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sábado, 27 de septiembre de 2014

NECROWORLD Capitulo 50

Día 19 de Enero de 2010
Día 576 del Apocalipsis…
Manhattan… Zona infestada… 07:00

Carlos se despertó tumbado en el suelo de una de las salas de la parroquia que había escogido como refugio. En su boca notaba todavía el sabor del vomito mezclado con el del alcohol, levantó poco a poco la cabeza y miró a su alrededor, era de día y en su mente no había imágenes claras, solo pequeños retazos de lo que había pasado el día anterior, recordaba el tiroteo con los dos escorias, recordó que había sido herido en el hombro y que había llegado hasta la parroquia, a partir de ahí estaba todo muy difuminado, era como ver una película bajada de internet, totalmente borrosa y mala calidad de sonido. Vio los varios charcos de vomito por el suelo, se miró la herida del brazo, la cual estaba vendada de una forma un tanto torpe, se fue quitando las vendas y vio el corte que se había hecho, también vio varias quemaduras. Se puso en pie a duras penas y comenzó a caminar por la sala, llegó hasta un sofá a duras penas, su cabeza palpitaba a causa del dolor y parecía a punto de estallar. Era seguramente la peor resaca de su vida.
Se sentó en el sofá y allí en el suelo vio un paquete de vendas junto a un cuchillo ensangrentado, varias balas cortadas para extraer la pólvora y una botella de bourbon. Más o menos podía hacerse una idea clara de lo que había ocurrido, aquello que se le escapaba en esos recuerdos borrosos, no se acordaba muy bien, pero era fácil saberlo. Había llegado allí y había comenzado a beber para que el alcohol hiciese un efecto anestésico, podría haberse curado antes de caer desmayado a causa de la borrachera, aunque las vendas se las había puesto seguramente en estado de embriaguez, de ahí el tan esperpéntico resultado del vendaje.
Se esperó un poco en el sofá y luego se puso en pie, necesitaba encontrar su mochila para tomarse alguna pastilla para el dolor, recordaba que llevaba algo de Paracetamol, era momento para usarlo, ya que ese dolor de cabeza estaba siendo criminal.
Encontró la mochila sobre una mesa al fondo de la sala, esta estaba revuelta del todo, metió la mano y sacó la caja de capsulas, iba a necesitar al menos dos para que la jaqueca desapareciera, mientras se las tomaba solo pensaba en terminar lo que había comenzado, dar caza a esos dos escorias, los reconocería en cualquier lugar, no se le escaparían. También se ocuparía de Eva, ella tampoco se le escaparía, solo que su destino sería muy diferente al de las basuras humanas que habitaban en los túneles.
*****
Manhattan… Zona segura…

Kendra estaba nerviosa. Mike acababa de llegar a casa y había comenzado a dar ordenes de que recogieran toda la ropa, que se marchaban antes de que pudiese pasar algo malo por haber desertado, se había sorprendido mucho de que su marido entrase así por la puerta con el arma incluida, algo que nunca antes había hecho, no le dio ninguna explicación, solo le dijo que hiciese las maletas.
Los niños ya estaban preparados en el salón, solo quedaba ella. Mientras Mike observaba por la ventana, tenía una visión clara de toda la calle, si algún vehículo lleno de militares paraba por allí para ir a buscarle y detenerle, lo vería llegar por cualquiera de los dos lados, pero no veía nada.
—Mike…— la voz de Kendra lo hizo sobresaltarse, este la miró. –Ya estoy lista.
—Coge a los niños. Vamos— Mike miró a sus hijos. –Venga, es hora de irnos.
Justamente en ese momento alguien llamó al timbre varias veces y Mike se quedó petrificado. ¿Podría ser que fuesen los militares? Si eran ellos… ¿Por donde habían llegado?. De nuevo se escuchó el timbre y seguidamente la voz de Eva.
—¿Kendra? Vengo a por ti para llevar a los niños al colegio.
Kendra miró a Mike, el cual automáticamente había apuntado hacia la puerta presa del miedo. Este tenía muy claro que lucharía hasta el final si trataban de llevárselo, solo por proteger a su familia. –Mike. ¿Qué hago?— preguntó en voz baja.
—No abras la maldita puerta. No respondas— respondió Mike bajando el arma. –Nos tenemos que ir, vamos por la escalera de incendios.
Kendra y los niños comenzaron a caminar hacia la escalera en silencio mientras Mike miraba a la puerta, lamentando no confiar en sus amigos, no podía arriesgarse a que detrás de Eva hubiese un pelotón dispuesto a entrar en tromba y quizás fusilarlo allí mismo. Finalmente salió por la ventana y siguió a su familia hasta un callejón lejos de las miradas de los demás habitantes de la ciudad.
—¿A dónde vamos papá?— preguntó su hijo. Aun no les había dicho nada, solo que se iban. Miró a Kendra y a su hija y luego de nuevo a su hijo. –Nos cambiamos de casa hijo mío, nos cambiamos de casa.
*****
Eva al ver que nadie abría la puerta de la casa miró a Vicky y descubrió que en los ojos de la niña había también preocupación. Llamó varias veces más pero no obtuvo respuesta. No era normal que Kendra no estuviera en casa, desde luego ahí pasaba algo, temía que Mike hubiese muerto en la misión y que al enterarse, Kendra hubiese hecho alguna locura.
—Retrocede un poco— le dijo a la niña.
La pequeña obedeció sin poner trabas y dio unos pasos hacia atrás. Enseguida Eva se lanzó contra la puerta y esta se abrió de golpe. Ella entró rápidamente y encontró la casa normal, con la única diferencia de que en la habitación no había nada de ropa en los armarios, era como si se hubiesen marchado a toda velocidad de allí. ¿Qué estaba pasando allí? Todo era muy extraño, Mike y su familia se habían largado. ¿Pero a donde?
*****
En algún lugar del desierto de Nevada…

Detuvimos los vehículos y salimos de ellos para consultar el mapa. Miré a Stacy y esta hizo una mueca, se daba cuenta de que estábamos tardando más de lo que pensábamos en llegar a Portland. Ella se había dado cuenta después de estar conduciendo toda la noche, debíamos estar todavía a unas quince horas de nuestro destino y estábamos muy cansados, también estábamos empezando a notar cierto calor a pesar de estar en Enero todavía. Al menos no habíamos tenido la mala suerte de cruzarnos con el rebaño que Randall nos había avisado, quizás fuese un farol, quizás no.
—¿Queréis agua?— preguntó Laura sacando una pequeña nevera del jeep.
Todos asentimos y esta comenzó a repartir botellas mientras Rachel, Sean, Stacy y yo  contemplábamos el mapa. De vez en cuando Sean le lanzaba miradas a Johana mientras esta, Juan y Butch nos proporcionaban seguridad.
—Sean. Mira esto— le dije dándole un golpecito en el brazo, cuando me miró le señalé un punto en el mapa. –Por aquí hay varias áreas de servicio. Voy a ir a ver si puedo conseguir algo de interés. No estaré mucho tiempo fuera.
—¿Quieres que te acompañe yo?— preguntó el joven.
—Bueno vale, pero ten mucho cuidado. No estás para muchos trotes— le respondí al joven haciendo referencia a su pierna. No me hacía demasiada gracia que me acompañara, pero finalmente asentí y accedí. En ese momento vi una extraña expresión en la cara de Stacy. —¿Qué pasa? Por tu cara diría que te preocupa algo.
—Eso os acerca demasiado a Las Vegas. Ese lugar… Es peligroso.
—No te preocupes. Será ir y volver— respondí. –Cogeremos un jeep.
Sean y yo comenzamos a caminar hacia un jeep mientras los demás se quedaban allí, necesitaban descansar, yo también, pero por el momento era un lujo que no podía permitirme. En ese momento vi a Rachel que venía detrás de nosotros.
—Os acompaño. Necesitareis más fuego de cobertura en caso de ser necesario y no creo que el chaval esté a la altura. Además, ya sabes que soy buena tiradora. Me despido de Sheila y me voy con vosotros.

Rachel se acercó a Sheila y le dio un abrazo seguido de un beso. Luego estuvieron hablando y poco después Rachel volvió junto a Sean y junto a mi. Segundos después nos pusimos en marcha hacia las áreas de servicio que había encontrado. También teníamos el Gran Cañón cerca.
*****

Butch se quedó mirando el jeep mientras se alejaba y luego miró a Juan, este seguía dando vueltas por allí observando y vigilando. Se acercó a el y comenzó a hablarle. –No te cansa que siempre sea el que se vaya por ahí? A mi eso me agobia, ese exceso de búsqueda de protagonismo. Desde lo de Amityville que lo tengo calado. Es el típico tío que quiere ser el héroe en todo, no hay cosa que me toque más los huevos.
—¿Me hablas a mi?— preguntó Juan con tono jocoso, ya sabía que se dirigía a el. –Ando demasiado ocupado vigilando que no nos sorprenda una horda y nos muerda el culo— señaló a Butch. –Tú deberías estar haciendo lo mismo.
—Estamos en campo abierto. No se ve a ningún podrido ni lejos ni cerca, es una gilipollez estar vigilando, además, son tan idiotas que si se acercan lo sabremos.
—Son los vivos los que nos preocupan. Ya has visto lo que ocurrió con aquellos tipos.
—Esos no volverán. ¿No viste como corrían? Estaban asustados, corrían con la polla en el culo— sentenció Butch. –Ya saben de lo que somos capaces, se lo pensarán dos y tres veces antes de volver a jugársela.
—¿De donde sacas esa estupidez? Si algo se ha aprendido en los entrenamientos es que no hay que bajar nunca la guardia ante nada. ¿Dónde porras estabas metido?— Butch iba a responder, pero Juan lo silenció enseguida. –Mejor no me respondas. Sigue con tu trabajo.
Butch se dio la vuelta y murmuró. –Gilipollas.
—Si, pero la tía por la que estoy colgado no pasa de mi— respondió Juan mirando de reojo a Johana, la cual se estaba echando algo de agua por encima para refrescarse. Allí estaba haciendo más calor de lo esperado.
Butch se alejó hacia su anterior posición y allí se quedó observando una serpiente que merodeaba entre los resecos matorrales, ese era seguramente el único ser vivo en kilómetros a la redonda.

Yuriko se había alejado un poco del resto del grupo, necesitaba estar un rato sola para pensar y decidir cosas que llevaban dando vueltas en su cabeza desde el encuentro con Carlos. Aunque este no estaba allí sentía en todo momento la presión que este ejercía sobre ella. No solo era eso, también se trataba de pavor. Carlos había mostrado una cara que no conocía. Se quedó un rato meditando y finalmente tomó una decisión, cuando Juanma volviera le contaría todo.
*****
Carguero prisión…

Luci estaba sentada en la misma mesa donde había conocido a Dante, este estaba al otro extremo comiendo sin parar mientras iban y venían unos presos que hacían las veces de sus sirvientes. Luci ni siquiera probaba bocado, tenía la vista clavada en Dante. Este dejó el hueso que acababa de despojar de carne y la miró.
—¿No comes? Deberías hacerlo. Es un privilegio al que no todos optan.
—No tengo hambre, y además, verte comer me revuelve las tripas. Eres increíblemente asqueroso y despreciable. ¿Para que me has hecho venir aquí?
—Me he enterado de tu disputa con las chaladas de la mascara. Te has cargado a la abeja reina, sus fieles seguidoras buscarán tu cabeza, no cesarán en el empeño de matarte. Lo único que no se sabe es cuando será— dijo Dante en ese momento. —¿Cómo se te ocurre?
—Yo no la maté. Ella cayó del carguero y los guardias dispararon.
—Si que la mataste. Al menos esas zorras zumbadas así lo creen… Y así te lo harán pagar. A menos que…— en ese momento Dante hizo un gesto y unos cuantos de sus hombres entraron en aquella sala llevando en volandas a cuatro chicas desnudas con unas mascaras de carnaval, eran las seguidoras. –Aquí las tienes, las he traído para ti— dijo mientras se limpiaba con una servilleta, seguidamente se puso en pie y caminó hacia Luci, la cual seguía sentada y sin moverse. Dante le puso las manos en los hombros.
Luci miró las caras de aquellas chicas, la estaban mirando, en sus rostros había algo, era odio, pero también había miedo, pero el miedo no era por ella, era por los hombres que las tenían retenidas. Estaban vislumbrando su final.
—¿Qué se supone que quieres que haga?— preguntó Luci apartando la mirada de ellas y mirando al frente, al mismo lugar donde había estado Dante. Fue en ese momento cuando el acercó su boca a su oído.
—Desde que el mundo es mundo, el ser humano ha demostrado su instinto asesino y lo fácil que es matar. Desde tiempos remotos siempre nos hemos estado matando los unos a los otros, aunque hubiese lazos entre ellos, Romulo mató a Remo, Kain mató a Abel… Y así un largo etcétera. Con los mencionados hago referencia a que se mataban entre ellos aun siendo hermanos, pero estas chicas no tienen ningún tipo de lazo contigo, por lo tanto si para esas parejas de hermanos fue fácil, para ti esto no tendría que ser nada.
—¿Quieres que las mate?— preguntó Luci.
—Quiero que salves tu vida. Para no morir hay que matar.
—¿Y que más te da que viva o muera?— preguntó Luci mirando a Dante, el cual había adoptado una postura casi paternal. –Solo soy una presa más.
—Eres la presa más importante que hay aquí. Tu sangre— respondió Dante acariciándole el brazo. –Tu sangre es el tesoro más valioso de aquí. Es mi sangre, me pertenece al igual que me pertenece tu vida— en ese momento cogió un cuchillo y se lo acercó a Luci a las manos. –Ya sabes como se hace— Luci agarró el cuchillo y miró a las cuatro chicas, poco a poco se fue poniendo en pie. Dante la dirigió hacia la primera de las chicas, la cual pataleó, pero el hombre de Dante la inmovilizó rápidamente. –Hazlo como más te guste. Personalmente te sugiero que la destripes, eso a ellas les encantaba hacerlo también.
—No lo hagas por favor— dijo de repente una de ellas. –No te haremos nada, no volverás a vernos. No nos mates.
—¡¡¡Silencio!!!— gritó Dante acercándose a la que había hablado, entonces la abofeteo violentamente. –No tenéis derecho a hablar y menos en mi presencia— Enseguida miró a Luci. –Hazlo, venga. Si no pasaré por alto el interés que tengo en ti y yo mismo te mataré.
—¿Qué es lo que buscas en realidad?— preguntó Luci. —¿Diversión? ¿Destruirme la mente a base de actos como este? Prefiero morir entonces antes que seguir tus putas ordenes.
—No las sigas y morirás, pero lo harás lentamente. Ahí si que disfrutaré. Dejaré que mis chicos se entretengan contigo y se turnen para golpearte hasta que no puedas más. Te curaremos y cuando te recuperes una nueva tortura vendrá… Y así sucesivamente. Me sobra tiempo e imaginación en este lugar— Dante le hizo una reverencia a Luci. –Tú decides.
Luci dio unos pasos hacia delante y hundió el cuchillo en el vientre de la chica, luego hizo que el cuchillo cruzara de lado a  lado el vientre, desparramando así los intestinos. Segundos después comenzó a hacerles lo mismo a cada una de las chicas mientras Dante y los suyos dejaban escapar carcajadas. Luci sin embargo apretaba los dientes y trataba de contener las lágrimas, no lloraba de pena o arrepentimiento, lloraba por estar siendo manejada por un tipo como Dante, pero juró que se la devolvería.
*****
Manhattan… Túneles…

Mouse y Christopher observaban al grupo de supervivientes de los túneles, los cuales habían montado una especie de campamento en algún lugar bajo las calles de la zona infestada. Eran alrededor de unas cincuenta personas, un grupo formado por hombres, mujeres, algunos ancianos y niños. Muchos de los ancianos habían caído en el asalto.
Por otro lado Zero y los suyos estaban tratando de reclutar a gente, muchos de ellos estaban deseando devolvérsela a los que les habían atacado, se estaban dejando llevar por la cólera.
—No podremos contenerlos mucho. Si deciden atacar… Poco podremos hacer por frenarles. Quieren sangre. Lo sabes ¿Verdad?— preguntó Christopher mirando a su compañero.
—Escucha, tú y yo vamos a volver, Zero contó que papá Angelito estaba muerto, pero yo no me lo creo. Debemos volver a por el, ya que el y solo el podría parar esto.
—¿Y que haremos?— preguntó Christopher. –Lo mires como lo mires estamos entre la espada y la pared. Tendremos que movernos rápido.
—Lo haremos. Trata de que no te vean, te veo en media hora en los túneles que hay bajo central park— dijo finalmente Mouse. –Intenta que no te sigan.
—Dalo por hecho— respondió Christopher dándole una palmada en el brazo. Poco después se despidieron.

Manhattan… túneles (zona segura)

Jill comenzó a notar un movimiento detrás de la cortina, nunca antes lo habían inspeccionado, pero en esos momentos había algo que le llamaba la atención, además del olor, el cual no le había llamado la atención antes. Miró a David y a Paul que se habían quedado dormidos en un rincón. Seguidamente miró a Diana.
—Quédate aquí— le dijo a la muchacha a la vez que se levantaba.
Jill caminó y descorrió la cortina para encontrarse con un colchón lleno de manchas de sangre, se insultó a si misma por no haberlo inspeccionado antes. Por otro lado estaba demasiado preocupada por los golpes de los caminantes que había en el exterior.
Alzó el arma y avanzó con cautela, fue en ese momento cuando vio movimiento detrás del colchón, entonces vio que se trataba de una silueta humana. Se trataba de alguien que parecía estar como mareado, aunque la verdadera respuesta era más obvia.
—¿Hola?
En ese momento la silueta se dio la vuelta hacia Jill y esta vio a un hombre que parecía de origen Haitiano, era de color y tenía rastas. Tenía un cierto parecido a Bob Marley, pero en sus ojos no había vida, era un No Muerto.
Jill dejó escapar un grito ahogado y sin pensárselo dos veces apretó el gatillo varias veces, descargando todo el cargador en la cabeza del caminante. El ruido hizo que Diana comenzase a gritar y que David y Paul se despertaran de golpe, enseguida los dos chicos aparecieron con las armas en alto junto a Jill.
—¿Qué ha pasado?— preguntó David observando el cadáver. —¿Han entrado?
—Ya estaba dentro, se ve que no se reanimó hasta ahora, por eso no lo vimos. Deberíamos haber inspeccionado mejor este lugar, esto podría habernos costado la vida— dijo Paul al tiempo que volvía junto a su hermana para tranquilizarla. –No te preocupes cariño, ya pasó— pero la verdad era que no había pasado todavía, fuera aun había No Muertos golpeando la puerta para entrar. Al menos parecía que esta iba a aguantar, pero no sabían cuanto iban a aguantar ellos, no tenían ni comida ni agua. Si su tiempo allí se prolongaba podían morir de hambre y de sed.

Manhattan… zona segura
Túneles bajo central park… 9:30 de la mañana…

Christopher y Mouse se encontraron a la hora indicada donde habían acordado. Nadie los había seguido, eso era lo que más les preocupaba, que Zero o sus hombres los siguiera hasta allí. Aquel Alemán estaba organizando a la gente para erguirse como nuevo líder, eso era algo que solo papá Angelito podía parar, por que si aparecía, todos le harían caso a el y se olvidarían de las palabras de Zero, las cuales incitaban a la ira.
—Mouse…— murmuró Christopher. —¿Qué haremos si de verdad papá Angelito está muerto? ¿Qué haremos si fracasamos?
—Que tendremos graves problemas— respondió Mouse echando a caminar.
Ya no había soldados allí abajo y el olor a carne quemada era penetrante en algunos tramos de túnel, los quemadores habían pasado y habían arrasado con todo o casi todo, era evidente que todavía quedaban No Muertos allí abajo, en el eco de los túneles, sus gemidos eran claramente audibles. Se escuchaban perfectamente.
*****
En algún lugar del desierto de Nevada…

Detuve el Jeep delante de un área de servicio. Hacía viento y los carteles que había colgados se mecían provocando un sonido metálico. Sean me miró primero a mi y luego al exterior, cuando fue a salir le puse la mano en el hombro. –No quiero que bajes la guardia en ningún momento, ahí dentro podría haber cualquier cosa.
—No te preocupes— dijo, justamente después bajó del vehículo. Rachel y yo hicimos lo mismo.
Los tres comenzamos a caminar hacia la tienda que quedaba a unos siete metros de donde habíamos aparcado el jeep.
—¿Qué es lo que buscas aquí?— quiso saber Rachel preguntándome en voz baja.
—En la otra que estuvimos estuve buscando mapas de carretera de todo el estado. No encontré nada que me sirviera, aquí deberíamos encontrar de eso. Además de algo más de comida, se que tenemos de sobras, pero no es para llevárnosla, es para marcar la zona y saber donde venir a por ella cuando nos larguemos de la ciudad, también necesito esos mapas por si no nos dejaran quedarnos en Portland. Al fin y al cabo aun no sabemos como serán las cosas allí. Llevamos a Stacy, pero no tengo ni idea de si seremos bienvenidos.
—Lo llevas todo pensado ¿eh? Solo que sueltas la información con cuentagotas— respondió Rachel. –Por cierto, te noto raro desde lo del destierro de tu hermano. ¿Crees que ya se ha marchado?
—No lo se… Y si, estoy un poco raro por que al fin y al cabo no deja de ser mi hermano. Siento que de alguna manera he destruido lo poco que quedaba de mi familia. Quizás el se haya marchado y haya muerto… No se. Es algo extraño, el mundo ha cambiado demasiado para mí, yo me he quedado muy atrás.
—Si te hubieses quedado tan atrás no estarías vivo a día de hoy. Vives por que te has adaptado, como muchos de nosotros. No se si lo sabes, pero yo antes de esto era la hija de una familia podrida de pasta, algo que por cierto odiaba.
—No entiendo lo que quieres decir. Al menos eso creo— respondí.
—Me refiero a que si yo era una niña pija que sobrevivió por que se adaptó a esto. Tú que fuiste soldado antes de esto es normal que sigas vivo, te adaptaste, quizás mucho antes que el resto de tus compañeros que siguen vivos hoy gracias a ti. Hicieron bien depositando su confianza en ti. Yo también lo hago.
—Gracias— respondí. –Yo también confió en ti.
Sean llegó hasta la puerta de la tienda y miró a través del cristal, luego cogió el pomo y lo hizo girar poco a poco, cuando abrió la puerta se metió dentro de un salto.
—¡¡¡Sean!!!— grité. –No seas inconsciente.
De repente escuché la voz de Sean. –Tranquilo jefe todo está…— la frase de Sean se cortó y de repente escuchamos un grito. Rachel y yo nos miramos y corrimos hacia el interior de la tienda con las armas en alto, dispuestos a disparar contra lo primero que surgiera ante nosotros y no fuera humano.
*****
10:00 de la mañana…

Juan se había subido al techo del remolque del camión y se había preparado una sombrilla para no quedar tan a merced del sol tan castigador. Desde allí tenía una visión perfecta de todo cuanto lo rodeaba. Era perfecto por que no parecía que nadie se estuviese acercando. Los demás estaban por abajo vigilando también y comiendo algo. Eran las diez de la mañana y la temperatura había subido todavía más, debían estar a unos más de veinte grados, mucho calor para la época del año en la que se encontraban.
De vez en cuando, Juan se llevaba los prismáticos a la cara cuando le parecía ver algo de movimiento, pero lo único que descubría era algún buitre o zorro comiéndose los restos de algún cadáver, seguramente el de algún No Muerto.
—¿Ves algo?— le preguntó en ese momento Sheila desde abajo. –Me refiero a algún No Muerto o a los nuestros.
Juan negó con la cabeza. –Ni a los nuestros ni a ningún caminante. Tranquila, seguro que están bien. Juanma es alguien valiente y protector… Y tu chica… Bueno, digamos que no está manca. Además, como yo siempre digo, los dioses están de su parte hoy.
—Te juro que no entiendo esa coletilla de los dioses. Hablas como los romanos en su época.
—Bueno, fue un tema que siempre me apasionó. Lo de “Los dioses están de su parte” es como decir que “La fuerza les acompañe”, viene a ser algo así como que se que volverán sanos y salvos o que nada saldrá mal. Yo confió en ellos— en ese momento a Juan le pareció ver algo a lo lejos, algo que salía de detrás de unas rocas. Rápidamente se llevó los prismáticos a los ojos y oteó el horizonte.
—¿Qué pasa? ¿Qué ves?— preguntó Sheila subiendo por un lado del remolque gracias a una escalera de mano que había en uno de los lados. Enseguida estaba sentado junto a Juan.
—Caminantes. Creo que es un rebaño… treinta… Cuarenta… Si, es un rebaño— respondió Juan rápidamente pasándole los prismáticos a Sheila.
Cuando esta los observó miró a Juan al tiempo que le devolvía los prismáticos. –No parece que vengan hacia aquí. ¿No? Aun así están lejos, no creo que nos vean o huelan.
—No, juraría que allí hay algo— respondió Juan, hasta que de pronto escucharon un ruido, eran disparos. Volvió a mirar por los prismáticos y vio como algunos caminantes eran abatidos, pero no pudo ver quien disparaba ni desde donde. –Alguien les está disparando.
—¿Podrían ser Juanma, Rachel y Sean?— preguntó Sheila poniéndose nerviosa pensando que podría ser su chica teniendo problemas.
—¿Tan pronto? Además… Ellos se fueron por allí— respondió Juan señalando por donde se había marchado el Jeep. Lo lógico es que volvieran por donde se fueron. No son ellos— Rápidamente Juan saltó del remolque y corrió hacia Butch. Cuando llegó junto a el se percató que el también se había percatado de lo que estaba ocurriendo. – Ven conmigo, vamos a ver de quien se trata.
—No es asunto nuestro tío. Que les jodan— respondió Butch dejando de mirar a Juan.
Entonces Juan lo agarró por las solapas de la camisa y lo obligó a mirarle. –Podría ser gente que tiene problemas. Tu te vienes conmigo quieras o no.— Juan se lo llevó a rastras hacia el jeep mientras les daba ordenes a Johan y Yuriko para que vigilaran. Ellos volverían enseguida o al menos eso esperaban. Se subieron al jeep y pusieron rumbo hacia el lugar donde estaban disparando. No sabían quien podría ser, pero lo averiguarían pronto.
*****
Rachel y yo entramos de un salto en la tienda con las armas en alto, fue entonces cuando nos encontramos a Sean sentado sobre el mostrador con un amplia sonrisa en la cara.
—¿Se puede saber que cojones haces? Pensé que…
—Era solo una broma jefe, estabas demasiado tenso y quise echarte una mano…— Sean no terminó la frase, me acerqué a el y le asesté una bofetada que lo hizo caer del mostrador. Este se puso la mano en la mejilla y me miró.
—Si vas a hacer bromas como esta mejor dedícate al circo. No estamos aquí para divertirnos. Pensábamos que te podía haber pasado algo. Fue un jodido error no mandarte de vuelta a Manhattan— dije dándome la vuelta y dándole una patada a un expositor lleno de revistas. Estas acabaron todas por el suelo.
Sean se levantó y pude ver que la mejilla donde le había golpeado comenzaba a hincharse. –Lo siento, pensé que te haría gracia y te relajarías un poco, estás siempre tenso. Solo quería ayudarte.
—¿Acaso te lo pedí?— le pregunté. –Podríamos haberte disparado si llegas a salir de repente.
—Yo le hubiese pegado un tiro en la pierna. A ver si así se ríe…— dijo Rachel.
—Os falta humor. Solo era una maldita broma para aliviar tensiones. No os vendría mal un poco de sentido del humor.
—El humor no pinta nada aquí ahora— respondí.
En ese momento escuchamos un ruido fuera, era como si hubiese llegado un vehículo. Rachel y yo nos volvimos a mirar y nos dirigimos hacia las ventanas, íbamos agazapados mientras Sean que se había quedado pálido se había situado detrás del mostrador, incluso podía escuchar como castañeaban sus dientes debido al miedo.
Rachel llegó a la ventana antes que yo, cuando llegué y me quedé debajo del marco. ¿Se trataría de Randall que había estado siguiéndonos y había vuelto con refuerzos para vengarse por lo de la noche anterior? Si era eso estábamos en aprietos por que éramos menos y seguramente con menos munición que ellos. Escuchamos abrirse una puerta, pasos y luego esta cerrarse. Justo cuando pensábamos que íbamos a escuchar la voz de nuestro enemigo, escuchamos la voz de una mujer. Poco a poco me fui asomando, pero siempre con cautela y con el cañón del arma de Rachel preparado para disparar. Cuando por fin me asomé lo hice saliendo de repente y con el arma apuntando en la dirección en la que había venido la voz, allí me encontré a una mujer de color de unos treinta años. Tenía una camiseta de tirantes verde oscuro y llevaba un pañuelo en la cabeza, era delgada pero musculosa. A esta la acompañaban otras tres mujeres, dos de ellas eran gemelas, pero no había ni rastro de Randall.
—¿Quiénes sois vosotras? ¿Os manda Randall?
La chica alzó el arma para apuntarme a mí, eso hizo que Rachel se levantara de golpe y le apuntara a ella. Las otras tres mujeres ni se inmutaron, se limitaban a mirar.
—No se quien coño es Randall y no me importa. Vosotros venís de Manhattan por lo que veo— dijo mirando el jeep y el símbolo del fénix de este. –Podéis bajar las armas. Estamos del mismo bando. ¿Esta Stacy ahí? Tengo ganas de verla…

La revelación de aquella chica me sorprendió, pero… ¿Realmente la conocían? ¿O era una trampa?

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