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sábado, 26 de abril de 2014

NECROWORLD Capitulo 31



Día 25 de Diciembre de 2009
Día 551 del Apocalipsis…
18:30 Manhattan… zona segura

Cuando Luci abrió los ojos se dio cuenta de que se encontraba mirando al techo de una habitación de hospital y que estaba tumbada en una camilla. No recordaba como había llegado hasta allí, solo tenía pequeños flashes de haber estado allí anteriormente, aunque no sabía cuanto tiempo había pasado, recordaba con todo detalle lo ocurrido en Worthington, también recordaba la muerte de Ethan y la cara de su asesina.
Luci comenzó a mirar a su alrededor y se dio cuenta de que no estaba sola en la habitación, David estaba sentado en un sillón y se había quedado dormido.
Con cuidado se fue incorporando, iba a quedarse sentada cuando una chica entró por la puerta, la conocía, se trataba de Sheila, al verla se ajustó las gafas y camino más rápido para situarse justo a su lado, momento en el que David se despertó, este también se quedó mirando a Luci.
—Por fin te has despertado… estábamos preocupados. Llevabas dos días con idas y venidas y teníamos que sedarte continuamente— dijo Sheila obligándola a tumbarse nuevamente para que no hiciese esfuerzos.
—¿Dos días? ¿Qué día es hoy? ¿Qué hora es?— preguntó Luci tratando de volver a incorporarse, pero Sheila no se lo permitió.
—Hoy estamos a 25 de Diciembre y son las seis y media de la tarde… ¿Sabes donde estás? Estás en Manhattan… otra vez.
—Manhattan… ¿Y los demás?— preguntó Luci apartando la mirada de Sheila para mirar a David, este agachó la cabeza y luego la alzó para comenzar a hablar.
—Casi todos estamos bien, sobrevivimos gracias a la intervención de Sandra acompañada por el grupo de Butch, pero perdimos a Vanesa y al chico ese de Hawai que ahora no recuerdo su nombre.
—¿Marlon?
—Eso es… Marlon. Lo abatieron durante el asalto de Worthington, Vanesa tampoco logró escapar, estaba demasiado herida, unos caminantes la devoraron— continuó explicando David mientras hacía esfuerzos para que sus lagrimas no brotaran.
Luci  sintió una punzada de dolor al enterarse de esas dos muertes, tres si contaba la de Ethan. Todo había comenzado por su idea obsesiva de encontrar a Juanma, si ella no se hubiese empeñado hasta ese punto, no se habría ido sola y Ethan no se hubiese preocupado por ella, organizando así una expedición con los demás para ir a buscarla, de hecho habrían muerto todos si no llega a ser por la aparición de Butch y los suyos, eso era algo que iba a agradecer, pero no podía evitar culparse a si misma.
—¿Cómo nos encontraron Butch y los suyos?— preguntó finalmente Luci
—Pues Sandra logró escapar y cuando volvía hacia aquí se encontró con ellos y les explicó lo sucedido— respondió David.
En ese momento Luci recordó algo, recordó que Terry seguía viva cuando los militares le lanzaron el dardo, rápidamente comenzó a mirar por toda la habitación, esperando encontrar rastro de aquella maldita mujer, pero no encontró nada, primero miró a David y luego miró a la doctora Sheila, la cual permanecía de pie apoyada en la camilla.
—¿Dónde está esa zorra?
—¿Quién?— preguntó Sheila haciendo un respingo. –No se de quien me hablas.
—No te hagas la tonta conmigo. Algo tienes que saber… ¿Dónde está esa maldita puta? Tengo que terminar lo que empecé.
Luci comenzó a ponerse muy nerviosa, en su mente se repetía en bucle la muerte de Ethan y la cara sonriente de Terry Alberona… y esas imágenes la estaban atormentando y haciéndole hervir la sangre. Quería levantarse de ahí, encontrar a esa mujer y matarla, recordaba que estaba herida, y era seguro que Terry también estaba allí en algún lugar del hospital, solo necesitaba saber donde.
—Tranquilízate… Esa tía está aquí en el hospital, sigue viva, pero no sabemos donde— dijo David abalanzándose sobre Luci para inmovilizarla. Entonces se le acercó al oído pese a la presencia de Sheila. –Te prometo que tendrás tú venganza.— David había tenido extremo cuidado en que nadie más aparte de Luci le escuchase.
Después de eso, David abandonó la habitación y Luci se quedó a solas con Sheila, la cual había puesto los brazos en jarras, como esperando a que se quedaran únicamente ellas en la habitación, entonces comenzó a hablar.
—Bueno, ahora que estamos solas te explicaré todo lo que te han hecho. Tuvimos que operarte por el disparo de tu estomago, aunque ya te habían practicado una buena cura, ignoro lo buen medico que sería el que te curó, te salvó la vida.
—Seguramente ese hombre está muerto ahora, como el resto de los que seguían a esa zorra de Terry… Bueno, ¿Cuándo me podré ir a casa?— Luci miró en ese momento hacia la ventana que daba al pasillo del hospital y vio pasar a varias personas con varios vendajes y sosteniendo goteros. –Parece que aquí estáis saturados ¿A pasado algo?
—Tuvimos un brote y murió mucha gente, pero las cosas están volviendo a la normalidad, esas personas son supervivientes. Los muertos ya están enterrados.
—¿Y los cuerpos de mis amigos? ¿Y el cuerpo de Ethan?
—No pudimos recuperarlos… aunque hay tumbas con su nombre en el cementerio— respondió Sheila mientras revisaba unos papeles, cuando llegó hasta una hoja se detuvo y alzó la vista para mirar a Luci. –Ethan… tu novio. Bueno, para eso quizás necesites un psicólogo… hay uno muy bueno en este hospital, puedo concertar una cita con el.
—No, no lo necesito. Solo quiero irme a casa y descansar allí… luego volver cuanto antes a buscar a Juanma ahí fuera… está en algún lado.
—A casa podrás irte esta noche si así lo deseas… con una condición…
—¿Qué condición?— preguntó Luci apartando la vista nuevamente de Sheila para volver a mirar a la ventana, estaba esperando algo. Esperando a que alguien en concreto cometiera el error de pasar por allí.
—La condición de que reposes, única mente reposes y te alejes de líos. Nunca encontraras a Juanma ahí fuera, el murió y lo debes aceptar, como hacen todos cuantos lo conocen. Su hermano y su mujer ya lo aceptaron. Incluso ayer vino su mujer a pedir la píldora del día después al hospital, lamentablemente no tenemos de eso, tuvo que conformarse con píldoras anticonceptivas.
Luci frunció el ceño por que eso era algo que no se esperaba, ¿Eva tenía otra relación? Se le antojaba imposible, lo de Juanma era demasiado reciente como para que ella ya estuviese con otro tío, eso hizo que la sangre de Luci hirviese, en esos momentos deseó tener delante a Eva para decirle cuatro cosas y quizás romperle la cara.
—Bueno… quizás necesitas ese psicólogo después de todo, ya no solo para superar la muerte de Ethan… si no también para que aceptes la muerte de Juanma. Así quizás dejes de salir a buscarlo.
—¿Tu crees que necesito un psicólogo? ¿Después de todo lo que he pasado ahí fuera antes de llegar aquí? Si no lo necesité cuando di a mi hija en adopción, si no perdí el juicio cuando descubrí su tumba en medio de todo esto, si no lo perdí la vez que tuve que matar al que fue mi novio por que intentó matarme. Si no lo he necesitado después de dejar varios cadáveres a mis espaldas… ¿Piensas que lo voy a necesitar ahora? Tía… tú no me conoces.
—Bueno… la sugerencia ya está hecha. Te ruego que te quedes aquí hasta que te den el alta… supongo que tus demás amigos irán pasando por aquí a verte a lo largo del día. Aunque es recomendable que acudan a verte una vez estés en casa. —Sheila cerró la carpeta y volvió a mirar a su paciente. –Muy bien, pues eso es todo, te recomiendo que sigas mis indicaciones, las cosas están muy mal como para tener cada vez más pacientes. Ya nos veremos entonces… hasta luego.
Sheila se marchó de la habitación y Luci se quedó sola, tumbada en la camilla y mirando al techo, en el veía a Ethan sonriéndole, quería apartar la vista y dejar de mirar por que esa imagen le oprimía el corazón, pero aunque cerrara los ojos, esa imagen seguía perdurando en su mente, y mientras veía esa imagen, una voz le repetía una única palabra: “Venganza”
*****

Terry Alberona estaba desnuda, tumbada sobre una camilla, en ocasiones sentía su mano derecha aunque esta ya no estuviera ahí y en su lugar hubiese un muñón. Ella había sido la única superviviente de su grupo. Había estado a punto de morir, pero la repentina aparición de los soldados le había salvado la vida, pero por su situación actual habría preferido morir antes que ser la prisionera que en esos momentos era.
Desde su llegada la habían intervenido varias veces y el viejo Graham la había visitado varias veces, este la observaba desde el otro lado de un cristal, siempre la miraba con una sonrisa en los labios, era como si le divirtiese verla en esa situación, pero el motivo por el que sonreía era por su don.
Terry estaba sumida en sus pensamientos cuando vio entrar en la habitación a un chico joven de unos treinta años, este no dijo ni una palabra, pasó por delante de ella y se tumbó en una camilla a unos metros de ella, una vez allí se desnudó, Terry se lo quedó mirando y se percató de las marcas de su brazo, era como si le hubiesen pinchado varias veces.
—¿Quién eres tú?— preguntó en ese momento Terry para atraer la atención del muchacho. Este la miró y sonrió, pero no dijo nada, eso hizo que ella sintiera rabia. —¿Qué pasa? ¿Eres mudo?
En ese momento el chico respondió. –Pues no, no soy mudo, mi nombre dudo que te importe, a mi el tuyo no me importa… y a juzgar por el hecho de que estás aquí en esta habitación… diría que somos iguales.
—¿Iguales? No se a que cojones te refieres— respondió Terry.
—Puede que te estés haciendo la loca y quieras hacerme creer que no sabes de que hablo… pero bueno. Estás aquí por que al igual que yo, puedes caminar entre esos seres, estás aquí por tu don, y aquí lo exprimirán al máximo. Somos sus cobayas… y no, no hay forma humana de salir de aquí… a menos que lo hagamos con los pies por delante.
Terry no volvió a articular palabra para hablar con aquel muchacho, estaba aceptando su situación, no iba a salir de allí.

Desde una habitación, Sheila y Rachel observaban a los dos sin ser vistas. Aquello era algo que no esperaban y de lo que tenían que informar a los de abajo.
—¿Quieres que informe?— preguntó Sheila mirando a su chica.
—Ya lo haré yo, tu mejor vuelve a casa. Si me da tiempo pasaré por tu casa para cenar juntas— después de decir eso, Rachel besó a Sheila y se despidió de ella.
Cuando Sheila terminó su turno también se fue a casa, necesitaba descansar.
*****

Todos sus amigos habían pasado a verla, hacia las nueve de la noche, justo cuando le iban a dar el alta, fue Eva quien se pasó a verla, cuando Eva entró por la puerta de la habitación se encontró con Luci recogiendo.
—Hola, he venido a buscarte para acompañarte hasta casa, aunque nos reuniremos todos esta noche en mi casa para cenar, hoy es Nochebuena y vamos a celebrarlo de alguna manera… por los niños… ya sabes. Mike, Kendra y sus hijos también vendrán.
—No estoy para celebraciones, por si no lo sabes… mi novio fue asesinado hace unos días y tu marido desapareció también, deberíamos estar buscándolo en lugar de estar haciendo el paripé. Parece ser que has olvidado muy pronto a Juanma.
—No se de que me hablas— respondió Eva.
—Ya, claro. Bueno, me da igual… iré a tu cena, pero no cuentes con que me quede más de una hora. ¿De acuerdo?
—Como quieras, es tu decisión, entiendo muy bien como te sientes— esa ultima frase hizo que Luci mirara a Eva.
—No, no lo sabes…

Eran las once de la noche cuando Luci y todos los demás estaban alrededor de una mesa cenando. Alicia tenía en brazos al bebé y David permanecía un poco alejado de ella, parecía ser que todavía seguían teniendo problemas. Carlos se había sentado al lado de Eva y cuando esta se levantaba para ir a la cocina, este la seguía en todo momento, eso levantaba las sospechas de Luci, iba a levantarse ella también cuando sintió una mano en su hombro, al darse la vuelta se encontró con la mirada de Kendra.
—Se que no nos conocemos, pero quiero que sepas que lamento mucho tu perdida, yo no se lo que haría si perdiese a mi marido o a mis hijos, lo significan todo para mi. Quiero que sepas que aquí estamos para lo que necesites. Conocí a Ethan y se que era una gran persona, lamento mucho su perdida.
Luci no pudo contener una sonrisa al recordar que tal como Kendra decía, Ethan era una maravillosa persona, justo en ese momento alguien llamó al timbre y Sandra se levantó para abrir, tras la puerta pareció Paul acompañado de su hermana Diana. La joven tenía los ojos tristes, por lo poco que Luci sabía, la chica no había recibido muy bien la noticia de la muerte de Marlon.
Los dos recién llegados se sentaron junto a la mesa y comenzaron a cenar también, ya estaban todos y no faltaba nadie por llegar.
—Voy a avisar a Eva— dijo Sandra poniéndose de pie otra vez, pero rápidamente Luci se puso en pie y se ofreció ella para ir a avisar a su anfitriona.
Luci caminó hacia la cocina y cuando iba a entrar escuchó algo y se quedó en la entrada sin ser vista, luego poco a poco se fue asomando y entonces lo vio. Carlos estaba abrazando a Eva y la estaba besando en el cuello y a Eva no parecía molestarle, más bien parecía disfrutar y se estaba dejando llevar, fue entonces cuando Carlos le subió a Eva la falda y el delantal y comenzó a quitarle las bragas, seguidamente el comenzó a quitarse el cinturón. Fue en ese momento cuando Luci irrumpió en la cocina y al verla, Eva se separó de Carlos al tiempo que se volvía a subir las bragas.
—Muy bonito…— murmuró Luci cruzándose de brazos.
Carlos se quedó mirando a Luci. –Esto lo puedo explicar.
—No es necesario, estaba muy claro lo que ibais a hacer, dime… ¿Dónde está el respeto a tu hermano? Ella es su mujer.
—Mi hermano está muerto. ¿Por qué no lo aceptas? Estás obsesionada con encontrarlo, pero solo encontrarás un cadáver, puede que un No Muerto. Te recuerdo también que por culpa de tu obsesión ha muerto gente… —Eso hizo que Luci apretara los puños y sintiese ganas de golpear a Carlos, detrás de este, Eva estaba en silencio con la cabeza agachada y con los brazos cruzados sobre el pecho, como si estuviese tratando de protegerse. —¿Es necesario que diga sus nombres? Vanesa, Marlon… Ethan… —Cuando Carlos mencionó a Ethan lo hizo con un tono que a Luci le pareció cruel y burlón. –Tu obsesión ha matado a tu novio…
Luci no aguantó más y le asestó un fuerte puñetazo a Carlos en la cara, fue tan fuerte que Carlos cayo de lado al suelo ante la mirada sorprendida de Eva, luego la mirada de ambas chicas se cruzó.
—Luci… yo…— trató de decir Eva, pero Luci levantó un dedo y le dijo que permaneciera en silencio, no quería escucharla.
—Eres una puta… yo me marcho— Luci se dio la vuelta y comenzó a caminar hacia la puerta, cuando llegó a esta se volvió a dar la vuelta y miró de nuevo a Eva que permanecía quieta sin ayudar a Carlos, este seguía tratando de ponerse en pie. –Yo por lo menos no me voy a dar por vencida tan pronto, me voy a marchar y juro que encontraré a Juanma, tu puedes seguir follando con el— señaló a Carlos. –Seguramente me marche de la ciudad para siempre.
Luci salió de la cocina y sin mediar palabra con nadie, abandonó la casa, sentía rabia y no entendía como Eva podía haberse olvidado tan pronto de Juanma, tampoco entendía como esta podría estar acostándose con el hermano de este.
Llegó a su casa y cuando entró cerró la puerta de un portazo, caminó hacia el sofá y se tumbó, miró al techo y comenzó a llorar, poco a poco se quedó dormida.

Día 26 de Diciembre de 2009
Día 552 del Apocalipsis…
06:00 de la mañana… Manhattan zona segura…

Sheila se sentía feliz allí tumbada en la cama junto a Rachel mientras sus cuerpos desnudos se rozaban, habían tenido una increíble cena donde después de los postres, Rachel le había regalado un colgante de oro con forma de corazón, justo en el centro de este estaban escritos sus nombres, para Sheila, aquello era una señal clara de que Rachel apostaba por esa relación.
Justo en ese momento el despertador de Sheila sonó y ella comenzó a levantarse, tenía que ir al hospital por que empezaba su turno. Se fue levantando lentamente para no despertar a Rachel, pero fue en vano, por que esta ya la estaba mirando con una sonrisa.
—Buenos días…
—Lo siento, no quise despertarte— respondió Sheila mientras se vestía. –Vuelve a dormirte. Tu turno no empezará hasta más tarde y necesitas descansar. Duérmete.
—Antes de irte dame un beso— pidió Rachel incorporándose al tiempo que Sheila se inclinaba sobre ella, finalmente se besaron.
*****

Luci se despertó a las seis menos veinte de la mañana y se dio una ducha, en su habitación vio algo en lo que no había reparado, su katana estaba allí, seguramente alguno de sus compañeros la había llevado allí mientras ella estaba hospitalizada. Después de la ducha desayunó y se vistió, tenía pensado volver al hospital e informarse sobre el paradero de Terry. Le daría caza tarde o temprano. Aun así no podría colarse en el hospital con la katana, necesitaba otra arma, una pistola, sabía perfectamente que las alarmas no sonarían ni la registrarían en la entrada, esa era su mejor jugada, podría entrar en el hospital armada con una pistola.
Luci buscó en el cajón del mueble de su habitación y allí encontró una de las pistolas, se la guardó en la cintura y salió de su casa, comenzó a bajar los escalones y en ese momento a las seis y diez de la madrugada, vio salir a la doctora de su casa. En ese momento, Luci cayó en la cuenta de algo, una persona como Terry no estaría con los demás pacientes, ella estaría en otro lado, donde solo los médicos tendrían acceso, y esa chica podría facilitarle encontrarla, espero a que Sheila cerrara la puerta y comenzara a caminar por el pasillo. Luci la siguió y justo antes de salir del bloque de apartamentos la abordó.
—¿Pero que?— preguntó Sheila cuando notó el cañón de la pistola tocando su vientre.
Luci le tapó la boca para evitar que gritara, sabía que estaba llevando el asunto hasta unos limites que no debería cruzar, pero estaba desesperada, solo pensaba en encontrar y matar a Terry. –No quiero hacerte daño, pero tengo que entrar en el hospital y acceder al lugar donde tenéis a la tía esa que trajeron de Worthington, esa que puede caminar entre los muertos, se que sabes donde está. ¿Verdad que si? —Sheila asintió y Luci sonrió – Muy bien, pues haz tu parte y no sufrirás ningún daño, pero llama la atención o haz algo que me impida cumplir mi objetivo y te mataré.
Segundos después, Luci y Sheila salieron juntas del edificio, Luci iba agarrada a Sheila y continuaba apuntándole con el arma, dejando esta siempre oculta. Una vez en la calle llamaron a un taxi que pasaba por allí, el vehículo paró y ambas se subieron, una vez en el coche, un hombre de color clavado a Weasly Snipes se giró para mirarlas.
—¿Dónde las llevo señoritas?
—Al hospital. Queremos ir al hospital— respondió Luci.
—¿Al hospital? Espero que no sea nada malo y que estén bien de salud.
—Descuida, está todo bien— respondió Luci con una sonrisa, luego miró de reojo a Sheila, esperaba que esta no se pusiese a gritar o tendría que remediarlo de algún modo, y quizás el taxista también sufriera las consecuencias, ella no era una asesina, pero en esos momentos estaba desesperada y no estaba en sus cabales.
*****
A Terry le habían procurado una habitación para ella sola en una de las plantas subterráneas del hospital. Habían estado sacándole sangre y haciéndole pruebas con los caminantes. Tal como los que la retenían esperaban, los No Muertos no reparaban en ella.  Esa gente la estaba tratando como una cobaya, tal y como aquel muchacho que aseguraba ser como ella le había dicho.
La habitación era grande, de un color blanco tanto en el techo como en el suelo, tenía una televisión con dvd, una cama, una mesa con varias sillas y una estantería llena de libros y películas en dvd de todo tipo. La habitación estaba en su mayoría rodeada de espejos, aunque Terry sabía que no eran espejos, tras ellos, aunque ella no podía verlos, sabía que la observaban y la vigilaban, también había reparado en las cámaras que había en la habitación, por lo visto, Graham quería tenerla controlada desde su maldito castillo o donde quisiese que ese vejestorio sentara su arrugado culo.
Terry se tumbó en su cama y con la mano que le quedaba sana comenzó a leer uno de los muchos libros que tenía, ese iba a ser su futuro a partir de ese momento, Vernon tenía razón, con el asunto de Luci se había arriesgado demasiado y estaba pagando las consecuencias.
Comenzó a pensar en Luci y en cuando se la toparía otra vez, por que sabía que si seguía viva, la buscaría para terminar lo que había empezado en las afueras de Worthington, Luci regresaría para matarla, eso lo tenía muy claro.
*****

El taxi se detuvo delante del hospital y Luci sacó un billete para pagar, después salió del taxi empujando a Sheila. Una vez en el exterior, la joven doctora comenzó a tratar de convencer a Luci de que olvidara lo que quería hacer. –No lo hagas, esto te traerá consecuencias graves, estas queriendo matar a una persona y eso aquí está prohibido, podrías acabar en la prisión. ¿No te das cuenta?
—Créeme que ahora mismo eso me da igual, solo quiero ver a esa zorra muerta, tu solo preocúpate de llevarme a donde esa tía está metida y luego te largas, si alguien te pregunta, solo fuiste una rehén.
—Pero yo no se donde está— mintió Sheila, si que lo sabía.
—No intentes mentirme, haz lo que te dije.
Las dos chicas entraron por la puerta del hospital y se acercaron al mostrador de recepción, allí las recibió una mujer regordeta llamada Donna.
—Hola Sheila. ¿Ya empiezas el turno? Aquí tienes tu tarjeta de acceso al sótano, tienes que sacarle unas muestras de sangre a la nueva paciente.
Cuando la recepcionista dijo paciente, Luci vio como Sheila le lanzaba una mirada, se dio cuenta de que esa paciente solo podía ser Terry, Sheila acababa de delatarse.
Sheila pensó en comenzar a gritar y así impedir lo que iba a pasar, pero entonces sintió como Luci apretaba más el cañón del arma contra su vientre, advirtiéndole de que no cometiese ese error.
—Gracias Donna— respondió Sheila con una sonrisa forzada, aunque Donna no se percató de nada extraño, le devolvió la sonrisa y siguió con sus tareas.
Sheila y Luci cruzaron el Hall y se metieron en el ascensor, una vez allí, Sheila pulso un botón que la llevaría al sótano, a los laboratorios, los que estaban por encima del lugar donde había visto los recintos de los caminantes. Cuando el ascensor se detuvo, ambas salieron de el y Luci escudriñó el lugar, estaban solas, solo se veían unas cámaras en funcionamiento, Sheila pensó que era muy extraño que no hubiese nadie allí, seguramente estaban en el cambio de turno, pensó que Luci estaba teniendo mucha suerte.
—Aun estás a tiempo de echarte atrás con esto. No lo hagas— trató de convencerla Sheila.
—No pienso hacerlo— respondió Luci separándose de ella y mirándola, ya no la estaba apuntando, simplemente la observaba. –Siento esto— seguidamente Luci la golpeó fuertemente y Sheila cayó al suelo y se quedó inconsciente. Era la única manera que tenía de dejarla fuera de todo.
Por el momento estaba fuera del ángulo de visión de las cámaras, nadie la estaba viendo en esos momentos, pero era cuestión de tiempo que fuera descubierta y un grupo de militares acudiera allí para detenerla. No tenía demasiado tiempo y por lo tanto no podría tomarse su tiempo haciendo sufrir a Terry. Buscó la tarjeta de Sheila y avanzó por allí, vio varias habitaciones iguales, algunas estaban vacías, en una vio a un chico y en la otra vio a Terry tumbada en una cama mientras leia un libro. Al verla, el corazón se le aceleró y corrió hacia allí, ni siquiera usó la tarjeta, simplemente buscó la puerta y voló la cerradura.

Terry escuchó primero el ruido del disparo y luego vio como la puerta se abría de golpe, tras ella apareció Luci empuñando un arma, mirándola con ojos de odio.
—Sabía que vendrías a buscarme.
En ese momento comenzaron a sonar varias alarmas, advirtiendo así que algo no marchaba bien en aquella zona y que no tardarían en llegar allí las fuerzas militares. Luci no habló, alzó el arma y apuntó a Terry. –Por Ethan— seguidamente apretó repetidas veces el gatillo, enseguida flores rojas comenzaron a brotar de la cara de Terry. Luci solo dejó de disparar cuando el cargador estuvo vacio, miró a Terry y esta ya no se movía, su cara era una masa sanguinolenta, Luci había llevado a cabo su venganza, se acercó a Terry y le escupió.
En ese momento comenzaron a llegar militares armados y a rodearla, Luci tiró el arma y se arrodilló mientras situaba las manos detrás de la cabeza. Enseguida un militar se le acercó por detrás y la tumbó en el suelo boca abajo mientras le ponía las esposas, Luci volvió a mirar el cadáver de Terry y vio como trataban de encontrarle el pulso sin éxito, Terry ya estaba muerta y Ethan había sido vengado, todo lo demás le daba igual. Luci estaba feliz.
El militar la terminó de esposar y la puso de pie de un tirón. Entonces Luci y otro militar se quedaron mirándose. Entonces el militar le asestó un puñetazo que hizo que Luci además de dolor, viera lucecitas de colores, seguidamente escupió al suelo y miró de nuevo al militar.
—Quedas detenida por el asesinato de una pieza clave.
—No es una gran perdida, esa zorra está mejor muerta, no me arrepiento de nada.
—Ya te arrepentirás, de eso puedes estar segura.
Los militares se la fueron llevando mientras ella solo miraba el cuerpo de Terry. Ya había cumplido su objetivo, lo que le deparaba el destino ya no le importaba lo más mínimo.
*****

Rachel había acudido al hospital corriendo tras enterarse de lo que le había ocurrido a Sheila, nada más llegar fue a la habitación donde estaba esta. Al entrar en la habitación la vio sentada en la camilla mientras se ponía hielo en la cara para bajarse el hinchazón, nada más verla la abrazó y la besó, Sheila en ese momento lanzó un pequeño quejido de dolor.
—Lo siento…— murmuró Rachel al darse cuenta de que le había hecho daño. —¿Cómo estás?
—Estoy bien, pero duele.
—¿Quién te hizo eso? Te juro que le daré una paliza— respondió Rachel indignada.
—No, ella solo quería hacer justicia, la entiendo perfectamente, si a ti también te mataran, yo buscaría venganza contra tu asesino, eso lo juro. Además, ella no quiso hacerme daño en ningún momento.
—Pues cualquiera lo diría viendo ese ojo morado y esa mejilla que parece un melocotón de lo hinchada que está.
—No le des más vueltas, así que tranquila, yo la entiendo y la respeto, si me golpeó fue para que no me culparan a mí también, en cierto modo me ha ayudado.
—Bueno, cuando se te pase el mareo quiero que te vayas a casa y descanses, tu turno con el paciente de los subterráneos lo cubriré yo, Mouse está allí ahora. Tú debes descansar.
—¿Cómo está el? ¿Alguna novedad hoy?— preguntó Sheila quitándose la bolsa de hielo de la cara.
Rachel negó con la cabeza. –No, ninguna. Temo que no salga de esta. Bueno, me tengo que ir… y tú haz lo que te dije.
—Está bien… mandona— dijo Sheila con una sonrisa.
Rachel iba a salir por la puerta, pero entonces Sheila le llamó la atención y esta se dio la vuelta. –Dime cariño.
—Dame un beso— respondió Sheila con una sonrisa.
Rachel también sonrió, se dio la vuelta y caminó hacia ella, una vez ahí se inclinó y la besó. Sheila volvió a sentir una punzada de dolor, pero le dio exactamente igual, después de eso, Rachel salió por la puerta.

Día 9 de Enero de 2010…
Día 566 del Apocalipsis…
Manhattan…zona segura
06:00 de la madrugada…

Habían pasado dos semanas desde que había matado a Terry Alberona, después de eso había sido llevada a un calabozo en algún lugar del puerto, donde la habían tenido a pan y agua. No la habían dejado ver a sus amigos, tampoco sabía que iban a hacer con ella.
Estaba tumbada en el suelo mientras escuchaba como caía la lluvia y observaba a una rata tratar de comerse unos trozos de pan mohoso. Las constantes palizas y el hambre le estaban jugando malas pasadas a Luci e incluso había empezado a tener alucinaciones. En ocasiones había intentado cazar a una de esas ratas para comérsela, pero estaba demasiado débil para ello, iba a intentarlo una vez más cuando la puerta de aquel calabozo se abrió y dos militares entraron. Luci se acurrucó en un rincón y se cubrió pensando que iban a darle una paliza o algo peor, pero en lugar de eso la levantaron de un tirón, la esposaron y la obligaron a salir de su calabozo, cuando salió al exterior sintió el agua de lluvia caer sobre ella y no pudo evitar alzar la cabeza y abrir la boca, estaba sedienta.
—Camina— dijo uno de aquellos tipos mientras la empujaba.
La llevaron caminando por el puerto bajo la lluvia hasta que llegaron a un pequeño barco de pesca, junto a el, bajo un paraguas pudo ver al general Graham, este parecía estar esperándola. Cuando se paró delante de el, este se la quedó mirando con un gesto de sorpresa al verle los moratones y las manchas de sangre de la cara, rápidamente miró a sus hombres.
—¿Era necesario pegarle? Dije que estuviera intacta, ya tiene bastante con lo que le espera.
—Se ponía violenta señor, esta era la única manera de calmarla— respondió uno de los militares que la custodiaba.
Graham no hizo más preguntas, volvió a mirar a Luci y comenzó a hablar. –Lo que hiciste fue muy grave y por lo tanto tienes que pagar por ello, serás encarcelada en aquel barco— Graham señaló al carguero prisión, el mismo que había visto al poco de llegar a Manhattan. –Allí vivirás el resto de tus días hasta que mueras, lamento decirte que no tendrás posibilidades de allí, tampoco intentes escapar por que los guardas no dudaran en disparar. Las normas allí son sencillas, ya te las explicaran cuando llegues.
—¿Algo más?— preguntó Luci.
Graham negó con la cabeza. –No, pero si te sirve de algo… lamento que hayas acabado así, prometías muchísimo como ciudadana de esta ciudad, pero bueno… también entiendo que lo hicieras— Graham miró a sus hombres y les hizo un gesto con la cabeza para que la subieran a bordo. Justo cuando ella estaba en cubierta y Graham se marchaba, esta lo llamó.
—General… se que Juanma está vivo en algún lugar, que no dejen de buscarle— pero Graham no contestó, aunque la miró en un principio, se dio la vuelta y siguió caminando.
Allí a bordo del barco, Luci se sentó y este se puso en marcha hacia el carguero prisión, las cosas para Luci habían dado un giro de ciento ochenta grados, y no para bien precisamente.

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