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sábado, 25 de octubre de 2014

NECROWORLD Capítulo 52

Día 19 de Enero de 2010
Día 576 del Apocalipsis…
Portland (Oregón) 16:00 de la tarde…

Seguí a Amanda hasta una tienda de lona de color blanco, allí dentro habían varias literas y restos de envoltorios de comida. La matriarca de aquella comunidad siguió caminando hasta que llegó a un escritorio lleno de papeles, me cedió una silla y ambos nos sentamos. Yo no podía evitar mirar a mí alrededor, aquello era mucho peor de lo que había pensado cuando llegué.
—¿Quieres beber algo? Lamentablemente solo puedo ofrecerte agua y quizás un poco de vino… Aunque no nos quedan muchas existencias. Por tu expresión diría que esto no es lo que esperabas. Siento la decepción, pero es lo que hay. Aun así gracias a vosotros y la comida que nos habéis traído podremos resistir un largo tiempo.
—Cierto. Me esperaba otra cosa, pero no puedo ni debo culparles. Hacen lo que pueden. El solo hecho de hacer lo que ha hecho aquí es ya motivo de alabanza… Pero… ¿Cómo harán para prosperar? La muerte se nos llevará a todos algún día, eso hará desaparecer a la raza humana del planeta al final, pero para evitar eso nos reproducimos. ¿Cómo se hace eso en una comunidad únicamente de mujeres? Solo vi niñas, ni un solo bebé varón. ¿Qué hacen cuando una mujer tiene un niño? ¿Lo tiran? ¿Lo asesinan?
Amanda cambió su expresión y me lanzó una mirada severa. –Aquí la mayoría de mujeres han tenido malas experiencias con hombres. Yo era la directora de un centro de ayuda mujeres maltratadas. Ninguna de ellas quiere ver a un hombre ni en pintura, por miedo y odio. Simplemente ya no tienen hijos, no quieren, ni más niñas ni más niños. Ya se que es una maldita condena y que el día que muera la ultima de nosotras se acabó, pero es lo que hemos elegido. Las niñas y adolescentes que has visto vienen de familias rotas por culpa del padre. A otras simplemente las encontramos vagando por ahí, ellas aprendieron de nosotras.
Yo no respondí, estaba escuchando atentamente lo que Amanda decía. No podía evitar pensar que en cierto modo tenía razón, solo que habían llegado a un extremo difícil de entender. Aunque yo lo entendía en cierto modo, había cosas que se me seguían escapando. ¿Por qué no hacían por continuar su legado de alguna manera? ¿Por qué seguir así cuando podían hacer por perdurar?
—Escucha. Cambiando de tema, vosotros habéis recorrido un largo camino para traernos comida y esas cosas se pagan. ¿Qué es lo que quieres? Ahora se lleva el trueque en este mundo. No escatimes en pedir, cualquier cosa que pidas me seguirá pareciendo poco para todo lo que habéis traído.
—En realidad si tengo una petición que hacerle. Verá, en Manhattan hay cosas que no me gustan como funcionan, demasiadas en realidad. Desde que conocí a Stacy y me habló de este lugar lo estuve pensando.
Amanda Kramer arqueó las cejas y me miró con una sonrisa. —¿Quieres llevarte a alguna chica y convertirla en tu mujer? Eso podría hacerse, pero costaría convencer a alguna. No lo haría en otra situación… Pero teniendo en cuenta lo que habéis hecho…
Negué con la cabeza. –No es eso. Lo que yo más bien había pensado era mudarme aquí con mi familia y amigos. No somos muchos. Podríamos ayudar a conseguir comida y a mejorar la seguridad de este lugar.
—¿Cuántos hombres sois?— preguntó Amanda.
—¿Es importante eso?
—¿En una comunidad donde solo hay mujeres? Créeme que si lo es. Podría traer problemas graves. Necesitaría saberlo por ver a cuantos podríamos admitir.
—Somos bastantes— respondí. –Hay un niño varón de poco más o menos un año de edad.
Amanda se levantó de la silla y se acercó de nuevo a la puerta, yo me puse de pie y la seguí. Cuando estuvimos junto a la entrada de la tienda de lona me miró.
—Te prometo que lo meditaré. Por el momento podéis quedaros aquí todo el tiempo que necesitéis. Descansad, podéis ducharos también. Ahora tengo que ir a hacer unas cosas, luego espero que podamos seguir charlando y puedas decirme como está Graham.
Amanda se marchó y yo me quedé allí de pie observando como se alejaba. Me intrigaba que era lo que iba a hacer. Iba yo a reunirme con mis compañeros cuando noté que alguien me tiraba del pantalón, bajé la vista y vi a una niña que tenía unos cuatro años de edad. Tenía el pelo castaño y rizado, sus ojos eran marrones.
—Hola— dijo la pequeña.
Yo me agaché para ponerme a su altura, sonreí y le respondí. –Hola preciosa. ¿Cómo te llamas? Yo me llamo Juanma.
—Mandy— respondió la pequeña con una sonrisa. Era muy guapa aquella niña.
En ese momento apareció una mujer y cogió en brazos a la pequeña de repente. Me lanzó una mirada furiosa. –No te acerques a mi hija. Todo lo que tocáis los tíos lo destruís. Si te vuelvo a ver cerca de ella te mato.
Mientras se alejaban vi la tristeza en los ojos y la cara de la pequeña. Después de eso volví junto a los míos, los cuales se habían separado un poco unos de otros, también la multitud se había dispersado, la mayoría estaba comiendo. Tampoco vi a Stacy.
—¿Cómo fue la charla?— me preguntó Juan en ese momento. —¿Has sacado algo en claro?
—Por hoy nos quedaremos aquí. Necesitamos descansar, supongo que mañana deberíamos irnos de aquí, dudo que les haga gracia que nos quedemos más tiempo.
—Bueno, supongo que es lo lógico. Están agradecidas por la comida, pero a nosotros los tíos nos miran con desconfianza— dijo Juan mirando a unas chicas que no nos quitaban la vista de encima mientras comían de latas de conserva  y bebían agua.
—Escucha. Demos una vuelta por el interior de la comunidad, quiero comprobar que no haya grietas de ningún tipo por las que puedan colarse caminantes. ¿Me acompañas?
—Si claro— respondió Juan. Seguidamente comenzamos a caminar por la calle sin preocuparnos por las miradas de las habitantes del lugar. No parecía que tuvieran intenciones de confiar en nosotros.
*****

Alexandra avanzó hacia el grupo de recién llegados, notó enseguida que dos de ellos, hombres, habían desaparecido. Enseguida les hizo un gesto a las gemelas que también estaban allí y estas se marcharon, luego comenzó a hablarle al grupo.
—Venid conmigo. Os llevaré a vuestras habitaciones. No son gran cosa, pero para esta noche serán suficiente.
Todos comenzaron a seguir a Alexandra, todos menos Johana que se había percatado del gesto a las gemelas. Juanma y Juan se habían largado a quien sabe donde y aquella chica había mandado a sus dos compañeras a buscarles.
Con cierto desparpajo logró escabullirse de las miradas de las demás y se logró escabullir entre unos edificios. No se fiaba de la desconfianza de aquella comunidad de mujeres con los hombres, quizás estaban planeando cargárselos a la menos oportunidad, pero desde luego ella no se lo iba a permitir.
Siguió por un callejón vacio, las ventanas de las casas estaban tapiadas, quizás se tapiaron cuando comenzó el apocalipsis y aquellas mujeres ni siquiera se habían preocupado de destapiarlas, total, tampoco era necesario.
Siguió caminando hasta que llego a un muro de ladrillos que había sido construido de forma rápida, a decir verdad no era ninguna obra de arte, estaba bastante mal hecho, aunque era seguro a pesar de los espacios entre los ladrillos. Johana se acercó más y le pareció ver movimiento al otro lado, fue en ese momento cuando un brazo apareció rápidamente a través de ellos y trató de agarrarla, pero con un rápido paso hacia atrás logró evitarlo. Johana miró a su alrededor y al mirar hacia arriba vio una escalera de mano, la cual podría alcanzar si saltaba, se preparó y se impulsó con un salto, agarrando así la escalera, poco a poco comenzó a subir y vio lo que había al otro lado del muro, debían haber como una docena de caminantes. Siguió subiendo por la escalera y llegó a la azotea, nada más llegar tuvo que ocultarse al ver a varias centinelas en los tejados, estas estaban armadas con arcos. Un arma bastante acertada en esos tiempos si se quería matar a alguien de forma silenciosa. Había al menos tres, todas ubicadas en puntos estratégicos, pero siempre a la vista unas de otras.
Johana comenzó a caminar mientras se ocultaba de las centinelas, las cuales no se lo estaban poniendo nada fácil, ya habían estado apunto de descubrirla varias veces. No iba a ser fácil, mientras caminaba agazapada por detrás de un muro bastante bajo custodiado por una centinela le dio una patada a una pequeña piedra y esta salió disparada chocando contra unas cajas de metal que habían amontonadas en un rincón, provocando así ruido.
Enseguida Johana escuchó los pasos de la centinela, esta se había dado cuenta de algo y estaba avanzando hacia donde ella estaba, tenía que pensar algo rápidamente, se movió rápido y llegó hasta el hueco entre dos edificios, justo ahí se dejó caer al mismo tiempo que la centinela llegaba al punto donde ella había estado segundos antes.
Johana se quedó colgando junto a una ventana y desde ahí escuchó como la centinela anunciaba que todo estaba despejado. Le había ido de un pelo. Se fue encaramando a la ventana y logró pasar por debajo de las maderas que la tapiaban, pronto se encontró dentro de una vivienda donde olía a polvo y humedad.
Por los tejados iba a ser imposible desplazarse con las centinelas vigilando de esa manera. Dudaba que lograra darles esquinazo.
En el interior de aquella casa se fue incorporando y se fijó que todo estaba en su lugar, no había nada movido u alguna otra alteración o suciedad, solo notó la pintura bufada debajo de la ventana, probablemente producto de las lluvias y del agua que se había colado por ahí, de ahí ese olor a humedad, el resto de la casa salvo por el polvo acumulado estaba en perfecto estado.
Johana se puso a caminar por dentro de la casa mientras pensaba como continuar con su misión particular, por los tejados no iba a poder ser y de esa casa iba a tener que salir, se había dado cuenta de algo cuando llegaron, muchas de las entradas de los edificios estaban bloqueadas o tapiadas sin posibilidad de entrar o salir, también se imaginaba que a las mujeres de aquel lugar no les haría mucha gracia verla por ahí. Al menos estaba calmada, aunque quería ayudarles, sabía que Juanma y Juan no eran de esos a los que alguien pilla por sorpresa y fácilmente, sabían cuidar de si mismos.
*****
Las chicas fueron las primeras en ver donde iban a dormir, se trataba de una casa que en tiempos anteriores había pertenecido a alguien rico, todo estaba bien cuidado. Ellas se quedaron allí y Sean y Butch se marcharon con Alexandra hacia donde iban a pasar la noche. Cuando vieron el lugar, el alma se les cayó a los pies.
Sean y Butch fueron los primeros en entrar en la casa que les habían dado para pasar la noche, no era muy grande, pero muchas de las habitaciones habían sido convertidas en dormitorios. Lo malo eran los colchones, estaban sucios y mugrientos, eso hizo que Butch mirara a Alexandra con una mueca de desaprobación.
—¿Esperas que durmamos aquí? Si parece que se han cagado en el colchón. –Butch volvió a mirar el colchón y luego de nuevo a la muchacha. –Parece no, se han truñado. ¿Por qué nos das a los tíos un puto agujero y te llevas a las tías a un puto palacio? ¿Se puede saber que os pasa aquí con los tíos? Mira tronca. Siento si tu maromo te partió la cara en varias ocasiones o te pateó. En serio, pero no la tomes con nosotros. Búscalo y jodelo a el.
—Ya está muerto— respondió Alexandra cruzándose de brazos apoyándose.
—Pues mejor me lo pones. Búscalo por ahí y vuélale la puta cabeza— respondió Butch.
—Oye Butch… Yo creo que no está tan mal, podemos darle la vuelta al colchón o simplemente cubrirlos con algunas mantas. Nos están dando donde pasar la noche— dijo Sean tratando de calmar a su compañero.
—Pues duerme tú ahí. Yo me voy a dormir al camión— Butch se dio la vuelta y se quedó mirando a Alexandra. –Déjame pasar.— Alexandra se apartó y Butch salió dando grandes zancadas, incluso lo escucharon dar voces.
—Disculpa a mi compañero. El es… Así.
—Que descanses— respondió Alexandra dándose la vuelta y marchándose.
*****
Manhattan… zona segura…
18:55…

David y su grupo salieron por el túnel de alcantarillado de central park, por el mismo que horas antes habían accedido varios militares y luego tras el asalto comenzaron a surgir No Muertos. En esos momentos allí no había ni un alma. Habían conseguido salir de los túneles sin ser vistos por los hombres de Zero.
Durante el camino hacia el exterior, Mouse le reveló a David todo lo que había pasado con Juanma y como lo había conocido, le contó también lo que pasó en Jersey, era una buena manera de comenzar a confiar los unos en los otros, según Christopher si eran amigos de Juanma no había motivo por el que desconfiar de ellos. David por su parte les contó que Juanma no estaba en la ciudad en esos momentos, que estaba fuera en una misión muy importante y que no sabían cuando iba a regresar.
Una vez fuera de los túneles se ocultaron para no quedar a la vista de todo aquel que pudiera pasar por allí.
—Escuchad, ahora Jill, Diana, Paul y yo volveremos a nuestras casas, pero si vais a esta calle— David sacó un papel y un lápiz, entonces comenzó a apuntar una dirección. –Podréis llegar aquí sin problemas y sin ser vistos, allí hay varias viviendas vacías en las que podréis ocultaros hasta que vuelva Juanma, no es mucho pero algo es algo. Nada más pueda me acercaré para llevaros algo para comer.
—Gracias— dijo Christopher. –Sabes que te la cargarás si te descubren ¿No?
—Bueno… Supongo que estaremos fuera de la ciudad cuando eso ocurra. Si el plan de Juanma va bien… Claro.
—¿Plan? ¿Qué plan?— preguntó Mouse con expresión de sorpresa.
—Juanma planea marcharse de la ciudad. Dice que aquí hay demasiadas cosas raras y que no le gustan, no quiere quedarse más tiempo, por eso se fue a Portland para ver si podríamos mudarnos allí a la comunidad de la tal Stacy.
—Vaya, así que al final me ha hecho caso… Muy buena idea. Esta ciudad es en realidad una olla a presión que está a punto de explotar. Estaréis mejor lejos de aquí, al fin y al cabo con Zero al mando… Se puede liar una buena— dijo Mouse.
—Ese Zero… ¿Quién es?— preguntó Jill.
—Resumiendo: Un gilipollas— respondió Mouse.
En ese momento escucharon voces y pasos por la zona, David se asomó por detrás de los matorrales y vio a varios soldados, debían estar de patrulla. Volvió a agacharse y miró a Mouse y Christopher. –Es una patrulla, quedaros aquí mientras nosotros salimos. Nos alejaremos de aquí, salid e id a esa casa cuando este todo despejado.
Mouse y Christopher asintieron y se ocultaron al mismo tiempo que David y su grupo salían al encuentro de los militares. Al verlos, algunos militares se sorprendieron.
—¿Vosotros? No sabíamos nada de vosotros desde el asalto. ¿Dónde estabais?
—Tuvimos algunos problemillas con unos cadáveres ahí abajo, pero ya está todo solucionado. Pasaremos a ver a Cooper para que vea que estamos vivos.
—¿Alguien más aparte de vosotros?— preguntó un soldado.
David negó con la cabeza. –No, solo nosotros. Por cierto, mientras nos personamos ante Cooper… ¿Alguien podría llamar a mi casa y decirle a mi novia que estoy bien? Debe estar muy preocupada.
—Ahora mismo— respondió otro de los militares.

Alicia estaba en su casa junto a Sandra, Parker y Eva. Estaba de los nervios por que desde que David se había marchado no había aparecido, estaba realmente preocupada, y más tras ver que muchos militares habían vuelto a casa, también sabía que había habido muchísimas bajas del bando militar, temía que David estuviese entre los caídos.
—Cálmate ¿Quieres?— dijo Sandra. –Así solo te pondrás peor, puede que esté bien.
—No me digas que me calme, he llamado al hospital como cien veces y no hay manera de dar con el. Estoy por coger un arma y bajar allí abajo a buscarle— dijo Alicia sentándose en una silla mientras se llevaba sus temblorosas manos a la cabeza. –Creo que será lo más rápido y sensato.
—Puede que rápido, pero no sensato— respondió Eva. –Allí abajo hay gente que nos tiene la guerra declarada, no estamos hablando de No Muertos, estamos hablando de personas vivas que desde el ataque de esta noche, los que hayan sobrevivido deben estar terriblemente resentidos. ¿Qué crees que harán cuando vean a una habitante de la superficie allí abajo? Se tomarán represalias contigo.
—Pero no puedo quedarme de brazos cruzados. Necesito que me ayudéis, yo sola no podré conseguirlo.
En ese momento sonó el teléfono y Alicia fue a cogerlo rápidamente con el corazón apunto de salírsele por la garganta. Todos los demás permanecieron expectantes mientras Alicia cogía el teléfono con la mano temblando, por la cabeza de todos los presentes pasó la misma idea: Llamaban para informar de que habían encontrado el cuerpo de David.
—¿Diga?— preguntó Alicia –Si, soy yo… ¿Cuándo?... Si, gracias— Alicia colgó el teléfono y miró a todos sus compañeros allí presentes. –Me ha llamado un militar, han encontrado a David— Alicia comenzó a llorar con una sonrisa en los labios. –Y está vivo.
—¿Pero está herido?— preguntó Parker.
—Si, está muy bien. Apareció en Central Park junto a Jill, Diana y Paul. Todos están bien, parece ser que se quedaron atrapados durante el asalto, pero están bien. Han tenido que personarse ante Cooper, pronto volverán a casa.
Eva y Sandra se pusieron en pie y fueron a abrazar a Alicia, las tres se fundieron en un fuerte abrazo y rompieron a llorar de alegría. Mientras se abrazaban, Eva miró hacia la ventana y pensó en Juanma. Esperaba que todo le estuviese yendo bien en Portland, donde esperaba que ya hubiesen llegado.
*****
Portland… (Oregón)
19:00 de la tarde…

Juan y yo habíamos estado inspeccionando varios puestos de seguridad, había mucho más de lo que habíamos imaginado, dentro de las pilas de neumáticos habían columnas de hormigón, eso podría frenar a una horda de caminantes sin duda, pero a los asaltos de grupos armados no los frenaría, en cuanto a estos tenían demasiados flancos abiertos. No lograrían repeler un ataque a gran escala con ellos, sin contar que muchas de las mujeres quizás no estuvieran ni preparadas para el combate.
—¿Qué opinas? ¿Crees que sería un buen lugar para ti y tu familia?— preguntó Juan.
Yo me encaramé a uno de los vehículos que servían de muralla y miré hacia la calle de la zona exterior al otro lado del muro defensivo, esta estaba llena de vehículos abandonados o destrozados, además de muchísima basura y algún que otro cadáver inmóvil, un poco más lejos podía ver dos siluetas tambaleantes.
—Necesitan mejorar las defensas, eso sin duda, pero creo que si logro convencer a Amanda si podamos establecernos todos. Creo que…— no terminé la frase, vi algo que me llamó mucho la atención  a unos metros por detrás de Juan. Me bajé de un salto y entonces lo vi mejor. Las dos gemelas nos estaban siguiendo, una vez las descubrí, no pareció importarles. Juan también se dio cuenta y se dio la vuelta.
—¿Nos estáis siguiendo?— Las gemelas no respondieron. Simplemente nos miraban, así que Juan volvió a preguntar. –¿Que si nos estabais siguiendo?
—¿Y vosotros que pretendéis?— preguntó una de ellas sin moverse del sitio. —¿Por qué estáis comprobando nuestras defensas? Seguro que nos queréis hacer daño.
—No digas tonterías, si estamos haciendo esto es porque vemos que necesitáis más defensas. Ni de coña resistiríais un ataque de un grupo armado.
—¿Cómo vosotros?— preguntó la otra. –Vosotros sois un grupo armado.
Juan me miró. –Estas chicas son gilipollas… En serio. Os traemos comida atravesando un desierto escoltando a una de las vuestras y aun así no os fiais de nosotros. Mirad una cosa, si quisiésemos atacaros ya lo habríamos hecho y nos habríamos largado quizás con vuestras cabezas de adorno en nuestros vehículos.
—No os queremos hacer daño, solo nos estábamos asegurando de que vuestras medidas de seguridad cumplían bien su cometido sin grietas de ningún tipo— les dije señalando la barrera de seguridad que había detrás de mi. Eso os protege de caminantes, pero no de las personas, las cuales saltarían eso con los ojos cerrados, hay que hacer algunas mejoras y nosotros podemos…
No pude terminar la frase. Un ruido me hizo darme la vuelta y correr de nuevo hacia los neumáticos, me subí de un salto y miré de nuevo hacia la calle, fue entonces cuando una furgoneta apareció de repente dando bandazos, detrás de ella llegaban No Muertos a paso rápido, algunos incluso se enganchaban a las ventanas, finalmente la furgoneta chocó contra unos contenedores y seguidamente cayó de lado, haciendo en ese momento que el claxon se quedara enganchado y no dejara de sonar. Los No Muertos comenzaron a rodear el vehículo y a golpearlo, no tardamos en escuchar algunos disparos que venían del interior. En ese momento también Juan apareció a mi lado, ambos nos miramos y ante los gritos de las gemelas saltamos al otro lado.
Comenzamos a correr en dirección  a la furgoneta mientras disparábamos a los caminantes, algunos de ellos ya nos habían visto y caminaban hacia nosotros con paso decidido. Juan abatió a varios y logró llegar hasta la furgoneta, yo seguía disparando a los que seguían llegando atraídos por el sonido del claxon.

Juan reventó el cristal de una patada y ayudó a salir a un hombre de mediana edad que tenía una brecha en la cabeza. Era quizás mexicano. Enseguida Juan vio a más gente allí metida.
—Vayan saliendo. Les llevaremos a un sitio seguro.
El hombre salió el primero y luego Juan ayudó a una mujer que llevaba a una niña en brazos. Luego se metió dentro y vio en la parte trasera a un niño de unos trece años tratando de despertar a una anciana que estaba inconsciente en la parte trasera. Juan se metió más hacia dentro consciente de que esa anciana estaba muerta, agarró al niño y tiró de el. –Ya no puedes hacer nada por ella, sal de aquí y corre junto a tus padres hacia los neumáticos que hay al final de la calle— El niño salió y Juan se quedó a solas con la anciana, cuando esta abrió los ojos de repente, pero eran ojos sin vida, enseguida supo que hacer, apuntó y disparó.

Seguía fuera manteniendo a raya a los No Muertos que iban llegando a medida que aquella familia corría hacia donde Juan les había indicado, justo después escuché un disparo y seguidamente vi a Juan salir del vehículo.
—Ahí ya no queda nadie más. Volvamos— me dijo acercándose y agarrándome del hombro. Me di la vuelta y ambos comenzamos a correr de regreso a la seguridad de Portland, justo cuando llegamos nos encontramos con las gemelas y más chicas apuntándonos a la cara con sus armas, al verlas, Juan hizo lo mismo. Yo sin embargo me di la vuelta para seguir disparando a los caminantes que se iban acercando, se me acabaría la munición antes de que llegaran hasta nosotros.
—¿De que coño va esto? Dejadnos subir. ¡¡¡Vamos!!!
Una de las chicas miró al hombre y al niño, a los que no dejaba de apuntar. –Ellos no.
—Por el amor de dios… ¡¡¡Son una familia!!! Los estáis matando— respondió Juan apuntando a la chica. –Te juro que como no nos dejes pasar haré que las hostias de tu novio, marido o lo que fuera te parecerán ridículas al lado de lo que yo te haré. Déjanos pasar, no te lo repetiré.
—Ellos no— repitió la mujer.
—¡¡¡Juan!!!— le grité yo al ver que se me acababa de acabar la munición. —¡¡¡Avanza!!!
Juan miró a la familia y les ordenó correr hacia delante. Estos fueron los primeros en subir seguidos de Juan, nadie les disparó, luego subí yo de un salto justo cuando los No Muertos estuvieron a punto de alcanzarme.
Una vez en lo alto y rodeados por las chicas que estaban presentes no pude evitar mirarles con ganas de decirles unas cuantas cosas, pero la repentina aparición de Amanda Kramer me frenó en seco.
—Llevadles a la enfermería y que les atiendan como es debido— luego posó su mirada en mí. –Acompáñame.
Me bajé de un salto de aquella muralla y seguí a Amanda hacia el lugar a donde iba mientras por otro lado Juan y la familia recién llegada seguían a las chicas que habían aceptado seguir las ordenes de su líder, aunque no dejaban de mirar con desconfianza al hombre y al chico. Algo que me parecía excesivo, esperaba que no les hicieran nada raro, confiaba en que Juan los protegiera si era necesario.
Amanda me llevó de nuevo a la tienda de lona y allí de nuevo tomó asiento. –Me hubiese gustado ver vuestra proeza desde el principio, de verdad, parece ser que ha sido increíble… Y una temeridad. Ahora tenemos a un grupo de caminantes apelotonándose en esa zona, la cual tardaremos en limpiar.
—¿Tenemos acaso la culpa? Si no hubiésemos intervenido, quizás ahora tendrían a una familia entera muerta pesando sobre su conciencia. De hecho creo que uno de los miembros no logró salir del vehículo. Luego podríamos haber muerto cuando sus chicas no nos dejaban subir solo por que les tienen un miedo excesivo a los hombres, estaban apuntando a ese hombre y a su hijo… Ese chico apenas es un adolescente— dije señalando hacia la calle.
—No eres capaz de entender lo que sienten estas mujeres. No puedes decir que su miedo es excesivo. Primero entiéndelas antes de juzgarlas.
—Pero es que no las estoy juzgando. Son ellas las que juzgan a los hombres por la mala experiencia que tuvieron. Usted parece ser que las ha convencido de que todos los hombres son malos y eso no es así. Las hace vivir con miedo— le espeté. –Las está convirtiendo en cadáveres en vida. Hay mala gente en este mundo, pero también queda gente buena todavía. Nosotros somos esa gente… Y estoy seguro de que esa gente que hemos salvado son buena gente también.
—¿Qué hacíais tu y el otro por aquella zona?— preguntó Amanda llenándose el vaso.
—Comprobar la seguridad del lugar— respondí. –Si al final puedo traer a mi familia y amigos… Si eso puede ser, quiero traerlos a un lugar seguro.
—Eso es lo que he estado pensando. Ya he tomado una decisión al respecto. Podéis hacerlo, podéis venir, pero te pongo una condición.
—Adelante— respondí con cierto alivio. –Aceptaré la condición que sea.
—No solemos admitir hombres tras nuestros muros para evitar que mis chicas sientan miedo, así que si los traes contigo estarán todos bajo tu responsabilidad. Si ocurre algo con uno de ellos, tú serás el responsable y recibirás tu castigo. ¿Aceptas? Si no aceptas sintiéndolo mucho no podré admitiros aquí.
Yo asentí. –Muy bien. Acepto, me parece correcto ese trato— Amanda sonrió y comenzó a llenar un segundo vaso, cuando lo llenó me lo acercó. —¿Y esto?
—Creo que esto se merece un brindis— respondió Amanda. Yo cogí el vaso y brinde con ella. Entonces sonrió. –Por un futuro prometedor para ambos— seguidamente ambos bebimos.
*****
Las Vegas… Zona segura
21:00 de la noche…

Randall se había recuperado por fin y ya estaba preparándose tal como Dorian le había ordenado, pronto abandonaría la seguridad de Las Vegas junto a un nuevo grupo para cumplir una misión. Salió de su apartamento y salió a la calle, la multitud parecía haberse multiplicado con el paso de las horas, la gente iba y venía al tiempo que las luces de los locales comenzaban a iluminarse y la música de estos a escucharse.
Fue hacia uno de los locales, allí era donde su nuevo grupo lo estaba esperando, nada más entrar vio el show que se estaba preparando, humanos contra caminantes. Allí había una especie de jaula preparada y en el interior un tipo con las manos desnudas se enfrentaba a dos caminantes con ferocidad.
El luchador se abalanzó sobre uno de ellos tras esquivar al otro, rodeó el cuello de este con un brazo y lo hizo caer, haciendo chocar después repetidas veces su cabeza contra el suelo. El segundo caminante trató de abalanzarse cobre el y el tipo rodó sobre si mismo para esquivarlo, cuando lo consiguió agarró al caminante desde atrás y con una fuerte llave agarró al No Muerto por la cabeza y de un tirón la separó del cuerpo, luego saludó a la multitud con la cabeza del caminante en alto como si fuera un trofeo.
—Creo que ha ese ya lo conoces— dijo de repente una voz a sus espaldas, Randall se dio la vuelta y se encontró con la cara sonriente de Dorian. –Su nombre es Billy, yo mismo lo he recomendado para la misión. Se que hará bien el trabajo.
Randall si que conocía bien a ese tipo, habían estado en la misma prisión, aunque en diferentes bloques, se trataba de un asesino y un violador, estaba condenado a muerte y el apocalipsis lo salvó. En la cárcel había organizado varios motines, había matado a varios guardas y presos, para Randall, ese tipo era de esos a los que era mejor no darle nunca la espalda, nadie sabía nunca lo que pasaba por su cabeza, pero desde luego no era nada bueno.
Cuando Billy salió de la jaula Dorian lo llamó y caminó hacia el y hacia Randall. –Buenas noches jefe. ¿Ya es la hora? Estaré listo nada más me de una ducha.
—Tómate tu tiempo mientras reunimos al resto— respondió Dorian. –Ya sabes cual es el asunto— entonces miró a Randall, creo que te irá bien con una veintena de hombres. No quiero que les ataquéis inmediatamente, primero quiero que los observéis bien y que juguéis un poco, intentad no matar a ninguno. No de momento, y si matáis a alguno que no sea al líder, a ese me lo traeréis aquí. Cuando llegue el momento ya morirá.
—Jefe— dijo en ese momento Billy. —¿Tengo carta blanca?
Dorian asintió con una sonrisa y Billy sonrió todavía más. Cuando se marchó, Randall miró a su líder. —¿Qué es eso de carta blanca?
—Ya lo verás. Te juro que será lo más macabro que has visto nunca.

A Randall no le gustó eso, tampoco le agradaba la idea de tener a aquel hombre en su grupo, sabía que además de un monstruo era un ser incontrolable y sanguinario. Se temía lo peor.

sábado, 18 de octubre de 2014

NECROWORLD Capítulo 51

Día 19 de Enero de 2010
Día 576 del Apocalipsis…
Desierto de Nevada…

El jeep conducido por Juan llegó a su destino y los dos ocupantes del vehículo pudieron ver que estaba ocurriendo. Había varios caminantes devorando los restos de unos caballos y personas mientras otras tres personas disparaban desde lo alto de unas rocas que habían logrado alcanzar. Estas personas iban ataviadas con ropas similares a las de los hombres del desierto para protegerse del sol, los tres estaban apretujados sobre una roca mientras disparaban a los No Muertos que se iban reuniendo a su alrededor con los brazos levantados hacia arriba. Los caminantes no podrían alcanzarlos a menos que alguno de ellos perdiera pie y cayera, pero también era cierto que allí arriba no resistirían muchos días, seguramente se volverían locos antes y acabarían suicidándose.
—Parece que tienen la situación controlada— dijo Butch con tono irónico observando la escena desde la ventanilla del copiloto. —Démonos el piro, no estamos aquí para ir acogiendo a nadie.
Pero Juan no parecía dispuesto a dejarlos allí. No tenían la situación controlada como decía Butch, uno de ellos ya había dejado de disparar y se limitaba a ponerse en cuclillas para golpear con la culata a los No Muertos. Se les acababa la munición y no tenían más. Miró a Butch enseguida. —¿Cuántos caminantes dirías que hay ahora mismo?.
Butch miró a los caminantes y luego a Juan. –Unos treinta— Justo en ese momento cayó uno abatido. –Ahora veinte nueve. ¿Por qué?
—Agárrate fuerte por que vamos a dar unos cuantos saltos— dijo Juan poniendo el motor en marcha de nuevo y agarrando el volante con ambas manos mientras miraba al frente fijamente. Butch iba a decir algo, pero entonces Juan pisó el acelerador.
El jeep salió hacia delante con un rugido y comenzó a acercarse a los caminantes, no tardó en comenzar a embestir  a los primeros, provocando importantes daños en la carrocería del vehículo. Cuando llegaron junto a la roca mientras comenzaban a disparar contra algunos caminantes, Juan comenzó a gritar. –Saltad al techo del jeep. ¡¡¡Ahora!!!
Los tres desconocidos intercambiaron miradas y enseguida comenzaron a saltar, cuando los tres estuvieron sobre el jeep, Juan volvió a pisar el acelerador y comenzó a alejarse de los caminantes a toda velocidad, los No Muertos comenzaron a tratar de perseguir el vehículo, pero la velocidad que este cogió yendo en otra dirección no tardó en despistarlos. Juan tuvo que dar varias vueltas antes de regresar junto a los demás, cuando llegaron enseguida fueron recibidos por Yuriko y Johana, las cuales enseguida apuntaron instantáneamente a los tres desconocidos que en ese momento se bajaron del techo del jeep en el que habían llegado como si fueran equipaje.
—Tirad las armas— les ordenó Johana.
—Haced lo que dice— dijo uno de los desconocidos, era un chico, el cual parecía llevar la voz cantante. Los otros dos obedecieron sin rechistar y dejaron caer los fusiles que llevaban. Rápidamente Sheila y Laura que también habían acudido ahí se apresuraron a recogerlos.
Uno de ellos se quedó mirando a Juan y a Yuriko, justo en ese momento comenzó a quitarse el turbante, el pañuelo y las gafas de sol, dejando al descubierto un rostro que Yuriko y Juan conocían, lo habían visto en Washington D.C y luego en Manhattan cuando se despedía junto a su mujer.
—Ha pasado bastante tiempo. Parece que el destino quiere que nos encontremos— dijo en ese momento Lazarus. A su lado otro de los desconocidos hizo lo mismo y quedó el rostro de una mujer al descubierto, se trataba de Isabella.
—¿Vosotros?— preguntó Juan sorprendido mientras miraba al tercero de ellos, al cual no reconocía. —¿Qué hacéis por aquí? No os veía desde que os fuisteis de Manhattan.
—Bueno, ahora vivimos en una comunidad en…— pero Lazarus no terminó de decir la frase, el otro se lo impidió.
—No es necesario revelar más. Les damos las gracias y volvemos a casa. Ya hemos perdido demasiado tiempo. Llamaremos a nuestra gente y que vengan a recogernos.
—Llama tú— dijo Isabella.
El tercer miembro del equipo se fue alejando mientras hablaba por el walkie mientras Lazarus hablaba con los dos únicos miembros del grupo que conocía.
—Supongo que ya sabéis que este lugar no es seguro. No se  a donde os dirigís y creedme que no me importa, pero os recomiendo que os larguéis cuanto antes. No es que seamos amigos, pero estoy vivo gracias a vosotros por segunda vez, así que os la debo. Id a donde tengáis que ir y abandonad este lugar cuanto antes.
—¿Estáis en Las Vegas?— preguntó Juan.
Lazarus miró a su compañero que estaba a unos treinta metros de ellos hablando por el walkie y haciendo gestos. Rápidamente miró a Juan y asintió. –Si lo preguntas es por que ya sabes lo que se cuece allí. Solo os digo que os alejéis a la de ya.
Juan miró a Yuriko y esta asintió. –Muy bien. Nos largamos.
Yuriko y Juan se alejaron seguidos por un Butch que miraba  con recelo a los que eran desconocidos para el. No sabía de que iba todo eso pero le daba igual. Tampoco sabía lo que había en Las Vegas. Ya lo averiguaría.
Cuando llegaron junto a los demás, Juan comenzó a hablar. –Nos vamos a buscar a Juanma y a Rachel en la dirección que se fueron, no podemos quedarnos aquí por motivos de territorio. Andando.
Nadie rechistó ni hizo comentarios, ocuparon los vehículos y se largaron por el mismo lugar que se habían ido Juanma, Sean y Rachel. Necesitaban encontrarlos cuanto antes y poner camino de nuevo hacia Portland.
*****

No sabía si debía tomarme como real lo que decía aquella chica. Podría ser una jugarreta para engañarnos… ¿Pero y si era cierto? Miré a Rachel que estaba a unos pasos de mi y esta negó con la cabeza, me di la vuelta y miré a Sean, el cual estaba asomado por detrás del mostrador, en su cara había una expresión de miedo, con un gesto de la mano le dije que se acercara y este lo hizo arrastrándose por el suelo.
—Escucha, voy a necesitar que me cubras tú también. Ellas son solo cuatro.
—No hagas estupideces. ¿Acaso quieres morir? No te fíes de ellas— me susurró Rachel, pero yo ya estaba poniéndome de pie para dirigirme hacia la puerta. —¡¡¡Juanma!!! No hagas… Joder…
 Dejé mi arma en el suelo y salí por la puerta con las manos en alto y me encontré cara a cara con la chica de color. Me fijé en sus hermosas facciones, era realmente guapa. Al ver que iba desarmado dejó su fusil en el suelo, las otras chicas siguieron sin moverse, ni siquiera sacaron sus armas.
—¿Realmente conoces a Stacy o es una pantomima?— pregunté. –Aunque de serlo supongo que jamás lo dirías con sinceridad. Más bien me mandarías una respuesta en forma de bala entre las cejas. ¿Es eso lo que pretendes?
La chica avanzó hacia mí y cuando la tuve delante tendió su mano. –Alexandra. Ese es mi nombre. ¿Y el tuyo?
Me quedé un rato pensativo y finalmente respondí a la vez que se la estrechaba –Juanma.
—¿Está Stacy ahí dentro? Si o no— preguntó Alexandra nuevamente. Realmente si que parecía que la conocía. –Íbamos hacia Manhattan cuando vimos vuestros vehículos en esta área de servicio. Ella fue allí con la intención de conseguir alimentos para nosotras en Portland— Por el momento me estaba contando todo lo que Stacy me había contado, pero aun no podía arriesgarme, pero después de pensármelo unos segundos decidí jugármela.
—Stacy no está aquí. Ella está con mis demás compañeros. Nos dirigíamos hacia Portland con la comida que Stacy vino a buscar.
—¿Estás de coña? Menuda casualidad entonces encontrarnos. Volvamos con tus compañeros entonces. Solo aclárame una cosa antes ¿Cuántos sois? Mejor dime ¿Cuántos hombres sois? No te ofendas… Pero de donde vengo, los hombres no son bienvenidos. No nos fiamos de ellos.
—¿Y tú te fías de mi?— pregunté –Para no fiarte de los tíos te has lanzado de cabeza a saludarme.
—Por que se que no mientes. Lo veo en tus ojos. No hay mentira ni maldad. Eso lo supe enseguida. Vamos, te llevaremos con los tuyos y luego nos iremos todos juntos a Portland— dijo dándose la vuelta, pero como no la seguí se dio la vuelta para mirarme. –No muerdo.
Me di la vuelta y miré a Sean y Rachel, los cuales comenzaron a salir de la tienda, cuando se acercaron Rachel me miró. —¿Te fías de ella? Al final va a ser verdad que a los tíos os guiñan un ojo y enseguida hacéis lo que os piden. Tu testosterona te llevará a la perdición algún día.
—No es eso. Ella dijo lo mismo que Stacy… Y tampoco… Tampoco veo mentira en sus ojos. Además, las otras no hicieron nada, creo que si quisiesen hacernos algo lo habrían hecho ya.
—Muy bien… Como tú digas— Rachel me dio un puñetazo en el hombro. –Pero como nos maten, mi bota buscará tu culo en la otra vida. Que eso te quede claro.
—Tomo nota— respondí.
Rachel comenzó a caminar hacia la puerta del conductor del jeep para conducir ella mientras las otras cuatro chicas se subían a su vehículo, me di la vuelta y me encontré con Sean. –Está muy buena ¿Eh?
Me fijé en su mejilla y vi que estaba hinchada. –Siento lo de antes, pero esto no es un juego. No podemos andarnos con bromitas de ese tipo. No vuelvas a hacerlo.
—Lo siento. Prometo que no lo haré más. Lo juro.
Sean y yo subimos al jeep y Rachel comenzó a seguir al vehículo conducido por Alexandra. Recorrimos un largo trecho cuando nos vimos un jeep y dos camiones de frente. Estos se detuvieron, se trataba indudablemente de nuestros compañeros, le dije a Rachel que detuviera el vehículo al mismo tiempo que vi que Alexandra detenía el suyo.
Me bajé del vehículo y comencé a hacerles señas para que bajaran, cuando lo hicieron vi salir a Stacy, la cual comenzó a correr hacia Alexandra y sus chicas, enseguida comenzaron a abrazarse y a hablar. Con aquella escena Rachel se me acercó.
—Bueno… Parece ser que decía la verdad. Ahora solo espero que esto no fuera una trampa desde el principio y todo lo de Portland sea una encerrona. Si eso es así le partiré la cara a esa tía. Bueno, me voy a ver a Sheila.
Rachel fue corriendo al encuentro de Sheila mientras que Juan llegaba a mi lado. –Tenemos que irnos de aquí. Hace un rato Butch y yo tuvimos un encuentro con alguien que tú ya conoces. ¿Recuerdas a Lazarus y a Isabella?
—¿Lazarus e Isabella? ¿Qué hacían aquí?— pregunté ligeramente inquieto, sabía que Juan no me iba a dar buenas noticias.
—Mira. El nos dijo que nos marcháramos y mencionó Las Vegas. Allí es donde se sabe… Bueno, solo algunos… Que es donde se encuentra el tipo más cabrón de toda esta zona. Me refiero a Dorian. Si nos encuentran estaremos jodidos. Esto relaciona a los chicos de Randall con el.
—Muy bien— Miré a Alexandra y a Stacy, las cuales seguían hablando. –Escuchad… Es hora de irnos. Me gustaría estar en Portland antes del anochecer.
Volvimos a distribuirnos en vehículos y nos pusimos rumbo a Portland. Por fin nos acercábamos al final del camino, pronto podría hablar con la tal Amanda Kramer sobre la posibilidad de mudarme allí con mi familia y amigos. Me miré el reloj y eran cerca de las doce del medio día.
*****
Las Vegas… Zona segura…
11:55 de la mañana…

Randall pasó el puesto de control de las murallas de la ciudad. Allí los vigilantes lo dejaron pasar tras comprobar que se trataba de el. Randall condujo por las iluminadas calles por donde transitaban hombres y mujeres de distintas edades.
Aquella ciudad había sido ocupada por Dorian hacia tiempo, un poco tiempo después de haber sido desterrado de Manhattan, este en primer lugar junto a varios de sus hombres habían tomado el control de la ciudad, poco después la población aumentó con la llegada de más hombres salidos de las prisiones más cercanas, el había sido uno de esos presos, aunque en esos momentos eran soldados, leales y peligrosos.
Detuvo el vehículo enfrente de un edificio donde siempre estaba Dorian, se trataba de una especie de casino donde también había varios bares de streeptease. Salió del vehículo y se topó con uno de los guardas que decidían quien entraba.
—Vengo a ver a Dorian— dijo Randall.
Los dos guardas lo dejaron pasar y Randall se internó en aquel lugar, enseguida la música y el olor a tabaco y hierba le llegó. La música era la típica que ponían cuando una chica bailaba en la barra mientras se desnudaba, de hecho allí estaba una de ellas quitándose en ese momento el sujetador ante los gritos de varios hombres a medio camino del mayor viaje de sus vidas a lomos de una botella de alcohol, al final de la sala, sentado en lo que parecía un trono estaba Dorian admirando sus dominios mientras una de las chicas le hacía un trabajito, cuando llegó junto a el, este hizo un gesto y la chica se levantó limpiándose la boca.
—Toma asiento Randall— dijo Dorian. —¿Una cerveza?
Randall asintió y se sentó, segundos más tarde otra chica apareció con la cerveza, se la entregó a Randall y este comenzó a beber rápidamente, no tardó ni un minuto en bebérsela toda, estaba sediento.
—Bueno, cuéntame. Desde aquella charla por radio no he vuelto a saber de ti.
—Vienen de Manhattan, estoy totalmente seguro de ello, pero no se a donde se dirigen. Creo que podrían ir hacia Portland, pero no lo se seguro.
—¿A dónde crees si no? Portland es al único sitio aparte de este al que pueden ir. No se que buscaran allí, pero no me importa lo más mínimo.
En ese momento Randall comenzó a sentirse mal. Miró a Dorian al tiempo que se tocaba la cabeza, la visión se le estaba nublando. —¿Qué me has hecho? ¿Me has drogado?
—Te he envenenado— respondió Dorian con una sonrisa. –¿O acaso pensabas que iba a dejarte vivir tras cagarla tan estrepitosamente. Te llevas a un grupo y vuelves tu solo— Dorian se levantó de golpe y agarró a Randall de la camisa. –Has perdido a hombres valiosos por preguntar antes de disparar y lo que yo enseño aquí es todo lo contrario— En ese momento Dorian se sacó una ampolla del bolsillo y se la mostró a Randall. —¿Ves esto? Es el antídoto que necesitas para no morir babeando como un perro— Randall trató de cogerlo, pero Dorian lo retiró. –No tan deprisa. Si lo quieres tendrás que jurarme que darás con ellos y los matarás a todos, a todos menos al que manda en el grupo. A ese lo quiero yo personalmente para mí. ¡¡¡Júralo!!!
Randall vomitó y agarró la ampolla, seguidamente se bebió el contenido y cayó boca abajo en el suelo, entonces Dorian lo cogió del pelo y lo levantó. –Ahora ve y descansa, cuando te hayas recuperado te daré una nueva misión, esta vez espero que no me falles. Una cosa más, te iba a dar el medicamento de todos modos, solo quería divertirme con el sufrimiento de tu rostro al sentir el abrazo de la muerte.

Dorian se largó del local y fue a su despacho, allí se sentó detrás de una mesa y cogió una radio. Esperó unos instantes y finalmente respondió una voz.
—Todo ha ocurrido como según dijiste. Ese grupo que salió de Manhattan están cerca de aquí. Supongo que no tardarán mucho en llegar a Portland. Ya los interceptaremos, ahora lo importante es que dejes de interpretar tu papel y hagas lo que tienes que hacer… Me da igual todo eso… La guerrilla solo son un mal menor, cucarachas a nuestro lado… Ya los habéis arrasado ¿No? Pues eso… Que ya no son importantes… Mata a mi hermano y asume el control total de la ciudad… Si, ya se que la tienes, pero me refiero a el control total. El bastante control para abrirnos las puertas… Muy bien, eso quería escuchar… Una cosa más. No se te ocurra fallarme.
Dorian cortó la comunicación y se levantó para ir hacia una pequeña nevera, se sacó una botella de vino, volvió a la mesa y se llenó una copa.
Con el vaso lleno se levantó y se acercó a la ventana, desde allí contempló la ciudad del pecado, la cual desde su destierro de Manhattan había tomado bajo su control después de limpiarla de caminantes. Los chicos que había ido recogiendo por el camino habían hecho un trabajo impecable en aquel lugar, no le importaba que hubiesen sido presos, al menos esos no dudaban a la hora de matar si era necesario. Muchas veces pensaba que el destierro era lo mejor que podía haberle pasado, Manhattan le parecía una ciudad destinada al fracaso, el veía muchas más posibilidades en aquel lugar.
Por otro lado recordaba con cierta amargura el haber perdido a seguidores en aquella rebelión que llevó a cabo, incluso perdió a Dante, siendo este último encarcelado en aquel maldito barco prisión, pero al menos seguían quedando seguidores suyos infiltrados entre las filas de su hermano, solo uno en realidad, el cual le había estado informando de todo lo que ocurría en la ciudad y todos los pasos que se daban, desde luego lo que más le interesaba era ese hombre invisible para los No Muertos. Era evidente que ese tipo jamás saldría de la ciudad, así que mejor entraba el a buscarlo, pero desde luego se tomaría su tiempo.
En ese momento escuchó la voz de su secretaria. –Señor… Los recolectores han regresado, pero no todos.
—Que pasen— respondió Dorian.
En ese momento vio entrar a los tres supervivientes de aquel grupo. Siete eran los que se habían marchado y solo habían vuelto ellos, lo que demostraba que habían fracasado.
—Lo lamentamos señor. Nos topamos con un rebaño y perdimos a Rosenberg, a Mitchell, a Shepard y a Ludlow. Nosotros habríamos muerto también de no ser por…
Dorian arqueó las cejas y miró a la pareja que había reclutado en su ciudad hacia unos meses, su historia le impactó. Todo aquello de los templarios por orden del vaticano le sonaba a película. –¿De no ser por que Dadley?
—De ese grupo que pasaba por allí. Creo que se dirigen a Portland— respondió Dadley. –No hay otro lugar por esta zona además de este. Ellos los conocían. –dijo mirando a Isabella y Lazarus. Estos enseguida parecieron ser golpeados por algo.
—Eso no lo sabía, pero bueno. Ya los interceptaremos cuando se pueda, prefiero tomármelo con calma. Lo me gustaría meterme en una escaramuza que nos ocasione bajas a nosotros, es mejor observar y esperar. Mi plan más bien es matar a todos menos a su líder. A ese lo quiero aquí para cargármelo personalmente o llegar a un acuerdo con el, aun no lo tengo decidido del todo. Ahora retiraros.

Los tres salieron del despacho. Cuando estuvieron fuera, Lazarus agarró por la camisa a Dadley. –Eres un cabrón. ¿Nos salvan y se lo pagas así? Solo eres un enorme pedazo de mierda.
—A ver si vas aprendiendo algo. Con Dorian es mejor no jugar o ocultarle las cosas por que tarde o temprano se entera. Nos mataría si le ocultamos información. No pienso pringar por unos que protegen al enemigo.
Dadley se soltó y se largó mientras Isabella y Lazarus se quedaron mirándose.
—¿Qué hacemos ahora? ¿Van a ir a por ellos?— preguntó Isabella.
—Seguramente— respondió Lazarus. –Será mejor que no nos metamos y que ocurra lo que tenga que ocurrir. Será mejor para nosotros. Aquí tenemos un hogar, aunque sean así…
—Me decepcionas— respondió Isabella mientras se alejaba de su marido.
Lazarus se quedó allí solo y miró disimuladamente a una de las cámaras ocultas del pasillo, el era de los pocos que sabían que allí había cámaras. Realmente tenía un plan, pero no podía hablarlo ahí y poner en peligro a su mujer y a si mismo.
*****
Manhattan… Túneles…
13:00 del medio día…

Christopher y Mouse llegaron a la capilla donde vivía papá Angelito, nada más llegar vieron a varios caminantes golpeando la puerta, eso era señal de que allí dentro había alguien, y ese alguien era el líder de los túneles.
Mouse le hizo un gesto a Christopher para que avanzara por otro lado, acabarían con los No Muertos en cuestión de minutos. Lo peor era que conocían a la mayoría de ellos, una era Lorna, la amiga de Kimberly.
—Acaba con ellos, luego les daremos un entierro digno— dijo Mouse.
Ambos comenzaron a disparar. Los tiros eran certeros y no tardaron en acabar con ellos. Cuando los caminantes estuvieron abatidos, los dos compañeros corrieron hacia la puerta, cuando llegaron vieron que estaba cerrada desde el otro lado.
—¡¡¡Papá Angelito!!!— gritó Mouse dando empujones y patadas a la puerta. —¡¡¡Abra!!! Somos Mouse y Christopher— pero no hubo respuesta desde el interior. Aun así se escuchaban ruidos al otro lado.
—Creo que hay gente al otro lado— dijo Christopher. Enseguida comenzó a dar golpes en la puerta. –Abridnos ahora mismo. Seáis quienes seáis. ¡¡¡Echaremos la puerta abajo!!!

David y Paul se quedaron en silencio cuando escucharon los disparos. Acababa de llegar alguien, pero no eran soldados de la superficie, eran seguramente habitantes de los túneles que habían vuelto buscando a alguien. Habían dicho el nombre de papá Angelito. Entonces ambos miraron el cadáver de aquel hombre al que Jill había abatido, ese era papá Angelito sin duda.
—¿Qué haremos ahora? Si vienen buscándolo a el y lo ven muerto con nosotros aquí…— comenzó a decir Paul en voz baja. –Nos matarán. Eso es seguro.
—Pues habrá que negociar. No fuimos nosotros quienes lo mataron… En un primer momento me refiero— respondió David sin apartar la vista del cadáver. –Supongo que no será fácil. Dejadme hablar a mí. –David miró hacia la puerta y alzó la voz. –Papá Angelito  está muerto, pero nosotros no tenemos nada que ver, lo encontramos siendo un No Muerto y tuvimos que acabar con el… No hicimos nada.
Fuera escucharon murmurar a dos personas, hablaban entre ellos, pero no eran capaces de averiguar que decían exactamente, aunque parecían estar decidiendo si debían creerles. De cualquier modo su historia no era muy convincente. Ellos tampoco les habrían creído si estuviesen en su lugar. –Escuchad, no se cuantos sois y supongo que no nos vais a creer, por eso os propongo un trato, si dejáis ir a mis compañeros yo me quedaré. –Dijo finalmente David, los demás lo observaron con una expresión de incredulidad.
—No puedes hacer eso— respondió Paul, pero ya era tarde, David estaba quitando el madero del portón.
La puerta se abrió y se encontraron cara a cara con dos hombres, uno de corta estatura y otro más grande y más robusto. Estos les apuntaban con sus armas. David con el temor de que dispararan se puso delante de sus compañeros.
—Aceptad mi trato y dejad que se marchen mis amigos. A mi hacedme lo que queráis.
El más grande iba a decir algo cuando se escucharon unas voces que venían por el túnel. David pensó que llegaban refuerzos para ellos, pero en lugar de eso el más pequeño los miró.
—Vamos. Tenemos que salir de aquí. Esos que vienen por allí no son precisamente amigos. Seguidnos, creo que tenemos que aclarar algunas cosas.
David y los suyos siguieron a los dos desconocidos a través de los túneles, evitando ser vistos por los que llegaban. Este se imaginaba que incluso allí abajo también había diferentes bandos. Llegaron hasta un lugar junto a unos vagones de tren y allí se ocultaron, se asomaron y vieron llegar a un grupo de diez hombres. El que iba a la cabeza quedó un momento alumbrado por la luz que se filtraba y David pudo ver que era un hombre ario con gafas, no parecía muy fuerte, era bastante delgado.
—Zero…— murmuró en ese momento el más pequeño.
—¿Quién?— preguntó David mirando al desconocido.
—Silencio— dijo el más grande.

Zero lanzó un grito de rabia al tiempo que pateaba el suelo al ver el portón abierto de la capilla y el cadáver de papá Angelito cosido a balazos. Alguien había estado allí, seguramente Mouse y el otro, el cual no recordaba nunca su nombre, si habían sido ellos los que habían estado allí podría ser que de alguna manera lo relacionaran con la muerte del haitiano.
—Buscad por aquí. No pueden haber ido muy lejos. Deben estar por los alrededores. Buscadles y matadles.
—¿Y tu que harás?— preguntó uno de los que lo seguían, del que tampoco recordaba el nombre.
—Yo volveré allí con toda la gente y les calmaré. Tendré problemas si el resto de gente descubre que yo maté a su adorado mesías. Yo lo que necesito ahora son seguidores, no detractores ¿Lo entendéis?
Zero se despidió de sus hombres con un gesto y desapareció por uno de los túneles. Los otros comenzaron a rastrear la zona. Estaban dispuestos a disparar contra lo primero que viesen, vivo o muerto.

Mouse apretó los puños con fuerza para contener la rabia que sentía. Ese malnacido era el responsable de todo eso, comenzó a atar cabos, el robo de armas en la superficie, el posterior ataque de los de la superficie, el asesinato de papá Angelito, todo había formado parte de un plan de ese maldito nazi. Miró rápidamente a los que se había encontrado en la capilla.
—Parece ser que ya se han explicado por vosotros… Tenemos que salir de aquí. Si os ven esos os matarán. Y lo mismo nos harán a nosotros. Eso nos convierte en aliados… Supongo.
—Puedes confiar en nosotros. Yo soy David.
Ambos se estrecharon la mano aun con cierta desconfianza, pero de forma firme.
—John Villalba— respondió Mouse. –Pero todos me llaman Mouse. Este es Christopher. Ahora salgamos de aquí. Deberemos subir a la superficie ¿Conocéis algún sitio donde podamos estar seguros?— preguntó finalmente Mouse esperando que David u otro miembro de su grupo le diese una solución.
—Quizás Juanma pueda ayudarnos— dijo en ese momento Christopher. –Si alguien puede ayudarnos ahí arriba a ocultarnos es el.
En ese momento David se metió en la conversación. —¿Has dicho Juanma? ¿De que lo conocéis?
—Es una larga historia. Salgamos de aquí— Mouse miró desde su cobertura en el vagón y vio como los seguidores de Zero desaparecían de su campo de visión. –Es el momento, vamos, tomaremos la salida de central park.
Todos se pusieron rumbo hacia el exterior. Esperaban no tener ningún contratiempo y que los perros de Zero no les dieran caza antes de abandonar los túneles.
*****
Portland… Oregón…

Portland no era como me había imaginado, pensaba que iba a ser algo similar a nuestra comunidad. Allí no había ninguna valla de hierro de varios metros de altura ni electrificada. Había zanjas cavadas y al otro lado había vehículos de gran tonelaje y grandes ruedas de neumático a modo de murallas. Sobre ellas había varias mujeres armadas con rifles de asalto, lanzas y ballestas, su aspecto era demacrado, como si hubiesen estado pasando un calvario. La historia de Stacy cobraba en esos momentos más sentido que nunca.
Cuando las centinelas nos vieron llegar nos apuntaron con sus armas, solo la rápida intervención de Stacy impidió que nos mataran allí mismo.
—Abrid las puertas. Trisha, Lady. Soy yo, he vuelto— dijo Stacy con las manos en alto. Ellos me han traído de vuelta.
—Ya habéis oído. Venga— dijo Alexandra bajando también de su vehículo. –Bajad las armas y abrid la puerta.
Esperamos unos segundos y finalmente vimos como se abrían unas puertas de hierro para dejarnos paso, cuando entramos vi que su territorio no era muy grande, quizás unas cinco calles rodeadas de zanjas, escombros, trampas, vehículos y grandes ruedas. Había seguridad, sin duda, pero esta palidecía frente a cualquiera que habíamos tenido antes y especialmente se quedaba corta ante la de Manhattan. Comencé a replantearme lo de llevar allí a mi familia.
Con los vehículos ya dentro los detuvimos y comenzamos a bajarnos de los vehículos. Las mujeres nos contemplaban a los hombres con temor, como si de repente pudiéramos comenzar a masacrarlas, muy mal debían haberlo pasado con el sexo masculino como para desconfiar así y mostrar esa expresión, incluso las niñas nos miraban con desconfianza.
—¿No te da mal rollo todo esto?— preguntó Butch pasando por detrás de mi para dirigirse a uno de los camiones para comenzar a sacar la comida que llevábamos. –Todo tías… No hay ni una sola polla… Salvo las nuestras. Son como las amazonas.
Aunque muchas veces las cosas de Butch me daban vergüenza ajena escucharlas por lo ridículas que eran, en esos momentos había algo en lo que no se equivocaba, allí había bebés que no tendrían más de dos meses, eran niñas. ¿Qué era lo que hacían cuando nacía un niño varón? Me parecía impensable que se deshiciesen de el, eso era algo que antes de llevar a los míos allí, si al final lo hacía. No quería encontrarme con que naciera un niño y me obligasen a deshacerme de el.
Cuando vieron que comenzábamos a sacar comida, las mujeres y adolescentes comenzaron a apelotonarse a nuestro alrededor para que con la mano extendida para que les diéramos algo.
—Joder… Parecen No Muertos— dijo Butch mientras le era arrebatado de las manos un paquete de latas de conserva. –Quietas señoritas, que aquí hay para todas.
En ese momento una mujer más mayor que el resto se abrió paso a través de las demás, las cuales enseguida se fueron apartando y quedándose en silencio, era como si estuviesen dejando paso a una especie de deidad. La mujer siguió con paso firme hasta que llegó donde estaba yo. Era morena y debía tener unos cincuenta años como mucho, sus ojos eran de color marrón.
—Supongo que eres tu quien está al mando. ¿No? ¿Te envía Graham?
—Graham está en el hospital debatiéndose entre la vida y la muerte. Yo soy el nuevo líder de la ciudad y también estoy al mando de esta misión.

La mujer lanzó un suspiro y tendió la mano para que se la estrechara, lo hice y me presenté, ella se presentó como Amanda Kramer. Ella era la gran madre de la que Stacy me había hablado. Era con ella con quien debía hablar. Por fin habíamos llegado a Portland.