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sábado, 26 de julio de 2014

NECROWORLD Capitulo 41

Día 14 de Enero de 2010
Día 571 del Apocalipsis…
Manhattan Zona segura… 08:15

Los soldados que había a nuestro alrededor comenzaron a apuntar con sus armas al desconocido, el cual seguía haciendo ondear la bandera blanca mientras lo que quedaba de su avioneta se hundía en el rio Hudson. Cuando la avioneta se hundió por completo, el piloto se quedó flotando en el agua braceando para no  hundirse.
—Si se queda más tiempo en el agua morirá congelado— dijo David mirándome.
Yo asentí y miré a dos soldados que estaban a mi lado. –Deprisa, hay que recogerlo con la zodiac.— les ordené.
—Haced lo que dice— dijo en ese momento Graham apareciendo a mi lado seguido por Cooper.
—General…— dije acercándome un poco más para estrecharle la mano. Cuando se le estreché el me sonrió.
—El rumor de tu regreso de las garras de la muerte ha corrido como la pólvora. Necesitaba ver que era real— justo en ese momento apareció la zodiac con dos soldados a abordo. Seguidamente David y yo saltamos al interior de esta y los soldados pusieron rumbo hacia el desconocido.
Una vez llegamos junto al piloto lo ayudamos a subir a la zodiac, donde rápidamente comenzó a quitarse el casco y la ropa mojada, dejando al descubierto los senos femeninos al igual que una larga cabellera morena, su piel era oscura.
—Es una mujer— dijo David con cara de sorpresa.
—Rápido, dadme una manta para que entre en calor. Hay que llevarla al hospital— dije rápidamente mirando a los soldados.
Recibí la manta y la cubrí con ella, la chica me miró entonces. –Gracias. Soy…
—No hables ahora. La información que puedas darnos ya nos la darás después— le dije mientras le hacia un gesto a los soldados para que pusieran de nuevo en marcha el motor de la zodiac.

Diez minutos más tarde nos encontrábamos en el hospital. La chica había pasado a quirófano donde estaban buscándole lesiones. Nadie sabía de su procedencia, hacía mucho que no veían avionetas ajenas a Manhattan, la llegada de aquella mujer había supuesto una novedad y había desatado la curiosidad de los demás habitantes de la ciudad.
Me encontraba en la sala de espera junto a David hablando, estaba contándole más o menos todo lo que me había pasado ocultando ciertas partes donde los habitantes de los túneles tenían algo que ver, también tuve que inventarme cosas.
Eva no tardó en llegar al hospital también, allí la abracé y la besé, recuperando el tiempo que había estado alejado de ella, no habíamos tenido mucho tiempo antes.
—Dios, creía que no volvería a verte, incluso después de verte aun no podía creérmelo. Estás… estás…
—Estoy vivo. ¿Y Vicky?
—Está en casa con Alicia y Sandra. Está deseando que vuelvas a casa.
—Ella me dijo que Luci… ¿Es cierto eso?— dije al tiempo que unas lagrimas brotaban en mis ojos. –No puede ser…
—Nosotros aun no nos lo creemos— respondió Eva abrazándome. –Pero debemos aceptarlo. Al menos tu estás vivo— dijo antes de besarme.
En ese momento vi aparecer una silueta por el fondo del pasillo, al mirarlo bien vi que se trataba de mi hermano. Carlos se acercaba a paso lento como tratando de asimilar lo que veían sus ojos, cuando estuvo cerca de mí vi lágrimas en sus ojos y seguidamente me abrazó fuertemente mientras lo escuchaba sollozar.
—Cuando me enteré de que estabas vivo no podía creérmelo. Necesitaba verlo con mis propios ojos. Creí que había perdido a la única familia que me quedaba— dijo al tiempo que se separaba un poco de mi. Lo miré a los ojos y de nuevo recordé las palabras de Kimberly y Laura. Ese recuerdo había hecho más mella en mí de lo que había imaginado, tanta que las palabras de mi hermano ni siquiera me parecían sinceras, era como si ocultara algo. Iba a decirle algo cuando la doctora Sheila apareció por el pasillo caminando hacia nosotros, cuando se plantó delante de mi me miró disimulando como si hiciese mucho que no me veía.
—La chica quiere hablar con el que está al mando aquí. Ese eres tu, al menos eso es lo que dice Graham— dijo Sheila.
—Voy— respondí, seguidamente ambos comenzamos a caminar en la  dirección que ella me indicaba.
Ambos comenzamos a caminar alejándonos de Eva, David y Carlos mientras ella me hacía preguntas sobre Rachel y su estado en voz baja.
—¿Ella está bien? ¿No le pasó nada malo?
—Puedes estar tranquila, Rachel y los demás están bien, solo Marcos resultó herido, pero creo que sobrevivirá. Supongo que volverá a casa cuando le sea posible, no te preocupes. Volviendo al tema… ¿Qué ha dicho la chica?
—Su nombre y que quería hablar con el que está al mando… Pero no dijo sobre que.
—Bueno, pronto lo sabremos. Lo que más me interesa saber es su procedencia, por las caras de la gente parecía que hacía mucho que no veían una avioneta— respondí.
—Es cierto, hace mucho que nadie ve una avioneta ajena a Manhattan. El temor que hay es que esa mujer esté a las órdenes de Dorian, al que todos se esfuerzan en dar por muerto, pero todos en el fondo saben que está vivo.
—¿Y tu que piensas? ¿Crees que tiene algo que ver con Dorian?
—No lo creo, pero aun así… No se si es conveniente fiarnos de ella.
Sheila y yo llegamos a la puerta de la sala donde estaba la chica. En el interior se encontraba la muchacha con varias vendas sobre el vientre.
—¿Qué le ha pasado exactamente?
—Un par de costillas rotas y algún que otro esguince, nada grave, también tiene unas cicatrices en las muñecas, pero son de hace tiempo, como si hubiese intentado suicidarse hace tiempo— respondió Sheila.
—Muy bien, hablaré con ella— dije cogiendo el pomo de la puerta, entonces Sheila puso su mano sobre la mía.
—Espera, toma— dijo pasándome su pistola, la cual rechacé enseguida.
—No creo que se arriesgue a nada en su estado, tranquila. Bastará con tener los ojos bien abiertos— dicho esto entré y cerré la puerta detrás de mi, dejando a Sheila observándonos desde fuera. Podía imaginarme que no se movería de ahí por si era necesario intervenir.
*****

David acababa de irse del hospital cuando Carlos se sentó al lado de Eva en la sala de espera, ambos estaban esperando a Juanma. En ese momento Carlos comenzó a hablar.
—¿Cuándo piensas decírselo? Merece saberlo.
—¿Decirle el que? No se de que me estás hablando. Esta conversación carece de sentido antes de empezar— respondió Eva.
—Decirle lo nuestro, lo que tenemos… Lo que crece en tu interior y que es mío. Ahora me perteneces a mi y el debe saberlo.
Eva sintió como el corazón le daba un vuelco. Carlos se había enterado de lo de su embarazo, acababa de ocurrir lo que tanto temía. Suponía que era algo inevitable. Rápidamente miró a Carlos.
—Mi hijo o hija es de Juanma, tu y yo no tenemos nada. No pienso decirle nada, el es mi marido y tu solo fuiste un error… Un error del que no dejo de arrepentirme.
—Tú y yo sabemos que esa vida que crece en tu interior es mía. Es inútil que intentes convencerme de lo contrario. Me perteneces y lucharé por conservarte, aunque eso implique matar a mi hermano. Sabes que lo haré.
Eva cada vez se sentía más presionada, entonces miró a Carlos con odio. El la miró a ella y dejó ver una sonrisa. –No me mires así, no era así como me mirabas cuando me tenías dentro de ti. Te recuerdo que fuiste tu quien se abrió de piernas.
—Me das asco— respondió Eva, entonces se levantó y miró a Carlos al tiempo que lo cogía por las solapas de la camisa. –Si intentases hacerle daño a mi marido juro que seré yo misma quien te mate. Te lo juro. No te acerques a nosotros.
Carlos agarró a Eva de las muñecas y la miró fijamente con una sonrisa que hizo que a ella se le helara la sangre. –Te advierto yo a ti, mataré a Juanma algún día y luego a ti te follaré hasta la locura— Eva trató de liberarse pero el ejerció más presión. –Yo de ti guardaría el secreto de esto y le diaria que te he preñado. Así se alejará de ti y yo no tendré que matarle. Aunque me gustaría matarlo no puedo evitar pensar en que también es mi hermano, puede que al final acabara arrepintiéndome.
—Estás loco— dijo Eva soltándose de repente.
Seguidamente Carlos se levantó y comenzó a alejarse por el pasillo. Justo después Eva se dejó caer de rodillas al suelo y se encogió sobre si misma mientras rompía a llorar. Carlos la aterraba y había algo en los ojos de este que hacia que lo que decía resultase tremendamente cierto. El no bromeaba.
*****

—¿Cuál es tu nombre y de donde vienes?— pregunté a la muchacha a la vez que me sentaba en un taburete al lado de la camilla en la que estaba tumbada, ella trató de incorporarse, pero yo se lo impedí. –No es necesario que te incorpores, solo responde a mis preguntas. Querías hablar con el que está al mando y ese soy yo.
—Me llamo Stacy… Stacy Sullivan— dijo tendiéndome la mano para que se la estrechara. Algo que me apresuré a hacer. –Vengo desde Portland.
—¿Hay una comunidad en Portland? Bueno, algo había escuchado… Creo.
—Lo que queda de Portland… Lo hemos estado protegiendo como hemos podido… Pero últimamente estamos faltos de comida. Por eso me dirigía hacia aquí, para tratar de negociar con el general Graham, creí que era el quien estaba al mando, cuando pregunté por el me dijeron que ya no estaba al mando. Por eso decidí hablar contigo. ¿No eres el mismo que me cubrió con la manta tras sacarme del agua?
—Si, fui yo.
—Bueno, entonces hablemos. Vine para tratar de negociar, pero la tormenta me cogió y acabó haciendo que me estrellara, al menos lo hice aquí. Podría haberme estrellado en otro sitio y haber muerto. Ahora ni siquiera puedo regresar a casa— en ese momento Stacy señaló su mochila, la cual estaba al otro lado de la habitación. —¿Me la acercas?
Yo me levanté del taburete y cogí la mochila, aunque no me moví del sitio, me quedé un rato dudando si debía de abrirla y comprobar que no había nada peligroso, algo de lo que Stacy se percató.
—Se lo que piensas… Pero no, no hay nada que ponga en peligro tu vida. Lo que si quiero es darte la carta que debía entregarle a Graham, pero como el ya no manda… Es evidente que debes ser tu quien la lea. Mete la mano y sácala.
Tal y como Stacy dijo, metí la mano en la mochila y saqué una carta, la cual estaba cuidadosamente metida en un sobre cerrada con un sello de cera que me llamó mucho la atención. Rápidamente la abrí y comencé a leerla en voz alta.
“Me dirijo a usted Graham con la intención de llegar a un acuerdo para que puedan darnos algo de comida. Nuestras existencias se están agotando y nos morimos de hambre. Les envío a Stacy, la cual es de mi confianza. Ruego que nos puedan dar algo de sus existencias, aunque solo sea un poco”
Amanda Kramer
Después de leer la carta miré a Stacy. —¿Quién es Amanda Kramer?
—Es nuestra líder, nuestra madre. Nosotras somos una comunidad solo de mujeres. Los hombres no nos expresan confianza— en ese momento Stacy me mostró las cicatrices de sus muñecas. –Si estoy aquí es por madre.
—Así que una comunidad solo de mujeres. Me resulta extraño ¿Cuántas sois allí? Necesito saberlo si vamos a daros comida. Nosotros tampoco es que vayamos muy sobrados.
—Somos cerca de cuarenta. Catorce de las cuales son menores y adolescentes. Ha sido un duro invierno y todavía empeorará. Necesitamos vuestra ayuda, tanto que me estoy tragando mi orgullo contra el sexo opuesto y por eso a ti te pido este favor.
—No todos los hombres somos unos maltratadores— dije guardando la carta otra vez, luego miré a Stacy. –Te ayudaré. Recupérate y cuando estés lista te llevaremos de vuelta a Portland.
Stacy asintió y sonrió. –Gracias.
—Nos veremos— justo después salí de la sala y me encontré con Sheila. –Mantenme informado de toda su mejoría. Vamos a tener que llevarla de vuelta a Portland.
Sheila asintió. –Lo haré ¿No necesitas tu nada?
—No, estoy bien, pero quizás cuando puedas deberías bajar a los túneles para ver cual es el estado de Marcos.
Después de aquello me reuní con Eva en la sala de espera y luego nos fuimos a casa, durante el camino me estuvo contando todo lo que había ocurrido en mi ausencia, las muertes de Ethan y Vanesa, el porque Luci había sido ejecutada en soledad, algo que me llenó de rabia, había otras maneras de solucionar las cosas sin tener que matar a una persona en la cual confiaba ciegamente, la cual me había cubierto las espaldas en más de una ocasión.
Llegamos a casa y me reencontré con todos menos con mi hermano, el cual estaba en paradero desconocido después de nuestro encuentro en el hospital. Vinieron a verme también Juan, Paul y Diana, también vino Mike acompañado de su familia, vino el padre Kaleb. Me sentía feliz de ver a todos los que eran importantes para mí, Yuriko también hizo acto de presencia. Todo estaba volviendo a la normalidad, aunque me faltaba Luci.
*****
Carguero prisión…

Luci no hacía más que mirar a su espalda a cada paso que daba, le aterrorizaba estar allí en la prisión desde el encuentro con Dante. En una situación normal no tendría miedo, pero en esos momentos se sentía sola y desamparada, era como su verdadero yo hubiese muerto, dejando solo a una joven asustada. Llegó a su celda y rápidamente cerró la puerta detrás de ella, quería estar sola, lo necesitaba, pero enseguida comenzó a escuchar como alguien llamaba a la puerta de su celda.
—¡¡¡¡¡Quiero estar sola, no quiero ver a nadie!!!!!
Pero aun así la puerta se abrió de golpe. Dylan entró rápidamente. –Te dije que no vinieras, ahora estás jodida, Dante ya te vio la cara y ya sabes de lo que es capaz. Ha sido como si cavaras tu propia tumba.
—Dime algo que no sepa— respondió Luci.
—No se la vida que habrás llevado ahí fuera, ignoro la clase de peligros a los que te has tenido que enfrentar, pero nada de eso es comparable a estar en el punto de mira de tipos como Dante, el puede que sea un preso, pero esta cárcel es suya por que nadie se atreve a llevarle la contraria. Todos los que lo hacen acaban muertos.
—¿Y?— preguntó Luci con cierta dejadez, ya estaba harta de escuchar lo malo que era Dante. Entonces Dylan la agarró de los brazos y la obligó a mirarle.
—¿Es que no lo entiendes? Si quiere venir a por ti nada ni nadie se lo podrá impedir. Una vez estés en sus garras se permitirá el lujo de hacer de ti lo que se le antoje.
—Si quiere venir a por mí que lo haga, se llevará desagradables sorpresas. Además, no pienso esperar a ello, por que pienso cargármelo antes. Tipos como el no deberían estar vivos.
*****

Manhattan… Zona segura
23:00 de la noche…

Hacía rato que habíamos acabado de cenar y yo había decidido darme una ducha. En esos momentos me encontraba con las dos manos apoyadas en la pared de azulejos mientras dejaba que el agua cayera sobre mí. Llevaba horas dándole vueltas a la conversación con Stacy y la forma en que podríamos darle algo de comida, seguramente tendría que volver a pedirle ayuda a Morgan para sacar comida del almacén.
Cuando salí de la ducha fui hasta la habitación que compartía con Eva. Vicky hacía rato que se había ido a dormir.
Cuando llegué a la habitación vi a Eva tumbado en la cama leyendo un libro, cuando llegué y me senté, ella dejó el libro a un lado y comenzó a pasarme las manos por la espalda.
—¿Cómo te sientes?
—Mejor… Ya no recordaba lo que se sentía cuando caía sobre ti agua caliente— respondí al tiempo que sentía los labios de ella en mi nuca. Entonces me giré un poco para mirarla con una sonrisa. –Pero eso no se me había olvidado.
—¿Quieres?— preguntó ella con una sonrisa. –Hacer el amor me refiero.
—Esta noche no. Necesito descansar y hablar contigo— dije al tiempo que me tumbaba en la cama. Ella se puso en su lado y también se tumbó.
—¿De que quieres hablar?
—Sobre la chica de la avioneta. Viene desde Portland para hacer un trato sobre comida. Se la daremos y también la escoltaremos de regreso hasta su casa.
—¿Hasta su casa? ¿Sabes a cuanto esta Portland de aquí? ¡¡Está demasiado lejos!! Además, no tenéis… No tienes el por que hacerlo tu. Que lo hagan otros. Acabas de volver después de que te creyéramos muerto.
—Yo soy quien está al mando de la ciudad, es cosa mía ir allí. Necesito tantear a la tal Amanda Kramer… Necesito saber como es ese lugar y de todo lo que disponen. Necesito saber si podríamos vivir allí— respondí mirando a Eva. –Llevo unas horas pensando en largarnos de aquí.
—¿Largarnos? ¿Irnos de Manhattan? ¿Por qué deberíamos hacer eso?— quiso saber Eva. –Creí que seriamos felices aquí.
—Esta ciudad oculta muchos secretos. Estamos metidos en medio de una guerra, no quiero que nos salpique, quiero que nos mantengamos alejados de ella, al margen. Y no podremos hacerlo mientras sigamos aquí. Quiero protegeros a cualquier precio, a todos.
—Pero no es necesario que recorras un camino peligroso para eso, puedes mandar a otro, puedes mandar a tu hermano— eso ultimo lo dijo con la intención de alejar a Carlos de nuestras vidas.
—¿Mi hermano? Ya no se si confiar en el. Últimamente…
—¿Últimamente?— Eva se puso tensa, pensó que Juanma sabía algo. –Oye…
En ese momento Eva sintió una arcada y se levantó corriendo para ir al baño a vomitar. Al rato volvió y se tumbó nuevamente en la cama.
—¿Qué ibas a decir?— pregunté. –Por cierto… ¿Estás bien?
—Si, perdona. Escucha, vamos a dormir y mañana seguimos hablando y me cuentas tus planes nuevamente— dijo Eva besándome en los labios, seguidamente apagó la luz y se quedó en silencio.
Yo necesitaba dormir y también cerré los ojos, aunque no podía dormir, en mi cabeza había varios pensamientos, ideas y sospechas, a eso le sumábamos que no hacía nada que había escuchado vomitar a Eva. Eso podía significar una cosa.
*****
Sheila estaba medio dormida en el sofá de su casa cuando escuchó las llaves en la puerta. Segundos después, Rachel entraba en el salón de su casa. Ambas enseguida se abrazaron y besaron, cuando Sheila miró a Rachel a los ojos vio algo de tristeza en ellos.
—¿Qué ocurre mi amor?
—Es Marcos, no lo consiguió. Hicimos todo lo que pudimos, pero no pudimos salvarlo. Aun así ha sido un héroe. Ahí abajo se le hará un homenaje— respondió Rachel.
—Lamento lo de Marcos, la verdad… Pero… ¿Le mordieron?— preguntó Sheila
—No, alguien nos atacó cuando estábamos en el almacén. No creo que fueran unos saqueadores cualquiera, ya que fueron directos a por nosotros. Creo que era alguien de aquí que había descubierto nuestros planes.
—Pero no sabéis quien fue.
Rachel negó con la cabeza. –No, pero juro que haré lo que sea por descubrir quien es el responsable. Marcos era un buen chico y no merecía morir.
En ese momento Sheila la besó y Rachel siguió el beso, ambas terminaron tumbándose en el sofá con las manos entrelazadas.
*****

—¡¡¡Tus hombres eran unos inútiles!!! No duraron nada. Unas cucarachas me hubiesen servido mejor que esos media mierda. Mucho musculo pero poco cerebro— dijo Carlos dando un golpe en la mesa en el despacho del Bebé. Este se encontraba al otro lado de la mesa.
—¿Y se supone que la culpa la tengo yo? Eres tu quien los dirigía y eras tu quien debía preocuparse por ellos, esperaba que me los devolvieras y no ha sido así. ¿Cómo se supone que harás ahora para compensarme la perdida de mis hombres?
—No juegues conmigo Bebé. No es buena idea— en ese momento Carlos vio como uno de los gorilas de el bebé lo miraba, este sacó su arma y le apuntó. –Ni te muevas Kong.
—Déjanos solos Spencer— dijo el bebé.
El tipo grande salió del despacho y Carlos guardó su arma. Entonces el bebé se levantó de su silla y caminó rodeando la mesa para situarse a su lado. –Verás, ya sabes como soy y sabes que las noticias aquí corren como la pólvora. Tu hermano pretende salir de la ciudad escoltando a la recién llegada hasta Portland. Va con la intención de entablar relaciones con aquella gente. En otras palabras, tu hermano es todo un ejemplo de gran corazón.
—¿Y eso que coño me importa?— preguntó Carlos.
—Te recomiendo que vayas con el o mandes a alguien de tu confianza. Por que lo que ocurra ahí fuera se lo atribuirán a otros… Cualquiera puede morir lejos de esta ciudad. ¿No es eso lo que quieres? ¿No quieres matarlo? Pues ahora lo tendrás fácil.
—Quiero matarlo, pero prefiero hacerlo a mi manera. No necesito los consejos de un enano de mierda, yo vine aquí únicamente para dejarte claro que no estoy nada contento con los hombres que me diste.
En ese momento el bebé caminó hacia una mini nevera, la abrió y de ella sacó una maleta plateada, al abrirla, Carlos vio varias ampollas. –Pues con esto y coños limaremos nuestras asperezas.
Carlos sonrió. –Debo admitir que eres bueno haciendo negocios. Solo una cosa, la chica que me dejes la quiero que sea de los túneles. Necesito descargar mis frustraciones.
*****

Carguero prisión…

Luci se despertó de golpe cuando notó que le tocaban una pierna, abrió rápidamente los ojos y vio varias siluetas alrededor de la cama donde estaba tumbada. Trató de incorporarse, pero varias manos se lo impidieron. Podía escuchar los gritos de Dylan, el cual estaba intentando que no se la llevaran, pero uno de los intrusos lo golpeó fuertemente dejándolo doblado sobre si mismo mientras se tocaba el estomago.
—¡¡¡Soltadme cabrones!!! Soltad…— en ese momento un puño cerrado se estampó en su cara. Seguidamente pusieron un saco sobre su cabeza, luego se sintió siendo arrastrada por varios pasillos.
Pasaron varios minutos hasta que los que la arrastraban se detuvieron, la obligaron a sentarse en una silla, le ataron las manos a esta para inmovilizarla y luego le quitaron el saco de la cabeza, entonces Luci vio algo que la dejó asombrada. Se encontraba en un lujoso salón iluminado por una lámpara de araña, delante de ella había una gran mesa llena de comida y varios candelabros. Aquel lugar presentaba un aspecto que hacía parecer que había vuelto atrás en el tiempo, al otro lado de la mesa se encontraba Dante, este estaba usando unos cubiertos para cortar un trozo de filete.
—¿Pero que?— preguntó Luci mirando los platos que había delante de ella.
—¿Sorprendida? Es normal, un sitio así en un lugar como este escapa a toda lógica, pero tiene su explicación. Soy el hombre más poderoso de la cárcel y tengo ciertos privilegios. Soy algo así como el alcaide.
—Lo que eres es un loco hijo de puta— respondió Luci.
Dante soltó una carcajada y señaló a Luci. –Eso también. Muy bueno ese detalle— Dante cortó otro trozo, se lo metió en la boca, lo masticó y saboreó, luego se lo tragó. –Esto está de puta madre. Ahora vamos a hablar en serio— Dante chasqueó los dedos y enseguida apareció una mujer que llevaba puesto un collar, también vio una “D” marcada en su muñeca. –Desátala y que coma algo.
La mujer asintió y comenzó a quitarle la cuerda de las muñecas, cuando las tuvo libres comenzó a masajeárselas. Dante miró a la chica e hizo un gesto con la cabeza para que se marchara, luego miró a Luci.
—¿De que va esto? ¿Marcas a la gente como si fuera ganado o es que te crees algún amo Romano?
—Come un poco y te lo contaré. No sabes lo que te pierdes… Aprovecha por que no comerás nada mejor fuera de estas cuatro paredes. Estás aquí por una razón, tu sangre limpia de virus. Algo que te hace muy valiosa aquí, al menos para todos aquellos que ya saben lo tuyo.
Luci miró en ese momento los platos que tenía delante y sintió muchísima hambre. Cogió los cubiertos y comenzó a cortar un trozo del filete que tenía en el plato delante de ella, luego se lo llevó a la boca.
—Rico ¿Verdad? Soy el único que tiene derecho a esto aquí. Déjame decirte que tú también podrás disfrutar de estos manjares.
—No me interesa— respondió Luci dejando los cubiertos sobre la mesa y cogiendo una servilleta para limpiarse. –Lo único que me interesa es ser libre y volver con los míos.
Dante negó con la cabeza. –No, me temo que eso no será posible. Nadie sale de esta prisión con vida, ya deberías saberlo. Verás, imagino que ya sabrás que de vez en cuando los guardas se llevan a gente de vuelta a la ciudad, allí los usan para experimentar con ellos, la mayoría acaba siendo un No Muerto. Esa ciudad está más podrida de lo que te imaginas. Lo que yo te ofrezco es no acabar así, quédate a mi lado y nunca te usarán como conejillo de indias. Te estoy ofreciendo mi protección.
—No necesito tu protección— respondió Luci cogiendo nuevamente el cuchillo de la mesa. –Si yo quiero puedo matarte ahora mismo.
Dante abrió mucho los ojos. –Me gustaría ver como lo intentas.
En ese momento, Luci se levantó de la silla y rápida como un rayo se lanzó sobre Dante. Este la esperó con una sonrisa y cuando la tuvo casi encima le asestó una patada en el estomago. Luci cayó de bruces al suelo y Dante le puso el pie en la cabeza al mismo tiempo que le quitaba el cuchillo de las manos.
—No te mataré por que eres muy valiosa aquí, pero harás todo lo que yo te diga sin excepción— Dante se acercó al oído de Luci. –Podrás ser todo lo dura que quieras, pero yo soy más duro que tu, a mi lado no eres más que un insecto, un insecto al lado de un dios.
—Los dioses no existen. Tú no eres más que un loco— respondió Luci tratando de librarse de la presa que Dante ejercía sobre ella.
Luci en ese momento vio como Dante llamaba a dos de sus hombres, estos portaban un hierro con la punta candente. Cuando estuvieron a su lado, Dante agarró el hierro. –Como me perteneces y quiero que todos lo sepan— Dante hizo una pausa y de un tirón rasgó un trozo de la ropa de Luci, dejando parte de su espalda al descubierto.
—¡¡¡Suéltame bastardo!!!— gritó Luci forcejeando para quitarse a Dante de encima. –Te mataré, te lo juro.
—No, no lo harás— respondió Dante con una sonrisa. Seguidamente presionó el hierro candente sobre la espalda de Luci. Esta gritó y forcejeó mientras escuchaba las risas de Dante. Cuando se quito de encima, Luci seguía sintiendo como la piel se le levantaba a causa de la quemadura. Se quedó allí en el suelo mientras observaba a Dante de pie a su lado, con la misma sonrisa inmutable. –Como ya te dije, me perteneces, y lo recordarás cada vez que te toques mi marca— Dante volvió a mirar a sus hombres y les ordenó. –Llevadla a su nueva celda, no quiero que nadie se le acerque, mantened a esa mierda de Hunchback lejos de ella, no quiero ver su deforme cara cerca de mi nueva adquisición.
Los dos tipos agarraron a Luci por los brazos y la levantaron. La espalda le ardía y le dolía, tanto que no podía luchar. Cuando llegaron a una celda la empujaron al interior y cerraron la puerta, allí en el suelo se quedó un rato hasta que vio otra silueta salir de las sombras, no la había visto hasta ese momento. Una vela se encendió y Luci vio la cara de una muchacha.
La chica la observó de arriba abajo hasta que reparó en la marca de su espalda, acercó un poco la mano y Luci trató de retirarse, pero la chica le puso la mano sobre la frente.
—Tranquila, no te haré daño. Solo quiero ayudarte. Me llamo Lara, pero todo el mundo aquí me llama 14K— dijo la chica. –Veo que te ha marcado.
—Es un loco despreciable, algún día lo mataré, lo juro. Pienso disfrutar cada segundo mientras le saco los ojos de sus cuencas— dijo Luci mientras las lagrimas salían de sus ojos. –Se lo haré pagar.
—Yo en tu lugar no lo haría. Muchos lo han intentado y ahora sus cabezas están dentro de ese foso. Solo te queda resignarte, aunque no te lo creas, esa marca te salvará la vida aquí dentro— en ese momento 14K le mostró su marca, la cual estaba situada en el vientre. –Sin esta marca, es posible que yo ya estuviese muerta o siendo violada una y otra vez. Dante es un loco y un sádico, pero a su manera nos está salvando la vida. Puede que algún día lo admires y se lo agradezcas.
—Solo le agradeceré algo cuando su cabeza este entre mis manos después de separarla de su cuerpo— respondió Luci.
En ese momento 14K hizo una mueca de disgusto. –Bueno. Ahora déjame tratarte la marca antes de que se te infecte.

Luci se quedó quieta mientras 14K le aplicaba el ungüento. Se sentía humillada por como la habían tratado y marcado, pero eso le había servido para incrementar su odio, se estaba jurando a si misma que eso no quedaría así y que Dante pagaría por todo ello.

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