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sábado, 26 de abril de 2014

NECROWORLD Capitulo 31



Día 25 de Diciembre de 2009
Día 551 del Apocalipsis…
18:30 Manhattan… zona segura

Cuando Luci abrió los ojos se dio cuenta de que se encontraba mirando al techo de una habitación de hospital y que estaba tumbada en una camilla. No recordaba como había llegado hasta allí, solo tenía pequeños flashes de haber estado allí anteriormente, aunque no sabía cuanto tiempo había pasado, recordaba con todo detalle lo ocurrido en Worthington, también recordaba la muerte de Ethan y la cara de su asesina.
Luci comenzó a mirar a su alrededor y se dio cuenta de que no estaba sola en la habitación, David estaba sentado en un sillón y se había quedado dormido.
Con cuidado se fue incorporando, iba a quedarse sentada cuando una chica entró por la puerta, la conocía, se trataba de Sheila, al verla se ajustó las gafas y camino más rápido para situarse justo a su lado, momento en el que David se despertó, este también se quedó mirando a Luci.
—Por fin te has despertado… estábamos preocupados. Llevabas dos días con idas y venidas y teníamos que sedarte continuamente— dijo Sheila obligándola a tumbarse nuevamente para que no hiciese esfuerzos.
—¿Dos días? ¿Qué día es hoy? ¿Qué hora es?— preguntó Luci tratando de volver a incorporarse, pero Sheila no se lo permitió.
—Hoy estamos a 25 de Diciembre y son las seis y media de la tarde… ¿Sabes donde estás? Estás en Manhattan… otra vez.
—Manhattan… ¿Y los demás?— preguntó Luci apartando la mirada de Sheila para mirar a David, este agachó la cabeza y luego la alzó para comenzar a hablar.
—Casi todos estamos bien, sobrevivimos gracias a la intervención de Sandra acompañada por el grupo de Butch, pero perdimos a Vanesa y al chico ese de Hawai que ahora no recuerdo su nombre.
—¿Marlon?
—Eso es… Marlon. Lo abatieron durante el asalto de Worthington, Vanesa tampoco logró escapar, estaba demasiado herida, unos caminantes la devoraron— continuó explicando David mientras hacía esfuerzos para que sus lagrimas no brotaran.
Luci  sintió una punzada de dolor al enterarse de esas dos muertes, tres si contaba la de Ethan. Todo había comenzado por su idea obsesiva de encontrar a Juanma, si ella no se hubiese empeñado hasta ese punto, no se habría ido sola y Ethan no se hubiese preocupado por ella, organizando así una expedición con los demás para ir a buscarla, de hecho habrían muerto todos si no llega a ser por la aparición de Butch y los suyos, eso era algo que iba a agradecer, pero no podía evitar culparse a si misma.
—¿Cómo nos encontraron Butch y los suyos?— preguntó finalmente Luci
—Pues Sandra logró escapar y cuando volvía hacia aquí se encontró con ellos y les explicó lo sucedido— respondió David.
En ese momento Luci recordó algo, recordó que Terry seguía viva cuando los militares le lanzaron el dardo, rápidamente comenzó a mirar por toda la habitación, esperando encontrar rastro de aquella maldita mujer, pero no encontró nada, primero miró a David y luego miró a la doctora Sheila, la cual permanecía de pie apoyada en la camilla.
—¿Dónde está esa zorra?
—¿Quién?— preguntó Sheila haciendo un respingo. –No se de quien me hablas.
—No te hagas la tonta conmigo. Algo tienes que saber… ¿Dónde está esa maldita puta? Tengo que terminar lo que empecé.
Luci comenzó a ponerse muy nerviosa, en su mente se repetía en bucle la muerte de Ethan y la cara sonriente de Terry Alberona… y esas imágenes la estaban atormentando y haciéndole hervir la sangre. Quería levantarse de ahí, encontrar a esa mujer y matarla, recordaba que estaba herida, y era seguro que Terry también estaba allí en algún lugar del hospital, solo necesitaba saber donde.
—Tranquilízate… Esa tía está aquí en el hospital, sigue viva, pero no sabemos donde— dijo David abalanzándose sobre Luci para inmovilizarla. Entonces se le acercó al oído pese a la presencia de Sheila. –Te prometo que tendrás tú venganza.— David había tenido extremo cuidado en que nadie más aparte de Luci le escuchase.
Después de eso, David abandonó la habitación y Luci se quedó a solas con Sheila, la cual había puesto los brazos en jarras, como esperando a que se quedaran únicamente ellas en la habitación, entonces comenzó a hablar.
—Bueno, ahora que estamos solas te explicaré todo lo que te han hecho. Tuvimos que operarte por el disparo de tu estomago, aunque ya te habían practicado una buena cura, ignoro lo buen medico que sería el que te curó, te salvó la vida.
—Seguramente ese hombre está muerto ahora, como el resto de los que seguían a esa zorra de Terry… Bueno, ¿Cuándo me podré ir a casa?— Luci miró en ese momento hacia la ventana que daba al pasillo del hospital y vio pasar a varias personas con varios vendajes y sosteniendo goteros. –Parece que aquí estáis saturados ¿A pasado algo?
—Tuvimos un brote y murió mucha gente, pero las cosas están volviendo a la normalidad, esas personas son supervivientes. Los muertos ya están enterrados.
—¿Y los cuerpos de mis amigos? ¿Y el cuerpo de Ethan?
—No pudimos recuperarlos… aunque hay tumbas con su nombre en el cementerio— respondió Sheila mientras revisaba unos papeles, cuando llegó hasta una hoja se detuvo y alzó la vista para mirar a Luci. –Ethan… tu novio. Bueno, para eso quizás necesites un psicólogo… hay uno muy bueno en este hospital, puedo concertar una cita con el.
—No, no lo necesito. Solo quiero irme a casa y descansar allí… luego volver cuanto antes a buscar a Juanma ahí fuera… está en algún lado.
—A casa podrás irte esta noche si así lo deseas… con una condición…
—¿Qué condición?— preguntó Luci apartando la vista nuevamente de Sheila para volver a mirar a la ventana, estaba esperando algo. Esperando a que alguien en concreto cometiera el error de pasar por allí.
—La condición de que reposes, única mente reposes y te alejes de líos. Nunca encontraras a Juanma ahí fuera, el murió y lo debes aceptar, como hacen todos cuantos lo conocen. Su hermano y su mujer ya lo aceptaron. Incluso ayer vino su mujer a pedir la píldora del día después al hospital, lamentablemente no tenemos de eso, tuvo que conformarse con píldoras anticonceptivas.
Luci frunció el ceño por que eso era algo que no se esperaba, ¿Eva tenía otra relación? Se le antojaba imposible, lo de Juanma era demasiado reciente como para que ella ya estuviese con otro tío, eso hizo que la sangre de Luci hirviese, en esos momentos deseó tener delante a Eva para decirle cuatro cosas y quizás romperle la cara.
—Bueno… quizás necesitas ese psicólogo después de todo, ya no solo para superar la muerte de Ethan… si no también para que aceptes la muerte de Juanma. Así quizás dejes de salir a buscarlo.
—¿Tu crees que necesito un psicólogo? ¿Después de todo lo que he pasado ahí fuera antes de llegar aquí? Si no lo necesité cuando di a mi hija en adopción, si no perdí el juicio cuando descubrí su tumba en medio de todo esto, si no lo perdí la vez que tuve que matar al que fue mi novio por que intentó matarme. Si no lo he necesitado después de dejar varios cadáveres a mis espaldas… ¿Piensas que lo voy a necesitar ahora? Tía… tú no me conoces.
—Bueno… la sugerencia ya está hecha. Te ruego que te quedes aquí hasta que te den el alta… supongo que tus demás amigos irán pasando por aquí a verte a lo largo del día. Aunque es recomendable que acudan a verte una vez estés en casa. —Sheila cerró la carpeta y volvió a mirar a su paciente. –Muy bien, pues eso es todo, te recomiendo que sigas mis indicaciones, las cosas están muy mal como para tener cada vez más pacientes. Ya nos veremos entonces… hasta luego.
Sheila se marchó de la habitación y Luci se quedó sola, tumbada en la camilla y mirando al techo, en el veía a Ethan sonriéndole, quería apartar la vista y dejar de mirar por que esa imagen le oprimía el corazón, pero aunque cerrara los ojos, esa imagen seguía perdurando en su mente, y mientras veía esa imagen, una voz le repetía una única palabra: “Venganza”
*****

Terry Alberona estaba desnuda, tumbada sobre una camilla, en ocasiones sentía su mano derecha aunque esta ya no estuviera ahí y en su lugar hubiese un muñón. Ella había sido la única superviviente de su grupo. Había estado a punto de morir, pero la repentina aparición de los soldados le había salvado la vida, pero por su situación actual habría preferido morir antes que ser la prisionera que en esos momentos era.
Desde su llegada la habían intervenido varias veces y el viejo Graham la había visitado varias veces, este la observaba desde el otro lado de un cristal, siempre la miraba con una sonrisa en los labios, era como si le divirtiese verla en esa situación, pero el motivo por el que sonreía era por su don.
Terry estaba sumida en sus pensamientos cuando vio entrar en la habitación a un chico joven de unos treinta años, este no dijo ni una palabra, pasó por delante de ella y se tumbó en una camilla a unos metros de ella, una vez allí se desnudó, Terry se lo quedó mirando y se percató de las marcas de su brazo, era como si le hubiesen pinchado varias veces.
—¿Quién eres tú?— preguntó en ese momento Terry para atraer la atención del muchacho. Este la miró y sonrió, pero no dijo nada, eso hizo que ella sintiera rabia. —¿Qué pasa? ¿Eres mudo?
En ese momento el chico respondió. –Pues no, no soy mudo, mi nombre dudo que te importe, a mi el tuyo no me importa… y a juzgar por el hecho de que estás aquí en esta habitación… diría que somos iguales.
—¿Iguales? No se a que cojones te refieres— respondió Terry.
—Puede que te estés haciendo la loca y quieras hacerme creer que no sabes de que hablo… pero bueno. Estás aquí por que al igual que yo, puedes caminar entre esos seres, estás aquí por tu don, y aquí lo exprimirán al máximo. Somos sus cobayas… y no, no hay forma humana de salir de aquí… a menos que lo hagamos con los pies por delante.
Terry no volvió a articular palabra para hablar con aquel muchacho, estaba aceptando su situación, no iba a salir de allí.

Desde una habitación, Sheila y Rachel observaban a los dos sin ser vistas. Aquello era algo que no esperaban y de lo que tenían que informar a los de abajo.
—¿Quieres que informe?— preguntó Sheila mirando a su chica.
—Ya lo haré yo, tu mejor vuelve a casa. Si me da tiempo pasaré por tu casa para cenar juntas— después de decir eso, Rachel besó a Sheila y se despidió de ella.
Cuando Sheila terminó su turno también se fue a casa, necesitaba descansar.
*****

Todos sus amigos habían pasado a verla, hacia las nueve de la noche, justo cuando le iban a dar el alta, fue Eva quien se pasó a verla, cuando Eva entró por la puerta de la habitación se encontró con Luci recogiendo.
—Hola, he venido a buscarte para acompañarte hasta casa, aunque nos reuniremos todos esta noche en mi casa para cenar, hoy es Nochebuena y vamos a celebrarlo de alguna manera… por los niños… ya sabes. Mike, Kendra y sus hijos también vendrán.
—No estoy para celebraciones, por si no lo sabes… mi novio fue asesinado hace unos días y tu marido desapareció también, deberíamos estar buscándolo en lugar de estar haciendo el paripé. Parece ser que has olvidado muy pronto a Juanma.
—No se de que me hablas— respondió Eva.
—Ya, claro. Bueno, me da igual… iré a tu cena, pero no cuentes con que me quede más de una hora. ¿De acuerdo?
—Como quieras, es tu decisión, entiendo muy bien como te sientes— esa ultima frase hizo que Luci mirara a Eva.
—No, no lo sabes…

Eran las once de la noche cuando Luci y todos los demás estaban alrededor de una mesa cenando. Alicia tenía en brazos al bebé y David permanecía un poco alejado de ella, parecía ser que todavía seguían teniendo problemas. Carlos se había sentado al lado de Eva y cuando esta se levantaba para ir a la cocina, este la seguía en todo momento, eso levantaba las sospechas de Luci, iba a levantarse ella también cuando sintió una mano en su hombro, al darse la vuelta se encontró con la mirada de Kendra.
—Se que no nos conocemos, pero quiero que sepas que lamento mucho tu perdida, yo no se lo que haría si perdiese a mi marido o a mis hijos, lo significan todo para mi. Quiero que sepas que aquí estamos para lo que necesites. Conocí a Ethan y se que era una gran persona, lamento mucho su perdida.
Luci no pudo contener una sonrisa al recordar que tal como Kendra decía, Ethan era una maravillosa persona, justo en ese momento alguien llamó al timbre y Sandra se levantó para abrir, tras la puerta pareció Paul acompañado de su hermana Diana. La joven tenía los ojos tristes, por lo poco que Luci sabía, la chica no había recibido muy bien la noticia de la muerte de Marlon.
Los dos recién llegados se sentaron junto a la mesa y comenzaron a cenar también, ya estaban todos y no faltaba nadie por llegar.
—Voy a avisar a Eva— dijo Sandra poniéndose de pie otra vez, pero rápidamente Luci se puso en pie y se ofreció ella para ir a avisar a su anfitriona.
Luci caminó hacia la cocina y cuando iba a entrar escuchó algo y se quedó en la entrada sin ser vista, luego poco a poco se fue asomando y entonces lo vio. Carlos estaba abrazando a Eva y la estaba besando en el cuello y a Eva no parecía molestarle, más bien parecía disfrutar y se estaba dejando llevar, fue entonces cuando Carlos le subió a Eva la falda y el delantal y comenzó a quitarle las bragas, seguidamente el comenzó a quitarse el cinturón. Fue en ese momento cuando Luci irrumpió en la cocina y al verla, Eva se separó de Carlos al tiempo que se volvía a subir las bragas.
—Muy bonito…— murmuró Luci cruzándose de brazos.
Carlos se quedó mirando a Luci. –Esto lo puedo explicar.
—No es necesario, estaba muy claro lo que ibais a hacer, dime… ¿Dónde está el respeto a tu hermano? Ella es su mujer.
—Mi hermano está muerto. ¿Por qué no lo aceptas? Estás obsesionada con encontrarlo, pero solo encontrarás un cadáver, puede que un No Muerto. Te recuerdo también que por culpa de tu obsesión ha muerto gente… —Eso hizo que Luci apretara los puños y sintiese ganas de golpear a Carlos, detrás de este, Eva estaba en silencio con la cabeza agachada y con los brazos cruzados sobre el pecho, como si estuviese tratando de protegerse. —¿Es necesario que diga sus nombres? Vanesa, Marlon… Ethan… —Cuando Carlos mencionó a Ethan lo hizo con un tono que a Luci le pareció cruel y burlón. –Tu obsesión ha matado a tu novio…
Luci no aguantó más y le asestó un fuerte puñetazo a Carlos en la cara, fue tan fuerte que Carlos cayo de lado al suelo ante la mirada sorprendida de Eva, luego la mirada de ambas chicas se cruzó.
—Luci… yo…— trató de decir Eva, pero Luci levantó un dedo y le dijo que permaneciera en silencio, no quería escucharla.
—Eres una puta… yo me marcho— Luci se dio la vuelta y comenzó a caminar hacia la puerta, cuando llegó a esta se volvió a dar la vuelta y miró de nuevo a Eva que permanecía quieta sin ayudar a Carlos, este seguía tratando de ponerse en pie. –Yo por lo menos no me voy a dar por vencida tan pronto, me voy a marchar y juro que encontraré a Juanma, tu puedes seguir follando con el— señaló a Carlos. –Seguramente me marche de la ciudad para siempre.
Luci salió de la cocina y sin mediar palabra con nadie, abandonó la casa, sentía rabia y no entendía como Eva podía haberse olvidado tan pronto de Juanma, tampoco entendía como esta podría estar acostándose con el hermano de este.
Llegó a su casa y cuando entró cerró la puerta de un portazo, caminó hacia el sofá y se tumbó, miró al techo y comenzó a llorar, poco a poco se quedó dormida.

Día 26 de Diciembre de 2009
Día 552 del Apocalipsis…
06:00 de la mañana… Manhattan zona segura…

Sheila se sentía feliz allí tumbada en la cama junto a Rachel mientras sus cuerpos desnudos se rozaban, habían tenido una increíble cena donde después de los postres, Rachel le había regalado un colgante de oro con forma de corazón, justo en el centro de este estaban escritos sus nombres, para Sheila, aquello era una señal clara de que Rachel apostaba por esa relación.
Justo en ese momento el despertador de Sheila sonó y ella comenzó a levantarse, tenía que ir al hospital por que empezaba su turno. Se fue levantando lentamente para no despertar a Rachel, pero fue en vano, por que esta ya la estaba mirando con una sonrisa.
—Buenos días…
—Lo siento, no quise despertarte— respondió Sheila mientras se vestía. –Vuelve a dormirte. Tu turno no empezará hasta más tarde y necesitas descansar. Duérmete.
—Antes de irte dame un beso— pidió Rachel incorporándose al tiempo que Sheila se inclinaba sobre ella, finalmente se besaron.
*****

Luci se despertó a las seis menos veinte de la mañana y se dio una ducha, en su habitación vio algo en lo que no había reparado, su katana estaba allí, seguramente alguno de sus compañeros la había llevado allí mientras ella estaba hospitalizada. Después de la ducha desayunó y se vistió, tenía pensado volver al hospital e informarse sobre el paradero de Terry. Le daría caza tarde o temprano. Aun así no podría colarse en el hospital con la katana, necesitaba otra arma, una pistola, sabía perfectamente que las alarmas no sonarían ni la registrarían en la entrada, esa era su mejor jugada, podría entrar en el hospital armada con una pistola.
Luci buscó en el cajón del mueble de su habitación y allí encontró una de las pistolas, se la guardó en la cintura y salió de su casa, comenzó a bajar los escalones y en ese momento a las seis y diez de la madrugada, vio salir a la doctora de su casa. En ese momento, Luci cayó en la cuenta de algo, una persona como Terry no estaría con los demás pacientes, ella estaría en otro lado, donde solo los médicos tendrían acceso, y esa chica podría facilitarle encontrarla, espero a que Sheila cerrara la puerta y comenzara a caminar por el pasillo. Luci la siguió y justo antes de salir del bloque de apartamentos la abordó.
—¿Pero que?— preguntó Sheila cuando notó el cañón de la pistola tocando su vientre.
Luci le tapó la boca para evitar que gritara, sabía que estaba llevando el asunto hasta unos limites que no debería cruzar, pero estaba desesperada, solo pensaba en encontrar y matar a Terry. –No quiero hacerte daño, pero tengo que entrar en el hospital y acceder al lugar donde tenéis a la tía esa que trajeron de Worthington, esa que puede caminar entre los muertos, se que sabes donde está. ¿Verdad que si? —Sheila asintió y Luci sonrió – Muy bien, pues haz tu parte y no sufrirás ningún daño, pero llama la atención o haz algo que me impida cumplir mi objetivo y te mataré.
Segundos después, Luci y Sheila salieron juntas del edificio, Luci iba agarrada a Sheila y continuaba apuntándole con el arma, dejando esta siempre oculta. Una vez en la calle llamaron a un taxi que pasaba por allí, el vehículo paró y ambas se subieron, una vez en el coche, un hombre de color clavado a Weasly Snipes se giró para mirarlas.
—¿Dónde las llevo señoritas?
—Al hospital. Queremos ir al hospital— respondió Luci.
—¿Al hospital? Espero que no sea nada malo y que estén bien de salud.
—Descuida, está todo bien— respondió Luci con una sonrisa, luego miró de reojo a Sheila, esperaba que esta no se pusiese a gritar o tendría que remediarlo de algún modo, y quizás el taxista también sufriera las consecuencias, ella no era una asesina, pero en esos momentos estaba desesperada y no estaba en sus cabales.
*****
A Terry le habían procurado una habitación para ella sola en una de las plantas subterráneas del hospital. Habían estado sacándole sangre y haciéndole pruebas con los caminantes. Tal como los que la retenían esperaban, los No Muertos no reparaban en ella.  Esa gente la estaba tratando como una cobaya, tal y como aquel muchacho que aseguraba ser como ella le había dicho.
La habitación era grande, de un color blanco tanto en el techo como en el suelo, tenía una televisión con dvd, una cama, una mesa con varias sillas y una estantería llena de libros y películas en dvd de todo tipo. La habitación estaba en su mayoría rodeada de espejos, aunque Terry sabía que no eran espejos, tras ellos, aunque ella no podía verlos, sabía que la observaban y la vigilaban, también había reparado en las cámaras que había en la habitación, por lo visto, Graham quería tenerla controlada desde su maldito castillo o donde quisiese que ese vejestorio sentara su arrugado culo.
Terry se tumbó en su cama y con la mano que le quedaba sana comenzó a leer uno de los muchos libros que tenía, ese iba a ser su futuro a partir de ese momento, Vernon tenía razón, con el asunto de Luci se había arriesgado demasiado y estaba pagando las consecuencias.
Comenzó a pensar en Luci y en cuando se la toparía otra vez, por que sabía que si seguía viva, la buscaría para terminar lo que había empezado en las afueras de Worthington, Luci regresaría para matarla, eso lo tenía muy claro.
*****

El taxi se detuvo delante del hospital y Luci sacó un billete para pagar, después salió del taxi empujando a Sheila. Una vez en el exterior, la joven doctora comenzó a tratar de convencer a Luci de que olvidara lo que quería hacer. –No lo hagas, esto te traerá consecuencias graves, estas queriendo matar a una persona y eso aquí está prohibido, podrías acabar en la prisión. ¿No te das cuenta?
—Créeme que ahora mismo eso me da igual, solo quiero ver a esa zorra muerta, tu solo preocúpate de llevarme a donde esa tía está metida y luego te largas, si alguien te pregunta, solo fuiste una rehén.
—Pero yo no se donde está— mintió Sheila, si que lo sabía.
—No intentes mentirme, haz lo que te dije.
Las dos chicas entraron por la puerta del hospital y se acercaron al mostrador de recepción, allí las recibió una mujer regordeta llamada Donna.
—Hola Sheila. ¿Ya empiezas el turno? Aquí tienes tu tarjeta de acceso al sótano, tienes que sacarle unas muestras de sangre a la nueva paciente.
Cuando la recepcionista dijo paciente, Luci vio como Sheila le lanzaba una mirada, se dio cuenta de que esa paciente solo podía ser Terry, Sheila acababa de delatarse.
Sheila pensó en comenzar a gritar y así impedir lo que iba a pasar, pero entonces sintió como Luci apretaba más el cañón del arma contra su vientre, advirtiéndole de que no cometiese ese error.
—Gracias Donna— respondió Sheila con una sonrisa forzada, aunque Donna no se percató de nada extraño, le devolvió la sonrisa y siguió con sus tareas.
Sheila y Luci cruzaron el Hall y se metieron en el ascensor, una vez allí, Sheila pulso un botón que la llevaría al sótano, a los laboratorios, los que estaban por encima del lugar donde había visto los recintos de los caminantes. Cuando el ascensor se detuvo, ambas salieron de el y Luci escudriñó el lugar, estaban solas, solo se veían unas cámaras en funcionamiento, Sheila pensó que era muy extraño que no hubiese nadie allí, seguramente estaban en el cambio de turno, pensó que Luci estaba teniendo mucha suerte.
—Aun estás a tiempo de echarte atrás con esto. No lo hagas— trató de convencerla Sheila.
—No pienso hacerlo— respondió Luci separándose de ella y mirándola, ya no la estaba apuntando, simplemente la observaba. –Siento esto— seguidamente Luci la golpeó fuertemente y Sheila cayó al suelo y se quedó inconsciente. Era la única manera que tenía de dejarla fuera de todo.
Por el momento estaba fuera del ángulo de visión de las cámaras, nadie la estaba viendo en esos momentos, pero era cuestión de tiempo que fuera descubierta y un grupo de militares acudiera allí para detenerla. No tenía demasiado tiempo y por lo tanto no podría tomarse su tiempo haciendo sufrir a Terry. Buscó la tarjeta de Sheila y avanzó por allí, vio varias habitaciones iguales, algunas estaban vacías, en una vio a un chico y en la otra vio a Terry tumbada en una cama mientras leia un libro. Al verla, el corazón se le aceleró y corrió hacia allí, ni siquiera usó la tarjeta, simplemente buscó la puerta y voló la cerradura.

Terry escuchó primero el ruido del disparo y luego vio como la puerta se abría de golpe, tras ella apareció Luci empuñando un arma, mirándola con ojos de odio.
—Sabía que vendrías a buscarme.
En ese momento comenzaron a sonar varias alarmas, advirtiendo así que algo no marchaba bien en aquella zona y que no tardarían en llegar allí las fuerzas militares. Luci no habló, alzó el arma y apuntó a Terry. –Por Ethan— seguidamente apretó repetidas veces el gatillo, enseguida flores rojas comenzaron a brotar de la cara de Terry. Luci solo dejó de disparar cuando el cargador estuvo vacio, miró a Terry y esta ya no se movía, su cara era una masa sanguinolenta, Luci había llevado a cabo su venganza, se acercó a Terry y le escupió.
En ese momento comenzaron a llegar militares armados y a rodearla, Luci tiró el arma y se arrodilló mientras situaba las manos detrás de la cabeza. Enseguida un militar se le acercó por detrás y la tumbó en el suelo boca abajo mientras le ponía las esposas, Luci volvió a mirar el cadáver de Terry y vio como trataban de encontrarle el pulso sin éxito, Terry ya estaba muerta y Ethan había sido vengado, todo lo demás le daba igual. Luci estaba feliz.
El militar la terminó de esposar y la puso de pie de un tirón. Entonces Luci y otro militar se quedaron mirándose. Entonces el militar le asestó un puñetazo que hizo que Luci además de dolor, viera lucecitas de colores, seguidamente escupió al suelo y miró de nuevo al militar.
—Quedas detenida por el asesinato de una pieza clave.
—No es una gran perdida, esa zorra está mejor muerta, no me arrepiento de nada.
—Ya te arrepentirás, de eso puedes estar segura.
Los militares se la fueron llevando mientras ella solo miraba el cuerpo de Terry. Ya había cumplido su objetivo, lo que le deparaba el destino ya no le importaba lo más mínimo.
*****

Rachel había acudido al hospital corriendo tras enterarse de lo que le había ocurrido a Sheila, nada más llegar fue a la habitación donde estaba esta. Al entrar en la habitación la vio sentada en la camilla mientras se ponía hielo en la cara para bajarse el hinchazón, nada más verla la abrazó y la besó, Sheila en ese momento lanzó un pequeño quejido de dolor.
—Lo siento…— murmuró Rachel al darse cuenta de que le había hecho daño. —¿Cómo estás?
—Estoy bien, pero duele.
—¿Quién te hizo eso? Te juro que le daré una paliza— respondió Rachel indignada.
—No, ella solo quería hacer justicia, la entiendo perfectamente, si a ti también te mataran, yo buscaría venganza contra tu asesino, eso lo juro. Además, ella no quiso hacerme daño en ningún momento.
—Pues cualquiera lo diría viendo ese ojo morado y esa mejilla que parece un melocotón de lo hinchada que está.
—No le des más vueltas, así que tranquila, yo la entiendo y la respeto, si me golpeó fue para que no me culparan a mí también, en cierto modo me ha ayudado.
—Bueno, cuando se te pase el mareo quiero que te vayas a casa y descanses, tu turno con el paciente de los subterráneos lo cubriré yo, Mouse está allí ahora. Tú debes descansar.
—¿Cómo está el? ¿Alguna novedad hoy?— preguntó Sheila quitándose la bolsa de hielo de la cara.
Rachel negó con la cabeza. –No, ninguna. Temo que no salga de esta. Bueno, me tengo que ir… y tú haz lo que te dije.
—Está bien… mandona— dijo Sheila con una sonrisa.
Rachel iba a salir por la puerta, pero entonces Sheila le llamó la atención y esta se dio la vuelta. –Dime cariño.
—Dame un beso— respondió Sheila con una sonrisa.
Rachel también sonrió, se dio la vuelta y caminó hacia ella, una vez ahí se inclinó y la besó. Sheila volvió a sentir una punzada de dolor, pero le dio exactamente igual, después de eso, Rachel salió por la puerta.

Día 9 de Enero de 2010…
Día 566 del Apocalipsis…
Manhattan…zona segura
06:00 de la madrugada…

Habían pasado dos semanas desde que había matado a Terry Alberona, después de eso había sido llevada a un calabozo en algún lugar del puerto, donde la habían tenido a pan y agua. No la habían dejado ver a sus amigos, tampoco sabía que iban a hacer con ella.
Estaba tumbada en el suelo mientras escuchaba como caía la lluvia y observaba a una rata tratar de comerse unos trozos de pan mohoso. Las constantes palizas y el hambre le estaban jugando malas pasadas a Luci e incluso había empezado a tener alucinaciones. En ocasiones había intentado cazar a una de esas ratas para comérsela, pero estaba demasiado débil para ello, iba a intentarlo una vez más cuando la puerta de aquel calabozo se abrió y dos militares entraron. Luci se acurrucó en un rincón y se cubrió pensando que iban a darle una paliza o algo peor, pero en lugar de eso la levantaron de un tirón, la esposaron y la obligaron a salir de su calabozo, cuando salió al exterior sintió el agua de lluvia caer sobre ella y no pudo evitar alzar la cabeza y abrir la boca, estaba sedienta.
—Camina— dijo uno de aquellos tipos mientras la empujaba.
La llevaron caminando por el puerto bajo la lluvia hasta que llegaron a un pequeño barco de pesca, junto a el, bajo un paraguas pudo ver al general Graham, este parecía estar esperándola. Cuando se paró delante de el, este se la quedó mirando con un gesto de sorpresa al verle los moratones y las manchas de sangre de la cara, rápidamente miró a sus hombres.
—¿Era necesario pegarle? Dije que estuviera intacta, ya tiene bastante con lo que le espera.
—Se ponía violenta señor, esta era la única manera de calmarla— respondió uno de los militares que la custodiaba.
Graham no hizo más preguntas, volvió a mirar a Luci y comenzó a hablar. –Lo que hiciste fue muy grave y por lo tanto tienes que pagar por ello, serás encarcelada en aquel barco— Graham señaló al carguero prisión, el mismo que había visto al poco de llegar a Manhattan. –Allí vivirás el resto de tus días hasta que mueras, lamento decirte que no tendrás posibilidades de allí, tampoco intentes escapar por que los guardas no dudaran en disparar. Las normas allí son sencillas, ya te las explicaran cuando llegues.
—¿Algo más?— preguntó Luci.
Graham negó con la cabeza. –No, pero si te sirve de algo… lamento que hayas acabado así, prometías muchísimo como ciudadana de esta ciudad, pero bueno… también entiendo que lo hicieras— Graham miró a sus hombres y les hizo un gesto con la cabeza para que la subieran a bordo. Justo cuando ella estaba en cubierta y Graham se marchaba, esta lo llamó.
—General… se que Juanma está vivo en algún lugar, que no dejen de buscarle— pero Graham no contestó, aunque la miró en un principio, se dio la vuelta y siguió caminando.
Allí a bordo del barco, Luci se sentó y este se puso en marcha hacia el carguero prisión, las cosas para Luci habían dado un giro de ciento ochenta grados, y no para bien precisamente.

viernes, 4 de abril de 2014

NECROWORLD Capitulo 30



Día 23 de Diciembre de 2009
Día 549 del Apocalipsis…
Worthington (Massachusetts)
01:25 de la madrugada…

El grupo encabezado por Butch comenzó a acercarse poco a poco a las vallas. El asalto iba a comenzar, tenían el silenciador preparado. Sin pensárselo dos veces, Marlon y Butch abrieron fuego y abatieron a los dos guardias, seguidamente se auparon por encima de la valla, vieron que no había más gente en la calle y ocultaron rápidamente los cadáveres, luego ayudaron a subir a las chicas, cuando todos estuvieron sobre la valla descendieron y corrieron a ocultarse detrás de una de las casas.
—Muy bien, dos menos, pero no pasará mucho tiempo hasta que se den cuenta de que los guardias no están en su puesto. Hagamos lo que hagamos debemos darnos prisa— dijo Marlon mirando a Butch.
—Gracias moreno, como si no me hubiese dado cuenta ya.— Butch miró a ambos lados de la calle, siempre oculto entre los matorrales. –No podemos dividirnos, quedaríamos en más minoría de la que ya estamos. Tenemos que ir a saco desde el principio.
En ese momento escucharon el sonido de una puerta al abrirse y todos se echaron al suelo entre lo matorrales, miraron hacia el origen del ruido y vieron a un tipo flacucho salir por una puerta tras despedirse de una mujer de mediana edad, era rubia. Enseguida Sandra la reconoció, era la misma tía que había visto junto a Luci, Yuriko y Vanesa.
—Esa es la jefa— dijo Sandra en ese momento.
—¿Estas segura que es ella?— preguntó Johana. –No se, me suena de algo esa tía… creo que era una diputada o algo así.
—Me da igual quien sea. Me la voy a cargar ahora mismo— dijo Butch apuntando con su rifle, pero entonces Marlon se lo impidió.
—No lo hagas, espera— respondió Marlon al tiempo que la puerta de la casa se cerraba, desapareciendo aquella mujer en el interior de ella. –Acabo de tener una idea, cuando perdamos el factor sorpresa y comience el tiroteo, aseguraros de apuntar al corazón y al cuello.
—Eso… ¿Para que?— preguntó Sandra
—Si los matamos y se reaniman nos servirán para quitarnos de en medio a unos cuantos más— respondió Marlon mirando a Sandra, la cual puso una mueca que el interpretó como que ella no estaba de acuerdo. –Si… ya se que es algo cruel, pero no nos queda otra.
En ese momento Sandra vio a un grupo de hombres que salían hablando de una de las casas, entonces recordó que era allí donde habían visto a Yuriko y Vanesa. Esperaba que no les hubiesen hecho nada malo.
—¿Veis aquella casa? Es allí donde está Vanesa. Escuchad, ella no puede andar por que le han cortado una pierna, necesitará ayuda. ¿Podríais cubrirme mientras voy a por ella?— preguntó Sandra.
Todos los demás asintieron y enseguida comenzaron a prepararse. Mientras Sandra iba hacia la casa donde había visto a Yuriko y Vanesa, los demás dispararían contra todos los enemigos que saliesen a su paso. Estaba a punto de estallar una guerra entre dos bandos e iba a haber bajas por igual.
*****

 Desde que los demás habían partido hacia Worthington, Paul había estado tratando de contactar con Manhattan, pero todavía no había obtenido respuesta, eso lo estaba preocupando mucho, significaba muchas cosas y una de ellas, quizás la peor, era que estaban solos, muy solos, no tendrían refuerzos en caso de que ocurriera alguna desgracia. De vez en cuando se daba la vuelta para mirar a su hermana, la cual no hacía otra cosa que mirar por la ventana en la dirección que se habían ido los demás. También a ella se le notaba cierta preocupación. Paul se había dado cuenta de que la chica tenía cierta atracción con Marlon, aunque esta no lo expresaba demasiado, podía ver como muchas veces ella se quedaba absorta mirando al hawaiano, eso era lo que le había dado a Paul la pista.
Paul volvió a lo suyo y siguió tratando de contactar con Manhattan, fue en ese momento cuando por fin pareció tener respuesta.
—Aquí Manhattan… ¿Quién habla?— preguntó una voz femenina.
—Soy Paul… del equipo de abastecimiento. Necesitamos refuerzos en Worthington. Un grupo puede tener problemas— respondió Paul rápidamente.
—¿No Muertos?
—No… son personas. Encontramos a una chica de otro grupo residente en Manhattan, nos contó que el resto de su grupo había sido capturado por un grupo de personas. El resto de mi grupo se fue con ella para tratar de liberarles. Necesitamos refuerzos— explicó Paul.
—Aquí también hemos tenido problemas… pero ya lo hemos solucionado. Ahora mandamos a dos helicópteros con refuerzos, usted permanezca donde está.
—Gracias… gracias— respondió Paul con una sonrisa en los labios.
Cuando Paul cortó la comunicación se dio la vuelta para mirar a su hermana, la cual seguía con la mirada perdida husmeando el camino por el que los demás se habían ido, seguramente esperando que estos regresaran más pronto que tarde.
—Diana… Diana— la llamó Paul. –Ya vienen a ayudarnos, pronto estarán aquí.
Diana se dio la vuelta y miró a su hermano, sonrió forzadamente y volvió a darse la vuelta para volver a mirar por la ventana. Enseguida llegó hasta ellos un sonido similar a los disparos, no había duda de lo que era, y significaba que había empezado el baile en Worthington. Paul sentía deseos de ir allí a ayudar, pero no podía ni dejar a su hermana sola allí ni llevarla con el. Aquello era diferente a todo lo que habían tenido que vivir desde que el apocalipsis había estallado, el podía protegerla de los No Muertos, estos eran estúpidos, pero las personas vivas no eran igual, eran infinitamente más inteligentes, malvados y peligrosos, su hermana correría demasiado peligro. Paul solo podía esperar que los demás regresasen todos sanos y salvos, pero algo le decía que no iba a ser así.
*****

Los disparos habían comenzado justo cuando Sandra había llegado a la casa donde había visto anteriormente a Yuriko y Vanesa. Justo cuando iba a entrar escuchó voces que venían del interior y que la hicieron ocultarse justo cuando dos hombres salían del interior atraídos por los disparos. Debían ser los guardas que vigilaban que ninguna de las dos escapara.
Cuando estos salieron, cerraron la puerta y corrieron por la calle, cuando Sandra los perdió de vista, se puso delante de la puerta y disparó sobre la cerradura, cuando esta saltó, Sandra abrió la puerta de una patada y se lanzó al interior de la casa, más o menos sabía donde estaban, corrió por el pasillo hasta llegar a unas escaleras, las cuales daban al sótano. Abrió la puerta y corrió escaleras abajo, cuando llegó al sótano se encontró con Yuriko, la cual se la quedó mirando con los ojos como platos.
—¿Qué haces aquí? Escuchamos disparos, pero creí que…
—No hay tiempo para explicaciones, tenemos que salir de aquí. Tenemos ayuda— entonces Sandra miró a Vanesa, la cual seguía tumbada en aquella camilla improvisada, le faltaba una pierna y parecía que estaba mareada y febril a juzgar por su estado, tenía que sacarla de allí como fuese, rápidamente miró a Yuriko. –Ayúdame a sacarla de aquí.
Yuriko y Sandra ayudaron a Vanesa a incorporarse y entre las dos la fueron llevando hacia la salida, cuando estaban a punto de salir por la puerta que daba al sótano, Sandra divisó una silueta ensangrentada a unos metros de la puerta, no se trataba de un No Muerto cualquiera, era uno de los hombres que Sandra había visto salir hacía nada de aquella casa, a este lo habían cosido a balazos. Nada más verlas lanzó un grito y comenzó a correr hacia ellas, Sandra disparó varias veces mientras retrocedía, pero ninguna bala dio en el blanco, lo único que consiguió fue atraer a otros dos No Muertos que enseguida aparecieron en el umbral de la puerta.
No iba a darles tiempo a encerrarse de nuevo, fue entonces cuando Sandra notó un tirón y seguidamente se vio rodando escaleras abajo junto a Yuriko. Cuando llegaron abajo, Sandra se incorporó rápidamente al tiempo de ver como Vanesa se quedaba atrás y cerraba la puerta mientras el infectado se le echaba encima.
Vanesa las había dejado en el sótano mientras ella se quedaba atrás reteniendo a los No Muertos sacrificando su vida, ni siquiera escucharon sus gritos.
Yuriko trató de volver escaleras arriba, pero Sandra la detuvo. —¿Dónde vas?
—Voy a por Vanesa, tenemos que ayudarla— respondió Yuriko negándose a aceptar la realidad.
En ese momento Sandra la acercó a ella y la miró fijamente a los ojos. –Vanesa ha muerto, acéptalo. Vi como los caminantes se le echaban encima. Ha muerto Yuri…
Yuriko no pudo reprimirse las lágrimas y rompió a llorar, Sandra la abrazó, pero se separó de ella cuando comenzaron a escuchar como los No Muertos golpeaban la puerta intentando llegar al sótano.
—¿Qué hacemos ahora?— preguntó Yuriko mirando a Sandra al tiempo que asimilaba la muerte de Vanesa.
Sandra comenzó a mirar a su alrededor y se fijó en la ventana, la misma desde la que habían visto la primera vez a Yuriko y a Vanesa. –Saldremos por ahí— dijo Sandra señalando hacia la ventana. –Vamos, sígueme.
*****
Vernon salió de la casa que había ocupado, tenía el arma en las manos y estaba dispuesto a disparar contra lo que fuese, aquello no se trataba de un ataque de caminantes, lo que allí había era un fuego cruzado. Lo primero que Vernon quiso hacer es llegar a la casa de Terry, pero enseguida vio pasar a dos de sus hombres corriendo detrás del sobrino de Brett, el joven muchacho fue alcanzado justo cuando iba a entrar en una de las casas. Una vez allí comenzaron a devorarlo.
Para Vernon aquello que estaba pasando tenía cierta lógica, aquellos que les estaban atacando no eran unos cualquiera, aquellos no podían ser otros que los amigos de la tal Luci y las otras dos, el sabía que podía pasar eso. Justamente en ese momento vio a un joven moreno de piel, aquel muchacho trató de disparar a Vernon, pero este fue más rápido y cogió enseguida cobertura. Aquel chico no podía estar solo, poco a poco Vernon se asomó y volvió a apuntar, cuando disparó le dio de lleno al joven y esté cayó al suelo de espaldas, Vernon volvió a asomarse y vio al chico tratando de levantarse, no lo había matado. Con una gran rabia salió de su escondite y avanzó en dirección al joven herido, primero le disparó en una mano y el joven soltó el arma, trató de volverse a poner en pie, pero Vernon le puso el pie sobre el pecho y empujó hacia abajo.
—Pensaríais que esto os iba a ir sobre ruedas, pero no habéis sido suficientemente listos. Con gente como nosotros es mejor no jugar. —En ese momento Vernon disparó varias veces contra el joven y este se quedó tendido en el suelo. Iba a descargar más balas encima de la chica y entonces escuchó un grito a un lado y cuando se giró vio a una chica joven corriendo hacia el mientras disparaba y gritaba el nombre de Marlon, el nombre del chico al que acababa de matar. Vernon sintió el impacto de las balas en su pecho y extremidades y acabó desplomándose el también junto al cadáver del chico.

Jill llegó junto al cadáver de Marlon y del hombre al que acababa de matar, se había separado del grupo durante el asalto, no sabía donde se habían metido Butch y Johana, tampoco sabía si estaban vivos, el humo y los disparos reinaban en el lugar, probablemente algunos de aquellos hombres estaban tratando de abatir a sus compañeros ahora convertidos en caminantes. Iba a marcharse de allí cuando escuchó lo que parecían gritos, salió corriendo siguiendo los gritos mientras pensaba que eran sus compañeras, pero cuando llegó a un camión se dio cuenta de que allí había gente pidiendo ayuda. Jill llegó a la conclusión de que aquellas personas estaban allí retenidas contra su voluntad.
—Por favor gringa, sácanos de aquí— le dijo una chica con acento Mexicano mirándola a través de una rejilla del camión.
—Os voy a sacar de aquí, pero guardad silencio— dijo en ese momento Jill mirando a la chica.
Jill se metió de un salto dentro de la cabina y como si tuviera la suerte de su parte se encontró con las llaves puestas, rápidamente puso en marcha el motor y comenzó a conducir para sacar de allí aquel camión lleno de gente, primero los sacaría de allí y luego volvería a entrar allí para ayudar a los demás.
*****
Terry llevaba un rato escondida en la casa y no se atrevía a mirar por la ventana, había apagado todas las luces y permanecía oculta detrás de unos sillones, enseguida escuchó el rugido de un motor, enseguida vio los faros de un vehículo cruzar la calle y se vio impulsada a asomarse por la ventana, cuando se asomó vio el camión de los esclavos y una chica que no conocía al volante, era sin duda una de los asaltantes.
Vernon tenía razón en cuanto a lo de que vendrían a buscar a Luci y a los demás que tenían presos, tendría que haberle hecho caso, pero aun le quedaba Luci y nada ni nadie se la arrebataría, podía cogerla y largarse de allí a toda velocidad con ella. Luci le pertenecía.
Terry se alejó de la ventana al tiempo que se guardaba la pistola en la cintura y comenzó a caminar hacia la habitación de Luci, cuando abrió la puerta espero encontrársela donde la había dejado, pero no estaba ahí, había desaparecido. Terry iba a lanzar un grito de rabia, pero un fuerte golpe en su lado derecho, este hizo que Terry se tambaleara y cayera de costado al suelo. Cuando alzó la vista se encontró con Luci abalanzándose sobre ella con los puños cerrados.

Luci cayó sobre Terry y comenzó a propinarle varios puñetazos en la cara, con tanta fuerza que la sangre y trozos de dientes comenzaron a salir despedidos de la boca de Terry. Luci estaba rabiosa, aquella mujer había matado a Ethan, la única persona por la que había sentido algo desde que llegaron a Manhattan y la única persona que la había vuelto a hacer sentirse viva, además había disfrutado mientras le cortaba la cabeza y luego se la había lanzado a los pies. Luci no podía dejar escapar a esa mujer, quería matarla y lo iba a hacer.
—Te voy a matar maldita puta chiflada. Solo mereces la muerte— decía Luci al tiempo que agarraba a Terry del cuello y comenzaba a estampar la cabeza de esta contra el suelo.
—No… no me puedes matar… tú y yo estamos destinadas a estar juntas. Tú y yo, aun podemos escapar.
—Tú y yo no tenemos ningún futuro juntas. Tú único futuro es morir a mis manos y prometo que pienso disfrutar cada segundo vieja zorra.
Luci comenzó a apretar con más fuerzas mientras recordaba los últimos momentos con Ethan. Aquella mujer se merecía sufrir también, no iba a dudar nada en matarla. En ese momento Luci sintió un fuerte dolor en el estomago y vio como Terry estaba presionándole la herida de bala, la sangre no tardó en comenzar a brotar, Luci lanzó un grito y la fuerza que ejercía sobre el cuello de Terry aminoró, eso hizo que Terry recuperara aire y con un fuerte rodillazo se quitara a Luci de encima.
Luci salió volando de espaldas y terminó chocándose contra una mesita de noche. Desde el suelo y con un fuerte dolor en el estomago vio como Terry se levantaba tambaleándose y salía por la puerta, se estaba escapando. Luci se incorporó lo más rápido que pudo y se dio cuenta que había una pistola en el suelo, era la de Terry, esta había huido tan deprisa que se la había dejado olvidada. Sin perder más tiempo, Luci se puso en pie y agarró la pistola, salió al salón y vio la puerta de la casa abierta, Terry había salido al exterior, iba a seguirla, pero entonces vio en el mueble su katana. Iba a comenzar la persecución, lo único que Luci tenía claro era que Terry no iba a escapar y que cuando le diera caza… disfrutaría matándola lentamente, aquella mujer le había cortado la cabeza a Ethan y Luci la iba a matar lentamente cortándole partes del cuerpo.
*****

Butch y Johana avanzaban abatiendo a todos los hombres armados que se cruzaban con ellos, se aseguraban de acertarles únicamente en el corazón o en el cuello, querían que se reanimaran para allanarse el terreno, era una forma de usar a los No Muertos en su propio beneficio. Ambos llegaron a una de las casas y se encerraron dentro.
—¿Dónde coño están los demás? Estos gilipollas van a lograr que los maten— decía Butch mirando por la ventana para ver como dos No Muertos devoraban el cuerpo de un hombre al que acababan de atrapar. Segundos después un camión apareció de repente y les pasó por encima, Butch vio que al volante iba Jill, quiso salir por la puerta para llamarla, pero cuando la abrió se encontró de cara con la boca abierta de un infectado. Rápidamente Butch le dio un empujón y volvió a cerrar la puerta.
—¿Qué ocurre?— preguntó Johana.
—Hay un puto fiambre en la puerta y apenas nos queda munición. Quizás no fue tan buena idea eso de no acertarles en la cabeza.
—¿Y te das cuenta ahora? Tío… eres gilipollas… eso deberías haberlo pensado antes.
—Me emocioné ¿Vale? No me lo eches en cara ahora. Debemos buscar una forma de salir de aquí. Además, quise salir por que al volante del camión ese que acaba de pasar, iba Jill. Esa putilla se va sin nosotros.
En ese momento escucharon gritos que parecían venir de algún lugar de la casa, justamente detrás de ellos. Eso hizo que Johana y Butch se sobresaltaran y pensaran que había alguien más allí, se dieron la vuelta rápidamente apuntando con sus armas, pero detrás de ellos no había nadie, pero aun así seguían escuchando los gritos, y parecía que estaban pidiendo ayuda.
—¿De donde viene eso?— preguntó Butch mirando a su compañera.
—Parece que viene del sótano, es alguien que está pidiendo ayuda. ¿Será de los nuestros?
—¿Del grupo de Sandra? Es posible— dijo Butch avanzando hacia la puerta que debía dar al sótano. Cuando llegó a ella puso la mano en el pomo y trató de girarlo, pero no pudo, seguidamente miró a Johana. –Está cerrada con llave.
En ese momento Johana apartó a Butch de un empujón y seguidamente le asestó una patada a la puerta, la cual se abrió de golpe. Luego miró a su compañero y con un gesto de cabeza les indicó que le siguiera escaleras abajo.

David había comenzado a gritar que le ayudaran cuando había escuchado voces arriba, voces que no pertenecían a ninguno de sus captores, incluso las voces le resultaban familiares, no tardó en ver como la puerta del piso superior se abría, cuando vio a los que bajaban no sabía si temer o alegrarse, ante el estaba Johana y junto a ella estaba Butch, el mismo con el que se había peleado por Johana. El Rockero en ese momento se lo quedó mirando con una sonrisa de oreja a oreja.
—Mira tu por donde, pero si es mi amigo David— decía Butch mientras se llevaba la mano a la nariz. –Todavía me duele nuestra última conversación. Te juro que no esperaba encontrarte así… encadenado y colgado del techo— en ese momento reparó en las heridas y los moratones. –Parece que te han dado bien, no te han dejado ni una parte del cuerpo sin golpear… no sabría donde golpearte y darme el gustazo.
—Si quieres golpearme hazlo, pero deja de darme la lata. Y luego sácame de aquí— respondió David.
En ese momento Butch le apuntó al pecho con su arma mientras sonreía. –Te propongo un acertijo. Dime, ¿Qué me impide coserte a balazos ahora mismo? Estás en una situación en la que si quiero puedo decir que ya te encontramos muerto. Nadie hará más preguntas.
En ese momento Butch sintió un golpe y luego un codo se estrelló en su cara, seguidamente le arrebataron el arma, cuando Butch dejó de ver las estrellas a causa del golpe se encontró con Johana sosteniendo su arma y apuntándole con la otra.
—¿Pero que coño estás haciendo? Estás loca.
—Este no es momento para vendettas personales ni peleas de niñatos. Hemos venido aquí para ayudar a un grupo de los nuestros. Ahora ayúdame a liberarlo y a salir de aquí cuanto antes. No podemos perder tiempo.
Butch y Johana comenzaron a desencadenar a David, y cuando lo lograron, este cayó de rodillas sobre el suelo de hormigón y luego Johana lo ayudó a incorporarse. Cuando este se ponía de pie no pudo evitar hacer una mueca de dolor, un dolor que nacía en la boca del estomago y le recorrió todo el torso.
—Gracias— dijo mirando a Johana.
—¿Y tus armas?— preguntó Johana mirando a su alrededor.
—En teoría están en el piso superior, donde estabais antes— dijo David señalando escaleras arriba. –Seguramente están ocultas en algún armario o algo ¿Mirasteis bien cuando entrasteis?
—No nos dio tiempo… ¿Acaso piensas que íbamos a perder el tiempo así? Ni siquiera sabíamos que estabas aquí, fue coincidencia— respondió Butch lanzándole una mirada acusadora a Johana, era evidente que no quería salvar a David. –De hecho, de haber sabido que estabas aquí encerrado no habríamos entrado, por mí como si te pudres.
Johana y Butch llevaron a David a cuestas escaleras arriba, cuando estuvieron en el piso de arriba, una vez allí ayudaron a David a sentarse en uno de los sillones, fuera seguían los disparos de los hombres a las ordenes de aquella mujer, los disparos que efectuaban contra un numero cada vez más alto de No Muertos. Los golpes de la puerta ya no se producían, lo que indicaba que el No Muerto aquel se había largado, quizás persiguiendo a alguien.
—¿Cómo lo llevas?— preguntó Johana mirando a David a los ojos, uno de ellos estaba hinchado y morado.
—Podría estar mejor… pero me han dado bien…— David miró a Butch. –Mira en todas las habitaciones, me trajeron aquí directamente, así que mis armas deben estar aquí en algún lugar.
—No soy tu puto recadero. Lo que deberíamos hacer es irnos de aquí ahora mismo. Cada vez hay más podridos, y son de los que corren.— Butch se acercó a la ventana y observó con cautela. No vio ningún No Muerto, lo único que veía, eran manchas rojizas sobre la nieve y un largo rastro de sangre, como si hubiesen arrastrado un cuerpo. –El lugar está despejado, podemos salir de aquí, volver al vehículo oruga con la niña loca y su hermano.
—¿Tenéis mucha munición?— preguntó David mirando a Johana. Esta negó con la cabeza.
—No mucha… y si tenemos que cargar contigo lo tendremos difícil. Hemos estado abatiendo al enemigo, había más de los que creíamos y…
Johana no terminó la frase, su mirada se cruzó con la de Butch al mismo tiempo que se escuchaba un ruido similar al de unos helicópteros, rápidamente Johana se levantó y corrió hacia la ventana, al mirar vio varios helicópteros invadiendo el espacio aéreo de Worthington.
—De puta madre… el hermano de la majara ha pedido ayuda— Butch miró a David. –venga saco de arena, es hora de mover el culo. Tenemos billete en primera clase.
*****

Yuriko y Sandra ya habían logrado salir por la ventana cuando vieron los helicópteros sobrevolar Worthington, por un momento pensaron que estaban en peligro, pero el susto se les pasó rápidamente cuando vieron el logo del Fénix en el fuselaje.
Rápidamente comenzaron a hacer señas y uno de los focos las alumbró, segundos más tarde un helicóptero aterrizó cerca de ellas, nada más posarse comenzaron a bajar soldados llegados de Manhattan que rápidamente comenzaron a abatir a los No Muertos que se acercaban atraídos por el ruido. En pocos minutos había cadáveres de infectados por todas partes.
Cuando Yuriko y Sandra iban a subir se encontraron de frente con Paul y Diana. Los habían rescatado.
—Venga… subid… ¿Dónde están los demás?— preguntó uno de los soldados. –Se supone que había más con vosotros.
Justamente en ese momento vieron aparecer a Butch y Johana llevando a cuestas a David, cuando llegaron junto a ellos, ayudaron a David a subir al helicóptero, estaba demasiado herido como para subir por su propio pie.
—¿Quién más falta?— preguntó otro soldado.
—Faltan Luci y Jill. Hemos encontrado el cadáver de Marlon y el de Vanesa— contestó uno de los soldados.
—Jill fue encontrada conduciendo un camión lleno de gente a las afueras de Worthington. Varios de nuestros hombres la están escoltando de regreso a Manhattan, por lo tanto falta Luci. No sabemos donde puede estar— respondió otro de los soldados.
En ese momento aparecieron otros dos soldados que venían de detrás de una de las casas, estos traían a empujones a un hombre de mediana edad. Al llegar allí, el hombre cayó de rodillas.
—¿Quién es este?— preguntó uno de los soldados que por llevar la voz cantante allí, parecía ser el que estaba al mando de la misión. –Dime, ¿Quién eres? ¿Y quien está al mando aquí?
El preso titubeó un rato, pero finalmente comenzó a hablar, se lo contó todo, incluso les dijo que había visto a su líder salir huyendo y a una chica armada con una Katana seguir su rastro. También les contó el detalle más importante, el don de su jefa, el don de esta para caminar entre los muertos sin ser vista.
*****

Afueras de Worthington…
Día 23 de Diciembre de 2009
Día 549 del Apocalipsis…
04:00 de la madrugada…

Luci había perdido la noción del tiempo, no sabía el tiempo que llegaba siguiendo el rastro de Terry, estaba obsesionada con ello, quería matarla, ni siquiera el sonido de los helicópteros a su llegada le había quitado la idea de dar caza a esa mujer. Siguiendo el rastro de Terry, Luci se había alejado de las casas y a su alrededor solo había arboles, se había adentrado en la espesura.
Aquella maldita le había arrebatado la razón de su vida, la única que tenía después del apocalipsis, esa maldita arpía había matado a Ethan a sangre fría delante de ella y había disfrutado con ello. Probablemente aquellos helicópteros estaban allí para salvarles, pero ella no necesitaba ser salvada, ella solo necesitaba matar lentamente a aquella maldita mujer.
—No escaparás de mi Terry. Daré contigo y te mataré. Haré que lamentes cada uno de tus actos… pero descuida… que no te mataré rápidamente, lo haré lentamente y lo disfrutaré. Dejaré que veas mi sonrisa mientras te voy desmembrando poco a poco. Se que puedes oírme Terry.
Luci estaba furiosa, a cada paso que daba apretaba más el mango de la katana, estaba deseando ponerle las manos encima a esa mujer. En ese momento escuchó un ruido y vio una silueta moverse entre los matorrales, sin pensárselo dos veces corrió hacia la figura y se abalanzó sobre ella con los pies por delante para asestarle una patada.
Cuando golpeó a la silueta, ambas cayeron al suelo y Luci vio el rostro de Terry, por primera vez, Luci vio el terror en los ojos de aquella mujer.
—No me mates, por favor. Tu y yo estábamos destinadas a estar juntas, estoy enamorada de ti— dijo Terry mirando a Luci desde el suelo. –Lo que yo siento por ti es amor.
—¿Amor? Tú no sabes lo que es eso, tú solo eres una hija de puta, una chalada zorra— respondió Luci al tiempo que le daba un pisotón en el pecho. Terry lanzó un grito de dolor y Luci volvió a pisarle el pecho. –Firmaste tu sentencia de muerte desde el mismo momento que asesinaste a Ethan. Tú no mereces vivir, no entiendo como es posible que gente como tú tenga ese don, tú no lo mereces.
En ese momento Terry sacó la pistola de dardos y trató de disparar a Luci, pero esta fue más rápida y con un mandoble de su katana, separó la mano derecha de Terry del resto del brazo, haciendo que Terry lanzara otro grito de dolor mientras se agarraba el muñón. La sangre brotaba como si lo hiciese de una fuente y salpica a Luci tanto como a la nieve de su alrededor.
—No me mates… por favor… no…
Pero Luci no quería escucharla, alzó su katana y la clavó en el hombro izquierdo, haciendo que Terry gritara nuevamente. Más sangre corrió por la nieve formando un charco debajo de ella.
Terry miraba a Luci y solo podía ver la sonrisa de esta, era como verse a si misma asesinando a Ethan. Luci se quitó de encima y comenzó a dar vueltas a su alrededor. Terry apenas podía moverse y casi que sentía el abrazo de la muerte sobre ella, quiso incorporarse, pero rápidamente Luci lanzó otro mandoble, esta vez con cuidado para no matarla, provocándole un corte en el pecho, nuevamente Terry aulló de dolor, la estaban matando lentamente.
—Que sepas que me está costando mucho no matarte ya, es lo que más deseo. Y lo haré, pero todavía no.
—Estás loca…— susurró Terry. –No te das cuenta de a lo que estas renunciando.
—Se lo que me has quitado— respondió Luci propinándole otro corte en el vientre.
Terry estaba sufriendo, nunca antes había sufrido así, a cada movimiento de Luci, ella deseaba morir, deseaba que la matara y así dejar de sufrir.
—Disfruté…
—¿Disfrutaste? ¿Con que?— preguntó nuevamente Luci. –Venga, dímelo…
—Matando a tu jodido novio, el no era digno de ti ni de la vida, me encantó ver su mirada mientras lo mataba, pero lo hice por que me perteneces, eres mía.
—Se por que lo haces… me provocas para que te mate, pero no lo haré… no todavía. Tú sufrirás más, mucho más… ahora te cortaré una pierna, como hicisteis con Vanesa. Prepárate…
Luci alzó la katana con intención de cortarle a Terry una pierna, justo cuando descendía para llevar a cabo el corte, escuchó un disparo, el cual la hizo detenerse, miró a su alrededor y vio a varios militares armados apuntándole a ella y a Terry, estos tenían el logo del fénix en su uniforme.
—Deja la katana en el suelo Luci, no te lo volveré a repetir. Esa mujer es nuestra prisionera, su don es importante y será llevada a Manhattan donde se le harán pruebas.
—¡¡¡No!!! Esta puta morirá aquí, yo me encargaré de ella, marcharos y dejarme en paz, llevaros a mis amigos y a mi dejadme aquí. ¿Hablo claro?
—No podemos dejarte hacer eso, deja la katana en el suelo o me veré obligado a inmovilizarte.
—¿Y tu quien eres? Nunca te he visto…— preguntó Luci mirando al soldado, se trataba de un hombre de unos treinta y tantos años, tenía el pelo rapado y algo canoso.
—Soy el brigada Gallaguer, estaba en una misión fuera hasta que me llamaron y me dijeron que acudiera aquí. Déjala, debemos volver a Manhattan cuanto antes, allí han tenido problemas. Déjala…
Luci apartó su mirada de Gallaguer y cuando iba a volver a hacerle un corte a Terry escuchó un disparo seguido de una punzada, se miró el brazo y vio un dardo, seguidamente se sintió mareada y dejó caer la katana, después cayó de lado. Lo último que vio antes de desmayarse fue a los militares y a Gallaguer rodearla a ella y a Terry, después todo fue oscuridad.