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sábado, 8 de marzo de 2014

NECROWORLD Capitulo 26



Día 22 de Diciembre de 2009
Día 548 del Apocalipsis…
Worthington… Massachusetts…
00:30…

Cuando Vanesa abrió los ojos se encontró tumbada encima de una camilla, miró a su alrededor y vio mugrientas paredes de cemento, pero no había ni rastro de Yuriko. Lo último que recordaba era que había perdido el conocimiento al poco de subir al camión. Se miró el reloj y vio que habían pasado varias horas. Se notaba mareada y cuando trató de levantarse vio que su pierna derecha, la que se había visto fracturada en el accidente había desaparecido. No estaba, en su lugar quedaba un muñón envuelto en vendas. Al ver lo que había pasado lanzó un grito de terror, justo en ese momento la puerta se abrió y entró una mujer rubia de unos cincuenta años.
—¿Qué hago yo aquí? ¿Qué me han hecho?— pero aquella mujer no respondió, se limitó a mirarla. Luego le dedicó una sonrisa y se marchó de allí mientras Vanesa gritaba hasta dejarse las cuerdas vocales. Vanesa no entendía nada, ni quien era aquella mujer, ni que había ocurrido durante el tiempo que había estado dormida, tampoco tenía ni idea de donde estaba Yuriko. Esta estaba en paradero desconocido.
*****

Terry estaba eufórica y apenas podía contenerlo, había dado con tres autenticas joyas, tres chicas sin el virus. Era obvio que esas tres venían del mismo lugar. Las dos últimas eran idóneas para a partir de ellas sacar vacunas para sus hombres.
Después de abandonar Bristol habían llegado a Worthington, donde habían llevado a cabo el mismo método que en Bristol, habían montado barricadas en tiempo record, reforzadas con sus vehículos y habían vaciado las casas de No Muertos, algunos hombres seguían por los alrededores cazando caminantes, en poco tiempo habrían peinado toda la zona.
Al llegar a Worthington, Terry se había asegurado una casa para ella al igual que había hecho en Bristol, aunque al igual que en Bristol, no estaría sola allí, Luci seguía retenida, esa vez la había metido en una habitación más grande con baño propio y con barrotes en las ventanas, eso le permitió dejar suelta a Luci, pero encerrada bajo llave.
Terry llegó a la casa y se encontró a Vernon y a otros hombres custodiando la puerta, al verla entrar se pusieron de pie.
—¿Dónde está la chica japonesa? Es la única que creo que podría hablar. Quiero que me diga cosas, como por ejemplo las formas de entrar en Manhattan. Se me ocurre que podríamos hacernos con esa ciudad. Esas chicas son la clave para saber como podríamos asaltar la ciudad y conocer sus puntos débiles. Por el momento ya tenemos aseguradas las vacunas, pero lo que quiero es un lugar donde quedarnos para siempre, Manhattan me parece un lugar perfecto para ello. Un lugar perfecto desde donde empezar de cero.
—Los que allí habitan no se rendirían sin luchar, es evidente que no somos suficientes para vencer, la idea es buena jefa, pero estamos en inferioridad numérica— respondió Bernon, el no estaba nada seguro de que ese plan fuese a funcionar, nuevamente Terry estaba dejándose llevar por la codicia. –Creo que deberíamos esperar hasta saber más o menos el número de combatientes que hay en Manhattan.
—Por cierto… ¿Por qué le habéis cortado la pierna a la chica?— preguntó en ese momento Terry, ignorando por completo lo que decía Vernon sobre el posible ataque.
—Tenía muy mal la pierna, era la única manera de salvarle la vida. Después de amputársela la hemos estado escuchando hablar en sueños, al parecer era ella quien pilotaba el helicóptero. No hace falta decir que cometimos un gran error derribándolo, ahora podríamos tener ese aparato nosotros— respondió Vernon.
—Era mejor derribarlo en esos momentos, no teníamos más opciones— respondió Terry. –Lo importante ahora es saber más sobre Manhattan y conocer las posibilidades que tenemos. Debemos conocer al enemigo, quiero esa ciudad y creo que ya se como conseguirla… pero primero… quiero hablar con la japonesa, llevadme con ella.
*****
Manhattan… zona segura…
01:45…

Carlos llevaba demasiado tiempo frecuentando el antro de El Bebé. Allí pasaba el tiempo pinchándose y acostándose con chicas que trabajaban allí, después, antes de regresar a casa esperaba a que se le pasasen los efectos de la droga. Muchas veces todavía iba a casa bajo los efectos de estas, en esos momentos se encontraba sentado en uno de los sillones con la jeringuilla saliendo de su brazo y en su mente, un único rostro, el de Eva.
Carlos había comenzado a sentir cosas por Eva desde la muerte de su hermano, no había podido evitarlo, y ahora que su hermano no estaba, era el momento perfecto para abrirse camino hacia el corazón de la chica, incluso cuando tenía sexo con las chicas del club, no las veía a ellas, si no a Eva. Aquello se estaba convirtiendo en una obsesión, el rostro de Eva siempre estaba presente en su mente.
Justo en ese momento apareció Gale acompañado de un par de chicas, estos se sentaron a su lado y Carlos se los quedó mirando.
—¿Cómo lo llevas hermano?— preguntó Gale al tiempo que le daba un trago a su copa. –Espero no tener que llamar a urgencias por que tú tengas una sobredosis. Bebe un trago de esto.
—Déjame en paz— respondió Carlos apartando de un manotazo la copa que Gale le ofrecía. –Si me mata una sobredosis me jodo y ya está. Total, lo peor sería volver y eso ya no va a pasar. Me quedaría muerto y feliz.
—¿Sabes? Desde que vives con esa zorra que me disparó apenas se te ve el pelo. Y desde que tu hermano está criando malvas el numero de misiones ha descendido, muy pocas salen… y la comida se acaba, ese capullo de Graham no da pie con bola. Tu, como hermano del anterior líder deberías optar al puesto, contigo nos iría mucho mejor.
—No sabes de lo que hablas Gale— respondió Carlos. –Será mejor que cierres el pico. A mí nunca me dejarán ser el líder de la ciudad. La sombra de mi hermano es alargada.
En ese momento Gale miró a las chicas. –Marcharos… tengo que hablar con el de algo privado— las dos chicas se miraron y luego Gale les gritó. —¡¡¡Que os marchéis hostia!!!
Rápidamente las chicas obedecieron a Gale y se alejaron de el rápidamente, entonces este se acercó a Carlos. Se supone que íbamos a hacernos con la ciudad cuando el viejo estirara la pata, pero desde que apareció tu hermano parece que se te haya olvidado, ahora que tu hermano no está podemos seguir con lo nuestro. Podemos dar ese golpe de estado, se que hay muchos que nos seguirían.
—Olvídalo Gale, sabes las consecuencias que eso podría traernos. Podría ser incontrolable después, además, ahora con las vacunas… sería imposible. Lo siento, pero ya paso de ello. Olvídalo tu también.
—¿Qué lo olvide? Maldita sea tío. Tenemos la ciudad que con solo un poco que hagamos la tendremos a nuestros pies, piénsalo, aquí hay mucha gente que sobra, son demasiadas bocas que alimentar y la mayoría no mueven el culo para conseguirse la comida. Son tipos como nosotros los que se juegan la vida y el culo para que estos hijos de puta tengan su plato de comida caliente. Y es por culpa del viejo por lo que los de ahí abajo siguen vivos, mientras esos mierdas andan a sus anchas y cuando quieren roban o intentan atentar contra nosotros, ese cerdo de Rex era uno de ellos. ¿Y que hicieron cuando se enteraron de que había infiltrados de los escorias aquí arriba… no hicieron nada. El viejo es una maricona que pasa de todo. Debemos comenzar a movernos y trepar hasta la cumbre y este es el momento adecuado.
—No Gale. Lo siento, ahora tengo una familia a la que cuidar.
—Te has ablandado, antes te creía más hombre. Muy bien, pues que sepas que voy a comenzar a moverme sin ti. Cuando todo empiece te arrepentirás de no formar parte de ello— Gale se levantó de golpe y se comenzó a alejar entre la multitud.
Carlos en ese momento echó la cabeza hacia atrás y se quedó dormido.
*****

Worthington… Massachusetts…

Yuriko había sido encadenada por los brazos del techo del sótano donde se encontraba y permanecía suspendida a unos quince centímetros del suelo, los brazos le dolían a consecuencia del peso y con cada leve movimiento sentía como si la piel se le desgarrara. No sabía donde estaba exactamente, solo sabía que era una pequeña población con varias casas, aquella gente fuesen quienes fuesen la habían metido allí a rastras en una casa mientras acababan con los No Muertos que se encontraban, había sido una maniobra casi militar.
En ese momento la puerta del sótano se abrió y una mujer apareció bajando las escaleras seguida por dos hombres armados, los cuales debían ser sus escoltas, estaban ahí por si Yuriko escapaba e intentaba algo contra aquella mujer.
—¿Cómo te llamas?— preguntó la mujer.
—Yu… Yuriko… ¿Dónde está mi amiga?
—Tu amiga está bien, está viva, si colaboras te llevaré a verla. Yo me llamo Terry Alberona, y soy la que está al mando aquí. Increíble que la que mande sea una mujer en estos tiempos ¿Eh? Veras, estas aquí al igual que tu amiga Luci.
—¿Luci está aquí?— preguntó Yuriko moviéndose, cuando sonaron las cadenas sintió un fuerte dolor y hizo una mueca, Terry enseguida se percató y les hizo una señal a sus hombres para que la bajaran, cuando Yuriko estuvo en el suelo otra vez se miró las muñecas y vio las heridas, enseguida miró a Terry. —¿Dónde está Luci?
—Luci está bien. La estamos cuidando mucho por que es muy importante, al igual que tú amiga y tú. Ninguna de las tres tiene el virus en su organismo, eso os convierte en mis mejores amigas, las más valiosas.
—¿Valiosas por no tener el virus?— preguntó Yuriko.
—Exacto, pero yo también tengo un don. ¿Sabes? Soy invisible para los caminantes, puedo pasar por su lado sin que reparen en mí. Hay más gente con mi mismo don ¿Sabes? Pienso que los que tenemos este don es por que hemos sido elegidos por un ente superior, llámalo dios si quieres. El caso es que fuimos elegidos.
Yuriko sabía que el hombre que habían sacado de Esplugas también tenía ese don, pero no dijo nada, decidió guardarse ese secreto para ella y para quienes lo conocían. —¿Y por que nosotras somos valiosas?— volvió a preguntar Yuriko.
—A partir de vuestra sangre sacaré vacunas para mi gente— Yuriko en ese momento la miró, pero Terry se le adelantó. –Si, ya se que no son vacunas perfectas, todo eso me lo dijo tu amiga Luci. La idea es llevaros a Las Vegas, allí gobierna un hombre con un gran sequito de seguidores entre los que figuran científicos muy importantes y que sobrevivieron al desastre. Después de eso quiero ir a Manhattan con armamento y hombres, atacaremos y yo me adueñaré de esa ciudad. Digamos que vais a ser la moneda de cambio en Las Vegas, vacunas a partir de vuestra sangre por armas y hombres. ¿Verdad que es buena idea? Muchos de mis hombres no aprueban mis métodos, pero aun así me siguen.
—¿Y por que no usan su sangre?— preguntó Yuriko refiriéndose al don de Terry.
—¿Si tu fueras un dios cederías tu sangre? La respuesta es no— respondió Terry. –Nadie es digno de llevar mi sangre, solo aquellos como yo y los que estén libres del virus merecemos dominar este mundo, pro cada uno en su puesto.
Yuriko pensó que aquella mujer estaba loca, lo que decía no tenía ningún sentido y no parecía muy estable. Aun así no dijo nada, temía que cualquier cosa que dijera pudiera hacer reaccionar mal a aquella mujer y entonces esta se lo hiciera pasar mal, debía aguantar hasta encontrar una manera de salir con vida de allí y no hacerlo sola, Vanesa y Luci estaban por allí también, mientras que David, Ethan y Sandra seguían en algún lugar por allí fuera, esperaba que estuvieran sobre su pista.
—Bueno Yuriko, te voy a llevar con Luci. La otra chica aun está un poco mal, tuvimos que amputarle una pierna, no entiendo como pudo aguantar tanto con una pierna así de machacada. Era imposible salvarla, pero mañana te llevaré con ella y serás la encargada de ponerla en situación. ¿Vale? Tu me pareces mucho más tranquila que Luci, ella es más bien un animal salvaje.
Yuriko asintió. No podía hacer otra cosa salvo esperar y ver como se desarrollaban los acontecimientos.
*****

David regresó al vehículo oruga y se metió en el de un salto para huir del frio. Nada más entrar miró a Sandra y a Ethan. –Ahí delante hay una población, el rastro desaparece ahí, son ellos, hay vehículos y personas patrullando los alrededores.
—¿Cómo nos acercamos? Dudo que nos reciban con los brazos abiertos— respondió Sandra.
—Esperaremos un rato y más entrada la madrugada asaltaremos en lugar. Ahora mismo están asegurando la zona y no pararan hasta que haya menos No Muertos. Con ellos ahí nosotros tampoco podremos acercarnos— respondió David.
—¿Montamos guardias?— preguntó Ethan.
—Si, puede que la espera nos lleve hasta el amanecer, pero mientras no se muevan de ahí y los tengamos vigilados no tenemos por que preocuparnos. Estoy seguro de que siguen vivas y que las tres están juntas— dijo David. –No os preocupéis, las vamos a salvar y volveremos todos juntos a Manhattan.
Se quedaron allí esperando durante horas, hasta que tal como pensaban amaneció. Aquel grupo seguía allí patrullando la zona matando No Muertos. Iban a tener que ir pensando en formas de infiltrarse allí y salir victoriosos.
*****

Día 22 de Diciembre de 2009
Día 548 del Apocalipsis…
10:00 de la mañana…

Eva hacia dos horas que había dejado a la niña en el colegio y había firmado los papeles que la identificaban con la nueva profesora de gimnasia. Empezaría al día siguiente, en esos momentos caminaba por la calle cuando se encontró con el general Graham, este al verla se acercó, era raro verlo sin ser acompañado por alguien, al verlo Eva sonrió.
—Ya acepté mi trabajo como profesora de educación física. Gracias por la oferta, creo que me vendrá bien. ¿A dónde va general?.
—Todas las mañanas me gusta ir al gran comedor a tomar un aperitivo. ¿Me quiere acompañar señorita Eva?— preguntó Graham con una sonrisa.
—Por favor, llámeme Eva a secas… y si, acepto.
El gran comedor era un lugar donde los mejor posicionados de la ciudad iban a comer, allí se servían auténticos banquetes gracias a la caza y los cultivos de los habitantes de la ciudad, era un lugar bastante selecto y que se había inaugurado hacía un mes como mucho y no todos habían podido ir allí. Aunque muchas veces hacían comidas para el resto de habitantes.
Cuando Eva y Graham llegaron al gran comedor y entraron, Eva se dio cuenta de que aquel lugar era todo un lujo, y estaba lleno, algo que le sorprendía mucho.
—Hay mucha gente aquí comiendo y aun es pronto. ¿No se supone que debería racionarse la comida por si algún día falta? No se, creo que ahora mismo se está haciendo un gasto innecesario.— Eva miró a Graham y levantó las manos. –No quiero que me malinterprete.
—No hay nada que malinterpretar, tienes razón, pero ahora mismo las reservas de comida están llenas y podemos mantenernos así durante meses. Bueno, ¿Vamos?
Eva sonrió y ambos avanzaron por el interior hasta que tomaron asiento. Enseguida el camarero acudió para preguntar que iban a pedir. Graham pidió varias cosas, Eva solo pidió un plato de sopa caliente. Cuando miró a su alrededor vio a varias personas comiendo carne de algún animal, aquello era un banquete.

Rudolf Van Buren había sido un pez gordo que había llegado a la ciudad al poco tiempo de ser fundada, nada más llegar se había hecho de nuevo un nombre, era el más rico del lugar y tenía la mejor casa de Manhattan, el que más comida tenía y el que con mejores mujeres se acostaba, era un autentico ricachón en un mundo podrido, y desde que el gran comedor se había abierto acudía allí con frecuencia. Lo único malo era que allí en el comedor solo se podía beber agua, nada de alcohol.
Después de darle un bocado a su trozo de carne bebió un trago de agua, luego siguió comiendo, en ese momento comenzó a sentirse mal, el cuerpo le ardía en esos momentos, intentó pedir ayuda, pero nadie parecía escucharle, de repente se desplomó sobre la mesa, metiendo la cabeza dentro del plato. Su corazón se había parado.
Uno de los camareros que pasaba por allí lo vio y se acercó a el.
—¿Señor Van Buren?— preguntó el camarero. De repente el señor Van Buren se alzó y mordió al camarero en el brazo, este retrocedió aterrorizado mientras gritaba al verse la herida del brazo, enseguida comenzó con convulsiones.

Los gritos de una mujer llegaron hasta Eva en medio de toda la multitud que gritaba y se levantaba de las sillas. Nadie entendía que pasaba, entonces Eva vio como una mujer llena de sangre se lanzaba sobre otra, le mordía y le arrancaba un pedazo de carne del cuello. De repente unas puertas se abrieron y un montón de gente salió en tromba tropezando entre si y formando un tapón. Había infectados entre la gente y Eva no comprendía como podía haber ocurrido si estaban todos vacunados, tampoco entendía como podía haber habido un brote allí.
—Tenemos que salir de aquí general— dijo Eva levantándose mientras observaba como en varios lugares del comedor había infectados propagando el virus, mientras los cadáveres que iban dejando a su paso se iban levantado.
*****
Carlos estaba paseando por la calle cuando vio a varios vehículos militares ir en una sola dirección. Estos iban muy deprisa y toda la gente que iba por la calle se los quedó mirando, enseguida comenzó a correr el rumor de que había habido un brote y que estaban saliendo infectados. Carlos no entendía como podía haber ocurrido eso, rápidamente se dio la vuelta y comenzó a recorrer las calles siguiendo a los vehículos militares. Enseguida comenzaron a sonar las alarmas por toda la ciudad, las alarmas preparadas para cuando surgía un brote en la ciudad, era la primera vez que sucedía, pero la gente de la calle ya sabía a donde debía acudir, al Madison Square Garden, los que permanecían en sus casas no debían salir y los grandes lugares públicos debían cerrarse a cal y canto para impedir la entrada de los caminantes.
Mientras Carlos corría tras los vehículos militares escuchó una explosión que venia de la zona donde estaba puesta la valla, rápidamente se paró de golpe y se dio la vuelta, entonces vio la columna de humo. ¿Qué demonios estaba pasando? ¿Quién estaba haciendo todo eso? En un primer momento pensó en la guerrilla, pero hacer eso era como echar piedras contra su propio tejado. Rápidamente llegó a la conclusión de que fuese quien fuese el que estaba haciendo eso era de arriba, lo que no sabía era que pretendían con todo aquello.
Los vehículos militares también se pararon y mientras unos seguían adelante, otros se estaban dando la vuelta para volver a las vallas, mientras las alarmas sonaban por toda la ciudad. No había duda de que la situación se estaba volviendo crítica.
***** 

La infección dentro del gran comedor se había extendido muy rápido y nadie sabía como había comenzado, de repente habían comenzado a aparecer No Muertos allí dentro y habían comenzado a devorar a la gente, gente que posteriormente se ponía en pie. Habían intentado salir por la puerta principal, pero esta se vio bloqueada rápidamente por varios No Muertos, la huida por allí era imposible. Eva había logrado huir hacia dentro del restaurante junto al general Graham y otras siete personas, luego habían atrancado las puertas de un pequeño salón para fumadores, impidiendo así que los No Muertos entraran, aun así estaban atrapados.
—¿Qué hacemos ahora?— preguntó una mujer. –Han comenzado a salir de la nada, todos los demás han muerto.
—No lo se, todo ocurrió muy deprisa— respondió un joven camarero mientras miraba como la puerta se sacudía con los golpes de los No Muertos que había al otro lado.
—Necesitamos armarnos con lo que sea— dijo Eva, entonces miró al general. —¿Qué se hace cuando ocurre algo así? Hace rato que llevo oyendo unas alarmas. ¿Cuál es el protocolo?.
—Nunca hemos tenido brotes tan masivos. Esto es la primera vez que pasa, pero primero se encuentra el punto caliente y los militares acuden para tratar de controlar la situación. Seguramente estén soldando las puertas del comedor para que nadie salga, a estas horas puede que piensen que estamos todos muertos. Puede que procedan a quemar el lugar.
—¿Entonces nos quemaran vivos? ¡¡¡No!!! Yo no quiero morir— respondió una mujer poniéndose histérica. Entonces Eva se acercó a ella y le dio una bofetada para que se callara, lo último que necesitaba era ponerse ella nerviosa.
—Oye tu— dijo Eva mirando al camarero. —¿Cómo te llamas?.
—Tim, me llamo Tim— respondió rápidamente el joven camarero.
—Muy bien Tim. Debemos salir de aquí, pero este lugar es enorme. Necesito que me digas si conoces todos los rincones de este edificio y si podrías guiarnos. ¿Crees que podrás?
—Si— respondió Tim, aunque en cada una de sus palabras parecía cada vez más nervioso. Eva temía que se desmoronara. –Hay un mapa en mi taquilla, me lo dieron cuando comencé a trabajar aquí, era para que no me perdiera. Creo que este lugar antes eran unos juzgados.
—Así es. Eran unos juzgados que quitamos para poner el gran comedor. Los juzgados ya no los necesitábamos— respondió el general Graham. –Es un lugar bastante grande, pero no nos será fácil escapar, en estos momentos deben haber caminantes por todo el edificio.
—Bien, lo primero que necesitamos es el mapa para guiarnos. También necesito saber que hay en los demás pisos— dijo Eva.
—El gran comedor estaba pensado que fueran varios salones. Uno por cada sala, pero ese el único que habíamos abierto. Los demás están abiertos y es posible que haya caminantes allí— explicó el general Graham mirando a Eva.
—Muy bien— Eva miró a Tim. —¿Dónde está tu taquilla?
—En una sala al otro lado del salón donde estábamos. Tendrías que volver a salir…— en ese momento la puerta se sacudió y Tim miró a Eva otra vez. –Aunque salir no es lo más sensato.
Eva comenzó a dar vueltas por la sala y vio algo detrás de un armario. Se acercó y luego se dio la vuelta para mirar a Tim. –Ven, necesito que me ayudes a apartar esto— Eva miró a otro hombre algo grueso que estaba un poco apartado del grupo. –Venga usted también. ¿Cómo se llama?
—Me llamo Morris guapa— respondió el hombre acercándose a Eva. –Para servirte.
—Ayudeme a apartar esto.
Entre Morris, Tim y Eva apartaron el armario y dieron con lo que parecía un tubo de ventilación, Eva quitó la trampilla y vio que realmente si era un tubo de ventilación.
—¿Podría llegar por aquí a tu taquilla?— preguntó Eva mirando a Tim.
—Si, pero no te daría tiempo a volver a por nosotros— respondió una mujer.
—Nadie volverá, por que nos vamos todos por ahí. Aunque solo yo recogeré el mapa, cuando lo tenga nos iremos de aquí. General… ¿Lo de quemar el lugar será inmediato? ¿O esperaran? Eso es algo que necesito saber ya. Saberlo marcará la diferencia entre el tiempo que nos queda y morir ahora. Lo suyo sería hacer que sepan que aun estamos vivos aquí. ¿Cómo podríamos hacer eso?
—Hay una sala control que se usaba para hacer avisos. Si llegamos hasta allí podremos comunicarnos con el exterior.
—Demasiadas cosas quieres hacer guapa. Harás que nos maten— dijo Morris, justo en ese momento eructó de forma sonora, cuando vio que todos lo miraban sonrió. –Al menos se que moriré después de haberme dado una buena comilona.
—Bueno… se acabó el perder el tiempo. Vamos, todos…— dijo Eva impulsándose hacia el interior del tubo de ventilación. Seguidamente la siguió Tim. Todos comenzaron a subir, cuando Eva se dio la vuelta vio que Graham no estaba. Rápidamente se abrió paso entre los demás y volvió asomarse por el tubo, entonces vio a Graham sentado en una silla.
—¿Que hace ahí? ¿Por qué no nos sigue?— preguntó Eva.
—Mírame bien, no puedo seguiros. Solo sería un lastre para vosotros. Me falta una pierna como puedes ver, os voy a retrasar, seguid vosotros.
Eva miró a los demás que estaban dentro del tubo y luego volvió a mirar a Graham. –Recogeré el mapa, daré el aviso y regresaré a por usted. Se lo prometo— seguidamente Eva desapareció por el tubo.
Graham Roberts se había quedado solo en la sala escuchando como la puerta se sacudía constantemente debido a los golpes de los No Muertos, Graham sabía que si entraban estaría perdido, no le importaba morir, ya se había cansado de vivir en ese mundo y era demasiado viejo, pero no quería morir así. Tenía miedo a morir devorado y luego reanimarse como uno más de esos monstruos. Comenzó a pasear las manos por su pierna ortopédica y se la quitó con cuidado, le dio la vuelta y le quitó el zapato, justamente después sacó un pequeño revolver de este. En ese momento tenía tres opciones, esperar y confiar en que Eva regresara a por el, acabar con su vida antes que los caminantes entraran y lo hicieran ellos o simplemente tratar de defenderse hasta el final. Ese día de todos modos iba a cambiar muchas cosas en la ciudad.
*****
Manhattan… zona segura…
12:00…

Carlos llegó hacia la valla y vio un enorme boquete en ella, en su lugar había restos humeantes de esta y una horda de No Muertos en avanzado estado de descomposición que se abrían paso hacia la zona segura de la ciudad, lo peor de todo era que allí no había nadie para frenarles, los vigilantes habían salido seguramente a ayudar en la ciudad después de que se detectara el brote y las sirenas comenzaran a sonar, eran esas mismas sirenas las que estaban atrayendo a una horda del exterior. Carlos podría hacer algo para frenarlos, pero ya habían cruzado demasiados y le iba a ser imposible detenerlos el solo. Aun así debía cerrar ese acceso, hacer algo que por lo menos los frenara. Rápidamente miró a su alrededor y entonces divisó uno de los camiones, pero para llegar a el tenía que pasar entre los caminantes.
Sin pensárselo dos veces sacó la pistola y comenzó a correr al tiempo que disparaba a los que más se le acercaban. Abatió a una docena antes de llegar a la puerta del camión, cuando llegó intentó abrir y descubrió con horror que estaba cerrada, rápidamente se retiró un poco y disparó al cristal, cuando este reventó seguidamente  se volvió a lanzar contra la puerta y metió el brazo por donde antes había estado el cristal, entonces abrió el seguro y después la puerta, se metió en el interior justo cuando los caminantes iban a cogerlo.
Rápidamente Carlos sacó su navaja y la puso en el contacto del camión, no tenía llaves y la única forma que tenía de moverlo era esa. Cuando el motor arrancó lanzó un grito de júbilo, lo había logrado. Pisó el acelerador y condujo hasta que taponó el agujero en la valla casi en su totalidad, eso los frenaría y entrarían menos. Aun así habían logrado entrar más de un centenar de aquellos seres. Los cuales habían comenzado a rodear y a golpear la carrocería. Tenía que salir de ahí antes de que hubiese demasiados y estos le impidiesen salir, le dio una patada a la puerta y derribó a un par de ellos, salió de un saltó y comenzó a correr entre ellos, disparándoles y golpeándoles.
Mientras corría veía como los que habían entrado comenzaban a dispersarse por la ciudad y a golpear puertas de casas y tiendas en busca de victimas. Carlos no podía pararse a ayudar, tenía que cubrir otros frentes. No sabía quien había originado todo aquello, pero había sido alguien que se había tomado muchas molestias. Alguien quería que la ciudad desapareciese, eso, o la mayoría de sus habitantes.
Worthington… Massachusetts…
12:50 del medio día…

David, Sandra y Ethan ya habían esperado suficiente. Se habían bajado del vehículo oruga, lo habían dejado aparcado y habían comenzado a caminar en dirección a la pequeña población, siempre ocultos y preparados para entrar en combate si era necesario. Llegaron ocultándose entre los arboles y permanecieron ocultos detrás de unos matorrales, desde allí veían a los hombres armados que velaban por que por allí no hubiese infectados. Al menos les habían hecho un favor despejándoles el camino.
—¿Cómo entramos?— preguntó Sandra. –Están fuertemente armados y son más que nosotros. No será fácil.
—Lo se. Hay muchos, nos verán antes de que podamos dar dos pasos. Dudo que nos avisen antes de disparar, nos dispararan a quemarropa— respondió Ethan.
David iba a decir algo cuando vio a una mujer salir de una casa junto a una chica, se fijó bien y vio que aquella chica era ni más ni menos que Yuriko. Ambas estaban cruzando la calle y no parecía que Yuriko estuviese retenida, era más, por como la mujer rubia y mayor gesticulaba parecía que estaba bromeando, incluso le pareció ver sonreír a Yuriko. Había algo raro en aquella mujer. ¿Quién podría ser? ¿Y donde estaban Vanesa y Luci?.
—¿De que va esto? ¿Quién es esa tía que va con Yuriko?— preguntó Sandra. –No parece peligrosa ¿No? Quizás deberíamos salir y presentarnos ante ellos.
—No. No podemos fiarnos— respondió David. Entonces miró hacia su derecha y vio que podían seguir un camino. –Seguidme por aquí. Vamos.
Los tres comenzaron a caminar y llegaron a una casa, justamente en la que habían desaparecido Yuriko y la mujer. Una vez allí David vio una pequeña ventana y David se agachó para ver mejor, cuando miró vio que esta daba a un sótano, pero lo que de verdad le sorprendió fue ver en ese sótano a Vanesa tumbada en una camilla con una pierna menos. Fue entonces cuando Yuriko entró acompañada por la mujer. Segundos después aquella desconocida se fue, dejando a Yuriko con Vanesa. Cuando no había pasado ni un minuto volvió a aparecer aquella mujer, esta vez acompañada por Luci.
Luci iba sentada en una silla de ruedas y parecía herida. Las cosas estaban más difíciles de lo que habían imaginado y no iba a ser fácil sacarlas a las tres de allí. De las tres, solo Yuriko estaba ilesa.

1 comentario:

  1. Que maal hasta el sabado para saber mas,bueno a esperar jajaja
    Muy buen capitulo por cierto
    un saludo ;)

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