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sábado, 17 de mayo de 2014

NECROWORLD Capitulo 34



Día 10 de Enero de 2010
Día 567 del Apocalipsis…
Carguero prisión… 04:00 de la madrugada…

Luci había logrado encontrar refugio en lo que parecía una celda vacía, ya había tenido suficiente con todo lo que había visto, eran autenticas atrocidades que sobrepasaban lo que había llegado a ver hasta ese momento. Se acurrucó en un rincón y trató de dormir, pero siempre escuchaba algún ruido que le hacía levantar rápidamente la cabeza y ponerse en guardia, pero siempre resultaba ser una falsa alarma. Se preguntaba cuanto tiempo aguantaría así, cuanto tiempo podría pasar desapercibida por los demás presos. Sabía que tarde o temprano tendría que luchar por su vida, lo único que no sabía era si conseguiría salir algún día de allí y viva.
La prisión en la que se encontraba era un autentico infierno, desde el momento que la vio desde el barco en su llegada a Manhattan, no se imaginaba como serían allí dentro las cosas, pero en esos momentos lo estaba viendo, veía que era un lugar extremadamente peligroso. Escuchó un nuevo ruido y miró hacia la puerta, entonces abrió los ojos de par en par, allí había una figura inclinada, casi parecía tener joroba, sus manos tocaban, aunque no lo veía con claridad, a Luci aquel personaje le parecía grotesco. La figura se movió nerviosamente mirando a los lados mientras jadeaba, incluso a Luci le pareció ver un hilillo de baba que caía al suelo desde la boca de este.
Luci no sabía si la estaba viendo, pero no hizo ningún movimiento, si ese bicho no sabía que ella estaba ahí, ella tampoco iba a dar señales de vida, solo esperaba que se fuera. Fue en ese momento cuando ocurrió algo que hizo que la sangre de Luci se helara por completo, el ser se adentró del todo y una vez dentro se dio la vuelta para cerrar la puerta, sumiendo la celda que ella había escogido como refugio, en la oscuridad.
Luci ya no veía al ser, pero lo escuchaba moverse y jadear, también podía sentir su olor, era un olor a podrido, olía como los muertos, pero no era uno de ellos. Aquel ser estaba vivo y se tenía que tratar de alguna persona con algún tipo de enfermedad. De pronto un fogonazo surgió ante Luci cegándola momentáneamente, cuando recobró la visibilidad vio una cerilla delante de ella, con una pequeña llama resplandeciente, detrás de esta había un rostro deforme, estuvo a punto de gritar, pero entonces una mano le recorrió el pecho y terminó tocándole la cara.
—Chica…— murmuró aquella cosa que enseguida Luci reconoció como un hombre.
La mano de aquel ser comenzó a pasarse por toda la cara de Luci y luego este se acercó esta a la nariz para olérsela, este aspiraba con ansias y también se la lamia, seguidamente lanzó un grito que parecía de alegría, era como si hubiese encontrado el más preciado de los tesoros. El ser volvió a alargar la mano y comenzó a palparla, subió la mano por sus piernas y la detuvo sobre el cinturón de Luci, los jadeos se intensificaron, entonces ocurrió algo, el ser comenzó a tirar del cinturón intentando quitárselo, fue en ese momento cuando Luci le asestó una patada en la cara a esa cosa y el ser se alejó un poco mientras parecía lloriquear.
—Vete… déjame en paz— dijo Luci sin levantar demasiado la voz y esperando que aquel ser se marchara, pero en vez de eso, el ser seguía allí.
Entonces sin que Luci se lo esperara, aquel monstruo o lo que fuera tiró de ella y se acabó situando encima mientras trataba de quitarle los pantalones, al mismo tiempo, le estaba lamiendo la cara con una lengua llena de bultos. Luci sentía asco, finalmente logró quitarle un poco los pantalones mientras aullaba de alegría.
Luci sintió en ese momento algo que se movía entre sus piernas, era el miembro de aquella cosa que buscaba entrar dentro de ella, ella le golpeo varias veces en la cabeza y entonces, superada por las circunstancias y la fuerza de aquel monstruo, gritó, gritó de puro terror. Fue en ese momento cuando la puerta se volvió a abrir y una silueta se precipitó hacia el interior de aquella celda, agarró por detrás a aquel ser y lo lanzó hacia un lado de la celda, haciendo que este chocara contra una pila de objetos que Luci no podía ver.
Luci aprovechó para ponerse de nuevo los pantalones mientras escuchaba como el monstruo lloriqueaba como un niño pequeño al que le habían quitado el premio.
—Márchate de aquí— dijo una voz masculina. Luci pensó que se refería a ella, pero no, este se refería al ser. –Márchate de aquí o amanecerás ahogado en el mar con la garganta cortada. Ya me has oído.
El ser salió por la puerta tal como había entrado, iba lloriqueando todavía mientras se acariciaba la cabeza. Enseguida Luci sintió como la mirada de alguien se clavaba en ella en la oscuridad.
—¿Qué era eso?— preguntó Luci mientras se reponía del susto inicial. Aunque realmente estaba esperando a que fuese quien fuese el que acababa de llegar saltase sobre ella, esa vez no iba a pillarla desprevenida. Entonces escuchó de nuevo la voz masculina, seguía sin ver al tipo.
—Eso…— hizo una pausa. –Eso es Hunchback, no suele ser peligroso… aunque a veces cuando pilla a una mujer sola, débil y desvalida, bueno… ya lo viste.
—¿Quién eres?— preguntó Luci. –No te veo. Te juro que como intentes algo te mato.
—No podrías hacer nada— en ese momento Luci sintió como la cogían desde detrás y rodeaban su cuello con el brazo, aquel tipo se había puesto detrás de ella sin que se diese cuenta, entonces aquel hombre que parecía ser bastante grande continuó hablándole al oído. –Si yo quisiese te partiría el cuello sin despeinarme, sin que tú pudieses hacer nada. Estás completamente en mis manos… Luci.
Luci se sorprendió al darse cuenta de que aquel tipo, fuese quien fuese, conocía su nombre y lo peor de todo era que lo que decía era verdad. Estaba completamente en sus manos. Aun así comenzó a preguntar.
—¿Cómo sabes tu mi nombre? Que yo sepa no te conozco de nada.
—No nos conocemos, estás en lo cierto, pero aquí algunas noticias, mientras se quiera… corren más deprisa que la pólvora. Así que se muy bien quien eres… eres la única vacunada con la cura que hay en el barco— en ese momento el tipo soltó a Luci y esta se dio la vuelta mirando hacia la silueta que en esos momentos había quedado un poco a la luz del pasillo. –Si quieres vivir será mejor que me acompañes, solo conmigo de tu lado lograras seguir con vida aquí.
—¿Y como puedo fiarme de ti? Apareces de repente… ¿Y me dices que te acompañe? Olvídalo— respondió Luci, no se fiaba en absoluto de aquel tipo. Ni siquiera lo veía con claridad.
—En realidad no lo sabes… pero soy tu mejor baza. Así que es decisión tuya… y me llamo Dylan. Ahora sígueme o quédate aquí hasta que Hunchback u otro como el vuelva por aquí y te folle, total, a mi me da igual en realidad. Tampoco te voy a obligar…, pero si vienes conmigo… mejor.
Luci se quedó un rato pensativa y luego salió de la celda seguida de su misterioso salvador, cuando se fijó en el tipo vio que no era mucho más mayor que ella, tenía los ojos azules, pelo castaño y una barba de tres días.
—Has optado por la mejor opción. Bien hecho— dijo Dylan relajándose. –Aquí es mejor adaptarse o acabar física y psicológicamente destruido. Se que has visto cosas aquí, cosas que no aparecen ni en las peores pesadillas.
—Si…— respondió Luci recordando todo lo que había visto. —¿Qué ha pasado aquí? ¿Por qué estamos todos juntos y permiten que se vayan matando los unos a los otros?
Dylan se dio la vuelta y la miró con una sonrisa en los labios, como esperando que se respondiera ella misma, pero como eso no sucedió, decidió contestar el. —¿Qué por que? Porque no les importamos nada, de vez en cuando entran aquí y se llevan a un par o a más que estén un poco saludables para experimentar con ellos. Especialmente a esos que como yo están en la guerrilla.
—¿Tu eras de la guerrilla?
Dylan volvió a mirarla. –Lo sigo siendo, solo con mi muerte se romperá el lazo que me vincula a ella. Mientras tanto, sigo apoyándola desde dentro y escondiendo a toda mi gente aquí. Seguramente al llegar a la ciudad os dijeron que formar parte de nosotros o colaborar se pagaba con la muerte… pero no es más que una patraña. Nos traen aquí y nos dejan a nuestra suerte hayamos hecho lo que hayamos hecho, solo los que superan la semana de vida aquí pueden llegar a sobrevivir más tiempo, por lo tanto esos son los más fuertes… al menos eso creen algunos aquí dentro… por que esos mismos son secuestrados mientras duermen para trasladarlos a los laboratorios de la ciudad donde experimentan con ellos.
—¿Qué tipo de experimentos?— preguntó Luci.
—No quieras saberlo, lo que nos hacen es propio del Dr. Mengele… una autentica aberración. Dime— Dylan se detuvo de repente. —¿Con quien crees que prueban las vacunas antivirus?
—Pero… ¿No sería más fácil llevarnos directamente al laboratorio? No se… todo esto es muy extraño.
—Podrían, pero sería mucho follón allí abajo y la gente a la que tienen engañada se daría cuenta… aunque estarían ya demasiado acomodados como para mover el culo. Otra cosa es que esto es más bien un almacén que una cárcel— Dylan se percató de que Luci estaba asombrada ante tanta información mientras avanzaban por los pasillos del carguero. –Oh si… todo lo que digo es cierto, a ti te han traído hasta aquí para luego o algún día llevarte al laboratorio, siempre lo hacen.
—¿Por qué me ayudas? ¿Es porque soy la única no infectada del barco?
—Entre otras cosas, te ayudo para que el no te ponga las zarpas encima— respondió Dylan sin darse la vuelta.
—¿Te refieres a Hunchback?— preguntó Luci pensando en su desagradable encuentro con el monstruo. Lo cierto era que no quería verlo de nuevo.
—Hunchback es un peligro, pero es un gatito comparado con Dante.
—¿Quién coño es ese?
—Es por así decirlo el peor criminal de la prisión, es el jefe del cotarro, aquí no pasa nada sin que el se entere o meta mano. Está en la parte más baja del carguero en una especie de suite que le han construido otros presos— Dylan miró a Luci de nuevo. –No te lo esperabas ¿Verdad? Pues si, aquí el es el pez gordo, no tiene a muchos a su servicio, pero los guardas no lo tocan, así que se ha establecido ahí abajo como un puto rey. Era la mano derecha de Dorian, al que detuvieron y encerraron una vez Dorian fue desterrado de Manhattan.
—¿Y ese Dante sabe que estoy aquí?— preguntó Luci. —¿Cómo se ha enterado?
—Que más da, el caso es que te busca y no para charlar alegremente contigo. Supongo que querrá desangrarte para beneficiarse de lo que hay en tu sangre. Aunque no es el único al que debes temerle, aquí no te puedes fiar de nadie y los que han perdido la cabeza son peligrosos también. Ya viste a las de las mascaras, son una banda que se dedica a violar y castrar a los tíos. Unas chaladas, repito, aquí no te fíes de nadie.
 —Resulta irónico que eso me lo diga un tipo al que acabo de conocer y del que no se nada. ¿Cómo se que me puedo fiar de ti y que no me llevas directamente al abrazo mortal de ese tal Dante? En lo que a mi respecta, esto es un infierno.
—Exacto, y le pertenece a el. Puede que ya te lo hayan dicho, pero… Bienvenida al infierno de Dante.
Detrás de Dylan se extendía lo que parecía una especie de hall con varios pisos y escaleras, su alrededor estaba compuesto por pasarelas que daban a varias puertas, por allí pasaban y hablaban algunos otros presos, algunos presentaban un aspecto lamentable, también se fijó en lo que había en el centro, allí había como una especie de foso, al acercarse dio con la explicación de los cuerpos decapitados. Aquel foso estaba lleno de cabezas amontonadas, todas abriendo y cerrando la boca. Era un espectáculo de lo más macabro.
—¿Qué es este lugar?— preguntó Luci alejándose del foso y mirando a Dylan.
—Te lo acabo de decir, es el infierno de Dante. Esto es obra suya.
Luci estaba siendo cada vez más consciente de donde se encontraba, aquello era más que una prisión, era mucho más que un manicomio, por lo que Dylan le contaba, aquel lugar eran los dominios de un hombre peligroso y poderoso.
Luci miró a su alrededor y vio como algunos presos reparaban en ella, seguramente solo la veían como la nueva, la novata, al menos esperaba que aquellos que la miraban no supiesen su condición, entonces vio algo que le llamó la atención, un hombre con una joroba caminaba a cuatro patas entre los demás presos. Era Hunchback, aquel tipo deforme y extraño que la había atacado en la celda donde se había refugiado. Iba a acercarse a el para tomarse una venganza rápida, pero se escuchó un ruido y Dylan tiró de ella.
—¿Qué pasa? ¿Qué ocurre?
—No podemos seguir aquí. Ellos vienen, aquí se reúnen las bandas, no es buena idea estar aquí cuando ellos lleguen. Vámonos.
Luci se vio arrastrada de nuevo por Dylan mientras veía llegar a varios grupos de personas a la zona, por la mirada y las prisas de su salvador por abandonar el lugar, se podía dar cuenta de que eran los más peligrosos del lugar.

Manhattan…túneles

El tipo que avanzaba hasta la jaula era más alto que yo, y mucho más fuerte. Este avanzaba con decisión mientras el tipo que me había metido allí dentro trataba de aconsejarme, pero yo no le estaba prestándole atención, estaba más ocupado pensando en como saldría entero de ahí, mis posibilidades eran pocas, por no decir escasas.
—¿Es que no me oyes? No lograras ganarle con la fuerza. Te aplastará como a una cucaracha. Ese tío es una maldita bestia parda— me decía el tipo que me metió allí, cuyo nombre no conocía todavía. Me di la vuelta y lo miré.
—¿Y por que no entras y te enfrentas a el en mi lugar? Además… yo no quiero pelear ni matar a nadie.
—Pues tendrás que hacerlo por que es la única manera de salir de aquí. Tienes que usar tus habilidades, tienes que tenerlas, si no… no estarías aquí.
Iba a responder, pero mi rival ya se estaba preparando para la pelea. Todos los asistentes gritaban y animaban a su campeón cuando este entró en la jaula, el cual había comenzado a pasearse por el interior del lugar con los brazos en alto, haciendo gestos para atraer hacia el todos los vítores de los habitantes de los túneles que cada vez llegaban más y más. Todo eran gritos de apoyo a mi rival y ninguno para mí.
—¿Estás listo para morir? Por que la única manera de la que saldrás de aquí es muerto.
Ni siquiera me dio tiempo a responder, el tipo me asestó un fuerte puñetazo, tan fuerte que me tiró al suelo. Intenté ponerme de pie, pero un nuevo puñetazo me tumbó, seguidamente noté como me levantaban en el aire y me lanzaban contra los barrotes. Sentí un fuerte dolor en la espalda seguido de un crujido. El tipo se acercó y me asestó una fuerte patada en el estomago, tan fuerte que terminé vomitando mientras escuchaba las risas y los vítores. Alcé la vista y vi a mí adversario dándome la espalda y celebrando que me estaba dando una paliza.
Me fui levantando poco a poco y volví a mirar a mí anfitrión. Este seguía dándome consejos en voz baja para no ser escuchado por los demás, luego miré hacia arriba y me encontré con la mirada de Kimberly, esta había comenzado a caminar entre la multitud para llegar hasta donde me encontraba.
—¿Quieres más?— preguntó mí adversario mirándome y dando unos pasos hacia mí.
Este lanzó un par de puñetazos y yo logré esquivarlos agachándome, fue en ese momento cuando lancé una patada directa a sus piernas, sorprendentemente surtió más efecto del que esperaba, el tipo cayó al frente de rodillas, momento que aproveché para golpearle en la cara con la rodilla. Tras el golpe cayó de espaldas mientras gritaba de dolor, yo me lancé sobre el y le asesté un codazo en la cara.
Había tumbado a ese hombre, ahora estaba completamente a mí merced, podría acabar con el en ese mismo instante, incluso la enorme sala en la que nos encontrábamos había casi enmudecido, tan solo se escuchaban unos murmullos, incitándome a terminar el trabajo.
—¡¡¡¡Mátalo!!!! ¡¡¡¡Gánate la libertad!!!!
Era cierto, podía matarlo y ganarme la libertad, matar a mí adversario y salir vivo de allí para reunirme con mi familia. Miré hacia arriba al tiempo que regresaban los gritos y los vítores, pero esta vez me aclamaban a mí, me incitaban a matar. Miré a mí derrotado rival, este me miraba a mí y ambos intercambiamos miradas. ¿Por qué no se levantaba? ¿Por qué no seguía luchando? Fue entonces cuando me fijé en sus piernas, estas estaban llenas de heridas, miré también a mi anfitrión y este me miraba con una sonrisa. Por eso me había dicho que le atacara las piernas, el era consciente del estado de las piernas de aquel hombre.
—Venga… mátame— me susurró. –Tú ganas.
¿Qué debía hacer? No quería matarle de buenas a primeras, pero esa era la única manera de salir de allí, me incliné sobre el y fui acercando mi mano hacia el mientras el publico cada vez más creciente se quedaba completamente en silencio.
El derrotado cerró los ojos esperando su final y fue entonces cuando en lugar de matarle le tendí la mano y lo ayudé a ponerse en pie, abrió los ojos y me miró sorprendido.
—¿Qué? ¿Por qué?
—No soy un asesino— le respondí. –Ya no quiero tener que volver a matar a nadie— miré hacia arriba y miré al publico. —¿Me habéis oído? No pienso volver a matar a nadie. He ganado el combate, así que gano la libertad. Dejadme salir de aquí.
—No te dejarán salir de aquí si no me matas— respondió el hombre al que acababa de derrotar. –Es una norma aquí. Yo he luchado por conseguir un medicamento para las heridas de mis piernas, solo si te mataba podía optar a ella. Es algo que no se consigue aquí abajo así como así. Aquí abajo no se vive mejor que allí arriba, aquí también tienen sus normas. Yo acepto la derrota y tú me matas, es así de simple.
—No voy a matarte— respondí. –Yo saldré de aquí y tu tendrás tu medicina.
Me daba igual lo que dijera, el combate con o sin muerte lo había ganado yo, era justo que me dieran la libertad, pero en vez de eso solo vi armas de fuego y ballestas apuntándome a mí y a mí adversario, el cual de repente parecía haberse convertido en mi aliado y permanecíamos espalda contra espalda.
Parecía que ambos íbamos a morir cuando comenzamos a escuchar unas palmas, miré hacia el origen de estas y vi aparecer a Laura, la que anterior a mí supuesta muerte había sido mí secretaria personal. Esta avanzó entre la multitud y se plantó ante la jaula, mirándome atentamente. Luego miró a los presentes.
—La pelea se ha terminado. Nuestro líder papá Angelito así lo ha decidido— Laura clavó la mirada en mí. —…Y ha solicitado que nuestro invitado se reúna con el para una reunión… cara a cara.
Al decir Laura aquello, todos los asistentes comenzaron a murmurar entre ellos, era como si yo hubiese recibido algún don divino o algo, la forma de mirarme delataba que nadie o casi nadie había sido llamado de esa manera.
Siguiendo las indicaciones de Laura y ante las miradas atónitas de los demás, salí de la jaula y caminé detrás de ella. Ya no me escupían, todos nos dejaban paso en silencio, incluso después de haber recorrido algunos túneles, solo escuchaba los murmullos, mientras caminaba y miraba a los que había alrededor, estos parecían haberse enterado ya de la noticia.
—¿Por qué me miran así? ¿Qué es lo que pasa? ¿Y quien es ese tal Papá Angelito?
—Demasiadas preguntas, elige una— respondió Laura. –Tu llegada aquí era algo que no estaba previsto, y cuando papá Angelito se ha enterado, ha insistido en verte, no se que quiere decirte, pero el hecho de que papá Angelito quiera ver a alguien, es para muchos una bendición.
—Pero… ¿Quién es papá Angelito? Por lo que dices…
—Es un mesías… bueno, al menos para esta gente lo es, el es quien les infunde valor aquí abajo y quien los guía. Aunque nadie lo haya visto en persona, solo lo hemos visto unos pocos. Yo más bien lo veo como un buen líder.
—Un buen líder no permite eso de las peleas— dije parándome y señalando el lugar por el que habíamos venido, refiriéndome a la jaula. –Eso es una salvajada, ahí muere gente.
—No juzgues lo que es ser un buen líder según tus ideas. Alguien puede ser un buen líder sin ser una hermanita de la caridad. Cada uno ejerce de líder a su manera, papá Angelito se preocupa por su pueblo.
Seguimos caminando hasta que llegamos a un solitario vagón de metro, Lura subió primero y yo la seguí. Una vez allí dentro me quedé mirando a mí alrededor hasta que volví a mirarla a ella.
—¿Es aquí?
En ese momento ella me pasó algo de ropa, unas camisas, un pantalón y un par de botas. –Cámbiate de ropa, así no vas presentable, además, deberás abrigarte. Hace frio— dijo quedándose de brazos cruzados. –Venga. No tenemos todo el día.
—¿Y te vas a quedar ahí mirándome? No pienso desnudarme delante de ti.
—No me digas que nos has salido vergonzoso… solo estoy aquí para que no cometas el error de intentar escapar. Si lo intentas…— Laura me dejó ver una pistola que llevaba atada a la cintura. –Tendré que usar esto.
—¿Me matarías?— pregunté.
—No son balas, son dardos tranquilizantes. Ahora desnúdate y vístete con la ropa nueva.
Comencé a hacer lo que Laura me decía, poco después estaba ya vestido, eran ropas de color marrón, al parecer eran el único tipo de ropa que llevaban allí abajo, aparte de algunos trapos. Las botas eran militares.
—Ya está ¿Satisfecha?— pregunté.
—Vámonos— respondió Laura.
Ambos salimos del vagón y seguimos caminando por los túneles, finalmente llegamos a lo que parecía una capilla. Esta estaba bajo tierra, era la primera vez que veía algo así de verdad. Avanzamos hacia ella y entonces me fijé en los hombres que había allí. Esos debían ser los guardas, los cuales, habían comenzado a mirarme con recelo.
Estábamos llegando a la puerta cuando un tipo rubio y con gafas salió a nuestro encuentro. Primero miró a Laura y luego clavó sus ojos azules en mí.
—¿Es este? Me sorprende que haya salido vivo de la jaula. Tendrían que haberle arrancado la cabeza allí mismo.
—Fuera de mí vista Zero. Papá Angelito quiere verlo y hablar con el— respondió Laura. El tipo que al escucharlo hablar supe que era Alemán arrugó la nariz y volvió a mirarme. —¿Y que tiene el que le interesa tanto a Papá Angelito?
—Eso no es asunto tuyo. ¿Por qué no te largas? ¿No tienes por ahí judíos a los que torturar puto nazi de mierda? Me das asco, tú y todos los que son como tú.
Zero nos volvió a mirar a los dos y se marchó dando voces a un grupo de hombres rapados que estaban allí jugando a las cartas debajo de varios farolillos, estos no tardaron en recoger y caminar detrás de el.
—Ese es Zero… un enviado del cielo para todos nosotros— dijo Laura con ironía –El se ve como el nuevo Führer, piensa que una vez el mundo sea nuestro y los No Muertos desaparezcan, el será una especie de Hitler y que los alemanes supervivientes lo seguirán para así crear una raza pura… En mí opinión, eso solo son desvaríos de una mente enferma como la suya. Espero que cuando encuentre la muerte, esta sea dolorosa y lenta— Laura me miró otra vez mientras ponía la mano sobre el pomo. –Vas a pasar bastante tiempo aquí, te darás cuenta de que aquí abajo hay todo tipo de gente, de ideologías y creencias.
Finalmente Laura abrió la puerta y entramos al interior de la capilla, nada más entrar me invadió el olor a algún tipo de incienso. Me fijé en la estancia, no había ningún símbolo religioso, era pequeña, pero en el fondo había una gran cortina de color rojo. Aun lado había dos chicas que habían dejado de besarse cuando entramos. Estas permanecían quietas mirándonos atentamente.
Fue en ese momento cuando escuchamos una voz que provenía de detrás del telón rojo.
—¿Eres tu Laura? ¿Y traes a nuestro invitado?
—Si papá Angelito— respondió Laura.
La voz de aquel hombre me impactó, sonaba amable y tranquila, no era lo que me esperaba, pensaba que iba a ser una voz más grave y quizás amenazadora, pero lo que acababa de escuchar, parecía una voz envuelta en armonía.
—Chicas… dejadme a solas con nuestro invitado. Tengo asuntos que hablar con el.
Laura miró a las dos chicas y les hizo un gesto para que la siguieran al exterior. Cuando salieron cerraron la puerta y yo me quedé de pie allí en el centro, fue entonces cuando la cortina comenzó a correrse hacia un lado, dejando al descubierto a un hombre de color y con rastas sentado sobre lo que parecía un enorme colchón rojo. Este tenía colgado del techo el incienso que minutos antes había asaltado mis fosas nasales. Ese hombre mientras fumaba de una pipa.
—Siéntate delante de mí, para que pueda verte bien.
Caminé directo, pero no podía evitar sentir algo de miedo, realmente no sabía si me estaba enfrentado a algo malo o no, o si de lo contrario estaba ante un buen hombre, no sabía nada de el.
—¿Me dices tu nombre?
—Juanma— respondí. –Aunque creo que eso ya lo sabía.
Papá Angelito siguió fumando, me miró y comenzó a preparar una segunda pipa, pero yo hice un gesto con la mano para indicarle que no fumaba. Este sonrió y me tendió la mano. –Haces bien en no fumar, yo quise dejarlo antes de que sucediera todo, pero una vez ocurrió pensé que ya no valía la pena. Mi nombre ya lo sabes… bueno, al menos por el nombre que me conocen aquí.
—¿Y cual es su verdadero nombre?— pregunté.
—Eso ya no importa, me verdadero nombre se quedó en el pasado, como nuestro mundo.
Me imaginaba que yo no estaba allí para que el se presentara, me imaginaba que estaba allí para algo más grande y que no tardaría en revelarme, como parecía que iba a tardar, fui directamente al grano.
—¿Para que quería verme? Se que no estoy aquí para fumar hierva o intercambiar batallitas. Dígame ahora mismo que es lo que quiere.
—Directo y claro. Eso me gusta, directo al grano. Muy bien, estas aquí para ayudarnos. Veras, hay más de ciento cincuenta personas habitando los túneles, de las cuales, ciento treinta de ellas o han empuñado un arma poco o nada. Tenemos pocos efectivos… y los pocos efectivos de los que dispongo tienen familia aquí, por lo que temen salir al exterior. Pero también es cierto que aquí la comida empieza a escasear.
—¿Y donde entro yo en todo esto?
—Hace poco, en una avanzadilla de la que solo una persona regresó. En la ciudad de Jersey se encontró un lugar con mucha comida enlatada, una gran cantidad que podría abastecer a mi pueblo por una larga temporada. Verás, antes teníamos infiltrados ahí arriba, los cuales nos pasaban comida, armas, munición e información, pero estos… algunos, se han vuelto cautelosos y han cortado todo tipo de relación con nosotros… no les culpo.
—¿Y?
—Necesito que algunos de mis hombres vayan hasta Jersey y necesito que tú les guíes. Tienes más experiencia que nadie en el exterior. Te proporcionaré un grupo y partiréis hasta allí para traer suministros.
—¿Y por que yo? Hay más gente que ha sobrevivido tiempo ahí fuera. Yo no…
—Estarás provisto de armas. Yo indicaré que te sigan, te necesito para esto, cuando lo consigamos podrás irte con tu familia. Puede que no lo entiendas ahora, pero necesito que confíen en ti, para cuando puedas lograr que mi gente pueda subir a la superficie. Algunos aquí te ven como a uno más de los tiranos de arriba, dirigir esto hará que crean en ti. Soy un hombre viejo y no me queda mucha vida.
Era cierto, era un hombre viejo, no me había percatado todavía de ello. Entonces estaba entendiendo lo que quería ese hombre, quería que su gente confiara en mí y que me siguiera cuando lograse que ellos pudiesen salir a la superficie, guiar a un grupo y traer comida era la única manera de conseguir que creyeran en mí. Tenía su lógica, además, si lo hacia podría volver con los míos. Por otro lado, lo de dejar que los habitantes de los túneles había sido una idea que había tenido desde un principio. No había mucho más que pensar.
—Muy bien… lo haré. ¿Cuándo empezamos?— pregunté.
—Aun es pronto. Una incursión nuestra alertaría a los de arriba. Lo cual no sería bueno para nosotros, sería todo lo contrario. Lo haremos dentro de tres días, cuando el huracán llegué a Manhattan.
—¿Huracán? ¿Qué huracán?
—Nos han informado hace poco, por eso hemos decidido aprovecharlo. Los habitantes de la superficie estarán refugiados mientras nosotros llevamos a cabo nuestra incursión.
La información que estaba recibiendo me estaba dejando atónito, pero también estaba empezando a preocuparme más todavía por Eva y Vicky. Esperaba que al menos, mí hermano estuviese cuidando de ellas.

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