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miércoles, 11 de diciembre de 2013

NECROWORLD Capitulo 18



Día 3 Noviembre de 2009
Día 509 del Apocalipsis.
Detroit… Michigan

Yuriko y Vanesa apenas habían pasado unos minutos en tierra cuando las llamaron para una nueva misión. No les explicaron para que era, simplemente les dijeron que ellas dos iban a ser la piloto y la copiloto del helicóptero en el que iban Weaber, Cooper, una chica llamada Rachel y otros tres soldados más.
En esos momentos estaban sobrevolando la ciudad de Detroit, abajo, al igual que en otras ciudades se podía ver la desolación, vehículos abandonados, edificios en ruinas y muchos, muchísimos No Muertos que se habían congregado alrededor de un único edificio, y algo les decía a Yuriko y a Vanesa que era allí a donde iban, era demasiado obvio. Fue justo en ese momento cuando Weaber comenzó a dar los detalles de la misión.
—Nuestro objetivo es un hombre conocido como papá Angelito. Es el hombre que esta al mando de los miserables de la guerrilla, acabar con el hará que todo allí abajo se desmorone. Eso los dejará indefensos y ya no volverán a tocarnos los cojones.
Al escuchar el nombre de papá Angelito, a Rachel casi se le para el corazón, no tenía ni idea de que los de arriba supieran que ese hombre existiese, entonces… ¿Cómo se habían enterado? Entonces Rachel no pudo evitar preguntar.
—¿Cómo se sabe lo de ese hombre?
—Tenemos un infiltrado ahí abajo. Ese hombre ha logrado acercarse lo suficiente a papá Angelito lo suficiente como para formar parte de su círculo de confianza. Hace unas horas un grupo salió acompañando a papá Angelito hasta aquí para reunirse con alguien. No sabemos quien es el otro, solo sabemos que el objetivo está aquí y eso es lo verdaderamente importante. Hoy es cuando ganamos nosotros.
Rachel no podía creerse aquello, Weaber acababa de revelarle que allí abajo también tenían un infiltrado, alguien que les pasaba información desde allí abajo, alguien que podría haberle visto allí abajo una de las pocas veces que había bajado, si eso había sido así podría identificarla, eso le traería problemas, podría ser peor, ese infiltrado de arriba podría identificar a todos los infiltrados de abajo. Quizás, tendría que hacer algo para evitar que la delataran, porque si la delataban también podrían delatar a Sheila y a otros. Entonces la decisión de hacer algo con ese infiltrado iba tomando forma. Tendría que matar a ese infiltrado y lograr que pareciera un accidente.
El helicóptero comenzó a sobrevolar el edificio donde tenían que aterrizar, por Cooper se enteraron que se trataba del Renaissance Center, la sede central de General Motors. Cuando el helicóptero iba aterrizando en el helipuerto del conjunto de edificios, Cooper iba dando los detalles.
—Tenemos constancia de que no hubo supervivientes en la ciudad, por lo tanto ahí abajo deben haber cerca de seis millones de infectados. Como podéis ver se han congregado como moscas alrededor de una mierda enorme en los alrededores de ese edificio. Bajaremos todos, exceptuando a la piloto— Cooper señaló a Vanesa. –Mantén el motor en marcha, puede que tengamos que salir de aquí perdiendo el culo.
—A la orden sargento.
Cuando el helicóptero tomó tierra, todos los ocupantes del helicóptero salvo Vanesa se bajaron de un salto, Cooper se sacó en ese momento un aparato del bolsillo.
—¿Qué es eso?— preguntó Rachel.
—Es el localizador que lleva nuestro hombre. Se encuentra en la parte más baja de este edificio. Podríamos haber entrado por la puerta principal, pero con todos esos mal nacidos ahí abajo será complicado. Entraremos desde arriba e iremos bajando pisos— respondió Cooper.
—¿Y que haremos si intentan escapar?— preguntó uno de los soldados.
—Si intentan cualquier cosa tendrán que subir hacia arriba, si nos los cruzamos habrá que abrir fuego. Bueno ya esta todo más claro, venga, no perdamos más tiempo. Preparad todos vuestras armas, deben haber escuchado el helicóptero, así que seguramente se imaginan que vamos.
Yuriko se acercó al borde de la terraza del edificio y se asomó, allí abajo del todo vio a la enorme horda que más que No Muertos parecía una marea oscura de carne podrida. No recordaba haber visto tantos de aquellos seres juntos desde que salió con vida desde Fukuoka. Había realmente demasiados No Muertos, y todos estaban ansiosos por darles caza, el sonido del helicóptero los había puesto como locos.
—Yuri— Yuriko se dio la vuelta y se encontró con Vanesa. La piloto le pasó un walkie. –Si tienes algún problema avísame y bajaré a buscaros— le dijo Vanesa en voz baja.
—Gracias— respondió Yuriko. Seguidamente Cooper y Weaber abrieron una de las puertas y todos comenzaron a pasar, incluidas Yuriko y Rachel.

Día 18 de Junio de 2008
Día 3 del Apocalipsis…
Fukuoka (Japón) 8:00 de la mañana.

Habían pasado tres días desde que la infección se había extendido por Japón y desde que Tokio había desaparecido del mapa gracias a una bomba nuclear que habían lanzado con la intención de contener el avance de ese extraño virus. Pero había sido en vano, el virus había avanzado y ya no había forma de detenerlo, la humanidad se había ido al infierno en cuestión de pocos días.
Yuriko avanzó hacia la cocina de su casa para tomarse una pastilla para el dolor de cabeza, la necesitaba con urgencia, esos gemidos que venían de la calle la acabarían volviendo loca. Lo peor de todo es que los gemidos no solo venían de la calle, también venían de los pisos inferiores y superiores del bloque de viviendas donde vivía, se podía imaginar que ella era el único ser vivo en todo el edificio, ya que nadie más había dado señales de vida salvo ella. Por otro lado había tapiado la puerta de su casa para impedir que alguno de esos seres entrara. Había visto de que eran capaces y no quería acabar así, tampoco necesitaba salir de casa, tenía comida y agua de sobras para aguantar un mes si la racionaba bien.
Yuriko pensaba continuamente en su amiga Vanesa, la cual se había quedado en España. Cuando Yuriko se despidió de ella y volvió a Japón pensando que las cosas podrían ser diferentes o podrían cambiar, pero se había equivocado completamente. Ya no había luz y no sabía cuanto tiempo iba a durar el agua corriente. Tampoco había ningún tipo de comunicación con el exterior, ni noticias, no había nada.
Cuando Yuriko se tomó la pastilla decidió regresar a la cama y ponerse unos tapones para los oídos, no quería seguir escuchando esos gemidos, pero cuando estaba un rato con los tapones puestos volvía a abrir los ojos y a quitarse los tapones, creyendo que alguno de aquellos seres había logrado entrar en su casa. Salía de la habitación armada con un cuchillo y miraba por toda su casa, allí dentro no había nada ni nadie, seguidamente se asomaba por el balcón y miraba a las calles con cautela, sabía que si la descubrían aquellos seres, se pasarían horas con los brazos alzados hacia su balcón con intención de cogerla. Yuriko no temía que la cogieran, porque así iba a ser imposible, pero los gemidos… eso si que era insoportable.
Poco a poco se fue asomando y entonces vio algo que la horrorizó. La calle estaba atestada de aquellos seres, debía haber miles, estaban desperdigados, pero había realmente muchos, era entonces cuando pensaba que en el momento que se le acabase la comida tendría que hacer algo para no morir de hambre y quizás eso implicara abandonar la seguridad de su casa y jugársela ahí abajo. Yuriko no recordaba haber tenido tanto miedo como el que tenía en esos momentos. En esos momentos era incapaz de apostar por su salvación.

Día 3 Noviembre de 2009
Día 509 del Apocalipsis.
Detroit… Michigan.

Los pasillos y despachos de aquel edificio estaban oscuros y desordenados, eran necesarias las linternas para poder avanzar. Había también mesas bloqueando pasillos y puertas que se movían cuando el grupo pasaba por al lado. La mayoría de veces Cooper y Weaber que iban a la cabeza se paraban para asegurarse que podían seguir avanzando.
Yuriko se fijó en ese momento en los tres jóvenes soldados, estos estaban temblando, era obvio que era su primera misión fuera de Manhattan, seguramente se sentían desprotegidos, sin embargo, Rachel parecía estar muy tranquila, eso a Yuriko no le sorprendía, no la conocía mucho, pero sabía que era toda una profesional, decidió acercarse a ella para sentirse protegida.
—Hola— dijo Rachel cuando Yuriko se acercó a ella.
—Hola— respondió Yuriko con una sonrisa. –Espero que no te moleste que me ponga a tu lado… eres la única aparte de los mandos que no parece asustada.
—Pues aunque no te lo creas estoy cagada de miedo. Eres tu la que parece estar muy tranquila.
—Pues estoy igual que tu, pero no nos vendrá mal charlar un poco para aliviar esta tensión. ¿Cómo acabaste aquí?— en ese momento Rachel miró a Yuriko, pero no respondió. Eso hizo que Yuriko se sonrojara, lo cierto es que no sabía porque había preguntado. –Perdona, no debí hacerlo… ha sido una indiscreción por mi parte. No respondas si no quieres.
—Yo era soldado antes de que todo esto pasara. Siempre he pertenecido a una familia un tanto estirada, eran de los que daban ordenes, algo que me asqueaba, yo nunca he querido ser una princesita de cuento como mis padres querían que fuese. Yo quería vivir emociones fuertes y llevar una vida normal donde conseguir cosas por mis propios meritos y hacer cosas por mi misma. Para que quede claro y se entienda bien, prefiero ser yo quien se limpie su propia mierda… tampoco me van esas cenas de pijos que mis padres organizaban. Así que me alisté en los marines. Por otro lado mi padre que era una especie de magnate no aceptaba que me gustaran las mujeres.
—¿Eres…? Quiero decir… que eres…
—Si, soy bollera… lesbiana. Eso para  el obtuso de mi padre era como una enfermedad… incluso quería llevarme al medico. Con eso te puedes hacer una idea de la clase de gilipollas que era. No era mala persona, pero quería hacer de mi algo que no podría ser jamás… incluso llegó a buscarme un tío. —Yuriko abrió los ojos de par en par, no podía creerse que aquello se siguiese haciendo. Tratar de acordar matrimonios. –Pero obviamente yo no me enamoré de ese tipo. Ese si que era gilipollas, un nuevo rico que había creado una empresa de ordenadores, supongo que mi padre lo vio un buen partido para el futuro.
—¿Y que paso?— preguntó Yuriko.
—Le dije a mi padre que si tanto le interesaba, que se lo tirara el. Seguidamente me largué al ejército. Pasados dos años de eso regresé a casa para ver a mi madre. Ella había caído enferma… fue cuando empezó todo esto.
Yuriko se dio cuenta de el tipo de historia que Rachel estaba apunto de contarle, ni siquiera preguntó, simplemente esperó a que Rachel siguiera con su relato.
—Una mañana me desperté escuchando los gritos de la sirvienta. Corrí hacia la habitación de mi madre para ver que le pasaba a la sirvienta, creí que iba a ver a mi madre muerta, pero sin embargo lo que vi fue diferente. Mi madre estaba sobre la sirvienta arrancándole pedazos de carne del cuello.
—¿Y que hiciste?— preguntó Yuriko.
—¿Tu que crees? Aquello ya no era mi madre, además… nada más verme se abalanzó sobre mí. Yo ya sabía por informes lo que estaba ocurriendo con la enfermedad que volvía agresivos a los infectados, aunque aun no se sabía que eran muertos vivientes. Tampoco sabía que le pasaba a mi madre en esos momentos, solo lo supe cuando la vi en ese estado comiéndose a la sirvienta. Así que le aticé varias veces, solo cuando le di en la cabeza la maté.
—¿Y tu padre? ¿Qué pasó con el?
—Cuando pasó eso se encontraba en la habitación de otra sirvienta— Yuriko se quedó mirando a Rachel. –Si, mi madre se moría y mi padre se tiraba a otra. Poco después mi padre cayó enfermo al mismo tiempo que en la ciudad se armaba todo el lio.
—¿Dónde vivías?
—En Bel Air. Aunque no lo echaré de menos. No me iba ese tipo de vida.
—Yo siempre quise tener una vida así, pero no pudo ser. Nunca pasó de un sueño… pensaras que soy una cría o algo.
—No… para nada. Cuando se ve desde fuera parece una buena vida, pero desde dentro no tiene nada bueno. La realidad es muy distinta.
En ese momento Cooper y Weaber se detuvieron delante de un ascensor, enseguida les hicieron una señal para que se pararan y se callaran. Yuriko y Rachel obedecieron al instante y se pararon. Al otro lado del ascensor parecía escucharse algo. Se trataba de golpes.
—¿Qué creéis que es eso?— preguntó uno de los jóvenes e inexpertos soldados que los acompañaba. Rachel no respondió, era evidente lo que era.
Lo más normal era que no abrieran ese ascensor, pero podría ser que los cables del ascensor fueran una ruta alternativa para descender, así que si allí dentro hubiese un infectado habría que eliminarlo.
—Tú y tú— dijo Cooper señalando a dos de los soldados. –Abrid las puertas con una palanca. Vosotros— entonces miró a Yuriko, Rachel y al soldado asustado. –Estad listos para abrir fuego.
Yuriko y Rachel asintieron y tomaron posiciones mientras los dos soldados abrían las puertas haciendo palanca. Cuando abrieron las puertas una figura tambaleante salió del ascensor y Yuriko comenzó a disparar al mismo tiempo que Rachel, ambas abatieron a la figura tambaleante al instante. Cuando la lluvia de balas terminó se acercaron a ver lo que quedaba de aquel No Muerto. Se trataba de una mujer a juzgar por los pechos, pero estos estaban caídos y su color era un amarillo grisáceo cadavérico.
—Muy bien, sigamos— dijo Weaber mirando a los demás, luego miró por el ascensor. No podían seguir por ahí, así que debían seguir bajando escalones, a cada escalón que bajaban, Yuriko sentía que se estaban adentrando en un infierno del que muy difícilmente podrían salir. Con cada paso que daban sentía la presencia de la parca cada vez más cerca, eso la aterraba y le hacía tener un mal presentimiento, a cada paso que daba sentía ganas de llamar a Vanesa. Al mismo tiempo pensaba que no debía estar allí.
Día 18 de Julio de 2008
Día  33 del Apocalipsis…
Fukuoka (Japón) 18:45 de la tarde.

Yuriko acababa de terminarse la última lata de conservas que le quedaba. Se acababa de quedar sin comida y ya no había agua corriente. Estaba condenada a morir de hambre si no conseguía más comida, tenía la opción de lograr más alimentos, pero aquellos seres seguían allí, no se largaban. Durante el tiempo que había estado en casa había estado observando atentamente a esos monstruos, se habían vuelto más lentos y torpes con el paso del tiempo, pero seguían siendo peligrosos. Yuriko había averiguado que un solo mordisco la condenaba a ser como ellos, también había averiguado que con destruir el cerebro bastaba para acabar con ellos.
El como matarlos lo había descubierto unos días antes cuando desde el balcón había visto a un grupo de supervivientes que huía por la calle llevando un carrito de la compra cargado de alimentos. Se trataba de un chico y una chica, estos parecía que tenían la suerte de su parte, pero pronto fueron interceptados por los muertos vivientes y estos tuvieron que defenderse con lo que tenían, unos simples palos de hierro.
Fue la primera vez que Yuriko vio como mataban a uno de los No Muertos, pero finalmente los dos supervivientes se vieron superados y trataron de huir dejando el carrito abandonado y tumbado sobre la acera, pocas horas después volvió a ver a los supervivientes, pero ya no eran ellos, eran como los demás. Eran “Yatsura”, así era como los llamaban en Japón.
Desde ese día Yuriko había estado planeando llegar hasta el carrito cuando se le acabara el alimento en casa, pero justamente en esos momentos había demasiados “Yatsura” cerca del carrito, tendría que conformarse con investigar las demás viviendas del bloque y con suerte conseguir algo, aunque fuese una lata de conservas. Era eso o rendirse, lo de rendirse significaba la muerte, aunque posiblemente intentar hacer algo también significaría la muerte, Yuriko se sentía entre la espada y la pared.

Habían pasado cerca de dos horas cuando Yuriko ya se había decidido a hacer algo con respecto a lo de conseguir comida. Como no podía salir a la calle tendría que buscar en las otras vivienda de su mismo edificio. Lo malo era que ya había anochecido y tendría que hacerse con una linterna. Encontró una linterna en el pequeño armario de la cocina, pero esta no tenía pilas, seguidamente fue a su habitación y le quitó las pilas a un despertador con la forma de “Hello Kitty”. Con la linterna ya cargada ya estaba preparada para salir a los pasillos del edificio. Ahora solo le faltaba un arma con la que defenderse, no podía salir desarmada, ya que seguramente tendría que enfrentarse a algún No Muerto.
Yuriko finalmente se había hecho con una de las tuberías del baño, estas eran lo bastante duras como que al golpear fueran lo suficiente contundentes, aun así necesitaba otra arma. Fue a la cocina y sacó un par de cuchillos grandes. Seguidamente se los puso en el cinturón. Ya estaba preparada. Se acercó a la puerta y con cuidado fue retirando el mueble que bloqueaba esta, cuando estaba la puerta desbloqueada salió al oscuro pasillo y encendió la linterna. El pasillo estaba vacio y Yuriko sentía un aire fresco pese a que estaba en pleno verano, también escuchaba los gemidos de los monstruos que eran transportados por el aire, por momentos se arrepentía de haber abandonado la seguridad de su casa, en varias ocasiones estuvo apunto de echar a correr de nuevo a su vivienda, pero si lo hacía ya no encontraría el valor para volver a intentarlo. Simplemente se armó de valor y comenzó a avanzar por los oscuros pasillos.

Día 3 Noviembre de 2009
Día 509 del Apocalipsis.
Detroit… Michigan

El grupo encabezado por Weaber y Cooper había llegado hasta abajo sin muchos problemas. Tan solo unos cuantos obstáculos y un máximo de seis No Muertos más sin contar al del ascensor.
El marcador indicaba que el objetivo estaba cerca, así que fueron avanzando poco a poco. Se encontraban en un pasillo acristalado a ambos lados con varias oficinas al otro lado, justo al final de ese pasillo estaba la puerta que debían cruzar. Cuando llegaron a ella, Weaber les hizo una señal y comenzaron a prepararse, Yuriko comenzó a tener un mal presentimiento en aquellos momentos, se suponía que aquello era una reunión secreta de alguien con una gran importancia, y se suponía que esa persona estaba al otro lado de la puerta… entonces… ¿Por qué no había ningún tipo de vigilancia? Por unos momentos pensó que podrían haberse largado, pero el marcador indicaba que aun estaban allí, también era extraño que a ese otro lado de la puerta no se escuchasen ningunas voces. A Yuriko todo aquello no le gustaba un pelo.
Rápidamente Weaber y Cooper abrieron la puerta y casi sin darse cuenta Yuriko y sus demás compañeros entraron apuntando con sus armas. Entonces lo que allí había dejó estupefacta a Yuriko, y no fue por que aquel lugar fuera un gran despacho que seguramente habría pertenecido a un alto ejecutivo o la enorme pantalla de plasma que había detrás del escritorio, lo que más estupefacta dejó a Yuriko fue que allí no hubiese presencia humana.
—Ahí hay alguien sentado— dijo en ese momento uno de los soldados señalando al sillón que estaba delante del escritorio, este estaba mirando hacia la pantalla.
—El marcador indica que ese es nuestro hombre, es Miles— respondió en ese momento Cooper.
Antes de que ninguno de los dos mandos pudiese dar una orden, uno de los jóvenes soldados comenzó a caminar dando grandes zancadas en dirección al sillón. –Miles…¡¡¡Eh Miles!!! ¿Qué cojones ha pasado aquí?— Cuando el soldado llegó a la silla la giró y todos vieron el cuerpo mutilado de Miles. Le habían rajado de arriba abajo y cortado todos los dedos de una mano, también le habían hecho cortes en la boca y las mejillas, haciendo que pareciese que estaba sonriendo como un payaso, concediéndole un aspecto aterrador.
Cooper y Weaber se acercaron al soldado muerto mientras que el soldado que había descubierto el cadáver retrocedía asustado, Yuriko pudo comprobar la mancha oscura que se iba formando en los pantalones de aquel joven militar, acababa de orinarse encima.

Weaber y Cooper comenzaron a inspeccionar el cuerpo, pronto llegaron a la conclusión de que llevaba horas muerto. En ese mismo momento Cooper se dio cuenta de un detalle que había pasado por alto al principio, una luz verde parpadeaba debajo de las ropas del militar asesinado. Cuando Cooper rebuscó entre las ropas y vio de que se trataba abrió los ojos de par en par y comenzó a gritar.
—¡¡¡¡Todo el mundo fuera de aquí!!!! ¡¡¡¡Es una trampa!!!!
Todos los allí presentes sabían lo que significaban esas palabras y sabían lo que Cooper acababa de ver, no hacía falta preguntar nada. Enseguida todo el grupo comenzó a movilizarse para salir corriendo por el pasillo rodeado de cristales. Yuriko corría al lado de Rachel, fue entonces cuando uno de los soldados pasó por su lado a toda velocidad, seguidamente Yuriko sintió un fuerte dolor en el pecho, seguidamente se desplomó en el suelo para luego rodar sobre si misma, lo único que pensaba era que un soldado llevado por el pánico la había golpeado sin querer.
A Yuriko le faltaba el aire, enseguida notó las manos de dos personas tratando de levantarla, una era Rachel y el otro era Weaber.
—No nos queda mucho tiempo… esta apunto…— decía Weaber, pero este no acabó la frase, primero se escuchó un estruendo y luego hubo un fogonazo.
Yuriko en esos momentos sintió como que se abrasaba, le pareció ver fuego a su alrededor y luego notó como si volara unos metros, para después sentir otro golpe muy fuerte seguido de otros más pequeños que la golpeaban, sintió cristales cortándole en cara y manos, después solo hubo oscuridad.

Vanesa estaba sentada en el helicóptero cuando notó el estruendo y como el suelo de la terraza temblaba. Temblaba tanto que parecía que el edificio iba a venirse abajo en cualquier momento, pero nada de eso ocurrió. Cuando el temblor pasó se asomó por el borde de la terraza y miró hacia abajo, hacia la calle infestada. Allí además de No Muertos había una inmensa nube de polvo que en esos momentos se extendía por las calles, cubriendo también a los infectados.
En esos momentos Vanesa solo podía pensar en su amiga, rápidamente cogió su walkie y trató de ponerse en contacto con Yuriko, esperaba que estuviera bien.
—Yuri… ¿Me oyes? ¿Me recibes? Contéstame por favor— pero Yuriko no respondía, era como si la explosión o lo que hubiese sido aquello la hubiese borrado del mapa.
Rápidamente Vanesa corrió hacia el helicóptero y sacó su fusil, en realidad no debía abandonar su puesto, alguien podría aprovechar para robar el aparato, pero allí no había nadie en esos momentos y dudaba que salvo ella o sus compañeros, allí hubiera alguien más, de todos modos le daba igual, para ella lo importante en esos momentos era dar con su amiga.
Vanesa se adentró en la misma puerta que se habían metido sus compañeros y comenzó a bajar escalones y a recorrer pasillos mientras rezaba por la vida de Yuriko.

Día 18 de Julio de 2008
Día  33 del Apocalipsis…
Fukuoka (Japón) 19.30 de la tarde.

Yuriko había tenido suerte con las cuatro viviendas que había registrado, las puertas se habían quedado abiertas, Yuriko se imaginaba que las habían dejado abiertas en un momento de pánico durante la huida. Lo lamentaba por esas personas porque no sabían si estaban vivas o muertas, pero gracias a su descuido, Yuriko había logrado hacerse con varias latas de comida e ingredientes con los que prepararse algo de Ramen, no lo comía desde que el mundo se fue al infierno, así que algo que no fueran latas de conserva se agradecía.
Yuriko volvió a salir a los oscuros pasillos de su bloque. Acababa de salir de una casa y antes de volver a la suya quería registrar una casa más. Esa casa era la del señor Wong, un hombre de unos treinta y nueve años, este tenía una colección de katanas reales, se rumoreaba también que este poseía también armas de fuego. Estaba bien tener comida, pero si decidía salir de casa iba a necesitar armas con las que defenderse. Yuriko era inteligente, lo bastante como para saber que no solo había No Muertos en las calles, se imaginaba que la situación en la que estaba era la más adecuada para que los maleantes superviviesen hicieran de las suyas. Antes de que las televisiones dejasen de emitir, pudo ver como grupos radicales de bandas se dedicaban a saquear tiendas y a matar a quien se les cruzaba. Yuriko no quería tener que enfrentarse a ninguno de esos grupos. Y era evidente que grupos de la Yakuza se habían salvado, estos eran incluso más peligrosos que los mismísimos muertos vivientes.
Yuriko llegó a la puerta de la vivienda del señor Wong, y tal como suponía, la puerta estaba completamente cerrada, tenía que buscar una manera de abrirla. Quizás con una ganzúa lo lograría, solo que no tenía mucha práctica con ella fuera de los videojuegos. Se llevó la mano al bolsillo y cogió un llavero cuyo aro era de alambra fino, podría doblarlo fácilmente. Cuando ya lo tenía doblado y listo lo metió en el cerrojo, estuvo un rato forcejeando y entonces escuchó un ruido al otro lado. Yuriko se sorprendió bastante, entonces sin previo aviso la puerta se abrió de golpe y el negro cañón de un arma apuntó a su cabeza. Yuriko alzó la mirada y se encontró con el señor Wong apuntándole a la cabeza con un rifle Windchester.
—¿Señor Wong?— dijo Yuriko retrocediendo con las manos en alto.
—¿Quién eres niña?
—Soy yo… Yuriko… vivo abajo. Solo buscaba comida y armas.
En ese momento el señor Wong bajó el arma, agarró a Yuriko del brazo y tiró de ella hacia dentro de la vivienda. Una vez allí le dijo que se sentara en el sofá y que le contara como estaba la situación en el exterior. El señor Wong había tapiado todas las ventanas para evitar mirar al exterior y agobiarse. El interior de la casa estaba en penumbra total, solo estaba alumbrada por unas pocas velas.
Yuriko estaba contenta por haber encontrado a alguien más con vida, pero también nerviosa y con miedo por estar en presencia de aquel hombre, porque además del rumor de su pasión por las armas también se rumoreaba que le gustaban demasiado las chicas jóvenes y que le gustaba tocarlas.
—¿Vas a contarme que te pasa?— preguntó Wong
—Ya lo dije. Solo buscaba comida y armas, se que usted tiene armas y pensé que las necesitaría. El exterior no es seguro y tenía miedo. Creí que…
—Mis armas son mías, pero si quieres o tienes miedo puedes quedarte en mi casa, tenemos comida para los dos.
—Mejor vuelvo a mi casa— dijo Yuriko levantándose para ir hacia la puerta.
Wong no puso impedimentos de ningún tipo, dejó que Yuriko se levantara y saliese por la puerta.

Yuriko volvió a su casa y nada más cruzar la puerta la bloqueó. Había encontrado a otra persona viva, pero no se fiaba nada de esa persona. La fama que acompañaba al señor Wong era la de un pervertido. Ahora sentía que el que aquel hombre supiera que estaba viva, era un problema. La aterrorizaba…

Varios meses después…

Yuriko hacía meses que había perdido la cuenta del tiempo que llevaba allí, comiendo todo lo que encontraba en otras viviendas de su bloque, y le había ido bastante bien, pero en esos momentos se encontraba en estado de shock. Estaba arrodillada en el salón de su casa y cubierta de sangre, a escasos metros de ella estaba el cuerpo sin vida del señor Wong, este se había colado en su casa con intenciones poco inocentes mientras Yuriko dormía. Casi instintivamente Yuriko se había despertado y al ver al señor Wong desnudo sobre ella, le asestó repetidos golpes en la cabeza con una figura de piedra que tenía cerca.
Era la primera vez que Yuriko mataba a alguien y aunque el señor Wong iba a hacerle daño, se sentía fatal. Había matado a una persona, por otro lado estaba nerviosa porque ya no tenía comida, así que se estaba planteando salir al exterior y además de conseguir comida se había planteado tratar de pedir ayuda.
Se preparó una mochila con tres latas de conserva que se habían pasado de fecha y dos botellas de agua, como armas se preparó dos cuchillos, la tubería y el rifle windchester que siempre acompañaba al señor Wong. Ya estaba más o menos preparada, solo le quedaba reunir valor necesario para hacerlo. Rezó un rato y finalmente se puso en marcha completamente decidida. Estaba apunto de enfrentarse a hordas de aquellos monstruos, su objetivo era llegar a la torre de radio de Fukuoka, desde allí podría ponerse en contacto con gente de cualquier parte del mundo, podría ser peligroso revelar su posición a desconocidos, pero por otro lado era la única manera de conseguir opciones de salvación.

Día 3 Noviembre de 2009
Día 509 del Apocalipsis.
Detroit… Michigan

Yuriko se fue despertando poco a poco sin acordarse mucho de lo que había pasado, entonces en medio de la oscuridad pudo distinguir a Rachel, esta todavía respiraba, pero estaba inconsciente. A los que no veía era a los dos mandos y a los tres soldados. Yuriko trató de levantarse a pesar del dolor que sentía, pero entonces notó un peso sobre ella, Yuriko palpó y notó que sobre ella había un cuerpo, pero no sabía quien era, a esa persona no lo veía con claridad. Con cuidado se llevó la mano a uno de los bolsillos de su chaleco y sacó una pequeña linterna, cuando alumbró el cuerpo vio que se trataba de Weaber. Fue en ese momento cuando Yuriko recordó lo que había ocurrido, había habido una explosión y seguramente Weaber había muerto protegiéndola. Nunca podría agradecer a ese hombre lo que había hecho.
Poco a poco se quitó de encima el cuerpo de Weaber y luego se puso de pie, se acercó a Rachel y trató de despertarla, fue en ese momento cuando escuchó los gemidos y le llegó el olor de la carne putrefacta, no sabía exactamente como, pero los No Muertos estaban allí dentro y se dirigían hacia ellas.

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