Bienvenido

NOTA IMPORTANTE

Tras el ultimo capitulo de Necroworld (El 200). Este blog permanecerá abierto hasta un nuevo aviso. Cuando este aviso suceda, este blog publicará una entrada nueva donde aparecerá la nueva dirección al nuevo blog (Intentaré que os redireccione) Pasado un tiempo, este blog desaparecerá.
Ya podeis entrar en el siguiente blog, la historia se muda ahi.
juanmanuel-sagazombis.blogspot.com.es

Seguidores

sábado, 15 de marzo de 2014

NECROWORLD Capitulo 27



Día 22 de Diciembre de 2009
Día 548 del Apocalipsis…
Manhattan… zona segura…

Alicia y los demás profesores conducían a los niños hacia el gimnasio, allí permanecerían seguros hasta que todo pasara. Alicia no sabía que había pasado exactamente, pero con el sonido de las alarmas y por como actuaban los demás profesores sabía que aquello era un muy mal asunto. Mientras caminaban por los pasillos, Alicia no se apartaba del lado de Vicky. La niña estaba curiosamente tranquila a diferencia de los demás niños.
—No te preocupes. Si son caminantes y vienen aquí yo los mataré— respondió la pequeña ante la mirada estupefacta de Alicia. –Tengo una pistola en mi mochila.
En ese momento Alicia se paró y se agachó a la altura de Vicky mientras la agarraba de los brazos. —¿Qué has dicho? ¿De donde la has sacado? Una niña no puede traer esas cosas al colegio.
—Siempre la llevo conmigo, pero no se lo digas a mi mamá. Ella no sabe nada, mi papá tampoco lo sabía.
—¿Sigue en tu mochila?— preguntó Alicia.
—Si, sigue ahí— respondió la pequeña.
Enseguida Alicia se levantó y miró a uno de los profesores, un chico joven que daba matemáticas llamado Glenn. –Escucha, tengo que volver a mi clase. Seguid llevando a los niños al gimnasio.
—¿Estas loca? Ese no es el protocolo cuando entran caminantes en la ciudad. Todos los profesores debemos ir con los niños al gimnasio… si entran aquí…
—Ocúpate de los niños— dijo Alicia, luego salió corriendo por los pasillos.
Alicia corría por los pasillos a toda velocidad, cuando pasó junto a las ventanas vio algo que la hizo pararse de golpe, desde allí veía la calle y en ella había una horda pasando, algunos incluso se habían parado delante de la puerta del colegio y habían comenzado a empujar. Esta era frágil y no iba a aguantar mucho, se iban a meter dentro.
Cuando Alicia llegó al aula, corrió hasta que encontró la mochila de Vicky, la abrió y sacó la pistola, esta estaba en el fondo oculta por una tela que actuaba de doble fondo. A decir verdad la niña había actuado correctamente al ocultarla así de los otros niños, aun así no dejaba de ser una locura, aunque esa locura quizás podría salvarles la vida si los caminantes lograban entrar. Desde luego, ella moriría antes que dejar que les pasase algo a los niños, en ese momento pensó en el niño. Desde hacía poco lo dejaba con una canguro, la cual le había gustado por sus referencias, pero en ese momento no sabía como podrían estar, esperaba que estuvieran a salvo, aun así muchas veces pensaba en ir a por Vicky y salir las dos de allí para regresar a casa, pero eso implicaría dejar tirados a los demás y eso era algo que Alicia no podría hacer. Sería algo de lo que se arrepentiría el resto de su vida.
Volvió a pasar por delante de la ventana y al mirar vio que los No Muertos habían logrado cruzar las puertas y ahora deambulaban por el interior del colegio. En ese momento se preguntó que estaban haciendo los soldados.
*****
El sargento Cooper estaba viéndose desbordado por los acontecimientos, había habido varios brotes en la ciudad, todos prácticamente al mismo tiempo. No entendía como había podido suceder, era algo incomprensible. Si la mayor parte de la ciudad estaba vacunada daba igual que alguien que no estuviese vacunado hubiese muerto de forma natural y se hubiese reanimado, habría sido un caso aislado. Por otro lado los ancianos que no habían sido vacunados por su edad permanecían en una residencia y vigilados por si morían, siempre para evitar que cosas así ocurrieran. ¿Entonces? ¿Qué había pasado? A eso había que sumarle la explosión de la valla que separaba la zona segura de la zona infestada. No había duda de que aquello había sido premeditado al milímetro.
En ese momento vio llegar a Carlos, cuando este llegó a su altura se cuadró y saludó.
—Mi sargento, he logrado taponar el agujero de la valla con un camión. Eso los frenará un tiempo, pero se han colado varios. Debería mandar a un grupo allí para controlar la situación, aquella zona estaba vacía, no había guardias.
Cooper miró a su alrededor y comenzó a llamar a gritos a varios militares, en poco tiempo tuvo a más de dos docenas allí. –Diríjanse a la valla y eliminen a todos los podridos que vean y a los heridos por mordedura. Y taponen esa maldita obertura.
—¿Y que hago yo sargento?— preguntó Carlos.
—Sígame— respondió Cooper.
Cooper llevó a Carlos hasta el centro de mando y este vio allí una gran pantalla donde se veía un mapa de la ciudad, de toda la zona segura, en ella se veían varios puntos rojos parpadeantes. Estos estaban repartidos por toda la ciudad, había al menos ocho.
—¿Son los puntos calientes?— preguntó Carlos.
—Si, más o menos los tenemos controlados, pero la infección se está extendiendo. Debemos pararla antes de que nos arrolle. Tenemos infestación en el gran comedor y en otros siete sitios— Cooper pulsó un botón y comenzaron a abrirse varias pantallas, mostrando varios lugares. Entonces Carlos se dio cuenta de algo.
—Todos son sitios para comer o bares, fíjese— dijo Carlos señalando las pantallas.
—Es cierto. ¿Pero que…?— Cooper se estaba quedando petrificado. –Joder, esto parece más un golpe de estado que un accidente casual.
Carlos se quedó parado en ese momento cuando escuchó lo de golpe de estado. Buscó en su mente y entonces recordó lo que había dicho Gale. ¿Sería posible que fuese cosa suya? Por como había comenzado todo, a Carlos le era imposible pensar otra cosa, el mismo había dicho que iba a comenzar a moverse, sin pensárselo dos veces miró a Cooper. –Mi sargento. Creo que ya se quien está detrás de esto.
—¿Quién?— preguntó Cooper.
—Se lo diré cuando lo confirme, necesito permiso para retirarme.
—Concedido, pero informe cuando lo solucione.
—A sus órdenes— respondió Carlos. Justamente después se retiró.
*****

Rachel, Sheila y un grupo de soldados habían estado defendiendo las puertas del hospital después de que hubiese un brote en la cafetería de este y los infectados comenzaran a aumentar. No sabían como había comenzado, pero estos les estaban ganando bastante terreno, ya habían perdido a varios hombres. Había tantos y eran tan rápidos que costaba mucho acertarles en la cabeza, cuando uno de los infectados alcanzaba a alguien y le mordía, este moría en cuestión de segundos y se reanimaba. Lo de que el virus se volvía más violento en el cuerpo de alguien vacunado era cierto.
Sheila disparaba cada vez que uno se acercaba demasiado mientras cubría a Rachel, la cual estaba ayudando a las personas no heridas a entrar en el hospital, cuando pasó la ultima cerró las puertas. Fuera los No Muertos aporreaban puertas y ventanas.
—¿Cómo ha pasado esto? ¿Cómo fue tan rápido?
—No lo se, pero las bajas deben ser muchas. Los muertos se están dispersando por toda la ciudad, debemos comunicarnos con el puesto de mando, pero los comunicadores no funcionan, esto es un saboteo con todas las letras. Solo podríamos ponernos en contacto con los demás si salimos y eso no nos será posible.
—Para mi si— dijo una voz detrás de ellas, enseguida entre la multitud apareció un único hombre. Se trataba de Richard Levine. –Yo puedo caminar tranquilamente entre ellos, puedo ir a buscar ayuda y volver. Aun así nos deben estar viendo por las cámaras, saben que tenemos problemas, si aun no han venido es que están desbordados, no se si podría hacer mucho. Otra cosa que puedo intentar es lo siguiente, salir ahí fuera e ir cargándomelos, reducir su numero.
Rachel y Sheila se miraron y entonces Rachel le pasó a Levine su arma. –Muy bien, pero ten cuidado.
—No la necesito. Tu si, la necesitaras para cuando abras la puerta— respondió Levine. –Muy bien, ya estoy listo.
Rachel abrió la puerta de golpe derribando a unos cuantos y comenzó a disparar mientras Levine salía detrás y comenzaba a empujar a los caminantes, a otros les clavaba un cuchillo a través de la cuenca del ojo. Cuando ya no hacia falta cubrirlo más, Rachel volvió al interior del hospital y cerró la puerta, desde el interior veían como Levine llevaba a cabo el trabajo, uno que solo el podía hacer, pero aun así no era suficiente, había muchos caminantes y estos aporreaban los cristales, pronto comenzaron a agrietarse.
—Todos atrás— dijo Rachel mientras apuntaba a los caminantes que había en la puerta.
La gente retrocedía empujándose, entonces Sheila corrió hacia un lado de la pared y comenzó a trastear en lo que parecía una caja de luces, cuando logró abrirla pulsó un botón y una persiana metálica comenzó a bajar.
La persiana esta ubicada en la parte interior, justo cuando esta tocaba el suelo, los cristales reventaban permitiendo el paso a los No Muertos. Pronto la persiana comenzó a sacudirse, los No Muertos estaban muy excitados.
—¿Cuánto aguantará?— preguntó Rachel al tiempo que disparaba a algunos No Muertos.
—No lo se, pero nos dará el tiempo suficiente para poner a la gente a salvo— respondió Sheila. –Venga, vamos.
—Ocúpate tú de eso. Yo me quedó frenándolos aquí— Rachel miró a Sheila. –No te preocupes, no pienso caer aquí.— Sheila sonrió y se dio la vuelta. Antes de que se alejara con la gente, Rachel la llamó, cuando Sheila se dio la vuelta, Rachel le dijo. –Ni se te ocurra olvidarte de que te quiero.
—No lo haré— respondió Sheila antes de comenzar a correr por el pasillo. Mientras huía por los pasillos junto a las demás personas escuchaba los disparos de Rachel. Sheila hubiese querido que la acompañara, pero la obligación de la soldado era permanecer allí junto a los demás soldados, tenían que impedir a toda costa que cruzaran la persiana.
*****
Juan se encontraba en la terraza de su apartamento. Había puesto una silla junto a la ventana y había apoyado un rifle en ella, desde allí estaba dando caza a los caminantes que se acercaban por allí. Ya había dejado un buen montón de cuerpos abatidos sembrando el asfalto.
Las sirenas lo habían despertado en medio de un largo e intenso sueño, enseguida se imaginó que estaba ocurriendo, se había asomado por la ventana y había visto a los militares movilizarse, justo después vio a  los primeros No Muertos. Seguidamente había cogido el rifle y había comenzado a disparar. No sabía como había ocurrido, pero le daba igual, hacia tiempo que no tenía la oportunidad de disparar contra tantos de aquellos seres. Justamente en ese momento las sirenas dejaron de sonar, aunque los No Muertos aun no habían sido erradicados de la ciudad, pasarían horas antes de que eso ocurriese, aun así se imaginaba lo cuantiosas que habrían sido las bajas en la ciudad, seguro que muchas personas habían muerto.
Entonces escuchó un grito, buscó el lugar de su procedencia y vio a alguien correr por una terraza que estaba a unos quince metros de la suya. Miró a través de la mira telescópica de su rifle y vio a una chica correr con ocho No Muertos detrás, estaban apunto de alcanzarla.

Laura estaba en su casa cuando habían comenzado a sonar las alarmas. Quiso salir, pero entonces vio a varios No Muertos entrar en el edificio, al verla comenzaron a correr y ella comenzó a huir de ellos hasta que llegó a la terraza. Justo cuando parecía todo perdido y los No Muertos estaban apunto de alcanzarla comenzó a escuchar disparos, estos comenzaron a abatir a aquellos seres. Cuando ya no quedó ninguno con vida se quedó más tranquila, comenzó a mirar a su alrededor y vio como alguien armado la saludaba desde una ventana. Esta alzó los brazos y le devolvió el saludo.

—Los dioses estaban hoy contigo— murmuró Juan.
Juan se alejó de la ventana y corrió hacia su armario donde guardaba varias armas, una vez allí comenzó a cargarse con todo lo que había. Iba a unirse a los demás militares en las calles, seguramente necesitaban toda la ayuda posible.
*****

Carlos llegó hasta el edificio donde vivía Pablo, tenía la total certeza de que Gale estaría allí. Subió corriendo las escaleras y cuando llegó a la puerta de la casa de Pablo le asestó una fuerte patada, la puerta se abrió y en el interior se encontró con Gale y Pablo. Gale estaba de pie delante de la ventana y Pablo estaba en el suelo con la cara ensangrentada. Carlos se acercó a el y notó que respiraba con dificultad, seguidamente miró a Gale y le apuntó con su arma.
—Cierra la puerta por favor— dijo Gale sin darse la vuelta. –También puedes bajar el arma. Se supone que somos amigos ¿No?.
Carlos cerró la puerta, pero no dejó de apuntar a Gale. –Somos amigos, si, pero acabas de machacarle la cara a otro de mis amigos. ¿Qué hizo para que le dejaras la cara echa un Cristo?
—No estar de acuerdo conmigo en el modo de hacer las cosas. Míralo bien, es un cobarde, no pega para nada con nosotros. Juntos tu y yo podemos hacernos con esta ciudad. Siento que te hayas enterado así y te hayas visto metido en todo ese jaleo de ahí abajo, pero estabas demasiado ido anoche.
Carlos se fue acercando más, cuando estuvo frente a Gale bajó el arma y el enorme alemán sonrió. –Sabía que acabarías poniéndote de mi lado. Mira por la ventana y observa lo que pronto serán nuestros dominios. Una vez la mayor parte de las personas de esta miserable ciudad hayan muerto, saldremos tu y yo ahí fuera y seremos los héroes. Después de eso y de asegurarnos que el viejo está muerto no quedará más remedio que nos nombren a nosotros como nuevos líderes de la ciudad.
Carlos sonrió en ese momento. –Eso es algo que siempre quise hacer desde que llegué aquí. Sentarme en ese despacho y ser yo quien mandara aquí, ser yo quien mandara las misiones. Luego volvería a casa con mi familia, esa era la rutina que tenía pensada cuando eso ocurriera. Era mi sueño.
—También el mío— respondió Gale. –Mi sueño cada noche desde que llegué aquí. Yo nunca he sido un hombre que acepte órdenes y aquí he tenido que tragar con las malditas órdenes de ese viejo de mierda y tener que salir ahí fuera a jugarme la vida.
—Yo también estoy harto de tragar— Carlos miró a Gale. –Por cierto… ¿Cómo hiciste lo de los brotes? No me lo explico.
—Fue fácil, salí y cogí uno de los caminantes, al que eché luego en el depósito del agua, el mismo deposito que suministra agua a toda la ciudad. Contaba con las alarmas también. Sabía que cuando estas sonaran comenzarían a atraer caminantes de la zona infestada, así que decidí volar las vallas, así los que entraran de fuera se unirían a los que surgiesen aquí dentro. Ya te dije que iba a comenzar a moverme. Aun no es tarde para que te unas a mí. Aun estas a tiempo. Imagínate como sería tener esta ciudad a nuestros pies, tendríamos todo lo que quisiéramos.
Carlos sonrió –Ya lo se, se que no es tarde para mi, pero…¿Sabes que?— entonces cogió a Gale del cuello y luego le puso el arma en la debajo de la barbilla. –No soy tan gilipollas como para compartir nada contigo. Seré yo solo quien esté aquí al mando… y tú morirás. Estos no son mis métodos, yo prefiero hacer las cosas a mi manera y en mis planes nunca entraste tú— En ese momento Carlos apretó el gatillo y una bala cruzó la cabeza de Gale, desde la barbilla hasta el cerebro. La sangre salpicó a Carlos y luego el cuerpo de Gale se desplomó. Seguidamente Carlos se encaminó hacia el cuerpo maltrecho de Pablo.
—Gale se había vuelto loco— dijo en ese momento Pablo entre jadeos. –Tendrás que llevarme al hospital, prometo que no diré nada de lo que he escuchado. Te ayudaré en todo lo necesario.
—Se que lo harías Pablo… eres mi amigo… pero…— Carlos en ese momento miró a Pablo con mucha crueldad al tiempo que una sonrisa se dibujaba en su rostro. –Tal como le dije a Gale… yo trabajo solo— en ese momento Carlos puso su mano sobre la nariz de Pablo y luego comenzó a apretar. Siguió así hasta que Pablo dejó de respirar.
Carlos se puso de pie y salió del apartamento dejando allí ambos cuerpos. No iba a dejar que Gale se saliese con la suya, si alguien iba a llegar al poder en la ciudad iba a ser el y sin ayuda de nadie, aunque admiraba el como Gale había llevado a cabo su plan, cazar un No Muerto para meterlo en el tanque de agua y luego dejar que distribuyeran esa agua, así conseguía varios puntos de infección  a la vez. También admitía que lo de las sirenas y luego lo de destruir una parte de la valla había sido un gran plan.
Cuando Carlos llegó al portal se quedó un rato junto a la puerta mirando hacia la calle para ver la actividad de No Muertos, todavía había varios en la calle aquella, mientras se escuchaban varios disparos por toda la ciudad, seguramente algunos ciudadanos se habían sumado a los militares, si eso seguía así pronto tendrían la situación controlada.
*****
Eva y sus acompañantes llegaron a la sala de las taquillas después de recorrer los tubos de ventilación. Había sido un largo camino lleno de paradas por que a alguna de las mujeres le costaba trabajo respirar a causa del polvo o porque no soportaba ver a las ratas que a veces cruzaban por los tubos. Eva no entendía como podían tener miedo de unas ratas cuando había cientos de infectados tratando de atraparles. Realmente había peores cosas ahí fuera como para tener miedo a unos asquerosos bichos peludos.
—Tim… ven aquí. ¿Cuál es tu taquilla?
Tim avanzó arrastrándose por el tubo de ventilación y se puso al lado de Eva. Cuando encontró su taquilla se la señaló. –Es esa de ahí.
—Vale…pásame la llave— dijo Eva tendiéndole la mano a Tim.
Tim le pasó la llave y enseguida Eva se dio la vuelta para tirar a patadas la tapa, le dio repetidos golpes y finalmente la tiró. Cuando lo consiguió se deslizó hacia el cuartucho. Una vez con los pies en el suelo corrió hacia la taquilla y la abrió. En el interior de esta habían varias prendas de ropa y algún que otro libro. Como no encontraba el mapa, Tim bajó también y comenzó a ayudarla a buscar el mapa. Tim no recordaba donde lo había metido. Mientras buscaban escucharon un grito y el sonido de varios pies a la carrera.
—Vienen hacia aquí— dijo Eva –El ruido de la tapa al caer los debe haber atraído.
Tim se apartó de golpe de la taquilla y se lanzó contra la puerta para tratar de contener a los No Muertos que habían llegado ya a esta y habían comenzado a envestirla. No podría aguantar mucho.
—Busca entre los libros, debe estar ahí— le indicó Tim.
Eva comenzó a rebuscar entre los libros tal y como le había dicho Tim mientras tenía los nervios a flor de piel, de reojo podía ver como los No Muertos al otro lado de la puerta le iban ganando terreno a Tim. No tardarían en echar la puerta abajo y entrar.
Por fin encontró el mapa y lo sacó con alegría. –¡¡¡¡Lo tengo!!!!— gritó.
—Rápido, vuelve al tubo— le dijo Tim sin dejar de aguantar la puerta que cada vez se sacudía más. –Yo no podré aguantarla mucho más tiempo.
—¿Y que harás tu? Vamos ven—dijo Eva –Saldremos juntos de aquí.
—Si suelto la puerta estamos muertos— respondió Tim. –Vamos, vete. Yo no me voy a salvar.
Eva se dio la vuelta y corrió hacia el tubo de ventilación, de un salto se lanzó hacia la obertura y rápidamente fue agarrada por el tipo grande llamado Morris, pero aun no era suficiente por  mucho que este tirara de ella hacia arriba. En ese momento notó como alguien empujaba desde abajo, cuando Eva miró vio al joven camarero con los hombros debajo de sus pies. Tomó impulso y la empujó hacia arriba justo al mismo tiempo que la puerta se abría de golpe y dejaba paso a una media docena de No Muertos que rápidamente se abalanzaron sobre Tim y comenzaban a morderle, Tim ni siquiera emitió un grito, era como si estuviese aceptando ese destino cruel. Eva lo vio todo desde el interior del tubo. No podía evitar sentirse culpable.
Cuando se recuperó un poco se dio cuenta de que en el tubo se encontraban únicamente ella y Morris, no había ni rastro de las mujeres.
—¿Dónde están las mujeres?— preguntó Eva.
—Se marcharon cuando escucharon los gritos de los muertos. No pude detenerlas— respondió Morris. –Estaban muertas de miedo.
—Bueno, seguro que siguen por aquí, las encontraremos. Ahora vamos a por el general Graham, tenemos que sacarlo de aquí.
—Olvídate de ese viejo, ya ha vivido su vida, no necesita vivir más. Si vamos a buscarlo moriremos los dos, por si no lo recuerdas estamos contra reloj. Van a prender fuego a este lugar— respondió Morris. –Salgamos tú y yo de aquí.
Pero Eva se negaba a dejar atrás al general, si algo había aprendido de Juanma era a no dejar a nadie, que todos merecían una oportunidad de vivir. Apartó a Morris de un codazo y luego le estampó el mapa en el pecho. –Para ti, si quieres vivir con muertes en tu conciencia vale, yo ya vivo con demasiadas, no quiero más.— Eva comenzó a alejarse de allí arrastrándose a toda velocidad.
*****
Carlos llegó a donde estaba ubicado el gran comedor, allí se encontró con Cooper y otros conocidos como Mike y Juan. Parecía ser que ya tenían la situación controlada y solo les quedaba por controlar ese lugar. En el exterior ya estaban los hombres cargados con el lanzallamas.
—¿Por qué no entran?— preguntó Carlos. –Si solo queda ese lugar deberían entrar y arrasar con todo.
—Nos han llegado informes de que el general Graham estaba ahí dentro comiendo— respondió Cooper. –Estamos tratando de averiguar si sigue con vida antes de entrar ahí a lo loco.
—Dicen los informes de que lo acompañaba una chica joven y rubia— Juan le pasó una hoja de papel. –Este es el retrato robot, es lo máximo que pudieron sacar de verla por las cámaras del lugar.
Carlos cogió la hoja de papel y al verla sintió tal shock que dejó caer la hoja de papel al suelo ante la mirada atónita de Juan, Mike y Cooper. El sargento recogió la hoja y se la quedó mirando, luego miró a Carlos.
—¿Esta no es…?
Mike miró la hoja y también se quedó sorprendido. Luego miró a Cooper. –Es Eva, no me cabe duda, no me había fijado antes, pero es ella.
Carlos pasó de Cooper, Juan y Mike y se metió en uno de los furgones, cuando salió de el lo hizo armado con un rifle de asalto y bastante munición. Cooper enseguida trató de disuadirle.
—No se que pretende, pero deténgase soldado. Es una locura entrar ahí, además, las puertas principales están bloqueadas. No puedes entrar, seguramente está muerta.
—Ella está muerta pero el viejo sigue vivo ¿No?... odio esta hipocresía. Apártese de mi camino sargento.
—Le ordeno que se detenga— dijo Cooper agarrando a Carlos por el hombro. –No siga, si me desobedece se juega un consejo de guerra.
Carlos se dio la vuelta. –Así sea— después de esos Carlos se dio la vuelta y comenzó a correr hacia el edificio del gran comedor. La  única pregunta que se hacía era el como acceder al interior del edificio. Las puertas estaban cerradas a cal y canto, lo que impedía que nadie entrase ni saliese a menos que los militares del exterior quisieran. Solo le quedaban dos opciones, desde arriba o desde abajo. Finalmente Carlos pensó que lo mejor sería entrar dentro desde las alcantarillas, allí debía haber un acceso al gran comedor. Cuando Carlos llegó a la entrada de alcantarilla escuchó un ruido a sus espaldas y se giró apuntando pensando que se trataba de No Muertos, pero en lugar de con caminantes se encontró con Juan y Mike.
—Calma, no dispares— dijo Mike levantando las manos.
—¿Qué hacéis vosotros dos aquí?— preguntó Carlos. —¿Os manda Cooper?
—Si, no quiere que cometas una locura ahí dentro, por el momento a logrado evitar que prendan fuego al lugar, pero tenemos que entrar ya— dijo Juan pasando por delante de Carlos y arrodillándose al lado de la tapa de la alcantarilla para levantarla.
Para sus adentros Carlos pensaba que aquellos dos no podrían haber sido más oportunos. Con ellos pegados al culo no podría hacer lo que había planeado desde que se había enterado de que el viejo estaba allí dentro, salvaría a Eva y haría desaparecer al viejo de una forma que pareciese un accidente.
Cuando Juan levantó la tapa se quedó mirando a Carlos que permanecía de pie detrás de el, entonces se dio cuenta de que parecía estar tenso por algo. —¿Te ocurre algo?
—No nada… estoy tranquilo. Además… los dioses están con nosotros ¿No?
Juan sonrió. –Eso, los dioses están con nosotros. Me gusta que te hayas aprendido mi coletilla. Bueno, ya podemos ponernos en marcha. ¿Listos?— Juan los miró a ambos y estos sonrieron.
Seguidamente los tres se metieron en la alcantarilla y cuando estuvieron totalmente dentro, Juan la cerró y enseguida los tres se quedaron a oscuras en el interior de los túneles. Enseguida encendieron sus linternas y Carlos le quitó el seguro a su arma.
—¿Qué haces?— preguntó Mike. –No hace falta que lo hagas ahora.
—Os recuerdo que estamos en los túneles. Aquí habitan los escorias. No quiero perderme la oportunidad de disparar a uno de ellos si se me presenta la ocasión. Además, tengo cuentas pendientes con un par de ellos— respondió Carlos recordando el momento del callejón con aquella chica. Tenía muy claro que si volvía a verlos los iba a matar a ambos, de hecho, si hubiese actuado rápidamente cuando pudo, no hubiese sido sorprendido por el otro. Ahora en esos momentos tenía otros problemas. Tendría que ir pensando sobre la marcha en como solucionarlo. En ese momento mientras caminaban a Carlos le pareció ver una sombra, quiso ir detrás, pero entonces Juan lo cogió del hombro.
—No es por ahí. Es por aquí.
—Si claro, perdona. Solo me he despistado.
Siguieron caminando por el túnel hasta que llegaron a una escalera de mano. Lugar donde se pararon. Juan fue el primero en comenzar a subir seguido por Mike y Carlos.
Carlos no dejaba de mirar hacia atrás, juraría que la silueta que había visto era la de aquella chica. Su venganza iba a tener que esperar. Cuando llegaron a arriba del todo, Juan abrió poco a poco la tapa y se asomó un poco, cuando vio que no había nadie salió de un salto y dejó paso a Mike y Carlos. Se encontraban en la cocina, esta estaba en perfecto estado, eso significaba que los No Muertos no habían pasado por allí. Era hora de comenzar a buscar a Eva y al general Graham, pero para Carlos bastaba con salvar solo a Eva.
*****

Kimberly casi había sido descubierta, iba por los túneles cerrando accesos para que los No Muertos no entraran, al igual que otros de sus compañeros estaban haciendo en diferentes puntos de los tuneles cuando vio entrar a los tres soldados, a dos de ellos no los conocía, pero a uno de ellos si, nunca se le olvidaría esa cara. Era la misma cara que la había mirado con crueldad en aquel callejón. Era el mismo que había intentado matarla y que lo habría conseguido de no ser por la intervención de Mouse. Creyó ver al mismo diablo cuando lo vio en los túneles, lo único que se le ocurrió en esos momentos fue comenzar a correr para ocultarse. Se escondió entre unas tuberías y comenzó a rezar por que no la encontrase. Se quedó allí un buen rato y salió cuando vio que era seguro salir.
Los tres soldados habían entrado en el gran comedor desde las alcantarillas, no entendía que estaba pasando exactamente ni como era posible que se hubiese producido el brote allí en la superficie, se imaginaba que había una mano negra detrás de todo eso, pero no tenía tiempo de averiguarlo. Tenía que seguir con su trabajo, ahí arriba había organizada una buena.
*****

Rachel seguía abatiendo a los caminantes que seguían llegando a la puerta. De repente como salido de la nada apareció Levine con una pistola disparando a las cabezas de aquellos seres. Los abatió a todos y entonces Levine le pidió a Rachel que abriera la persiana, cuando la abrió, Levine entró de un salto.
—Todo controlado ahí fuera. La zona del hospital está ya segura. Aun así aun quedan caminantes en la ciudad, tus amigos los militares están haciendo un buen trabajo— dijo Richard mirando a Rachel, la cual estaba volviendo a bajar la persiana metálica de seguridad.
—Vamos, tenemos que tranquilizar a las personas del hospital. Hay mucha gente asustada. Por cierto Richi… buen trabajo.
—Gracias— respondió Levine con una sonrisa. –Como puedes ver mi don es cojonudo para estas cosas.
—No me cabe duda.
Cuando Rachel y Levine llegaron a donde Sheila estaba con las demás personas, estas los recibieron con vítores y aplausos. Sheila se acercó a Rachel y la besó. —¿Cómo os ha ido?— preguntó Sheila.
—Nos fue estupendamente, pero aun hay caminantes en la ciudad. Los militares hacen lo que pueden para abatirlos. Nosotros permaneceremos aquí a salvo— en ese momento Rachel volvió a mirar a Levine. –Se que no debería pedirte esto. ¿Pero crees que podrías salir ahí fuera y echar una mano a la gente? Tu eres el único que puede hacer algo al poder caminar entre ellos.
—Solo con una condición. Quiero salir de este hospital y que dejen de pincharme mierda. ¿Crees que podrías conseguir eso?— preguntó Richard.
—Prometo que lo intentaré, pero no está en mi mano. Aun así lo intentaré con todas mis fuerzas, puedes confiar en mí.
—Bueno, me daba cosa no intentarlo. ¿Me prestáis un arma? Yo agoté toda la munición de esta— dijo Richard mostrando su arma.
Enseguida Rachel le pasó su fusil. –Su cargador está al máximo. No lo he usado. Aunque no se para que lo necesitas con tu don.
—Yo tengo un don, pero las demás personas no. Sin esto no lograré protegerlos en caso de que tenga que traerlos hasta aquí. En medio del barullo debe haber habido muchos heridos por caídas.
—Tienes razón. Bueno Richard— Rachel le tendió la mano y este se la estrechó. –Que tengas suerte.
—Lo mismo digo. Volveré enseguida.
Levine volvió a salir del hospital y comenzó a recorrer las calles. Pasó por varios sitios, justo cuando pasaba corriendo por delante del colegio escuchó un grito y varios disparos. Allí dentro había alguien que necesitaba ayuda. Seguidamente Levine se encaminó hacia allí.

No hay comentarios:

Publicar un comentario