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sábado, 15 de noviembre de 2014

NECROWORLD Capítulo 55

Día 20 de Enero de 2010
Día 577 del Apocalipsis…
Portland (Oregón) Zona infestada 05:45 de la mañana…

Billy, Randall y su grupo habían montado su campamento en uno de los muchos garajes de la ciudad. Desde allí habían emboscado a las chicas, luego habían violado salvajemente a dos de ellas, mientras que a una la habían dejado dentro de la furgoneta muy mal herida y rodeada de explosivos, a la otra la habían dejado ir para que volviera a la zona segura de Portland con un mensaje, el cual esperaban que hubiese entregado. También habían hecho detonar los explosivos de la furgoneta poco después de que dos tipos se acercaran, como Billy quería, por orden de Dorian, estaban jugando.
Billy recorrió todo el garaje mientras observaba a ambos lados a sus hombres, algunos bebían y se tomaban la libertad de meterse algo de droga, no le importaba que lo hicieran si luego eran capaces de dar el cien por cien en el ataque que estaban preparando. No sería un ataque fuerte, solo sería una especie de aviso, algo que indicara que había comenzado el verdadero juego, eso no era lo que Dorian había ordenado, pero como Billy tenía carta blanca para dirigir la operación a su manera, no tenía que rendir cuentas a nadie, tampoco a Randall.
Por fin llegó a donde se dirigía, una furgoneta de color verde, abrió la parte trasera y se encontró con las dos chicas que todavía había en su poder. La chica al verlo, pese a estar amarrada de pies y manos trató de retroceder, la otra seguía en estado de shock después de contemplar como el y otros hombres habían estado violando a las demás chicas.
Billy agarró de los pies a la chica que trataba de huir y tiró de ella hacia el exterior de la furgoneta. La muchacha cayó al suelo y Billy la miró con una sonrisa.
—No me mires así. Tú has tenido suerte, hoy ya tengo los cojones vacios. Escucha, podría dejarte a mis chicos, pero prefiero ir directo al grano y mandarte de vuelta a tu hogar con las demás zorras. No te preocupes, no sufrirás… Lamentablemente, créeme que no me lo perdería— Billy le quitó la mordaza de un tirón. —¿Algo que decir?
—Que te jodan— respondió la muchacha escupiéndole a la cara.
Billy se limpió el escupitajo de la cara y siguió sonriendo. –No me lo pienso tomar a mal. Al fin y al cabo es lo que los cabronazos como yo nos merecemos— justamente en ese momento la golpeó dejándola sin conocimiento.
—¿La has matado?— preguntó Randall de repente apareciendo detrás de el. –Mira, le has abierto la cabeza. Te estás saltando a la torera todo el plan. Yo estoy al mando aquí y tú pasas de mí. Aquí mando yo.
Billy se levantó y pasó a su lado arrastrando de los pies a la chica. Ni siquiera miró a Randall, simplemente pasó a su lado ignorándolo. Eso hizo que Randall pasara corriendo a su lado y se plantara delante de el. Billy se paró en seco y lo miró. —¿Vas a seguir lloriqueando o me vas a echar una mano?— Billy le pasó los pies de la chica para que la siguiera arrastrando el. –Llévala a la otra furgoneta y ponle explosivos, quiero que la lleves al final de la calle y que el vehículo se precipite hacia su muralla principal, allí donde están todas o casi todas vigilando.
—Esto no es lo que teníamos que hacer— replicó Randall con las venas de la frente a punto de estallar, pero enseguida la mirada de Billy hizo que el enfado de Randall cesara de golpe. –Quiero decir que deberíamos seguir el plan a rajatabla, estamos jugando ya demasiado.
—Por si no lo recuerdas tengo carta blanca. Ósea, hacer lo que me salga de los cojones cuando me salga de los mismos. Y es lo que estoy haciendo. No hay fecha límite para esto. Así que podemos tomarnos nuestro tiempo. Además, me apuesto lo que quieras que la mensajera ya entregó el mensaje.
—Esa tía estaba tan destrozada que no podría decir una mierda aunque tuviera la boca llena de ella. Tu y tus chicos os habéis pasado.
—Tú también te la tiraste— respondió Billy. –Ahí no te quejabas tanto.
—Pero yo solo me la he tirado, lo que le hicisteis vosotros se llama tortura. Yo solo me divertía— balbuceó Randall mirando al suelo repetidas veces, era incapaz de mirar a Billy a la cara, le infundía demasiado terror.
—Lo nuestro también era diversión. Ahora haz lo que tienes que hacer y desaparece de mi vista. Me gustaría comenzar a jugar con esos de Manhattan hacia el medio día. Por cierto, supongo que estarás deseando encontrarte de nuevo con ellos y devolvérsela.
Billy se alejó de Randall y se metió dentro de un vehículo, donde cogió la radio y comenzó a hablar con alguien, seguramente se trataba de Dorian. Randall no podía evitar sentir celos de ello. Su líder no los tenía a todos en tan alta estima, pero sin embargo con Billy tenía otro comportamiento, era como su segundo al mando. Siempre tenía los mejores vehículos, los mejores hombres, las mejores mujeres para que pudiera acostarse con ellas, las mejores drogas. ¿Qué tenía ese Billy que no tuviera el?
Randall siguió caminando con la chica inconsciente a cuestas hasta que llegó a la furgoneta indicada, la sentó en el asiento del copiloto y comenzó a ponerle encima los explosivos mientras murmuraba cosas mirando a Billy en el vehículo, incluso llegó a verlo carcajearse y alzar la vista para mirarlo a el. ¿Se estaba riendo de el? Era lo que parecía. Se sentía como un pringado, el típico tío que lo usan siempre para lo mismo.
Estaba tan ensimismado mirando a Billy que no se dio cuenta de que la chica había recobrado la consciencia, solo se percató de ello cuando esta se lanzó sobre el y le mordió en la oreja. La muchacha dio un tirón y se llevó un pedazo de oreja detrás mientras Randall daba gritos a la vez se cubría la herida.
Randall se dejó caer fuera del vehículo a la vez que los demás llegaban hasta allí. Uno de los hombres se acercó a la chica y la golpeó otra vez dejándola de nuevo inconsciente, otros simplemente miraban a Randall mientras se reían de el, solo callaron cuando Billy acudió y les dedicó una severa mirada, luego se arrodilló junto a Randall y le agarró la mano con la que se cubría la herida.
—Esa puta me ha arrancado un trozo de oreja.
—Déjame ver— Billy le apartó la mano de la herida e hizo una mueca que Randall vio de reojo. –Ufff Randy, esto no tiene buena pinta— Billy se levantó y comenzó a dar voces. –Escobar. ¿Dónde estas?
En esos momentos apareció Mauricio Escobar, al que habían elegido por ser uno de los médicos de los que disponían en Las Vegas, el menos importante eso si, pero medico al fin y al cabo. Al llegar se rascó la calva, se ajustó las gafas y observó la herida de Randall.
—Le han arrancado un buen trozo. Tendré que ponerle anestesia y darle antibióticos para que no coja una infección. Sobra decir que no podrá hacer nada y que debe guardar reposo aquí— dijo Escobar mirando a Billy, al cual no pareció hacerle demasiada gracia.
—Eso nos deja con un hombre menos… Aunque sea un inútil. ¡¡¡Foster!!!— En ese momento otro hombre se acercó a Billy. –Tú te encargarás de hacer lo que iba a hacer Randall, písale fuerte y dirígete a la valla principal, activa los explosivos y salta del vehículo. Que se lleven una sorpresa.
—Como ordenes— respondió Foster.
Randall observaba a Billy y a los demás mientras el medico observaba su maltrecha oreja. En el fondo sabía que eso estaba haciendo que Billy cambiase planes, y también sabía que eso era algo que Billy odiaba especialmente y no se lo dejaría pasar así como así, al fin y al cabo, también había sido culpa suya, había bajado la guardia. Pudo ver en su rostro bastante rabia, una rabia que desataría contra los objetivos, tanta que se saltaría las ordenes de Dorian si fuese necesario. También se dio cuenta de que cargaría con todo lo que tuviese contra la comunidad de Portland.
*****
Portland (Oregón)
Zona segura… 06:00…

Rachel ya me había puesto al tanto de la situación y por lo tanto Juan también se había enterado. Desde ese momento había estado tomando una decisión mientras lo mismo que me había contado Rachel corría como la pólvora entre las habitantes del lugar.
Juan y yo salimos de la habitación y vimos como comenzaba a amanecer, el resto de nuestros compañeros también se habían reunido fuera junto a Amanda, la cual no nos miraba con buena cara.
—Amanda…— traté de decir, pero ello me pidió silencio.
—Sígueme. Ayudad a los demás a preparar el equipaje para que puedan marcharse con la mayor brevedad posible— sentenció Amanda dándose la vuelta y comenzando a caminar, yo comencé a seguirla y me di cuenta que muchas veces se daba la vuelta para ver si la estaba siguiendo.
Llegamos a la tienda de lona en la que habíamos tenido nuestras anteriores charlas, tomó asiento y me miró, esta vez sin servirse nada.
—Me duele mucho esto, de verdad, pero creo que ya sabes por que te pedí que me siguieras. Esa gente no se anda con tonterías, los conozco bien y llegamos una vez a un pacto de no agresión, uno que espero que siga en pie. Vuestra presencia aquí no hace otra cosa si no poner en peligro a mi gente, así que sintiéndolo mucho tengo que instaros a que os marchéis. No dudo que seáis buena gente, pero no nos conviene que os quedéis. Marcharos cuanto antes.
—Podemos ayudaros. No permitiremos que hagan daño a nadie de aquí, podemos…
—La decisión está tomada. Lo siento— respondió Amanda silenciándome de nuevo, no estaba dispuesta a negociar por que ya había tomado una decisión. Con lo cual mi idea de mudarme allí con los míos también se iba al traste.
Sin nada más que hablar me di media vuelta y salí de la tienda de lona. Enseguida me topé con Juan, el cual parecía que nos había estado escuchando. –Parece ser que nos echan del paraíso. Se veía venir.
—Por un lado las entiendo, esos tipos que están a las órdenes de Dorian son peligrosos. Están asustadas, temen un ataque a gran escala, ya que van a por nosotros será inevitable que les salpique a ellas. Por lo tanto las entiendo, debemos irnos.
—Bueno, volvemos a nuestra casa…— Juan me miró. –Ya encontrarás algún lugar en el que establecerte fuera de Manhattan. Lo importante es que…
Juan no terminó la frase, escuchamos primero unos gritos y luego una explosión. Muchas chicas comenzaron a correr en todas direcciones. No sabíamos que estaba ocurriendo, pero entonces vimos un resplandor anaranjado en la muralla principal. Fuese lo que fuese lo que había ocurrido venia de allí.
Juan y yo no tardamos nada en llegar a la muralla principal. Cuando llegamos vimos una gran brecha abierta, los restos humeantes de algún vehículo y varias personas caídas en el suelo, enseguida vimos a Sheila arrastrando a una chica ensangrentada. Yuriko también apareció a mi lado, tenía un corte en la sien.
—¿Qué ha pasado?
—Una furgoneta apareció de repente y se estrelló contra los neumáticos, segundos después estalló lanzándonos por los aires. No sabemos más— me explicó Yuriko.
De repente escuchamos un grito de Alexandra. —¡¡¡Caminantes!!! Se acercan.
Alexandra y un grupo de chicas que no estaban heridas comenzaron a disparar sin césar. Juan y yo nos encaramamos a los restos de la muralla y vimos a varios caminantes surgir de varios puntos de la calle de la zona infestada, todos avanzaban hacia la brecha abierta, todos atraídos por el ruido, si no hacíamos algo pronto, los No Muertos comenzarían a irrumpir en la zona segura.
*****
Manhattan… Zona segura.

La zona segura de Manhattan amaneció con la noticia de la muerte de Graham dada por el sargento Cooper en la televisión. Cada ciudadano desde su casa escuchó palabra por palabra lo que decía el que estaba al mando en esos momentos de la ciudad.
Cooper en televisión habló sereno hasta que no pudo controlar las lágrimas, el funeral sería a tempranas horas de la mañana y se pedía que todos los habitantes acudiesen.
Eva que lo vio en su casa nada más levantarse no pudo contener las lágrimas tampoco, ese hombre le caía bien y había hecho muchas cosas por ellos desde que habían llegado y se imaginaba que era una noticia que no sentaría nada bien a Juanma cuando regresara.
Despertó a Vicky y comenzó a vestirla, ese día iba a ser de luto y no habría colegio. Cuando terminó de vestirla le preparó el desayuno mientras la pequeña veía un video, suponía que quería distraerse después de recibir la noticia.
Llamaron al timbre y fue a abrir, cuando abrió la puerta se encontró con Alicia y Sandra, las cuales se habían enterado también y pasaban a buscarla para ir todas juntas al funeral. Nada más entrar, el pequeño Cristian caminó dando trompicones hasta Vicky, la cual lo recibió con un abrazo.
—No me esperaba para nada esto. Después de todo lo que hicieron para salvarle la vida. Juanma no se lo tomará nada bien cuando regrese— dijo Sandra mientras miraba hacia la ventana, no se percató de la mirada de Alicia. La cual la miró con expresión de que no sabían si iban a regresar pronto, perfectamente podría pasarles algo. No era por ser catastrofista ni nada, pero en ese mundo era una realidad.
—¿David también se ha enterado?— preguntó Eva mirando a Alicia, la cual enseguida volvió su mirada hacia su amiga.
—David se fue pronto esta mañana, me dijo que tenía cosas que hacer, pero no se el que.
—Bueno, espero que no se pierda el funeral— respondió Alicia.

David entró en el apartamento que les había indicado a Mouse y Christopher la ultima vez que los vio. Había recorrido las calles con cautela cargado de comida para sus dos nuevos amigos, durante el trayecto había visto las consecuencias de la noticia de la muerte de Graham. Nada más entrar en la casa se vio sorprendido por el cañón de un arma.
—Soy yo— dijo David. Enseguida el cañón bajó y David se encontró cara a cara con Christopher. —¿Dónde está Mouse?— preguntó David finalmente.
—Subió a la azotea. Está controlando la zona— respondió Christopher.
—¿Qué está donde?— preguntó David dejando la bolsa de comida en el suelo y saliendo corriendo por la puerta principal seguido por Christopher.
Cuando llegaron a la azotea del edificio se encontraron con Mouse metido dentro de una gabardina negra, estaba oculto debajo de un toldo.
—¿Qué haces aquí? Podrían verte y entonces tendríamos problemas. Acabaríamos todos en prisión o peor… Colgados— le increpó David.
—No me verán, tranquilo. La ciudad ha amanecido rara hoy. ¿Qué ha pasado?
—Graham murió esta noche. Harán el funeral dentro de una hora o dos. Tengo que ir. Ahora si eres tan amable… Por favor, vuelve al jodido apartamento.
Mouse levantó las manos y miró a David. –Vale, vale. No te cabrees.

Los tres regresaron al apartamento y Mouse comenzó a sacar comida de la bolsa y a ojearla con detenimiento, luego miró a David. –No es por joder… Y no dudo que te hayas esforzado en traernos todo esto, pero me hubiese gustado que hubieses traído algo de carne, salchichas o hamburguesas… Me chiflan.
—Confórmate con lo que hay. Ahora me tengo que ir… Y por favor, tratad de no salir de aquí. Nos estamos jugando mucho con esto— respondió David, seguidamente salió por la puerta dejando a Mouse y Christopher a solas en el apartamento.
Christopher se acercó a la puerta y miró por la mirilla para ver como David se alejaba por el pasillo, luego miró a Mouse.
—Ya se fue. ¿En serio quieres largarte de aquí?
—Esto es como un maldito zulo. No sobreviviremos mucho tiempo así y estamos como demasiado expuestos. Además, algo me dice que con la muerte del viejo Graham no la dejarán como está y buscarán culpables. A ver si adivinas a quien culparán… Eso es, a nuestra gente, saben que no acabaron con todos y si lo que digo pasa los volverán a buscar para terminar el trabajo. Por no hablar de que el capullo de Zero está buscando guerra. Tenemos un coctail explosivo lo mires como lo mires.
—¿Qué propones entonces?— preguntó Christopher. –Si bajamos ahí abajo y Zero o los suyos nos ven estaremos muertos, seguramente se ha estado ganando más seguidores. Descarta eso tío, quedémonos aquí, de verdad.
Mouse miró a la ventana y lanzó un suspiro, quería hacer algo por la gente inocente que todavía quedaba en los túneles y que si estallaba otra guerra pagarían las consecuencias, pero Christopher tenía razón, en esos momentos Zero tendría muchos seguidores, eso hacía que tanto Christopher como el, fueran traidores allí abajo después de lo que habían visto, no era sensato regresar.
—Ya no propongo nada. Las cosas ahí abajo son un poco diferentes desde la muerte de papá Angelito, seguramente quieran nuestras cabezas y nos consideren traidores… Zero se habrá encargado de dejarnos como tales, al menos a mí.
—Debemos quedarnos aquí al menos hasta que Juanma vuelva. Luego veremos que hacer— terminó diciendo Christopher.
—Gracias— susurró Mouse mientras se sentaba en una silla.
—¿Por qué me las das?— preguntó Christopher.
—Por que desde que perdí a Kimberly me falta cierta cordura, una cordura que me estás devolviendo tu. Si no fuera por tu compañía creo que ya habría hecho una locura.
Christopher sonrió. –Vaya, me alegra saber que soy algo así como tu Pepito Grillo particular.
Ambos amigos comenzaron a reír. Hacía tiempo que Mouse no se reía así. Dentro de lo malo, Mouse estaba recuperando la alegría de vivir que había perdido después de la muerte de Kimberly.
*****
Manhattan… Zona infestada…

La noticia de la muerte de Graham había llegado hasta oídos de Zero. Este esbozó una sonrisa y se levantó del sillón en el que se encontraba, había estado haciendo planes desde que se había enterado. Después del ataque, el y los suyos habían estado merodeando por los túneles hasta que salieron de la zona segura, ahora en la zona infestada habían salido a la superficie y se habían refugiado en un gran almacén.
—Reunid a todos los que podáis, debo anunciar algo— dijo Zero mirando a sus gorilas. –Mejor, reunidlos a todos, esto es importante.
—A sus órdenes señor Zero— dijo uno de los hombres, estos desaparecieron del despacho donde Zero se encontraba.
Al poco rato Zero salió del despacho y se encontró con toda la gente reunida allí abajo, todos lo observaban como si estuviesen esperando a un dios. Así lo hacían sentirse y eso era lo que el quería ser para ellos, al igual que lo fue papá Angelito cuando vivía.
Allí había hombres, mujeres, ancianos, adolescentes y niños, un total de setenta personas que habían logrado escapar con vida de los túneles.
—Me alegro de veros a todos, hasta mis oídos ha llegado una noticia que imagino que también sabréis vosotros. El general Graham ha muerto y eso es una gran noticia para nosotros… Por que eso nos acerca mucho más a nuestro objetivo, la gente de Manhattan debe estar deprimida. Va llegando el momento de devolvérsela, hay que atacar y os necesito a todos. Os necesito a todos empuñando un arma y luchando por lo que nos pertenece, nos pertenece esa ciudad. —Todos los que estaban allí escuchando comenzaron a mirarse entre ellos, algunos incluso murmuraban algo que Zero no llegaba a entender bien. –Calmaros, calmaros. Os digo esto porque confió en vosotros. Además… Ellos mataron a papá Angelito,  y nosotros queremos venganza, nos la tomaremos y asumiremos el control de la ciudad, conseguiremos la cura que poseen y viviremos como nos merecemos.
—Pero ahí en la ciudad hay mujeres y niños, ellos no tienen la culpa— replicó una mujer. –Ellos no tienen por que pagar lo que han hecho otros.
—Entonces haremos prisioneros y solo permitiremos vivir o quedarse en la ciudad a aquellos que decidan seguirme a mí. Quiero venganza pero seré justo.
—¿Y que haremos con los militares? Esos no se rendirán sin luchar. ¿También a ellos los haremos prisioneros?— preguntó un hombre entre la multitud.
—Los militares… A ellos los quiero todos muertos— respondió Zero levantando el puño.
—Pero aquí hay mucha gente que no sabe empuñar un arma. Eso es un problema— dijo una mujer con un pañuelo en la cabeza. –Si atacamos ahora… Solo conseguiremos bajas en nuestras filas. No podemos atacar a ciegas.
—Y no lo haremos. Primero que todos aquellos que no hayan cogido un arma nunca practiquen. Los que ya sepan usarla que les enseñen… Y dentro de unos días les haremos sentir verdadero terror. —Todos comenzaron a mirarse y a murmurar entre ellos, seguidamente Zero alzó el puño en el aire. –Que todos aquellos que vayan a seguirme alcen el puño al aire.
Todos los presentes en el almacén alzaron el puño y comenzaron a vitorear a Zero. El lo había conseguido, todos los presentes lo seguirían incluso hasta el infierno si el se lo pedía.
Después de su discurso se metió en el despacho que había ocupado, se sirvió un vaso de vino y mientras le daba un trago comenzaba a maquinar una parte de su plan que no había comentado con nadie, ni siquiera a sus seguidores más allegados, una parte que tenía mucho que ver con el asalto al hospital y conseguir algo muy importante que se encontraba en el.
*****
Carlos cubierto con una chaqueta y una capucha comenzó a caminar entre la multitud que aclamaba al nuevo mesías. Le asqueaba estar entre toda aquella basura, pero había tenido que infiltrarse desde el momento que advirtió su presencia. Gracias a eso se había enterado de cosas muy interesantes, del ataque que estaban tramando y de la muerte del maldito viejo. Ya era hora, pensaba Carlos.
Carlos también estaba planeando algo, no podría regresar a la ciudad a por Eva en situaciones normales, así que debía esperar a que los escorias atacaran, sería el momento perfecto para entrar el también en la ciudad y llegar hasta Eva. Ahora en esos momentos solo le quedaba salir de allí, volver a su refugio, cambiarse los vendajes de la herida y darse una buena ducha para quitarse el maldito olor de toda aquella chusma que para el apestaba como mierda de rata.
*****
Portland (Oregón)
Zona segura… 7:45 de la mañana.

Cientos de caminantes se habían congregado en el lugar de la explosión como moscas. Todos trataban de entrar en la zona segura y algunos lo habían conseguido. Algunas mujeres, miembros de mi grupo y yo habíamos ocupado posiciones mientras disparábamos manteniendo a raya a los No Muertos que o dejaban de llegar.
—Hay que cerrar esa maldita grieta— le dije a Juan mientras disparaba a la cabeza de una No Muerta que estaba apunto de alcanzar a Alexandra, la cual también estaba abatiendo a caminantes sin descanso y había tenido que cambiar el cargador.
—Muy bien. Voy a por el camión… ¿Bastará?— preguntó Juan.
—¡¡¡Si!!!— le grité, entonces busqué a Butch que estaba a unos metros por delante de mi. –Butch, busca un puesto más alto y cúbrenos desde ahí mientras bloqueamos la entrada.
En ese momento vi llegar un par de camiones, de uno se bajó Amanda, a la cual la siguieron varias chicas más, entre ellas Stacy, estas comenzaron a bajar neumáticos como los que había en las murallas construidas.
—¿Qué está haciendo?— le pregunté retrocediendo unos pasos sin dejar de disparar.
—Ya no podremos recuperar esa entrada. Tenemos que construir una nueva mientras mis chicas los mantienen a raya. Vosotros marcharos de aquí, ya habéis hecho suficiente. Largaros ahora mismo— las palabras de Amanda se me clavaron como puñales. ¿Nos estaba echando de allí en esos mismos instantes pese a que estábamos dándolo todo por ayudarles? –Os estoy pidiendo que os marchéis, subid a vuestros vehículos y salid por detrás.
No entendía por que nos echaba en esos momentos. Estábamos ayudándoles, dándolo todo por protegerlas de la invasión de caminantes y sin embargo nos estaban expulsando en esos mismos momentos, traté de hablar con ella, convencerla de que no nos echara de allí, pero no había forma de convencerla, seguidamente me di la vuelta y miré a Juan y a los demás al tiempo que dejaba de disparar.
—¡¡¡Chicos!!! ¡¡¡Nos vamos!!!
Todos me miraron incrédulos, pero aun así comenzaron a seguirme mientras dejaban de disparar. Todos, incluidas las chicas. Cuando pasé por al lado de Amanda esta me dirigió una mirada, supe lo que quería decirme: “Antes de vuestra llegada éramos felices y no teníamos estos problemas”.
Todos desfilamos hasta nuestros vehículos mientras las chicas seguían disparando contra los No Muertos. Cuando llegamos a nuestros vehículos nos encontramos con la familia Mexicana a la que Juan y yo habíamos salvado, estos estaban acompañados por Stacy.
—Siento que haya acabado así, pero si os marcháis. Esa gente nos dejará en paz.
—Eso no lo sabéis— respondí. Seguidamente me subí a un jeep junto a Rachel y Sean.
Pusimos los vehículos en marcha y recorrimos la calle hasta que salimos por una puerta similar a la de la muralla principal. Una vez fuera no pude evitar dar golpes en el volante, todo se había ido al traste.
—¿Qué haremos ahora?— preguntó Sean. —¿Volveremos a Manhattan?
—Tenemos que llevar a la familia Mexicana y que los registren en Manhattan. Eso es lo que tenemos que hacer— respondió Rachel. –Que les den a estas tías. Les trajimos comida y las queríamos ayudar y nos largan. Que les follen.
Salimos a las afueras de la ciudad y allí detuvimos los vehículos, me bajé del jeep al igual que todos los demás se fueron bajando también, por sus miradas me temía que iban a comenzar las preguntas.
—¿Qué cojones ha pasado? ¿Las ayudamos y nos echan? No tiene sentido, deberíamos volver y decirles cuatro cosas bien dichas— me espetó Butch. –Ahora verás, me meteré en el jeep y entraré allí por la fuerza.
—No lo harás— le dije. Butch trató de replicar, pero yo lo corté. –No harás nada. Volveréis a Manhattan.
—¿Volveremos? Hablas como si tú no vinieses— preguntó Juan.
—Antes tengo algo que hacer. Es algo importante, solo necesitaré a dos personas para que me acompañen. Los demás regresareis a Manhattan junto a estas personas— dije al tiempo que hacía un gesto con la cabeza señalando a la familia Mexicana. Los demás regresad.
—Vale, yo voy contigo— dijo Juan ofreciéndose.
—No— le negué. –Te necesito con ellos, quiero que los protejas hasta llegar a Manhattan.
—Yo iré contigo sea donde sea— dijo Rachel pasando entre los demás y mirando a Sheila de reojo. Enseguida me di cuenta de que ocurría algo entre ellas.
—¿Alguien más?— pregunté mientras Rachel se posicionaba a mi lado, entonces vi que Sean levantaba la mano. Enseguida puse una mano delante. –No, tu no.
—Escucha jefe. No soy un crio ya, puedo hacer esto. Prometo no ser una carga para ti y ayudarte en todo lo que sea— dijo Sean adelantándose y poniéndose frente a mi. –No te arrepentirás.
Miré a Juan por encima de los hombros de Sean y este me miró a mi. –Confío en el, nunca antes lo he visto tan decidido. Dudo que te falle— Volví a mirar a Sean y asentí.
—Muy bien. Sean y Rachel vendrán conmigo— dije finalmente aceptando al joven muchacho para que viniera conmigo.
Una vez estuvimos preparados comenzamos a despedirnos de los demás. Me di cuenta de lo que había cambiado, mientras que Sean y Johana se despedían de forma amistosa, Rachel y Sheila sin embargo apenas se miraron. Me dirigí a Juan y comencé a hablarle.
—Si vais siguiendo el camino por el que vinimos deberíais llegar a Manhattan en dos días más o menos, más dependiendo de las paradas que hagáis. Tened cuidado y tratad de evitar a esos tipos lo máximo posible.
—¿Y tu? ¿A donde vas?— preguntó Juan, sabía que tramaba algo y me había descubierto a la primera. —¿Qué es lo que estás tramando? Se que tramas algo.
—Quiero cortar el problema de raíz. Muerto el perro se acabó la rabia— le respondí.
Juan se quedó un rato pensativo y luego me miró con el ceño fruncido. Ya sabía lo que me proponía. –Te vas a meter en un buen lio como esto no salga bien, esa gente no creo que sean de los que negocian. Te dispararán y luego te preguntarán.
—¿Se te ocurre algo mejor? Quiero intentarlo— entonces miré a mis dos acompañantes voluntarios. –Ellos solo me acompañarán hasta allí y ni siquiera entrarán. Fuera al menos correrán menos peligro. Al menos eso espero— entonces miré al resto. –Cuida de ellos y si aun no me encontré con vosotros antes de llegar a Manhattan… Quiero que le digas a Eva que la quiero. ¿Lo harás?— le pregunté finalmente a la vez que le ponía la mano en el hombro.
—Cuenta con ello— respondió Juan.
Nos terminamos de despedir de los otros y luego Sean, Rachel y yo nos subimos al jeep, ahí les explicaría cual era el plan que rondaba en mi mente, iba a ser peligroso, pero era algo que tenía que hacerse a cualquier precio.
—Bueno… ¿Vas a decirnos a donde nos dirigimos?— preguntó Rachel.
—Voy a cortar el problema de raíz. Esos tipos que estaban jugando con nosotros en Portland estaban a las órdenes de Dorian… Pues si Dorian desaparece, también ellos lo harán— le dije, eso hizo que Sean y Rachel me miraran con ojos como platos.
—¿Vas a por Dorian? Eso es una locura— dijo Rachel.
—Te matará— añadió Sean. –No se quien es, pero si mandó a esos matones no creo que sea uno de esos tipos a los que se les pueda dar la espalda.
—Lo se— respondí. –Primero trataré de razonar con el y llegar a un acuerdo. Si eso no funciona deberé tomar otras medidas.

Estaba decidido, mi siguiente parada eran Las Vegas, quería ver a Dorian en persona y tener unas palabras con el. ¿Nos quería? Pues iba a recibir mi visita.

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