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sábado, 6 de diciembre de 2014

NECROWORLD Capítulo 58

Día 20 de Enero de 2010
Día 577 del Apocalipsis…
Las Vegas Strip… 23:35 de la noche…

—Muy bien niños ¿Y sabéis que ocurrió? El león le pidió a la cebra que le trajera un ramo de flores para su amada. Eran tan amigos que la cebra no pudo negarse a hacer lo que su amigo el león le pedía...
Nada más entrar por la puerta de la vivienda de Dorian me quedé asombrado. Había más de dos docenas de niños reunidos y sentados alrededor de Dorian. Al entrar, algunos se dieron la vuelta y Dorian me miró. Rápidamente bajé el arma para evitar que los niños la vieran. No podía dar crédito a lo que estaba viendo.
Dorian reparó en mí. –Vaya, parece que alguien vino a escuchar uno de mis cuentos a ultima hora. Por favor, pasé y siéntese, el cuento está a punto de acabar— Dorian miró a los niños. —¿Vosotros queréis que se quedé?
Todos los niños dijeron que si al mismo tiempo y yo me quedé todavía más sorprendido. De todas las cosas que me había imaginado encontrarme tras cruzar la puerta, eso era lo único que no había pasado por mi cabeza, no podía disparar con todos esos niños allí, una bala perdida podría acabar con alguno de ellos. Era como si Dorian estuviese esperándome y hubiese preparado todo eso. ¿Qué pretendía?
Dorian prosiguió con el cuento mientras los niños lo escuchaban con atención, yo había avanzado un poco y me había apoyado en una pared sin perder en ningún momento el contacto visual con Dorian y con la puerta por si de repente entraba alguien a por mí. Los minutos pasaban y el cuento iba llegando a su fin.
—…Y colorín colorado, este cuento se ha terminado— Dorian finalizó el cuento ante las risas y los aplausos de los niños. Se les veía felices y satisfechos, algo que me chocaba mucho. –Bueno niños, hasta aquí el cuento de hoy.
—Cuéntenos otro señor Dorian— pidió una niña.
—¿Otro?— preguntó Dorian arqueando las cejas y luego mirándome a mí. —¿Queréis que os cuente otro cuento? Ya es muy tarde.
—Por favor— pidió otro niño. Seguidamente más niños comenzaron a unirse a la petición.
Dorian sonrió. –Está bien, pero antes…— Dorian me miró. –Antes quiero hablar con este señor que vino a verme. Luego os contaré otro cuento y puede que el señor os cuente otro. ¿Os gustaría?
Todos los niños exclamaron que si al mismo tiempo y me miraron deseosos de escuchar más cuentos, yo no sabía que decir, la situación era totalmente extraña y para nada predecible. Dorian me miró entonces.
—Sígueme a la otra habitación.
Sin pensármelo dos veces seguí a Dorian pasando entre los niños y ambos entramos en una habitación. Esta era bastante grande y se notaban las obras que habían hecho construyendo paredes para dividir la zona en varias habitaciones. Donde nos encontrábamos en ese momento tenía forma de despacho.
Dorian caminó hacia un mueble bar y cogió una botella, también cogió dos vasos y los puso sobre la mesa, luego los llenó. –Nunca pensé que fueses capaz de venir tú a buscarme. No me lo esperaba— En ese momento alcé la pistola y le apunté. Dorian frunció el ceño y levantó las manos mientras me sonreía. –Oh… Eh… Tranquilo. No querrás disparar a un hombre desarmado ¿Verdad? Asustaras a los niños también.
—Lo que tengo delante no es un hombre. Es un hijo de puta, un monstruo— repliqué sin dejar de apuntar, al otro lado escuchaba los gritos y risas de los niños.
—Seguro que te han dicho que yo soy el malo malísimo de esta historia… Lo típico. Seguro que mis hermanos son los responsables de tal estupidez. ¿No quieres tomarte nada? Vamos, siéntate y hablemos tranquilamente.
Dorian se acercó a mí sonriendo y con ambas copas en la mano, una me la ofreció a mí.
—No tenemos nada de que hablar. Vine a matarte— respondí.
—No creo que quieras matarme. Ya lo habrías hecho si quisieses hacerlo. Siéntate y bebamos juntos mientras hablamos tranquilamente. ¿Sabes? Creí que eras una amenaza y ciertamente me plantee acabar contigo— continuó diciendo Dorian mientras me rodeaba y avanzaba hasta un sillón donde se sentó y siguió hablando. –Pero me lo he planteado mejor, no creo que tengas la culpa de las mentiras que te han contado.
—Vi lo que hacían a las chicas de Portland los tipos que mandaste. Eso es propio de monstruos— le espeté sin dejar de apuntarle.
Dorian dejó las dos copas sobre una pequeña mesa. –Reconozco que mis chicos se pasaron tres pueblos, pero fueron daños colaterales. Además, no se por que te preocupas, ellas os echaron de allí como si fuerais perros. Por eso mismo, si yo fuera tu no me paraba a mearles encima ni aunque se estuviesen quemando vivas.
—¿Cómo lo sabe?— pregunté totalmente estupefacto. —¿Cómo sabe todo eso?
—Oh vamos. ¿Por quien me tomas? Yo lo se todo, mis chicos fueron informados por la mismísima Amanda Kramer y ellos me informaron a mi.
Lo que Dorian acababa de decirme me revelaba que tras nuestra marcha, los hombres de Dorian habían accedido a la zona segura de Portland, entonces comencé a temer que les hubiesen hecho algún daño a esas mujeres. —¿Qué les han hecho?
—¿Qué les han hecho a quien?
—A las mujeres que había en Portland. ¿A quien si no?
—¿Cómo quieres que lo sepa? Me informan de lo que quiero saber, solo de lo que deseo saber. Como comprenderás, la vida o la muerte de una comunidad de rameras no me importa. Quizás mis chicos se hayan estado divirtiendo un poco con ellas o quizás no. Quizás vayan tras el resto de tu chicos, quizás los hayan alcanzado ya.
Me sorprendía mucho que Dorian supiera tantas cosas. Desde el encuentro con Randall en el área de servicio, todo lo relacionado con el asunto de esa gente me había parecido extraño. Entonces pensé algo que no había pensado antes. Entonces miré a Dorian, el cual me miraba con una sonrisa.
—No puedo leerte la mente… Aunque ese poder era algo que me hubiese gustado tener. Era mi favorito de niño… Saber lo que piensan los demás de ti… O si te mienten, pero no, no tengo ese poder. Aun así… Apuesto a que piensas que yo ya sabía que habíais salido de Manhattan para ir hacia Portland… Y así fue. Lo sabía, lo sabía todo.
—¿Cómo?— pregunté.
—¿Cómo crees tu?
—Tiene infiltrados en Manhattan— respondí rápidamente.
Dorian sonrió y asintió. –Eso es. Aunque bueno, solo me pasaba un poco información. No es que os haya traicionado, aunque a todos los efectos es así. No, realmente hace lo que le digo por que tiene que hacerlo si no quiere que su mujer y su hija paguen las consecuencias. Cooper ha resultado ser un buen agente para mí.
—¿Cooper?— pregunté estupefacto. El mismo hombre al que había pedido que se ocupara de la ciudad mientras yo no estaba. Lo cual me hacía plantearme si había cometido un grave error. –Es usted un monstruo y un cabrón. Graham tenía razón.
—¿Qué Graham tenía razón?... Si, supongo que te hablaría de mi, pero… ¿Qué te hace pensar que el es mejor que yo y que somos diferentes?  No tienes ni idea ¿Verdad? Graham es un hombre que también tiene sus secretos. Ahora mismo tiene a un tipo que puede caminar entre los muertos… Y lo tiene encerrado mientras experimentan con el. Eso no lo hace un viejo bondadoso como el que parece que te han vendido. Graham es un autentico cabrón que mira por sus intereses.
—¿Y tu no lo eres?
—Amigo… Si algo queda en este mundo… Eso son cabrones que solo miran por sus propios intereses, pero esos mismos cabrones también tenemos nuestro corazoncito y nos preocupamos por los nuestros. Tú también eres así, este mundo ha cambiado y nos ha cambiado a nosotros, unos han cambiado a mal y otros han cambiado a peor, negarse eso es de estúpidos e ignorantes. Tu mismo habrás tenido que matar a mis guardas para llegar hasta aquí, por eso llevas la ropa de uno— observó Dorian. –Lo hiciste sin demasiadas dudas… Y ni te inmutaste, lo hiciste y punto, por tus propios intereses. ¿Me llamas monstruo a mi? Tú también lo eres.
Dorian se levantó del sillón y me miró al tiempo que volvía a apuntarle a la cabeza. El sonrió sin ningún tipo de miedo, más bien mostraba indiferencia. –En un principio… Quería matarte personalmente después de acabar con todo tu grupo. Ya mandé que se cargaran a Graham varias veces y solo Cooper fue capaz de hacerlo, sin el viejo y sin ti hubiera sido muy fácil arrasar Manhattan.
—¿Quieres la ciudad?— pregunté. Aunque quería disparar no podía hacerlo, los niños seguían allí, y en un cuerpo a cuerpo no podría ganar a Dorian.
—¿Bromeas? No quiero para nada Manhattan. Ya tengo mis dominios aquí y soy inmensamente feliz, los niños me adoran como ya has visto. No, Manhattan no la quiero para nada, quería que desapareciera, pero el verte que has venido a por mi me ha hecho cambiar de idea. Tienes un par de pelotas, te has metido aquí y has venido directo a por mí. Eso no lo haría cualquiera, no lo hacía ni la maricona de mi hermano. La diferencia entre tú y el es que el era un viejo cobarde— Dorian se acercó a mi y posó sus manos en mis hombros. Yo me retiré un poco. –Ahora quiero que seas de los míos, quiero que mandes en la ciudad y unamos fuerzas. Si, ya se que mandabas, pero no estabas conmigo, ahora si lo estarás. Uniremos fuerzas para que otras comunidades desaparezcan. Manhattan y Las Vegas serán los dos únicos pilares de este nuevo mundo.
—¿Quieres que sea tu perro?— pregunté oliéndome lo que me proponía.
—Es fácil. Solo tendríamos que hacer varios viajes por el resto del mundo y acabar con otros. Yo seré el gran dios de la tierra y tu mi brazo ejecutor. Nos llevará tiempo, pero se que uniendo fuerzas lo conseguiremos. Tienes agallas y es lo que necesito.
—Olvídalo— le espeté apartándome. –No me interesa para nada.
Dorian frunció el ceño y luego soltó una carcajada, luego volvió al sillón, se sentó y volvió a mirarme. –Tienes agallas, pero eres tonto del culo. Mi oferta no es algo que le haga a cualquiera. Muy bien, si eso es así no pienso convencerte. Ahora solo te queda morir. Nadie que me apunta a la cara y luego rechaza mis ofertas se puede ir de rositas.
En ese momento escuché la voz de Rachel en mi oído. –Juanma… No se que estás haciendo, pero sal de ahí perdiendo el culo. Acaban de llegar varios tipos armados y están entrando en el Caesar Palace. Creo que van a por ti…— la voz de Rachel se cortó un momento y lo siguiente que escuché fueron disparos.
—¡¡¡Rachel!!!— grité al tiempo que se cortaba la comunicación. Tampoco escuchaba a los niños al otro lado. En ese momento miré a Dorian, este me sonreía. –Hijo de la gran puta.
—Tu amiguita debe estar ya alimentando a los gusanos— dijo Dorian.
De repente sin pensármelo dos veces apreté el gatillo repetidas veces, una de las balas impactó en su cabeza y vi como brotaba la sangre. Dorian cayó de espaldas y justo cuando iba a acercarme para rematarle y comprobar si vivía, un helicóptero hizo su aparición y comenzó a disparar reventando las ventanas. Rápidamente me tiré al suelo y me fui arrastrando hasta la puerta, una vez allí me puse en pie y la abrí. Salí de un salto a la habitación donde habían estado los niños antes, ya no había nadie. Una vez ahí comencé a escuchar pasos al otro lado de la puerta. Eran seguramente los tipos armados a los que se refería Rachel, con ellos ahí era imposible salir y no tardarían en entrar, cuando lo hicieran estaría muerto.
*****
Desierto de Nevada…
Día 21 de Enero de 2010
Día 578 del Apocalipsis… 00:05 de la noche…

Sheila pidió que tumbaran a Alexandra sobre unas mantas que había preparado. Solo Alexandra y Stacy habían sobrevivido al accidente, aunque probablemente la otra chica ya iba muerta antes del choque.
Sheila comprobó la herida y le pidió a Laura que la ayudara. Cogió su maletín y lo abrió, dentro había todo tipo de material quirúrgico.
—La bala le ha destrozado un riñón, voy a tener que operar y extirpárselo. También ha perdido mucha sangre, necesitará una transfusión urgentemente— Sheila miró a Stacy, la cual estaba en un rincón sentada mientras se cubría la cabeza con un trapo para impedir que la herida de su cabeza siguiera sangrando. —¿Qué tipo de sangre tiene Alexandra?
—Es A+— respondió Stacy.
Sheila metió la mano dentro del maletín y sacó un cuaderno. En el aparecían las fotos de todos los componentes del equipo y sus datos, incluido el grupo sanguíneo, estuvo repasando los datos y finalmente miró a Butch.
—Butch, necesito tu sangre para una transfusión.
—¿Qué? ¿La mía? Ni de coña, ellas nos echaron de Portland. Ahora que les den.
En ese momento Sheila se levantó y golpeó a Butch. –Esta chica se muere. Tú eres A—, podemos hablar o actuar, pero si se muere por tu culpa te aseguro que esparciré tus sesos por el suelo. ¿Te queda claro? Ahora muévete. ¡¡¡Vamos!!!— Sheila sacó su arma. ¡¡¡Ahora!!!
—Muy bien… Calma tía— dijo Butch levantándose y descubriendo su brazo derecho. –Adelante, hazlo.
Sheila miró a Laura. –Te voy a necesitar. Hay que operar.
—Yo también quiero ayudar— dijo la mujer Mexicana mientras le dejaba el bebé a su hijo mayor. –Era enfermera en Ciudad Juarez y veía muchos casos como este. Me llamo María.
—Gracias— respondió Sheila. Lo cierto era que toda ayuda era poca.
Mientras Sheila, Laura, Butch y María se encargaban de Alexandra. Juan, Yuriko y Johana se acercaban a hablar con Stacy.
—¿Qué fue lo que ocurrió? ¿Qué ha pasado?— preguntó Juan agachándose para mirarla a la cara. —¿Os atacaron?
—Justo un rato después de que os largarais aparecieron unos cuantos tipos. Nos entretuvieron unos cuantos y asesinaron a una chica ante nosotras, mientras otro grupo nos asaltaban por detrás. Las han matado a todas, mataron a Amanda a sangre fría.
—Nos echáis para que os dejen en paz y en lugar de eso os atacan. Me imaginaba que no iba a ser posible negociar con esa gente… Y Juanma ha ido directo a Las Vegas. Se lo cargarán también— dijo Johana. –Me largo.
—¿A dónde vas?— preguntó Yuriko viendo como Johana se iba hacia la puerta.
—A Las Vegas. Algo me dice que necesitarán ayuda, además, ya hace horas que no sabemos nada de ellos. Voy a ayudarles— explicó Johana parándose en seco delante de la puerta.
—No te irás de aquí. Si todo ha ido bien volverán. No pienso dejar que vayas a ciegas y acabes probablemente muerta. Quédate aquí, nos serás de más ayuda por si nos atacan— dijo Juan caminando hacia Johana. –No puedes irte por que te necesito aquí. A Butch le están sacando sangre y no dará mucho de si, Sheila, Laura y la mujer Mexicana están operando a Alexandra, la cual no sabemos si sobrevivirá. Stacy está herida y es posible que tenga algún daño craneal. Si te vas nos quedaremos solos Yuriko y yo al cuidado de un chaval menor de edad y un bebé. No podríamos repeler un ataque.
—¿Y que quieres que haga?— preguntó Johana mirando a Juan. Fue la primera vez que Juan veía la preocupación en los ojos de aquella chica.
—Solo esperar y tener fe— le dijo Juan. –Solo esperar y confiar en el regreso de Juanma y los otros.
*****
Las Vegas Strip…

Las fuerzas especiales de Dorian irrumpieron en la habitación con las armas en alto. Un rato antes habían evacuado a los niños y cuando habían llegado habían esperado, no querían encontrarse al infiltrado con Dorian como rehén. Finalmente una orden desde el helicóptero los hizo entrar, pero una vez dentro no encontraron al infiltrado, no había ni rastro. Algunos entraron en el despacho de Dorian, allí encontraron el cuerpo de Dorian en el suelo, uno de ellos se acercó y le tomó el pulso.
—Está vivo, pero no parece quedarle mucho, tiene un disparo en la cabeza. Hay que sacarlo de aquí ahora mismo.
No tardaron en acudir médicos a la habitación, dejaron a Dorian intubado sobre una camilla y se lo llevaron de allí rápidamente mientras otros miembros del grupo de asalto se quedaban inspeccionando la habitación, fue en ese momento cuando uno de ellos se percató de algo, la rejilla del tubo de ventilación estaba abierto y era obvio que el infiltrado estaba en el conducto.
—Bloquead todas las salidas de aire. Que ese cabrón no salga de aquí. Y si veis asomar la cabeza disparad a matar— dijo el que llevaba la voz cantante en aquel equipo de asalto. Un hombre enorme con varias cicatrices en la cara. –Sea quien sea acaba de firmar su sentencia de muerte.
*****
Había conseguido engañarles. Tuve que pensar rápidamente, opté por dejar abierta la trampilla del tubo de ventilación y luego salir por una de las ventanas, luego me había ocultado en otro cartel con la cara de Dorian, la suerte había querido que la parte trasera de estos fuese una estructura de hierro por la cual podría ir bajando hasta llegar a la calle. Lo peor de todo es que aunque había disparado a Dorian, este seguía vivo, esperaba que no sobreviviese, alguien como el no merecía vivir.
Fui bajando por la estructura con cuidado, siempre mirando hacia abajo y controlando el ir y venir de las personas, si quería salir de ahí no tenía que ser visto por nadie. De vez en cuando el helicóptero sobrevolaba la zona en mi busca. Tampoco podía dejar de pensar en Rachel, después de los disparos no había podido volver a contactar con ella.
*****
Rachel se paró en un callejón alejado de la zona donde la habían atacado. Había logrado escapar por los pelos, pero eso no había evitado que le acertaran con una bala en el hombro. Se tocó la herida y cuando se miró la mano vio la sangre. Necesitaba hacerse un torniquete antes de que la pérdida de sangre la hiciera marearse, se quitó el cinturón y se lo ató como pudo  al tiempo que contenía un grito de dolor.
Se agachó detrás de un contenedor de basura y observó la calle, los civiles se habían retirado y ya solo quedaban tipos armados mirase donde mirase, también había un par de helicópteros que habían aparecido de repente y que en esos momentos volaban en círculos sobre la ciudad como un par de buitres vigilando un moribundo para no perderse el festín con sus restos.
Rachel había perdido el pinganillo durante el ataque y aunque quería, era un suicidio volver atrás y recuperarlo para hablar con Juanma, el cual estaba en paradero desconocido. Inevitablemente pensó que estaba muerto, pero rápidamente se obligó a apartar esos pensamientos de su cabeza. De repente escuchó los ladridos de unos perros y se ocultó rápidamente, las cosas se estaban complicando demasiado e iba a ser muy complicado por no decir imposible, salir con vida de la ciudad. Sabían que estaban allí en alguna parte, todavía dentro y los hombres de Dorian iban a cerrar todas las salidas.
En ese momento las voces de varios tipos llegaron hasta sus oídos.
—¿Cuántos son?— preguntó un hombre al que Rachel no podía ver.
—Son dos, creo que no había más. El tipo que me golpeó y me dejó inconsciente y la zorra que me estaba apuntando en el callejón. Son un chico y una chica— la voz que respondió si que le resultó familiar a Rachel, era más, la voz se revelaba como el mismo tipo al que habían noqueado en el callejón. Rachel lamentó en esos momentos no haberlo matado cuando tuvo la ocasión.
Rachel comenzó a pensar en ese momento en Sheila, en lo ultimo que habían tenido, Sheila la había abofeteado por despertar a una mujer que estaba muy mal solo para que esta les dijera el mensaje que le habían dado, no fue ético hacer algo así, pero fue necesario, por eso su chica se había enfadado con ella, ahora si moría allí, nunca podría solucionar las cosas con ella. Eso era lo que más le molestaba de todo.
—¿Dónde estás Juanma? ¿Sigues vivo?— se preguntó Rachel mirando hacia la calle en silencio mientras esta se llenaba de tipos armados y vehículos. Tenía que escapar de allí cuanto antes, entonces se fijó en algo, al otro lado de la calle vio una silueta semi oculta en las sombras de otro callejón, por un momento pensó que se trataba de otro de los hombres de Dorian, pero rápidamente abandonó esa idea y se quedó asombrada, aquella silueta era Juanma. No entendía como había llegado hasta allí, pero era el, no había duda, al igual que ella estaba observando la calle, ahora que lo había encontrado debía hacer algo para que el la viera a ella, pero tenía que hacerlo sin ser vista por el enemigo. Las cosas una vez más se complicaban más todavía, pero lo tenía que intentar.
*****
Por fin alcancé la calle. En esos momentos me encontraba en un callejón observando la calle. Delante del Caesar Palace se había concentrado una verdadera multitud de hombres armados acompañados de perros. Pude ver al tipo al que había interrogado en el callejón, este estaba hablando con otros tipos, les estaba dando indicaciones, seguramente dándoles mi descripción y la de Rachel, no los escuchaba, pero no me hacia falta para imaginarme lo que estaban diciendo.
Recorrí toda la calle con la mirada y entonces vi algo en el otro callejón, uno que había al otro lado, me pareció que era una silueta haciéndome señas, me froté los ojos para asegurarme de que no me lo estaba imaginando y volví a mirar, la silueta estaba allí y solo paró de hacer aspavientos cuando un grupo de cuatro hombres armados paso por delante, cuando estos pasaron volvió a salir y la vi con más claridad.
—Rachel…— murmuré. Ella había logrado escapar, pero se encontraba al otro lado de la calle, no sabía como iba a llegar hasta ella, además vi el cinturón atado a su hombro y lo que parecía sangre. Estaba herida.
Un nuevo grupo de hombres pasó por allí y se detuvo delante del Caesar Palace, seguramente seguían pensando que yo seguía dentro en los tubos de ventilación. Había sido una buena idea engañarlos de esa manera, pero realmente no sabía hasta cuando iba a durar el engaño y cuando se darían cuenta de que yo ya no estaba allí dentro, por si fuera poco los helicópteros pasaban sobrevolando los edificios enfocando con los focos, tuve que ser rápido ocultándome justo cuando el foco estuvo a punto de alumbrarme, eso habría sido fatal para mi.
Mi cabeza iba a mil por hora buscando maneras de escapar de esa ratonera en la que nos habíamos metido, pero ninguna de las ideas que estaba teniendo me convencía en absoluto, todo era demasiado complicado y no podía hablar con Rachel para planearlo bien y con cuidado, hacer algo en esos momentos era un suicidio en todos los sentidos, algo que no acabaría bien.
De repente escuché un ruido, algo así como un vehículo derrapando y embistiendo a otros vehículos, luego se escuchaban disparos y gritos. Escuché un nuevo golpe y vi a dos tipos salir volando hasta chocarse contra la pared.
—¡¡¡Caminantes!!!— escuché que gritaba alguien.
No tardé en ver a que se referían, un grupo de No Muertos irrumpió en la calle como una tromba de agua, haciendo huir a los tipos armados mientras disparaban, algunos incluso caían fácilmente ante los muertos vivientes que como por arte de magia habían tomado las calles.
Sin pensármelo dos veces y viendo que parecía que Rachel había pensado lo mismo que yo, salí de mi escondite mientras disparaba a unos tipos armados que me vieron, su sorpresa fue tan grande que ni siquiera llegaron a reaccionar… Y nunca lo hicieron.
Cuando ya estaba al descubierto y veía a Rachel acercarse vi como esta me gritaba y cambiaba de dirección, me di la vuelta para mirar hacia donde corría y me quedé estupefacto. Allí estaba nuestro Jeep con Sean disparando desde la ventana del conductor y a través del cristal delantero que había quedado hecho añicos a los pocos No Muertos que tenían su atención puesta en el, en ese momento comprendí que no es que Rachel tuviera la misma idea que yo, si no que había visto llegar a Sean.
Cuando llegamos al jeep nos metimos dentro de un salto. Todavía sin salir de mi asombro me quedé mirando a Sean que ya estaba pisando el acelerador. —¿Cómo sabias que estábamos aquí?
—Es sencillo, me harté de esperaros, urdí un plan y comencé a conducir hacia aquí mientras tocaba el claxon atrayendo la atención de los podridos que había embobados mirando las luces de la ciudad.— el vehículo salió disparado mientras Rachel se asomaba para disparar y allanar el camino. –No te imaginas lo que hacen los sonidos fuertes en los tímpanos de esos monstruos, fue escuchar el claxon y salir de esa especie de trance. Una vez dentro y viendo el percal que había montado solo tuve que conducir hasta el barullo, imaginaba que estabais metidos en el. Sabía que si me veíais llegar saldríais de vuestro escondrijo.
—Lo que has hecho es una locura… Pero estamos vivos gracias a ti. Recuérdame que te de las gracias cuando salgamos de esta. Ahora conduce— dije al tiempo que me asomaba por la ventana y descargaba una lluvia de balas sobre los vehículos y tipos armados, había que evitar que nos persiguieran. Aunque me imaginaba que no podrían, estaban demasiado ocupados con los No Muertos que los estaban asediando.
Sean condujo a toda velocidad por las calles hasta que salió por el mismo sitio por el que había entrado, se notaba en el estado en que se encontraba todo. Siguió conduciendo por las calles de la zona fuera de las vallas de seguridad y me percaté de que había algo extraño en el, estaba sudando y hacía muecas raras.
—¿Qué te pasa? No parece que te encuentres…— no terminé la frase, vi que en su estomago había una mancha de color oscuro. –Te han herido.
—No es nada— respondió Sean. Pero su respuesta no me convenció, pisé el freno rápidamente y el jeep derrapó, este me miró entonces. —¿Qué estas haciendo?
—No puedes seguir conduciendo en ese estado, déjame a mí, te llevaré a Portland para que te curen. Vete a la parte trasera, Rachel presiona sobre la herida. Si conduzco rápido no deberíamos tardar en llegar. Si hay algo positivo en todo esto es que no cogeremos tráfico ni atascos— dije obligándolo a salir del vehículo y poniéndome yo en su lugar.
Sean se sentó en el asiento trasero con unas pocas dificultades, Rachel hizo lo que le dije y yo comencé a conducir. Necesitaba llegar a Portland cuanto antes y hacer que los atendieran, suplicaría si era necesario.
Pisé a fondo el acelerador y cogí gran velocidad por la carretera. No sabía exactamente lo que tardaría en llegar, pero no me detendría ante nada. De vez en cuando miraba al espejo retrovisor para ver el estado de Sean, por su cara parecía que se estaba apagando poco a poco.
—Aguanta chaval, aguanta. Si sales de esta te juro que te llevaré de pesca y te presentaré cientos de chicas. Ya verás como…
No terminé la frase. Un fuerte golpe hizo que el jeep diese varias vueltas y me golpeara en todas partes. No se cuanto tiempo estuvimos dando vueltas, incluso perdí el conocimiento unos minutos, no se cuantos fueron con exactitud, pero cuando recobré de nuevo el sentido volví a mirar al retrovisor. Este estaba agrietado, pero aun podía ver a Sean y Rachel. Estaban vivos, lo sabía porque los veía moverse y gemir por culpa del dolor.
No sabía que había pasado ni que nos había golpeado por la puerta del copiloto, si me hubiesen golpeado por mi parte probablemente no lo habría contado. –Aguantad…— dije dando un golpe a la puerta, está se descolgó y yo me dejé caer de espaldas sobre la arena. Sentí un latigazo de dolor, quise incorporarme para sacar a Sean y Rachel del jeep, pero el dolor era demasiado fuerte.
—Mira por donde… El cerdo está vivo. Mejor, así Dorian le hará pagar lo que le hizo— dijo una voz que no me sonaba de nada. Era la primera vez que la escuchaba. –Volvíamos a Las Vegas y nos encontramos con estos. El resto ya habrá dado con sus amiguitos. Mira esto Randall, seguro que quieres darte el gusto de matarlo, pero es para Dorian.
—Joder Billy. Podrías haberlos matado. Te has pasado— esta vez escuché la voz de Randall. Esa voz no se me olvidaría nunca, no desde nuestro encuentro. Poco a poco vi su silueta alumbrada por los faros de un vehículo. Al principio lo veía como borroso, pero finalmente vi a Randall y a otros dos hombres.
—Bueno, que más da. Aunque a el no podamos matarle nos podemos divertir de todos modos con esa zorra y el crio. Sacadlos de ahí.
Randall y los otros dos se acercaron al jeep y sacaron a los dos de el. Entonces vi al cuarto hombre, su sonrisa era pura malicia.
—Me parece a mi que vais a visitar el infierno— el tipo me miró. –Quédate bien con mi cara. Por que hasta el momento de tu muerte te perseguirá sin descanso.

Todo había ocurrido muy deprisa, habían aparecido de repente y parecía que teníamos las horas contadas. Y lo peor de todo era que Dorian seguía vivo.

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