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miércoles, 13 de noviembre de 2013

NECROWORLD Capitulo 14



Washington DC…

Todos estábamos reunidos en torno a nuestro prisionero, el cual todavía no había abierto la boca. No parecían importarle las amenazas, era como si ya hubiese aceptado su destino. Como si tuviera claro que íbamos a vengarnos por lo que había hecho. Volví a agacharme delante de el y lo miré a los ojos.
—Venga, dime tu nombre al menos.
Este se limitó a mirarme y girar la cara hacia un lado para que su mirada ya no se cruzara con la mía. En ese momento vi como mi hermano cogía la espada y se levantaba con ella en el aire.
—Si no habla por las buenas lo hará por las malas cuando le corte una mano— cuando mi hermano iba a cortársela, Mike y yo lo agarramos. —¿Qué coño haces? Déjame que mate a este cabrón. Ellos venían con esa intención la de matarnos.
Justo cuando Carlos dijo la palabra “matarnos”, el templario comenzó a reír y a mirarnos. –No íbamos a mataros. Íbamos a purificar vuestros cuerpos y dejar ir vuestras almas.
—Pues eso es matarnos. Solo que en versión rollo religiosa. ¿Soy la única que piensa que este es solo uno de esos pirados, igual que esos que se visten de Darth Vader en los salones del comic— dijo Luci.
—¿Sabes quien es Darth Vader?— preguntó en ese momento Marlon mirando a Luci.
—¿Acaso te piensas que he estado viviendo debajo de una piedra o que? el que no sea una fanática de Star Wars no quiere decir que no sepa quien es Darth Vader. En mi opinión este tío es uno de esos capullos que tras el apocalipsis ha decidido vestirse como un templario para dar caza a muertos y vivos por igual.
—Vuestra ramera no cuida sus palabras. Alguien debería enseñarle a hablar— dijo el templario con una sonrisa.
—¿Qué me has llamado?— preguntó Luci acercándose para golpearle, pero yo la detuve antes. Sabía que después de que Luci le golpeara, este no iba a poder hablar mucho. Luego miré al templario y volví a agacharme delante de el para tratar de sacarle información.
—Escucha. Vinimos aquí para cumplir una misión de recolección de medicamentos y nos encontramos con compañeros nuestros muertos. Sabemos que tu y los tuyos sois los responsables, pero no os vamos a matar por que si. Tu tienes una oportunidad de salir de esta, pero tienes que contarnos de que va todo esto… y el porque vas vestido así.
—Me llamo Lazarus y soy de la orden de los nuevos templarios, más conocidos como los “Insidias” nos mandó el vaticano a principios de la manifestación maligna de Satán. Llevamos más de un año por los estados unidos purgando el mal, pero las hordas del diablo son poderosas. Ya solo quedamos unos pocos de nuestra orden.
Después de que Lazarus contara aquello me puse de pie y miré a mi hermano, el cual se había quedado mirando a nuestro prisionero con la boca abierta. Era obvio que ninguno de nosotros se esperaba una respuesta así. Aquel hombre no era un loco, era un enviado del vaticano que había estado más de un año vagando con un grupo de varias personas por los estados unidos siguiendo una orden religiosa. Agarré en ese momento a mi hermano y me aparté del resto un poco.
—Propongo que le cortemos la puta cabeza. No es más que un chiflado. Mira que pintas.
—Si alguien los mandó es porque aun queda gente viva en Europa o al menos la había. Creo que deberíamos llevarlo con nosotros de regreso a Manhattan, podríamos sacarle mucha información.
—¿Y que más da si queda alguien vivo en Europa? Yo voto por cargarnos a ese tarado. Ya has visto como habla, cree que los caminantes son hordas del demonio. Voy a cargármelo.
—No. No lo harás— respondí agarrando otra vez a mi hermano. –Recuerda que soy yo quien está al mando aquí. Soy yo quien toma las decisiones y he tomado la decisión de llevarlo con nosotros para ver que nos cuenta.
En ese momento escuchamos un ruido, un ruido que parecía provenir de una de las pequeñas bolsas que llevaba el caballo a los lados. Yo me llevé el dedo a los labios y pedí silencio, también le pedí a Mike que le tapara la boca a nuestro prisionero. No quería que hablara, después de eso me acerqué al caballo y este pareció asustarse, pero le agarré de la crin y lo acaricié para que estuviera tranquilo. Seguí el sonido y finalmente metí la mano dentro de una de las bolsas, de donde saqué un walkie. Nada más verlo miré a nuestro prisionero, luego se escuchó una voz que salía de el, dijo algo que no entendí y se cortó, después me acerqué a nuestro prisionero con el walkie en la mano.
—¿Qué ha dicho?
Mike le quitó la mano de la boca y entonces el prisionero sonrió. –Dímelo tú.
—Yo no entiendo el latín y se que tu si. Así que será mejor que hables o no podre impedir que los demás te maten.
—Estoy muerto de todos modos. Si los traicionase me matarían. Así que…¿Qué más da que lo hagáis vosotros ahora? Al menos moriría con honor y sirviendo a nuestra causa y a nuestro dios. Si traiciono a los míos, cuando muera dios no me recibirá en el paraíso. Vosotros no entendéis eso porque sois seres impuros que sirven al mal. Algún día seréis como esos monstruos.
—Y vosotros también. Eso es algo que todos llevamos dentro que se activa al morir. En el momento que mueras no iras a ningún lado. Tu alma desaparecerá y tu cuerpo no será más que un pedazo de carne podrida— dijo en ese momento mi hermano.
Lazarus se quedó mirándonos uno por uno y entonces comenzó a reír. –El diablo os ha mandado para confundirme con sus mentiras. Es un gran mentiroso. Nosotros nunca pasamos a convertirnos en seres así porque somos inmunes al mal, somos puros.
—Este tío me pone de los nervios— dijo Luci apartándose el pelo a un lado. Entonces pareció escuchar algo y se alejó un poco, luego volvió y se acercó a mi oído. –Tengo una idea.
Luci dejó el hall donde nos encontrábamos y comenzó a recorrer el pasillo por el que había aparecido Yuriko huyendo de Lazarus cuando había intentado matarla. No pasaron ni dos minutos cuando apareció tirando de otro templario, pero los movimientos de este eran erráticos y parecía que iba a caerse de bruces en cualquier momento. Al verlo, Lazarus comenzó a decirnos todo tipo de insultos en latín, insultos que se hicieron más graves cuando vio la sangre manchando la armadura y uniforme de su compañero.
—Mike, Juan. Agarrándolo cada uno de un brazo para que yo pueda quitarle el casco. Y tened cuidado, intentará morderos— dijo Luci. Enseguida Juan y Mike hicieron lo que ella les había dicho. Cuando Luci le quitó el casco me di cuenta de lo que Luci pretendía. El rostro que vimos era el de un No Muerto.
El No Muerto que anteriormente había sido un hombre de la misma orden que Lazarus lanzaba mordiscos al aire tratando de alcanzar a Mike, Juan y Luci. Justo en ese momento Luci dio otra orden.
—Inclinadlo hacia delante.
Mike y Juan hicieron lo que les había dicho Luci e inclinaron al No Muerto hacia delante, donde este comenzó a intentar morder a un asustado Lazarus que había comenzado a gritar de terror.
—¿Ves lo que pasa cuando morís? Os convertís en uno de ellos. No sois inmunes, no tiene nada que ver con el puto diablo. Es un virus que te mata y te reanima, no hay más. Eso de vuestra orden no es más que un jodido cuento chino que os han inculcado para tener algo a lo que aferrarse y que vosotros como crédulos gilipollas habéis seguido a rajatabla. Así que… o hablas o dejo que tu amigo te arranque la cara a mordiscos. Seguro que cuando te reanimes ves las cosas de un modo muy distinto. Aquí no hay ni dios ni diablo, solo estamos nosotros y estos seres que antes eran como nosotros.
—Vale… vale. Os diré lo que queráis saber, pero alejad esa cosa de mi— dijo en ese momento Lazarus entre gritos de terror. Entonces Luci dio un tirón y lanzó al No Muerto hacia el otro lado tirándolo al suelo, desenvainó su katana y se la clavó en la frente, matándolo de nuevo.
Marlon se acercó en ese momento a Juan y le dio un leve codazo en el brazo. –Creo que acabo de enamorarme locamente de esa tía. Lo jodida es un hueso duro de roer.
Después de eso miré a Lazarus. –Muy bien. Empieza a hablar y dinos todo lo que queremos saber.
*****

Manhattan…

Eva fue al colegio a recoger a Vicky y se encontró a la pequeña jugando con dos niños afroamericanos bajo la supervisión de la madre de estos. Eva no pudo evitar sonreír al ver que por fin Vicky había encontrado amigos con los que jugar y con los que se sentía feliz. Al menos la niña no tenía problemas de ningún tipo, tampoco parecía estar muy afectada por lo que había pasado en casa con el agresor.
Comenzó a acercarse a la pequeña y cuando llegó, la niña le sonrió y corrió a abrazarla. Entonces la mujer afroamericana se acercó a ella y se presentó.
—Soy Kendra. Soy la esposa de Mike. El está en el mismo grupo que tu marido.
—Bueno… Juanma no es mi marido, pero espero que pronto lo sea. Tenemos pensado casarnos pronto y el padre Kaleb Roberts oficiara la ceremonia. Estás invitada claro.
—En realidad acudirá toda la ciudad. Será un día importante aquí. Lo será para todos.
En ese momento llegó Alicia hablando con otro profesor, cuando llegaron a su altura se despidieron y Alicia miró a Eva. —¿Volvemos juntas a casa?.
—Si claro— respondió Eva cogiendo a Vicky de la mano, luego miró a Kendra. –Bueno, es un placer. Ya sabes donde vivo, cuando quieras puedes venir a tomar café, seguro que a Vicky le encantará jugar con tus hijos.
Después de despedirse de Kendra. Eva, Alicia y Vicky salieron del colegio y comenzaron a caminar en dirección a su casa. Mientras caminaban, Eva vio de nuevo a Gale, este estaba apoyado en una pared hablando con otro hombre y parecía que le estaba dando algo. Algo que parecía dinero, ver eso hizo que Eva se parara de golpe y se los quedara mirando. Fue entonces cuando Gale la miró a ella y le sonrió.
—¿Qué ocurre?— preguntó Alicia.
En ese momento Gale volvió a mirar al que estaba con el, le dio una palmada en el brazo y se alejó cojeando.
—¿Qué ocurre Eva?— preguntó Alicia.
—Tengo la total certeza que fue Gale quien intentó matarme y quien quemó la casa de Carlos. Se que fue el y lo que más miedo me da es que ni se esfuerza en ocultarlo. Tengo miedo de que venga a por mí en cualquier momento o le haga algo a Vicky.
—Ya cogieron muestras de su sangre. Darán con el en cualquier momento.
—Si, eso espero— respondió Eva. –Eso espero

Gale había logrado su objetivo, había pagado a un vigilante del hospital para que diera el cambiazo con su sangre. Este había cambiado su sangre por la de un tipo que había muerto la misma noche al caer al mar. Ahora Gale estaría fuera de sospecha y podría cobrarse una justa venganza por su hombro y pierna, luego ya podrían procesarle y encerrarle, le iba a dar igual, el solo quería ver muerta a aquella maldita zorra entrometida. Si no se hubiese metido a husmear en el apartamento de Carlos no hubiese cogido esa fijación con ella, pero ahora era demasiado tarde para ella, había firmado su sentencia de muerte. Lo mejor era que podría matarla durante una misión, a la cual no tardarían en mandarles, y lo mejor de todo era que el iba a ser quien pilotara el helicóptero y podría hacer que pareciera un accidente, aun no sabía como iba a hacerlo, pero la iba a matar.

Sandra había comenzado ese día a trabajar en el puerto. Su periodo de entrenamiento ya había terminado. Nada más llegar había conocido a Kate y a Parker. Ella era delgada y alta de pelo castaño y ondulado. Parker era un tipo grande de descendencia italiana, con un acento que volvía locas a todas las chicas que se cruzaban en su camino. Según Kate, lo había descrito como un Casanova. Algo que demostró cuando se presentó a Sandra dándole un beso en la mano y proponiéndole ir a tomar algo después del trabajo.
Sandra sin embargo estaba más interesada en saber el tipo de trabajo que iba a tener que hacer.
—El trabajo es sencillo. Hay veces que aparecen barcos a la deriva y nosotros por ejemplo nos ocupamos de limpiarlos— explicó Parker. –Aunque eso no suele ocurrir mucho, la mayoría de las veces estamos cargando y descargando barcos de provisiones para los grupos que parten en misiones.
—¿Limpiar barcos de que?
—¿No te lo han explicado? Hay veces que hay No Muertos en los barcos o yates que llegan a veces. Nos encargamos de cargárnoslos— Parker miró a Sandra al ver que esta ponía una mueca extraña. – No te preocupes, cuando llegan aquí están tan desgastados que te los cargas con un solo soplido. Por otro lado la mayoría de veces estamos tumbados a la bartola.
—No hagas caso a Parker. El se tumba a la bartola mientras nosotras hacemos el trabajo. Siempre ha sido así.
—No digas eso Kate. Sabes que soy un tipo que curra como el que más. Además diciendo eso solo conseguirás que la chica se asuste.
En ese momento Sandra vio algo en el agua a unos metros del puerto. Se trataba de un yate de color blanco. Sandra miró a sus dos compañeros. –Parece ser que hoy es uno de esos días donde nos ocupamos de un barco. ¿Cómo lo alcanzamos?.
—Con la zodiac. Abordo chicas.
Los tres se montaron en la zodiac pusieron rumbo al yate.
—Esto me recuerda a cuando paseaba a bellas mujeres por los canales de Venecia en góndola. Pocas eran las veces que no me acababa ligando a alguna.
Cuando llegaron junto al casco del barco, Parker detuvo la zodiac y comenzaron a trepar hacia la cubierta del yate. Este tenía las velas en perfecto estado, sin embargo el suelo estaba lleno de sangre y casquillos de bala. Allí había señales de lucha. Seguramente llevaba así mucho tiempo, la sangre estaba reseca.
—Tened las armas listas— dijo Parker sacando su pistola.
Sandra y Kate prepararon las pistolas mientras se iban acercando a la cabina del barco. Parker se adelantó y puso la mano sobre el pomo. Luego miró a las chicas. –Abriré rápidamente y vosotras apuntáis al interior. No disparéis inmediatamente, esperad a ver si es un No Muerto o un superviviente. No vaya a ser que cometamos un error y nos carguemos a un pobre tipo.— por las palabras de Parker. Sandra dedujo que eso ya le había ocurrido antes y no quería que se volviera a repetir.
Parker abrió la puerta y entonces las dos chicas apuntaron al interior de la cabina, pero allí no había nadie. Era evidente que fuese quien fuese el que iba a bordo de aquel yate se había marchado hacía tiempo. Seguidamente Parker se puso a los mandos y enseguida comprobó que había combustible. Seguidamente mandó  a las dos chicas a la zodiac.
Cuando ellas se subieron, Sandra encontró la oportunidad de hacerle la pregunta a Kate. Quería saber si Parker había cometido el error de haber disparado a alguien vivo.
—¿Alguna vez Parker ha disparado a alguien vivo en un barco? Lo digo por lo que dijo antes de que abriéramos la puerta.
Kate miró a Sandra mientras ponía en marcha la zodiac para regresar al puerto junto al yate, entonces respondió. –Hace tiempo vimos aparecer un yate parecido a este. E hicimos este mismo procedimiento. Abrimos la puerta y Parker disparó al ver una silueta. No era un No Muerto… era un niño que había sobrevivido. Desde ese día, Parker no ha vuelto a ser el mismo, solo trata aparentar que lo es, pero hay veces cuando debemos quedarnos a dormir por aquí… lo escucho llorar.
Sandra miró de nuevo al yate y vio a Parker pilotándolo, fue en ese momento cuando Parker le sonrió y giñó un ojo.
*****

Washington DC…

Lazarus comenzó a contarnos toda la historia y nos dijo también lo que decían en la llamada que había recibido a través del walkie talkie. Le estaban informando de que tenían a uno de los nuestros con ellos y que iban a empezar el ritual de purificación del alma. Eso no nos dejaba lugar a dudas de que se trataba de Sid o de Manuel. Ya que eran los únicos que no estaban allí con nosotros. Teníamos que hacer algo para ayudar a nuestros compañeros. Fue en ese momento cuando tuve una idea, no podríamos acercarnos tal cual a los demás Insidias, así que habría que infiltrarse.
—Quítate la armadura— le dije a Lazarus.
—¿Qué?
—Ya me has oído. Quítatela, voy a ponérmela yo. Será la única manera de sacar a Sid y a Manuel de allí.
Lazarus se puso de pie y comenzó a quitarse la armadura. Una vez se la había quitado comencé a ponérmela yo. —¿Dónde tienen su base de operaciones?.
—Deben estar en la catedral Nacional de Washington. Siempre hemos estado allí. Es seguro que vuestros amigos están allí… ahora que os estoy ayudando necesito que me prometáis algo. Quiero que me dejéis libre. Me mataran si me ven como un traidor.
—Muy bien— respondí. –Te dejaremos libre cuando acabe todo esto.
—Una cosa más. No quiero que mi mujer Isabella sufra daños. Ella es la única mujer del grupo, la reconocerás enseguida.
—Te lo prometo.
Una vez estuve totalmente vestido como un caballero templario se me quedaron todos mirando. Incluso vi a Luci tratando de contenerse la risa.
—¿Qué pinta tengo?
—Horrible— respondió Luci rompiendo a reír.
Enseguida Luci nos contagió la risa a todos, pero paramos enseguida porque no era momento de ponernos a reír. Era momento de ir al rescate de nuestros compañeros desaparecidos y salir de ahí. Entonces me quedé mirando a mi hermano, este me estaba mirando fijamente.
—¿Vas a ir desarmado?
—Llevo su espada— respondí mostrándole la espada que llevaba atada a la cintura.
—¿Y sabes usarla?... en otras palabras. No vas armado, así que necesitaras apoyo. Por eso iré contigo.
—Voy a infiltrarme porque también quiero descubrir cosas y acercarme a los chicos antes de que se los carguen. Si vienes conmigo no colará.
—Me vas a llevar de prisionero. Será la única manera de que crean que eres uno de ellos— respondió mi hermano guardando su fusil en una de los compartimentos que llevaba el caballo. Luego enseguida sacó una cuerda y le pidió a Yuriko que le atara las manos.
—¿Estas seguro de que quieres hacerlo así?— pregunté con ciertas dudas.
—Saldrá mejor que si vas solo— respondió Carlos.
Las cosas ya estaban claras. Mi hermano había tenido una gran idea, ahora lo que necesitaba era apoyo por si nos atacaban en nuestra huida. Los Insidias no poseían ni pistolas ni fusiles, pero el grupo de los quemadores disponía de armaduras y lanzallamas. Los blancos más fáciles eran los tres sacerdotes que les acompañaban y que se dedicaban a rezar cada vez que los quemadores y los nuevos caballeros templarios se dedicaban a hacer las purgas. Finalmente decidí que fueran Juan, Mike y Luci quienes nos cubrieran desde lo alto, enseguida me dirigí a Yuriko.
—Ve con Vanesa. Os quiero en el aire dentro de media hora como mucho. De vosotras dependerá el recogernos.
—¿Y nosotros?— preguntó Jill señalando a Marlon y a si misma.
Casi me había olvidado de ellos y no tenía muy claro que función darles. Entonces miré a Lazarus. –Quedaros con el hasta que podamos hacer que se reúna con su mujer.
—Necesito pedirte otro favor— dijo en ese momento Lazarus.
—Dime
—Cárgatelos a todos. No te imaginas las cosas que nos han obligado a hacer por culpa de sus mentiras. Te estaré eternamente agradecido si me prometes eso y que sacaras a mi esposa de ahí.
—Muy bien— respondí mientras caminaba hacia el caballo de color blanco. Una vez junto a el me subí de un salto y miré a mi hermano. –Bueno, vamos allá. Espero que no se me olvide como se monta un caballo— antes de salir miré a Marlon y a Jill. –Vuestro punto de recogida será en la casa blanca, esperadnos allí.
—A la orden— respondió Marlon. Luego miró a Jill y a Lazarus. –Venga, nos vamos ya.
—Para llegar a la catedral debes seguir este mapa. Buena suerte— dijo Lazarus sacando un mapa de uno de los bolsillos del caballo y dándomelo.
—Tened cuidado con los lobos— dijo en ese momento Luci antes de que se marcharan.
Seguidamente ordené al caballo que se moviera y poco a poco Salí del observatorio en dirección a la catedral mientras miraba el mapa que me había dado Lazarus. Mientras, Luci, Juan y Mike nos seguían a unos cincuenta metros por detrás para evitar ser vistos, mi hermano estaba atado por las manos justo detrás del caballo, mientras tanto yo deseaba saber que me encontraría una vez llegara a la catedral. Tenía pensado al menos dejar vivo a uno de los sacerdotes para que me explicara de que iba todo aquello y si habían más enviados como ellos. Me interesaba su punto de vista del apocalipsis.
La historia que había contado Lazarus me parecía muy interesante, había dicho que cuando todo comenzó a suceder en Roma, el papa y los cardenales dieron el permiso para que a los afectados se les practicara exorcismos, creían que el que se comportaran de forma agresiva tenía algo que ver con el demonio. Eso fue cuando se dieron los primeros casos en Roma, lo que acabo con varias docenas de sacerdotes heridos por mordisco que poco a poco se fueron consumiendo hasta que murieron y reanimaron. El vaticano temía haber perdido el control y la batalla, así que cuando descubrieron más casos de los que ellos llamaban poseídos, mandaron a grupos de Insidias por todo el mundo, intentando algo así como un protocolo de contención contra el maligno.
Según Lazarus les convencieron de que eran puros y de que habían sido elegidos para ser la mano ejecutora de dios en la purga de las almas. Fue así como se convirtieron en la orden de los nuevos templarios a los que más tarde se les llamó Insidias.
Lazarus había contado que hacía más de un año que no recibían noticias del vaticano, pero los tres sacerdotes que estaban al mando de su grupo se empeñaban en ocultar la verdad incluso a sus propios miembros. Siempre siguiendo la misma creencia enfermiza y purgando a todo No Muerto o vivo que se cruzaba en su camino. Según los sacerdotes al mando, todo aquel que se encontraban era un ser impuro o un enviado por el demonio. Cuando se cruzaron con el otro grupo, los exterminaron bajo las órdenes del sacerdote que más mandaba dentro del grupo, este había dicho que los había enviado el demonio con armas de fuego para que los detuvieran.
Mi propósito tras escuchar aquella historia era llevar al padre Calisto a Manhattan para que respondiera a varias preguntas, pero no tenía claro que fuera a conseguirlo. Suponía que tendría el tiempo justo para sacar a los nuestros y a la mujer de Lazarus de allí y salir a toda velocidad de allí y largarnos, por un lado no creía que hacer prisioneros nos valiese para algo. Realmente aparte de mi plan principal, no sabía que más hacer.

Yuriko ya había avisado a Vanesa. La cual hasta ese momento no se había enterado de nada todavía. La noticia de que debía despegar dentro de media hora le sentó como un jarro de agua fría. El helicóptero podía despegar, pero las nubes que se cernían sobre Washington traían una fuerte tormenta. Una tormenta bajo la que podría pilotar con poca carga, pero no con varias personas a bordo, si despegaba de esa forma había varias posibilidades de que acabaran estrellándose.
—Maldito Juanma, ¿se piensa que estoy loca o algo? Si empieza a nevar con fuerza será imposible despegar sin que nos matemos en el intento. Pensé que había dejado de ser tan temerario. Ahora se ha ido vestido de templario a buscar a unos compañeros nuestros y a sacar información. Siempre igual.
—Bueno. Supongo que tendrá sus motivos— respondió Yuriko. –Tú también eres temeraria, recuerda aquella vez que pilotaste borracha.
—Ya lo se, pero esto es totalmente diferente. Ahí solo me hubiese matado yo. Volar con la tormenta que se nos viene encima es una locura.
—Llama al barco y explícales lo que te he contado— dijo Yuriko refiriéndose a la historia de Lazarus.
—Será una perdida de tiempo, pero bueno— respondió Vanesa cogiendo la radio.
*****
Barco…

Cooper y Weaber se encontraban en medio de una partida de cartas en uno de los camarotes del barco. Cooper llevaba las de ganar, justo en ese momento apareció un chico joven de la tripulación abriendo la puerta de golpe. Nada más ver a los dos mandos se cuadró y los saludó.
—¿Qué ocurre?— preguntó Cooper dejando las cartas sobre la mesa.
—Tenemos noticias del grupo que enviaron a Washington. Nos han llamado, según la piloto han establecido contacto con un grupo que se hacen llamar los Insidias. Dicen que no tardaran mucho más en volver y que probablemente lo hagan con prisioneros y heridos.
Cooper sonrió de oreja a oreja y miró a Weaber. –Sabía que ese chico sabría dirigir a un grupo. No me arrepiento nada de haberlo puesto al mando del grupo. Será interesante ver que nos trae.
—Ha sobrevivido más de un año ahí fuera. Esto para el debería ser un juego de niños. Ya sabíamos que llevaría a cabo la misión con éxito. Puede que no traiga los medicamentos, pero nos traerá información muy valiosa. Veremos que nos cuentan en su regreso.

Washington…

La catedral de Washington se alzaba majestuosa ante nosotros. Habíamos llegado casi sin darnos cuenta. Rápidamente miré a mí alrededor por ver si Juan, Mike o Luci estaban a la vista, no los vi, pero sabía que estaban allí, vigilando cada uno de nuestros movimientos y velando por nuestra seguridad. Sabía que si algo pasaba podía confiar en ellos y en su puntería. Justo en ese momento la débil nieve comenzó a volverse cada vez más fuerte. Algo que no me gustaba nada, teníamos una tormenta encima y eso nos iba a dificultar nuestro despegue. En ese momento miré hacia mi hermano que seguía atado al caballo.
—Llegó la hora. ¿Estas preparado?
Mi hermano asintió y yo volví a hacer que el caballo caminase hacia delante. Antes de que llegáramos a las puertas estas se abrieron y fuimos recibidos por un sacerdote acompañado de alguien con un traje de color negro que portaba un lanzallamas, el cual debía ser uno de los quemadores a los que Lazarus se había referido.
El sacerdote no me dijo nada, solo camino hacia mi hermano y lo agarró de la cara obligándolo a mirarle. Luego me miró a mí y sonrió.
—Bien hecho Lazarus. Me gusta purificar almas jóvenes. Será interesante.
Mi hermano se revolvió para soltarse. Algo que hizo que el sacerdote comenzase a reír. Yo sin embargo no dije nada, hablar me delataría, y necesitaba que hasta por lo menos estar allí dentro siguiesen creyendo que era uno de los suyos. Rápidamente me baje del caballo y sin mediar palabra me acerqué a mi hermano y le propiné un puñetazo en el estomago, este cayó hacia delante y yo le desaté las manos del caballo.
—Por favor, ya lo entro yo, me gusta conducirles a la purificación.
Dejé que el sacerdote lo cogiera. Fue en ese momento cuando la persona con el uniforme de color negro y el lanzallamas se acercó a mí y me agarró de la mano. Seguidamente me hizo entrar seguido por el caballo en el interior de la catedral. Una vez dentro até al caballo junto a otros. Quise seguir a mi hermano, pero el desconocido del traje negro me arrastró hasta una de las habitaciones de la catedral. Una vez allí me obligó a sentarme mientras el se iba hacia el otro lado de la habitación y se quitaba la mascara de gas, dejando al descubierto una larga cabellera negra. Al girarse vi que se trataba de una mujer. Esta se acercó hacia mí y se sentó sobre mis rodillas mientras se acercaba a mi cara como si quisiese besarme. Justo en ese momento noté algo en mi cuello. Era el filo de un cuchillo.
—¿Quién eres y que has hecho con mi marido? Dímelo o te juro que…
Yo me levanté de golpe y la hice caer al suelo, cuando esta intentó gritar me lancé sobre ella y dejé que sobre su cuerpo cayera todo mi peso. Luego le tapé la boca con una mano y con la otra me quité el casco dejando al descubierto mi rostro. En ese momento noté como la chica se tensaba temiendo por su vida.
—No te preocupes Isabella. Lazarus esta bien, yo he venido a sacar de aquí a los míos y a ti. Ahora prométeme que si te quito la mano de la boca no gritaras. Si gritas me veré obligado a matarte ¿Entiendes?.
La chica asintió y yo le quite la mano de la boca. Esta me miraba asombrada, aunque el asombrado era yo, no entendía como se había dado cuenta que yo no era Lazarus. Aun así en parte había impedido que el sacerdote me descubriera, me había llevado a una habitación apartada donde ella sola me había descubierto.
—¿Quién eres tu?— me preguntó.
—Me llamo Juanma y he venido para sacarte de aquí al igual que a mis compañeros que habéis atrapado. Te llevaré con Lazarus, pero antes tengo que ayudar a los míos. ¿Voy a poder confiar en ti?
Isabella volvió a asentir y yo volví a ponerme el casco de la armadura. Seguidamente me encaminé hacia la puerta. Cuando salí fuera me encontré con tres cruces, en una había un cuerpo calcinado, en otra había un joven japonés desnudo con clavos en manos y pies y en otra cruz estaba Sid crucificado. A mi hermano lo vi sentado en uno de los bancos custodiado por dos templarios más que vestían como yo. Aquello que estaba viendo y que estaba apunto de ver era más bien un sacrificio.
Me imaginé que el cuerpo calcinado era el de Manuel, y podía imaginarme que el joven japonés, Sid y mi hermano iban a ser los siguientes en sufrir ese cruel destino. Tenía que actuar cuanto antes y salir de allí.

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