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sábado, 23 de agosto de 2014

NECROWORLD Capitulo 45

Día 17 de Enero de 2010
Día 574 del Apocalipsis…
Manhattan… Zona infestada.

Carlos llegó a la grúa, la rodeó y se encontró con uno de los tipos sentado y apoyado contra una de las ruedas del vehículo. El tipo estaba herido y respiraba con dificultad, no le quedaba mucho, a Carlos tampoco le quedaba mucho tiempo, los caminantes de estaban acercando, no podía demorarse mucho.
—¿Dónde está esa pequeña zorra?— preguntó Carlos mientras buscaba a la chica, sabía muy bien que no le había dado, también sabía que no podía haberse ido muy lejos. –Vamos, dímelo.
—Que te follen puto cabrón de mierda— respondió el tipo con voz débil. –Eres un jodido monstruo. No te pienso decir nada.
—¿Seguro? Calculo que te quedan todavía unos minutos, pero esos monstruos llegarán a ti antes, por lo tanto estarás vivo cuando empiecen a sacarte las entrañas. Dime hacia donde fue la chica y te ahorraré eso. Te dispararé en la cabeza y así tampoco volverás. Y créeme que me cuesta hacer esto, eres una de esas escorias a los que tanto odio y estoy aquí ofreciéndote una vía rápida de escape cuando debería dejarte morir como una de esas ratas con las que sois felices a la hora de comer. Venga, no seas idiota y dime lo que quiero saber. ¿Dónde está la zorra? No te lo volveré a preguntar.
—Que te follen… Yo si te lo repetiré hasta que ya no pueda hacerlo más.
Carlos vio que los caminantes ya estaban a unos pasos de ellos, luego miró al tipo que tenía delante de el. –Bueno… Lo que quieras… A decir verdad no soy nada piadoso, así que aquí te quedas, ya cazaré a esa zorrita sin tu ayuda— Carlos se puso en pie. –Que lo disfrutes.
Seguidamente Carlos se marchó sin mirar atrás, mientras se alejaba escuchaba los gritos de aquel tipo, no pudo evitar sonreír, aquello era música para sus oídos.

Kimberly había escapado antes de la llegada del asesino, había intentado abrir una de las alcantarillas y no lo había conseguido, así que se había ocultado. Desde su escondite se asomó y vio de quien se trataba, era ni más ni menos que el hermano de Juanma. Después de que este dejara tirado a Grayson a merced de los No Muertos comenzó a caminar mientras Grayson moría devorado. Kimberly se daba cuenta en ese momento que estaba comenzando un juego peligroso. Estaba atrapada en medio de la zona infestada con un peligro mucho más grande que los muertos vivientes. Tras sus pasos a su caza tenía a un autentico psicópata, pero en lugar de huir… Estaba tomando la decisión de matarlo, terminar con ese monstruo, debía ser valiente, debía matarle como el había matado a todos sus compañeros, había aniquilado a los arponeros solo por diversión y por eso Kimberly, a pesar del miedo, no podía dejarlo pasar.
El único arma que llevaba era un lanza arpones con tres arpones, quizás no tuviera muchas oportunidades, pero debía intentarlo.
—¿Dónde estás zorra? Sal…— se burlaba el hermano de Juanma. –Pronto esta zona estará plagada de caminantes, no llegarás muy lejos, sal y da la cara, prometo tener contigo la piedad que no tuve con tu amigo. A ti te volaré la puta cabeza. ¡¡¡Sal!!!— seguidamente comenzó a disparar al aire, eso provocaría más a los No Muertos.
Kimberly se escurrió entre unos vehículos agazapada, de momento, mientras esperaba su oportunidad no podía hacer otra cosa que correr, ocultarse y esperar. Aun así, había algo tan claro como el agua, antes de que amaneciera al día siguiente, uno de los dos estaría muerto y desde luego, ella no quería ser quien muriera.
*****
Interestate 80, Lodi.

Nos encontrábamos en una autopista atestada de vehículos abandonados, los cuales nos bloqueaban demasiado el paso, podríamos estar apartándolos o dar la vuelta, pero pronto la noche nos caería encima. Hacia unas horas que habíamos dejado atrás Manhattan y habíamos tenido que dar varios rodeos por causas parecidas. Tendríamos que quedarnos a pasar la noche por allí. No había muchos caminantes a la vista. Tenía a Laura a mi lado en el jeep y detrás de nosotros estaba Stacy.
—¿Tienes idea de alguna zona más despejada por la que podamos pasar? Digo yo que desde el aire tendrías mejor visión— dije dándome la vuelta para mirarla.
—No vi nada, estaba demasiado ocupada intentando no estrellarme. No podía pararme a contemplar el paisaje— respondió Stacy.
En ese momento escuché la voz de Juan a través del walkie. —¿Cómo está la cosa? ¿Damos la vuelta?
Enseguida respondí. –Si, daremos la vuelta, pero la noche se nos echará pronto encima. Deberíamos buscar un sitio seguro donde pasar la noche. ¿Me recibís todos?— enseguida comencé a escuchar respuestas afirmativas de todos los demás. Mientras Laura observaba un mapa de todo el estado.
—Creo que podríamos ir hasta aquí— dijo Laura señalando una zona con un rotulador rojo — Nos desvía un poco y tardaremos más en llegar, pero bueno, nos servirá para evitarnos posibles problemas, cuando lleguemos al desierto de nevada el viaje será mucho más rápido.
—Supongo que tendremos que dar muchísimos rodeos— respondí. Luego me dirigí a todos –Muy bien, damos la vuelta chicos. Nos vamos hacia Fort Lee.

Fort Lee…
22:00…

La zona boscosa nos rodeaba y salvo el sonido de algunos animales salvajes no se escuchaba nada, parecía un lugar bastante seguro, al menos para pasar la noche.
Comenzamos a bajarnos de los vehículos y a nuestra derecha vimos lo que parecía una edificación de unos dos pisos junto a un aparcamiento.
—No podremos montar las tiendas, así que mejor pasamos la noche ahí dentro— dijo Juan poniéndose a mi lado. —¿Entramos a ver si es necesario limpiarlo?
—Si, Butch y Rachel, con nosotros— dije caminando hacia uno de los camiones, quería coger armas de mejor calibre y munición para estas. –Los demás vigilad esta zona— cuando pasé junto a Yuriko esta me miró y yo la noté tensa. —¿Qué te pasa?
—No nada, solo estoy nerviosa por haber abandonado la ciudad, pero no pasa nada por que fue decisión mía— respondió Yuriko. Yo a veces pensaba que debería haberse quedado en la ciudad, tenía demasiado reciente lo de Vanesa.
—Bueno, no te preocupes, esto habrá terminado antes de que nos demos cuenta, volveremos a la ciudad y nos tomaremos unas merecidas vacaciones— dije al tiempo que abría la lona del camión, justo en ese momento vi algo que se movía por detrás de los pallets donde se amontonaban las cajas de armas y munición. Enseguida saqué  mi linterna y mi arma y apunté.
—No dispares— dijo una voz, seguidamente comenzó a surgir una silueta con las manos en alto. –Soy yo… Sean.
—¿Sean?— pregunté al tiempo que los demás atraídos por el ruido se acercaron a la parte trasera del camión. Cuando vi mejor al chico me quedé boquiabierto. Entonces sin mediar palabra me adelanté y lo agarré de la camisa, luego tiré de el y lo saqué de un tirón del camión, haciendo que este cayera al suelo de asfalto y tierra. Todos se quedaron sorprendidos. —¿Qué cojones estás haciendo tu aquí? Se supone que te había dicho que esta misión no era para ti.
—No me jodas, llevábamos un polizón— dijo Butch. –Ahora la puta misión se ha convertido en una guardería… Putos niñatos que se creen hombres por que disparan con un arma.
Yo estaba desconcertado, no entendía por que ese muchacho había ignorado mis órdenes y encima se había colado en uno de los camiones. Todo eso alteraba mis planes, el chico no me parecía preparado para una misión así. —¿Por qué coño ignoraste mis ordenes? Deberías haberte quedado— decía mientras le apuntaba con el arma.
—Lo siento, pero quería ser útil en una misión importante. Por favor jefe, perdóneme.
Sentía ganas de darle una fuerte paliza e incluso dispararle, pero finalmente bajé el arma. –Ponte en pie anda.
—¿Qué hacemos ahora?— preguntó Laura. –No podemos estar cuidando de un muchacho.
—Se cuidarme solo, se disparar muy bien, mejor que tu. Solo eres un par de tetas— respondió Sean poniéndose de pie al mismo tiempo que Butch rompía a reír a causa de la respuesta del muchacho.
—Razón no le falta— respondió mirando a Laura directamente al pecho. –Son enormes.
Laura en ese momento se tapó un poco el torso con la chaqueta, solo así Butch apartó la vista, luego ella me miró a mi. –Deberíamos volver a Manhattan y dejarlo allí. Ya es difícil cuidar de nuestros culos como para cuidar también a este crio.
—Perderíamos demasiado tiempo, que se quede bajo mi responsabilidad— dije al fin, luego lo miré. –Y no quiero que te arriesgues, ahora quédate aquí con los demás mientras Juan, Butch, Rachel y yo entramos a investigar ese lugar. –Miré a los que iban a venir conmigo. –Venga, vamos.
Los cuatro comenzamos a caminar hacia la edificación, lo cierto era que no era muy grande, se iba notando conforme nos acercábamos, de haber No Muertos dentro no serian muchos y acabaríamos rápidamente con ellos. Atravesamos rápidamente el pequeño parking vacio y llegamos a la puerta, la cual estaba abierta.
Nada más abrirla sentimos el golpe del hedor a descomposición, justo en ese momento vimos un cadáver boca abajo.
—Joder que peste— dijo en ese momento Butch tapándose la nariz. Nosotros lo miramos.
—Vaya, parece que lo de que eres un tipo duro es solo de boquilla. Deberías estar acostumbrado al olor a descomposición, como nosotros. Además, habrás olido cosas peores cuando dormías abrazado a los inodoros— respondió Rachel.
—Eso vosotros, que sois unos putos cerdos… Un momento… ¿Qué se mueve ahí?— dijo Butch alumbrando con su linterna al cuerpo, donde ciertamente se movía algo. —¿Está vivo?.
—No creo— respondí mientras me iba acercando al cuerpo, cuando estuve al lado le di un golpecito con el pie. Fue en ese momento cuando vi algo que surgió de dentro del cuerpo, se trataba de una bola de pelo blanca y gris, casi negra. Aquello abrió la boca y mostró unos grandes colmillos mientras en sus ojos se reflejaba mucha agresividad, seguidamente se dio la vuelta y echó a correr, de vez en cuando se daba la vuelta y lanzaba un chillido, finalmente desapareció al doblar una esquina.
—¿Qué cojones era eso? ¿La madre de todas las ratas?— preguntó Butch dando unos pasos hacia atrás. –Odio las ratas.
—Eso era una zarigüeya— respondió Juan. –Ahora sigamos adelante.
Comenzamos a caminar siguiendo el pasillo por el que había huido la zarigüeya y vimos más cadáveres. Muchos de ellos estaban semi devorados. Había tres en total, todos vestían la misma ropa, eran evidentemente guardas del lugar.
Estuvimos un rato inspeccionando el lugar y salvo cadáveres no encontramos nada. Finalmente llegamos a una sala muy grande, la cual era parecida a un salón, había una chimenea y sobre esta la cabeza de un alce. También había una estantería con una gran selección de libros.
—¿La zona de descanso de los guardas?— preguntó Rachel.
—Eso parece. Este es un buen sitio para pasar la noche, llama a los demás— le dije.
Rachel salió y al poco rato entró seguida por los demás que se habían quedado fuera. Unos minutos después Juan y yo bajamos para aparcar bien los vehículos, cuando volvimos a reunirnos con los demás nos sentamos para cenar.
—Muy bien. ¿Cómo sigue el plan?— preguntó Stacy.
—Pues mañana partiremos temprano— respondí yo, justo en ese momento miré a Yuriko, la cual seguía tensa y apartó la mirada para evitar mirarme. –Ahora debemos decidir las guardias. Yo haré la primera.
—Yo te acompaño en ella— dijo enseguida Johana. Algo que hizo que Butch le lanzara una mirada.
—Muy bien, pues id a dormir mientras Johana y yo hacemos la primera guardia. Mañana saldremos de aquí temprano.
Todos se fueron a dormir mientras yo observaba por la ventana el único acceso posible hacia el interior del edificio, había cogido una silla y me había sentado junto a la ventana, desde ahí tenía una visión perfecta del lugar, si llegaban saqueadores o No Muertos los vería enseguida. Johana había ido a dar una vuelta por el interior del edificio, no tardaría en volver.
De vez en cuando miraba al resto del grupo, los cuales se habían quedado dormidos con facilidad, especialmente me quedé mirando a Yuriko cuando esta se movió en el interior del saco de dormir, me había dado la impresión de que había sollozado, lo cierto era que la notaba rara, iba a levantarme para acercarme a ella cuando vi a Johana entrar en el salón.
—Todo despejado, como era de esperar. Si hay caminantes por la zona no están aquí— Johana se sentó a mi lado y comenzó a encenderse un cigarro, luego me mostró a mi el paquete ofreciéndome uno.
—No fumo— respondí. –Es algo que nunca me ha llamado la atención.
—Haces bien. El tabaco provoca impotencia y eso no es bueno para ninguna mujer… Ahora que lo pienso, tú y yo nunca hemos tenido una conversación clara. Dos de las veces que te he visto a sido salvándonos el culo. ¿Cuál es tu historia? ¿Eres de operaciones especiales o que?
—Soy tan normal como lo eres tú o tu novio— dije mirando a Butch que dormía a pierna suelta en un rincón.
—Ese no es mi novio. Solo nos hemos enrollado un par de veces. Solo eso, ni siquiera me gusta como lo hace, es un poco inútil ¿Sabes? A mi me gustan más hombres y con dotes de mando.
—Pues habría jurado que erais pareja. Discúlpame entonces… Yo y mi bocaza.
—¿Te hubiese molestado que lo fuéramos?— preguntó en ese momento Johana mirándome con una sonrisa. –Si es así puedes estar tranquilo.
—No, no…— respondí con una sonrisa. –Solo es que pensaba que erais pareja. Nada más.
—A veces soy una bocazas, lo siento— respondió Johana. –Por cierto. ¿Cuál es tu historia? Ya se lo de la salida de España y todo lo que os pasó a ti y a los tuyos. Me refiero a tu historia personal. ¿Qué sientes al estar metido en todo esto? Para mi empezó de la noche a la mañana sin comerlo ni beberlo.
—Para mi también— respondí cambiándome la correa del fusil de hombro. En ese momento dejé escapar un quejido, me había dado un tirón y Johana lo había notado.
—Espera, voy a aliviarte eso un poco— dijo Johana poniéndose de pie detrás de mi y poniéndome las manos en los hombros, enseguida acercó su boca a mi oído. –Aunque no te lo creas los masajes se me dan genial.
Johana comenzó con el masaje mientras me contaba como había sobrevivido en medio de una actuación en un concierto, estaba tocando con su grupo en una rave cuando comenzaron a surgir No Muertos entre los asistentes, hubo un momento que no se distinguían unos de otros, tan solo ella y Butch habían logrado sobrevivir a la masacre.
—¿Sabes? Echo de menos aquellos tiempos, sobre todo lo de tirarme a todo aquel que me diera la gana. Aunque eso lo sigo haciendo. Me encanta el sexo— decía al tiempo que descendía sus manos por mi pecho. –Aunque en aquel entonces bastaba con ser una estrella del rock y chasquear los dedos, ahora me lo tengo que currar más. Me encanta también, ser yo quien lleve la iniciativa.— Johana comenzó a rodearme y se situó delante de mí con las manos todavía sobre mis hombros, enseguida se sentó sobre mis rodillas.
—¿Qué haces?— pregunté sorprendido por su actitud.
Esta le dio una calada a su cigarro y expulsó el humo. Seguidamente apagó el cigarro en el marco de la ventana y se quitó la camisa dejando sus pechos al descubierto, puso sus dos manos en mis mejillas y me echó la cabeza hacia atrás, entonces me besó.
—Currármelo— respondió. –Ya te dije que me encanta llevar la iniciativa, tu solo déjate llevar y disfruta— Johana llevó sus manos hacia mi cinturón y comenzó a desabrochármelo, entonces la agarré por los hombros y me la quité de encima.
—No se por que haces esto, pero no pienso jugar. Lo siento, además, yo estoy casado. No le haré esto a Eva.
Johana se volvió a poner la camisa y me miró. –Tú te lo pierdes. En serio.
—Puede ser, ahora hagamos como que nada ha pasado y sigamos con la guardia— respondí sin querer seguir con el tema.

Yuriko no podía dormir, seguía dándole vueltas a lo que Carlos le había dicho. Estaba aterrorizada y cada vez que cerraba los ojos veía a Carlos amenazándola, sentía el olor a alcohol incluso, era señal que lo ocurrido la había dejado marcada. Pensaba en que debía contárselo a Juanma, debía decirle lo que había pasado, pero entonces Juanma tomaría represalias contra Carlos, si fallaba y Carlos escapaba, podría ir a por ella y matarla, y si lo hacía, si mataba a Juanma… ¿Quién le decía a ella que Carlos no le haría daño después? ¿Podía confiar en su palabra después de ver lo que había visto? Carlos era inestable y peligroso, era como si el chico al que conoció se hubiese ido para siempre y en su lugar hubiese quedado solo un monstruo. Y si hacía caso a Carlos… ¿Sería capaz de matar a Juanma? Sabía que si fallaba, moriría.
Yuriko se sentía entre la espada y la pared.
*****
Manhattan… Túneles

Mouse se despertó y se sorprendió de que siendo la hora que era, Kimberly y los otros no hubiesen regresado, lo cual no dejaba de ser extraño. Salió de donde vivía y caminó por los túneles, con todo aquel que se cruzaba le preguntaba si había visto a Kimberly, pero todos le daban la misma respuesta negativa. Kimberly y el resto de arponeros no habían regresado todavía, lo cual era preocupante.
Mouse aceleró el paso y llegó hasta un gran hall, el cual habían habilitado como zona común para los habitantes, allí lavaban la ropa y la dejaban tendida, en ocasiones se dedicaban al trueque. Mouse llegó allí con un plan, necesitaba gente para salir a buscar a los arponeros y especialmente a Kimberly. Ocupó un puesto alto y dio un grito para que todos los allí presentes lo escucharan.
—Necesito voluntarios para salir a la zona infestada. Los arponeros no han regresado y temo que les haya ocurrido algo. Por favor.
Todos los allí presentes se quedaron mirándose entre ellos, los primeros murmullos no tardaron en escucharse, Mouse no esperaba que las mujeres y niños allí presentes se prestasen voluntarios para algo que todos sabían que era peligroso, pero allí también había hombres hechos y derechos, pero estos tampoco parecía que tuvieran intención de dar un paso al frente y ayudar.
—Seguro que están bien y volverán pronto. Mi hijo está con ellos— dijo una mujer de avanzada edad. –Siempre vuelven.
—Si, eso, volverán, no hay porque preocuparse. Además, si quiere ir a buscarles, que vaya el solo— dijo un hombre que allí abajo se ganaba la vida cocinando ratas y palomas que caían en sus trampas.
—Sois todos unos hipócritas. Está sugiriendo ir a buscar a gente de los nuestros, los cuales podrían estar en peligro, hay que ayudarle— dijo una mujer que llevaba un bebé en brazos.
—Pues ve tu con el y llévate a tu hijo también— respondió una mujer que estaba detrás de ella.
Algunos comenzaron a discutir mientras que otros se dispersaban o seguían con lo suyo. Todos ignoraban a Mouse y sus peticiones, eso hizo que Mouse apretara los puños con rabia. Allí abajo todos criticaban a los de arriba, pero no eran distintos a ellos, eran exactamente una copia idéntica de la gente de la superficie.
Se bajó de donde estaba y comenzó a caminar entre la multitud, muchas veces empujaba a alguien para quitárselo del medio, estaba demasiado furioso y odiaba a esos malditos, los odiaba con todas sus fuerzas. Siguió caminando y se dio de bruces contra un hombre, cuando lo quiso apartar, el hombre se dio la vuelta y lo empujó.
—¿De que coño vas? Mejor bájate los humos. Ya volverán, y si no vuelven que les jodan, ya habrá más gente que se preste a ser arponero y crear otro equipo. Tenemos comida de sobras.
Las palabras de aquel tipo fueron como puñales, si tenían comida fue por que Mouse y otros habían arriesgado su vida yendo hasta Jersey, incluso habían perdido a Marcos. Por otro lado aquel tipo estaba menospreciando a los arponeros y le daba igual que hubiesen muerto, algo que le dolió todavía más debido a que Kimberly formaba parte de ese grupo.
Sin pensárselo dos veces, Mouse le asestó un puñetazo a aquel tipo, el cual cayó hacia atrás empujando a otros tantos que estaban aglomerados detrás de el. Ese tipo cayó al suelo, pero enseguida se levantó devolviéndole el golpe a Mouse. En ese momento varias personas comenzaron a gritar y algunos se unieron al primer tipo golpeando a Mouse, este cayó al suelo de rodillas y sintió una fuerte patada en el estomago. De repente notó como alguien lo levantaba, pensó que era alguien que iba a golpearle, pero entonces vio que se trataba de Christopher, este tenía un arma en las manos.
—Todo el mundo quieto. No quiero que nadie se mueva— miró a Mouse. –Salgamos de aquí, yo iré contigo.
Mouse y Christopher salieron de la zona y se encaminaron por los túneles mientras Mouse se limpiaba la sangre del labio, aquel tipo se lo había partido de un puñetazo.
—Gracias… Aquí cada día hacen menos por los demás. Nos vamos a pique y no parecen que se den cuenta. Son odiosos.
—Yo también pienso lo mismo muchas veces. Realmente hay mucho más lejos de aquí, incluso es mejor. Yo también veo que se avecina una guerra, Zero y los suyos traman algo.
—¿El que?— preguntó Mouse.
—Aun no lo se, pero planean algo y papá Angelito no pinta nada en todo ese asunto.
De repente escucharon una explosión que parecía venir de la superficie, algo pasaba allí arriba.

Manhattan… Zona Segura…
01:00 de la madrugada…

Eva se despertó de repente con el sonido de la explosión, la cual había hecho vibrar todos los cristales de la casa, salió al salón y se encontró también con Vicky saliendo de la habitación. Rápidamente se asomaron a la ventana y vieron a mucha gente en la calle mirando hacia una única dirección, no tardaron en ver un camión de bomberos pasar a toda velocidad por la calle, también vieron a David y a Alicia asomarse por la ventana.
—¿Qué ha pasado mamá?— preguntó Vicky mirando a Eva.
—No lo se cielo, no lo se— respondió Eva. Aunque enseguida pensó en una posibilidad –Escucha, ve a tu habitación y vístete. Vamos a ir a ver que ha pasado.
—De acuerdo— respondió la pequeña.
Eva estaba nerviosa y sentía la necesidad de salir de casa cuanto antes, rápidamente la pequeña corrió hacia la habitación y comenzó a ponerse la ropa. También Eva comenzó a vestirse, justo cuando había acabado, alguien llamó al timbre. Fue a abrir y se encontró con David. –Supuse que te estarías preparando para ir a ver, venga.
Vicky, Eva y David salieron de la casa y cuando bajaron a la calle comenzaron a seguir a la gente, todos murmuraban algo sobre el lugar de la explosión, pero David quiso enterarse y se acercó a una mujer que paseaba por allí.
—¿Dónde fue la explosión? ¿Sabe algo?
—Parece que fue en el puerto, concretamente en el polvorín. Algunos dicen que es obra de la guerrilla, otros dicen que han sido hombres de Dorian. No se sabe mucho.
En ese momento paso por allí un vehículo militar desde el cual, gracias a un megáfono, un soldado pedía calma y que volvieran a sus casas.
—¿Qué hacemos? No creo que nos dejen acercarnos— dijo Eva mirando a David.
—Si han sido la guerrilla o hombres del tal Dorian, lo dudo— entonces David notó cierta intranquilidad en Eva. —¿Qué es lo que te pasa?.
—¿Y si no han sido ni los hombres de Dorian ni la guerrilla? ¿Y si fue Carlos? Me pareció muy extraño que se fuera tan tranquilamente… Y está obsesionado conmigo, dudo que se olvide de mí tan fácilmente. Por eso hemos salido de casa— respondió Eva en voz baja para no asustar a la pequeña.
David las miró a las dos. –No te preocupes, le prometí a Juanma que cuidaría de vosotras… Y es lo que haré. No dejaré que ese cabrón se te acerque. Ahora vamos a acercarnos, creo que a nosotros si nos dejarán pasar, además, Sandra, Kate y Parker estarán allí.
David, Eva y Vicky comenzaron a caminar hacia el puerto. Ella necesitaba saber que había pasado, también estaba preocupada por su amiga Sandra. Esperaba que no hubiese sufrido ningún daño.

Manhattan… Zona infestada…

Carlos también se percató de la explosión en la ciudad, tanto por el sonido como por el resplandor rojo, pero le fue indiferente, le daba igual. Por que estaba disfrutando como nunca, estaba metido en el juego del gato y el ratón más excitante de toda su vida, sentía que estaba cerca de dar caza a su presa. Al menos la explosión tendría algo positivo, los caminantes atraídos por el ruido se acercarían todos a la valla, con lo cual solo tenía que preocuparse de aquella pequeña zorra, la cual debía estar todavía por la zona.
—Continúa el juego pequeña zorra. Te voy a dar caza… Y no te mataré enseguida, me tomaré mi tiempo para matarte poco a poco. Incluso puede que antes de eche unos cuantos polvos. Prepárate… Que voy.

Kimberly también había sentido la explosión, pero ni siquiera se preguntó que era, simplemente tenía mejores cosas en las que pensar, como acabar con aquel monstruo.
Se asomó un poco desde detrás de un vehículo y lo vio de espaldas a unos veinte metros de donde estaba, si disparaba quizás conseguiría herirle o incluso matarlo, pero si fallaba… No quería pensar en ello, pero lo cierto era que estaba en clara desventaja, quizás tendría que dejarlo estar y largarse, todavía podía hacerlo, al fin y al cabo la venganza no era un sentimiento que desaparecía tan fácilmente. Podía hacerlo otro día y ese día ir acompañada por su gente, además, Mouse estaría preocupado.
Kimberly comenzó a caminar agazapada, siempre ocultándose. Logró adentrarse en un callejón sin ser vista, ahora solo le quedaba buscar una alcantarilla, se sentía estúpida, no tendría que haberse obsesionado con matarlo por que ella no era una asesina, por muy mala gente que el fuera, si lo mataba, quizás no podría soportarlo después.
Siguió por el callejón y justo cuando dobló una esquina se dio de bruces con alguien, alzó la vista y se encontró con el, con el hermano de Juanma. Kimberly trató de alzar el lanza arpones para disparar, pero el fue más rápido y se lo arrebató tirándolo al suelo. Kimberly trató de alejarse, pero el la acercó hasta si, fue en ese momento cuando Kimberly sintió un fuerte y punzante dolor en el vientre.
—Desde el día que te vi…— Carlos hizo fuerza con el cuchillo –Sabía que iba a terminar destripándote como a un cerdo— este la empujó y la chica retrocedió mientras se tocaba el vientre con las dos manos mientras en sus ojos surgía una mirada de terror, pero Carlos implacable se volvió a acercar a ella para clavar nuevamente el cuchillo. –Deberías haberte largado antes— asestó otra puñalada. –De verdad que eres estúpida, ¿Pensaste que no te vi escabullirte como las ratas?— Tres puñaladas más, seguidamente la empujó, la chica cayó al suelo de espaldas con la mirada clavada todavía en el. –No me mires así, voy a dejar que vuelvas. Carlos pasó por su lado y la chica trató de agarrarlo del pie, pero el le apartó la mano de una patada. –No me toques. Ya nos veremos cuando seas uno más de esos seres.
Kimberly lo vio alejarse mientras la vida se le escapaba. Iba a morir allí y no había podido decirle a Mouse lo que de verdad sentía por el. Iba a morir allí sola, finalmente cerró los ojos y no los volvió a abrir.

Manhattan… Zona segura…

David, Eva y Vicky llegaron al puerto y vieron a los bomberos apagando las llamas. Parecía que habían llegado a tiempo y habían salvado la mayoría de armas y munición. Allí estaba el sargento Cooper, al verlo se acercaron.
—¿Se sabe que ha pasado?— preguntó Eva mirando a Cooper —¿Se sabe quien a sido?
—Aun no lo sabemos, pero tenemos motivos para creer que fueron de la guerrilla— respondió Cooper. –Se han cargado también a los que estaban aquí vigilando. Dos chicos jóvenes. Una pena.
En ese momento David vio a Sandra, Parker y Kate hablando con los soldados que habían llegado al lugar. Entonces decidió acercarse, cuando llegó junto a ellos se acercó a Sandra.
—¿Cómo estáis? Hemos venido enseguida que hemos podido, parece que no fue muy grave, salvo por los dos chavales muertos— dijo David viendo que el fuego estaba totalmente controlado.
—Estamos bien, estábamos en nuestra zona cuando escuchamos la explosión, pero no vimos a nadie, creo que entraron desde las alcantarillas— respondió Sandra.
—¿Desde las alcantarillas? Eso solo pueden haber sido los de la guerrilla entonces— David se dio la vuelta para mirar a Eva, la cual seguía hablando con Cooper, luego volvió a mirar a Sandra. –Bueno, al menos eso dejará tranquila a Eva, está asustada con respecto a Carlos. No se fía, cree que podría volver.
—No me extraña— respondió Sandra.
En ese momento salieron dos soldados que se acercaron a Cooper, estuvieron hablando con el y acto seguido avanzaron hacia el interior del polvorín seguidos por Eva, la cual llevaba a Vicky de la mano.
—Ahora vuelvo— dijo David mirando a Sandra, pero esta y sus compañeros, en lugar de quedarse fuera, también entraron. Una vez dentro se quedaron asombrados al ver un enorme agujero en el suelo.
—¿Pero que cojones?— preguntó Parker.
Cooper miró a su alrededor. –Joder, se han llevado muchas armas. Estos cabrones de los túneles… esas putas escorias han ido demasiado lejos— Cooper miró a dos de los soldados. –Abrahams, Rogers. Corred la voz entre los demás, empezad a movilizar a la gente. Quiero organizar un jodido ataque contra ellos, si quieren guerra, guerra es lo que tendrán. Les daremos un duro golpe, algo más que un aviso.
—Sargento, con todos mis respetos, creo que deberíamos esperar antes de llevar a cabo esto, deberíamos esperar a Juanma y…— dijo Eva tratando de disuadir al sargento, tenía que evitar un enfrentamiento.
—Juanma no está aquí ahora. Yo soy quien está al mando.
Cooper se marchó y Eva se quedó mirando a David. —¿Qué ocurre?— preguntó el.

—Ahora se por que Juanma quería largarse. Esta ciudad es una hoya a presión— respondió Eva. 

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