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sábado, 28 de junio de 2014

NECROWORLD Capitulo 40



Día 14 de Enero de 2010
Día 571 del Apocalipsis…
Carguero prisión…

Luci había seguido a Warren y Dylan hasta el mismo lugar donde había visto el foso con cabezas. Una vez llegaron allí vieron que muchos de los presos, quizás todos, estaban allí reunidos observando a un grupo de hombres que se había reunido alrededor del foso, estos tenían arrodillados y con sacos en la cabeza a otros tres hombres.
Todos los que estaban allí pedían la muerte de los capturados.
—¿Qué están haciendo?— preguntó en ese momento Luci haciendo que Dylan se diera rápidamente la vuelta para mirarla, cuando la vio abrió los ojos de par en par.
—¿Se puede saber que coño haces tu aquí? Tendrías que haberte quedado en tu jodida celda. Este no es buen sitio para que estés tú, alguien podría…
Luci ignoró a Dylan y se asomó por la barandilla para ver que ocurría, cuando miró hacia abajo vio como los que tenían retenidos a los tres detenidos se hacían a un lado para dejar paso a un hombre con el pelo canoso y de aspecto fuerte, la indumentaria que vestía no dejaba indiferente a nadie, debido a que era la de un uniforme de oficial lleno de galones. Luci iba a preguntar por la identidad de aquel hombre, pero pronto los vítores y las alabanzas comenzaron a gritar el nombre.
—¡¡¡¡Dante!!!! ¡¡¡Dante!!!
Luci miró a Dylan y luego a Warren. —¿Ese tipo es Dante? Parece que es solo un capullo con aires de grandeza por esa forma de vestir. Ni que fuera un militar…
—Puede que tenga aires de grandeza, pero es un autentico monstruo. Ha montado todo este circo para ejecutar a unos hombres para demostrar su superioridad— explicó Warren mirando a Luci. –No creo que quieras verlo.
En ese momento Dante alzó la voz y las manos. –Silencio todos.
Los vítores cesaron y en la prisión reinó el silencio sepulcral solo roto a veces por el sonido del viento, de los truenos y de las olas que rompían en el casco del carguero.
Dante comenzó a quitarles las capuchas a los que habían detenido y Luci pudo ver que se trataba de dos chicos jóvenes de unos veinte años y de un anciano, a los que por los rasguños y la sangre de sus caras se podía adivinar que antes ya les habían dado una violenta paliza. Cuando los rostros de estos quedaron al descubierto, Dante comenzó a hablar con voz potente para que todos los presentes lo escucharan.
—Hermanos y hermanas. Hoy en esta noche— Dante hizo una breve pausa tras señalar a los rehenes, seguidamente continuó. –Estas personas que están aquí se enfrentan a su destino… Que no es otro que la muerte. Su delito es ni más ni menos que haber tratado de asesinarme, esa es la peor de las afrentas en este lugar. Miradme bien— Dante abrió los brazos hacia los lados formando así una cruz. —¿Qué es lo que no hago bien? ¿Acaso no os protejo de aquellos que os encerraron? ¿Acaso no cuido de vosotros? Trato de ser un líder ideal para vosotros… Y sin embargo— Dante señaló al hombre más mayor –El ha sido la cabeza pensante de un intento de asesinato, un intento de asesinato contra mí. Podría pasarles por alto su error y perdonarles, pero si hiciese eso… ¿Qué ocurriría? Me perderíais el respeto… Por eso, esta noche, con todo el dolor de mi corazón, delante de todos vosotros… Haré justicia.
En ese momento Dante se dirigió a uno de sus hombres y este le entregó lo que parecía un gran machete. Luci se imaginaba lo que iba a pasar y miró a Dylan, este enseguida la miró e hizo un gesto de negación con la cabeza.
—No podemos dejar que lo haga— dijo Luci moviéndose para descender hacia el centro por la escalera más cercana, pero Dylan y Warren le pararon rápidamente los pies.
—Si intentas algo más que ayudarles tú cabeza acabará en ese foso.
De nuevo la voz de Dante los interrumpió, Luci volvió a mirarlo y vio como alzaba el reluciente machete en alto. –Esta noche, vuestras cabezas se unirán a las de vuestros compañeros. Aun así, antes de llevar a cabo el ritual quiero que os defendáis— Dante señaló al anciano. –Tú ¿Algo que decir?
El anciano miró a los dos más jóvenes y luego miró a Dante. –Como bien has dicho, yo soy el cabecilla y solo yo soy responsable, ellos solo seguían mis ordenes, si alguien debe morir ese soy yo. Perdónales a ellos. Deja vivir a mis nietos.
—Imposible— respondió Dante tajantemente mientras se acercaba más al anciano y se ponía en cuclillas a su altura. –Si te mato y a ellos los dejo vivir ¿Qué crees que pasará?— El anciano quiso responder, pero Dante le tapó la boca –Pasará que volverán a intentar matarme y eso es algo que no puedo permitir, pero si tanto te preocupa que mueran… Puedo solucionarlo, a ti te mataré el primero.
Enseguida sin mediar palabra, Dante clavó el machete en el cuello del anciano mientras dos hombres lo sujetaban, esa visión hizo que Luci recordara inevitablemente la muerte de Ethan. Cuando la cabeza quedó separada del cuerpo, Dante la levantó agarrándola del pelo y la mostró al público, el cual estalló en vítores y aplausos, todos excepto Luci que apretaba los puños presa de la rabia, Warren y Dylan.
—Será hijo de puta— murmuró Luci.
—Vámonos de aquí, no podremos hacer nada— dijo Dylan cogiéndola del hombro. –Si te ven podría haber problemas, no tendrías que habernos seguido.
Luci decidió dejarse llevar mientras veía como Dante arrojaba la cabeza al foso y sus hombres se ocupaban de los dos nietos de aquel hombre, decapitándolos de la misma manera, estaban apunto de abandonar la zona cuando de nuevo se escuchó la voz de Dante.
—Luciii…
Todos los asistentes se quedaron nuevamente en silencio y miraron a Luci, esta sintió miles de ojos clavados en ella en esos momentos, se acercó a la barandilla y miró de nuevo hacia abajo, allí estaba Dante mirándola únicamente a ella mientras le señalaba con el machete ensangrentado. La habían descubierto.
—¿Qué quieres?— preguntó Luci tratando de que no le temblara la voz. Hacía rato que había empezado a sentir verdadero miedo de estar allí. Aquello era un lugar donde uno no podía estar tranquilo. —¿Qué quieres de mi?
Dante sonrió y negó con la cabeza. –No, ahora nada. Ya nos veremos por aquí… Si sobrevives lo suficiente.
Sin mediar más palabras, Dante dio por disuelta aquella especie de reunión y los presos comenzaron a desfilar por allí para regresar a lo que quisiera que estuviesen haciendo antes de convocarse la ejecución.
De vuelta a sus celdas y con el susto aun en el cuerpo, Luci quería saber que pasaría a partir de ese momento.
—¿Qué me pasará ahora? No me fio de ese maldito sádico.
—Ahora mismo lo importante es que te dejes ver lo menos posible. Ya no estás segura aquí— respondió Dylan.
—¿Alguna vez lo estuve?— preguntó Luci, seguidamente se adelantó a Dylan y Warren sin esperar a la respuesta, debía volver a su celda, ya había visto demasiado.
—Ya la vio, esto podría traernos problemas… Si Dante viene a buscarla… Si tratamos de impedir que se la lleven…— Warren temblaba de pies a cabeza.
—No te preocupes, ya me ocuparé de todo. Yo tampoco quiero líos con Dante, ya viste lo que hizo con Burrows y sus nietos.
—De lo que te hablo yo es de entregársela— respondió Warren.
—Ya lo se.
*****

Jersey…

Nos encontrábamos delante del almacén, habíamos llegado sin demasiados problemas y sin encontrarnos con ningún No Muerto. La verdad es que habíamos tenido muchísima suerte, aunque yo no dejaba de darle vueltas a lo que había visto entre la tormenta, no habían sido visiones mías, estaba convencido de que alguien nos seguía, la pregunta era cuanto tardarían en asaltarnos.
—¡¡¡¡Mierda!!!!— el grito de Marcos me sacó de mis pensamientos, rápidamente como todos los demás lo miré.
—¿Qué ocurre?
—La maldita puerta está cerrada, seguramente desde el otro lado— respondió Marcos.
Todos nos pusimos alrededor de Marcos para así protegernos también de la tormenta que no había perdido nada de fuerza. Mientras, Jesús y Mouse trataban de abrir la puerta a empujones, pero esta no cedía.
—¿Y como podemos abrirla? Sería genial llevar armas de fuego, con ellas volaríamos el cerrojo y…— dije, pero Jesús me cortó.
—Gracias por la aclaración, pero como no llevamos armas de fuego mejor dejamos en paz el tema. Y es una putada por que cuando descubrieron este lugar, esta puerta estaba abierta. Tendremos que dejarlo para otra ocasión.
—No podemos hacer eso, nuestra gente se muere de hambre, necesitamos esa comida— respondió Mouse.
—Pues será mejor que me expliques como hacerlo— respondió Jesús poniéndose de acuerdo con Marcos.
Parecía que íbamos a dar media vuelta cuando me di cuenta de las ventanas que quedaban a unos tres metros por encima de nosotros. No estaba dispuesto a haber hecho el viaje para nada, enseguida miré a Christopher.
—Ven, ayúdame— le pedí. –¿Puedes ayudarme a subir hasta ahí?— le señalé hacia una de las ventanas, en ese momento me fijé que allí dentro parecía haber luz, algo totalmente extraño teniendo en cuenta la situación.
—¿Qué vas a hacer?— preguntó Mouse al ver como Christopher y yo nos situábamos debajo de las ventanas.
—La puerta está cerrada desde dentro ¿No? Pues voy a abrirla— miré a Christopher. –Necesitaré que me impulses hasta la ventana.
—Dalo por hecho, pero las ventanas están cerradas también— observó Christopher.
Miré y era cierto, no me había dado cuenta antes. Rápidamente comencé a pensar y llegué a la conclusión de que antes había que romper el cristal con algo. Busqué a mí alrededor con la idea de encontrar una piedra o algo que me sirviera. Finalmente encontré un montón de ladrillos junto a unos contenedores de basura, estos pertenecían a una construcción que había justo al lado del almacén, no nos habíamos dado cuenta hasta ese momento. Cogí uno de ellos y volví junto a Christopher con un par de ladrillos, fue en ese momento cuando lancé con todas mis fuerzas.
*****

El primero en escuchar el ruido fue Morgan, que rápidamente se levantó del sillón en el que estaba sentado y miró por la ventana de la oficina que daba al almacén, seguidamente Vicky se situó detrás de el, también la niña se había percatado de ese ruido que se le había asemejado el de un cristal al romperse.
—¿Qué ocurre?— preguntó la niña mirando también por la ventana, pero no alcanzó a ver nada. Lo único que veía eran los conteiner. –Sonó como un cristal al romperse.
—Si, eso me ha parecido— respondió el anciano. Cuando vio que la niña echaba mano de la pistola se sorprendió. —¿Qué quieres hacer con eso?
—Disparar contra cualquier amenaza, podrían ser caminantes o saqueadores— respondió Vicky tajantemente.
En ese momento Vicky se volvió hacia donde tenía la mochila y sacó el arma que le había quitado al anciano. Morgan cogió el arma y se preparó también, aquella niña tenía razón, fuese lo que fuese podría ser una amenaza y debían defenderse a cualquier precio, si eran saqueadores no se irían de ahí por las buenas. Si eran caminantes, antes o después acabarían invadiendo el almacén y tendrían que luchar para sobrevivir.
—Vamos a bajar para ver que ha pasado, pero mantente alejada del peligro— dijo el anciano mirando a la pequeña.
—Si… tranquilo— respondió Vicky.
Seguidamente ambos salieron por la puerta de la oficina y comenzaron a bajar por las escaleras para ir hacia el almacén.
*****
Me dejé caer hacia dentro del almacén después de pasar a través de la ventana rota. Al pasar me hice un corte en la mano y cuando estuve dentro del almacén tuve que ponerme un trozo de tela alrededor de la herida.
Una vez dentro del almacén volví a encender la linterna y comencé a alumbrar en todas direcciones, había muchísimos conteiner, cientos. No pude evitar esbozar una sonrisa, me acerqué a uno y al abrirlo, en el interior vi grandes cantidades de comida enlatada, agua, leche, ropa, allí había de todo. Tanta cantidad de cosas que la ciudad podría vivir durante años de ellas, era algo increíble, con todo aquello no solo los habitantes de los túneles podrían ir hacia delante, también los de la superficie podríamos estar abastecidos durante años sin tener que mandar a grupos al exterior a jugarse la vida. Desde luego era un hallazgo increíble.
Estaba tan eufórico por lo que acababa de encontrar, lo cual superaba mis expectativas, que comencé a correr entre los conteiner para llegar a la puerta y así dejar paso a mis compañeros, tenía los pensamientos tan puestos en ceder la entrada a los demás que no me di cuenta de la silueta que surgía de repente a mi lado al doblar una esquina.
Un fuerte golpe en la sien derecha me hizo caer, rodé sobre mi mismo y traté de levantarme pese al mareo, pero otro golpe me hizo caer de bruces, rápidamente un pie alejó de mis manos la ballesta de la que dependía para defenderme.
—¿Qué haces tu aquí? ¿Quién eres?— dijo la voz de un hombre que parecía bastante mayor. Incluso había llegado a carraspear.
Poco a poco puse las manos hacia delante para que viera que no estaba armado, fue en ese momento cuando me agarró de la camisa por la espalda y tiró de mí hacia arriba hasta el punto de hacerme quedar de rodillas. Al mirar hacia arriba me encontré con un hombre muy mayor apuntándome a la cara con una escopeta.
—¿Qué haces tu aquí? Espero que tu respuesta me convenza, si tratas de jugármela quiero que sepas que no vacilaré en matarte.
Iba a responder cuando vi  por el rabillo del ojo una segunda silueta aparecer por mi lado izquierdo, era más pequeña que el hombre y empuñaba una pistola. La sorpresa vino de repente cuando la silueta a la que apenas me atrevía a mirar dijo algo.
—¡¡¡¡Papá!!!!
Rápidamente la pequeña silueta se lanzó sobre mí y cerró sus brazos alrededor de mi cuello. Cuando se separó de mi vi que se trataba de Vicky. No podía creérmelo, y por la mirada de aquel hombre, el estaba más sorprendido que yo.
—¿Vicky? ¿Qué haces aquí?— respondí al tiempo que la abrazaba y la separaba un poco de mi para mirarla. La miré a los ojos y le aparté un mechón de pelo para poder mirarla mejor, no daba crédito a mis ojos. –No puedo creérmelo.
En ese momento Vicky miró al anciano. –Morgan, el es mi padre. Baja el arma.
El anciano hizo caso a la pequeña y dejó de apuntarme con el arma al tiempo que me permitía ponerme en pie. Iba a decir algo cuando comencé a escuchar ruidos que venían de fuera, eran mis compañeros, también estaba escuchando disparos, unos disparos que evidentemente no eran nuestros.
—¿Qué demonios pasa ahí fuera?— quiso saber el anciano.
—Mis compañeros… les están atacando. Tenemos que dejarles entrar— respondí rápidamente mientras comenzaba a correr hacia la puerta que quedaba a unos cinco metros por detrás de mi.
El viejo asintió y rápidamente miré a mi hija. –Ponte a cubierto, deprisa.— le espeté al mismo tiempo que me agachaba a coger mi ballesta.
—Toma— dijo Vicky pasándome su arma –Es mejor que eso.
Cogí el arma y seguidamente comencé a correr hacia la puerta con el anciano pisándome los talones. Cuando llegué a la puerta cogí la llave, abrí y tiré del mango. Al abrirse la puerta sentí una ráfaga de aire frio y las gotas de agua dándome en la cara.
—¡¡¡¡Todos hacia dentro!!!!— les grité al tiempo que salía y abría fuego contra una silueta que vi situada en el tejado  de un edificio enfrente del almacén. Tuve que ocultarme detrás de un contenedor para evitar el fuego enemigo. Seguidamente vi al anciano que acababa de conocer apareció a mi lado para apoyarme en el tiroteo cuyo sonido estaba siendo enmudecido por la tormenta, me di la vuelta y vi a mis cinco compañeros que se lanzaban hacia el interior del almacén, yo miré al anciano y le grité que me siguiera, ambos comenzamos a retroceder sin dejar de disparar a nuestros enemigos, los cuales solo había encontrado la posición de uno. Cuando llegué a la puerta dejé entrar primero al anciano, luego me lancé hacia el interior y cerré rápidamente la puerta con llave, enseguida el anciano se puso a arrastrar lo que parecía un armario para bloquear la puerta. Cuando me di la vuelta para mirar a mis compañeros vi que además de estar mojados también había sangre.
—¿Qué ha pasado?— les pregunté.
—Alguien comenzó a dispararnos, no sabemos desde donde— respondió Rachel apartándose a un lado, fue cuando vi al herido, se trataba de Marcos, este tenía un agujero de bala en el estomago y Jesús estaba haciendo presión. El joven Venezolano no tenía buena pinta.
—Yo solo vi a uno de ellos sobre el tejado, no se donde estaban los demás. Oiga señor…— dije de repente mirando al anciano.
—Morgan— respondió el presentándose.
—¿Hay más puertas además de esa? Quizás esos… sean quienes sean, tratarán de asaltarnos desde varios puntos. Deberíamos asegurar el lugar.
—Ven, acompáñame— me respondió este.
—¿A dónde vas ahora? No olvides lo que hemos venido a hacer— Mouse señaló en ese momento un camión. –Ahí tenemos un camión que podemos cargar, carguémoslo y salgamos de aquí. Que les den a esos de ahí fuera. Cargamos y nos largamos. No vinimos aquí a enzarzarnos en un fuego cruzado.
—Escucha, no sabemos cuan armados van. ¿Quién te dice que no se están guardando lo mejor para el final? Podrían estar esperando precisamente que salgas con el camión para lanzarte un cohete y hacerte saltar por los aires. ¿No habías pensado en eso? Carga el camión si quieres, pero yo voy a asegurar esto para defendernos, por otro lado uno de tus hombres está herido, deberías cuidar de el— en ese momento miré de nuevo al anciano. –Vamos.
*****

Carlos se encontraba junto a sus hombres en un tejado, había ordenado el alto el fuego desde el momento que su hermano había aparecido de repente en la puerta y había hecho entrar a los demás. No quería malgastar balas. Rápidamente se dirigió hacia sus tres hombres.
—Repleguémonos hacia el interior de esta tienda. Tengo instrucciones nuevas que daros.
—¿Ahora sales con esas? Se supone que estamos aquí para darles caza, los tenemos a tiro, podemos entrar ahí dentro y acabar con todos ellos. No se de que coño vas— dijo uno de los hombres, un tipo de color y fornido.
—Escucha, aquí mando yo. Si yo digo que quiero reorganizarme, tú obedeces y callas. Es tan simple como eso, solo hazme caso y punto, vamos.
El hombre hizo una mueca y siguió las ordenes de Carlos a desgana, el pensaba que era mejor atacar sin andarse con demasiadas tonterías.
Entraron en el interior de una tienda que quedaba delante del almacén y Carlos comenzó a hablar ante los tres hombres que lo acompañaban.
—No podemos entrar ahí de cualquier manera y menos después de haber atacado, saben que estamos aquí y aunque no sepan nuestro número ya están avisados. Mi hermano no es estúpido, debe estar esperando ya un segundo ataque.
—Pensé que íbamos a hacer las cosas de otra manera. Deberíamos entrar ahí por la fuerza y acabar con todos sin pensárnoslo tanto. Yo voto por atacar— dijo uno de los hombres, el cual llevaba una gorra de baseball.
—Puedes votar lo que quieras, pero no se hará. Aquí soy yo quien da las órdenes. Como ya he dicho, mi hermano no es tan estúpido como para dejarse pillar… Pero si es lo bastante estúpido como para que se piense que puede ganar— Carlos miró por la ventana hacia la calle y comprobó que la tormenta estaba perdiendo fuerza. –Amanecerá dentro de un par de horas. Atacaremos entonces, la tormenta habrá pasado o simplemente habrá perdido toda su fuerza.
*****

Morgan y yo habíamos asegurado todas las puertas del almacén, todas salvo la más grande, por la que tenía que salir el camión una vez estuviera cargado. Algo que Mouse y Christopher habían comenzado a hacer. Morgan no había puesto pegas en cuanto a ello, se había mostrado muy comprensivo.
Mientras tanto, Rachel y Jesús, acompañados por Vicky, cuidaban de un Marcos que cada vez presentaba peor aspecto. Llegué junto a ellos y lo primero que hice fue abrazar a mi hija y comenzar a hacerle preguntas. Algo que no había podido hacer todavía.
—¿Qué haces aquí? No deberías estar fuera de la ciudad, y menos aquí.
—Quería buscarte. Sabía que ibas a volver, lo había soñado.
—¿Y como está mamá? ¿Cómo están todos?— le pregunté. Necesitaba saber de todos ellos.
En ese momento la pequeña agachó la cabeza, señal inequívoca de que iba a darme malas noticias. –Mamá, David, Sandra y Alicia están bien… Pero tía Luci…
—¿Qué ha pasado con tía Luci?— pregunté, aunque temía la respuesta.
—No se que pasó, pero tía Luci fue a buscarte por que sabía que estabas vivo. Pasaron cosas y de repente me enteré que había muerto.
—¿Y tío Carlos?— pregunté. Aunque aun tenía muy presentes las palabras de Laura y Kimberly, las cuales me decían claramente que Carlos no era de fiar. Había demasiadas cosas que me hacían dudar de mi hermano.
La pequeña agachó la cabeza y luego me miró. –Vi a tío Carlos viniendo hacia aquí con unos hombres. Yo me fui de casa también por que el me pegó.
Lo que la pequeña acababa de decirme comenzó a tomar forma en mi cabeza. ¿Y si eran las siluetas que había visto entre la tormenta? Si era así, era muy probable que fuesen ellos quienes nos estaban disparando. Rápidamente levanté la cabeza y miré a Rachel y a Jesús que hacían esfuerzos por mantener vivo a Marcos, luego miré a mi hija. –Ve a la oficina y quédate ahí, tengo que hacer varias cosas, pero te prometo que nos iremos pronto a casa.
La pequeña asintió y se marchó corriendo a la oficina. Después me acerqué a mis compañeros.
—¿Cómo está?— les pregunté.
—No tiene buen aspecto, si Sheila estuviese aquí sería todo más fácil— respondió Rachel mirándome a los ojos. –No se cuanto tiempo vamos a poder mantenerlo estable. Deberíamos subirlo al camión y largarnos de aquí.
—Pero es arriesgado— respondí todavía pensando en que nuestros atacantes aun no habían sacado toda la artillería, si iban más armados sería un desastre. No podía evitar pensar que podrían dispararnos con un lanzacohetes.
—También es arriesgado quedarnos aquí y dejar que vengan. Te entiendo perfectamente, pero haciendo esto también pones en peligro a tu hija. El camión está ya listo— señaló Rachel. –Subamos y larguémonos, Marcos necesita ayuda.
—Yo no voy en ese camión— dije de repente. –Mi misión aquí ya ha concluido. Ahora me tengo que preocupar por mi hija.
Rachel me miró y asintió. –Tienes razón, si quieres irte ahora no te lo vamos a impedir, puedes atravesar el túnel Abraham Lincoln— miró hacia la oficina y visualizó a la niña en la ventana. –Las cosas se te han complicado, así que debes ocuparte de la niña.
—Gracias— le respondí.
—Escucha, la guerrilla tiene una deuda contigo ahora. Si alguna vez lo necesitas…
—La deuda ya está saldada— respondí cortándole la frase a Rachel. –Aun así habrá que esperar a ver sus movimientos. Debemos crear una distracción para que vosotros podáis llegar también al barco que os espera en el puerto.
—Yo os puedo ayudar con eso— dijo Morgan detrás de mi, cuando lo miré sonrió. –No te preocupes, soy viejo y ya no tengo nada que perder. Creo que he vivido demasiado.
—Aun así no puedo dejarle aquí…— dije tratando de convencer al anciano.
—Escucha, podéis salir de aquí por las alcantarillas. Si las seguís llegareis al túnel Abraham Lincoln.
—Yo no se como ir. Usted si, no pienso dejar que muera por salvarnos, después de haber ayudado a mi hija. Más bien estoy pensando en que sea usted quien se lleve a la niña hacia ese túnel y me esperen. Yo iré en cuanto pueda.
Estábamos planeando nuestros movimientos mientras las horas pasaban y la tormenta amainaba, quedaba muy poco para el amanecer, también el tiempo de Marcos se acababa.
*****

Carlos sacó su mochila y de ella comenzó a sacar granadas de humo que enseguida comenzó a repartir entre sus acompañantes. –Las puertas estarán aseguradas seguramente. No es que no podamos entrar, pero no es seguro. Lanzaremos esto a través de las ventanas y crearemos confusión. Conozco muy bien a mi hermano y se que nos están esperando. Muy bien, que sea lo que tenga que ser, pero mi hermano es para mí.
Con todo listo, Carlos miró de nuevo hacia el exterior y vio que la tormenta ya había perdido fuerza, la bastante como para salir e iniciar el ataque. Quería atacar con todas sus fuerzas y terminar de una vez con todas con su hermano.
Con todo listo comenzaron a salir a la calle, donde sintieron el aire frio y las gotas de agua, miraron al cielo y vieron que estaba comenzando a clarear, pronto el cielo estaría raso y el sol brillaría, eso también haría que los No Muertos tomaran también las calles.
Avanzaron hacia el almacén, una vez junto a la puerta vieron la puerta más grande, por la cual entraban y salían los camiones para cargar y descargar. Iban a lanzar las granadas cuando escucharon el sonido de un motor.
—¿Qué es eso?— preguntó el tipo de la gorra.
Uno de ellos que llevaba una cinta en el pelo se fue acercando a medida que el sonido se iba haciendo más fuerte. Se giró y miró a sus compañeros. –Algo se mueve al otro lado.
De repente la puerta reventó y un camión emergió golpeando al tipo de la cinta en el pelo, el cuerpo de este salió volando y acabó chocando contra la pared que tenía justo detrás, el sonido de su cabeza al chocar contra el suelo fue similar al de un melón al romperse.
El camión torció rápidamente y tanto Carlos como los dos hombres que lo acompañaban saltaron a un lado para impedir ser atropellados. Antes de saltar, Carlos vio al volante de este al mismo tipo que lo golpeo en el callejón.
El camión se alejó por la calle al tiempo que Carlos se ponía de pie y miraba al interior del almacén. Algo ahí no funcionaba. De repente comenzó a escuchar los disparos a su espalda, rápidamente buscó cobertura.
*****

Con el camión alejándose por la calle y la niña con Morgan recorriendo las alcantarillas hacia el túnel de Abraham Lincoln. Yo me había quedado disparando a los dos hombres que tenía a tiro, no veía más además del tipo que había sido golpeado por el camión. Solo tenía la pistola y desde un punto alto al lado de una ventana, había abierto fuego contra dos hombres enormes, uno de color y otro con una gorra de baseball.
Al verlos, me pareció reconocerlos, como si los hubiese visto antes, pero aun así seguí disparando, necesitaba crear una distracción mientras el camión se alejaba.
Las balas de la pistola no tardaron en acabarse y eso pareció que ellos ya lo esperaban, momento que ambos aprovecharon para comenzar su ataque, las balas silbaron cerca de mi y yo volví a bajar de mi posición, fue entonces cuando comencé a escuchar sus gritos.
—Vamos a por ti cabrón, date por muerto. Seguro que no te quedan más balas.
Era cierto, no me quedaban más balas, pero si flechas en la ballesta, corrí agazapado entre los conteiner. Enseguida vi a los dos tipos que entraban apuntando en todas las direcciones en mi búsqueda.
—Se que estás aquí, da la cara. Hemos venido a matarte— decía el de la gorra de baseball, por como se expresaba, parecía que me buscaba exclusivamente a mi.
Sin darle muchas vueltas cargué una flecha y me preparé, me moví un poco hasta que encontré otra cobertura. Me asomé, apunté a uno de ellos y disparé.
La flecha salió silbando y acabó atravesando la cabeza del tipo de la gorra de baseball, a este se le disparó el arma e hirió al que iba a su lado antes de caer de bruces. Seguidamente salí y disparé otra flecha directa a la cabeza del herido, pero fallé.
Me deslicé hacia el y cuando me vio trató de dispararme, pero yo fui más rápido y le disparé una flecha a la mano, cuando me acerqué a el aparté su fusil con el pie.
—¿Quién os envía? Vosotros sois de Manhattan.
—Que te follen. Vas a morir de todos modos.
En ese momento comenzamos a escuchar gemidos, cuando miramos al sitio donde había estado la puerta y por la que había salido el camión vimos aparecer a varios No Muertos que habían sido atraídos por el sonido de los disparos. La tormenta había pasado por completo y ellos ya podían moverse con libertad por la ciudad, ahora venían directos a por nosotros. Le lancé una mirada al herido y luego le quité el fusil, comprobé el cargador y luego también cogí el de su compañero.
—¡No me dejes aquí! Por favor ayúdame.
Pero no le hice caso, con los dos fusiles en mi poder, me di la vuelta y comencé a correr por el interior del almacén, tenía que salir del almacén. No podía usar las alcantarillas por que temía que eso revelara nuestro paradero, si fuese solo por mi me daría igual, pero si nos seguían por las alcantarillas pondría en peligro a mi hija y a Morgan.
*****

Carlos no había querido tomar parte en el tiroteo, sus hombres habían ido a la suya después de lo ocurrido con el camión. Habían ignorado sus órdenes. Vio lo ocurrido desde una distancia prudencial, vio como su hermano acababa con los otros dos tipos y luego desaparecía con la llegada de los caminantes. Estos no tardaron en dar cuenta del tipo grande de color, segundos después vio a su hermano salir por otra puerta y correr por las calles. No era como había planeado, pero así podría darle caza personalmente.
Abandonó su posición y comenzó a correr por la calle mientras los primeros rayos de sol se abrían paso a través de las negras nubes y los gritos del que había sido uno de sus hombres se dejaban escuchar, siendo este devorado por los No Muertos.
Carlos no dejaba de pensar en todo lo que podría haber planeado su hermano allí dentro y en que haría cuando se encontrase cara a cara con su hermano, aun no sabía si decirle algo antes de dispararle para burlarse de el y humillarlo o dispararle directamente, en principio lo que más le interesaba es que su hermano supiese que el era su ejecutor, todo lo que viniese después le daba igual. No le dispararía de lejos, lo arrinconaría y entonces lo mataría, solo así podría disfrutarlo.
*****

Mouse llegó al puerto y aparcó cerca del barco que los esperaba para cargar. Cuando se bajó de la cabina se encontró ni más ni menos que con Grayson y algunos de sus hombres.
—Rápido, cargad esto— les dijo Mouse abriendo la parte trasera del camión de donde salieron Christopher, Rachel y Jesús, estos llevaban a Marcos a cuestas.
—¿Qué le ha pasado a Marcos?— preguntó Grayson mirando el mal estado del joven.
—Le han disparado, no sabemos quien a sido— respondió Rachel.
—¿Y que ha pasado con el otro tío?
—Ya ha terminado su trato, ahora depende de el. Regresará a Manhattan con la niña y su gente. Ahora lo importante es cargar el puto barco y conseguirle ayuda a Marcos. ¿Dónde está Sheila?— preguntó Rachel.
—La ultima noticia que tuve de ella es que estaba en el hospital durante la tormenta, estará bien— respondió Grayson a medida que el y los demás hombres comenzaban a descargar rápidamente el camión.
—No lo digo por eso. Tenemos que traerla para que cure a Marcos— respondió Rachel.
Poco a poco fueron cargando el barco y pronto pudieron marcharse, la misión en Jersey había sido un éxito, aunque uno de los suyos aun estaba en Jersey.
*****
Llegué a la entrada del túnel Abraham Lincoln de Jersey. Nada más llegar me encontré con el anciano junto a Vicky, ella nada más verme corrió a mis brazos y me abrazó.
—¿Ya podemos volver a casa? Mamá se pondrá muy contenta.
—Si, nos vamos de aquí— respondí, entonces miré a Morgan. –Venga con nosotros, ha cuidado de mi hija hasta que me encontró. Se lo debo.
—Si por favor— dijo la pequeña acercándose al anciano y agarrándolo de la mano.
—Eres muy amable, pero no encajaría allí, ya soy demasiado viejo para ello. He estado mucho tiempo solo cuidando de mi mismo. Prefiero seguir así, pero vosotros tenéis vuestra vida allí.
—¿Está seguro?— pregunté. –Yo allí tengo influencia y…
El anciano negó con la cabeza y luego se agachó para ponerse a la altura de la niña. –Se que hemos pasado muy poco tiempo juntos, pero te echaré de menos. Eres una niña muy valiente, tu padre estará muy orgulloso de ti. Cuídate pequeña— entonces la besó en la frente, luego se puso de pie y me miró a mí.
—¿Está seguro de verdad?— le pregunté nuevamente esperando que cambiara de opinión. No me gustaba que aquel hombre se quedara allí solo.
Morgan asintió y me tendió la mano, se la estreché y nos despedimos. –Mucha suerte.
—Igualmente— respondí.
Seguidamente Vicky y yo entramos en el túnel y comenzamos a recorrerlo de nuevo hacia Manhattan, eran poco más de dos kilómetros. Pronto estaríamos en casa otra vez.

Morgan decidió volver al almacén, tenía cosas que hacer, quería reparar la puerta y limpiar la zona. Desde hacía mucho tiempo que no estaba tan contento. Se alegraba de haber conocido a gente que parecía ser muy diferente a todos los maleantes que había visto hasta ese momento. Estaba tan contento que no se dio cuenta de la silueta que aparecía detrás de el, esta lo golpeó y Morgan cayó al suelo con una brecha en la cabeza de la que comenzaba a salir sangre. Cuando trató de ver quien había sido vio a un chico joven que se parecía mucho al padre de la niña.
—Pero… ¿Por qué?— trató de decir el anciano, pero un nuevo golpe le arrancó la vida.
*****
Carlos estaba frustrado y furioso, su hermano había escapado de la muerte gracias a estar acompañado de la maldita niña, con ella allí no podría hacer nada, puede que fuese un asesino, pero no podía matar a la cría. Ella y su hermano se habían marchado por el túnel y aquel anciano era lo único que le quedaba para descargar todo su odio y frustración.
El cuerpo del viejo yacía a sus pies sin vida, le había estado asestando golpes en la cabeza hasta que esta quedó hecha papilla, aunque el segundo golpe había bastado para matarlo.
Carlos apretó los puños y miró hacia Manhattan, era de día y el huracán había pasado.
Todo lo que había hecho no había servido para nada, pero entonces sonrió, quizás aun no había matado a su hermano, podría hacerlo otro día, por otro lado pensó en lo interesante que sería verle la cara a su hermano cuando se enterase de que el había dejado embarazada a Eva, sería muy interesante. Esas ideas hicieron que rompiera a reír a carcajadas junto al cadáver del viejo al que acababa de matar.
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Día 14 de Enero de 2010
Día 571 del Apocalipsis…
Manhattan (Zona segura) 08:00 de la Mañana…

Vicky y yo habíamos llegado a Manhattan, ya no llovía y comenzábamos a ver a gente salir de sus casas. Los que me veían caminar con la pequeña de la mano se quedaban con la boca abierta, era como si hubiesen visto un fantasma, aunque lo entendía, yo estaba supuestamente muerto para todos ellos.
Caminé con la pequeña de la mano hasta que llegué al Madison Square Garden, supe que la mayoría estaban allí por que eran lo que decían los demás habitantes. Estaba avanzando con calma cuando escuché un grito de la pequeña.
—¡¡¡¡Mamá!!!!
Rápidamente se soltó de mi mano y corrió hacia delante hasta llegar a los brazos de una joven de melena rubia. Segundos después la pequeña me miraba con una sonrisa al tiempo que me señalaba, detrás de ella vi a Eva con sus ojos azules clavados en mi, seguidamente se llevó las manos a la boca, totalmente sobrecogida por lo que veían sus ojos. Los demás también aparecieron allí, todos dejaron ver la misma expresión de sorpresa. Seguidamente comenzaron a correr hacia mí, las chicas me abrazaban y David me estrechó la mano, mientras eso ocurría, Eva seguía en silencio detrás de ellos tratando de asimilar lo que veía.
—¿Estas?
—Si, aquí estoy— respondí con una sonrisa.
—¡¡¡Oh dios!!!— exclamó Eva al tiempo que se lanzaba sobre mi y me abrazaba a la vez que nos besábamos, se separó de mi y me miró con lagrimas en los ojos. –Creí que estabas muerto.
—Estoy vivo y nunca volveré a daros un susto como ese. Lo siento, no pude regresar antes. Me disculpo ante todos.
—Me alegro de que sigas vivo, de verdad— dijo David dándome una palmada en la espalda. —¿Dónde coño has estado todo este tiempo?.
—Os lo contaré todo a su tiem…
Mi frase se cortó cuando un sonido que venia de más arriba nos hizo mirar al cielo. Se trataba del sonido de un motor. Toda la gente se miraba entre si sin entender que sucedía, justo en ese momento una avioneta cruzó el cielo entre los edificios y acabó desapareciendo. Segundos más tarde nos informaron de que había caído al rio Hudson. Los militares no tardaron en movilizarse y en mandar varios vehículos hacia allí, yo sentí el impulso de ir también.
—¿A dónde vas?— preguntó Eva.
—Voy a ver que ocurre, vuelve y espérame en casa— dije al tiempo que subía a un jeep seguido por David.
Unos minutos después llegamos a los muelles y desde allí vimos la avioneta en medio del agua, y sobre ella había una figura humana haciéndonos señas con una especie de bandera blanca en señal de rendición.
—¿Pero que…?— preguntó David.
—Sea quien sea… No es de Manhattan— respondí mirando al desconocido que nos hacia señas desde lo que quedaba de la avioneta.
¿Quién sería?

1 comentario:

  1. Excelente. Ya quiero leer los proximos capitulos. Cada semana estoy al pendiente :)

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