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jueves, 19 de diciembre de 2013

NECROWORLD Capitulo 19



Día 3 de Noviembre de 2009
Día 509 del Apocalipsis..
Manhattan… 21:00

Kimberly hacía mucho tiempo que no se daba un baño en una bañera como esa, y la verdad era que estaba disfrutando mucho del baño, se había quitado todo el olor de encima y se sentía como una más de los de arriba, alguien que no era repudiado como un apestado. Quizás podría quedarse allí bastante tiempo con esa pareja, el bastante tiempo como para adaptarse y poder pasear por las calles de Manhattan sin miedo. También pensaba que al estar allí tendría opción de ser vacunada con esa vacuna que eliminaba el virus del organismo, algo a que los demás habitantes de los túneles no tenían derecho. Fue en ese momento cuando le llegó lo que parecía ser una discusión.

—¿Por qué has cambiado de idea? Se suponía que la íbamos a dejar quedarse aun sabiendo lo que puede pasar, además, dentro de nada seré yo quien mande aquí y mandare a tomar por culo esa absurda ley que los mantiene ahí abajo… maldita sea Eva, son personas— decía mientras veía a Eva pasearse de un lado a otro del salón con los brazos cruzados, se había puesto muy nerviosa.
—Se lo que sientes, pero si tu hermano la ve aquí se armará una buena, o la mata o nos delata— respondió Eva.
—Mi hermano no haría eso.
—Confías demasiado en tu hermano y te puedo asegurar que ya no es como recuerdas. Ha cambiado mucho. Estoy absolutamente convencida de que mató a Rose. Todo apunta a ello.
—No empieces otra vez. Mi hermano no es un asesino.
—Si que lo hizo… y luego fue Gale el que intentó matarme aquí en casa. Deja de ser tan cerrado, ni esto es el paraíso ni tenemos una vida feliz, esto no es más que una mera ilusión, una de esas que no duran mucho y que se joden por un motivo u otro. Y aquí veo muchos factores por lo que las cosas podrían irse a pique cualquier día.
—¿Me estas diciendo que nada de lo que he hecho hasta ahora ha servido para nada? Por dios, llevo rompiéndome la cabeza por buscaros un lugar seguro desde que empezó esta mierda y yo fue elegido el líder, sin siquiera yo pedirlo. Depositasteis vuestras esperanzas en mí y estoy haciendo todo lo posible para que esto funcione. No me digas que esto es una mera ilusión a mi no me lo parece.
—No estoy diciendo eso. Solo digo que el interior no es lo mismo que lo que se ve desde fuera, las entrañas de esta ciudad están podridas… más de lo que pensamos, es algo de lo que me doy cuenta día a día. Cuando nos metieron en la mansión llena de No Muertos comencé a darme cuenta de que este no es el paraíso que andábamos buscando.
En ese momento escuchamos el timbre de nuestra casa y supe que mi hermano había llegado, me encaminé hacia la puerta y la abrí, allí me encontré con mi hermano, este llevaba una maleta con lo poco que había podido salvar. Le invité a pasar y enseguida cerré la puerta.
—Gracias por dejar que me quedara.
—No hay de que… eres mi hermano y hacer esto es lo más normal. Además, después de lo que estas pasando no voy a darte la espalda— respondí dándole una palmada en el brazo.
De repente la puerta del baño se abrió y salió la chica cubierta con un albornoz, esta miró a Eva y esta le pidió que la siguiera a su habitación, pronto me quedé a solas con mi hermano, nuestras miradas se cruzaron y entonces me di cuenta de que lo sabía, se había dado cuenta.
—¿Qué cojones hace aquí una de esas putillas mal olientes de los túneles? ¿Has perdido la cabeza? Tengo que informar de esto— dijo mi hermano cogiendo el walkie talkie que llevaba en la cintura, pero yo fui más rápido y logré arrebatárselo. —¿Se puede saber que coño haces? No tienes ni idea de la que te estas buscando.
—Me lo puedo imaginar, por eso cuando yo este al mando dejaré que vivan aquí arriba, parlamentaré con los que manden allí abajo para llegar a un acuerdo.
—Estas loco. Dame el walkie— dijo mi hermano extendiendo la mano para coger el walkie.
—Esta es mi casa y son mis normas. Tómalo o déjalo.
En ese momento mi hermano me dio un empujón y se dio media vuelta para caminar de nuevo hacia la puerta, cogió el pomo de la puerta y se dio la vuelta. –Muy bien, pues me marcho, no voy a informar de nada, el lio te lo buscaras tu solo. Ya te arrepentirás cuando arrastres contigo a Eva y a la niña.
—Me las arreglaré— respondí.
Seguidamente mi hermano abrió la puerta y se marcho de casa. Sabía que no le gustaba la idea de que en mi casa hubiera una habitante de los túneles. Aun así me seguía preocupando donde iría a vivir ahora.

Detroit…
Michigan…

Yuriko cargó con Rachel y comenzó a caminar por los oscuros pasillos en los que todavía había humo después de la explosión, a sus espaldas podía escuchar los gemidos de los No Muertos. No podía verlos todavía, pero estaban cerca, muy cerca. La explosión había volado la mayor parte de la planta inferior y eso había dejado vía libre a los infectados del exterior, los cuales se estarían colando por las oberturas que la explosión había dejado. Por otra parte, Yuriko temía que la explosión hubiese dañado los cimientos del edificio, con lo cual, ese edificio tenía las horas contadas y lo que más temía Yuriko en esos momentos  era que el edificio se viniera abajo.
De repente mientras caminaba escuchó un ruido en el cristal de su derecha, al mirar vio a un No Muerto estampándose una y otra vez contra el cristal. Era un hombre vestido de militar. Yuriko alzó el arma y le apuntó a la cabeza, temía que atravesara el cristal, de repente más manos y cuerpos comenzaron a golpear el cristal, en esos momentos debía haber más de dos docenas de infectados al otro lado.

Vanesa descendía por los pisos rápidamente, siempre con el arma en alto, sabía que en cualquier momento iba a tener que disparar y que si no iba preparada, si se daba de bruces con algún infectado, no le daría tiempo a disparar, eso marcaba la diferencia entre vivir o morir, por eso debía llevar siempre el arma en alto.
Dobló una esquina y se dio de bruces contra uno de los soldados novatos, este rápidamente alzó el arma y estuvo apunto de disparar.
—¡¡Quieto!!— le espetó Vanesa.
En ese momento también vio a Cooper, este les ordenó a ambos bajar las armas.
—¿Qué ha pasado sargento?— preguntó Vanesa mirando a Cooper.
—Hubo una explosión, nos tendieron una jodida trampa. Los demás están muertos— respondió Cooper cogiéndola del brazo para llevarla de nuevo al helicóptero, pero Vanesa rápidamente se zafó de el. —¿Qué hace soldado?.
—Voy a buscar a mi amiga, se que sigue viva y voy a sacarla de ahí. Me da igual si entre nosotras hay mil caminantes, acabare con todos si es necesario. Y no intente detenerme— respondió Vanesa tajantemente, nada de lo que Cooper le dijera la haría cambiar de opinión, estaba decidida.
—Muy bien… haga lo que quiera, pero dependemos de usted para levantar el vuelo. Vuelva de una pieza— en ese momento Cooper miró a los soldados y lanzó un suspiro. –Muy bien, ustedes tres alcancen el helicóptero. Yo volveré con ella a los pisos inferiores.
—Gracias— susurró Vanesa.
Seguidamente la piloto y el sargento comenzaron a descender por los pisos. No disponían de mucho tiempo para encontrar a Yuriko y a los demás que habían quedado atrapados.

Rachel estaba mareada y sangraba abundantemente por una herida que tenía en la cabeza, aun así estaba recobrando la consciencia, cuando vio que Yuriko la llevaba a cuestas trató de separarse, pero la joven japonesa no la dejó.
—Tenemos que seguir, están entrando caminantes en el edificio.
—¿Qué ha pasado? La cabeza me da vueltas— preguntó Rachel. –Me siento como si me hubiesen dado una paliza… No me la han dado ¿No?.
—No, pero casi nos ha alcanzado de lleno una explosión. Lo último que recuerdo era a ti y a Weaber ayudándome a ponerme de pie. Weaber no lo ha logrado— explicó Yuriko. –Ahora debemos salir de aquí antes de que haya más No Muertos.
De repente ambas escucharon como cristales romperse. No había duda que los No Muertos que había visto Yuriko hacía un rato habían acabado rompiendo el cristal. Entonces Yuriko aceleró el paso.
Llegaron al pie de unas escaleras y entonces Rachel pidió que pararan, necesitaba descansar un poco, necesitaba caminar por su propio pie. Yuriko estaba de los nervios, no podían pararse más tiempo, fue en ese momento cuando vieron varias siluetas salir de la nube de polvo y de la oscuridad.
Yuriko alzó el arma y apuntó a la cabeza del primero que surgió. La bala atravesó la cabeza del infectado y derribó a un segundo, el cual estaba detrás. Rachel también comenzó a disparar varias veces.

Vanesa se paró de golpe cuando escuchó los disparos, estos provenían de algún lugar en la planta de abajo, no había duda, tenía que ser Yuriko, al menos rezaba por que fuera ella. Vanesa aceleró el paso seguida por Cooper, el cual estaba entrando en un estado de nerviosismo enorme. Era la primera vez que desde que lo conocía, Vanesa veía así a Cooper, se notaba que el fracaso de la misión y lo claustrofóbico que resultaba el ambiente del edificio, le estaba pasando factura.
—Tranquilo sargento. ¿Qué es lo que dicen ustedes siempre? Mantener la calma. Pues eso, manténgala, por lo que más quiera. No podemos permitirnos el lujo de ponernos nerviosos.
En ese momento vieron aparecer dos siluetas por el pasillo, estas comenzaron a correr hacia ellos y tanto Vanesa como Cooper alzaron sus armas con intención de disparar, pero cuando Vanesa iba a apretar el gatillo, divisó a Yuriko. Al ver a su amiga bajó el arma y se abrazó a ella.
—¿Dónde esta Weaber?— preguntó Cooper.
—Esta muerto… y detrás de nosotras vienen No Muertos. Hay muchos… tenemos que…
Yuriko no terminó la frase, los No Muertos comenzaron a tomar el pasillo y a caminar a paso rápido hacia ellos. Rápidamente se dieron la vuelta y comenzaron a correr en dirección a la terraza.
Subieron a paso rápido con Vanesa a la cabeza mientras Rachel y Yuriko se daban la vuelta para disparar a los infectados, los cuales iban cayendo de dos en dos con disparos certeros en la cabeza. Cuando por fin llegaron a la terraza después de subir varios pisos, Vanesa apartó de golpe a los tres soldados que llevaban allí desde hacía un rato y se lanzó al interior del aparato de un salto, rápidamente comenzó a poner el motor en marcha mientras los No Muertos comenzaban a golpear la puerta. Cuando el motor estuvo en marcha, todos comenzaron a subir sin mirar atrás.
—¿Estamos todos?— preguntó Vanesa.
Todos respondieron y entonces Vanesa pudo levantar el vuelo. En pocos minutos estaban sobrevolando el edificio. Era hora de volver a Manhattan.

Manhattan…
22:20…

Kimberly estaba en la habitación con Eva y se había puesto ropa que le habían dado a Eva y que a esta le había venido pequeña. La ropa era más de la talla de Kimberly. La joven muchacha era la primera vez que se probaba ropa después de tanto tiempo y se sentía como una modelo, sin embargo no podía dejar de mirar la cara de Eva. Se le notaba nerviosa y Kimberly entendía muy bien el porque.
—Se lo que pasa y no quiero que te preocupes. Me marcharé ahora, no quiero que tengáis problemas por mi culpa. Los de los túneles no estamos muy bien vistos aquí arriba. Todo porque algunos no quisieron seguir las normas de aquí arriba. Si te soy sincera yo nunca quise vivir ahí abajo.
—Mira… lo siento, pero si, tienes que irte. Explícaselo a Juanma y márchate.
Después de la conversación ambas salieron de la habitación y se me acercaron. No sabía que pasaba, pero enseguida la joven comenzó a hablar.
—Gracias por todo lo que has hecho, pero será mejor que me marche. No quiero que tengáis problemas, yo volveré a los túneles… pero no olvidaré lo que has hecho por mí. Muchas gracias— la muchacha me abrazó y seguidamente salió por la puerta.
Una vez me quedé a solas con Eva me di la vuelta para mirarla, esta enseguida apartó la mirada, sabía que no me lo iba a tomar nada bien.
—¿Qué le has dicho para que se fuera? Se supone que iba a quedarse con nosotros. Me parece que te estas volviendo como el resto de habitantes de esta ciudad. Y eso me decepciona mucho de ti.
—Nos estabas condenando. No puedes ir así por ahí, tienes que ser más consecuente… no somos las hermanitas de la caridad. No podemos acoger a gente como si fueran gatitos. Ya viste lo que pasó con tu hermano.
—Mi hermano nada tiene que ver con esto…— entonces levanté un dedo en señal de silencio. –Y no vuelvas a decirme que mi hermano mató a Rose.
—Pero es que lo hizo el. Todo apunta a el. Te tengo dicho que el no es el hermano que recuerdas. Es muy diferente, ya sabes como cambia a la gente esta situación.
—Mira, me marcho un rato a dar una vuelta. Necesito despejarme— dije. Seguidamente me di la vuelta y salí por la puerta.
*****

Kimberly había salido del bloque de viviendas y comenzó a caminar por las calles de la ciudad, mezclándose entre la multitud, había sido una mala idea lo de salir a la superficie. También había sido una ingenua al pensar que podría vivir allí arriba, aun arrastrando la etiqueta de ser una habitante de los túneles. Jamás lograría vivir allí arriba como las demás personas. Jamás sería como ellos.
Kimberly estaba tan metida en sus pensamientos que no vio a la persona que se le acercaba por detrás y la agarraba del brazo. Sin articular palabra la agarró del brazo y la metió en un callejón, fuera de la vista de las demás personas. Kimberly trató de gritar, pero una mano le tapó la boca y el negro cañón de una pistola con silenciador se posó debajo de su barbilla.
—No vayas a moverte pequeña puta.
Kimberly miró a su agresor y pudo ver de quien se trataba, acababa de ver a esa misma persona en la casa. Se trataba del mismo chico que había visto hablando con Juanma cuando ella salió de la bañera. La había estado esperando y luego la había seguido. Ahora su vida estaba en sus manos y kimberly no tenía muy claro que fuese a salir con vida de esa.

Carlos se había quedado cerca de la puerta del edificio, sabía que tarde o temprano aquella joven habitante de los túneles iba a salir a la calle. Momento que aprovecharía el para seguirla y llevarla a un lugar donde no los viese nadie, un lugar donde poder llevar a cabo lo que había deseado desde el momento que la vio.
Carlos comenzó a oler a Kimberly, luego sonrió y la miró. –Me resulta raro oler en una chica de los túneles ese perfume que llevas puesto. Normalmente vuestro olor se caracteriza por el olor a mierda y meados. Por eso me resulta raro que huelas tan bien. Quizás debería cagarme y mearme sobre ti para que no se pierda vuestra aroma.
La chica trató de zafarse, pero Carlos hacía una fuerte presa sobre el cuerpo de la joven. Esta solo pudo apartar la mano de su boca. —¿Qué vas a hacerme?.
—Oh… no te preocupes que no te voy a violar ni nada. No quiero pillar enfermedades. Solo te mataré, lo haré despacito para que no pierdas detalle, y no te preocupes, que no dejaré que vuelvas. Al menos dame las gracias por eso.
—Estás enfermo— respondió la muchacha.
—¿Enfermo?... No, pero tu y los tuyos me dais tanto asco que solo siento ganas de mataros cuando os veo… bueno, vamos a…— la frase de Carlos se cortó cuando notó el cañón de un arma en su nuca.
*****

Mouse había tenido suerte, justo cuando empezaba a sentir que tardaría en encontrar a Kimberly en la ciudad, logró verla entre la multitud, pero cuando corría hacia ella para alcanzarla y llevársela con el, vio como alguien la agarraba y la llevaba hasta un callejón. Mouse los siguió con cautela, ya que sabía que el que había agarrado a Kimberly iba armado. Llegó has el lugar más oculto del callejón y allí escuchó como aquel tipo amenazaba a Kimberly con un arma, sin pensárselo más veces, Mouse sacó su arma, se acercó por detrás y situó el cañón en la nuca del agresor.
—Déjala ir, no quisiera tener que matarte.
El agresor de Kimberly no parecía tener intención de obedecer a Mouse y seguía apuntándole. Mouse en ese momento hizo que el arma emitiera un chasquido, aunque eso no hizo parar al agresor, este seguía amenazando la vida de la muchacha.
—Si vas a disparar hazlo. Cuando lo hagas toda la ciudad se te echará encima y luego vuestros amigos escorias pagaran las consecuencias de vuestro error. ¿Quieres eso escoria?.
—Llevo un silenciador en mi arma. No creerías que sería tan estúpido como para no llevarlo ¿No? Venga, suelta a la chica, no serías al primero de vosotros que mato. Nosotros también os tenemos manía, así que el sentimiento es mutuo— Mouse apretó el cañón más a la nuca. –Que la dejes ir.

Carlos supo en ese momento que aquello era un tira y afloja que no iba a ganar y finalmente se dio por vencido. Se alejó un poco de la chica y bajó el arma, la cual la chica le arrebató rápidamente, dejándolo desarmado.
El tipo que lo había sorprendido por detrás de un tirón lo obligó a darse la vuelta y lo volvió a encañonar. –Ahora se han cambiado las tornas. Sería muy fácil matarte y librarme de otro cabrón… pero no lo haré— en ese momento el tipo le dio un golpe en la sien y Carlos sintió un fuerte dolor seguido de un mareo, después cayó al suelo y se quedó inconsciente.

—¡¡¡Mouse!!! ¿Qué haces tu aquí?— preguntó Kimberly mirando a su amigo y compañero, pero Mouse no respondió, se limitó a mirarla y luego le asestó un fuerte manotazo en la cara. El golpe fue tan fuerte que Kimberly apunto estuvo de caer al suelo, pero se quedó de pie con una mano cubriéndose la zona afectada y mirando a Mouse con lagrimas en los ojos. Entendía muy bien a que había venido esa bofetada.
—Ya hablaremos tú y yo. Ahora  debemos volver a casa… a nuestra casa de verdad. Nuestra casa en los túneles— dijo Mouse señalando hacia una alcantarilla.
Seguidamente el y Kimberly abrieron la tapa y se metieron por ella desapareciendo en la oscuridad de las alcantarillas.
*****

Estaba molesto con Eva por como había cambiado de idea con respecto a la muchacha y le había pedido que se marchara, pero en parte lo entendía, entendía perfectamente que ella no quisiese arriesgarse a que después de tanto tiempo buscando un lugar seguro, y después de haberlo encontrado pese a sus normas, pudiésemos meternos en un lio.
En ese momento mientras caminaba por las calles vi una tienda de comida abierta y se me ocurrió la idea de entrar a comprar algo para Eva y para mí. Una botella de Champan que sirviera para reconciliarnos y expresarle mis disculpas.
Crucé las puertas de la tienda, saludé al dependiente y comencé a buscar por los estantes, también vi a un par de chicos jóvenes en el fondo, al verme se separaron y eso me extrañó bastante, era como si estuviesen planeando algo.
—Perdona… estoy buscando una buena botella de Champan… ¿Cuál es la mejor que tienes?— pregunté dirigiéndome al dueño de la tienda.
—Ahí tengo Champan francés, es del bueno y lo tengo a buen precio— respondió el dependiente señalando a una zona que no podía ver desde mi posición.
Siguiendo el dedo del dependiente comencé a caminar y llegué a un lugar donde había varias botellas, solo me quedaba elegir una. Realmente no solía beber alcohol, pero aquello era una ocasión especial y un poco no iba a hacer daño a nadie. Comencé a revisar las botellas tratando de decidirme, cuando ya tenía una en las manos que parecía buena y tenía buen precio, escuché el chasquido de un arma a mis espaldas.
—No te muevas… y pon las manos donde pueda verlas.
Lentamente hice lo que me estaban ordenando, tenía la certeza de que se trataba de uno de los chicos que había visto momentos antes, los mismos que se habían separado cuando los vi, no había duda que en ese momento estaban planeando el atraco. Yo no conseguía entender que llevaba a esos muchachos a hacer eso.
—No se por que haces esto… pero si lo dejas ahora no te meterás en ningún lio. Hazme caso, aun eres joven para que te llevan a prisión— traté de convencer al joven, pero este no me hizo ningún caso, simplemente me llevó a punta de pistola hasta el mostrador, allí estaba el otro chico apuntando al dependiente.
—Saca todo el dinero que tengas ahí. Vamos— decía el otro que apuntaba al dependiente.
—No llegareis muy lejos así. Estáis atrapados en esta ciudad y no podéis salir ni ocultaros. Os cogerán y si no os matan os encerraran. No creo que queráis eso, aun estáis a tiempo de dejarlo.
En ese momento el que me encañonaba a mi se puso delante y me puso su pistola en la cabeza. –Cállate, eres de esos que se creen que lo saben todo, que habla de todo, pero que no tiene ni puta idea de nada. Además, si nos cogen o nos matan no es tu problema. Te mataré si vuelves a abrir la boca.
Me quedé en silencio un momento y vi que el pulso del joven temblaba mientras sostenía el arma, pero no era por miedo, más bien estaba siendo victima del mono. Señal de que necesitaba su dosis, esos dos jóvenes estaban tan desesperados por drogarse que habían optado por atracar aquella tienda, estaban tan nerviosos que serían capaces de cualquier cosa.
*****

El helicóptero pilotado por Vanesa sobrevolaba la ciudad de Manhattan en dirección al hospital. Yuriko y Rachel necesitaban ser atendidas, no estaban graves para nada, pero las pequeñas heridas que tenían necesitaban ser tratadas.
Cuando estaban sobrevolando ya el hospital, Vanesa vio a varias personas en la terraza del hospital esperando a que aterrizaran, cuando aterrizó vio como una chica se acercaba corriendo a Rachel y seguidamente la obligaba a sentarse en una silla de ruedas. Rachel se negaba, pero finalmente la chica se salió con la suya y la sentó de golpe, para seguidamente llevársela al interior del hospital.
Yuriko también debía ser llevada al interior del hospital para que la revisaran de arriba abajo, cualquier precaución era poca.
—¿Te acompaño?— preguntó Vanesa a su amiga.
—No hace falta, estoy bien. Seguramente me quede al igual que Rachel una noche en observación y mañana nos manden a casa. Tu vuelve al Madison Square Garden y aparca el helicóptero, te veré mañana por la mañana— respondió Yuriko.
—¿Estas segura?— preguntó Vanesa.
—Si, no te preocupes.
Vanesa se despidió de Yuriko y después volvió al helicóptero con intención de regresar al Madison Square Garden. Allí dejaría el helicóptero y volvería a su casa a descansar, primero se daría un relajante baño y luego dormiría a pierna suelta. Lo estaba deseando, lo habían pasado mal y la misión había fracasado, pero al menos ella y Yuriko estaban vivas.
*****

Sheila llevó a Rachel a una consulta, allí le pondría los puntos necesarios para la brecha de la cabeza de la soldado. Una vez estuvieron solas, Sheila no podía evitar mirar a Rachel con una mueca de enfado, había salido en una misión y ni siquiera le había dicho nada, todo era llamarla y esta no respondía. Se enteró que Rachel estaba fuera cuando en el hospital les informaron de que llegaban heridos leves.
—Siento no haberte dicho nada ¿Vale? Pero salimos tan deprisa que no me dio tiempo a nada. Lo siento, no volverá a ocurrir— dijo Rachel.
—Lo que me jode es que no sabía nada de ti después de lo del beso. Después de eso no he pensado en otra cosa, te llamé y estabas desaparecida. Creí que te habías arrepentido.
En ese momento Rachel comenzó a reír mientras Sheila se preparaba para coserle la herida. –Vaya, así que te dejé impresionada… si te soy sincera no sabía si había hecho bien besándote. Lo cierto es que no pude evitarlo.
—No me van los juegos… si lo hiciste por hacer… déjame decirte que metiste la pata.
En ese momento Rachel le agarró la mano a Sheila y le acarició la mejilla al mismo tiempo que la miraba a los ojos. –Mírame y atiende, porque no volveré a repetírtelo. Yo nunca juego, y si te besé en esos momentos fue por que era lo que quería hacer y porque me gustas. Además… ¿Sabes que es lo que pensaba cuando estaba semi inconsciente en ese pasillo rodeada de escombros y polvo?.
—¿En que?— preguntó Sheila mientras notaba que se iba poniendo roja al sentir el tacto de la mano de Rachel sobre la suya.
—Pensaba solo en salir de ahí para volver a verte y hablar muchas cosas que tenemos pendientes. No quiero que nos quedemos en un simple beso.
Poco a poco las dos chicas se fueron acercando y acabaron fundiéndose en un largo y apasionado beso.
*****

La situación se había vuelto tensa, allí estábamos el dependiente de la tienda y yo encañonados por dos muchachos a los que estaba consumiendo el mono. En ese estado eran imprevisibles y eran capaces de cualquier cosa. Entonces pensé en la pistola que llevaba en la cintura y que siempre me acompañaba. Podría cogerla e inmovilizar a ambos chicos, solo tenía que ser más rápido y aprovechar que ellos estaban en ese estado.
—Venga, dame toda la jodida pasta. Métela aquí— dijo el muchacho pasándole un saco al dependiente.
El dependiente en un terrible ataque de nervios cogió el saco y comenzó a llenarlo mientras no dejaba de mirar al chico que le apuntaba. Mientras, yo trataba de ingeniármelas para coger mi pistola, lo cierto es que no tenía mucho a mi favor, solo me quedaba esperar a un descuido o momento de flaqueza. En mi nuca sentía el frio metal del cañón temblando. Era todo o nada.
Con un rápido movimiento golpeé al chico con el codo en el estomago y luego le arrebaté el arma al mismo tiempo que el otro se giraba para dispararme, pero yo fui más rápido y le disparé en una rodilla. El chico cayó al suelo agarrándose la pierna y gritando mientras el chico al que había golpeado trataba de ponerse en pie, pero rápidamente le pegué una patada en la mano, haciendo que su pistola saliera volando hacia el final de la tienda, luego le apunté a la cabeza, aunque yo no tenía intención de disparar.
—Mejor quédate quieto chavalote— le espeté sin dejar de apuntar.
En ese justo momento aparecieron varios vehículos militares delante del establecimiento y comenzaron a bajar militares, estos entraron en la tienda y comenzaron a apuntar a los dos muchachos. Otros estaban inspeccionando la herida de la pierna del muchacho al que acababa de disparar. Este joven estaba mirándome desde el suelo con una expresión mezclada entre las ganas de meterse un chute y el odio que estaba sintiendo hacia mi por haberle disparado, no podía culparle por ello.
Seguidamente me fui acercando hacia la puerta del establecimiento con intención de marcharme, justo cuando iba a salir escuché la voz del dependiente a mis espaldas.
—Señor… ¿No se lleva el Champan?
—No…— respondí.
En ese momento dos soldados salieron detrás de mí y se plantaron delante cortándome el paso. –No se vaya, tendrá que quedarse a declarar.
—No es necesario— respondí. –Mañana iré a ver al general Graham y lo hablaré con el. Solo lo hablaré con el.
—No puede hablar con el general sin autorización… no puede.
—Yo si tengo autorización— respondí. Seguidamente me marché de allí en dirección a mi casa.

Día 4 de Noviembre de 2009
Día 510 del Apocalipsis.
Manhattan…

Carlos abrió los ojos y se vio en medio de un callejón, la cabeza le dolía mucho y se había dado cuenta de que tenía una brecha en la cabeza. No recordaba el como y el porque había llegado allí. Se puso de pie y miró hacia arriba, era de día y hacía frio, a decir verdad estaba helado. Comenzó a registrarse y vio que le habían quitado el arma que llevaba siempre con el, quizás lo habían atracado. Lo que más le sorprendía era  encontrarse allí tirado.
Poco a poco comenzó a caminar y salió del callejón, finalmente se encontró en medio de una de las calles, observando el ir y venir de las personas, algunos lo miraban como si fuera un apestado y evitaban el rozarse con el. Carlos se miró la ropa y vio que la tenía manchada de sangre, quizás era por eso que lo evitaban.
Siguió caminando tratando de recordar que demonios había pasado. Su cabeza era un completo lio de recuerdos, no sufría de amnesia, solo había olvidado algunas cosas, las cuales esperaba que volvieran poco a poco. En ese momento vio pasar un taxi cerca de el, Carlos miró hacia el interior y creyó ver a su hermano en el. ¿Hacia donde se dirigía?

Ben detuvo el taxi frente al edificio donde vivía el general Graham, justo antes de salir pagué a Ben y luego le estreché la mano. La verdad era que aquel hombre me caía estupendamente debido a que siempre había viajado en taxi con el.
—Bueno Ben… nos vemos— le dije con una sonrisa.
—Si, seguramente cuando vuelva a verte voy a tener que llamarte señor y a cuadrarme delante de ti.
—Tranquilo. El que yo tome el mando no cambiará nada, podrás seguir tuteándome— respondí con una sonrisa.
Salí del taxi y me metí en el edificio, comencé a subir pisos y por fin llegué a las puertas del despacho del general Graham. Abrí las puertas y hasta mis oídos llegó la sinfonía del nuevo mundo, justo la misma que sonaba cuando conocí al general Graham. Al entrar me encontré al general de pie y de espaldas a mí, al girarse sonrió.
—Te esperaba— dijo.
—Acepto estar al mando de la ciudad. Haré de este lugar un lugar perfecto para vivir y empezar de cero. Seremos el verdadero ave Fénix que resurge de sus cenizas. –respondí.
—Muy bien… no esperaba menos de ti— respondió el general Graham haciéndome un gesto con la mano para que me acercara.
Yo me acerqué y comencé a mirar por la ventana junto a el, desde allí veía toda la ciudad y las vallas que nos separaban de la zona infestada. Allí mismo, bajo mis pies se extendía la ciudad que desde ese mismo día iba a estar bajo mi mando y la cual pretendía convertir en un verdadero paraíso para los supervivientes del Apocalipsis, un lugar donde formar una familia junto a Eva. Nuestro mundo empezaba ahí. Nuestro paraíso, nuestra tierra prometida. Desde ese momento no pude evitar sonreír

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