Bienvenido

Si eres nuevo o eres seguidor de este blog, te interesará saber que además de este hay otros blogs míos. Las direcciones están debajo de este texto. En ellos encontrarás desde una corrección de esta historia. A un blog de vídeos y noticias que engloban a todos los blogs que me pertenecen. Tambien puedes acceder al blog dedicado al futuro cómic basado en la historia.

jueves, 31 de octubre de 2013

NECROWORLD Capitulo 12



Manhattan…

Cuando Eva salió al salón de su casa enseguida notó la corriente de aire frio que entraba por la ventana. Ver esta abierta era la señal clara que alguien que no debería estar ahí había entrado en su casa, pero en el salón no había nadie. Estuvo apunto de comenzar a gritar, pero aunque lo hiciera la ayuda tardaría en llegar, tampoco quería despertar a la pequeña. Entonces miró al suelo y casi se le paró el corazón, en el suelo había huellas recientes de una bota que podría ser de un cuarenta y ocho, enseguida vio más huellas, estas iban por el pasillo en dirección a la habitación de Vicky. Sin perder más tiempo corrió por el pasillo hasta la habitación de Vicky y entró de golpe apuntando con la pistola, pero una vez estaba abierta no vio a nadie junto a la cama de Vicky.
De repente a su derecha sintió un fuerte golpe que la lanzó contra la pared al otro lado de la habitación al mismo tiempo que el arma se le disparaba. El golpe fue tan fuerte que estuvo apunto de perder el sentido, solo los recientes gritos de Vicky que acababa de despertarse la hicieron permanecer en pie y girarse hacia su agresor, del que solo vio una figura oscura que se abalanzaba nuevamente sobre ella. Eva intento disparar, pero aquella mole fue más rápido que ella y de un manotazo le quitó el arma de las manos, luego agarró a Eva por el cuello y la lanzó al pasillo. Aquel tipo fuese quien fuese era muy fuerte, Eva trato de alejarse a rastras con la única intención de que aquel tipo se alejara de Vicky, era obvio que la quería a ella. No tardó en verlo salir al pasillo detrás de ella, este la agarró de la pierna y comenzó a tirar, Eva solo podía defenderse dando patadas que no parecían hacer el efecto deseado. Seguidamente aquel tipo tuvo a Eva debajo de el y este se puso sobre ella cerrando sus manos alrededor de su cuello intentando estrangularla.
La vista de Eva se nublaba al tiempo que se quedaba sin aire, aquel tipo la estaba matando, fue en ese momento cuando se escuchó un disparo y las manos de aquel tipo perdieron fuerza soltando a Eva en el acto. Por fin pudo abrir los ojos y recuperar aire al tiempo de ver como aquel tipo huía agarrándose el hombro herido mientras dejaba manchas de sangre por el pasillo, pero rápidamente la atención de Eva cambio hacia Vicky, el retroceso del arma la había lanzado contra el marco de la puerta y la pequeña yacía en el suelo hecha un ovillo llorando y con las manos detrás de la cabeza. Rápidamente Eva cogió la pistola y salió hacia el salón en persecución del hombre que había intentado matarla, cuando salió al salón se encontró con que aquel tipo enorme que vestía totalmente de negro y llevaba un pasamontañas trataba de huir por la escalera de incendios. Eva volvió a abrir fuego acertándole en una pierna, aquel tipo atravesó el cristal y comenzó a caer por las escaleras. Eva no podía permitir que escapara, justo iba a salir detrás de el cuando la puerta de su casa se abrió de golpe y David entró de repente totalmente alterado.
—¿Qué pasa?— preguntó David.
—Un cabrón ha intentado matarme— respondió Eva al tiempo que veía como Alicia entraba por la puerta y centraba toda su atención en Vicky que seguía llorando en el suelo. Seguidamente Eva y David salieron a la escalera de incendios, pero allí no había nadie.
—¿Dónde esta? ¿Dónde ha ido?— preguntó David mirando a su alrededor.
—No lo se, pero ya no creo que vuelva, ahora tengo que ver como esta mi hija. Las fuerzas de seguridad ya deben estar al tanto y no tardaran en llegar— dijo Eva volviendo hacia su vivienda.
Cuando Eva y David volvieron a entrar en la casa se encontraron a Vicky en los brazos de Alicia. Esta ya estaba más calmada y Eva se acercó para ver que tal estaba. Lo cierto es que si no hubiese sido por la pequeña, en esos momentos ella estaría muerta. Aquella niña había demostrado ser muy valiente. Cuando Eva comenzó a acariciarle el pelo, Vicky la miró y luego soltó el cuello de Alicia para abrazar a Eva, entonces la pequeña nuevamente comenzó a llorar.
—Tranquila cariño, tranquila. Todo está bien y tú has sido muy valiente.
Justamente en esos momentos entraron por la puerta un par de militares con las manos en alto, el más joven de ellos vio el destrozo y comenzó a hacer preguntas. Fue David quien les explicó todo lo que había visto y Eva terminó de contar su versión de los hechos, la única versión que había. Los militares tomaron nota y también recogieron las muestras de sangre que había en el suelo para analizarlas y dar con el culpable.
—¿Eso servirá para algo?— preguntó David.
—Si, tenemos sangre de todos y cada uno de los habitantes de la ciudad. Nos será fácil dar con el sujeto. En dos días como mucho ya sabremos quien es— respondió el soldado. –Por lo pronto pueden estar tranquilos. Si va herido dudo que vuelva a intentarlo.
Cuando los militares se fueron, David, Alicia, Eva y Vicky se quedaron en el salón, enseguida David sugirió que pasaran la noche en su casa. No era bueno que se quedaran allí con la ventana rota pasando frio. Dicho y hecho hicieron lo que David sugirió y se fueron a su casa, cuando iban a entrar se cruzaron con la doctora Sheila.
—Buenas noches— dijo la doctora.
—Buenas noches— respondió Eva antes de desaparecer por la puerta del apartamento.

Sheila entró en su apartamento y volvió a sonreír. El beso que le había dado Rachel la había dejado trastocada y no podía dejar de pensar en ello. Lo cierto era que desde que la conoció se había sentido atraída por ella, nunca supo si debía decirle algo, pero finalmente había sido Rachel quien había dado aquel paso y eso la hacía muy feliz, era la primera vez que se sentía completamente feliz. Había sobrevivido al Apocalipsis y había llegado a aquella ciudad, pero aun así no era feliz del todo, pero ahora, tras el beso de Rachel se sentía amada y también sentía que a partir de ese momento, pasase lo que pasase, las cosas iban a ser diferentes.

Gale se paró en un callejón lejos del apartamento del hermano de Carlos  y se quitó el pasamontañas mientras hacía una mueca de dolor. La maldita cría y aquella zorra entrometida le habían jodido bien, ni más ni menos que le habían disparado dos veces.
Las cosas no debían haber salido así, el tenía que haber logrado acabar con ella. Había tomado esa decisión después de verla salir del apartamento de Carlos. La había seguido hasta su apartamento y había esperado el momento oportuno, pero no había tenido suerte. Ahora su tiempo se acababa y tenía que hacer algo, tenía por seguro que los militares ya habían tomado muestras de sangre, las que iban a analizar y a comparar hasta que dieran con el. En dos días, tres como mucho, estaría en búsqueda y captura. Habría carteles con su cara por toda la ciudad, podía hacer varias cosas, podía esconderse o huir, tratar de dar el cambiazo con lo de su sangre o simplemente dejarse coger, por su crimen solo se pasaría toda su vida en prisión… pero eso para el no era factible. De todos modos, pasase lo que pasase, primero debía deshacerse de las pruebas que inculpaban a Carlos directamente por asesinato. Gale sabía que si se lo montaba bien podría impedir que culparan a Carlos. Era cierto que había cometido un crimen, pero había sido un accidente y este merecía al menos la oportunidad de redimirse.
Gale decidió ir a casa y cambiarse de ropa, también tenía que curarse las heridas, luego haría lo que fuese para ayudar a su amigo.
*****

Washington DC…
Nos habíamos refugiado en una gran biblioteca, fuera se había desatado una tormenta de nieve tremenda. En el interior de la biblioteca habíamos tenido que montar una pila de libros a los que les prendimos fuego para no congelarnos. Entre los libros a los que habíamos prendido fuego había autenticas obras maestras que en una situación normal nos habría costado una buena denuncia o incluso la cárcel.
Poco a poco me fue entrando sueño y me senté en el suelo apoyado en una de las estanterías, a mi lado estaba Yuriko, la cual seguía temblando. Esta vez suponía que era por el frio.
—Me da vergüenza estar así en medio de una misión… me hace parecer débil— decía Yuriko mientras tiritaba.
—No eres débil. Todos tenemos frio— respondí con una sonrisa. Entonces vi que Yuriko no me miraba a mí, esta tenía la mirada clavada en una silueta que miraba por la ventana al exterior. Miraba la tormenta de nieve.
—Se está manteniendo fuerte para no fracasar en la misión.— explicó Yuriko mirándome. –Se lo que es perder familia, son seres amados, pero perder al amor de tu vida… debe ser muy duro. Conozco a Rose desde que ella y tu hermano se conocieron. Se lo mucho que se querían y me imagino lo mal que lo estará pasando.
—Le entiendo perfectamente. Yo también perdí a alguien muy importante para mí. La asesinaron delante de mis propios ojos— respondí nuevamente pensando en Lidia.
—No lo sabía— respondió Yuriko.
—Yo estuve presente— dijo Vanesa mientras tiritaba al lado de Yuriko. –Nunca tuve la oportunidad de conocerla, pero se que era una gran chica.

Carlos miraba por la ventana hacia la calle, las calles de Washington eran fantasmagóricas, pero con la nieve, estas adquirían un aspecto más macabro. Era como ver otro mundo al otro lado de los cristales. Al menos no había No Muertos a la vista, Carlos se los podía imaginar sepultados por la nieve y totalmente congelados. Sin embargo Carlos tenía otras preocupaciones, por un lado, Rose no se le iba de la cabeza y muchas veces le parecía verla en cada esquina levantando un dedo señalándole de forma acusadora, eso le estaba pasando una enorme factura emocional y temía venirse abajo. Por otro lado estaba todo ese asunto del equipo masacrado, los medicamentos calcinados y la perdida del helicóptero, demasiadas cosas en tan poco tiempo.
De vez en cuando, Carlos miraba a Jill para ver si esta había logrado establecer contacto con Cooper y los demás que había en el barco, pero no había tenido suerte, la tormenta complicaba mucho las cosas, miró a los demás y vio sus caras congestionadas por el frio, esperaba poder pasar la noche sin demasiados problemas, al día siguiente tratarían de regresar al barco por sus propios medios.

Día 2 de Noviembre de 2009
Día 508 del Apocalipsis…
Washington DC…

Con la llegada del amanecer nos despertamos, fuera todavía nevaba, pero la tormenta había pasado por completo. Fue justo cuando Jill logró ponerse en contacto con Cooper y le había explicado la situación. Cooper le había dicho que tardarían en mandar otro helicóptero y que mientras esperaban la llegada de este, nosotros investigáramos las causas de lo ocurrido con el anterior equipo. Lo cierto era que yo también estaba deseando saber que demonios había pasado con nuestros compañeros y quien o quienes los había masacrado.
Nos estábamos preparando para salir cuando aparecieron Luci y Manuel cargados con un montón de mantas que al verlas más de cerca vi que no eran mantas, si no chaquetas de piel, especiales para el frio. Las íbamos a necesitar, ya que la temperatura había bajado muchísimo.
—¿De donde las habéis sacado?— preguntó Roice.
—Del otro lado de la calle. Hay una tienda, salir ahí fuera sin esto es una locura. No os imagináis el frio que hace ahí fuera— explicó Manuel.
—Hace un frio que pela— añadió Luci
—¿No hay ninguna de mi talla?— preguntó Mike mientras observaba los conjuntos.
—No… no existe la talla xxOso— respondió Marlon con una sonrisa mientras se ponía su chaqueta. –Para ir bien pertrechado deberías ponerte dos por lo menos.
—Muy gracioso— respondió Mike. –Creo que voy a tener que hacer un apaño con esto.
Cuando terminé de ponerme la mía y prepararme bien, cogí un conjunto y se lo acerqué a mi hermano para que se lo pusiera. Este seguía mirando hacia la calle desde la ventana, tenía la sensación de que no se había movido de ahí en toda la noche. Lo cual me preocupaba bastante, seguramente su mente estaba en otra parte. No creía que en ese estado y tras la muerte de Rose, el tuviese que estar allí.
—¿Cómo estas?— le pregunté mientras le pasaba su conjunto.
—Estoy bien. Nuestro avance no será fácil con tanta nieve. Las cosas serían más fáciles si tuviéramos motos de nieve— respondió Carlos.
—Ya, pero no me refería a eso. Me refiero a tus ánimos. En mi más sincera opinión creo que deberías haberte quedado en Manhattan. Deberías haberte dado tiempo.
—¿Y quedarme en casa lamentando la muerte de Rose? No. El pensar esta noche me ha venido bien para darme cuenta de que este es el mundo en el que vivimos, donde si algo puede salir mal, saldrá peor. Nada de lo que hagamos ahora nos traerá de vuelta a los que hemos perdido. Las cosas son así y ya esta. Ellos están muertos, nosotros no.
Carlos se puso la chaqueta y la demás ropa, luego me miró y me dio una palmada en el brazo al tiempo que sonreía. Una expresión que me pareció de todo menos normal. Había perdido a su mujer y parecía que ya lo había asumido en tan poco tiempo. Algo que a mi me costó muchísimo tras la muerte de Lidia, a decir verdad aun no me sentía que lo había superado.
Después de hablar con mi hermano me dirigí a Sid. Necesitaba saber cual era el plan a seguir y sabía que eso lo sabríamos gracias a su ordenador.
—Muy bien Sid. Tu diras.
—El otro grupo comenzó su misión desde United States Naval Observatory. Así que supongo que para tratar de averiguar que les pasó deberíamos empezar desde allí— respondió Sid.
—¿Cómo llegamos?— preguntó en ese momento Carlos.
—Deberíamos tomar la Massachusetts Avenue Northwest. Desde ahí llegaremos enseguida y fácilmente.
—Muy bien. Pues vamos. Pongámonos en marcha— dije preparando mi arma. –Salgamos de aquí.
Unos minutos después cuando ya nos habíamos equipado correctamente comenzamos a salir a la calle. No había más remedio que ir a pie, ya que no disponíamos de ningún tipo de vehículo para desplazarnos. Nuestros pies se hundían en la nieve y eso nos hacía ir muy lentos. Íbamos en formación de abanico siempre con las armas en alto, siempre preparados para lo que pudiera pasar o lo que pudiera surgir de cualquier rincón. Al fin y al cabo aunque no hubiese No Muertos por allí… sabíamos que no estábamos solos en aquel lugar, sabíamos que había alguien más y que probablemente nos estaría observando en aquel momento.
*****
Día 2 de Noviembre de 2009
Día 508 del Apocalipsis…
Manhattan…08:00

David acababa de levantarse y se había marchado para asistir al entrenamiento. Ese día, Eva lo había pedido libre por motivos personales y se estaba preparando para despertar a Vicky para que se fuera al colegio con Alicia.
Alicia estaba en la cocina preparando el café cuando Eva se acercó a ella, momento que Alicia aprovechó para preguntarle porque había llegado tarde el día anterior. Entonces fue cuando Eva se aseguró de que nadie las escuchara y comenzó a hablar a su compañera.
—La noche que murió Rose alguien llamó desde su casa. Lo que pasa es que la hora de llamada desde su casa es la misma que Carlos dijo en su informe que llegó. Con lo cual no me cuadra porque si dice que llegó y la vio así, es imposible que nadie llamara. Así que solo se me ocurre que Carlos mintió. Eso me hizo ir a su casa a investigar y me encontré con la ropa de este manchada de sangre, también vi una pisada marcada en la sangre, el pie estaba descalzo.
—¿Qué estas insinuando Eva?— preguntó Alicia. —¿Crees que Carlos podría haber matado a Rose? ¿Por qué haría el eso?.
—No lo se. Solo te digo lo que no me cuadra de todo esto y lo que descubrí. Creo que pasó algo y la mató, no se si de forma premeditada o por accidente, pero pienso que lo hizo… puede que luego se reanimara y entonces el acabara con ella otra vez. Es lo que pienso… además… justo después de eso intentaron matarme… no puede ser casualidad.
—Pero ese tipo que te atacó… no podría ser Carlos. Uno por que su cuerpo era más grande que el de Carlos… y dos por que Carlos no está aquí en Manhattan. Carlos esta con Juanma y el resto de su grupo en Washington. Es imposible que haya sido el o alguien mandado por…
La frase de Alicia se cortó cuando escuchó el sonido de una sirena que pasaba a toda velocidad por la calle. Ambas chicas se asomaron y vieron pasar el camino de bomberos. Al final de las calles se veía una columna de humo. Había pasado algo, entonces Eva miró a Alicia.
—¿Puedes llevarte tu a la niña al colegio? Tengo la sensación de que se donde es ese fuego.
—Eva, creo que te estas obsesionando con el tema en base a unas pruebas que no demuestran nada en absoluto…— pero Alicia no terminó la frase. Eva ya se había puesto la chaqueta y había salido a la calle en dirección a donde quiera que fuese donde se había originado el incendio.

Eva recorrió rápidamente las calles siguiendo a la gente que movida por la curiosidad también se dirigía hacia el lugar. Incluso a cada paso que daba se iba dando cuenta que se dirigía al único lugar que se había imaginado al ver el humo. Cuando llegó a la calle vio el camión de bomberos y a una multitud de curiosos. Cuando Eva miró hacia arriba y vio el apartamento de donde salía el fuego sintió más que nunca que su corazonada era cierta. El apartamento donde vivían Carlos y Rose estaba ardiendo.
Eva sintió como una punzada en el corazón, no podía ser una casualidad que aquella noche intentaran matarla y que en esos momentos la casa de Carlos se estuviese quemando. Todo olía demasiado raro en aquel asunto y sentía que estaba todo relacionado.
*****

Washington DC…

Nos encontrábamos en Massachusetts Avenue Northwest y la nieve nos llegaba hasta las rodillas. Teníamos que llegar hasta el United States Naval Observatory. Según el ordenador de Sid, era allí donde el otro equipo había comenzado la misión. Así que creí que lo más obvio para descubrir más o menos que les había pasado, teníamos que empezar a investigar por allí. Carlos y yo íbamos a la cabeza siempre cubiertos por Juan y Mike. Detrás de nosotros iba Luci junto a Jill. Vanesa y Yuriko iban las últimas, muchas veces yo me daba la vuelta para ver como le iba a la joven japonesa.
—¿Todo bien ahí atrás Yuri?— pregunté.
—Si— respondió ella tiritando.
Yuriko era muy friolera y en esos momentos lo estaba demostrando. Tampoco podía culparla, lo cierto es que allí hacía mucho frio y la nieve nos dificultaba mucho el paso, teníamos que conseguir algún vehículo para poder avanzar más rápido, la cuestión era donde encontrarlo. Mientras caminábamos comenzamos a notar que nos estábamos adentrando en una zona boscosa.
—¿Qué es este lugar?— pregunté.
—Estamos entrando en Dumbarton oaks park. Debemos atravesarlo para llegar hasta el observatorio— respondió Mike.
—Muy bien, pero tengamos los ojos bien abiertos— dije al mismo tiempo que daba la orden de adentrarnos en la zona boscosa.
Mientras caminábamos por el bosque asediados por el frio escuchamos un sonido, era algo así como un aullido. Todos nos paramos de golpe y comenzamos a mirarnos. Ya que todos sabíamos a que pertenecía el aullido. Primero pensamos que podrían ser perros salvajes, pero enseguida llegamos a la conclusión de que eran lobos.
—¿Cómo es posible? Que yo sepa en Washington no hay lobos.
—El mundo ha cambiado y el ser humano ya no es una amenaza. La naturaleza esta reconquistando territorios. Habrá manadas de animales que se están desplazando debido a que la raza humana esta ausente— expliqué. –Dentro de unos años habrá selvas y bosques en lugar de ciudades.
—Me encantan los lobos, los encuentro preciosos— dijo en ese momento Yuriko.
—Pues espero que te sigan gustando aunque nos ataquen queriendo destriparnos. La comida debe escasear también para ellos. Nosotros somos ahora mismo como el plato fuerte del día— dijo Manuel mirando a Yuriko con una sonrisa.
De nuevo escuchamos los aullidos y también escuchamos otros de respuesta. Sentíamos que los lobos nos estaban rodeando para darnos caza. Aunque íbamos muy armados y seguramente en cuanto nos vieran disparar se lo pensarían dos veces antes de atacarnos una segunda vez, era obvio que pretendían atacarnos, pero solo lo iban a hacer una vez, no les daríamos más oportunidades.
Ya estábamos metidos en medio del bosque, era una vista bonita para nuestros ojos, todo estaba blanco. Fue entonces cuando vimos lo que parecía una cabaña con chimenea.
—Si las cosas se complicasen y tuviéramos que pasar la noche en algún lugar. Ya sabemos donde. ¿No os parece?— preguntó Manuel mirándonos a todos.
—Claro. También podríamos cantar alrededor de una hoguera… no te jode. Estamos en medio de una misión que bien podría costarnos la vida en cualquier momento y tu estas pensando en como divertirte en medio del bosque. Se un poco más serio o serás de los que mueran— dijo Juan.
—Pero tío… ¿Tu de que vas?— preguntó en ese momento Manuel
—No voy de nada, pero los tíos como tu que no se concentran en la misión son los que nos ponen en peligro a los demás. Y yo no quiero morir por culpa de ningún gilipollas. ¿Te queda claro? En las misiones no hay tiempo para hacer el imbécil. Eso es lo que parece que no entiendes.
Más aullidos llamaron nuestra atención, fue en ese momento cuando vi algo a unos metros más allá de donde estábamos, algo que llamó por completo mi atención. Seguidamente ignorando a mis compañeros comencé a correr. Corrí tanto como pude hasta que llegué a un lugar donde me vi rodeado de cruces donde había cuerpos crucificados y calcinados, a algunos incluso se los estaban comiendo los cuervos. Mi hermano no tardó en llegar a donde estaba yo, iba a decirme algo, pero entonces se quedó boquiabierto con lo que yo había acabado de descubrir.
—¿Qué cojones es esto?— preguntó Carlos. —¿Quién ha hecho esto?.
—Supongo que el mismo o los mismos que acabaron con el otro equipo, pero no tengo ni idea de quien puede hacer una cosa así.
Todos los demás llegaron hasta nosotros y al igual que mi hermano y yo se quedaron estupefactos. Ninguno comprendíamos el significado de todo aquello. Lo único que teníamos claro era que todo eso había sido hecho por la mano del hombre.
—Mirad ahí arriba— dijo en ese momento Mike señalando hacia arriba en los arboles.
Todos miramos y nos encontramos con muchísimos crucifijos con la imagen de Jesucristo en ellos. Eso comenzó a darme muy mala espina.
—Volvamos al barco— dije en ese momento.
—Esas no son las ordenes, tenemos que investigar que ha pasado con los otros y quien les ha hecho lo mismo que ha estos— dijo Roice.
—A la mierda las ordenes. Aquí estamos en peligro de muerte. Venga, nos vamos.
—Si echas a perder la misión harás que todos paguemos las consecuencias. No pienso dejar que nos jodas— dijo Roice agarrándome por las solapas de la camisa. –No entiendo como a un tipo como tu. Un cobarde de mierda que seguramente se inventó lo de haber sobrevivido más de un año ahí fuera haya sido elegido por el viejo para ser su sucesor al mando de la ciudad.
—¿Qué?— preguntó en ese momento mi hermano mirándome. —¿Es verdad eso?.
—Si, pero aun no di una respuesta clara— respondí.
Carlos en ese momento se puso entre mi y Roice empujándolo. –No vuelvas a tocar a mi hermano. Si vuelves a ponerle la mano encima te mato. Escuchad, si el dice que debemos irnos, pues nos vamos. No hay nada más que hablar.
—Yo estoy con el— dijo Mike mirándome. –La misión es la misión, pero siempre en los entrenamientos nos han dicho que una retirada a tiempo es una victoria y que no nos arriesgáramos más de la cuenta. Además, este asunto pinta demasiado feo como para seguir con el. Así que nos vamos.
Todos estuvieron de acuerdo pero entonces Vanesa nos recordó que al igual que nosotros, el otro equipo también había llegado a Washington en helicóptero. Así que este debía estar ni más ni menos que en el observatorio. Con lo cual debíamos seguir adelante, aunque la misión ya la habíamos dado por finalizada y por fracasada.
Mientras caminábamos a través del bosque escuchando los aullidos amenazantes de los lobos, yo me preguntaba si ese helicóptero seguía en su sitio o también lo habrían destruido.
*****

Manhattan…
Túneles subterráneos…

Con toda la información que ya tenía, Mouse fue a ver a papá Angelito a su ermita subterráneo, pero justo antes de llegar a las puertas se encontró cara a cara con Zero. A Mouse no le gustaba nada ese tipo, le ponía de los nervios su acento y cada vez que este se ajustaba las gafas, tampoco le cuadraba que un nazi como Zero estuviese a las ordenes de un Haitiano, y menos un tipejo como Zero.
—¿Qué haces tu aquí pequeña rata?— preguntó Zero ajustándose las gafas.
—He venido a hablar con el jefazo, no contigo, piérdete— respondió Mouse quitándole el seguro a su arma. –Y me llamo Mouse. No pequeña rata… pero vamos, que si vamos a empezar a poner motos espero que no te importe que yo te apode a ti gran hijo de puta nazi.
Zero dio unos pasos atrás al escuchar el chasquido del arma, luego alzó las manos y se las puso delante. –Papá Angelito no está aquí. Ha tenido que salir. Dime a mi lo que quieres y yo se lo diré.
—No… mejor se lo diré cuando regrese. No quiero intercambiar información con tipos como tu. Hasta luego.
Mouse se dio la vuelta y se alejó mientras pensaba donde se había podido ir papá Angelito. No era normal que este abandonara los túneles subterráneos, ya que arriba era un blanco fácil para todos aquellos que querían darle caza, pero… ¿Y si era cierto que el jefe Haitiano había abandonado la protección de los túneles para ir a hacer algo allí arriba? Y de ser así… ¿Qué narices hacía allí arriba?.

Manhattan…
Superficie…

Eva seguía dándole vueltas a lo sucedido con el apartamento de Carlos. Era demasiado obvio al menos para ella que el incendio en este había sido para destruir las pruebas. Ahora ya no tenía nada para demostrar que Carlos había matado a su mujer.
Eva se encontraba en una cafetería, más concretamente en las mesas de la calle de esta, una cafetería que se encontraba a unas dos manzanas de su casa tomándose un café, lo cierto era que lo necesitaba. Aunque coger una buena borrachera tampoco le vendría mal para olvidarse de todos sus malditos problemas, unos problemas que pensaba que ya no tendría, pensaba que desde que llegó a Manhattan iba a tener una vida feliz y que no volvería a tener miedo de nada, pero todo había resultado ser diferente a como había imaginado.
La camarera le sirvió el café y ella enseguida le dio un trago. Se tomó unos segundos para saborearlo con detenimiento, pero entonces vio una limusina de color blanco que se detuvo junto a ella, eso la sorprendió hasta que vio como el general Graham se asomaba por la ventanilla.
—Buenos días. Acabo de enterarme de lo que le pasó anoche y me preguntaba si le apetecería dar una vuelta conmigo. Para mi sería un enorme placer disfrutar de su compañía y de su belleza— dijo el general Graham con una sonrisa.
Eva se tomó el café, dejó el dinero en la mesa y se metió dentro de la limusina. Cuando entró se dio cuanta de que los asientos eran de cuero marrón y allí olía a lavanda. Era un olor agradable. Fue en ese momento cuando el general Graham sacó una botella de Whisky y dos vasos, pronto llenó uno para el y otro para Eva.
—Como le decía. Me he sentido muy impresionado con lo que le ocurrió ayer por la noche y debo decirle que lamento eso. Como alto mando aquí no debería permitir que esas cosas ocurriesen. Esta en mis manos prevenirlo.
—Usted no tiene el porque disculparse. Al fin y al cabo no tiene ojos en todas partes— respondió Eva dándole un trago a su vaso y disfrutando del Whisky. Quizás al final si que cogería la borrachera. –Tratar de controlar toda la ciudad es del todo imposible.
—No solo trato de controlar la ciudad, si no también el perímetro exterior, pero soy ya viejo y se que no valgo para esto, por eso se lo propuse a su futuro marido.
—¿Qué le propuso?— preguntó Eva,
—¿No se ha enterado? Le propuse que ocupara mi lugar y el fuera el líder al mando de la ciudad. Es el más adecuado para el puesto, es joven y valiente. Dos virtudes de las que yo carezco.
—Pues el no me dijo nada— respondió Eva.
—No me dio una respuesta clara y concreta. Supongo que se lo estará pensando todavía, pero temo la negativa. Por eso al verla la he recogido. Quiero… necesito que le convenza para ello.
Eva dejó el vaso y miró al general Graham. –Yo no puedo convencerle de eso, ya que es decisión propia suya. Si quiere hacerlo lo hará. Yo no puedo… lo siento.
—Prométame que al menos lo intentará. Se que el es el más adecuado, no me cabe la menor duda.
Eva se quedó un rato pensativa y se dio la vuelta para avisar al chofer. –Me bajo aquí.
El chofer obedeció y detuvo el vehículo, entonces Eva miró al general. –Hablare con el cuando vuelva, pero tanto el como yo. Como el resto de nosotros hemos sufrido mucho y lo único que queremos es vivir en paz. Nada más, se lo diré, pero la decisión final será suya.
El general Graham asintió y Eva salió de la limusina. Cuando comenzó a caminar alejándose del vehículo escuchó a sus espaldas la voz del general. –Dígale que venga a verme cuando regrese, ardo en deseos de hablar con el.
Eva se dio la vuelta y miró al anciano general, luego asintió, pero para sus adentros solo pensaba. –Claro… si vuelve.

jueves, 24 de octubre de 2013

NECROWORLD Capitulo 11



Manhattan…

Sheila llegó a su apartamento y lo primero que hizo fue ir al baño a vomitar, aun se estaba recuperando de la impresión de ver lo que había visto en los laboratorios subterráneos del hospital. No solo había infectados, había seguido avanzando por los pasillos hasta que llegó a una sala con tubos criogénicos, dentro de ellos había personas, personas con las que estaban experimentando desde hacía bastante tiempo, personas a las que infectaban y luego con ellas probaban la cura experimental que habían estado creando antes de la llegada de los de España. Lo que más impresionó y horrorizó a Sheila no fue ese hecho en si, lo que de verdad la horrorizó fue que todas aquellas personas eran de los habitantes de los túneles a los que los de arriba consideraban de la guerrilla. Sheila vomitó nuevamente al recordar sus caras, había incluso niños.
Después de echar todo lo que podía echar, Sheila se fue metiendo en un rincón del cuarto de baño, entre la bañera y el lavamanos, allí comenzó a llorar amargamente, arrepintiéndose de haber visto todo aquello, se había metido allí por propia voluntad y había visto el peor de los horrores, definitivamente la humanidad se había perdido para siempre.
En ese momento llamaron al timbre de su casa y Sheila se levantó para ir a abrir. Cuando abrió la puerta se encontró con Rachel, nada más verla no pudo evitar contener las lágrimas y se echó a los brazos de su amiga a llorar.
—¿Qué te pasa? ¿Por qué lloras?— preguntó Rachel sorprendida por aquella reacción. —¿Qué ha pasado?.
—Bajé allí abajo. Quería saber que significaba realmente el “Proyecto renacer”— respondió Sheila tratando de explicarse pese al llanto.
—¿Bajaste? ¿Dónde?— preguntó Rachel sin saber a que se refería Sheila. –Si no te explicas más claro no te entiendo.
—Me colé en los laboratorios subterráneos del hospital. Aquellos a los que solo unos pocos tienen acceso. Allí hay muchos No Muertos en cámaras de cristal, pero también tienen personas criogenizadas, son gente de los túneles dados por desaparecidos. Hay incluso niños, allí han estado experimentando con ellos. Fue una visión terrible.
—¿Cómo sabes que eran miembros de los habitantes de los túneles? Es decir, de la guerrilla.
—Porque los habían marcado como al ganado— respondió Sheila justo antes de romper a llorar.
Rachel apretó los dientes con fuerza y se llevó una mano al bolsillo, del cual sacó un teléfono móvil, marcó un número y luego le hizo una señal a Sheila para que no hablara en ese momento. Rachel esperó unos segundos hasta que por fin pudo comenzar a hablar.
—Mouse. Soy Rachel. Uno de nuestros contactos de arriba acaba de dar con un descubrimiento importante. Podría explicártelo por aquí, pero prefiero hacerlo en persona. Reúnete conmigo y con nuestro contacto en nuestro punto de encuentro habitual. Allí hablaremos del tema, ya sabemos donde están los desaparecidos. Informa ya de esto a Papá Angelito, dile que pronto le traerás más información. Si, vale, nos vemos.— Rachel cerró el teléfono móvil y miró a Sheila. –Cámbiate de ropa. Nos vamos.
*****

Manhattan…
Túneles…

Mouse cerró su teléfono y volvió a metérselo en el bolsillo de la chaqueta que llevaba puesta. Estaba estupefacto con la llamada de Rachel, de la cual hacía tiempo que no sabía nada y acababa de llamarle soltándole una autentica bomba de información, estaba tan absorto en lo que acababa de escuchar que le llevó un rato escuchar las llamadas de su compañera de patrulla.
—¿Quién era?
—Oh, perdona— Mouse miró a su compañera. Una joven llamada Kimberly de larga cabellera negra rizada y ojos marrones con la que cada día desde hacía una semana habían comenzado a patrullar los túneles para evitar posibles muertes y reanimaciones. Lo que venía a ser una especie de protocolo de contención. –Era Rachel, una de los nuestros que esta ahí arriba entre las filas de los militares. Tiene información y quiere que me reúna con ella.
—¿Es una de esos pijos que primero son de los nuestros y luego cuando se acomodan hacen la vista gorda cuando nos están dando una paliza en las calles por robar una barra de pan? ¿De los que olvidan la causa por la que luchamos después de comerse un buen solomillo?— preguntó Kimberly mientras ella y Mouse regresaban a los túneles más poblados.
—No por dios. Rachel es de los nuestros, ella siempre lucha por nuestra causa… por muchos solomillos y… fiestas a las que acuda. Ella siempre estará de nuestro lado.
Mouse y Kimberly llegaron a un túnel lleno de gente a ambos lados y que se cruzaban con ellos. Había gente en sus pequeños comercios y gente calentándose las manos en bidones en llamas, una visión que para aquellos que vieran aquel lugar por primera vez, le recordaría a los guetos de judíos.
—Bueno vale. Es de fiar ¿Pero por que te llama a ti?
—Por que soy uno de los mandos aquí abajo…¡¡¡cuidado!!!— exclamó Mouse cuando dos niños de ocho años pasaron corriendo entre ellos. Los niños estaban jugando al infectado. Un juego que se habían inventado los niños de allí abajo. –En fin, que tengo que ir, primero debo darle ese adelanto a papá Angelito.
—¿Sabes? Nunca he visto a papá Angelito. No sale de su palacio de mugre. Es como dios, que todos hablan de el y nadie sabe si existe realmente. ¿Tu lo has visto alguna vez?.
—No, pero he hablado con el. Creo que no le gusta ser visto por los demás. Solo lo ha visto su guardia personal— contestó Mouse dándose cuenta de que en parte Kimberly tenía razón. Papá Angelito siempre hablaba desde detrás de una cortina.
Ambos llegaron a un punto donde Mouse se paró, luego miró a Kimberly. –Bueno, a partir de aquí sigo yo solo. Vete a dormir ya y se buena, no vuelvas a jugar al poker o perderás lo que te queda.
—El poker es lo único que me queda que me haga sentir que de alguna manera viví en un mundo de verdad, antes de que llegara toda esta mierda.
Mouse le dio en ese momento un beso en la frente y luego siguió su camino cruzando por el túnel de metro donde había dos vagones parados con luz en el interior. Mientras caminaba hacia donde vivía papá Angelito se cruzó con el grupo de los pescadores, el grupo que se dedicaba a fichar infectados con joyas a los que cazaban para luego intercambiarlo por armas, munición y comida. Estos venían de la vivienda de papá Angelito, pasó por su lado y solo uno de ellos lo miró.
—¿Cómo va eso Mouse?— le preguntó un hombre de mediana edad y pelo largo, llamado Grayson. —¿Vas a ver a nuestro jefe?.
—A eso voy Gray. ¿Cómo os ha ido a vosotros? – preguntó Mouse mientras miraba a los demás miembros del grupo, allí faltaba uno. —¿Dónde esta Little Johnny?.
—Lo perdimos en la ciudad. Nos confiamos demasiado… bueno, se confió… no pudimos hacer nada para salvarle. Mañana celebraremos su funeral. ¿Estarás?.
—No lo se. Bueno Gray. Nos vemos— dijo Mouse dándole una palmada en el brazo.
Mouse siguió caminando hasta donde vivía papá Angelito. El vivía en una especie de ermita que se encontraba bajo tierra, algo que pertenecía al Manhattan antiguo y que había permanecido allí en perfectas condiciones, nada más llegar un par de hombres haitianos con rastas salieron a su encuentro.
—¿Qué quieres?— preguntó uno de ellos.
—He venido a hablar con papá Angelito, tengo información que podría interesarle sobre nuestra causa— respondió Mouse, para el, si había algo que odiaba, era tener que cruzarse con aquellos dos gorilas.
—Que pase— dijo el otro tipo abriéndole la puerta para que Mouse pasara.
Una vez dentro, Mouse vio a varios hombres en un rincón, estos estaban contando fajos de billetes, los cuales no servirían para nada nunca más. Entre las sombras vio a Zero, un tipo alemán de pelo corto rubio y con gafas. Se rumoreaba allí abajo que había sido un importante líder de Skin heads, pero ahora gozaba de un importante puesto a las ordenes de papá Angelito, estando allí tenía ciertos privilegios.
—¿Qué te trae por aquí pequeño ratoncito?— preguntó Zero acercándose a el con intención de cachearlo. Zero comenzó a cachear a Mouse y cuando terminó se alejó con una sonrisa. –No lleva nada, que siga.
Mouse siguió caminando al frente y cruzó una segunda puerta doble, llegando a una habitación con una luz roja. Allí era donde vivía papá Angelito la mayor parte del tiempo, allí también había cuatro chicas, estas estaban desnudas y pegándose el lote entre ellas. Mouse solo podía ignorarlas, no quería posar sus ojos en sus cuerpos desnudos. También se dio cuenta de que era allí donde hacía más calor.
—¿Eres tu Mouse?— preguntó una voz saliendo desde detrás de una cortina de color rojo.
—Si, soy yo. Vengo para informarle de que voy a salir a recoger información sobre el “Proyecto renacer”, según un contacto de la superficie allí tienen a gente de los nuestros, aquellos a los que dimos por desaparecidos. Cuando regrese le traeré más información— dijo Mouse.
—Muy bien. Ve. – respondió la voz desde detrás de la cortina.
Mouse asintió y se dio la vuelta para salir de allí. Su siguiente paso era salir a la superficie para encontrarse con Rachel en el puerto. Mientras caminaba no podía evitar pensar en que había hecho aquel hombre conocido como papá Angelito para ganar tal status de poder allí abajo. Todos los de allí abajo lo seguían como si de Moisés se tratara.
*****

Washington DC…

Era la primera vez que sentía tanto frio en mi vida. Acabábamos de llegar a Washington y ya estaba helado. Al menos eso era una garantía de que los No Muertos no nos darían demasiado la lata, esa era la ventaja que teníamos.
Todo el grupo con Yuriko y Vanesa incluidas comenzamos a avanzar hacia el interior de la casa blanca, según los datos del ordenador de Sid, nuestro informático, en el despacho donde los presidentes daban sus discursos, allí encontraríamos una entrada que nos llevaría directos a un bunker bajo tierra. Luci iba a mi lado y noté que estaba temblando tanto como yo.
—No os preocupéis. No tardareis en acostumbraros al clima— dijo Marlon mirándonos. El joven hawaiano pese a venir de un lugar con el clima cálido parecía estar ya muy acostumbrado a aquellas temperaturas. –De donde yo soy el calor es muy alto. Lo echo de menos… eso y las olas que montaba con mi tabla de surf. Quizás un día pueda llevaros. ¿Qué os parece?.
—Que no es el momento de hablar de gilipolleces— dijo Roice interrumpiéndonos justo cuando llegábamos a la entrada de la casa blanca. –Callaros, vamos a entrar.
—Se supone que esa orden debe darla Juanma, al fin y al cabo es el quien dirige esta misión— respondió Manuel mirando a Roice. –Nosotros solo nos limitamos a obedecer.
Era cierto, por un momento se me había olvidado que era yo el jefe de la misión y que tenía que dirigir al grupo yendo yo a la cabeza. Dicho y hecho caminé hacia el frente cuando todos se pararon y me situé delante de la puerta principal junto a Mike y Juan.
—Voy a abrir— dije al tiempo que ponía mi mano en el pomo. Al tratar de girarlo me encontré con que estaba cerrado a cal y canto.
—Esto no debería estar cerrado. Debería estar abierto según el informe— decía Sid mientras miraba su ordenador portátil.
—Es posible que la cerrara el otro grupo cuando llegó— dijo Juan sin dejar de mirar hacia la calle. Me sorprendía que tuviese todos los sentidos tan alerta. Entonces me lanzó una mirada. –Si no puedes abrirla por las buenas… hazlo por las malas.
—Muy bien. Retiraros un poco. Voy a abrirla de una patada.
Juan y Mike se apartaron y yo cogí carrerilla para lanzarme contra la puerta. Cuando choqué contra esta sentí un fuerte dolor en el hombro y caí de espaldas. Enseguida Mike me ayudó a ponerme en pie mientras escuchaba las risas de los demás.
—Cuando dije por las malas me refería a que le pegaras un tiro al cerrojo. Esa puerta no la echas abajo a menos que tengas el tamaño del aquí presente hulk de ébano— dijo Juan mientras miraba a Mike.
Fue en ese momento cuando Mike se puso delante de mí, justo antes de lanzarse contra la puerta me miro guiñándome un ojo. Cuando su enorme cuerpo chocó contra la puerta, esta se abrió con un crujido, seguidamente entramos todos, siempre con las armas en alto. El interior de la casa blanca estaba oscuro y desordenado, nada comparado con lo que me había imaginado en un principio, siempre había creído que podría visitarla en otras condiciones cuando mi vida era normal, pero hacía más de un año que mi vida y la de mis compañeros había dejado de ser normal.
—¿Dónde esta el despacho Sid?— preguntó Jill.
—Según el mapa basta con que sigamos rectos— indicó Sid. –Por aquí.
Avanzamos por el pasillo hasta que llegamos al despacho, el mismo despacho que había visto miles de veces tanto en televisión como en internet. Nos encontrábamos en el despacho Oval. La estancia estaba totalmente desordenada, las ventanas estaban cerradas y estaba también la bandera de los estados unidos clavada en la cabeza de un cadáver que descansaba sobre el escritorio. Un cadáver que por cierto, no llevaba mucho muerto.
—Es Ted— dijo en ese Roice al acercarse al cadáver. Yo no lo conocía de nada al tal Ted.
—La entrada esta aquí— dijo Luci desde detrás del escritorio.
Todos caminamos hacia ella y vimos la trampilla que daba a una escalera de mano, seguidamente comenzamos a bajarla de uno en uno hasta que llegamos a un oscuro pasillo donde enseguida nos llegó el olor a putrefacción. Una vez allí encendimos las linternas al máximo. Nos encontrábamos en un túnel de hormigón.
—Si seguimos por este pasillo llegaremos a un ascensor que nos llevará hasta el bunker.— dijo Sid mostrándome la pantalla del ordenador, en la cual se veía como una especie de pirámide invertida que estaba debajo de la casa blanca.
—¿Cómo has conseguido esta información y estos planos?— estaba bastante sorprendido con lo preparados que íbamos.
—Lo cierto es que lo conseguí hace tiempo hackeando la web de la casa blanca— en ese momento Sid se sonrojó. –Si… era un hacker y estuve en prisión por eso, pero ya pagué mi deuda con la sociedad. Fíjate tú que gracias a mi trabajo de hacker me he ganado este privilegio y la libertad. No quisiera estar en ese barco prisión siendo sodomizado por unos y otros.
Algunos comenzaron a reír ante lo que acababa de contarnos Sid. Incluso yo esbocé una sonrisa. Después de eso seguimos avanzando y llegamos hasta el ascensor. Este estaba abierto de par en par y el elevador se había detenido más abajo. Como no había luz íbamos a tener que descender por los cables. Algo que no era la primera vez que hacía, y suponía que tampoco era la primera vez para los demás. Seguramente lo habrían hecho en más de una ocasión.
Comenzamos a descender, el primero en hacerlo fue Mike. Yo me estaba quedando para el último lugar. Cuando solo quedábamos arriba, Vanesa, Yuriko y yo me fijé en que la joven japonesa estaba temblando.
—¿Tienes frio?.
—No, lo que estoy es acojonada. Podría pasar cualquier cosa aquí.
—No te preocupes. No dejaré que os pase nada ¿Vale?. Id bajando.
Las dos chicas iban a bajar cuando escuchamos un grito abajo, me asomé por el montacargas y vi a Mike abajo del todo. —¿Qué ocurre?— pregunté.
—Acabamos de encontrar al resto del equipo de Ted. Esto… es una masacre.
Yuriko, Vanesa y yo nos quedamos mirándonos y entonces comenzamos a descender rápidamente para ver que ocurría ahí abajo que había dejado tan impresionado a Mike.
*****

Manhattan…

Eva llegó a casa y cuando iba abrir la puerta vio en ella una nota de Alicia donde le decía que la niña estaba en su casa. En esos momentos Eva dio un puñetazo en la puerta. Lo de recoger a la niña del colegio se le había ido por completo. Había estado demasiado obsesionada con descubrir si Carlos decía la verdad, y aunque ya había descubierto más o menos algo, nadie la iba a creer, todos en la ciudad sabían que Carlos amaba a su mujer ante todo, nadie creería que este pudiese hacerle algún daño a Rose. Todos lo habían visto hundido en el funeral, Juanma tampoco estaba allí para contárselo, pero ella pensaba que si nadie de la ciudad la iba a creer, mucho menos la creería el hermano.
Eva bajó a casa de Alicia y llamó al timbre, cuando esta abrió la recibió con una sonrisa.
—Creí que te podía haber pasado algo. ¿Dónde estabas?
—He ido a dar una vuelta. Necesitaba pensar.
—Adelante, pasa— le invitó Alicia.
Cuando Eva entró en la casa de Alicia y David avanzó hasta el salón y cuando llegó a el vio a Vicky dibujando en una hoja de papel y a David sentado en el sofá dándole una papilla al bebé. Cuando Vicky vio a Eva ni siquiera sonrió, rápidamente agachó la cabeza y siguió dibujando. Al ver esa reacción, Eva se sintió culpable y quiso arreglarlo acercándose, cuando estuvo junto a la niña se sentó a su lado y le dio un beso en la mejilla, luego le preguntó. –¿Que dibujas?.
La niña no respondió, pero Eva vio el dibujo que estaba haciendo, en el dibujo aparecían tres personas. Un hombre, una niña y una mujer. Los tres estaban cogidos de la mano con la niña en el medio mientras paseaban por un prado soleado.
—¿Somos papá, tu y yo?— preguntó Eva en ese momento.
Vicky no contestó, solo se limitó a asentir repetidas veces. Eso le hizo comprender a Eva que la pequeña estaba enfadada con ella por olvidarse de recogerla, tampoco ayudaba la ausencia del padre.
—Lo siento cariño… las cosas se me complicaron un poco y no pude ir a recogerte al colegio— mientras Eva decía eso se daba cuenta de que llegaría el día en que tanto ella como Juanma estarían fuera en misiones. Cuando eso pasase ¿Quién se ocuparía de la niña? Algo así sería difícil de hacérselo entender a la pequeña. ¿Qué niño pequeño alcanza a comprender que sus padres salgan a un mundo hostil jugándose la vida?. —¿Volvemos a casa?— preguntó finalmente Eva.
En ese momento Vicky asintió y Eva la cogió en brazos, justo antes de salir por la puerta, Alicia le dijo que Vicky ya había cenado. Después de eso, Eva les dio las gracias a Alicia y David y luego salió por la puerta.
Mientras Eva caminaba por el pasillo del bloque se sentía observada. De vez en cuando se daba la vuelta para ver si la seguía alguien, pero el pasillo estaba totalmente vacio. Allí no había ni un alma, tampoco escuchaba ni un murmullo, era como si estuviese ella sola en el edificio. Entonces se paró y Vicky se la quedó mirando.
—¿Qué pasa mami?— preguntó la niña.
—No lo se— respondió Eva. –Bueno, no te preocupes. Seguro que son imaginaciones mías.
Eva llegó hasta la puerta de su casa y la abrió. Una vez dentro cerró la puerta con llave. No le gustaba nada esa sensación que había tenido. Después acostó a Vicky, iba a leerle un cuento, pero la pequeña se quedó rápidamente dormida. Eva se quedó un rato observándola, luego Eva decidió relajarse tomándose una ducha.
Eva comenzó a desnudarse mientras llenaba la bañera hasta arriba, no había mejor manera de relajarse que una ducha de agua caliente y mucha espuma, aunque le hubiese gustado estar acompañada en esos momentos.
Durante el baño, Eva estuvo apunto de dormirse varias veces, pero finalmente se despejó. No le agradaba la idea de quedarse dormida en la bañera. Cuando ya estaba totalmente relajada salió de la ducha y se puso el albornoz por encima, luego caminó hacia el dormitorio y se tumbó en la cama de matrimonio. Olio las sabanas y sintió entonces el olor de Juanma, pensó en el y en como estaría en medio de aquella misión en Washington, desde que habían llegado a Manhattan era la primera vez que se separaba de el, lo peor de todo era que no sabía cuando iba a volver a verle. Sentía ganas de coger un vehículo o algo e ir a Washington. Otra vez sintió el peso del sueño y decidió dejarse llevar, justo cuando estaba cerrando los parpados del todo, escuchó un ruido como si estuviesen abriendo una ventana del salón.
El corazón de Eva comenzó a latir muy deprisa mientras se ponía de pie y comenzaba a vestirse con el primer conjunto de ropa que había encontrado dentro de un cajón, después rápidamente abrió otro cajón del que sacó una pistola de 9 mm, una de las únicas que se habían quedado de las que llevaban en un principio.
De nuevo escuchó un ruido. Eva no sabía quien o que estaba entrando en su casa, pero no iba a dejar que fuese quien fuese les hiciese daño a ella o a la niña. Con el arma en la mano se acercó a la puerta, cogió el pomo y comenzó a girarlo.
*****

Washington DC…

Cuando llegué al piso inferior tras descender por los cables del ascensor me encontré con la masacre a la que se refería Mike. Lo primero que noté al tocar el suelo fue el olor a quemado, luego vi los cadáveres calcinados de los miembros de aquel grupo. Todos estaban quemados y lo más extraño era que no había señales de que hubiese habido ningún incendio en la zona. Solo las marcas en las paredes.
—¿Qué cojones ha pasado aquí?— preguntó Luci mirando a uno de los cadáveres quemados, el cual se había quedado en una extraña postura. –Mirad esto, parecen cortes hechos con una espada.
—Los hombres de Dorian. Seguro— dijo Marlon. –Joder… seguro.
Yo no sabía si el causante de esas muertes había sido Dorian o no, solo sabía que eso no hacía mucho que había ocurrido. Más bien no hacía mucho de ello.
Dejamos atrás la macabra escena y seguimos por el pasillo para llegar al lugar donde estaban los medicamentos a por los que nos habían enviado, a por los mismos que aquel grupo había ido a buscar y habían fracasado.
Cuando llegamos a la habitación de los medicamentos vimos con horror que estos habían sido totalmente calcinados, ya no había duda de que esos actos habían sido intencionados. De ninguna manera podría haber sido un accidente.
—Que alguien informe a Cooper de esto. Decidle que hemos encontrado al otro grupo y que los medicamentos están quemados. La misión acaba de terminar. Regresamos a casa— dije mientras miraba a Jill.
—Muy bien— respondió la muchacha cogiendo su walkie talkie. Iba a llamar justo cuando notamos un estruendo y el polvo cayó sobre nosotros. No tardamos en mirarnos los unos a los otros.
—¿Qué coño ha sido eso?— preguntó Mike. –Ha sonado como una explosión y venía de arriba.
—Oh no, oh no. El helicóptero— dijo Vanesa de repente mientras pasaba corriendo a mi lado. Justo iba a seguirla cuando vi algo escrito en la pared. Eran caracteres que conocía, pero en un idioma que no había visto nunca.
—¿Qué significa eso?— pregunté a la vez que señalaba al escrito.
—Es latín— dijo en ese momento Manuel mientras alumbraba con su linterna todas las letras de la pared.
—¿Qué es lo que pone exactamente? ¿Puedes traducir?— pregunté mirando a Manuel, el cual parecía estar muy puesto en ello.
—Pone: “Los que no son puros no merecen la salvación, los puros purgaran el mal que todavía reside en los seres humanos. Dios nos espera en su sagrado templo”.
—Tócate los cojones…— murmuró Luci en esos momentos.

Vanesa seguida por Yuriko había trepado por los cables del ascensor y había recorrido los oscuros y desolados pasillos de la casa blanca hasta que habían llegado al exterior. Una vez bajo la fría noche vieron el lugar donde debía estar el helicóptero, pero en su lugar había una enorme bola de hierro en llamas, sin duda era el mismo helicóptero en el que habían llegado y alguien lo había hecho explotar de forma deliberada, como si quisiese impedirles que escaparan.
—¿Quién ha hecho esto?— preguntó Yuriko mirando a su compañera.
—No lo se, pero esta hecho por la mano del hombre— respondió Vanesa.
*****

Manhattan…

Rachel y Sheila estaban en el puerto de Manhattan, ambas estaban esperando la llegada de Mouse, el cual no podía tardar mucho en llegar. Sheila estaba nerviosa porque sabía que lo que hiciese a partir de ese momento podría ser lo más peligroso que había hecho nunca, iba a decirle algo a Rachel cuando de repente vio aparecer una silueta vestida con un traje de neopreno, este acababa de surgir del agua. Enseguida Rachel corrió hacia la silueta y lo cogió de la mano para ayudarle a incorporarse, seguidamente se quitó la mascara dejando al descubierto el rostro de un hombre.
—Soy Mouse…— dijo el chico presentándose cordialmente. —…Y tu debes ser Sheila, un placer el conocerte. Eres mucho más guapa de lo que me imaginaba en un principio. Quizás tú y yo podamos tomar algo cuando…
—Corta el rollo Mouse. Aquí hemos venido para lo que hemos venido— le interrumpió Rachel. Seguidamente la soldado miró a Sheila. –Ahora cuéntale todo lo que has visto, se que será duro, pero debes hacerlo.
Sheila se armó de valor y comenzó a recordar punto por punto todo lo que había visto allí abajo, incluso lo más duro, tuvo que contenerse para no romper a llorar recordando las imágenes de los niños a los que habían sometido a terribles experimentos buscando dios sabe que. A cada palabra de Sheila, tanto Rachel como Mouse se imaginaban los horrores que había visto la doctora allí abajo, cosas que hasta ese momento desconocía por completo porque ella al igual que tantos otros tenían la entrada vetada allí. En muchos momentos se arrepentía de haber visto aquello.
—Muy bien. Entonces hay que volver a entrar allí. ¿Podrías conseguir más tarjetas?— preguntó Mouse.
—No creo que debamos entrar de ese modo. Pienso que deberíamos hacerlo de otra forma. Quizás desde los túneles, podríamos abrirnos paso desde ahí… pero hacerlo implicaría muchas cosas. Una de ellas es que pondríamos en peligro a todos los de abajo, tendríamos que entrar y salir en un tiempo record. Además… si los nuestros que están allí abajo están todos infectados… no podremos hacer nada por ayudarles. Nuestra prioridad debe ser otra… Richard Levine por ejemplo. Al fin y al cabo, el siempre ha sido nuestro objetivo.
—Sea cual sea el motivo por el que entremos. Debemos hacerlo a través de los túneles, solo se que una vez lo hagamos ya no habla vuelta atrás. Por otro lado nos llevará tiempo abrir un túnel que nos lleve hasta la zona exacta. Contando que empecemos desde ya. También hay que esperar a que papá Angelito de la orden y se que el no se arriesgará tanto. Creo que preferirá esperar a ver como se desarrollan los acontecimientos, lo cual es también un problema porque tipos como Zero están ansiosos por armas follón— explicó Mouse. –Lo que esta haciendo papá Angelito es aplacarlos, pero no sabe cuanto tiempo podrá hacerlo. Tengo entendido que quería reunirse con Graham en secreto para llegar a un acuerdo.
—Pues he escuchado que Graham quiere retirarse y pasarle el testigo a otro. Al cual creo que ya han encontrado al tipo— dijo Rachel mirando enseguida a Sheila. –Las noticias vuelan tanto aquí arriba como ahí abajo. Los rumores apuntan a que el elegido por el general es ni más ni menos que el líder del grupo que vino de España.
—No lo se. No me ha dicho nada, no es que tenga mucha relación con ninguno de ellos— respondió Sheila.
—Se suponía que también tenías que conseguir información sobre ellos… y seguimos sin saber nada concreto. Deberías acercarte más, es tu trabajo— dijo Mouse mientras se acercaba a Sheila.
—Ya lo intento, pero no es fácil.
—Pues deberás esforzarte más. Eres de los nuestros y los nuestros se mueren de hambre ahí abajo. Necesitamos surgir al exterior en nuestra totalidad para que nuestro pueblo no mueran como ratas.
En ese momento escucharon una sirena que pertenecía a las fuerzas del orden. Eso hizo que los tres se pusieran en tensión. Mouse rápidamente se dirigió a las dos chicas.
—Nos veremos dentro de dos días en el perímetro exterior. Allí estaremos fuera de peligro, para entonces espero tener resultados y deciros que podemos hacer. Yo mientras informaré a papá Angelito. Ahora marcharos— dijo Mouse mientras se ponía la mascara de buzo.— cuando se la puso miró a las dos chicas. –Nos vemos dentro de dos días.— seguidamente se lanzó al agua y desapareció en las profundidades.
Justo después de que Mouse se marchara, Sheila y Rachel se alejaron de la zona y se ocultaron cuando apareció el furgón de color verde. Era la patrulla del puerto sin duda, pasaban por allí cada dos horas para evitarse posibles apariciones de infectados que surgían de vez en cuando del mar o simplemente asegurarse de que no había nadie sospechoso por allí. Ambas chicas lo observaban desde detrás de unos conteiner.
—Será mejor que vuelvas a casa. Pasaré a verte nada más pueda.
—De acuerdo, ve con cuidado— respondió Sheila con una sonrisa.
Rachel también sonrió y seguidamente se acercó a Sheila plantándole un beso en los labios, eso hizo que Sheila se quedara quieta, pero no se retiró, se limitó a sonreír al mismo tiempo que Rachel se alejaba corriendo. Luego Sheila se tocó los labios y volvió a sonreír.
*****
Washington DC…

Cuando vi nuestro medio de transporte envuelto en llamas no pude evitar sentir rabia. Fuese quien fuese nos acababa de dejar atrapados en medio de una ciudad que por lo menos yo no conocía y para colmo, Jill no lograba establecer contacto con el barco.
—¿Lo consigues o no?— pregunté poniéndome cada vez más nervioso. El frio cada vez era más insoportable. Entonces noté algo frio que me caía sobre la nariz. Eso me hizo mirar al cielo, entonces vi que comenzaban a caer copos de nieve. Estaba comenzando a nevar. Eso nos dificultaba las cosas.
—Creo que nos han elegido un mal día para nuestra primera misión. Pronto comenzará a nevar con más fuerza— dijo Roice mirándome, luego miró a Vanesa. –Y ese pájaro era el único que teníamos a bordo. Propongo que esperemos hasta el amanecer y vemos si deja de nevar. De todos modos no podrán venir a recogernos. Mejor buscamos un lugar donde pasar la noche. Al fin y al cabo dudo que con este temporal los infectados nos den mucho la brasa.
—Muy bien. Hagámoslo. Sid, busca un hotel acogedor.
Mientras Sid buscaba algún lugar donde pasar la noche yo miraba al cielo, pensaba en Vicky y en Eva y en que estarían haciendo en esos momentos. También miré a mi hermano, el cual estaba como ausente, seguramente pensaba en Rose. Me podía imaginar lo mal que lo estaba pasando y el fuerte dolor que sentía por dentro, no solo había perdido a la mujer a la que amaba, también había perdido al bebé que ambos esperaban.