carlos surgió de repente descargando una lluvia de balas sobre los caminantes más cercanos y ante la mirada atónita de Eva.
—Deprisa. ¡¡Sube al vehículo!! ¡¡¡¡Vamos!!!!
Eva dudó por unos segundos pero finalmente subió al vehículo.

Carlos sonrió por ello y se metió dentro de este, pisó el acelerador y comenzó a rodear el colegio.

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