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sábado, 31 de mayo de 2014

NECROWORLD Capitulo 36



Día 10 de Enero de 2010
Día 567 del Apocalipsis…
Manhattan… zona segura. 12:00 de la mañana.

Carlos llegó a casa de Eva nuevamente, justo cuando iba a abrir la puerta con su llave, esta se abrió de golpe y ella casi se dio de bruces con el. Se retiró de un salto hacia atrás y se quedó mirando a su cuñada a los ojos, esta estaba nerviosa, casi desesperada. Carlos iba a preguntarle que le pasaba, pero entonces esta lo apartó de un empujón y cerró la puerta dando un portazo, seguidamente Eva comenzó a recorrer el pasillo sin mediar palabra con el, este salió detrás y le cogió del brazo.
—¿Me quieres explicar que coño está pasando? ¡¡¡Eva!!!— Carlos le dio la vuelta para que lo mirara, momento que Eva aprovechó para asestarle una sonora bofetada. Carlos no entendía nada.
—Todo esto es culpa tuya. La niña se ha ido por tu culpa— respondió Eva.
—¿De que coño me estás hablando? ¿Qué pasa con la niña?— preguntó Carlos parándose delante de Eva para pedirle explicaciones, esta enseguida le empujó varias veces.
—La niña estaba mal por que le habías pegado y se ha largado, ha cogido ropa y mí pistola y se ha marchado por la escalera de incendios, voy a buscarla.
—Te acompañaré…
Eva pasó de el y se dio la vuelta. –Ya has hecho bastante… si quieres hacer algo de provecho, recoge tus cosas de mí casa y márchate. No volverás a hacer daño a mí hija.
Eva volvió a darse la vuelta y desapareció bajando por las escaleras, alejándose de el. Carlos se apoyó en la pared y se pasó la mano por la cara, se dio cuenta que estaba sudando. Estaba volviendo a ocurrir, su familia se estaba desmoronando sin que el pudiese hacer nada. Estaba perdiendo a Eva y  a la niña.

Día 15 de Junio de 2008
Puzol…

Carlos estaba de los nervios, ni su hermano mayor ni su padre estaban en casa, justo en el momento que los militares estaban pasando casa por casa para llevarlos a la placeta de Santa Marta, desde  la cual los evacuarían hacia un lugar seguro. Lo que había sido un día normal como otro cualquiera acababa de convertirse en una pesadilla. Todo el mundo hasta ese día sabía lo de esa especie de nueva gripe y que esta había llegado a Valencia también, pero después pasó lo de las noticias en Canal 9, donde aquella periodista había muerto, era lo único que había podido ver… pero ahora, la situación había tomado un nuevo rumbo, inquietante a la vez que interesante. Se había metido en internet y había visto multitud de blogs y foros donde hablaban de cosas imposibles, cosas que no podían ser… ¿Muertos que caminan? ¡Menuda estupidez! Pensó, pero a medida que las horas transcurrían y sucedían cosas, Carlos comenzó a pensar que quizás no fueran chorradas.
—¡¡¡Carlos!!!— su hermano Sergio lo llamó desde la puerta de su habitación. –Tenemos que irnos ya.
Carlos apagó la pantalla, el ordenador seguía encendido, pensaba que volvería tarde o temprano a su casa y podría apagarlo bien, quizás su padre o su hermano mayor volverían a casa y ellos lo harían, luego se reunirían con ellos allá donde quisiese que los llevaran. Salió de la habitación y se encontró con su madre con cuatro maletas preparadas.
—Mamá, dijeron que solo lo indispensable y tú te llevas media casa a cuestas. Deja aquí las maletas, pero su madre no lo quería escuchar, no quería dejar nada en casa. –Las cosas se están poniendo muy feas.
Justo en ese momento varios helicópteros se dejaron escuchar, al oírlos, Carlos salió corriendo al balcón y miró hacia arriba, estaba atardeciendo y el cielo había tomado un tono anaranjado, pero había algo más, una tonalidad roja, producto de las columnas de fuego que se alzaban entre algunos edificios. Más helicópteros pasaron por delante del balcón a poca altura, Carlos pudo fijarse en las expresiones de los militares, parecían asustados e inquietos, también vio como un soldado le hacía señas desde uno de los aparatos, parecía que le estaba indicando que se largara de ahí.
Carlos iba a hacer caso cuando se dio cuenta de lo que ocurría en la terraza de una casa que había al otro lado de la calle. Un grupo de cinco personas salió corriendo, aunque solo los dos primeros hicieron señas, los otros tres se abalanzaron sobre ellos y Carlos vio lo que se había visto en televisión, los segundos se abalanzaron sobre los primeros y comenzaron a morderles, Carlos enseguida vio la sangre brotar de los boquetes que les habían hecho en el cuello.
—¿Qué pasa?— preguntó su madre tratando de salir al balcón, pero Carlos se dio la vuelta y la empujo hacia el interior de la casa para impedir que viera la desgarradora escena.
Dejaron las maletas y solo llevaron unas mochilas con comida y agua que también tenían preparada, Carlos, Sergio y su madre comenzaron a bajar las escaleras a toda velocidad, casi saltando los escalones. Cuando llegaron a la calle vieron a mucha gente que huía por la calle, también había multitud de personas que habían dejado los coches de cualquier manera en la calle, provocando así un pequeño atasco. Aun así la gente avanzaba, algunos daban codazos a otros, incluso Carlos recibió el codazo de un hombre que pasó corriendo por su lado.
Llegaron por fin a la avenida que había que cruzar para llegar a la calle Ildefonso Fierro, lugar donde estaba ubicada la placeta de la iglesia Santa Marta, allí podrían subir a un helicóptero y marcharse de allí a donde fuese. Cruzaron a paso rápido la avenida y se metieron en medio de una multitud, la gente se empujaba y gritaba, hubo un momento que Carlos se quedó separado de su madre, solo su hermano Sergio permanecía a su lado.
Los dos la llamaron y finalmente dieron con ella, estaba a unos veinte metros de ellos entre la multitud, quisieron avanzar y llegar hasta ella, pero era imposible.
—¡¡¡¡Mamá!!!! Sigue y sube al helicóptero, nosotros te seguiremos después— le gritó Carlos, no sabía si su madre lo estaba escuchando, pero si lo hizo, ella le asintió.
—¿Qué hacemos ahora?— preguntó Sergio mirando a su hermano.
—Trataremos de alcanzar los helicópteros por otro lado— respondió Carlos.
Carlos y Sergio volvieron sobre sus pasos, tenían que salir de entre la multitud cuanto antes, necesitaban alcanzar a su madre cuanto antes, no querían que se preocupara en exceso. De repente vieron más helicópteros que iban sobrevolando la carretera Barcelona en dirección a la salida del pueblo, fue en ese momento, sin que nadie se lo esperara, unos proyectiles comenzaron a salir de los aparatos, no tardaron en escucharse las explosiones. Otro ruido llamó la atención de los dos hermanos, al igual que la de los que les rodeaban. Los helicópteros que evacuaban  estaban despegando, seguidamente escucharon disparos que venían de la placeta, justo en ese momento la gente comenzó a golpearse y a empujarse, queriendo huir en la dirección contraria a la que pretendían ir.
Carlos se había quedado en estado de shock, pero fue Sergio quien lo trajo de vuelta, lo zarandeó y le gritó a la cara. –Tenemos que salir de aquí, no nos podemos quedar. Si nos quedamos estaremos muertos.
Carlos volvió en si y miró a Sergio. –Volvamos a casa y allí planearemos que hacer y el como alcanzar a mamá.
Carlos y Sergio volvieron hacia su casa, subieron rápidamente los escalones, cuando llegaron a su rellano se dieron cuenta que la puerta de su casa estaba abierta, pero no le dieron importancia, la cruzaron y la cerraron rápidamente. Tenían que organizarse y planear sus siguientes pasos, la situación se había complicado muchísimo, nada de lo que estaba ocurriendo tenía sentido.
Carlos se sentó en el sofá mientras Sergio se quedaba en la puerta pensando en que hacer, quería reunirse con su madre cuanto antes. –No te sientes en el sofá y piensa en algo.
—Cállate, no me agobies. Hago lo que puedo— respondió Carlos lanzándole una mirada furiosa.
—Pues no lo parece, ahí sentado no solucionas ni piensas nada que nos valga la pena, no sabemos donde está mamá. Si le pasa algo a ella te culparé.
La paciencia de Carlos se vino abajo en ese momento, se levantó de golpe del sofá y caminó directo hacia su hermano con intención de golpearle, justo cuando iba a hacerlo escucharon un ruido que venía del baño.
—¿Qué es eso?— se preguntó Carlos mirando hacia la puerta del baño, luego miró a Sergio y pensando que podría ser uno de esos seres que ya había visto. Alargó la mano y cogió una figura de cristal que había en un mueble, la usaría como arma si era necesario. Luego miró a su hermano. –Tira delante y abre la puerta, cuando lo hagas hazte a un lado y entonces si sale algo lo golpeare hasta matarlo.
—¿Matarlo?— preguntó Sergio. —¿Matarías a una persona?
—A una persona no, eso ya no son personas— respondió Carlos.
Carlos parecía haber cambiado, lo notaba diferente, era como si todo lo que estaba sucediendo lo hubiese afectado demasiado. Había cambiado de golpe. Aun así seguía siendo su hermano.
Carlos se acercó más a la puerta y Sergio lo miró, entonces sin perder tiempo cogió el pomo, lo giró y empujó la puerta, Carlos iba a lanzarse al interior a golpear al ser, pero no había ningún monstruo, el único que estaba en el cuarto de baño era su padre. Este estaba dentro de la ducha sentado con una toalla envolviendo su brazo, esta había tomado una tonalidad roja, al verlos los miró y sonrió.

Los dos hermanos no se lo pensaron dos veces y ayudaron a su padre a levantarse. Carlos había notado que no tenía buen aspecto, pero era su padre y debía ayudarle.
Lo llevaron hasta su habitación y lo tumbaron en la cama, enseguida su padre comenzó a hacer preguntas, quería saber donde estaba su mujer, pero ni Carlos ni Sergio respondieron ¿Cómo iban a decirle a su padre que habían perdido a su madre entre la multitud y que no sabían en que estado estaba actualmente? Sin embargo, Carlos si que tenía cosas que preguntarle.
—¿Cómo te hiciste esa herida? —Su padre no respondió, se limitaba a mirar a su alrededor tratando de encontrar a su esposa, pero esta no aparecía por ningún sitio, Carlos tuvo que cogerle de las mejillas y hacer que este lo mirara a los ojos. –Quiero que me digas como te ha ocurrido eso— Carlos señaló la herida.
—Me mordió un niño que encontré en la carretera cuando venía hacia casa. Las calles están llenas de militares. No se bien que está pasando— respondió su padre entornando los ojos. Parecía que estaba apunto de perder la consciencia.
Carlos le tocó la frente a su padre y enseguida miró a Sergio con una cara de preocupación que su hermano menor no había visto. –Tiene mucha fiebre, ve a la cocina y llena un cubo de agua fría.
—Voy
Sergio salió de la habitación y corrió hacia la cocina. Una vez allí sacó varios trapos de un cajón y también comenzó a llenar un cubo de agua fría. Mientras esperaba escuchó un ruido que venía de la calle a la que daba su balcón. Atraído por el sonido, Sergio caminó a paso rápido hacia el balcón y se asomó, lo que vio le heló la sangre.
En las calles se había organizado una autentica batalla. Un grupo de militares que habían llegado por una de las calles habían comenzado a disparar contra un grupo de personas que avanzaban entre los coches abandonados, estos, aun siendo alcanzados por las balas no se paraban, todo lo contrario, seguían corriendo. Casi estaban alcanzando a los militares, incluso algunos soldados emprendieron la retirada, pero no tuvieron suerte, otro grupo de personas los sorprendió por la retaguardia. Los militares se defendieron como pudieron, disparando toda la munición que poseían, pero los disparos no tardaron en desaparecer para dar paso a los gritos.
Los gritos eran tan angustiosos y desgarradores que Sergio tuvo que cubrirse los oídos, pensó en llamar a Carlos, pero cuando se dio la vuelta se lo encontró allí, con la mirada clavada en la calle, observando la matanza.
—Esto es…— A Sergio no le salían las palabras.
—Cuando papá se mejore nos iremos de aquí— dijo Carlos sin apartar la vista de la calle.
—¿Y que haremos si no mejora?— preguntó Sergio, había visto a su padre demasiado mal como para recuperarse de la noche a la mañana, de hecho tardaría muchísimo más.
—Tiene hasta mañana por la mañana para ponerse bien… si no, nos largaremos de aquí sin el.
—No puedes dejarlo aquí, lo condenaras a muerte.
—Estaremos condenados a muerte de todos modos si cargamos a cuestas con el. Ya has visto lo que han hecho con los militares— Carlos cogió a Sergio de la cara y lo obligó a mirar a la calle, de nuevo hacia la escena. –Nos matarán si nos cogen.
—¿Y mamá? ¿Y Juanma? ¿Pretendes dejarles tirados?
—Si mamá está viva la encontraremos… en cuanto a Juanma… el ya nos ha dejado tirados a nosotros. Si no está muerto habrá huido. Sería lo más lógico. Ahora estamos por nuestra cuenta.

La noche fue pasando, ninguno de los dos pudo conciliar el sueño, el pueblo entero se había convertido en una zona de guerra. No había silencio, todo eran disparos y explosiones, lejos o cerca, pero continuadas. Aunque llegó un momento que estas fueron disminuyendo gradualmente hasta que desaparecieron por completo. También había desaparecido el sonido que producían los helicópteros, lo que significaba que ya no sobrevolaban el pueblo. Además de todo eso, otro de los motivos por los que Carlos no podía dormir era por el calor, era sofocante. También tenía que cambiarle los trapos de la frente a su padre. También era momento de cambiarle la toalla del brazo que envolvía la herida, cuando Carlos la retiró se dio cuenta de que esta tenía muy mala pinta y despedía un olor extraño, nauseabundo, no cabía duda de que estaba infectada, el tono negro que había tomado tampoco era buena señal, se imaginaba que ese brazo no tendría salvación.
Carlos salió de la habitación con la toalla y seguidamente la tiró a la basura. Al salir de la cocina se encontró con Sergio junto al balcón, mirando a la calle.
—¿Qué haces ahí?
—Miro a la calle. Hace un rato vi a gente que conocía, también vi como algunos militares que estaban muertos se levantaban. No se… ha sido extraño.
—¿Cómo que se levantaban? Eso es imposible…
En ese momento se fue la luz, tanto en la casa como en la calle. Eso hizo que la intranquilidad aumentara. Rápidamente Carlos corrió al pasillo de la entrada, recordaba que en el mueble que había nada más abrir la puerta se guardaban algunas linternas.
Comenzó a abrir cajones y finalmente encontró una, rezó para que esta se encendiera y esta se encendió como si sus plegarias hubiesen sido escuchadas. Justo cuando volvió al comedor escuchó un sonido que venía de la habitación de sus padres, había sonado como si algo pesado hubiese caído al suelo, enseguida pensó en su padre. Entró rápidamente en la habitación alumbrando con la linterna, fue cuando vio medio cuerpo de su padre en el suelo, las piernas aun seguían encima de la cama.
—¿Papá?— preguntó alumbrándolo, pero la única respuesta que recibió por parte de su padre fue una especie de gruñido, volvió a preguntar mientras daba unos pasos hacia el. —¿Papá?
Cuando estuvo a su lado y quiso agacharse para comprobar su estado, su padre levantó el brazo herido y lo agarró del tobillo. Carlos lanzó un grito justo cuando su hermano atraído por el ruido también acudía a la habitación.
Carlos enfocó  a su padre con la linterna, fue entonces cuando le vio la cara, esta había cambiado, sangraba por la nariz, ojos, boca y orejas, concediéndole un aspecto aterrador, este abrió y cerró la boca. Seguidamente trató de morderle, pero Carlos le asestó una patada, así que consiguió liberarse y retroceder hacia la puerta, desde ahí vio como su padre se levantaba con una mirada amenazante. De alguna manera se había vuelto como esos monstruos. Carlos no se lo pensó más y cerró la puerta, su padre enseguida comenzó a gritar y a golpear desde el otro lado.
—¿Qué le ha pasado? Se ha puesto así de repente— dijo Sergio sin dejar de mirar a la puerta. —¡¡¡Papá!!! ¿Qué te pasa?
Pero su padre no respondió, simplemente gritaba y daba golpes a la puerta intentando salir, cada vez con más fuerza. Carlos enseguida miró a su hermano. –Tenemos que irnos de aquí antes de que salga.
—No podemos salir a la calle— replicó Sergio.
Sergio tenía razón, si salían morirían enseguida al ser cazados por aquellos seres. Fue en ese momento cuando Carlos tuvo una idea. Irían hacia la terraza y desde allí quizás viesen pasar algún helicóptero que les sacara de allí.
Ambos hermanos se pusieron en marcha y salieron de casa, subieron los escalones y llegaron a la terraza. Esta estaba vacía, no había nadie, solo estaban ellos en todo el edificio. Desde allí tenían una vista perfecta de parte del pueblo, la calle Santa Teresa estaba llena de coches abandonados y calcinados. También había cadáveres por todas partes, tanto inmóviles como caminantes.
Si algo había quedado claro para ellos era que aquellos seres eran cadáveres vivientes, no había duda de ello.

Día 30 de Junio de 2008
Día 15 del Apocalipsis.
Puzol…

Carlos se miró las manos, aun tenía la sangre de Sergio en ellas. Rápidamente comenzó a frotar las palmas de las manos contra el piso de la terraza hasta hacerse daño. El y Sergio estaban hambrientos y deshidratados, tanto que habían decidido arriesgarse y salir al exterior. Carlos en principio no quería, pero finalmente Sergio lo convenció, estaba sorprendido lo mucho que su hermano había cambiado, era una persona totalmente distinta y en cierto modo se sentía orgulloso de el, Sergio había sacado algo que el no, valor. Durante el tiempo que habían estado allí en la azotea se habían dado cuenta de muchas cosas, habían aprendido sobre aquellos seres, tanto observando a los de la calle como a su propio padre. Estos se habían vuelto más lentos, así que se habían arriesgado, hacia dos horas de eso…
El y Sergio habían bajado a las calles y rápidamente se habían hecho con dos fusiles de asalto que habían pertenecido a dos militares, los cuales yacían a su lado. Carlos no había cogido un arma en su vida, así que enseguida notó el peso de esta. Ambos sabían por su hermano cosas sobre esos fusiles, a la hora de disparar debían apoyarla contra su hombro para evitar que el retroceso les destrozase la clavícula, aunque la realidad era que Carlos no quería disparar contra esos seres, aunque eran monstruos, el seguía viendo a personas.
Ya preparados decidieron ir hacia el supermercado Día. El cual estaba más cerca que Consum o Mercadona, era donde más garantías tenían de éxito y lo que más cerca de casa le cogía si se encontraban con la necesidad de huir.
Recorrieron toda la calle Santa Teresa y llegaron al lugar donde perdieron de vista a su madre, durante el camino no vieron cadáveres vivientes, lo cual facilitaba las cosas, ya se habían asegurado de que no hubiera, lo habían visto desde la terraza, tenían el camino despejado.
Pronto llegaron a la persiana metálica del día, tal y como pensaban, esta estaba abierta.
—Vigila tú mientras yo la subo— le dijo Sergio. Carlos asintió y comenzó a mirar a ambos lados de la calle. No había nada ni nadie.
Sergio subió la persiana rápidamente y esta emitió un chirrido tan fuerte que retumbó en las paredes de las fachadas de las casas que había en aquella calle. Ambos hermanos se habían dado cuenta de que aquellos seres acudían al sonido como las moscas a la miel, era como si hubiesen tocado la campana de la cena.
—Seamos rápidos ¿Vale?— dijo Carlos mirando a Sergio.
Una vez en la parte interior del super mercado, Sergio volvió a bajar la persiana, seguidamente encendieron las linternas para tener visibilidad allí dentro. Estaba oscuro y en el aire había una mezcla de varios olores, especialmente el olor inconfundible de la putrefacción, allí había carne descomponiéndose.
Los dos avanzaron por el interior apuntando en todas direcciones, muchas veces los sobresaltaba algún ruido producido por alguna rata que merodeaba entre los expositores alimentándose de cajas de galletas rancias.
—Oye…— Sergio miró a Carlos. —¿Ya has pensado en que hacer con papá?
Carlos lo miró de repente, no se esperaba para nada esa pregunta, de hecho, el llevaba haciéndosela desde el día que su padre murió y reanimó. –Pues…
—No podemos dejarlo así. Deberíamos matarlo, al fin y al cabo ya no es nuestro padre, se parece, pero no es el. Si tu no lo quieres hacer lo haré yo— sentenció Sergio tomando las riendas de la decisión.
Sergio iba a decir algo más cuando de repente escucharon un ruido que venía del fondo. Ambos hermanos apuntaron con sus linternas hacia el lugar, fue en ese momento cuando vieron lo que parecía una persona, se estaba moviendo de una forma extraña, como si estuviese masticando algo, Sergio se fue acercando con la linterna y enfocó lo que estaba debajo de aquel individuo, allí había otra persona inmóvil. Sergio quiso darse la vuelta y echar a correr, pero ya era demasiado tarde. El cadáver andante lo miró y abrió la boca lanzando un grito casi animal, seguidamente se lanzó a por el.
Sergio comenzó a disparar, pero el monstruo fue mucho más rápido, se abalanzó sobre el y ambos cayeron al suelo ante la mirada atónita de Carlos, este no se esperaba algo así.
Sergio lanzó un grito cuando sintió los dientes de aquel ser clavándose en su cuello, comenzó a pedir ayuda a Carlos, el cual se había quedado quieto apoyado en unos expositores, Sergio lo llamó por su nombre mientras extendía el brazo para agarrar a su hermano, finalmente Carlos alcanzó su mano y lo agarró, pero entonces se le resbaló debido a la sangre. Era momento de disparar, pero justo cuando iba a hacerlo, un segundo monstruo apareció de repente y se lanzó sobre Sergio, los gritos de este fueron in crescendo hasta convertirse en auténticos alaridos. Carlos sin poder hacer nada comenzó a retroceder hasta que se dio la vuelta y comenzó a correr hacia la salida de aquel lugar. Llegó a la calle y sin mirar atrás corrió hacia su calle, entró en su portal y subió las escaleras hacia la terraza, donde se sentó en una esquina y allí se quedó, demasiado conmocionado como para hacer nada.

Dos horas después de la muerte de Sergio, se dio cuenta de que tenía las manos manchadas con su sangre. Estaba limpiándosela con frenesí cuando escuchó un sonido a su derecha, alzó la vista y vio a uno de esos seres caminando trabajosamente hacia el, pero no era un cadáver andante cualquiera, estaba en avanzado estado de descomposición y su piel era amarillenta grisácea, pero indudablemente se trataba de su padre, que de alguna manera había salido de la casa y había llegado hasta la terraza. Al verlo, Carlos recordó todo lo que había hablado con Sergio, momento en que sintió una explosión de rabia, se puso en pie rápidamente y caminó directo hacia su padre, cuando estaba a solo un metro de este, el ser alzó un brazo con intención de agarrar a Carlos, pero este alzó el fusil a modo de palo y golpeó a su padre en la sien, partiendo de paso el brazo que se alzaba en su dirección.
El monstruo se tambaleó y cayó de costado, seguidamente Carlos se puso sobre el y comenzó a darle golpes en la cabeza con la culata del fusil y los pies hasta que aquel ser que anteriormente había sido su padre dejó de moverse y su cabeza quedó totalmente destrozada.
Pasadas las horas, Carlos tiró el cuerpo de su padre a la calle, simplemente lo alzó por encima del pequeño muro y lo dejó caer, ni siquiera observó como caía. Se retiró de nuevo hacia la esquina donde finalmente se quedó dormido.
Llegó la noche y Carlos se despertó alumbrado por un foco y un ruido, abrió los ojos y vio varias siluetas caminando hacia el, a duras penas se puso en pie y comenzó a blandir el fusil contra ellos, estos parecieron retroceder entre gritos que le pedían que se calmara, pero Carlos estaba en pleno frenesí y no estaba dispuesto a dejarse coger por nada ni nadie, de nuevo un fogonazo lo cegó y lo siguiente que Carlos sintió fue un golpe, seguidamente perdió el sentido. Esa fue la última vez que Carlos estuvo en Puzol.
*****
Carlos volvió en si en lo que parecía una sala médica, había perdido la noción del tiempo, quiso levantarse, pero la aparición repentina de una mujer le impidió que se incorporara.
—No te levantes, aun estás un poco débil. Luego te traeremos algo de comida, mientras avisaremos a tu madre de que te has despertado.
—¿Mi madre?— preguntó Carlos abriendo mucho los ojos. No podía creérselo.
Al cabo de un rato apareció su madre allí, estaba igual que cuando la perdió de vista, incluso por unos momentos llegó a pensar que había estado en coma y que todo aquello de los muertos vivientes había sido un mal sueño, pero cuando su madre comenzó a preguntar por Sergio. Carlos se dio cuenta de que todo, desgraciadamente había sido real.
Carlos le contó a su madre lo que le había pasado a Sergio, omitiendo detalles para que su madre no entrase en shock, pero era obvio que iba a entrar en el de todos modos. No hay persona que soporte haber perdido a toda su familia. Su madre había perdido un marido y dos hijos, tan solo le quedaba el.
—¿Sabes algo de Juanma?— preguntó en ese momento su madre. –Quizás se haya unido a los militares, he oído que hay grupos de resistencia en algunos puntos. Quizás el esté con ellos.
Carlos no entendía eso, si su hermano Juanma estuviese vivo se habría ido con ellos, no con unos malditos militares que ni tan siquiera habían hecho bien su trabajo, si de lo contrario seguía vivo junto a los militares, por el podría irse al infierno, hacer eso era como si los hubiese abandonado, pero no quiso responder, para el era como si estuviese muerto, lo único que hizo fue negar con la cabeza.
Su madre le estuvo contando donde se encontraban, estaban en Barcelona, ocupando los pisos inferiores de un centro comercial, en el exterior había soldados vigilando y manteniendo a raya a los No Muertos que no dejaban de llegar, aunque el lugar no resistiría mucho y tenían que evacuar a todos los que pudieran. Según su madre los iban a trasladar hasta Peñiscola, allí sería más seguro vivir gracias a las murallas que rodeaban la zona, sería una forma de empezar una nueva vida, diferente a la que había tenido hasta ese momento, pero nueva al fin y al cabo.
Cuando Carlos pudo levantarse, fue a dar una vuelta por el lugar, allí había alrededor de cien personas, mujeres y niños en su mayoría, la mayoría de varones o eran militares o civiles a los que habían considerado aptos para asegurar las defensas de aquel bastión, quizás uno de los últimos que quedaban en pie.
Carlos hablaba con la gente, unos le decían que había lugares del planeta que habían resistido la pandemia y que estaban libres de la infección, pero otros, quizás los que tenían la razón, le decían que había sido una catástrofe global y muy difícil de frenar, que había sido una pandemia tan fuerte que la mayor parte de la población mundial había sido diezmada. Lo cierto era que Carlos creía más en los que decían que no había esperanzas.
Los días allí pasaban y Carlos había sido llamado a defender las barricadas que se habían levantado en las entradas del centro comercial, cuando se asomó por una de las ventanas de los pisos superiores vio algo que nunca había visto, allí había miles de esos seres, millones, todos rodeando el centro comercial, todos tratando de entrar. El aspecto de la ciudad también sobrecogía, era todo un autentico desastre…

Día 10 de Enero de 2010
Día 567 del Apocalipsis…
Manhattan… zona segura…

Carlos alcanzó a Eva en la calle, no podía dejar que ella sola fuera a buscar a la niña, el era el máximo responsable de que la pequeña se hubiese marchado e iba tomar parte en su búsqueda, quisiera Eva o no.
Finalmente Eva accedió a que la ayudara, iba a necesitar que mucha gente se movilizara si quería encontrar a la pequeña, al fin y al cabo estaban en una ciudad de la que no se podía salir si no era por mar o por aire. Tampoco creía que la pequeña se hubiese salido de la zona segura y se hubiese aventurado a salir a la zona infestada, también era muy difícil que ella hubiese podido pasar ante toda la guarda que había allí. Era muy difícil hacer eso, por no decir imposible.
Horas más tarde seguían sin encontrar a Vicky, pero ya se había movilizado a un gran número de personas que buscaban por toda la ciudad. Mientras Eva tenía otro temor, y era que de alguna manera, la niña hubiese acabado en manos de la guerrilla. Si eso había sido así, la única manera de recuperarla era entrar allí abajo y abrirse camino a sangre y fuego si era necesario. Algo que Carlos estaría deseando también, el odiaba a esa gente, pero aun así, eso era una ultima posibilidad, por si fuera poco también estaban contrarreloj, ya que el huracán estaba a poco de azotar Manhattan y la búsqueda tendría que parar hasta que este pasara. Momento que si todavía no habían encontrado a la pequeña, esa tormenta podría ser fatal para ella. Lo único que Eva pensaba era que ojala Juanma estuviera allí, pero el ya no estaba, el ya nunca volvería. Recordó el sueño que mencionaba la niña y pensó que ojalá fuese cierto eso de que se cumplía.
Mientras caminaba al lado de Carlos volvió a sentir un mareo, tan fuerte que tuvo que agarrarse a Carlos para no caerse.
—¿Qué te ocurre?
—No, nada— respondió Eva recuperándose y soltándose de su cuñado.
Carlos ya había vivido algo parecido, así que no pudo evitar esbozar una sonrisa mientras contemplaba a Eva caminar por la calle. Parecía ser que de nuevo iba a tener una familia, pero para tenerla, Juanma no debía volver, el ya se encargaría de eso.

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