Bienvenido

NOTA IMPORTANTE

Tras el ultimo capitulo de Necroworld (El 200). Este blog permanecerá abierto hasta un nuevo aviso. Cuando este aviso suceda, este blog publicará una entrada nueva donde aparecerá la nueva dirección al nuevo blog (Intentaré que os redireccione) Pasado un tiempo, este blog desaparecerá.
Ya podeis entrar en el siguiente blog, la historia se muda ahi.
juanmanuel-sagazombis.blogspot.com.es

Seguidores

sábado, 21 de junio de 2014

NECROWORLD Capitulo 39



Día 13 de Enero de 2010
Día 570 del Apocalipsis…
Carguero prisión…

Desde la celda que Dylan le había dado, Luci observaba el mar embravecido por la tormenta, también veía las olas romper en el puerto. La lluvia, el viento y los truenos se escuchaban con tanta fuerza que habían logrado enmudecer los gritos y los lamentos de los presos, al igual que los gritos de guerra de las distintas bandas que allí habitaban. Se había enterado por Dylan de que algunas bandas andaban en pie de guerra, una de ellas era la banda de las enmascaradas, Luci enseguida supo a quienes se refería, se refería al grupo de mujeres desnudas que habían perseguido a aquel chico y le habían cercenado los genitales. Esas indudablemente eran peligrosas.
En ese momento un rayo cruzó el cielo y cayó en algún lado de la ciudad, justo después hubo un apagón general, quedando esta totalmente a oscuras.
—Mal asunto.
La voz que Luci escuchó en ese momento a sus espaldas la hizo sobresaltarse, se dio la vuelta y se encontró con Dylan, el cual seguidamente se situó a su lado para mirar por la ventana.
—Me has asustado…— luego Luci volvió a mirar a la oscura ciudad. –Las cosas allí se van a poner muy feas. Si falla la luz también fallarán las vallas electrificadas y cualquiera podría entrar, vivo o muerto.
—¿No te parece que te preocupas demasiado por la gente de una ciudad que te ha mandado al mismísimo infierno? Si yo fuera tu rezaría cada noche para que esta ardiera hasta los cimientos— Dylan hizo una pausa y sonrió –De hecho lo hago.
—No me malinterpretes… A mi la ciudad me importa una mierda… pero mis amigos… espero que ellos estén bien. Ya que ellos son mucho más que mis amigos, son mi familia, la única que me queda, por ellos daría la vida— respondió Luci sin dejar de mirar por la ventana, entonces miró a Dylan. —¿Tu no tienes familia allí?
Dylan negó con la cabeza. –Ya no, un día la tuve, pero están muertos.
—Lo siento— dijo Luci mirando a Dylan.
Un nuevo rayo cruzó el cielo seguido de un trueno, señal de que la tormenta esta en su totalidad sobre ellos. Las olas también rompían en el casco del carguero, incluso a veces sentían que este se movía, el oleaje era muy fuerte, en el puerto rompían olas de hasta cuatro metros.
Luci abandonó la ventana dejando a solas a Dylan, salió al pasillo y se cruzó con uno de los hombres que pertenecían al grupo de Dylan, un hombre llamado Warren. Este se paró ante ella.
—¿Dónde esta Dylan?
—Ahí dentro— señaló Luci
Warren entró en la celda y segundos después ambos salieron muy nerviosos, lo que despertó la curiosidad de Luci, la cual comenzó a seguirles, estos hablaban de algo que estaba pasando en los pisos inferiores.
—¿Qué pasa? ¿Qué ocurre?
—Nada, quédate aquí, no es bueno que salgas de aquí. Quédate te digo.
—Al menos dime que pasa— dijo Luci adelantándoles y parándose delante de ellos. –Quiero saberlo.
Warren y Dylan de miraron y entonces Dylan comenzó a hablar. –El puto Dante la está liando otra vez.
Los dos hombres apartaron a Luci y comenzaron a caminar hacia los niveles inferiores, pero Luci en lugar de quedarse quieta, ignoró la orden de Dylan de quedarse allí y comenzó a seguirles.
*****

Jersey…

Vicky ya estaba seca y había vuelto a comer algo, necesitaba estar con fuerzas por si tenía que huir de los caminantes, ya que se encontraba en una zona donde estos deambulaban por todas partes, la seguridad de Manhattan había quedado atrás y no sabía como regresar, aunque se figuraba que tendría que nadar, aunque no le gustaba la idea, ya que se imaginaba que si el agua del túnel estaba fría, la del rio debería estar helada, no quería acabar con hipotermia.
Le dio un bocado a unas galletas que llevaba y las saboreo bien, después volvió a guardarlas, no sabía cuanto tiempo podría pasar allí y no quería arriesgarse a quedarse sin comida demasiado rápido. Justo cuando quería darle un trago a la botella de agua escuchó un ruido que parecía que venia de la calle, era como el sonido de la tapa de una alcantarilla, Vicky se quedó un momento quieta y esperó, justo en ese momento vio una silueta cubierta por un impermeable de color negro, se trataba de un hombre, un hombre que por sus movimientos se notaba que estaba vivo.
El hombre entró en la tienda y Vicky instintivamente le apuntó al tiempo que le gritaba.
—¡¡¡Quieto!!!
El hombre hizo un respingo y dirigió su mirada hacia la pequeña que le apuntaba desde detrás de unos expositores, cuando la vio abrió mucho los ojos, Vicky pudo ver las arrugas de su cara y la poblada barba blanca, sus cejas eran grandes y estaban despeluchadas, debía tener cerca de unos ochenta años.
—¡¡¡¡Quieto!!!!— volvió a gritar Vicky.
El hombre alzó las manos y la pequeña vio la escopeta que sostenía en una de ellas, seguidamente con un gesto, Vicky le indicó que dejara el arma en algún sitio.
—Tranquila pequeña, tranquila— el hombre dejó la escopeta encima del mostrador junto a la caja registradora. –No soy peligroso, mira— el viejo le mostró las palmas de las manos. –Voy a cerrar la puerta para que no entren monstruos ¿Vale?
En ese momento Vicky apretó el gatillo y la bala pasó silbando por el lado derecho del hombre, haciendo que este se apartará hacia la izquierda. Vicky había aprendido que no se podía fiar de nadie tan a la ligera. Seguidamente se levantó y sin dejar de apuntar al extraño caminó hacia la puerta y la cerró mientras apuntaba directamente a la cabeza de aquel tipo, al cual dispararía si intentase algo raro.
—¿Cómo te llamas?— preguntó en ese momento el anciano quitándose la capucha con una mano mientras con la otra ponía la mano delante para indicarle a aquella niña que no le iba a hacer nada. –Yo me llamo Morgan ¿Ves? No estoy armado.
—Tira tu arma hacia mi— le espetó en ese momento Vicky.
El viejo miró hacia su escopeta y hizo lo que la niña le dijo, dejó la escopeta en el suelo y con el pie la empujó hacia Vicky, cuando esta la tuvo a sus pies, se agachó sin dejar de apuntar, cogió la escopeta y le quitó los dos cartuchos que llevaba.
El hombre se quedó sorprendido con la acción de la pequeña, era evidente que eso lo había aprendido de alguien, probablemente no estaba sola, de todos modos, esa niña estaba comportándose como una adulta, le había desarmado y había quitado la munición de la escopeta, luego volvió a clavar la mirada en el.
—¿Cómo te llamas bonita? Mira, no soy peligroso, ya no tengo más armas— el viejo dio vueltas sobre si mismo con las manos en alto para que la pequeña viera que ya no tenía más armas, incluso se quitó el impermeable. –Ya me tienes, pero no dispares, soy un buen hombre.
—Muchos que son malos dicen eso… Ya lo he visto otras veces— replicó Vicky apuntándole a la cabeza sin pestañear, si aquel hombre intentaba algo le dispararía sin dudarlo. –Mi padre y sus amigos me han enseñado muy bien, si disparo no fallaré.
—Ya… Pero tranquila, que no soy una amenaza. ¿Cómo puedo convencerte de que no soy un peligro para ti? Debes confiar en mi palabra, fíjate, solo soy un anciano que vive solo en la ciudad y me desplazo a través de las alcantarillas para no ser visto por esos monstruos, el arma solo la llevo como defensa. Como bien sabes esos monstruos son muy peligrosos… Eres de Manhattan ¿Verdad?
—Si— respondió Vicky, estaba empezando a creer al anciano, pero todavía no iba a bajar la guardia. –Estoy sola, buscando a mi padre.
—¿Tu padre está por aquí?— preguntó el anciano sentándose en el suelo. –No he visto a nadie.
—No… No lo se, pero este es el primer lugar por el que buscaré, al fin y al cabo no puedo volver por donde vine— dijo Vicky con firmeza, algo que sorprendió mucho al anciano.
—Hablas con mucha madurez ¿Cuántos años tienes?
—Doce— respondió Vicky rápidamente todavía con el arma en alto. Lo cierto era que aunque estaba apuntando a aquel hombre, este hacía rato que había dejado de parecer una amenaza, ni siquiera lo había parecido desde el principio, pero tampoco iba a bajar la guardia. –Y me llamo Vicky.
El viejo sonrió y Vicky pudo ver una hilera de dientes amarillentos, enseguida la pequeña comenzó a hacer preguntas. —¿Qué hace usted aquí?
—Suelo venir aquí una vez por semana para comprobar unas cosas, pero vivo en otro lugar donde tengo mucha comida. He estado mucho tiempo acumulando comida y agua.
—¿Y que es lo que viene a comprobar? No creo que venga aquí a por más comida…
—Pues desde aquí tengo una visión perfecta de la única zona por la que se puede acceder a la ciudad. Hace unos días un grupo de gente encontró mi escondrijo y creo que van a volver, aquí los espero para… por así decirlo, obligarles a dar la vuelta.
—¿Sería capaz de matar a alguien? Alguien vivo.
El anciano sonrió nuevamente y luego miró hacia el techo. –No, nunca. Solo he disparado contra No Muertos, aunque ellos ya están muertos. Nunca he disparado contra personas vivas y nunca lo haría.
—Todos lo hacemos en algún momento— respondió Vicky con tono sombrío.
El anciano iba a preguntar si ella había disparado contra alguien, pero temió tanto la respuesta que se abstuvo de hacer la pregunta, el manejo del arma por parte de la niña y la firmeza con la que la sostenía indicaba que no solo había disparado, si no que lo había hecho con intención de matar, eso era impensable antes. En ese momento el anciano la miró y Vicky se dio cuenta de que en los ojos de este comenzaban a llenarse de lágrimas.
—¿Por qué llora? ¿Qué le ocurre?
El anciano se sacó lo que parecía un pañuelo del bolsillo y luego se lo pasó por la cara para limpiarse las lagrimas. –No, no es nada. Solo que al mirarte me acuerdo mucho de mi nieta, se te parecía mucho y tenía un par de años más que tu.
Eso llamó la atención de Vicky. —¿Cómo se llamaba su nieta?
—Se llamaba Nina. Era todo lo que tenía antes de esto, sus padres murieron en un accidente de coche cuando ella era muy pequeña. Mi mujer y yo nos hicimos cargo de ella desde entonces, cuando mi mujer murió me quedé a solas con ella…— el hombre rompió a llorar. –Pero ella también ha muerto.
—¿Se ha convertido?— preguntó Vicky con voz firme. El anciano asintió y se cubrió la cara con las dos manos para que Vicky no lo viera llorar, entonces Vicky agachó la cabeza al mismo tiempo que dejaba de apuntar. –Mis padres de verdad también han muerto.
—¿Entonces buscas a tu padre adoptivo?— preguntó el anciano.
Vicky asintió y luego con el arma ya bajada sonrió. –Se llama Juanma, muchos piensan que ha muerto, pero yo se que sigue vivo en algún lugar y lo quiero encontrar para llevarlo a casa con mi madre y sus amigos.
—Eres muy valiente viniendo hasta aquí tu sola. Si tu quieres, cuando la tormenta amaine un poco puedo acompañarte en esa búsqueda, pasaremos por el almacén, cogeremos la comida que necesitemos y partiremos. No puedo dejar que lo hagas tu sola.
Vicky se quedó mirando al anciano y sonrió. –Me parece bien, realmente creo que puedo fiarme de usted, no me parece peligroso, pero no puedo esperar a que pase la tormenta.
—¿Por qué?— preguntó Morgan.
—Mi tío y unos hombres están aquí… Mi tío es un hombre malo y creo que quiere hacerle daño a mi padre, por eso quiero encontrar a mi padre antes que el. El que mi tío esté aquí es una pista de que puede que mi padre esté por aquí también.
Vicky y Morgan siguieron hablando hasta tarde, finalmente ambos se quedaron dormidos en el interior de aquella tienda mientras la tormenta estallaba con toda su fuerza.  Hubo un momento en el que Morgan se despertó y se quedó mirando a la pequeña, le parecía preciosa, tanto que había decidido cuidar de ella a cualquier precio. Se levantó y con unas mantas que había encontrado  la cubrió para que no tuviera frio. La despertaría dentro de una hora para ir hasta el almacén donde habitualmente vivía el, cuando la tormenta pasara, la llevaría de vuelta a Manhattan, lo haría cogiendo una de las barcas que había en el puerto.
*****

Carlos y sus hombres se habían refugiado en el interior de una tienda de video y sonido. Carlos se había situado delante del escaparate para tener una visión perfecta de la entrada al túnel. El grupo de su hermano debía salir por allí en cualquier momento, no quería perdérselo. En ese momento vio algo que se movía en la boca del túnel, pronto vio seis siluetas. Ese indudablemente era el grupo de su hermano.
—¿Son esos?— preguntó una voz a sus espaldas. –Pues andando.
Carlos se dio la vuelta y vio como el hombre que estaba a su mando se encaminaba hacia la puerta para salir, pero Carlos se apresuró a ponerse delante. —¿Dónde se supone que vas?
—Se supone que hemos venido aquí a cargárnoslos. Están ahí, démosles caza y volvamos a casa. Los tenemos ahí mismo— dijo el sicario señalando hacia la puerta.
—Yo estoy al mando y tú harás lo que yo te diga. Además… Ellos buscan un almacén con comida. Esperaremos a que lo encuentren y entonces acabaremos con ellos. ¿Comprendéis lo que quiero?— Carlos miró uno por uno a sus acompañantes. –Si encontramos ese almacén y llevamos la comida a la ciudad seremos recibidos como héroes.
Los que seguían a Carlos se miraron y finalmente decidieron esperar. Carlos volvió a mirar por la ventana y los vio alejarse hacia un punto fuera de su campo de visión, seguramente estarían buscando un lugar donde pararse a descansar y reorganizarse. Conocía muy bien a su hermano y sabía muy bien como estaría pensando, y Carlos se le iba a anticipar, el también debía reorganizar a su grupo.
—Muy bien, vamos a preparar un plan de ataque.
*****
Salimos del túnel y enseguida la lluvia torrencial caía sobre nosotros, teníamos que refugiarnos cuanto antes para reorganizarnos. Avanzamos por las calles oscuras, el viento estaba en nuestra contra y nos ponía difícil lo de caminar. Rachel iba por detrás de mi y hubo un momento que se tropezó, rápidamente la ayudé a ponerse en pie.
—Gracias— dijo ella.
—Ahí hay una tienda de antigüedades— dijo Mouse dándose la vuelta para mirarme, aunque su voz apenas se escuchaba debido al rugido de la tormenta, tuvo que alzar la voz para que pudiera escucharle, también comenzó a hacerme gestos.
Yo asentí y los seis comenzamos a correr hasta donde señalaba Mouse, una vez cruzamos la puerta que estaba entre abierta encendimos las linternas y alzamos las ballestas. No las había manejado nunca, pero no parecía complicado.
Una vez dentro Rachel cerró la puerta y se dirigió a una mesa central donde desplegó un mapa de Jersey, todos nos reunimos alrededor del mapa y ella comenzó a dar explicaciones junto a Mouse, yo los guiaba por mi experiencia con No Muertos, pero desde luego ellos dos eran los grandes expertos en ese tipo de incursiones.
—Nos encontramos aquí— Rachel hizo un circulo rojo con un rotulador –Debemos recorrer cuatro manzanas para llegar hasta ese almacén, no es un camino demasiado largo, pero con esta tormenta… nos costará avanzar por culpa del temporal, quizás deberíamos esperar a ver si la tormenta amaina un poco, pero tampoco tenemos demasiado tiempo.
—A eso le añadimos el problema de los caminantes, el tiempo los afecta y son tan flojos que el viento los tumbará, pero aun estando en el suelo, si no los vemos y pasamos por su lado nos podríamos llevar un mordisco— añadió Mouse.
—Bueno, antes que nada, si vamos a esperar aquí será mejor que comprobemos que este lugar es seguro— les sugerí mirándolos a todos. –Yo voy ¿Quién me acompaña? Necesitaré a alguien que me cubra las espaldas.
—Voy yo— dijo Christopher levantando la ballesta.
—Muy bien, vamos— le dije haciéndole un gesto con la cabeza. Hacía rato que había divisado una vieja puerta detrás de una estantería llena de figuras muy viejas.
Christopher y yo avanzamos hacia la puerta alejándonos de los demás y la abrimos con cuidado, alumbramos con las linternas y descubrimos un pasillo largo en el que había cuatro puertas en total.
—Si pasa algo dadnos un grito— dijo Rachel antes de que desapareciéramos por el pasillo. Yo asentí y dejé la puerta abierta por si teníamos que salir corriendo. Los demás se quedaron escuchando las indicaciones de Rachel.
*****
Manhattan… (Zona segura)

Eva estaba junto a Sandra, Alicia y Yuriko cuando la luz volvió tras un zumbido, todos los presentes en el lugar alzaron la vista al techo del estadio. El que la luz hubiese vuelto al menos en el estadio era señal de que David había logrado lo que se proponía. Algunos de los presentes comenzaron a vitorear en alto el regreso de la luz, al menos en el estadio, el resto de la ciudad estaba a oscuras, no podrían hacer nada hasta que no pasara la tormenta, además, tampoco era seguro que la del estadio se mantuviera, podía volver a irse en cualquier momento.
No pasaron ni diez minutos cuando David volvió a entrar por la puerta, por la misma que había salido hacía rato, iba totalmente empapado de los pes a la cabeza, enseguida Yuriko y Eva corrieron a recibirlo.
—¿Cómo te ha ido?— preguntó Eva. –Ha sido bastante rápido— entonces se fijó en la pistola que llevaba, David se percató de ello y miró a Eva.
—Por suerte no he tenido que usarla. No os imagináis lo jodido que está el tiempo ¿Todo bien aquí?— preguntó David mirando a sus compañeras.
—Ha habido un par de discusiones, pero nada que deba preocuparnos— respondió Eva.

Desde la distancia, Sandra acariciaba a Yako mientras Alicia acunaba al pequeño Cristian, el cual ya estaba mayorcito, tenía cerca de los dos años y con el tiempo se estaba pareciendo más a su padre, algo innegable y de lo que todos los que lo conocían se habían dado cuenta.
—¿Por qué no vas a decirle algo?— preguntó Sandra mirando a Alicia. –El metió la pata y se arrepiente de ello, no podéis estar así, deberíais hablar.
—Llevo tiempo pensándolo, pero no es fácil, me sentí muy traicionada cuando se lió con la tía esa… La tal Johana… Pero supongo que eso debemos arreglarlo, Cristian estaba viéndolo como un padre y lo que mi hijo necesita es precisamente eso. Ahora que podemos permitirnos ser felices aquí.

David volvió junto a ellas acompañado por Yuriko y Eva. Enseguida acudió allí un militar con una muda de ropa que enseguida le entregó a David, el cual la cogió rápidamente.
—¿Dónde puedo cambiarme?
—En los vestuarios, allí podrás hacerlo sin que nadie te moleste— respondió el soldado.
David asintió y se encaminó hacia ellos, una vez dentro cerró la puerta detrás de el y comenzó a quitarse la ropa, sonrió ante la idea de que de repente volviese a irse la luz y este se quedara allí a medio vestir, podría ser divertido a la vez que embarazoso.

—¿Por qué no vas ahora?— preguntó Sandra mirando a Alicia. –Yo me quedo con el niño, ve y solucionad las cosas. Alicia sonrió y miró a su amiga, luego le dejó al niño y se levantó con una sonrisa para encaminarse hacia los vestuarios, una vez allí se coló y volvió a cerrar la puerta, eso hizo que David se sobresaltara.
—Casi me da un ataque. Deberías haber llamado antes.
—Lo siento, necesitaba hablar contigo— respondió Alicia con una sonrisa.
David supo enseguida a lo que se refería y agachó la cabeza apesadumbrado por lo que había ocurrido aquella vez con Johana, no había día que no se arrepintiese de ello, ese incidente había hecho mucho daño a una persona muy importante para el, Alicia lo era.
—No merezco ni mirarte a la cara, la cagué Ali, la cagué mucho. No se ni porque ocurrió, solo se que me siento como una mierda desde entonces. Te fallé… Han pasado demasiadas cosas y no te merecías ese palo tan grande… Así que te pido disculpas, aunque realmente no merezco tu perdón.
Alicia no dijo nada, caminó hacia David hasta que sus cuerpos se tocaron, David iba a decir algo más, pero Alicia pronto lo calló con un beso en los labios mientras rodeaba el cuello de este con los brazos, cuando se separaron, ambos se sonrieron mutuamente.
—Fuiste un idiota, eso es verdad, pero eres demasiado importante para mí como para perderte por esto, metiste la pata… Si… Pero quiero que solucionemos las cosas, quiero que seamos los padres de Cristian y le demos el calor de una familia. Seamos felices aquí— dijo Alicia mientras las lagrimas recorrían sus mejillas. David pasó sus dedos por sus mejillas y sintió la humedad de las lagrimas, seguidamente volvió a besarla.
—Nunca más volveré a hacerte daño. Cuidaré de vosotros siempre. Te quiero.
Volvieron a besarse apasionadamente, finalmente acabaron siendo uno sobre unas colchonetas que había amontonadas en una esquina de los vestuarios.
*****
Jersey…

Morgan despertó a la pequeña, ella ya confiaba en el y no puso muchas pegas a la idea de abandonar la tienda para ir al almacén, ya que ella se había quedado dormida y aquel hombre ni le hizo nada ni la desarmó, ni siquiera recuperó su arma. Definitivamente si ese hombre fuese peligroso ya se la habría jugado, la realidad era que ese hombre era muy buena persona.
Salieron de la tienda y se quedaron bajo la lluvia, Vicky vigilaba mientras el anciano Morgan abría la tapa de la alcantarilla.
—No está lejos de aquí, pero para más seguridad nos desplazaremos por las alcantarillas— dijo el anciano mirando a la pequeña que rápidamente asintió. No tardaron ni un minuto en quedar a cubierto bajo las calles de Jersey.
—¿Tienes alguna linterna?— preguntó Morgan en la oscuridad.
—Si— respondió Vicky, segundos después un haz de luz los alumbró a los dos al igual que la alcantarilla. Allí dentro hacia frio y la pequeña se lo hizo saber al anciano, el cual enseguida se quitó el abrigo que llevaba para ponérselo por encima a la niña.
—¿Mejor ahora? Solo tenemos que caminar un poco y podremos estar calientes en el almacén. Te prepararé también un plato de sopa caliente.
—¿Cómo? No hay luz— respondió Vicky con una mueca que mostraba incomprensión.
—Eso es cierto, pero no te preocupes, ya que aprovecho unas placas solares. Así dispongo de luz cuando quiero. ¿Sabes lo que son placas solares?
—Claro que lo se— respondió Vicky un poco ofendida.
El anciano levantó las manos y sonrió. –Vale, vale. No te enfades… Bueno vale, vamos hacia allá.
Con todo claro ya, ambos se pusieron en marcha hacia el almacén. No tardaron ni quince minutos en llegar, nada más entrar en el almacén a través de las alcantarillas la pequeña se percató del ambiente del lugar, estaba muy limpio y no olía mal como creyó en un principio, era evidente que aquel hombre lo cuidaba muy bien.
Una vez en el almacén el hombre la llevó por unas escaleras hasta una oficina con una ventana desde la que se veía todo el almacén y los montones de cajas de alimentos y de conteiner frigorífico donde seguramente se guardaban piezas de carne.
La oficina estaba provista de una mesa con un ordenador viejo y lleno de polvo, también había dos estanterías con varias carpetas de archivos. También había un sofá que parecía muy cómodo, seguramente la cama de aquel hombre. En un rincón había un pequeño mueble sobre el que descansaba un microondas con una maquina de café al lado.
—Siéntate mientras te preparo la sopa— le indicó el anciano mientras encendía la luz.
Vicky se sentó en el sofá y se quedó observando al anciano como sacaba de un armario una cazuela llena de caldo, seguidamente sacó un plato y con una gran cuchara comenzó a llenarlo, cuando ya estuvo lleno lo metió en el microondas y comenzó a calentar la sopa.
—Muchas gracias— dijo la niña. –Siento haber desconfiado de usted.
—No lo sientas— respondió el anciano. –Soy ya muy viejo y se como son estas cosas, esta bien que no te fíes así a la ligera de nadie. El mundo está lleno de gente mala. Haces muy bien y eres una niña muy valiente. Tu padre debe estar muy orgulloso de ti.
En ese momento el microondas se paró y el anciano sacó el plato, luego se lo ofreció a Vicky. –Que aproveche pequeña.
Enseguida Vicky comenzó a comer, hacia días que no comía nada caliente y aquella sopa le estaba sabiendo a gloria, realmente había tenido suerte de encontrarse con aquel hombre.
*****
Christopher y yo habíamos investigado todo el lugar y no vimos nada extraño ni a ningún caminante, cuando volvimos junto a los demás, estos ya estaban preparados para salir hacia el almacén donde deberíamos conseguir los alimentos.
—Muy bien, es hora de irnos ¿Nada inusual?— preguntó Rachel.
—Supongo que te refieres a nada raro, pues no, nada, todo tranquilo. Solo cuartos llenos de trastos, lo normal en un sitio de estos— respondí.
—Muy bien, ahora si, nos vamos al almacén— dijo Mouse mirándome. –Ya te queda menos para volver con los tuyos y los demás fascistas— dijo refiriéndose a los que mandaban en la ciudad.
—Cuando esto acabe haré lo necesario para que esta estúpida guerra de bandos termine. Lo tenía pendiente antes de “morir”— respondí sonando más irónico en la palabra morir.
—Bueno, eso que quieres hacer es digno de aplauso y también es una demostración de que eres diferente a los de arriba, pero… Y no quería decirlo antes, pero no te hagas demasiadas ilusiones, puedes intentarlo si quieres, pero el ambiente tanto arriba como abajo está muy caldeado, los de arriba en su totalidad no quieren convivir con los de abajo y muchos de los de abajo no quieren vivir con los de arriba, las cosas son así, hay demasiada intolerancia.
—Esa intolerancia quiero cambiarla, cuando vuelva a mis obligaciones de líder pondré toda la carne en el asador. Si queremos empezar de cero y corregir los fallos que hemos tenido, no podemos seguir así. Las cosas deben cambiar si o si.
—Admiro tu forma de ser y me gusta lo que dices, pero las cosas entre los bandos son mucho más jodidas de lo que piensas. No todos ahí abajo formamos un único grupo, debes saber que hay varias facciones que Papá Angelito ha logrado mantener calmadas, pero eso es como el tiempo, nunca va a estar siempre tranquilo. Si quieres un consejo… Yo personalmente cogería a mi gente y me largaría cuanto antes de esa maldita ciudad.
—Mi gente está feliz en esa ciudad, sacarlos de ahí sin saber a donde ir… Además, Graham se ha portado muy bien con nosotros.
—No dudo que Graham se haya portado tan bien con vosotros, pero eso no significa nada. Ese hombre solo se guía por sus propios intereses. Te darás cuenta con el tiempo— sentenció Mouse.
Acababan de sembrar en mi la duda de si estábamos en el sitio correcto, una duda más que se sumaba a las que ya tenía con mi hermano, del que me habían dicho que no me fiara y a las que ya tenía con Eva y su supuesta relación con mi hermano. No sabía donde estaba la línea entre lo real y lo no real, lo que me hacía comerme mucho la cabeza.
Si lo de que la ciudad no era buen lugar era cierto, no habría más remedio que dejarla atrás y salir de nuevo al exterior, a un mundo lleno de mala gente y millones de No Muertos, cualquier opción parecía ser un error, lo que me hacía sentirme entre la espada y la pared.
Alejándome de mis pensamientos y dudas nos preparamos y salimos de la tienda. De nuevo bajo la tormenta comenzamos a recorrer la calle. El huracán era tan fuerte que nos retrasaba mucho, en muchas ocasiones teníamos que pararnos para descansar en algún sitio cubierto.
Nos encontrábamos en la entrada de un edificio descansando y pasando frio cuando me pareció ver unas siluetas moviéndose a unos cien metros de nosotros, pero era muy difícil asegurarlo.
—Creo que he visto algo a unos cien metros— les dije a mis cinco compañeros.
—¿Qué era?— preguntó Jesús
—Siluetas, creo que eran personas— respondí mirando hacia el lugar donde supuestamente había divisado a esas personas. Lo cierto era que iban muy juntas.
—Serian caminantes, no hay de que preocuparse, debemos seguir adelante y solo preocuparnos por lo que nos encontremos por delante, de lo que se quede a nuestras espaldas no debe preocuparnos, además, lo más seguro es que hayan sido imaginaciones tuyas.— dijo Mouse.
Sin dar más importancia a lo que acababa de ver seguimos adelante, pero yo no podía dejar de darme la vuelta, lo que acababa de ver no me cabía duda de que era real y que no eran caminantes, allí había alguien más, pero en esos momentos ya no se veía nada y mis compañeros no iban a prestar atención, ya nos encontrábamos relativamente cerca del almacén.
*****
Carlos y los suyos habían salido de su refugio y habían comenzado a seguir al grupo de su hermano. Lo estaban haciendo con cierta cautela y manteniendo siempre la distancia, aprovechando así la tormenta y camuflándose en ella.
Carlos tenía muy claro lo que quería hacer, no atacaría hasta que estuvieran en el almacén, ya que quería hacerlo todo bien. Lo que más veía Carlos en su mente era que su hermano, pronto estaría muerto de verdad e iba a ser el quien lo mataría, su muerte traería varias cosas positivas, pronto se apoderaría de todo aquello que su hermano poseía.

No hay comentarios:

Publicar un comentario