Bienvenido

NOTA IMPORTANTE

Tras el ultimo capitulo de Necroworld (El 200). Este blog permanecerá abierto hasta un nuevo aviso. Cuando este aviso suceda, este blog publicará una entrada nueva donde aparecerá la nueva dirección al nuevo blog (Intentaré que os redireccione) Pasado un tiempo, este blog desaparecerá.
Ya podeis entrar en el siguiente blog, la historia se muda ahi.
juanmanuel-sagazombis.blogspot.com.es

Seguidores

sábado, 27 de septiembre de 2014

NECROWORLD Capitulo 50

Día 19 de Enero de 2010
Día 576 del Apocalipsis…
Manhattan… Zona infestada… 07:00

Carlos se despertó tumbado en el suelo de una de las salas de la parroquia que había escogido como refugio. En su boca notaba todavía el sabor del vomito mezclado con el del alcohol, levantó poco a poco la cabeza y miró a su alrededor, era de día y en su mente no había imágenes claras, solo pequeños retazos de lo que había pasado el día anterior, recordaba el tiroteo con los dos escorias, recordó que había sido herido en el hombro y que había llegado hasta la parroquia, a partir de ahí estaba todo muy difuminado, era como ver una película bajada de internet, totalmente borrosa y mala calidad de sonido. Vio los varios charcos de vomito por el suelo, se miró la herida del brazo, la cual estaba vendada de una forma un tanto torpe, se fue quitando las vendas y vio el corte que se había hecho, también vio varias quemaduras. Se puso en pie a duras penas y comenzó a caminar por la sala, llegó hasta un sofá a duras penas, su cabeza palpitaba a causa del dolor y parecía a punto de estallar. Era seguramente la peor resaca de su vida.
Se sentó en el sofá y allí en el suelo vio un paquete de vendas junto a un cuchillo ensangrentado, varias balas cortadas para extraer la pólvora y una botella de bourbon. Más o menos podía hacerse una idea clara de lo que había ocurrido, aquello que se le escapaba en esos recuerdos borrosos, no se acordaba muy bien, pero era fácil saberlo. Había llegado allí y había comenzado a beber para que el alcohol hiciese un efecto anestésico, podría haberse curado antes de caer desmayado a causa de la borrachera, aunque las vendas se las había puesto seguramente en estado de embriaguez, de ahí el tan esperpéntico resultado del vendaje.
Se esperó un poco en el sofá y luego se puso en pie, necesitaba encontrar su mochila para tomarse alguna pastilla para el dolor, recordaba que llevaba algo de Paracetamol, era momento para usarlo, ya que ese dolor de cabeza estaba siendo criminal.
Encontró la mochila sobre una mesa al fondo de la sala, esta estaba revuelta del todo, metió la mano y sacó la caja de capsulas, iba a necesitar al menos dos para que la jaqueca desapareciera, mientras se las tomaba solo pensaba en terminar lo que había comenzado, dar caza a esos dos escorias, los reconocería en cualquier lugar, no se le escaparían. También se ocuparía de Eva, ella tampoco se le escaparía, solo que su destino sería muy diferente al de las basuras humanas que habitaban en los túneles.
*****
Manhattan… Zona segura…

Kendra estaba nerviosa. Mike acababa de llegar a casa y había comenzado a dar ordenes de que recogieran toda la ropa, que se marchaban antes de que pudiese pasar algo malo por haber desertado, se había sorprendido mucho de que su marido entrase así por la puerta con el arma incluida, algo que nunca antes había hecho, no le dio ninguna explicación, solo le dijo que hiciese las maletas.
Los niños ya estaban preparados en el salón, solo quedaba ella. Mientras Mike observaba por la ventana, tenía una visión clara de toda la calle, si algún vehículo lleno de militares paraba por allí para ir a buscarle y detenerle, lo vería llegar por cualquiera de los dos lados, pero no veía nada.
—Mike…— la voz de Kendra lo hizo sobresaltarse, este la miró. –Ya estoy lista.
—Coge a los niños. Vamos— Mike miró a sus hijos. –Venga, es hora de irnos.
Justamente en ese momento alguien llamó al timbre varias veces y Mike se quedó petrificado. ¿Podría ser que fuesen los militares? Si eran ellos… ¿Por donde habían llegado?. De nuevo se escuchó el timbre y seguidamente la voz de Eva.
—¿Kendra? Vengo a por ti para llevar a los niños al colegio.
Kendra miró a Mike, el cual automáticamente había apuntado hacia la puerta presa del miedo. Este tenía muy claro que lucharía hasta el final si trataban de llevárselo, solo por proteger a su familia. –Mike. ¿Qué hago?— preguntó en voz baja.
—No abras la maldita puerta. No respondas— respondió Mike bajando el arma. –Nos tenemos que ir, vamos por la escalera de incendios.
Kendra y los niños comenzaron a caminar hacia la escalera en silencio mientras Mike miraba a la puerta, lamentando no confiar en sus amigos, no podía arriesgarse a que detrás de Eva hubiese un pelotón dispuesto a entrar en tromba y quizás fusilarlo allí mismo. Finalmente salió por la ventana y siguió a su familia hasta un callejón lejos de las miradas de los demás habitantes de la ciudad.
—¿A dónde vamos papá?— preguntó su hijo. Aun no les había dicho nada, solo que se iban. Miró a Kendra y a su hija y luego de nuevo a su hijo. –Nos cambiamos de casa hijo mío, nos cambiamos de casa.
*****
Eva al ver que nadie abría la puerta de la casa miró a Vicky y descubrió que en los ojos de la niña había también preocupación. Llamó varias veces más pero no obtuvo respuesta. No era normal que Kendra no estuviera en casa, desde luego ahí pasaba algo, temía que Mike hubiese muerto en la misión y que al enterarse, Kendra hubiese hecho alguna locura.
—Retrocede un poco— le dijo a la niña.
La pequeña obedeció sin poner trabas y dio unos pasos hacia atrás. Enseguida Eva se lanzó contra la puerta y esta se abrió de golpe. Ella entró rápidamente y encontró la casa normal, con la única diferencia de que en la habitación no había nada de ropa en los armarios, era como si se hubiesen marchado a toda velocidad de allí. ¿Qué estaba pasando allí? Todo era muy extraño, Mike y su familia se habían largado. ¿Pero a donde?
*****
En algún lugar del desierto de Nevada…

Detuvimos los vehículos y salimos de ellos para consultar el mapa. Miré a Stacy y esta hizo una mueca, se daba cuenta de que estábamos tardando más de lo que pensábamos en llegar a Portland. Ella se había dado cuenta después de estar conduciendo toda la noche, debíamos estar todavía a unas quince horas de nuestro destino y estábamos muy cansados, también estábamos empezando a notar cierto calor a pesar de estar en Enero todavía. Al menos no habíamos tenido la mala suerte de cruzarnos con el rebaño que Randall nos había avisado, quizás fuese un farol, quizás no.
—¿Queréis agua?— preguntó Laura sacando una pequeña nevera del jeep.
Todos asentimos y esta comenzó a repartir botellas mientras Rachel, Sean, Stacy y yo  contemplábamos el mapa. De vez en cuando Sean le lanzaba miradas a Johana mientras esta, Juan y Butch nos proporcionaban seguridad.
—Sean. Mira esto— le dije dándole un golpecito en el brazo, cuando me miró le señalé un punto en el mapa. –Por aquí hay varias áreas de servicio. Voy a ir a ver si puedo conseguir algo de interés. No estaré mucho tiempo fuera.
—¿Quieres que te acompañe yo?— preguntó el joven.
—Bueno vale, pero ten mucho cuidado. No estás para muchos trotes— le respondí al joven haciendo referencia a su pierna. No me hacía demasiada gracia que me acompañara, pero finalmente asentí y accedí. En ese momento vi una extraña expresión en la cara de Stacy. —¿Qué pasa? Por tu cara diría que te preocupa algo.
—Eso os acerca demasiado a Las Vegas. Ese lugar… Es peligroso.
—No te preocupes. Será ir y volver— respondí. –Cogeremos un jeep.
Sean y yo comenzamos a caminar hacia un jeep mientras los demás se quedaban allí, necesitaban descansar, yo también, pero por el momento era un lujo que no podía permitirme. En ese momento vi a Rachel que venía detrás de nosotros.
—Os acompaño. Necesitareis más fuego de cobertura en caso de ser necesario y no creo que el chaval esté a la altura. Además, ya sabes que soy buena tiradora. Me despido de Sheila y me voy con vosotros.

Rachel se acercó a Sheila y le dio un abrazo seguido de un beso. Luego estuvieron hablando y poco después Rachel volvió junto a Sean y junto a mi. Segundos después nos pusimos en marcha hacia las áreas de servicio que había encontrado. También teníamos el Gran Cañón cerca.
*****

Butch se quedó mirando el jeep mientras se alejaba y luego miró a Juan, este seguía dando vueltas por allí observando y vigilando. Se acercó a el y comenzó a hablarle. –No te cansa que siempre sea el que se vaya por ahí? A mi eso me agobia, ese exceso de búsqueda de protagonismo. Desde lo de Amityville que lo tengo calado. Es el típico tío que quiere ser el héroe en todo, no hay cosa que me toque más los huevos.
—¿Me hablas a mi?— preguntó Juan con tono jocoso, ya sabía que se dirigía a el. –Ando demasiado ocupado vigilando que no nos sorprenda una horda y nos muerda el culo— señaló a Butch. –Tú deberías estar haciendo lo mismo.
—Estamos en campo abierto. No se ve a ningún podrido ni lejos ni cerca, es una gilipollez estar vigilando, además, son tan idiotas que si se acercan lo sabremos.
—Son los vivos los que nos preocupan. Ya has visto lo que ocurrió con aquellos tipos.
—Esos no volverán. ¿No viste como corrían? Estaban asustados, corrían con la polla en el culo— sentenció Butch. –Ya saben de lo que somos capaces, se lo pensarán dos y tres veces antes de volver a jugársela.
—¿De donde sacas esa estupidez? Si algo se ha aprendido en los entrenamientos es que no hay que bajar nunca la guardia ante nada. ¿Dónde porras estabas metido?— Butch iba a responder, pero Juan lo silenció enseguida. –Mejor no me respondas. Sigue con tu trabajo.
Butch se dio la vuelta y murmuró. –Gilipollas.
—Si, pero la tía por la que estoy colgado no pasa de mi— respondió Juan mirando de reojo a Johana, la cual se estaba echando algo de agua por encima para refrescarse. Allí estaba haciendo más calor de lo esperado.
Butch se alejó hacia su anterior posición y allí se quedó observando una serpiente que merodeaba entre los resecos matorrales, ese era seguramente el único ser vivo en kilómetros a la redonda.

Yuriko se había alejado un poco del resto del grupo, necesitaba estar un rato sola para pensar y decidir cosas que llevaban dando vueltas en su cabeza desde el encuentro con Carlos. Aunque este no estaba allí sentía en todo momento la presión que este ejercía sobre ella. No solo era eso, también se trataba de pavor. Carlos había mostrado una cara que no conocía. Se quedó un rato meditando y finalmente tomó una decisión, cuando Juanma volviera le contaría todo.
*****
Carguero prisión…

Luci estaba sentada en la misma mesa donde había conocido a Dante, este estaba al otro extremo comiendo sin parar mientras iban y venían unos presos que hacían las veces de sus sirvientes. Luci ni siquiera probaba bocado, tenía la vista clavada en Dante. Este dejó el hueso que acababa de despojar de carne y la miró.
—¿No comes? Deberías hacerlo. Es un privilegio al que no todos optan.
—No tengo hambre, y además, verte comer me revuelve las tripas. Eres increíblemente asqueroso y despreciable. ¿Para que me has hecho venir aquí?
—Me he enterado de tu disputa con las chaladas de la mascara. Te has cargado a la abeja reina, sus fieles seguidoras buscarán tu cabeza, no cesarán en el empeño de matarte. Lo único que no se sabe es cuando será— dijo Dante en ese momento. —¿Cómo se te ocurre?
—Yo no la maté. Ella cayó del carguero y los guardias dispararon.
—Si que la mataste. Al menos esas zorras zumbadas así lo creen… Y así te lo harán pagar. A menos que…— en ese momento Dante hizo un gesto y unos cuantos de sus hombres entraron en aquella sala llevando en volandas a cuatro chicas desnudas con unas mascaras de carnaval, eran las seguidoras. –Aquí las tienes, las he traído para ti— dijo mientras se limpiaba con una servilleta, seguidamente se puso en pie y caminó hacia Luci, la cual seguía sentada y sin moverse. Dante le puso las manos en los hombros.
Luci miró las caras de aquellas chicas, la estaban mirando, en sus rostros había algo, era odio, pero también había miedo, pero el miedo no era por ella, era por los hombres que las tenían retenidas. Estaban vislumbrando su final.
—¿Qué se supone que quieres que haga?— preguntó Luci apartando la mirada de ellas y mirando al frente, al mismo lugar donde había estado Dante. Fue en ese momento cuando el acercó su boca a su oído.
—Desde que el mundo es mundo, el ser humano ha demostrado su instinto asesino y lo fácil que es matar. Desde tiempos remotos siempre nos hemos estado matando los unos a los otros, aunque hubiese lazos entre ellos, Romulo mató a Remo, Kain mató a Abel… Y así un largo etcétera. Con los mencionados hago referencia a que se mataban entre ellos aun siendo hermanos, pero estas chicas no tienen ningún tipo de lazo contigo, por lo tanto si para esas parejas de hermanos fue fácil, para ti esto no tendría que ser nada.
—¿Quieres que las mate?— preguntó Luci.
—Quiero que salves tu vida. Para no morir hay que matar.
—¿Y que más te da que viva o muera?— preguntó Luci mirando a Dante, el cual había adoptado una postura casi paternal. –Solo soy una presa más.
—Eres la presa más importante que hay aquí. Tu sangre— respondió Dante acariciándole el brazo. –Tu sangre es el tesoro más valioso de aquí. Es mi sangre, me pertenece al igual que me pertenece tu vida— en ese momento cogió un cuchillo y se lo acercó a Luci a las manos. –Ya sabes como se hace— Luci agarró el cuchillo y miró a las cuatro chicas, poco a poco se fue poniendo en pie. Dante la dirigió hacia la primera de las chicas, la cual pataleó, pero el hombre de Dante la inmovilizó rápidamente. –Hazlo como más te guste. Personalmente te sugiero que la destripes, eso a ellas les encantaba hacerlo también.
—No lo hagas por favor— dijo de repente una de ellas. –No te haremos nada, no volverás a vernos. No nos mates.
—¡¡¡Silencio!!!— gritó Dante acercándose a la que había hablado, entonces la abofeteo violentamente. –No tenéis derecho a hablar y menos en mi presencia— Enseguida miró a Luci. –Hazlo, venga. Si no pasaré por alto el interés que tengo en ti y yo mismo te mataré.
—¿Qué es lo que buscas en realidad?— preguntó Luci. —¿Diversión? ¿Destruirme la mente a base de actos como este? Prefiero morir entonces antes que seguir tus putas ordenes.
—No las sigas y morirás, pero lo harás lentamente. Ahí si que disfrutaré. Dejaré que mis chicos se entretengan contigo y se turnen para golpearte hasta que no puedas más. Te curaremos y cuando te recuperes una nueva tortura vendrá… Y así sucesivamente. Me sobra tiempo e imaginación en este lugar— Dante le hizo una reverencia a Luci. –Tú decides.
Luci dio unos pasos hacia delante y hundió el cuchillo en el vientre de la chica, luego hizo que el cuchillo cruzara de lado a  lado el vientre, desparramando así los intestinos. Segundos después comenzó a hacerles lo mismo a cada una de las chicas mientras Dante y los suyos dejaban escapar carcajadas. Luci sin embargo apretaba los dientes y trataba de contener las lágrimas, no lloraba de pena o arrepentimiento, lloraba por estar siendo manejada por un tipo como Dante, pero juró que se la devolvería.
*****
Manhattan… Túneles…

Mouse y Christopher observaban al grupo de supervivientes de los túneles, los cuales habían montado una especie de campamento en algún lugar bajo las calles de la zona infestada. Eran alrededor de unas cincuenta personas, un grupo formado por hombres, mujeres, algunos ancianos y niños. Muchos de los ancianos habían caído en el asalto.
Por otro lado Zero y los suyos estaban tratando de reclutar a gente, muchos de ellos estaban deseando devolvérsela a los que les habían atacado, se estaban dejando llevar por la cólera.
—No podremos contenerlos mucho. Si deciden atacar… Poco podremos hacer por frenarles. Quieren sangre. Lo sabes ¿Verdad?— preguntó Christopher mirando a su compañero.
—Escucha, tú y yo vamos a volver, Zero contó que papá Angelito estaba muerto, pero yo no me lo creo. Debemos volver a por el, ya que el y solo el podría parar esto.
—¿Y que haremos?— preguntó Christopher. –Lo mires como lo mires estamos entre la espada y la pared. Tendremos que movernos rápido.
—Lo haremos. Trata de que no te vean, te veo en media hora en los túneles que hay bajo central park— dijo finalmente Mouse. –Intenta que no te sigan.
—Dalo por hecho— respondió Christopher dándole una palmada en el brazo. Poco después se despidieron.

Manhattan… túneles (zona segura)

Jill comenzó a notar un movimiento detrás de la cortina, nunca antes lo habían inspeccionado, pero en esos momentos había algo que le llamaba la atención, además del olor, el cual no le había llamado la atención antes. Miró a David y a Paul que se habían quedado dormidos en un rincón. Seguidamente miró a Diana.
—Quédate aquí— le dijo a la muchacha a la vez que se levantaba.
Jill caminó y descorrió la cortina para encontrarse con un colchón lleno de manchas de sangre, se insultó a si misma por no haberlo inspeccionado antes. Por otro lado estaba demasiado preocupada por los golpes de los caminantes que había en el exterior.
Alzó el arma y avanzó con cautela, fue en ese momento cuando vio movimiento detrás del colchón, entonces vio que se trataba de una silueta humana. Se trataba de alguien que parecía estar como mareado, aunque la verdadera respuesta era más obvia.
—¿Hola?
En ese momento la silueta se dio la vuelta hacia Jill y esta vio a un hombre que parecía de origen Haitiano, era de color y tenía rastas. Tenía un cierto parecido a Bob Marley, pero en sus ojos no había vida, era un No Muerto.
Jill dejó escapar un grito ahogado y sin pensárselo dos veces apretó el gatillo varias veces, descargando todo el cargador en la cabeza del caminante. El ruido hizo que Diana comenzase a gritar y que David y Paul se despertaran de golpe, enseguida los dos chicos aparecieron con las armas en alto junto a Jill.
—¿Qué ha pasado?— preguntó David observando el cadáver. —¿Han entrado?
—Ya estaba dentro, se ve que no se reanimó hasta ahora, por eso no lo vimos. Deberíamos haber inspeccionado mejor este lugar, esto podría habernos costado la vida— dijo Paul al tiempo que volvía junto a su hermana para tranquilizarla. –No te preocupes cariño, ya pasó— pero la verdad era que no había pasado todavía, fuera aun había No Muertos golpeando la puerta para entrar. Al menos parecía que esta iba a aguantar, pero no sabían cuanto iban a aguantar ellos, no tenían ni comida ni agua. Si su tiempo allí se prolongaba podían morir de hambre y de sed.

Manhattan… zona segura
Túneles bajo central park… 9:30 de la mañana…

Christopher y Mouse se encontraron a la hora indicada donde habían acordado. Nadie los había seguido, eso era lo que más les preocupaba, que Zero o sus hombres los siguiera hasta allí. Aquel Alemán estaba organizando a la gente para erguirse como nuevo líder, eso era algo que solo papá Angelito podía parar, por que si aparecía, todos le harían caso a el y se olvidarían de las palabras de Zero, las cuales incitaban a la ira.
—Mouse…— murmuró Christopher. —¿Qué haremos si de verdad papá Angelito está muerto? ¿Qué haremos si fracasamos?
—Que tendremos graves problemas— respondió Mouse echando a caminar.
Ya no había soldados allí abajo y el olor a carne quemada era penetrante en algunos tramos de túnel, los quemadores habían pasado y habían arrasado con todo o casi todo, era evidente que todavía quedaban No Muertos allí abajo, en el eco de los túneles, sus gemidos eran claramente audibles. Se escuchaban perfectamente.
*****
En algún lugar del desierto de Nevada…

Detuve el Jeep delante de un área de servicio. Hacía viento y los carteles que había colgados se mecían provocando un sonido metálico. Sean me miró primero a mi y luego al exterior, cuando fue a salir le puse la mano en el hombro. –No quiero que bajes la guardia en ningún momento, ahí dentro podría haber cualquier cosa.
—No te preocupes— dijo, justamente después bajó del vehículo. Rachel y yo hicimos lo mismo.
Los tres comenzamos a caminar hacia la tienda que quedaba a unos siete metros de donde habíamos aparcado el jeep.
—¿Qué es lo que buscas aquí?— quiso saber Rachel preguntándome en voz baja.
—En la otra que estuvimos estuve buscando mapas de carretera de todo el estado. No encontré nada que me sirviera, aquí deberíamos encontrar de eso. Además de algo más de comida, se que tenemos de sobras, pero no es para llevárnosla, es para marcar la zona y saber donde venir a por ella cuando nos larguemos de la ciudad, también necesito esos mapas por si no nos dejaran quedarnos en Portland. Al fin y al cabo aun no sabemos como serán las cosas allí. Llevamos a Stacy, pero no tengo ni idea de si seremos bienvenidos.
—Lo llevas todo pensado ¿eh? Solo que sueltas la información con cuentagotas— respondió Rachel. –Por cierto, te noto raro desde lo del destierro de tu hermano. ¿Crees que ya se ha marchado?
—No lo se… Y si, estoy un poco raro por que al fin y al cabo no deja de ser mi hermano. Siento que de alguna manera he destruido lo poco que quedaba de mi familia. Quizás el se haya marchado y haya muerto… No se. Es algo extraño, el mundo ha cambiado demasiado para mí, yo me he quedado muy atrás.
—Si te hubieses quedado tan atrás no estarías vivo a día de hoy. Vives por que te has adaptado, como muchos de nosotros. No se si lo sabes, pero yo antes de esto era la hija de una familia podrida de pasta, algo que por cierto odiaba.
—No entiendo lo que quieres decir. Al menos eso creo— respondí.
—Me refiero a que si yo era una niña pija que sobrevivió por que se adaptó a esto. Tú que fuiste soldado antes de esto es normal que sigas vivo, te adaptaste, quizás mucho antes que el resto de tus compañeros que siguen vivos hoy gracias a ti. Hicieron bien depositando su confianza en ti. Yo también lo hago.
—Gracias— respondí. –Yo también confió en ti.
Sean llegó hasta la puerta de la tienda y miró a través del cristal, luego cogió el pomo y lo hizo girar poco a poco, cuando abrió la puerta se metió dentro de un salto.
—¡¡¡Sean!!!— grité. –No seas inconsciente.
De repente escuché la voz de Sean. –Tranquilo jefe todo está…— la frase de Sean se cortó y de repente escuchamos un grito. Rachel y yo nos miramos y corrimos hacia el interior de la tienda con las armas en alto, dispuestos a disparar contra lo primero que surgiera ante nosotros y no fuera humano.
*****
10:00 de la mañana…

Juan se había subido al techo del remolque del camión y se había preparado una sombrilla para no quedar tan a merced del sol tan castigador. Desde allí tenía una visión perfecta de todo cuanto lo rodeaba. Era perfecto por que no parecía que nadie se estuviese acercando. Los demás estaban por abajo vigilando también y comiendo algo. Eran las diez de la mañana y la temperatura había subido todavía más, debían estar a unos más de veinte grados, mucho calor para la época del año en la que se encontraban.
De vez en cuando, Juan se llevaba los prismáticos a la cara cuando le parecía ver algo de movimiento, pero lo único que descubría era algún buitre o zorro comiéndose los restos de algún cadáver, seguramente el de algún No Muerto.
—¿Ves algo?— le preguntó en ese momento Sheila desde abajo. –Me refiero a algún No Muerto o a los nuestros.
Juan negó con la cabeza. –Ni a los nuestros ni a ningún caminante. Tranquila, seguro que están bien. Juanma es alguien valiente y protector… Y tu chica… Bueno, digamos que no está manca. Además, como yo siempre digo, los dioses están de su parte hoy.
—Te juro que no entiendo esa coletilla de los dioses. Hablas como los romanos en su época.
—Bueno, fue un tema que siempre me apasionó. Lo de “Los dioses están de su parte” es como decir que “La fuerza les acompañe”, viene a ser algo así como que se que volverán sanos y salvos o que nada saldrá mal. Yo confió en ellos— en ese momento a Juan le pareció ver algo a lo lejos, algo que salía de detrás de unas rocas. Rápidamente se llevó los prismáticos a los ojos y oteó el horizonte.
—¿Qué pasa? ¿Qué ves?— preguntó Sheila subiendo por un lado del remolque gracias a una escalera de mano que había en uno de los lados. Enseguida estaba sentado junto a Juan.
—Caminantes. Creo que es un rebaño… treinta… Cuarenta… Si, es un rebaño— respondió Juan rápidamente pasándole los prismáticos a Sheila.
Cuando esta los observó miró a Juan al tiempo que le devolvía los prismáticos. –No parece que vengan hacia aquí. ¿No? Aun así están lejos, no creo que nos vean o huelan.
—No, juraría que allí hay algo— respondió Juan, hasta que de pronto escucharon un ruido, eran disparos. Volvió a mirar por los prismáticos y vio como algunos caminantes eran abatidos, pero no pudo ver quien disparaba ni desde donde. –Alguien les está disparando.
—¿Podrían ser Juanma, Rachel y Sean?— preguntó Sheila poniéndose nerviosa pensando que podría ser su chica teniendo problemas.
—¿Tan pronto? Además… Ellos se fueron por allí— respondió Juan señalando por donde se había marchado el Jeep. Lo lógico es que volvieran por donde se fueron. No son ellos— Rápidamente Juan saltó del remolque y corrió hacia Butch. Cuando llegó junto a el se percató que el también se había percatado de lo que estaba ocurriendo. – Ven conmigo, vamos a ver de quien se trata.
—No es asunto nuestro tío. Que les jodan— respondió Butch dejando de mirar a Juan.
Entonces Juan lo agarró por las solapas de la camisa y lo obligó a mirarle. –Podría ser gente que tiene problemas. Tu te vienes conmigo quieras o no.— Juan se lo llevó a rastras hacia el jeep mientras les daba ordenes a Johan y Yuriko para que vigilaran. Ellos volverían enseguida o al menos eso esperaban. Se subieron al jeep y pusieron rumbo hacia el lugar donde estaban disparando. No sabían quien podría ser, pero lo averiguarían pronto.
*****
Rachel y yo entramos de un salto en la tienda con las armas en alto, fue entonces cuando nos encontramos a Sean sentado sobre el mostrador con un amplia sonrisa en la cara.
—¿Se puede saber que cojones haces? Pensé que…
—Era solo una broma jefe, estabas demasiado tenso y quise echarte una mano…— Sean no terminó la frase, me acerqué a el y le asesté una bofetada que lo hizo caer del mostrador. Este se puso la mano en la mejilla y me miró.
—Si vas a hacer bromas como esta mejor dedícate al circo. No estamos aquí para divertirnos. Pensábamos que te podía haber pasado algo. Fue un jodido error no mandarte de vuelta a Manhattan— dije dándome la vuelta y dándole una patada a un expositor lleno de revistas. Estas acabaron todas por el suelo.
Sean se levantó y pude ver que la mejilla donde le había golpeado comenzaba a hincharse. –Lo siento, pensé que te haría gracia y te relajarías un poco, estás siempre tenso. Solo quería ayudarte.
—¿Acaso te lo pedí?— le pregunté. –Podríamos haberte disparado si llegas a salir de repente.
—Yo le hubiese pegado un tiro en la pierna. A ver si así se ríe…— dijo Rachel.
—Os falta humor. Solo era una maldita broma para aliviar tensiones. No os vendría mal un poco de sentido del humor.
—El humor no pinta nada aquí ahora— respondí.
En ese momento escuchamos un ruido fuera, era como si hubiese llegado un vehículo. Rachel y yo nos volvimos a mirar y nos dirigimos hacia las ventanas, íbamos agazapados mientras Sean que se había quedado pálido se había situado detrás del mostrador, incluso podía escuchar como castañeaban sus dientes debido al miedo.
Rachel llegó a la ventana antes que yo, cuando llegué y me quedé debajo del marco. ¿Se trataría de Randall que había estado siguiéndonos y había vuelto con refuerzos para vengarse por lo de la noche anterior? Si era eso estábamos en aprietos por que éramos menos y seguramente con menos munición que ellos. Escuchamos abrirse una puerta, pasos y luego esta cerrarse. Justo cuando pensábamos que íbamos a escuchar la voz de nuestro enemigo, escuchamos la voz de una mujer. Poco a poco me fui asomando, pero siempre con cautela y con el cañón del arma de Rachel preparado para disparar. Cuando por fin me asomé lo hice saliendo de repente y con el arma apuntando en la dirección en la que había venido la voz, allí me encontré a una mujer de color de unos treinta años. Tenía una camiseta de tirantes verde oscuro y llevaba un pañuelo en la cabeza, era delgada pero musculosa. A esta la acompañaban otras tres mujeres, dos de ellas eran gemelas, pero no había ni rastro de Randall.
—¿Quiénes sois vosotras? ¿Os manda Randall?
La chica alzó el arma para apuntarme a mí, eso hizo que Rachel se levantara de golpe y le apuntara a ella. Las otras tres mujeres ni se inmutaron, se limitaban a mirar.
—No se quien coño es Randall y no me importa. Vosotros venís de Manhattan por lo que veo— dijo mirando el jeep y el símbolo del fénix de este. –Podéis bajar las armas. Estamos del mismo bando. ¿Esta Stacy ahí? Tengo ganas de verla…

La revelación de aquella chica me sorprendió, pero… ¿Realmente la conocían? ¿O era una trampa?

sábado, 20 de septiembre de 2014

NECROWORLD Capitulo 49

Día 19 de Enero de 2010
Día 576 del Apocalipsis…
Manhattan… Túneles… 01:00

La única información que les habían dado antes de entrar a los túneles había sido: “disparar a matar”. Mike esperaba encontrarse con un montón de tipos armados hasta los dientes esperándolos, pero en vez de eso, lo que vio era distinto, mucha gente como el y otros reunida, celebrando una especie de funeral en un gran hall, había ancianos, mujeres y niños. Fue en ese momento cuando las granadas de humo comenzaron a volar y a soltar su carga, enseguida comenzaron los disparos.
Mike no quería ser participe de aquella barbarie y comenzó a alejarse del grupo, eso era desertar, pero prefería eso a matar a personas inocentes, aquello era un maldito desmadre, algo olía mal allí. Recorrió los pasillos con intención de salir de allí y regresar a su casa, así quizás le daría tiempo a recoger a Kendra y a sus hijos, luego se marcharían, no creía que tras abandonar la ciudad les siguieran.
Fue de repente cuando la poca luz de los túneles se fue y Mike se quedó en la oscuridad, solo y sin otra compañía que el sonido de los disparos y los gritos de la gente que trataba de huir de sus verdugos, aquellos que habían llegado de repente para traerles la muerte. Se llevó la mano a uno de los bolsillos del chaleco y sacó una pequeña linterna, la encendió y comenzó a alumbrar a lo largo del túnel, caminó en línea recta durante bastantes minutos hasta que se dio cuenta de que no sabía donde estaba, no era el mismo lugar por el que habían llegado el y los demás miembros de su equipo. Se había perdido, lo cierto que allí abajo, uno que no lo conociera muy bien, podía perderse, era un condenado laberinto. Siguió caminando y acabó topándose de frente con un par de vagones de tren abandonados, le llamó mucho la atención el ver como si una luz se apagara en el interior, aquello le llamó la atención y se fue acercando con el arma en alto, cuando entró se encontró con una familia entera, los padres y dos niños de edades similares a sus hijos, todos de raza negra, los cuales enseguida le recordaron a si mismo y su familia. El padre de familia comenzó a hacer que se ocultaran detrás de el.
—Tranquilo hermano, no os voy a hacer ningún daño— dijo Mike bajando el arma y con tono amable. No estaba dispuesto a ser participe de lo que allí abajo ocurría. –Pero ocultaros bien.
Mike salió del vagón y se encontró con un grupo de soldados jóvenes, los cuales habían entrado a los túneles con el, uno de ellos que respondía al nombre de Conrad se dirigió a el. —¿Has visto algo ahí dentro Mike?
—No, todo despejado ¿Dónde vais vosotros?— preguntó mientras aferraba con fuerza su fusil mientras pensaba en que si aquellos jóvenes soldados trataban de entrar, quizás tuviera que actuar.
—Nosotros vamos a dar una vuelta, algunos de los escorias se han dispersado. Cooper y Gallaguer los quieren a todos muertos y es lo que haremos— Conrad alzó los brazos como si fuera un troglodita y comenzó a gritar. —¡¡¡¡Los mataremos a todos!!!!! Yujuuuuuu. –Para Mike aquel comportamiento era vomitivo. –Por cierto. ¿A cuantos te has cargado tu? No te vi disparar, desapareciste— se dio la vuelta y miró a los que estaban detrás de el. —¿Alguno de vosotros lo vio disparar?— todos negaron con la cabeza. –Venga hombre, vamos a que te estrenes, empecemos por inspeccionar estos vagones de arriba abajo, estos de aquí abajo son como las ratas, se esconden muy bien. Seguro que pasaste por su lado varias veces y no los viste, venga voy yo primero— dijo Conrad tratando de subir, pero Mike puso el brazo delante para impedirle el paso.
—No, lo he inspeccionado bien y no hay nadie— Mike quería evitar un enfrentamiento allí con sus compañeros, eran un total de siete y no saldría bien parado, quizás solo podría llevarse a dos o tres por delante antes de caer abatido, eso esperaba que no sucediera.
—Venga hombre, déjame pasar e inspeccionamos juntos— Conrad quiso quitar el brazo de Mike, pero este hizo fuerza para que este no se moviera. —¿Pero que cojones te pasa?
—Vamos a otro sitio. Aquí no hay nada— mintió Mike notando que se iba poniendo nervioso. Justo en ese momento en el interior se escuchó un sollozo, seguramente de uno de los niños, eso hizo que el corazón de Mike casi se saliera del pecho.
Los jóvenes soldados alzaron las armas y enseguida Conrad  miró a Mike. –Ahí hay alguien… ¿Estas ocultando y ayudando a esos escorias?
En ese momento Mike golpeó a Conrad y lo agarró, usándolo así de escudo humano mientras apuntaba a los demás, los cuales habían apuntado a Mike también.
—Suéltale— le espetó una chica.
—Ahora mismo vais a ir desfilando lejos de aquí en dirección contraria o me lo cargo— amenazó Mike.
—No podrás dispararle si mientras nos estás apuntando a nosotros— dijo un chico que no tendría más de dieciséis años.
—Pero puedo romperle el cuello imbécil— respondió Mike. –Ahora os quiero ver desfilando delante de mí. ¿Os queda claro? ¡¡Venga!!
Todos obedecieron y comenzaron a caminar delante y de espaldas a Mike. –Te arrepentirás de esto negro de mierda, estás jodido— dijo Conrad.
—Eso ya lo se, tendré que sopesarlo— respondió Mike a sabiendas de que lo que estaba haciendo era un problema para el, pero no iba a matar a personas inocentes, también comenzó a planear en como deshacerse de aquellos jóvenes e impulsivos soldados. Solo que aun no sabía como.
*****

Tras entrar en los túneles, David, Jill, Paul y Diana se habían separado del resto de soldados, querían salir de allí, pero no podían volver por donde habían venido, tenían que encontrar otra forma de salir. Cuando se quedaron a oscuras tuvieron que pararse, desde donde estaban, no dejaban de escuchar disparos y gritos, eso hacía que la joven se pusiera muy nerviosa, aquello estaba siendo demasiado para ella. Aunque padeciera Asperger, se podían imaginar que podía notar lo que ocurría allí abajo.
—Paul— dijo David buscando la voz de su compañero en la oscuridad. –Trata de calmarla.
—En ello estoy, pero está muy alterada. Vamos cariño, tranquila, saldremos de aquí.
En ese momento, David notó la mano de Jill en su hombro. —¿No tienes alguna linterna?
—¿Y tú?— preguntó David mientras se echaba las manos a los bolsillos. –Yo no tengo… ¡¡¡Mierda!!! ¿Cómo se me puede haber olvidado?
—Yo si tengo— dijo en ese momento Paul, seguidamente surgió un haz de luz que surgía de una linterna. David pudo ver en ese momento la expresión de Diana, totalmente desencajada por el miedo y Paul siguió calmándola después de pasarle a David la linterna.
—Muy bien, seguidme… Y permaneced todos juntos—dijo David mirando a sus compañeros semi alumbrados por la luz de la linterna.
Todos juntos comenzaron a avanzar por los túneles, ya no se escuchaban disparos, sin embargo seguían escuchándose gritos, en su mayoría de angustia. Algo más estaba ocurriendo allí abajo y David comenzaba a imaginarse lo que era. Ya sabía lo que les divertía a los soldados jóvenes, la orden era disparar a matar…, pero no lo habían hecho disparando a la cabeza. Los habían matado con toda la intención de que regresaran después de muertos. Tenían que salir de allí.
*****
Zero y sus hombres llegaron escoltando a Papá Angelito a la capilla donde este vivía habitualmente. El ataque había cogido a todos por sorpresa, incluso tras el ataque habían surgido No Muertos a partir de los habitantes asesinados, no les habían disparado a la cabeza a propósito.
El líder de los habitantes de los túneles entró rápidamente en la capilla seguido por Zero mientras los hombres de este se quedaban fuera vigilando. Nada más entrar comenzó a preparar una mochila con comida, munición y una única pistola, luego cogió un rosario y comenzó a rezar algo en haitiano.
—¿Qué coño haces?— preguntó Zero. –Rezar no te servirá de nada, debemos contraatacar ahora mismo.
—No tenemos armas suficientes. No podremos hacerles frente con flechas… Estamos perdidos— replicó Papá Angelito. –Tendría que haberle hecho caso a Mouse mucho antes… Si nos hubiésemos marchado…
—Si que tenemos armas, mis chicos y yo tenemos… Asaltamos su polvorín y nos trajimos varias armas que ocultamos en una capilla que hay en la zona infestada, bajo tierra también… Como esta. Podemos ir allí e iniciar un contraataque.
Papá Angelito se quedó parado y rápidamente miró a Zero, no daba crédito a lo que acababa de decir aquel hombre. —¿Es cierto eso que dices? Dime que estás mintiendo— Papá Angelito dejó caer el rosario al suelo. —¿Todo esto es por tu culpa?
—No podíamos seguir viviendo así. Quería recuperar lo que es nuestro.
—¿Nuestro? Tú y tu codicia nos habéis condenado. ¿En que estabas pensando maldito?— Papá Angelito agarró a Zero de los hombros y comenzó a zarandearlo. –Por tu culpa están matando a gente inocente, tu has provocado esto.
—Ellos nos están atacando por que han querido… Además, estábamos a tus órdenes en todo momento desde que llegamos aquí, tú eras quien quería a ese tipo que camina entre los muertos. ¿Qué querías hacer con el? ¿Quieres que te lo diga yo? Por que lo se, querías comértelo para apropiarte de su poder, o al menos eso pensabas. Que rápido nos olvidamos de las cosas ¿Verdad? ¿O ya no te interesaba? Estamos aquí todos rompiéndonos los huevos por ti y por ti robamos esas armas.
—Pero yo no os lo ordené. Yo no quería nada de esto…— Papá Angelito sacó su arma y apuntó a Zero. –Entrégate y detén esto o te juro por dios que te mataré.
Zero alzó las manos y miró a su líder. –No quieres hacerlo, no serás capaz— justo en ese momento, Papá Angelito apretó el gatillo y una bala atravesó el hombro de Zero, seguidamente este lanzó un grito de dolor. –Hijo de puta.
—Entrégate y detén esto— repitió el líder de los habitantes de los túneles.
Zero puso una mano ensangrentada delante de el y comenzó a hablar. –Está bien, está bien. Tiene razón, me entregaré, pero antes necesito su perdón.
Papá Angelito bajó el arma y caminó hacia Zero, cuando llegó junto a el se agachó y besó a Zero en la frente. –Yo te perdono.
—Muchas gracias padre— en ese momento Zero sacó un cuchillo de su cintura con un rápido movimiento y comenzó a clavárselo a su antiguo líder repetidas veces en el vientre.
Papá Angelito dejó caer el arma y retrocedió poco a poco mientras miraba a Zero con lágrimas en los ojos. Zero se ajustó las gafas y se miró el hombro. Seguidamente mostró una mueca de dolor y luego caminó hacia el haitiano, cuando llegó junto a el le asestó una violenta patada en el estomago, haciéndolo caer de espaldas sobre el colchón sobre el que siempre estaba detrás de la cortina.
—¿Por qué me haces esto? ¿Por qué Zero?
—Por que es lo que quería hacer desde hace tiempo— seguidamente Zero cogió la pistola del suelo y volvió a mirar a Papá Angelito. –No te mataré, te dejaré morir, la herida que yo te provoqué a ti es más grave que esto— dijo señalando su hombro. –Deberíamos agradecérmelo, gracias a mi sabrás lo que es volver de la muerte.
Zero abandonó la capilla, dejando al líder Haitiano desangrándose sobre aquel colchón, cuando salió de la capilla se encontró con varios de sus hombres, unos pocos más habían llegado.
—¿Dónde está el Haitiano?— preguntó uno de ellos.
—Me lo he cargado, ha intentado matarme. Ahora lo que tenemos que hacer es reagruparnos nosotros e ir a donde están las armas, estos de aquí arriba nos lo pagarán caro. Juro que no quedará así.
—Necesitas que te curen— dijo otro señalando la herida del brazo.
—No es nada. Vámonos de aquí antes de que lleguen soldados o caminantes.
El grupo encabezado por Zero comenzó a alejarse por los túneles, mientras lo hacían, Zero iba maquinando sus siguientes movimientos.
*****
02:30 de la madrugada…
Manhattan… Zona segura…

Eva se despertó con hambre y fue a la cocina, abrió la nevera y sacó un yogur. Enseguida le habían venido a la mente los soldados y lo que estaban planeando, se imaginó lo que podría estar ocurriendo bajo las calles de la ciudad, se podía imaginar a madres con hijos siendo asesinadas por los soldados, ya sabía como se las gastaban por que hasta sus oídos había llegado lo de los traidores ahorcados y exhibidos. Eso a ella le resultaba un acto atroz que no hubiese ocurrido de estar Juanma allí en la ciudad, pero este no estaba, se encontraba en algún lugar de camino a Portland, al menos eso esperaba, le aterraba pensar que les hubiese pasado algo durante el camino.
Cogió el yogur y como no sentía ganas de dormir, salió al salón y se encendió el televisor mientras daba cucharadas, le interesaba saber como estaban las cosas en la ciudad y quizás enterarse de como estaba resultando el ataque, no por nada más que no fuera conocer el estado de David, era obvio que no había vuelto a casa, de haber regresado ella ya lo sabría.
Cuando encendió el televisor rápidamente apareció una imagen de central park con una gran entrada a lo que parecían las alcantarillas, allí podía verse una especie de campamento con varios focos apuntando a la entrada, con la periodista hablando.
—Hace un rato que han dejado de escucharse disparos. Aquí fuera están esperando los quemadores, los cuales entraran cuando se les de la orden, su función es entrar para hacer desaparecer los cuerpos de los caídos. Aquí tenemos al jefe de quemadores Augusto Gutiérrez— el mencionado apareció en pantalla. —¿Podría decirnos si está nervioso por lo que van a hacer?
—Claro que lo estoy, tenga en cuenta que ahí abajo hay mujeres y niños. Será duro quemar sus cuerpos, pero es lo que se tiene que hacer…
—¿Será duro?— preguntó Eva. –Si tan duro es, no lo hagáis, no les tengáis ahí abajo repudiados panda de hipócritas— dijo sin poder contenerse.
En ese momento en pantalla se vieron a varios militares correr hacia la entrada entre gritos y con las armas en alto, según le parecía entender a Eva, estos gritaban algo que parecía ser: “Sale alguien”. Las cámaras enfocaron rápidamente a la negra boca del túnel de alcantarillado y de repente a la luz de los focos surgió un hombre gritando. Los soldados respondieron con más gritos y entonces abrieron fuego, haciendo que chorros de color rojo comenzaran a brotar, a ese primero los siguieron entonces varios más. Eran hombres, mujeres y niños, todos estaban siendo abatidos. Hubo uno, un hombre de mediana edad que se lanzó contra la cámara y Eva vio que se trataba de un No Muerto. Aquella boca de alcantarillado estaba vomitando caminantes sin parar. Los disparos comenzaron en el exterior y segundos después en la televisión.

Los soldados disparaban a todos los No Muertos que iban surgiendo del túnel, todos vestían ropas de las que acostumbraban a llevar aquellos que mal vivían bajo la ciudad, todos presentaban disparos, los cuales eran los que les habían quitado la vida en principio. Uno de los mandos allí presentes no pudo evitar sentir un arranque de rabia, si algo tenía que haber salido por allí debían haber sido personas, no caminantes, alguien se estaba pasando las órdenes por el mismo forro.
—¡¡¡Acabad con todos ellos!!!— gritó ante la desesperación de ver que los soldados estaban viéndose desbordados por el numero de muertos vivientes que iban surgiendo sin parar. Vio como la periodista y el cámara habían corrido hacia un lugar seguro mientras seguían grabando la escena.  No deberían estar grabando, eso dejaría en evidencia su eficacia. –Dejad de grabar, dejad de grabar hostias.
En ese momento una mujer se lanzó sobre el mando y le mordió en el brazo, este logró quitársela de encima con un disparo en la cabeza, luego comenzó a dar ordenes de que dispararan a la cabeza, pero los soldados no lograban acertar el tiro, había demasiados.

Eva desde su casa en ese momento escuchó el sonido de varios motores, se asomó por la ventana y vio varios vehículos cargados de soldados ir en dirección a Central Park, iban como refuerzos, aquello era algo que debían controlar cuanto antes si no querían que la ciudad cayera.
*****
Manhattan… Túneles…
3:45 de la madrugada…

Cooper y varios soldados llegaron a un hall que había sido una antigua parada de metro, aunque no sabían en cual se encontraban exactamente. Era hora de pedir la entrada de los quemadores para deshacerse de los cuerpos que se habían quedado sin volver, lo malo era que algunos soldados habían entrado allí a jugar en lugar de a cumplir órdenes, y aquello no era un maldito juego, habían agravado el problema con su estupidez, juraba que los castigaría.
—Señor… Deberíamos replegarnos en el exterior y organizarnos mejor. Aquí en medio de la oscuridad…
El soldado no acabó la frase, una flecha salió de la nada y atravesó su cabeza. Este cayó de bruces y enseguida más flechas comenzaron a caer sobre ellos. Cooper y algunos soldados lograron ponerse a cubierto mientras otros no tenían tanta suerte y eran abatidos por las flechas enemigas.
Cooper no tardó en ver a varios enemigos armados con ballestas surgir de detrás de pilares y cajas amontonadas, les habían tendido una emboscada y ahora eran ellos quienes estaban perdiendo efectivos. Demasiados.
Veía a caer a jóvenes soldados a los que conocía de hacía tiempo y los cuales si habían seguido sus ordenes, eran leales y ahora estaban cayendo como moscas, vio a una joven cuyo cuerpo se llenó de flechas en un momento, despojándola de vida, también vio a un joven al que una flecha atravesó el corazón, abatiéndolo al instante.
—Salgamos de aquí. ¡¡¡Retirada!!!— ordenó Cooper levantándose y corriendo hacia una puerta. –Pedid ayuda a Gallaguer de una maldita vez, aquí las cosas se han complicado.
Uno de los soldados cogió el walkie talkie y comenzó a pedir ayuda al grupo de Gallaguer. Cuando respondió descubrieron que también el grupo de Gallaguer estaba teniendo problemas.
*****
Gallaguer y su grupo se habían visto sorprendidos por un grupo de No Muertos que había surgido de la oscuridad de los túneles y se habían abalanzado sobre ellos. Los primeros en caer habían sido los jóvenes que iban delante, ni siquiera les dio tiempo a disparar, la oscuridad les estaba jugando una mala pasada. Los caminantes no tardaron en rodearlos y comenzar a masacrarlos, seguramente los que no habían disparado a la cabeza de los habitantes de los túneles para que se convirtieran en No Muertos, ahora se estaban arrepintiendo.
Gallaguer abrió fuego de forma frenética, abatiendo a todo el que se cruzaba ante su fusil, tanto amigo como enemigo. Retrocedió disparando y golpeando a los caminantes que aparecían. Estaba tan oscuro allí abajo que tropezó y cayó de espaldas, perdiendo el arma en la caída, no tardó en sentir peso sobre el y unos dientes clavándose en su mejilla, sintió el tirón y la sangre caliente brotar como si alguien descorchara una botella de champán, quiso gritar, pero cuando abrió la boca sintió un beso que al separarse se llevó la lengua de este consigo, enseguida comenzó a ahogarse con su propia sangre, sintió más mordiscos en todo el cuerpo hasta que llegó un momento que no sintió nada más. Ni siquiera llegó a ver la luz de la linterna que lo alumbraba.

—¡¡¡Atrás!!!— gritó David tras enfocar el cadáver de Gallaguer y viendo como los caminantes centraban toda su atención en ellos. –Corred ¡¡¡Vamos!!!.
David comenzó a disparar mientras Paul, Diana y Jill retrocedían, llegó un momento que no pudo tenerlos más a raya y optó por retirarse el también.
Corrieron por los túneles y llegaron a una zona donde vieron una especie de capilla. –Todos a dentro— gritó David aun sabiendo que allí se quedarían atrapados, pero lo importante era vivir más tiempo y más tarde quizás tener una oportunidad, con la luz del día, el lugar quedaría más iluminado y podrían salir o pedir ayuda.
David fue el primero en llegar a las puertas y abrirlas de una patada, luego se dio la vuelta y comenzó a disparar a los caminantes que estaban llegando, era muy difícil acertar en aquella oscuridad en la que muchas veces se confundían las sombras. Llegó Jill y comenzó a disparar también mientras Paul y Diana entraban dentro. Cuando ya estuvieron dentro los dos jóvenes, Jill y David saltaron al interior y cerraron las puertas, pusieron un enorme pasador de madera que parecía bastante fuerte, poco después comenzaron a escuchar los golpes al otro lado.
La capilla era bastante grande y estaba alumbrado por tenues velas, las paredes eran rojas, realmente todo era rojo allí dentro, también había una cortina de color rojo. También era destacable un intenso olor a incienso y puede que un poco de olor a Marihuana. A David aquello le parecía que era una especie de templo de paz.
—No sabia que hubiesen lugares como este bajo la ciudad— dijo Jill mirando alrededor.
—No es muy grande tampoco, además, a mi no me sorprende tanto. Vete tu a saber cuantos lugares como este se han quedado bajo tierra. No me extrañaría que en algún lugar hubiese catacumbas— respondió David, enseguida miró a Paul, el cual había ayudado a su hermana a quedarse sentada en una especie de sofá. –Oye Paul. ¿Qué te parece si trepamos por aquí a ver si podemos hacer algo? Quizás encontremos una salida. ¿Me acompañas?
—En caso de que se pueda, no se si mi hermana será capaz de hacerlo— respondió Paul mirando a la chica, la cual estaba siendo consolada por Jill.
—La ayudaremos entre todos, no te preocupes— respondió David.
Seguidamente David y Paul comenzaron a trepar entre los maderos, era inevitable que estos crujieran con cada movimiento. Temían que la estructura pudiese venirse abajo en cualquier momento, aquello más bien era una hernita antigua, podría tener como más de cien años o más. Paul pisó en falso y una de las madera se partió, dejándolo a este medio suspendido en el aire, David tuvo que apresurarse para evitar que cayera.
—¿Estás bien?, no vayas a caerte ahora— dijo David agarrándolo de los brazos y poniéndolo de nuevo a salvo.

Jill los observaba desde abajo viendo como estos trepaban, esperaba que pudieran encontrar algo o tendrían que quedarse allí. Los caminantes no podrían entrar, pero ellos tampoco podían salir, no mientras aquellos seres siguieran ahí fuera. En ese momento pensó algo que no se le había ocurrido aun. ¿Qué pasaría si los habitantes de los túneles que Vivian allí regresaban? Era evidente que no se lo tomarían nada bien, seguramente los matarían como parte de su venganza, al fin y al cabo les habían atacado.
Decidió sentarse al lado de Diana, la cual miraba hacia arriba sin perder de vista a su hermano. –Oye— dijo Jill tocándole el hombro, eso hizo que la chica se retirara como asustada. Jill levantó las manos. –No, tranquila. No te voy a hacer nada, te puedes fiar de mí. No hablas mucho…
Diana la miró fijamente y vio en ella una expresión que no comprendía. Entonces abrió la boca. —¿Tienes miedo? Creo que tienes miedo.
Jill sonrió. –Si, tengo miedo. Tengo entendido que los que tenéis Asperger no lográis relacionaros bien con los demás y os cuesta identificar estados de animo, pero tu me pareces muy normal.
—Soy normal— replicó Diana. –Pero me cuesta hacer amigos.
—Yo puedo ser tu amiga si quieres. Cuando salgamos de esta te llevaré a bailar.
—¿Vendrá Juanma también?— preguntó la muchacha. –Yo quiero que venga el— la joven se llevó una mano al bolsillo del pantalón y sacó varis hojas de papel dobladas. Jill las cogió y las desplegó, en ellas estaba Juanma dibujado  a la perfección. Era evidente que la chica tenía una fijación con el. También tenía entendido que los Asperger  eran muy observadores y podían llegar a obsesionarse con algo, aquellos dibujos tenían muchas horas de trabajo.
De repente, David y Paul volvieron a descender. Jill se puso en pie para recibirles. —¿Algo bueno? Algo que nos sirva…
David asintió. –Hay un cristal roto ahí arriba por el que podemos pasar, luego con cuidado tenemos que caminar por un borde hasta llegar a una escalera de metal que debe conectar con otro túnel de alcantarillado.
—Este lugar es como un laberinto— dijo Paul acercándose a su hermana. —¿Estás bien preciosa?— Diana asintió con una sonrisa.
—Bueno,¿ que hacemos?— preguntó Jill.
—Dejaremos que la chica duerma un poco e iniciaremos el ascenso. No será fácil para ella, está muy asustada. ¿Qué queda para el amanecer?
Jill se miró el reloj de su muñeca. –Son las cinco de la madrugada. Queda poco para el amanecer… Si llegamos…
—No entrarán— dijo David pensando que se refería a los caminantes. –Estaremos seguros.
—No hablo de los podridos. Hablo de los que vivían aquí en esta ermita. Si vuelven y nos encuentran… Creo que no hará falta que te diga lo que nos pasará…
—Tranquila, trataremos de hablar con ellos.
*****
05:10 de la madrugada…

Mike caminaba por los túneles con sus rehenes, los cuales estaban algo asustados porque no sabían lo que iba a pasarles, Mike podría acabar con ellos si quisiera. Llegaron a una bifurcación que daba a otros túneles.
—¡¡¡Quietos!!!— gritó alguien de repente.
Todos se quedaron quietos incluido Mike, este se dio la vuelta con el rehén y se encontró con dos siluetas apuntándoles, cuando quedaron iluminados por la luz. Mike pudo ver que se trataba de dos hombres, uno de mayor estatura que el otro, el más bajo comenzó a dar órdenes. –Tirar las armas.
Mike tiró la suya y empujó a su rehén a un lado, se volvió hacia los otros. –Haced lo que dice.
Todos obedecieron lo que dijo Mike y eso hizo que los otros dos se quedaran dubitativos, no entendían que se hubiesen entregado tan fácilmente.
—Haced con ellos lo que queráis. Ellos fueron unos de los que abrieron fuego contra los vuestros— dijo Mike ante la impotencia de los demás soldados. –Yo solo busco largarme de aquí y volver con mi familia a la superficie.
En ese momento comenzaron a aparecer mujeres, hombres y niños de detrás de los dos tipos, uno de ellos se dio la vuelta y los miró. –Os dijimos que os quedarais atrás.
En ese momento Mike vio al mismo hombre del vagón del metro, este se acercó al de corta estatura y comenzó a hablar con el en voz baja, después el hombre miró a Mike. –Puedes irte, si sigues ese túnel de allí encontrarás una salida.
Mike asintió y se agachó a coger su arma, luego se fue alejando de los demás mientras estos pedían que les ayudara, pero Mike no volvió la vista atrás. Si los mataban era por que se lo merecían, eran ellos quienes habían provocado un gran daño y merecían pagar por ello, no se iba a arrepentir… Y si alguien le preguntaba, aquellos soldados habían muerto bajo las garras de los caminantes de los túneles.
*****
06:30 de la mañana…

Con el amanecer, Cooper y sus hombres salieron por el túnel de Central Park tras un largo paseo por el interior de los túneles abatiendo caminantes. Nada más salir al exterior se encontraron con un campamento destrozado y lleno de cadáveres, tanto de caminantes como de soldados. También había militares en pie, eran los mismos que habían llegado como refuerzos. Al ver a Cooper se plantaron y saludaron, Cooper también saludó.
—¿Cómo ha ido? ¿Han salido más grupos?— quiso saber Cooper.
—No han salido más señor. Ustedes han sido los únicos— respondió el soldado. –Puede que más tarde…
Cooper negó con la cabeza. –Que entren los quemadores y lo quemen todo. No creo que salga nadie más de los nuestros. Háganlo, es una orden.
El soldado hizo una señal a los quemadores que había allí y todos comenzaron a entrar en los túneles para hacer su trabajo. Cooper no podía evitar sentirse frustrado, todo se había ido al infierno, entraron creyendo que arrasarían con todo, pero algunos soldados habían ido a su maldita bola y lo habían estropeado todo, no debería haber habido caminantes. Aquella misión no había sido un triunfo, había sido un gran fracaso. Habían perdido más que habían ganado.
*****
06:50 de la mañana…

Mike surgió delante del hospital y era cegado por el sol que le daba de cara. La misión había terminado y ya podría volver a su casa, tendría que hacerlo deprisa, ya que tendría que ir a esconderse por si lo consideraban un desertor, de haber sabido lo que se cocía, jamás habría aceptado, todo se había puesto demasiado mal. No quería ni imaginarse la cara de sus hijos cuando les dijera que ya no volverían al colegio y que apenas podrían salir, tampoco quería pensar en la cara de Kendra, pero esperaba que aquello no durase demasiado, nada más pudiera, se marcharía de allí con su familia, y algo le decía que no sería el único.
*****
Manhattan… Túneles…

Los siete soldados linchados estaban en el suelo, los hombres habían dado buena cuenta de ellos. Mouse y Christopher los observaban pensándose si debían intervenir y evitar que los mataran, pero al fin y al cabo, muchos como ellos eran los causantes de esa situación. Mouse iba a hacer algo cuando escuchó la voz de Zero a sus espaldas, el cual venía acompañado de su séquito de seguidores, estos se plantaron ante los maltrechos soldados y comenzaron a dispararles a la cabeza.
—Escuchadme todos. Papá Angelito ha muerto y ahora yo asumo el mando. Estos mal nacidos de la superficie nos han desplazado de nuestro hogar. No contentos con habernos estado repudiando… Pero eso no quedará así, por que se la devolveremos en unos días en un ataque a gran escala, liberaremos a nuestros hermanos presos y cumpliremos lo que nuestro amado líder quería, tener el don de caminar entre los muertos y devolvernos la vida que teníamos.
Todos los presentes comenzaron a vitorear a Zero. Solo Christopher y Mouse permanecieron en silencio, algo planeaba Zero con aquellas palabras.