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sábado, 3 de mayo de 2014

NECROWORLD Capitulo 32



Día 9 de Enero de 2010
Día 566 del Apocalipsis…
6:10 de la madrugada… Manhattan…

El barco de pesca que transportaba a Luci hasta la prisión se detuvo por fin junto a una plataforma de hierro, la cual estaba fuertemente soldada al casco del carguero, cuando llegó, Luci pudo escuchar gritos de los presos y algunos llantos, seguramente los de los condenados que esperaban irremediablemente su hora.
Luci fue obligada a subir a la plataforma y nuevamente volvió a sentir como la lluvia caía sobre ella, seguidamente se encontró cara a cara con otro soldado, este sostenía una carpeta con varias hojas que contenían los datos de ella, su crimen y varias fotos, después miró a los que la custodiaban.
—Por aquí.
Obligaron a Luci a subir a lo que parecía un montacargas que acababa de descender y luego volvieron a subir hasta que llegaron a la cubierta, allí le quitaron las esposas y por fin Luci pudo masajearse las manos para quitarse el dolor, se le pasó por la cabeza de escapar lanzándose al agua, pero no lo intentó, seguramente le dispararían antes de que pudiera hacer nada.
La fueron empujando hacia una puerta y uno de ellos sacó un manojo de llaves, abrió la puerta y entonces uno de ellos empujó a Luci al interior, esta se dio la vuelta y se encontró con la sonrisa maliciosa de uno de los guardas.
—Ahora vas a saber lo que es el verdadero infierno— seguidamente cerró la puerta y Luci se quedó a solas en medio de un pasillo únicamente alumbrado por unas pocas bombillas de luz anaranjada. Nada más entrar le llegó el olor, no solo a descomposición, si no también a heces, orina y vómitos. También los gritos de los presos se hicieron más audibles.
Luci avanzó por el pasillo con cautela, siempre poniendo los sentidos alerta, entonces pasó por delante de una celda y vio a varios tipos sobre una mujer, estaban desnudos y ella estaba siendo penetrada por dos hombres. Ella no parecía estar disfrutando con ello, era obvio que la estaban violando, la mujer miró en ese momento a Luci y tendió la mano hacia ella suplicándole ayuda, Luci quiso entrar para ayudarla, pero rápidamente un hombre salió a su paso y le cerró la puerta en las narices.
—Largo de aquí o serás la siguiente.
Luci estaba frustrada por no poder hacer nada, simplemente se quedó mirando con los dientes y los puños apretados mientras deseaba entrar y acabar con todos ellos, llegó un momento que uno de aquellos tipos terminó y comenzó otro, el que había acabado, se plantó delante de  la mujer y eyaculó en su cara. Aquello era una autentica humillación para aquella pobre chica. Como no podía hacer nada, Luci abandonó el lugar.
Pasó por varias celdas donde vio cosas terribles, aquello era mucho peor que el exterior, todos los presos estaban juntos a lo largo de muchos pasillos y celdas, muchas veces se cruzó con cuerpos decapitados que alimentaban a las ratas. Aquello era como si de verdad hubiese descendido al mismísimo infierno. Probablemente moriría allí.

Manhattan… túneles…

Laura tenía un nuevo trabajo que le habían adjudicado hacía poco, llegó hasta el puerto montada a caballo y cuando se bajó de el lo dejó amarrado a los barrotes de una ventana. Justo en ese momento vio la figura de un hombre que se le acercaba, lo reconoció al instante, se trataba de Mouse.
—Llegas tarde, tendrías que estar aquí desde hace una hora.
—Desde lo del brote las cosas están mal, la vigilancia se ha vuelto más intensa. Parece que se te olvida de lo que nos pasa a los miembros de la guerrilla que son descubiertos. Vine cuanto pude. ¿Por donde entramos?
En ese momento Mouse se quitó la bolsa de deporte que cargaba a su espalda y la abrió, lo que Laura encontró en el interior fueron dos trajes de neopreno y unas bombonas de oxigeno. –Solo podremos acceder buceando, espero que no tengas inconveniente.
—Para nada… ¿Cómo está el?— preguntó en ese momento Laura.
—Rachel está ahora con el, Sheila cree que debe estar a punto de despertar— respondió Mouse.
Los dos se ocultaron y se pusieron los trajes de neopreno, seguidamente se lanzaron al agua y comenzaron a bucear en dirección a uno de los túneles que había debajo del agua, esa era la única manera de entrar a los túneles desde esa parte sin ser vistos.

Laura había llegado a Manhattan al poco de fundarse, en un principio iba a estar repudiada en los túneles, pero gracias a varios contactos se quedó arriba como infiltrada entre los hombres más próximos a Graham. Había ejercido de abogada en el pasado, pero ahora era la secretaria del líder de Manhattan, lo había sido de Graham en cierto modo, este muchas veces la miraba de forma lasciva y Laura podía imaginarse lo que estaba pasando por la mente de aquel maldito viejo, al que deseaba ver muerto en más de una ocasión. Entonces un día fue llamada a ser la secretaria del nuevo líder, se trataba del chico que había sobrevivido, pero no había estado mucho tiempo a su servicio por que este había muerto el mismo día de su boda.

Manhattan… túneles.

Mouse y ella llegaron a un túnel bajo el agua y lo siguieron hasta que pudieron salir de nuevo a la superficie, ya estaban dentro de los túneles. Salieron del agua fría y rápidamente comenzaron a quitarse en neopreno mientras se secaban con una toallas que Mouse había dejado allí preparadas con anterioridad.
—¿Está muy lejos de aquí?— preguntó Laura cubriendo su cuerpo con la toalla.
—No… estaremos ahí en cinco minutos. Lo cierto es que estuvo a punto de morir, pero Sheila logró estabilizarlo.
—Sigo sin entender el por que tantas molestias por mantenerlo vivo. ¿No sería más fácil matarle? No me malinterpretes, el tío me cayó bien enseguida y no se le ve mala gente, pero si alguien lo ve aquí…
—Es por Kimberly. Ella está viva gracias a el. Le debemos ese favor y lo vamos a devolver con los suyos— respondió Mouse dando un bufido. –Así que es lo que haremos, lo sacaremos de aquí cuando se recupere.
Una vez secos comenzaron a avanzar por los túneles hasta que llegaron al quirófano que Sheila había preparado, cuando Rachel  los vio llegar se acercó a ellos con una sonrisa de oreja a oreja, aunque Mouse y Laura no se sorprendieron.
—He avisado a Sheila, viene de camino. Es un milagro, se ha despertado.
—¿Cuánto hace de eso?— preguntó Mouse.
—No hace ni un minuto, estaba a su lado leyendo cuando vi que me estaba mirando. Venid conmigo— les dijo Rachel, seguidamente los llevó hasta la puerta y allí vieron al paciente mirándolos.
—Me cago en la puta, está vivo de verdad— dijo Mouse dando una palmada. –No creí que saldría de esta con vida, ese tío es duro, duro de verdad. Voy a avisar a Kimberly, se alegrará de esto.
Laura miraba a través del cristal, el paciente estaba igual a como lo había conocido, pero este tenía varias cicatrices, era obvio que hasta llegar a esa situación había pasado un calvario. Realmente era un milagro que siguiera vivo, fue entonces cuando Laura se planteó la pregunta de cuantas veces se había librado de la parca ese muchacho.
*****

Había despertado en un lugar extraño, era una especie de quirófano, no recordaba el como había llegado allí, nada más despertarme vi a una chica a mi lado leyendo y cuando esta se había dado cuenta de que la estaba mirando salió del lugar, unos segundos después vi como otras dos caras me observaban a través de un cristal en la puerta, uno era un chico y la otra era Laura. La chica que me habían puesto como secretaria personal. Miré a mi alrededor esperando encontrar algo que me diese alguna pista de como había llegado hasta allí, entonces caí en la cuenta de que llevaba puestos unos tubos en la nariz, me los quité y alcé los brazos. No entendía que demonios me había pasado, tenía el torso desnudo y varias vendas, debajo de ellas imaginaba que había heridas, pero no recordaba nada de como me las había hecho.
Me quedé un rato mirando a mis vigilantes y entonces vi otro rostro conocido, el de la doctora Sheila, esta me miraba a través del cristal, habló algo con los que allí estaban y luego entró apresuradamente.
—Agua…— susurré notando que tenía la garganta seca.
Sheila se dio la vuelta y de la mochila que llevaba sacó un vaso y una botella de agua, esta lo llenó y se inclinó sobre mí para dármelo, yo me alcé lo que pude y comencé a beber con ansia, no recordaba haber bebido así en mi vida. Cuando terminé de beber, con la garganta ya húmeda, volví a mirar a la doctora.
—¿Recuerdas como te llamas?— preguntó Sheila mientras me examinaba las pupilas con una pequeña linterna.
—Me llamo Juanma… ¿Cómo he llegado aquí? No recuerdo nada de después de mi boda…
—Tranquilo— sentenció Sheila. –Poco a poco irás recordando, acabas de despertar de un coma. Quizás tardes unos días en recordar, pero estás vivo, es lo importante.
—¿Y mi familia? ¿Y mis amigos?— iba preguntando a medida que las preguntas se iban formando en mi mente, necesitaba saber, necesitaba comprender. –Necesito ver a mi mujer y  a mi hija— traté de incorporarme pero Sheila me lo impidió.
—Aun no estás lo bastante fuerte como para moverte, espera y te aseguro que las respuestas vendrán poco a poco. Primero recupérate y se paciente.
Sheila salió de la habitación en la que me encontraba y yo me quedé a solas allí, siempre vigilado por los de fuera, suponía que no se iban a mover de allí en ningún momento, aunque no sabía si era por que temían por ellos o por mi. Lo que estaba claro era que mi familia no estaba ahí y yo era algo así como su prisionero.

Manhattan… zona segura
Superficie… 9:00…

Eva fue a despertar a Vicky, la noche anterior le había prometido que la llevaría a central Park, allí el general Graham había organizado unos juegos y demás actividades para los niños, todo un detalle por su parte. Cuando Eva entró en la habitación y se encontró con la pequeña sentada en la cama, se fijó en que tenía los ojos rojos, seguramente de llorar, al fin y al cabo, ella también los solía tener así muchas veces.
—¿Ya estás despierta cariño?— preguntó Eva acercándose y sentándose a su lado mientras le acariciaba el cabello. –No me digas que has estado llorando.
—Es que he tenido un sueño mami.
—¿Un sueño? ¿Me lo cuentas?— preguntó Eva con una cálida sonrisa. Quería ser una buena madre para la pequeña, era algo que le debía a Juanma.
La pequeña se la quedó mirando y comenzó a hablar. –He soñado con papá, el volvía con nosotras. Era de día y había llovido mucho, papá vino a abrazarnos y tú llorabas.
—Que sueño más bonito— respondió Eva siguiendo dándole caricias en el pelo. –Pero es solo un sueño, y los sueños, sueños son. Sabes que papá no volverá.
La niña se quedó mirando a Eva y siguió hablando. –Pues yo si que creo que va a volver, no se como, pero vendrá.
Eva cogió las mejillas de la pequeña entre sus manos y la hizo mirarla. –Cariño, los que se mueren ya no vuelven— Eva se quedó un rato pensativa con lo que acababa de decir. Evidentemente en situaciones normales los muertos no resucitaban, pero aquello no era una situación normal. Entonces se replanteó la pregunta. –¿Era papá un caminante en tu sueño?— Eva pensaba que por eso la pequeña había llorado, por el trauma que le podría haber supuesto aquel sueño. —¿Por eso llorabas? ¿Por qué papá era un caminante?.
La niña sonrió en ese momento. –No… lloré de alegría por que papá estaba vivo, se que vendrá, lo se.
—¿Por qué estas tan segura?
—Por que lo he soñado muchas veces y mi otro papá decía que cuando sueñas muchas veces lo mismo, ocurre. —Eva había escuchado eso mismo muchas veces en su infancia, pero nunca le había pasado algo así, era su hermana Maica quien se lo había jurado por altiva y por pasiva, que a ella le había pasado, pero Eva nunca se lo creyó. –Se que ocurrirá mami, lo se.
—Bueno cariño. Es hora de vestirnos e irnos a pasarlo bien. También tenemos que desayunar, tío Carlos vendrá con nosotras.
Ambas salieron al salón y mientras Eva hacía el desayuno, Vicky se sentó en el sofá y encendió el televisor, a esas horas solían emitir dibujos animados para los niños. Cuando salió la imagen, Vicky esperó ver a Bob Esponja, pero en su lugar apareció un hombre en la pantalla mientras unas letras iban apareciendo en la parte inferior de la pantalla. Detrás de aquel hombre salía un mapa donde se veía una especie de manchas blancas formando como remolinos, y el hombre decía cosas que Vicky no podía entender.
—El huracán nos alcanzará en unos cuatro días, hay que extremar todas las precauciones, los ciudadanos deberán acudir al Madison Square Garden donde esperaran hasta que el temporal pase, a aquellos que decidan permanecer en casa deberán quedarse allí sin salir a la calle— aquel hombre del televisor se dio la vuelta y comenzó a señalar varios puntos del mapa donde rápidamente salían varias partes de la ciudad a forma de fotos agrandadas. –Como pueden observar, nuestros efectivos militares trabajan a contrarreloj para hacer que el paso del huracán sea lo menos dañino posible. Las vallas que separan nuestra ciudad de la zona infestada son seguras, que nadie tema por ello. Aunque es probable que los fuertes vientos traigan a algún infectado a nuestra zona, pero es muy improbable. Debemos también recordarles que nadie debe permanecer en la calle durante las horas previas, cualquiera que incumpla esta norma será detenido y hecho prisionero.
Eva solo escuchó la parte de ser detenidos y dejó de hacer lo que estaba haciendo, enseguida pensó en Luci, a ella no le habían dado opción de nada, ella había matado a la asesina de Ethan y la habían detenido sin miramientos, no le habían dado la oportunidad de defenderse en un juicio. Ni siquiera les habían dejado ir a verla, hacía dos semanas que aunque sabían que estaba viva, no sabían nada de su estado, seguramente le habían pegado muchas palizas, según el informe al que Eva había tenido acceso, Luci había matado a una pieza clave en los avances hacia la reconquista del mundo. Eva pensó en que podían usar aun así su sangre, pero al parecer, tras morir, la sangre ya no servía para nada. Eso había hecho que Luci diese con sus huesos en aquella maldita prisión ubicada en aquel carguero que con solo verlo se le helaba la sangre. Hubiese querido hacer algo para sacarla de allí, pero no había nada que ella pudiera hacer.
Eva entonces reparó en el televisor, parecía un informe meteorológico, luego miró a la niña y esta se la quedó mirando. –Mami… ¿Viste que va a llover?
Al parecer era lo único que la pequeña había entendido de todo el informe, sin embargo, Eva si que había entendido algo desde el momento que le había prestado atención. Parecía ser que un huracán se estaba acercando hacia Manhattan.
—Si hija… parece que lloverá mucho.
*****

Yuriko salía de casa lo justo, no estaba bien desde la muerte de Vanesa. Muchas veces recibía las visitas de David y Sandra, pero a ella le costaría mucho volver a ser la misma, había perdido a su mejor amiga y el ultimo recuerdo que tenía de ella era el de verla tumbada en una camilla con una pierna menos.
Al mismo tiempo que Eva en su casa veía el informe de precaución ante el huracán que se acercaba, ella también lo veía. No era la primera vez que un huracán se acercaba y se situaba sobre Manhattan, el primero que vio provocó muchas muertes y grandes destrozos en la ciudad, no le gustaba nada el que fuesen a recibir la visita de otro, aunque supuestamente ahora estaban preparados.
Yuriko estaba sentada en el sofá viendo la televisión cuando alguien llamó al timbre, esta se levantó y abrió la puerta, tras esta se encontró a David.
—Buenos días… ¿Puedo pasar?— dijo David con una sonrisa.
—Si claro, pasa— respondió Yuriko haciéndose a un lado para que David pasara, una vez dentro cerró la puerta.
—Vine a buscarte por que considero que te vendrá bien salir un rato, vamos al festival en central park.
—No estoy para fiestas David— respondió Yuriko lacónica. –Te agradezco la intención, pero no creo que…
—Te prometo que te lo pasarás bien. No puedes quedarte en casa toda la vida y sin ver a casi nadie. Entiendo lo que sientes por lo de Vanesa, yo también lo lamento. No puedes seguir así. Así que te recomiendo que te pongas guapa y vengas conmigo al festival, los demás estarán por allí también— David se acercó a Yuriko y la cogió de la mano. –Venga.
Yuriko finalmente accedió y cuando se vistió, ambos se pusieron en marcha hacia central park, mientras caminaban por la calle estaban viendo las obras en la calle. Los operarios estaban fabricando una especie de vallas correderas de cinco metros de alto que se activarían en caso de algún brote, estas servirían para contener a los infectados. Aunque en opinión de David, aquello podría convertir algunas calles en autenticas ratoneras, pero el no tenía ni voz ni voto. Quizás si Juanma estuviera vivo…
—¿Cómo lo llevas con Alicia?— preguntó Yuriko sacando a David de sus pensamientos.
David miró a Yuriko y arrugó la nariz, no se esperaba la pregunta, pero aun así le respondió. –Me ha permitido volver a casa y me ha dejado dormir en una de las habitaciones… también hablamos algunas veces, poco… pero al menos ya es algo.
—Te perdonará. Ya lo verás.
—Eso espero. La quiero y nadie más que yo lamenta lo que pasó con Johana. Fue culpa mía, eso está claro.
David y Yuriko siguieron caminando hasta que hicieron parar a un carruaje tirado por caballos, se subieron y pidieron que los llevaran hasta central park. Mientras se iban acercando iban comprobando que la gente que había sobrevivido al brote se iba reuniendo allí, David se fijó en las nuevas caras, se trataba de las personas que Jill había sacado de Worthington metidas en un camión, solo algunos seguían hospitalizadas, un total de cincuenta personas habían sido rescatadas.
Cuando llegaron a central park se bajaron del carruaje y David pagó al hombre que llevaba las riendas de los caballos. Poco a poco en la ciudad se estaba recobrando la normalidad a lo que podía haber sido antes del apocalipsis, aunque los vehículos a motor eran cada vez más frecuentes, lo cierto era que Graham estaba poniendo todo su empeño en que las cosas en la ciudad fueran a mejor.
Yuriko y David llegaron a una parte de Central park donde enseguida vieron a Alicia, Sandra y Eva. Sandra estaba acompañada por Parker, los demás sospechaban que habían comenzado una relación.
Allí había muchísima gente reunida, vieron a Jill junto a un chico que bien podría ser su pareja, vieron a Sid con su madre. Mike y Kendra paseaban con sus hijos por allí. Todo parecía perfecto, pero había algo diferente y era que Luci no estaba allí, ella estaba encerrada en una cárcel de la que no sabían absolutamente nada.
—Hola— dijo Eva cuando vio llegar a David y Yuriko.
—Hola— respondieron al unísono. —¿Todo bien?— preguntó David mirando a su alrededor y cruzando en cierto momento una mirada con Alicia.
—Si… ¿Habéis visto lo del huracán?— preguntó en ese momento Eva. –Yo vi algo en el televisor.
—Si— respondió Yuriko tímidamente. –No es el primero, así que estaremos preparados.
En ese momento apareció Carlos allí, llegaba acompañado de un par de hombres, a los que David reconoció enseguida como soldados, este les saludó a todos con una sonrisa.
—Me alegro de veros a todos aquí a pesar de que estemos pasando tiempos difíciles. Luego voy a dar un discurso en honor a los caídos y en especial a mi hermano. Espero que os guste.

Después de saludar a los demás, Carlos se alejó de allí seguido por sus dos acompañantes. Entonces uno de ellos se dirigió a Carlos.
—¿Estas seguro que no saben más de lo que crees? Podríamos meternos en un lio si saben demasiado.
—No saben más de lo normal, tranquilos. La chica está ya en la cárcel, no hay nada de que preocuparse, nadie por muy duro que sea sobrevive o sigue cuerdo mucho tiempo allí dentro, solo habrá que esperar y si sale de allí será para ser utilizada en experimentos. Pensé que no iba a lograr encerrarla, pero al final Graham optó por lo mejor. Quise que la ejecutaran, pero bueno, allí dentro es como si estuviese muerta. Algo es algo.
—¿Todo esto por que te pegó un puñetazo y te partió la cara?— preguntó el otro, entonces Carlos le asesinó con la mirada.
—Todo esto por que esa tía anda buscando a mi hermano, no quiero arriesgarme a que lo encuentre— respondió Carlos acercándose a una mesa que había allí preparada y sirviéndose una copa de vino. El tiempo y el brillante sol estaba permitiendo que pudiese celebrarse ese día. Aunque al principio del día amaneciese con lluvia.
—Pero… ¿No se supone que tu hermano está muerto? Según nos contaste es imposible que saliera vivo de ahí, por mucho que esa tía lo busque no lo encontrará. Es tontería, podríamos haberla dejado que lo buscara tranquilamente aunque fuese solo para reírnos de su cabezonería.
—Mi hermano está muerto, claro que lo está, pero esa tía era un estorbo para mi relación con Eva— dijo Carlos mirando a Eva entre la multitud.
—¿Te has enamorado de tu cuñada? No me jodas— respondió uno de los acompañantes.
—¿Algún problema con ello? Si mi hermano está fuera de juego ella volverá a ser mía, es cuestión de tiempo, pero si por casualidad Luci encontrase a mi hermano vivo y este volviera, todo se iría al infierno.
—¿Y no sería mejor cargárnosla? Ya sabes, en esa cárcel puede pasarle cualquier cosa y morir. Podemos hacer algo, por algo tenemos turnos de guardia allí.
—Prefiero que sufra y muera allí o sea diseccionada en los laboratorios del hospital. Dejaremos que el tiempo haga su trabajo, al fin y al cabo no verá a ninguno de los otros nunca más. Viva o muerta, Luci ahora mismo está fuera de juego.
—Eres un jodido cabrón. No me gustaría tenerte como enemigo— el acompañante de Carlos se sirvió una copa de vino el también.
—No es cuestión de tenerme o no como enemigo. Es cuestión de que las cosas salgan como yo quiero. ¿Quién crees que hizo que metieran tan rápido en la cárcel a esa tía sin juicio ni nada? ¿Quién crees que convenció a Graham de que esto era lo mejor? Esta ciudad pronto será mía también. Tengo más contactos de los que vosotros creéis— Carlos bebió un trago de vino y seguidamente miró a Eva entre la multitud otra vez, en ese momento ella también lo miró a el y le pareció ver una sonrisa maliciosa.

Manhattan… túneles…

Desde el momento que me había despertado estaba teniendo como flashes de lo que me había pasado, no hacía más que recordar imágenes borrosas de pies y nieve a mí alrededor y sobre mí. Veía sangre también por la nieve mientras recordaba el tacto de los copos de nieve sobre mí. Esas imágenes me estaban empezando a agobiar muchísimo, entonces sentí una arcada y me puse de lado para vomitar. Rápidamente entró Sheila para limpiar lo que había ensuciado.
—¿Estas bien? ¿Empiezas a recordar?
—No lo se, estoy viendo en mi mente un lio de imágenes. No logro aclararme… agua…— respondí sintiendo aun el regusto del vomito en mi garganta. Sheila me dio agua y yo volví a tumbarme. —¿Cuándo saldré de aquí? Necesito ver a mi familia y abrazarles.
—Aun debes recuperarte un poco, tus piernas están débiles todavía. No podrías dar ni dos pasos seguidos— respondió Sheila –Mañana que estarás mejor podremos intentar andar un poco. No te voy a mentir, estás en una situación delicada. No estás en la superficie, si no en los túneles bajo la ciudad… no eres un prisionero, tranquilo. Nosotros no hacemos prisioneros de ningún tipo, pero debes saber una cosa. Aunque ni Mouse, ni Rachel, ni Laura ni yo te haremos daño, pero los demás odian a los de allí arriba y en el momento que te hiciste líder ahí arriba, todo el odio fue hacia ti…
—¿Qué quieres decir?— pregunté sin entender absolutamente nada.
—Que si alguien aparte de nosotros te ve aquí te matará. Las cosas aquí no funcionan igual que ahí arriba, estás aquí por que estás protegido.
—Pero mi familia…— balbuceé. –Necesito ver…
No terminé la frase por que alguien llamó a la puerta, Sheila alzó la vista y miró hacia la puerta, fue entonces cuando vi al chico de antes, seguidamente Sheila me miró. –Ahora vengo— Sheila se levantó y salió por la puerta, desde mi posición la vi que hablaba con el chico mientras gesticulaba. Cuando terminó volvió a entrar y se acercó a mí. –Tienes visita.
Por unos momentos pensé que habían conseguido que Eva viniese a verme, me hice ilusiones, pero estas se desvanecieron al ver que no se trataba de ella, se trataba de una chica joven a la que tardé un rato en reconocer, se trataba de Kimberly. Esta entró en la habitación y Sheila me miró.
—Os dejo un rato a solas, supongo que tenéis cosas que contaros.
Cuando Sheila salió de la habitación, Kimberly y yo nos quedamos un rato mirándonos, ninguno de los dos parecía que iba a romper el silencio, pero al final fue ella quien lo hizo. —¿Te acuerdas de mi?
—Si… eres Kimberly ¿No? Recuerdo que te ayudé cuando te estaba persiguiendo aquel jodido pigmeo. ¿Cómo estás?
—Estoy bien, pero he estado muy preocupada por ti, pensé que morirías. De hecho casi lo hiciste, fui yo quien te ayudó cuando…
En ese momento tuve un recuerdo flash y me vi en un sitio oscuro y la cara de Kimberly, seguidamente recordé la cara del chico, este me apuntaba con un arma y la chica se ponía delante de mi como protegiéndome. Fue en ese momento cuando comencé a recordarlo todo con pelos y señales.

Carguero prisión…

Luci llevaba horas deambulando por los pasillos de aquel siniestro lugar, muchas veces se cruzaba con otros presos y presas que deambulaban por allí como almas en pena. El olor allí dentro era nauseabundo, llegó a lo que parecía una cubierta exterior y miró hacia arriba, a unos quince metros por encima de ella había unas plataformas con guardas armados con ak—47. Ya no llovía, pero todavía se sentía la humedad. Seguidamente Luci miró a su alrededor y vio a más presos, algunos estaban hechos un ovillo y apenas se movían, Luci en ese momento se fijo especialmente en una chica que estaba extremadamente delgada, esta le llamó la atención y se acercó a ella, cuando llegó junto a la chica le tomó el pulso y descubrió que estaba muerta, aunque no haría mucho que había muerto por que aun estaba caliente.
—¡¡¡¡Tu!!!! Aléjate de ella— le gritó un guarda apuntándole con el ak—47. Como Luci no respondió a la primera, este disparó y la bala acertó a unos centímetros de sus pies. —¿Estas sorda? Aléjate o te aseguro que la próxima vez no fallaré. ¡¡¡Venga!!!
Luci retrocedió unos pasos y los guardas comenzaron a disparar sobre el cuerpo de la chica, la mayoría de balas impactaron en la cabeza de esta destrozándosela.
Luci no se quedó a ver más, cruzó aquella cubierta corriendo y volvió a meterse en el interior del carguero, se imaginaba el porque lo habían hecho, no querían que se reanimara, también desde que había entrado se había percatado de los cuerpos decapitados ¿Eso era el destino de los que se reanimaban allí dentro? ¿Y donde estaban sus cabezas? ¿Los habrían decapitado antes de muertos o después?, pero Luci no se lo siguió preguntando, necesitaba encontrar un sitio donde poder descansar, dormir y refugiarse. Pasar demasiado tiempo al descubierto sería peligroso y tampoco podía permanecer despierta todo el tiempo.
Los pasillos cada vez más oscuros y macabros traían gritos de dolor y miedo, en cada celda abierta podía ver una atrocidad diferente, llegó a ver a dos hombres peleándose y a uno de ellos clavarle un hueso al otro en el cuello, seguidamente la sangre comenzó a brotar manchando toda la pared de hierro. Llegó hasta unas escaleras que tiraban hacia arriba y hacia abajo, supuso que quizás si subía hacia arriba estaría más segura, por lo contrario se imaginaba que si bajaba, lo que había visto hasta ese momento se quedaría en un chiste. De repente sintió un empujón, alguien había pasado por su lado y la había empujado para quitarla de su camino, cuando miró al culpable vio a un hombre desnudo de espaldas, este estaba corriendo escaleras abajo, seguidamente un grupo de mujeres desnudas  y con mascaras que se le antojaron ser de carnaval pasaron corriendo también por su lado mientras gritaban cosas que Luci no entendía, estas blandían en lo alto como tijeras de podar, eran nueve en total, las cuales siguieron al chico escaleras abajo, cuando desaparecieron, Luci pensó en volver sobre sus pasos, justamente en ese momento escuchó el grito del joven. Luci no pudo evitar asomarse, bajó las escaleras y llegó a otro pasillo, miró a ambos lados y entonces vio algo que le heló la sangre y revolvió el estomago. Las mujeres habían cogido al chico y mientras unas lo mantenían inmovilizado en el suelo boca arriba, la otra abría y cerraba las tijeras de podar sobre el miembro del muchacho, cuando se lo cortó el chico lanzó un grito para acto seguido quedar inconsciente, luego aquella mujer en mascarada alzó el pene sobre sus cabezas y dejó que la sangre goteara sobre ella y sus compañeras que en ese momento pasaban sus manos ensangrentadas por las piernas de su jefa como si la estuviesen adorando como una diosa.
—Pero… ¿Dónde cojones estoy?— se preguntó Luci
Aquello ya no solo era una enorme prisión, era también una maldita casa de locos. Enseguida se dio cuenta de algo, aquel lugar te destruía, podía hacerlo tanto física como psicológicamente. Se imaginó que los más afortunados eran aquellos que morían pronto. Si, realmente estaba en el mismísimo infierno, el exterior, pese a los No Muertos, era mucho más seguro que ese lugar.

1 comentario:

  1. Excelente sigue así ya quiero leer cuando llegue juanma a manhattan

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