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sábado, 10 de mayo de 2014

NECROWORLD Capitulo 33



Día 29 de Noviembre de 2009
Día 525 del Apocalipsis..
Manhattan… zona infestada…

Vi como el helicóptero se alejaba, miré a mi alrededor y vi a los No Muertos tratando de subir al capó y al techo del humvee, como no podía permanecer mucho rato allí encima me metí en el interior del vehículo blindado, este aguantaría el suficiente tiempo hasta que volvieran a buscarme, Vanesa no se esperaría tampoco, dejaría al grupo en tierra y aun sin haber terminado de aterrizar, volvería a levantar el vuelo para volver a buscarme, y probablemente no volvería sola, tenía que tener paciencia.
Alrededor del humvee seguían apelotonándose los No Muertos, aporreando los cristales y la carrocería. Los veía a través del cristal, veía las horribles facciones, veía lo desfigurados que estaban algunos, había incluso niños, los rostros de estos estaban totalmente destrozados, no tenían labios y los dientes podridos les daban un aspecto terrorífico, no era la primera vez que veía algo así, pero desde que tenía a una niña a mi cargo, el ver a los niños en ese estado me chocaba más. Sabía que eran niños por la estatura, aunque estaban tan hechos polvo que no sabia distinguir si eran niños o niñas.
Vi también a un hombre con bigote que irremediablemente me recordó a mi padre, aunque su bigote estaba manchado de sangre y le faltaban pelos, como si se los hubiesen estado arrancando, tampoco tenía labios y dejaba ver una dentadura amarillenta, detrás de esta se encontraba una garganta oscura que emitía gritos salvajes.
Seguían pasando las horas allí y el temporal había empeorado, tanto que no veía regresar el helicóptero, estaba empezando a ponerme nervioso. Mucho más nervioso me puse cuando escuché un crujido en el techo del humvee, miré hacia arriba y vi como uno de ellos daba cabezazos contra el cristal superior, este era una obertura tan grande por la que podrían entrar si se rompía.
—Joder…— murmuré cogiendo mi arma, la única que tenía y en la que no había suficiente munición para todos.
El No Muerto seguía intentando entrar, cada vez daba cabezazos más fuerte, tanto que el cristal había comenzado a agrietarse, aquello no era bueno, nada bueno. Volví a mirar en la dirección que se había ido el helicóptero, pero no lo veía.
—Vamos Vanesa… ¿Dónde estás? Esto no…
El grito de otro caminante me alarmó y me giré hacia la ventana en la que este se encontraba, allí vi a una mujer de cabellera blanca, estaba golpeando el cristal de la ventanilla trasera, sus golpes sumados a los de los otros No Muertos estaban agrietando el cristal, y así me fueron alarmando todos los golpes, todos y cada uno de los cristales estaban comenzando a ceder.
Tenía que hacer algo para salir de ahí ¿Pero como podría hacer eso sin ser despedazado? Miré a la calle desesperadamente en todas direcciones a través de los cristales, pero eran muchísimos, entonces me pareció ver algo desde la parte trasera, allí tras la multitud a unos diez metros del humvee vi lo que parecía ser un pequeño socavón, no entendía como no lo había visto antes, lo estuve mirando más de un minuto hasta que di con lo que era, se trataba de una alcantarilla, esta estaba medio abierta. Fue entonces cuando se me ocurrió lo que perfectamente podría ser la idea más suicida de cuantas había tenido desde que había comenzado el apocalipsis. Tenía que llegar hasta ella fuese como fuese… ¿Pero como iba a salir de aquel vehículo? No podía usar las puertas ni salir por el techo, hacer eso implicaba abrirme paso a través de ellos disparando con la poca munición que tenía. Aunque seguramente acabarían despedazándome sin que tan siquiera me diese cuenta… y para ser claro, yo no tenía el don que tenía Richard Levine, yo no podía caminar entre los muertos.
En ese momento tuve una idea, en la parte trasera del humvee comencé a buscar por el suelo, finalmente encontré lo que buscaba, una trampilla que se usaba en caso de emergencia por si este volcaba y se quedaba con las ruedas hacia arriba. Podría salir por ahí y arrastrarme entre los pies de los infectados para llegar a la alcantarilla, podría aprovecharme de su estupidez, pero aun así no estaba seguro que eso pudiese funcionar, necesitaba algo más. Pensé lo más rápido que pude y entonces di con lo que podría ser mi mejor baza, me lancé como un rayo hacia la parte delantera y busqué a tientas el claxon, cuando lo encontré lo pulsé varias veces, este comenzó a sonar, pero no era suficiente, necesitaba algo que lo mantuviese apretado y sonando. Volví a la parte trasera y cogí mi fusil, apreté el claxon y apoyé rápidamente el fusil entre el claxon y el asiento del conductor, así conseguí que el claxon siguiera sonando. Enseguida me fijé en los No Muertos que estaban a mí alrededor, estos se habían excitado todavía más por el ruido y se apelotonaban todavía más alrededor del humvee. Incluso golpeaban y gritaban con más fuerza que antes.
Había perdido el arma, pero como iba a salir fuera daba igual que la tuviera o no, si tenía que morir, iba a hacerlo de todos modos. Estaba volviendo a la parte trasera para salir por la trampilla cuando la ventana del techo que tenía a unos centímetros por encima de mi estalló en trocitos y unos brazos ensangrentados y despellejados se precipitaron hasta el interior del humvee.
Los brazos del caminante me agarraron del pelo y de la camisa, tiraron de mí hacia arriba y sentí el olor del No Muerto. Comencé a gritar y a tratar de golpear al monstruo, pero este me tenía fuertemente agarrado. Me giré con forme pude y le asesté un codazo en la cara y los brazos, entonces escuché un crujido. El hueso del brazo del No Muerto se partió y me soltó, yo caí hacia delante y sentí un fuerte dolor en el estomago, lancé un grito de dolor y me llevé la mano ahí, cuando me toqué noté algo caliente y cuando me miré la mano me la vi manchada de rojo… estaba sangrando. Entonces debajo de mi encontré un cuchillo, era de alguno de mis compañeros que se lo había dejado allí, rápidamente mi camisa blanca se tornó roja.
De pronto el caminante trató de agarrarme otra vez, pero yo me lancé más hacia atrás y este no pudo cogerme. No podía dejarlo así, acabaría entrando y si no había salido para entonces, estaría perdido. Volví a coger el cuchillo que me había clavado anteriormente, este estaba manchado con mí sangre, lo alcé y se lo clavé en la cabeza al monstruo, este se quedó inmóvil al instante. Esto también servía para impedir la entrada de los que iban detrás de este.
Con el tiempo en contra comencé a tratar de abrir la trampilla, pero entonces me llevé una sorpresa desagradable, algo que no me esperaba. La trampilla estaba cerrada con varios tornillos, ocho en total. Necesitaba un destornillador, pero no tenía ni idea de donde podría estar este, mientras la vista se me nublaba a causa de la perdida de sangre. Me moría.
A mi alrededor los No Muertos seguían golpeando los cristales tratando de entrar, finalmente tomé una decisión. Clavé el cuchillo en la trampilla y me serví del cuchillo para ir quitando los tornillos. Quité el primero justo al mismo tiempo que uno de ellos lograba meter el brazo por un agujero que había abierto en la luna delantera.
Quité el segundo y me detuve unos segundos, me estaba mareando y no sabía cuanto tiempo iba a poder resistir así. Quité dos más mientras por mi mente iba pasando toda mí vida, vi a todos los seres queridos que había perdido durante todo el camino que me había llevado hasta donde estaba en esos momentos.
Mientras el caminante iba tratando de entrar logré quitar tres tornillos más, solo quedaba uno, me detuve una vez más mientras me taponaba la herida con una mano, sentía como la sangre me goteaba a través de mis dedos y caía sobre el suelo del vehículo. Me armé de valor y saqué las pocas fuerzas que me quedaban, quité el último tornillo y seguidamente de un tirón quité la tapa. Por fin vi el asfalto adornado con trozos de nieve. Rápidamente me deslicé por la trampilla y me quedé tumbado de espaldas sintiendo el frio en mi torso desnudo. Con el cuchillo aun en la mano comencé a mirar a mi alrededor y veía los pies de los No Muertos, seguidamente comencé a escuchar como los cristales se rompían. Me di la vuelta y con la mano aun en el estomago, comencé a arrastrarme hasta el exterior.
Salí de debajo del humvee y comencé a sentir las patadas de los caminantes que aunque no parecía que repararan en mí, yo no podía mantener la calma, me arrastraba como una serpiente mientras los copos de nieve caían en mí espalda.
Estaba llegando a la alcantarilla, si lograba llegar hasta ella, estaría salvado. Ocho metros, siete, seis, cinco, cuatro, tres, dos. Ya estaba cerca cuando un brazo se posó sobre mi cabeza y tiró hacia la derecha, entonces vi a una No Muerta que solo podía arrastrarse, solamente era un torso, esta se había arrastrado hasta mí en el momento que me había visto, en esos momentos abría y cerraba la boca a escasos centímetros de mi cara. Me revolví conforme pude y entonces clavé el cuchillo en su cabeza. Esta dejo de moverse y seguí arrastrándome, entonces llegué a la alcantarilla, la abrí poniendo mis últimas fuerzas, en esos momentos me encontraba detrás de la horda, me había arrastrado diez metros y había conseguido llegar, pero entonces ocurrió algo. El claxon dejó de sonar y el lugar se quedó en silencio a excepción del viento y los gemidos de los caminantes, justamente cuando la tapa estaba ya quitada me sentí desfallecer y caí de lado mientras veía como los monstruos se sentían atraídos por mi presencia y captaban el olor del rastro de sangre que había dejado mientras me arrastraba. Pensé que iba a morir cuando noté un nuevo tirón, no hice nada, ya no podía, me dejé llevar… seguidamente con los ojos entre cerrados me sentí caer a través de la oscuridad, seguidamente sentí un fuerte golpe en la cabeza. Con la vista nublada me pareció ver una silueta de un tipo apuntándome con un arma y luego vi a una chica interponiéndose ante mí y el arma, cuando la chica me miró me pareció reconocerla, seguidamente perdí el sentido.
*****

No sabía el tiempo que había pasado desde que había salido con vida del humvee. Solo sabía que estaba en la oscuridad de un túnel, tumbado sobre un mugriento colchón, arropado con ropas raídas y sucias. También tenía la herida vendada mientras que la fiebre me hacía tener alucinaciones, muchas veces me parecía que las ratas que se acercaban me guiñaban los ojos o incluso me sonreían. Muchas veces gritaba tanto de dolor como de frustración. Muchas veces sentía como que me iba.
Me levanté del colchón con las mantas por encima, pero no di ni dos pasos cuando caí de bruces, grité y gemí hasta que de repente vi llegar a la chica, era joven y me era familiar.
—¿Por qué te levantas? Deberías quedarte quieto, tu sangre debe estar al llegar— dijo la chica ayudándome a incorporarme, cuando me tuvo a su altura me ayudó a regresar al colchón, una vez allí me obligó a tumbarme, podría haberme revuelto y liberarme, pero las fuerzas me fallaban.
—¿Mi sangre? ¿De que coño hablas? No se quien eres. No se de que va esto…¡¡¡Déjame!!!— dije al tiempo que la empujaba y me liberaba de ella, seguidamente caí sobre el colchón haciéndome muchísimo daño.
A duras penas recordaba como había llegado allí, solo recordaba nieve, sangre y caminantes. Tampoco recordaba a esa chica demasiado bien, por muy familiar que me resultara. Traté de levantarme de nuevo, pero la chica me inmovilizó, seguidamente comenzó a llamar a alguien, alguien llamado “Mouse” , un tipo de unos treinta años no tardó en aparecer.
—¿Ya se ha vuelto a despertar gritando? Maldita sea Kimberly… nos la estamos jugando por tenerlo aquí, además, está sufriendo. Lo mejor será que le pegue un tiro, será rápido e indoloro— dijo el tipo.
—Te dije que no. Estaría muerta de no ser por el, se lo debo— respondió Kimberly, la cual ya reconocía, era la misma muchacha que llevé a mi casa después de salvarla en aquel antro. –Yo respondo por el.
—Si alguien lo descubre aquí dará igual quien responda por el por que estará muerto y nosotros también. Apártate del medio— dijo el chico apartando a Kimberly y apuntándome con un fusil.
—Lo siento, pero créeme que será lo mejor.
Aquel tipo iba a disparar justo cuando aparecieron dos chicas, ambas detuvieron al tipo al mismo tiempo que yo perdía nuevamente el conocimiento.

Día 09 de Enero 2010
Día 566 del Apocalipsis…
Manhattan… túneles…

Lo había recordado todo, había recordado a Kimberly, había recordado al tipo y había recordado a la doctora y a la soldado, aunque vagamente, según Kimberly me contaba había estado en coma mucho tiempo y según ella en la superficie me daban por muerto. Eso me hacía desear volver, demostrar que seguía vivo.
—Tenéis que dejarme salir, necesito ver a mi mujer y a mi hija. Quiero ver a mi hermano.
—¿Tu hermano?— preguntó Kimberly.
—Si… tú lo viste aquella vez en mi casa. Soy la única familia que le queda. Y mi hija…
—Tu hermano es mala gente. A mi intentó matarme, no te fíes de el…— me susurró Kimberly. –Tienes que tener cuidado con el.
—¿De que me estás hablando? No entiendo el por que dices eso— le respondí, realmente no sabía el por que ella decía todo eso de Carlos, realmente no lo conocía de nada. –Escúchame, no puedes decirme que desconfíe de mi hermano cuando sois vosotros los que me tenéis aquí retenido. Tenéis que dejarme salir.
—No podemos, por que si pones un pie fuera de aquí te matarán. ¿No entiendes eso?
—Lo que entiendo es que me tenéis retenido. Eso es lo que entiendo— le respondí. –Dejadme salir de aquí ahora mismo— la agarré de los hombros y comencé a zarandearla. No podían tenerme así allí.
Enseguida entró el tal Mouse y me encañonó con el fusil que llevaba mientras la doctora y la soldado se quedaban quietas detrás de el. –Suéltala amigo o te vaciaré el cargador en la cara— cargó el arma. –Hazlo… ahora.
Miré fijamente a Mouse y luego solté a Kimberly. Esta se retiró de un salto hacia atrás y vi como se masajeaba los hombros, le había hecho daño. Después me quedé quieto, resignándome a que estaba en sus manos, después salieron y vi como discutían, aunque no podía escuchar lo que decían.

—No podemos mantenerlo más tiempo aquí. Tenemos que sacarlo como sea, que se vaya a su casa o a tomar por el culo. No me importa, pero hay que sacarlo de aquí o nos traerá problemas. Ya habéis visto lo que le ha hecho a Kimberly— Mouse la señaló. –Sinceramente, cuanto más tiempo esté aquí más peligro corremos nosotros. Propongo que lo saquemos de aquí… como sea.
—Mouse… está asustado y no sabe donde se encuentra… es normal su reacción. Lo comprendo— respondió Kimberly. –Tú también reaccionarias igual si te hubieses despertado de un coma y te encontrases en una especie de quirófano rodeado de desconocidos. No debe ser fácil.
—Kimberly tiene razón… además, para sacarlo de aquí debemos cruzar todos los túneles. No pasaremos desapercibidos, debe quedarse aquí hasta que se recupere y pueda salir por su propio pie buceando, en su estado no podrá bucear, solo caminar. Sus heridas eran graves— declaró Sheila –Por no hablar de lo mucho que nos jugamos cuando sacamos su sangre del hospital. Solo nos queda esperar y ocultarlo.
—Pues ya veremos que hacemos cuando nos alcance el huracán— respondió Rachel.
—¿Huracán? ¿Qué huracán?— preguntó Mouse extendiendo los brazos a los lados –No sabía nada de eso. Como siempre los de aquí abajo somos los últimos en enterarnos de todo.
—Dentro de cuatro días nos alcanzará un huracán, se prevé que será fuerte, lo bastante como para que la mayor parte de los ciudadanos de la superficie se refugien en el Madison Square Garden o no los dejen salir de sus casas— explicó Rachel.
—Bueno, miradlo de este modo… pese al estar aquí como ratas… tenemos más suerte que estos de ahí arriba. Somos unos afortunados.
En ese momento escucharon unos pasos por el túnel, era señal de que alguien se acercaba, alguien que no había sido invitado y que no sabía de la existencia del paciente, alguien que no debía saberlo. Kimberly enseguida se alarmó y comenzó a moverse en círculos sin moverse del sitio.
—¿Qué hacemos? ¿Qué hacemos?.
—Pues mantener la calma…— respondió Mouse adelantándose hacia donde venían los pasos, no tardó en encontrarse con Zero en la oscuridad, el tipo ario se lo quedó mirando con cara de pocos amigos.
Mouse había tenido el suficiente trato con el como para saber que solo se quería a si mismo y que odiaba a todo aquel que no fuera ario o el mismo, solo seguía a papá Angelito por interés, de hecho de no ser por este ya lo habrían matado allí abajo dada su condición de Neo Nazi.
—¿Qué haces tú aquí?— preguntó Zero
—Lo mismo podría preguntarte yo a ti… ¿Le has echado huevos y has salido de la protección de papá Angelito? Bravo, el pájaro abandona el nido, pero el pájaro tiene que irse por donde ha venido si no quiere que le descargue plomo en el culo.
—Este lugar no es tuyo, voy a informar de esto a papá Angelito— respondió Zero ajustándose las gafas. –Diré que estás tramando algo.
—Adelante… hazlo, chívate como un niño de preescolar y queda como el cretino que eres. No eres bien visto por nadie, aquí todos te odian, seamos claros… sigues vivo por que Papá Angelito te salva el culo. Así que…— Mouse sacó su arma y le apuntó. –Sal de aquí ahora mismo si no quieres que te mate… ahora.
Zero se ajustó las gafas otra vez, eso era algo que hacia cuando se ponía nervioso. Finalmente dio unos pasos hacia atrás y le lanzó una mirada desafiante a Mouse, este hizo una mueca.
—¿Qué? ¿Algo que decir?
—Solo que las cosas cambiaran algún día y te arrepentirás de esto, tu y tu zorra.
—Pues cuando ese día llegue, avísame para que sepa cuando te puedo matar… ya sabes, muerto el perro se acabó la rabia. Ahora… puerta— respondió Mouse haciendo chasquear el arma.
Zero se dio la vuelta y se alejó por donde había venido. Era evidente que algo ocultaban Mouse y la chica acompañados de las dos chicas que estaban juntas, se había percatado de eso desde el principio. ¿Qué era lo que ocultaban? Debía ser algo grande para protegerlo tanto, desde ese mismo instante se juró que iba a descubrir lo que se traían entre manos, lo iba a averiguar, así iba a ser. El era un hombre que siempre conseguía lo que quería, de hecho, llevaba planeando algo a gran escala desde hacía tiempo.

Día 10 de Enero de 2010
Día 567 del Apocalipsis…
Túneles… 03:45 de la madrugada

Me había quedado dormido mientras miraba como conversaban mis anfitriones. Y me desperté justo cuando acababan de dar las 03:45 de la madrugada, así lo mostraba un reloj, también podía ver la fecha a la que estábamos, estábamos a 10 de Enero. Habían pasado casi dos meses, casi dos meses que para todos mis conocidos estaba muerto, incluidas Eva y Vicky, no podía ni imaginarme lo mal que ellas lo estarían pasando, necesitaba volver con ellas. Me moví un poco en la camilla y traté de mover los pies, lo conseguí enseguida y me puse de pie en mitad de aquella habitación improvisada.
Me acerqué a la puerta y me asomé, no había nadie vigilándome, al mismo tiempo que me sorprendía de eso me alegré, podría salir, pero antes de hacerlo necesitaba abrigarme con algo, rebusqué allí y me puse una manta gris y marrón por encima, cubriendo así también mi cabeza y mi rostro.
Salí de la habitación y comencé a caminar por los túneles, no sabía ni siquiera a donde iba, no sabía donde estaba exactamente, no sabía nada. Aceleré el paso mientras iba recobrando la movilidad de los pies en su totalidad, me volvía a sentir vivo. Pasé sobre un charco y al verme reflejado en el apenas me reconocí, tenía el pelo muy largo y una poblada barba, casi me asusté al verme, ese no era yo. Me quedé un rato quieto tratando de asimilar todo lo que me había pasado, era obvio que con el tiempo que había estado en coma había cambiado. Decidí seguir adelante hasta que llegué a las vías del metro, a mi alrededor no había nada, solo paredes de hormigón, fue entonces cuando vi una luz hacia el final del túnel, me quedé un rato pensando si debía seguirla y al final opté por hacerlo, cuanto más me acercaba más rastro de vida humana podía ver, hasta que al final me llegó el murmullo de la gente, a lo que le siguió comenzar a cruzarme con gente, estos no parecían reparar en mi, ni siquiera me miraban.
Pasé junto a un vagón del tren donde se podía ver a hombres, mujeres y niños calentándose alrededor de una hoguera, el humo de esta salía por una especie de chimenea que habían construido y que esta conectaba directamente con otro túnel de menor tamaño por el que no transitaba nadie.
Seguí caminando y vi cosas que solo había visto antes del apocalipsis, gente viviendo en la indigencia, gente que tenía perros delgados que daba cosa verlos, aquello era peor de lo que me había imaginado, allí abajo malvivían, era mucho peor de lo que me había contado Kimberly aquella vez mientras devoraba con ansia una hamburguesa. Eso era lo que tanto ansié conocer aquel día y lo que quise cambiar mientras era el líder. Más que nunca desde ese momento, me juré que cuando volviese a la superficie y aclarara lo que tenía que aclarar, trataría de al menos mejorar la calidad de vida de esas personas.
Llegué a un cruce y entonces me llamó la atención algo, se trataba de gritos, gente que parecía estar animando algo, sabía que no tenía que acercarme y seguir mi camino para tratar de salir de allí lo antes posible, pero la curiosidad fue más fuerte. Así que me puse en camino hacia el origen del ruido. Me metí por otro túnel y llegué a una nueva red de alcantarillado, me encontraba sobre lo que parecía una pasarela, allí había gente de pie mirando hacia abajo, todos muy atentos, cuando miré yo vi a dos hombres metidos como en una especie de jaula, estos estaban intercambiando golpes mientras los demás los animaban. Enseguida pensé que era una forma de entretenerse allí abajo, era una forma brutal y salvaje, pero aquella gente disfrutaba. Enseguida noté una mano en mi hombro. Me di la vuelta y me encontré con un chico joven con un gorro de invierno, este se me quedó mirando.
—¿Por quien apuestas tu? Tendrás que darte prisa por que se esta acabando. Mira…— el chico me señaló hacia la pelea, allí me fijé en los dos hombres, uno de ellos era un tipo de color enorme y que por sus movimientos y sus puñetazos me dio que pensar que había sido luchador. El otro hombre era blanco, y tendría más o menos mi estatura, este tenía los morros reventados y mucha sangre sobre el pecho. –Venga… ¿Por quien apuestas tu? Yo apostaría por el negrazo, ese tipo antes era luchador de Kick Boxing, por eso pega esas hostias. El otro creo que era mecánico, pero no estoy seguro.
—Paso…— respondí –No me van las peleas clandestinas.
—¿Estas de coña? Todo es clandestino aquí, pareces nuevo. Entiendo que es una salvajada, pero si no fuera por esto, aquí abajo nos moriríamos del asco. Venga, apuesta hombre, van todos a favor del Goliat de ébano, pero lo mismo da un cambio y gana el mecánico. Es tu oportunidad de ganar comida para meses que se ha estado guardando para la ocasión.
Justo en ese momento el luchador de Kick Boxing le asestó un codazo en la cara y el mecánico cayó de espaldas mientras el tipo de color alzaba los puños al cielo y saltado celebraba su victoria sobre el pobre hombre al que le acababa de romper la nariz y muy probablemente la mandíbula.
—Vaya, creo que acabas de perder una gran ocasión. El siguiente combate es de un antiguo poli contra uno de los arponeros, es la hostia por que estos se están apostando a la mujer del poli…— el chico hizo una pausa y me dio un pequeño golpe en el hombro, este me hizo bastante daño debido a que no estaba recuperado del todo. –Si tío, el poli la pillo en la cama con el otro y no lo mató de milagro, así que resuelven aquí sus diferencias. Esto promete sangre.
Dos tipos entraron en la jaula y se llevaron a rastras al mecánico desmayado, aunque más bien juraría que estaba muerto, ese codazo había sido determinante, Kimberly no me había hablado de aquel lugar. Mientras, el chico joven trataba de llamar mi atención a base de golpes, me estaba poniendo nervioso.
—Me tengo que ir— le dije en voz baja sin dejar que me viera la cara, estaba pensando que habría sido mejor quedarme en el quirófano, habría sido lo mejor.
—Ya entiendo, te asusta la sangre… bueno, también hay peleas en el barro de tías. No es tan emocionante, pero a veces hay suerte y se les puede ver alguna teta y lo guay de todo es que si apuestas por la ganadora luego puedes tener una cita con ella en una de las suites de aquí abajo, están ubicadas en viejas salas de guardas. Follar si te gustará ¿No?.
—¿Es que no me has entendido? No me interesa, solo quiero salir de aquí.
—Tío, eres muy raro… espera, no te vayas, también puedes…— el chico me agarró del hombro mientras seguía caminando, eso hizo que me quitara la manta de encima y esta cayera al suelo, dejándome al descubierto. El chico me miró con los ojos muy abiertos. –Un momento… tú no eres de aquí… tu eres… ¡¡¡La hostia!!! Tu eres ese tío que sustituyó a Graham— cuando dijo eso todos miraron hacia mi, enseguida me vi rodeado de miradas acusadoras y algo más, algunos hombres se iban acercando.
Una vez descubierto me puse a la defensiva pensando que podría defenderme, pero entonces sentí el primer puñetazo que me vino por la espalda, caí de rodillas y cuando intente ponerme de pie, alguien me ayudó de forma brusca cogiéndome del pelo.
—Matad a ese cabrón. Colgadlo…— dijo una mujer desde algún punto del lugar.
—No… mejor que lo colguemos y que así los críos tengan una piñata, para hoy, para mañana y para toda la semana. Será una piñata cojonuda— dijo un hombre desde el publico, enseguida sentí como me ponían una cuerda alrededor del cuello.
Sentí otra vez el abrazo de la muerte sobre mí, realmente tendría que haberme quedado en la maldita habitación, tendría que haber hecho caso, pero mi obsesión por salir de allí me había metido en un lio del que no creía que fuese a salir con vida, mis minutos de vida estaban contados, iban a ahorcarme. Estaba resignado a morir cuando alguien habló entre la multitud, cuando me di cuenta vi a Mouse.
—¿Por qué colgarlo cuando podemos encontrarle una diversión mejor? Mirad donde estamos. Que pelee.
—¿Y que apostamos? Nadie va a querer apostar por este perro, merece la muerte por ser de los de ahí arriba, ellos nos llaman escoria, pues lo justo es que los matemos, ellos nos matan a nosotros o nos encierran…— decía un hombre al que le faltaba un brazo.
—Y a las chicas las prostituyen— añadió una mujer que había allí. –Que pague el por todos los cabrones de ahí arriba, a muerte con el.
—Pues yo creo que deberíamos darle el beneficio de la duda, voto por que luche y si gana que compre su libertad. No me refiero a que salga, al fin y al cabo está muerto para los de arriba, aquí podría hacer algo útil. Que luche— decía Mouse mientras se ponía  a mi altura, entonces se giró a su alrededor y sonrió. –Y si muere, pues al menos disfrutaremos viendo como lo machacan. ¿No os encantan los combates a muerte en la jaula?.
Todo el mundo exclamó un “Si” al unísono, todos estaban de acuerdo que antes que matarme ahorcándome era mejor verme morir a golpes. Mouse alargó la mano y me cogió, el iba a ser el encargado de llevarme al matadero, mientras me llevaba bajando los escalones hacia lo que iba a ser mi destino final sentí como algunos de los presentes me escupían, además de los continuos manotazos en la piel desnuda de mi torso, cuando llegamos a la parte más baja me di cuenta de que era mucho más grande de lo que pensé en un primer momento, allí el numero de gente era todavía mayor, me sorprendía la cantidad de gente que habían estado repudiando allí abajo.
—Vamos, camina— dijo Mouse mientras me llevaba a la jaula. –Aunque no te lo creas te estoy salvando la vida, estoy haciendo que tengas una oportunidad.
—Entonces no hace falta que te lo agradezca… cabrón— respondí. Si me quería ayudar, esa no era la mejor manera. Y yo estaba cada vez más agobiado, una vez dentro de la jaula miré hacia arriba y vi que había llegado más gente, todos me miraban y abucheaban, entonces también vi el rostro de Kimberly mirándome desde arriba con una expresión de miedo, incluso vi las lagrimas, lagrimas que sabía que eran de impotencia por no poder hacer nada por mi.
Enseguida vi a un tipo que parecía ser el árbitro de la pelea, este se me quedó mirando desde fuera y dejó entrever una sonrisa maliciosa.
—Muy bien, tenemos nueva pelea y nueva apuesta. Es algo especial, alguien de la superficie luchará a muerte por conseguir comprar su propia vida para vivir entre nosotros, lo nunca visto damas y caballeros. Ahora solo nos falta encontrar al voluntario que no le pondrá nada fácil su objetivo. ¿Quién quiere enfrentarse a el?
El lugar se quedó en silencio, no por miedo, por que cualquiera estaría deseando matarme allí mismo a golpes, más bien estaban deliberando quien sería el más indicado, en ese momento un tipo grande comenzó a avanzar entre la multitud hacia mi. Volví a mirar hacia arriba para ver a Kimberly, entonces vi que esta se llevaba las manos a la boca para evitar dejar escapar un grito. Entonces a mi espalda escuché la voz del mismo tío que me había llegado hasta ahí. –Mucho cuidado con ese tío, si lo quieres ganar rápidamente, inutilízale las piernas.

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