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miércoles, 4 de diciembre de 2013

NECROWORLD Capitulo 17



Manhattan…
Zona fuera de los límites de seguridad…

Los No Muertos habían comenzado a aparecer casi de repente. Kimberly no los vio llegar a sus espaldas, pronto estos comenzaron a meter los brazos para intentar agarrarla. La joven iba a gritar, pero prefirió mantener la calma y cumplir con su trabajo. Comenzó a observar a los No Muertos uno por uno hasta que dio con una mujer que llevaba un vestido de color azul, este estaba roído y ensangrentado, entonces se fijó en el collar de perlas que esta llevaba. Rápidamente se llevó el walkie talkie a la altura de su boca.
—Mujer con vestido azul. Lleva collar de perlas.
Después de decir eso vio como un arpón surgía de algún lugar y se clavaba en la espalda de esta atravesándola por completo. Ya la tenían, seguidamente la No Muerta salió despedida hacia atrás y luego la arrastraba por el suelo. Los arponeros habían comenzado a hacer su trabajo. Fue en esos momentos cuando Kimberly sintió la descarga de adrenalina, comenzaba a disfrutar de aquello.
Kimberly le echó el ojo a otro No Muerto, se trataba de un hombre con un rolex de oro que todavía vestía un smoking. Dio la descripción de este y enseguida fue arponeado y arrastrado lejos de la zona. Por el momento todo estaba marchando bien. Fue entonces cuando vio a una chica joven con una mano llena de anillos, esa era su ocasión de sacar algo exclusivamente para ella, sacó un cuchillo que llevaba escondido y agarró el brazo de la No Muerta, seguidamente comenzó a cortárselo. Cuando lo separó del resto del cuerpo, Kimberly se agachó y comenzó a quitar los anillos de los dedos del brazo amputado de la infectada, tuvo que rompérselos, pero por fin obtuvo los anillos, rápidamente se los guardo y siguió con su trabajo.
Enseguida descubrió a dos más, eran dos jóvenes de color que llevaban collares, pendientes, pulseras, anillos e incluso dientes de oro. Se podía imaginar que en tiempos que estaban vivos, aquellos dos muchachos habían sido raperos o algo parecido, aunque ahora mismo para ella y los arponeros, eran el premio gordo.
—Dos raperos negros. Llevan mucho oro.
—Los vemos— respondió en ese momento Grayson.
Rápidamente dispararon dos arpones más y estos atravesaron los cuerpos de los raperos, luego tiraron de ellos tal como habían hecho con los demás. Todavía quedaban unos doce No Muertos alrededor de la jaula, pero estos no parecían tener nada de valor. Era hora de largarse, Kimberly apagó la radio por orden de Grayson, eso impediría que llegaran más de los deseados. Fue en ese momento cuando un brazo se deslizó hacia el interior y la agarró del pelo, luego tiró de ella con tal fuerza que Kimberly se golpeó en la cabeza, esta gritó en esos momentos cuando vio que su vida corría peligro.
—¡¡¡¡Socorro!!!!
Justo en ese momento escuchó una ráfaga de tiros y vio como los No Muertos caían al suelo con agujeros en la cabeza. Todos cayeron, Kimberly alzó la cabeza esperando ver a Grayson o a alguno de sus hombres, pero en vez de eso se encontró con la mirada de Mouse.
—¿Qué haces aquí John?
—Sal de esa jaula, ahora— le ordenó Mouse.
Enseguida aparecieron el resto de arponeros atraídos por los disparos. Entonces las miradas de Grayson y Mouse se cruzaron. —¿Qué coño ha sido esto Mouse?— preguntó Grayson.
—Estaba salvándole el culo a esta inconsciente. Aunque se suponía que eso era cosa vuestra, pero claro… estaríais demasiado ocupados contando el botín ¿Verdad?.
En ese momento Kimberly le dio un empujón a Mouse y enseguida comenzó a gritarle. —¡¡¡¿Qué haces aquí?!!! Yo no pedí tu ayuda. Solo quiero ganarme la vida de alguna manera y salir de ese maldito nido de ratas. No quiero vivir toda mi vida ahí abajo, quiero salir al exterior y vivir feliz.
—Tu padre…— replicó Mouse, pero no acabó la frase.
—A la mierda mi padre. El ya no esta aquí… y yo no necesito que nadie cuide de mi, yo ya soy mayorcita. Vete Mouse, no quiero saber nada de ti. Olvídame.
Todos los miembros del grupo aparecieron en ese momento, justo entonces Grayson dio la orden de retirarse. Enseguida Kimberly y los otros se subieron a la grúa después de recoger la jaula y todo lo demás, después se marcharon dejando a Mouse allí solo.
*****
Manhattan… zona segura

Había vuelto a casa con la intención de comer con mi familia y luego ir a los funerales. Cuando llegué me encontré con Vicky y con Eva. Comenzamos a comer cuando llegaron David y Alicia, durante la comida estuve en dos ocasiones apunto de decirles que había decidido tomar el relevo de el general Graham al mando de la ciudad, pero al final no lo hice, decidí esperar un poco más, al menos hasta un mejor momento que ese.
Después de comer nos pusimos en marcha hacia el cementerio donde dentro de poco iban a comenzar los funerales. Cuando llegamos vimos a gran parte de la ciudad presentes. Incluso vi a Isabella y a Lazarus, los cuales imaginaba que no habían dicho nada de quienes eran en realidad, de lo contrario podrían haberlos linchado allí mismo. Luego me fijé en los ataúdes, estos estaban vacios porque no habíamos podido recuperar los cuerpos, tan solo sobre la tapa contaban con una foto del fallecido, en ellas vi a unos sonrientes Roice y Manuel.
Después de la música apareció el general Graham, el cual les dedico unas palabras, después de su discurso cada uno de nosotros fuimos pasando para dar el ultimo adiós a los fallecidos, lo que más me llamó la atención en esos momentos fue la reacción de Adriana cuando paso junto al ataúd de Manuel dejó algo sobre este. Se trataba de una rosa roja. Imaginaba que aquello significaba algo para ellos. No pude evitar sentirme culpable.

De camino a casa otra vez me fijé en Isabella y Lazarus, estos estaban junto a unos caballos cargados de equipaje, eso hizo que me parara.
—¿Qué ocurre cariño?— preguntó Eva.
—Id yendo a casa, luego voy yo— respondí mientras me alejaba.
Cuando llegué junto a ellos me los quedé mirando. —¿Os marcháis? ¿Por qué no os quedáis?
—Lo preferimos así. Nunca hemos sido de quedarnos en un mismo sitio mucho tiempo, además, si se enteran que formábamos parte del grupo que acabó con vuestros amigos y compañeros probablemente no seamos muy bien vistos. Podrían lincharnos. Es mejor que nos marchemos.
—Bien… solo puedo deciros que tengáis buen viaje y que tengáis cuidado.
—Lo haremos— respondió Lazarus subiendo de un salto al caballo.
Poco después se marcharon perdiéndose entre la multitud hacia las vallas para salir a un mundo exterior hostil e infernal. Quizás para ellos fuese mejor que quedarse allí con nosotros. Aunque de haberse quedado más tiempo, al aceptar el puesto de Graham, podría haberles puesto las cosas más fáciles.
*****
Manhattan … túneles.
Acababan de llegar y enseguida Kimberly corrió hacia donde vivía. Iba a salir al exterior antes de que Mouse regresara, se sacó del bolsillo los anillos que había cogido para ella sin que los demás se diesen cuenta y comprobó que fueran buenos y de valor, cuando ya lo sabía con total seguridad se marcho corriendo hacia la primera salida de alcantarilla que encontró, salió rápidamente por ella y de nuevo se encontró en la ciudad. En la zona segura donde aquellos que acataban las normas vivían en paz.
El lugar donde Kimberly se encontraba en esos momentos era un callejón vacio, aunque sabía muy bien a donde tenía que ir, al único sitio donde podría intercambiar esas joyas por dinero, sabía que iba a sacar una gran cantidad por ellas.
Llegó hasta el bar el bebé, aquel lugar no le gustaba nada por que sabía muy bien a que se dedicaban allí, pero era el único lugar donde encontraría a los soldados que tenían tratos con la guerrilla, a medida que avanzaba se sentía observada por las demás chicas, incluso conocía a algunas de ellas, las había visto en los túneles, hasta que habían desaparecido.
Nada más cruzar las puertas del local la música rock la envolvió, miró a su alrededor y sintió que había entrado en una especie de infierno. En un lado podía ver a unas chicas de su misma edad más o menos, estas estaban siendo asediadas por varios hombres que buscaban sexo con ellas. En otras partes del local veía a hombres teniendo relaciones sexuales con chicas, incluso hombres con hombres, mujeres con mujeres. Había incluso lugares donde podía ver a gente pinchándose con jeringuillas.
Kimberly sintió que no debía estar allí y entonces se dio la vuelta para salir corriendo de aquel lugar, pero entonces se dio de bruces contra un tipo enorme, había otro igual de grande que el, fue entonces cuando escuchó una voz de pito que parecía venir del suelo, entonces agachó la vista y vio a un pequeño hombre que la miraba mientras se fumaba un puro. Casi estuvo apunto de echarse a reír.
—¿Qué puedo hacer por ti chochito? ¿Has venido a buscar trabajo?
—Vengo buscando… vengo buscando intercambiar esto por dinero, se que los soldados que nos lo intercambian a nosotros frecuentan este local— respondió en ese momento Kimberly sacándose las joyas del bolsillo para mostrárselas.
El pequeño hombre miró las joyas y sonrió. –Acompáñame hasta la barra del bar y veremos si esto es bueno.
El pequeño hombre comenzó a caminar siempre vigilado por sus dos gorilas, cuando llegaron hasta la barra vio como ayudaban al pequeño hombre a subir a un taburete, ella también se sentó y enseguida le ofrecieron algo para beber, pero Kimberly no estaba segura de que aquello fuera una buena idea.
—Bien pequeña. Si lo que quieres es intercambiar estas joyas, te las intercambiaré yo. Aunque no te daré dinero— en ese momento el pequeño hombre hizo un gesto. Enseguida apareció una chica joven desnuda con una caja de cartón.
Kimberly se fijó en el aspecto de la chica, parecía que tenía marcas de cigarrillos en los pechos y la cara, esta cruzó en ese momento una mirada con ella y luego desapareció. Se notaba que temía a ese hombre en miniatura.
—Aquí tengo algo mejor que el dinero. Yo lo llamo “El país de las maravillas”, pruébala y no te arrepentirás. Visitaras un mundo maravilloso, seguro que te gusta.
—Paso de drogas. Lo que quiero es dinero. Además, a mi esto me parece que es solo heroína. Quiero dinero, solo dinero.
—Mira criaja de mierda. Si el bebé te ofrece drogas es mejor que lo aceptes. Con el bebé no hay regateo posible.
Kimberly comenzó a darse cuenta de que se estaba metiendo en un lio, tenía que salir de allí lo antes posible. No le gustaba nada como se estaban poniendo las cosas. Se fue levantando poco a poco mientras se preguntaba el por que no se había quedado allí abajo en los túneles. Mouse ya le había advertido muchas veces que salir al exterior siendo una habitante de los túneles no era una buena idea, pero ella siempre creyó que se pasaba protegiéndola, pero en esos momentos se estaba dando cuenta de que tenía razón. Tenía que salir pitando de allí.

Estaba caminando por la calle, iba tan metido en mis pensamientos que ni siquiera sabía por donde me había metido, pero aquella calle donde me encontraba era muy concurrida por tipos muy extraños, había moteros y drogatas por todas partes. El mundo había terminado, pero había cosas que no cambiaban ni durante el apocalipsis. En ese momento una chica se acercó a mí y comenzó a moverse a mí alrededor.
—Hola guapo, ¿te apetece pasar un buen rato? Te la puedo chupar de lujo. Además… follo como ninguna de este antro. ¿Qué me dices? Por ser tú te hago precio.
—No se quien crees que soy… pero no me interesan tus servicios sexuales. Lo siento.
—¿Qué pasa? ¿Eres marica?.
—No, solo que no me interesa. Hasta luego— dije apartando a la chica de delante de mí con suavidad.
Seguí caminando y entonces sentí un fuerte impacto contra mí. Pensé que me estaban atacando y rápidamente eché mano de la pistola que llevaba en la cintura, seguidamente apunté a quien me había golpeado, pero no me encontré con ningún tipo, si no que me encontré con la mirada asustada de una muchacha. Esta había salido corriendo del local y al chocar contra mi, había caído al suelo.
Justamente en ese momento apareció un hombre de corta estatura vestido con un traje de etiqueta de color blanco y una corbata roja, a este le acompañaban dos tipos de gran tamaño y cuyos músculos eran igual de grandes que mi cuerpo entero.
—Oh vamos pequeña. No huyas así— dijo en ese momento el hombrecillo. –Soy un buen hombre en realidad. Si no quieres drogas te daré trabajo en mi club, quizás quieras intercambiar esas joyas por un buen surtido de pollas. Ya me entiendes, a cambio de joyas tendrás pollas— el hombrecillo se rió al percatarse de la rima. Los dos gorilas lo siguieron en las carcajadas.
Enseguida la chica comenzó a gatear para esconderse detrás de mí. Aquello no me gustaba nada. Entonces el hombrecillo reparó en mí y comenzó a caminar hasta ponerse delante de mí, resultaba increíble que aquel tipo que apenas me llegaba a la cintura pudiera ser el jefe de aquel local. Enseguida este alzó la mano.
—Soy Jonah Snyder. Es un placer
Pero yo no le hice ningún caso, mis pensamientos estaban centrados en aquella chica que parecía que estaba huyendo aterrorizada de aquellos tipos. Enseguida apunté a la cabeza del hombrecillo, podía imaginarme perfectamente lo que estaba pasando allí.
—Deja en paz a la chica pigmeo o tus gorilas van a tener que recoger tus sesos del suelo con la escobilla del váter.
El hombrecillo alzó las manos y comenzó a retroceder. –Venga chicos, esa zorra no vale la pena. Volvamos al interior.
El hombrecillo y sus hombres desaparecieron en el interior del local. Después de eso miré a la muchacha y también a mí alrededor, todos se habían quedado mirando la escena, pero ya habían vuelto a sus cosas. Los motoristas seguían tonteando con sus chicas y los yonkis estaban volviendo a pedir droga a sus camellos.
—Gracias— dijo la chica.
—No hay de que— entonces me fijé en las ropas de la muchacha. Estas no correspondían a las de los habitantes de la superficie. Así que solo podía pertenecer a un lugar. –Eres de los habitantes de los túneles. ¿No?.— La muchacha trató de alejarse, pero yo rápidamente la agarré del hombro e impedí que se marchara. Esta parecía tenerme bastante miedo, supongo que era porque yo era uno de los que vivían sobre ellos. –Tranquila, no te haré ningún daño— esta me miró con desconfianza y entonces sus tripas sonaron como si se tratase del rugido de un león. –Vaya… pareces hambrienta. Muy bien, hagamos una cosa, yo te invito a comer y me cuentas como es la vida allí abajo. Me interesa mucho.
*****

Carlos se había marchado de casa de Pablo una vez se encontraba mejor de la borrachera, pero seguía viéndose presionado por todo lo que tenía encima, no importaba donde mirara, allí estaba Rose observándolo. En cualquier rincón o ventana, en cada establecimiento donde el dependiente fuese una mujer, en todas veía a Rose.
Se paró en un callejón cuando notó que le faltaba la respiración, luego dio un puñetazo en la pared y se dijo a si mismo que eso no podía seguir así, que tenía que hacer algo. Necesitaba algo… algo más fuerte que el alcohol. Fue en ese momento cuando supo donde iba a encontrarlo. Volvió a caminar rápidamente atravesando varios callejones, entonces por fin llegó al local de “El bebé”, el único lugar de la ciudad donde el general Graham no metía la nariz, allí conseguirá lo que necesitaba.
Algunas de las prostitutas que estaban libres comenzaron a hacer su trabajo a su alrededor tratando de conseguirlo como cliente, pero en esos momentos el sexo no le interesaba, lo que necesitaba en esos momentos era algo mucho más fuerte, necesitaba ir al país de las maravillas.
El interior del local podía pasar por el aspecto de un autentico prostíbulo, había tipos metiéndose droga en cada rincón, chicas bailando mientras se desnudaban en los podios y por supuesto había sexo allá a donde mirara. Todo aquello mientras se escuchaba Rock del duro, le llevó un rato ver a los dos rockeros que estaban tocando en aquel momento, pero cuando los vio los reconoció, esos dos habían estado en la prueba de los novatos en la mansión del 112 de Ocean Avenue.
Cuando llegó a la barra y la mujer que servía las copas se le acercó para tomar nota, Carlos le hizo una única pregunta. —¿Dónde está el bebé?.
La chica señaló hacia un lugar de aquel antro y Carlos siguió el dedo con la mirada hasta que dio con el lugar. Allí estaba aquel hombrecillo acompañado siempre de sus gorilas alrededor de una mesa, envuelto en el humo de los puros y esnifando coca, también había algo que nunca faltaba alrededor del bebé… mujeres.
—Gracias— respondió Carlos alejándose de la barra y acercándose allí. Cuando llegó vio al bebé sonreírle, luego este dio unos golpes en la mesa, justo en ese momento una chica surgió de debajo de ella y se marchó pasando por al lado de Carlos mientras se limpiaba la boca.
—¿En que puedo ayudarte Carlos?— preguntó el bebé.
—Quiero varias dosis de “El país de las maravillas” solo eso— respondió Carlos.
El bebé se puso de pie en esos momentos y comenzó a subirse los pantalones, no hacía falta ser muy listo como para imaginarse que había estado haciendo segundos antes la chica que había salido de debajo de la mesa y se había marchado.
A Carlos le repugnaba aquel tipo, pero al mismo tiempo era el único proveedor de drogas de la ciudad y el único que mandaba sobre la prostitución allí, en ocasiones aquel tipo podría ser de gran ayuda en ciertas cosas.
—Ven siéntate a mi lado. Hay algo que me gustaría comentarte. Es sobre tu hermano.
Su hermano, su hermano, su hermano…otra vez su puto hermano. Carlos hizo lo que el bebé le pidió y se sentó a su lado.
—Pensé que habías dejado el país de las maravillas— dijo el bebé cuando Carlos se sentó a su lado.
—Ahora mismo necesito varias dosis… dime que ha pasado con mi hermano.
—Bueno lo de tu hermano ahora mismo no es importante— dijo entonces el bebé haciéndole un gesto a uno de sus gorilas, este seguidamente le pasó un maletín plateado. El bebé lo cogió y lo abrió, en el interior había varias jeringuillas. –Primero será mejor que te pongas una dosis de esto, la necesitas mucho.
—Antes quiero saber lo de mi hermano— respondió Carlos.
—No ha sido nada, solo que ha estado aquí y se ha llevado a una chica, pero no era una de mis putas, era una chica de los túneles, íbamos a cogerla para que trabajara aquí, pero no tuvimos suerte, tu hermano apareció aquí y mis planes se fueron al garete. Tu lo conoces mejor que nadie, cuando el asuma el mando de la ciudad me gustaría hacer tratos con el y que nos dejara en paz en nuestro antro. ¿Crees que podría conseguirlo?.
—Lo dudo… ahora dame mi dosis— dijo Carlos sacándose dinero del bolsillo y dejándolo sobre la mesa.
—Muy bien, toma— respondió el bebé pasándole una jeringuilla. –Ten cuidado no te vayas a enganchar.
—Se muy bien lo que hay que hacer para no engancharse— dijo Carlos mientras se hacia un nudo en el brazo para buscarse la vena, cuando ya la tuvo cogió la jeringuilla y se la clavó, luego se inyecto el contenido. Fue en ese momento cuando Carlos sintió un profundo placer, dentro de unos momentos estaría como volando o corriendo entre campos de rosas.
Carlos ya había probado más veces esa droga, aunque no demasiadas, solo las utilizaba de vez en cuando y con moderación para no engancharse. La primera vez que se metió de esa droga fue tras su primera misión. Fue una misión en Rusia, llegaron buscando supervivientes y se encontraron con una ciudad infestada, cuarenta días estuvo encerrado junto a otros dos en un pequeño cuarto, en silencio para que los muertos vivientes que los rodeaban no descubriesen que estaban allí, cuarenta días después fue rescatado solo el, de sus otros dos compañeros no había ni rastro, solo el sabía donde estaban, pero nunca dijo donde y los altos mandos los dieron por muertos. Después de eso Carlos quiso olvidar todo aquello y fue cuando conoció al bebé.
—Muy bien, por cierto. Tengo chicas nuevas, las conseguí cuando un grupo de mis chicos salió fuera. Iban en una caravana, son dos mujeres y una niña. La niña es esta…— el bebé miró a uno de sus hombres y este trajo a una chiquilla de unos doce años como mucho, el bebé la agarró y la sentó sobre sus rodillas. –Se llama Casey y es virgen, pero si quieres te doy a ti el privilegio de desvirgarla. Eso si, trata de no darle golpes. Los clientes no quieren pagar por una chica magullada.
—No me interesa— respondió Carlos mirando a la chiquilla, la cual estaba asustadísima. –Déjala que se vaya.
—Las cosas no funcionan así aquí. Esta niña, tanto como su madre y la otra me pertenece. Y si no te la tiras tú hoy lo hará otro antes o después. El que tú no quieras no la librara de nada.
—Me das asco— dijo Carlos mirando al bebé al tiempo que la droga comenzaba a hacerle efecto. –Algún día te llevaras tu merecido jodido enano cabrón.
Poco a poco, Carlos fue perdiendo la consciencia y enseguida no sabía bien si seguía sentado en aquel antro o si estaba volando. Todo a su alrededor se había desvanecido y comenzó a sentirse mejor. Ya no le importaba nada, ni su hermano, ni Rose ni aquella niña que estaba allí contra su voluntad. Absolutamente nada, se encontraba en un mundo maravilloso.
*****
Manhattan… túneles.

Mouse hacía rato que había regresado a los túneles y lo primero que había hecho había sido ir a ver si encontraba a Kimberly, necesitaba hablar con ella. La buscó en los sitios que frecuentaba, la buscó en el hall, una especie de bar donde de vez en cuando hacían combates con apuestas donde se apostaban comida y armas, pero Kimberly no estaba allí. Mouse preguntó a sus amigas Lorna y Carmen, pero ellas no sabían donde estaba. Fue a buscarla a las pista de patinaje donde los jóvenes hacían acrobacias con sus patines y monopatines, pero tampoco estaba allí, era como si se la hubiese tragado la tierra, eso hacía que Mouse se pusiese de los nervios. Entonces se le ocurrió que esta podría haber salido al exterior.
Mouse le había avisado miles de veces de los peligros de la superficie, que si salía quizás no volvería, la matarían por ser de los túneles o la meterían presa en el barco con cualquier excusa o simplemente caería en las garras del bebé, todos allí sabían lo que hacía aquel tipo con las chicas de los túneles, pero nadie, ni siquiera papá Angelito hacían nada con respecto a ello. Los habitantes de los túneles estaban oprimidos por el miedo.
Mouse le dio muchas vueltas al asunto,  Kimberly era muy importante para el y solo había algo que podía hacer, entonces tomó una decisión, iba a ser arriesgado, pero era lo único que podía hacer, lo único a lo que podía optar, llenó su mochila de ropa limpia, ropa que solía llevar la gente del exterior. Iba a salir y la única manera de salir y pasar desapercibida era mezclarse entre ellos, así sería más fácil dar con la muchacha, pero no disponía de mucho tiempo, como mucho cuarenta y ocho horas, si pasaba más tiempo fuera era posible que lo descubrieran y entonces sería fatal para el.
Seguidamente Mouse comenzó a recorrer los túneles rápidamente. Iba consultando un mapa para saber desde que alcantarilla salir, solo así lograría sus objetivos.
*****
Manhattan… superficie.

La muchacha le dio un mordisco a la hamburguesa y vi como la salsa le goteaba por la barbilla, la pobre estaba tan hambrienta que ni siquiera estaba vigilando sus modales. Luego se chupaba los dedos y yo no podía evitar ver aquello como algo cómico, aunque me estaba aguantando las carcajadas.
—Bueno. ¿Me vas a decir como te llamas?— le pregunté.
La chica respondió algo que no entendí debido a que esta tenía la boca llena, cuando tragó volvió a repetir su nombre. –Me llamo Kimberly.
—¿Y que haces en el exterior Kimberly? Creí que los de los túneles no podíais salir al exterior porque no estáis bien vistos. Bueno, no se de que va todo esto ni el porque os tienen tanta manía.
—Lo primero. ¿Cómo te llamas tu?— preguntó la chica.
—Me llamo Juanma— respondí. –Llegué aquí hará como casi unos cuatro meses, así que no ando muy enterado. Así que me gustaría que me contaras todo lo que sabes… puedes confiar en mi, soy de fiar.
—Los de los túneles salimos al exterior cuando queremos, pero tenemos que andarnos con ojo. No es seguro que salgamos por la manía que nos tienen, pero hay veces que tenemos tratos con gente de arriba para intercambiar las joyas que conseguimos por dinero, comida o armas y munición. Allí abajo no estamos vacunados como vosotros, cuando alguien muere de viejo o por enfermedad se reanima.
—Bueno, aquí arriba no todos están vacunados. Las vacunas no fueron administradas a las embarazadas, ancianos y gente con alguna enfermedad. Así que en esa parte no somos tan diferentes. Me gustaría ir allí abajo a ver como son las cosas.
—No puedes, te matarían ellos o te encarcelarían los tuyos al ver que estas con nosotros. Funcionan así las cosas.
—¿Y que hacías en ese antro? ¿No viste donde te metías o que?
—Allí es donde van los soldados con los que intercambiamos las cosas, así no quedan como traidores, la ley de Manhattan termina cuando uno cruza esas puertas, por eso fui. No porque quisiera verla la cara de rata a ese enano andrógino. Buscaba cambiar unos anillos por dinero que me sirvieran para comprar ropa y vivir aquí arriba. No me importa seguir unas leyes, prefiero eso a vivir allí abajo como una rata. No te imaginas el tiempo que hace que no me doy una ducha de agua caliente. Cuando el mundo aun era mundo solía pasarme horas en una bañera con el agua hasta arriba y con mucha espuma.
—A mi también me gustaba eso, aunque hace poco que eso volví a hacerlo.
—¿Tienes bañera?— preguntó Kimberly sorprendida.
—Y ducha… vivo en un apartamento a unas manzanas de aquí. Bueno mira, se me ocurre una idea, ven conmigo a mi casa, allí podrás darte un baño y cenar con nosotros. Tranquila, no te haré nada— dije al tiempo que la chica parecía ruborizarse. –Yo tengo pareja y una hija, así que no te haré nada. Bueno ¿Qué? ¿Vienes conmigo?.
La chica asintió y nos levantamos, yo fui a pagar. Seguidamente comenzamos a caminar en dirección a mi apartamento, mientras, iba pensando en como le explicaría a Eva lo de la chica, suponía que no le haría demasiada gracia por el hecho de que podríamos meternos en un lio, pero al fin y al cabo al día siguiente pretendía ir a hablar con el general Graham para tomar las riendas de la ciudad, una vez mandase, me leería todas las leyes y cambiaria por ejemplo la de los que vivían bajo tierra. Hablaría con ellos y llegaríamos a un acuerdo, no soportaba la idea de saber que con tantos edificios desocupados, hubiese gente viviendo en esas condiciones bajo tierra. Llegamos al edificio y comenzamos a caminar por el pasillo hacia mi casa, entonces nos cruzamos con la doctora Sheila por el pasillo, esta me sonrió y no pareció reparar en la chica.
Kimberly cruzó una mirada con la chica que acababa de cruzarse, esa chica era la doctora Sheila, una de sus infiltradas en el exterior y que muchas veces había tenido que entrar a los túneles para tratar alguna enfermedad, sus miradas se cruzaron en ese momento y se reconocieron.
Cuando llegamos a casa y abrí la puerta, Eva y Vicky salieron a recibirme y cuando vieron a la chica se quedaron paradas.
—Hola— dijo Kimberly levantando la mano para saludar.
—Mira, este es el baño, puedes darte la ducha, luego te traemos ropa.
Kimberly me miró, me dio las gracias y se metió en el baño. Entonces me encontré con la mirada estupefacta de Eva, cuando me acerqué comenzó a acribillarme a preguntas. Me preguntó quien era la chica, de donde había salido y porque la había llevado a casa. Yo le expliqué todo y por un momento pensé que me iba a decir que la echara de nuestra casa, pero conocía muy bien a Eva y sabía que pensaba como yo.
—Dejaremos que se quede un tiempo. Le prestaré algo de mi ropa, pero sabes que nos meteremos en un lio si la encuentran aquí. Nadie se puede enterar de que esta aquí. Solo debemos saberlo nosotros y los que pertenezcan a nuestro grupo, ni siquiera debe saberlo tu hermano. ¿Entiendes?.
—Lo se. Mi hermano los odia, por eso quiero que se quede aquí hasta que pueda hablar con Graham, cuando yo esté al mando aquí haré la unificación y el odio desaparecerá de la ciudad y entonces si que será un lugar perfecto para vivir. Viviremos de lo que podamos y tengamos e iremos a buscar supervivientes y suministros alrededor de todo el mundo. Todos merecen esa oportunidad de sobrevivir aquí y yo quiero darles esa oportunidad. Quiero que seamos el principio de la reconquista de este mundo. Este mundo nos pertenece.
Tenía las cosas muy claras, era lo que había estado pensando la mayor parte del tiempo desde que el general Graham me ofreció el puesto de líder, y por eso mismo iba a aceptar, por que pensaba que era indicado para traer ese cambio, al fin y al cabo era por lo que habíamos estado luchando mi grupo y yo tanto tiempo. Ahora, especialmente yo, lo tenía al alcance de la mano y no iba a negarme.
*****
Sheila había entrado en su casa después de cruzarse con Juanma y la muchacha. Había visto antes a aquella chica, la mayoría de veces patrullando los túneles en compañía de otro chico. No entendía que hacía allí, pero se imaginaba que si la descubrían tendría problemas, tenía que informar a Rachel cuanto antes, por otro lado tenía ganas de verla, no la había vuelto a ver desde el beso. Rápidamente fue a coger el teléfono y marcó el número de Rachel.
El teléfono dio varios tonos, pero Rachel no respondió, se imaginó que probablemente estaría fuera de casa en alguna patrulla o en alguna misión fuera de la ciudad o dentro. Sheila sabía que los grupos como el de Rachel solían patrullar de la ciudad entrando en edificios deshabitados para limpiarlos de arriba abajo para evitar que hubiesen pasado a algún No Muerto por alto.
Sheila esperaba no hablar demasiado tarde con Rachel, quería informarla lo antes posible de lo que acababa de ver.
*****

Mouse salió por fin al exterior en uno de los callejones por los que nunca pasaba nadie. Allí se ocultó detrás de unos contenedores de basura y comenzó a cambiarse rápidamente de ropa, tenía que encontrar rápidamente a Kimberly antes de que esta se metiera en un lio. Y conociéndola, seguramente ya se habría metido en uno. Cuando ya estaba vestido como uno más de la superficie salió del callejón y comenzó a caminar por la calle entre sus viandantes, era uno más de ellos y estos no notaban la diferencia. Tenía que darse prisa y dar con la muchacha.

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