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sábado, 25 de octubre de 2014

NECROWORLD Capítulo 52

Día 19 de Enero de 2010
Día 576 del Apocalipsis…
Portland (Oregón) 16:00 de la tarde…

Seguí a Amanda hasta una tienda de lona de color blanco, allí dentro habían varias literas y restos de envoltorios de comida. La matriarca de aquella comunidad siguió caminando hasta que llegó a un escritorio lleno de papeles, me cedió una silla y ambos nos sentamos. Yo no podía evitar mirar a mí alrededor, aquello era mucho peor de lo que había pensado cuando llegué.
—¿Quieres beber algo? Lamentablemente solo puedo ofrecerte agua y quizás un poco de vino… Aunque no nos quedan muchas existencias. Por tu expresión diría que esto no es lo que esperabas. Siento la decepción, pero es lo que hay. Aun así gracias a vosotros y la comida que nos habéis traído podremos resistir un largo tiempo.
—Cierto. Me esperaba otra cosa, pero no puedo ni debo culparles. Hacen lo que pueden. El solo hecho de hacer lo que ha hecho aquí es ya motivo de alabanza… Pero… ¿Cómo harán para prosperar? La muerte se nos llevará a todos algún día, eso hará desaparecer a la raza humana del planeta al final, pero para evitar eso nos reproducimos. ¿Cómo se hace eso en una comunidad únicamente de mujeres? Solo vi niñas, ni un solo bebé varón. ¿Qué hacen cuando una mujer tiene un niño? ¿Lo tiran? ¿Lo asesinan?
Amanda cambió su expresión y me lanzó una mirada severa. –Aquí la mayoría de mujeres han tenido malas experiencias con hombres. Yo era la directora de un centro de ayuda mujeres maltratadas. Ninguna de ellas quiere ver a un hombre ni en pintura, por miedo y odio. Simplemente ya no tienen hijos, no quieren, ni más niñas ni más niños. Ya se que es una maldita condena y que el día que muera la ultima de nosotras se acabó, pero es lo que hemos elegido. Las niñas y adolescentes que has visto vienen de familias rotas por culpa del padre. A otras simplemente las encontramos vagando por ahí, ellas aprendieron de nosotras.
Yo no respondí, estaba escuchando atentamente lo que Amanda decía. No podía evitar pensar que en cierto modo tenía razón, solo que habían llegado a un extremo difícil de entender. Aunque yo lo entendía en cierto modo, había cosas que se me seguían escapando. ¿Por qué no hacían por continuar su legado de alguna manera? ¿Por qué seguir así cuando podían hacer por perdurar?
—Escucha. Cambiando de tema, vosotros habéis recorrido un largo camino para traernos comida y esas cosas se pagan. ¿Qué es lo que quieres? Ahora se lleva el trueque en este mundo. No escatimes en pedir, cualquier cosa que pidas me seguirá pareciendo poco para todo lo que habéis traído.
—En realidad si tengo una petición que hacerle. Verá, en Manhattan hay cosas que no me gustan como funcionan, demasiadas en realidad. Desde que conocí a Stacy y me habló de este lugar lo estuve pensando.
Amanda Kramer arqueó las cejas y me miró con una sonrisa. —¿Quieres llevarte a alguna chica y convertirla en tu mujer? Eso podría hacerse, pero costaría convencer a alguna. No lo haría en otra situación… Pero teniendo en cuenta lo que habéis hecho…
Negué con la cabeza. –No es eso. Lo que yo más bien había pensado era mudarme aquí con mi familia y amigos. No somos muchos. Podríamos ayudar a conseguir comida y a mejorar la seguridad de este lugar.
—¿Cuántos hombres sois?— preguntó Amanda.
—¿Es importante eso?
—¿En una comunidad donde solo hay mujeres? Créeme que si lo es. Podría traer problemas graves. Necesitaría saberlo por ver a cuantos podríamos admitir.
—Somos bastantes— respondí. –Hay un niño varón de poco más o menos un año de edad.
Amanda se levantó de la silla y se acercó de nuevo a la puerta, yo me puse de pie y la seguí. Cuando estuvimos junto a la entrada de la tienda de lona me miró.
—Te prometo que lo meditaré. Por el momento podéis quedaros aquí todo el tiempo que necesitéis. Descansad, podéis ducharos también. Ahora tengo que ir a hacer unas cosas, luego espero que podamos seguir charlando y puedas decirme como está Graham.
Amanda se marchó y yo me quedé allí de pie observando como se alejaba. Me intrigaba que era lo que iba a hacer. Iba yo a reunirme con mis compañeros cuando noté que alguien me tiraba del pantalón, bajé la vista y vi a una niña que tenía unos cuatro años de edad. Tenía el pelo castaño y rizado, sus ojos eran marrones.
—Hola— dijo la pequeña.
Yo me agaché para ponerme a su altura, sonreí y le respondí. –Hola preciosa. ¿Cómo te llamas? Yo me llamo Juanma.
—Mandy— respondió la pequeña con una sonrisa. Era muy guapa aquella niña.
En ese momento apareció una mujer y cogió en brazos a la pequeña de repente. Me lanzó una mirada furiosa. –No te acerques a mi hija. Todo lo que tocáis los tíos lo destruís. Si te vuelvo a ver cerca de ella te mato.
Mientras se alejaban vi la tristeza en los ojos y la cara de la pequeña. Después de eso volví junto a los míos, los cuales se habían separado un poco unos de otros, también la multitud se había dispersado, la mayoría estaba comiendo. Tampoco vi a Stacy.
—¿Cómo fue la charla?— me preguntó Juan en ese momento. —¿Has sacado algo en claro?
—Por hoy nos quedaremos aquí. Necesitamos descansar, supongo que mañana deberíamos irnos de aquí, dudo que les haga gracia que nos quedemos más tiempo.
—Bueno, supongo que es lo lógico. Están agradecidas por la comida, pero a nosotros los tíos nos miran con desconfianza— dijo Juan mirando a unas chicas que no nos quitaban la vista de encima mientras comían de latas de conserva  y bebían agua.
—Escucha. Demos una vuelta por el interior de la comunidad, quiero comprobar que no haya grietas de ningún tipo por las que puedan colarse caminantes. ¿Me acompañas?
—Si claro— respondió Juan. Seguidamente comenzamos a caminar por la calle sin preocuparnos por las miradas de las habitantes del lugar. No parecía que tuvieran intenciones de confiar en nosotros.
*****

Alexandra avanzó hacia el grupo de recién llegados, notó enseguida que dos de ellos, hombres, habían desaparecido. Enseguida les hizo un gesto a las gemelas que también estaban allí y estas se marcharon, luego comenzó a hablarle al grupo.
—Venid conmigo. Os llevaré a vuestras habitaciones. No son gran cosa, pero para esta noche serán suficiente.
Todos comenzaron a seguir a Alexandra, todos menos Johana que se había percatado del gesto a las gemelas. Juanma y Juan se habían largado a quien sabe donde y aquella chica había mandado a sus dos compañeras a buscarles.
Con cierto desparpajo logró escabullirse de las miradas de las demás y se logró escabullir entre unos edificios. No se fiaba de la desconfianza de aquella comunidad de mujeres con los hombres, quizás estaban planeando cargárselos a la menos oportunidad, pero desde luego ella no se lo iba a permitir.
Siguió por un callejón vacio, las ventanas de las casas estaban tapiadas, quizás se tapiaron cuando comenzó el apocalipsis y aquellas mujeres ni siquiera se habían preocupado de destapiarlas, total, tampoco era necesario.
Siguió caminando hasta que llego a un muro de ladrillos que había sido construido de forma rápida, a decir verdad no era ninguna obra de arte, estaba bastante mal hecho, aunque era seguro a pesar de los espacios entre los ladrillos. Johana se acercó más y le pareció ver movimiento al otro lado, fue en ese momento cuando un brazo apareció rápidamente a través de ellos y trató de agarrarla, pero con un rápido paso hacia atrás logró evitarlo. Johana miró a su alrededor y al mirar hacia arriba vio una escalera de mano, la cual podría alcanzar si saltaba, se preparó y se impulsó con un salto, agarrando así la escalera, poco a poco comenzó a subir y vio lo que había al otro lado del muro, debían haber como una docena de caminantes. Siguió subiendo por la escalera y llegó a la azotea, nada más llegar tuvo que ocultarse al ver a varias centinelas en los tejados, estas estaban armadas con arcos. Un arma bastante acertada en esos tiempos si se quería matar a alguien de forma silenciosa. Había al menos tres, todas ubicadas en puntos estratégicos, pero siempre a la vista unas de otras.
Johana comenzó a caminar mientras se ocultaba de las centinelas, las cuales no se lo estaban poniendo nada fácil, ya habían estado apunto de descubrirla varias veces. No iba a ser fácil, mientras caminaba agazapada por detrás de un muro bastante bajo custodiado por una centinela le dio una patada a una pequeña piedra y esta salió disparada chocando contra unas cajas de metal que habían amontonadas en un rincón, provocando así ruido.
Enseguida Johana escuchó los pasos de la centinela, esta se había dado cuenta de algo y estaba avanzando hacia donde ella estaba, tenía que pensar algo rápidamente, se movió rápido y llegó hasta el hueco entre dos edificios, justo ahí se dejó caer al mismo tiempo que la centinela llegaba al punto donde ella había estado segundos antes.
Johana se quedó colgando junto a una ventana y desde ahí escuchó como la centinela anunciaba que todo estaba despejado. Le había ido de un pelo. Se fue encaramando a la ventana y logró pasar por debajo de las maderas que la tapiaban, pronto se encontró dentro de una vivienda donde olía a polvo y humedad.
Por los tejados iba a ser imposible desplazarse con las centinelas vigilando de esa manera. Dudaba que lograra darles esquinazo.
En el interior de aquella casa se fue incorporando y se fijó que todo estaba en su lugar, no había nada movido u alguna otra alteración o suciedad, solo notó la pintura bufada debajo de la ventana, probablemente producto de las lluvias y del agua que se había colado por ahí, de ahí ese olor a humedad, el resto de la casa salvo por el polvo acumulado estaba en perfecto estado.
Johana se puso a caminar por dentro de la casa mientras pensaba como continuar con su misión particular, por los tejados no iba a poder ser y de esa casa iba a tener que salir, se había dado cuenta de algo cuando llegaron, muchas de las entradas de los edificios estaban bloqueadas o tapiadas sin posibilidad de entrar o salir, también se imaginaba que a las mujeres de aquel lugar no les haría mucha gracia verla por ahí. Al menos estaba calmada, aunque quería ayudarles, sabía que Juanma y Juan no eran de esos a los que alguien pilla por sorpresa y fácilmente, sabían cuidar de si mismos.
*****
Las chicas fueron las primeras en ver donde iban a dormir, se trataba de una casa que en tiempos anteriores había pertenecido a alguien rico, todo estaba bien cuidado. Ellas se quedaron allí y Sean y Butch se marcharon con Alexandra hacia donde iban a pasar la noche. Cuando vieron el lugar, el alma se les cayó a los pies.
Sean y Butch fueron los primeros en entrar en la casa que les habían dado para pasar la noche, no era muy grande, pero muchas de las habitaciones habían sido convertidas en dormitorios. Lo malo eran los colchones, estaban sucios y mugrientos, eso hizo que Butch mirara a Alexandra con una mueca de desaprobación.
—¿Esperas que durmamos aquí? Si parece que se han cagado en el colchón. –Butch volvió a mirar el colchón y luego de nuevo a la muchacha. –Parece no, se han truñado. ¿Por qué nos das a los tíos un puto agujero y te llevas a las tías a un puto palacio? ¿Se puede saber que os pasa aquí con los tíos? Mira tronca. Siento si tu maromo te partió la cara en varias ocasiones o te pateó. En serio, pero no la tomes con nosotros. Búscalo y jodelo a el.
—Ya está muerto— respondió Alexandra cruzándose de brazos apoyándose.
—Pues mejor me lo pones. Búscalo por ahí y vuélale la puta cabeza— respondió Butch.
—Oye Butch… Yo creo que no está tan mal, podemos darle la vuelta al colchón o simplemente cubrirlos con algunas mantas. Nos están dando donde pasar la noche— dijo Sean tratando de calmar a su compañero.
—Pues duerme tú ahí. Yo me voy a dormir al camión— Butch se dio la vuelta y se quedó mirando a Alexandra. –Déjame pasar.— Alexandra se apartó y Butch salió dando grandes zancadas, incluso lo escucharon dar voces.
—Disculpa a mi compañero. El es… Así.
—Que descanses— respondió Alexandra dándose la vuelta y marchándose.
*****
Manhattan… zona segura…
18:55…

David y su grupo salieron por el túnel de alcantarillado de central park, por el mismo que horas antes habían accedido varios militares y luego tras el asalto comenzaron a surgir No Muertos. En esos momentos allí no había ni un alma. Habían conseguido salir de los túneles sin ser vistos por los hombres de Zero.
Durante el camino hacia el exterior, Mouse le reveló a David todo lo que había pasado con Juanma y como lo había conocido, le contó también lo que pasó en Jersey, era una buena manera de comenzar a confiar los unos en los otros, según Christopher si eran amigos de Juanma no había motivo por el que desconfiar de ellos. David por su parte les contó que Juanma no estaba en la ciudad en esos momentos, que estaba fuera en una misión muy importante y que no sabían cuando iba a regresar.
Una vez fuera de los túneles se ocultaron para no quedar a la vista de todo aquel que pudiera pasar por allí.
—Escuchad, ahora Jill, Diana, Paul y yo volveremos a nuestras casas, pero si vais a esta calle— David sacó un papel y un lápiz, entonces comenzó a apuntar una dirección. –Podréis llegar aquí sin problemas y sin ser vistos, allí hay varias viviendas vacías en las que podréis ocultaros hasta que vuelva Juanma, no es mucho pero algo es algo. Nada más pueda me acercaré para llevaros algo para comer.
—Gracias— dijo Christopher. –Sabes que te la cargarás si te descubren ¿No?
—Bueno… Supongo que estaremos fuera de la ciudad cuando eso ocurra. Si el plan de Juanma va bien… Claro.
—¿Plan? ¿Qué plan?— preguntó Mouse con expresión de sorpresa.
—Juanma planea marcharse de la ciudad. Dice que aquí hay demasiadas cosas raras y que no le gustan, no quiere quedarse más tiempo, por eso se fue a Portland para ver si podríamos mudarnos allí a la comunidad de la tal Stacy.
—Vaya, así que al final me ha hecho caso… Muy buena idea. Esta ciudad es en realidad una olla a presión que está a punto de explotar. Estaréis mejor lejos de aquí, al fin y al cabo con Zero al mando… Se puede liar una buena— dijo Mouse.
—Ese Zero… ¿Quién es?— preguntó Jill.
—Resumiendo: Un gilipollas— respondió Mouse.
En ese momento escucharon voces y pasos por la zona, David se asomó por detrás de los matorrales y vio a varios soldados, debían estar de patrulla. Volvió a agacharse y miró a Mouse y Christopher. –Es una patrulla, quedaros aquí mientras nosotros salimos. Nos alejaremos de aquí, salid e id a esa casa cuando este todo despejado.
Mouse y Christopher asintieron y se ocultaron al mismo tiempo que David y su grupo salían al encuentro de los militares. Al verlos, algunos militares se sorprendieron.
—¿Vosotros? No sabíamos nada de vosotros desde el asalto. ¿Dónde estabais?
—Tuvimos algunos problemillas con unos cadáveres ahí abajo, pero ya está todo solucionado. Pasaremos a ver a Cooper para que vea que estamos vivos.
—¿Alguien más aparte de vosotros?— preguntó un soldado.
David negó con la cabeza. –No, solo nosotros. Por cierto, mientras nos personamos ante Cooper… ¿Alguien podría llamar a mi casa y decirle a mi novia que estoy bien? Debe estar muy preocupada.
—Ahora mismo— respondió otro de los militares.

Alicia estaba en su casa junto a Sandra, Parker y Eva. Estaba de los nervios por que desde que David se había marchado no había aparecido, estaba realmente preocupada, y más tras ver que muchos militares habían vuelto a casa, también sabía que había habido muchísimas bajas del bando militar, temía que David estuviese entre los caídos.
—Cálmate ¿Quieres?— dijo Sandra. –Así solo te pondrás peor, puede que esté bien.
—No me digas que me calme, he llamado al hospital como cien veces y no hay manera de dar con el. Estoy por coger un arma y bajar allí abajo a buscarle— dijo Alicia sentándose en una silla mientras se llevaba sus temblorosas manos a la cabeza. –Creo que será lo más rápido y sensato.
—Puede que rápido, pero no sensato— respondió Eva. –Allí abajo hay gente que nos tiene la guerra declarada, no estamos hablando de No Muertos, estamos hablando de personas vivas que desde el ataque de esta noche, los que hayan sobrevivido deben estar terriblemente resentidos. ¿Qué crees que harán cuando vean a una habitante de la superficie allí abajo? Se tomarán represalias contigo.
—Pero no puedo quedarme de brazos cruzados. Necesito que me ayudéis, yo sola no podré conseguirlo.
En ese momento sonó el teléfono y Alicia fue a cogerlo rápidamente con el corazón apunto de salírsele por la garganta. Todos los demás permanecieron expectantes mientras Alicia cogía el teléfono con la mano temblando, por la cabeza de todos los presentes pasó la misma idea: Llamaban para informar de que habían encontrado el cuerpo de David.
—¿Diga?— preguntó Alicia –Si, soy yo… ¿Cuándo?... Si, gracias— Alicia colgó el teléfono y miró a todos sus compañeros allí presentes. –Me ha llamado un militar, han encontrado a David— Alicia comenzó a llorar con una sonrisa en los labios. –Y está vivo.
—¿Pero está herido?— preguntó Parker.
—Si, está muy bien. Apareció en Central Park junto a Jill, Diana y Paul. Todos están bien, parece ser que se quedaron atrapados durante el asalto, pero están bien. Han tenido que personarse ante Cooper, pronto volverán a casa.
Eva y Sandra se pusieron en pie y fueron a abrazar a Alicia, las tres se fundieron en un fuerte abrazo y rompieron a llorar de alegría. Mientras se abrazaban, Eva miró hacia la ventana y pensó en Juanma. Esperaba que todo le estuviese yendo bien en Portland, donde esperaba que ya hubiesen llegado.
*****
Portland… (Oregón)
19:00 de la tarde…

Juan y yo habíamos estado inspeccionando varios puestos de seguridad, había mucho más de lo que habíamos imaginado, dentro de las pilas de neumáticos habían columnas de hormigón, eso podría frenar a una horda de caminantes sin duda, pero a los asaltos de grupos armados no los frenaría, en cuanto a estos tenían demasiados flancos abiertos. No lograrían repeler un ataque a gran escala con ellos, sin contar que muchas de las mujeres quizás no estuvieran ni preparadas para el combate.
—¿Qué opinas? ¿Crees que sería un buen lugar para ti y tu familia?— preguntó Juan.
Yo me encaramé a uno de los vehículos que servían de muralla y miré hacia la calle de la zona exterior al otro lado del muro defensivo, esta estaba llena de vehículos abandonados o destrozados, además de muchísima basura y algún que otro cadáver inmóvil, un poco más lejos podía ver dos siluetas tambaleantes.
—Necesitan mejorar las defensas, eso sin duda, pero creo que si logro convencer a Amanda si podamos establecernos todos. Creo que…— no terminé la frase, vi algo que me llamó mucho la atención  a unos metros por detrás de Juan. Me bajé de un salto y entonces lo vi mejor. Las dos gemelas nos estaban siguiendo, una vez las descubrí, no pareció importarles. Juan también se dio cuenta y se dio la vuelta.
—¿Nos estáis siguiendo?— Las gemelas no respondieron. Simplemente nos miraban, así que Juan volvió a preguntar. –¿Que si nos estabais siguiendo?
—¿Y vosotros que pretendéis?— preguntó una de ellas sin moverse del sitio. —¿Por qué estáis comprobando nuestras defensas? Seguro que nos queréis hacer daño.
—No digas tonterías, si estamos haciendo esto es porque vemos que necesitáis más defensas. Ni de coña resistiríais un ataque de un grupo armado.
—¿Cómo vosotros?— preguntó la otra. –Vosotros sois un grupo armado.
Juan me miró. –Estas chicas son gilipollas… En serio. Os traemos comida atravesando un desierto escoltando a una de las vuestras y aun así no os fiais de nosotros. Mirad una cosa, si quisiésemos atacaros ya lo habríamos hecho y nos habríamos largado quizás con vuestras cabezas de adorno en nuestros vehículos.
—No os queremos hacer daño, solo nos estábamos asegurando de que vuestras medidas de seguridad cumplían bien su cometido sin grietas de ningún tipo— les dije señalando la barrera de seguridad que había detrás de mi. Eso os protege de caminantes, pero no de las personas, las cuales saltarían eso con los ojos cerrados, hay que hacer algunas mejoras y nosotros podemos…
No pude terminar la frase. Un ruido me hizo darme la vuelta y correr de nuevo hacia los neumáticos, me subí de un salto y miré de nuevo hacia la calle, fue entonces cuando una furgoneta apareció de repente dando bandazos, detrás de ella llegaban No Muertos a paso rápido, algunos incluso se enganchaban a las ventanas, finalmente la furgoneta chocó contra unos contenedores y seguidamente cayó de lado, haciendo en ese momento que el claxon se quedara enganchado y no dejara de sonar. Los No Muertos comenzaron a rodear el vehículo y a golpearlo, no tardamos en escuchar algunos disparos que venían del interior. En ese momento también Juan apareció a mi lado, ambos nos miramos y ante los gritos de las gemelas saltamos al otro lado.
Comenzamos a correr en dirección  a la furgoneta mientras disparábamos a los caminantes, algunos de ellos ya nos habían visto y caminaban hacia nosotros con paso decidido. Juan abatió a varios y logró llegar hasta la furgoneta, yo seguía disparando a los que seguían llegando atraídos por el sonido del claxon.

Juan reventó el cristal de una patada y ayudó a salir a un hombre de mediana edad que tenía una brecha en la cabeza. Era quizás mexicano. Enseguida Juan vio a más gente allí metida.
—Vayan saliendo. Les llevaremos a un sitio seguro.
El hombre salió el primero y luego Juan ayudó a una mujer que llevaba a una niña en brazos. Luego se metió dentro y vio en la parte trasera a un niño de unos trece años tratando de despertar a una anciana que estaba inconsciente en la parte trasera. Juan se metió más hacia dentro consciente de que esa anciana estaba muerta, agarró al niño y tiró de el. –Ya no puedes hacer nada por ella, sal de aquí y corre junto a tus padres hacia los neumáticos que hay al final de la calle— El niño salió y Juan se quedó a solas con la anciana, cuando esta abrió los ojos de repente, pero eran ojos sin vida, enseguida supo que hacer, apuntó y disparó.

Seguía fuera manteniendo a raya a los No Muertos que iban llegando a medida que aquella familia corría hacia donde Juan les había indicado, justo después escuché un disparo y seguidamente vi a Juan salir del vehículo.
—Ahí ya no queda nadie más. Volvamos— me dijo acercándose y agarrándome del hombro. Me di la vuelta y ambos comenzamos a correr de regreso a la seguridad de Portland, justo cuando llegamos nos encontramos con las gemelas y más chicas apuntándonos a la cara con sus armas, al verlas, Juan hizo lo mismo. Yo sin embargo me di la vuelta para seguir disparando a los caminantes que se iban acercando, se me acabaría la munición antes de que llegaran hasta nosotros.
—¿De que coño va esto? Dejadnos subir. ¡¡¡Vamos!!!
Una de las chicas miró al hombre y al niño, a los que no dejaba de apuntar. –Ellos no.
—Por el amor de dios… ¡¡¡Son una familia!!! Los estáis matando— respondió Juan apuntando a la chica. –Te juro que como no nos dejes pasar haré que las hostias de tu novio, marido o lo que fuera te parecerán ridículas al lado de lo que yo te haré. Déjanos pasar, no te lo repetiré.
—Ellos no— repitió la mujer.
—¡¡¡Juan!!!— le grité yo al ver que se me acababa de acabar la munición. —¡¡¡Avanza!!!
Juan miró a la familia y les ordenó correr hacia delante. Estos fueron los primeros en subir seguidos de Juan, nadie les disparó, luego subí yo de un salto justo cuando los No Muertos estuvieron a punto de alcanzarme.
Una vez en lo alto y rodeados por las chicas que estaban presentes no pude evitar mirarles con ganas de decirles unas cuantas cosas, pero la repentina aparición de Amanda Kramer me frenó en seco.
—Llevadles a la enfermería y que les atiendan como es debido— luego posó su mirada en mí. –Acompáñame.
Me bajé de un salto de aquella muralla y seguí a Amanda hacia el lugar a donde iba mientras por otro lado Juan y la familia recién llegada seguían a las chicas que habían aceptado seguir las ordenes de su líder, aunque no dejaban de mirar con desconfianza al hombre y al chico. Algo que me parecía excesivo, esperaba que no les hicieran nada raro, confiaba en que Juan los protegiera si era necesario.
Amanda me llevó de nuevo a la tienda de lona y allí de nuevo tomó asiento. –Me hubiese gustado ver vuestra proeza desde el principio, de verdad, parece ser que ha sido increíble… Y una temeridad. Ahora tenemos a un grupo de caminantes apelotonándose en esa zona, la cual tardaremos en limpiar.
—¿Tenemos acaso la culpa? Si no hubiésemos intervenido, quizás ahora tendrían a una familia entera muerta pesando sobre su conciencia. De hecho creo que uno de los miembros no logró salir del vehículo. Luego podríamos haber muerto cuando sus chicas no nos dejaban subir solo por que les tienen un miedo excesivo a los hombres, estaban apuntando a ese hombre y a su hijo… Ese chico apenas es un adolescente— dije señalando hacia la calle.
—No eres capaz de entender lo que sienten estas mujeres. No puedes decir que su miedo es excesivo. Primero entiéndelas antes de juzgarlas.
—Pero es que no las estoy juzgando. Son ellas las que juzgan a los hombres por la mala experiencia que tuvieron. Usted parece ser que las ha convencido de que todos los hombres son malos y eso no es así. Las hace vivir con miedo— le espeté. –Las está convirtiendo en cadáveres en vida. Hay mala gente en este mundo, pero también queda gente buena todavía. Nosotros somos esa gente… Y estoy seguro de que esa gente que hemos salvado son buena gente también.
—¿Qué hacíais tu y el otro por aquella zona?— preguntó Amanda llenándose el vaso.
—Comprobar la seguridad del lugar— respondí. –Si al final puedo traer a mi familia y amigos… Si eso puede ser, quiero traerlos a un lugar seguro.
—Eso es lo que he estado pensando. Ya he tomado una decisión al respecto. Podéis hacerlo, podéis venir, pero te pongo una condición.
—Adelante— respondí con cierto alivio. –Aceptaré la condición que sea.
—No solemos admitir hombres tras nuestros muros para evitar que mis chicas sientan miedo, así que si los traes contigo estarán todos bajo tu responsabilidad. Si ocurre algo con uno de ellos, tú serás el responsable y recibirás tu castigo. ¿Aceptas? Si no aceptas sintiéndolo mucho no podré admitiros aquí.
Yo asentí. –Muy bien. Acepto, me parece correcto ese trato— Amanda sonrió y comenzó a llenar un segundo vaso, cuando lo llenó me lo acercó. —¿Y esto?
—Creo que esto se merece un brindis— respondió Amanda. Yo cogí el vaso y brinde con ella. Entonces sonrió. –Por un futuro prometedor para ambos— seguidamente ambos bebimos.
*****
Las Vegas… Zona segura
21:00 de la noche…

Randall se había recuperado por fin y ya estaba preparándose tal como Dorian le había ordenado, pronto abandonaría la seguridad de Las Vegas junto a un nuevo grupo para cumplir una misión. Salió de su apartamento y salió a la calle, la multitud parecía haberse multiplicado con el paso de las horas, la gente iba y venía al tiempo que las luces de los locales comenzaban a iluminarse y la música de estos a escucharse.
Fue hacia uno de los locales, allí era donde su nuevo grupo lo estaba esperando, nada más entrar vio el show que se estaba preparando, humanos contra caminantes. Allí había una especie de jaula preparada y en el interior un tipo con las manos desnudas se enfrentaba a dos caminantes con ferocidad.
El luchador se abalanzó sobre uno de ellos tras esquivar al otro, rodeó el cuello de este con un brazo y lo hizo caer, haciendo chocar después repetidas veces su cabeza contra el suelo. El segundo caminante trató de abalanzarse cobre el y el tipo rodó sobre si mismo para esquivarlo, cuando lo consiguió agarró al caminante desde atrás y con una fuerte llave agarró al No Muerto por la cabeza y de un tirón la separó del cuerpo, luego saludó a la multitud con la cabeza del caminante en alto como si fuera un trofeo.
—Creo que ha ese ya lo conoces— dijo de repente una voz a sus espaldas, Randall se dio la vuelta y se encontró con la cara sonriente de Dorian. –Su nombre es Billy, yo mismo lo he recomendado para la misión. Se que hará bien el trabajo.
Randall si que conocía bien a ese tipo, habían estado en la misma prisión, aunque en diferentes bloques, se trataba de un asesino y un violador, estaba condenado a muerte y el apocalipsis lo salvó. En la cárcel había organizado varios motines, había matado a varios guardas y presos, para Randall, ese tipo era de esos a los que era mejor no darle nunca la espalda, nadie sabía nunca lo que pasaba por su cabeza, pero desde luego no era nada bueno.
Cuando Billy salió de la jaula Dorian lo llamó y caminó hacia el y hacia Randall. –Buenas noches jefe. ¿Ya es la hora? Estaré listo nada más me de una ducha.
—Tómate tu tiempo mientras reunimos al resto— respondió Dorian. –Ya sabes cual es el asunto— entonces miró a Randall, creo que te irá bien con una veintena de hombres. No quiero que les ataquéis inmediatamente, primero quiero que los observéis bien y que juguéis un poco, intentad no matar a ninguno. No de momento, y si matáis a alguno que no sea al líder, a ese me lo traeréis aquí. Cuando llegue el momento ya morirá.
—Jefe— dijo en ese momento Billy. —¿Tengo carta blanca?
Dorian asintió con una sonrisa y Billy sonrió todavía más. Cuando se marchó, Randall miró a su líder. —¿Qué es eso de carta blanca?
—Ya lo verás. Te juro que será lo más macabro que has visto nunca.

A Randall no le gustó eso, tampoco le agradaba la idea de tener a aquel hombre en su grupo, sabía que además de un monstruo era un ser incontrolable y sanguinario. Se temía lo peor.

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