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jueves, 26 de diciembre de 2013

NECROWORLD Capitulo 20



Día 28 de Noviembre de 2009
Día 524 del Apocalipsis…

Habían pasado dos semanas desde que había ascendido a ser el nuevo líder de aquella gran comunidad. Dos semanas en las que había estado firmando papeleo y asistencia a varias reuniones de presentación, al mismo tiempo que preparaba mi boda con Eva, la cual se celebraría el día 29 de Noviembre.
Me encontraba en mi despacho justamente cuando la puerta se abrió y apareció una chica joven morena de ojos verdes y de largas piernas, vestida como una secretaria. Yo me la quedé mirando y esta se presentó.
—Me llamo Laura, soy su secretaria personal.
—No necesito secretaria— respondí. —¿Quién te envía?.
—El general Graham. Esta tarde tienes el discurso y debes estar preparado, para eso estoy aquí. Dicta y yo escribo.
Ya no recordaba que tenía esa maldita presentación, lo cierto que lo de ser el nuevo líder de Manhattan no era lo que pensaba, creía que iba a pasar más tiempo en mi casa con Eva y Vicky, pero estaba en un despacho en la ultima planta de uno de los edificios más altos de la ciudad firmando y rellenando papeles sin parar, era algo aburrido, lo peor de todo era que era yo quien mandaba a los equipos a las misiones, algo que me dolía muchísimo y temía que alguno no volviera con vida, por otro lado lo que menos me gustaba de mi puesto era ir con ropa de etiqueta todo el día.
El despacho era cómodo, tenía un escritorio enorme con ordenador y en el fondo había un sofá delante de un gran televisor de plasma con dvd y una gran selección de películas, pero para mi no era más que una ilusión, una que se desvanecía cada vez que miraba por la ventana y veía la gran valla que se alzaba en la calle, al otro lado estaba la parte de la ciudad infestada de No Muertos, los cuales a causa de las nevadas se habían vuelto menos activos, aunque bastaba que algo pasara cerca de ellos para que se activaran y empezaran a juntarse como una jauría de lobos queriendo alcanzar a su presa. Me había quedado mirando por la ventana absorto con la valla, entonces la voz de la secretaria me sacó de mis pensamientos.
—Bueno, dime. ¿Qué quieres que escriba?
Yo caminé hacia un mueble bar que había allí y me serví un vaso de vino, al cual empezaba a cogerle el gusto. Le serví otro a la secretaria, luego me senté y comencé a dictar.
*****

Eva estaba nerviosa, había ido junto a Alicia y Sandra a casa de una mujer que tenía bastantes vestidos de novia. Ya se había probado varios y ninguno parecía que le viniese bien. Parecía una misión imposible, y eso no era bueno porque se casaba al día siguiente.
—Creo que este te gustará— dijo la mujer apareciendo con otro vestido.
La mujer se llamaba Angelina y tendría unos cincuenta y pocos años, antes del apocalipsis había sido una gran diseñadora de trajes de novia, pero el fin del mundo la había cogido por sorpresa, desde su llegada a Manhattan había logrado establecerse y seguir con lo que había estado haciendo antes de que el mundo llegara a su fin.
Eva miró el vestido que la mujer le traía y sintió que era el más bonito que había visto desde que habían llegado a la casa. Se puso de pie y comenzó a observarlo en compañía de Alicia y Sandra.
—Es muy bonito— dijo Alicia.
—Es el mejor que tengo. Un vestido a la altura de una mujer como tu, la futura esposa del líder de la ciudad. Te mereces lo mejor de lo mejor.
—Si este no me sirve me voy a tener que casar en bragas— respondió Eva con ironía. Algo que la mujer no pareció captar. –Era broma— respondió rápidamente Eva.
—Venga, póntelo, estoy absolutamente convencida de que a Juanma le encantará— dijo Sandra con una sonrisa, en parte envidiaba la suerte de Eva.
Eva se probó el vestido y se dio cuenta de que por fin había uno que le sentaba bien, se miraba al espejo con el puesto y se sentía como una princesa. En esos momentos sintió una fuerte nostalgia por que se iba a casar y ninguna de sus dos hermanas estaban allí para verlo, aunque si estaban presentes Alicia y Sandra, las cuales habían acabado siendo como sus hermanas de verdad, se sentía muy unida a ellas, pero aun así echaba de menos a Maica y a Miriam. Le encantaría que estuviesen ahí con ella, especialmente en ese momento de su vida.
Eva no pudo evitar sonreír al verse vestida de novia. Al día siguiente iba a dar el si quiero ante un altar, tenía que esforzarse por que pese a las ausencias, fuese el mejor día de su vida.
*****

Carlos seguía con lagunas mentales de lo ocurrido dos semanas antes. No recordaba quien le había golpeado y lo había dejado allí tirado. Por un lado sentía rabia por el puesto que había alcanzado su hermano, el cual no llevaba mucho tiempo allí. El había hecho más que su hermano en esa ciudad y para Graham había pasado desapercibido. No entendía como era posible que un recién llegado alcanzara tanta estima en tan poco tiempo. El maldito viejo parecía estar por completo a los pies de Juanma.
Después de despertarse en el callejón había acudido a casa de Gale, donde se había quedado hasta entonces, el grandullón alemán era el hombre en el que más confiaba en esos momentos, ambos se habían cubierto siempre las espaldas. Justamente en ese momento la puerta de la habitación de Gale se abrió y salió una chica joven, Carlos la vio y no se sorprendió, no era nada extraño que Gale se llevase prostitutas a casa, era algo que hacía frecuentemente desde que tenía tratos con “El Bebé”.
Seguidamente detrás de la chica apareció Gale poniéndose la camisa, cuando la chica salió de la casa, miró a Carlos.
—¿No has podido dormir? Siento haber hecho ruido, cuando me pongo soy una jodida maquina.
—No son tus folleteos con putas lo que me quitan el sueño. Es la puta ascensión de mi hermano. No entiendo como el… que es un recién llegado… ha llegado tan alto. Debería ser yo el que estuviera ahí.
—Bueno, tu mismo lo dijiste. Puede que te coja como su segundo.
—No quiero ser un puto segundón. Quiero lo que el tiene, quiero eso, quiero una familia.
—Hay veces que no te entiendo tío.
En ese momento escucharon una voz por megáfono que avisaba del discurso del nuevo líder de la ciudad para aquella misma tarde. Era obligatorio para toda la ciudad acudir, aunque Carlos odiaba tener que acudir a esa ceremonia, una ceremonia que debía ser en su honor, otra cosa que odiaba era que su hermano al día siguiente iba a contraer matrimonio. La vida de Carlos se estaba terminando de desmoronar por completo.
*****

David se estaba preparando para su primera misión, iba a ser llevado junto a su equipo a Maine. En su equipo iban a estar Johana, Butch, Paul, Diana y otro tipo al que no conocía de nada. Iban a salir en Hunvee atravesando las ciudades, era la única manera en la que podían desplazarse debido a las fuertes tormentas de nieve y lluvia. Ir en helicóptero era un suicidio.
Se metió en las duchas para ducharse antes de salir, cuando llevaba allí un buen rato descansando bajo el chorro de agua caliente escuchó un ruido y se dio la vuelta, por allí estaba pasando Johana con una toalla, seguidamente se la quitó quedándose totalmente desnuda y se puso a ducharse en la ducha de al lado de David. Este no podía dejar de mirar el cuerpo de Johana, era algo que no se esperaba.
—¿Qué pasa? Parece que no hayas visto nunca una tía en pelotas.
David apartó la vista rápidamente. –No es eso… es que no sabía que las duchas son mixtas.
—No lo son. Me meto aquí por que me gusta ducharme con los tíos. ¿Te molesta?
—No… no— respondió David con nerviosismo. Johana le parecía una mujer muy atractiva.
—Dentro de unas horas es posible que estemos disparando para salvar nuestras vidas. Es muy probable que alguno muera. ¿Lo tienes asumido?— preguntó Johana.
—Hace tiempo que tengo asumidas muchas cosas. A mi pareja ya le he avisado de esto. No esta de acuerdo con que me vaya, pero esto es algo obligatorio y necesario para la supervivencia de la ciudad.
—¿Y tu amigo no hace nada? Me refiero al que manda aquí ahora.
—Si por el fuera, ninguno saldría o saldría el mismo, pero ahora anda liado con su boda… a la que por cierto no podre acudir y con el puto papeleo. No puede hacer nada.
En ese momento David sintió como Johana se iba acercando, tanto que sus cuerpos acabaron tocándose, entonces sintió la mano de Johana deslizarse por su cuerpo hasta su entrepierna. —¿Qué haces?— preguntó David.
—Me apetece follar un poco. ¿Qué me dices? No quisiera morir sin haber echado un ultimo polvo, al fin y al cabo es lo único placentero que nos queda en este mundo de mierda… además, puedo notar que a ti también te apetece.
David se giró hacia Johana y ambos se quedaron mirando. –No puedo hacerle esto a Alicia.
—Nadie se enterara. Tranquilo, además, llevo deseando tenerte así desde el día que te conocí en la mansión.— seguidamente Johana comenzó a besar y a morder los labios de David.
—Yo también te deseo desde entonces… pero no… podía…— David paró de besarla y la miró fijamente. –Prométeme que solo será esta vez y nadie se enterará.
—Prometido— respondió Johana a la vez que lo metía dentro de ella.
Media hora después el Hunvee salía en dirección a Maine con todos sus ocupantes a bordo. Ninguno de ellos sabía si iba a regresar con vida a aquella ciudad, lo que estaba claro era que seguramente no todos lo lograrían. La misión consistía en recolectar comida en lata de varias casas que tenían marcadas desde hacía tiempo. La misión iba a ser fácil y rápida, contaban con estar con las tormentas de nieve a su favor, y era algo que tenían que aprovechar.
*****

Kimberly había regresado a la rutina en los túneles bajo Manhattan, patrullaba los túneles junto a Mouse, aunque apenas este le dirigía la palabra. Después de que la rescatara habían tenido una larga charla donde Mouse le decía que no volviera a salir de la ciudad de esa manera, que era peligroso. Kimberly sabía que Mouse tenía razón, por culpa de su rebeldía habían estado apunto de matarla o hacerle algo peor cuando se metió en el antro de aquel hombre de corta estatura que le ofreció drogas. Aun así estaba también en deuda con Juanma, el cual la salvó y le ofreció su casa a costa de traerle problemas, el era la muestra de que aun quedaban buenas personas, lo único que Kimberly no sabía era ni como ni cuando devolverle el favor.
En ocasiones, durante esas dos semanas, Kimberly había tratado de volver a ir junto al grupo de Grayson, pero Mouse siempre la interceptaba y la obligaba a regresar. Mouse no quería que su protegida se metiera en más líos. Algunos allí abajo empezaban a conocerla como la que trató de traicionarles e irse con los de la superficie. Las cosas allí abajo no andaban precisamente bien.
Ambos estaban caminando por los túneles cuando por fin Kimberly decidió abrir la boca. No soportaba ese silencio. —¿Cuántas veces tengo que decirte que lo siento y que no volverá a pasar? Me dejé llevar por los lujos de allí arriba, creí que viviría mejor, pero fue solo una ilusión, algo que me idealicé.
—No me lo digas más, ya esta olvidado. Solo espero que no vuelva a pasar. Sentí mucho miedo cuando te marchaste… y no te imaginas lo que sentí cuando vi a ese cabrón apuntándote con el arma. Creí que te iba a perder, perderte también significaría fallar a tu padre.
—Lo siento— respondió Kimberly otra vez. –Pero quiero que sepas que estoy viva no solo gracias a ti. Hay otra persona ahí arriba a la que también le debo la vida, si no hubiese sido por el puede que me hubiesen obligado a prostituirme como a las demás chicas que se llevaron de aquí. Se llama Juanma y es el que va a tomar los mandos de esta ciudad. Se que tiene grandes planes para unificar la ciudad y que nosotros podamos salir a la superficie.
—Te creo en lo de que esa persona es buena… pero esa unificación… nunca será posible. Tenemos que ser realistas, por mucho que el quiera, los demás no lo aceptaran, haría falta un milagro para eso. Su sueño es un imposible, nosotros aquí estamos mucho mejor que allí arriba, y estaremos mejor si a nadie de ninguno de los dos bandos se le ocurre hacer una estupidez, las cosas están muy caldeadas.
Kimberly escuchaba las palabras de Mouse, pero aunque las estaba aceptando, aun albergaba la esperanza de ver algún día lo que decía Juanma, por que cuando lo decía, sonaba muy seguro de si mismo. Eso la impulsaba a creer en cada palabra.
*****

Laura había terminado de escribir todo lo que le había dictado. Ya tenía preparado el discurso preparado, dentro de unas horas tendría que acudir a la quinta avenida, allí estaban preparando un escenario donde yo daría un discurso delante de toda la ciudad, haciendo el juramento del líder. En mi opinión era demasiado royo para mandar, no creía que hiciera falta tanto. Hasta allí sería llevado en limusina.
—Muy bien, esto ya esta. ¿Algo más que añadir?— preguntó Laura.
—No… ya esta— respondí. Lo cierto es que quería dar cuanto antes el discurso para quitármelo de encima.
Me levanté del sillón y acompañé a Laura hacia la puerta. Necesitaba un rato para estar a solas, justo cuando abría la puerta para que Laura saliera, apareció Eva. Esta se nos quedó mirando a ambos, especialmente a Laura, luego me miró a mí y me sonrió. –Hola cariño, vengo a recogerte para irnos a comer— entonces volvió a mirar a Laura. —¿Y tu quien eres?.
—Hola, soy Laura. La secretaria de tu futuro marido. Un placer conocerte— dijo Laura tendiéndole la mano a Eva.
Eva le estrechó la mano y seguidamente Laura se marchó dejándonos a Eva y a mi a solas, yo le dije que pasara y cerré la puerta. Eva avanzó hacia el escritorio y se sentó en mi sillón.
—Muy guapa tu secretaria. No sabía que tuvieras una.
—Ni yo— respondí sentándome en la mesa mientras miraba como Eva cogía uno de los folios del discurso.
—¿Esto es tu discurso?
—Si— respondí. –Es lo único que se me ocurrió decir. Lo cierto es que no me ha sido fácil. Los discursos no son lo mío— entonces me di cuenta de que Eva seguía mirando hacia la puerta. —¿Qué ocurre?.
—¿Seguro que era tu secretaria y no una streeaper que te han pagado para tu despedida de soltero? No se, es guapísima.
—Es una secretaria que me han adjudicado sin yo pedirla, ahora no puedo decirle que no la necesito. Además, no hay tiempo para despedidas de soltero ni tonterías de ese tipo. Nos casaremos mañana y ya esta.
En ese momento, la mano de Eva se deslizó hasta la mía y comenzó a acariciármela. –Tienes razón… bueno…¿Estas nervioso por lo del discurso?.
—Un poco… la verdad— respondí. –Pero bueno, lo superaré.

Cuando Eva y yo terminamos de comer nos fuimos a casa a prepararnos para ponernos la ropa que nos tocaba, hacia las cuatro de la tarde pasó a por nosotros la limusina. Bajamos y nos llevaron hacia la quinta avenida, allí se alzaba un escenario y había gente por todas partes, cuando salí del vehículo me recibieron entre aplausos y vítores. Era algo que no me esperaba y que de alguna manera me incomodaba, aun así me despedí de Eva que se quedó rezagada y comencé a caminar hacia el escenario, durante el paseo me encontré con mi hermano junto a Gale y Pablo. También me crucé con Luci y con Ethan.
—¿Asustado?— preguntó Luci.
—Para nada— respondí al mismo tiempo que sonreía a mi compañera y a su novio. Le di una palmada en el brazo a Ethan y luego me quedé mirando a la multitud desde donde estaba, había mucha gente. Toda la ciudad estaba allí, todos menos David y su grupo, los cuales estaban en Maine.
Estando allí arriba vi también al general Graham, este también había subido para estrecharme la mano, en primer lugar iba a hablar el, luego me cedería el testigo a mi.

—Esta acojonado en realidad. Los discursos no son lo suyo y además esto esta lleno de gente— dijo Luci mirando a Ethan. –Tiene que sentirse como un flan.
—Bueno, ya veras como sale de esta. Si ha sobrevivido tanto tiempo por ahí fuera, esto no es nada, mejorará cuando se suelte hablando, ya lo veras.

Vanesa y Yuriko estaban entre la multitud cuando el general Graham comenzó a hablar de los inicios de la ciudad y de como el se había alzado con el control de esta. Había entrado en temas de como el mundo que conocían se había terminado, pero que en aquella ciudad lo que estaban intentando era recomenzar y volver a recuperar sus vidas antes del infierno. Seguidamente le dio paso a su sucesor, este se levantó y entonces la mayoría de los presentes comenzó a aplaudir. Todos los que Vanesa podía ver aplaudían, al igual que sus compañeros, entonces se fijó en el hermano de Juanma, este permanecía alejado del escenario junto a otros dos, ninguno de ellos estaba aplaudiendo.

Después de que el general Graham me diera el testigo me puse en pie y me acerqué al micro, le estreché la mano y me preparé las hojas de papel que Laura había preparado, ese era mi discurso, tal cual me había salido y tal cual iba a recitar delante de miles de personas. No podía evitar sentirme nervioso con tanta gente, pero no podía quedarme callado, así que comencé a hablar.
—Me llamo Juan Manuel. Aquí muchos no me conocéis de nada y los pocos que me conocéis o los muchos… sabéis quien soy porque se me vio en la televisión junto a mis compañeros al poco tiempo de llegar a esta ciudad. Aunque no se el por que… el general Graham a confiado en mi para tomar las riendas de esta ciudad, confía en mi para que os dirija. Soy muy joven todavía, pero haré lo posible para cumplir las esperanzas puestas en mí y cuidaré de esta ciudad…

Lo tenía a tiro, le habían ordenado matarlo cuando allí abajo se habían enterado de que el general Graham le había cedido el testigo de la ciudad a un completo desconocido. Cuando eso ocurrió lo mandaron a el para que disparara desde un edificio, desde allí Rico Villaverde, uno de los hombres de Zero no podía fallar.
Era la primera vez que hacía algo así, pero no iba a fallar, lo tenía a tiro e iba a llevar a cabo la misión que le habían encomendado. Poco a poco fue sacando el fusil por una de las ventanas del quinto piso. Iba a disparar.

Carlos escuchaba las palabras de su hermano, estas hablaban de renacimiento y unión. Hablaba de que todos eran iguales y que todos tenían los mismos derechos. En cualquier momento soltaría esas malditas palabras de unificación que no quería escuchar, su hermano estaba loco si pretendía que la gente de la ciudad aceptara a las escorias de los túneles. Entonces captó un brillo desde una de las ventanas. Se quedó mirando ese brillo y entonces supo de que se trataba. Rápidamente comenzó a correr hacia allí ante la mirada atónita de Pablo y Gale que no sabían que pretendía Carlos.

—Seguramente muchos no estéis de acuerdo, pero estamos en un mundo donde si no permanecemos unidos, morimos. Y esas personas que viven en los túneles podríamos ser nosotros. No entiendo ese odio que se les tiene y mi misión como nuevo líder de la ciudad es acabar con ese odio… quiero decir que debemos unirnos todos. Ser una comunidad sin odio y cooperativa, solo así conseguiremos expandirnos y recuperar lo que es nuestro…— decía sin ser consciente de que estaba en el punto de mira.

Carlos llegó hasta el edificio donde vio el brillo, cuando llegó al piso que era, buscó la puerta exacta y la abrió de una patada con el arma en alto. Cuando cruzó el umbral de la puerta se encontró con lo que se esperaba. Allí había un tipo apuntando a su hermano desde la distancia con la intención de matarle. Sin pensárselo mucho, Carlos apuntó al francotirador y descargó una única bala en su cabeza. Ni siquiera se molestó en preguntar quien era, simplemente sabía a que venia todo aquello. Ese tipo era un enviado de los túneles, seguidamente miró por la ventana y vio como su hermano terminaba su discurso. Desde donde estaba podía ver las expresiones de la gente después de que su hermano dijera las palabras mágicas de la unificación. Muchos no estaban de acuerdo, pero el mandaba y tocaba apechugar.

Desde donde estaba y con el discurso ya terminado podía ver que muchos no estaban de acuerda con lo de unificarnos con los habitantes de los túneles, mi idea era que todos teníamos derecho a compartir lo mismo allí en la superficie, no era momento para conflictos civiles, aunque no les gustase a la mayoría. Allí mandaba yo y todos tenían que seguir las reglas, les gustase o no, al fin y al cabo esperaba que poco a poco fueran aceptando las cosas, muchas de ellas iban a cambiar.
*****
Día 29 de Noviembre de 2009
Día 525 del Apocalipsis…
Había llegado el día que contraería matrimonio con Eva, después de tanto tiempo por fin iba a ocurrir. Nuestra boda tendría lugar en Central Park y sería oficiada por el padre Kaleb Roberts. El banquete sería en un gran restaurante que habían estado preparado durante toda la semana especialmente para el momento. A la boda acudiría la mayor parte de la ciudad salvo los que estaban en alguna misión fuera. También estaban fuera la mayoría de pilotos. El tiempo de ese día no ayudaba mucho, estaba nublado y amenazaba con una fuerte tormenta. Una que podría caernos encima de un momento a otro.
Mucha gente se había congregado en central Park, y cada vez llegaban más. Yo estaba de pie enfrente del padre Kaleb y de un arco, ante el cual nos casarían a Eva y a mí. A mi lado estaba mi hermano al que había escogido como mi padrino.
—¿Nervioso?— me preguntó mientras me ajustaba la corbata del smoking.
—Si dijera que no te mentiría. Estoy temblando como si fuera una gelatina— respondí mientras miraba a mí alrededor. Vi a los rostros conocidos de mis compañeros, incluso vi a Sid, al cual, su madre llevaba en una silla de ruedas. Vi también a la doctora Sheila junto a una chica a la que no recordaba si había visto antes o no. Yuriko y Vanesa también estaban presentes a pocos metros del altar.
Por momentos me desesperaba ante la idea de que Eva no llegase, pero entonces comenzó a sonar la marcha nupcial y el padre Kaleb me hizo un gesto para que mirara en una dirección, cuando lo hice vi a Eva vestida de novia avanzando hacia el altar con un ramo de flores en las manos y con Vicky delante de ella con un cojín en las manos donde portaba los anillos, detrás de Eva iban Alicia y Sandra, ellas eran las damas de honor. La pequeña Vicky llevaba un vestidito rosa que ella misma había elegido.
Mi vista se quedó clavada en Eva, ella precisamente iba preciosa y cuando llegó junto a mi no pude evitar sonreírle, ella hizo lo mismo.
—Estas muy guapa— dije.
—Tu también— respondió ella.
En esos momentos el padre Kaleb nos miró con una sonrisa y entonces abrió la biblia para empezar con la ceremonia. Justo en esos instantes sentí que todo el nerviosismo se había esfumado.
El padre Kaleb hizo lo que le habíamos pedido, una ceremonia rápida. Terminó diciendo que podía besar a la novia y cuando lo hice, seguidamente emprendimos camino hacia el banquete, de camino comenzó a caer nieve, no tardaría en formarse una ventisca. Mientras caminábamos miré a Eva y le sonreí.
—Por fin somos marido y mujer— dijo Eva agarrándose a mi brazo.
—Si, por fin— respondí. Me sentía muy feliz de estar con Eva, y la niña también estaba feliz.
*****

Manhattan…
Zona infestada…

La misión en Maine había ido sobre ruedas y había sido un éxito. Habían recolectado una gran cantidad de comida y estaban regresando a la ciudad. No tardarían mucho en llegar, David iba al volante del Hunvee y tenía a Butch al lado. De vez en cuando se turnaban para conducir, pero ese último tramo lo había decidido llevar David a través de la ciudad en ruinas mientras sobre ellos caía una terrible nevada. La visibilidad era casi nula y apenas podían ver lo que tenían delante. En esos momentos al torcer una esquina chocaron contra algo.
—¿Pero que cojones?— preguntó Butch.
Cuando quisieron darse cuenta se vieron rodeados de multitud de No Muertos que no se sabía de donde habían salido. En pocos segundos rodearon el hunvee y comenzaron a golpear la carrocería y los cristales del vehículo. Se habían metido en un buen lio y Diana se había comenzado a poner histérica, gritaba y lloraba mientras su hermano la abrazaba. El soldado al que David no conocía se puso de pie y se asomó por la escotilla superior, una vez allí comenzó a disparar a los No Muertos que trataban de subir al vehículo. Aunque no estaba sirviendo para nada. Cada vez aparecían más.
—Mitchell vuelve al interior. Llamaré por radio para que nos ayuden— dijo David a la vez que se asomaba también y tiraba del soldado hacia el interior.
Cuando volvió a meter a Mitchell en el interior, David se apresuró a coger la radio y pedir ayuda mientras Diana no dejaba de gritar y la tensión no paraba de crecer en el interior del vehículo.
—Aquí el sargento Cooper— respondió por fin una voz.
Rápidamente David respondió. –Aquí el Hunvee de misión en Maine. Nos hemos visto sorprendidos por una horda en las ruinas de Manhattan cuando estábamos regresando. Necesitamos ayuda ya.
—¿Quién habla?— preguntó la voz.
—David… soy David.
—Siento no poder ayudar. La única manera de sacaros de allí debe ser por el aire y en medio de esta tormenta…
—No nos abandonéis malditos cabrones. Tenéis que sacarnos de aquí— entonces David sintió el sonido de música de fondo. –Maldita sea, dejaros de fiestecitas y sacadnos de aquí ahora mismo. Dígaselo a Juanma, dígale que soy David… soy David.
Pero de pronto la comunicación se cortó dejando a David con la palabra en la boca, no podía creerse que los habían dejado en la estacada. Quizás hubiese sido culpa suya meterse en ese lio, pero no podían abandonarlos. David miró a Diana que seguía en pleno ataque de nervios y luego miró a Johana con la que hacia un día que había tenido relaciones sexuales en las duchas.
—Tenías razón. Vamos a morir…— susurró David.
*****

Manhattan…

El banquete había terminado y nos encontrábamos en medio del baile. El baile había sido abierto por Eva y por mí, al que nos siguió Carlos bailando con Vicky. Seguidamente todos comenzaron a bailar a nuestro alrededor. Todos parecían felices, especialmente Eva, la cual no dejaba de mirarme con una amplia sonrisa de oreja a oreja.
—¿Qué te hace tanta gracia?— pregunté con cierta ironía, sabía muy bien el porque sonreía así.
—No me hace gracia nada. Es que estoy muy feliz, me he casado con el hombre de mis sueños, esto es lo que tanto tiempo he deseado.
En ese momento mientras bailábamos se nos acercó la pareja formada por Carlos y Vicky, entonces la pequeña me miró con una sonrisa. –Cambio de parejas papi.
Yo miré a la pequeña con una sonrisa, solté a Eva y le hice una reverencia a la pequeña ofreciéndole mi brazo. —¿Me concede este baile bella dama?.
La niña sonrió y se agarró a mi brazo, acto seguido comenzamos a bailar mientras Carlos bailaba con Eva.

Eva evitaba mirar a Carlos a la cara mientras bailaban, esta se limitaba a mirar hacia los lados, fue entonces cuando Carlos dijo algo que obligó a Eva a mirarle.
—Se que piensas que fui yo quien mató a Rose cuando aun estaba viva. No se que te lleva a pensar que fui yo, pero no lo fui. Tienes que creerme, no soy ningún asesino y aunque lo fuera, Rose sería la ultima persona del mundo a la que no haría daño. No sería capaz.
—Si… vale— respondió Eva.
—Por favor… mírame— Carlos cogió a Eva de la barbilla y la obligo a mirarle. –Mírame a los ojos y dime si estos  son los ojos de un asesino que mata a la mujer que ama.
Eva miró a Carlos a los ojos y en ellos vio lágrimas, esos ojos expresaban una gran tristeza. –Vale, te creo.

Seguía bailando con Vicky totalmente ajeno a lo que hablaban Carlos y Eva. Estaba totalmente centrado en la pequeña, esta sonreía cada vez que me miraba.
—¿Te lo estas pasando bien tesoro? Apuesto a que es la primera vez que vas a una fiesta así— le dije con una sonrisa.
—Si papi, me lo estoy pasando muy bien. Es la primera vez que veo casarse a mis papás. ¿Ahora debo llamar mamá a Eva?— preguntó finalmente la pequeña.
—Si… si quieres, pero si la llamas mamá la harás muy feliz— respondí.
En ese momento vi como Luci vestida con un vestido de noche de color rojo avanzaba hacia mi entre la multitud, era la primera vez que la veía así, lo cierto es que estaba radiante, cuando llegó hasta mi no pude evitar soltar un cumplido.
—¿Viene la mujer de rojo a pedirme un baile? Es broma… estas muy guapa— le dije con la mejor de mis sonrisas.
—Tenemos un problema— me espetó en esos momentos con una expresión que hizo desaparecer la sonrisa de mi cara.
—¿Qué ocurre?— pregunté. Después de ver su expresión, yo tenía el corazón en un puño. —¿Qué pasa?.
—Estaba bebiendo algo cuando pasé junto a Cooper. Este estaba hablando con walkie talkie con David. Pude escuchar la desesperada voz de David, están atrapados en medio de una calle rodeados de podridos y Cooper no quiere hacer nada, los esta dejando tirados.
—¿Qué?— pregunté sorprendido. No daba crédito a eso, pero sabía que Luci no me mentía y que sabía lo que había oído. Seguidamente busqué a Cooper entre la multitud y finalmente lo vi sentado en una de las mesas bebiendo ponche en una copa. Miré a la pequeña rápidamente. –Espérame aquí.
Caminé entre la multitud seguido por Luci, cuando llegué hasta Cooper me paré frente a el, este me miró con una sonrisa, pero cuando vio que yo no sonreía, este borró la suya de su cara. —¿Qué pasa?.
—¿Por qué no quiere ayudarles? Se lo de la llamada de socorro del grupo que había ido a Maine. Tenemos que sacarlos de ahí, hay amigos míos en ese hunvee. ¿Dónde están?
Cooper lanzó un suspiro y me miró. –Están a unas doce manzanas de la valla. Están parados en medio de una calle con caminantes aporreando los cristales y la carrocería. Ya deben estar muertos, es imposible sacarles de ahí si no es por aire. No se puede hacer nada con este tiempo. Es una locura intentar un rescate.
—No diga estupideces. Voy a sacarles de ahí.
En ese momento vi que una enorme multitud se había congregado a nuestro alrededor y se había enterado de toda nuestra conversación, eso incluía a Eva también. Quería explicarle que tenía que irme, pero no había tiempo para explicaciones. Rápidamente busqué a Vanesa entre la multitud, cuando la encontré me acerque a ella.
—Necesito que pilotes un helicóptero, se que hace mal tiempo y que quizás sea una locura, pero eres la única que puede ayudarme en estos momentos.
Vanesa miró a su alrededor y luego me miró a mi. –Está bien. Vamos.
Vanesa y yo comenzamos a caminar en dirección a la puerta con Luci y Eva detrás. Luci se puso a mi lado. –Te acompaño.
—No… quédate aquí y no dejes que nadie más se alarma. Que siga la fiesta, quédate con la pequeña. Nosotros estaremos de vuelta antes de que os deis cuenta.
—Cariño… no— dijo Eva cogiéndome del brazo.
Yo me di la vuelta y la cogí de las mejillas. –Tengo que hacerlo mi amor, pero no te preocupes porque estaré de regreso enseguida— después de eso la besé y Vanesa y yo salimos de allí. Teníamos que ir al Madison Square Garden, despegaríamos desde allí, solo esperaba no llegar demasiado tarde.
*****
Manhattan…
Zona infestada…

David ya no apostaba por su supervivencia, a decir verdad ninguno de los ocupantes del hunvee lo hacía. Incluso Diana que hasta hacía relativamente poco había estado histérica, ahora guardaba silencio en brazos de su hermano, la joven había aceptado su cruel destino. Todos iban a morir allí, la pregunta era si lo hacían suicidándose pegándose un tiro o simplemente esperar a que los No Muertos entraran en el interior del Hunvee. Fuera como fuere, hacía falta un milagro para que alguien los salvara, y era obvio que nadie iba a ir a rescatarles. Fuera, los infectados seguían aporreando la carrocería y los cristales, no podían ver cuantos había, pero era evidente que debía haber miles, sedientos de carne humana.
David sacó su pistola y comenzó a observarla. Johana lo vio y supo lo que estaba haciendo. –Vía rápida… ¿No?
—Vía rápida— repitió David mirando a cada uno de sus compañeros. Los seis se habían refugiado en la parte trasera del hunvee. Ahora debían decidir quien era el primero en quitarse la vida.
*****

Vanesa y yo habíamos llegado al Madison Square Graden y nos habíamos hecho con el único helicóptero en un tiempo record, y pese al tiempo que hacía, despegamos. Rápidamente el helicóptero comenzó a sobrevolar la ciudad, no tardaríamos en ver los faros del vehículo en medio de la tormenta, cuando los divisé le señalé a Vanesa el lugar.
La piloto puso rumbo hacia el lugar y enseguida estuvimos sobre la calle. Rápidamente me quité la camisa del smoking y cogí la radio para ponerme en contacto con los ocupantes del hunvee.

David iba a disparar contra si mismo cuando la radio del hunvee crepitó, David se apresuró a cogerla y cuando escuchó la voz al otro lado. No pudo evitar controlar su alegría.
—Me alegro mucho de escuchar tu voz. Sácanos de aquí— dijo David casi suplicando.
—Confía en ello. Vamos a dejar caer una escalerilla y bajaré para que vayáis subiendo, pero necesito que alguien cubra nuestra huida. Abrid la escotilla superior— le pedí a David a través de la radio.
—Ya le habéis oído. ¡¡¡Vamos!!!— dijo David mirando a Butch y a Mitchell.
Entre Butch y Mitchell abrieron la escotilla y ambos salieron, una vez fuera comenzaron a disparar a los No Muertos que abordaban el hunvee. No tardaron en ver caer una escalerilla, la cual se esforzaron en mantener tensa para que no se moviera, seguidamente alguien descendió y seguidamente comenzó a disparar.

Había puesto mis pies sobre el techo del hunvee y había comenzado a disparar a discreción contra los No Muertos que trataban de alcanzarme. Seguidamente me llevé el walkie a la cara y me puse en contacto con Vanesa.
—Tendrás que descender un poquito más— luego miré a los que comenzaban a subir a mi encuentro. –Tendréis que subir de uno en uno.— en ese momento vi a la joven alemana que me había visto como su salvador. –Que ella suba primero. ¡¡¡Vamos!!!
Diana comenzó a subir por la escalerilla, cuando estuvo arriba la siguió su hermano Paul, luego un soldado al que no conocía, seguidamente subieron los dos roqueros. Tan solo quedábamos David y yo sobre el hunvee, era momento de subir y alejarnos de allí, íbamos a dejar la comida que habían logrado recolectar, pero salvar la vida era mucho más importante, en ese momento me llamó Vanesa.
—¿Qué ocurre?— pregunté mientras disparaba a uno que estaba casi agarrándome de la pierna.
—Juanma. Tenemos un problema, el tiempo esta empeorando y aquí ya solo cabe una persona más.
Entonces David y yo nos miramos y este solo pudo sonreír. –Adelante, vete. Ya me las apañaré yo solo, seguro que volveréis enseguida.
—Nada, olvidalo. Venga sube. No me hagas discutir contigo, lárgate— dije empujando a David hacia la escalera.
—¿Estas seguro?— preguntó David.
—No me hagas pensármelo más— respondí dándole un nuevo empujón.
David me miró una última vez y luego susurró un gracias y luego comenzó a subir rápidamente. Solo quedaba yo sobre el hunvee y los No Muertos comenzaban a ganarme terreno. Escuché a Vanesa y le pedí que se largara. Cuando el helicóptero se marchó yo tuve que ocultarme en el interior del hunvee al verme  desbordado por el continuo asedio de los infectados. Con cada sacudida del hunvee sentía que este se iba volviendo menos seguro por momentos, solo esperaba que no pudieran entrar, no sabía cuando podía regresar Vanesa, fuera el tiempo se iba volviendo más violento.
*****

Manhattan…zona segura.

Todos los que estaban en el banquete habían terminado acudiendo al Madison Square Garden. Cuando el helicóptero llegó al lugar, Eva fue la primera en acudir corriendo esperando ver a su marido, pero el no estaba allí.
—Vanesa…¿ Y Juanma? ¿Dónde esta mi marido?
—Se ha quedado allí por que no cabía, pero ahora mismo voy a por el.
En ese momento Yuriko se acercó a su amiga y la detuvo. –No puedes volver a despegar, no llegaras a tu destino, te estrellaras antes, la tormenta es mucho más fuerte ahora.
Vanesa no quería hacer caso a Yuriko, no podía dejar tirado a Juanma en un Hunvee en medio de una horda cada vez más creciente de No Muertos, pero era cierto que no podía despegar. Era demasiado peligroso, miró a Eva y no pudo evitar echarse a llorar. Juanma estaba solo hasta que pudiera despegar e ir a buscarle. Hasta que la tormenta no pasara o amainara no podía despegar.

Día 30 de Noviembre de 2009
Día 526 del Apocalipsis…

Con el amanecer y la ausencia de la tormenta, el helicóptero había despegado para ir a buscar a Juanma al hunvee, ya había pasado más de una hora cuando el helicóptero volvió a aterrizar en el Madison Square Garden donde Eva y los más allegados de Juanma esperaban impacientes el regreso de este, pero cuando el helicóptero aterrizó, solo se encontraron con los tristes rostros de Vanesa, Yuriko y el resto del equipo de rescate. No había ni rastro del nuevo líder de Manhattan.
Eva corrió hacia Vanesa y la agarró de los brazos. —¿Dónde esta? ¿Dónde esta mi marido?
En ese momento Vanesa sacó una camisa de botones de color blanco totalmente ensangrentada, la misma que llevaba en la boda. Eva enseguida le arrebató la camisa a Vanesa y la tiró al suelo. –No quiero su camisa, lo quiero a el. ¿Dónde esta? ¿Qué ha pasado?.
David que también había ido en el equipo de rescate se acercó a Eva y la abrazó. –Cuando llegamos no había caminantes, y el hunvee estaba destrozado, las puertas estaban abiertas y los cristales rotos, no había ni rastro de Juanma, solo encontramos esta camisa en el interior manchada de sangre. Con la cantidad de No Muertos que había allí era imposible que lograse salir… y tenemos la certeza que esta sangre es suya. Es imposible que haya sobrevivido.
Eva se soltó de David y miró a Carlos, otro de los miembros del equipo de rescate. Eva buscaba que Carlos le dijese lo contrario, pero este se limitó a limpiarse las lágrimas y a negar con la cabeza. No había duda de que Juanma había muerto.

Día 1 de Diciembre de 2009
Día 527 del Apocalipsis…

Ninguno de los amigos de Juanma quería creérselo, pero allí estaban, viendo como un ataúd con la foto de este descendía hasta el interior de un foso, marcando así el final de el que hasta el momento de su muerte había sido el nuevo líder de la comunidad de Manhattan. Allí estaban todos reunidos para darle el último adiós. La pequeña Vicky estaba abrazada a su tío Carlos, mientras que este no perdía de vista a Eva, la cual estaba destrozada y ocultaba sus ojos azules detrás de unas gafas de sol.
—¿Qué haremos mamá y yo sin papá?— preguntó Vicky con lagrimas en los ojos.
—No te preocupes. Yo cuidaré de vosotras, nunca seré como tu padre, pero prometo que os cuidaré.
El padre Kaleb dijo unas palabras y finalmente se echó bastante tierra sobre el ataúd dejándolo sepultado. Después del funeral cada uno volvió a su casa, todos salvo Eva, la cual se quedó delante de la tumba.
—¿Por qué tu también me has dejado sola? ¿Qué voy a hacer sin ti? ¿Por qué te has ido?

Luci y Ethan estaban allí también observando a Eva frente a la tumba.
—Quizás deberías ir a hacerle compañía— le dijo Ethan.
—Paso… se han rendido demasiado pronto. Yo me niego a creer que Juanma esta muerto. Y haré lo que sea para encontrarlo, me da igual el tiempo que me lleve.
Seguidamente Luci se dio la vuelta y comenzó a alejarse del cementerio.