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sábado, 15 de febrero de 2014

NECROWORLD Capitulo 23



Día 17 de Diciembre de 2009
Día 543 del Apocalipsis…
Bristol… (Connecticut) 7:00…

Lo primero que Terry Alberona hizo nada más despertarse fue ir a la habitación de la chica para ver como estaba. Cuando entró se la encontró todavía dormida, para despertarla le asestó una fuerte patada al colchón, eso hizo que la chica se despertara de golpe. Cuando la chica se despertó cruzaron las miradas y enseguida la chica comenzó a tratar de liberarse de las esposas, pero Vernon había tomado las medidas necesarias para que esta no se escapara.
—Bienvenida otra vez. Soy Terry Alberona, soy la que está al mando aquí— dijo Terry mientras caminaba al otro lado de la cama con las llaves de las esposas en la mano. Seguidamente comenzó a soltar a la chica. –Será mejor que no intentes nada, podrías correr, pero las balas de mi arma y las de las de mis chicos corren más deprisa que tu, y si murieras, sería una lastima. Eres demasiado… valiosa.
La chica se incorporó en la cama y luego se sentó mientras Terry se ponía delante de ella apoyada en la ventana y con los brazos cruzados. –Bueno… ¿Vas ha decirme como te llamas? No llevas documentación ni nada por el estilo, así que no sabemos nada de ti.
—No necesita saber como me llamo— la chica en ese momento miró hacia la ventana para ver que había en la calle. —¿Seguimos en Bristol?.
—Seguimos en Bristol, en Connecticut. Y si, necesito saber como te llamas por que las amigas saben sus respectivos nombres… y algo me dice que tú y yo vamos a ser amigas. Muy amigas— dijo inclinándose sobre la chica a la vez que ponía sus manos sobre las rodillas de esta y hacía que casi se rozaran sus narices.
—Luci. Ese es mi nombre… pero no vamos a ser amigas. No me interesa ser amiga de una vieja zorra que al parecer, por la forma de mirarme, piensa en hacer de mi algo más que una amiga. Además, le apesta el aliento.
—Perdón— dijo Terry en ese momento a la vez que se retiraba. –Pero la higiene en estos tiempos es algo secundario, nos centramos en estar vivos… ¿Y por que no?... enteros. Las cosas ahí fuera se han complicado mucho en los últimos meses. Hace más frio y los muertos o caminantes… como más te guste llamarlos, son menos activos, pero siguen ahí y cuando se juntan en grandes rebaños es cuando hay que tener más cuidado. Son muy peligrosos. Después de los muertos, también están grupos como el nuestro o peores.
—Al menos no oculta que son un grupo de mal nacidos. Otros simplemente te sonríen hasta que te la clavan por detrás a traición. De hecho, se que estoy viva por la revelación que hice sobre la vacuna. Si no hubiese actuado así, creo que estaría muerta o siendo el cubo de esperma de algún depravado como aquel viejo baboso— respondió Luci.
Terry sonrió. –Eres inteligente y eso me gusta. Tienes todo a tu favor para sobrevivir en este mundo. Esto es solo un mundo para los fuertes, los débiles están condenados a muerte. Ha pasado más de un año desde que los muertos volvieron a la vida y aquí estamos tú y yo. Es más, el destino ha hecho que nos encontremos.
—Supongo que tiene razón— respondió Luci. –Estoy aquí por que soy fuerte y no me rindo nunca. ¿Dónde están mis armas? Me gustaría demostrarle lo fuerte que soy rebanándole esa cabeza. Así dejaría de ver esa cara de zorra que tiene.
—Tus armas están a buen recaudo, no te preocupes.— dijo Terry caminando hacia la puerta de la habitación, cuando la abrió miró a Luci. –Venga vamos, el desayuno debe estar ya listo y tenemos que tener una larga charla sobre el por que ya no tienes el virus en tu organismo y donde está esa vacuna.

Luci sabía que no podía confiar en esa mujer, aunque también sabía que no iban a matarla, mientras la acompañaba hacia la salida de la casa donde estaban pensó que quizás ellos tuvieran algo que ver con la desaparición de Juanma, ya que ella fue capturada no muy lejos de donde este desapareció. Quizás si que era cosa del destino el que se hubieran encontrado. Solo tenía que esperar y tomarse las cosas con calma, al no tener intenciones de matarla tenía todo el tiempo del mundo para hacer averiguaciones.
Salieron de la casa y Luci vio a varios hombres y mujeres por las calles de Bristol, se dio cuenta de que aquellas personas habían levantado barricadas en un tiempo record en aquella zona, y estas eran lo bastante fuertes como para mantener a raya a los caminantes que estaban fuera.
—Como puedes ver, mi gente es de lo más eficaz, pasamos por aquí y mientras unos acababan con los podridos que se acercaban, otros levantaban estas barricadas. Los dejaran fuera hasta que decidamos irnos. Podemos quedarnos aquí un tiempo.
Luci caminaba sin hacer mucho caso a lo que Terry le estaba explicando, entonces se fijó en el grupo de esclavos, allí estaban la niña que le había llevado agua y la chica Mexicana, pero podía ver  que faltaba gente. —¿Dónde esta la gente que falta?.
—Vendidos… lógicamente. ¿De donde crees que salé toda la munición y la comida que tenemos? El dinero ya no tiene valor, lo que se lleva en estos tiempos es el trueque. Algunos todavía piensan que si se hacen con billetes serán ricos… pero los billetes ahora mismo sirven únicamente para limpiarse el culo después de plantar un pino. Nosotros cogemos a gente que vaga por ahí y los vendemos a gente que vive en comunidades. Hay unas cuantas por ahí, unas más grandes que otras. Aunque muy pocas prosperan o sobrepasan los cien habitantes. Nosotros también vivíamos en una comunidad, pero decidimos abandonarla por que los recursos se nos acababan. Es mejor hacer lo que hacemos ahora, desplazarnos continuamente.
—¿Cómo consiguen el combustible para los vehículos?— preguntó Luci.
—Con trueque y asaltando gasolineras. Aunque no te lo creas aun es posible conseguirlo de ese modo, aunque ahora menos que al principio. Cuando se agote todo eso… bueno, supongo que tendremos que volver a los carros tirados por caballos… donde digo caballos quiero decir personas.
Por fin Luci y Terry llegaron a una casa donde enseguida fueron recibidas por Vernon, el cual parecía sumiso ante la presencia de Terry. Solo le faltaba hacerle una reverencia.
—Por aquí por favor. Por aquí— les pidió Vernon haciéndoles un gesto con la mano.
Ambas avanzaron hasta el centro de una sala y tomaron asiento alrededor de una mesa redonda sobre la que había un mantel con dos tazas de café y una jarra. Una vez sentadas apareció una chica que no dejaba de temblar cuando miraba a Terry. La muchacha enseguida les sirvió el café y luego se marchó sin volver la vista atrás. Luci se percató de ello.
—Parece que le tienen miedo.
—Si bueno, aunque a mi me gusta llamarlo respeto. Saben lo que pasará si hacen algo que a mi no me guste.
—¿Y que les pasaría? No se que miedo pueden pasar cuando los están vendiendo como si fueran perros.— respondió Luci.
En ese momento Terry hizo un gesto y uno de sus hombres trajo a rastras a una chica adolescente. De unos catorce años, Luci no recordaba haberla visto antes, aunque la chica si que pareció reconocerla. Cuando la llevaron junto a la mesa, Terry se levantó y comenzó a acariciarle el pelo.
—Esta chica se llama Jamie. Cuando la encontramos intentó matarme— Terry se subió la camisa y le mostró a Luci una cicatriz, justo debajo del pecho. –De esto hace solo unos meses, queríamos venderla, pero su comportamiento nos hacia imposible su venta. Así que decidí que debía matarla en algún momento… cuando me apeteciera— Terry sacó un cuchillo y se lo puso a la chica en el cuello. –El momento de matarla ha llegado.
Luci trató de hacer algo, pero entonces Terry seccionó la garganta de la muchacha y luego la dejó caer, seguidamente comenzó a formarse un charco de sangre debajo del rostro de la chica mientras Terry volvía a tomar asiento.
—Eres una zorra loca— dijo Luci lanzándole una mirada de odio. —¿Por qué lo has hecho? No había necesidad de matarla.
—Preguntabas que les pasaba y yo te lo mostré. Ahora ya sabes de que soy capaz. Todos tenemos que ser fuertes en este mundo, pero aun así, todos tenemos un punto débil. Este es el tuyo. No soportas ver la muerte de tan cerca y más si esta es por tu culpa. Ya te respondí, ahora te toca a ti responder a mis preguntas.
—No pienso responder a nada. Estas loca.
En ese momento apareció otro tipo llevando a rastras a la niña que le había llevado agua en aquel camión. Terry volvió a levantarse y acercó su cuchillo a la garganta de la niña. –De ti depende ahora más que nunca de que no mate a la cría. Quiero que me digas de donde vienes y donde conseguiste esa cura de la que has hablado.
—Muy bien, se lo diré, pero prométame que la niña no sufrirá daños.
—Lo prometo, puede que sea una loca como bien dices, pero también tengo palabra. Ahora habla. Venga.
—Conseguí la cura en Madrid antes de que este desapareciera del mapa, pero esta cura que me administraron solo funciona una vez. Si ahora por ejemplo me volviesen a morder no tendría salvación. Estaría muerta. Después de Madrid llegamos a Manhattan donde a partir de mi sangre y la de una niña se sacaron bastantes vacunas con las que vacunaron al resto de habitantes de Manhattan. Todos los de allí están ya vacunados. No soy la única.
—¿Y que hacías fuera de Manhattan?— preguntó Terry, cuando Luci iba a responder escucharon un gemido y Terry le hizo un gesto para que callara. Seguidamente le dio la vuelta al cuchillo y se abalanzó sobre la chica a la que había matado instantes antes, esta le hundió el cuchillo en la nuca. –Casi se me olvida. Continua.
—Estaba fuera de Manhattan por que andaba buscando a un amigo mío que todos creen que está muerto, pero no es así. El sigue vivo.
—¿Dónde desapareció?— preguntó Terry.
—Cerca de Manhattan, muy cerca de donde me cogieron a mi— respondió Luci. –Ahora que se lo he contado todo… ¿Qué harán conmigo? ¿Me van a matar?.
—No. Sigues siendo muy valiosa— respondió Terry. No te mataremos, solo que no te dejaremos ir, te quedaras con nosotros para siempre… además, eso que has dicho de esa persona a la que buscas. Hace unas dos semanas, cuando merodeábamos por esa zona donde te encontramos a ti. Encontramos a un chico.
—¿Un chico?— preguntó Luci levantándose de golpe. –Necesito verlo. ¿Dónde esta?
Terry miró a Luci y sonrió. –Muy bien. Acompáñame.
*****
Manhattan…
Zona deshabitada…

David se despertó en medio de la habitación y le llevó un rato recordar donde estaba. Cuando se despejó se puso en pie y se acercó a la ventana para mirar la calle. Era de día y por las calles de abajo solo se veía pasar a pocas personas. En su mayoría yonkis que buscaban un lugar donde pincharse. David recogió todas sus cosas y decidió largarse de allí, no había dormido mal, pero desde luego lugares como ese no eran su idea de pasar la noche, tenía que buscarse otra cosa. Incluso se planteó ir a pedirle perdón a Alicia, era consciente de que había metido la pata hasta el fondo y que aunque lo pidiera, sabía que no merecía ser perdonado.
David fue bajando las escaleras poco a poco y cuando llegó a la puerta de la entrada escuchó ruido a sus espaldas, se dio rápidamente la vuelta y vio a una chica joven, estaba sucia e iba vestida como una vagabunda. No era una habitante de los túneles, más bien era una yonki.
—Oye… ¿tienes algo de mierda que puedas pasarme?.
—No… lo siento. No tengo nada que pueda pasarte. No vendo droga… tu no deberías tomar tampoco, eres muy joven.
—Gracias pepito grillo, pero si no me vas a vender nada márchate de aquí. Antes de que te encuentren otros, te robaran hasta los calzoncillos.
David le dio la espalda otra vez a la chica y luego salió a la calle. Cuando habían llegado a Manhattan no les habían dicho mucho sobre la gente que vivía allí, pero con el tiempo se había ido dando cuenta de que aparte de los habitantes de los túneles y los ciudadanos, dentro de la parte de los ciudadanos había algunos que no habían superado lo del fin del mundo y que en la droga habían encontrado una evasión. Era una pena que esas personas que habían tenido una segunda oportunidad de vivir estuviesen matándose poco a poco. Los yonkis eran un peligro en potencia, ellos no habían sido vacunados y cuando morían se reanimaban, por eso solían ver muchas patrullas dando vueltas por la ciudad, siempre atentos por si pasaba algo así.
Mientras David caminaba pasó por delante de un local donde había varias chicas prostituyéndose y varios clientes, era la primera vez que pasaba por allí. Se quedó un rato mirando hacia el local y entonces vio algo que lo hizo ocultarse en una esquina. Algo que no esperaba, siguió observando y entonces vio a Carlos, el hermano de Juanma hablando con un hombre de pequeño tamaño. Carlos le estrechó la mano y luego le entregó lo que parecía un fajo de billetes, seguidamente uno de los tipos que acompañaba al enano le entregó a Carlos una especie de maletín.
¿Qué había en ese maletín? ¿Qué era lo que Carlos estaba comprando? Entonces David pensó que sería mejor investigar. Había algo que olía raro en todo eso y le resultaba muy raro ver a Carlos con esas compañías.
*****

Eva estaba como encerrada en si misma y se pasaba horas sola en casa, no iba al trabajo y no iba a misiones. Simplemente llevaba a la niña al colegio y luego volvía a casa donde se encerraba y lloraba amargamente. La muerte de Juanma estaba siendo un duro golpe, en principio no quería creer que el estuviera muerto, pero por otro lado era imposible que hubiese sobrevivido ahí fuera. Ella no lo había visto, pero Vanesa y David le habían dicho que aquello era un hervidero de No Muertos, era totalmente imposible pasar entre ellos, además de que también el tiempo estaba en contra. Por mucho que deseara lo contrario, Juanma había muerto y ya no iba a volver, se había quedado sola, sola con la niña. En esos momentos alguien llamó al timbre y Eva se secó las lagrimas de la cara para ir a abrir, cuando abrió la puerta se encontró con el general Graham y con el padre Kaleb.
—¿Podemos pasar hija mía?— preguntó el sacerdote. –Solo deseamos hablar, luego nos iremos.
—Si… pasen.— respondió Eva haciéndose a un lado de la puerta. Cuando los dos hombres entraron, Eva cerró la puerta y seguidamente les pidió que se sentaran mientras ella les preparaba café.
—No tomaremos nada, siéntate con nosotros— pidió el general Graham. –Seremos breves.
Eva se sentó y se quedó mirando a los dos hombres. —¿Y bien?.
—Estamos preocupados por ti. Somos conscientes de que estas pasando por un mal momento, pero si sigues así acabaras enfermando. Debes salir más y tratar de despejarte— dijo Graham. –Ya me entiendes. Se que pediste el trabajo de ir a misiones, pero ahora no vas a ninguna. A decir verdad nunca has ido a ninguna. Necesitas despejarte y no quedarte encerrada en casa. Por eso hemos venido a ofrecerte un puesto en el colegio dando clases de educación física.
—No me interesa. Mi estado es solo asunto mío. Mi importa solo a mi si me consumo en mi amargura. Mi marido ha muerto, no me pidan que lo olvide tan deprisa.
—Entendemos lo que sientes— respondió el padre Kaleb.
—¿Entiende lo que siento? Usted nunca ha estado casado, así que no me diga que sabe como me siento. Nadie que no haya perdido a la persona a la que ama entiende mi angustia.
En ese momento alguien abrió la puerta de la casa, cuando Kaleb, Graham y Eva miraron hacia la puerta se encontraron con la mirada de Carlos.
—¿Qué esta pasando aquí?— preguntó Carlos mirando a Graham y a Kaleb.
—Vinimos a ver el estado de Eva— respondió Graham. –Estábamos preocupados por ella.
—Ahora ella y la niña son responsabilidad mía y seré yo quien se preocupe por su bien estar, es lo que querría mi hermano. Ahora… pueden irse.
Graham y el padre Kaleb se miraron y se pusieron en pie para ir hacia la puerta. Antes de salir, el padre Kaleb se dio la vuelta y miró a Eva. –Recuerde que mi iglesia siempre está abierta para quienes lo necesitan. Segundos más tarde ambos desaparecieron detrás de la puerta, dejando a Carlos y a Eva a solas.
—¿Llevaban mucho tiempo aquí esos dos?
—No. Vinieron a ofrecerme ser la profesora de gimnasia… ¿Sabes? Creo que aceptaré, creo que me ayudará a no comerme tanto la cabeza. Será una distracción y pasaré más tiempo con Vicky. La niña me necesita más que nunca.
—Te necesita más que nunca… ya. A que no pensabas eso cuando te querías matar. No… claro que no lo pensabas. Eres una egoísta.
—¿De que coño vas? ¿Con que derecho te crees para decirme eso?— dijo Eva levantándose de golpe, seguidamente comenzó a darle golpes a Carlos en el pecho. –Estas aquí por que no tienes donde vivir. No para ejercer de padre ni de marido. No lo eres.
—Pero aun así ejerzo de ello y no lo dejaré solo por que tú me lo digas. Es lo que mi hermano querría. Además, te salvé la vida, si no llegó a intervenir estarías muerta. ¿Lo entiendes? Pero tienes que saber también por que lo hice. Lo hice por que te quiero, por que me importas.
—¿De que estas hablando?— preguntó Eva.
En ese momento Carlos se inclinó sobre ella y la besó en los labios. Rápidamente Eva se apartó de el y lo empujó. —¿Qué haces? ¿Cómo te atreves?— Eva comenzó a derramar lagrimas. –Soy la mujer de tu hermano.
—Mi hermano está muerto Eva y yo me siento muy solo. Se que tu también te sientes sola. Y no tenemos el por que sentirnos así, podemos llevar una nueva vida… juntos.
—¿Has perdido la cabeza? Escúchame bien Carlos. Nunca— Eva apartó a un lado a Carlos y salió de la casa. Necesitaba tomar el aire.
*****
Bristol…
Connecticut…

Luci fue llevada hasta un camión, cuando abrieron las puertas vio que el interior estaba oscuro, pero al final se podía ver una silueta tirada en suelo. Estaba acurrucado en postura fetal y de cuando en cuando temblaba de frio. Luci podía escuchar como tiritaba de frio.
—¿Qué es esto?— preguntó Luci mirando a uno de los hombres que estaba allí, luego miró a Terry. —¿Qué es?.
—Es ese tío al que te dije que encontramos— Terry miró a sus hombres. –Sacadlo de ahí vamos.
Seguidamente dos de los hombres entraron en el camión y sacaron a rastras a un chico totalmente desnudo y sucio. Este estaba tiritando de frio. Luci trató de acercarse, pero Terry le cortó el paso.
—Está muy enfermo, podría morir en cualquier momento. No quiero que muera sobre ti y se reanime y te muerda. Ya me ocupo yo— Terry avanzó hasta el chico y lo obligó a levantar la cabeza, luego Terry miró a Luci. —¿Es este? ¿Es a el a quien buscas?.
Luci se lo quedó mirando y rápidamente negó con la cabeza. –No, no es el. No lo conozco.
En efecto ese chico no era Juanma. No lo había visto nunca, pero ante ella tenía a un muchacho de más o menos su edad, este estaba totalmente demacrado. Lo tenían allí encerrado como si fuera un animal, era obvio que estaban esperando a que muriera y no querían tenerlo cerca de los demás. Finalmente Terry lo soltó y los hombres volvieron a meter al pobre chico dentro del camión, luego volvieron a cerrar la puerta, dejando de nuevo al chico enfermo aislado del mundo. Luci sentía cada vez más odio por aquellas personas.
—Traedme agua y desinfectante, quiero lavarme las manos— ordenó Terry.
Rápidamente dos mujeres aparecieron con un cubo lleno de agua en el que seguidamente Terry comenzó a lavarse las manos, tuvo que frotárselas varias veces antes de sacarlas, cuando terminó volvió a mirar a Luci.
—Las enfermedades también es algo a tener en cuenta. Es otro problema que existe en este mundo. No estamos seguros en ningún sitio. Es mejor que te quedes aquí con nosotros. Ahí fuera no estas segura.
—Quiero volver a Manhattan. Allí lo tengo todo— respondió Luci. –Y debo seguir buscando a mi amigo. Dejen que me vaya.
Terry sonrió y se cruzó de brazos. –Me temo que eso no va a ser posible. Nosotros no te vamos a llevar y tratar de regresar a pie sin armas es un suicidio, nunca llegarías. Te cogería un rebaño, animales salvajes u otro grupo. Puedo que ni eso, el clima te mataría antes o pisarías en mal sitio y acabarías despeñándote por algún sitio. Olvídalo, te quedaras aquí, ahora nos perteneces— Terry miró a dos hombres muy grandes que estaban allí. –Llevárosla y sedadla, que esté tranquilita.
Los dos hombres se acercaron a Luci con intención de cogerla, pero Luci se revolvió y logró quitarle a uno de ellos la pistola de la cintura. Seguidamente se alejó de allí y comenzó a apuntar a todos los presentes. Algunos incluso se tiraron al suelo con las manos en la cabeza.
—¿Qué estas haciendo? Deja ese arma ahora mismo. Te recuerdo que estas sola y nosotros somos más que tu. Puede que logres disparar y matar a uno de nosotros, quizás a dos— en ese momento comenzó a aparecer gente apuntando a Luci directamente a la cabeza. –Una orden mía y abrirán fuego. Estas rodeada.
—Prefiero estar muerta entonces. Antes que fracasar en lo de encontrar a mi amigo o permanecer aquí con un atajo de locos— respondió Luci quitando el seguro del arma.
En ese momento Terry hizo un gesto con la mano y un disparo se escuchó. Luci sintió un dolor penetrante en la espalda y seguidamente se miró el estomago y vio como se iba formando una mancha. Se tocó y al levantar la mano vio que la tenía llena de sangre. Seguidamente se desplomó en el suelo con la mirada clavada en el cielo nublado y que amenazaba con tormenta. Entonces la cara sonriente de Terry se interpuso.
—Ya te dije que no ibas a ir a ningún lado. Si no eres para nosotros no serás para nadie. Eso que te quede claro.
Luci sentía que se iba, poco a poco fue cerrando los ojos, antes de cerrarlos del todo vio la sonrisa de Terry de lado a lado. Esa iba a ser la última cara que Luci iba a ver antes de morir.
*****

Manhattan…

Eva se encontraba en el cementerio, no solía acudir mucho por que ver la foto de Juanma en la lapida le causaba mucho dolor, pero allí estaba observando la foto de Juanma. Era extraño lo que sentía, aunque estaba triste aceptaba la muerte de este, pero aun así sabía que estaba yendo a visitar una tumba vacía. No había cuerpo que recuperar, no lo habían encontrado ni como uno más de los No Muertos, lo cual era lo más probable teniendo en cuenta la situación en la que estaba cuando supuestamente murió. El no encontrarlo era lo que había dado esperanzas a Luci de que siguiera vivo.
En ocasiones, Eva también quería pensar lo mismo, pero hacer eso era ilusionarse, solo podía aceptar que estaba muerto y que ya no iba a volver.
—Juanma, quería pedirte perdón. Mi vida sin ti está siendo tan dura que a veces la misma vida se me hace imposible. He intentado suicidarme… si, se que hubiese sido un error por que hubiese dejado sola a la niña. Ahora me doy cuenta de ello. Lo siento. Se que nunca me lo perdonarías, pero te prometo que a partir de ahora saldré adelante y lucharé contra todo lo que se interponga en mi camino. Voy a ser una verdadera luchadora. Te lo prometo— Eva puso su mano sobre la foto y la acarició.
Justamente en ese momento vio como Yuriko y Vanesa entraban también en el cementerio, al verla se acercaron.
—No esperaba encontrarte por aquí. ¿Has venido a verlo?— preguntó Vanesa.
—Si, pensé que ya era hora— respondió Eva. –Voy a tener que hacerlo más a menudo.
—Yo quería pedirte perdón. Tendría que haber vuelto antes a por el. En parte es culpa mía esta situación— comenzó a disculparse Vanesa.
—No te preocupes— respondió Eva. –No podías hacer nada. Si en medio de esa tormenta hubieses salido seguramente serían dos muertes las que tendríamos que lamentar.
—Yo también lo lamento. Juanma era también amigo mío. Si pudiera me cambiaria por el.
Eva se acercó a ellas y las abrazó. En ese momento vio una silueta entre los arboles, esta estaba de pie y las observaba desde la espesura. No podía ver quien era por que esa persona estaba escondida bajo una capucha. Eva se separó de Vanesa y Yuriko y se quedó mirando hacia los arboles.
—¿Qué ocurre?— preguntó Yuriko mirando también hacia los arboles al igual que Eva.
—Ahí había alguien observándonos. Nos estaba mirando.
En ese momento vieron a la silueta correr entre los arboles.
 –¡¡¡Va por ahí!!!— gritó Eva echando a correr hacia los arboles. Yuriko y Vanesa la comenzaron a seguir al instante. Pocos segundos después las tres se habían adentrado entre los arboles persiguiendo a la silueta desconocida. No pasaba por allí por casualidad, estaba allí mirándolas a ellas.
—¡¡¡Está allí!!!— gritó Yuriko señalando a un punto de aquel bosque blanco.
Las tres volvieron a comenzar a correr, la que más corrió fue Eva, esta se adelantó más y se quedó sola. Había perdido de vista a Yuriko y Vanesa. En esos momentos comenzó a nevar. Entonces Eva vio un trozo de ropa de abrigo detrás de un árbol.
—¿Quién eres? Sal…— Eva sacó el arma y apuntó. —¡¡¡Sal!!!
—Vale, pero no me dispares— respondió la voz de una chica, la cual a Eva le sonó mucho. Ya la había escuchado antes. Cuando la chica se mostró y se quitó la capucha, Eva la reconoció. Era la misma chica que Juanma había llevado a la casa. Era Kimberly. –Eres tú. ¿Qué demonios haces aquí?.
—Vine a visitar su tumba— respondió Kimberly con las manos en alto. Justo en ese momento llegaron Vanesa y Yuriko. Cuando vieron que Eva estaba apuntando a la chica, ellas hicieron lo mismo.
—¿Quién es?— preguntó Yuriko.
—Es una habitante de los túneles. Antes de morir, Juanma la trajo a casa. Yo misma la eché para no meternos en líos.
Kimberly miraba a las tres chicas con las manos en alto, temía que abrieran fuego contra ella. No sabía cual era el pensamiento de las otras dos con los habitantes de los túneles. Por lo que sabía, estas podían abrir fuego en cualquier momento, ya que ambas formaban parte de los militares. Desde luego no confiaba en ellas, aunque estas fueran amigas de Eva, en la cual si confiaba.
—Dejad que se vaya— dijo Eva bajando el arma. –No es ningún peligro, ni para mí ni para nadie. Es solo una niña.
—Gracias— respondió Kimberly bajando las manos. Luego se dio la vuelta y desapareció entre los arboles y los montículos de nieve.
Cuando Eva, Yuriko y Vanesa se quedaron a solas no articularon palabra alguna, pero Eva se imaginaba que aquella chica ocultaba algo y que estaba allí para algo más que para velar la tumba.
—Volvamos a casa— dijo Eva guardándose el arma en el cinturón.
*****
Bristol… Connecticut…
20:10…

Luci abrió los ojos de golpe y trató de recuperar aire. Fue entonces cuando vio que llevaba puesta una mascarilla de oxigeno. Recordó en ese momento lo del disparo y comenzó a palparse todo el cuerpo, buscando la herida, finalmente se la encontró en el estomago, también notó las vendas, se miró el brazo y vio la vía que la comunicaba con un gotero. Miró a su alrededor y vio también una bolsa de sangre que estaba entrando en sus venas. En ese momento vio a Terry en un lado de la habitación, estaba sentada y tenía un tubo en su muñeca por el que pasaba una sustancia de color rojo… sangre.
En ese momento Luci comenzó a sentir terror, lo que hizo que un hombre con aspecto de medico se abalanzara sobre ella para que dejara de moverse, este la inmovilizó y Luci comenzó a decir algo, pero el medico no parecía entenderla.
A Luci le estaba empezando a faltar el aire y escuchaba como el medico les decía  a Terry y a los demás que estaban allí, que estaba teniendo un ataque de pánico.
—Sédela— dijo Terry.
El medico volvió a pinchar a Luci en el brazo y esta volvió a quedarse dormida.

Día 18 de Diciembre de 2009
Día 544 del Apocalipsis…
Bristol (Connecticut)

Luci se fue despertando poco a poco y trató de quitarse la mascarilla, pero entonces apareció Terry y comenzó a acariciarle el cabello con delicadeza mientras le susurraba que estuviera tranquila. Que no le iba a pasar nada, entonces Luci recordó lo de la sangre y pareció que volvía a entrar en estado de pánico, pero fue en ese momento cuando Terry le puso la mano sobre la frente.
—Se lo que te pasa. No te preocupes. Mi sangre no te infectara… ¿Recuerdas cuando te dije que eras muy valiosa? Lo eres, lo que no te dije es que no eres única en ese aspecto. Yo tengo un don también. Un don que me hace muy especial— Terry vio que Luci ponía cara de que no entendía lo que iba a pasar y entonces Terry se puso de pie. –Ahora te mostraré lo que quiero decir.— Terry fue hasta la puerta de la habitación y salió de allí. Unos segundos después apareció por la puerta agarrando a alguien, Luci lo reconoció enseguida, se trataba del chico enfermo y desnudo que vio en aquel camión, pero este se movía de forma extraña, cuando Luci vio su expresión se dio cuenta de por que se movía así, estaba muerto, se trataba ni más ni menos que de un No Muerto… y Terry lo llevaba como si fuera un perrito, era como si el No Muerto no reparara en ella, y sin embargo, cuando el monstruo vio a Luci trató de abalanzarse sobre ella. Algo que Terry impidió tirando de el y volándole la cabeza.
—Como ya te dije. Tengo un don. Un don que me ha ayudado a seguir viva todo este tiempo y a ganarme el puesto que tengo entre mi gente— Terry notó como los ojos de Luci se abrían de par en par. –Oh si, lo has adivinado. Para ellos soy invisible, no se ni como ni porque, pero es así. Eso me convierte en una diosa en un mundo que se esta apagando poco a poco. Llegará el día que estos seres ganaran la batalla y solo los que son como yo… perdón. –Terry volvió a acariciar a Luci y luego la miró a los ojos. –La gente que son como nosotras… se alzaran como los nuevos dueños del mundo. Se que esto nos convierte en elegidos. A ti por sobrevivir por la vacuna y ya no tener el virus… a mí por ser invisible para ellos. En mi sangre no hay tampoco rastro del virus. Juntas, seremos las guías de aquellos que sobrevivan.

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