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sábado, 28 de junio de 2014

NECROWORLD Capitulo 40



Día 14 de Enero de 2010
Día 571 del Apocalipsis…
Carguero prisión…

Luci había seguido a Warren y Dylan hasta el mismo lugar donde había visto el foso con cabezas. Una vez llegaron allí vieron que muchos de los presos, quizás todos, estaban allí reunidos observando a un grupo de hombres que se había reunido alrededor del foso, estos tenían arrodillados y con sacos en la cabeza a otros tres hombres.
Todos los que estaban allí pedían la muerte de los capturados.
—¿Qué están haciendo?— preguntó en ese momento Luci haciendo que Dylan se diera rápidamente la vuelta para mirarla, cuando la vio abrió los ojos de par en par.
—¿Se puede saber que coño haces tu aquí? Tendrías que haberte quedado en tu jodida celda. Este no es buen sitio para que estés tú, alguien podría…
Luci ignoró a Dylan y se asomó por la barandilla para ver que ocurría, cuando miró hacia abajo vio como los que tenían retenidos a los tres detenidos se hacían a un lado para dejar paso a un hombre con el pelo canoso y de aspecto fuerte, la indumentaria que vestía no dejaba indiferente a nadie, debido a que era la de un uniforme de oficial lleno de galones. Luci iba a preguntar por la identidad de aquel hombre, pero pronto los vítores y las alabanzas comenzaron a gritar el nombre.
—¡¡¡¡Dante!!!! ¡¡¡Dante!!!
Luci miró a Dylan y luego a Warren. —¿Ese tipo es Dante? Parece que es solo un capullo con aires de grandeza por esa forma de vestir. Ni que fuera un militar…
—Puede que tenga aires de grandeza, pero es un autentico monstruo. Ha montado todo este circo para ejecutar a unos hombres para demostrar su superioridad— explicó Warren mirando a Luci. –No creo que quieras verlo.
En ese momento Dante alzó la voz y las manos. –Silencio todos.
Los vítores cesaron y en la prisión reinó el silencio sepulcral solo roto a veces por el sonido del viento, de los truenos y de las olas que rompían en el casco del carguero.
Dante comenzó a quitarles las capuchas a los que habían detenido y Luci pudo ver que se trataba de dos chicos jóvenes de unos veinte años y de un anciano, a los que por los rasguños y la sangre de sus caras se podía adivinar que antes ya les habían dado una violenta paliza. Cuando los rostros de estos quedaron al descubierto, Dante comenzó a hablar con voz potente para que todos los presentes lo escucharan.
—Hermanos y hermanas. Hoy en esta noche— Dante hizo una breve pausa tras señalar a los rehenes, seguidamente continuó. –Estas personas que están aquí se enfrentan a su destino… Que no es otro que la muerte. Su delito es ni más ni menos que haber tratado de asesinarme, esa es la peor de las afrentas en este lugar. Miradme bien— Dante abrió los brazos hacia los lados formando así una cruz. —¿Qué es lo que no hago bien? ¿Acaso no os protejo de aquellos que os encerraron? ¿Acaso no cuido de vosotros? Trato de ser un líder ideal para vosotros… Y sin embargo— Dante señaló al hombre más mayor –El ha sido la cabeza pensante de un intento de asesinato, un intento de asesinato contra mí. Podría pasarles por alto su error y perdonarles, pero si hiciese eso… ¿Qué ocurriría? Me perderíais el respeto… Por eso, esta noche, con todo el dolor de mi corazón, delante de todos vosotros… Haré justicia.
En ese momento Dante se dirigió a uno de sus hombres y este le entregó lo que parecía un gran machete. Luci se imaginaba lo que iba a pasar y miró a Dylan, este enseguida la miró e hizo un gesto de negación con la cabeza.
—No podemos dejar que lo haga— dijo Luci moviéndose para descender hacia el centro por la escalera más cercana, pero Dylan y Warren le pararon rápidamente los pies.
—Si intentas algo más que ayudarles tú cabeza acabará en ese foso.
De nuevo la voz de Dante los interrumpió, Luci volvió a mirarlo y vio como alzaba el reluciente machete en alto. –Esta noche, vuestras cabezas se unirán a las de vuestros compañeros. Aun así, antes de llevar a cabo el ritual quiero que os defendáis— Dante señaló al anciano. –Tú ¿Algo que decir?
El anciano miró a los dos más jóvenes y luego miró a Dante. –Como bien has dicho, yo soy el cabecilla y solo yo soy responsable, ellos solo seguían mis ordenes, si alguien debe morir ese soy yo. Perdónales a ellos. Deja vivir a mis nietos.
—Imposible— respondió Dante tajantemente mientras se acercaba más al anciano y se ponía en cuclillas a su altura. –Si te mato y a ellos los dejo vivir ¿Qué crees que pasará?— El anciano quiso responder, pero Dante le tapó la boca –Pasará que volverán a intentar matarme y eso es algo que no puedo permitir, pero si tanto te preocupa que mueran… Puedo solucionarlo, a ti te mataré el primero.
Enseguida sin mediar palabra, Dante clavó el machete en el cuello del anciano mientras dos hombres lo sujetaban, esa visión hizo que Luci recordara inevitablemente la muerte de Ethan. Cuando la cabeza quedó separada del cuerpo, Dante la levantó agarrándola del pelo y la mostró al público, el cual estalló en vítores y aplausos, todos excepto Luci que apretaba los puños presa de la rabia, Warren y Dylan.
—Será hijo de puta— murmuró Luci.
—Vámonos de aquí, no podremos hacer nada— dijo Dylan cogiéndola del hombro. –Si te ven podría haber problemas, no tendrías que habernos seguido.
Luci decidió dejarse llevar mientras veía como Dante arrojaba la cabeza al foso y sus hombres se ocupaban de los dos nietos de aquel hombre, decapitándolos de la misma manera, estaban apunto de abandonar la zona cuando de nuevo se escuchó la voz de Dante.
—Luciii…
Todos los asistentes se quedaron nuevamente en silencio y miraron a Luci, esta sintió miles de ojos clavados en ella en esos momentos, se acercó a la barandilla y miró de nuevo hacia abajo, allí estaba Dante mirándola únicamente a ella mientras le señalaba con el machete ensangrentado. La habían descubierto.
—¿Qué quieres?— preguntó Luci tratando de que no le temblara la voz. Hacía rato que había empezado a sentir verdadero miedo de estar allí. Aquello era un lugar donde uno no podía estar tranquilo. —¿Qué quieres de mi?
Dante sonrió y negó con la cabeza. –No, ahora nada. Ya nos veremos por aquí… Si sobrevives lo suficiente.
Sin mediar más palabras, Dante dio por disuelta aquella especie de reunión y los presos comenzaron a desfilar por allí para regresar a lo que quisiera que estuviesen haciendo antes de convocarse la ejecución.
De vuelta a sus celdas y con el susto aun en el cuerpo, Luci quería saber que pasaría a partir de ese momento.
—¿Qué me pasará ahora? No me fio de ese maldito sádico.
—Ahora mismo lo importante es que te dejes ver lo menos posible. Ya no estás segura aquí— respondió Dylan.
—¿Alguna vez lo estuve?— preguntó Luci, seguidamente se adelantó a Dylan y Warren sin esperar a la respuesta, debía volver a su celda, ya había visto demasiado.
—Ya la vio, esto podría traernos problemas… Si Dante viene a buscarla… Si tratamos de impedir que se la lleven…— Warren temblaba de pies a cabeza.
—No te preocupes, ya me ocuparé de todo. Yo tampoco quiero líos con Dante, ya viste lo que hizo con Burrows y sus nietos.
—De lo que te hablo yo es de entregársela— respondió Warren.
—Ya lo se.
*****

Jersey…

Nos encontrábamos delante del almacén, habíamos llegado sin demasiados problemas y sin encontrarnos con ningún No Muerto. La verdad es que habíamos tenido muchísima suerte, aunque yo no dejaba de darle vueltas a lo que había visto entre la tormenta, no habían sido visiones mías, estaba convencido de que alguien nos seguía, la pregunta era cuanto tardarían en asaltarnos.
—¡¡¡¡Mierda!!!!— el grito de Marcos me sacó de mis pensamientos, rápidamente como todos los demás lo miré.
—¿Qué ocurre?
—La maldita puerta está cerrada, seguramente desde el otro lado— respondió Marcos.
Todos nos pusimos alrededor de Marcos para así protegernos también de la tormenta que no había perdido nada de fuerza. Mientras, Jesús y Mouse trataban de abrir la puerta a empujones, pero esta no cedía.
—¿Y como podemos abrirla? Sería genial llevar armas de fuego, con ellas volaríamos el cerrojo y…— dije, pero Jesús me cortó.
—Gracias por la aclaración, pero como no llevamos armas de fuego mejor dejamos en paz el tema. Y es una putada por que cuando descubrieron este lugar, esta puerta estaba abierta. Tendremos que dejarlo para otra ocasión.
—No podemos hacer eso, nuestra gente se muere de hambre, necesitamos esa comida— respondió Mouse.
—Pues será mejor que me expliques como hacerlo— respondió Jesús poniéndose de acuerdo con Marcos.
Parecía que íbamos a dar media vuelta cuando me di cuenta de las ventanas que quedaban a unos tres metros por encima de nosotros. No estaba dispuesto a haber hecho el viaje para nada, enseguida miré a Christopher.
—Ven, ayúdame— le pedí. –¿Puedes ayudarme a subir hasta ahí?— le señalé hacia una de las ventanas, en ese momento me fijé que allí dentro parecía haber luz, algo totalmente extraño teniendo en cuenta la situación.
—¿Qué vas a hacer?— preguntó Mouse al ver como Christopher y yo nos situábamos debajo de las ventanas.
—La puerta está cerrada desde dentro ¿No? Pues voy a abrirla— miré a Christopher. –Necesitaré que me impulses hasta la ventana.
—Dalo por hecho, pero las ventanas están cerradas también— observó Christopher.
Miré y era cierto, no me había dado cuenta antes. Rápidamente comencé a pensar y llegué a la conclusión de que antes había que romper el cristal con algo. Busqué a mí alrededor con la idea de encontrar una piedra o algo que me sirviera. Finalmente encontré un montón de ladrillos junto a unos contenedores de basura, estos pertenecían a una construcción que había justo al lado del almacén, no nos habíamos dado cuenta hasta ese momento. Cogí uno de ellos y volví junto a Christopher con un par de ladrillos, fue en ese momento cuando lancé con todas mis fuerzas.
*****

El primero en escuchar el ruido fue Morgan, que rápidamente se levantó del sillón en el que estaba sentado y miró por la ventana de la oficina que daba al almacén, seguidamente Vicky se situó detrás de el, también la niña se había percatado de ese ruido que se le había asemejado el de un cristal al romperse.
—¿Qué ocurre?— preguntó la niña mirando también por la ventana, pero no alcanzó a ver nada. Lo único que veía eran los conteiner. –Sonó como un cristal al romperse.
—Si, eso me ha parecido— respondió el anciano. Cuando vio que la niña echaba mano de la pistola se sorprendió. —¿Qué quieres hacer con eso?
—Disparar contra cualquier amenaza, podrían ser caminantes o saqueadores— respondió Vicky tajantemente.
En ese momento Vicky se volvió hacia donde tenía la mochila y sacó el arma que le había quitado al anciano. Morgan cogió el arma y se preparó también, aquella niña tenía razón, fuese lo que fuese podría ser una amenaza y debían defenderse a cualquier precio, si eran saqueadores no se irían de ahí por las buenas. Si eran caminantes, antes o después acabarían invadiendo el almacén y tendrían que luchar para sobrevivir.
—Vamos a bajar para ver que ha pasado, pero mantente alejada del peligro— dijo el anciano mirando a la pequeña.
—Si… tranquilo— respondió Vicky.
Seguidamente ambos salieron por la puerta de la oficina y comenzaron a bajar por las escaleras para ir hacia el almacén.
*****
Me dejé caer hacia dentro del almacén después de pasar a través de la ventana rota. Al pasar me hice un corte en la mano y cuando estuve dentro del almacén tuve que ponerme un trozo de tela alrededor de la herida.
Una vez dentro del almacén volví a encender la linterna y comencé a alumbrar en todas direcciones, había muchísimos conteiner, cientos. No pude evitar esbozar una sonrisa, me acerqué a uno y al abrirlo, en el interior vi grandes cantidades de comida enlatada, agua, leche, ropa, allí había de todo. Tanta cantidad de cosas que la ciudad podría vivir durante años de ellas, era algo increíble, con todo aquello no solo los habitantes de los túneles podrían ir hacia delante, también los de la superficie podríamos estar abastecidos durante años sin tener que mandar a grupos al exterior a jugarse la vida. Desde luego era un hallazgo increíble.
Estaba tan eufórico por lo que acababa de encontrar, lo cual superaba mis expectativas, que comencé a correr entre los conteiner para llegar a la puerta y así dejar paso a mis compañeros, tenía los pensamientos tan puestos en ceder la entrada a los demás que no me di cuenta de la silueta que surgía de repente a mi lado al doblar una esquina.
Un fuerte golpe en la sien derecha me hizo caer, rodé sobre mi mismo y traté de levantarme pese al mareo, pero otro golpe me hizo caer de bruces, rápidamente un pie alejó de mis manos la ballesta de la que dependía para defenderme.
—¿Qué haces tu aquí? ¿Quién eres?— dijo la voz de un hombre que parecía bastante mayor. Incluso había llegado a carraspear.
Poco a poco puse las manos hacia delante para que viera que no estaba armado, fue en ese momento cuando me agarró de la camisa por la espalda y tiró de mí hacia arriba hasta el punto de hacerme quedar de rodillas. Al mirar hacia arriba me encontré con un hombre muy mayor apuntándome a la cara con una escopeta.
—¿Qué haces tu aquí? Espero que tu respuesta me convenza, si tratas de jugármela quiero que sepas que no vacilaré en matarte.
Iba a responder cuando vi  por el rabillo del ojo una segunda silueta aparecer por mi lado izquierdo, era más pequeña que el hombre y empuñaba una pistola. La sorpresa vino de repente cuando la silueta a la que apenas me atrevía a mirar dijo algo.
—¡¡¡¡Papá!!!!
Rápidamente la pequeña silueta se lanzó sobre mí y cerró sus brazos alrededor de mi cuello. Cuando se separó de mi vi que se trataba de Vicky. No podía creérmelo, y por la mirada de aquel hombre, el estaba más sorprendido que yo.
—¿Vicky? ¿Qué haces aquí?— respondí al tiempo que la abrazaba y la separaba un poco de mi para mirarla. La miré a los ojos y le aparté un mechón de pelo para poder mirarla mejor, no daba crédito a mis ojos. –No puedo creérmelo.
En ese momento Vicky miró al anciano. –Morgan, el es mi padre. Baja el arma.
El anciano hizo caso a la pequeña y dejó de apuntarme con el arma al tiempo que me permitía ponerme en pie. Iba a decir algo cuando comencé a escuchar ruidos que venían de fuera, eran mis compañeros, también estaba escuchando disparos, unos disparos que evidentemente no eran nuestros.
—¿Qué demonios pasa ahí fuera?— quiso saber el anciano.
—Mis compañeros… les están atacando. Tenemos que dejarles entrar— respondí rápidamente mientras comenzaba a correr hacia la puerta que quedaba a unos cinco metros por detrás de mi.
El viejo asintió y rápidamente miré a mi hija. –Ponte a cubierto, deprisa.— le espeté al mismo tiempo que me agachaba a coger mi ballesta.
—Toma— dijo Vicky pasándome su arma –Es mejor que eso.
Cogí el arma y seguidamente comencé a correr hacia la puerta con el anciano pisándome los talones. Cuando llegué a la puerta cogí la llave, abrí y tiré del mango. Al abrirse la puerta sentí una ráfaga de aire frio y las gotas de agua dándome en la cara.
—¡¡¡¡Todos hacia dentro!!!!— les grité al tiempo que salía y abría fuego contra una silueta que vi situada en el tejado  de un edificio enfrente del almacén. Tuve que ocultarme detrás de un contenedor para evitar el fuego enemigo. Seguidamente vi al anciano que acababa de conocer apareció a mi lado para apoyarme en el tiroteo cuyo sonido estaba siendo enmudecido por la tormenta, me di la vuelta y vi a mis cinco compañeros que se lanzaban hacia el interior del almacén, yo miré al anciano y le grité que me siguiera, ambos comenzamos a retroceder sin dejar de disparar a nuestros enemigos, los cuales solo había encontrado la posición de uno. Cuando llegué a la puerta dejé entrar primero al anciano, luego me lancé hacia el interior y cerré rápidamente la puerta con llave, enseguida el anciano se puso a arrastrar lo que parecía un armario para bloquear la puerta. Cuando me di la vuelta para mirar a mis compañeros vi que además de estar mojados también había sangre.
—¿Qué ha pasado?— les pregunté.
—Alguien comenzó a dispararnos, no sabemos desde donde— respondió Rachel apartándose a un lado, fue cuando vi al herido, se trataba de Marcos, este tenía un agujero de bala en el estomago y Jesús estaba haciendo presión. El joven Venezolano no tenía buena pinta.
—Yo solo vi a uno de ellos sobre el tejado, no se donde estaban los demás. Oiga señor…— dije de repente mirando al anciano.
—Morgan— respondió el presentándose.
—¿Hay más puertas además de esa? Quizás esos… sean quienes sean, tratarán de asaltarnos desde varios puntos. Deberíamos asegurar el lugar.
—Ven, acompáñame— me respondió este.
—¿A dónde vas ahora? No olvides lo que hemos venido a hacer— Mouse señaló en ese momento un camión. –Ahí tenemos un camión que podemos cargar, carguémoslo y salgamos de aquí. Que les den a esos de ahí fuera. Cargamos y nos largamos. No vinimos aquí a enzarzarnos en un fuego cruzado.
—Escucha, no sabemos cuan armados van. ¿Quién te dice que no se están guardando lo mejor para el final? Podrían estar esperando precisamente que salgas con el camión para lanzarte un cohete y hacerte saltar por los aires. ¿No habías pensado en eso? Carga el camión si quieres, pero yo voy a asegurar esto para defendernos, por otro lado uno de tus hombres está herido, deberías cuidar de el— en ese momento miré de nuevo al anciano. –Vamos.
*****

Carlos se encontraba junto a sus hombres en un tejado, había ordenado el alto el fuego desde el momento que su hermano había aparecido de repente en la puerta y había hecho entrar a los demás. No quería malgastar balas. Rápidamente se dirigió hacia sus tres hombres.
—Repleguémonos hacia el interior de esta tienda. Tengo instrucciones nuevas que daros.
—¿Ahora sales con esas? Se supone que estamos aquí para darles caza, los tenemos a tiro, podemos entrar ahí dentro y acabar con todos ellos. No se de que coño vas— dijo uno de los hombres, un tipo de color y fornido.
—Escucha, aquí mando yo. Si yo digo que quiero reorganizarme, tú obedeces y callas. Es tan simple como eso, solo hazme caso y punto, vamos.
El hombre hizo una mueca y siguió las ordenes de Carlos a desgana, el pensaba que era mejor atacar sin andarse con demasiadas tonterías.
Entraron en el interior de una tienda que quedaba delante del almacén y Carlos comenzó a hablar ante los tres hombres que lo acompañaban.
—No podemos entrar ahí de cualquier manera y menos después de haber atacado, saben que estamos aquí y aunque no sepan nuestro número ya están avisados. Mi hermano no es estúpido, debe estar esperando ya un segundo ataque.
—Pensé que íbamos a hacer las cosas de otra manera. Deberíamos entrar ahí por la fuerza y acabar con todos sin pensárnoslo tanto. Yo voto por atacar— dijo uno de los hombres, el cual llevaba una gorra de baseball.
—Puedes votar lo que quieras, pero no se hará. Aquí soy yo quien da las órdenes. Como ya he dicho, mi hermano no es tan estúpido como para dejarse pillar… Pero si es lo bastante estúpido como para que se piense que puede ganar— Carlos miró por la ventana hacia la calle y comprobó que la tormenta estaba perdiendo fuerza. –Amanecerá dentro de un par de horas. Atacaremos entonces, la tormenta habrá pasado o simplemente habrá perdido toda su fuerza.
*****

Morgan y yo habíamos asegurado todas las puertas del almacén, todas salvo la más grande, por la que tenía que salir el camión una vez estuviera cargado. Algo que Mouse y Christopher habían comenzado a hacer. Morgan no había puesto pegas en cuanto a ello, se había mostrado muy comprensivo.
Mientras tanto, Rachel y Jesús, acompañados por Vicky, cuidaban de un Marcos que cada vez presentaba peor aspecto. Llegué junto a ellos y lo primero que hice fue abrazar a mi hija y comenzar a hacerle preguntas. Algo que no había podido hacer todavía.
—¿Qué haces aquí? No deberías estar fuera de la ciudad, y menos aquí.
—Quería buscarte. Sabía que ibas a volver, lo había soñado.
—¿Y como está mamá? ¿Cómo están todos?— le pregunté. Necesitaba saber de todos ellos.
En ese momento la pequeña agachó la cabeza, señal inequívoca de que iba a darme malas noticias. –Mamá, David, Sandra y Alicia están bien… Pero tía Luci…
—¿Qué ha pasado con tía Luci?— pregunté, aunque temía la respuesta.
—No se que pasó, pero tía Luci fue a buscarte por que sabía que estabas vivo. Pasaron cosas y de repente me enteré que había muerto.
—¿Y tío Carlos?— pregunté. Aunque aun tenía muy presentes las palabras de Laura y Kimberly, las cuales me decían claramente que Carlos no era de fiar. Había demasiadas cosas que me hacían dudar de mi hermano.
La pequeña agachó la cabeza y luego me miró. –Vi a tío Carlos viniendo hacia aquí con unos hombres. Yo me fui de casa también por que el me pegó.
Lo que la pequeña acababa de decirme comenzó a tomar forma en mi cabeza. ¿Y si eran las siluetas que había visto entre la tormenta? Si era así, era muy probable que fuesen ellos quienes nos estaban disparando. Rápidamente levanté la cabeza y miré a Rachel y a Jesús que hacían esfuerzos por mantener vivo a Marcos, luego miré a mi hija. –Ve a la oficina y quédate ahí, tengo que hacer varias cosas, pero te prometo que nos iremos pronto a casa.
La pequeña asintió y se marchó corriendo a la oficina. Después me acerqué a mis compañeros.
—¿Cómo está?— les pregunté.
—No tiene buen aspecto, si Sheila estuviese aquí sería todo más fácil— respondió Rachel mirándome a los ojos. –No se cuanto tiempo vamos a poder mantenerlo estable. Deberíamos subirlo al camión y largarnos de aquí.
—Pero es arriesgado— respondí todavía pensando en que nuestros atacantes aun no habían sacado toda la artillería, si iban más armados sería un desastre. No podía evitar pensar que podrían dispararnos con un lanzacohetes.
—También es arriesgado quedarnos aquí y dejar que vengan. Te entiendo perfectamente, pero haciendo esto también pones en peligro a tu hija. El camión está ya listo— señaló Rachel. –Subamos y larguémonos, Marcos necesita ayuda.
—Yo no voy en ese camión— dije de repente. –Mi misión aquí ya ha concluido. Ahora me tengo que preocupar por mi hija.
Rachel me miró y asintió. –Tienes razón, si quieres irte ahora no te lo vamos a impedir, puedes atravesar el túnel Abraham Lincoln— miró hacia la oficina y visualizó a la niña en la ventana. –Las cosas se te han complicado, así que debes ocuparte de la niña.
—Gracias— le respondí.
—Escucha, la guerrilla tiene una deuda contigo ahora. Si alguna vez lo necesitas…
—La deuda ya está saldada— respondí cortándole la frase a Rachel. –Aun así habrá que esperar a ver sus movimientos. Debemos crear una distracción para que vosotros podáis llegar también al barco que os espera en el puerto.
—Yo os puedo ayudar con eso— dijo Morgan detrás de mi, cuando lo miré sonrió. –No te preocupes, soy viejo y ya no tengo nada que perder. Creo que he vivido demasiado.
—Aun así no puedo dejarle aquí…— dije tratando de convencer al anciano.
—Escucha, podéis salir de aquí por las alcantarillas. Si las seguís llegareis al túnel Abraham Lincoln.
—Yo no se como ir. Usted si, no pienso dejar que muera por salvarnos, después de haber ayudado a mi hija. Más bien estoy pensando en que sea usted quien se lleve a la niña hacia ese túnel y me esperen. Yo iré en cuanto pueda.
Estábamos planeando nuestros movimientos mientras las horas pasaban y la tormenta amainaba, quedaba muy poco para el amanecer, también el tiempo de Marcos se acababa.
*****

Carlos sacó su mochila y de ella comenzó a sacar granadas de humo que enseguida comenzó a repartir entre sus acompañantes. –Las puertas estarán aseguradas seguramente. No es que no podamos entrar, pero no es seguro. Lanzaremos esto a través de las ventanas y crearemos confusión. Conozco muy bien a mi hermano y se que nos están esperando. Muy bien, que sea lo que tenga que ser, pero mi hermano es para mí.
Con todo listo, Carlos miró de nuevo hacia el exterior y vio que la tormenta ya había perdido fuerza, la bastante como para salir e iniciar el ataque. Quería atacar con todas sus fuerzas y terminar de una vez con todas con su hermano.
Con todo listo comenzaron a salir a la calle, donde sintieron el aire frio y las gotas de agua, miraron al cielo y vieron que estaba comenzando a clarear, pronto el cielo estaría raso y el sol brillaría, eso también haría que los No Muertos tomaran también las calles.
Avanzaron hacia el almacén, una vez junto a la puerta vieron la puerta más grande, por la cual entraban y salían los camiones para cargar y descargar. Iban a lanzar las granadas cuando escucharon el sonido de un motor.
—¿Qué es eso?— preguntó el tipo de la gorra.
Uno de ellos que llevaba una cinta en el pelo se fue acercando a medida que el sonido se iba haciendo más fuerte. Se giró y miró a sus compañeros. –Algo se mueve al otro lado.
De repente la puerta reventó y un camión emergió golpeando al tipo de la cinta en el pelo, el cuerpo de este salió volando y acabó chocando contra la pared que tenía justo detrás, el sonido de su cabeza al chocar contra el suelo fue similar al de un melón al romperse.
El camión torció rápidamente y tanto Carlos como los dos hombres que lo acompañaban saltaron a un lado para impedir ser atropellados. Antes de saltar, Carlos vio al volante de este al mismo tipo que lo golpeo en el callejón.
El camión se alejó por la calle al tiempo que Carlos se ponía de pie y miraba al interior del almacén. Algo ahí no funcionaba. De repente comenzó a escuchar los disparos a su espalda, rápidamente buscó cobertura.
*****

Con el camión alejándose por la calle y la niña con Morgan recorriendo las alcantarillas hacia el túnel de Abraham Lincoln. Yo me había quedado disparando a los dos hombres que tenía a tiro, no veía más además del tipo que había sido golpeado por el camión. Solo tenía la pistola y desde un punto alto al lado de una ventana, había abierto fuego contra dos hombres enormes, uno de color y otro con una gorra de baseball.
Al verlos, me pareció reconocerlos, como si los hubiese visto antes, pero aun así seguí disparando, necesitaba crear una distracción mientras el camión se alejaba.
Las balas de la pistola no tardaron en acabarse y eso pareció que ellos ya lo esperaban, momento que ambos aprovecharon para comenzar su ataque, las balas silbaron cerca de mi y yo volví a bajar de mi posición, fue entonces cuando comencé a escuchar sus gritos.
—Vamos a por ti cabrón, date por muerto. Seguro que no te quedan más balas.
Era cierto, no me quedaban más balas, pero si flechas en la ballesta, corrí agazapado entre los conteiner. Enseguida vi a los dos tipos que entraban apuntando en todas las direcciones en mi búsqueda.
—Se que estás aquí, da la cara. Hemos venido a matarte— decía el de la gorra de baseball, por como se expresaba, parecía que me buscaba exclusivamente a mi.
Sin darle muchas vueltas cargué una flecha y me preparé, me moví un poco hasta que encontré otra cobertura. Me asomé, apunté a uno de ellos y disparé.
La flecha salió silbando y acabó atravesando la cabeza del tipo de la gorra de baseball, a este se le disparó el arma e hirió al que iba a su lado antes de caer de bruces. Seguidamente salí y disparé otra flecha directa a la cabeza del herido, pero fallé.
Me deslicé hacia el y cuando me vio trató de dispararme, pero yo fui más rápido y le disparé una flecha a la mano, cuando me acerqué a el aparté su fusil con el pie.
—¿Quién os envía? Vosotros sois de Manhattan.
—Que te follen. Vas a morir de todos modos.
En ese momento comenzamos a escuchar gemidos, cuando miramos al sitio donde había estado la puerta y por la que había salido el camión vimos aparecer a varios No Muertos que habían sido atraídos por el sonido de los disparos. La tormenta había pasado por completo y ellos ya podían moverse con libertad por la ciudad, ahora venían directos a por nosotros. Le lancé una mirada al herido y luego le quité el fusil, comprobé el cargador y luego también cogí el de su compañero.
—¡No me dejes aquí! Por favor ayúdame.
Pero no le hice caso, con los dos fusiles en mi poder, me di la vuelta y comencé a correr por el interior del almacén, tenía que salir del almacén. No podía usar las alcantarillas por que temía que eso revelara nuestro paradero, si fuese solo por mi me daría igual, pero si nos seguían por las alcantarillas pondría en peligro a mi hija y a Morgan.
*****

Carlos no había querido tomar parte en el tiroteo, sus hombres habían ido a la suya después de lo ocurrido con el camión. Habían ignorado sus órdenes. Vio lo ocurrido desde una distancia prudencial, vio como su hermano acababa con los otros dos tipos y luego desaparecía con la llegada de los caminantes. Estos no tardaron en dar cuenta del tipo grande de color, segundos después vio a su hermano salir por otra puerta y correr por las calles. No era como había planeado, pero así podría darle caza personalmente.
Abandonó su posición y comenzó a correr por la calle mientras los primeros rayos de sol se abrían paso a través de las negras nubes y los gritos del que había sido uno de sus hombres se dejaban escuchar, siendo este devorado por los No Muertos.
Carlos no dejaba de pensar en todo lo que podría haber planeado su hermano allí dentro y en que haría cuando se encontrase cara a cara con su hermano, aun no sabía si decirle algo antes de dispararle para burlarse de el y humillarlo o dispararle directamente, en principio lo que más le interesaba es que su hermano supiese que el era su ejecutor, todo lo que viniese después le daba igual. No le dispararía de lejos, lo arrinconaría y entonces lo mataría, solo así podría disfrutarlo.
*****

Mouse llegó al puerto y aparcó cerca del barco que los esperaba para cargar. Cuando se bajó de la cabina se encontró ni más ni menos que con Grayson y algunos de sus hombres.
—Rápido, cargad esto— les dijo Mouse abriendo la parte trasera del camión de donde salieron Christopher, Rachel y Jesús, estos llevaban a Marcos a cuestas.
—¿Qué le ha pasado a Marcos?— preguntó Grayson mirando el mal estado del joven.
—Le han disparado, no sabemos quien a sido— respondió Rachel.
—¿Y que ha pasado con el otro tío?
—Ya ha terminado su trato, ahora depende de el. Regresará a Manhattan con la niña y su gente. Ahora lo importante es cargar el puto barco y conseguirle ayuda a Marcos. ¿Dónde está Sheila?— preguntó Rachel.
—La ultima noticia que tuve de ella es que estaba en el hospital durante la tormenta, estará bien— respondió Grayson a medida que el y los demás hombres comenzaban a descargar rápidamente el camión.
—No lo digo por eso. Tenemos que traerla para que cure a Marcos— respondió Rachel.
Poco a poco fueron cargando el barco y pronto pudieron marcharse, la misión en Jersey había sido un éxito, aunque uno de los suyos aun estaba en Jersey.
*****
Llegué a la entrada del túnel Abraham Lincoln de Jersey. Nada más llegar me encontré con el anciano junto a Vicky, ella nada más verme corrió a mis brazos y me abrazó.
—¿Ya podemos volver a casa? Mamá se pondrá muy contenta.
—Si, nos vamos de aquí— respondí, entonces miré a Morgan. –Venga con nosotros, ha cuidado de mi hija hasta que me encontró. Se lo debo.
—Si por favor— dijo la pequeña acercándose al anciano y agarrándolo de la mano.
—Eres muy amable, pero no encajaría allí, ya soy demasiado viejo para ello. He estado mucho tiempo solo cuidando de mi mismo. Prefiero seguir así, pero vosotros tenéis vuestra vida allí.
—¿Está seguro?— pregunté. –Yo allí tengo influencia y…
El anciano negó con la cabeza y luego se agachó para ponerse a la altura de la niña. –Se que hemos pasado muy poco tiempo juntos, pero te echaré de menos. Eres una niña muy valiente, tu padre estará muy orgulloso de ti. Cuídate pequeña— entonces la besó en la frente, luego se puso de pie y me miró a mí.
—¿Está seguro de verdad?— le pregunté nuevamente esperando que cambiara de opinión. No me gustaba que aquel hombre se quedara allí solo.
Morgan asintió y me tendió la mano, se la estreché y nos despedimos. –Mucha suerte.
—Igualmente— respondí.
Seguidamente Vicky y yo entramos en el túnel y comenzamos a recorrerlo de nuevo hacia Manhattan, eran poco más de dos kilómetros. Pronto estaríamos en casa otra vez.

Morgan decidió volver al almacén, tenía cosas que hacer, quería reparar la puerta y limpiar la zona. Desde hacía mucho tiempo que no estaba tan contento. Se alegraba de haber conocido a gente que parecía ser muy diferente a todos los maleantes que había visto hasta ese momento. Estaba tan contento que no se dio cuenta de la silueta que aparecía detrás de el, esta lo golpeó y Morgan cayó al suelo con una brecha en la cabeza de la que comenzaba a salir sangre. Cuando trató de ver quien había sido vio a un chico joven que se parecía mucho al padre de la niña.
—Pero… ¿Por qué?— trató de decir el anciano, pero un nuevo golpe le arrancó la vida.
*****
Carlos estaba frustrado y furioso, su hermano había escapado de la muerte gracias a estar acompañado de la maldita niña, con ella allí no podría hacer nada, puede que fuese un asesino, pero no podía matar a la cría. Ella y su hermano se habían marchado por el túnel y aquel anciano era lo único que le quedaba para descargar todo su odio y frustración.
El cuerpo del viejo yacía a sus pies sin vida, le había estado asestando golpes en la cabeza hasta que esta quedó hecha papilla, aunque el segundo golpe había bastado para matarlo.
Carlos apretó los puños y miró hacia Manhattan, era de día y el huracán había pasado.
Todo lo que había hecho no había servido para nada, pero entonces sonrió, quizás aun no había matado a su hermano, podría hacerlo otro día, por otro lado pensó en lo interesante que sería verle la cara a su hermano cuando se enterase de que el había dejado embarazada a Eva, sería muy interesante. Esas ideas hicieron que rompiera a reír a carcajadas junto al cadáver del viejo al que acababa de matar.
*****
Día 14 de Enero de 2010
Día 571 del Apocalipsis…
Manhattan (Zona segura) 08:00 de la Mañana…

Vicky y yo habíamos llegado a Manhattan, ya no llovía y comenzábamos a ver a gente salir de sus casas. Los que me veían caminar con la pequeña de la mano se quedaban con la boca abierta, era como si hubiesen visto un fantasma, aunque lo entendía, yo estaba supuestamente muerto para todos ellos.
Caminé con la pequeña de la mano hasta que llegué al Madison Square Garden, supe que la mayoría estaban allí por que eran lo que decían los demás habitantes. Estaba avanzando con calma cuando escuché un grito de la pequeña.
—¡¡¡¡Mamá!!!!
Rápidamente se soltó de mi mano y corrió hacia delante hasta llegar a los brazos de una joven de melena rubia. Segundos después la pequeña me miraba con una sonrisa al tiempo que me señalaba, detrás de ella vi a Eva con sus ojos azules clavados en mi, seguidamente se llevó las manos a la boca, totalmente sobrecogida por lo que veían sus ojos. Los demás también aparecieron allí, todos dejaron ver la misma expresión de sorpresa. Seguidamente comenzaron a correr hacia mí, las chicas me abrazaban y David me estrechó la mano, mientras eso ocurría, Eva seguía en silencio detrás de ellos tratando de asimilar lo que veía.
—¿Estas?
—Si, aquí estoy— respondí con una sonrisa.
—¡¡¡Oh dios!!!— exclamó Eva al tiempo que se lanzaba sobre mi y me abrazaba a la vez que nos besábamos, se separó de mi y me miró con lagrimas en los ojos. –Creí que estabas muerto.
—Estoy vivo y nunca volveré a daros un susto como ese. Lo siento, no pude regresar antes. Me disculpo ante todos.
—Me alegro de que sigas vivo, de verdad— dijo David dándome una palmada en la espalda. —¿Dónde coño has estado todo este tiempo?.
—Os lo contaré todo a su tiem…
Mi frase se cortó cuando un sonido que venia de más arriba nos hizo mirar al cielo. Se trataba del sonido de un motor. Toda la gente se miraba entre si sin entender que sucedía, justo en ese momento una avioneta cruzó el cielo entre los edificios y acabó desapareciendo. Segundos más tarde nos informaron de que había caído al rio Hudson. Los militares no tardaron en movilizarse y en mandar varios vehículos hacia allí, yo sentí el impulso de ir también.
—¿A dónde vas?— preguntó Eva.
—Voy a ver que ocurre, vuelve y espérame en casa— dije al tiempo que subía a un jeep seguido por David.
Unos minutos después llegamos a los muelles y desde allí vimos la avioneta en medio del agua, y sobre ella había una figura humana haciéndonos señas con una especie de bandera blanca en señal de rendición.
—¿Pero que…?— preguntó David.
—Sea quien sea… No es de Manhattan— respondí mirando al desconocido que nos hacia señas desde lo que quedaba de la avioneta.
¿Quién sería?

sábado, 21 de junio de 2014

NECROWORLD Capitulo 39



Día 13 de Enero de 2010
Día 570 del Apocalipsis…
Carguero prisión…

Desde la celda que Dylan le había dado, Luci observaba el mar embravecido por la tormenta, también veía las olas romper en el puerto. La lluvia, el viento y los truenos se escuchaban con tanta fuerza que habían logrado enmudecer los gritos y los lamentos de los presos, al igual que los gritos de guerra de las distintas bandas que allí habitaban. Se había enterado por Dylan de que algunas bandas andaban en pie de guerra, una de ellas era la banda de las enmascaradas, Luci enseguida supo a quienes se refería, se refería al grupo de mujeres desnudas que habían perseguido a aquel chico y le habían cercenado los genitales. Esas indudablemente eran peligrosas.
En ese momento un rayo cruzó el cielo y cayó en algún lado de la ciudad, justo después hubo un apagón general, quedando esta totalmente a oscuras.
—Mal asunto.
La voz que Luci escuchó en ese momento a sus espaldas la hizo sobresaltarse, se dio la vuelta y se encontró con Dylan, el cual seguidamente se situó a su lado para mirar por la ventana.
—Me has asustado…— luego Luci volvió a mirar a la oscura ciudad. –Las cosas allí se van a poner muy feas. Si falla la luz también fallarán las vallas electrificadas y cualquiera podría entrar, vivo o muerto.
—¿No te parece que te preocupas demasiado por la gente de una ciudad que te ha mandado al mismísimo infierno? Si yo fuera tu rezaría cada noche para que esta ardiera hasta los cimientos— Dylan hizo una pausa y sonrió –De hecho lo hago.
—No me malinterpretes… A mi la ciudad me importa una mierda… pero mis amigos… espero que ellos estén bien. Ya que ellos son mucho más que mis amigos, son mi familia, la única que me queda, por ellos daría la vida— respondió Luci sin dejar de mirar por la ventana, entonces miró a Dylan. —¿Tu no tienes familia allí?
Dylan negó con la cabeza. –Ya no, un día la tuve, pero están muertos.
—Lo siento— dijo Luci mirando a Dylan.
Un nuevo rayo cruzó el cielo seguido de un trueno, señal de que la tormenta esta en su totalidad sobre ellos. Las olas también rompían en el casco del carguero, incluso a veces sentían que este se movía, el oleaje era muy fuerte, en el puerto rompían olas de hasta cuatro metros.
Luci abandonó la ventana dejando a solas a Dylan, salió al pasillo y se cruzó con uno de los hombres que pertenecían al grupo de Dylan, un hombre llamado Warren. Este se paró ante ella.
—¿Dónde esta Dylan?
—Ahí dentro— señaló Luci
Warren entró en la celda y segundos después ambos salieron muy nerviosos, lo que despertó la curiosidad de Luci, la cual comenzó a seguirles, estos hablaban de algo que estaba pasando en los pisos inferiores.
—¿Qué pasa? ¿Qué ocurre?
—Nada, quédate aquí, no es bueno que salgas de aquí. Quédate te digo.
—Al menos dime que pasa— dijo Luci adelantándoles y parándose delante de ellos. –Quiero saberlo.
Warren y Dylan de miraron y entonces Dylan comenzó a hablar. –El puto Dante la está liando otra vez.
Los dos hombres apartaron a Luci y comenzaron a caminar hacia los niveles inferiores, pero Luci en lugar de quedarse quieta, ignoró la orden de Dylan de quedarse allí y comenzó a seguirles.
*****

Jersey…

Vicky ya estaba seca y había vuelto a comer algo, necesitaba estar con fuerzas por si tenía que huir de los caminantes, ya que se encontraba en una zona donde estos deambulaban por todas partes, la seguridad de Manhattan había quedado atrás y no sabía como regresar, aunque se figuraba que tendría que nadar, aunque no le gustaba la idea, ya que se imaginaba que si el agua del túnel estaba fría, la del rio debería estar helada, no quería acabar con hipotermia.
Le dio un bocado a unas galletas que llevaba y las saboreo bien, después volvió a guardarlas, no sabía cuanto tiempo podría pasar allí y no quería arriesgarse a quedarse sin comida demasiado rápido. Justo cuando quería darle un trago a la botella de agua escuchó un ruido que parecía que venia de la calle, era como el sonido de la tapa de una alcantarilla, Vicky se quedó un momento quieta y esperó, justo en ese momento vio una silueta cubierta por un impermeable de color negro, se trataba de un hombre, un hombre que por sus movimientos se notaba que estaba vivo.
El hombre entró en la tienda y Vicky instintivamente le apuntó al tiempo que le gritaba.
—¡¡¡Quieto!!!
El hombre hizo un respingo y dirigió su mirada hacia la pequeña que le apuntaba desde detrás de unos expositores, cuando la vio abrió mucho los ojos, Vicky pudo ver las arrugas de su cara y la poblada barba blanca, sus cejas eran grandes y estaban despeluchadas, debía tener cerca de unos ochenta años.
—¡¡¡¡Quieto!!!!— volvió a gritar Vicky.
El hombre alzó las manos y la pequeña vio la escopeta que sostenía en una de ellas, seguidamente con un gesto, Vicky le indicó que dejara el arma en algún sitio.
—Tranquila pequeña, tranquila— el hombre dejó la escopeta encima del mostrador junto a la caja registradora. –No soy peligroso, mira— el viejo le mostró las palmas de las manos. –Voy a cerrar la puerta para que no entren monstruos ¿Vale?
En ese momento Vicky apretó el gatillo y la bala pasó silbando por el lado derecho del hombre, haciendo que este se apartará hacia la izquierda. Vicky había aprendido que no se podía fiar de nadie tan a la ligera. Seguidamente se levantó y sin dejar de apuntar al extraño caminó hacia la puerta y la cerró mientras apuntaba directamente a la cabeza de aquel tipo, al cual dispararía si intentase algo raro.
—¿Cómo te llamas?— preguntó en ese momento el anciano quitándose la capucha con una mano mientras con la otra ponía la mano delante para indicarle a aquella niña que no le iba a hacer nada. –Yo me llamo Morgan ¿Ves? No estoy armado.
—Tira tu arma hacia mi— le espetó en ese momento Vicky.
El viejo miró hacia su escopeta y hizo lo que la niña le dijo, dejó la escopeta en el suelo y con el pie la empujó hacia Vicky, cuando esta la tuvo a sus pies, se agachó sin dejar de apuntar, cogió la escopeta y le quitó los dos cartuchos que llevaba.
El hombre se quedó sorprendido con la acción de la pequeña, era evidente que eso lo había aprendido de alguien, probablemente no estaba sola, de todos modos, esa niña estaba comportándose como una adulta, le había desarmado y había quitado la munición de la escopeta, luego volvió a clavar la mirada en el.
—¿Cómo te llamas bonita? Mira, no soy peligroso, ya no tengo más armas— el viejo dio vueltas sobre si mismo con las manos en alto para que la pequeña viera que ya no tenía más armas, incluso se quitó el impermeable. –Ya me tienes, pero no dispares, soy un buen hombre.
—Muchos que son malos dicen eso… Ya lo he visto otras veces— replicó Vicky apuntándole a la cabeza sin pestañear, si aquel hombre intentaba algo le dispararía sin dudarlo. –Mi padre y sus amigos me han enseñado muy bien, si disparo no fallaré.
—Ya… Pero tranquila, que no soy una amenaza. ¿Cómo puedo convencerte de que no soy un peligro para ti? Debes confiar en mi palabra, fíjate, solo soy un anciano que vive solo en la ciudad y me desplazo a través de las alcantarillas para no ser visto por esos monstruos, el arma solo la llevo como defensa. Como bien sabes esos monstruos son muy peligrosos… Eres de Manhattan ¿Verdad?
—Si— respondió Vicky, estaba empezando a creer al anciano, pero todavía no iba a bajar la guardia. –Estoy sola, buscando a mi padre.
—¿Tu padre está por aquí?— preguntó el anciano sentándose en el suelo. –No he visto a nadie.
—No… No lo se, pero este es el primer lugar por el que buscaré, al fin y al cabo no puedo volver por donde vine— dijo Vicky con firmeza, algo que sorprendió mucho al anciano.
—Hablas con mucha madurez ¿Cuántos años tienes?
—Doce— respondió Vicky rápidamente todavía con el arma en alto. Lo cierto era que aunque estaba apuntando a aquel hombre, este hacía rato que había dejado de parecer una amenaza, ni siquiera lo había parecido desde el principio, pero tampoco iba a bajar la guardia. –Y me llamo Vicky.
El viejo sonrió y Vicky pudo ver una hilera de dientes amarillentos, enseguida la pequeña comenzó a hacer preguntas. —¿Qué hace usted aquí?
—Suelo venir aquí una vez por semana para comprobar unas cosas, pero vivo en otro lugar donde tengo mucha comida. He estado mucho tiempo acumulando comida y agua.
—¿Y que es lo que viene a comprobar? No creo que venga aquí a por más comida…
—Pues desde aquí tengo una visión perfecta de la única zona por la que se puede acceder a la ciudad. Hace unos días un grupo de gente encontró mi escondrijo y creo que van a volver, aquí los espero para… por así decirlo, obligarles a dar la vuelta.
—¿Sería capaz de matar a alguien? Alguien vivo.
El anciano sonrió nuevamente y luego miró hacia el techo. –No, nunca. Solo he disparado contra No Muertos, aunque ellos ya están muertos. Nunca he disparado contra personas vivas y nunca lo haría.
—Todos lo hacemos en algún momento— respondió Vicky con tono sombrío.
El anciano iba a preguntar si ella había disparado contra alguien, pero temió tanto la respuesta que se abstuvo de hacer la pregunta, el manejo del arma por parte de la niña y la firmeza con la que la sostenía indicaba que no solo había disparado, si no que lo había hecho con intención de matar, eso era impensable antes. En ese momento el anciano la miró y Vicky se dio cuenta de que en los ojos de este comenzaban a llenarse de lágrimas.
—¿Por qué llora? ¿Qué le ocurre?
El anciano se sacó lo que parecía un pañuelo del bolsillo y luego se lo pasó por la cara para limpiarse las lagrimas. –No, no es nada. Solo que al mirarte me acuerdo mucho de mi nieta, se te parecía mucho y tenía un par de años más que tu.
Eso llamó la atención de Vicky. —¿Cómo se llamaba su nieta?
—Se llamaba Nina. Era todo lo que tenía antes de esto, sus padres murieron en un accidente de coche cuando ella era muy pequeña. Mi mujer y yo nos hicimos cargo de ella desde entonces, cuando mi mujer murió me quedé a solas con ella…— el hombre rompió a llorar. –Pero ella también ha muerto.
—¿Se ha convertido?— preguntó Vicky con voz firme. El anciano asintió y se cubrió la cara con las dos manos para que Vicky no lo viera llorar, entonces Vicky agachó la cabeza al mismo tiempo que dejaba de apuntar. –Mis padres de verdad también han muerto.
—¿Entonces buscas a tu padre adoptivo?— preguntó el anciano.
Vicky asintió y luego con el arma ya bajada sonrió. –Se llama Juanma, muchos piensan que ha muerto, pero yo se que sigue vivo en algún lugar y lo quiero encontrar para llevarlo a casa con mi madre y sus amigos.
—Eres muy valiente viniendo hasta aquí tu sola. Si tu quieres, cuando la tormenta amaine un poco puedo acompañarte en esa búsqueda, pasaremos por el almacén, cogeremos la comida que necesitemos y partiremos. No puedo dejar que lo hagas tu sola.
Vicky se quedó mirando al anciano y sonrió. –Me parece bien, realmente creo que puedo fiarme de usted, no me parece peligroso, pero no puedo esperar a que pase la tormenta.
—¿Por qué?— preguntó Morgan.
—Mi tío y unos hombres están aquí… Mi tío es un hombre malo y creo que quiere hacerle daño a mi padre, por eso quiero encontrar a mi padre antes que el. El que mi tío esté aquí es una pista de que puede que mi padre esté por aquí también.
Vicky y Morgan siguieron hablando hasta tarde, finalmente ambos se quedaron dormidos en el interior de aquella tienda mientras la tormenta estallaba con toda su fuerza.  Hubo un momento en el que Morgan se despertó y se quedó mirando a la pequeña, le parecía preciosa, tanto que había decidido cuidar de ella a cualquier precio. Se levantó y con unas mantas que había encontrado  la cubrió para que no tuviera frio. La despertaría dentro de una hora para ir hasta el almacén donde habitualmente vivía el, cuando la tormenta pasara, la llevaría de vuelta a Manhattan, lo haría cogiendo una de las barcas que había en el puerto.
*****

Carlos y sus hombres se habían refugiado en el interior de una tienda de video y sonido. Carlos se había situado delante del escaparate para tener una visión perfecta de la entrada al túnel. El grupo de su hermano debía salir por allí en cualquier momento, no quería perdérselo. En ese momento vio algo que se movía en la boca del túnel, pronto vio seis siluetas. Ese indudablemente era el grupo de su hermano.
—¿Son esos?— preguntó una voz a sus espaldas. –Pues andando.
Carlos se dio la vuelta y vio como el hombre que estaba a su mando se encaminaba hacia la puerta para salir, pero Carlos se apresuró a ponerse delante. —¿Dónde se supone que vas?
—Se supone que hemos venido aquí a cargárnoslos. Están ahí, démosles caza y volvamos a casa. Los tenemos ahí mismo— dijo el sicario señalando hacia la puerta.
—Yo estoy al mando y tú harás lo que yo te diga. Además… Ellos buscan un almacén con comida. Esperaremos a que lo encuentren y entonces acabaremos con ellos. ¿Comprendéis lo que quiero?— Carlos miró uno por uno a sus acompañantes. –Si encontramos ese almacén y llevamos la comida a la ciudad seremos recibidos como héroes.
Los que seguían a Carlos se miraron y finalmente decidieron esperar. Carlos volvió a mirar por la ventana y los vio alejarse hacia un punto fuera de su campo de visión, seguramente estarían buscando un lugar donde pararse a descansar y reorganizarse. Conocía muy bien a su hermano y sabía muy bien como estaría pensando, y Carlos se le iba a anticipar, el también debía reorganizar a su grupo.
—Muy bien, vamos a preparar un plan de ataque.
*****
Salimos del túnel y enseguida la lluvia torrencial caía sobre nosotros, teníamos que refugiarnos cuanto antes para reorganizarnos. Avanzamos por las calles oscuras, el viento estaba en nuestra contra y nos ponía difícil lo de caminar. Rachel iba por detrás de mi y hubo un momento que se tropezó, rápidamente la ayudé a ponerse en pie.
—Gracias— dijo ella.
—Ahí hay una tienda de antigüedades— dijo Mouse dándose la vuelta para mirarme, aunque su voz apenas se escuchaba debido al rugido de la tormenta, tuvo que alzar la voz para que pudiera escucharle, también comenzó a hacerme gestos.
Yo asentí y los seis comenzamos a correr hasta donde señalaba Mouse, una vez cruzamos la puerta que estaba entre abierta encendimos las linternas y alzamos las ballestas. No las había manejado nunca, pero no parecía complicado.
Una vez dentro Rachel cerró la puerta y se dirigió a una mesa central donde desplegó un mapa de Jersey, todos nos reunimos alrededor del mapa y ella comenzó a dar explicaciones junto a Mouse, yo los guiaba por mi experiencia con No Muertos, pero desde luego ellos dos eran los grandes expertos en ese tipo de incursiones.
—Nos encontramos aquí— Rachel hizo un circulo rojo con un rotulador –Debemos recorrer cuatro manzanas para llegar hasta ese almacén, no es un camino demasiado largo, pero con esta tormenta… nos costará avanzar por culpa del temporal, quizás deberíamos esperar a ver si la tormenta amaina un poco, pero tampoco tenemos demasiado tiempo.
—A eso le añadimos el problema de los caminantes, el tiempo los afecta y son tan flojos que el viento los tumbará, pero aun estando en el suelo, si no los vemos y pasamos por su lado nos podríamos llevar un mordisco— añadió Mouse.
—Bueno, antes que nada, si vamos a esperar aquí será mejor que comprobemos que este lugar es seguro— les sugerí mirándolos a todos. –Yo voy ¿Quién me acompaña? Necesitaré a alguien que me cubra las espaldas.
—Voy yo— dijo Christopher levantando la ballesta.
—Muy bien, vamos— le dije haciéndole un gesto con la cabeza. Hacía rato que había divisado una vieja puerta detrás de una estantería llena de figuras muy viejas.
Christopher y yo avanzamos hacia la puerta alejándonos de los demás y la abrimos con cuidado, alumbramos con las linternas y descubrimos un pasillo largo en el que había cuatro puertas en total.
—Si pasa algo dadnos un grito— dijo Rachel antes de que desapareciéramos por el pasillo. Yo asentí y dejé la puerta abierta por si teníamos que salir corriendo. Los demás se quedaron escuchando las indicaciones de Rachel.
*****
Manhattan… (Zona segura)

Eva estaba junto a Sandra, Alicia y Yuriko cuando la luz volvió tras un zumbido, todos los presentes en el lugar alzaron la vista al techo del estadio. El que la luz hubiese vuelto al menos en el estadio era señal de que David había logrado lo que se proponía. Algunos de los presentes comenzaron a vitorear en alto el regreso de la luz, al menos en el estadio, el resto de la ciudad estaba a oscuras, no podrían hacer nada hasta que no pasara la tormenta, además, tampoco era seguro que la del estadio se mantuviera, podía volver a irse en cualquier momento.
No pasaron ni diez minutos cuando David volvió a entrar por la puerta, por la misma que había salido hacía rato, iba totalmente empapado de los pes a la cabeza, enseguida Yuriko y Eva corrieron a recibirlo.
—¿Cómo te ha ido?— preguntó Eva. –Ha sido bastante rápido— entonces se fijó en la pistola que llevaba, David se percató de ello y miró a Eva.
—Por suerte no he tenido que usarla. No os imagináis lo jodido que está el tiempo ¿Todo bien aquí?— preguntó David mirando a sus compañeras.
—Ha habido un par de discusiones, pero nada que deba preocuparnos— respondió Eva.

Desde la distancia, Sandra acariciaba a Yako mientras Alicia acunaba al pequeño Cristian, el cual ya estaba mayorcito, tenía cerca de los dos años y con el tiempo se estaba pareciendo más a su padre, algo innegable y de lo que todos los que lo conocían se habían dado cuenta.
—¿Por qué no vas a decirle algo?— preguntó Sandra mirando a Alicia. –El metió la pata y se arrepiente de ello, no podéis estar así, deberíais hablar.
—Llevo tiempo pensándolo, pero no es fácil, me sentí muy traicionada cuando se lió con la tía esa… La tal Johana… Pero supongo que eso debemos arreglarlo, Cristian estaba viéndolo como un padre y lo que mi hijo necesita es precisamente eso. Ahora que podemos permitirnos ser felices aquí.

David volvió junto a ellas acompañado por Yuriko y Eva. Enseguida acudió allí un militar con una muda de ropa que enseguida le entregó a David, el cual la cogió rápidamente.
—¿Dónde puedo cambiarme?
—En los vestuarios, allí podrás hacerlo sin que nadie te moleste— respondió el soldado.
David asintió y se encaminó hacia ellos, una vez dentro cerró la puerta detrás de el y comenzó a quitarse la ropa, sonrió ante la idea de que de repente volviese a irse la luz y este se quedara allí a medio vestir, podría ser divertido a la vez que embarazoso.

—¿Por qué no vas ahora?— preguntó Sandra mirando a Alicia. –Yo me quedo con el niño, ve y solucionad las cosas. Alicia sonrió y miró a su amiga, luego le dejó al niño y se levantó con una sonrisa para encaminarse hacia los vestuarios, una vez allí se coló y volvió a cerrar la puerta, eso hizo que David se sobresaltara.
—Casi me da un ataque. Deberías haber llamado antes.
—Lo siento, necesitaba hablar contigo— respondió Alicia con una sonrisa.
David supo enseguida a lo que se refería y agachó la cabeza apesadumbrado por lo que había ocurrido aquella vez con Johana, no había día que no se arrepintiese de ello, ese incidente había hecho mucho daño a una persona muy importante para el, Alicia lo era.
—No merezco ni mirarte a la cara, la cagué Ali, la cagué mucho. No se ni porque ocurrió, solo se que me siento como una mierda desde entonces. Te fallé… Han pasado demasiadas cosas y no te merecías ese palo tan grande… Así que te pido disculpas, aunque realmente no merezco tu perdón.
Alicia no dijo nada, caminó hacia David hasta que sus cuerpos se tocaron, David iba a decir algo más, pero Alicia pronto lo calló con un beso en los labios mientras rodeaba el cuello de este con los brazos, cuando se separaron, ambos se sonrieron mutuamente.
—Fuiste un idiota, eso es verdad, pero eres demasiado importante para mí como para perderte por esto, metiste la pata… Si… Pero quiero que solucionemos las cosas, quiero que seamos los padres de Cristian y le demos el calor de una familia. Seamos felices aquí— dijo Alicia mientras las lagrimas recorrían sus mejillas. David pasó sus dedos por sus mejillas y sintió la humedad de las lagrimas, seguidamente volvió a besarla.
—Nunca más volveré a hacerte daño. Cuidaré de vosotros siempre. Te quiero.
Volvieron a besarse apasionadamente, finalmente acabaron siendo uno sobre unas colchonetas que había amontonadas en una esquina de los vestuarios.
*****
Jersey…

Morgan despertó a la pequeña, ella ya confiaba en el y no puso muchas pegas a la idea de abandonar la tienda para ir al almacén, ya que ella se había quedado dormida y aquel hombre ni le hizo nada ni la desarmó, ni siquiera recuperó su arma. Definitivamente si ese hombre fuese peligroso ya se la habría jugado, la realidad era que ese hombre era muy buena persona.
Salieron de la tienda y se quedaron bajo la lluvia, Vicky vigilaba mientras el anciano Morgan abría la tapa de la alcantarilla.
—No está lejos de aquí, pero para más seguridad nos desplazaremos por las alcantarillas— dijo el anciano mirando a la pequeña que rápidamente asintió. No tardaron ni un minuto en quedar a cubierto bajo las calles de Jersey.
—¿Tienes alguna linterna?— preguntó Morgan en la oscuridad.
—Si— respondió Vicky, segundos después un haz de luz los alumbró a los dos al igual que la alcantarilla. Allí dentro hacia frio y la pequeña se lo hizo saber al anciano, el cual enseguida se quitó el abrigo que llevaba para ponérselo por encima a la niña.
—¿Mejor ahora? Solo tenemos que caminar un poco y podremos estar calientes en el almacén. Te prepararé también un plato de sopa caliente.
—¿Cómo? No hay luz— respondió Vicky con una mueca que mostraba incomprensión.
—Eso es cierto, pero no te preocupes, ya que aprovecho unas placas solares. Así dispongo de luz cuando quiero. ¿Sabes lo que son placas solares?
—Claro que lo se— respondió Vicky un poco ofendida.
El anciano levantó las manos y sonrió. –Vale, vale. No te enfades… Bueno vale, vamos hacia allá.
Con todo claro ya, ambos se pusieron en marcha hacia el almacén. No tardaron ni quince minutos en llegar, nada más entrar en el almacén a través de las alcantarillas la pequeña se percató del ambiente del lugar, estaba muy limpio y no olía mal como creyó en un principio, era evidente que aquel hombre lo cuidaba muy bien.
Una vez en el almacén el hombre la llevó por unas escaleras hasta una oficina con una ventana desde la que se veía todo el almacén y los montones de cajas de alimentos y de conteiner frigorífico donde seguramente se guardaban piezas de carne.
La oficina estaba provista de una mesa con un ordenador viejo y lleno de polvo, también había dos estanterías con varias carpetas de archivos. También había un sofá que parecía muy cómodo, seguramente la cama de aquel hombre. En un rincón había un pequeño mueble sobre el que descansaba un microondas con una maquina de café al lado.
—Siéntate mientras te preparo la sopa— le indicó el anciano mientras encendía la luz.
Vicky se sentó en el sofá y se quedó observando al anciano como sacaba de un armario una cazuela llena de caldo, seguidamente sacó un plato y con una gran cuchara comenzó a llenarlo, cuando ya estuvo lleno lo metió en el microondas y comenzó a calentar la sopa.
—Muchas gracias— dijo la niña. –Siento haber desconfiado de usted.
—No lo sientas— respondió el anciano. –Soy ya muy viejo y se como son estas cosas, esta bien que no te fíes así a la ligera de nadie. El mundo está lleno de gente mala. Haces muy bien y eres una niña muy valiente. Tu padre debe estar muy orgulloso de ti.
En ese momento el microondas se paró y el anciano sacó el plato, luego se lo ofreció a Vicky. –Que aproveche pequeña.
Enseguida Vicky comenzó a comer, hacia días que no comía nada caliente y aquella sopa le estaba sabiendo a gloria, realmente había tenido suerte de encontrarse con aquel hombre.
*****
Christopher y yo habíamos investigado todo el lugar y no vimos nada extraño ni a ningún caminante, cuando volvimos junto a los demás, estos ya estaban preparados para salir hacia el almacén donde deberíamos conseguir los alimentos.
—Muy bien, es hora de irnos ¿Nada inusual?— preguntó Rachel.
—Supongo que te refieres a nada raro, pues no, nada, todo tranquilo. Solo cuartos llenos de trastos, lo normal en un sitio de estos— respondí.
—Muy bien, ahora si, nos vamos al almacén— dijo Mouse mirándome. –Ya te queda menos para volver con los tuyos y los demás fascistas— dijo refiriéndose a los que mandaban en la ciudad.
—Cuando esto acabe haré lo necesario para que esta estúpida guerra de bandos termine. Lo tenía pendiente antes de “morir”— respondí sonando más irónico en la palabra morir.
—Bueno, eso que quieres hacer es digno de aplauso y también es una demostración de que eres diferente a los de arriba, pero… Y no quería decirlo antes, pero no te hagas demasiadas ilusiones, puedes intentarlo si quieres, pero el ambiente tanto arriba como abajo está muy caldeado, los de arriba en su totalidad no quieren convivir con los de abajo y muchos de los de abajo no quieren vivir con los de arriba, las cosas son así, hay demasiada intolerancia.
—Esa intolerancia quiero cambiarla, cuando vuelva a mis obligaciones de líder pondré toda la carne en el asador. Si queremos empezar de cero y corregir los fallos que hemos tenido, no podemos seguir así. Las cosas deben cambiar si o si.
—Admiro tu forma de ser y me gusta lo que dices, pero las cosas entre los bandos son mucho más jodidas de lo que piensas. No todos ahí abajo formamos un único grupo, debes saber que hay varias facciones que Papá Angelito ha logrado mantener calmadas, pero eso es como el tiempo, nunca va a estar siempre tranquilo. Si quieres un consejo… Yo personalmente cogería a mi gente y me largaría cuanto antes de esa maldita ciudad.
—Mi gente está feliz en esa ciudad, sacarlos de ahí sin saber a donde ir… Además, Graham se ha portado muy bien con nosotros.
—No dudo que Graham se haya portado tan bien con vosotros, pero eso no significa nada. Ese hombre solo se guía por sus propios intereses. Te darás cuenta con el tiempo— sentenció Mouse.
Acababan de sembrar en mi la duda de si estábamos en el sitio correcto, una duda más que se sumaba a las que ya tenía con mi hermano, del que me habían dicho que no me fiara y a las que ya tenía con Eva y su supuesta relación con mi hermano. No sabía donde estaba la línea entre lo real y lo no real, lo que me hacía comerme mucho la cabeza.
Si lo de que la ciudad no era buen lugar era cierto, no habría más remedio que dejarla atrás y salir de nuevo al exterior, a un mundo lleno de mala gente y millones de No Muertos, cualquier opción parecía ser un error, lo que me hacía sentirme entre la espada y la pared.
Alejándome de mis pensamientos y dudas nos preparamos y salimos de la tienda. De nuevo bajo la tormenta comenzamos a recorrer la calle. El huracán era tan fuerte que nos retrasaba mucho, en muchas ocasiones teníamos que pararnos para descansar en algún sitio cubierto.
Nos encontrábamos en la entrada de un edificio descansando y pasando frio cuando me pareció ver unas siluetas moviéndose a unos cien metros de nosotros, pero era muy difícil asegurarlo.
—Creo que he visto algo a unos cien metros— les dije a mis cinco compañeros.
—¿Qué era?— preguntó Jesús
—Siluetas, creo que eran personas— respondí mirando hacia el lugar donde supuestamente había divisado a esas personas. Lo cierto era que iban muy juntas.
—Serian caminantes, no hay de que preocuparse, debemos seguir adelante y solo preocuparnos por lo que nos encontremos por delante, de lo que se quede a nuestras espaldas no debe preocuparnos, además, lo más seguro es que hayan sido imaginaciones tuyas.— dijo Mouse.
Sin dar más importancia a lo que acababa de ver seguimos adelante, pero yo no podía dejar de darme la vuelta, lo que acababa de ver no me cabía duda de que era real y que no eran caminantes, allí había alguien más, pero en esos momentos ya no se veía nada y mis compañeros no iban a prestar atención, ya nos encontrábamos relativamente cerca del almacén.
*****
Carlos y los suyos habían salido de su refugio y habían comenzado a seguir al grupo de su hermano. Lo estaban haciendo con cierta cautela y manteniendo siempre la distancia, aprovechando así la tormenta y camuflándose en ella.
Carlos tenía muy claro lo que quería hacer, no atacaría hasta que estuvieran en el almacén, ya que quería hacerlo todo bien. Lo que más veía Carlos en su mente era que su hermano, pronto estaría muerto de verdad e iba a ser el quien lo mataría, su muerte traería varias cosas positivas, pronto se apoderaría de todo aquello que su hermano poseía.