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sábado, 13 de septiembre de 2014

NECROWORLD Capitulo 48

Día 18 de Enero de 2010
Día 575 del Apocalipsis…
Nevada… Área de servicio…

El tipo del puro estaba terminando de fumárselo, no se había movido de su sitio todavía, seguía allí parado con el otro a su lado mientras los otros cuatro los cubrían desde atrás, aunque no parecía que fuesen a disparar, no al menos de momento. Este me miraba mientras yo seguía en la misma posición, siempre preparado para actuar rápidamente y cubierto en todo momento por Juan y Butch desde las ventanas y Yuriko y Rachel cubriéndome ocultas desde el tejado.
—¿Te importa que nos sentemos? Estar aquí de pie me agota, además, parece que esta charla se va a alargar más de lo necesario. ¿No crees? Por cierto, aun no se tu nombre. Yo me llamo Randall y el es Tyler— dijo señalando a su compañero, luego se dio la vuelta y señaló a los demás de uno en uno. –Ellos son Jim, Steve, Mark y Allen.
—Un placer, yo me llamo Juanma… No es necesario que os presente a mi gente, ya no volveremos a vernos, mañana nos marcharemos. La conversación termina aquí. Buenas noches.
—Es de buena educación que estrechemos nuestras manos— dijo Randall dejando caer el puro y luego pisándolo, luego comenzó a caminar hacia mí. Justo en ese momento detrás de mi escuché como Butch y Juan hacían sonar sus fusiles.
—¿No lo habéis oído? Aquí acaba la conversación, largo— dijo Butch desde el interior de la tienda. –Venga largo.
—Vamos, solo queremos entablar cierta amistad, en el mundo que hay ahora uno no sobrevive sin amigos— Randall siguió caminando, pero entonces un disparo a sus pies venido desde el tejado de la tienda lo hizo frenarse en seco, miró al suelo y luego me miró a mi con una sonrisa. –Veo que no te faltan escoltas… En serio tío, solo quiero que entablemos amistad y llevaros con nosotros a cambio de poca cosa.
Yo negué con la cabeza. –No nos interesa, ya que nosotros ya tenemos nuestro plan propio. Simplemente entiéndelo y déjanos tranquilos. Tú y tus compinches. Mañana nos largamos.
—¡¡¡¡Me estoy hartando ya de tu puta desconfianza!!!!— gritó de repente Randall a la vez que los que tenían detrás apuntaban hacia mi. Butch y Juan hicieron lo mismo. Justamente entonces Randall levantó ambas manos. –Tranquilos, tranquilos. Deberás disculparme, a veces pierdo la paciencia… Y más cuando rechazan mis ofertas de buena fe. –Randall volvió a perder los estribos y pateó el suelo. –No entiendo por que no me das respuestas claras de una puta vez, responde mis preguntas, coge mi oferta y deja de tocarme los huevos.
—Mi respuesta ya está dada. Nos iremos mañana por la mañana, ya tenemos nuestro propio camino marcado y es el único que seguiremos. Simplemente respeta lo que dije y marcharos. Os recomiendo también que no intentéis nada extraño u os puedo asegurar que no seremos nosotros quienes salgan mal parados.
Randall sonrió, levantó las manos y fue caminando hacia atrás, hizo un gesto a los demás para que volvieran al interior de la furgoneta, antes de entrar volvió a mirarme. –Te arrepentirás de no haber aceptado mi oferta.
—No lo creo.
Randall y los suyos se metieron dentro de la furgoneta y comenzaron a alejarse por la carretera en la dirección contraria en la que habían venido, momento que aproveché para volver a entrar en el interior de la tienda, una vez dentro cogí el walki para comunicarme con Rachel. Cuando esta respondió comencé a hablar.
—Rachel, Yuri, no bajéis la guardia. Esto no acaba aquí, esos saben más de lo que dicen, nos habrán estado vigilando. Quedaros ahí y avisadme si los veis regresar.
—Los has dejado irse… Eres gilipollas. Ahora volverán con refuerzos y nos darán por el culo. Deberías haberle volado la cabeza a ese mamón— comenzó a decirme Butch.
—Dudo que tengan a más hombres por aquí cerca, si no, no habrían venido en ese plan de ganarse nuestra confianza. No me cabe duda que volverán en cualquier momento, estos no lo dejarán correr. Creen que estamos solo un máximo de seis personas, Sean, Juan, alguien en el tejado, tu y yo. Supongo que pensarán que hay uno más.
—Además, se nota que se han acercado confiados. Creerán que podían intimidarnos.
En ese momento una de las puertas de atrás de la tienda se abrió de golpe y entró Johana empujando a un chico, el cual cayó al suelo de bruces. Butch lo miró y luego miró a la chica.
—¿Quién coño es ese tío?
Yo también me lo quedé mirando al tiempo que el me miraba a mi. Sin duda era la misma persona que me miraba por la tarde al otro lado de la puerta, el cual desapareció cuando salí a buscarle. Me fijé en como iba vestido, tenía ropa de color marrón claro, una capucha del mismo color y una especie de capa bastante grande. Todo del mismo color que la arena. Entonces caí en la cuenta del porque no lo había encontrado… Camuflaje.
Me acerqué a el y lo levanté de la camisa al mismo tiempo que Butch le apuntaba. —¿Cuántos sois? ¿Cuántos? ¿Y que cojones queréis?
—Que te jodan capullo— respondió el chico, el cual no parecía ser mucho mayor que Sean, el cual también estaba allí detrás de Johana. –Ellos volverán a por mí, yo solo soy su explorador y me necesitan para casos como este. Os van a matar a todos.
—¿Sois solo tu y los seis de antes?— pregunté. –Responde o te parto el cuello.
—¿Y que si lo somos? Vosotros no sois más que unos miserables asustados que no tienen donde caerse muertos. Viajáis por ahí con lo mínimo.
—Pues tú para ser el explorador no estás muy informado— respondí, seguidamente lo empujé al suelo y miré a Butch. –Ve y déjalo en el baño esposado, tenlo vigilado para que no se escape, obviamente volverán a por el, pero ya nos ha demostrado que van muy confiados. Piensan que somos unos cualquiera, justo como ya me imaginaba. Todos listos por si nos atacan en cualquier momento.
Butch agarró al chico y se lo llevó a rastras hacia el cuarto de baño mientras los demás nos quedábamos allí dentro, en ningún momento perdíamos de vista el exterior.
—Excelente discurso, espero que tengas razón y el confiado no seas tu— dijo Johana.
—No te preocupes, confía en mí… Por cierto, ¿Cómo lo pillasteis?
—El puto crio nos estaba vigilando mientras se la cascaba fuera, salí a por el y lo pillé justo cuando iba a cubrirse con la capa en el suelo, debo decir que es un camuflaje cojonudo.
—¿Cascándosela? No quiero ni pensar lo que estabais haciendo el yogurin y tú…— dijo Juan en ese momento. –Aunque es evidente— entonces miró a Sean. –Has tocado el cielo chaval.

Butch esposó al muchacho a uno de los inodoros del cuarto de baño. Este intentaba forcejear y librarse, pero Butch lo tenía bien controlado, de vez en cuando se tomaba la libertad de asestarle una bofetada en ambas mejillas, cosa que parecía divertirle.
—Ahora quédate aquí y estate calladito, si no, entraré y te freiré las pelotas.
—No eres más que un perro a las órdenes de otro, pero nosotros podemos cambiar eso. Cuando mis compañeros vuelvan serás al único que no maten. Solo déjame ir.
Butch miró al joven con una sonrisa. —¿En serio? Es interesante… Continua.
—Escucha, déjame irme y cuando volvamos a por los vehículos, las armas y la comida que tenéis… Dejaremos que vengas con nosotros. Pareces un tío fuerte y capaz de ser alguien que puede dar órdenes, no ser el típico perrito faldero.
—No me convences— Butch se puso en pie y le dio una palmada en la nuca. –Si quieres convencer a alguien tendrás que esmerarte más en hacer mamadas. Hasta luego.
Cuando el tipo se fue, aquel muchacho vio un trozo de cristal, estiró la mano y lo cogió, seguramente le serviría para algo poco después. Si algo había aprendido en ese nuevo mundo era que todo podía usarse como arma en algún momento.

Butch salió del baño y se dirigió a mí. –El muy capullo ha querido sobornarme. Deja totalmente claro que sus amiguitos volverán. No es más estúpido por que no se entrena. ¿Qué es lo que haremos? Saben todo lo que tenemos.
—Bueno, teniendo en cuenta que no nos interesa un enfrentamiento, lo suyo es que nos vayamos— respondí. –Venga, id preparándoos.
—¿Y dejaras aquí al chico? Morirá— dijo en ese momento Sheila.
—Bueno, no es asunto nuestro. Nos largaremos y ya está. Si vuelven los suyos que se lo lleven con ellos, además…— de repente el walkie crepitó y yo me lo llevé rápidamente a la boca. —¿Qué ocurre Rachel?
—Están volviendo. Creo que… ¡¡¡Joder!!!
De repente una continua ráfaga de balas comenzó a atravesar paredes, puertas y a reventar ventanas. Nosotros nos tiramos al suelo y comenzamos a arrastrarnos sobre trozos de madera y cristales mientras seguían los disparos.
Me llevé el walkie a la cara nuevamente. —¿Con que coño nos están disparando? ¡¡¡Rachel!!! Informa.
—Es una jodida ametralladora Gatling. Esos hijos de perra venían ya con las intenciones claras… La madre que los pario.
—Seguid en posición y no os asoméis. Disparad solo si los tenéis a tiro y solo si es necesario, pero no quedéis al descubierto— le dije a Rachel mientras me situaba detrás del mostrador, el cual había comenzado a oler a alcohol después de que reventaran las botellas de los estantes. Miré a Juan y vi que hacía lo mismo que yo. —¿Qué me dices? ¿Estarán hoy los dioses de nuestra parte?— Juan no respondió, su mirada estaba cargada de tensión, luego miré a Sean que estaba detrás de otro mostrador con el arma preparada. –Quédate ahí y no hagas tonterías.
La ráfaga de balas se paró de repente, seguramente por que habían agotado toda la munición en el ataque inicial. Estaban siendo demasiado impulsivos a la hora de atacar. Mi predicción de que aquello no se iba a saldar tranquilamente se estaba cumpliendo, íbamos a tener que luchar, pero necesitaba saber si eran los mismos de antes o por lo contrario habían traído refuerzos.
—Rachel, aquí Juanma… Otra vez. Necesito que me digas si son los mismos de antes o si vienen acompañados— esperé un rato y enseguida recibí respuesta de Rachel.
—Son los mismos. Han dejado la Gatling y están tomando posiciones. Parece que se creen que han acabado con vosotros ahí dentro. ¿Cómo estáis? ¿Todos bien? ¿Y Sheila?
Miré a Sheila que seguía junto a Laura y Stacy. Luego respondí. –Todos bien, Sheila está perfectamente.
En ese momento comenzamos a escuchar la voz de Randall. La cual se escuchaba a través de un megáfono. No parecían dispuestos a rendirse, estaban volviendo a la carga.
*****
Manhattan… Túneles…

El cuerpo de Kimberly llevaba un rato ardiendo. La mayoría de habitantes de los túneles estaban allí reunidos dando el ultimo adiós a su compañera y amiga. Aunque no todos conocían las causas de la muerte de esta, tan solo Mouse y Christopher conocían la verdad, la cual únicamente se reservaban para ellos. En ese momento la figura de papá Angelito comenzó a caminar entre los allí presentes mientras recitaba alguna especie de poema en algún idioma que nadie conocía, podría ser latín. Aun así nadie dijo nada, todos escucharon con atención.
Papá Angelito se paró ante la pira y se dio la vuelta para mirar a los allí presentes, se encontraban en el hall principal, este estaba completamente concurrido.
—Hermanos y hermanas, os traigo una noticia muy importante, he tomado una decisión que ha sido difícil, la cual llevó un tiempo pensándome, solo uno de vosotros ha logrado abrirme los ojos. Debemos marcharnos. —Mouse abrió los ojos de par en par. El gran líder de los habitantes de los túneles había estudiado su petición y finalmente la había aceptado, allí ante todos estaba dando sus indicaciones, aunque aquello llegaba tarde, Kimberly ya no estaba allí. Papá Angelito siguió hablando. –Tenéis dos días para prepararos, cuando estéis todos listos nos iremos, abandonaremos estos túneles y saldremos al otro lado de la valla. Nos largaremos y no miraremos atrás.
—¿Y que hacemos con todos nuestros planes? Tenemos objetivos por los que hemos estado luchando hasta ahora. No podemos olvidarlos así como así— la voz de Zero se elevó entre la multitud, todos los presentes volvieron la cabeza para mirarlo. Este estaba junto a sus chicos, enseguida comenzaron a avanzar también entre la multitud, eran cerca de una cincuentena.
—¿Para que hemos pasado tanto y luchado? ¿Para nada? Estábamos aquí preparándonos para algo grande… Y ahora… ¿Nos vamos?— Zero miró a papá Angelito. –Yo no pienso irme, ni los míos tampoco. Si tú no quieres seguir con esto lo haré yo. Yo seré el que mande aquí. ¿Quién quiere quedarse aquí?
Muchos de los allí presentes comenzaron a murmurar entre ellos, algunos incluso comenzaron a vitorear a Zero, provocando así un conflicto allí abajo que iba creciendo sin que nadie pudiera pararlo.
—¡¡¡Zero!!! No podemos quedarnos. Ahí arriba nos odian, nos repudian y si quieren podrían aplastarnos, son nuestros enemigos. Y al igual que nosotros, ellos también tienen sus enemigos— dijo Mouse de repente adelantándose para situarse al lado de papá Angelito y Zero, luego miró a todos. –Más concretamente Dorian, al que muchos ya conocéis— Mouse señaló hacia arriba. –Ya han intentado matar a Graham, si han ido a por el… ¿Cuánto creéis que tardaran en atacar la ciudad? ¿Qué creéis que pasará con nosotros? Nos aplastarán, estoy con papá Angelito, tenemos que irnos ahora que aun estamos a tiempo.
La multitud comenzó a tomarse en serio a Mouse, algo que hizo que Zero entrara en cólera, no soportaba quedar en segundo plano. Iba a hablar cuando vio varias granadas de humo caer entre la multitud, liberando un espeso humo de color gris que no tardó en envolverlo todo. Los gritos de la gente no tardaron en llegar, los cuales enseguida fueron enmudecidos por los disparos y las explosiones.
*****

Gallaguer había dado la orden tras estar situándose en el lugar, habían comenzado con granadas de humo y justamente después habían empezado con las ráfagas a discreción. Había veces que podía ver la sangre surgiendo a través del humo.
—Acabad con todos ellos. Tampoco persigáis a los que huyan. Serán interceptados por los demás grupos. Simplemente disparad.
Los hombres de Gallaguer estaban siguiendo a raja tabla la orden, no discriminaban a nadie aunque fuera hombre, mujer o niño, todos eran enemigos.
Una segunda avanzadilla llegó por las escaleras del hall e intercepto a los que subían hacia arriba con intención de escapar. Una mujer huía con una mujer en brazos, pero eso no impidió que fuera cruelmente asesinada con un cuchillo, la niña cayó al suelo y alguien le disparó en la cabeza. Estaba siendo una autentica masacre.
*****
Mouse y Christopher salieron de entre el humo seguidos por mucha gente, los cuales comenzaban a tomar los túneles del metro, los cuales seguían sin ser invadidos. A lo lejos vieron como papá Angelito huía escoltado por Zero y dos de sus hombres. Mouse quería alcanzarlos, pero entonces Christopher tiró de el para quedar ocultos tras una pared.
—¿Quién es el que nos ataca? ¿Son los de Dorian?
—No lo se, pero tenemos que salir de aquí y salvar a todos los que podamos— respondió Mouse. Sean del bando que sean han entrado con la idea de masacrarnos… Y esta vez no es solo uno— Mouse se asomó y observó a un grupo de soldados que habían llegado al túnel mientras uno de ellos iba dando ordenes, rápidamente Mouse volvió a ocultarse para mirar a su compañero. –Vamos a necesitar armas para defendernos.
—¿Cómo quieres hacerlo?— preguntó Christopher.
*****
Andrew y Thomas se habían metido en el grupo de asalto pese a las negativas de su madre, pero ellos la ignoraron. Estaban hartos de una vida de “Mierda” como ellos la llamaban y no querían permanecer en casa mucho tiempo, querían ser como los demás adolescentes con los que se juntaban y disparar, ser guerreros de la ciudad.
Se habían presentado en el Madison Square Garden y habían demostrado una actitud convincente para que el sargento Cooper los reclutase y así había sido. Estaban felices y eufóricos… Y habían alcanzado un nuevo nivel de euforia cuando habían bajado a los túneles y habían comenzado a disparar contra todo aquel que veían, se sentían poderosos con un arma en las manos, mientras corrían por los túneles persiguiendo a unas chicas que huían despavoridas, no se dieron cuenta de la sombra que se abalanzaba sobre ellos desde las sombras, Andrew fue golpeado en el estomago y fue despojado de su fusil, cuando alzó la vista para ver de quien se trataba se encontró con un hombre de rasgos Mexicanos que lo miraba con odio, seguidamente escuchó un disparo seguido de un dolor penetrante en el pecho, no tardó en desplomarse, lo ultimo que vio antes de cerrar los ojos para siempre, fue a su hermano siendo acuchillado con su propia navaja por un tipo americano bastante alto.

Mouse le pasó uno de los fusiles a Christopher mientras este se lamentaba por lo que acababa de hacer. Mouse entendía muy bien ese sentimiento, no era nada agradable acabar con la vida de dos adolescentes, aunque estos estuvieran atacándoles, eran niños al fin y al cabo que se habían metido en un lio… A saber si habían sido obligados o se habían metido por voluntad propia. Mouse cogió uno otro de los fusiles y comprobó que tuviera munición.
—Los hemos matado— murmuró Christopher.
—Lo se, pero eran ellos o nosotros. Ahora hagamos lo que tenemos que hacer. Espero que si volvemos a vernos en una situación parecida no dudemos ni un segundo— respondió Mouse.
*****
Área de servicio… Nevada…

Rachel me acababa de informar de que los asaltantes estaban rodeando la tienda, los cuales iban tan armados como nosotros. No parecía que quisieran arriesgarse demasiado, pero aun así venían a por nosotros.
Comencé a hacerles señas a Butch y Juan para que se movieran y vigilasen las puertas traseras, también llamé a Sean para que se agazapara a mi lado.
—¿Qué coño significa esa maldita seña?— preguntó Butch.
—Que muevas el puto culo hacia las puertas de atrás. Vamos, conmigo— dijo Juan levantándose un poco y agarrando a Butch para que lo siguiera.
Ambos desaparecieron de mi vista y yo me quedé mirando a Sean. Este también me miraba a mí. —¿Qué es lo que tengo que hacer?
—¿Las ves a ellas?— le dije mientras miraba a Stacy, Laura y Sheila. –Cuando comience la fiesta quiero que corras con ellas hacia los vehículos y las protejas.
—Pero yo quiero luchar. No quiero ser un simple guarda espaldas, quiero estar en la primera línea de fuego. Quiero ser un hombre y demostrar mi honor en batalla.
—Puedes demostrarlo protegiéndolas— le dije.
—Pero…— quiso replicar Sean, pero yo le corté.
—Obedece— le espeté. –Lo que te estoy mandando es más honorable que estar aquí en pleno enfrentamiento. –Entonces miré a Johana también. –A ti te necesito delante conmigo. ¿Estás lista?
—Siempre— respondió Johana.
—Muy bien. Vamos, vosotros id hacia la parte trasera ya— les ordené a Sean y a las chicas.
Estas se pusieron en cuclillas y comenzaron a caminar agazapadas y escoltadas por Sean. Yo no quería que quedasen más al descubierto, aun así Johana y yo nos arrastramos hasta las ventanas y nos asomamos un poco, teníamos a tres de ellos a la vista, otro se había ocultado muy bien, imaginaba que los otros dos estaban en la parte trasera. Me fijé en Randall, el cual había comenzado a fumarse otro puro.
—Pensé que os ibais a marchar tranquilamente— le dije sin asomar la cabeza. –Al parecer hicimos bien en no confiar en vosotros. Os voy a proponer algo, marcharos y esto no acabará mal.
—¿Mal? ¿Para quién? Por que no será para nosotros. Estamos más experimentados que vosotros. No tenéis ninguna opción, lo habéis querido así y así lo tendréis.
Me llevé el walkie a la boca en ese momento. –Rachel, Yuri… ¡¡¡fuego!!!— También grité para que Butch y Juan abrieran fuego desde el otro lado. El fuego cruzado no tardó en comenzar, Johana y yo también comenzamos a disparar sobre Randall que rápidamente corrió a coger cobertura.

Con el inicio de los disparos, Sean miró a las chicas y seguidamente abrió la puerta trasera, para seguidamente salir corriendo hacia el gran cobertizo donde habían dejado los vehículos. Pudo ver a uno de ellos, de los que les atacaban, como alzaba el arma en dirección a ellos, pero justo antes de que pudiera disparar, una bala atravesó su cabeza.
Sean comprobó cual había sido la trayectoria y descubrió que había sido Juan el que había acabado con el.
Cuando llegaron a la puerta del cobertizo, Sean le dio una patada y esta se abrió de par en par, justo en ese momento sintió un fuerte dolor en una pierna, acababan de dispararle. Lanzó un grito de dolor y se desplomó en el suelo al tiempo que Laura abría fuego contra el otro asaltante, el cual estaba oculto detrás de un coche abandonado al que le faltaban las ruedas, este no estaba a la vista de Juan ni Butch, pero si a la suya.
—Meted a Sean dentro, rápido— dijo Laura al tiempo que disparaba.
Laura estaba intercambiando disparos con el tirador, este tenía toda la atención puesta en ella, estaba tan centrado en matarla que no se percató de como Juan aparecía por detrás y le situaba el cañón de su arma en la cabeza y seguidamente apretaba el gatillo, acabando con el al instante.
—¿Todo bien?— preguntó Juan mirando a Laura.
—Si, gracias— respondió ella. –Sean está herido.
—Bueno, ya verás como no es nada. Ve dentro con ellos mientras cabeza de escoba y yo pasamos al frente.
Juan volvió al interior de la tienda y se encontró con Butch. —¿A quien llamas cabeza de escoba pedazo de cabrón?.

Metieron al muchacho a cuestas en el interior entre Sheila y Stacy, nada más entrar, Sheila comenzó a practicarle los primeros auxilios, la bala había entrado y salido, la herida no era grave.
—¿No me cortarás la pierna?— preguntó Sean en ese momento.
—No, tranquilo— dijo Sheila taponando la herida. –Solo que no podrás caminar hasta pasados un par de días.
Fuera seguían escuchándose disparos, había veces que Sheila sentía la necesidad de salir fuera e ir a ayudar a su novia, la cual estaba en el tejado de la tienda disparando contra los que les habían asaltado, mientras curaba al muchacho rezaba que a Rachel no le pasara nada, no soportaría que le ocurriese nada.

Rachel y Yuriko disparaban a discreción sobre los asaltantes, uno de ellos fue acertado en un hombro y cayó de espaldas. Se habían confiado y los habían atacado abiertamente, las balas también salían de las ventanas. Tanto Juanma como Johana tenían buena precisión y acababan de abatir a otro más de un tiro en la cabeza.
El herido trató de escapar, pero Rachel afinó la puntería y disparo, la bala impactó en la espalda de este y seguidamente cayó de bruces sobre el asfalto, quedándose totalmente inerte.  Les estaban ganando terreno poco a poco. Allí delante solo quedaban dos más.

Teníamos a Randall y al otro a cubierto delante de la tienda, estos cada vez disparaban menos, lo que nos indicaba que ya apenas les quedaba munición, de repente la respuesta de fuego por su parte se detuvo, yo tuve que decirle a Johana que parara para no seguir gastando munición, fue entonces cuando escuchamos a Randall hablar a través del megáfono.
—Basta, nos rendimos. Nos iremos. Dejad salir al chico y nos largaremos.
Johana y yo nos miramos. —¿Te fías?— preguntó ella.
—Desde luego que no. Debe ser una treta, de todos modos voy a ir a por el chaval.
Me fui arrastrando hasta que quedé fuera de la vista de los que estaban fuera, caminé hacia el baño y abrí la puerta, en ese momento me encontré con el muchacho que me miraba con una expresión asustada, este comenzó a suplicar. –Por favor, no me mates. Juro que nos iremos de aquí y no volverás a vernos.
—No voy a matarte— dije arrodillándome a su lado para quitarle las esposas. –Te entregaremos a tus compañeros y os largareis de aquí, pero si veo que nos seguís o intentáis algo… No dudaré en matarte, ni a ti, ni a ellos. Ya nos hemos cargado a dos de los tuyos por lo menos.
—No, no haremos nada, nos largaremos de aquí y no volverás a vernos— en ese momento sentí una punzada en el brazo y cuando miré al muchacho vi que me había clavado un trozo de cristal. De repente sentí un arranque de rabia y agarré de la cabeza al muchacho, este seguía con la mirada clavada en mí. –Lo… Lo… Lo siento…Yo.— Pero no lo dejé terminar de hablar, le asesté un puñetazo que dejé inconsciente al muchacho.
Poco después saqué a rastras al chico y Johana que estaba fuera me vio el brazo con el trozo de cristal todavía clavado.
—¿Qué te ha pasado? ¿Y que le has hecho?
—Creyó que era buena idea intentar matarme— en ese momento dejé caer los pies de este y me quité el trozo de cristal, luego sonreí a mi compañera. –Tuve que enseñarle que se había equivocado.
—Así que le partiste la cara… Joder tío, eres la hostia. Juro que te tengo que echar un polvo como sea.
—Ya vale, cúbreme mientras salgo— dije al tiempo que levantaba al chico y lo ponía a mi altura  para usarlo de escudo humano.
Johana volvió a la ventana y sacó el cañón del arma dispuesta a disparar al mismo tiempo que Juan y Butch entraban en la tienda dispuestos a tomar posiciones. Entonces los miré a ellos dos.
—¿Todo despejado ahí atrás?
—Todo despejado— respondió Juan. –Veo que has tenido un percance.
—No es nada, solo un rasguño— dije al tiempo que abría la puerta y salía con el chico inconsciente delante de mí, entonces vi salir a Randall y a su acompañante con las manos en alto. –Aquí tenéis a vuestro chico.
—Habéis matado a casi todos mis hombres. Sois unos…
—No fuimos nosotros los que llegamos buscando bronca con nadie. Ahora coged a vuestro chico y largaros, no quiero veros las caras.
En ese momento se escuchó un disparo y el acompañante de Randall cayó al suelo, en sus manos había lo que parecía un destornillador, el cual seguramente quería clavarme en un momento de distracción, entonces por el rabillo del ojo vi como Johana recargaba el fusil, había sido ella la que había efectuado el disparo.
—¡¡¡¡Si te mata no podre echarte un polvo!!!!— gritó Johana desde la ventana. –Deja ahí al mierda ese y trae tu culo de nuevo hacia el interior.
Miré a Randall y le entregué al muchacho, este lo tumbó en el suelo para tratar de despertarle al tiempo que me miraba. –Te arrepentirás de esto, te lo juro.
—No lo haré, si vuelvo a verte no saldrás tan bien parado. No quiero ni olerte. Que te quede claro.
El muchacho recobró el sentido y Randall se lo llevó a cuestas de vuelta a la furgoneta de color gris, se metieron en el interior y poco después se alejaron, momento que los demás aprovecharon para salir.
—¿Por qué has dejado que se fueran?— preguntó Butch parándose a mi lado. –Deberías habértelos cargado. Yo no me creo que no vuelvan, esos van a replegarse.
—Ya lo se— respondí. –Cuando venían tan seguros es por que son un grupo mucho más grande. Tampoco nos habríamos librado de ellos aunque hubiésemos matado a estos. Simplemente tenemos que estar atentos y con los cinco sentidos alerta.
Juan también estaba a mi lado. —¿Qué hacemos? ¿Descansamos o nos largamos? Tú decides… Pero antes han dicho que había un rebaño un poco más allá. ¿Crees que era verdad?
—No creo que nos mintieran sobre eso. Recoged las cosas y sigamos nuestro camino— dije dándome la vuelta para volver a entrar al interior de la tienda. Nada más entrar me encontré con Yuriko y Rachel. –Buen trabajo chicas. Rachel, ven conmigo, Sheila seguro que quiere verte.
Rachel y yo salimos por la parte trasera y caminamos hacia el cobertizo, cuando estábamos llegando escuchamos un disparo, eso hizo que Rachel se pusiera alerta.
—Tranquila, deben haberse cargado a uno que estaba volviendo.
Entramos en el interior del cobertizo y cuando Sheila vio a Rachel se puso en pie y corrió hacia ella, cuando la alcanzó se abrazaron y besaron mientras yo llegaba junto a Laura y Stacy, entre ellas se encontraba Sean en el suelo.
—Menuda suerte tienes, estar ahí entre dos chicas guapas. ¿Cómo te encuentras?
—Le han disparado, pero no es grave— dijo Laura dándole unas palmaditas en el hombro. –Nos escoltó perfectamente.
—Bien hecho muchacho. Bien hecho.
—Muchas gracias jefe. Me siento alagado… Y encima ya se que se siente cuando te disparan. Duele de cojones, creo que ya he cumplido mi cupo de heroicidades. Ahora le entiendo perfectamente sobre lo que me dijo. Creo que aceptaré ese cambio de trabajo.
—Cuando volvamos haré que te den unas vacaciones, pero lo has hecho perfectamente. Estoy orgulloso de ti chaval. Lo has hecho perfecto.
Poco después estábamos todos reunidos en el cobertizo, íbamos a largarnos enseguida e íbamos a conducir toda la noche. Pronto llegaríamos a Portland, estábamos como a unas ocho horas de camino según Stacy. Cuando estuvimos todos listos, proseguimos el viaje.
*****
Nevada…

Randall detuvo la furgoneta en algún lugar del desierto, enseguida comenzó a dar puñetazos encima del salpicadero, habían huido como cobardes. Se habían confiado demasiado y lo habían pagado con cinco vidas.
—Siento haberme equivocado con la información. Pensé que eran unos cualquiera, no creí que estuvieran tan preparados, deben ser de alguna comunidad… Seguro que el se enfadará. Seguro que…— En ese momento el muchacho se vio encañonado.
Randall apretó el gatillo y la bala atravesó la cabeza del muchacho. Después de matarlo, Randall abrió la puerta del copiloto, empujó el cuerpo fuera, cerró la puerta y cogió el transmisor de la radio.

—Aquí Randall. Hemos tenido un problema jefe… Si… Creo que si.

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