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sábado, 2 de agosto de 2014

NECROWORLD Capitulo 42

Día 16 de Enero de 2010
Día 573 del Apocalipsis…
Manhattan… Zona segura… 9:30

Había pasado más de un día desde mi regreso a Manhattan. Cada vez que caminaba por las calles la gente me miraba y cuchicheaba por lo bajo, la mayoría de las veces alabando que hubiese sobrevivido a una situación imposible. El día anterior había dado un discurso en la iglesia ante la gran mayoría de la ciudad, donde conté lo ocurrido obviando la implicación de la gente de los túneles, era algo que al menos por el momento prefería ocultar.
Regresé a casa después de haber visitado mi propia tumba, no dejaba de resultar irónico. Tampoco podía culpar a nadie, realmente aquella situación no era fácil de superar. También visité las tumbas de Vanesa y Ethan, y aunque me habían dicho que Luci estaba muerta también, no encontré por ningún lado una tumba que hiciese referencia a ella.
Cuando entré por la puerta escuché a Eva vomitar, fui al baño y la encontré inclinada sobre el inodoro. Llevaba así desde mi regreso, al verme se dio la vuelta y se limpió los restos de la boca.
—Te daría un beso, pero no creo que el sabor te gustase— No respondí, simplemente la miré y me apoyé en el marco de la puerta, observándola fijamente. —¿Qué ocurre?
—Estás embarazada ¿No?— Eva se quedó parada y entonces apartó la mirada, aun así seguí mirándola. –Se que lo estás, es demasiado evidente.
—Yo… yo— balbuceó Eva. –No se… yo.
—Lo estás… ¿Soy yo el padre?— pregunté recordando lo que me dijo Laura acerca de mi hermano y Eva. –Si vamos a hablar del tema este es el momento. ¿Qué has tenido con mi hermano?
Eva se quedó perpleja, no entendía como podía haber dado en el clavo tan contundentemente, pero ya no podía seguir ocultándolo. –Carlos es el padre. Te juro que me arrepiento mucho de lo que pasó, solo fue una vez después de creer que habías muerto, fue cuando…— Yo me retiré un poco cuando vi que se acercaba para tocarme. Levanté una mano.
—Vale… Ya está. Es lo único que necesitaba saber, Laura ya me dijo que mi hermano y tu…— hice una mueca de disgusto. –Entiende que esté dolido, pero tampoco puedo culparte de algo que yo mismo hice contigo cuando estaba en tu casa, lejos de Lidia y creyendo que estaba muerta… Por aquel entonces. Simplemente necesito tiempo para asimilar todo esto— me di media vuelta y salí del baño dejando a Eva sola, seguidamente salí del apartamento para dirigirme hacia el despacho donde esperaba reunirme con Graham. Necesitaba poner en marcha la operación para ir a por comida a Jersey, tanto para nosotros como para dársela a Stacy y que esta se la llevara a su gente. Sería una forma también de estrechar lazos con la tal Amanda Kramer y así quizás poder mudarnos allí.
Mientras caminaba por la calle, pensaba también en mi hermano, al que no veía desde el momento en el hospital. Lo cierto era que tampoco quería verlo, de hacerlo seguramente las cosas no acabarían bien entre nosotros. No podía culpar a Eva demasiado, pero mi hermano era algo diferente, el tendría que haberse mantenido alejado de mi esposa, pero en lugar de eso la había estado rondando hasta que consiguió lo que andaba buscando, tampoco ayudaba lo de que no era de fiar, tal y como me había dicho Kimberly.
Llegué a la parada de taxi, el vehículo estaba allí detenido, me metí dentro y me encontré con Ben, este al verme sonrió.
—Me alegro de ver que no has olvidado las viejas costumbres. ¿A dónde?
—Al edificio principal— respondí mientras tomaba asiento y miraba por la ventana. Para mi estaba comenzando una cuenta atrás para abandonar la ciudad si era posible. Quizás nos quedaba poco de nuestra estancia allí.
Ben comenzó a conducir, entonces vi como me miraba reflejado en el espejo retrovisor, suponía que estaba tratando de averiguar como había logrado escapar con vida, cuando nuestras miradas se cruzaron, el enseguida apartó la mirada del espejo.
—Perdona. Encuentro fascinante que lograras sobrevivir, tal como lo contaste… Se me hace muy difícil imaginarme como alguien puede salir ileso de un vehículo rodeado de caminantes. Nadie lo había logrado… Es por eso que te miran todos… Perdona si soy muy directo— se disculpó Ben finalmente.
—Bueno, supongo que quizás algún día pueda contártelo todo con pelos y señales. Yo también me sorprendo, supongo que tengo un ángel de la guarda— respondí volviendo a mirar por la ventana observando el ir y venir de la gente mientras le seguía dando vueltas a lo que Mouse me había dicho. ¿Sería realmente lo mejor?
Ben y yo no volvimos a intercambiar palabras durante el resto del trayecto, finalmente llegamos a las puertas del edificio principal. Me bajé del vehículo y cuando fui a pagarle a Ben, este alzó la mano.
—No, no es necesario. No me gusta cobrarles a los amigos.
En ese momento me tendió la mano y se la estreché. Realmente me caía bien y lo consideraba un amigo, quizás debía llevarlo con nosotros cuando abandonáramos Manhattan.
Entré al edificio y enseguida dos soldados me saludaron como se saluda a los superiores. Caminé por el interior cruzándome con otros tantos militares, llegué al ascensor y pulsé el ultimo piso, justo cuando la puerta comenzó a cerrarse apareció Laura, la cual se coló velozmente dentro y se situó a mi lado.
—Eres un hombre muy esquivo, no he podido contactar contigo desde que te largaste de los túneles. Ya estoy al tanto de lo de la chica de Portland, muy interesante debo añadir. ¿Qué te pasa?— preguntó finalmente Laura observando mi más que visible mal estar.
—Cosas mías— respondí cruzándome de brazos mirando hacia el techo del ascensor. No me apetecía hablar del tema de Eva y mi hermano, aunque me imaginaba que Laura ya lo sabía.
—Es por tu mujer, lo se… Y por tu hermano.
—No quiero hablar de ello. Dejémoslo así. Es mi mujer y la perdono. Haya hecho lo que haya hecho. Mi hermano es otro cantar— Llegamos al piso indicado y avanzamos en silencio hacia el despacho, una vez dentro avancé hacia la mesa y tome asiento, donde vi papeleo. Comencé a observarlos y vi las fotos de los nuevos habitantes de Manhattan. La población de había incrementado en unos cuantos cientos, gente que habían encontrado vagando en algún lugar, a los que posteriormente habían vacunado contra el virus con el mismo tipo de vacuna que ha nosotros, ya que seguían sin encontrar una mejoría. Seguíamos con lo mismo.
En ese momento vi entrar también a Graham. –¿Vuelves al trabajo?, yo en tu lugar habría esperado un poco más para esto. No era necesario que empezases ya, deberías disfrutar de tu familia.
—Vicky está en el colegio en estos momentos. Además, tengo cosas que hacer que no pueden esperar. El asunto de Stacy es importante, quiero ir hasta Portland. Aquí lo que necesitamos son aliados. Por otro lado quiero ir hasta Jersey con un grupo, allí hay un almacén con comida para abastecernos nosotros y ayudar a la gente de Portland.
—Algunos soldados están fuera en misiones, hace unos días que no tenemos comunicación con los que estaban en Cabo Cañaveral, he mandado un grupo allí, tu amigo David está allí también, de camino quiero decir, pero puedes coger a unos cuantos y poneros en marcha hasta Jersey si así lo deseas, pero no deberías, eres el líder y no deberías arriesgar tu vida así.
—No me va lo de quedarme aquí. No me va lo de mandar a gente a hacer el trabajo sucio, si ellos van, no voy a ser yo el que se quede mirando. Y cuando vuelva pondré rumbo hacia Portland.
Graham asintió. –Muy bien, así será. –Después se dio media vuelta y se alejó hacia la puerta, dejándonos de nuevo a Laura y a mí a solas. Entonces volví a mirar a Laura.
—Voy a reunir a un grupo para ir a Jersey. Mientras estoy fuera quiero que te hagas con mi hermano y lo cites aquí, no me importa lo que tardes, búscalo debajo de las piedras si es necesario.
—No te pongas así conmigo… Entiendo que estés así, pero yo no soy la que se ha tirado a tu hermano. Te recuerdo que fuimos nosotros quienes te salvamos.
Me levanté de la silla. –Pues deberíais haberme dejado morir.
—No estás siendo justo— respondió Laura.
—Simplemente haz lo que dije y punto. Ahora me voy, tengo cosas que hacer.
Salí del edificio principal y me encaminé hacia el Madison Square Garden, allí esperaba poder reunir a un grupo con el que ir hasta Jersey. Una vez allí esperaba que Morgan cooperara y esta vez si decidiera acompañarnos. Le debía mucho como para dejarlo solo allí.
*****
Cabo Cañaveral (Florida)
Instalaciones de la NASA

Mike detuvo el vehículo y los demás que lo acompañaban comenzaron a bajar. Butch, Johana, David y Juan comenzaron a rodear el vehículo con las armas preparadas. Se encontraban aun lejos de su destino, pero lo bastante cerca como para escudriñar con unos prismáticos la situación del lugar, así lo hizo Mike.
—¿Hay muchos caminantes?— preguntó Juan acercándose a el.
— Lo normal supongo, mira— Entonces Mike le pasó los prismáticos y Juan comenzó a observar con detenimiento. Podía ver al menos una docena deambulando por allí, además de varios cuerpos caídos. Estos últimos fueron los que le llamaron a Juan la atención.
—No parecen de los nuestros. Parece que llevan tiempo muertos, tampoco hay señales de lucha. No de hace poco al menos.— respondió Juan devolviéndole los prismáticos a su compañero.
—Sea lo que sea lo que les haya pasado, les ocurrió después de pasarnos el informe de la tormenta. No se, parece demasiado tranquilo, quizás deberíamos lanzar una bengala para ver si responden…— Mike se dio la vuelta y miró a Butch. —¡Eh! Estrella del Rock, intenta contactar otra vez por radio.
Lo de estrella del Rock hizo que David y Johana comenzaran a reír ante la mueca de disgusto de Butch, el cual se acercó al vehículo y trató de contactar con la base, pero sin suerte. —¡Eh! Gigante de ébano, no responden.
Mike no hizo caso a lo que Butch le había llamado y volvió a mirar por los prismáticos, luego sacó la pistola de bengalas y apuntó al cielo.
La bengala salió con un silbido y cuando se elevó todo lo que podía elevarse emitió unos destellos rojos que podían verse aun siendo de día.
Esperaron un rato, pero no hubo respuesta de ningún tipo, ni bengalas, ni nadie siendo alertado por la bengala, ni amigo ni enemigo, absolutamente nada, solo caminantes que seguían ajenos a todos.
—Parece que no hay nadie— dijo David acercándose a sus dos compañeros. —¿Qué les habrá pasado? Me da mala espina esa tranquilidad.
—Nos acercaremos y veremos que pasa— respondió Mike –A los caminantes que se acerquen no les disparéis, si podemos evitar hacer ruido… mucho mejor. Escondamos el vehículo y vayamos a pie.
Butch se subió al vehículo y lo llevó a ocultarlo detrás de unos carteles publicitarios, seguidamente los cinco comenzaron a caminar hacia la base donde antes del Apocalipsis hacían despegar cohetes.

Llegaron cerca de la base y allí vieron varios coches abandonados, uno de ellos incluso llamó la atención de Butch, el cual se acercó y miró al interior, luego se dio la vuelta para mirar a sus compañeros, entonces vio como Mike le señalaba con el dedo, cuando Butch se dio la vuelta vio a un No Muerto acercándose hacia el, sin pensárselo dos veces sacó su cuchillo de la funda y se acercó al caminante, al que le insertó el cuchillo a través de su ojo izquierdo, matándolo al instante. El No Muerto cayó al suelo como un saco de patatas, al que seguidamente Butch pateó.
—Su puta madre. Fijaros que pintas de cabrón adinerado tiene este— entonces Butch se arrodilló y comenzó a registrar el cuerpo, del que sacó un par de anillos y un reloj de oro, también encontró su cartera. –Se llamaba Derek… ¡¡¡Mierda!!! No se como se lee este apellido. Bueno, es igual— Butch lanzó lejos la cartera y se guardó el botín que había logrado.
—¿Qué cojones estás haciendo?— preguntó David –Le has robado a un muerto.
—¿En serio? No jodas— respondió Butch con tono de sarcasmo. –Si te parece, a la próxima le pido permiso: “Señor podrido ¿Le importa a usted que lo desbalije?”— dijo con tono burlón –Por favor, ellos no preguntan cuando buscan destriparnos.
Butch pasó delante y siguió caminando dejando a los demás atrás.
—Menudo gilipollas. Me cae como el culo— dijo David. –Se piensa que estamos de paseo.
—No le hagas caso, solo busca lucirse delante de la dama— dijo Juan al tiempo que le daba una palmada en la espalda a David y miraba a Johana.
—Pues si quiere impresionarme que dure más de un minuto— dijo Johana. David y Juan se la quedaron mirando y esta los miró. –Os lo juro, ese tío es eyaculador precoz y se cree Rocco Sifredi.
Juan y David comenzaron a reír, pero pararon cuando Mike los miró. –Ya habrá tiempo para reíros después, ahora debemos tener todos los sentidos alerta.
El grupo dirigido por Mike siguió avanzando hasta que llegaron a una de las puertas dobles, durante el trayecto se habían dado cuenta que la bandera del Fénix que simbolizaba la comunidad de Manhattan ondeaba rasgada a medio subir. Algo que no era normal y que había puesto en tensión a los más veteranos, esos eran Mike y Juan, estos intercambiaron rápidamente una mirada.
—¿Qué ocurre?— preguntó David cayendo en la cuenta también de lo de la bandera. –Parece obra de alguien que no nos tiene demasiado aprecio— pero Mike no contestó, dio unos pasos hacia la puerta que estaba tratando de abrir Butch. David miró en ese momento a Juan, que se había quedado a su lado. —¿Qué es exactamente lo que pasa?
—Problemas bastante serios, me parece que los dioses se han olvidado de estos pobres diablos… Espero que no se hayan olvidado también de nosotros.
—Hazme un favor… ¿Quieres? Deja lo de los dioses… No te lo tomes a mal, pero me da mal rollo— confesó David.
—No, no me lo tomo a mal. Tranquilo— respondió Juan.
Finalmente Butch logró abrir la puerta y entonces Mike ordenó la entrada. Los cinco entraron con las armas en alto preparadas para disparar, pero el hall estaba vacio. No había ni un alma.
*****
Manhattan… Zona segura…

Había logrado reunir a una treintena de soldados en el Madison Square Garden. Seguidamente habíamos ido hacia el puerto donde ya estábamos embarcando para poner rumbo hacia Jersey. Una vez allí iríamos al almacén donde recogeríamos bastante comida para abastecer a la ciudad y poder dar a la comunidad de Stacy.

Jersey…

Minutos después, cinco barcos salían del puerto conmigo y varios soldados a bordo. No tardamos en llegar a Jersey, cuando desembarcamos preparamos las armas por si era necesario disparar.
—En línea recta— les dije haciéndoles un gesto con la mano. Yo ya sabía por donde debíamos ir.
Avanzamos por las calles con cautela, siempre disparando a los No Muertos que se acercaban. Lo cierto era que los caminantes estaban muy dispersos y los silenciadores nos estaban ayudando a pasar desapercibidos.
Por fin llegamos al almacén y me sorprendió ver que todo seguía igual que cuando lo dejamos, con los cuerpos de los que nos habían atacado todavía allí, aunque medio devorados.
Entramos dentro del almacén y comencé  a mirar por allí, esperando que Morgan apareciese de repente apuntándonos, pero no ocurrió nada de eso, Morgan no apareció.
—¿Qué ocurre jefe? ¿Está buscando a alguien?— preguntó un joven soldado, cuya cara recordaba haber visto en las fotos de los nuevos habitantes.
—Estoy buscando a un hombre que estaba viviendo aquí, pero no está— respondí mirando al muchacho.
—No me ha dado tiempo de darle las gracias por permitir que me uniera a la misión. Estaba harto de limpiar retretes. Me moría por un poco de acción.
—No tienes el por que agradecerme nada, además, de lo que deberías alegrarte es de no tener que salir a sitios como este. Estabas mejor limpiando retretes créeme, si te permití venir fue por que para esto necesito bastante gente, pero si fuera por mi, nadie saldría de la ciudad.
—Por ahí dicen que es usted una leyenda en la ciudad. Cuentan que sobrevivió primero en España y luego salió de un vehículo rodeado de caminantes— dijo el muchacho con ciertos nervios, como si estuviese hablando con su ídolo al que acababa de conocer.
—No soy tal cosa, solo tuve suerte.
—Mis padres no tuvieron tanta— respondió en ese momento el muchacho, yo me di la vuelta y lo miré.
—Siento lo de tus padres. ¿Cómo te llamas?
—Me llamo Sean señor y tengo dieciocho años— respondió de repente como sorprendido por la pregunta. –Si me necesita, quiero que sepa que estaré a su entera disposición, pero si tiene alguna misión lléveme con usted.
Entonces le puse la mano sobre el hombro. –Sean, créeme que es mejor quedarse limpiando retretes antes que salir a misiones como esta, cuando regresemos te daré otro trabajo si no te gusta lo que hacías, pero eres demasiado joven y te queda demasiada vida por delante como para querer jugártela viniendo voluntariamente a misiones de este tipo. No vale la pena.
—Habla como mi padre jefe— respondió Sean. –Pero se cuidarme solo.
—No lo dudo, pero aquí fuera no basta con saber cuidarse solo— respondí.
Los soldados siguieron inspeccionando el almacén al igual que yo. Morgan no aparecía y me estaba preocupando, no debería haberlo dejado solo, a cada esquina que doblaba me daba miedo encontrármelo convertido, pero tener que abatirlo después de todo lo que había hecho por mi y por Vicky me daba más miedo.
Pasó bastante tiempo y por fin pudimos comenzar a cargar camiones, incluso habíamos pedido helicópteros por radio para que vinieran a cargar conteiner, estos no tardaron en comenzar a sobrevolarnos mientras algunos soldados iban acabando con los No Muertos que se iban acercando atraídos por nuestra presencia.
—Sean— dije mirando al joven muchacho. –Tengo que ir a mirar una cosa.
—¿Te acompaño jefe?— preguntó Sean. –Quizás necesites…
—No te preocupes. Esto puedo hacerlo solo.
Dejé a Sean y a los demás atrás y me encaminé por la calle que anteriormente había recorrido para encontrarme con Vicky y Morgan, algo me decía que así encontraría a Morgan.
Estaba llegando al túnel Abraham Lincoln cuando vi un cuerpo en el suelo, aceleré el paso y me encontré con el cuerpo de un hombre al que le habían machacado la cabeza, hubiese estado irreconocible si no hubiese sido por la ropa que llevaba y la cual me recordaba a la que llevaba el anciano. Me arrodillé a su lado y comencé a inspeccionar el cuerpo y lo que quedaba de su cabeza. No parecía que se hubiese suicidado, tampoco tenía señales de mordisco. A ese hombre lo habían asesinado, seguramente después de despedirse de nosotros. Sentí una fuerte rabia y me levanté justo a tiempo de ver como varios helicópteros que cargaban conteiner emprendían su regreso a Manhattan. Yo también debía volver, pero no podía dejar el cuerpo de Morgan allí, merecía un entierro digno. Me llevé la mano a la cintura y cogí el walkie que llevaba, lo encendí y me puse en contacto con los soldados.
—Necesito ayuda aquí. Tenemos que transportar un cuerpo.
*****
Cabo Cañaveral (Florida)
Instalaciones de la NASA

Ante ellos se encontraba una escena dantesca, había cuerpos desmembrados por todas partes, la sangre dibujaba grotescos grafitis en las paredes y el suelo. Era una autentica masacre y no parecía que hubiesen sido No Muertos los responsables. Se encontraban en una de las salas de reuniones.
—Hay casquillos de bala por todas partes, alguien entró aquí y los masacró. Luego se recrearon que daba gusto cortándolos en pedazos. Al menos es lo que parece— dijo David tras adelantarse y coger uno de los casquillos.
—Será mejor que informemos cuanto antes— sugirió Butch mirando a Mike. –Se supone que estás al mando de la misión. Tienes que hacerlo tu entonces— Butch le pasó el walkie.
Cuando Mike lo cogió y se dispuso a contactar escucharon un ruido que venia del fondo de la sala, Johana alzó el arma y apuntó hacia el lugar de donde salía el ruido, todos se pusieron en camino y vieron una taquilla de la cual salía una respiración entre cortada.
—Ahí hay alguien— dijo David señalando.
Juan y Butch se adelantaron y se situaron a ambos lados de la taquilla, entonces Juan la abrió y de dentro de esta cayó un hombre con una bata llena de manchas de sangre.
El tipo comenzó a gritar cosas que ninguno entendía mientras se cubría la cara con ambas manos como para protegerse de algún ataque. Mike se acercó para tratar de calmarlo y cuando lo tocó, el tipo le clavó un bisturí en el brazo con un rápido movimiento. Mike se retiró con un grito y tanto Juan, como los demás le apuntaron directamente a la cabeza.
—No le disparéis. Solo inmovilizadlo— les dijo Mike.
Juan y David se lanzaron sobre el hombre y entre los dos inmovilizaron al hombre que forcejeaba histérico por librarse de la presa que ejercían sobre el.
—Cálmate maldita sea. Estamos de tu lado, quieto— le repetía Mike mientras se quitaba el bisturí del brazo. –Ahora estate tranquilo y cuéntanos que ha pasado aquí— Mike miró a David. –Llama a Manhattan y diles que manden un helicóptero con asistencia médica. Que hemos encontrado un superviviente.
—Enseguida—  respondió David cogiendo el walkie que Mike le cedía y alejándose.
Cuando el hombre se había calmado un poco comenzó a relatarles lo que había ocurrido. –Aparecieron de repente, llegaron durante la noche mientras trabajábamos y comenzaron a disparar contra nosotros, yo logré ocultarme y por eso me salvé, lo vi todo, vi como los descuartizaban solo por diversión. Se marcharon entre risas y chistes.
—¿Quiénes fueron?— preguntó Juan.
—No se quienes eran. Solo se que eran un grupo armado hasta los dientes. Más que personas me parecían animales. Unos malditos salvajes.
—¿Llevaban algún emblema que pudieras identificar? Algo que nos sirva, por que está claro que fuesen quienes fuesen, no venían aquí por casualidad, sabían muy bien lo que aquí se hacía. Así que es alguien que va a por nosotros— quiso saber Juan.
—Seguro que fueron los de la guerrilla. Esas putas escorias se arrepentirán de ello— dijo Butch cargando su rifle de asalto. –Propongo que bajemos ahí abajo cuando volvamos y les prendamos fuego, a todos, hasta al último de ellos.
—No, no fueron los de la guerrilla. No se quienes eran, pero no eran ellos, estoy seguro.
—Entonces… ¿Quién coño eran?
—Perdón que os interrumpa— dijo David cortando a Butch. –Pero ya vienen en camino, nos recogerán en un par de horas.
—Tendrás que declarar lo que ha ocurrido aquí con pelos y señales. ¿Podrás…? No se como te llamas— dijo Mike que por mucho que buscase no veía la etiqueta con el nombre de aquel hombre.
—¡¡George!!— respondió rápidamente aquel hombre.
—Muy bien George, pronto estarás de nuevo en casa— respondió Mike.
En ese momento George dejó entrever una sonrisa. –Lo se, no hay nada que desee más que regresar a casa.
*****
Manhattan… Zona segura…

Habíamos regresado a Manhattan y yo me encaminé hacia el edificio principal. Subí en el ascensor y cuando llegué al piso donde estaba mi despacho, salí y me encontré con Laura.
—Tu hermano te espera en el despacho, pero antes de entrar debes saber que…
—Ya has hecho tu trabajo, vuelve abajo o quédate fuera. Pero hagas lo que hagas, si escuchas algo no intervengas— dije justo antes de cruzar las puertas del despacho y cerrarlas detrás de mí dejando a Laura en el pasillo.

Una vez entré en el despacho vi a mi hermano con un aspecto lamentable, este estaba orinando en una da las grandes macetas que allí había. Se dio la vuelta y me miró. También me fijé en que llevaba una botella pequeña de cerveza en el bolsillo del pantalón. –Tu puta secretaria a la que seguro te follas me encontró en la calle volviendo a casa y me obligó a venir aquí porque tú querías verme. ¿Qué coño quieres? Sea lo que sea dímelo pronto por que quiero disfrutar de una resaca cojonuda.
Pasé a su lado y me senté en mi sillón al otro lado de la mesa, mi hermano seguía mirándome. –Siéntate. –Le ordené.
—¿Qué me siente? ¿Soy tu puto perro? ¿Luego me pedirás que te de la patita?
—¡¡¡¡Siéntate!!!!— Carlos alzó las manos mostrándome las palmas y finalmente se sentó. –Muy bien, seré claro y directo. Se lo que pasó entre tu y Eva cuando creíais que estaba muerto. También se lo de su embarazo… Y que tú eres el padre del bebé que espera mi mujer. El cual no se si tendrá, pero pase lo que pase…— miré a Carlos fijamente. –Pase lo que pase tú no lo conocerás. Quedas desterrado de Manhattan.
Carlos dejó ver una media sonrisa. –Así que me echas. Es increíble lo mucho que has cambiado, va a ser verdad eso de que el poder corrompe. Llegas aquí y enseguida te crees que eres el rey del mambo, pero… ¿Me echas por que me follé a tu mujer y la he preñado o por algo más? Ahora es el momento de dejar las cosas claras.
—Te echo por que eres un peligro, para la gente de aquí y para ti mismo. Mira tu estado. ¿Acaso piensas que no se que intentaste matar a Kimberly? ¿Qué queda en ti del hermano con el que crecí?
—¿Y en ti? Mi vida aquí era fabulosa hasta que apareciste otra vez. Tu aparición me hizo desgraciado, luego cuando moriste y estuve con Eva volví a ser feliz. ¿Por qué coño has tenido que volver? Deberías estar muerto, si estuvieras criando malvas yo sería feliz con Eva, con la niña y gobernaría con mano dura en esta ciudad.
—Así que es eso… Te corroe la envidia. Por eso haces lo que haces, pues déjame que te aclare las cosas, Eva nunca será tuya y Vicky nunca te llamará papá. Yo voy a irme unos días hasta Portland, pero cuando vuelva no quiero que estés aquí. Quiero que te largues— dije levantándome del sillón.
Mi hermano también se levantó y rodeó la mesa para plantarse delante de mí, levantó la mano y comenzó a empujarme dándome con la mano en el pecho. –Pues yo también te dejaré claro unas cuantas cosas. Ojala estuvieras muerto, y que sepas que Eva disfrutó conmigo, fue ella quien se abrió de piernas y espero ansiosa que se la metiera. Y Vicky… La niña me llamará papá algún día cuando de ti ni se acuerde. Por que estarás muerto.
—¿Vas a matarme tu?— pregunté con tono desafiante apartando de un manotazo su mano de mi pecho. –Por que si es así me gustaría que lo intentaras. Estoy deseando que lo intentes, por que desde que me enteré solo pienso en romperte la cara.
—Pues venga— en ese momento mi hermano me asestó un puñetazo tan fuerte que me lanzó sobre la mesa de mi escritorio haciendo caer todo lo que había sobre ella. Seguidamente me agarró de la camisa y tiró hacia arriba. Justo cuando iba a pegarme otro puñetazo le respondí con un rodillazo en el estomago, este se dobló sobre si mismo y le asesté un gancho de derecha, haciendo que cayera de espaldas sobre la moqueta del despacho.
—Lárgate de aquí ahora mismo— dije agarrándolo de la camisa y agachándome un poco, entonces sentí un golpe en mi sien seguido de un dolor punzante y el sonido de cristal al romperse, seguidamente noté el sabor de la sangre mezclado con el de la cerveza.
Me caí hacia un lado mientras me tocaba la zona afectada. Mi hermano me había roto en la cabeza la botella que llevaba. Se levantó rápidamente y se situó sobre mí cerrando sus manos alrededor de mi cuello.
—No te imaginas el odio que te tengo. Te odio, te odio.
Entonces le asesté un puñetazo en la sien y este me soltó instantáneamente. Luego me situé sobre el y le asesté repetidos puñetazos. Cuando vi que estaba sangrando demasiado me levanté.
—Ya se ha terminado. Fuera de aquí.
Me alejé de mi hermano dándole la espalda, pero no tardé mucho en sentir el golpe que este me daba, eso hizo que me precipitara hacia delante y me chocara contra el cristal de la ventana, este se resquebrajó un poco. Seguidamente mi hermano me dio la vuelta y me miró antes de asestarme otro puñetazo, mi cabeza chocó otra vez contra el cristal y este se rompió del todo.
—Te voy a matar, date por muerto cabrón.
Yo lancé en ese momento la cabeza hacia delante y le di un cabezazo. Mi hermano retrocedió un poco y estuvo apunto de caer, pero lo agarré y lo lancé contra el cristal, haciendo que otra ventana se rompiese al impactar su cabeza.
Mi hermano sangraba por los múltiples cortes de la cara mientras lo agarraba haciendo que medio cuerpo le quedara en el exterior, si solo empujaba un poco más lo podría dejar caer, una parte de mi lo estaba deseando, pero finalmente tiré de el hacia dentro y lo lancé contra el suelo justo al mismo tiempo que varios soldados atraídos por el jaleo irrumpían en el despacho.
—¿Todo bien?— preguntó uno de los soldados que al ver el destrozo y los restos de sangre se quedó con la boca abierta.
—Todo bien, solo fue una discusión familiar— respondí. –Mi hermano ya se iba.
Los soldados miraron a mi hermano que intentaba levantarse, cuando intentaron ayudarlo, este se quitó de encima las manos de los soldados que lo agarraban. –No me toquéis hostias.
Mi hermano se levantó y se largó del despacho, en la salida se cruzó con Laura, a la que le dedicó una mirada de desprecio.
Laura se acercó a mí y vio mis heridas y cortes. –Tendrás que ir al hospital. Vas hecho unos zorros.
—Si, ahora iré— respondí.

—Por cierto, el grupo enviado a la NASA ha regresado. Traen información muy interesante.

1 comentario:

  1. Esto se pone mas emocionante. ¡Excelente capítulo como siempre!

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