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sábado, 1 de febrero de 2014

NECROWORLD Capitulo 21



Día 15 de Diciembre de 2009
Día 541 del Apocalipsis…
Manhattan… zona infestada.

Ethan estaba solo en la calle junto a las dos motos de nieve. Las calles por el momento estaban vacías, pero no podía confiarse, en cualquier momento una horda de infectados podría hacer acto de presencia. Trató de contactar varias veces con Luci mediante el Walkie talkie que llevaba, pero esta no respondía, hacía más de media hora que la había perdido de vista.
—Luci… maldita sea, responde. ¿Dónde coño te has metido? Ya hemos buscado por aquí más de mil veces. Responde joder, una horda podría sorprendernos en cualquier momento. Luci… — Ethan alzó la cabeza y miró a su alrededor, pero seguía solo y Luci no respondía. –Luci… ¿Dónde cojones te has metido?.
*****

Luci caminaba por el interior de un edificio con una ballesta en una mano. Desde hacía días que habían empezado a notar falta de munición en el polvorín de la ciudad y no podían malgastarla, por otro lado, el sonido de las balas los atraían, y aunque fuera invierno no podía arriesgarse a que los atacaran, en otra mano sostenía el mango de su katana, siempre lo hacía igual si tenía que entrar rápido en acción.
Al entrar en aquel edificio se había dado cuenta de que se trataba de un hotel, hasta ese momento había abierto varias habitaciones y matado a varios No Muertos. El frio no les dejaba reaccionar a tiempo ante la presencia de seres humanos, eso le daba tiempo a Luci para actuar.
En ese momento su walkie talkie crepitó y escuchó la voz de su pareja Ethan, pero Luci no respondió. No tenía tiempo para hablar, rápidamente apagó el walkie talkie, el nerviosismo de Ethan la podría poner en serios aprietos en caso de vérselas con más de un caminante. Sabía que Ethan se iba a enfadar, pero en esos momentos había cosas más importantes que hacer, como encontrar a Juanma.
Juanma llevaba dos semanas desaparecido y todos lo daban por muerto, incluso habían organizado un funeral, desde entonces  Graham había vuelto al mando de la ciudad, pero Luci se negaba a creer en esa muerte, no podía ser que hubiese muerto, el no.
Luci sabía que era muy difícil salir de un hunvee rodeado de No Muertos, pero Juanma era un superviviente y ya lo había demostrado varias veces, por eso Luci se negaba a aceptar esa muerte, no quería pensarlo.
Llegó a un hall y comenzó a bajar unas escaleras, cuando llegó al piso inferior comenzó a apuntar hacia todas partes, entonces vio a uno de los infectados comiéndose a un ciervo en el suelo, al verlo, el corazón de Luci casi se paró, aquel No Muerto le recordaba a Juanma, el mismo corte de pelo y sin camisa. Al verlo, un sentimiento de rabia invadió a Luci y le apuntó a la cabeza, cuando la flecha salió disparada acabó clavándose en la cabeza del infectado, luego se acercó a el y le quitó la flecha.
Cuando el No Muerto estaba inerte, Luci le dio la vuelta poco a poco y entonces se dio cuenta de que no era Juanma, se le parecía pero no era el, había sido una falsa alarma.
Luci revisó el cadáver y encontró una cartera en uno de los bolsillos, cuando la sacó vio la documentación, era un joven llamado James Stevens, también encontró una foto donde el muchacho aparecía junto a una chica, seguramente su novia.
Con el susto inicial ya superado siguió mirando a su alrededor, el paso del tiempo estaba haciendo estragos en las zonas que no estaban siendo cuidadas por la mano del hombre, en invierno la nieve lo cubría todo y durante el verano y la primavera, la maleza envolvía edificios y asfalto, realmente estaba viendo lo que había visto en muchas películas, eso era el fin del mundo tal y como lo conocían. Luci se miró el reloj en esos momentos y vio la hora, estaba apunto de anochecer y todo el mundo sabía que no era seguro estar fuera de la ciudad durante la noche, había cosas peores que los No Muertos vagando por aquellas calles, recordaba como un par de días después de la desaparición de Juanma, un grupo dijo haber visto a un oso por allí, nadie sabía como había llegado hasta allí, pero por allí estaba.
Luci salió corriendo del hotel y llegó a la calle, allí se encontró con Ethan junto a las motos de nieve, al verla avanzó hacia ella.
—¿Se puede saber donde coño estabas? ¿Y porque apagas el walkie? Ya sabes que lo necesitas por si tienes problemas. No vuelvas a hacerlo nunca más.
—Lo que tú digas— respondió Luci metiendo la ballesta y las flechas en una maleta adherida a la moto de nieve.
—No lo has encontrado… ¿Verdad?— preguntó Ethan, aunque sabía cual iba a ser la respuesta. –Llevamos mucho tiempo buscándole, deberíamos empezar a aceptar la maldita realidad. Está muerto cariño.
—No vuelvas a decir eso… Juanma está vivo, se que lo esta y lo seguiré buscando hasta que lo encuentre y ni tu ni nadie me impedirá hacer esto… y si te interpones en mi camino te lo pondré fácil. Simplemente si no te gusta mi forma de hacer las cosas, mejor olvídate de mí.
—Estás persiguiendo una quimera. Si lo encuentras lo harás siendo el un No Muerto más. Eso será un golpe muy duro para ti. ¿Por qué quieres pasar por eso?— preguntó Ethan. –No volveré a acompañarte.
—Pues no lo hagas. No lo necesito— respondió Luci a la vez que al final de la calle veía a varios No Muertos salir atraídos por las voces de ambos en medio de la calle. Luci se subió a la moto de nieve y luego puso en marcha el motor. Ethan hizo lo mismo y ambos se marcharon de allí a toda velocidad. Quizás Ethan no volvería, pero Luci lo haría cada día.
*****
Manhattan…zona segura.

Carlos llegó a casa y caminó hacia la mesa donde estaban cenando Eva y la niña. Desde la muerte de Juanma el se había ido a vivir allí y cuidaba de ellas. Así lo había hecho desde entonces. Cuando llegó a la mesa se inclinó y le dio a Eva un beso en la mejilla y luego otro a la pequeña. Ambas lo estaban pasando bastante mal desde la muerte de Juanma, especialmente Eva. Se imaginaba que la niña también, pero esta lo estaba ocultando muy bien, era como si fuera ajena a todo, como si ya estuviese acostumbrada a ver la muerte en todas partes.
Cuando Carlos se sentó en la mesa miró a Eva. —¿Qué hiciste para cenar?
—Pollo— respondió Eva. –Era la comida favorita de… — Eva miró a la niña y se quedó en silencio.
Carlos cortó un trozo con el cuchillo y luego se lo llevó a la boca, masticó un poco y tragó, luego volvió a mirar a Eva. –Delicioso— seguidamente Carlos miró a la niña. —¿Cómo va el colegio? ¿Ya hiciste más amigos además de los hijos de Mike?.
—Si— respondió la niña. –Tengo una amiga que se llama Katrina. Su papá también se ha muerto.
Eso dejó a Carlos y a Eva parados sin saber que decir, entonces Carlos tuvo que ser rápido. –Todos morimos alguna vez, están los que mueren de forma natural y los héroes. Tu papá murió como un héroe, salvó a mucha gente antes de morir. El es un héroe y debes recordarle como tal.
En ese momento la niña se levantó de la mesa y dejó de comer. –Un muerto es un muerto y no volverá. Da igual si es un héroe o un no héroe.
Esas últimas palabras hicieron que Eva comenzase a llorar mientras la niña se alejaba en dirección a su habitación. Era la primera vez que hablaba así desde la muerte de Juanma, había mantenido silencio, pero había explotado en esos momentos.
—Hablaré con ella— dijo Carlos limpiándose la boca con la servilleta y poniéndose en pie. –Alguien tiene que hacerlo.
—Su padre ha muerto. No se que coño quieres decirle. Digas lo que le digas no vas a devolverle a su padre y mucho menos a mi marido— respondió Eva. –No te imaginas por lo que estoy pasando. Me duermo llorando cada noche… y eso si es que duermo.
—¿Te crees que no lo se? ¿Te crees que no te escuchó? Llevo oyéndote llorar desde que me vine aquí, pero Juanma se buscó ese destino, nada hubiese pasado si se hubiese quedado quietecito. No puedes pretender salvar a nadie en medio de una ventisca. Murió por ser descuidado.
En ese momento Eva dio un golpe en la mesa y se levantó de golpe. —¡¡¡Es como si no te importara una mierda que este muerto!!! ¡¡¡Era tu hermano!!!.
En ese momento los ojos de Carlos se llenaron de lágrimas. —¡¡¡Si!!! Mi hermano ¡¡¡¡Mi puto hermano!!!! Y no dejo que me veáis triste por que de mi fortaleza depende esta familia. Ahora mismo yo soy el hombre de la casa y os estoy sacando adelante como puedo, si me hundo en lágrimas que no me servirán para nada, esta pequeña familia se va a la mierda. No pretendas usar el que yo no me pase llorando las veinticuatro horas del día como excusa para decir que la muerte de mi hermano no me importa nada. Por que yo… precisamente yo he perdido también a mi mujer, ¡¡¡¡y estaba embarazada!!! Si no me hundo es por vosotras.
Eva se dio la vuelta y se fue a su habitación, cerró la puerta de golpe y Carlos se quedó solo en el salón. Después de la discusión se fue a la habitación de la niña y abrió la puerta poco a poco, una vez dentro vio a la niña en la cama de espaldas a el.
—¿Estas durmiendo?— preguntó Carlos.
—No— respondió Vicky, seguidamente se dio la vuelta. –No me gusta que discutáis y que mamá llore. No me gusta ver llorar a mamá.
Carlos avanzó hasta la cama y se sentó, luego comenzó a acariciarle el pelo a Vicky. –Mamá echa de menos a tu padre, igual que yo y los demás. No podemos evitar llorar. ¿Tú no lloras nunca? Ni aunque papá esté muerto.
—Yo no quiero llorar aunque esté triste. Tengo que ser fuerte y cuidar de mamá. Ahora solo nos tenemos la una a la otra. Tendré que cuidarla sin papá.
—No te preocupes. Yo seré tu papá algún día si quieres. Y os cuidaré, os cuidaré mucho. Te lo prometo.
—Yo no quiero más papás… todos se mueren— respondió la pequeña.
Las palabras de aquella niña dejaron a Carlos sin habla, era como si hubiese madurado de golpe, había notado ese cambio después del funeral de Juanma. Realmente no le sorprendía tanto, aunque no se lo esperaba así, pero eso significaba que esa niña se estaba amoldando a ese mundo en el que le estaba tocando vivir.
*****

David se sentía culpable, el era el ultimo que había subido al helicóptero y en ocupar el ultimo sitio libre, lo que hizo que Juanma se quedara en tierra, lo que ocasionó su muerte. No dejaba de plantearse que era el quien debía haber muerto en el hunvee y no Juanma. Eso era algo que no se perdonaría nunca.
Aunque su relación con Alicia había avanzado hasta formalizarse todavía más, desde hacía relativamente poco no se comunicaban demasiado, ambos estaban destrozados, no se querían creer lo que había pasado al igual que el resto de sus compañeros, todos estaban afectadísimos, habían llegado incluso a perder el contacto con Luci y Sandra. La primera que parecía ser la única que no lo aceptaba, salía constantemente en misiones personales de búsqueda, era una especie de cruzada en contra de la verdad, la segunda directamente estaba desaparecida, no quería hablar con nadie y no respondía al teléfono nunca. Habían llegado a pensar que se había quitado la vida, pero su compañera del muelle les había dicho que estaba bien, solo que no quería ver a nadie de sus compañeros. David podía imaginarse el porque y lo que sentía Sandra en esos momentos. En el pasado ella había logrado sobrevivir gracias a que Juanma se empeñó en ir a buscarla cuando podría haber pasado de largo.
En realidad todos estaban destrozados, solo habían pasado dos semanas desde que habían organizado el funeral y tenían que comenzar a hacerse a la idea de que Juanma ya no iba a volver.
En esos momentos David escuchó llorar al bebé y acudió corriendo a la habitación, era hora del biberón. Cuando lo cogió en brazos salió y fue a la cocina a preparárselo, un minuto después Alicia salió del baño. Había estado dándose una ducha.
—¿Le preparas tu el biberón cariño?
—Si, se lo preparo yo— respondió David.
—¿Sabes? Ya esta comenzando a dar sus primeros pasos. Dentro de poco lo tendremos corriendo por la casa. Lo malo es que no se cuando cumple años, ya no me acuerdo de su fecha de nacimiento, pero debe tener poco más de un año.
—Ya… puede que algún día tengamos al nuestro. Es algo que me gustaría. ¿Y a ti?.
Las palabras de David habían cogido a Alicia por sorpresa y ella no sabía muy bien que responder. Se había hecho cargo del hijo de Ana por una promesa que le hizo, pero con el mundo así jamás se plantearía tener hijos. No quería traer hijos a un mundo que estaba cada vez más muerto, un mundo cuyo futuro para ellos era incierto y sus vidas podían esfumarse en cualquier momento. ¿Qué haría si se quedase embarazada y David moría en una de las misiones? No podía planteárselo.
—Puede que algún día. ¿Vale?
—Como quieras— respondió David.

Después de darle el biberón al bebé se fueron a dormir. Hacia las cuatro de la madrugada David se despertó y miró a Alicia que estaba a su lado, con cuidado de no despertarla se fue levantando de la cama, se vistió y salió de casa.
Unos minutos más tarde llegó a una casa y llamó al timbre, cuando la puerta se abrió se encontró con Johana.
—¿Puedo pasar?— preguntó David.
Johana sonrió y se hizo a un lado para que David pasara. Una vez dentro se sentó en el sofá y Johana fue a la cocina a preparar dos copas de vino, cuando regresó le dio una de las copas.
—Si sigues viniendo así a escondidas tu novia te acabará pillando. Luego no vengas echándome la culpa a mí de que se ha enterado de que follamos. Ya sabes que solo se iba a quedar en una vez, pero luego has sido tu el que ha venido buscándome varias veces.
—Ya me las apañaré, es cosa mía— respondió David dándole un trago a su copa.
David le dio varios tragos a más al vino y cuando se levantó se acercó a Johana y comenzó a besarla. La compañía de esa mujer le ayudaba a olvidarse de todo lo demás, a olvidarse de Alicia y de su culpabilidad. Lo estaba pasando fatal.
*****

Sandra no quería hablar de momento con ninguno de sus amigos. Iba del trabajo a casa y de casa al trabajo. Siempre que llegaba a casa se abrazaba a su perro y lloraba hasta que se dormía. La muerte de Juanma había sido un golpe duro para todos, pero para ella había sido como si le arrancaran el alma, el había hecho mucho por ella. Gracias a el pudo volver a su casa a por su perro, ignorando  así el peligro y las negativas de los demás, se jugó la vida por ella aquella vez en el Cabañal y ella nunca había sabido agradecérselo, ahora ya nunca podría porque estaba muerto.
Ella pensaba que estaba mal no decirles nada a sus amigos ni hablarles, pero… ¿Qué otra cosa podía hacer? Justo en ese momento alguien llamó al timbre, no quiso levantarse a abrir pensando que se trataba de alguno de su grupo, pero entonces la voz de Parker pidiéndole que le abriera le despejó las dudas. Poco a poco se levantó del sofá y caminó hacia la puerta, cogió el pomo y lo abrió con cuidado, enseguida vio el rostro de Parker.
—¿Puedo pasar? Estoy yo solo. Será solo un rato.
Sandra se lo pensó un poco y luego abrió la puerta dejando paso a Parker. Cuando este estuvo dentro de la casa le mostró un ramo de flores que había comprado no hacía mucho abajo a un vendedor chino. Parker se las ofreció enseguida.
—Deberías ponerlas en agua.
Sandra sonrió y aceptó las flores, luego llenó un jarrón de agua y las metió dentro, seguidamente le ofreció a Parker un refresco y se sentó a su lado.
—¿Qué te trae por aquí?
—Estoy preocupado por ti. Se que no hablas con el resto de tus compañeros y cuando estamos en el trabajo apenas te comunicas con nosotros. Eso es señal de que no estas pasando un buen momento y como amigo tuyo que soy me preocupo. Vine a interesarme por ti.
—Estoy bien Parker. Es solo que la muerte de Juanma me ha dejado muy tocada. Verás, el era siempre el que nos dirigía y el motivo de que yo este viva aquí y hoy es gracias a el. Y al morir el… yo me siento frágil y perdida. Cuando estaba el me sentía mejor… pero ahora… temo morir siempre. Porque si alguien como el a muerto, los demás no tenemos la más mínima posibilidad de sobrevivir. Siento que nuestro tiempo en este mundo ha terminado, siento que ya no nos queda nada por lo que luchar.
—Te entiendo perfectamente, pero encerrándote en ti misma no lograras nada. No lo hagas. Deja que los demás te ayudemos ¿Vale?.
Sandra no pudo evitar ponerse a llorar y seguidamente abrazó a Parker. Tenía razón, no podía encerrarse en si misma. A partir de eso momento trataría de hacer las cosas mejor y acercarse más a sus compañeros, ahora más que nunca tenían que permanecer unidos.
*****

Tras dejar las motos de nieve en la entrada, solo Ethan había regresado a su apartamento. Luci no había querido acompañarle, esta había optado por volver al Madison Square Garden y seguir haciendo ejercicio.
Llegó sola y se puso unos guantes de boxeo, seguidamente comenzó a dar puñetazos y patadas a un saco de arena. Con cada puñetazo, el rostro de Juanma le venia a la mente y volvía a dar un golpe mucho más fuerte. Constantemente a su cabeza venían recuerdos de todo lo que había superado junto a Juanma. No se creía que estuviese muerto, tal y como había repetido más de una vez, pero no tenía la menor idea de donde podría estar, no había duda de que vivía, pero aun así había desaparecido sin dejar rastro.
Cada golpe que Luci propinaba al saco de arena era más furioso que el anterior.
—Vas a reventarlo al final como sigas dándole así.
Luci se dio la vuelta y vio entrar a Yuriko y Vanesa, las dos venían de una misión en algún lugar cercano a Manhattan. Luci sonrió a Vanesa y siguió dándole puñetazos al saco.
Vanesa miró a Yuriko y le dijo que fuera a ducharse, luego se quitó la chaqueta y se quedó en camisa de tirantes. Cuando Luci la miró le dirigió una mirada.
—¿Qué te parece si practicas conmigo en lugar de un saco?— preguntó Vanesa.
—¿Me estas diciendo que nos demos de hostias? ¿Solo por practicar?— quiso saber Luci. No entendía muy bien que pretendía Vanesa con aquello.
—Es obvio que necesitas desahogarte, así que bueno… ¿Vamos a ello o no?.
Luci le dio un último puñetazo al saco y luego miró a Vanesa. –Muy bien, como quieras, pero te advierto que no pienso andarme con tonterías, pienso pegar con todas mis fuerzas.
—Lo se. Yo haré lo mismo— respondió Vanesa.
Diez minutos más tarde estaban frente a frente sobre el ring. Se acercaron la una a la otra y chocaron los puños, seguidamente comenzaron a intercambiar puñetazos. Lo que Vanesa le había dicho era verdad, se estaba desahogando más que con el saco. Cuando terminaron se sentaron en un banco junto al ring.
—¿Sigues buscando a Juanma?— preguntó Vanesa. —¿Cuánta ciudad llevas explorada?.
—No la suficiente. Mañana mismo llenaré una mochila para varios días y me marcharé a buscarle, se que esta vivo, pero nadie me cree ni quiere creerme.
—Yo vi aquel lugar. Había miles de caminantes rodeando el hunvee, es imposible que lograra salir de allí. Se lo que sientes por que yo siento lo mismo. Confío en que vive, pero también debemos ser realistas. Es muy difícil que sobreviviera a eso.
—Me da igual lo que penséis, mañana mismo con el amanecer partiré. Si quieres acompañarme bien y si no pues nada, yo sola me apaño bien. No tendría que cargar con el culo de nadie.
—¿Y que pasa con Ethan?— preguntó Vanesa.
—Ethan no tiene por que saber nada. El no me cree tampoco, esta obsesionado con que Juanma esta muerto, pero no tiene razón. Por eso es mejor que yo me vaya sola… y si se enfada pues mira… que le den.— Luci miró a Vanesa. —¿Tu no has visto nada desde el helicóptero? ¿Ni una señal que revelara que esta vivo?.
—Nada. Vete a saber cual es su paradero— respondió Vanesa. –Hay mucha nieve y las huellas se borran con facilidad, además, los No Muertos merodean ahora más pese al frio. Al parecer hay bastante actividad por parte de miembros de la guerrilla, eso pone como locos a los caminantes. Por otro lado hay perros salvajes. La supervivencia ahí fuera no es fácil… y menos para alguien que va desarmado.
—Yo lo encontraré. Lo juro. Y no volveré hasta que lo encuentre.
—¿Y Eva? ¿Se lo dirás a ella?— preguntó Vanesa.
Luci se puso de pie y se quitó los guantes, seguidamente los tiró al suelo con rabia. –A ella no pienso decirle nada. Ella más que nadie debería estar convencida de que Juanma esta vivo, pero no. Se ha convencido de que esta muerto y ahora tontea con el hermano. Fue enterarse de la muerte de Juanma…— Luci hizo una pausa y se corrigió a si misma. –Bueno, supuesta muerte, y enseguida metió a Carlos en su casa para no estar sola. No, a ella no le diré nada. Que se joda.— Luci miró a Vanesa. –Bueno, me voy a casa. Nos vemos.
Cuando Luci se fue, Vanesa se quedó sola y Yuriko se le acercó. —¿Sigue con lo de que Juanma sigue vivo? No se, creo que se está aferrando a un clavo ardiendo. Las posibilidades de que esté muerto son muy grandes.
—Lo se… pero es la única de nuestro grupo que guarda esperanzas— respondió Vanesa.
*****
Día 16 de Diciembre de 2009
Día 542 del Apocalipsis…
Manhattan… hospital…

Sheila cogió bastante material quirúrgico y medicinas. El aviso le había llegado hacia poco, pero enseguida había tenido que ponerse en marcha, necesitaba bajar a los túneles para ayudar a una persona herida. Tenía que bajar obligadamente, ya que ella era la única medico de la que disponían allí abajo, de ella dependían las vidas de los habitantes de los túneles, cuando alguno enfermaba siempre era ella la que bajaba allí abajo.
Cuando tenía todo lo necesario salió de la consulta y bajó corriendo las escaleras del hospital, cuando llegó a la calle se encontró con Rachel en el coche.
—¿Lo tienes todo?— preguntó Rachel.
—Si, todo— respondió Sheila. —¿Qué pasa exactamente?
—Ahora no te lo puedo decir. Solo puedo decirte que tenemos que darnos mucha prisa.
Ambas se subieron al vehículo y salieron de allí a toda velocidad. Sheila estaba intrigada a que venía tanto secreto.
*****
Tal y como tenía pensado, Luci al amanecer fue a la valla que separaba la zona infestada de la ciudad de la zona segura. Cargó la mochila y se subió a la moto de nieve. Había llegado el momento de proseguir con la búsqueda de Juanma. Cuando ya estaba todo listo y se despidió de los guardas, salió por la gran puerta y comenzó a alejarse de la zona segura, no sabía cuando iba a volver.

Manhattan… zona infestada…
8:00 de la mañana…

Luci detuvo la moto de nieve junto a un edificio, y después de comprobar que no había peligro se llevó una mano a la maleta de la moto de nieve y sacó un mapa, el cual abrió encima de la moto y comenzó a repasar los puntos en los que ya había buscado. Según lo que había contado Vanesa cuando ocurrió lo del rescate, en caso de que Juanma hubiese logrado salir no podría haber regresado a la ciudad debido a la horda de caminantes que había, y seguramente de haber sobrevivido iba herido, con lo cual podría haberse ido en dirección contraria. De estar vivo podría haberse refugiado en uno de los edificios para recuperarse y descansar, el problema era que aun quedaban muchos edificios por investigar.
—Muy bien… veamos— Luci señaló un edificio al que había marcado como un centro comercial. Ese sería su siguiente paso. Guardó el mapa y puso en marcha el motor en dirección al punto elegido.
Cuando llegó frente al edificio dejó la moto de nieve entre dos vehículos oculta, se preparó la ballesta y la katana y se bajó de la moto.
Luci recorrió todo el aparcamiento y se metió por una puerta enorme con nieve a ambos lados. Una vez dentro vio varios cadáveres semi enterrados en la nieve. Enseguida vio una silueta tambaleante salir a su encuentro, Luci alzó la ballesta y disparó a la cabeza del No Muerto, este se desplomó enseguida y Luci caminó hacia el para arrancarle la flecha de la cabeza, al principio le costó un poco, pero finalmente la arrancó. Volvió a cargar la flecha y miró a su alrededor, entonces vio algo que le llamó la atención.
En un montículo de nieve había marcadas unas pisadas, estas no le hubiesen llamado la atención a Luci a no ser por que estas no eran de botas, si no de zapatos, además eran recientes y parecía que pertenecían a unos pies que habían caminado de forma correcta y no arrastrándose, de todos modos para asegurarse volvió a mirar a los pies del infectado al que había matado momentos antes, este iba descalzo, así que quedaba descartado que las huellas fuesen suyas. Volvió a ponerse en pie y siguió inspeccionando aquella zona y recorriendo los pasillos de aquel lugar, había tantos que se cruzaban entre si que tuvo que colgar un pañuelo para no perderse o volver a pasar por el mismo sitio.
El no encontrar lo que había ido a buscar estaba frustrando a Luci, sentía que estaba perdiendo el tiempo en ese lugar, debía buscar en otro sitio, Juanma no iba a estar allí, aun así comenzó a gritar su nombre, pero la única respuesta que obtuvo fueron los gemidos de los No Muertos que se habían percatado de su presencia. Nada más verlos, Luci descartó la idea de hacerles frente y optó por salir rápidamente de allí.

Manhattan… zona segura…
9:00…

Eva acababa de dejar a Vicky en el colegio. Cuando cruzó la puerta y la cerró sintió un fuerte dolor en el pecho, era algo que le pasaba siempre que llegaba a casa después de la muerte de Juanma. No soportaba más esa, tenía que acabar con ese dolor.
Eva fue hasta el baño con lagrimas en los ojos, una vez allí se sentó en el váter y comenzó a divagar con lo que iba pensando hacer desde el momento que había dejado a la niña en el colegio. Enseguida se puso de pie y comenzó a rebuscar en los armarios del baño, entonces encontró una cuchilla de afeitar. Rápidamente se llevó la cuchilla a las muñecas y sin pensárselo más comenzó a hundírsela en la carne, la sangre no tardó en comenzar a salir, justo en ese momento escuchó el ruido de la puerta, alguien había llegado a casa.
—¿Eva?—Era la voz de Carlos, este siguió preguntando hasta que llegó a la puerta del baño y se encontró con la escena. Cuando vio la sangre se lanzó sobre ella y le arrebató la cuchilla, esta trató de zafarse de Carlos, pero este era más fuerte. —¿Se puede saber que estabas haciendo? ¿Qué hacías?.
—No quiero seguir viviendo. No sin el, esto es una mierda, prefiero morir ahora mismo.
Entonces Carlos le asestó una bofetada. –Eres una estúpida, deja de pensar en ti y sal adelante. Tienes una niña a la que cuidar y por la que salir adelante— Eva trató de quitarle la cuchilla, pero Carlos volvió a ser más rápido y volvió a abofetearla. –Maldita sea Eva. Por favor— Carlos cogió las mejillas de Eva entre sus manos y la obligó a mirarlo a la cara. En ese momento Eva rompió a llorar y se abrazó a Carlos.
—Lo siento, lo siento mucho.
—No te preocupes, no pasa nada. Se por lo que estas pasando, pero ya veras como todo se pasa, ya lo veras. Todo irá bien.
Carlos se quedó allí junto a Eva durante horas abrazándola fuertemente.

Manhattan… zona infestada…

Luci había llegado hasta otro edificio y había comenzado a buscar por allí, pero seguía sin haber ni rastro de Juanma. A veces sentía que estaba haciendo una estupidez, no iba a encontrarlo, pero entonces enseguida volvía a armarse de valor y decidía seguir buscando, era firme a sus ideas y decisiones.
Se encontraba en esos momentos en lo que parecía otro hotel a juzgar por las grandes habitaciones, aunque estas estaban arrasadas. Seguramente varios saqueadores habían pasado por allí en repetidas ocasiones. Luci abrió una puerta que estaba cerrada y nada más abrir se encontró de frente con una No Muerta, enseguida le clavó una flecha en la cabeza, le quitó la flecha de la cabeza y decidió bajar al piso inferior, antes llamó varias veces a Juanma por su nombre, pero no obtuvo respuesta. Se planteó varias preguntas. ¿Y si Juanma se había marchado de Manhattan? ¿Y si había ido hacia otro lugar? No tenía sentido, pero tenía que pensar en todas las opciones posibles. No podía descartar nada. Cuando Luci bajó con la intención de volver a subirse a la moto con intención de seguir buscando sintió un fuerte dolor en la cabeza, cayó al suelo y cuando intentó levantarse vio a un hombre delante de ella.
—¿Pero que tenemos aquí? ¿A una conejita fuera de su madriguera?
Luci intentó levantarse y aquel tipo le pisó las manos para impedírselo. Luego alzó la mano en la que sostenía una tubería y luego la volvió a dejar caer sobre la cabeza de Luci.
Luci se quedó inconsciente en medio de ninguna parte a merced de un o unos desconocidos. Las cosas acababan de complicársele del todo y ella estaba sola, nadie iba a ayudarla.

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