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sábado, 9 de agosto de 2014

NECROWORLD Capitulo 43

Día 16 de Enero de 2010…
Día 573 del Apocalipsis…
Manhattan… Zona segura
20:00…

Graham se despertó de golpe y dejó caer la copa de vino que sostenía en la mano. Se había dormido delante de la chimenea en su nueva casa y había tenido una pesadilla, en ella se veía a si mismo tumbado en una camilla, a su lado, su hermano Dorian al que no podía ver el rostro pero si escuchar su voz, jugaba con una jeringuilla que seguidamente clavó en sus piernas, poco después comenzó a hablar de que no quería que escuchasen sus gritos cuando comenzara a cortarlo en pedazos. Seguidamente comenzó a notar como se iba quedando sedado, aunque podía verlo todo.
Dorian acercó la sierra a su pierna y comenzó a cortar, no tardó en separar la pierna del resto del cuerpo, justo cuando iba a perder la cabeza se despertó.
Graham se tocó el muñón donde había estado su pierna antes de que Dorian se la cortase, luego se percató del vino derramado sobre la moqueta.
—¡¡¡Mayra!!!— gritó el viejo general. –Te necesito aquí.
Pocos segundos después apareció la mujer, Mayra tendría casi cuarenta años y era de ingles. Le habían asignado ese trabajo desde hacía bien poco. Siempre había cuidado ancianos y eso había condicionado que le dieran el mismo trabajo en Manhattan.
—¿Si señor?— preguntó Mayra con una sonrisa. La misma que había hecho que Graham la escogiera a ella entre varias candidatas para entrar a ser su cuidadora. Al fin y al cabo el ya estaba viejo.
—Se me ha derramado el contenido de la copa sobre la moqueta. ¿Podrías limpiarlo?
—Ahora mismo señor— respondió rápidamente la mujer. —¿Algo más?
—Si, acércame la pierna ortopédica por favor— pidió Graham.
Cuando Mayra le acercó la pierna y Graham se la puso, se incorporó y salió de su salón, se metió en su despacho y cogió el teléfono. Marcó un número y esperó, finalmente su hermano Kaleb contestó.
—¿Qué ocurre hermano?
—He vuelto a soñar con Dorian. Recordando el momento que me cortó la pierna.
—Solo ha sido un mal sueño— respondió Kaleb tratando de tranquilizarlo. –Hay sueños que pueden parecer muy reales y llegar a perturbarnos, pero es solo eso… Un mal sueño.
—Lo se, pero desde que lo he tenido… Tengo un mal presentimiento.
—No te preocupes… Solo fue un sueño— repitió Kaleb. –Dorian está muerto con toda seguridad. Y si vive está lejos de nosotros, nunca se atrevería a hacer nada contra nosotros. Nunca.
*****

Me encontraba  en el hospital sentado en una silla en una consulta mientras Sheila estaba poniéndome el último punto en la cabeza después del encontronazo con mi hermano. Dio un tirón para cortar el último hilo y yo dejé escapar un leve quejido.
—No seas quejica. ¿Sabes? El día que no tenga que curarte alguna herida será un milagro. Te he curado más veces a ti que a cualquiera de la ciudad— decía Sheila mientras me ponía la tirita para cubrirme la herida.
—En mi país a eso lo llaman ser el pupas.
—En el mío también— respondió Sheila con una sonrisa. –Lo cierto es que tu hermano también iba hecho unos zorros. ¿Qué os ha pasado?
—Una disputa familiar sin importancia. ¿Está el aquí?— pregunté.
—Si, está en otra sala recibiendo putos de sutura.
—¿Y Stacy? Me gustaría saber si ya puede viajar, me gustaría partir mañana hacia Portland, solo me queda reunir un equipo para ello, uno en el que me gustaría que estuvierais tu y Rachel.
—¿Por qué yo también?— quiso saber Sheila.
—Es un viaje largo. Si algo le pasase a alguien no podríamos regresar a tiempo. No me gustaría que por no llevar un medico pudiéramos perder a alguien. Así que es por eso por lo que me gustaría que vinieras. No te preocupes, no dejaremos que te pase nada, eres el miembro más importante del equipo— hice una pausa y volví a preguntar. —¿Y que se sabe del cuerpo que traje? El del anciano.
—Aun es pronto para saberlo, pero es como dices. Todo apunta a que alguien lo mató.
Me levanté de la silla y miré a Sheila. –Bueno, el caso es que hay que darle digna sepultura, ese hombre hizo mucho por Vicky y por mí. Como seguramente partamos mañana, espero enterarme a mi regreso. Aunque… Y esto de momento que quede entre nosotros, lo de mi interés de ir a Portland no es solo por ayudarles, estoy pensando seriamente en abandonar esta ciudad con los míos.
—¿Tu hermano también?— preguntó Sheila.
—Mi hermano está desterrado, le he dicho que quiero que se marche.
—No se si lo hará. Uno no dura mucho ahí fuera— respondió Sheila. –Las cosas ahí fuera están muy difíciles, aunque eso ya lo sabes.
—Créeme que ya no me importa si vive o muere. Bueno, voy a ver a Stacy.
Salí de la consulta y avancé hasta la habitación de Stacy. Mientras caminaba pasé por delante de la consulta donde estaban curándole las heridas a mi hermano, me quedé quieto un momento observándolo a través del cristal y finalmente decidí entrar. Cuando estuve dentro me dirigí al medico. –Por favor, déjenos solos.
Cuando el medico salió, mi hermano se me quedó mirando. —¿Qué pasa? ¿Vuelves a por más? Te aseguro que me queda cuerda para rato y te puedo poner los dientes de peineta.
—No vengo a pelear, vengo a ver si te quedó claro que te tienes que ir. No me gustaría volver a repetírtelo. Márchate de la ciudad, no me importa donde vayas, solo quiero que estés lejos de mi mujer y de mis hijos.
—¿Tus hijos? Tiene gracia que digas eso, cuando sabes que el bebé que crece dentro de Eva es hijo mío. ¿Podrás quererlo sabiendo que es mío?
—Si que podré, el me llamará papá y de ti no sabrá nada. Te advierto una última vez, márchate de la ciudad. Si no te largas, si cuando vuelva estás aquí, te juro que te mataré.
—¿Matarías a tu hermano? ¿La única familia que te queda? No lo creo.
—Yo no mataría a mi hermano ni a mi única familia, pero tú, por tus actos, ya no eres nada de eso. Así que si, si fuese necesario te mataría.— entonces me di media vuelta y cuando iba a salir por la puerta, Carlos me volvió a llamar.
—No eres mejor que yo, eres exactamente igual. Tus actos también son cuestionables. Echándome es como si me condenaras a muerte.
—Puede que tengas razón, solo que hay una diferencia entre tu y yo. Tus actos solo te favorecen a ti, solo te preocupas por ti. Mis actos son por los míos, por que ellos si son mis hermanos, son mi familia— respondí, justamente después salí por el pasillo. Ya había dicho todo lo que tenía que decir, era lo ultimo que quería hablar con el. Aun me quedaban asuntos que solucionar. Hablar con Stacy, encontrarme con el grupo que llegaba de la NASA y volver a casa para decirles que me iba unos días.
*****
Madison Square Garden…

Mike salió de la ducha y se encontró con Juan. Hacía rato que habían regresado de Cabo Cañaveral, aunque nada más llegar les habían mencionado lo de la misión de ir hacia Portland, a la que Juan se había prestado enseguida. Mike tenía sus dudas, quería pasar más tiempo con su mujer y sus hijos. Necesitaba un descanso.
—¿Sigues pensando en si vienes o no? Nos han dicho que es Juanma quien dirige esta misión, el incluso irá en ella. Así que podemos estar tranquilos, podemos confiar en el.
—No es eso, pero entre unas misiones y otras apenas paso tiempo con mis hijos. Necesito estar con ellos y hacer cosas de padre… Las que aun se pueden hacer. Me hubiese gustado llevar a mi hijo a ver algún partido de los Chicago Bulls. A mi hijo le encanta el baloncesto, su sueño siempre había sido ir a ver un partido, pero justo cuando iba a poder llevarlo… Ocurrió todo.
—Bueno… Yo si iré. Ya me conoces. Soy de los que busca acción y no me gusta quedarme quieto— respondió Juan.
En ese momento la puerta de los vestuarios se abrió y entraron Butch y Johana entre risas, entonces Butch los miró. —¿Comentando si vais a ir en la misión o no? Nosotros también. Aunque prefiero quedarme en la ciudad follandome a esta— En ese momento Butch le dio una palmada en el trasero a Johana.
—Pues será en sueños porque a mi no me la metes ya. Me he cansado.
—No me digas eso tía. ¿Quieres que me ponga triste?
—Ponte como te de la gana— respondió Johana mientras se iba desnudando para meterse en la ducha. –Yo estoy pensando en unirme a la misión. Hay ocho puestos en total.
—Pues yo no iré, además, seguro que quieres ir para tirarte al jefazo. Te recuerdo que está casado con esa rubiaza que te da mil vueltas. No te lo tirarás.
—Ya veremos— dijo Johana antes de entrar a la ducha.
—Pues yo ya decidí que me quedo. El lo entenderá— dijo Mike volviendo a la conversación con Juan.
—Bueno, te traeré un suvenir de allí— respondió Juan. –Realmente haces bien en quedarte, tú tienes una familia que cuidar. Mereces un descanso. Yo soy más bien un hombre de acción, me gusta disparar, sentir la adrenalina y en ocasiones el casi abrazo de la parca. Los dioses están conmigo.
—A ti tío alguien tendría que traducirte. Más raro y no naces— interrumpió Butch.
*****

Yuriko también estaba al tanto del asunto de la misión. La cual había aceptado, pero no quería partir sin haber mejorado su manejo con las armas. No quería que se repitiera algo como lo de Worthington, donde había perdido a su mejor amiga.
Caminó hacia la sala de las prácticas de tiro, se puso los cascos y comenzó a disparar a las dianas, sus tiros estaban dando en las dianas, pero no donde ella quería. Se sintió tan frustrada que dejó la pistola sobre la mesa que tenía delante y se quitó los cascos, seguidamente comenzó a llorar.
—Llorando no le devolverás la vida— Yuriko se dio la vuelta rápidamente y vio a Carlos detrás de ella apoyado en la pared con los brazos cruzados, se sorprendió también al ver su estado, parecía que había tenido una fuerte pelea.
—¿Qué te ha pasado?
Carlos señaló una de sus heridas. —¿Esto? No es nada, un cambio de opiniones con mi hermano. ¿Por qué estás haciendo practicas de tiro a estas horas?— Carlos comenzó a acercarse a ella y la joven notó el olor a alcohol. Carlos había estado bebiendo y en su voz comenzaban a notarse los efectos de este.
—Ya se que no le devolveré la vida llorando, pero llorar es un sentimiento humano. Necesito desahogarme— respondió Yuriko volviendo a ponerse los cascos para volver a disparar, no quería mantener una conversación con Carlos sabiendo que había bebido, ella sabía que el tenía mal beber, pero entonces notó que Carlos se situaba justo detrás.
—Si quieres dar en el blanco no debe temblarte el pulso. Ya has matado antes, puedes volver a hacerlo— le susurraba al oído al tiempo que ponía sus manos sobre las de ella y la ayudaba a apuntar. –La clave está en no sentir remordimientos.
Yuriko apretó el gatillo en ese momento y la bala salió con un silbido, dando finalmente en el blanco, volvió a disparar varias veces y todas dieron en el blanco nuevamente.
—Muy bien— dijo Carlos. –Te vendrá bien en la misión con mi hermano hacia Portland— Yuriko se dio la vuelta y lo miró, entonces descubrió una sonrisa que nunca antes había visto. –Oh si, me he enterado. Supongo que vas… No se por que vas.
—Juanma es quien manda aquí, y el es quien ha decidido llevar a cabo la misión. Yo solo quiero ayudarle, ser un apoyo— respondió Yuriko sintiendo que el corazón comenzaba a latirle más rápido y fuerte. –Es lo mejor que puedo hacer, quiero ser útil.
—Claro que lo serás… Yuri… Tú y yo somos amigos. ¿Verdad?
—Si… si— respondió Yuriko. Cada vez estaba más nerviosa. –Somos amigos.
—Eso esperaba que me dijeras. Verás, necesito pedirte un favor. El cual espero que me hagas. Prometo saber recompensarte— la cara de Carlos cambió por completo en ese momento. –Quiero que mates a mi hermano, en esa misión eres la persona en la que más confío, por eso debes ser tu quien lo haga— Yuriko quiso hablar, pero Carlos le puso en dedo en los labios. –Se que podrás hacerlo, es sencillo hacer que parezca un accidente.
—No puedo hacerlo. Yo no…— Carlos la agarró de los brazos y apretó.
—Claro que lo harás. Por que si no lo haces te mataré. Haré que te reúnas con tu queridísima amiga Vanesa. Créeme que puedo hacerlo. Y no pretendas chivarte de esto con nadie, por que te mataré también. Créeme que puedo hacerlo. A mi solo me encerraran o me desterrarán, aunque eso ultimo ya lo han hecho, pero seguiré vivo. En cambio tu… Estarás alimentando a los gusanos. Confió en ti Yuri— Carlos la soltó y comenzó a alejarse de ella dando pasos hacia atrás. –Me dolería tener que matarte.
Carlos abandonó la sala y Yuriko se quedó a solas, seguidamente volvió a romper a llorar, pero esta vez de puro terror. Carlos la había aterrorizado, la había convertido en su caballo de Troya.
*****
Hospital de Manhattan…

Cuando llegué a la habitación de Stacy me encontré con que no estaba sola, en la camilla de al lado había un hombre al que no había visto nunca. Cuando Stacy me vio entrar sonrió.
—Te veo acompañada— le dije mirándola a ella. Luego miré al hombre. —¿Quién es usted?
—Me llamo George. Estaba destinado en la base de la NASA, hasta que nos atacaron. Yo logré salvarme por los pelos.
—¿Y quien les atacó? Sería interesante saberlo. Conocer al enemigo— respondí.
—Eso quiero hablarlo con Graham. Solo con el— respondió el hombre.
—Bueno, ahora soy yo el líder de aquí, así que puedes decírmelo a mí. Graham ya no está al mando, ha decidido retirarse y dejar el liderazgo a las nuevas generaciones.
—Solo quiero hablar con el— respondió. Yo no entendía por que insistía tanto en ello, pero finalmente desistí, no era con el con quien había ido a hablar.
—Bueno, tengo noticias para ti— dije mirando a Stacy. –Mañana partiremos con un cargamento de comida hacia Portland. Iremos también escoltándote.
—Muchas gracias… Esto… Aun no se como te llamas. O si me lo has dicho no me acuerdo. Lo siento…— dijo Stacy con una sonrisa.
—Me llamo Juanma— respondí.
—Muchas gracias Juanma. Te debo una bien grande— dijo Stacy alargando el brazo para cogerme la mano. –Veo que aun queda buena gente en este mundo.
—Hasta mañana Stacy— le dije. Luego miré al hombre. –Hasta la próxima. Le diré a Graham que quieres verlo y hablar con el.
Salí de la habitación con la intención de ir a casa, pero entonces pensé en algo. Cuando comencé al principio con el liderazgo estuve revisando los archivos de Manhattan. Las fotos de todos y cada uno de los que allí vivían o habían vivido, pero no recordaba haber visto nunca la foto de aquel hombre, me quedé un momento parado en mitad del pasillo y me giré para mirar la puerta por la que acababa de salir. Seguidamente comencé a correr, había algo que necesitaba comprobar.

Llegué al edificio principal lo más rápido que pude y subí hasta mi despacho. Me acerqué al armario donde se encontraban los archivos y busqué el de los habitantes, seguidamente comencé a pasar hojas buscando el nombre de George y su correspondiente foto. Pasé varias páginas, pero la foto no aparecía por ningún lado, de estar tendría que estar ahí. Volví a pasar páginas para asegurarme que no la había pasado por alto, pero no estaba. Justo en ese momento vi que Laura entraba en el despacho.
—Vi la luz encendida… ¿Qué haces tú aquí? ¿No se supone que estabas en casa?
—Vine a comprobar una cosa— respondí cerrando la carpeta de golpe y encaminándome hacia la puerta a paso apresurado mientras Laura me seguía.
—¿Vas a explicarme que coño ocurre?
—El tipo ese que trajeron desde las instalaciones de la NASA no es habitante de la ciudad— respondí.
—¿Qué? ¿Y quien es?
—No lo se. Laura, ese tipo insistía en hablar con Graham, quiero que mandes ahora mismo una patrulla al hospital. Yo voy hacia allá también.

Salí corriendo del edificio a toda velocidad, incluso un vehículo militar que pasaba por allí estuvo apunto de atropellarme. Incluso me insultaron, pero yo no podía pararme. Crucé varias manzanas cruzándome con gente que me miraba cuando pasaba por su lado. Cuando por fin llegué al hospital me crucé en la puerta con Sheila.
—¿Qué ocurre Juanma?
Me frené en seco y miré a Sheila. –Cierra las puertas del hospital. Que nadie entre o salga— Sheila iba a decir algo, pero yo le espeté que obedeciera rápidamente y que no hiciera preguntas.
Sin mediar más palabras comencé a subir escaleras hasta que llegué a la habitación de Stacy, abrí la puerta de golpe y entré. Stacy se me quedó mirando.
—¿Ya estás aquí? Voy a empezar a pensar que te has enamorado de mí.
No contesté, miré a la camilla donde debía estar George, pero este había desaparecido. Entonces miré a Stacy. —¿Dónde está? ¿Dónde se ha metido el tío este?
—Se fue poco después que tu. Decía que quería ver a su mujer y sus hijos. Que no aguantaba estar aquí metido. ¿Pero que pasa con el?— no respondí y salí corriendo de la habitación, iba por el pasillo a la carrera chocándome con enfermeros que iban y venían. Cuando llegué al hall principal volví a encontrarme con Sheila.
—¿Qué pasa ahora? He hecho lo que me dijiste.
Me aparté con Sheila a un lado mientras la agarraba del brazo. —¿Dónde está el tipo que estaba en la habitación con Stacy? ¿Dónde ha ido?
—Salió por la puerta hace rato. Antes de irse me preguntó donde vivía Graham.
—¿Y se lo dijiste?— pregunté cada vez más nervioso.
—Si. Bueno, no creí que fuese nada malo.
En ese momento le ordené que abriera la puerta y salí, fuera me encontré con los soldados que Laura había logrado movilizar. –Todo el mundo a casa del general Graham, ese tipo debe estar allí.
—¿Qué está ocurriendo?— preguntó Cooper acercándose a mí.
—Tenemos a un infiltrado en la ciudad. Quiere cargarse a Graham— respondí.
En ese momento la cara de Cooper cambió de expresión y comenzó a repartir ordenes, poco después estaba a bordo de un jeep en dirección a la casa de Graham.
*****

Graham se despertó cuando escuchó un golpe, estaba tumbado en su cama y comenzó a llamar a Mayra una y otra vez, quería saber que había ocurrido. Fue en ese momento cuando la puerta de la habitación se abrió de golpe y una silueta que no era la de Mayra apareció de repente, esta encendió la luz y Graham vio que se trataba de un hombre al que no había visto nunca.
—¿Dónde está Mayra?— preguntó Graham. Luego comenzó a gritar. —¡¡¡¡Mayra!!!! ¡¡¡¡Mayra!!!!.
—Mayra no va a venir viejo. Está algo indispuesta— respondió el hombre mientras avanzaba hacia la cama.
Graham trató de moverse para coger la pierna ortopédica, pero aquel tipo saltó por encima de la cama y cogió la pierna alejándola del anciano. –Ni lo pienses vejestorio.
—¿Quién eres tu? ¿Qué quieres?— preguntó Graham mientras buscaba algo a tientas debajo de la almohada, de repente sacó una pistola, pero antes de que pudiera disparar, el tipo le golpeó dos veces con la pierna.
—Solo estoy aquí por que vengo a traerte un mensaje de tu hermano Dorian— respondió el desconocido con una sonrisa que hizo que la sangre de Graham se helara. —¿Acaso pensabas que te librarías de el algún día?
—Si lo que quiere es verme muerto… ¿Por qué no viene el personalmente a por mi? ¿Tan cobarde es? Si quiere algo que venga el, que no mande a sus perros.
El desconocido comenzó a reír al tiempo que dejaba ver el cuchillo que llevaba escondido debajo de la chaqueta. –No te imaginas lo increíblemente sencillo que ha sido colarse aquí. Irónicamente me recuerda mucho al caballo de Troya. Bastó con atacar a tus chicos en la NASA, acabar con todos y esperar a que nerviosos mandarais a un grupo a averiguar lo que había pasado. Solo tuve que quedarme atrás y esperar, tus chicos hicieron todo el trabajo, metiendo al enemigo en casa.
Poco a poco se fue situando en la cama sobre Graham y mientras con una mano le tapaba la boca, con la otra asestaba la primera de las puñaladas.

Llegamos a la entrada de la casa de Graham y enseguida Cooper comenzó a dar órdenes, los soldados comenzaron a desplegarse por el jardín. Aquello estaba muy tranquilo, algo que enseguida me hizo saber el sargento.
—Es natural, no creo que quiera llamar demasiado la atención. Solo es uno— respondí bajando del jeep sacando y quitándole el seguro a mi arma.
—¿Dónde vas?— preguntó Cooper.
Pero sin contestar me acerqué a la puerta principal y le asesté una patada, esta se abrió del golpe haciendo saltar algunas astillas, y me vi en el recibidor con unas escaleras enfrente de mi. Nada más estar dentro vi el cuerpo de una mujer en el suelo junto a una puerta que daba al salón, le habían cortado el cuello y asestado varias puñaladas.
—Aquí hay una mujer muerta— dije a los soldados que entraron detrás de mi.
—¿Dónde está el general?— preguntó Cooper justo detrás de mí. Yo me di la vuelta y enseguida pensé en ir a la habitación de Graham, corrí escaleras arriba, luego por el pasillo y finalmente vi una puerta abierta al final. Aceleré el paso y entré a la carrera, allí alumbrados por la luz de la lámpara estaba George sobre el cuerpo de Graham. George tenía un cuchillo ensangrentado en la mano y Graham permanecía inmóvil con varias flores rojas en el pecho. Rápidamente alcé el arma y apunté a George.
—¡¡¡Quieto!!! ¡¡¡No muevas ni un puto musculo!!!
—El trabajo ya está hecho— dijo George mirándome con una maliciosa sonrisa. Justo cuando iba a dispararle, este se clavó el cuchillo en la cabeza a través del ojo izquierdo y su cuerpo cayó hacia delante.
Me lancé sobre el y lo quité de encima de Graham al tiempo que llegaban Cooper y todos los demás.
Con el cuerpo de George en el suelo me puse al lado de Graham y le busqué el pulso en el cuello, luego miré a Cooper. –Sigue vivo, pide ayuda.
Cooper salió de la habitación con el walkie talkie en la mano. –Mandadme una puta ambulancia a casa del general Graham. No quiero que tardéis ni dos minutos. ¿Entendido?— Cooper volvió y me miró. –Están en camino.
—Aguanta Graham, la ayuda está en camino— le dije esperando que me escuchara.

No tardó en llegar un vehículo militar, enseguida entraron y se hicieron cargo de Graham y se lo llevaron a toda velocidad. Yo me quedé allí junto a Cooper y otros soldados tratando de esclarecer que había pasado. Me incliné sobre el cuerpo de George y comencé a buscar alguna señal o algo que me indicara quien era ese tipo. Cuando le levanté la manga y me di cuenta de algo, tenía un tatuaje, Cooper también lo vio y su cara me indicó que ya lo conocía.
—¿Habías visto esto alguna vez? Parece que si. ¿Qué significa?
—Es la marca de Dorian. No me cabe duda— respondió Cooper.
—¿De Dorian? ¿Cómo es posible que nadie se lo viese antes en el hospital? No me lo explico— respondí. Realmente no entendía como nadie se había dado cuenta de ello.
—Como estaba bien simplemente lo dejaron descansar en el hospital. No teníamos ni idea, creímos que era uno de los nuestros, el grupo lo creyó.
—Genial, esto es lo que pasa cuando tenemos exceso de confianza. Esto no hace más que dejarnos claro que no estamos del todo seguros aquí… Y yo parto mañana hacia Portland, es necesario que vaya— Entonces miré a Cooper. –Quiero que aumentéis la seguridad. Que nadie entre o salga de la ciudad, esto podría ser el aviso de un ataque inminente. Quiero que dobléis el número de hombres vigilando. Si atacan debemos estar preparados. Necesito que mientras yo no esté me hagas dos favores, uno que estés al mando hasta mi regreso.
—¿Y el otro?— preguntó Cooper.
—El otro es que quiero que vigiles a mi hermano hasta el momento que se largue de la ciudad. Lo he desterrado, no lo quiero aquí.
—¿Por qué has hecho eso?— preguntó Cooper sorprendido. –Es tu hermano.
—Mi hermano está fuera de control y ha cruzado una línea de la cual es muy difícil regresar, es un peligro para todos y para el mismo. Te explicaré lo que sea necesario, pero necesito que hagas esto.
Cooper asintió. –Está bien. Lo haré.
—Bueno, yo tengo que irme a casa para decirle a mi familia que me voy unos días. Mañana antes de partir iré a ver al general al hospital, seguro que sale de esta.
—Eso espero. Graham es un gran hombre, ha hecho grandes cosas por esta ciudad.
—Lo se— respondí. Seguidamente le estreché la mano a Cooper y salí de casa de Graham.
*****
Era la una de la madrugada cuando llegué a casa, enseguida salió Eva a recibirme. Cuando me vio las heridas se quedó parada y sorprendida.—¿Qué te ha pasado? ¿Te has peleado con alguien?.
—Si, con mi hermano ¿Vicky ya duerme?— pregunté. No quería que me viese así.
—Si, quería esperarte porque sabe que mañana te vas. No se lo ha tomado nada bien, quería acompañarte… Me costó mucho disuadirla— Eva me miró entonces. –Yo tampoco comprendo por que es necesario que vayas tú también o por que quieres dejar la ciudad. ¿Y porque te has peleado con el? ¿Intentó algo?
—Ha sido porque lo he desterrado. Se está volviendo inestable y peligroso. Solo quiero que esté lejos de ti y de la niña. Y quiero irme por que aquí hay muchas cosas que no me dan buena espina. Simplemente eso, aunque no se seguro si podríamos quedarnos en Portland.
—Sabes que quizás no todos quieran irse de aquí— dijo Eva. –Además, necesitaré que alguien me ayude llegado el momento— en ese momento se pasó la mano por el vientre. Yo la miré en ese momento.
—Ese es otro de los motivos por los que me quiero ir unos días, necesito pensar. Necesito aceptar estas cosas, me está costando muchísimo— miré a Eva otra vez a los ojos. –No te culpo ¿Vale? Fue un error, pero aun así hay una herida que necesito que cicatrice y solo lo conseguiré yéndome un par de días y sepa como es la comunidad de Portland.
—Bueno, supongo que tendré que respetar tu decisión. Estaré esperándote— respondió Eva.
—Una cosa más— le dije. –Quiero que estés alerta en todo momento. Mi hermano está obsesionado contigo y podría intentar algo, si eso pasa…
—No te preocupes. Lo se.

Día 17 de Enero de 2010
Día 574 del Apocalipsis…
Manhattan… Zona segura… 8:00 de la mañana.

Como prometí, fui al hospital a ver el estado de Graham, necesitaba saber como estaba. Nada más llegar me llevaron a donde estaba y pude verlo a través de un cristal, lo habían intubado. Sheila se me acercó, me fijé que ya estaba lista para partir.
—¿Cómo se encuentra?
—En como, hicimos todo lo que pudimos y lo operamos, aunque no tiene buena pinta, dependerá mucho de las ganas de vivir que tenga… Pero sinceramente, no se si saldrá de esta.
—Espero que luche— respondí.
Justo en ese momento vimos llegar a Stacy acompañada de Rachel. También ellas estaban listas para partir. Rachel enseguida se dirigió a mí. –El resto del equipo nos espera en el puerto junto al polvorín y el almacén de vehículos.
—Muy bien. Vamos— dije.
—Una cosa más— dijo Sheila. –Ya le hicimos la autopsia a ese hombre que trajiste de Jersey. Ciertamente lo mataron a golpes, lo enterrarán esta tarde, podrás ir a visitar su tumba cuando regreses.
—Perfecto— respondí.
Rachel, Sheila, Stacy y yo salimos del hospital y nos dirigimos hacia el puerto, una vez allí nos encontramos con varias personas, entre ellos todos mis amigos, Eva y Vicky. También estaba el resto del equipo: Yuriko, Juan, Johana y Butch.
Estábamos allí reunidos cuando vi aparecer a Laura vestida con ropas militares, verla me sorprendió bastante.
—¿Dónde te crees que vas?— le pregunté.
—Con vosotros, si vas a establecer relaciones con la gente de Portland, no puedes ir sin tu secretaria. No trates de prohibirme ir.
—Yo también quiero ir— dijo de repente una voz. Cuando miré para localizarla me di cuenta de que se trataba de Sean, el cual se había pertrechado como nosotros. –Por favor, dejadme ir con vosotros.
—Esto no es un juego Sean. Vuelve a casa.
—Ya no soy un niño— respondió este. –Puedo hacerlo, puedo ser útil para vosotros.
—Nadie es útil muriendo. Te quedas aquí.
Sean pateó el suelo y se largó indignado, entonces Eva me miró. –Has sido duro con el, pero te doy la razón.
Miré a Eva y también a la pequeña, era el momento de despedirse. –Muy bien, como ya sabéis me tengo que ir unos días, no estaré fuera demasiado tiempo. Mientras no esté, quiero que cuidéis la una de la otra— luego miré únicamente a Eva. –Recuerda lo que hablamos anoche. Siempre alerta— seguidamente las abracé a ambas.
Luego fui despidiéndome de Sandra, Alicia y David, con el me quedé hablando. –Se que podrías ayudarnos mucho en esta misión, pero tu sitio está aquí con ellas, confió plenamente en ti para que pase lo que pase estén a salvo.
—Procura volver pronto y entero.
—Lo haré— respondí a la vez que nos abrazábamos.

Justo unos minutos después llegaban nuestros vehículos, dos jeeps y dos camiones cargados de comida, armas y demás objetos que pudiéramos usar durante la misión como tiendas de campaña. Nos distribuimos en vehículos y poco después pusimos rumbo. Justo cuando cruzábamos la valla dejando atrás la zona segura miré atrás, esperaba que no ocurriera nada malo en nuestra ausencia.

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