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sábado, 29 de marzo de 2014

NECROWORLD Capitulo 29



Día 22 de Diciembre de 2009
Día 548 del Apocalipsis…
Worthington… Massachusetts…
13:15 del medio día…

Sandra había conseguido escapar de sus perseguidores, pero había sido la única. David y Ethan habían sido apresados y se los habían llevado. Ahora estaba sola y aterrorizada escondida dentro de una de las casas abandonadas y en ruinas, pasando frio y hambre. Por lo menos estaba fuera de la zona segura que habían llevado a cabo esas personas y no parecía que estuviesen empeñados en encontrarla, sin embargo, había otro problema. Los No Muertos que pululaban por la zona, estos estaban algo lentos por culpa del frio, pero bastaría que la descubrieran para entrar en fase de ataque e ir a por ella. Tenía armas y podría defenderse de varios, pero el sonido de las armas atraería a las personas que habían apresado a sus compañeros. Sandra tenía un serio dilema delante de ella, podría intentar rescatarles arriesgando su vida, fracasando seguramente en la misión o regresar a Manhattan, conseguir refuerzos y regresar allí con la esperanza de que siguieran en Worthington y que por supuesto sus compañeros siguieran vivos.
Si volvía a Manhattan iba a ser un trayecto largo, ya que no podría volver al vehículo oruga, el cual, aquellas personas ya se habrían hecho con el.
Mientras Sandra decidía que hacer, escuchó un ruido que parecía venir de algún lado de la casa, enseguida escuchó el gemido, aunque ella hubiese deducido que se trataba de un infectado sin necesidad de que este gimiera, aquel ser estaba allí buscándola, la habría olido o la había visto entrar.
Sandra comenzó a moverse con cuidado para no atraer más la atención de aquel monstruo, comenzó a rodear la zona al tiempo que el caminante avanzaba por el interior de la casa, Sandra se ocultó en ese momento detrás de un armario, justo cuando el No Muerto entraba en aquella estancia. En ese momento a Sandra se le ocurrió algo que ya hizo en una ocasión, al menos si regresaba a Manhattan, la libraría de sorpresas desagradables con caminantes. Poco a poco desenvainó su cuchillo y se lo preparó en la mano, justo cuando vio aparecer al No Muerto, salió de un salto de detrás del armario y comenzó a clavarle el cuchillo en la cabeza, cuando lo mató lo abrió en canal, solo quedaba hacer una ultima cosa. Se acercó a las ventanas con cautela y antes de quitarlas se aseguro que nadie la viera, cuando estuvo segura las quitó de un tirón y se envolvió con ellas, seguidamente comenzó a untarse la sangre y las vísceras del No Muerto por encima de la cortina. No podía dejar que nada de todo ese mejunje tocara su piel, eso podría significar el contagio inmediato e irremediable. Cuando estuvo lista salió de nuevo al exterior. Comenzó a caminar sobre la nieve y comenzó a cruzarse con No Muertos que no le prestaban la más mínima atención. Caminó a paso lento y desde su posición vio lo que aquellas personas tenían montado allí, habían levantado vallas que impedían el paso de los caminantes, también vio gente armada vigilando el lugar. Allí dentro en algún lugar estaban retenidos sus compañeros.
*****
David fue golpeado nuevamente en el estomago con un bate de baseball. Llevaban un buen rato golpeándole, podía imaginarse como podía tener el estomago a causa de los golpes, lo peor de todo era que no lo hacían para sacarle información, lo estaban haciendo por diversión. Se encontraba en lo que parecía el sótano de una casa y estaba colgado de las muñecas mediante unas cadenas sujetas al techo.
David no sabía donde estaban Ethan ni Sandra, sabía que habían cogido a Ethan, pero no sabía nada de Sandra, esperaba que hubiese logrado escapar, pero temía que la hubiesen cogido y la estuviesen torturando de igual manera.
Un nuevo golpe lo sacó de sus pensamientos y seguidamente escuchó las risas de los tres tipos que se estaban turnando para golpearle. Uno lo agarró del pelo y le levantó la cabeza para mirarlo a los ojos.
—No me gusta la forma que tienes de mirarme— seguidamente le asestó un puñetazo en la cara.
En ese momento David escuchó un ruido y alzó la cabeza, fue entonces cuando vio a una mujer de mediana edad. Esta se adelantó hacia David y le alzó la cabeza suavemente cogiéndole de la barbilla.
—¿No os habéis pasado un poco? Puede que no vaya a hablar de nada porque no tenemos nada que preguntarle, pero puede venirnos bien para nuestro grupo o para venderlo. Parece fuerte y vosotros lo estáis dejando hecho un Cristo.— La mujer miró a David. —¿Cómo te llamas?
—David…
—Muy bien David. Yo soy Terry Alberona. Siento que mis chicos te hayan hecho pasar un mal rato, pero no toleran muy bien los asaltos en nuestra contra… ya me entiendes, vinisteis buscando a vuestras amigas… eso es un acto noble y valiente.
—Que te jodan vieja zorra— respondió David escupiéndole a la cara.
Terry se limpio la saliva de la cara y vio que era también algo de sangre, seguidamente se dio la vuelta y miró a sus hombres. –Salid de aquí y dejadme a solas con el. Seguramente sin vosotros aquí podré llegar a un acuerdo.
Los hombres se marcharon y David se quedó a solas con Terry. En ese momento Terry buscó algo donde poder sentarse y seguidamente se sentó para mirar a David, enseguida comenzó a hablar. –Se quienes sois y de donde venís. Manhattan parece un sitio apacible donde vivir… Eso lo se, lo se todo. También supongo que vinisteis buscando a Luci y posteriormente a Yuriko y Vanesa. Por cierto, siento lo de Vanesa, su pierna estaba bastante mal y no pudimos salvársela, tengo a uno de mis hombres fabricándole una pierna ortopédica.
—¿De que va todo esto? ¿Quiénes sois vosotros?
—Supervivientes, igual que tu, igual que tu gente. No somos malas personas… aunque ahora mismo creas lo contrario. Los malos son esos seres… esos No Muertos. Te voy a dar una oportunidad… puedes unirte a nosotros, formar parte de mis hombres.
—Paso— respondió David.
—Te lo diré una vez más, de ti depende ser uno de los míos o ser vendido. Si te quedas con nosotros vivirás bien y seguro… siempre que no cometas estupideces. Si te vendemos… sabe dios donde terminaras. Puede que acabes de esclavo viviendo a base de agua y pan, o simplemente ser el esclavo sexual de alguien… probablemente algún viejo baboso… muy bien. ¿Qué es lo que quieres? Uniéndote a mí es la única manera que tienes de sobrevivir, de lo contrario no te necesito para nada.
David se revolvió en las cadenas, tratando vanamente de liberarse, seguidamente miró a Terry. –Muy bien pedazo de payasa. ¿Quieres una respuesta? Ahí va, ni una cosa ni la otra. Que sepas que un miembro de mi grupo ha logrado escapar y volverá con refuerzos, lo se, y cuando eso ocurra… disfrutaré viendo como te matan.
En ese momento Terry sonrió y se puso en pie, subió por las escaleras y desapareció en el piso superior, segundos más tarde apareció llevando a Ethan a cuestas, seguidamente lo golpeo en las piernas y este cayó de rodillas. David se quedó observando a Ethan, este presentaba muchas heridas y tenía una pelota de plástico dentro de la boca, lo habían amordazado con ella, pero no tardaron en quitársela. Seguidamente sacó un walkie talkie y pronunció una única palabra. –Traedla a ella también.
Pasaron un par de minutos hasta que aparecieron un par de hombres, estos traían a Luci, esta se quedó mirando la escena sin entender muy bien lo que pasaba. Luci miró a David y luego a Ethan, estaba sorprendida de verlos allí también, ella pensaba que habían escapado, lo poco que había podido hablar con Yuriko y Vanesa, estas no le habían dicho que los hubiesen cogido a ellos también.
—¿De que va esto Terry? ¿A que estás jugando?— preguntó Luci.
Terry no le respondió, comenzó a dar vueltas alrededor de Ethan mientras jugueteaba con un cuchillo muy afilado. –Aquí tenemos a Ethan, según el… tu novio… tu pareja— Terry señaló a Luci con el cuchillo. –Mis chicos se han estado divirtiendo con el y se han pasado un poco, creemos que tiene varias lesiones internas. No nos sirve de mucho, podemos curarle, pero solo lo haremos con una condición— Terry miró a Luci. –Bueno, con dos. Tú aceptaras venir con nosotros y al mismo tiempo le dirás a David que acepte ser uno de mis hombres o que acepte ser vendido, realmente lo que prefiero es que forme parte de mi grupo. Si no se toma una decisión… mataré a Ethan.
En ese momento Ethan sonrió y entre toses comenzó a hablar. –No eres más que una zorra chiflada, nadie accedería a tus jodidos chantajes— Ethan miró en ese momento a Luci y luego miró a Terry. –Me he dado cuenta como miras a mi chica… estas enamorada de ella, pero ella jamás podría querer a alguien como tu. Estas loca y sola, tus seguidores te siguen porque les das miedo, pero eso cambiará algún día cuando alguno de ellos te mate mientras duermes vieja asquerosa.
En ese momento Terry se abalanzó sobre Ethan y hundió el cuchillo en el cuello de este, seguidamente le provocó un corte en el cuello mientras Luci gritaba y trataba de liberarse de sus dos captores que la tenían retenida, David trató de liberarse, pero tampoco lo consiguió. Terry siguió cortando hasta que le dio toda la vuelta al cuello, seguidamente puso el pie sobre la espalda de Ethan, lo agarró de la cabeza y tiró de ella, segundos después Terry tenía la cabeza de Ethan en una mano acompañada de la espina dorsal de este.
Luci no podía parar de gritar y llorar por lo que acababa de presenciar, fue entonces cuando Terry le lanzó la cabeza a los pies. Cuando las miradas de Luci y Terry se encontraron, Luci pudo ver la sonrisa en la cara de Terry, era una sonrisa de satisfacción por lo que acababa de hacer, entonces se dio cuenta de algo. Terry no quería negociar nada, todo aquello había sido solo un paripé para tener a Ethan a mano y matarlo delante de ella, Terry quería darle donde más le doliese… y lo había conseguido. Poco después Terry salió de allí.
Cuando Terry salió del sótano, lo hizo limpiándose la sangre de las manos, no le gustaba nada ensuciarse las manos de esa manera, pero lo que había hecho había merecido la pena. Fue entonces cuando se encontró con Vernon cruzado de brazos, esperándola.
—¿Qué haces aquí? Se supone que deberías estar vigilando a las otras dos, a la japonesa y a la coja.
—¿Por qué ha matado a ese muchacho? Si es el novio de Luci… eso no ayudará en su cooperación, se ha buscado una enemiga.
—Habla claro Vernon— respondió Terry plantándose delante de el con los brazos cruzados.
—Estoy hablando claro. Esa chica es una chica fuerte y en sus ojos se ve una determinación increíble, se le nota a la legua que no vacilaría con nada… y usted le ha arrebatado ante sus ojos lo que más quería. Solo digo que en el momento que tenga una oportunidad ira a por usted con intención de matarla.
—Eso será si escapa… no lo hará. Puedes estar tranquilo Vern.
—No lo estoy, creo que nos estamos metiendo en un callejón sin salida. Ahora más que nunca, creo que deberíamos ejecutar a esa chica, ejecutarles a todos y largarnos de aquí. Esto me está recordando a Pearl Harbor, cuando los japoneses atacaron a la flota naval. Estamos despertando un gigante dormido. Cuanto más los mantengamos con vida, más peligro corremos, Manhattan nos aplastará.
Terry comenzó a reír ante lo que decía Vernon, no quería tener en cuenta esa opinión, para ella era una exageración enorme. Desde luego no creía en la peligrosidad de los habitantes de Manhattan, al fin y al cabo, nadie sabía donde estaban y eso era una garantía. Estaban a salvo. Además, ella no dejaría ir a Luci tan fácilmente, esa chica le pertenecía a ella, ahora que también tenían al otro chico, cuya sangre era como la de Luci, mientras se la quedaban a ella, el sería utilizado en experimentos y extracción de sangre, era una mina de oro.
—No temas Bern, eso no ocurrirá. Ahora quiero ver a las otras dos chicas. Seguramente las vendamos también, la japonesa es muy guapa y la coja también. Serán una gran venta.
—No podemos venderlas para que las tengan como esclavas sexuales, se perdería mucho, sería mejor venderlas como fabricas de vacunas. Si alguien tiene sexo con ellas las infectará al instante. Eso debemos impedirlo.
*****
Hacía un rato que se habían llevado a Luci. Yuriko se había quedado a solas con Vanesa en aquella habitación, Vanesa hacía rato que no decía nada. Yuriko entendía ese estado, acababa de perder una pierna y muy difícilmente iba a volver a ser la de antes. Yuriko quería ayudar y enseguida se puso a pensar en algo para salir de allí, no iba a ser fácil, ya que la casa en la que se encontraban estaría fuertemente vigilada, y ellas no tenían armas, además, Vanesa no podría ir muy lejos así. Yuriko podría salir, pero si mientras estaba fuera alguien entraba allí y no la veía, Vanesa podría pagar las consecuencias, necesitaba pensar en otra cosa.
Yuriko comenzó a dar vueltas por aquel sótano, pensando.
—¿Qué haces?— preguntó Vanesa en ese momento.
—Buscar una vía de escape para nosotros— respondió Yuriko en voz baja, no quería que los que las estaban custodiando fuera las escuchasen hablar.
—Yo no lograré salir de aquí y lo sabes. Mírame bien, en mi estado es imposible. Solo sería un lastre para vosotros. Sin mi podréis ir más deprisa.
—Si nos marchamos dejándote aquí te matarán— respondió Yuriko.
—Bueno… con eso ya contaba, marcharos y no miréis atrás, buscad la vía de escape sin mí— respondió Vanesa.
De repente la puerta se abrió y aparecieron dos hombres que se abalanzaron rápidamente sobre Yuriko para intentar inmovilizarla. Uno de ellos le propinó un fuerte abrazo dejándola completamente inmovilizada.
—¿Qué estáis haciendo? ¡¡¡Soltadla!!!— gritó Vanesa mientras veía como los dos hombres tumbaban a Yuriko en una mesa que había allí, mientras uno la inmovilizaba el otro comenzaba a quitarse los pantalones, era evidente lo que pretendían, querían violarla, luego seguramente le tocaría a ella, enseguida el tipo que se había quitado los pantalones comenzó a tratar de quitárselos a Yuriko, enseguida la chica comenzó a gritar y a forcejear. De repente se abrió la puerta y apareció la que parecía ser la jefa de aquel grupo, y cuando vio lo que aquellos dos tipos pretendían, rápidamente sacó un arma y disparó a la cabeza al tipo que estaba quitándole los pantalones a Yuriko. El otro que la mantenía retenida la soltó y se retiró con las manos en alto al tiempo que Yuriko se levantaba y se retiraba a un rincón.
—Jefa…— susurró el tipo que hasta hace poco estaba inmovilizando a Yuriko.
—¿Qué cojones estabais haciendo Charles? ¿Ibais a violarla? Sabéis que no tolero estos comportamientos aquí. Además, ellas no son como las que llevamos en los camiones, ellas están curadas del virus, un solo contacto con vuestros fluidos las infectaría y ya no nos servirían. Ellas son especiales y no quiero que vuestras ridículas pollas las toquen. ¿Queda claro? Si queréis mujeres tiraros a las otras que tenemos para vender. Siempre y cuando yo no lo vea— dijo Terry al tiempo que se guardaba el arma otra vez en la funda. –Ahora saca el cadáver de Maxwell y quémalo ahí detrás.
Cuando el tipo sacó a rastras el cuerpo de su compañero, Terry se quedó allí mirando a Yuriko y a Vanesa.
—Gracias— murmuró Yuriko
—No me las des. Hice lo que tenía que hacer. Os quiero intactas…— Terry miró a Vanesa. –Bueno, casi intactas, lo de tu pierna ha sido un contratiempo, pero la tenias demasiado mal, hoy descansad, mañana por la mañana nos largaremos de aquí. Tenemos un largo camino hacia Las Vegas.
—¿Qué hay en Las Vegas?— preguntó Vanesa desde la camilla.
—Casinos— respondió Terry dándose la vuelta y saliendo de nuevo por la puerta.
Cuando Terry se marchó, Yuriko se acercó a Vanesa y comenzó a llorar, seguidamente se abrazaron y lloraron juntas, para Yuriko esa era la segunda vez que alguien intentaba violarla, la primera vez fue su vecino el que lo intentó y este acabó muerto. Realmente hubiese querido matar a aquellos dos, pero estaba en inferioridad. La situación en la que se encontraba era totalmente diferente a aquella vez en su casa.
En ese momento Vanesa la apartó un poco y la miró directamente a los ojos. –Yuri… tenéis que salir de aquí. Esa tía está loca, os matará a todos, se ha cargado a su hombre sin pestañear, la vida de los demás no le importa nada. No importa lo que pase conmigo, pero vosotros tenéis que salir de aquí… a cualquier precio, no importa quien se quedé atrás ni quien os llevéis por delante. En este mundo lo único importante es sobrevivir. Tenéis que huir.
—No puedo dejarte atrás… eres mi amiga— respondió Yuriko. –Eres mi mejor amiga… como mi hermana.
Vanesa le acarició en ese momento la mejilla. –El momento nos llegará a todos, a mi me ha llegado ya. He vivido más de lo que pensaba. Tienes que comprenderlo… yo en mi estado solo os retrasaría y solo lograría que os cogieran. Tendréis más posibilidades si no me lleváis detrás. Aunque yo muera lo haré con una sonrisa sabiendo que habéis logrado escapar. Solo tenéis que escapar antes de que partan de viaje hacia Las Vegas.
—Pero no se como escapar, no se el paradero de David, Ethan, Luci y Sandra.
—De momento preocúpate por escapar tú, y luego si puedes búscales a ellos. Están aquí, eso es seguro, pero primero, para que salga todo bien, debes ponerte a salvo tu primero. ¿Entiendes?.
Yuriko asintió y se sentó al lado de Vanesa mientras pensaba en como salir de allí. Solo tenía unas horas para tratar de escapar. Aun así para intentar escapar necesitaba un arma y también conocer al enemigo, solo habían visto a varios hombres y mujeres que parecían estar a las ordenes de la tal Terry, aunque Yuriko era incapaz de calcular el numero real.
*****
En algún lugar cerca de Worthington (Massachusetts)

Un grupo formado por Johana, Butch, Diana, Paul, Marlon y Jill había partido de Manhattan en una misión de recolección hacía un par de días. Estaban regresando a Manhattan en dos vehículos oruga, su misión había sido un éxito. Llevaban rato queriendo contactar con Manhattan, pero no habían tenido suerte, eso no era normal y comenzaban a preocuparse, algo había pasado en la ciudad y todavía estaban muy lejos como para saber que.
En un vehículo iban Johana, Butch y Jill, mientras que en el otro iban Marlon, Diana y Paul. Marlon se había encariñado mucho de Diana durante la misión, era la primera vez que conocía a alguien son síndrome de Asperger. Aquella muchacha era diferente a cuantas había conocido, era algo reservada y no sabía comprender las emociones de los demás, pero aparte de eso era muy inteligente, un autentico genio. Desde que había comenzado la misión, Marlon se juró a si mismo que no la perdería de vista ni un segundo y que la protegería a cualquier precio, al menos sabía que no estaba sola y que esta también tenía a su hermano.
Marlon miró al frente y vio como el vehículo oruga conducido por Butch se paraba, el también hizo lo mismo y acto seguido ambos conductores salieron de los vehículos.
—¿Qué ocurre?
—Seguimos sin respuesta en Manhattan. No se… creo que ha pasado algo. Jill está preocupada. ¿Cómo está la retardada?— respondió Butch mirando a Diana a través de la ventana.
—¡¡¡Eh!!! No la llames así. Es una niña. Además, es muy inteligente, mucho más que nosotros… mucho más que tu— respondió Marlon saliendo en defensa de la muchacha que seguía ajena a lo que estaban hablando.
—Si bueno, será mejor que no se enteré del problema que tenemos. Johana piensa que es posible que hayan entrado caminantes del exterior y que por eso no responden. Es lo único que se le ocurre.
—Eso o el asalto de otro grupo— respondió Marlon.
Butch puso los brazos en jarras y se giró para mirar a Jill y Johana, las cuales seguían intentando contactar. –Si… eso también. Sea lo que sea, vamos a tener que entrar en la ciudad con cautela, podríamos echarnos un rebaño encima o a los asaltantes, puede que no hayamos gastado mucha munición, pero con la que tenemos no nos daría para defendernos.
En ese momento escucharon un ruido entre los arboles y ambos se giraron sacando sus armas, fue entonces cuando vieron a una silueta envuelta en una especie de manta llena de algún pringue de color rojo negruzco. Aquella silueta estaba avanzando hacia ellos con decisión, fue cuando Butch alzó el arma y disparó. La bala impactó en el tronco de un árbol junto a la cabeza de la silueta.
—No des ni un paso más o te vuelo la puta cabeza, ahora quiero que muy despacito dejes vernos quien eres y que muy despacito dejes las armas que lleves en el suelo. ¿Entendido?
En ese momento la silueta se quitó lo que la envolvía y la dejó caer al suelo, dejando al descubierto a una chica, una chica que enseguida reconocieron, se trataba de Sandra, una de las que llegó con el grupo de España.
—Pero… ¿Qué cojones haces tu aquí?— preguntó Butch todavía con el arma en alto. Solo había visto un par de veces a esa chica, pero la conocía.
—Baja el arma— dijo Marlon. –Sabes que no es un peligro.
Sandra se fue acercando a ellos sin hablar, estaba como emocionada por haberles encontrado, pero cuando estuvo cerca de ellos, Butch se adelantó hacia ella y la golpeó levemente, lo suficiente para desarmarla e inmovilizarla.
—¿Pero que estás haciendo? Es de los nuestros— replicó Marlon.
—¿Y que hace aquí? Es muy sospechoso que no tengamos noticias de Manhattan y que de repente aparezca ella aquí sola y con estas pintas.
—Si me sueltas os lo contaré todo, os necesito, no se el tiempo que nos queda.
—¿De que estás hablando?— preguntó Butch al tiempo que la soltaba.
—Mi grupo y yo salimos en una misión de búsqueda. Estábamos buscando a Luci, había desaparecido. Así que David, Yuriko, Vanesa, Ethan, y yo, salimos en su búsqueda, primero llegamos a Bristol y supimos que habían derribado a Yuriko y Vanesa. La búsqueda nos llevó hasta Worthington, donde unos tipos nos atacaron. Yo conseguí escapar, pero David y Ethan fueron capturados. Yuriko, Vanesa y Luci ya estaban en su poder.
En ese momento Jill y Johana salieron del vehículo al escuchar la conversación, se estaban mostrando interesadas.
—¿Cuál es el estado de los capturados?— preguntó Johana en ese momento.
—A Vanesa vimos que le habían cortado una pierna y Luci también parece herida. Yuriko está intacta. Aunque no se como pueden estar David y Ethan. Me imagino que estarán heridos también. No podemos dejarles así, tenemos que volver a rescatarles.
—¿A cuantos se supone que nos enfrentamos?— preguntó Marlon.
—Eso no lo se, hay algunos tíos, pero la que manda ahí es una mujer, eso si lo se. Creo que podría haber una treintena de tipos armados, quizás menos. Más lo dudo— terminó de explicar Sandra.
En ese momento Butch comenzó a reír y se señaló las heridas de la cara, las que todavía arrastraba de la pelea con David. —¿Ves esto? Me lo hizo ese David, créeme que ahora mismo me importa tres cojones si ese gilipollas vive o muere, además… estamos en minoría. Meternos ahí de buenas a primeras nos costará la vida… no, lo siento por los demás, pero paso de meterme en ese fregado. Están muertos ya…
—¿Cómo puedes decir eso?— preguntó Marlon.
—No pienso jugármela yendo a rescatar al imbécil que me partió la cara. Lo siento por los demás— dijo Butch cruzándose de brazos. –Además, en Manhattan no contestan, debemos llegar allí y ver que ha pasado, quizás nos necesiten.
—Vamos a ir a Worthington y los sacaremos de allí. Son nuestros compañeros, iremos quieras o no— dijo en ese momento Johana. –Id preparándoos.
Sandra se acercó a Johana y le dio un abrazo, no conocía mucho a esa chica, pero acababa de demostrarle que ella no era como Butch, ella estaba dispuesta a ayudar. Finalmente Butch accedió y comenzaron a prepararse, Marlon, Butch, Johana y Jill iban a ir con Sandra mientras Diana y Paul se quedaban en el vehículo oruga para tratar de pedir refuerzos y entrar en Worthington en plan de apoyo. El momento del asalto estaba llegando, aprovecharían el factor sorpresa, no los verían llegar.
*****

Worthington (Massachusetts)
Día 23 de Diciembre de 2009
Día 549 del Apocalipsis..
00:55 de la noche…

Después de la muerte de Ethan, Luci había sido llevada a la casa donde la tenían desde su llegada a Worthington. Estaba sentada en una silla y fuertemente amarrada, privándole de toda posibilidad de escapar. Luci solo pensaba en tener a Terry frente a frente y destrozarla, quería matarla, pero no lo haría rápidamente, se tomaría su tiempo y lo disfrutaría poco a poco. Precisamente en ese momento, Terry entró en la habitación y se sentó a unos metros de ella, en su rostro había una mueca seria.
—Siento haber tenido que matar a tu novio, pero era necesario.
—Deja tu cinismo a un lado y suéltame, te prometo que arreglaremos cuentas, pedazo de arpía. Pienso matarte poco a poco.
—Parece que no te das cuenta de que el destino te trajo hasta mí, estamos destinadas a estar juntas. El no era bueno para ti. Tu futuro está conmigo— en ese momento Terry se fue acercando y le acarició la mejilla a Luci, esta enseguida apartó la cara.
—No vuelvas a tocarme, me das asco vieja zorra. Te juro que cuando tenga la oportunidad te mataré. Juro que haré que sufras, te haré suplicar que te mate.
En ese momento Terry se acercó más y le plantó a Luci un beso en los labios. Luci aprovechó ese momento para morderle en el labio, no tardó en notar el sabor de la sangre. Seguidamente, Terry abofeteó fuertemente a Luci.
—No vuelvas a hacer eso nunca más. Si yo hubiese estado infectada tú te habrías infectado irremediablemente. ¿Estas loca o que? ¿No te das cuenta que no quiero que te pase nada?
—¿Qué no quieres que me pase nada?— Luci escupió al suelo y luego miró a Terry. –Preocúpate más por ti, porque como ya te dije, en el momento que logre escapar te pienso hacer pedazos. No serías la primera persona a la que mato.
—¿Qué te hace pensar que me vas a matar?— preguntó Terry acercándose más a Luci. –Siento curiosidad, dímelo.
—Tú solo ten paciencia y espera— respondió Luci. Seguidamente le asestó un cabezazo a Terry. –Te juro que pienso disfrutar cada segundo.
—Ya lo veremos— respondió Terry, seguidamente se levantó y salió de la habitación donde se encontraba Luci.
Cuando Terry salió de la habitación, se encontró de nuevo con Vernon. Este estaba de brazos cruzados esperándola. Cuando Terry lo miró no pudo evitar poner una mueca de disgusto cuando este le vio la sangre. –No es nada, esta un poco imposible esta chica, con el tiempo aprenderá a aceptarlo.
—Sigo pensando que cuando más tiempo permanezca viva más posibilidades hay de que escape, esa chica es peligrosa. Olvídese de ese estúpido enamoramiento y ejecutémosla ahora mismo. Es peligrosa y está deseando matarla, si escapase, su vida señora Alberona corre peligro.
—No voy a matarla Vernon. Esa chica es mía y me pertenece— entonces Terry miró a Vernon. —¿Qué es lo que te pasa? No me digas que estas celoso.
Vernon pareció ruborizarse en ese momento y comenzó a mecerse hacia los lados con los brazos cruzados. –Yo solo quiero protegerla señora… yo…yo.
—Tranquilo Vern… solo bromeaba— en ese momento Terry se acercó a Vernon y posó sus manos sobre su pecho, luego comenzó a bajarlas hasta su entrepierna. Cuando llegó miró a Vernon con una sonrisa. –Tu para mi eres una persona clave en mi grupo y va siendo hora de que te lo agradezca de esa forma que tanto deseas. Al fin y al cabo hace mucho que no me acuesto con un hombre y de vez en cuando lo echo de menos.— seguidamente ambos comenzaron a besarse.

Luci escuchaba los gemidos desde la habitación, momentos antes había escuchado a Terry hablar con Vernon, solo de escucharlos, Luci estaba sintiendo nauseas. Por su cabeza pasaban muchas ideas para acabar con aquella mujer. Lo deseaba con todas sus fuerzas, deseaba hacerla sufrir. En ese momento sintió como que las correas de sus muñecas estaban algo flojas, no lo había notado antes porque el odio la cegaba demasiado, pero en esos momentos si lo notaba. Enseguida comenzó a moverse para intentar soltarse, después debía alcanzar sus armas, las cuales estaban en el salón donde Terry estaba teniendo relaciones sexuales con Vernon. Una vez se soltase, llevaría a cabo su venganza de la forma más cruel que pudiera, Terry iba a pagar por todo.
*****
Worthington (Massachusetts)
01:25 de la madrugada.

Butch y los demás ya se habían preparado del todo, habían cargado con todas las armas y munición que podían y se habían acercado a las vallas con cautela, justamente en esos momentos estaban ocultos detrás de arboles y matorrales. Mientras, Paul y Diana se habían quedado a unos kilómetros de allí dentro del vehículo oruga.
Desde donde estaban podían ver a los guardias de las vallas, solo había dos y estaban distraídos contándose chistes y riendo, se estaban confiando demasiado. Eso les permitía llevar a cabo un asalto fácil.
—Muy bien. ¿Estas segura de que no son muchos?— preguntó Butch en voz baja mirando a Sandra.
—Estoy segura, pero si queremos sacar a los demás de ahí, tendremos que colarnos y buscar casa por casa— respondió Sandra –Escuchad, tenemos que hacer todo lo necesario para sacarles de ahí. No quiero lanzarme al asalto sin daros antes las gracias por ayudarme.
—No nos las des. Yo estoy aquí porque me habéis obligado a acompañaros, pero tengo cero ganas de estar aquí. Ahora vamos, démosles para el pelo a esos mal nacidos.
Había llegado el momento de comenzar el asalto.

sábado, 22 de marzo de 2014

NECROWORLD Capitulo 28



Día 22 de Diciembre de 2009
Día 548 del Apocalipsis…
Manhattan… 18:00…

Alicia estaba llegando al gimnasio cuando la horda de No Muertos salió a su encuentro, nada más verlos gritó y efectuó un tiro antes de comenzar a correr con aquellos seres pisándole los talones por las pasillos, eran de los lentos, pero al verla habían acelerado el paso. Se giró varias veces y efectuó dos disparos más derribando a dos caminantes que rápidamente cayeron al suelo haciendo tropezar a los que venían detrás.
Estaba tan nerviosa que no veia hacia donde iba, estaba desorientada y el caer de la noche no iba a ayudarla, por momentos tenía claro que iba a morir, no le cabía duda alguna de ello, aunque más que en su muerte pensaba en Cristian. ¿Quién se haría cargo de el si ella moría.
Alicia fue metiéndose más hacia el interior del colegio y entonces vio la puerta de un aula abierta, fugazmente pudo ver que se trataba del aula de laboratorio. Sin pensárselo dos veces se lanzó al interior y cerró la puerta, rápidamente corrió hacia un armario y se lanzó dentro cerrando la puerta de este antes de que se abriese la puerta del aula.
Cuando los No Muertos tomaron el aula se quedaron quietos como estupefactos por la repentina desaparición de su presa, estos deambulaban por el interior, sin percatarse de donde estaba ella. Alicia podía observarlos desde las rejillas de la puerta. Podía ver sus expresiones, entonces se dio cuenta de que no iban a encontrarla, los No Muertos s quedaron allí y Alicia cayó en la cuenta de que tampoco iba a poder salir si los caminantes no se marchaban. Lo de estar a salvo era solo temporal. En ese momento entró alguien en el aula, Alicia se fijó bien y vio que no era un infectado, era una persona viva, pero aun así era como si para los No Muertos no existiese, como si fuera invisible. Sin previo aviso aquel hombre sacó un cuchillo y comenzó a clavárselo a los caminantes a través de la cuenca del ojo, haciendo que se desplomaran al instante.
Alicia no sabía si aquello que estaba viendo era real, cuando todos los caminantes estuvieron abatidos salió del armario con las manos en alto, aquel tipo se la quedó mirando.
—¿Cómo has hecho eso? Eras como…
—Invisible para ellos. Ya lo se. ¿Estas tu sola aquí?— respondió Richard, como vio que Alicia seguía con las manos en alto le hizo bajarlas.
—Aquí si, pero en el gimnasio hay niños y más profesores. Tenemos que ir a por ellos. Seguramente están siendo asediados por caminantes, tenemos que ir a buscarles— dijo Alicia echando a correr. Levine la siguió. –Por cierto ¿Cómo te llamas?— preguntó Alicia.
—Levine. Richard Levine ¿Y tú?
—Alicia.
A Alicia le impresionaba aquel hombre y su don, nunca lo había visto de verdad, la primera vez que escuchó sobre ese don fue en la prisión de Alcoy de boca de uno de los presos que se encontraron. Nunca le dio demasiado crédito, pero ahora acababa de verlo con sus propios ojos. Aquel hombre se había paseado ante los muertos sin que estos hiciesen nada por atacarle, era algo increíble.
Atravesaron varios pasillos del colegio, Alicia se estaba dando cuenta entonces de las muchas vueltas que había dado estando aterrorizada y desorientada. Finalmente llegaron al patio y desde allí vieron el gimnasio, y en las puertas de este, más de una docena de No Muertos aporreando la puerta, al otro lado los demás profesores y los niños, estos últimos seguramente aterrorizados, eran unos cincuenta críos.
—Vamos— dijo en ese momento Alicia dando unos pasos hacia el exterior, pero Levine la cogió del brazo.
—Espera espera. ¿A dónde vas tú? ¿Pretendes ponerte a disparar contra todos? El ruido de tu arma solo atraería a más. Quédate aquí quietecita mientras yo me ocupo de ellos. Me los cargaré sin hacer ruido.
—¿Y para que llevas el fusil?— preguntó Alicia señalando el arma.
En ese momento Levine se lo descolgó y se lo pasó a Alicia. –Todo tuyo, para lo que voy a hacer ahora no lo necesito. Ahora mientras yo hago mi trabajo tu quédate aquí— Levine se fue alejando y entonces se dio la vuelta para mirar a Alicia. –Y no llames la atención— seguidamente Levine comenzó a correr hacia los infectados.
Alicia solo pudo quedarse quieta junto a la pared y esperar, miró al cielo nocturno y vio varias columnas de humo por la ciudad, se preguntaba como estaría Eva, era la única de sus amigos que seguía en la ciudad y no había salido en ninguna misión. También pensaba en Cristian, confiaba en que estaría bien en casa, fuera del alcance de aquellos seres.
*****

Vicky estaba al fondo del gimnasio con los demás niños, mirara donde mirara veía a niños acurrucados y llorando. Estaban aterrados, pero ella no lo estaba. Miró a los profesores y vio que estaban tratando de bloquear las puertas para mantener fuera a los caminantes. Sabía que si entraban podrían comérselos, nadie allí dentro sobreviviría, si por lo menos tuviera el arma podría hacer algo, podría defenderse ella y defender a los demás, tenía buena puntería y sabía justamente donde debía disparar, ya lo había hecho más de una vez e incluso había disparado a un hombre vivo. Ella ya no tenía miedo de nada. Entonces vio como el niño sin dientes al que le había pegado días antes por meterse con ella se iba, se estaba alejando del grupo, estaba saltándose las reglas que habían impuesto los profesores, la de permanecer todos juntos. Vicky decidió entonces seguirlo, quería ver que se proponía.
Vicky lo siguió hacia un despacho, una vez allí vio como aquel niño buscaba algo en los cajones de una mesa. El despacho era bastante grande y había una vitrina con varios trofeos. Vicky podía ver lo mínimo gracias a la luz que se filtraba a través de una única ventana.
—¿Qué haces tú aquí?— preguntó Vicky –No puedes estar lejos de los demás. Es lo que han dicho los profesores. Todos juntos.
—Cállate niña boba, vete tu si quieres. Yo estoy buscando el arma del profesor… se que tiene una— respondió el niño sin dientes. –Aquí está…— en ese momento el niño sacó una pistola. Entonces apuntó a Vicky con ella, eso hizo que la pequeña se retirara un poco con las manos en alto, sabía muy bien lo peligrosas que eran las armas de fuego, no eran ningún juguete.
—Ahora yo también soy un hombre.
—Se lo diré a los profesores y te castigaran— respondió Vicky. En ese momento vio algo a través del cristal. Iba a gritar cuando el cristal se rompió y una silueta se arrojó hacia el interior del despacho cayendo sobre el niño. Enseguida este comenzó a gritar. Vicky se quedó aterrorizada, entonces el profesor de matemáticas apareció allí alertado por los gritos.
—¿Qué pasa?— pero enseguida vio de que se trataba, un charco de sangre corría por debajo de la mesa y una silueta se alzaba por detrás de la mesa. Enseguida el y la niña vieron a un hombre con la mirada de un muerto y goterones de sangre goteando de su boca y chorreando por su pecho. –Sal de aquí— le dijo a la niña.
Vicky salió rápidamente, pero el profesor no tuvo tanta suerte, antes de que saliera lo agarraron y tiraron de el, lo único que le dio tiempo a hacer, fue cerrar la puerta. Quedando atrapado dentro del despacho. Sus gritos no tardaron en comenzar a escucharse por todo el gimnasio.
*****

Levine llegó a las puertas del gimnasio y comenzó a eliminar a los No Muertos clavándoles el cuchillo en la cuenca del ojo, para el era la forma más efectiva de matar a aquellos seres sin armar ruido. Cuando terminó llamó a la puerta para que los profesores allí encerrados le abrieran. Cuando le abrieron se quedó en la puerta, solo se le acercó una mujer.
—¿Qué ocurre y quien es usted?
—Luego me presentaré. Ahora tenemos que salir de aquí antes de que vengan más. Los caminantes han tomado la ciudad. Al parecer hay muchas bajas, parece que se está controlando, pero hasta que no esté todo más seguro… bueno, coged a los niños… vamos— respondió Levine.
Los profesores comenzaron a salir con los niños, siempre protegiéndolos. En ese momento llegó Alicia hasta ellos y Levine le lanzó una mirada.
—¿Qué haces aquí?
—Caminantes, los vi venir por el pasillo— respondió Alicia al mismo tiempo que el grupo de No Muertos se dejaba ver.
Cuando los caminantes vieron al grupo de personas, los más rápidos comenzaron a correr hacia ellos, eso hizo que Levine y Alicia comenzaran a disparar abatiendo primero a los más adelantados. Los nervios crecían a la vez que había más caminantes. No tendrían balas para todos.
—Se me acabó la munición— dijo Alicia tirando el fusil.
—Llévate a los niños y a los profesores— respondió Levine sacando de nuevo el cuchillo y lanzándose a acuchillar No Muertos en plena cara.
Alicia comenzó a correr con los niños y los profesores justo detrás, Vicky corría a su lado sin mirar atrás mientras a sus espaldas Levine derribaba caminantes. Solo Alicia se dio la vuelta y lo vio bañado en sangre, todavía le parecía increíble aquel don que poseía. De repente mientras corría escuchó un grito y eso la hizo mirar al frente, allí una nueva horda hacía su aparición. Alicia comenzó a disparar, abatió a varios y finalmente se quedó sin munición. Todo parecía perdido, en ese momento varios vehículos militares hicieron su aparición y comenzaron a lanzar napalm. Pronto solo hubo cuerpos calcinados sobre el suelo del patio del colegio, unos segundos después varios militares bajaron de los vehículos y comenzaron a hacer subir a los profesores y a los niños. Cuando Alicia subió volvió a mirar donde debía estar Levine, pero este no estaba. Había desaparecido dejando solo los cadáveres de los No Muertos a los que había matado.
—Tía Alicia ¿Qué pasa?— preguntó la niña. —¿Quién era ese hombre?
—No lo se— respondió Alicia. –Pero nos ha salvado la vida.
—Tomen asiento y quédense quietos. Les llevaremos a un lugar seguro hasta que pase todo— dijo uno de los soldados cogiendo a Alicia del hombre y empujándola hacia el asiento.
—¿Cómo esta la situación?— preguntó Alicia.
—La mayor parte de los frentes están cubiertos, solo quedan unos pocos y la ciudad estará libre de esos seres… pero las bajas son enormes. Ahora os llevamos al Madison Square Garden. Allí estaréis seguros.
Los vehículos se pusieron en marcha y comenzaron a recorrer las calles en dirección al Madison Square Garden, durante el trayecto, Alicia veía desde el asiento a gente dejando cuerpos de personas envueltos en sabanas. Luego alguien pasaba por allí disparándoles a la cabeza para prevenirse de que se levantaran. Había muchos, demasiados. Aquello había sido peor de lo que había imaginado en un principio, en ese momento el corazón le dio un vuelco al imaginarse que cualquiera de sus amigos podría estar ahí, sobre todo pensó en Eva. Ella podría estar perfectamente ahí.
*****
Eva llegó hasta donde había dejado al general Graham, cuando llegó allí se encontró con el anciano sosteniendo un revolver. Al ver a la chica sonrió.
—Ya dije que volvería a por usted. Tenemos que irnos de aquí cuanto antes— dijo Eva acercándose a Graham y ayudándolo a ponerse en pie.
—¿Dónde están aquellos que iban contigo?— preguntó Graham.
—Las mujeres no lo se. Morris se ha largado y Tim a muerto— respondió Eva llevando al general Graham del brazo hasta el tubo de ventilación.
Poco a poco lo ayudó a subir y luego subió ella, seguidamente ambos comenzaron a recorrer aquel tubo. Su siguiente parada era la sala donde Eva podría usar el micro para advertir a la gente de fuera que dentro todavía quedaban vivos. Mientras se arrastraban, a Eva le pareció escuchar disparos allí dentro, pero era imposible. No podía ser que allí dentro se hubiese metido nadie, era demasiado peligroso. Un autentico suicidio.

Carlos, Mike y Juan avanzaban por los pasillos acabando con los caminantes que se les cruzaban, la mayoría de las veces disparaban, pero cuando el No Muerto estaba cerca se las apañaban acuchillándolos en la cabeza. Pronto llegaron a una sala donde encontraron un tubo de ventilación abierto y en el suelo varios cuerpos siendo devorados por No Muertos, eran mujeres a quien estaban devorando.
Carlos rápidamente al ver aquello sintió un arranque de rabia y comenzó a disparar contra los caminantes, Juan y Mike se le unieron enseguida, pronto no quedó ningún infectado en pie y Carlos disparó a las cabezas de los cadáveres de las mujeres.
—No parece que lleven mucho tiempo muertas. Creo que bajaron por ahí y se encontraron con esto. Pobres desgraciadas, los dioses no estaban con ellas supongo.
—Desde luego que no lo estaban— dijo en ese momento Mike.
Carlos seguía mirando los cadáveres, era lo que había estado haciendo desde que habían entrado cada vez que se encontraban con el cadáver de alguna mujer. Era como si estuviese buscando a alguna conocida, Mike enseguida supo a quien buscaba.
—Eva no es ninguna de ellas. ¿No?
Carlos clavó su cuchillo a través de la cuenca del ojo de una que se iba a levantar y luego miró a Mike. –No, no es ninguna de ellas. Eva seguramente sigue viva, la pregunta es donde.
—¿No pones demasiadas esperanzas en ello? ¿Por qué llegar hasta ese extremo por una mujer?— preguntó Juan. –Seguramente está muerta. O es que sientes algo por ella. Carlos miró a Juan y luego apartó la mirada. –Así que es eso… es la mujer de tu hermano.
—Mi hermano está muerto y ya no va ha volver. El no está en este mundo, ahora soy yo quien se ocupa de Eva y de la niña. Yo soy ahora su futuro.
Juan y Mike se quedaron mirando y finalmente Juan hizo un gesto con la cabeza. –Bueno, busquémosla, si está viva la encontraremos.

Eva miró a través de las rejillas del tubo de ventilación y vio la sala a la que se dirigía. Se dio la vuelta y sonrió a Graham. –Estamos donde nos dirigíamos, quédese aquí mientras pido ayuda.
—Ten cuidado— respondió Graham.
Eva se dio la vuelta y comenzó a patear la tapa del tubo de ventilación, cuando logró quitarla se deslizó hacia el exterior. Una vez allí comenzó a trastear con todo lo que allí había, probaba el micro y los altavoces, pero no funcionaba nada. Eva sintió un arranque de ira y dio un golpe sobre la mesa.
—¿Funciona?— preguntó Graham desde el interior del tubo.
—No… esto es una mierda.
—Ahí al lado hay una habitación, desde ella podrás ponerlo todo en marcha— dijo Graham señalando hacia la habitación.
Eva miró hacia donde Graham señalaba y seguidamente camino hacia allí, abrió la puerta sin pensárselo mucho, era imposible que hubiese un infectado allí dentro. Cuando estuvo dentro comenzó a tocar todos los botones que veía, pero no daba resultado. Entonces llegó la voz de Graham hasta sus oídos, este le indicaba que tenía que buscar un botón de color verde y luego debía accionar una palanca, finalmente lo encontró e hizo lo que le dijo Graham. Cuando lo accionó escuchó un zumbido en la sala, señal de que había dado resultado.

Cooper estaba apunto de perder la esperanza en la supervivencia de los que estaban dentro del edificio y en los que habían entrado, estaba apunto de dar la orden de borrar ese edificio del mapa cuando se comenzó a escuchar un zumbido, eso hizo que todas las personas y los militares que estaban allí concentradas pusieran su vista fija en el edificio que había sido el gran comedor.
—¿Qué coño es eso?— preguntó uno de los soldados.
—Alguien ha activado los altavoces— respondió Cooper.
—¿Puede haber sido un caminante?— preguntó otro soldado.
—Para activar los altavoces hace falta activar un botón y una palanca. Dudo que ninguno de esos estúpidos bichos lo haya hecho. Hay gente viva, quizás sea el general Graham… o la chica que estaba con el… puede que sean los tres hombres que han entrado.

Eva salió de la habitación y se acercó al micro que tenía más cerca. Lo cogió y comenzó a hablar. –Soy Eva, estoy en la sala de micro acompañada por el general Graham, el edificio se ha llenado de infectados y estamos atrapados. Necesitamos ayuda cuanto antes. Ambos estamos vivos, no quemen el edificio, entren a buscarnos o indíquennos como podemos salir. La situación es desesperada.
En ese momento Eva escuchó un ruido a sus espaldas y al darse la vuelta se encontró cara a cara con el tipo gordo llamado Morris. Este estaba sosteniendo la puerta para que los No Muertos no entraran.
—¿Los has traído hasta aquí?— preguntó Eva.
—Si claro. Me estaban persiguiendo y escuché tu voz, vine hasta aquí y me persiguieron. Una vez aquí les dije: pasen y vean a la zorra loca.
Eva rápidamente miró por la mesa y encontró una palanca en uno de los cajones. La cogió y volvió a la puerta, enseguida la puso entre las puertas bloqueándolas. Se giró en ese momento hacia Morris. –Vamos, esto los retendrá el tiempo suficiente.
Eva se lanzó hacia el interior del tubo seguida por Morris, cuando esté entró y vio a Graham, enseguida miró a Eva. –Así que volviste a por el viejo… estás loca.
—Cállate y muévete— dijo Eva, luego miró al general. –Vamos Graham.
Los tres siguieron deslizándose a través del tubo de ventilación, ahora solo les quedaba buscar una salida o tomar contacto con los que entrasen a buscarles. Ella ya había hecho su parte, ahora solo quedaba que los demás hiciesen la suya.

Carlos había escuchado la voz de Eva. Eso había hecho que acelerara el paso seguido por Juan y Mike, eliminando a todos los infectados que se cruzaban con ellos. Llegaron hasta otra sala llena de mesas tapadas con manteles y sillas amontonadas en un rincón, el olor a polvo allí era insoportable, pero tenían que pasar por allí para llegar a donde estaban Eva y el general Graham. Cruzaron aquel salón y llegaron a un nuevo pasillo, el cual comenzaron a recorrer rápidamente. En ese momento Carlos escuchó el grito de alguien que lo llamaba por su nombre. Carlos se giró rápidamente hacia el tubo de ventilación de donde venía. Enseguida vio a Eva dentro del tubo.
Carlos se lanzó rápidamente hacia el tubo y abrió la trampilla, agarró a Eva de la mano y la ayudó a salir, cogió su cara entre sus manos y la miró a los ojos.
—¿Estas bien? Pensé que te había perdido.
—Estoy bien. El general Graham esta ahí, también hay otro superviviente— dijo Eva retirándose un poco de Carlos. –Tenemos que salir de aquí, pero necesito un arma.
En ese momento Juan se sacó una pistola de la cintura y se la entregó a Eva. –Espero que sepas usarla.
Eva le quitó el seguro y miró a Juan. —¿Acaso lo dudabas?.
—Yo también quiero un arma— dijo en ese momento Morris. –Soy el único que no tiene un arma. La quiero… se disparar.
Juan y Mike se miraron y Mike se la entregó, justo en ese momento Morris hizo una mueca y miró a Mike. –Ni de coña, esa no pienso tocarla.
—¿Algún problema?— preguntó Mike. –Ya entiendo… no la aceptas por que viene de manos de un negrata. Te diré algo que te sorprenderá entonces, aquí el negrata vino a salvar a tipos como tu sin tener en cuenta el racismo de algunos gilipollas.
En ese momento Eva le quitó el arma a Mike y se la estampó en el pecho a Morris. –Querías un arma, ya la tienes.
—Muy bien, con las cosas ya claras y habladas es hora de ponernos en marcha— dijo Carlos. Seguidamente se pusieron en marcha.
Recorrieron varias salas y pasillos hasta que llegaron a la misma sala en la que habían estado Graham y Eva al principio. Allí había varios infectados que al verlos comenzaron a correr hacia ellos. Todos comenzaron a disparar, Mike y Juan protegían a Graham al tiempo que disparaban. La munición no les iba a durar mucho más y lo peor era que los infectados estaban cada vez más cerca y estaban llegando más a través de los pasillos y salas contiguas. De repente las puertas principales se abrieron de golpe y un grupo de hombres armados irrumpieron en la sala disparando contra todos los infectados. Otros solo se acercaron hasta Eva, Morris y Graham y los sacaron a tirones de allí hacia el exterior.
Una vez fuera, Eva fue testigo de como un grupo de hombres con lanzallamas entraban dentro y arrasaban con todo. Cuando todos salieron de dentro, hicieron detonar los explosivos que habían puesto alrededor del edificio, en cuestión de segundos este se vino abajo, sepultando a todo infectado que quedaba en el interior.

Dos horas después de haber puesto a salvo la ciudad, Eva fue llevada al Madison Square Garden. Nada más entrar la pequeña Vicky corrió a sus brazos, seguidamente apareció Alicia con el niño en brazos. Seguramente se habrían encontrado allí.
—Me alegro de que estés bien. Temía que estuvieses muerta— dijo Alicia abrazando a Eva.
—Estoy bien. ¿Cuánta gente hay aquí?— preguntó Eva mirando a su alrededor.
—No llegamos a las ciento cincuenta personas, hay más gente viva en el hospital y en lugares aislados de la ciudad, los están contabilizando a todos, pero ha habido cientos de bajas, por lo que he escuchado hubo brotes en varios puntos de la ciudad. Todo parece que fue obra de una persona, ese mismo mal nacido destruyó parte de la valla permitiendo la entrada de infectados de fuera. Alguien quería hacer caer la ciudad— en ese momento Alicia miró por detrás de Eva. –Por ahí viene Carlos acompañado del sargento Cooper.
Eva se dio la vuelta y vio a Carlos, este enseguida le dedicó una sonrisa. –Podéis volver a casa, la ciudad está libre de infectados.
—¿Quién hizo todo esto?— preguntó Eva mirando a Carlos a los ojos.
—Fue Gale… ayudado por Pablo. Querían tomar el mando de la ciudad y pensaron que haciendo esto lo lograrían. Fue premeditado— respondió Carlos al tiempo que miraba al sargento Cooper. –Es momento de regresar a casa. Ve y luego te veo allí.

Eva llevaba un rato en casa, después de acostar a la niña se había quedado a solas en el salón. Estaba más aliviada porque ya no había infectados en la ciudad, habían limpiado las calles, pero todo llegó demasiado tarde y las bajas habían sido muy numerosas. Eva no podía quitarse de la mente la visión de varios cuerpos envueltos en sabanas por la calle, ese había sido el resultado del jueguecito de Gale.
Al día siguiente iba a haber un gran funeral donde iban a acudir la mayoría de las personas de la ciudad que habían sobrevivido.
Eva encendió la televisión y vio las noticias de la ciudad, en un lado de la pantalla aparecía un número y una lista de nombres iba desfilando por la parte inferior. El numero era el doscientos quince y marcaba el numero de muertos en la ciudad, aunque Eva juraría que había visto muchos más cuerpos, seguramente los de los infectados abatidos. Había sido una experiencia terrible, se imaginó que eso era lo que se había vivido en las ciudades cuando la infección se extendía, durante aquellos momentos ella estuvo en su casa con sus hermanas, pero ahora lo había vivido de primera mano.
En ese momento se abrió la puerta y Carlos entró, al ver a Eva sonrió. –Pensé que estarías dormida.
—No podía dormir. Vicky si está dormida. ¿Cómo ha ido?
—Bien, la valla ya está reparada y no quedan infectados en toda la ciudad— respondió Carlos sentándose en el sofá a su lado. –Mañana a las once será el funeral… —Carlos se recostó en el sofá mientras se echaba el pelo hacia atrás. –Es la primera vez que enterramos a tantas personas de golpe. Ha sido horrible.
—Gracias— dijo en ese momento Eva mirando a Carlos.
—Gracias… ¿Por qué?— preguntó Carlos.
—Por entrar a salvarme ahí dentro. Yo había desconfiado de ti y te había acusado de asesinato… y tú en cambio… entraste ahí arriesgando la vida.
—Lo hice porque me importas Eva. Significas mucho para mi… no quería perderte…— respondió Carlos. –No quiero quedarme solo— Carlos comenzó a llorar en ese momento y Eva lo abrazó. Ella entendía muy bien eso.
—Tranquilo— dijo Eva separándolo un poco de ella y mirándolo a los ojos. Al mirarlo le recordaba mucho a Juanma. Entonces sin saber como se acercó a el y lo besó en los labios.
Carlos respondió rápidamente al beso y ambos comenzaron a besarse apasionadamente, Eva terminó tumbándose en el sofá y Carlos se puso sobre ella al tiempo que le subía el camisón y le quitaba las bragas, justo después el se quitó los pantalones. Lo siguiente que hizo fue penetrarla con fuerza. Carlos llevaba tiempo deseando eso, la deseaba a ella y por fin la tenía.
Eva sentía las acometidas de Carlos, cada vez más fuerte. Por un momento sintió que no lo quería encima, que era un error, quiso decirle que parara, pero entonces sintió como el eyaculaba dentro de ella al tiempo que el emitía un gemido de placer. Eva ni siquiera sintió eso, solo sentía que había metido la pata, que no debía estar haciendo eso.
Cuando Carlos se quitó de encima se la quedó mirando y vio lágrimas en los ojos de Eva.
—¿Qué te pasa?
—No, no es nada. Me voy a la cama, buenas noches— Eva se levantó y se marchó hacia la habitación donde dormía. Antes de llegar se paró en el baño y comenzó a limpiarse los restos de semen que todavía le quedaba en los labios vaginales e ingles. Se pasó varias veces la mano con agua por allí y se miró al espejo. Fue entonces cuando le pareció ver a Juanma reflejado en el espejo. Sentía que había metido la pata hasta el fondo.
Eva se fue a dormir y se cubrió hasta la cabeza con la manta esperando que Carlos no apareciera otra vez por allí buscando su cuerpo. No lo hizo.

Manhattan… zona segura…
Día 23 de Diciembre de 2009
Día 549 del Apocalipsis…

La noche pasó rápidamente y a las once de la mañana Eva y Carlos acudieron al cementerio junto a los demás supervivientes de la ciudad para estar presentes en el funeral de todas las personas que habían muerto. Algunos cadáveres habían costado de identificar porque estaban mezclados entre los infectados que habían llegado de fuera o habían quedado desfigurados tras alguna explosión. Una vez toda la ciudad estuvo allí reunida el general Graham comenzó a decir unas palabras sobre la vida y la muerte, terminando con que seguirían adelante y que ese incidente no les iba a impedir prosperar en ese mundo. Pero el mundo de Eva se había venido abajo ya y había cometido el mayor error de su vida.
*****
Richard Levine recobró el conocimiento en una habitación del hospital, lo único que recordaba era que alguien le había golpeado tras su huida del colegio tras acabar con todos los infectados. Notó que estaba tumbado en una camilla bien amarrado.
—¡¡¡¡Sacadme de aquí cabrones!!!! ¡¡¡¡Sacadme de aquí!!!!
De repente la puerta se abrió y vio entrar al sargento Cooper junto a un viejo que cojeaba al cual no había visto nunca, el viejo al verlo se dedicó a sonreír. Seguidamente le puso la mano sobre la frente y Richard sacudió la cabeza para quitarse la mano del viejo de encima.
—Soy el general Graham Roberts. Soy el que está al mando en la ciudad. No se porque intentas escapar. ¿No te das cuenta de lo importante que eres para nosotros? Eres un elegido para salvar el mundo.
—No, soy el elegido para ser vuestra puta cobaya. No vais a conseguir nada…¡¡¡Cabrones!!!.
—Esa boca Richard, pronto contribuirás a tu destino y nosotros te estaremos agradecidos. Solo quédate aquí sin saltarte las normas y no vuelvas a intentar escapar. Vendré a verte de cuando en cuando, creo que podremos hacer buenas migas tú y yo— después de eso el general Graham salió de la habitación y dejó a Richard a solas con Cooper.
Cooper miró a Richard y sonrió. –Casi lo consigues— Cooper se agachó y se puso junto a su oído. –Casi…
—Algún día escaparé de aquí y a los cabrones como tú se lo haré pagar. Aquí habláis de la gente de los túneles como si fueran basura, pero vosotros sois peores. Tenéis a la ciudad engañada, no saben lo que hay en los pisos inferiores de este hospital y que por vuestra culpa habrá más accidentes. La basura sois vosotros.
—Puede ser, pero tu estas en nuestras manos y de nosotros depende que tú vivas— respondió Cooper. –Tienes suerte de ser quien eres y de tener la importancia que tienes, de no ser así ya no estarías vivo. Bueno…— Cooper le dio varias palmadas en el hombro. –Ya nos veremos— seguidamente Cooper abandonó la sala.
Richard se sacudió varias veces más intentando soltarse, pero no lo consiguió. Había intentado escapar de allí y lo habían vuelto a atrapar, pero aquello no iba a quedar así. Algún día lograría escapar, desde luego estaba mejor en solitario que con gente que se guiaba por intereses.

Día 22 de Diciembre de 2009
Día 548 del Apocalipsis…
Worthington… Massachusetts…
12:56 del medio día…

David y los demás observan a sus tres compañeras retenidas. Estas apenas cruzaban palabra en presencia de aquella mujer que las vigilaba, se limitaban a mirar el maltrecho estado de Vanesa. No sería fácil sacarla de allí en ese estado, y Luci tampoco estaba como para huir a la carrera. El plan iba a tener que cambiar de forma drástica.
—¿Qué hacemos ahora?— preguntó Ethan.
—Retirarnos a una zona donde podamos pensar un plan efectivo. No parece que a ellas vayan a hacerles nada. Esa es nuestra ventaja.
Justo en ese momento vieron llegar a varios hombres armados hacia su posición. Los habían descubierto, no sabían como pero los habían descubierto. Rápidamente los tres se levantaron y comenzaron a correr, podrían haberse parado a disparar, pero estando al descubierto y en inferioridad numérica no era buena idea.
Entre la confusión David se separó de Sandra y Ethan, llegó a una calle y de repente sintió una punzada en la espalda, cayó de bruces y cuando se llevó la mano a la espalda se tocó un dardo, poco a poco fue perdiendo el sentido.

Sandra se había ocultado en lo que parecía un garaje y había despistado a sus perseguidores, entonces desde su escondite vio como arrastraban a los cuerpos de David e Ethan, no estaban muertos, pero estaban inconscientes. Los habían atrapado y ella se había quedado sola, lo peor era que los otros sabían de su existencia y que seguramente estarían buscándola.