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sábado, 6 de septiembre de 2014

NECROWORLD Capitulo 47

Día 18 de Enero de 2010
Día 575 del Apocalipsis…
Nevada…

Nos habíamos instalado en el área de servicio, estábamos dentro preparándonos para comer algo y descansar mientras Juan y Butch en el exterior, ocultaban nuestros vehículos debido a que dos jeeps y dos camiones allí llamaban mucho la atención. No queríamos llevarnos sorpresas desagradables con otros grupos que pudieran pasar por allí. Poco después Juan y Butch entraron en el área de servicio y comprobé una expresión extraña en Juan.
—¿Qué ocurre?— le pregunté.
—Se nos acerca una tormenta de arena. Hemos ocultado los vehículos en una especie de granero que hay ahí detrás, estarán seguros e impediremos que los motores se llenen de arena— respondió Juan. –Lo más sensato es quedarnos aquí hasta que pase, no creo que tarde mucho en pasar.
—Muy bien, empecemos a comer y aprovechad para dormir también— les dije a todos.
Comenzamos a comer allí todos reunidos mientras fuera comenzaba a desatarse la tormenta de arena, era la primera vez que veía algo así y no podía evitar mirar repetidas veces hacia la ventana.  En ese momento Laura me pasó una lata de sardinas, una de las cuales habíamos conseguido en una de las casas saqueadas durante el trayecto a donde nos encontrábamos.
—Gracias— en ese momento miré a Stacy, la cual estaba mirando también por la ventana. —¿Echas de menos tu hogar? Te entiendo— esta me miró de repente sobresaltada, lo cual me sorprendió. —¿Qué ocurre?
—No… Nada. Solo es que estoy preocupada, esta zona es a veces peligrosa.
En ese momento Juan y yo nos miramos. –Ya sabemos que la mayoría de maleantes vienen por estas zonas por que no hay apenas caminantes, pero dudo que den con nosotros en medio de esta tormenta, y si vienen les daremos su merecido— dijo Juan.
—Hace unos meses perdimos a unas compañeras por esta zona. Las recuperamos estando decapitadas. Nos las trajeron hasta Portland con la intención de atemorizarnos y luego nos dimos cuenta de que aquí había una lucha por territorios— explicó Stacy –Pero hace tiempo que ya no sabemos nada de esa gente.
—A mi estos lugares me recuerdan a la peli “Las colinas tienen ojos”, fijaros que miedo me da ir a mear por si me aparece alguno de esos seres deformes y caníbales.
—Tampoco hay mucha diferencia con los No Muertos— respondió Butch levantándose y caminando hacia una maquina recreativa que había en un rincón. –Mirad que putada, no funciona. No nos vendrían mal unas partiditas ya que aquí nos queda para rato.
Todos fuimos mirando hacia la ventana y vimos que la tormenta de arena seguía, parecía que iba a durar más de lo que creímos en un principio, así que decidí que sería mejor quedarnos allí a pasar la noche, nos restaba tiempo, pero si la tormenta nos estropeaba los vehículos tardaríamos mucho más. Todos incluida Stacy estuvieron de acuerdo en quedarnos allí.
Como íbamos a pararnos a descansar allí decidí que debíamos sacar los sacos de dormir del camión, así que le pedí a Sean que me acompañara, así aprovecharía para hablar con el sobre el asunto de haber desobedecido una orden y haberse colado de polizón.
Sean y yo salimos corriendo del área de servicio y comenzamos a rodear la tienda en la que nos encontrábamos, nada más salir sentí como los granos de arena me golpeaban en la cara y se me metían en la boca, por eso Sean y yo tuvimos que correr cubriéndonos. Llegamos donde habían metido los vehículos, entramos y cerramos la puerta.
—Ya se lo que me va a decir, pero es que no pude evitarlo— dijo Sean una vez estuvimos a cubierto. –Pero si decide castigarme… Lo aceptaré.
—No haré nada de eso, pero debo admitir que no deberías haberlo hecho. Esto es una misión muy peligrosa y tu tienes mucha vida por delante, solo tienes dieciocho años. Deberías preocuparte más por ti y no buscar desesperadamente arriesgar la vida. Ahora ya es tarde para devolverte allí, lo que haré cuando volvamos es sacarte de este trabajo y meterte en otro— dije mientras subía a la parte trasera del camión y comenzaba a pasarle los sacos de dormir a Sean.
—Me gusta esto. Creo que no valdría para otra cosa— respondió Sean. –Lo mío es disparar. –Es cuanto mejor me siento.
Cogí el ultimo saco de dormir y bajé del camión, entonces le toqué el hombro a Sean. –Nadie debería sentirse mejor disparando, aun eres joven como ya te dije… Tienes toda la vida por delante. Estarás mejor en otro trabajo.
—Eso no mola nada— respondió Sean con indignación.
—No es cuestión de molar o no molar chaval. Es cuestión de tener ganas de vivir, uno vive más si no busca los problemas y huye de ellos. Ahora volvamos con los otros, coge tu cinco sacos y yo otros cinco.
Justo en ese momento me pareció ver una sombra en una puerta de madera que daba al exterior y que se movía por culpa del viento. Me quedó mirando y me pareció ver un ojo mirándonos a través de un agujero en esta. Dejé caer los sacos al suelo y comencé a correr hacia la puerta, cuando llegué a ella di un tirón y la abrí, de nuevo el viento y la arena me golpearon en la cara y tuve que cubrirme, lo que me restaba mucha visión. Aun así comencé a buscar y no vi nada ni a nadie.
—Jefe, vuelva— escuché decir a Sean. Me di la vuelta y regresé junto al muchacho, el cual me miraba desconcertado. —¿Qué ha pasado? ¿Dónde iba?
—¿No lo viste? Había alguien al otro lado, nos estaba observando— respondí, no recibí respuesta relacionada con ello por parte del muchacho. Este me miraba como si me lo hubiese imaginado. Si no había sido real quizás tendría motivos para empezar a preocuparme ya que lo de ver a personas que habían muerto me había pasado factura en el pasado, no eran reales y todas esas visiones venían de la culpa que me devoraba por dentro. Me pasé la mano por delante de los ojos.
—¿Se encuentra bien? Tengo aspirinas en mi mochila— dijo Sean. –Vine bien preparado.
Yo sonreí y le puse de nuevo la mano en el hombro. –Me caes bien muchacho, en serio. Venga, volvamos con los demás.
Sean y yo salimos de aquella especie de granero y rápidamente volvimos con los demás, al entrar por la puerta me encontré con Juan, este estaba vigilando por la ventana. Al entrar yo nos quedamos mirando mientras Sean iba repartiendo los sacos de dormir.
—¿Qué ocurre?— le pregunté.
—Me pareció ver algo, solo eso— respondió mirándome. –Puede que me lo haya imaginado o puede que no… Pero prefiero no fiarme.
—¿Qué viste?— pregunté en voz baja esperando que no nos escuchara nadie. —¿Y cuanto hace?
—Fue hace unos minutos, lo que vi era una luz. Algo así como código Morse— respondió Juan. Eso hizo que yo me replanteara si realmente lo que había visto yo antes no me lo había imaginado. Lo cual si significaba que allí había alguien más y que nos estaba vigilando. Algo que decidí hacerle saber. –Hace un momento yo también vi algo. Se lo diré a los demás, pero no tenemos que bajar la guardia en ningún momento.
—Tranquilo. Ni pestañeare mientras vigilo, pero supongo que ya sabes que es muy posible que nos estén acechando ahí fuera los moradores de las arenas…
—Si que lo se— respondí. –Ya sabes, cualquier cosa rara avisas, yo hablaré con los demás.
*****
Manhattan… Zona infestada…
15:10… De la tarde…

Mouse y Christopher seguían ocultos detrás del vehículo, a sus pies estaba el cuerpo sin vida de Kimberly, Mouse no podía dejar de mirarla con cierta pena. Odiaba que hubiese acabado así y daba por hecho que aquel que les disparaba era el mismo que la había matado. Christopher se asomó un poco y una bala dio en el capó del coche, se volvió a agachar y miró a Mouse. —Creo que está en el tejado de una ferretería, me pareció verlo. Es solo uno, no me cabe duda. Si salgo y me cubres quizás consigamos algo.
—A menos que te de— respondió Mouse.
—Al menos si me da, tú podrás ver su posición exacta. Mira, mejor que muera uno en lugar de los dos— Christopher lo miró de nuevo. –Y ese prefiero ser yo.
—Gilipolleces, paso de hacer eso.
—Podemos discutirlo o actuar, pero yo ya lo tengo claro. ¿Preparado?
—Chris…
Pero Christopher no escuchó, salió agazapado al tiempo que Mouse le gritaba que no lo hiciera, enseguida comenzaron a escuchar los disparos, cuyas balas no estaban dando a Christopher de milagro. En ese momento Mouse se asomó y vio al francotirador apostado sobre un tejado, enseguida comenzó a disparar.
Christopher llegó a una nueva cobertura y desde allí se asomó para ver como le iba a Mouse, el cual seguía descargando ráfagas de balas sobre el tejado donde estaba aquel asesino. Podía ver la rabia en sus ojos.
*****
Carlos vio surgir al segundo escoria de detrás del vehículo y seguidamente comenzó un fuego cruzado. De repente sintió un fuerte dolor en el hombro y cayó de espaldas mientras aquel mal nacido seguía disparando.
El hombro de Carlos sangraba abundantemente, el habitante de los túneles le había dado. Se fue arrastrando hasta ocultarse detrás de un bidón vacio que había allí, tenía que parar la hemorragia. Se arrancó un trozo de camisa y se hizo un torniquete, eso le serviría de momento, tenía que sacarse la bala, no podía seguir en ese estado.
Carlos comenzó a arrastrarse hacia la puerta por la que había accedido y cuando estuvo junto a ella se puso en pie y comenzó a bajarla mientras los disparos seguían, necesitaba regresar a su refugio, lo cual le frustraba muchísimo, le habían vuelto a ganar, pero al menos la pequeña zorra estaba muerta y eso para el era un triunfo.
*****
Mouse dejó de disparar y miró a Christopher, el francotirador tampoco disparaba. Enseguida le hizo un gesto a su compañero y se puso en pie. Christopher trató de impedirlo, pero Mouse ya estaba en pie.
—Creo que le he dado— dijo Mouse –No se si lo he matado, pero creo que… No coño, se que le di. Vamos a por ese cabrón, arranquémosle la cabeza y volvamos a casa con ella como trofeo y con el cuerpo de Kimberly.
Mouse y Christopher llegaron a la puerta de la ferretería y entraron sin pensárselo dos veces, si aquel asesino estaba allí estaría herido o muerto, si no lo estuviera ya les habría disparado. Llegaron a la terraza y allí no vieron a nadie, solo vieron restos de sangre.
—No está— dijo Mouse dándole una patada a un bidón. El cual cayó y rodó por el suelo. –Ese cabrón está herido y se ha largado.
—El tío no es tonto, está herido pero ha sabido ocultarnos el rastro, debe haber huido mientras nos acercábamos. ¿Llegaste a verle la cara mientras le disparabas?— preguntó Christopher.
—No, no se la vi, pero a juzgar por como me disparaba… Juraría que ya nos hemos encontrado antes. Creo que ya se quien puede ser. El mismo cabrón que quiso matar a Kim en aquel callejón antes de que yo apareciera… Si me lo hubiese cargado entonces…— Mouse no pudo evitar ocultar sus lágrimas al recordar a Kimberly.
Christopher le puso la mano en el hombro. –Venga, volvamos y llevemos a Kim con nosotros.
Mouse y Christopher regresaron donde estaba el cuerpo de Kimberly. Este la cogió en brazos y comenzaron a caminar en dirección a las alcantarillas, quería llegar a la comunidad de los habitantes de los túneles antes de que anocheciera, quería que todos los que la conocían estuvieran presentes en el funeral.
*****
Manhattan… Zona segura…
16:30…

Eva fue al colegio a recoger a Vicky, allí vio a Kendra que también había ido a recoger a sus hijos, Mike también estaba allí. Eva no pudo evitar sentir envidia de que fueran un matrimonio tan unido, el había decidido quedarse para no estar otra vez lejos de su familia, al contrario que Juanma, que acababa de volver de una supuesta muerte y se había largado buscando quizás otra forma de morir. Era como si fuera un adicto al peligro, pensó que quizás lo hacía por que no quería estar con ella después de saber lo suyo con Carlos. Se suponía que la había perdonado, pero según lo pensaba no veía motivos para ser perdonada, solo le quedaba creerle. Tampoco le gustaba la idea de que la secretaria se hubiese ido detrás con la excusa de ser su secretaria.
Vicky llegó corriendo junto a los hijos de Mike y Kendra, esta corrió a los brazos de su madre y la abrazó. —¿Cómo te fue hoy el colegio cariño?
—Me fue bien. Tengo un profesor nuevo, es muy guapo— respondió Vicky.
—¿En serio? Quizás puedas presentármelo— dijo Eva con una sonrisa. Vicky hizo en ese momento un respingo y Eva rectificó. –Nada, es una tontería, olvídalo.
—Mamá ¿Por qué hay tantos militares hoy?— preguntó Vicky reparando en que el numero de soldados había aumentado en las calles de Manhattan, todos iban armados y estaban como tensos, como si estuviesen esperando algo.
—No es nada. Volvamos a casa— Eva miró a Kendra y Mike, cuando iba a despedirse vio a uno de los soldados acercarse para hablar con Mike. Entonces la cara de Kendra cambió, lo que le dejó claro que estaban convocando a Mike al igual que trataron de convocarla a ella. Realmente se avecinaba algo grande en la ciudad. Eva deseó que Juanma o Graham estuvieran allí para parar toda aquella sin razón. Ellos serían capaces de pararlo todo con sus palabras, pero con Cooper al mando no había mucho que hacer, el sargento tenía sus ideas y planes propios.
*****

Los cuerpos de los traidores colgaban del cuello sobre una especie de escenario, en sus cuerpos se observaban varias heridas fruto de las palizas que les habían dado antes de ahorcarlos, incluso a la chica parecía que habían abusado de ella, lo cual horrorizaba a David y Jill ¿Era necesario llegar a esos extremos? Habían cometido algo que allí consideraban un crimen, pero no merecían ese castigo, aquello era una atrocidad.
Debajo de los cuerpos, en el suelo se habían comenzado a formar charcos de sangre a base de gotas que caían de las heridas.
—¿En que convierte esto al ser humano?— preguntó Jill. –No somos mejores que esos monstruos que ocupan la mayor parte del planeta. Me avergüenzo de pertenecer a la raza humana.
—Es lo que hacemos todos desde hace casi dos años. Avergonzarnos de lo que ha quedado de la humanidad y de pertenecer a ella. Pienso que venir aquí ha sido lo peor que podríamos haber hecho. Daría lo que fuera por volver atrás en el tiempo. Afortunadamente, cuando Juanma regrese nos largaremos de aquí para no volver.
—¿Podría irme yo con vosotros? Estoy harta de seguir aquí y ver como va creciendo una dictadura. Ahora me jode no poder escaquearme de la masacre en la que quieren meternos— dijo Jill.
—Pues yo si que pienso hacerlo. No voy a matar a gente inocente por culpa de otros. No lo haré. Haré como que los acompaño y en el momento que pueda me largaré a casa o donde sea— respondió David.
—Si haces eso y te descubren acabarás como ellos— dijo Jill señalando a los muertos. –Ese chico de ahí se llamaba Devon, era amigo mío. Te juro que me hubiese gustado haber podido hacer algo cuando los pusieron allí delante de todos, pero lo vi mirándome en medio de la multitud. En sus ojos había negación, no quería que yo hiciese nada porque sabía que acabaría igual que ellos. Esto no es lo que pensaba cuando llegué.
—Lo mismo me ocurre a mí y a los míos. Pensamos igual Jill… Y la respuesta es si, puedes venir con nosotros. Cuando Juanma vuelva nos largaremos y tú vendrás con nosotros, tu y todo aquel que quiera acompañarnos. Solo espero que lo de Portland salga bien y Juanma nos traiga buenas noticias.

Hospital…

Cooper entró en la habitación de Graham y se sentó en un sillón junto a la camilla del viejo general. El cual seguía debatiéndose entre la vida y la muerte, su futuro era incierto. En ese mismo momento entró una enfermera.
—Perdone sargento, pero no es hora de visitas. Le ruego que…
—Me iré enseguida, solo quiero decirle algo— respondió Cooper mirando a la enfermera, la cual se marchó enseguida, volviendo Cooper a lo que había ido a hacer. –Las cosas están mal Graham y vamos a atacar, deberíamos haberlo hecho antes… Pero aun así… Me da miedo equivocarme y luego no poder soportarlo. Se sus motivos, siempre los he sabido. Si estuvieses aquí quizás podrías ayudarme con ello, convencerme de que lo haré bien haga lo que haga. Para colmo volvemos a tener encima al cabrón de Dorian, incluso puede que estén aliados. Lo que quiero decirte es que aunque tenga miedo a equivocarme, tras atacar a los de la guerrilla prepararé un ejército para ir a Las Vegas a por Dorian...— Cooper se puso de pie. –Espero que a mi regreso estés de vuelta y podamos hablar de ello. Lucha Graham.
Cooper salió de la habitación y se dirigió a uno de los ascensores, bajó a uno de los sótanos y comenzó a caminar por un largo pasillo hasta que llegó a una celda de cristal custodiada por varios guardias, dentro de la celda estaba Richard Levine leyendo un libro como de costumbre. Los guardias al ver a Cooper se cuadraron y saludaron.
—Descansen… El enemigo lo tiene como objetivo a el… Y el es muy importante. Si el enemigo accede a las instalaciones quiero que lo defiendan con su vida. Acaben con el si es necesario— decía Cooper mientras señalaba a un distraído Levine en el interior de la celda. –Doblen las guardias si es necesario.
—A sus órdenes señor— dijeron los soldados al unísono.
 Justamente en ese momento entró Gallaguer. –Cooper ¿Visitando a la gallina de los huevos de oro? Bien hecho, es evidente que todo esto es por el, el robo de las armas es únicamente por el, no se cuando pretenderán atacar, pero desde luego, nosotros lo haremos antes y les daremos duro— Gallaguer miró a Cooper, el cual parecía estar como ausente desde su llegada. –No tendrás dudas ¿No?
—Unas pocas, pero no… Estoy decidido. Esta noche zanjaremos muchos asuntos con esa gente, les haré pagar también lo ocurrido en Detroit. Lo pagarán muy caro, solo quiero que quede claro una cosa, las mujeres y los niños de ahí abajo, si podemos evitarlo…
—Te entiendo Cooper, pero el enemigo es el enemigo— sentenció Gallaguer. –Los niños que dejemos vivos hoy podrían ser nuestros verdugos mañana. No podemos dejar cabos sueltos.
—Si, tienes razón. Acabas de despejar todas mis dudas— respondió Cooper.
*****
Área de servicio… Nevada
19:00…

Las horas en el área de servicio habían pasado volando, la tormenta de arena también había pasado y la temperatura había bajado bastante. Aun así seguíamos allí, íbamos a pasar la noche y esperábamos llegar a Portland la noche del día siguiente.
Les había contado a todos lo que Juan y yo habíamos visto, por lo tanto comenzamos a planificar un plan en caso de ataque, había mandado a Sean y Johana al cobertizo donde habíamos ocultado nuestros vehículos, ellos esperarían allí hasta ser relevados, Stacy, Sheila y Laura dormían tranquilamente por orden mía, ya que ellas eran las que menos experiencia tenían en combate. Juan, Butch y yo dábamos vueltas por el interior de la tienda mirando siempre por la ventana, en busca de cualquier movimiento sospechoso, Yuriko y Rachel estaban en el tejado haciendo lo mismo que nosotros, vigilando cualquier movimiento extraño.
Por mi parte me había quedado más o menos tranquilo, ya que  había quedado claro que lo que había visto no me lo había imaginado, señal de que seguía estando cuerdo.
—Esto es una putada tíos. Estamos aquí esperando a algo que seguramente nunca llegara mientras estas tres duermen a pierna suelta… Y encima no tengo ni para hacerme una mísera raya de coca.
—Entonces mejor, te necesitamos con los cinco sentidos alerta. No colocado… Además, eres joven, no se que coño haces metiéndote esa mierda— dijo Juan.
—Por que yo disfruto tío. No soy como vosotros, que la vida os ha dado una nueva oportunidad y la desperdiciáis queriendo ser como la madre Teresa de Calcuta. Hay que disfrutar— respondió Butch a gritos.
—Veremos lo que ocurre cuando te descuides y tengas una sobredosis, seguro que eso no lo disfrutas tanto— dije yo al tiempo que miraba por la ventana, el exterior estaba tranquilo. Cogí el walkie y me puse en contacto con Rachel.  —¿Cómo va todo ahí arriba? ¿Algo sospechoso?.
Tardó un poco, pero finalmente Rachel respondió. –Todo está tranquilo, solo un par de zorros y otros animales rondando por aquí, pero nada humano o podrido. ¿Cómo os va ahí abajo? Hemos escuchado gritos.
—Era Butch dando la nota, como siempre— respondí mirando al muchacho, el cual me estaba levantando un dedo en señal de agradecimiento por mis palabras.
—¡¡¡Juanma!!!
—¿Qué ocurre Rachel?— pregunté sorprendido por el grito que acababa de dar.
—Veo faros de vehículo. Vienen por la carretera— respondió Rachel rápidamente. –No se cuantos son, pero vienen hacia aquí.
—Permaneced agachadas, puede que pasen de largo— respondí mientras les decía con un gesto a Juan y Butch que se agacharan. Seguidamente me agaché y me acerqué a Sheila,  Laura y Stacy a las que desperté con delicadeza. –Se acercan unos vehículos, no se si vienen aquí o pasarán de largo, despertad y tomad vuestras armas para defenderos si es necesario. Ahora id a esconderos detrás del mostrador y no asoméis la cabeza a menos que sea estrictamente necesario— Miré a Juan y Butch. –Atentos.
*****
Sean no dejaba de mirar a Johana mientras estaba tumbada a su lado. Le impactaba esa mujer, entonces esta se le quedó mirando de repente.
—¿Qué coño miras? Me miras las tetas… ¿O me lo parece a mí?
Sean apartó la mirada y comenzó a balbucear. –Lo… Lo… Lo siento. No volverá a pasar, es que es la primera vez que tengo a una mujer tumbada a mi lado.
—Estás de coña. ¿Me estas diciendo que es la primera vez que estás con una tía?— Sean agachó la cabeza y se sonrojó mientras Johana comenzaba a reírse con lagrimas en los ojos. –Vamos… Que eres virgen. Puedes decirlo— en ese momento Johana miró hacia la entrepierna del muchacho. –Y encima estás empalmado.
—¡¡¡Ya vale!!! Si sigo virgen es por que yo quiero.
—¿Con dieciocho años y eres virgen por que tu quieres? Eso no te lo crees ni tu, seguro que antes de que el mundo se fuera a la mierda eras uno de esos chavales que se quedaba en su habitación cascándosela y jugando a los videojuegos. En Japón os llaman Hikikomoris ¿No? Aunque debo reconocer que le echaste muchos huevos colándote de polizón cuando nos fuimos— Johana puso la mano sobre la pierna de Sean y la llevó por encima hasta meter la mano por dentro de los pantalones, enseguida sonrió al muchacho, el cual se estaba poniendo más rojo por momentos y sentía que el corazón se le iba a salir del pecho. —¿Te gusta?
—Si nos pillan nos la cargaremos— dijo Sean.
—Que nos pillen. Da mucho morbo que nos pillen— en ese momento Johana se puso de un salto encima del muchacho y se quitó la camisa de tirantes, quedándose desnuda de cintura para arriba. Luego cogió las manos del joven y las llevó hasta sus pechos. –Así, muy bien, me encanta desvirgar yogurines.
En ese momento escucharon un ruido y Johana se quitó rápidamente de encima. Eso hizo que Sean se quedara con cara de decepción, iba a decir algo cuando de nuevo se escuchó un ruido. Se incorporó y cogió su arma.
—¿Qué pasa? Seguro que son estos gastándonos una broma.
Johana se puso rápidamente la camisa y miró a Sean. –No creo, no tienen tanto sentido del humor que yo sepa… Tendré que echarte el polvo después en otro momento.
Ambos alzaron sus armas y esperaron a que fuese quien fuese, irrumpiera en aquel garaje, si lo hacía alguien, le vaciarían los cargadores en la cara. Y si eran sus compañeros gastándoles una broma también, aunque realmente no creían que fuese nadie del grupo, allí había alguien más.
*****

Una furgoneta de color gris se detuvo delante de la tienda del Área de servicio. Enseguida de la parte trasera surgieron cuatro tipos armados a los que se les sumaron los dos que iban de piloto y copiloto, seis tipos en total, vestían ropas roídas y chalecos dejando algunos el torso al descubierto, casi todos tenían tatuajes.
Butch iba a disparar y con un gesto se lo impedí, entonces moví los labios. –Es—pe—ra.
Los cuatro que habían salido de la parte trasera comenzaron a desplegarse por delante de la entrada principal mientras los dos que habían salido de la parte delantera comenzaron a caminar hacia la puerta. No entendía que estaban haciendo, Juan por como me miraba tampoco.
—¿Qué cojones hacen? ¿No se están confiando mucho?— preguntó Juan.
—Esto no me gusta nada. Están demasiado tranquilos— dijo Butch preparándose para abrir fuego, pero nuevamente se lo impedí. De repente los dos que avanzaban se pararon a seis metros de la puerta y uno de ellos se paró, sacó un puro y se lo encendió. Enseguida comenzó a hablar.
—Buenas noches a todos los viajeros. Tranquilos, tranquilos, venimos en son de paz. ¿Quién está al mando?
Juan y yo nos quedamos mirando y yo comencé a ponerme en pie ante la mirada atónita de Juan, el cual no parecía que estuviese muy de acuerdo con lo que iba a hacer. —¿Se puede saber que vas a hacer? No seas idiota.
—Voy a salir, quiero que me cubráis. No sabemos de lo que son capaces— comencé a decir. –Si veis algo raro abrís fuego— Me puse en pie y mostré las manos mientras con una cogía el fusil, no iba a ser tan estúpido como para salir desarmado. Cuando salí fuera me quedé mirando a todos los que había, solo seis, aunque me podía imaginar que habría otros, al menos no estaba solo, tenía a dos personas cubriéndome desde las ventanas que ya habían quedado al descubierto y a otras dos personas sobre el tejado que aun no habían revelado su posición o al menos eso esperaba.
—Buenas noches— dijo el tipo del puro al verme. Teniéndolo enfrente podía verlo mejor. Era un hombre no mucho más mayor que yo, tenía un dragón tatuado en el pecho y una virgen María tatuada en el brazo izquierdo. El otro era seguramente afro Americano y llevaba varios pendientes en las orejas y un pañuelo de color azul en la cabeza, también este tenía tatuajes, concretamente un tribal en la cara. El del puro siguió hablando. –Disculpa que os molestemos, pero pasábamos por aquí y vimos que aquí había alguien… No es por molestar ni por joder, pero este es nuestro territorio.
—No he visto que haya aquí ninguna señal que verifique lo que dices. Nosotros también estamos de paso, mañana nos iremos.
—¿Y a donde vais? Tiene que ser algo importante si os aventuráis a cruzar este desierto así… Tan… tranquilos. ¿Cuántos sois?
—Dudo que necesites saber tanto. Hagamos lo siguiente, mañana nos vamos y nos olvidamos de esto, paramos a descansar por que nos pilló la tormenta de arena. Ya sabes, no es buena idea atravesarla a pie.
—¿Insinúas que debo creerme que viajáis a pie? Eso no es sensato para nadie. Hace un par de horas vimos un rebaño que avanzaba hacia aquí, pasarán por aquí en un hora más o menos. Razón de más para que os marchéis, aunque también podéis acompañarnos. Os daremos protección a cambio de armas y comida. Vamos a dar por cierto lo de que no tenéis vehículos, pero es seguro que tenéis armas y comida. Venga, cerremos el trato y vámonos, te aseguro que no te arrepentirás de ir a donde os llevaremos.
—No me interesa. Mañana por la mañana seguiremos nuestro camino— respondí. Se notaba de lejos que lo que me estaba ofreciendo no era más que una treta para que saliéramos todos los que éramos y así poder acabar con nosotros. Evidentemente sabía que aquello no iba a saldarse sin un enfrentamiento a fuego cruzado.
*****
Manhattan… Túneles…

Mouse y Christopher habían regresado con el cuerpo de Kimberly a cuestas. Todos los que los veían se quedaban asombrados, incluso algunas de las mujeres comenzaron a sollozar a su paso, aquel acontecimiento estaba marcando el inicio de una trágica noche que se recordaría durante mucho tiempo, incluso Mouse estaba haciendo un esfuerzo titánico para no desmoronarse y romper a llorar allí en medio, tenía que ser fuerte.
—¿Qué haremos ahora?— preguntó Christopher.
—Iré por mi cuenta, cogeré a aquellos que quieran seguirme y nos marcharemos de aquí. Hay más sitios por ahí en los que podemos vivir. Solo hay que buscarlos. ¿Vendrás conmigo? Ya se que antes de lo de Jersey no hablábamos mucho, pero eres buen tío.
—Puedes contar con ello amigo. Te seguiré a donde quiera que vayas— respondió Christopher. –Por cierto… ¿No notas que las cosas ahí arriba están muy calmadas?
—Si… Es extraño. Los informadores no dijeron que iba a pasar nada especial— respondió Mouse.

Manhattan… Zona segura…
Central Park…

—Nosotros entraremos por aquí— dijo Cooper señalando la entrada a las alcantarillas. Se trataba de un gran túnel bastante grande. –Tenemos a más hombres que irrumpirán desde varios puntos. No se lo esperan esas escorias, les vamos a golpear bien fuerte.
David y Jill estaban allí, de momento no habían logrado pasar desapercibidos y así poder irse sin ser vistos, era más complicado de lo que parecía, en ese momento David escuchó a sus espaldas la voz de un chico que le era muy familiar, se dio la vuelta y entonces vio a Paul junto a Diana, este estaba tratando de tranquilizarla, pero la muchacha con asperger estaba de los nervios mirando de un lado a otro.
—Joder… No entiendo como pueden haber traído aquí a esa muchacha. Parece que quieran matarla o que se mate ella sola. Mírala, está a punto de desmoronarse.

En ese mismo momento, Cooper dio la orden y todos los soldados comenzaron a avanzar hacia el interior del túnel, unos iban por puro placer y diversión, otros iban obligados y sin poder negarse para no acabar como los traidores. ¿Podrían evitar ellos formar parte de la masacre que se avecinaba?

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