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sábado, 1 de noviembre de 2014

NECROWORLD Capítulo 53

Día 20 de Enero de 2010
Día 577 del Apocalipsis…
Manhattan… Zona segura… 00:00 de la noche.

Cooper abrió el cajón de la mesa de su despacho con las manos temblorosas. Sacó un frasco de pastillas y lo dejó en la mesa junto a una fotografía que hacía rato que había estado mirando. Las manos le sudaban y el mismo sudor frio le recorría la espalda, sentía que estaba  a punto de sufrir un ataque de pánico.
No recordaba cuanto tiempo hacía que no tomaba esos calmantes, pero después de la llamada, la cual hizo que toda la realidad le estallase en la cara, sintió la increíble necesidad de tomarse al menos un par, aunque se tomaría más si con dos no conseguía quitarse esos nervios que estaban por provocarle un paro cardiaco.
¿Cuánto tiempo hacía que no escuchaba esa voz? ¿Cuánto hacía que no pensaba en su familia? Se odió a si mismo por haber olvidado a su mujer e hija, las cuales estaban en Las Vegas, en buen estado, al menos en teoría.
Dorian podría ser un autentico cabrón y un verdadero monstruo, el tipo de persona que rezas para no conocer jamás, pero el si lo había conocido y desde entonces su vida era un infierno, hasta que comenzó a tomar esas pastillas y todos sus pensamientos desaparecieron para ser un hombre nuevo, un infiltrado que hasta ese momento había interpretado el papel de su vida… ¿En serio había sido un papel? ¿En serio no había llegado a apreciar a aquellos a los que estaba obligado a traicionar? ¿En serio no había llegado a querer a Graham como a un padre? Cooper sabía que no había sido un papel, que de verdad tenía sentimientos afectivos para aquella gente, pero ahora debía elegir, cumplir su cometido desde el principio y volver a reunirse con su familia y no hacer nada y perder a su familia para siempre, era obvio que Dorian no se iba a quedar con los brazos cruzados y las haría sufrir. Cooper no quería eso, así que su elección estaba clara.
Cogió la fotografía y la miró con atención, iba a dar el primer paso para reunirse con ellas. De repente la puerta se abrió y entraron cuatro de los soldados, conocía especialmente a uno de ellos, se trataba de David. Rápidamente se apresuró para esconder el frasco de pastillas y la fotografía, luego trató de disimular sus nervios de la mejor manera que pudo mientras los cuatro soldados se cuadraban y saludaban.
Los cuatro militares recién llegados presentaban un aspecto deplorable, sucios y cansados. Cooper se fijó entonces en la chica más joven de las dos, esa que parecía tener alguna especie de retraso mental.
—Descansen e informen soldados— dijo Cooper tomando asiento y ocultando sus temblorosas manos debajo de la mesa, quien se las viese advertiría rápidamente que algo no iba bien ahí. –Me alegro de verles enteros… ¿Qué ocurrió?
—Tras el asalto intentamos salir, pero los No Muertos nos cortaron el paso y tuvimos que refugiarnos en una capilla construida bajo tierra— comenzó a explicar David. –Logramos escapar trepando por los maderos que había en el interior de esta, cuando salimos, allí solo quedábamos nosotros y los caminantes— mintió finalmente David. No podía contar la verdad, no solo pondría en peligro a Christopher y a Mouse, si no a si mismo y al resto de sus compañeros allí presentes.
—¿Nada más de lo que informar?— preguntó Cooper.
David negó con la cabeza. –No, nada más…Pero tengo una pregunta que hacerle sargento.
—Adelante— dijo entonces Cooper.
—Es sobre Juanma. ¿Sabe cual es su estado? ¿Sabe si ya han llegado a Portland?
—No tenemos contacto con ellos desde que se fueron… Pero confío plenamente en ellos y en su modo de hacer las cosas, seguro que ya están allí. No tardarán en ponerse en contacto con nosotros. Ahora retírense, descansen, se lo tienen bien merecido.

David y sus acompañantes salieron del despacho y comenzaron a caminar por el pasillo. Las chicas iban en cabeza, solo Paul se quedó atrás mientras le daba un toquecito a David en el brazo.
—¿Te diste cuenta de lo nervioso que estaba? Que me cuelguen si no estaba al borde de un ataque de nervios… ¿Crees que sabe algo de nuestra pequeña aventura?
David negó con la cabeza. –No lo creo, de saberlo no estaría tan nervioso. Si lo supiera o se lo imaginara… Creo que nos habría mandado encarcelar o fusilar directamente. Dudo que esos nervios tuvieran que ver algo con nosotros, es otra cosa.
—¿Y que crees que es?
David se encogió de hombros. —¿Quién sabe? No es asunto nuestro. Ahora vosotros volved a casa y olvidaros de esto. Yo me ocupo de todo.

Cooper de nuevo a solas en el despacho volvió a coger la foto y las pastillas, mientras observaba la imagen ingirió dos de golpe, después dio varios golpes en la mesa, esperó unos momentos y se puso en pie, era hora de hacer lo que tenía que hacer, le iba a resultar fácil entrar en el hospital… Y también salir.
*****
Portland (Oregón)…

Después de la cena en la cual no habíamos visto ni a Butch ni ha Johana. Juan, Sean y yo nos dirigimos hacia el lugar que nos habían proporcionado a los chicos para pasar la noche. Durante el trayecto hasta allí les conté a mis dos compañeros lo que había hablado con Amanda Kramer, ambos se mostraron alegres por la decisión.
—Se te echará de menos en Manhattan— dijo Sean. –Supongo que no podremos convencerte de que te quedes ¿No?
Negué con la cabeza. –No, pero siempre puedes venir a visitarnos, dudo que eso te lo impidan… Y más si entras bajo mi responsabilidad.
Cuando llegamos me di cuenta del antro en el que nos habían hecho meternos, Sean ya me había contado como era aquello un poco por encima, pero aquello era mucho peor, era un maldito agujero que aprestaba a excremento de rata, nada comparado con el que les habían dado a las chicas.
—Debes estar de broma— dijo Juan mirando uno de los colchones. –No pueden esperar que durmamos aquí— justo en ese momento un ratón pasó corriendo por delante de nosotros y se ocultó debajo de un armario. –No… Mirad, prefiero dormir al aire libre, seguro que hay todo tipo de bichos en esos colchones. Esto es discriminación sexual.
—Hablaré con Amanda y que al menos nos de unas tiendas de campaña— dije mostrándome de acuerdo con Juan, aquel lugar daba cierta grima.
En ese momento escuchamos una voz detrás de nosotros, al darnos la vuelta nos encontramos con Johana entrando por la puerta. –Pregunté a unas chicas donde os habían llevado y me dijo que  a vuestras habitaciones. Así que vine con la idea de ver una especie de suite… No este vertedero.
—¿Dónde estabas durante la cena? No te vimos… Ni a ti ni a Butch— dijo Sean.
—Plantéate de nuevo esa pregunta y darás con la respuesta yogurin— dijo Juan mirando a Johana –Creo que es bastante obvio que lo que estaban haciendo para no aparecer, está más que claro.
—Pues no. Estaba siguiendo a las gemelas que os seguían a vosotros dos— Nos señaló a Juan y a mí. –Como no podía seguiros por las calles opté por hacerlo por los tejados, una vez allí me encontré a tres centinelas. Ocultándome de ellas encontré algo interesante, algo que me gustaría mostraros, y no habrá mejor momento que ahora.
—Mejor no, prefiero no ocasionar problemas. Será mejor que vuelvas con las demás— le dije a Johana. No dudaba de que hubiese encontrado algo que valía la pena ver, pero en esos momentos no quería provocar enfados en aquel lugar.
—No pienso ir con las otras. Aquello ahora mismo parece una maldita fiesta de pijamas, las odio. Prefiero más dormir al aire libre y con tíos si os soy sincera.
—Butch se fue a dormir al camión, podríamos acompañarle— sugirió Sean.
Johana negó con la cabeza. –Negativo, ni te imaginas lo mucho que le huelen los pies a ese cretino. Mejor al aire libre, de hecho respiraremos mil veces mejor que con el al lado.
Salimos de aquel antro y nos plantamos en la calle, enseguida vimos a Alexandra, la cual al vernos ser acercó y se nos quedó mirando con cierta incomprensión.
—¿No tenéis sueño? Pensé que estabais durmiendo ya. ¿Qué ocurre?
—No te hagas la graciosa, ahí dentro no hay quien duerma, preferimos hacerlo en nuestras tiendas de campaña o en algún sitio mejor, pero ahí dentro ni de coña— dijo Juan.
Yo iba a decir algo, pero entonces me fijé en como algunas de las chicas cargaban un vehículo, entonces miré a la chica. —¿Qué hacen esas?
Alexandra se dio la vuelta y las miró. –A veces salimos unas semanas fuera de la seguridad de la ciudad para ver si encontramos a mujeres supervivientes o medicamentos, los cuales andamos algo escasas, hace dos días trajimos a un grupo de diez chicas a las que encontramos en el desierto de Nevada. Habrían muerto de no ser por nosotras.
—¿Necesitan ayuda?— pregunté dispuesto a ofrecerme para ayudarles, pero Alexandra rápidamente negó con la cabeza. –No, no lo necesitan. Saben cuidarse ellas solas. Y no te ofendas, pero dudo que confíen en un hombre.
Pocos segundos después las chicas se subieron al vehículo y salieron de la ciudad perdiéndose en la noche. Yo no podía evitar estar preocupado por ellas, aun tenía muy reciente lo de Randall y sus hombres, los cuales quizás podrían seguir por ahí y reorganizados.
*****
Las Vegas… Zona segura…

—Si nos descubren largándonos nos matarán. Ya sabes como se las gasta Dorian. Si te haces de su grupo mueres en su grupo. Dime cuantos lo han logrado, dime cuantos han logrado escapar de sus garras— decía Isabella mientras veía como Lazarus preparaba mochilas para ambos llenas de comida y munición para sus armas. –Absolutamente nadie. Aquí estamos bien, estamos seguros.
—Ya me he cansado de esto. No soporto ver las cosas que pasan aquí, estamos haciendo cosas peores de las que hacíamos cuando estábamos en los Insidias. Me pesa demasiado en la conciencia y ya no puedo más. Me quiero largar, todo nos iría mejor por nuestra cuenta. Además, ser participes de el asesinato de aquellos que nos han salvado ya dos veces no es lo mismo que matar a unos desconocidos. Créeme que es mejor que nos larguemos.
En ese momento escucharon como llamaban a la puerta de su casa. Isabella y Lazarus se quedaron mirándose el uno al otro, no esperaban visita. Lazarus presa del miedo cogió una pistola y caminó despacio hacia la mirilla, cuando miró a través de ella vio a uno de los hombres de Dorian. Lo había visto varias veces ya, creía recordar que lo llamaban “Vlad el empalador” debido a su modus operandi como asesino en serie antes de entrar en prisión. Era un tipo de mirada fría que no le gustaba un pelo. Como Lazarus no se decidía a abrir, Vlad insistió varias veces.
Lazarus miró a su mujer, la cual se había quedado atrás, únicamente observando con atención lo que estaba ocurriendo, estaba sentada en el sillón junto a las mochilas y tenía agarrada también una pistola, oculta detrás de las mochilas mientras Vlad llamaba repetidas veces. Finalmente Lazarus abrió la puerta y se encontró cara a cara con el, justo en ese momento vio a varios hombres llegar por el pasillo. Algo que a Lazarus no le dio buena espina, todos esos habían sido presos antes del apocalipsis, algunos incluso no habían abandonado sus hábitos, aunque todos pese a sus cosas, estaban bajo el puño de hierro de Dorian.
—¿En que puedo ayudaros?— preguntó Lazarus mientras mantenía la pistola oculta tras la puerta. Tenía el dedo sobre el gatillo, dispuesto a disparar en cualquier momento. En ese momento Vlad pasó al interior sin permiso y se quedó mirando las mochilas, sonrió y caminó hacia la cocina, la cual quedaba a la vista de todos, abrió la nevera y se sacó una cerveza, la cual hizo una mueca al ver la marca.
—Menuda porquería. ¿No tienes nada mejor? —Los demás tipos llegaron en ese momento a la puerta y se quedaron en el umbral. En ese momento Vlad abrió la lata y dio un trago, después miró a Lazarus. —¿No les invitas a pasar?
Lazarus se hizo a un lado y los tipos del pasillo comenzaron a pasar, eran un total de seis, siete contando a Vlad, el cual estaba apurando la cerveza, cuando se la terminó la dejó encima de la mesa, este miró entonces a Lazarus.
—Bueno… Cualquiera diría que os vais a alguna parte… Y que yo sepa no tenéis ninguna misión. ¿Pretendíais escapar? Por que es lo que parece.
—No, nosotros solo…— pero Lazarus no terminó la frase. Uno de los tipos se le acercó por detrás, le quitó la pistola y le dio con la culata de esta en la cabeza. Lazarus cayó de bruces cubriéndose la cabeza a la vez que gritaba. Isabella trató de hacer algo, pero Vlad le propinó una bofetada, esta se quedó entonces sentada.
—Los dos quietos, ni moveros— dijo Vlad. Justamente en ese momento otra persona entró en la casa, cuando Lazarus lo vio se sintió morir. Era Dorian.
—Me decepcionáis mucho— los señaló. –Los dos. ¿A caso no he hecho grandes cosas por vosotros?  ¿Ahora os queréis marchar? Eso no es de ser agradecidos. Si aquí os acogemos aquí os quedáis. Es así como funcionan aquí las cosas— Dorian agarró a Lazarus de la camisa y lo obligó a ponerse en pie. –Pero lo vuestro no es solo una huida, querías avisar a ese grupo de Manhattan y que está en Portland. Eso es traición y las traiciones se pagan muy caro. Probablemente os sorprenda el como nos hemos enterado… —Dorian miró a un extremo de la casa y allí señaló a lo alto, oculta en la figura había una mini cámara.
Lazarus miró a su mujer y susurró un: Lo siento.
*****
Portland (Oregón)…

Mientras Sean y Juan preparaban las tiendas en un pequeño parque dentro de la zona de seguridad, Johana me había convencido para que la siguiera, estaba muy insistente con que quería mostrarme algo interesante. Finalmente la seguí, me llevó por un callejón y pronto quedamos fuera de la vista de todo aquel que no queríamos que nos vieran.
—¿Y bien? Espero que esto no sea otra artimaña como la de la otra noche— le advertí recordándole lo ocurrido en aquella caseta de guardas.
—Si lo dices es por que te gustaría. Aunque ahora lo niegues— Johana se acercó hasta que nuestros cuerpos se tocaron, pero enseguida de apartó. –Pero no, no es eso lo que quiero mostrarte— Johana se apartó más y se acercó a una ventana que estaba tapiada. Cogió un madero y entonces lo quitó, dejando así un hueco por el que podíamos entrar. Primero entró ella y luego yo la seguí. Nos encontrábamos en ese momento en unas escaleras, las cuales bajamos hasta que llegamos a un sótano, Johana abrió la puerta y sentí un aire frio, cuando pasamos comenzaron a encenderse las luces. Una vez allí me quedé con la boca abierta, allí habían cantidad de congeladores.
—¿Una cámara frigorífica?— pregunté a Johana. Esta no me miró, caminó hasta uno, lo abrió y metió la mano dentro, luego sacó algo que me tendió, cuando lo cogí y lo observé, la miré a ella.
—Si, es lo que piensas… Semen, ya sabemos como se preñan sin hombres.
—Pero no hay ninguna mujer embarazada aquí. No se para que lo quieren. Amanda me dijo que…— no terminé la frase, escuchamos un ruido que parecía el de una puerta abriéndose. Rápidamente cogí a Johana y tiré de ella para ocultarnos, era obvio que no debíamos estar allí y que si nos veían no les iba a hacer gracia, no si aquello me lo había ocultado Amanda.
Enseguida escuchamos entrar a gente y no tardé en escuchar la voz de Amanda. —¿Te has dejado las luces encendidas? Ten más cuidado a la próxima vez.
—Lo siento madre— respondió la otra voz. –Solo quería mostrarle el avance que he hecho. Creo que podría separar el virus del esperma, si al final lo consigo, quizás podamos comenzar a inseminar a las mujeres.
—Me parece bien, ya sabes las ganas que tengo de ello, recuerda también que seré la primera en ser madre, por lo que pueda pasar. No quiero arriesgar la vida de nadie. Muchas de las infectadas de la pandemia se infectaron al tener relaciones sexuales, por lo tanto todo este esperma está infectado. Si logras extraer el virus y limpiarlo, quizás no estemos condenadas ha desaparecer.
—¿Y si nacen niños varones? Eso es una posibilidad enorme. Las mujeres no los…
—Los querrán y educarán— respondió Amanda. –Si queremos perdurar debemos sobreponernos a esto. Al fin y al cabo no todos los hombres son iguales, y ya se que te parece extraño escuchar esto, pero hasta la llegada de ese grupo he estado muy equivocada, aun quedan hombres buenos en este mundo.
—¿Por eso les permitirá quedarse?
Amanda asintió. –Si, además. Por como se expresa se que no miente, el protegerá este lugar.
No podía ver lo que le estaba mostrando la otra mujer a Amanda, pero parecía algo interesante, incluso estuve apunto de delatarme, pero Johana me lo impidió, acercó su boca a mi oído. –No hagas estupideces.
Cuando Amanda y la otra se largaron, me apresuré a llegar donde habían estado antes, allí había un microscopio, miré a través de el y miré, entonces vi la muestra de esperma, allí se veían a unos espermatozoides moviéndose, pero tenían algo raro, como un pequeño paradito adherido a ellos. ¿Podría ser el virus que les había provocado esa especie de mutación? Me parecía horroroso que muchas mujeres intentando traer vida al mundo se hubiesen infectado en el primer brote.
—¿Nos llevamos unas muestras para los de Manhattan? Quizás ellos puedan hacer algo— dijo Johana.
—No. Déjalo. Volvamos con los demás— le dije
Johana me miró. –Muy bien, como quieras… Por cierto, que sepas que cuando me agarraste y me acercaste a ti me puse súper cachonda. ¿Eso fue una señal de que querías tema? No… ¿Verdad?
—Lo siento Johana. Soy hombre de una sola mujer.
—Bueno, lo que quieras, tu te lo pierdes— respondió Johana.
Finalmente ambos salimos del lugar y nos encaminamos hacia donde estaban las tiendas de campaña preparadas, allí nos recibieron Juan y Sean, este ultimo al verme hizo una mueca extraña y apenas me dirigió la palabra, sin embargo Juan me recibió con una sonrisa. –No le hagas mucho caso, creo que se ha enamorado de ella y se piensa que habéis estado retozando. –Juan miró a Sean que se metía en una de las tiendas y luego me miró. —¿Lo habéis hecho?
Negué con la cabeza. –Buenas noches.
Me metí en mi tienda de campaña y rápidamente me quedé dormido.

Sean estaba tumbado dentro de la tienda de campaña cuando notó que alguien entraba, por unos momentos pensó que era Juan, alzó la vista y entonces se encontró con Johana. La cual se lo quedó mirando.
—¿Aun no duermes? Los niños como tu deberían estar durmiendo ya.
—¿A ti que más te da? Cómo si te importara lo que haga o deje de hacer. Lárgate a la tienda de Juanma ya que os lleváis tan bien. Quizás no hayáis follado lo suficiente antes.
Johana lanzó una carcajada. –Vaya. Así que estás celoso, para tu información entre Juanma y yo no hay nada, créeme que lo he intentado pero nada. Si te has enamorado de mi puedes decirlo claramente, me sentiré alagada— decía mientras se iba acercando al muchacho, el cual se ruborizó cuando ella le acarició la pierna.
—¿Qué haces?— preguntó Sean cuando Johana se tumbó a su lado.
—Esta noche hace frio y me gustaría dormir caliente— respondió Johana mientras dirigía su mano hacia la entrepierna de Sean, al cual besó. —¿Me ayudas a no pasar frio?— luego volvió a besarle con más pasión.
*****
Manhattan… Zona segura…
02:40 de la madrugada…

Cooper cruzó las puertas del hospital sin levantar ningún tipo de sospecha. Aun estaba asimilando la situación, no entendía a que vino entonces lo del infiltrado rescatado en las instalaciones de la NASA cuando si estaba previsto que fuera el quien tenía que matar a Graham desde un principio, quizás era que Dorian quería asegurarse la victoria de cualquier modo.
Comenzó a subir escaleras mientras se cruzaba con soldados, pacientes y médicos. Los soldados le dirigían un saludo y se cuadraban, pero el no se lo devolvía, estaba demasiado ocupado en esos momentos como para pensar en algo que no fuera cumplir su misión.
Llegó finalmente a la habitación de Graham, la cual estaba vigilada por cuatro soldados, estos al verlo se cuadraron.
—Dejadme solo con el. Yo me quedo.
Los soldados se largaron y Cooper entró en la habitación y se sentó al lado de la camilla, entonces observó el aparato donde se veían las constantes vitales de Graham, estas estaban estables, al menos de momento. Lo tenía todo planeado para que la muerte de este pareciese lo más natural posible, lo suficiente para que no pareciese que el tenía nada que ver con todo ese asunto.
—Hola Graham… No quería tener que hacer esto, pero… Si tengo que elegir entre mi familia y tu… La elección es obvia, tú harías lo mismo en mi lugar… Siento hacer esto por que me caes bien, eres un buen hombre y la gente de esta ciudad incluido yo te debemos mucho, pero esto es algo que tengo que hacer— Cooper se llevó una mano al bolsillo y sacó una jeringuilla. –En parte creo… Quiero creer… Que te voy a ahorrar sufrimiento— Cooper clavó la jeringuilla en la vena del brazo derecho y poco a poco fue inyectando el contenido. Cuando la vació se la quitó y esperó mirando el aparato, este no tardó en comenzar a dar señales de que algo no andaba bien con Graham, no tardó ni un minuto en comenzar a dar un pitido largo, señal de que Graham acababa de morir.
Cooper se levantó de golpe y se guardó la jeringuilla, entonces, como parte del plan salió al pasillo y comenzó a llamar a gritos a las enfermeras, dos de ellas acudieron corriendo y entraron en la habitación, seguidamente apareció un medico, entre todos ante la mirada de Cooper trataron de salvar la vida de Graham, pero ya era demasiado tarde, las enfermeras cubrieron el cuerpo y el medico salió a darle la noticia a Cooper.
—Lo siento. No hemos podido hacer nada, ha muerto.
Cooper asintió. –No digan nada, mañana daremos la noticia en la ciudad. Va a ser un día triste para todos. Por cierto, clávenle algo en la cabeza por si acaso— después de eso, Cooper se largó con lagrimas en los ojos, cuando llegó a la calle cogió un walkie talkie e hizo una llamada, esperó un poco y enseguida escuchó la voz de Dorian como respuesta.
—¿Todo bien? ¿Ya esta hecho?
—Si, ya está hecho. He cumplido parte de mi trato. Ahora quiero saber como están ellas— pidió Cooper. Enseguida hubo una pausa y fue en ese momento cuando Cooper escuchó una voz dulce y familiar, Cooper sonrió y se limpió las lágrimas, trató de que no se le notaran los sollozos a través del aparato. –Hola tesoro, pronto estaré contigo y con tu madre, te lo prometo.
*****
Carguero prisión…
3:15 de la madrugada…

Luci llevaba días esperándolo desde que lo había visto por primera vez, nuevamente unos guardas estaban haciendo caminar a un grupo de presos en lo que parecía un estado de trance. Se los iban a llevar a la ciudad para llevarlos al laboratorio y experimentar con ellos. Sin ser vista comenzó a seguirles hasta un lugar que no había visto todavía, se trataba de una plataforma donde esperaba un montacargas que los llevaba a otro barco más pequeño. Los fueron bajando a todos en grupos de cuatro, cuando bajaba el tercer grupo vio a uno de ellos que pareció salir de aquel trance, este agredió a uno de los guardas y logró quitarle el arma de fuego al tiempo que usaba al guarda como escudo humano, eso hizo que los otros guardas le apuntaran con el arma.
Se trataba de un muchacho joven que al parecer había tenido la misma idea que había tenido ella desde el momento que había visto la fila de presos. Luci al verlo comenzó a tener dudas de que si ella intentaba lo mismo lo lograse, ese chico no lo había logrado.
—Dejadme salir de aquí— decía el chico sin dejar de apuntar a los guardas.
En ese momento el guarda que estaba de rehén se soltó de la llave del preso, le arrebató el arma y disparó. El cuerpo del chico se sacudió varias veces por el impacto de las balas antes de caer de espaldas. Una vez estuvo muerto le dispararon en la cabeza para que no volviera, luego de un empujón lo tiraron al agua.
Después de aquel incidente siguieron bajando los presos hasta que estuvieron todos. Los metieron dentro del barco y los llevaron de nuevo a Manhattan, allí estaba su destino final.
Luci ya tenía una idea más clara de como lo hacían, así cuando intentase escapar, no lo haría a ciegas, tenía una idea más clara.
Abandonó el lugar en el que se encontraba y comenzó a regresar a su celda en los dominios de Dante. Mientras iba de camino se le cruzó una silueta que iba agazapada mientras jadeaba, se trataba de Hunchback, el cual le estaba cortando el paso en esos momentos.
—Largo de aquí. Fuera de mi vista— dijo Luci apretando los puños. Necesitaba que Hunchback captara el mensaje de que era peligrosa, este sin embargo comenzó a avanzar hacia ella.
Cuando Hunchback estuvo cerca de ella trató de tocarla, pero Luci le asestó una violenta patada en el costado, eso hizo que Hunchback cayera de lado mientras lanzaba un grito de dolor. Seguidamente le propinó más patadas con tanta furia que podría matarlo allí mismo. Luci sentía ganas de acabar con el por lo que aquel maldito ser trató de hacerle cuando ella llegó a la prisión, de hecho si no hubiese sido por que aquella vez Dylan apareció por allí… ¿Quién sabe todo lo que podría haberle hecho aquel monstruo deforme? De repente una mano tiró de ella y Luci se vio separada de su presa.
—Déjalo, no merece la pena— le dijo una voz. Cuando Luci miró a ver quien era descubrió a Dylan. –Si sigues así lo matarás. ¿Qué coño te ha pasado? ¿De donde sale toda esa rabia? No pareces la misma que llegó aquí.— Eso a Luci le resultó ironico.
—¿Qué más te da a ti? Fuisteis vosotros los que dejasteis que me llevaran con ese Dante y dejasteis que me marcaran como si fuera ganado, no finjas que te preocupas por mi.
—Se lo que estás planeando y quiero ayudarte— dijo Dylan mientras observaba como Hunchback se alejaba gimoteando después de recibir la brutal paliza de Luci.
—¿De que me estás hablando?— preguntó Luci.
—De largarnos de aquí. Desde siempre hubo un plan de fuga, es algo que tienen que hacer en parte desde fuera, pero como parece que ese momento no llega nunca. Tendremos que hacerlo por nosotros mismos. ¿Te apuntas? Eso que pretendías de todos modos es una locura, puede que nunca lo consigas.
—¿Me has estado vigilando?— preguntó Luci. Enseguida Dylan asintió. –Muy bien, me apunto. ¿Y que hacemos con el cabrón de Dante? No hay cosa que más me gustaría que verle muerto. Le debo una muerte lenta y dolorosa.
—Todo a su tiempo. Ahora regresa allí y haz como si nada hubiese pasado, sonríele, se simpática con el… Y cuando menos se lo espere… Acaba con el.
Dylan tenía razón, no podía ir a por Dante a lo loco, teniendo este a todos aquellos que lo protegían. Si quería que la cosa terminara bien, debía hacer las cosas poco a poco, sin dejarse llevar por la rabia y la ira.
*****
Portland (Oregón)…
4:00 de la madrugada…

Alexandra fue a ver a las centinelas que estaban subidas sobre una plataforma vigilando la larga calle que había ante ellas. También estaba Stacy por allí tomándose un café con un par de chicas, las cuales iban a relevar a las centinelas en unos minutos.
—¿Cómo está todo?— preguntó Alexandra. –Hace calorcito esta noche para la época del año en la que estamos— dijo mientras miraba hacia la  oscura calle, luego miró a Stacy. –Tus amigos ya duermen, todos. Incluso los tíos. No parece que vayan a darnos problemas.
—No tienen el porque… De los que vinieron solo hay uno que es un capullo, aunque inofensivo, los demás son buena gente… Y valientes. Me caen bien, su líder movilizó a gente para ir a Jersey para recoger comida para nosotras. Se han portado.
—Bueno, yo sigo sin fiarme mucho— dijo Alexandra. –Aunque el líder del grupo quiso acompañar a las que se fueron hace unas horas. Creo que se estaba esforzando en caerme bien. Deberá currárselo más.
En ese momento escucharon un ruido que venia de la calle. Todas las allí presentes apuntaron con sus armas a una silueta que comenzaba a surgir de la oscuridad, no podían ver bien de quien se trataba, seguramente era un caminante.
—¿Disparo?— preguntó una de las chicas mirando a Alexandra.
—Enfocad con los focos primero— ordenó Alexandra.

Los focos se encendieron y alumbraron toda la calle, en ese momento vieron a una chica que caminaba desnuda con los brazos extendidos hacia los lados, estaba cubierta de sangre y su mirada estaba perdida, podrían haber pensado que era una No Muerta, pero no, estaba viva. Enseguida Alexandra la reconoció pese a toda la sangre que llevaba encima, era una de las chicas que se habían marchado antes para buscar mujeres y medicamentos. ¿Qué le habrían hecho?

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