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Tras el ultimo capitulo de Necroworld (El 200). Este blog permanecerá abierto hasta un nuevo aviso. Cuando este aviso suceda, este blog publicará una entrada nueva donde aparecerá la nueva dirección al nuevo blog (Intentaré que os redireccione) Pasado un tiempo, este blog desaparecerá.
Ya podeis entrar en el siguiente blog, la historia se muda ahi.
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sábado, 20 de diciembre de 2014

NECROWORLD Capituló 60

Día 21 de Enero de 2010…
Día 578 del Apocalipsis…
Manhattan… zona segura…

El padre Kaleb estaba en su iglesia rezando ante el Cristo en la cruz, únicamente alumbrado por la luz que emitían unas velas en un candelabro. Estas titilaron de repente, justo después vino una explosión, luego otra, luego otra y luego fueron viniendo más.
Kaleb se incorporó con el cuerpo tembloroso cuando escuchó gritos en el exterior, salió a la calle sin saber muy bien que estaba ocurriendo, cuando abrió la puerta se encontró en el exterior. No había luz en la calle, en ningún edificio, ni en las farolas. Los allí presentes estaban mirando al cielo y Kaleb hizo lo mismo, había varias columnas de humo elevándose mientras eran alumbradas por un resplandor anaranjado. De repente otra explosión los hizo darse la vuelta, por la dirección de esta parecía que venía desde el mar como las otras.
—¿Qué está ocurriendo?— preguntó una mujer.
—No lo se, pero esto no tiene pinta de ser bueno. Desde el mar se han escuchado varias explosiones, y creo que desde las vallas de seguridad también— explicó un hombre.
No tardaron en ver varios vehículos militares. Los soldados estaban movilizándose. Enseguida comenzaron a transmitir mensajes por megafonía. –Vuelvan a sus casas y no salgan hasta nueva orden. Vamos a tratar de solucionar esto lo antes posible. Mantengan la calma.
Pero nadie podía mantener la calma en una situación así, algo estaba pasando y no era normal, tenía toda la pinta de un ataque a gran escala y Kaleb se había dado cuenta. Se arrodilló en el suelo y comenzó a rezar. Enseguida comenzaron a unírsele algunos de los allí presentes ante la mirada estupefacta de otros que no comprendían lo que estaba pasando. Otra explosión hizo que los que seguían de pie decidieran imitar a los demás y unirse a la oración colectiva.
—Sálvanos nuestro señor Jesucristo.
*****
Eva pensó que lo de que se hubiese ido la luz en la ciudad era algo normal, pensamiento que se esfumó de su mente cuando escuchó la primera explosión y las demás que la siguieron, no había nada de normal en ello. Acudió corriendo a la ventana de su apartamento y se asomó para ver las columnas de humo anaranjado que salían desde diferentes puntos de la ciudad y más concretamente del rio Hudson.
Enseguida vio pasar varios coches militares cargados de soldados, estos iban armados y por lo poco que podía verles las caras parecía ser que estaban en tensión. Eva comenzó a sentir temblores cuando escuchó advertir que nadie saliera de sus casas hasta nueva orden hasta que controlaran la situación. ¿Pero que situación había que controlar?
De repente comenzó a escuchar disparos en algún punto de la ciudad, estaba ocurriendo algo. Por un momento pensó que todo eso podría tratarse de Carlos, que podía haber vuelto a la ciudad para ir a por ella. Eso la aterrorizó.
Eva se apartó de la ventana y fue hasta su habitación, allí se cambió de ropa, se puso una chaqueta de color marrón y luego sacó del cajón su pistola. Los soldados decían que no salieran de sus casas, pero si era obra de Carlos todo aquello no iba a quedarse en casa esperando a que este llegara. Antes de marchar pasó por la habitación donde estaba el bebé y vio que estaba dormido, no podía llevárselo con ella por que era demasiado peligroso, debía dejarlo en casa y volver lo antes posible, pensó que fuese lo que fuese no podría durar mucho, se inclinó sobre el bebé y le dio un beso en la frente.
Eva salió por la puerta se su casa y cerró con llave, al menos si Cristian se despertaba no podría salir de casa, también se había asegurado de cerrar bien las ventanas. Lo primero que haría sería ir al colegio para reunirse con Vicky y con Alicia, se imaginaba que allí estarían asustados y que tampoco abandonarían el lugar. Cuando Eva llegó a la calle sintió el aire frio mezclado con el olor a quemado, volvió a mirar al cielo y vio una estrella fugaz, cerró los ojos y su único deseo fue que todo aquello fuese obra de Carlos y que este fuese a buscarla, así tendría motivos para dispararle y librarse de el para siempre.
*****
Mike miró desde la ventana del apartamento donde se había refugiado desde el incidente en las alcantarillas. No había querido salir para evitar quedar expuesto a posibles detenciones, salir era poner en peligro a su familia. Desde que se colaron en esa casa habían estado alimentándose de latas de conserva que habían sacado de casa.
—¿Qué ocurre cariño?— preguntó Kendra desde las sombras mientras acariciaba el cabello de su hija. Ambos niños dormían plácidamente y no parecían haberse enterado de las explosiones.
—No lo se, pero han habido explosiones. Esto no me gusta. Espera un momento… ¿Qué es eso?— Mike se quedó mirando fijamente a la calle. –Kendra… Mira esto.
Kendra se levantó y fue también hacia la ventana, se asomó, pero no vio nada que le llamara la atención. —¿Qué tengo que mirar? No veo nada.
—Fíjate bien. Ahí en ese callejón— Mike señaló enseguida a dos sitios más. –Allí y allí.
Kendra miró de nuevo y entonces se dio cuenta, alguien había abierto las tapas de alcantarillado y estaba saliendo gente de ellas. Enseguida miró a Mike.
—¿Esos son?
—Habitantes de los túneles— terminó diciendo Mike. –Creo que ya se a que se deben estas explosiones y el apagón. Se están tomando la revancha— miró a su mujer. –Despierta a los niños, tenemos que salir de la ciudad. Es muy probable que la ciudad deje de existir antes del amanecer.
—¿Pero como lo haremos? Si es como dices… No podremos dar ni dos pasos seguidos. Esa gente está dispuesta a arrasar con todo. Nos matarán cuando nos vean. Tampoco podemos quedarnos aquí por que irán casa por casa.
—Hay una manera— dijo Mike caminando hacia la puerta, Kendra salió detrás de el.
—¿A dónde vas? No puedes salir— dijo Kendra. –Si te ven te matarán.
—¿Qué ocurre mami?— preguntó Jeremy levantando la cabeza del colchón donde estaba durmiendo junto a su hermana. También Beth estaba levantándose en ese momento.
—No ocurre nada. Dormiros— Kendra volvió a mirar a Mike. –Por favor, quédate.
—Necesitamos un vehículo para escapar rápidamente y fácilmente. Y se donde encontrarlo. Cuida de los niños y confía en mí. Volveré pronto— Mike besó a Kendra y salió por la puerta cerrándola al instante.
Se encaminó hacia el exterior y no pudo evitar sentir que podría haber mentido a Kendra y que no iba a volver pronto. Tendría pocas posibilidades de lograrlo, ya que si lo veía cualquiera de los dos bandos sería fatal para el, pero aun así por su familia haría cualquier cosa. Llegó a la calle y comenzó a correr hacia el puerto sirviéndose de las sombras y la noche.
*****
Manhattan… Muelles…

Cooper y gran parte de sus hombres estaban contemplando como los barcos se hundían envueltos en llamas. El culpable de todo aquello se había esmerado pero bien cargando grandes cantidades de explosivo en los barcos. Si lo que querían era provocar un desastre, lo habían conseguido y Cooper se imaginaba quienes eran los responsables.
Cooper maldijo hacia sus adentros, quería largarse de la ciudad cuanto antes para reunirse con su mujer y su hija en Las Vegas y dar así por finalizada labor como infiltrado en Manhattan, pero los últimos acontecimientos que estaban desarrollándose en ese momento se lo estaban impidiendo, apretó los dientes con fuerza y dio un puñetazo en el capó del jeep.
—¿Qué hacemos ahora mi sargento? Tenemos que hacer algo. Ahí hay hombres nuestros.
Cooper iba a responder, pero una nueva explosión los hizo mirar hacia otro lado.
—¡¡Joder!! ¿Eso ha sido en el carguero prisión?— preguntó uno de los soldados.
Cooper sacó unos prismáticos y miró hacia el carguero, cuando lo vio bien sintió que el corazón le daba un vuelco. Había explosiones internas y varias columnas de humo. Se dio la vuelta y cogió la radio del Jeep. –Aquí el sargento Cooper, carguero prisión respondan… ¡¡¡Respondan!!!
Después de lo que un minuto interminable, alguien respondió a la llamada de Cooper. Era uno de los guardas más jóvenes. –Mi sargento… Los presos se están amotinando. Hemos perdido a varios guardas… También hay caminantes. Necesitamos ayuda urgentemente…— el joven guarda se quedó callado un momento como si lo hubiesen sorprendido de golpe. –No… No… Por favor.
Seguidamente se escucharon un par de disparos y luego el silencio. Cooper lanzó con rabia la radio sobre el asiento del copiloto y lanzó varios insultos. De repente cayó en la cuenta de algo. ¿Y si lo de los barcos era todo una distracción? Si era así… ¿Cuál era el objetivo real? Entonces apretó los puños con fuerza y lanzó un nuevo insulto.
—Todo el mundo hacia el hospital. Esos hijos de puta están buscando a Levine.
Justo en ese momento escucharon una nueva explosión, esta venía justo del hospital. Cooper había llegado tarde en su deducción y eso les había proporcionado a los escorias un tiempo precioso para asaltar el hospital en busca del tesoro más preciado del mundo.
*****
Manhattan… Hospital…

Zero y sus hombres habían alcanzado el hospital desde la boca de alcantarillado que había en el parking. Todo había salido a pedir de boca. Sus hombres habían atraído toda la atención lejos del hospital y aunque ya hubiesen descubierto su plan ya era demasiado tarde.
Zero comenzó a dar órdenes, y una de ellas fue que volaran las puertas principales. Cuando lo hicieron, los hombres de Zero entraron sin miedo y disparando a todo aquel que se cruzaba en su camino sin importar que fuera hombre o mujer, sin importar la edad. Los gritos y la confusión pronto se adueñaron del hospital sumiéndolo en un autentico caos.
Zero y sus hombres comenzaron a subir pisos, algunos entraban en las habitaciones de los enfermos y descargaban sobre ellos una ráfaga de balas, convirtiendo sus cuerpos en auténticos coladores y bañando la habitación de un color rojizo.
Siguieron subiendo pisos hasta que llegaron a la azotea, allí no había nada, así que lo que habían ido a buscar debía encontrarse en el sótano.
Zero dirigió a todos sus hombres hasta allí, mientras bajaban, vio desde una ventana como algunos de sus hombres ya habían tomado las calles. Su gran venganza estaba tomando forma y se sentía verdaderamente feliz, todo estaba saliendo según lo planeado, además, pronto los del exterior se encontrarían con una sorpresa más, una que venía desde la zona infestada renqueando, gimiendo y con ganas de comer carne fresca.

David y el resto de hombres que custodiaban a Levine habían escuchado la explosión y luego los disparos tras el apagón, sabían que eso no era normal, pero no podían abandonar su puesto.
—Parece que nos atacan— dijo David mirando a otro de los soldados. –Tenemos que hacer algo. Tenemos que hacerles frente antes de que nos masacren.
—No podemos hacer eso. Nuestro puesto es aquí, debemos permanecer aquí.
David se dio la vuelta y miró al tipo que estaba dentro de la celda de aislamiento. Este también estaba escuchando los disparos y las explosiones. Era consciente de que algo pasaba y que ese algo muy probablemente tuviera que ver con el.

Zero y sus hombres llegaron a uno de los sótanos y allí arrinconaron a unos científicos que estaban experimentando con un caminante atado a una camilla. Este estaba en avanzado estado de descomposición, pero Zero lo reconoció, se trataba de un buen amigo suyo, uno que desapareció hacía tiempo.
Los científicos alzaron las manos al verse sorprendidos por el grupo de gente armada. Zero se fue acercando y los miró con cara de furia. —¿Esto es lo que hacéis con nuestra gente? Responde hijo de puta— Zero encañonó a uno de los científicos, fue en ese momento cuando a través del gran cristal que había detrás de ellos vio algo que lo enfureció todavía más. Allí había varias celdas acristaladas y dentro de ellas había caminantes, habría unos veinte por cada una de ellas, había tantas que fácilmente podría haber miles allí abajo, volvió a mirar al científico y luego se dirigió a sus hombres.
—¿Lo veis? Para ellos no somos más que unos pedazos de mierda. Muchos de esos infelices eran de los nuestros y los tienen ahí como si fueran animales. Os lo haremos pagar con sangre— Zero acercó la cara del científico al caminante y este le arrancó un trozo de mejilla de un mordisco mientras el otro científico comenzaba a gritar mientras se orinaba en los pantalones.
Zero en esos momentos vio un panel de control y centró toda su atención en un botón donde ponía apertura de celdas, no pudo evitar sonreír, miró entonces al científico que se había orinado encima. –Ahora sufriréis de verdad— Zero apretó el botón y todas las celdas comenzaron a abrirse, eso hizo que saltase una alarma en todo el hospital y las estancias se iluminaron de un color rojo mientras los caminantes salían de las celdas. Dentro de nada estarían por todo el hospital y poco después por toda la ciudad.
El científico que había sido mordido ya había muerto desangrado y en esos momentos ya estaba reanimándose. Teddy se dio cuenta y avisó a Zero, este ordenó a sus hombres salir de allí, tenían que seguir buscando al tipo del don y largarse de allí antes de que los caminantes tomaran el control de la ciudad al completo.

El sonido de las sirenas alarmó a David y a los demás. Si las cosas antes al escuchar los disparos ya les parecía que iban mal, ahora con las sirenas y el resplandor rojo les había confirmado que las cosas estaban peor. Aun así no podían abandonar su puesto.
En ese momento escucharon un ruido en la puerta, eran golpes acompañados de un gemido, como era imposible que hubiese caminantes allí dentro, uno de los soldados, quizás el más joven del grupo se fue acercando a la puerta pensando que era algún herido pidiendo ayuda pese a los gestos de negación de sus compañeros, pero David fue el único que abrió la boca.
—¿Qué vas a hacer? No hagas estupideces— pero ya era tarde, el chaval se acercó a la puerta y la abrió. No le dio tiempo a gritar, un No Muerto apareció de repente y se lanzó sobre el cerrando la mandíbula alrededor de su cuello.
Detrás del primero comenzaron a entrar más. La entrada de los caminantes fue tan repentina e inesperada que a los soldados que estaban en primer lugar no les dio apenas tiempo de alzar las armas. Estos fueron enseguida engullidos por una masa de No Muertos que enseguida comenzaron a desgarrar la carne de los soldados.
David y dos soldados que estaban a la misma altura comenzaron a disparar a discreción con certeros tiros a la cabeza de los caminantes, pero había demasiados.
—Tenemos que salir de aquí— dijo uno de ellos mientras retrocedían.
Entonces David vio como una puerta a su derecha se abría y veía aparecer al tipo que tenía el don de caminar entre los muertos. Este había abierto la puerta que daba pasa al interior de la celda. –Por aquí.
David miró a los dos soldados y les hizo un gesto para que lo siguieran. Los tres entraron de un salto a la celda seguidos por uno de los No Muertos, pero Levine se interpuso ante ellos, agarró por la cabeza al caminante y lo empujó para sacarlo fuera de la celda, justo después cerró la puerta. Aun así siguieron escuchando como los No Muertos a los que ya no veían, golpeaban el cristal insistentemente.
—Joder… ¡¡¡La hemos cagado!!!— gritó uno de los soldados mirando a David. –Con ellos ahí fuera no podremos salir. Estamos jodidos.
—Al menos ellos no pueden entrar— sugirió Levine. Solo tenemos que esperar, es técnicamente imposible que rompan los cristales o entren por la puerta. Además…— Levine caminó hacia una nevera. –Aquí tenemos comida para una semana.
—Con los golpes y los gemidos nos volveremos locos antes— dijo el otro soldado.
—Pues habrá que aguantar— dijo David mirando como los cristales vibraban con los golpes. –Debemos aguantar hasta que se marchen y nos dejen en paz.
David sabía que no iba a ser fácil, pero no tenían otro remedio.
*****
Manhattan… Vallas de seguridad…

Carlos condujo su vehículo a toda velocidad a través de las derruidas vallas de seguridad que separaban las dos zonas de Manhattan. Allí había cantidad de No Muertos alimentándose de los guardas que las custodiaban y caminando hacia el interior de la ciudad atraídos por los disparos, se podía imaginar que los escorias habían actuado a la perfección para evitar ser vistos. Estos habían conseguido su objetivo, entrar en la ciudad y comenzar su ataque. Carlos los odiaba, pero debía admitir que si había logrado entrar dentro de la zona segura de Manhattan había sido gracias a ellos.
Desde la ventana del vehículo miraba hacia ambos lados y veía a los No Muertos, todos avanzando renqueantes hacia el interior de la ciudad, muchas veces tenía que esquivarlos para evitar atropellarlos y dañar la carrocería del vehículo.
Pasó por al lado del hospital y vio algo que lo sorprendió, todas las puertas de este estaban vomitando infectados sin parar, pero le dio igual, la ciudad estaba acabada y a el solo le importaba llegar hasta Eva.

Cooper y sus hombres interceptaron a una horda de No Muertos que avanzaban sin vacilación por la calle en dirección a ellos. El sargento se bajó del vehículo y dio la orden de abrir fuego.
El estruendo de los disparos no tardó en llegar y los cuerpos de los No Muertos comenzaron a sacudirse, pero seguían avanzando.
—Disparadles a la cabeza… ¡¡¡Parecéis novatos!!! ¡¡¡A la cabeza coño!!!
Todos los soldados afinaron su puntería y comenzaron a abatir a los infectados. Entonces uno de los soldados gritó y advirtió que una segunda horda les había sorprendido por la retaguardia. Los habían rodeado.
Cooper se dio la vuelta y vio una horda todavía mayor que la primera, los estaban rodeando y la munición no les daría para tantos, incluso a algunos soldados se les acabó la munición y mientras recargaban, los No Muertos les ganaban terreno. No tardaron en llegar haciendo que los soldados entraran en pánico. Algunos dejaron de disparar y trataron de huir a la carrera, pero fueron atrapados, otros trataban de esconderse en el interior de los vehículos, pero tampoco lograban escapar de las letales garras de aquellos seres.
Cooper logró subirse a un furgón fuera del alcance de los caminantes, desde allí comenzó a dispararles con su arma hasta que se quedó con una única bala. Miró hacia abajo y vio a los No Muertos alzando los brazos y gimiendo, entre ellos pudo ver a varios de sus hombres que habían caído hacía escasamente un minuto.
Cooper rompió a llorar a medida que se sentaba sobre el techo del furgón. Ya no tenía nada que hacer, iba a morir y nadie acudiría en su ayuda. Ya no volvería a ver ni a su mujer ni a su hija. Todo había acabado para el, contempló la pistola que tenía en las manos, se aseguró de que la ultima bala no se encasquillase, tenía que acabar con todo y rápidamente. Cuando ya lo tenía todo comprobado se puso la pistola en la barbilla y apretó el gatillo. Lo último que pasó por su mente fue un sentimiento de arrepentimiento, tanto por haber asesinado a Graham como por haber llevado a cabo el ataque a los túneles, no había duda de que todo eso era una venganza de ellos. Lo estaba pagando caro y la ciudad también.

Eva vio lo que había hecho Cooper, hubiese querido ayudarle, pero le fue imposible. Cuando había visto llegar a las hordas de No Muertos se había ocultado en el interior de una casa a la que había accedido a través de la escalera  de incendios. Desde la ventana lo había visto todo.
Eva se lamentó y rezó por los que habían muerto, también pensó en Cristian, lo había dejado en casa tras confiarse demasiado con que todo acabaría rápido, pero lamentablemente estaba descubriendo que no era así, había quizás acabado con la vida de un niño inocente. Fue en ese momento cuando vio un vehículo que avanzaba por la calle a toda velocidad esquivando a los caminantes. Cuando vio quien conducía casi se le paró el corazón, esta vez no era ninguna alucinación, se trataba de Carlos, sin ninguna duda, estaba en la ciudad y aunque el no la había visto en esos momentos estaba claro que era a ella a quien estaba buscando y era perfectamente posible que al final la encontraría.
*****
Sid vivía con su madre en una pequeña casa de East Street, ubicada en un pequeño edificio de cuatro pisos. Vivian en el primer piso. Ninguno de los dos se había percatado de nada de lo ocurrido. La madre de Sid estaba en la cocina fregando los platos  alumbrada por unas velas mientras que un todavía convaleciente Sid escuchaba música en su mp3. Únicamente se habían dado cuenta del corte de luz, pero ninguno le dio importancia. Podría ser perfectamente cosa de los fusibles.
Cuando la madre de Sid terminó de fregar los platos se dirigió hacia el salón para coger una linterna del cajón, quería comprobar si lo del apagón era en toda la ciudad o solo en su casa. Sin ningún tipo de miedo fue hacia la puerta y la abrió. Cuando salió al pasillo sintió una corriente de aire frio y alumbró hacia la puerta que daba al exterior, esta estaba abierta de par en par.
—Otra vez se la dejaron abierta… Bueno, ahora la cerraré— dijo en voz alta más que para si misma. Caminó hacia el cuarto de contadores y vio que la puerta estaba cerrada. Iba a necesitar las llaves y ella no tenía una copia, se dio media vuelta con una mueca de fastidio y caminó hacia la puerta con intención de cerrarla. Cuando estuvo en el umbral de esta le pareció escuchar disparos en la lejanía, pero tampoco le dio importancia, seguramente eran los soldados divirtiéndose en las vallas, Sid le había contado que en ocasiones se divertían disparando a los caminantes que se acercaban a las vallas.
Una vez en la calle también divisó una silueta tambaleante y solitaria a unos cien metros de donde ella se encontraba, sintió un escalofrió al verlo, se movía como un No Muerto, pero no podía ser, era imposible, seguramente era alguien que se había pasado bebiendo o con las drogas, al fin y al cabo, el local del bebé estaba cerca de allí y no era la primera vez que veía una escena similar, en una ocasión se encontró a un hombre durmiendo sobre las escaleras todavía con la jeringuilla clavada en el brazo. Aun así se dio la vuelta y entró rápidamente dentro del edificio, cerrando la puerta detrás de ella.
Ahora estaba mucho más tranquila y era hora de entrar en la garita del casero donde cogería las llaves.
El casero se llamaba Igor Gurlukovick, un hombre de origen Ruso muy simpático y agradable, bastante grueso y poca estatura que en ocasiones había intentado flirtear con ella y invitarla a cenar, pero ella educadamente lo había rechazado siempre. Cuando llegó a la puerta dio un par de golpes y le sorprendió que la puerta se abriese lentamente emitiendo un chirrido.
Con la puerta abierta, la madre de Sid se quedó parada y espero escuchar la voz de Igor, pero no fue así, era como si no hubiese nadie allí.
—Bueno, el me dio permiso de entrar aunque el no estuviera— murmuró avanzando por el pasillo a oscuras. Cuando llegó al salón sintió un olor extraño y seguidamente un crujido. —¿Igor?— pero no hubo respuesta de esta, lo que si que escuchó fue lo que parecía un quejido, luego escuchó el sonido de algo que caía, emitiendo así un sonido similar al de los trapos mojados al caer al suelo. –Igor, si estás ahí responde. Sabes muy bien que no me gustan las bromas que tengan que ver con dar sustos— pero Igor no respondió. En su lugar, una silueta se irguió por detrás de un sillón, se trataba de una silueta delgada, no era Igor. Sorprendida, la madre de Sid enfocó con la linterna y fue descubriendo al desconocido, cuando llegó al rostro vio los ojos sin vida que la observaban mientras unas mandíbulas ensangrentadas de las que aun colgaban pedazos de carne la observaban, ni siquiera pudo gritar, el ser se abalanzó sobre ella y ambos cayeron al suelo, la madre de Sid no volvió a ver nada más.

Sid se quitó los auriculares y se paró a escuchar, hacía exactamente unos segundos que había notado una especie de vibración y eso le había extrañado. Se incorporó y se levantó de la cama ayudándose de un bastón. Aun lo necesitaba. Se acercó a la ventana y vio que no había luz en toda la calle. Ni siquiera en el local del bebé, lo más normal es que desde allí se viesen las luces de neón del letrero. Muchas veces había deseado acudir al local y tener sexo con una de las chicas, había muchas que le habían llamado la atención, las había visto pasear por la calle y en alguna ocasión cuando el había pasado por delante del local se le habían insinuado, y se habría ido con ellas directo al interior del local si no fuera por el miedo que tenía de decepcionar a su madre, la cual no aprobaría que el se acostara con una de esas mujeres a las que su madre llamaba cariñosamente: “Mujeres sin dignidad”, pero en su interior estaba deseando acostarse con una de ellas.
Sid salió de la habitación ayudándose del bastón. Cuando se encontró en el pasillo sintió aire frio, seguramente su madre se había una puerta o ventana abierta.
—¿Mamá? ¿Te has dejado una ventana abierta? Hace frio y se ha ido la luz. ¿Mamá?— pero su madre no respondió. Cuando Sid llegó al salón vio que la puerta de la entrada estaba abierta de par en par y no había ni rastro de su madre. —¿Mamá?— preguntó otra vez mientras avanzaba hacia la puerta cojeando, los pies todavía le dolían a horrores.
Justo cuando estaba llegando a la puerta vio una silueta que se detenía justo delante de esta, sostenía una linterna que emitía una luz tenue, incluso algo roja debido a una mancha que había en el cristal.
—¿Mamá?— preguntó nuevamente Sid contemplando la silueta que había reconocido como la de su madre. —¿Mamá?
Su madre no respondió, en lugar de eso se lanzó contra el lanzando un grito salvaje. Sid cayó de espaldas y se dio un golpe  en la cabeza con uno de los muebles de la entrada, sintiendo así un fuerte dolor. Sid aturdido por el golpe comenzó a retroceder mientras su madre que también había caído comenzaba a levantarse y a avanzar. No había duda, su madre había muerto y había regresado, la herida de su cuello era una muestra de ello, podía verlo gracias a la luz de la linterna que rebotaba en las paredes.
Sid gritó con todas sus fuerzas intentando ser escuchado por alguien. Su madre se lanzó sobre el y logró morderle en una pierna que no le respondió a tiempo. Sintió un fuerte dolor y volvió a gritar, pero los únicos que escucharon sus gritos fueron los dos No Muertos que entraron en ese momento por la puerta, a uno de ellos no lo conocía de nada, el otro era el señor Gurlukovick, ambos se abalanzaron sobre el con la boca abierta. Sid sintió en esos momentos el peso de los tres y el dolor provocado por sus mordiscos.
*****
Manhattan… Zona segura…
Cerca de los muelles…

El ataque había sorprendido a muchos habitantes de Manhattan en las calles. Estos enseguida habían seguido uno de los protocolos en caso de emergencia, habían ido todos hacia los muelles con la intención de coger un barco para salir de allí, pero se habían encontrado con un fuerte cordón de seguridad creado por unos militares, no les dejaban pasar.
—Dejadnos pasar… Aquí hay niños pequeños— dijo una mujer levantando alto a un bebé que llevaba en brazos.
En ese momento un tipo con acento Italiano se le acercó. –Por favor señora. No hay barcos para salir de aquí, los han hundido. Por favor, vuelvan a sus casas y enciérrense con llave.
—Nos estáis condenando a muerte hijos de puta— dijo un hombre amenazando al Italiano con un cuchillo.
—¡¡¡Quieto ahí!!! Guarda eso ahora mismo— dijo una chica apuntándole con su fusil. Otras dos chicas que la acompañaban hicieron lo mismo. –Les estamos diciendo que vuelvan a sus casas.
—Sandra… Tranquila— dijo el italiano. –Por favor… Guarde eso.
Pero la multitud no entraba en razón, todos se negaban a aceptar que los barcos hubiesen sido hundidos. Todos intentaron pasar por encima de las fuerzas de seguridad, pero de repente se detuvieron. Parker, Sandra, Kate, Jill, el resto de soldados y habitantes se dieron la vuelta al escuchar un estruendo, entonces vieron surgir un enorme carguero de la oscuridad, navegando a toda velocidad hacia los muelles.
—¿Qué están haciendo? ¿Por qué no aminoran?— preguntó Parker.
El carguero estaba cada vez más cerca y podían ver en el mástil meciéndose varios cuerpos, no había duda, se trataba del carguero prisión, este se estaba moviendo e iba directo hacia ellos. Parker se dio la vuelta y comenzó a dar gritos.
—Todo el mundo fuera de aquí.
Los habitantes de Manhattan y los soldados abrumados por la fantasmagórica figura del carguero comenzaron a correr directos a la ciudad. Justo en ese momento el carguero entró en los muelles destrozando el asfalto, incluso arrolló a varios soldados a los que pilló desprevenidos. Sandra en esos momentos al ver la escena se sintió caer en un vacio, era como estar viviendo el inicio del apocalipsis una vez más. Sentía que nada de lo que hiciera podría librarla de la cruel persecución del destino. Parecía que todo estaba empezando de nuevo y presentía que esa vez no tendría tanta suerte.
*****
Colegio…

Lo de contemplar la lluvia de estrellas se había visto interrumpido por el ataque a la ciudad. Enseguida habían activado el protocolo a seguir en el colegio y se habían ocultado en el interior de un aula. Vicky y Alicia estaban asomadas a la ventana observando la calle, al otro lado de la valla vieron a varios No Muertos que habían aparecido de repente, era como si supiesen que estaban allí dentro.
—¿Qué hacemos ahora tía Alicia? Si siguen llegando no podremos salir.
Alicia miró a Vicky y no supo que responder, ver a todos aquellos caminantes allí le había hecho sentir terror. También parecía que detrás de todo aquello estaba la mano del hombre.

Eva llegó a las vallas del colegio y enseguida vio a una horda de caminantes que enseguida pusieron toda su atención en ella. Estos comenzaron a caminar hacia ella y Eva alzó el arma apuntándoles, enseguida comenzó a disparar a las cabezas de los No Muertos, abatió a uno, a otro y a otro, siguió disparando a discreción y con rabia hasta que de su pistola salió un click. Se había quedado sin balas y los caminantes seguían avanzando hacia ella, se dio la vuelta para correr y vio como más llegaban, iban a rodearla, se dio la vuelta y trató de trepar por la valla, pero sus manos se resbalaban por el rocío que había en los barrotes. Resbaló una vez y al caer se torció el tobillo, dejó ir un grito de dolor, eso excitó más todavía a los infectados que habían acelerado el paso mientras aullaban, gemían y gruñían. Ya casi los tenía encima cuando un vehículo apareció de repente arrollando a unos cuantos, este se detuvo delante de ella y Carlos surgió de repente descargando una lluvia de balas sobre los caminantes más cercanos y ante la mirada atónita de Eva.
—Deprisa. ¡¡Sube al vehículo!! ¡¡¡¡Vamos!!!!
Eva dudó por unos segundos pero finalmente subió al vehículo.

Carlos sonrió por ello y se metió dentro de este, pisó el acelerador y comenzó a rodear el colegio.

sábado, 13 de diciembre de 2014

NECROWORLD Capítulo 59

Día 21 de Enero de 2010
Día 578 del Apocalipsis…
Desierto de Nevada… 3:20 de la madrugada…

La explosión fue repentina, tanto que los pilló por sorpresa a todos. Creyeron que estaban en aquella especie de granero ocultos en los vehículos, pero al abrir la puerta se encontraron con algo que no se esperaban, algunos de ellos salieron volando en una única dirección, esos fueron a los que alcanzó la honda expansiva, a los que la explosión pilló de lleno no tuvieron tanta suerte, sus pedazos salieron volando por todas partes.
Desde que habían llegado al área de servicio persiguiendo a las tres que habían huido creyeron dar también con aquel grupo de Manhattan y prepararon el ataque, pero todo se había torcido.
Bob era el que estaba al mando en ese momento por orden directa de Billy. No le gustó desde un principio, pero cualquiera le llevaba la contraria a ese monstruo. Bob tenía miedo de que estuvieran infravalorando a esas personas, y nada más llegar al lugar lo que tanto temía se cumplió.
Bob comenzó a gritar que se retiraran, pero antes de poder hacer nada una lluvia de balas abatió a varios hombres al mismo tiempo que destrozaban la carrocería de sus vehículos, les reventaban ventanas y neumáticos, y también agujereaban el motor.
No sabían de donde venían las balas, no tenían la menor idea, pero les estaban dando bien. Bob se tiró al suelo cuando vio que el tipo que estaba a su lado era abatido de un tiro en la cabeza, fue en ese momento cuando vio surgir a un tipo grande desde detrás de una pared medio derruida, aquello era una emboscada en toda regla, seguramente las que huían les habían puesto en aviso de su llegada.

30 minutos antes…

—Están de camino hacia aquí, lo se. Van tras vosotros y tras nosotras, cuando lleguen nos matarán a todos. Bueno… A vosotros os mataran primero, con nosotras se divertirán un rato— dijo Stacy mirando a Juan, el cual intercambió una mirada con Johana y Yuriko que estaban a su lado. –Vi como se lo hacían a unas chicas… Nosotras escapamos en un descuido, no son demasiado listos, pero son unos cabrones.
—¿Y que sugieres que hagamos?— preguntó Yuriko. –No podemos desplazarnos con tu compañera herida. Si nos vamos mientras nos persiguen…
—No será necesario— Juan se dio la vuelta y miró a Mario. —¿Puedo contar contigo? Necesito que os marchéis en el camión ya. Os vais Laura, Sheila, Butch, Alexandra, tu mujer y tus hijos…— Juan se quedó un rato pensativo y miró a Stacy. —¿También quieres irte con ellos? Nosotros— Juan señaló a Yuriko y Johana con el mentón. –Nos quedaremos para emboscarles.
—¿Emboscarles? Entonces me quedo. Quiero devolvérsela a esos cabrones.
Juan sonrió. –Es lo que esperaba. Vosotros iros ya, no os apresuréis y conduce con cuidado. Nosotros nos ocuparemos de frenarlos para siempre.
No tardaron ni diez minutos en vaciar el camión en el que se iban a marchar, ni siquiera se despidieron, se marcharon mientras Juan, Johana, Yuriko y Stacy preparaban el comité de bienvenida. Cuando lo tuvieron todo preparado dejaron un camión al descubierto para que lo vieran justo delante de la tienda, eso los haría picar de lleno.
Cuando llegaron fueron observados desde varios escondites minuciosamente calculados, eran varios, más de una docena. Iban tan confiados que se bajaron de los vehículos  e inspeccionaron el camión, en los rostros de algunos se veían ridículas sonrisas de superioridad y de confianza en si mismos, una sonrisa que desapareció justo cuando abrieron la puerta de aquella especie de granero y los explosivos detonaron lanzando por los aires a todos los que se pusieron allí. Al menos cuatro de ellos quedaron hechos pedazos instantáneamente mientras que otros salían volando, cuando caían al suelo algunos se quedaban en formas imposibles, doblados sobre si mismos o con el cuello torcido del todo, era el momento de salir y rematar el trabajo. Entonces comenzaron el ataque con varias ráfagas de balas.
Juan salió de repente y disparó a dos de ellos, consiguió abatir a uno mientras que el otro se tiraba al suelo. —¡¡¡Ahora disparadles a la cabeza!!!
Los tipos comenzaron a caer como moscas, solo uno parecía haber sobrevivido, Stacy lo había alcanzado en una mano y ahora lo estaba encañonando. Juan se acercó a ella y miró al tipo.
—Este cabrón violó a una chica de dieciséis años delante de mí. Luego le cortó el cuello a sangre fría. No le bastó con denigrarla…— Stacy recordó el momento y recordó el nombre de aquel tipo mientras le decía a la muchacha: Di como te gusta lo que te hace el tío Bob. –Hola otra vez…”Tío Bob”— las palabras de Stacy eran frías y cargadas de odio. Juan no la conocía mucho, pero era la primera vez que la escuchaba decir algo en ese tono. Casi daba miedo.
—No me mates… Solo seguía órdenes. Billy es el cabrón sádico… No yo— decía Bob mientras escuchaba los disparos, miró y vio a otras dos chicas rematando de un tiro en la cabeza a los que había en el suelo. –Por favor… Quiero vivir.
—Esa chica también te suplicó. ¿Lo recuerdas? Yo si, porque te vi sobre ella mientras le babeabas la cara— Stacy apretó el cañón del arma más en su cabeza. –Los pedazos de mierda como tu solo me dais ganas de vomitar.
—Stacy…— murmuró Juan cogiéndola del brazo. –Yo lo…
Stacy apartó el brazo bruscamente y sin mirar a Juan dijo. –Puedo hacerlo.
Juan comprendió que no haría cambiar de idea a Stacy, ella estaba dispuesta a matar a aquel tipo. Cuando quiso irse para dejar a Stacy a solas vio como el hombre levantaba la mano hacia el.
—Por favor perdóname la vida, no dejes que me mate. Por favor…
Juan lo miró con desprecio. –No es a mí a quien debes suplicar. Estás suplicando a la persona equivocada… Y aunque lo hagas… Me temo mucho que los dioses hoy no están de tu parte. Puede que probablemente tengas que rendir cuentas con ellos— Juan se dio la vuelta y comenzó a caminar en dirección a Yuriko y Johana, las cuales ya habían terminado de hacer su trabajo, entonces escuchó el disparo que ponía fin a la vida de aquel tipo.
—¿Qué hacemos ahora?— preguntó Johana cuando Juan se acercó. —¿Alcanzamos a los otros? No estarán muy lejos.
Juan se quedó un rato pensativo y miró a Yuriko y Johana. —¿Y si volvemos a Portland? Si salimos ahora llegaremos al amanecer— sugirió Juan.
—¿Para que quieres ir allí? Nada se nos ha perdido— respondió Johana. –Deberíamos regresar a Manhattan con los otros. Allí solo encontraremos mujeres muertas y caminantes— Johana miró a Stacy que acababa de llegar junto a ellos. –No te ofendas, pero es así. Es imposible que haya sobrevivido nadie.
—O puede que si— respondió Juan. –No perdemos nada por intentarlo, yo voto por ir. ¿Estáis conmigo? Además… Juanma y Rachel iban hacia Las Vegas, es posible que regresen por allí para descansar o curar sus heridas si las tienen, ellos no saben lo que ha pasado y conozco bien a Juanma. Una corazonada me dice que pararán por allí.
Johana, Yuriko y Stacy estuvieron de acuerdo y decidieron poner rumbo a Portland. No cogieron el camión, dejaron todo lo que ya no necesitaban, cargaron el jeep que les quedaba con munición, armas y comida y pusieron rumbo hacia allí.
*****
Desierto de Nevada…
En algún lugar entre Las Vegas y Portland…

Me tenían inmovilizado boca abajo en el suelo, agarrándome de un brazo y con una recortada apuntando a mi cabeza. Hacía rato que nos habían desarmado y cacheado a conciencia. Sean y Rachel también estaban retenidos. Randall era el que me tenía inmovilizado a mí y de vez en cuando bromeaba con lo divertido que sería volarme la cabeza ahí mismo, pero tenía que aguantarse por que yo era el plato fuerte para Dorian.
El que estaba al mando nos observaba con una sonrisa triunfal y los brazos en jarras. De vez en cuando me miraba a mí y sonreía todavía más.
—Menudo trabajo me estáis dando tus chicos y tú. Venís aquí y nos mandan a por vosotros para que luego os larguéis. Luego la zorra, el crio y tú os marcháis a Las Vegas y la liais parda. Fue fácil interceptaros y debo decir que Dorian va a estar encantado de ponerte las manos encima. Oh si, sigue vivo y coleando por desgracia para ti.
—Venga Billy, llevémoslo de vuelta a Las Vegas y acabemos con esto— decía Randall sin dejar de apuntarme. –Estoy hasta los huevos de estar aquí.
—Calma Randy, calma. Te recuerdo que tengo carta blanca y que solo lo quieren a el— dijo el tal Billy observando a Sean y a Rachel mientras se relamía. –Antes de volver vamos a divertirnos un poco.
El tal Billy se acercó caminando a Sean, el cual estaba sufriendo terribles dolores a causa del balazo, pero aun vivía. El tipo se paró ante Sean y miró al tipo que lo retenía. —¿Cuánto cree que le queda de vida a este media mierda?
—No demasiado— respondió el doctor mientras me miraba de reojo con una sonrisa.
Billy me miró. —¿Has oído eso? El crio se muere… Bueno, hagamos una cosa, le vamos a ahorrar el sufrimiento… Con más sufrimiento— comenzó a reírse a carcajadas mientras se sacaba un cuchillo que tenía metido dentro de su funda junto a su axila. Luego agarró con una mano la cara de Sean. –Eh chaval, despierta.
—Déjale en paz hijo de la gran puta. El no te ha hecho nada, el problema lo tenéis conmigo, es a mi a quien queréis, ellos aquí no pintan nada. Dejad que se vayan— intenté incorporarme, pero Randall me pisó la espalda y yo sentí un fuerte dolor.
—Chaval— Billy abofeteó a Sean hasta que abrió los ojos. –Muy bien, sigues vivo.
—¿Quién eres tú?— preguntó Sean entre jadeos. –No te conozco. Quiero volver a casa.
—No creo que puedas. Te han disparado y te quedan como mucho cinco minutos de vida— Billy giró la cara de Sean hacia mi para que me mirara. –Esto te ha pasado por su culpa. Vas a morir y el es el único culpable. Díselo, dile que es culpa suya que vayas a morir. ¡¡¡Vamos!!!
Sean me miró con ojos llorosos. –Todo es culpa tuya. Voy a morir por tu culpa.
Billy sonrió y como un niño comenzó a dar saltos y vueltas sobre si mismo. –Así, muy bien. Eres la polla chaval, así, hay que ser sincero ante todo y escupirles la verdad a la cara a los que provocan tu desgracia.
—Quiero… Decir algo más…— balbuceó Sean mirando al Billy que de repente dejó de saltar. Este volvió a sonreír.
–Adelante. Díselo todo, este es el momento. Con dos cojones chaval.
Sean me miró. –Puede que sea culpa tuya que vaya a morir, pero fue decisión mía acompañarte hasta aquí. Por eso no te odio…— Sean tosió y un hilillo de sangre descendió por su labio inferior y su barbilla hasta caer sobre la bota de Billy, el cual compuso una mueca de asco. –A los que odio… Odio a estos hijos de puta y en especial a esta mierda de mariconazo que tengo delante, que solo tiene huevos a hacer lo que hace con gente que no se puede ni mover— después de hablar de carrerilla, Sean volvió a toser sangre. Hizo un gargajo en su boca, alzó la cabeza levemente y escupió a Billy en el pecho. –No eres más que eso, un jodido mariconazo.
—Me temo que estás hablando más de la cuenta e insultando a aquel al que no debes— Billy miró al doctor. –Levántele la cabeza. –El hombre que ejercía de doctor hizo lo que le ordenó Billy. Cuando le levantó la cabeza a Sean, Billy metió el puño entero dentro de su boca, eso hizo que Sean comenzase a ahogarse mientras sus ojos lagrimeaban y Billy intercambiaba miradas conmigo y con el joven muchacho. –A mi nadie me insulta y se queda tan pancho… Y menos una mierda de chaval como este— Billy gruñó y dio un fuerte tirón. Seguidamente me lanzó algo que cayó justo al lado de mi cara. Pasaron unos segundos hasta que me di cuenta de que se trataba de la lengua de Sean. Aquel salvaje se la había arrancado de cuajo.
—Eres un puto salvaje, un puto monstruo. ¡¡¡¡¡Te voy a matar!!!!! ¡¡¡¡¡Te voy a hacer trizas!!!!— le gritaba mientras veía a Sean entrar en Shock con los ojos en blanco, sangrando abundantemente por la boca y ahogándose seguramente con su propia sangre.
—Tú no lo entiendes. Tú no tienes ni puta idea, a mi nadie me vacila y menos un pedazo de mierda como este— Billy le asestó una violenta patada a Sean y este cayó de lado cuando el doctor lo soltó, luego Billy se situó sobre el muchacho y comenzó a clavarle el cuchillo mientras los pies de Sean que era lo único que podía ver temblaban sin parar.
Cuando Billy dejó a Sean se levantó y me miró con una sonrisa de oreja a oreja, tenía salpicaduras de sangre en la cara. –Será mejor que no te desmayes. El show todavía no ha terminado— me dijo al ver las lagrimas de mis ojos. Luego dirigió su mirada a Rachel, la cual se había quedado en silencio y sin mirar lo que le estaban haciendo a Sean.
—Dejadla en paz— dije tratando de levantarme al ver como Billy se iba quitando el cinturón, pero Randall volvió a golpearme.
—Estate quietecito y solo nos la follaremos a ella.
—Túmbala ahí. Yo seré el primero y nos iremos turnando— dijo Billy bajándose los pantalones y dejando el pene erecto al descubierto.
—Espera Billy— dijo en ese momento el doctor.
El doctor se fue y a los pocos segundos volvió, este le dejó a Billy algo en la mano. El salvaje hizo una mueca y me miró mostrándome lo que el doctor le había dado. –Fíjate… Condones— volvió a mirar al doctor. –Es mejor hacerlo así, ya que cuando tu semen entre dentro de ella la infectaras al instante, es lo que tiene la cura que les suministraron— explicó.
Billy sonrió y me miró mientras se ponía el profiláctico. —¿Qué haríamos sin nuestro doctor? Que conste que lo hago por mis chicos, para que ellos no se queden sin catar el sabroso chumino de tu amiguita.
Miré a Rachel a la que habían tumbado en el suelo igual que a mi, ella me miró también y en sus ojos además de lagrimas veía resignación, no decía nada, pero sabia que lo estaba dando todo por perdido, entonces escuché a Randall susurrarme algo.
—Preferiría follarme tu culo antes que el conejo de tu puta, pero eso a Billy no le va. Además, te quieren enterito.
Yo no respondí, me obligaron a verlo. El que sujetaba a Rachel la tumbó boca arriba y la despojó de sus pantalones. Billy no tardó en tumbarse en cima y comenzar a moverse mientras gemía. Apreté los dientes mientras veía como Rachel cerraba los ojos y las lágrimas comenzaban a caer empapando la arena del desierto.
—Oh joder. Que rico— decía Billy mientras penetraba a Rachel. Después le dio la vuelta y siguió. Yo podía ver el dolor en los ojos de la chica, quería apartar la mirada, pero no podía, quería librarme de Randall y matarlos a todos con mis propias manos, pero tampoco podía hacerlo, no podía hacer nada y eso me frustraba haciendo que dentro de mi creciera una rabia como nunca había sentido antes, si que había sentido rabia otras veces, pero nunca así, me imaginaba a mi mismo poniéndome de pie, dándome la vuelta y golpeando a Randall, luego arrancándole la cara a mordiscos y después de el a todos los demás, pero la realidad era que estaba indefenso.
Billy por fin terminó dando un aullido como si fuera un lobo, se retiró y se quitó el preservativo mientras me miraba con una sonrisa. –No sabes lo que es el coño de tu amiga. Deberías probarlo, quizás cuando hayan terminado mis chicos te dejemos que lo hagas antes de matarla— Billy levantó la cabeza y miró a Randall. –Te toca cabrón. Que lo disfrutes.
Randall dejó de ejercer presión sobre mi, justo en ese momento decidí jugármela y me puse de pie rápidamente, me abalancé sobre Billy, este me recibió con un fuerte puñetazo y yo caí al suelo, traté de levantarme y sentí un fuerte golpe en la nuca, Randall me había golpeado con la culata de la recortada.
—¿Qué coño has hecho? Dorian lo quiere ileso. ¿No te entra en tu jodida cabeza? Follate a esa puta rápido. Cuanto antes acabemos antes nos iremos y veremos que tiene Dorian preparado para este.
Randall caminó hacia Rachel, la cual estaba tumbada boca abajo en la arena, totalmente rendida resoplando y haciendo salir volando pequeños granos de arena. También vi sangre en sus piernas. Mientras Randall se ponía el preservativo vi que había dejado caer la recortada a un metro y medio de mi y de Billy, este se estaba agachando delante de mi confiando en lo grogui que me había dejado el golpe de Randall.
Cuando Randall se puso el preservativo se situó sobre Rachel y comenzó a moverse mientras la lamia. Me estaba removiendo las tripas.
—Se lo que se siente— dijo en ese momento Billy volviéndose para mirar a Randall. –La impotencia de ver como le hacen daño a esos que te importan. Ves como los humillan y no puedes hacer nada— la vista que se me había nublado estaba volviendo a la normalidad. –La rabia que crece dentro de ti es tan grande que solo piensas en matar a los que te están jodiendo, y que me aspen si no es lo que estás pensado ahora. Observa como Randall se la tira, cuando hayamos acabado con ella, tendrá el coño tan dado de si que podría pasar por el un tren de alta velocidad— Billy me cogió del pelo y me levantó la cabeza. –Ahora te diré más o menos lo que te harán. Nos hemos enterado de lo tuyo con Dorian y aunque no lo has matado lo has jodido bien, probablemente se quede ciego de un ojo. Probablemente antes de torturarte te de por culo pero bien.
Ya había recuperado por completo la visión, justo cuando me percaté de lo cerca que tenía el cuchillo de Billy, el mismo con el que había matado a Sean. Con un rápido movimiento alcancé la empuñadura del cuchillo y tiré de el, seguidamente lo dirigí hacia el cuello de Billy, hundiéndolo totalmente y haciendo que la sangre comenzara a brotar. Billy no pudo ni siquiera gritar, este cayó hacia atrás mientras trataba de quitarse el cuchillo del cuello mientras yo me lanzaba sobre la recortada ante el asombro de Randall y el otro tipo. Fui tan rápido que no les dio tiempo a reaccionar, cogí la recortada apunté y disparé a la cabeza de Randall, esta estalló y el que estaba justo detrás de el recibió el balazo en el pecho.
Me levanté a trompicones ayudándome con la recortada, miré al doctor y este levantó las manos mientras balbuceaba algo. De repente se dio la vuelta y comenzó a correr, podría haberlo dejado escapar, pero eso no me lo podía permitir, alcé la recortada y apreté el gatillo. El doctor cayó al suelo tras recibir el impacto justo en la espalda, me fui acercando poco a poco y comprobé que estaba vivo todavía.
—No me hagas nada por favor… Yo no he hecho nada.
—Adiós— susurré. Levanté la recortada y disparé volándole la cabeza.
Regresé a donde estaban los cadáveres y vi a Rachel acurrucada en el suelo en postura fetal, se había vuelto a poner los pantalones y estaba llorando. Me acerqué a ella y le puse la mano en sobre la espalda.
—Ya pasó. Ya no volverán a hacerte daño. Ahora debemos hacer un esfuerzo y largarnos de aquí, te llevaré a Portland y que allí te curen. Si no nos dejan pasar entraré a la fuerza. Ahora tenemos que irnos.
Rachel se puso de pie y yo la miré a los ojos mientras le sujetaba las mejillas. –Siento que hayas pasado por esto, pero ya se lo hice pagar— miré a los cadáveres de Billy y del otro al que le había hecho un agujero en el pecho. –No pienso dispararles a la cabeza, que se reanimen y vivan como No Muertos.
Rachel asintió. –Juanma…
—Dime— le dije apartándole un mechón de pelo de la cara.
—Nunca le cuentes a Sheila esto que me han hecho. No quiero que se entere jamás.
—No lo haré. Te doy mi palabra. Ahora cogeremos su vehículo, conduzco yo. Túmbate en la parte de atrás e intenta dormir— entonces me acordé de algo. Vi el cadáver de Sean y me separé de Rachel para acercarme a el. No pude contener las lágrimas, al pobre muchacho lo habían matado delante de mí y yo no había podido hacer nada. Me sentí culpable y me odié a mi mismo, se suponía que debía haberlo protegido y no lo había hecho. Decidí que debía enterrarle y así lo hice, posponiendo así lo de partir.
Una vez Sean estuvo enterrado caminé hacia el jeep y vi que Rachel ya estaba dentro en la parte trasera, parecía que se había quedado profundamente dormida. Abrí la puerta del conductor y justo en ese momento escuché un gemido, miré hacia su origen y descubrí una silueta que se erguía con un cuchillo sobresaliendo del cuello. Billy había vuelto de entre los muertos. Me subí al vehículo y cerré la puerta, segundos después me puse en marcha hacia Portland.
*****
Las Vegas Strip…
06:00 de la mañana…

Dorian se miró al espejo de la habitación donde estaba. La bala le había dado en la cabeza sobre el ojo derecho y había entrado atravesando una parte de su cabeza sin tocar el cerebro, el azar había querido que sobreviviera a eso, podría no haberlo contado. Afortunadamente esa era la única herida que había sufrido, las balas en el torso habían sido frenadas por el chaleco antibalas que siempre llevaba con el, anteriormente ya habían tratado de revelarse contra el y ese chaleco le salvó la vida.
—Señor Roberts— dijo uno de sus hombres entrando por la puerta sin avisar.
Dorian lo miró. —¿Qué quieres?
—Perdimos contacto con Billy y sus hombres. No sabemos nada de ellos desde que los interceptaron de camino a Portland, les llamamos pero nadie contesta. Nos estamos preparando para salir en su busca.
—Aborta esa misión. No vale la pena. Están muertos.
—Pero señor…
—Ya me has oído. No vale la pena ir a buscarles. Seguiremos aquí, ya nos cobraremos nuestra venganza más adelante. No será la ultima vez que nos encontremos con ellos— dijo Dorian dejando de mirarse al espejo, le iba a quedar una fea cicatriz, al menos esperaba no quedarse ciego. Cogió una caja de calmantes y se tomo un par para calmar el dolor que estaba regresando. —¿Habéis limpiado ya la calle de caminantes?
—Si señor. Lo hicimos, incluso hemos apresado a unos cuantos.
—Muy bien, prepáralo todo para esta noche en la jaula. Tendremos un espectáculo en honor a nuestros caídos.
Cuando el tipo que había llegado se fue, Dorian volvió a mirarse al espejo y sonrió. No había muerto y se alegraba de que Billy y los suyos hubiesen fallado en su misión. El no tener a ese tal Juanma allí para matarlo, hacía que todo fuera más interesante, ahora en esos momentos no necesitaba matarlo, quería que siguiera vivo para que el juego que tenía en mente durara más.
*****
Manhattan… Zona segura…
08:00 de la mañana…

Aquella mañana Vicky se levantó eufórica, tanto que Eva se sorprendió. No entendía el porque estaba así. —¿Qué te pasa?
—¿No te lo dije mamá? Hoy nos quedamos toda la noche en el colegio para ver la lluvia de estrellas— respondió la pequeña preparando la mochila para el colegio.
Realmente Eva no recordaba si la pequeña se lo había dicho o no, juraría que no, pero había estado muy liada los últimos días, demasiado como para prestar atención a las cosas del colegio de la pequeña.
Eva había tenido más visiones de Carlos e incluso había soñado con el. Había soñado que se colaba en su casa por la noche y que volvía a acostarse con el, se despertaba bañada en sudores y casi al borde del grito. Realmente estaba obsesionada con el tema, y todo era por puro terror, Carlos le daba miedo.
—¡¡¡Mamá!!!— la llamada de Vicky la sacó de sus pensamientos. —¿Me puedo poner esta ropa?— preguntó la pequeña mostrándole una camisa de color blanco y unos pantalones vaqueros.
—Si, claro— respondió Eva. —¿Vendrá Alicia para llevarte al colegio?
—Si. Tía Alicia me llevará al colegio y se quedará allí durante la lluvia de estrellas— esa revelación le hizo pensar a Eva que aquel día le tocaría quedarse de canguro con el bebé. Realmente no le importaba, le gustaba estar con el bebé, de paso, podría coger experiencia para cuando naciera el suyo, el cual podría ser seguramente de Carlos, pero aunque lo pensó en un principio, se veía incapaz de abortar, esa vida que crecía en su interior no era responsable de lo que hiciera su padre.
El timbre sonó y cuando Eva abrió se encontró a Alicia con el bebé en brazos. –Bueno, ya estoy aquí. ¿Nos vamos Vicky?— preguntó a la niña, luego miró a Eva. —¿No te importa quedarte con el bebé? Es que David no está, le han dado una nueva ocupación para hoy. Va a estar en el hospital.
—No, no me importa. Me encanta quedarme con el niño— se tocó el vientre. –Ya sabes. Hay que ir practicando.
Alicia sonrió al mismo tiempo que dejaba que Eva cogiera a Cristian en brazos. Luego Vicky se acercó a Eva y ella se agachó para que la pequeña la besara en la mejilla. Cuando se marcharon, Eva se quedó a solas con el pequeño y sonrió mientras lo miraba, era un niño precioso. De repente se sintió rara, tuvo una sensación desagradable. Algo no iba bien y la tenía intranquila. ¿Qué le pasaba? Por un momento pensó que podría tratarse del bebé que esperaba, pero lo descartó enseguida, era otra cosa. Quizás se sentía así por que a Juanma podía haberle pasado algo. Sacudió la cabeza y se dio un par de palmadas en la frente mientras el pequeño Cristian la observaba.
—No pasa nada pequeño. Es que tu tía está a un paso de caer en el pozo de la esquizofrenia. Cuando llegues a mi edad lo comprenderás.
*****
David fue llevado al sótano del hospital, allí había más soldados que estaban custodiando lo que parecía una celda, en el interior había un hombre con un pijama de color blanco, este estaba quitándose un trozo de algodón del brazo, dejando al descubierto un moratón producido por un pinchazo.
—Acaban de sacarle sangre. Hoy según dicen el proyecto renacimiento debería dar sus frutos— le explicó su guía por las instalaciones. –Si las cosas salen bien, dentro de poco podríamos pasearnos en bolas por delante de los podridos sin que estos nos agobien. Cojonudo ¿Eh?
—Me cuesta creerlo… La verdad— respondió David mirando las marcas del brazo. Había muchas. —¿Por qué me han mandado hoy aquí?
—Uno de los que estaban se puso enfermo. Aunque yo tengo la teoría de que está en el local del bebé recuperándose de los efectos de la droga, de la resaca y posiblemente cazando ladillas. Todo un curro.
David se quedó mirando al tipo que había allí dentro. El obviamente no podía ver a los que lo estaban vigilando, aunque no hacía falta ser muy inteligente para saber que algo tan codiciado como era el debía permanecer vigilado las veinticuatro horas del día.
—De vez en cuando saluda o nos sonríe. El tío es un cachondo, incluso hasta cuando caga— el guía de David lo miró entonces. –Bueno, hasta aquí todo lo que tenía que contarte, ocupa tu puesto y ya. A las doce de la noche vendrán a relevarte y podrás irte a casa.
—Gracias— respondió David volviendo a mirar a Richard Levine. Le fascinaba el don de aquel hombre, si todos podían hacer lo mismo algún día, la pesadilla terminaría para siempre, ya no tendría que vivir con miedo temiendo que estando al aire libre, el llanto del pequeño Cristian les pusiese en peligro.

Manhattan… Zona infestada…
21:00 de la noche…

Todos estaban listos, todos estaban a punto. Zero se subió a un tablado y miró a todos los que le seguían. Allí había hombres, mujeres y niños armados, todos ellos dispuestos a iniciar el ataque a Manhattan. Algunos de sus hombres ya se habían puesto en marcha para cumplir su parte, a esas horas los cascos de los barcos que controlaban el paso por el rio estarían llenos de explosivo.
—Buenas noches a todos— comenzó a decir Zero ajustándose las gafas, se pasó una mano por su pelo rubio platino y siguió hablando. –En poco menos de diez minutos comenzaremos a entrar en las alcantarillas para surgir en la ciudad y llevar a cabo el ataque. Se que muchos tenéis miedo, yo también, pero debo deciros que frente al miedo tengo un arma muy poderosa. Se trata de mi convicción para perseguir lo que deseo, por eso os digo que desde hoy, Manhattan al completo será nuestra. No mostréis piedad, pues ninguna esperéis recibir, ellos os odian y no dudarán en mataros. Sed fuertes, mucho más que ellos y alcanzareis el triunfo. Ahora solo me queda deciros una cosa más. ¡¡¡¡Por papá Angelito!!!! ¡¡¡Por vosotros!!! ¡¡¡¡A muerte!!!!
Todos alzaron los puños al aire y gritaron al unisonó.

Carlos estaba observando con atención, oculto de los demás. Después de que el escoria con el pelo rubio platino diera su discurso y todos los demás lo vitorearan, comenzaron a desfilar. Había llegado la hora, Carlos volvería a la ciudad y por fin volvería a tener a Eva para el solo, nadie se iba a interponer en su camino.