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sábado, 8 de noviembre de 2014

NECROWORLD Capítulo 54

Día 20 de Enero de 2010
Día 577 del Apocalipsis…
Portland (Oregón)…

La muchacha herida siguió dando pasos al frente ante las miradas atónitas de Alexandra, Stacy y las demás chicas. Hubo varios caminantes que al verla trataron de alcanzarla, pero la rápida actuación de las chicas lo evitó. Rápidamente Alexandra bajó de un salto de la plataforma y comenzó a quitar los candados de la puerta, cuando esta estuvo abierta, la muchacha entró y enseguida se desplomó en el suelo.
Alexandra se lanzó sobre la muchacha, se trataba de una joven de veinte seis años llamada Karla, su estado era deplorable, incluso se notaba que le habían arrancado mechones de cabello ¿Qué clase de monstruo podría haberle hecho algo así? Y lo más importante ¿Por qué?
Alexandra trató varias veces de hacerla regresar de ese estado de trance, pero no había manera, la abofeteó y sacudió ante la mirada de las demás. Entonces las miró.
—Rápido, necesitamos a la doctora ya. No hay tiempo que perder.
Dos chicas salieron corriendo y al cabo de unos minutos llegaron acompañadas de la doctora Lars. Esta comenzó a inspeccionar a la chica mientras en su cara se podían ver todo tipo de expresiones, miró a sus genitales y fue en ese momento cuando su cara alcanzó la máxima expresión de horror.
—¿Qué le han hecho doctora?— preguntó Stacy mientras apretaba los puños con fuerza. No recordaba haber hablado nunca con aquella chica, pero aquello no era excusa para no sentir una profunda rabia por lo que le habían hecho.
La doctora suspiró y comenzó a dar explicaciones. –Tiene desgarros vaginales y restos de semen de quizás, varios individuos. También tiene desgarro anal producido por algún objeto, también tiene cortes en el pubis y hematomas. La han estado violando y haciéndola sufrir.
—Que hijos de puta— dijo Alexandra poniéndose de pie y dándole una patada a una papelera. –Voy a hacerlos trizas, seguro que a las otras chicas las están reteniendo y ella pudo escapar.
—¿En serio crees que la han dejado escapar?— preguntó en ese momento la doctora Lars. –Puede que me equivoque, pero a esta chica la han dejado ir a propósito. Sea quien sea el responsable de esto, está ahí fuera, puede que vigilándonos.
—Deberíamos informar entonces a Madre ¿No?— preguntó Stacy. –Si hay alguien ahí fuera que pretenda atacarnos… ¡¡¡Lo tiene que saber!!!
—Ve y avísala— respondió Alexandra tomando el mando de la situación en ese momento. –Yo mientras tanto reuniré a un grupo y saldremos a buscar a las demás. Seguro que están vivas.
—Pues sinceramente espero que no— respondió en ese momento la doctora, lo que hizo que Alexandra la mirara con una expresión severa. Eso hizo que la doctora la mirara y comenzara a dar explicaciones. –Lo que han hecho con esta chica es tan atroz que más vale morir antes de sufrir lo que le han hecho sufrir a ella. Además, no se que esperas conseguir saliendo a buscarlas, estén vivas o no, solo conseguirás que aumente el numero de victimas. No sabes ni a quien ni a cuantos te enfrentas. ¿En serio quieres arriesgar tu vida y de más gente por ello? Piénsalo.
Alexandra lanzó un gruñido y apretó los puños con fuerza, la doctora tenía mucha razón, no sabían a quien se estaban enfrentando, aunque se podía hacer una idea clara. Aun así no estaba segura y tampoco estaba segura del número de enemigos. No podía lanzarse a ciegas al exterior con un grupo y menos llevada por la rabia.
—Muy bien, pero quiero que se extremen las precauciones y se aumente la vigilancia. Llevemos a esta chica a la enfermería, y despertad a la chica que vino con aquel grupo, es medico también, la doctora Lars necesitará ayuda.
*****
Sheila y Rachel habían acabado de tener relaciones sexuales cuando ambas se tumbaron en la cama de matrimonio que les habían cedido, un gran favor que les habían hecho tras decir que eran pareja, algo que su anfitriona se tomó muy bien.
—¿Sabes? Creo que podría adaptarme muy bien a este lugar… No se, me gusta— confesó Rachel con una sonrisa que Sheila pudo ver gracias a la tenue luz de la mesita de noche. Sheila no respondió, estaba un poco avergonzada por como había gemido, esperaba que las otras que estaban durmiendo cerca no las hubiesen escuchado. —¿No dices nada?
—Si… Creo que no estaría mal. Aunque creo que mataría a cualquiera que se te acercara más de dos pasos, ya me di cuenta como te miraban algunas de las chicas. Aunque lo entiendo, estas buenísima— dijo Sheila a la vez que le daba un beso en la frente.
—¿Y como sabes que era a mi a quien miraban y no a ti? Que yo sepa, tú no estás nada mal tampoco. Sería yo la que mataría a todo aquel o aquella que se te acercara demasiado. Te juro que lo haría.
—Y yo me lo creo— respondió Sheila. –Tienes una puntería que sinceramente da miedo.
Rachel sonrió y rápidamente la besó en los labios. –Por ti haría cualquier cosa.
Justo en ese momento la puerta de la habitación donde dormían se abrió y varias chicas entraron, esa irrupción hizo que también Yuriko y Laura se despertaran de golpe. Sheila se cubrió el pecho con las sabanas cuando vio que las chicas se paraban delante de su cama.
—Necesitamos que nos eche una mano doctora. Es importante— le espetó una de las chicas. Sheila miró entonces a Rachel y luego a las chicas.
—¿Qué ocurre?— preguntó Sheila finalmente mientras Rachel se ponía en pie y comenzaba a vestirse.
—Tenemos problemas graves… Creo que será mejor que venga cuanto antes. No la molestaríamos si no necesitásemos su ayuda urgentemente— dijo otra chica.
Rachel se había dado cuenta ya de que algo no iba bien y miró a su novia. –Creo que será mejor que hagas lo que dicen. Aquí está pasando algo, yo voy a despertar a Juanma y a los otros— Entonces miró a Yuriko y a Laura que también se estaban levantando y vistiendo.
Como bien había deducido Rachel y aquellas chicas habían dicho, había problemas serios, serios de verdad, podía verlo en los rostros de las muchachas, había miedo y tensión.
Cuando Sheila estuvo vestida, todas salieron de la gran habitación en la que se encontraban, siguieron un pasillo y finalmente salieron al exterior. Mientras que Sheila se largaba acompañando a las chicas, Rachel, Yuriko y Laura iban hacia las tiendas de campaña donde los chicos dormían plácidamente. Pronto ese sueño sería interrumpido.
*****
Me desperté cuando noté una mano en mi hombro, esta me estaba zarandeando para despertarme de la forma más suave posible. Abrí los ojos y me encontré con Rachel alumbrando con una linterna.
—¿Qué ocurre? ¿Por qué me despiertas?— pregunté mientras bostezaba.
Rachel me habló en voz baja. –Parece ser que hay problemas, un grupo de chicas entraron en el dormitorio y le pidieron a Sheila que las siguiera. No dijeron que ocurría, solo que era grave. Sinceramente, esto no me gusta nada.
Me fui despejando poco a poco y presté atención al exterior, parecía que las mujeres que allí vivían estaban movilizándose. Me puse de pie y salí de la tienda junto a Rachel al mismo tiempo que también lo hacían Juan, Sean y Johana. Estos dos últimos salían de una tienda. Cuando Juan los vio sonrió a Sean y le levantó un pulgar.
En ese momento vi a Stacy que iba caminando por la calle junto a Amanda, al verlas comencé a correr hacia ellas seguido por Rachel, cuando las alcancé frené en seco a la líder de la comunidad. —¿Qué está ocurriendo? Es como si estuviésemos entrando en alerta máxima o nos preparásemos para la guerra.
—Eso es precisamente lo que estamos haciendo. Hace un rato apareció una de las chicas que salieron esta noche para buscar gente y medicamentos. La chica apareció en un estado lamentable y terrible, la doctora Lars afirma que la han torturado y violado brutalmente y repetidas veces. Aun hay más chicas desaparecidas. Creemos que el enemigo está cerca.
Me quedé un rato pensativo y solo pude pensar en el grupo de Randall. Podrían haber sido ellos o algún otro grupo similar, fuese lo que fuese, si el estado de la chica era tan grave y espantoso como decían, era obvio que el enemigo era peligroso y debíamos estar atentos para cuando atacaran, lo cual me imaginaba que no tardaría en ocurrir. La pregunta era: ¿Qué querían exactamente de aquel lugar? Entonces caí en la cuenta de algo, quizás no querían nada de ese lugar, si no a alguien… Y ese alguien podríamos ser nosotros. Había dejado escapar a Randall y este podría haberse reagrupado y luego habernos seguido hasta allí. No pude evitar sentirme culpable. Entonces sin decir nada de lo ocurrido anteriormente miré a Amanda. –Cuente con nosotros para ayudar en todo lo que sea necesario. Prometo que defenderemos este lugar con uñas y dientes— En ese momento miré a Johana. –Rápido, busca a Butch, lo vamos a necesitar.
—A la orden— dijo Johana, luego salió corriendo. Momento que Sean aprovechó para acercarse.
—Perdona si antes estuve borde contigo. Creí cosas que no eran y… Bueno, que fui un imbécil. Lo siento— Las palabras de Sean me dejaron parado, entonces sonreí al tiempo que le daba una palmada en el brazo.
—No es nada. Tranquilo. Ahora debemos hacer unas cuantas cosas.— después de decirle eso me di la vuelta y comencé a caminar hacia la muralla defensiva principal, era allí donde se dirigían casi todas las mujeres del lugar.
—Juanma— dijo en ese momento Sean con tono asustado, me di la vuelta y lo miré.
—¿Si?
—¿Es muy grave lo que está pasando? Tengo algo de miedo y temo no estar a la altura.
Volví a caminar hacia el y le puse la mano en el hombro. –No te voy a mentir… Es un asunto un poco complicado, pero no dudo ni por un segundo de ti. Estoy convencido de que estarás a la altura.
—Gracias— respondió Sean mucho más animado. Seguidamente comenzó a seguirme. Pronto estaríamos en la muralla y recibiríamos más datos de lo que estaba pasando. Yo estaba dispuesto a salir a buscar y dar caza a quien fuera necesario.
*****
El corazón de Sheila dio un vuelco cuando vio el estado de la chica. Se hubiera esperado cualquier cosa menos eso. No entendía como el autor había sido capaz de semejante monstruosidad. La chica era joven, pero debido a los golpes y heridas parecía que hubiese envejecido varios años de golpe, sus labios estaban hinchados y morados.
—Soy la doctora Lars— dijo la mujer que había allí cuando se acercó.
Sheila le estrechó la mano sin quitar la vista de encima a la pobre muchacha. —¿Qué le han hecho a esta chica? ¿Quién ha sido capaz de algo así?
—Se lo explicaré mientras procedemos— dijo Lars poniéndose a un lado de la camilla. Sheila la siguió y observó a la herida de más cerca. El nudo de su estomago comenzó a formarse rápidamente. Enseguida siguió hablando. –A esta chica no solo la han penetrado con sus genitales, también lo han hecho con objetos. Le he hecho unas radiografías y he descubierto que tiene cristales rotos dentro de la vagina. Debemos operar y extraerlos, por eso necesito tu ayuda. Debemos ponernos a ello cuanto antes.
Sheila apretó los dientes y comenzó a sopesar los problemas que podrían surgir durante la intervención. Nunca antes desde que llegó a Manhattan había tenido que tratar un caso así. Aquello era algo nuevo para ella a la par que grotesco. Sin embargo miró a la otra doctora. –Vamos a ello. Hay que salvarle la vida a esta muchacha.
Justamente en ese momento vio como entraban en la sala dos chicas armadas, una de ellas enseguida le quitó el seguro a su fusil. Sheila enseguida supo el por que lo de su presencia allí. Estaban allí por si la chica moría y luego se reanimaba, ellas eran las encargadas de matarla si se convertía en un caminante.
—Atenta Sheila. La vida de esta chica depende de nosotras, si se nos muere habremos fracasado estrepitosamente. No nos lo podemos permitir. Tengo aplicada la anestesia, debemos darnos prisa, empezaremos con el bisturí.
Sheila cogió el bisturí y se lo pasó a Lars. Enseguida la doctora que parecía más especializada en esas intervenciones comenzó a hacer la incisión.
*****
Johana llegó al camión y miró a través de la ventana del conductor, allí estaba Butch envuelto en una manta. Cuando Johana comenzó a dar golpes en el cristal, Butch se sobresaltó, al verla salió del camión.
—¿Qué pasa? ¿No puedo dormir tranquilo o que?— en ese momento, Butch vio como las chicas se movían a su alrededor totalmente armadas. –Espera… ¿Qué está pasando aquí? Hay movida parece.
—La hay. ¿Recuerdas a los capullos que nos asaltaron en aquella área de servicio? Pues creo que han vuelto con más humos que nunca. Parece ser que nos tocará darles estopa otra vez. ¿Estás listo?
Butch asintió. –Siempre lo estoy. Solo que esto no estaría pasando si nuestro líder no los hubiese dejado escapar. Las cosas como son— Butch cogió su rifle y le quitó el seguro. –Pero que me aspen si no será más divertido. Acabemos con ellos.
Butch y Johana se alejaron del camión y llegaron a la muralla principal donde enseguida, Juan y yo los recibimos.
—¿Hay movimiento enemigo?— preguntó Johana subiendo de un salto y situándose a mi lado para mirar a la calle donde solo se veían caminantes solitarios.
—De momento no— entonces miré a Juan. –Acompáñame.
—Dalo por hecho— respondió Juan.
Los dos bajamos y yo me dirigí a Alexandra. –Ábrenos la puerta. Saldremos a ver si vemos algo que nos llame la atención. No aceptaré un no por respuesta.
Alexandra iba a decir algo, pero se calló y comenzó a abrirnos la puerta, seguidamente Juan y yo abandonamos la zona segura de Portland y comenzamos a caminar por la calle, de vez en cuando disparábamos a algún No Muerto que se nos cruzaba.
Los dos éramos conscientes de los riesgos que estábamos corriendo al estar ahí, no solo estaban los caminantes, si no también un  número desconocido de enemigos. No sabíamos cuantos podían ser en total, pero era evidente que no serian ni uno ni dos, nos superaban en número seguramente.
—¿Qué os lo que pretendes saliendo de la zona segura y adentrándote aquí?— preguntó Juan. Era obvio que no se le escapaba ni una, me di la vuelta y lo miré.
—Si nos atacan, no nos libaremos de sufrir bajas. He salido a ver si nos encontramos con ellos para negociar… Al menos tratarlo. Quiero saber que quieren en realidad. Quiero proteger a esas mujeres… Ya que esto es posible que sea por nuestra culpa.
—Yo también lo había pensado. Aunque creo que esto es una locura también. Y por otro lado me alegro que me hayas elegido a mi y no al memo de Butch— explicó Juan mirando a su alrededor. –Es un poco impulsivo y estoy seguro de que la cagaria a la primera de cambio. Vamos, no me cabe duda.
—Tu por lo menos eres más sensato— le respondí.
—Todos tenemos lo nuestro. Tú por ejemplo también eres un poco suicida. Ahora mismo lo estás demostrando— eso hizo que me diera la vuelta y lo mirara.
—¿Y si yo soy un suicida que eres tu que me estás acompañando?
—Otro suicida— respondió Juan con una sonrisa. –Pero la diferencia está en que yo ni me esfuerzo en ocultarlo.
Los dos entramos en lo que parecía un parking. Era un lugar amplio al aire libre, pero no había ningún vehículo abandonado allí, tampoco había No Muertos a la vista, al menos no de momento. Habíamos llegado allí por que era el único camino posible que podía haber seguido la furgoneta de las chicas. El enemigo y las demás chicas en caso de seguir vivas no podían estar muy lejos, al fin y al cabo la chica había llegado andando por allí. Seguimos caminando por el aparcamiento y al doblar una esquina, allí nos encontramos la furgoneta, esta estaba aparcada de cualquier manera.
Al verla, Juan y yo corrimos hacia ella. Cuando llegamos fuimos mirando por las ventanas, pero no se veía a nadie dentro, entonces escuchamos un ruido en la parte trasera, era algo que daba golpes. Juan me miró y rápidamente fue a abrir la parte de atrás, yo lo seguí y cuando abrió las puertas traseras nos encontramos cara a cara con una de las chicas, estaba atada, desnuda y amordazada, en su boca había algo metido, se trataba de lo que parecía un temporizador, luego por su cuerpo había cargas explosivas, pero lo que más nos llamó la atención fue que aquella chica era una No Muerta, sus ojos nos habían dado la pista. Cuando nos había escuchado llegar había comenzado a dar golpes.
—Que hijos de puta— dijo Juan apuntándole con el arma. Estaba dispuesto a dispararle.
Justo cuando Juan iba a abrir fuego escuchamos un chasquido y vimos como el temporizador se activaba de repente, el numero que apareció comenzó a correr a toda velocidad…Solo nos quedaban unos segundos. Miré a Juan y ambos nos dimos la vuelta para comenzar a correr, no nos quedaba mucho. Justo cuando estábamos apunto de alcanzar los diez metros de distancia la furgoneta explotó lanzándonos a mi y a Juan por los aires. Yo salí volando y caí sobre unos cubos de basura, entonces perdí el conocimiento. Juan cayó al suelo y fue rodando hasta quedarse tirado junto a una farola.
*****
Todos los que estaban en la muralla defensiva escucharon la explosión y no tardaron en ver el resplandor de color rojo y la columna de humo y fuego que surgió después. No había ocurrido demasiado lejos y Johana estaba segura que eso había tenido que ver con Juanma y Juan. Rápidamente le quitó el seguro al arma y saltó al otro lado, quedándose en la zona fuera de la seguridad.
—¿Qué estas haciendo? Vuelve aquí ahora mismo— decía Butch desde lo alto.
—Tengo que ir. Podrían tener problemas— respondió Johana. –Si les pasa algo nunca me lo perdonaré. No es necesario que nadie me acompañe.
—Ellos solos se lo buscaron. Tenemos que quedarnos aquí por si nos atacan— dijo Butch señalando la plataforma bajo sus pies. –Si vas te matarán.
—Y si nos quedamos aquí y nos atacan podrían matarme de todos modos. No hay diferencia— después de decir eso, Johana se largó corriendo a toda velocidad por la calle.
—Menuda suicida. No entiendo a esta tía— decía Butch. Seguidamente apretó los dientes y también saltó al otro lado, enseguida comenzó a correr detrás de su compañera.

Yuriko y Laura comenzaron a movilizar a las mujeres allí presentes. Debían vigilar todos los accesos al lugar, no podían centrarse solo en esa parte por ser la principal, precisamente por serlo, quizás no atacasen por aquel lugar.
Rachel por su parte estaba llevando a las más jóvenes a un lugar más seguro, un lugar oculto en el sótano de una de las casas. Durante sus intentos por guarecer a las chicas había escuchado la explosión. No sabía a que se debía, pero quería averiguarlo cuanto antes. Cuando las tranquilizó volvió a salir al exterior y se encontró con Amanda Kramer, la cual parecía nerviosa, algo lógico viendo lo que tenían encima.
Rachel corrió hacia ella. –Las más jóvenes ya están en un lugar seguro. ¿Cómo están las demás defensas? ¿Y que fue esa explosión? La escuché mientras…
Amanda se detuvo y la miró. –Creemos que tus compañeros Juanma y Juan tienen algo que ver con ello. Salieron fuera según me han informado y al poco rato se escuchó la explosión. No sabemos nada de ellos desde ese entonces.
El corazón de Rachel dio un vuelco en ese momento. Temía que pudiese haberles pasado algo a los dos. Por otro lado estaba preocupada por como podía estar Sheila afrontando la situación en la que estaba metida. Se imaginaba que podría estar pasándolo bastante mal. Esa estaba siendo la noche más larga de su vida.
*****
Recobré el conocimiento cuando noté como me zarandeaban del hombro, al abrir los ojos me encontré con Johana. Fui a decir algo, pero está tiró de mi y me obligó a ponerme en pie, en seguida me vi siendo llevado a cuestas, delante de mi vi los pies de Butch y otros a los que llevaba a cuestas, seguramente Juan.
Detrás de nosotros había un resplandor naranja, también escuchaba el sonido de las llamas, el cual de vez en cuando se veía enmudecido por los disparos. Disparos que se escuchaban cada vez que Johana se detenia, enseguida veía caer algún cuerpo de espaldas o de bruces. A pesar del mareo y del dolor de cabeza alcé un poco la vista y vi a varios caminantes, no había precisamente pocos, todos nos estaban siguiendo los pasos. Me podía imaginar que la explosión los había atraído y que Johana y Butch habían llegado en el último momento para salvarnos.
Escuché varias veces los gritos de Johana, que a pesar de estar pegado a ella los escuchaba como lejanos, esta le decía a Butch que se diera prisa y que no se detuviera para nada, que ya teníamos la entrada cerca. Cerré lo ojos un momento y cuando los volví a abrir sin saber el tiempo que había transcurrido me vi siendo tumbado encima de lo que parecía una camilla, seguidamente la levantaron y me vi transportado.
Me metieron en una sala iluminada, tanto que incluso la luz me hizo daño, cuando me dejaron miré a mí alrededor y vi a Juan, el cual parecía estar despertándose. Traté de incorporarme pero rápidamente apareció Sheila y me lo impidió.
—Quédate quieto ahora. No te muevas, tienes un fuerte golpe en la cabeza.
—¿Cómo está Juan?— pregunté. —¿Y que le pasa a la chica que estabais operando?
—La doctora Lars me dijo que viniera a ayudaros. Ella ya podía encargarse solo, lo peor había pasado ya para ella… Juan, está bien, más o menos como tú… No corréis peligro. Solo tenéis golpes, pero necesitáis descansar.
En ese momento agarré a Sheila de los brazos. –Solo están jugando con nosotros. Quieren hacernos sentir miedo. Es lo que pretendían desde el principio. Quieren hacérnoslo pasar mal antes.
Sheila se soltó y volvió a tumbarme. –Todo el mundo está alerta. Tranquilo, ahora descansa. Juan y tú habéis tenido mucha suerte.
Sheila nos dejó a mi y a Juan en la habitación y salió, entonces se encontró con Rachel y Johana. Estas enseguida se acercaron a ella.
—¿Cómo están ellos dos?— preguntó Johana. —¿Corren peligro?
Sheila negó con la cabeza. –No, están bien. Solo han recibido golpes y sus oídos tardarán un poco en escuchar correctamente, pero deben descansar.
—Eso será si nuestros misteriosos asaltantes no deciden venir a joderles el descanso— dijo Rachel. –Esto es un desastre. No disponemos de fuerzas ofensivas suficientes. Estamos vendidos de todos modos. No resistiríamos mucho si nos atacan.
—Juanma dice que solo están jugando con nosotros. Son ataques psicológicos— respondió Sheila. –Y yo le creo.
—Ahora mismo Juanma está tan aturdido que no sabe ni lo que dice. No podemos basarnos en ello. Hay que vigilar y proteger todas las zonas. Es lo único que podemos hacer ahora… Por cierto… ¿Cómo está esa chica?
—Ahora mismo está sedada— respondió Sheila.
—Es una superviviente. Quizás ella pueda decirnos que ha pasado, decirnos a cuantos nos enfrentamos y que quieren. Si la dejaron viva y la mandaron aquí es por que ellos quisieron, no por que ella se escapara. No podría escapar en ese estado. Vamos a preguntarle— decidió en ese momento Rachel. –Despiértala, es una pieza clave.
—No podemos hacer eso. Esa chica ha pasado por algo terrible. Si la despertamos no solo la torturarían los dolores, también los recuerdos. Sería otra tortura para ella. No podemos hacer eso. Va contra la ley.
—¿De que ley estás hablando? En este mundo ya no existe eso. Ahora ya no existe nada. Lamento el estado de la muchacha, pero ella nos puede ser de ayuda, le preguntaré yo misma si es necesario.
Sheila y Rachel se quedaron mirando la una a la otra. Tenían ideas muy diferentes de lo que había que hacer. Para Sheila el que aquella chica fuera una pieza clave no le importaba, no quería ser responsable de torturar más a esa chica y menos después de lo que había pasado, por otro lado era demasiado pronto.
Por su parte, Rachel no podía esperar, el tiempo parecía ir en su contra, el enemigo podía decidir atacar en cualquier momento. Si aquello era como ella pensaba, esa chica había sido liberada a propósito para que llevara un mensaje, un mensaje muy importante, el cual marcaba la gran diferencia allí. Era un mensaje que necesitaban conocer más pronto que tarde.
—Escucha Sheila. Se lo que sientes, de verdad, pero es necesario. Será solo un momento y después podrás volver a sedarla. Pero necesitamos a esa chica— dijo Rachel tratando de convencer a su novia. Entendía que estuviera en contra, pero aunque a ella también le doliese tenía que hacerlo. –Por favor, danos tu aprobación y ayúdanos a convencer a la doctora Lars.
—No lo haré. Tampoco quiero que tu lo hagas ¿Entiendes? Por favor Rachel.
Rachel se quedó callada. –Muy bien. Como quieras, no contaré con tu opinión, esto es algo importante y tenemos que hacerlo— En ese momento Rachel le hizo un gesto a Johana y esta agarró a Sheila, entonces la doctora trató de liberarse mientras le suplicaba a Rachel que no lo hiciera.
—No lo hagas. Por favor, te lo suplico— pidió Sheila, pero Rachel no le hizo caso, volvió a hacer un gesto y Johana encerró a Sheila dentro de una habitación. Desde el interior se escuchaban los gritos y golpes de Sheila.
—Nunca me lo perdonará— dijo Rachel mirando a Johana. –La he decepcionado.
—Lo superará. Ahora hagamos lo que tenemos que hacer— respondió Johana.
Johana y Rachel entraron en la habitación donde estaba la doctora Lars con la joven herida. Cuando la medico las vio entrar arqueó las cejas y mostró una expresión de sorpresa. —¿Qué ocurre? ¿En que puedo ayudarles?
—¿Esta muy sedada? Necesito que la despierte ahora. Tengo que hacerle unas preguntas.
—No puedo hacer eso. El dolor que sentirá entonces podría provocarle un shock. No quieran imaginarse lo que sentirá.
—Lo entiendo, pero tenemos que hacerlo. Las vidas de las chicas de esta comunidad podrían depender de ello. Necesitamos conocer si hay algún mensaje.
La doctora miró a la chica a la que acababa de operar y seguidamente comenzó a buscar algo en un armario, de allí sacó una jeringuilla, seguidamente la clavó en el brazo de la chica y vació su contenido en la vena de esta. –Que sea rápido para volver a sedarla, no se cuanto resistirá el dolor.
Rachel esperó un poco y enseguida la chica abrió los ojos. Rachel se abalanzó sobre ella y la obligó a mirarla. –Deprisa, tienes que decirme si los hombres que te hicieron esto te dijeron algo. ¿Qué te dijeron? ¿Te dijeron algo? ¿Te dieron un mensaje? —En ese momento los ojos de la chica se abrieron de par en par y comenzó a temblar a causa del dolor, apretó los puños y comenzó a sacudirse en la camilla mientras comenzaba a gritar. Era la primera vez que Rachel veía tanto sufrimiento en el rostro de alguien, pero eso no la detuvo. La agarró de las mejillas y la hizo mirarla a los ojos. –Se que duele, pero necesito que hables… ¡¡¡¡Habla!!!! O juro que haré que el dolor vaya a más— Aquello le estaba doliendo mucho a Rachel. –Habla, maldita sea.
La chica lanzó más gritos de dolor y no parecía que pudiera hablar y Johana incluso llegó a taparse los oídos para no escucharla. –Por el amor de dios, que pare.
—Está sufriendo— dijo la doctora Lars sacando otra jeringuilla de sedante. Estaba dispuesta a inyectársela a la chica cuando Rachel le apuntó con su arma. –No lo haga doctora. –Luego miró a la chica. –Tienes que hablar, dime lo que quiero saber. ¿Te dieron algún mensaje los que te violaron e hicieron todo esto? ¿Lo hicieron? ¡¡¡¡Responde!!!!— en ese momento Rachel hizo algo que le pesó más que cualquier otra cosa, dejó de apuntar a la doctora y puso su pistola en la mejilla de la chica. La muchacha abrió los ojos de par en par.
—¡¡¡Rachel!!!— gritó Johana temiendo que a su compañera se le fuera el asunto de las manos. —¡¡¡Rachel!!!— entonces sacó el arma y le apuntó.
Rachel miró a Johana de reojo y entonces dejó de mirarla cuando la chica comenzó a balbucear. –Me dijeron… Que os querían a vosotros… Que si no os entregabais a ellos… Arrasarían Portland… Quieren que os marchéis de… Aquí.
Rachel le quitó la pistola de la mejilla y se retiró, entonces miró a la doctora Lars. –Sédela… Rápido.
La doctora Lars le inyectó el sedante al tiempo que Rachel y Johana salían de la habitación. El mensaje era claro, en parte había hecho bien en preguntar a la chica, aunque sentía que se había excedido con los métodos. Ya sabía la verdad, pero no se sentía orgullosa de si misma.
Rachel volvió a la habitación donde habían encerrado a Sheila y abrió la puerta, cuando su pareja salió se le acercó y le asestó una bofetada. –No debiste hacer eso. Te has pasado.

Sheila se alejó y se metió en la sala donde estaba la chica. Mientras, los ojos de Rachel se llenaban de lagrimas, quería creer que había hecho lo correcto, pero no parecía que Sheila lo viera de esa manera, entonces Rachel miró a Johana. –Espero que me perdonéis, pero no tenía otro remedio. Hubo un momento que ni pensé, simplemente quería esa información. Ahora hay que hablar con Juanma y después sacar un plan para ello.

1 comentario:

  1. Me encanta esta historia!! eres un escritor de primera!! gracias por hacernos vivir estas aventuras a tus lectores.

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