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sábado, 13 de diciembre de 2014

NECROWORLD Capítulo 59

Día 21 de Enero de 2010
Día 578 del Apocalipsis…
Desierto de Nevada… 3:20 de la madrugada…

La explosión fue repentina, tanto que los pilló por sorpresa a todos. Creyeron que estaban en aquella especie de granero ocultos en los vehículos, pero al abrir la puerta se encontraron con algo que no se esperaban, algunos de ellos salieron volando en una única dirección, esos fueron a los que alcanzó la honda expansiva, a los que la explosión pilló de lleno no tuvieron tanta suerte, sus pedazos salieron volando por todas partes.
Desde que habían llegado al área de servicio persiguiendo a las tres que habían huido creyeron dar también con aquel grupo de Manhattan y prepararon el ataque, pero todo se había torcido.
Bob era el que estaba al mando en ese momento por orden directa de Billy. No le gustó desde un principio, pero cualquiera le llevaba la contraria a ese monstruo. Bob tenía miedo de que estuvieran infravalorando a esas personas, y nada más llegar al lugar lo que tanto temía se cumplió.
Bob comenzó a gritar que se retiraran, pero antes de poder hacer nada una lluvia de balas abatió a varios hombres al mismo tiempo que destrozaban la carrocería de sus vehículos, les reventaban ventanas y neumáticos, y también agujereaban el motor.
No sabían de donde venían las balas, no tenían la menor idea, pero les estaban dando bien. Bob se tiró al suelo cuando vio que el tipo que estaba a su lado era abatido de un tiro en la cabeza, fue en ese momento cuando vio surgir a un tipo grande desde detrás de una pared medio derruida, aquello era una emboscada en toda regla, seguramente las que huían les habían puesto en aviso de su llegada.

30 minutos antes…

—Están de camino hacia aquí, lo se. Van tras vosotros y tras nosotras, cuando lleguen nos matarán a todos. Bueno… A vosotros os mataran primero, con nosotras se divertirán un rato— dijo Stacy mirando a Juan, el cual intercambió una mirada con Johana y Yuriko que estaban a su lado. –Vi como se lo hacían a unas chicas… Nosotras escapamos en un descuido, no son demasiado listos, pero son unos cabrones.
—¿Y que sugieres que hagamos?— preguntó Yuriko. –No podemos desplazarnos con tu compañera herida. Si nos vamos mientras nos persiguen…
—No será necesario— Juan se dio la vuelta y miró a Mario. —¿Puedo contar contigo? Necesito que os marchéis en el camión ya. Os vais Laura, Sheila, Butch, Alexandra, tu mujer y tus hijos…— Juan se quedó un rato pensativo y miró a Stacy. —¿También quieres irte con ellos? Nosotros— Juan señaló a Yuriko y Johana con el mentón. –Nos quedaremos para emboscarles.
—¿Emboscarles? Entonces me quedo. Quiero devolvérsela a esos cabrones.
Juan sonrió. –Es lo que esperaba. Vosotros iros ya, no os apresuréis y conduce con cuidado. Nosotros nos ocuparemos de frenarlos para siempre.
No tardaron ni diez minutos en vaciar el camión en el que se iban a marchar, ni siquiera se despidieron, se marcharon mientras Juan, Johana, Yuriko y Stacy preparaban el comité de bienvenida. Cuando lo tuvieron todo preparado dejaron un camión al descubierto para que lo vieran justo delante de la tienda, eso los haría picar de lleno.
Cuando llegaron fueron observados desde varios escondites minuciosamente calculados, eran varios, más de una docena. Iban tan confiados que se bajaron de los vehículos  e inspeccionaron el camión, en los rostros de algunos se veían ridículas sonrisas de superioridad y de confianza en si mismos, una sonrisa que desapareció justo cuando abrieron la puerta de aquella especie de granero y los explosivos detonaron lanzando por los aires a todos los que se pusieron allí. Al menos cuatro de ellos quedaron hechos pedazos instantáneamente mientras que otros salían volando, cuando caían al suelo algunos se quedaban en formas imposibles, doblados sobre si mismos o con el cuello torcido del todo, era el momento de salir y rematar el trabajo. Entonces comenzaron el ataque con varias ráfagas de balas.
Juan salió de repente y disparó a dos de ellos, consiguió abatir a uno mientras que el otro se tiraba al suelo. —¡¡¡Ahora disparadles a la cabeza!!!
Los tipos comenzaron a caer como moscas, solo uno parecía haber sobrevivido, Stacy lo había alcanzado en una mano y ahora lo estaba encañonando. Juan se acercó a ella y miró al tipo.
—Este cabrón violó a una chica de dieciséis años delante de mí. Luego le cortó el cuello a sangre fría. No le bastó con denigrarla…— Stacy recordó el momento y recordó el nombre de aquel tipo mientras le decía a la muchacha: Di como te gusta lo que te hace el tío Bob. –Hola otra vez…”Tío Bob”— las palabras de Stacy eran frías y cargadas de odio. Juan no la conocía mucho, pero era la primera vez que la escuchaba decir algo en ese tono. Casi daba miedo.
—No me mates… Solo seguía órdenes. Billy es el cabrón sádico… No yo— decía Bob mientras escuchaba los disparos, miró y vio a otras dos chicas rematando de un tiro en la cabeza a los que había en el suelo. –Por favor… Quiero vivir.
—Esa chica también te suplicó. ¿Lo recuerdas? Yo si, porque te vi sobre ella mientras le babeabas la cara— Stacy apretó el cañón del arma más en su cabeza. –Los pedazos de mierda como tu solo me dais ganas de vomitar.
—Stacy…— murmuró Juan cogiéndola del brazo. –Yo lo…
Stacy apartó el brazo bruscamente y sin mirar a Juan dijo. –Puedo hacerlo.
Juan comprendió que no haría cambiar de idea a Stacy, ella estaba dispuesta a matar a aquel tipo. Cuando quiso irse para dejar a Stacy a solas vio como el hombre levantaba la mano hacia el.
—Por favor perdóname la vida, no dejes que me mate. Por favor…
Juan lo miró con desprecio. –No es a mí a quien debes suplicar. Estás suplicando a la persona equivocada… Y aunque lo hagas… Me temo mucho que los dioses hoy no están de tu parte. Puede que probablemente tengas que rendir cuentas con ellos— Juan se dio la vuelta y comenzó a caminar en dirección a Yuriko y Johana, las cuales ya habían terminado de hacer su trabajo, entonces escuchó el disparo que ponía fin a la vida de aquel tipo.
—¿Qué hacemos ahora?— preguntó Johana cuando Juan se acercó. —¿Alcanzamos a los otros? No estarán muy lejos.
Juan se quedó un rato pensativo y miró a Yuriko y Johana. —¿Y si volvemos a Portland? Si salimos ahora llegaremos al amanecer— sugirió Juan.
—¿Para que quieres ir allí? Nada se nos ha perdido— respondió Johana. –Deberíamos regresar a Manhattan con los otros. Allí solo encontraremos mujeres muertas y caminantes— Johana miró a Stacy que acababa de llegar junto a ellos. –No te ofendas, pero es así. Es imposible que haya sobrevivido nadie.
—O puede que si— respondió Juan. –No perdemos nada por intentarlo, yo voto por ir. ¿Estáis conmigo? Además… Juanma y Rachel iban hacia Las Vegas, es posible que regresen por allí para descansar o curar sus heridas si las tienen, ellos no saben lo que ha pasado y conozco bien a Juanma. Una corazonada me dice que pararán por allí.
Johana, Yuriko y Stacy estuvieron de acuerdo y decidieron poner rumbo a Portland. No cogieron el camión, dejaron todo lo que ya no necesitaban, cargaron el jeep que les quedaba con munición, armas y comida y pusieron rumbo hacia allí.
*****
Desierto de Nevada…
En algún lugar entre Las Vegas y Portland…

Me tenían inmovilizado boca abajo en el suelo, agarrándome de un brazo y con una recortada apuntando a mi cabeza. Hacía rato que nos habían desarmado y cacheado a conciencia. Sean y Rachel también estaban retenidos. Randall era el que me tenía inmovilizado a mí y de vez en cuando bromeaba con lo divertido que sería volarme la cabeza ahí mismo, pero tenía que aguantarse por que yo era el plato fuerte para Dorian.
El que estaba al mando nos observaba con una sonrisa triunfal y los brazos en jarras. De vez en cuando me miraba a mí y sonreía todavía más.
—Menudo trabajo me estáis dando tus chicos y tú. Venís aquí y nos mandan a por vosotros para que luego os larguéis. Luego la zorra, el crio y tú os marcháis a Las Vegas y la liais parda. Fue fácil interceptaros y debo decir que Dorian va a estar encantado de ponerte las manos encima. Oh si, sigue vivo y coleando por desgracia para ti.
—Venga Billy, llevémoslo de vuelta a Las Vegas y acabemos con esto— decía Randall sin dejar de apuntarme. –Estoy hasta los huevos de estar aquí.
—Calma Randy, calma. Te recuerdo que tengo carta blanca y que solo lo quieren a el— dijo el tal Billy observando a Sean y a Rachel mientras se relamía. –Antes de volver vamos a divertirnos un poco.
El tal Billy se acercó caminando a Sean, el cual estaba sufriendo terribles dolores a causa del balazo, pero aun vivía. El tipo se paró ante Sean y miró al tipo que lo retenía. —¿Cuánto cree que le queda de vida a este media mierda?
—No demasiado— respondió el doctor mientras me miraba de reojo con una sonrisa.
Billy me miró. —¿Has oído eso? El crio se muere… Bueno, hagamos una cosa, le vamos a ahorrar el sufrimiento… Con más sufrimiento— comenzó a reírse a carcajadas mientras se sacaba un cuchillo que tenía metido dentro de su funda junto a su axila. Luego agarró con una mano la cara de Sean. –Eh chaval, despierta.
—Déjale en paz hijo de la gran puta. El no te ha hecho nada, el problema lo tenéis conmigo, es a mi a quien queréis, ellos aquí no pintan nada. Dejad que se vayan— intenté incorporarme, pero Randall me pisó la espalda y yo sentí un fuerte dolor.
—Chaval— Billy abofeteó a Sean hasta que abrió los ojos. –Muy bien, sigues vivo.
—¿Quién eres tú?— preguntó Sean entre jadeos. –No te conozco. Quiero volver a casa.
—No creo que puedas. Te han disparado y te quedan como mucho cinco minutos de vida— Billy giró la cara de Sean hacia mi para que me mirara. –Esto te ha pasado por su culpa. Vas a morir y el es el único culpable. Díselo, dile que es culpa suya que vayas a morir. ¡¡¡Vamos!!!
Sean me miró con ojos llorosos. –Todo es culpa tuya. Voy a morir por tu culpa.
Billy sonrió y como un niño comenzó a dar saltos y vueltas sobre si mismo. –Así, muy bien. Eres la polla chaval, así, hay que ser sincero ante todo y escupirles la verdad a la cara a los que provocan tu desgracia.
—Quiero… Decir algo más…— balbuceó Sean mirando al Billy que de repente dejó de saltar. Este volvió a sonreír.
–Adelante. Díselo todo, este es el momento. Con dos cojones chaval.
Sean me miró. –Puede que sea culpa tuya que vaya a morir, pero fue decisión mía acompañarte hasta aquí. Por eso no te odio…— Sean tosió y un hilillo de sangre descendió por su labio inferior y su barbilla hasta caer sobre la bota de Billy, el cual compuso una mueca de asco. –A los que odio… Odio a estos hijos de puta y en especial a esta mierda de mariconazo que tengo delante, que solo tiene huevos a hacer lo que hace con gente que no se puede ni mover— después de hablar de carrerilla, Sean volvió a toser sangre. Hizo un gargajo en su boca, alzó la cabeza levemente y escupió a Billy en el pecho. –No eres más que eso, un jodido mariconazo.
—Me temo que estás hablando más de la cuenta e insultando a aquel al que no debes— Billy miró al doctor. –Levántele la cabeza. –El hombre que ejercía de doctor hizo lo que le ordenó Billy. Cuando le levantó la cabeza a Sean, Billy metió el puño entero dentro de su boca, eso hizo que Sean comenzase a ahogarse mientras sus ojos lagrimeaban y Billy intercambiaba miradas conmigo y con el joven muchacho. –A mi nadie me insulta y se queda tan pancho… Y menos una mierda de chaval como este— Billy gruñó y dio un fuerte tirón. Seguidamente me lanzó algo que cayó justo al lado de mi cara. Pasaron unos segundos hasta que me di cuenta de que se trataba de la lengua de Sean. Aquel salvaje se la había arrancado de cuajo.
—Eres un puto salvaje, un puto monstruo. ¡¡¡¡¡Te voy a matar!!!!! ¡¡¡¡¡Te voy a hacer trizas!!!!— le gritaba mientras veía a Sean entrar en Shock con los ojos en blanco, sangrando abundantemente por la boca y ahogándose seguramente con su propia sangre.
—Tú no lo entiendes. Tú no tienes ni puta idea, a mi nadie me vacila y menos un pedazo de mierda como este— Billy le asestó una violenta patada a Sean y este cayó de lado cuando el doctor lo soltó, luego Billy se situó sobre el muchacho y comenzó a clavarle el cuchillo mientras los pies de Sean que era lo único que podía ver temblaban sin parar.
Cuando Billy dejó a Sean se levantó y me miró con una sonrisa de oreja a oreja, tenía salpicaduras de sangre en la cara. –Será mejor que no te desmayes. El show todavía no ha terminado— me dijo al ver las lagrimas de mis ojos. Luego dirigió su mirada a Rachel, la cual se había quedado en silencio y sin mirar lo que le estaban haciendo a Sean.
—Dejadla en paz— dije tratando de levantarme al ver como Billy se iba quitando el cinturón, pero Randall volvió a golpearme.
—Estate quietecito y solo nos la follaremos a ella.
—Túmbala ahí. Yo seré el primero y nos iremos turnando— dijo Billy bajándose los pantalones y dejando el pene erecto al descubierto.
—Espera Billy— dijo en ese momento el doctor.
El doctor se fue y a los pocos segundos volvió, este le dejó a Billy algo en la mano. El salvaje hizo una mueca y me miró mostrándome lo que el doctor le había dado. –Fíjate… Condones— volvió a mirar al doctor. –Es mejor hacerlo así, ya que cuando tu semen entre dentro de ella la infectaras al instante, es lo que tiene la cura que les suministraron— explicó.
Billy sonrió y me miró mientras se ponía el profiláctico. —¿Qué haríamos sin nuestro doctor? Que conste que lo hago por mis chicos, para que ellos no se queden sin catar el sabroso chumino de tu amiguita.
Miré a Rachel a la que habían tumbado en el suelo igual que a mi, ella me miró también y en sus ojos además de lagrimas veía resignación, no decía nada, pero sabia que lo estaba dando todo por perdido, entonces escuché a Randall susurrarme algo.
—Preferiría follarme tu culo antes que el conejo de tu puta, pero eso a Billy no le va. Además, te quieren enterito.
Yo no respondí, me obligaron a verlo. El que sujetaba a Rachel la tumbó boca arriba y la despojó de sus pantalones. Billy no tardó en tumbarse en cima y comenzar a moverse mientras gemía. Apreté los dientes mientras veía como Rachel cerraba los ojos y las lágrimas comenzaban a caer empapando la arena del desierto.
—Oh joder. Que rico— decía Billy mientras penetraba a Rachel. Después le dio la vuelta y siguió. Yo podía ver el dolor en los ojos de la chica, quería apartar la mirada, pero no podía, quería librarme de Randall y matarlos a todos con mis propias manos, pero tampoco podía hacerlo, no podía hacer nada y eso me frustraba haciendo que dentro de mi creciera una rabia como nunca había sentido antes, si que había sentido rabia otras veces, pero nunca así, me imaginaba a mi mismo poniéndome de pie, dándome la vuelta y golpeando a Randall, luego arrancándole la cara a mordiscos y después de el a todos los demás, pero la realidad era que estaba indefenso.
Billy por fin terminó dando un aullido como si fuera un lobo, se retiró y se quitó el preservativo mientras me miraba con una sonrisa. –No sabes lo que es el coño de tu amiga. Deberías probarlo, quizás cuando hayan terminado mis chicos te dejemos que lo hagas antes de matarla— Billy levantó la cabeza y miró a Randall. –Te toca cabrón. Que lo disfrutes.
Randall dejó de ejercer presión sobre mi, justo en ese momento decidí jugármela y me puse de pie rápidamente, me abalancé sobre Billy, este me recibió con un fuerte puñetazo y yo caí al suelo, traté de levantarme y sentí un fuerte golpe en la nuca, Randall me había golpeado con la culata de la recortada.
—¿Qué coño has hecho? Dorian lo quiere ileso. ¿No te entra en tu jodida cabeza? Follate a esa puta rápido. Cuanto antes acabemos antes nos iremos y veremos que tiene Dorian preparado para este.
Randall caminó hacia Rachel, la cual estaba tumbada boca abajo en la arena, totalmente rendida resoplando y haciendo salir volando pequeños granos de arena. También vi sangre en sus piernas. Mientras Randall se ponía el preservativo vi que había dejado caer la recortada a un metro y medio de mi y de Billy, este se estaba agachando delante de mi confiando en lo grogui que me había dejado el golpe de Randall.
Cuando Randall se puso el preservativo se situó sobre Rachel y comenzó a moverse mientras la lamia. Me estaba removiendo las tripas.
—Se lo que se siente— dijo en ese momento Billy volviéndose para mirar a Randall. –La impotencia de ver como le hacen daño a esos que te importan. Ves como los humillan y no puedes hacer nada— la vista que se me había nublado estaba volviendo a la normalidad. –La rabia que crece dentro de ti es tan grande que solo piensas en matar a los que te están jodiendo, y que me aspen si no es lo que estás pensado ahora. Observa como Randall se la tira, cuando hayamos acabado con ella, tendrá el coño tan dado de si que podría pasar por el un tren de alta velocidad— Billy me cogió del pelo y me levantó la cabeza. –Ahora te diré más o menos lo que te harán. Nos hemos enterado de lo tuyo con Dorian y aunque no lo has matado lo has jodido bien, probablemente se quede ciego de un ojo. Probablemente antes de torturarte te de por culo pero bien.
Ya había recuperado por completo la visión, justo cuando me percaté de lo cerca que tenía el cuchillo de Billy, el mismo con el que había matado a Sean. Con un rápido movimiento alcancé la empuñadura del cuchillo y tiré de el, seguidamente lo dirigí hacia el cuello de Billy, hundiéndolo totalmente y haciendo que la sangre comenzara a brotar. Billy no pudo ni siquiera gritar, este cayó hacia atrás mientras trataba de quitarse el cuchillo del cuello mientras yo me lanzaba sobre la recortada ante el asombro de Randall y el otro tipo. Fui tan rápido que no les dio tiempo a reaccionar, cogí la recortada apunté y disparé a la cabeza de Randall, esta estalló y el que estaba justo detrás de el recibió el balazo en el pecho.
Me levanté a trompicones ayudándome con la recortada, miré al doctor y este levantó las manos mientras balbuceaba algo. De repente se dio la vuelta y comenzó a correr, podría haberlo dejado escapar, pero eso no me lo podía permitir, alcé la recortada y apreté el gatillo. El doctor cayó al suelo tras recibir el impacto justo en la espalda, me fui acercando poco a poco y comprobé que estaba vivo todavía.
—No me hagas nada por favor… Yo no he hecho nada.
—Adiós— susurré. Levanté la recortada y disparé volándole la cabeza.
Regresé a donde estaban los cadáveres y vi a Rachel acurrucada en el suelo en postura fetal, se había vuelto a poner los pantalones y estaba llorando. Me acerqué a ella y le puse la mano en sobre la espalda.
—Ya pasó. Ya no volverán a hacerte daño. Ahora debemos hacer un esfuerzo y largarnos de aquí, te llevaré a Portland y que allí te curen. Si no nos dejan pasar entraré a la fuerza. Ahora tenemos que irnos.
Rachel se puso de pie y yo la miré a los ojos mientras le sujetaba las mejillas. –Siento que hayas pasado por esto, pero ya se lo hice pagar— miré a los cadáveres de Billy y del otro al que le había hecho un agujero en el pecho. –No pienso dispararles a la cabeza, que se reanimen y vivan como No Muertos.
Rachel asintió. –Juanma…
—Dime— le dije apartándole un mechón de pelo de la cara.
—Nunca le cuentes a Sheila esto que me han hecho. No quiero que se entere jamás.
—No lo haré. Te doy mi palabra. Ahora cogeremos su vehículo, conduzco yo. Túmbate en la parte de atrás e intenta dormir— entonces me acordé de algo. Vi el cadáver de Sean y me separé de Rachel para acercarme a el. No pude contener las lágrimas, al pobre muchacho lo habían matado delante de mí y yo no había podido hacer nada. Me sentí culpable y me odié a mi mismo, se suponía que debía haberlo protegido y no lo había hecho. Decidí que debía enterrarle y así lo hice, posponiendo así lo de partir.
Una vez Sean estuvo enterrado caminé hacia el jeep y vi que Rachel ya estaba dentro en la parte trasera, parecía que se había quedado profundamente dormida. Abrí la puerta del conductor y justo en ese momento escuché un gemido, miré hacia su origen y descubrí una silueta que se erguía con un cuchillo sobresaliendo del cuello. Billy había vuelto de entre los muertos. Me subí al vehículo y cerré la puerta, segundos después me puse en marcha hacia Portland.
*****
Las Vegas Strip…
06:00 de la mañana…

Dorian se miró al espejo de la habitación donde estaba. La bala le había dado en la cabeza sobre el ojo derecho y había entrado atravesando una parte de su cabeza sin tocar el cerebro, el azar había querido que sobreviviera a eso, podría no haberlo contado. Afortunadamente esa era la única herida que había sufrido, las balas en el torso habían sido frenadas por el chaleco antibalas que siempre llevaba con el, anteriormente ya habían tratado de revelarse contra el y ese chaleco le salvó la vida.
—Señor Roberts— dijo uno de sus hombres entrando por la puerta sin avisar.
Dorian lo miró. —¿Qué quieres?
—Perdimos contacto con Billy y sus hombres. No sabemos nada de ellos desde que los interceptaron de camino a Portland, les llamamos pero nadie contesta. Nos estamos preparando para salir en su busca.
—Aborta esa misión. No vale la pena. Están muertos.
—Pero señor…
—Ya me has oído. No vale la pena ir a buscarles. Seguiremos aquí, ya nos cobraremos nuestra venganza más adelante. No será la ultima vez que nos encontremos con ellos— dijo Dorian dejando de mirarse al espejo, le iba a quedar una fea cicatriz, al menos esperaba no quedarse ciego. Cogió una caja de calmantes y se tomo un par para calmar el dolor que estaba regresando. —¿Habéis limpiado ya la calle de caminantes?
—Si señor. Lo hicimos, incluso hemos apresado a unos cuantos.
—Muy bien, prepáralo todo para esta noche en la jaula. Tendremos un espectáculo en honor a nuestros caídos.
Cuando el tipo que había llegado se fue, Dorian volvió a mirarse al espejo y sonrió. No había muerto y se alegraba de que Billy y los suyos hubiesen fallado en su misión. El no tener a ese tal Juanma allí para matarlo, hacía que todo fuera más interesante, ahora en esos momentos no necesitaba matarlo, quería que siguiera vivo para que el juego que tenía en mente durara más.
*****
Manhattan… Zona segura…
08:00 de la mañana…

Aquella mañana Vicky se levantó eufórica, tanto que Eva se sorprendió. No entendía el porque estaba así. —¿Qué te pasa?
—¿No te lo dije mamá? Hoy nos quedamos toda la noche en el colegio para ver la lluvia de estrellas— respondió la pequeña preparando la mochila para el colegio.
Realmente Eva no recordaba si la pequeña se lo había dicho o no, juraría que no, pero había estado muy liada los últimos días, demasiado como para prestar atención a las cosas del colegio de la pequeña.
Eva había tenido más visiones de Carlos e incluso había soñado con el. Había soñado que se colaba en su casa por la noche y que volvía a acostarse con el, se despertaba bañada en sudores y casi al borde del grito. Realmente estaba obsesionada con el tema, y todo era por puro terror, Carlos le daba miedo.
—¡¡¡Mamá!!!— la llamada de Vicky la sacó de sus pensamientos. —¿Me puedo poner esta ropa?— preguntó la pequeña mostrándole una camisa de color blanco y unos pantalones vaqueros.
—Si, claro— respondió Eva. —¿Vendrá Alicia para llevarte al colegio?
—Si. Tía Alicia me llevará al colegio y se quedará allí durante la lluvia de estrellas— esa revelación le hizo pensar a Eva que aquel día le tocaría quedarse de canguro con el bebé. Realmente no le importaba, le gustaba estar con el bebé, de paso, podría coger experiencia para cuando naciera el suyo, el cual podría ser seguramente de Carlos, pero aunque lo pensó en un principio, se veía incapaz de abortar, esa vida que crecía en su interior no era responsable de lo que hiciera su padre.
El timbre sonó y cuando Eva abrió se encontró a Alicia con el bebé en brazos. –Bueno, ya estoy aquí. ¿Nos vamos Vicky?— preguntó a la niña, luego miró a Eva. —¿No te importa quedarte con el bebé? Es que David no está, le han dado una nueva ocupación para hoy. Va a estar en el hospital.
—No, no me importa. Me encanta quedarme con el niño— se tocó el vientre. –Ya sabes. Hay que ir practicando.
Alicia sonrió al mismo tiempo que dejaba que Eva cogiera a Cristian en brazos. Luego Vicky se acercó a Eva y ella se agachó para que la pequeña la besara en la mejilla. Cuando se marcharon, Eva se quedó a solas con el pequeño y sonrió mientras lo miraba, era un niño precioso. De repente se sintió rara, tuvo una sensación desagradable. Algo no iba bien y la tenía intranquila. ¿Qué le pasaba? Por un momento pensó que podría tratarse del bebé que esperaba, pero lo descartó enseguida, era otra cosa. Quizás se sentía así por que a Juanma podía haberle pasado algo. Sacudió la cabeza y se dio un par de palmadas en la frente mientras el pequeño Cristian la observaba.
—No pasa nada pequeño. Es que tu tía está a un paso de caer en el pozo de la esquizofrenia. Cuando llegues a mi edad lo comprenderás.
*****
David fue llevado al sótano del hospital, allí había más soldados que estaban custodiando lo que parecía una celda, en el interior había un hombre con un pijama de color blanco, este estaba quitándose un trozo de algodón del brazo, dejando al descubierto un moratón producido por un pinchazo.
—Acaban de sacarle sangre. Hoy según dicen el proyecto renacimiento debería dar sus frutos— le explicó su guía por las instalaciones. –Si las cosas salen bien, dentro de poco podríamos pasearnos en bolas por delante de los podridos sin que estos nos agobien. Cojonudo ¿Eh?
—Me cuesta creerlo… La verdad— respondió David mirando las marcas del brazo. Había muchas. —¿Por qué me han mandado hoy aquí?
—Uno de los que estaban se puso enfermo. Aunque yo tengo la teoría de que está en el local del bebé recuperándose de los efectos de la droga, de la resaca y posiblemente cazando ladillas. Todo un curro.
David se quedó mirando al tipo que había allí dentro. El obviamente no podía ver a los que lo estaban vigilando, aunque no hacía falta ser muy inteligente para saber que algo tan codiciado como era el debía permanecer vigilado las veinticuatro horas del día.
—De vez en cuando saluda o nos sonríe. El tío es un cachondo, incluso hasta cuando caga— el guía de David lo miró entonces. –Bueno, hasta aquí todo lo que tenía que contarte, ocupa tu puesto y ya. A las doce de la noche vendrán a relevarte y podrás irte a casa.
—Gracias— respondió David volviendo a mirar a Richard Levine. Le fascinaba el don de aquel hombre, si todos podían hacer lo mismo algún día, la pesadilla terminaría para siempre, ya no tendría que vivir con miedo temiendo que estando al aire libre, el llanto del pequeño Cristian les pusiese en peligro.

Manhattan… Zona infestada…
21:00 de la noche…

Todos estaban listos, todos estaban a punto. Zero se subió a un tablado y miró a todos los que le seguían. Allí había hombres, mujeres y niños armados, todos ellos dispuestos a iniciar el ataque a Manhattan. Algunos de sus hombres ya se habían puesto en marcha para cumplir su parte, a esas horas los cascos de los barcos que controlaban el paso por el rio estarían llenos de explosivo.
—Buenas noches a todos— comenzó a decir Zero ajustándose las gafas, se pasó una mano por su pelo rubio platino y siguió hablando. –En poco menos de diez minutos comenzaremos a entrar en las alcantarillas para surgir en la ciudad y llevar a cabo el ataque. Se que muchos tenéis miedo, yo también, pero debo deciros que frente al miedo tengo un arma muy poderosa. Se trata de mi convicción para perseguir lo que deseo, por eso os digo que desde hoy, Manhattan al completo será nuestra. No mostréis piedad, pues ninguna esperéis recibir, ellos os odian y no dudarán en mataros. Sed fuertes, mucho más que ellos y alcanzareis el triunfo. Ahora solo me queda deciros una cosa más. ¡¡¡¡Por papá Angelito!!!! ¡¡¡Por vosotros!!! ¡¡¡¡A muerte!!!!
Todos alzaron los puños al aire y gritaron al unisonó.

Carlos estaba observando con atención, oculto de los demás. Después de que el escoria con el pelo rubio platino diera su discurso y todos los demás lo vitorearan, comenzaron a desfilar. Había llegado la hora, Carlos volvería a la ciudad y por fin volvería a tener a Eva para el solo, nadie se iba a interponer en su camino.

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