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sábado, 8 de febrero de 2014

NECROWORLD Capitulo 22



Día 16 de Diciembre de 2009
Día 542 del Apocalipsis…
Manhattan… zona segura…

Ethan se despertó en la cama que compartía con Luci, no se sorprendió al ver que no estaba con el, seguramente había salido. La noche anterior tras volver de la búsqueda, mientras el regresaba a casa ella decidió quedarse entrenándose en el Madison Square Garden, luego volvió y como el estaba medio dormido no intercambiaron ninguna palabra.
Ethan caminó hacia la cocina con intención de beberse un zumo, cuando llegó a la nevera vio que había una nota pegada en esta, Ethan la cogió y comenzó a leer.
“He decidido ampliar mi búsqueda y me tiraré un tiempo fuera de la ciudad, sola cubriré más terreno. No te preocupes por mí, estaré bien. Por favor, no vengas a buscarme, volveré antes de que te des cuenta y no lo haré sola”
Ethan lanzó un gruñido y arrugó la nota. Para el Luci estaba obsesionada buscando a alguien que estaría seguramente muerto, era imposible que hubiese sobrevivido y el no entendía por que seguía creyendo en lo imposible. Persiguiendo esas quimeras, Luci solo se metería en líos.
*****

En algún lugar lejos de Manhattan…

Luci abrió los ojos después de notar varias sacudidas, al hacerlo vio que estaba tapada con una manta en medio de una leve oscuridad. Se incorporó y tosió a causa del polvo. Notaba la vibración debajo de ella y escuchaba el sonido de un motor, lo que le hacía pensar que se encontraba dentro de un vehículo, seguramente un camión. Buscó a tientas sus armas, pero no encontró ninguna. Cuando miró a su alrededor vio a más personas de diferentes sexos y edades, junto a ella había una niña morena, esta le traía agua. Luci le dio rápidamente un trago al agua y notó que esta no tenía buen sabor. Después descubrió que el agua la sacaban de un cubo que había en una esquina, no quiso imaginarse de donde la habían sacado.
—¿Qué pasa? ¿Dónde estamos?— preguntó Luci, pero nadie contestó. Solo se dedicaban a murmurar entre ellos. —¿Qué pasa? ¿Es que nadie habla mi idioma?.
En ese momento alguien le susurró al oído, por la voz se trataba de una chica y por el acento parecía Mexicana. –Silencio Gringa o harás que nos maten, ellos no quieren que hablemos.
—No soy gringa. Soy española— dijo Luci mirando a la chica. Entonces vio como esta le hacia el gesto para que bajara la voz. —¿Dónde estamos? ¿Qué esta pasando aquí? Necesito volver a Manhattan, tengo algo que hacer.
—No se donde estamos, llevamos meses recorriendo los estados unidos, a ti te recogieron hace un par de horas. Has estado inconsciente hasta ahora, pero puedo decirte donde nos llevan. Somos esclavos y estos tipos nos pasean por USA vendiéndonos a otras comunidades o nos intercambian por comida o munición. Por aquí los llaman…
Un hombre viejo trató de impedir que la chica siguiera hablando, pero la muchacha no le hizo ningún caso. –Los llaman los cazadores. Por otro lado has tenido suerte de que ahora tengan comida, por que de no tenerla… seguramente nos estarían alimentando con tu carne… ya lo han hecho antes.
—Tenemos que salir de aquí— dijo Luci levantándose de golpe. Luego comenzó a caminar entre la gente, algunos estaban sentados a su alrededor, otros estaban tirados en el suelo. Y el olor a heces y orina era insoportable. Cuando Luci llegó a las puertas traseras por las que la habían metido allí dentro trató de abrirlas, pero estas estaban totalmente cerradas. –Claro… no iban a dejarlas abiertas.
En ese momento la chica con la que había estado hablando se le acercó por detrás y tiró de ella. —¿Qué haces? Vas a conseguir que nos maten, no te imaginas de lo que son capaces estos pendejos.
—Les romperé los huevos como se me acerquen más. Solo digo eso.
De repente el camión frenó y Luci cayó de espaldas. Entonces la puerta se abrió de golpe y un grupo de tipos comenzó a entrar con palos y cuerdas. Estos comenzaron a poner cuerdas a alrededor de los cuellos de la gente. En ese momento Luci vio que era el momento de escapar, golpeó al que trató de agarrarla y luego se puso en pie. Corrió entre la multitud y de un salto salió del camión.
Mientras Luci corría vio que se encontraba en medio de un bosque nevado, a sus espaldas escuchaba los gritos de sus perseguidores. No sabía cuantos eran, lo único que sabía era que estaba sola y que sola se las iba a tener que apañar. Se sintió mareada y se llevó una mano a la cabeza, cuando se tocó la cabeza se notó la sangre reseca.
Luci se frenó y se ocultó detrás de un tronco, necesitaba huir, pero también tenía que estudiar su situación antes de seguir huyendo a ciegas. Mientras estaba escondida escuchó los ladridos de unos perros y como los hombres gritaban que bajo ningún concepto la mataran. Que tenía que estar ilesa.
—Joder… perros… lo que me faltaba.
Luci se levantó tratando de echar a correr, pero entonces se dio de bruces con un adolescente que había salido de la nada. Era un chico de unos quince años con el pelo por los hombros y una chaqueta de piel. Sobre su cabeza llevaba una gorra de baseball. El chico se la quedó mirando y luego le apuntó con el arma, Luci podría haber hecho algo, pero entonces el chico comenzó a llamar a los demás.
—Tío Brett, está aquí. La fugitiva esta aquí. La tengo justo delante.
Pocos segundos después apareció allí un grupo de hombres, uno de ellos se acercó al adolescente y le quitó el arma de las manos. –Bien hecho Jimmy. Levantadla y llevadla junto a los demás.
Por como daba las ordenes, Luci intuía que ese debía ser seguramente el jefe o alguien con cierto mandato en aquel grupo. Mientras llevaban a Luci hasta e camión vio a otro grupo de personas a los que habían estado con ella en el camión estaban de pie unos al lado de otros en formando una fila. Aunque lo que de verdad le llamó a Luci la atención fue ver como los que parecían recién llegados parecían estar eligiendo a los capturados.
Pusieron a Luci junto a la chica que le había hablado en un principio y la obligaron a quedarse quieta.
En ese momento uno de los que la habían cogido comenzó a pasearse delante de ellos. –Aquí tenemos un gran surtido. Los hemos ido encontrando por el camino. No tienen a donde ir… no tienen nada, por eso os los traemos aquí, por un módico intercambio podéis llevaros a un par de ellos. Hoy solo queremos munición, tenemos comida de sobras. Como podéis ver tenemos chicas muy guapas— el tipo aquel se paró delante de la chica que había estado hablando con Luci. La cogió por la barbilla y enseguida miró a un viejo que había allí. –Esta de aquí se llama Angie. Tiene veinte años y nos hicimos con ella en la frontera de México hace unos meses. Es todavía virgen. ¿Le interesa?.
El viejo se acercó a ella y la agarró por las mejillas, entonces la obligó a abrir la boca. –Tiene caries… no me gusta. Si me la chupa me contagiara algo.
En ese momento Luci trató de agredir a aquel viejo, pero alguien le dio un golpe en las piernas desde atrás y esta cayó de rodillas sintiendo un fuerte dolor. Seguidamente alguien la agarró del pelo y tiró de ella hacia atrás. —¿Y esta? ¿Qué le parece? Esta la conseguimos hace unas horas. Tiene buen aspecto, aunque es algo mayor y ya no será virgen, pero a veces es mejor la experiencia.
—Antes me gustaría probarla. ¿Puedo? No me gustaría llevarme una muerta de hambre que ni siquiera sabe moverse.
En ese momento Luci comenzó a gritar por salvar su vida. Aunque se imaginaba que eso era una locura, pero por el momento iba a ser su salvoconducto para salir de esa y que no la vendiesen a un viejo baboso. –No estoy infectada. Mi sangre lleva restos de una vacuna que me pusieron— entonces Luci levantó el brazo y mostró a todos la señal del mordisco. El silencio se hizo en aquel lugar en esos precisos momentos, seguidamente Luci sintió otro golpe y se quedó inconsciente.
*****
Manhattan… zona segura…
12:50 del medio día…

David se despertó y miró al otro lado de la cama donde seguía durmiendo Johana. Se levantó poco a poco y comenzó a vestirse, fue en ese momento cuando Johana se despertó y lo miró.
—¿A dónde vas?
—Vuelvo a casa. Alicia no se merece que le esté haciendo esto. Hace nada le estaba pidiendo tener un hijo y acto seguido estaba aquí. Me siento como un miserable.
—No es para tanto. Vienes aquí por que ella no te da lo mismo que yo. Esto es el apocalipsis y son nuevos tiempos. Escucha, déjala a ella y vente aquí conmigo. Lo pasaremos bien, ya lo veras.
—No Johana. Esta ha sido la última vez. A partir de ahora solo nos veremos en el trabajo. Además, dentro de nada tenemos una misión. Creo que nos mandan a Brooklyn Al menos eso me pareció entender el otro día.
David terminó de vestirse y se marchó de casa de Johana. Cuando llegó a la calle vio el ir y venir de la gente. Ellos estaban haciendo una vida normal, pero David y sus otros compañeros no podían. Habían perdido demasiado y a demasiados seres queridos. Cuando llegó el Apocalipsis David se centró en sobrevivir junto a sus compañeros y ya no volvió a saber nada de su familia, no sabía si seguían vivos, aunque probablemente era que no. Era muy difícil que hubiesen sobrevivido y de haber sobrevivido no estaban allí en Manhattan. Había encontrado una nueva familia junto a sus amigos y ahora había empezado una relación con Alicia, pero estaba apunto de estropearlo por su relación con Johana, pero para el ya había terminado.
Cuando David llegó a casa se encontró con Alicia sentada en el sofá del salón, al verlo entrar se lo quedó mirando.
—¿Dónde has estado?
—Decidí salir temprano a dar una vuelta. Necesitaba estar relajado para la misión de hoy.
—Estas mintiendo. No has estado en toda la noche. ¿Qué es lo que haces por las noches? ¿A dónde vas?.
—No tengo ganas de hablar de esto. ¿Vale?
En ese momento Alicia se fue hacia la habitación y sacó una maleta. Entonces la lanzó hacia los pies de David. Este se quedó con cara de no entender que estaba pasando y el por que Alicia reaccionaba así.
—¿Te crees que soy estúpida y que no se que seguramente te ves con otra? No es la primera vez que haces esto de desaparecer durante la noche y volver al amanecer o al medio día. Eso solo puede significar que tienes a otra.
—Lo siento. Perdóname— dijo David acercándose a Alicia, pero esta lo rechazó. –Alicia, te quiero. Tú lo sabes. Esto ha sido un desliz que tuve y que no se volverá a repetir.
—Si me quisieras no harías esto. Márchate. No puedo decir que no quiero verte porque te veré lo quiera o no. Solo te pediré que no te acerques a mí. Respeta eso.
—Como quieras— David cogió la maleta y caminó hacia la puerta. Cogió el pomo de la puerta y se dio ligeramente la vuelta. –A veces pienso que debería haber sido yo quien muriese allí en lugar de Juanma. Supongo que sería lo mejor en estos momentos para ti. Ya se que no sirve de nada… pero lo siento. –seguidamente David se marchó de casa.
*****
Manhattan… túneles…

Sheila salió del quirófano que tenían montado en uno de los túneles, este estaba ubicado en un antiguo cuarto de limpieza. Un cuarto que antes del apocalipsis, algunos trabajadores de los túneles usaban para guardar material de limpieza y que tiempo después Sheila había pedido que lo limpiaran, que sería un buen lugar para curar a los heridos. Una vez fuera, Sheila se encontró con Rachel y con Mouse.
—¿Qué tal esta?— preguntó Rachel.
—Ahora bien. Le he operado y saldrá adelante, pero no podrá moverse en un tiempo. Es mejor que no se mueva de ahí en un tiempo. Pero la pregunta es que hacemos con el. Si lo ven…
—No lo verán, le pedí a Kimberly que guardara el secreto y que no se metiera en más líos. Esto podría traerle graves consecuencias a ella. Ya me entendéis, basta con que lo sepamos nosotros.
—¿Y si lo trasladamos? Por que si hay más heridos querrán venir aquí. Entonces será un problema. Para todos— dijo Rachel.
—Yo tengo una idea— dijo en ese momento Mouse. –En mis constantes patrullas he llegado más lejos que nadie en estos túneles. Y he encontrado multitud de sitios y habitaciones a las que nadie salvo yo ha llegado. Podemos llevarlo a una de esas— Mouse miró a Sheila. —¿Cuánto tiempo tardarías en acondicionar una de esas salas con todo lo necesario?.
—¿Si me pongo con ello ahora mismo?— quiso saber Sheila.
—Si, si te pones con ello ahora mismo y llevas todo el material. ¿Cuánto tardarías?.
—Varias horas— respondió Sheila.
—Pues toma— Mouse sacó un mapa y se lo entregó a Sheila. –Recoge todo lo que tengas que recoger y ponte en marcha ya. En el mapa esta detallado todo como llegar. Espéranos allí, Rachel y yo cogeremos al enfermo y más material y nos veremos allí.
—Muy bien— respondió Sheila, luego besó a Rachel y comenzó a recoger todo lo que necesitaba. Cuando lo tuvo todo comenzó a correr.
Poco después Rachel y Mouse cogieron lo que quedaba por coger y la camilla, luego se pusieron en marcha por los túneles. En esos momentos el herido dependía de ellos. Tenían su vida o su muerte en las manos.
*****
En algún lugar lejos de Manhattan…

Luci se despertó tumbada en la cama de una habitación, lo primero que notó fue que nada vibraba, tampoco escuchaba el sonido de ningún motor. Si estuviese en algún vehículo este se habría parado, poco a poco abrió los ojos y vio que la habitación era grandísima e iluminada. Era obvio que no estaba en ningún vehículo. Trató de levantarse y vio que estaba esposada a la cama. Todo lo demás se le había olvidado, tenía que salir de allí y descubrir donde demonios estaba, miró hacia la ventana y vio que era de noche, no sabía cuanto tiempo había estado durmiendo, podrían haber sido horas.
Justo en ese momento se abrió la puerta y entró el charlatán que había intentado vendérsela a aquel viejo baboso. En parte se alegraba de estar ahí y no ser la fulana de ningún viejo asqueroso. Aun así sabía que estaba en serios problemas.
—Relájate. Así no conseguirás nada… mucho menos escapar.
Luci se quedó quieta y se limitó a mirar al tipo que la tenía allí retenida, no le expresaba ningún miedo por que no parecía peligroso, se trataba de un tío delgado y casi calvo al que una ráfaga de viento podría tumbar, pero por otro lado, Luci sabía muy bien que las apariencias engañaban. Ese tipo podría ser un lobo con piel de cordero y un autentico sádico. Y aunque Luci se veía capaz de tumbarlo de un solo golpe, en esos momentos tenía demasiadas cosas en su contra. Ni sabía donde estaba ni tenía sus armas a mano.
—Si prometes estarte quietecita te soltaré. No quisiera hacer daño a alguien tan valioso.
Luci asintió y el tipo le quitó las esposas, luego ella se quedó sentada en la cama, entonces comenzó a hacer las preguntas que tenía en mente.
—¿Dónde estamos? ¿Quiénes sois vosotros?
—Ahora mismo estamos en Bristol. Hemos parado a descansar. Yo soy Vernon, pero puedes llamarme Bern— dijo el hombre tendiendo la mano para estrechársela a Luci. Aunque Luci no se la estrechó. –Siento el mal entendido de antes. Te confundimos por una cualquiera, pero ahora nos damos cuenta de que eres algo más de lo que se ve a simple vista— decía Vernon mientras hacía varios gestos con la mano.
—¿Hacia donde nos dirigimos?— preguntó Luci.
—Primero haremos un viaje por los estados unidos buscando a más gente para venderla a grupos pequeños y finalmente iremos a Las Vegas. Allí será donde te quedes. Será un gran regalo lo tuyo.
En ese momento escucharon varios disparos en la calle y Luci se puso de pie para ir a mirar por la ventana. Enseguida vio a varios hombres correr.
—No debes preocuparte, tenemos la zona bien controlada. Hemos ocupado varias casas y acabado con varios caminantes. Mañana por la mañana nos marcharemos.
—No iré con vosotros a ninguna parte. Voy a volver a hacer lo que estaba haciendo— dijo en ese momento Luci. No tenía pensado seguir con aquellos tipos. Se dirigió hacia la puerta de la habitación y cuando la abrió se encontró con una mujer rubia de unos cincuenta y tantos años  haciendo guardia allí.
—¿A dónde crees que vas? Vuelve a la cama y descansa ahí. Si intentas escapar tendrán que dispararte y eres demasiado valiosa— la mujer miró en ese momento a Vernon. —¿Por qué la has soltado? Vuelve a esposarla.
—Lo siento jefa— respondió Vernon con cierto miedo. Entonces Luci se dio cuenta de algo. No era Vernon quien mandaba ahí, era esa mujer.
Vernon se puso de pie y agarró a Luci, la empujó a la cama y le volvió a poner las esposas, dejando a Luci inmovilizada otra vez. Seguidamente sacó una jeringuilla y se la clavó en el brazo, Luci no tardó en quedarse dormida otra vez.

Terry Alberona estaba al frente de aquel grupo de nómadas viajeros que se dedicaban a vender a supervivientes, ya no importaba lo que había sido en un tiempo anterior. Importaba quien y lo que era ahora. Cuando vio salir a Vernon, caminó hacia el con los brazos en jarras.
—¿Has podido averiguar más sobre ella además de lo de su sangre? Es importante saberlo.
—No pude sacarle demasiada información, mañana será otro día jefa. ¿Se tienen los resultados de la sangre que le sacamos antes?— preguntó Vernon moviéndose nerviosamente, estar en presencia de aquella mujer lo perturbaba. Algunos la llamaban la dictadora. Era una mujer realmente peligrosa.
—Pues sácale información, que te diga de donde viene y de donde sacó esa vacuna de la que ha hablado. Si no tendremos que diseccionarla, seguro que muerta le sacamos más partido que viva. ¿Queda claro?
En ese momento la puerta de la casa se abrió y apareció uno de los hombres. Este venía con una sonrisa de oreja a oreja. Cuando Terry lo vio supo lo que significaba. —¿Ya está hecho?.
—Si jefa, lo de la sangre de esa chica es verdad. No hay ni rastro del virus. Dice la verdad.
Terry miró hacia la puerta y luego miró a Vernon. –Podemos vendérsela a Dorian en Las Vegas o simplemente quedárnosla nosotros y sacarle el máximo partido. Estoy harta de eso de que al morir nos vayamos a reanimar. Estoy pensando que debe venir de un lugar cercano a donde la encontramos. Quizás de Manhattan. Si ella viene de allí es evidente que hay más como ella y vacunas para nosotros.
—Si vamos a Manhattan podríamos meternos en medio de una guerra con Graham. No se si sería lo más sensato, pero seguramente es como usted dice jefa.
—Pues que así sea. Ponemos rumbo a Manhattan al amanecer— dijo Terry con una sonrisa de oreja a oreja. –Tenemos munición suficiente para atacar y ponerles las cosas difíciles. No pienso perder.
—Con todos mis respetos jefa. Pienso que aun es pronto para organizar un ataque. Deberíamos esperar un poco y hacer lo que usted misma ha dicho, sacarle información a la chica, así conoceremos el punto débil de la ciudad y sus habitantes.
Terry se pasó un dedo por los labios y miró a Vernon. –Es cierto… tienes razón, me he dejado llevar por la emoción del momento. Muy bien, lo haremos así. Me alegra tenerte a mi lado Vernon, eres inteligente. ¿Podrías decirme otra vez tu coeficiente intelectual?
—Ciento setenta y cinco jefa—  respondió Vernon. –Por eso me mantiene a su lado, me lo dijo ya muchas veces.
—Bueno, pues dejaré que seas tú quien lleves todo este asunto y tomes decisiones. Cuando creas que podemos llevar a cabo mi idea me lo dices. Mientras continuemos con lo de sacar información. Hagamos las cosas bien.— Terry miró al hombre que había ido a confirmar de la sangre. –Retírate y diles a los demás que sigan patrullando la ciudad.
—A la orden.
El hombre se retiró y luego lo hizo Vernon. Una vez se quedó sola en aquella casa fue a la habitación donde estaba Luci y la observó mientras dormía. Seguidamente le pasó la mano por el cabello. A Terry le parecía atractiva la chica. Había visto a muchas chicas desde que había comenzado el Apocalipsis, pero nunca había visto a una chica como ella, esta estaba rebosante de vitalidad y por lo poco que sabía de ella, sabía que era una chica valiente y decidida, eso era algo que también había podido juzgar después de encontrarla donde la encontraron. Esa chica era una mina de oro en muchos sentidos. Le gustaba.
Terry se puso de pie y salió de la habitación, pensó que podrían quedarse un tiempo en Bristol, allí los caminantes no eran muy numerosos y podrían establecerse por un tiempo indeterminado. Tenían medios más que suficientes para mantener a raya a los No Muertos que llegaran gracias a los intercambios que había logrado, personas por armas y munición, aquello era un autentico chollo.
*****

Manhattan… zona segura
22:00 de la noche…

David y su grupo habían vuelto de la misión en Brooklyn, no habían tenido que lamentar victimas y habían traído medicamentos y comida en lata. Además de varias semillas que podrían sembrar. Aun así, la comida no era mucha y en la ciudad eran muchas personas a las que alimentar, la comida no iba a durar siempre y algún día se les acabaría, por otro lado se presentaba un duro invierno.
Cuando llegaron al Madison Square Garden, David se acercó a Johana. La chica se le quedó mirando y supo que algo no iba bien.
—¿Qué te pasa? ¿Por qué pones esa cara de cordero degollado?.
—Aun no se como, pero Alicia se ha dado cuenta de que he estado saliendo por las noches y le he sido infiel. Me ha echado de casa. ¿Podría irme a tu casa un tiempo?.
—¿Salías de noche a escondidas y te sorprende que te hayan pillado? Eso pasa siempre, parece mentira que no te des cuenta, te tenía por un chico más inteligente.
—Bueno… ¿pero me puedo quedar en tu casa o no?— preguntó David.
Johana se dio la vuelta y sonrió. –No, no puedes. Una cosa es vernos y follar, quizás pasar la noche juntos… abrazaditos tal vez, pero nada más. ¿Acaso pensabas que caminaremos cogidos de la mano hacia la puesta de sol? Lo siento guapo. Las cosas son así, me gusta ir a mi bola y follarme a quien me de la gana. Estos días has sido tú y mañana podría ser otro.
—Zorra— respondió en ese momento David.
—El mundo ya no es el que era. Todo ha cambiado, yo no tengo la culpa de que sigas pensando que todo sigue igual. Hazte un favor a ti mismo y pon los pies en la tierra— en ese momento Butch se acercó y agarró a Johana por detrás. Enseguida este miró a David.
—¿Qué pasa? ¿Querías algo de nosotros?— Butch miró a Johana. —¿Qué le pasa?.
—Está dolido porque su chica le ha dejado al enterarse que follaba con otra— Johana miró a Butch y estos comenzaron a reír. –Y ahora pensaba que podría venir a mi casa a vivir juntos y felices… pobre.
—Bueno… podríamos hacer una excepción y dejarlo venir. Tengo curiosidad por los tríos. Aunque se me ocurre algo ¿Por qué no vamos a buscar a esa novia tuya y nos montamos un cuarteto? Tú te follas a Johana otra vez y yo a esa preciosidad. Y cuando el bebé sea mayor podríamos montarnos un quinteto, hasta entonces podemos dejar que mire— Butch comenzó a reír.
David apretó los puños y decidió darse la vuelta para marcharse de allí. Sabía que si se quedaba iba a acabar dándole una paliza a Butch, el cual estaba pasándose de la raya, mientras David se marchaba seguía escuchando las risas y las burlas de Butch, hasta que de repente alguien lo agarró del hombro y lo hizo darse la vuelta, entonces David se vio cara a cara con Butch.
—¿Es que no vas a decir nada? Ya veo… además de un mierda eres un cobarde. Tú tendrías que haberte quedado en el hunvee en lugar de tu amigo. El esta muerto por tu culpa.
Butch había dejado ir la gota que había desbordado el vaso con aquel comentario. Sin pensárselo dos veces le dio a Butch un cabezazo y luego comenzó a darle repetidos puñetazos en la cara. Seguidamente cayeron al suelo y David cerró sus manos en torno al cuello de Butch. Casi lo había dejado sin aire cuando un grupo avisado por Johana acudió corriendo para separarlos. Unos agarraron a David y lo alejaron de Butch mientras atendían al herido.
—Soltadme. Voy a matar a ese hijo de puta. Lo mataré, lo mataré. ¡¡¡¡Soltadme!!!!
Johana se quedó allí parada observando como se llevaban a David, luego cuando se lo llevaron se quedó mirando a Butch, su cara estaba hinchada y ensangrentada, David se había ensañado bien con el, de haberlos dejado seguir, David habría matado a Butch.

David  estaba sentado en una silla en un despacho a solas, con las manos sobre las rodillas, estas aun le temblaban a causa de los nervios. Justo en ese momento se abrió la puerta y vio entrar al sargento Cooper.
—¿Qué coño ha pasado ahí fuera? Se supone que sois un equipo y que debéis matar caminantes, no entre vosotros. No sois más que unos capullos problemáticos. He visto lo que estaba pasando antes de que decidieras hacerle la cara picadillo a ese rockero de pacotilla. ¿Es por esa zorra?... ¿Si?... me cago en la puta. Esa tía no merece la pena, sois los dos unos gilipollas. Debería encerraros a los dos y tirar la puta llave.
—No fue por la chica. Fue por algo que dijo. Habló de lo ocurrido hace dos semanas en el hunvee. Dijo que debía haber sido yo quien se quedara. Eso me hizo entrar en un estado de rabia. Lo habría matado si no llegan a detenerme.
—¿Tanto te duele que digan eso? Es una gilipollez— dijo Cooper. –Aquí hay quien muere y quien sobrevive. Tu amigo murió y tu estas aquí. Lo que dijo ese gilipollas debería importarte tres cojones.
—Es que tenía razón. Solo quedábamos Juanma y yo sobre el hunvee cuando el me cedió el puesto en el helicóptero. Yo subí y el se quedó. El está muerto por mi culpa.
—Eso es una completa estupidez. El hizo su elección y esta terminó con su muerte. Lo mismo que si te hubieses quedado tú, habrías muerto tú. Si hubiese estado yo y me hubiese quedado yo, habría muerto yo.  Estas cosas son así. Ahora escúcheme bien soldado, no quiero más peleas. Ahora retírese.
—A sus órdenes— respondió David, seguidamente se levantó y salió del despacho.

David se marchó del Madison Square Garden y comenzó a caminar por las calles, pensó en ir a su casa, pero entonces recordó que Alicia lo había echado de su casa. Podía ir a casa de cualquiera de los otros, pero no quería enfrentarse a las miradas acusadoras por lo que había hecho. Le había hecho daño a Alicia y eso nadie se lo iba a perdonar, ni siquiera se podía perdonar el mismo. A esas horas todos sabrían lo que había estado haciendo.
Mientras caminaba se le ocurrió la idea de ir hacia la parte de la ciudad que tenía casas desocupadas. Podría tomar cualquiera y quedarse a vivir allí, podría estar tranquilo sin dar explicaciones ni sentirse culpable.
Caminó varias manzanas y eligió uno de los edificios. Se acercó a la puerta principal y comenzó a abrirla, entonces antes de abrirla del todo sacó el arma. Sabía por boca de otros soldados que a veces en esos edificios había algún No Muerto solitario.
Con el arma en la mano cruzó la puerta y se vio en un oscuro y silencioso rellano. Seguidamente comenzó a subir las escaleras con la pistola y la linterna por delante. Inspeccionó varias de las puertas y vio que estas estaban todas cerradas a cal y canto.
Subió varios pisos y finalmente encontró una puerta que estaba abierta, cuando la cruzó tuvo que taparse la nariz para no tener que notar aquel horrible hedor a descomposición. Puso el sentido de la vista y el oído al máximo por si aparecía una silueta allí y saber diferenciar rápidamente entre si era un vivo o un muerto. No quería cometer un error.
Inspeccionó bien aquel piso y vio que estaba vacio, volvió hacia la puerta y la cerró, seguidamente se fue hacia una habitación, nada más entrar vio que esta estaba vacía a excepción de un colchón en el suelo. Finalmente se tumbó en el colchón y se quedó dormido.
*****
Manhattan… túneles…

Sheila ya tenía el nuevo quirófano preparado y ya habían dejado al paciente en el. Sheila, Mouse y Rachel sabían que este estaba grave y que había tantas posibilidades de que se salvara como de que muriera. Por un lado, Mouse pensaba que si moría era mejor, dejaría atrás ese mundo oscuro, aunque si moría, luego tendría que rematarlo cuando se reanimara. Aun así tenía que preguntar a Sheila.
—¿Hay probabilidades de que se salve? ¿Si o no?.
—Aun es pronto para saberlo. Pero tenéis que saber algo, estaba tan mal que he tenido que inducirle un coma. Ahora mismo no se si seria posible que despertara. Ahora mismo lo veo imposible.
—Bueno, el caso es que tenemos que cuidar de el, pero tenemos que hacerlo de una manera que ni aquí abajo ni arriba— Rachel miró a Sheila y a Mouse. – De modo que no noten nuestra ausencia, si notan nuestra ausencia, sea por el bando que sea. Estamos muertos.
Los tres miraron al paciente todavía sin tener muy claro como avanzaría la cosa. Solo les quedaba esperar y ver como se desarrollaban los acontecimientos, pero por el momento las cosas no marchaban bien para el paciente.

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