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viernes, 4 de abril de 2014

NECROWORLD Capitulo 30



Día 23 de Diciembre de 2009
Día 549 del Apocalipsis…
Worthington (Massachusetts)
01:25 de la madrugada…

El grupo encabezado por Butch comenzó a acercarse poco a poco a las vallas. El asalto iba a comenzar, tenían el silenciador preparado. Sin pensárselo dos veces, Marlon y Butch abrieron fuego y abatieron a los dos guardias, seguidamente se auparon por encima de la valla, vieron que no había más gente en la calle y ocultaron rápidamente los cadáveres, luego ayudaron a subir a las chicas, cuando todos estuvieron sobre la valla descendieron y corrieron a ocultarse detrás de una de las casas.
—Muy bien, dos menos, pero no pasará mucho tiempo hasta que se den cuenta de que los guardias no están en su puesto. Hagamos lo que hagamos debemos darnos prisa— dijo Marlon mirando a Butch.
—Gracias moreno, como si no me hubiese dado cuenta ya.— Butch miró a ambos lados de la calle, siempre oculto entre los matorrales. –No podemos dividirnos, quedaríamos en más minoría de la que ya estamos. Tenemos que ir a saco desde el principio.
En ese momento escucharon el sonido de una puerta al abrirse y todos se echaron al suelo entre lo matorrales, miraron hacia el origen del ruido y vieron a un tipo flacucho salir por una puerta tras despedirse de una mujer de mediana edad, era rubia. Enseguida Sandra la reconoció, era la misma tía que había visto junto a Luci, Yuriko y Vanesa.
—Esa es la jefa— dijo Sandra en ese momento.
—¿Estas segura que es ella?— preguntó Johana. –No se, me suena de algo esa tía… creo que era una diputada o algo así.
—Me da igual quien sea. Me la voy a cargar ahora mismo— dijo Butch apuntando con su rifle, pero entonces Marlon se lo impidió.
—No lo hagas, espera— respondió Marlon al tiempo que la puerta de la casa se cerraba, desapareciendo aquella mujer en el interior de ella. –Acabo de tener una idea, cuando perdamos el factor sorpresa y comience el tiroteo, aseguraros de apuntar al corazón y al cuello.
—Eso… ¿Para que?— preguntó Sandra
—Si los matamos y se reaniman nos servirán para quitarnos de en medio a unos cuantos más— respondió Marlon mirando a Sandra, la cual puso una mueca que el interpretó como que ella no estaba de acuerdo. –Si… ya se que es algo cruel, pero no nos queda otra.
En ese momento Sandra vio a un grupo de hombres que salían hablando de una de las casas, entonces recordó que era allí donde habían visto a Yuriko y Vanesa. Esperaba que no les hubiesen hecho nada malo.
—¿Veis aquella casa? Es allí donde está Vanesa. Escuchad, ella no puede andar por que le han cortado una pierna, necesitará ayuda. ¿Podríais cubrirme mientras voy a por ella?— preguntó Sandra.
Todos los demás asintieron y enseguida comenzaron a prepararse. Mientras Sandra iba hacia la casa donde había visto a Yuriko y Vanesa, los demás dispararían contra todos los enemigos que saliesen a su paso. Estaba a punto de estallar una guerra entre dos bandos e iba a haber bajas por igual.
*****

 Desde que los demás habían partido hacia Worthington, Paul había estado tratando de contactar con Manhattan, pero todavía no había obtenido respuesta, eso lo estaba preocupando mucho, significaba muchas cosas y una de ellas, quizás la peor, era que estaban solos, muy solos, no tendrían refuerzos en caso de que ocurriera alguna desgracia. De vez en cuando se daba la vuelta para mirar a su hermana, la cual no hacía otra cosa que mirar por la ventana en la dirección que se habían ido los demás. También a ella se le notaba cierta preocupación. Paul se había dado cuenta de que la chica tenía cierta atracción con Marlon, aunque esta no lo expresaba demasiado, podía ver como muchas veces ella se quedaba absorta mirando al hawaiano, eso era lo que le había dado a Paul la pista.
Paul volvió a lo suyo y siguió tratando de contactar con Manhattan, fue en ese momento cuando por fin pareció tener respuesta.
—Aquí Manhattan… ¿Quién habla?— preguntó una voz femenina.
—Soy Paul… del equipo de abastecimiento. Necesitamos refuerzos en Worthington. Un grupo puede tener problemas— respondió Paul rápidamente.
—¿No Muertos?
—No… son personas. Encontramos a una chica de otro grupo residente en Manhattan, nos contó que el resto de su grupo había sido capturado por un grupo de personas. El resto de mi grupo se fue con ella para tratar de liberarles. Necesitamos refuerzos— explicó Paul.
—Aquí también hemos tenido problemas… pero ya lo hemos solucionado. Ahora mandamos a dos helicópteros con refuerzos, usted permanezca donde está.
—Gracias… gracias— respondió Paul con una sonrisa en los labios.
Cuando Paul cortó la comunicación se dio la vuelta para mirar a su hermana, la cual seguía con la mirada perdida husmeando el camino por el que los demás se habían ido, seguramente esperando que estos regresaran más pronto que tarde.
—Diana… Diana— la llamó Paul. –Ya vienen a ayudarnos, pronto estarán aquí.
Diana se dio la vuelta y miró a su hermano, sonrió forzadamente y volvió a darse la vuelta para volver a mirar por la ventana. Enseguida llegó hasta ellos un sonido similar a los disparos, no había duda de lo que era, y significaba que había empezado el baile en Worthington. Paul sentía deseos de ir allí a ayudar, pero no podía ni dejar a su hermana sola allí ni llevarla con el. Aquello era diferente a todo lo que habían tenido que vivir desde que el apocalipsis había estallado, el podía protegerla de los No Muertos, estos eran estúpidos, pero las personas vivas no eran igual, eran infinitamente más inteligentes, malvados y peligrosos, su hermana correría demasiado peligro. Paul solo podía esperar que los demás regresasen todos sanos y salvos, pero algo le decía que no iba a ser así.
*****

Los disparos habían comenzado justo cuando Sandra había llegado a la casa donde había visto anteriormente a Yuriko y Vanesa. Justo cuando iba a entrar escuchó voces que venían del interior y que la hicieron ocultarse justo cuando dos hombres salían del interior atraídos por los disparos. Debían ser los guardas que vigilaban que ninguna de las dos escapara.
Cuando estos salieron, cerraron la puerta y corrieron por la calle, cuando Sandra los perdió de vista, se puso delante de la puerta y disparó sobre la cerradura, cuando esta saltó, Sandra abrió la puerta de una patada y se lanzó al interior de la casa, más o menos sabía donde estaban, corrió por el pasillo hasta llegar a unas escaleras, las cuales daban al sótano. Abrió la puerta y corrió escaleras abajo, cuando llegó al sótano se encontró con Yuriko, la cual se la quedó mirando con los ojos como platos.
—¿Qué haces aquí? Escuchamos disparos, pero creí que…
—No hay tiempo para explicaciones, tenemos que salir de aquí. Tenemos ayuda— entonces Sandra miró a Vanesa, la cual seguía tumbada en aquella camilla improvisada, le faltaba una pierna y parecía que estaba mareada y febril a juzgar por su estado, tenía que sacarla de allí como fuese, rápidamente miró a Yuriko. –Ayúdame a sacarla de aquí.
Yuriko y Sandra ayudaron a Vanesa a incorporarse y entre las dos la fueron llevando hacia la salida, cuando estaban a punto de salir por la puerta que daba al sótano, Sandra divisó una silueta ensangrentada a unos metros de la puerta, no se trataba de un No Muerto cualquiera, era uno de los hombres que Sandra había visto salir hacía nada de aquella casa, a este lo habían cosido a balazos. Nada más verlas lanzó un grito y comenzó a correr hacia ellas, Sandra disparó varias veces mientras retrocedía, pero ninguna bala dio en el blanco, lo único que consiguió fue atraer a otros dos No Muertos que enseguida aparecieron en el umbral de la puerta.
No iba a darles tiempo a encerrarse de nuevo, fue entonces cuando Sandra notó un tirón y seguidamente se vio rodando escaleras abajo junto a Yuriko. Cuando llegaron abajo, Sandra se incorporó rápidamente al tiempo de ver como Vanesa se quedaba atrás y cerraba la puerta mientras el infectado se le echaba encima.
Vanesa las había dejado en el sótano mientras ella se quedaba atrás reteniendo a los No Muertos sacrificando su vida, ni siquiera escucharon sus gritos.
Yuriko trató de volver escaleras arriba, pero Sandra la detuvo. —¿Dónde vas?
—Voy a por Vanesa, tenemos que ayudarla— respondió Yuriko negándose a aceptar la realidad.
En ese momento Sandra la acercó a ella y la miró fijamente a los ojos. –Vanesa ha muerto, acéptalo. Vi como los caminantes se le echaban encima. Ha muerto Yuri…
Yuriko no pudo reprimirse las lágrimas y rompió a llorar, Sandra la abrazó, pero se separó de ella cuando comenzaron a escuchar como los No Muertos golpeaban la puerta intentando llegar al sótano.
—¿Qué hacemos ahora?— preguntó Yuriko mirando a Sandra al tiempo que asimilaba la muerte de Vanesa.
Sandra comenzó a mirar a su alrededor y se fijó en la ventana, la misma desde la que habían visto la primera vez a Yuriko y a Vanesa. –Saldremos por ahí— dijo Sandra señalando hacia la ventana. –Vamos, sígueme.
*****
Vernon salió de la casa que había ocupado, tenía el arma en las manos y estaba dispuesto a disparar contra lo que fuese, aquello no se trataba de un ataque de caminantes, lo que allí había era un fuego cruzado. Lo primero que Vernon quiso hacer es llegar a la casa de Terry, pero enseguida vio pasar a dos de sus hombres corriendo detrás del sobrino de Brett, el joven muchacho fue alcanzado justo cuando iba a entrar en una de las casas. Una vez allí comenzaron a devorarlo.
Para Vernon aquello que estaba pasando tenía cierta lógica, aquellos que les estaban atacando no eran unos cualquiera, aquellos no podían ser otros que los amigos de la tal Luci y las otras dos, el sabía que podía pasar eso. Justamente en ese momento vio a un joven moreno de piel, aquel muchacho trató de disparar a Vernon, pero este fue más rápido y cogió enseguida cobertura. Aquel chico no podía estar solo, poco a poco Vernon se asomó y volvió a apuntar, cuando disparó le dio de lleno al joven y esté cayó al suelo de espaldas, Vernon volvió a asomarse y vio al chico tratando de levantarse, no lo había matado. Con una gran rabia salió de su escondite y avanzó en dirección al joven herido, primero le disparó en una mano y el joven soltó el arma, trató de volverse a poner en pie, pero Vernon le puso el pie sobre el pecho y empujó hacia abajo.
—Pensaríais que esto os iba a ir sobre ruedas, pero no habéis sido suficientemente listos. Con gente como nosotros es mejor no jugar. —En ese momento Vernon disparó varias veces contra el joven y este se quedó tendido en el suelo. Iba a descargar más balas encima de la chica y entonces escuchó un grito a un lado y cuando se giró vio a una chica joven corriendo hacia el mientras disparaba y gritaba el nombre de Marlon, el nombre del chico al que acababa de matar. Vernon sintió el impacto de las balas en su pecho y extremidades y acabó desplomándose el también junto al cadáver del chico.

Jill llegó junto al cadáver de Marlon y del hombre al que acababa de matar, se había separado del grupo durante el asalto, no sabía donde se habían metido Butch y Johana, tampoco sabía si estaban vivos, el humo y los disparos reinaban en el lugar, probablemente algunos de aquellos hombres estaban tratando de abatir a sus compañeros ahora convertidos en caminantes. Iba a marcharse de allí cuando escuchó lo que parecían gritos, salió corriendo siguiendo los gritos mientras pensaba que eran sus compañeras, pero cuando llegó a un camión se dio cuenta de que allí había gente pidiendo ayuda. Jill llegó a la conclusión de que aquellas personas estaban allí retenidas contra su voluntad.
—Por favor gringa, sácanos de aquí— le dijo una chica con acento Mexicano mirándola a través de una rejilla del camión.
—Os voy a sacar de aquí, pero guardad silencio— dijo en ese momento Jill mirando a la chica.
Jill se metió de un salto dentro de la cabina y como si tuviera la suerte de su parte se encontró con las llaves puestas, rápidamente puso en marcha el motor y comenzó a conducir para sacar de allí aquel camión lleno de gente, primero los sacaría de allí y luego volvería a entrar allí para ayudar a los demás.
*****
Terry llevaba un rato escondida en la casa y no se atrevía a mirar por la ventana, había apagado todas las luces y permanecía oculta detrás de unos sillones, enseguida escuchó el rugido de un motor, enseguida vio los faros de un vehículo cruzar la calle y se vio impulsada a asomarse por la ventana, cuando se asomó vio el camión de los esclavos y una chica que no conocía al volante, era sin duda una de los asaltantes.
Vernon tenía razón en cuanto a lo de que vendrían a buscar a Luci y a los demás que tenían presos, tendría que haberle hecho caso, pero aun le quedaba Luci y nada ni nadie se la arrebataría, podía cogerla y largarse de allí a toda velocidad con ella. Luci le pertenecía.
Terry se alejó de la ventana al tiempo que se guardaba la pistola en la cintura y comenzó a caminar hacia la habitación de Luci, cuando abrió la puerta espero encontrársela donde la había dejado, pero no estaba ahí, había desaparecido. Terry iba a lanzar un grito de rabia, pero un fuerte golpe en su lado derecho, este hizo que Terry se tambaleara y cayera de costado al suelo. Cuando alzó la vista se encontró con Luci abalanzándose sobre ella con los puños cerrados.

Luci cayó sobre Terry y comenzó a propinarle varios puñetazos en la cara, con tanta fuerza que la sangre y trozos de dientes comenzaron a salir despedidos de la boca de Terry. Luci estaba rabiosa, aquella mujer había matado a Ethan, la única persona por la que había sentido algo desde que llegaron a Manhattan y la única persona que la había vuelto a hacer sentirse viva, además había disfrutado mientras le cortaba la cabeza y luego se la había lanzado a los pies. Luci no podía dejar escapar a esa mujer, quería matarla y lo iba a hacer.
—Te voy a matar maldita puta chiflada. Solo mereces la muerte— decía Luci al tiempo que agarraba a Terry del cuello y comenzaba a estampar la cabeza de esta contra el suelo.
—No… no me puedes matar… tú y yo estamos destinadas a estar juntas. Tú y yo, aun podemos escapar.
—Tú y yo no tenemos ningún futuro juntas. Tú único futuro es morir a mis manos y prometo que pienso disfrutar cada segundo vieja zorra.
Luci comenzó a apretar con más fuerzas mientras recordaba los últimos momentos con Ethan. Aquella mujer se merecía sufrir también, no iba a dudar nada en matarla. En ese momento Luci sintió un fuerte dolor en el estomago y vio como Terry estaba presionándole la herida de bala, la sangre no tardó en comenzar a brotar, Luci lanzó un grito y la fuerza que ejercía sobre el cuello de Terry aminoró, eso hizo que Terry recuperara aire y con un fuerte rodillazo se quitara a Luci de encima.
Luci salió volando de espaldas y terminó chocándose contra una mesita de noche. Desde el suelo y con un fuerte dolor en el estomago vio como Terry se levantaba tambaleándose y salía por la puerta, se estaba escapando. Luci se incorporó lo más rápido que pudo y se dio cuenta que había una pistola en el suelo, era la de Terry, esta había huido tan deprisa que se la había dejado olvidada. Sin perder más tiempo, Luci se puso en pie y agarró la pistola, salió al salón y vio la puerta de la casa abierta, Terry había salido al exterior, iba a seguirla, pero entonces vio en el mueble su katana. Iba a comenzar la persecución, lo único que Luci tenía claro era que Terry no iba a escapar y que cuando le diera caza… disfrutaría matándola lentamente, aquella mujer le había cortado la cabeza a Ethan y Luci la iba a matar lentamente cortándole partes del cuerpo.
*****

Butch y Johana avanzaban abatiendo a todos los hombres armados que se cruzaban con ellos, se aseguraban de acertarles únicamente en el corazón o en el cuello, querían que se reanimaran para allanarse el terreno, era una forma de usar a los No Muertos en su propio beneficio. Ambos llegaron a una de las casas y se encerraron dentro.
—¿Dónde coño están los demás? Estos gilipollas van a lograr que los maten— decía Butch mirando por la ventana para ver como dos No Muertos devoraban el cuerpo de un hombre al que acababan de atrapar. Segundos después un camión apareció de repente y les pasó por encima, Butch vio que al volante iba Jill, quiso salir por la puerta para llamarla, pero cuando la abrió se encontró de cara con la boca abierta de un infectado. Rápidamente Butch le dio un empujón y volvió a cerrar la puerta.
—¿Qué ocurre?— preguntó Johana.
—Hay un puto fiambre en la puerta y apenas nos queda munición. Quizás no fue tan buena idea eso de no acertarles en la cabeza.
—¿Y te das cuenta ahora? Tío… eres gilipollas… eso deberías haberlo pensado antes.
—Me emocioné ¿Vale? No me lo eches en cara ahora. Debemos buscar una forma de salir de aquí. Además, quise salir por que al volante del camión ese que acaba de pasar, iba Jill. Esa putilla se va sin nosotros.
En ese momento escucharon gritos que parecían venir de algún lugar de la casa, justamente detrás de ellos. Eso hizo que Johana y Butch se sobresaltaran y pensaran que había alguien más allí, se dieron la vuelta rápidamente apuntando con sus armas, pero detrás de ellos no había nadie, pero aun así seguían escuchando los gritos, y parecía que estaban pidiendo ayuda.
—¿De donde viene eso?— preguntó Butch mirando a su compañera.
—Parece que viene del sótano, es alguien que está pidiendo ayuda. ¿Será de los nuestros?
—¿Del grupo de Sandra? Es posible— dijo Butch avanzando hacia la puerta que debía dar al sótano. Cuando llegó a ella puso la mano en el pomo y trató de girarlo, pero no pudo, seguidamente miró a Johana. –Está cerrada con llave.
En ese momento Johana apartó a Butch de un empujón y seguidamente le asestó una patada a la puerta, la cual se abrió de golpe. Luego miró a su compañero y con un gesto de cabeza les indicó que le siguiera escaleras abajo.

David había comenzado a gritar que le ayudaran cuando había escuchado voces arriba, voces que no pertenecían a ninguno de sus captores, incluso las voces le resultaban familiares, no tardó en ver como la puerta del piso superior se abría, cuando vio a los que bajaban no sabía si temer o alegrarse, ante el estaba Johana y junto a ella estaba Butch, el mismo con el que se había peleado por Johana. El Rockero en ese momento se lo quedó mirando con una sonrisa de oreja a oreja.
—Mira tu por donde, pero si es mi amigo David— decía Butch mientras se llevaba la mano a la nariz. –Todavía me duele nuestra última conversación. Te juro que no esperaba encontrarte así… encadenado y colgado del techo— en ese momento reparó en las heridas y los moratones. –Parece que te han dado bien, no te han dejado ni una parte del cuerpo sin golpear… no sabría donde golpearte y darme el gustazo.
—Si quieres golpearme hazlo, pero deja de darme la lata. Y luego sácame de aquí— respondió David.
En ese momento Butch le apuntó al pecho con su arma mientras sonreía. –Te propongo un acertijo. Dime, ¿Qué me impide coserte a balazos ahora mismo? Estás en una situación en la que si quiero puedo decir que ya te encontramos muerto. Nadie hará más preguntas.
En ese momento Butch sintió un golpe y luego un codo se estrelló en su cara, seguidamente le arrebataron el arma, cuando Butch dejó de ver las estrellas a causa del golpe se encontró con Johana sosteniendo su arma y apuntándole con la otra.
—¿Pero que coño estás haciendo? Estás loca.
—Este no es momento para vendettas personales ni peleas de niñatos. Hemos venido aquí para ayudar a un grupo de los nuestros. Ahora ayúdame a liberarlo y a salir de aquí cuanto antes. No podemos perder tiempo.
Butch y Johana comenzaron a desencadenar a David, y cuando lo lograron, este cayó de rodillas sobre el suelo de hormigón y luego Johana lo ayudó a incorporarse. Cuando este se ponía de pie no pudo evitar hacer una mueca de dolor, un dolor que nacía en la boca del estomago y le recorrió todo el torso.
—Gracias— dijo mirando a Johana.
—¿Y tus armas?— preguntó Johana mirando a su alrededor.
—En teoría están en el piso superior, donde estabais antes— dijo David señalando escaleras arriba. –Seguramente están ocultas en algún armario o algo ¿Mirasteis bien cuando entrasteis?
—No nos dio tiempo… ¿Acaso piensas que íbamos a perder el tiempo así? Ni siquiera sabíamos que estabas aquí, fue coincidencia— respondió Butch lanzándole una mirada acusadora a Johana, era evidente que no quería salvar a David. –De hecho, de haber sabido que estabas aquí encerrado no habríamos entrado, por mí como si te pudres.
Johana y Butch llevaron a David a cuestas escaleras arriba, cuando estuvieron en el piso de arriba, una vez allí ayudaron a David a sentarse en uno de los sillones, fuera seguían los disparos de los hombres a las ordenes de aquella mujer, los disparos que efectuaban contra un numero cada vez más alto de No Muertos. Los golpes de la puerta ya no se producían, lo que indicaba que el No Muerto aquel se había largado, quizás persiguiendo a alguien.
—¿Cómo lo llevas?— preguntó Johana mirando a David a los ojos, uno de ellos estaba hinchado y morado.
—Podría estar mejor… pero me han dado bien…— David miró a Butch. –Mira en todas las habitaciones, me trajeron aquí directamente, así que mis armas deben estar aquí en algún lugar.
—No soy tu puto recadero. Lo que deberíamos hacer es irnos de aquí ahora mismo. Cada vez hay más podridos, y son de los que corren.— Butch se acercó a la ventana y observó con cautela. No vio ningún No Muerto, lo único que veía, eran manchas rojizas sobre la nieve y un largo rastro de sangre, como si hubiesen arrastrado un cuerpo. –El lugar está despejado, podemos salir de aquí, volver al vehículo oruga con la niña loca y su hermano.
—¿Tenéis mucha munición?— preguntó David mirando a Johana. Esta negó con la cabeza.
—No mucha… y si tenemos que cargar contigo lo tendremos difícil. Hemos estado abatiendo al enemigo, había más de los que creíamos y…
Johana no terminó la frase, su mirada se cruzó con la de Butch al mismo tiempo que se escuchaba un ruido similar al de unos helicópteros, rápidamente Johana se levantó y corrió hacia la ventana, al mirar vio varios helicópteros invadiendo el espacio aéreo de Worthington.
—De puta madre… el hermano de la majara ha pedido ayuda— Butch miró a David. –venga saco de arena, es hora de mover el culo. Tenemos billete en primera clase.
*****

Yuriko y Sandra ya habían logrado salir por la ventana cuando vieron los helicópteros sobrevolar Worthington, por un momento pensaron que estaban en peligro, pero el susto se les pasó rápidamente cuando vieron el logo del Fénix en el fuselaje.
Rápidamente comenzaron a hacer señas y uno de los focos las alumbró, segundos más tarde un helicóptero aterrizó cerca de ellas, nada más posarse comenzaron a bajar soldados llegados de Manhattan que rápidamente comenzaron a abatir a los No Muertos que se acercaban atraídos por el ruido. En pocos minutos había cadáveres de infectados por todas partes.
Cuando Yuriko y Sandra iban a subir se encontraron de frente con Paul y Diana. Los habían rescatado.
—Venga… subid… ¿Dónde están los demás?— preguntó uno de los soldados. –Se supone que había más con vosotros.
Justamente en ese momento vieron aparecer a Butch y Johana llevando a cuestas a David, cuando llegaron junto a ellos, ayudaron a David a subir al helicóptero, estaba demasiado herido como para subir por su propio pie.
—¿Quién más falta?— preguntó otro soldado.
—Faltan Luci y Jill. Hemos encontrado el cadáver de Marlon y el de Vanesa— contestó uno de los soldados.
—Jill fue encontrada conduciendo un camión lleno de gente a las afueras de Worthington. Varios de nuestros hombres la están escoltando de regreso a Manhattan, por lo tanto falta Luci. No sabemos donde puede estar— respondió otro de los soldados.
En ese momento aparecieron otros dos soldados que venían de detrás de una de las casas, estos traían a empujones a un hombre de mediana edad. Al llegar allí, el hombre cayó de rodillas.
—¿Quién es este?— preguntó uno de los soldados que por llevar la voz cantante allí, parecía ser el que estaba al mando de la misión. –Dime, ¿Quién eres? ¿Y quien está al mando aquí?
El preso titubeó un rato, pero finalmente comenzó a hablar, se lo contó todo, incluso les dijo que había visto a su líder salir huyendo y a una chica armada con una Katana seguir su rastro. También les contó el detalle más importante, el don de su jefa, el don de esta para caminar entre los muertos sin ser vista.
*****

Afueras de Worthington…
Día 23 de Diciembre de 2009
Día 549 del Apocalipsis…
04:00 de la madrugada…

Luci había perdido la noción del tiempo, no sabía el tiempo que llegaba siguiendo el rastro de Terry, estaba obsesionada con ello, quería matarla, ni siquiera el sonido de los helicópteros a su llegada le había quitado la idea de dar caza a esa mujer. Siguiendo el rastro de Terry, Luci se había alejado de las casas y a su alrededor solo había arboles, se había adentrado en la espesura.
Aquella maldita le había arrebatado la razón de su vida, la única que tenía después del apocalipsis, esa maldita arpía había matado a Ethan a sangre fría delante de ella y había disfrutado con ello. Probablemente aquellos helicópteros estaban allí para salvarles, pero ella no necesitaba ser salvada, ella solo necesitaba matar lentamente a aquella maldita mujer.
—No escaparás de mi Terry. Daré contigo y te mataré. Haré que lamentes cada uno de tus actos… pero descuida… que no te mataré rápidamente, lo haré lentamente y lo disfrutaré. Dejaré que veas mi sonrisa mientras te voy desmembrando poco a poco. Se que puedes oírme Terry.
Luci estaba furiosa, a cada paso que daba apretaba más el mango de la katana, estaba deseando ponerle las manos encima a esa mujer. En ese momento escuchó un ruido y vio una silueta moverse entre los matorrales, sin pensárselo dos veces corrió hacia la figura y se abalanzó sobre ella con los pies por delante para asestarle una patada.
Cuando golpeó a la silueta, ambas cayeron al suelo y Luci vio el rostro de Terry, por primera vez, Luci vio el terror en los ojos de aquella mujer.
—No me mates, por favor. Tu y yo estábamos destinadas a estar juntas, estoy enamorada de ti— dijo Terry mirando a Luci desde el suelo. –Lo que yo siento por ti es amor.
—¿Amor? Tú no sabes lo que es eso, tú solo eres una hija de puta, una chalada zorra— respondió Luci al tiempo que le daba un pisotón en el pecho. Terry lanzó un grito de dolor y Luci volvió a pisarle el pecho. –Firmaste tu sentencia de muerte desde el mismo momento que asesinaste a Ethan. Tú no mereces vivir, no entiendo como es posible que gente como tú tenga ese don, tú no lo mereces.
En ese momento Terry sacó la pistola de dardos y trató de disparar a Luci, pero esta fue más rápida y con un mandoble de su katana, separó la mano derecha de Terry del resto del brazo, haciendo que Terry lanzara otro grito de dolor mientras se agarraba el muñón. La sangre brotaba como si lo hiciese de una fuente y salpica a Luci tanto como a la nieve de su alrededor.
—No me mates… por favor… no…
Pero Luci no quería escucharla, alzó su katana y la clavó en el hombro izquierdo, haciendo que Terry gritara nuevamente. Más sangre corrió por la nieve formando un charco debajo de ella.
Terry miraba a Luci y solo podía ver la sonrisa de esta, era como verse a si misma asesinando a Ethan. Luci se quitó de encima y comenzó a dar vueltas a su alrededor. Terry apenas podía moverse y casi que sentía el abrazo de la muerte sobre ella, quiso incorporarse, pero rápidamente Luci lanzó otro mandoble, esta vez con cuidado para no matarla, provocándole un corte en el pecho, nuevamente Terry aulló de dolor, la estaban matando lentamente.
—Que sepas que me está costando mucho no matarte ya, es lo que más deseo. Y lo haré, pero todavía no.
—Estás loca…— susurró Terry. –No te das cuenta de a lo que estas renunciando.
—Se lo que me has quitado— respondió Luci propinándole otro corte en el vientre.
Terry estaba sufriendo, nunca antes había sufrido así, a cada movimiento de Luci, ella deseaba morir, deseaba que la matara y así dejar de sufrir.
—Disfruté…
—¿Disfrutaste? ¿Con que?— preguntó nuevamente Luci. –Venga, dímelo…
—Matando a tu jodido novio, el no era digno de ti ni de la vida, me encantó ver su mirada mientras lo mataba, pero lo hice por que me perteneces, eres mía.
—Se por que lo haces… me provocas para que te mate, pero no lo haré… no todavía. Tú sufrirás más, mucho más… ahora te cortaré una pierna, como hicisteis con Vanesa. Prepárate…
Luci alzó la katana con intención de cortarle a Terry una pierna, justo cuando descendía para llevar a cabo el corte, escuchó un disparo, el cual la hizo detenerse, miró a su alrededor y vio a varios militares armados apuntándole a ella y a Terry, estos tenían el logo del fénix en su uniforme.
—Deja la katana en el suelo Luci, no te lo volveré a repetir. Esa mujer es nuestra prisionera, su don es importante y será llevada a Manhattan donde se le harán pruebas.
—¡¡¡No!!! Esta puta morirá aquí, yo me encargaré de ella, marcharos y dejarme en paz, llevaros a mis amigos y a mi dejadme aquí. ¿Hablo claro?
—No podemos dejarte hacer eso, deja la katana en el suelo o me veré obligado a inmovilizarte.
—¿Y tu quien eres? Nunca te he visto…— preguntó Luci mirando al soldado, se trataba de un hombre de unos treinta y tantos años, tenía el pelo rapado y algo canoso.
—Soy el brigada Gallaguer, estaba en una misión fuera hasta que me llamaron y me dijeron que acudiera aquí. Déjala, debemos volver a Manhattan cuanto antes, allí han tenido problemas. Déjala…
Luci apartó su mirada de Gallaguer y cuando iba a volver a hacerle un corte a Terry escuchó un disparo seguido de una punzada, se miró el brazo y vio un dardo, seguidamente se sintió mareada y dejó caer la katana, después cayó de lado. Lo último que vio antes de desmayarse fue a los militares y a Gallaguer rodearla a ella y a Terry, después todo fue oscuridad.

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